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FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA DEL FRACASO ESCOLAR Actualmente existen unas elevadas tasas de fracaso escolar en la etapa obligatoria. De este modo, en muchos centros españoles nos encontramos con problemas bastante graves como son el absentismo, el abandono escolar temprano, los problemas de convivencia y disciplina, escasa implicación de los estudiantes… Esto podemos comprobarlo en el Informe PISA de 2012, que establece que uno de los puntos débiles educativos españoles es el abandono escolar (Oriol y Mora, 2012). Para López-Rubio et al (2010), el fracaso y abandono escolar se basa en un proceso gradual de desenganche por parte del alumnado, el cual comienza en primaria y culmina en secundaria. Al analizar el proceso hay que tener en cuenta varias implicaciones o consecuencias (p. 122-124): 1. El alumno, por los motivos que sean, comienza a pensar en el abandono de la institución. Esto para ellos es una liberación (Bosco, Ruiz, Ortiz de Urbina y Simó, 2005), ya que están viviendo una situación incómoda. 2. La adolescencia es la etapa más crítica del alumno, ya que es donde ha llegado a su tope y considera la salida al mercado laboral como lo más productivo para su vida. 3. En esta etapa llega el momento donde decide abandonar o no el sistema educativo tras una reflexión del proceso. Según este mismo autor, las motivaciones que llevan al alumnado al abandono del sistema educativo son la necesidad que sienten los alumnos de pasar a la vida adulta, es decir, al mercado laboral. Cobra mucha importancia las aspiraciones y expectativas que tienen sobre ellos mismos, sobre el sistema educativo y las que tienen otros agentes del entorno próximo de los alumnos. Por ello es muy importante la forma en la que vivencian las transiciones escolares y la perspectiva del abandono como un logro personal, ya que para ellos la escuela es una pérdida de tiempo y están viviendo una situación que les incomoda. Con todo lo dicho anteriormente, las variables asociadas al éxito escolar descritas por García (2012) son: 1. Personales (aptitudinales, actitudinales, motivacionales y las asociadas al autoconcepto y la autoestima) 2. Familiares (las de carácter relacional-afectivo, expectativas familiares, marcos culturales de referencia, apoyo o estimulo al progreso en los estudios y condiciones laborales) 3. Sociales (de carácter cultural contextual, las asociadas al estrato social imperante en el entorno, las de corte sociolingüístico, la estructura en macrogrupos de referencia y la estructura en microgrupos o tribus urbanas.) 4. De naturaleza escolar e institucional (potencial del sistema educativo, ajuste de la selección cultural del currículo escolar a las necesidades de la población y de la sociedad en general, el marco real de autonomía pedagógica y organizativa, la 1


formación, selección, valoración e implicación de sus docentes, la formación y selección valoración e implicación de sus directivos)

PERSPECTIVAS ANALÍTICAS SOBRE EL FRACASO ESCOLAR Según Mena Martínez et al (2010) (pag. 141), se hace poca incisión en el análisis del proceso de fracaso escolar, y plantea las siguientes perspectivas: El alumno como foco de atención. Dentro de esta perspectiva se le da bastante importancia a la relación de los alumnos con la escuela. De este modo, Libbey (2004) destaca que las variables en las que se puede medir dicha relación son, entre otras, orientación positiva a la escuela, adhesión a la escuela, vinculación afectiva a la escuela, clima escolar, conexión escolar, enganche escolar, identificación del alumno con la escuela… (p. 20). Con todo esto, Frederick et al. (2004) estudian esta perspectiva desde una interpretación multidimensional de los componentes conductuales, afectivos y cognitivo. El primer componente haría alusión a las conductas observables del alumno (pag. 16), que muestran el grado de implicación y participación del alumno en su escuela. En segundo lugar, el componente afectivo se centra en las relaciones afectivas establecidas en el centro escolar (p. 18), donde destacamos tres dimensiones: 1) psicológica, identificación del alumno con el ambiente escolar; 2) afectivo, sentimiento de pertenencia y valoración dentro de la escuela; y 3) emocional, sentimientos hacia los demás participantes del sistema educativo (profesores, compañeros…). En último lugar, el componente cognitivo, se centra en aspectos como la motivación y estrategias metacognitivas para que el alumno tenga un aprendizaje autónomo (p. 22). Con todo esto, destacamos la multiplicidad de factores que influyen en la implicación del alumno con la escuela. Por otro lado, Snow y Powel (2004) hacen referencia a la importancia de la competencia lingüística para desarrollar habilidades sociales que fomenten el éxito académico (p. 145). De esta manera, López-Rubio et al (2010), señalan que los alumnos que presentan dificultades en el lenguaje, tanto expresivo como receptivo, presentan problemas de conducta debido a la débil competencia en habilidades sociales, lo que desemboca en un bajo rendimiento académico (p. 147).

La institución como foco de atención. Desde esta perspectiva se le atribuye la responsabilidad del fracaso o abandono escolar a la propia institución educativa. Autores como Bourdieu (2006), Rist (1976), Rosenthal y Jakoson (1968), Cicourel y Kitsuse (1963), Escudero, González y Martínez (2009), consideran que las 2


medidas específicas de apoyo educativo y diversificación, son recursos utilizados para la comodidad de los profesores y no para la mejora del aprendizaje del alumnado, ya que estas medidas solo los segrega (p. 29). Así, López-Rubio et al (2010), secundan la opinión de estos autores exponiendo que la Educación Compensatoria (ANCE), las Adaptaciones Curriculares Significativas (ACS) y la consideración de algunos alumnos como Alumnos con Necesidades Educativas Especiales (ACNEE), logran que los alumnos integrantes de estas no continúen los estudios postobligatorios. Las ACNEE provocan el abandono escolar en el primer ciclo de ESO, sin embargo, en los programas de diversificación hay un mejor rendimiento de los alumnos, incluso continúan con estudios postobligatorios. Aunque se puede apreciar un problema de orientación, ya que suelen fracasar en ellos (p. 130). Podemos entender que la escuela es una de las instituciones que contribuye a prevenir situaciones de exclusión social, sin embargo, desde que la escolarización es obligatoria, está influyendo en un problema social si lo entendemos en relación al fracaso escolar. En principio, este era entendido como un fenómeno educativo sin consecuencias sociales (Eurydice (1994); Charlot (1990) p. 100). Según Rodríguez (2010), el fracaso escolar no entiende solo las dificultades que los alumnos se encuentran para alcanzar los objetivos planteados por el sistema educativo, sino que también alude a la falta de capacidad de adaptación que el sistema tiene hacia las necesidades específicas de los estudiantes. Es decir, no solo refleja las diferencias de rendimiento del alumnado (p. 100). Para Carabaña (2010), las tasas de fracaso escolar son un indicador válido de la calidad de la enseñanza básica. Los informes PISA, miden lo que las escuelas deben enseñar, por lo que podemos considerar, tras los resultados, que el sistema educativo español está a la altura de los de la OCDE. Es decir, los alumnos españoles aprenden lo que deben aprender en la misma medida que los alumnos de otros países. Dicho en otras palabras, si PISA refleja las competencias necesarias en la sociedad del conocimiento, los alumnos españoles están siendo bien preparados para el futuro. Tras los resultados de estos informes, podemos concluir que la desigualdad entre los resultados de los alumnos españoles es una de las menores entre los países europeos, pero no por ello debemos cree que nuestras escuelas son equitativas (p. 145).

La familia como foco de atención.

Otro de los principales causantes del fracaso escolar es la relación familia-escuela. De este modo, la familia nuclear moderna insiste mucho en la diferencia entre la enseñanza y la crianza de los hijos. Se espera que los maestros enseñen pero que no actúen como padres. Se cree que si el docente o el padre tratan de cumplir ambos roles se produce un desconcierto en el alumno que desemboca en el fracaso escolar. Otra confusión que se produce es la diferencia entre lo que los padres deben infundir a sus hijos y los docentes deben inculcarles. Así, muchos de los problemas que nos encontramos entre la familia y la escuela son: 

Participación muy limitada de la familia, solo se basa en reuniones familiares. 3


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Bajas expectativas del personal escolar por parte de las familias. Escasa preparación del profesorado para involucrar a los padres en labores que faciliten el aprendizaje académico. Obstáculos laborales que dificultan que los padres estén disponibles en los horarios que requiere el personal de la escuela. Actitudes o experiencias negativas conducen a los padres a evitar el contacto con el personal de la escuela.

Por todo esto, Bolívar (2006) expresa que existen seis tipos de implicaciones de la escuelafamilia-comunidad que son importantes para el aprendizaje de los alumnos y que hacen más efectiva la relación entre escuelas y familias: 1. Ejercer como padres con el fin de ayudar a todas las familias a establecer un entorno en casa que apoye a los niños como alumnos, 2. Comunicación entre ellos. 3. Voluntariado de los padres con el fin de organizar ayuda y apoyo en el aula, centro y actividades de los alumnos. 4. Aprendizaje en casa para proveer información, sugerencias y oportunidades a las familias como ayuda a sus hijos en casa. 5. Toma de decisión con las participación de los padres. 6. Colaborar con la comunidad educativa. (p. 246)

Para concluir y centrándonos en la investigación de Monarca et al (2012), podemos decir que para el 33% de los estudiantes que inicia 1ºESO la transición le supone un proceso de ajuste con consecuencias negativas para sus trayectorias escolares. Las respuestas ofrecidas por los estudiantes permiten afirmar que la discontinuidad que se produce de primaria a secundaria se debe a las características históricas de cada una de las etapas que se han asumido. Así, cada una de las etapas educativas configura sus propias culturas escolares (Gimeno, 1997, p. 59-60).

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Fundamentación informática  
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