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17 de mayo de 2012

Reportaje LA PUBLICACIÓN ESTÁ INTEGRADA EN EL PROYECTO ‘POR UNA ESCUELA INTERCULTURAL’

Hacia una escuela intercultural • El libro ofrece herramientas a los maestros para el trabajo en la diversidad. La Liga Española de la Educación y la Cultura Popular, madre del programa, demanda un enfoque inclusivo y de igualdad en la escuela DANIEL SÁNCHEZ El proyecto Por una Escuela Intercultural crece paso a paso. Auspiciado por la Liga Española de la Educación y la Cultura Popular, este programa trabaja por implantar un modelo de educación intercultural, inclusiva y en la igualdad. Comenzó ofreciendo material de apoyo para maestros, luego guías didácticas, recabó el apoyo de profesionales de sectores no educativos, creó (y expande) su red de centros... Pero el proyecto se encuentra en una paradójica encrucijada. En su cénit, tras siete años de vida, el programa se nutre fundamentalmente del tiempo libre de los maestros, y los recortes que padece el sector educativo están sobrecargando a los docentes y amenazan las actividades, según advierten algunos de los profesionales que trabajan en él. José Antonio García, profesor del departamento de Didáctica de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Liga, resume el sentir de los defensores de la interculturalidad: “La nueva composición de la población española rompe el estereotipo de una sociedad homogénea, uniforme, para establecer el reconocimiento de la diversidad cultual inherente en que estamos inmersos. En este contexto la escuela y, por extensión, cualquier espacio educativo, tiene el compromiso moral de formar para la ciudadanía intercultural, como garantía de inclusión social de todo ser humano en igualdad de derechos y de cohesión social. (...) No se puede renunciar a los avances que hemos realizado en este campo. (...) Hoy ya no se puede dejar de reconocer y celebrar la diversidad cultural”, advierte. Por eso el programa sigue adelante, bajo la máxima de que si no avanzas estás retrocediendo. Su último proyecto, Orientaciones para la Práctica de la Educación Intercultural (Wolters Kluwer), ha visto recientemente la luz, un libro a modo de manual para docentes que re-

Por una Escuela Intercultural nació de la inquietud de un grupo de docentes que trabajaba la diversidad y que carecía herramientas para acometer la tarea diaria coge varios años de experiencias, prácticas y actividades relacionadas con este modelo educativo, y ofrecidas desde diferentes puntos de vista. EL ORIGEN El libro aunque supone de alguna manera la culminación de varios años de trabajo, es solo parte de un todo, “una de las actividades del programa”. El “todo” es el proyecto

de sensibilización Por una Escuela Intercultural, creado allá por 2005. El objetivo último del programa lo define su propio nombre. El camino pasa por una educación en la “inclusividad, en igualdad, integradora de todos sus componentes, equitativa y solidaria”, según escriben Begoña López, coordinadora general de Interculturalidad e Inmigración de la Liga y responsable, junto a Martina Tuts, del texto.

El proyecto Por una Escuela Intercultural “nació de la inquietud de un grupo de docentes que trabajaba la diversidad en centros educativos y les faltaban herramientas para acometer la tarea diaria en el centro con niños, niñas, familias, etc.”, recuerda López. Este organismo, defensor de un modelo educativo intercultural, venía apoyando de manera aislada el trabajo que algunos profesores realizaban en este línea en los centros, y decidieron editar, financiado con fondos europeos, cierto material de apoyo para los maestros. Ese primer año el material estaba destinado a Primaria, para trabajar la convivencia en el centro educativo. El curso siguiente el proyecto saltó a Secundaria. Poco a poco se fue implementando y mejorando el material, recogiendo las aportaciones de alumnos y docentes de los centros que lo utilizaban. Fue 2010 un año clave. Ese curso se creó la Red de Centros Interculturales para conectar e intercambiar experiencias entre profesionales y el proyecto dio un salto cualitativo con la incorporación de expertos de diferentes perfiles y la edición de un libro, Interculturalidad y Ciudadanía (Wolters Kluwer), en el que se plantean “las claves para la construcción de una escuela intercultural”. El programa iba cogiendo forma. Hoy sus responsables miran al futuro con preocupación. “Si se realiza el programa es por el esfuerzo de muchos maestros y maestras, que nos reciben con los brazos abiertos y están encantados con él”, concede López. Y esto es un arma de doble filo, según Xavier Besalú, profesor de pedagogía de la Universidad de Girona y uno de los colaboradores habituales de la Liga. “Los centros están con el paraguas desplegado porque con el aumento de las ratios, las horas, los controles externos, necesitan el tiempo para hacer lo esencial, y miran con prevención nuevos proyectos que

comporten más trabajo”, explica de manera gráfica. Y justo cuando es más necesario que nunca contar con estas iniciativas, añaden. Besalú cree que la palabra se ha utilizado con tanta ligereza que ha quedado vacía de contenido. “Hay un cierto confusionismo en torno al término ‘intercultural’, todo el mundo lo usa ya”, opina. “Pero ciertas medidas que se toman van contra el extranjero”, añade. No hay que estrujarse mucho la cabeza para entender que se refiere a las últimas decisiones del Gobierno y algunos municipios respecto a no empadronar extranjeros o dejar a los sin papeles fuera del sistema sanitario. Un ataque a la diversidad, opinan, que se combate desde la escuela, educando a los futuros ciudadanos en valores como la diversidad, la igualdad de trato o de oportunidades para que se integren en la sociedad mestiza que se van a encontrar. Es justo en este contexto en el que es necesario un programa de este tipo, cierra Besalú. Incidiendo en este argumento, muchos, como López, opinan que el verdadero problema es que el sistema educativo no ofrezca este modelo educativo pese a que está obligado a ello. “Nosotros no hemos inventado nada nuevo”, tercia. “La LOE, la Constitución, los pactos de Derechos Humanos firmados por España, declaran como principios de nuestro sistema educativo la equidad, la inclusión y la no discriminación, y todo eso debe reflejarse en la práctica educativa y docente en las escuelas”, explica. Pero no ocurre. José Antonio García, profesor del departamento de Didáctica de la Universidad Complutense de Madrid, colaborador también de la Liga, explica porqué: “El sistema educativo, impulsado por una inercia homogeneizadora, mantiene sus estructuras, currículum, organización de los centros, prácticas escolares y una formación docente teniendo poco en cuenta la diversidad”.

Escuela en red y escuela viajera La Red de Escuelas Interculturales es uno de los programas más importantes del proyecto Por una Escuela Intercultural. La red de escuelas se creó en 2010 “para impulsar el proceso de renovación y adaptación escolar inherente al concepto de educación intercultural” y “visibilizar las prácticas de éxito realizadas en nuestros centros y aulas para una gestión eficaz de la diversidad”, según la definición de la web de la Liga de la Educación. La red de escuelas fue casi un paso natural. Para formar parte de ella un centro, asociación o aula debe solicitarlo. Si cumple unos ciertos requisitos establecidos por la Liga (referentes al claus-

tro, la formación que deben tener los maestros, etc.), ingresará sin mayores problemas. Grosso modo, Begoña López y Martina Tuts, coordinadoras de Orientaciones para la práctica de la Educación Intercultural, definen el centro cultural como “la institución que concibe los espacios del centro como lugares interculturales en sí mismos, en la que se planifica y se lleva a cabo una metodología dinámica y flexible, atenta a las necesidades de cada alumno y alumna. Es, por lo tanto, generoso en la adaptación del currículum, en las medidas organizativas y en las agrupaciones en el aula, para atender a los distintos ritmos, estilos de aprendizaje y a las distintas habilidades”.


reportaje

17 de mayo de 2012 PROPUESTAS SOBRE PAPEL Es en este panorama en el que aparece Orientaciones para la Práctica de la Educación Intercultural, el último libro editado por la Liga dentro del proyecto por la educación multicultural. El título deja poco para la imaginación. “Va dirigido a los profesionales que quieran trabajar, informarse, conocer el modelo de escuela intercultural que nosotros defendemos y trabajamos por extender”, describe López. El material está estructurado por apartados y tiene un marcado carácter práctico. Trece especialistas de distintas áreas, pero relacionados todos con la educación, hablan sobre diez temas distintos, realizando cada uno (o por parejas) una aproximación temática a la educación intercultural, aportando experiencias y “propuestas de intervención en los centros escolares”. Luz Martínez Ten, secretaria de Políticas Sociales de FETEUGT, reflexiona sobre Género e Interculturalidad, dos conceptos “obligatoriamente relacionados”. Martínez lamenta que “solo se acude a la perspectiva de género cuando hay un conflicto explícito contra las mujeres”, cuando “la relación entre feminismo y multiculturalidad constituye uno de los elementos imprescindibles para el desarrollo de un modelo educativo intercultural que incorpore la igualdad de género como un fundamento ético irrenunciable, tanto en el concepto mismo de interculturalidad, como en la normativa educativa, el análisis y el diseño, aplicación y evaluación de la práctica educativa”. Esta pedagoga reclama una “transversalización” del género en el sistema educativo, para colocar este concepto “en el centro las decisiones”. Como método para implementarlo en el aula, se refiere al “aprendizaje dialógico” que se practica en las Comunidades de Aprendizaje, donde se dividen las clases en pequeños grupos interactivos en los que los participantes (alumnos, profesores, personal de apoyo) confluyen en un diálogo multidireccional. Las redes sociales y la comunicación son el terreno de Roland Huguenin, asesor internacional de medios y vinculado al mundo del desarrollo. Hueguenin cita la primavera árabe para sostener que “no se puede subestimar el papel que tienen los medios audiovisuales en las transmisión (…) de noticias acerca de la sucesión de acontecimientos locales e internacionales (…), pero tampoco olvidar que estos no generan por sí mismos levantamientos sociales y políticos, ni desembocan en manifestaciones multitudinarias. Se precisa el compromiso ciudadano para organizar la participación en las actividades sociales”. Huguenin recomienda a los docentes una serie de prácticas relacionadas con las redes, entre las que destacan “inculcar la curiosidad intelectual de los jóvenes y el hábito de comprobar diferentes fuentes de información antes de adoptar una perspectiva determinada ante cualquier tema”; enseñarles a identificar

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“El libro está dirigido a profesionales que quieran trabajar, informarse, conocer el modelo de escuela intercultural que defendemos y trabajamos por extender” las fuentes de información fiables y distinguir entre rumores y noticias o “seguir un canal de Twitter y pedir al alumnado que lo analice con sentido crítico”. El siguiente punto de vista lo aporta el filósofo Luis María Cifuentes, que propone el paso del concepto de la democracia representativa a la deliberativa. Esto es, “que las propuestas legislativas que están en el origen de las nuevas leyes sean conocidas por los ciudadanos, argumentadas y debatidas públicamente y se logren ciertos acuerdos basados en razones de bien común”. Cifuentes alerta de la caída del interés de la sociedad por participar en las escuelas (AMPA, Consejo Escolar) y sostiene que “es urgente que se practique la deliberación y la participación” en la sociedad y la escuela como camino para que “lo intercultural surja con fuerza”. Beatriz Gallego, Henar Rodríguez y Mónica Lago, del grupo de investigación ACOGE de la Facultad de Educación y Trabajo Social de Valladolid, se han centrado en las “buenas prácticas en educación intercultural inclusiva”. Las autoras reflexionan sobre el término a partir de una serie de preguntas: “¿Qué significa hablar de buenas prácticas educativas? ¿Es adecuada la utilización de esta expresión? ¿Qué relación existe entre educación inclusiva y educación intercultural?”. Pero no solo plantea interrogantes. El artículo también esboza nueve “posibles prácticas que están

contribuyendo al desarrollo de la educación intercultural inclusiva en los centros”. Sin entrar en más detalles, las investigadoras se refieren a prácticas “que tienen Proyectos Educativos en los que la Educación Inclusiva e Intercultural son dos de los principios estructurales del mismo”. En paralelo, los centros pueden desarrollar proyectos o programas como planes de atención a la diversidad, de acción tutorial, de convivencia, de igualdad de oportunidades, de fomento de la lectura, de acogida, etc, siempre con una premisa: “Que todos estén interconectados para dar mayor cohesión a las prácticas educativas”. José Antonio García se ha encargado de “la dimensión intercultural en los documentos de planificación del centro escolar” y su relación con la construcción de un centro educativo inclusivo. García parte de que “los centros escolares son ecosistemas sociales complejos, donde las acciones están llenas de significado para las personas que se desenvuelven en ellos” para sostener que “como espacios públicos democráticos tienen la responsabilidad de reflexionar y decidir sobre el conocimiento que organizan, producen, median y trasladan al alumnado (…), esto implica plantearse críticamente la selección y elaboración del currículum y su desarrollo, mediante prácticas que no silencien las voces de las culturas, clases, géneros, etc.”. En un detallado artículo, el doctor García sostiene que esta orientación

intercultural debe plasmarse en los diferentes documentos de planificación del centro (como el Proyecto Educativo, el Plan de Atención a la Diversidad o el Plan de Apoyo Lingüístico) y explica cómo llevarlo a cabo. La aportación de Xavier Lluch, maestro y profesor de un CEIP en Valencia, está relacionada con la educación de los gitanos y su relación con la interculturalidad. Lluch recorre 30 años de escolarización del pueblo calé y repasa dos cuestiones: “Cómo algunas de las características generales de la educación intercultural la hacen especialmente necesaria para trabajar con el pueblo gitano” y en segundo lugar la influencia que ha tenido la escolarización gitana en una escuela intercultural inclusiva. Xavier Besalú pone el foco en los maestros. Partiendo de las carencias en la formación inicial de los docentes, el profesor propone “resocializar” a los docentes. ¿Cómo? “Formar docentes (…) del S. XXI en general tiene que ser muy parecido a formar docentes preparados para atender a la diversidad cultural”, arranca. Besalú distingue entre formar profesionales competentes o a través de competencias, y sostiene que la universidad “no puede formar profesionales competentes, sino que tiene que crear las condiciones para que el alumnado pueda convertirse en un profesional responsable y llegue a ejercer su profesión de manera competente”.

Este profesor recomienda tres líneas de trabajo destinadas a la formación de maestros. En primer lugar debe cuidarse “la persona del profesor: su bienestar físico y psíquico, su autoestima, su madurez y su autonomía”. La segunda propuesta pasa por “revisar a fondo sus percepciones y creencias en torno a ‘los otros’, sus actitudes y predisposiciones relacionales y sus conocimientos sobre el mundo actual”. En último lugar, recomienda “asumir la responsabilidad y consecuencias de las decisiones organizativas que se toman en los centros”. Los siguientes dos capítulos tienen cierta relación entre sí. En el primero Juan Gómez, miembro del colectivo Amani, experto en el trato de conflictos, invita a pensar sobre “las relaciones entre las personas que habitan un mismo espacio, la presencia de reciprocidad, aprendizaje mutuo, cooperación, respeto, valores y normas compartidas”. En el segundo, Carlos Roldán y Laura Cantillo, ambos colaboradores de la Liga por la Educación, exponen formas alternativas a la resolución tradicional de conflictos. Los autores se centran en las prácticas restaurativas que se aplican en otros países frente al modelo punitivo de resolución y conflicto. Frente a ello, el enfoque restaurativo “es una filosofía de funcionamiento basada en cinco principios básicos: centrarse en los daños y las necesidades, atender las consecuencias de estos daños, usar procesos incluyentes y colaborativos involucrar a todos aquellos que tengan algo que ver en la situación y reducir el mal causado”. Las prácticas restaurativas más comunes son la Mediación entre Iguales (en la que un tercero ejerce de mediador, imparcial, para ayudar a alcanzar un acuerdo entre las partes), las Conferencias de Grupo Familiar (en las que se reúne a las familias de los individuos implicados para que entre todos tomen una decisión sobre el procedimiento a seguir) o los Círculos de Paz (los participantes se colocan formando un círculo y todos tienen un turno de palabra que debe respetarse y valorarse). El último capítulo lo firma el profesor Fernando Trujillo, de la Universidad de Granada, que realiza una apuesta decidida por la ética hacker (entendido en su concepción inicial de la palabra, alguien que comparte su conocimiento a partir de un compromiso con la sociedad, no la actual definición que más bien reconoce a delincuentes cibernéticos) a la hora de afrontar la renovación de las escuelas. Trujillo alerta de los recortes que llegarán (están llegando) al sector educativo y sostiene que la ética hacker es la “alternativa”. El profesor la define como “la que permite, desde dentro del sistema, hacer los ajustes necesarios para que el software del sistema educativo se ajuste a las necesidades de sus usuarios reales, el alumnado y las familias. Hablamos de trabajar a partir de los valores de la pasión, la libertad, la creatividad, la motivación por el valor social de la actividad educativa...”.


Hacia una escuela intercultural