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CAPÍTULO 2º REGRESO A VALENCIA Pasaron varios meses hasta que fui consciente de las responsabilidad que me había echado encima. Estuve todo el verano dándole vueltas al asunto. Sabía lo que debía hacer, pero todavía no era capaz de enfrentarme a ello. Cuando la gente se enteró de la noticia, se desató la locura en todos los medios informativos. Al menos tuve la suerte que nadie facilitó una fotografía mía a la prensa y pude mantenerme un tiempo al margen, a la espera de los acontecimientos. Mi madre se disgustó bastante por mi actitud, estaba huyendo de todo, algo impropio en mí. El club estaba en manos de Juan Carlos mientras que yo no me dignaba a presentarme. -Si no querías la Presidencia, ¡no se lo hubieses prometido! -me gritaba mi madre mientras volvía a colgar el teléfono una vez más tras hablar con Juan Carlos. -Para tí es muy fácil decirlo, pero no tuviste que verle la cara cuando me lo pidió. No, mi madre no entendía mi comportamiento. Se pasaba todo el día hablando con Juan Carlos. Él intentándole convencer de mi regreso y ella pidiendo un poco más de tiempo. Yo siempre escuchaba atentamente aquellas conversaciones interminables y sólo esperaba que me dejasen en paz y que amaneciese algún día sin niguna de aquellas llamadas. -Mira Sabrina, no puedes dejar a un equipo sin Presidente durante tanto tiempo. Vete de una vez a Valencia y habla con todos ellos. Si no quieres la Presidencia dilo ya y si la quieres afróntala cuanto antes. Pero no puedes estar huyendo así de los problemas, porque no los dejas atrás, simplemente alargas el tiempo de tenerlos. -Yo no pedí esta responsabilidad, nunca la pedí. Ni siquiera sé si quiero a los Ranyers ¡ni siquiera me gusta el fútbol! - Pues te tendrá que gustar, porque por lo que dices, no te queda otra que ser la Presidenta. Lo que no sé es en qué estaría pensando Raúl cuando dejó a una chica de 21 años su club. Y no lo digo por tu edad, sino por ese odio que le tienes a este deporte. Pero lo hecho, hecho está, deja de darle vueltas y enfréntate a esto ya. Qué fácil sonaba cuando lo escuchaba de su boca, pero eso no era tan fácil como ella lo contaba. Había leído la prensa día tras día y ya sabía lo que la gente opinaba de mi, y lo que la afición quería. Ellos no me aceptaban, y me sentía demasiado insegura para presentarme con un orgullos que todavía no tenía


Cuando llegó Septiembre y tuve que volver a Valencia para instalarme en el Colegio Mayor y comenzar de nuevo las clases (siendo consciente de que esta vez me sería casi imposible escabullirme de los periodistas) Me sentí una de las personas más desgraciadas del mundo. Todavía no había llegado ninguna compañera de la Universidad y para mayor complicación, había visto merodeando a un par de periodistas por los aparcamientos del Colegio. Intenté hacer tiempo ordenando todas mis pertenencias. Pero aquello en lugar de distraerme, me ponía más nerviosa, me sentía acorralada. No dejaba de asomarme a la ventana esperando encontrar el momento adecuado para salir de allí, pero nunca era el propicio. Sólo quería estar sola y sobre todo, ir a algún lugar en el que nadie me reconociese cuando me viese. Y así, lo único que pensé, fue en pasar mi primera tarde en el cine. Ése (creía yo) era el único sitio donde nunca me podría encontrar a un periodista a la expectativa de conseguir una buena foto mía. Me puse unos pantalones vaqueros de color marrón, haciendo juego una chaqueta de manga corta azul. Salí de mi habitación con paso sigiloso esperando no encontrarme a ninguna de las monjas que vivían en mi Colegio y cuando por fin llegué a la entrada, llamé a un taxi y sali corriendo del lugar. Eran las siete de la tarde y la entrada del cine estaba bastante tranquila. Elegí la primera película que ví en la cartelera y entré apresuradamente. Ya estaba acostumbrada en los últimos meses a mirar en todas direcciones esperando que alguien me sorprendiese, y esta vez no fue diferente. Sin embargo, todo parecía normal y cuando ví que nadie me seguía, entré respirando profundamente junto al acomodador y sonreí satisfecha por mi suerte. A pesar de que la sala estaba prácticamente vacía, el acomodador no cedió a mis súplicas y me llevó directamente al asiento que me habían vendido. Algo disgustada me despedí de él y me senté con el ceño fruncido. Estaba sentada justo al lado de un chico joven. Tendría más o menos 27 años, llevaba una vestimenta deportiva y su pelo castaño claro peinado hacia atrás, muy corto y con un pequeño flequillo que de vez en cuando se dejaba caer en su rostro obligándole a apartárselo furiosamente. No pude verle bien la cara, ni siquiera se giró cuando me senté a su lado, seguía imperturbable mirando a una pantalla que aun no anunciaba ni siquiera una imagen y con el rostro relajado sin variar sus facciones.


Estuvimos el uno al lado del otro cerca de diez minutos. Yo no veía la hora en que comenzase la película, más que nada por la violencia de ni siquiera dirigirnos la palabra; sabiendo que los dos estábamos solos con nuestros pensamientos. Me moví nerviosa en mi asiento y me crucé de brazos rezando porque apareciese en la pantalla aunque fuesen unos simples anuncios. Sin embargo no sucedía nada, y mi nerviosismo iba en aumento. Pero lo que más rabia me daba era la tranquilidad de aquel chico. Se sacó del bolsillo un chicle y lo masticó mientras observaba al frente como si yo no existiese y repitió la operación durante cinco minutos más. Furiosa me obligué a mi misma a tranquilizarme y me crucé de brazos intentando no pensar en nada y justo en el momento en que casi lo había conseguido, giró su cabeza para mirarme. -¿Te ocurre algo? no te estás quieta. -Nada que te importe, gracias -dije más groseramente de lo que pretendía. Sin embargo el chico ni se inmutó, me miró fijamente a la cara con su rostro serio y frío como el témpano y se volvió a girar (esta vez con el rostro contraído) para seguir mirando la pantalla. Fueron unas breves palabras, pero con el tiempo suficiente para inspeccionarle el rostro. Tenía unos ojos de un color azul intenso, tan oscuro que se podían confundir con negros. Realmente más que guapo, era atractivo, era de aquellos chicos que no necesitas mirarle dos veces para sentirte atraída por él. No cabía duda que era un chico excepcional. Permanecimos así varios minutos, hasta que él finalmente se volvió de nuevo hacia mí con el rostro un poco más relajado y no tan amenazador como anteriormente. -Vaya, ciertamente he tenido buena suerte- dijo en tono sarcástico. Me giré y le miré extrañada pero él sin decir nada más se presentó. -No hemos empezado con muy buen pie tú y yo ¿verdad? no me pongas esa cara, intentaba entablar una agradable conversación mientras empezaba la película, porque veo que lo que creía un minuto de espera se está trasnformando en veinte y no es cuestión de que estemos los dos con caras de amargados, pudiendo distraernos. Además, parece que tú también vienes sola.


Pensé en lo de “cara de amargado” y estuve a punto de decirle que él ya la tenía, pero me contuve. -En realidad espero a... ¿Para qué me servía mentir? me encogí de hombros y sonreí mientras volvía a la realidad ¿Qué podía tener de malo que hablase con aquel chico? -Me llamo Javier -dijo tendiéndome la mano. -Yo Sabrina. Javier frunció el ceño y lo dejó congelado durante unos segundos. Después reaccionó y me mostró algo relativamente parecido a una sonrisa. Sí, ciertamente si aquel chico sonriese más a menudo enamoraría a cualquiera. -Bonito nombre, aunque últimamente lo escucho demasiado. No respondí ante su comentario, estaba segura que él se refería a la Presidenta de los Ranyers, y sonreí pensando en la sorpresa que se llevaría si supiese que ella era yo. Al ver que Javier no ponía más intención de proseguir con la conversación, me relajé en mi asiento y me eché hacia atrás. Era cierto que me había sorprendido su tono de voz tan dulce, que contrastaba exageradamente con aquel rostro tan serio que siempre mostraba. Pero decidí no pensar más en él. Estaba en el cine, alejada del mundo y sin peligro de que nadie me acechase y eso era lo único que me importaba. -¿Eres de Valencia? -me preguntó. Esta vez sí me extrañé, más que nada porque Javier seguía mirando al frente mientra hacía las preguntas. Pero ¿ cómo podía ser tan raro? porque lo que tenía claro es que no intentaba ligar conmigo, un chico como aquel, no. -Estudio en Valencia. -Yo también, aunque...bueno, debería hacerlo más -dijo esta vez mostrando una sonrisa. -Eso nos pasa siempre. No puedo negar que no quisiese ver perfectamente aquella sonrisa, pero él ya se encontraba inclinado hacia delante y observando a una pareja sentada cerca de nosotros. Les observó atentamente y finalmente frunció el ceño algo disgustado. Yo seguí la dirección de su mirada y pude distinguir a la pareja fundidos en un abrazo. Javier se removió en su asiento y finalmente suspiró mientras decía un “Bah” muy alto y se giraba a mí pensativo. Me estuvo mirando largamente. Me sentí inspeccionada de pies a cabeza y no pude evitar sentirme nerviosa al ver aquellos ojazos fijos en mí. Pero finalmente se detuvo en mis ojos largamente y no hizo nada más. Los dos nos mantuvimos la mirada


sin pestañear y después de un rato, esbozó una sonrisa provocativa y miró sucesivamente a la pareja y a mí. Creí que me derretiría. -¿Me harías un gran favor? Me quedé anonadada por la confianza que se tomaba y no le contesté ¿qué tramaba? -Te lo digo antes de que empiece la película para que te los pienses mientras tanto. -¿Qué clase de favor? -pregunté pensativa. -¿Ves a aquella pareja de allí? -miré en la dirección que señalaba con el dedo y afirméella es mi...-dudó antes de contestar- no exactamente mi novia, pero creí que era algo parecido. Él se quedó un rato pensativo. Yo aproveché para mirar a la pareja y en especial a ella. Era preciosa, tenía una larga melena negra con una cara exótica haciendo juego. No pude ver su cuerpo, pero apostaba que sería increíble. Me sentí envidiosa, mi pelo era castaño, normal y corriente y mis ojos de un marrón oscuro. Hubiera dado cualquier cosa por tener alguna facción rara que me hiciese destacar. No pensaba que fuese fea, pero...desde luego no me podía acercar a aquella chica. -Te propongo un trato. Te invito luego a una copa si me ayudas. Mi cara de asombro debió dejarle sin palabras, pero yo no sabía que él era un futbolista, peor aún, era uno de mis futbolistas y que estaba acostumbrado a que en cuanto se insinuaba a una mujer se le echaban al cuello. -¿Qué te hace pensar que quiera tomarme una copa contigo? -le dije disgustada. -Tranquila, sé vé a una legua que tú no eres una de “esas”, pero quizás sí de las que haría un favor a un “amigo”. No cabía duda que él sabía cómo tratar a las mujeres y cómo desarmarnos. Fruncí el ceño y le miré pensativa. Él seguía sin mover un solo músculo de la cara a la espera de mi repsuesta. Y no me hice más de rogar. -Ojo con lo que me vayas a proponer- le dije incorporándome en mi asiento. -No es nada del otro mundo, tranquila. Sólo quiero...que te hagas pasar por mi pareja cuando pasemos delante de ellos. Nada más que eso. Nos pararemos a charlar con ellos y luego nos iremos, será sencillo. -¿Sólo eso? ¿no me mientes? -Te lo prometo. -Entonces...darle celos -comenté con una sonrisa pícara. -Llámalo como quieras, pero...se supone que debería estar haciendo un bonito desfile toda la tarde.


Respiré profundamente y volví a mirar a la pareja. Esta vez me fijé en el chico...bueno, en el hombre. Contaría cerca de 30 años, pero no llegando a la edad y ella probablemente tendría la mía, o un poco más joven. -¿Qué me dices? ¿Trato? -dijo esta vez con la vista fija en mí. -Tú me has dicho que no piense mal de tí si me proponías esto...pero ahora quiero que no pienses mal de mí si acepto esto, te aseguro que jamás lo haría...pero...hoy no me siento con ganas de pensar. Aunque, personalmente no creo que a ella le afecte verte conmigo. Estas últimas palabras las dije más para mí que para él. Él no me entendió y volvió a mirarme de arriba a abajo. No me acostumbraba a aquella inspección tan descarada y tuve que apartar mi vista y centrarla en otro punto. -Se morirá de envidia -fue lo único que dijo. El chico sonrió y sin ni siquiera volver a mirarme, me dio las gracias. Sentí cómo seguía mirando a la pareja, hasta que finalmente comenzó la película y les dejó tranquilos. A mí lo que me tenía asombrada era que ni siquiera les dedicó un vistazo durante la película ¿Qué le ocurría? si fuera mi novia en primer lugar no hubiese tardado nada de tiempo en plantarme frente a ella y pedirle explicaciones, y en segundo lugar, no me mostraría para darle celos. Aunque claro, él era un hombre, seguramente le quería demostrar que nada le importaba el hecho de que estuviese con otro y que él ya tenía a otra. Cuando terminó la película se levantó del asiento y un poco dubitativo se encogió de hombros y me miró a la espectativa. -¿Estás lista? Afirmé con la cabeza y le seguí. La verdad es que me parecía todo aquello muy divertido, sobre todo pensaba en la reacción de la chica, que probablemente era modelo, cuando viese a su ex-novio con alguien tan “normal” como yo. Mientras seguía a Javier, me tomé el lujo de observar su cuerpo atentamente. Era muy alto, mucho más que yo. Estaba delgado pero al mismo tiempo fuerte. Su camiseta se ajustaba un poco al cuerpo en cuanto andaba y si hacía algún movimiento de brazos se notaba la musculatura. Desvíe la mirada y la concentré en la pareja. Parecían muy enamorados y ajenos al mundo. Ví que ya estábamos casi frente a ellos y antes de que nos chocásemos me metí de lleno en mi papel. Me agarré del brazo de mi nuevo “amigo” y al ver que ella me miraba le frené de golpe.


-¡Cariño! ¿Por qué corres tanto? deberías saber que aún queda mucho tiempo hasta que vuelva al Colegio Mayor. Javier al escuchar mi voz se quedó sin palabras y aunque no dijo nada, se recreó el tiempo suficiente para girarse, sonreírme y acariciarme la mejilla con el dorso de su mano. -Es verdad, pero... No pudo terminar la frase. En poco tiempo aquella chica estaba frente a nosotros con su pareja atrás respaldándola. -¡Arpía! ¿Qué haces con mi novio? Miré al cielo esperando que me diese fuerzas, sobre todo para mentir ¿cómo me había metido en ese lío? un tiempo atrás no lo hubiese hecho ni loca, pero ese día me sentía rebelde y con ganas de desatar mis furiosas energías con alguien, pero sobre todo, con ganas de alargar el tiempo lo máximo posible con aquella compañía. -¿Cómo has dicho? -le pregunté agarrándome esta vez más fuerte a Javier. “Si mi madre me ve en estos momentos me mata” pensé una y otra vez. ¡Ni siquiera conocía a ese chico! -Que estás manoseando a mi novio -me dijo mientras me apartaba el brazo de Javier. Éste estaba tan sorprendido por mi actitud y de verme desenvolverme tan bien, que tan sólo pudo esbozar una sonrisa y mirar al hombre de cuarenta años. -No querida esto no es manosear -dije agarrando del brazo a Javier -esto es manosear dije cogiendo la cara de Javier entre mis manos y besándole largamente en la mejilla, muy cerca de los labios. -¡Descarada! -Por lo menos esta tarde me siento así -dije lo suficientemente bajo para que ella no me escuchase,pero sin poder evitar que Javier lo oyese. Por fin, él intervino y esta vez fue más consciente de mi situación. Me pasó un brazo por los hombros y saludó a la chica. -Hola Nadín, ¿qué tal el desfile? -¿Qué haces con esa? -¿Esta?- dijo señalándome- se llama Sabrina. Sabrina, ella es Nadín, una de mis “ex”. Yo esbocé una de mis mejores sonrisas y después me volví a Javier seductoramente y me acerqué al oído. -¿Nos podemos ir ya? esta chica me quiere degollar viva, lo veo en su mirada y me encantaría poder seguir con cada uno de mis miembros en su sitio.


Javier comenzó a reír, y eso enfureció más a Nadín. Se despidió brevemente y nos encaminamos a la salida. En cuando salimos a la calle, me escabullí de su brazo y caminé a una considerada distancia a su lado. Después de los breves minutos de intimidad, aquel gesto hasta me pareció que le podría ofender. Y aunque logré la extrañeza de Javier, no hizo ningún comentario. Me miró a la cara y tras estar un rato en silencio, rompimos el hielo echándonos los dos a reír. Mientras, pude ver cómo un grupo de chicas pasaba a nuestro lado, miraba a Javier y se quedaban embelesadas, a la vez que éste ni se daba cuenta de todo lo que sucedía y sólo se preocupaba por intentar recuperar la compostura. -¡Menuda cara tenían los dos!- comenté intentando inútilmente serenarme. -Vaya, eres una auténtica actriz ¿qué carrera decías que estudiabas? Javier ya se había recuperado totalmente y volvía a tener aquel rostro tan serio con el que le había conocido. -No te la he dicho, pero bueno, me alegro de haber salido del cine, ésa quería matarme. ¿Dónde la conociste? Él se quedó un poco dubitativo como si estuviese recordando algo de hacía muchísimo tiempo y finalmente me indicó un lugar no muy lejano, que era el campo de fútbol de los Ranyers. -Ella fue a ver un partido y... -Claro, un flechazo. Interesante encuentro. Bueno, ¿y cómo terminó el partido? -Perdimos, creo que por eso me sentí con más ganas de salir con ella. Sonreí abiertamente y caminé sin tener un rumbo fijo. Tardamos un rato en darnos cuenta que no sabíamos a dónde íbamos y el primero en reaccionar fue él. -¡Lo olvidaba! te debía una copa. -Gracias, pero como te dije, no quiero una copa. -¿Y por qué al final me has ayudado? Me quedé pensativa viendo cómo los coches circulaban por la avenida. Me apoyé en la pared instintivamente y tras un rato de silencio le contesté con la mirada perdida. -No sé, quizás porque me dabas pena. -Conque te daba pena ¿eh? bien, pues si no quieres una copa, estoy en deuda contigo, si en algo te puedo ayudar...


Me quedé callada y después recordé la distancia que tendría que recorrer sola hasta el Colegio Mayor. No es que estuviese muy lejos, pero eran las diez de la noche y ya estaba totalmente oscuro. -Bueno, sí puedes hacer una cosa, acompáñame hasta donde vivo... -al notar la cara que me puso me temí lo peor de sus pensamientos - ¡oye! sólo quiero que me acompañes si te sientes en deuda, luego te vuelves y ya está¡nada más! además, no es muy lejos. Javier abrió los ojos todo lo que pudo. Por un momento me pareció que se estaban volviendo negros, pero finalmente recobraron el color de siempre y con el esbozo de una breve sonrisa me siguió por la calle. -Tranquila, puede que intentes aparentar experiencia, pero veo que no tienes ninguna. Quise replicarle, pero ví que era inútil la discusión y al fin y al cabo ¿qué más me daba lo que opinase? -¿Cómo es que has venido sola al cine?- me preguntó mientras le indicaba el camino. -Bueno, necesitaba estar sola. Llevo unos meses de mucho ajetreo, incluso más que durante las clases, y me merecía un buen descanso. Me estoy planteando muchas cosas en mi vida... y necesitaba pensar. Javier silbó fuertemente y se paró mientras comenzaba con sus comentarios. -Chica no me hables tan en serio que me vas a asustar -pero yo ví en sus ojos que no pensaba lo que decía y que me comprendía, así qué como muestra de agradecimiento le sonreí. Cuando lo hice me miró seriamente y durante unos segundos y no reaccionó. Yo no entendí lo que le sucedía y proseguí con la conversación. -¿Y tú por qué has venido solo? -Bueno, un amigo mío...en realidad tres amigos míos tienen a sus mujeres embarazadas y están todo el tiempo hablando de los malos humores de ellas... -Javier esbozó una sonrisa sin darse cuenta y siguió hablando- Sara está de siete meses y al pobre Tommy no deja de darle sustos con el niño, creo que en esta semana han ido dos veces al Hospital, luego está Isabel, que no deja de preguntarle a Lidia sobre el embarazo y para terminar tengo que soportar a la otra. Es una locura, nunca creí que un simple embarazo ocasionase tantos problemas. Encima tenían que ponerse las tres parejas de acuerdo, ahora no se puede estar en casa de ninguno. El que mejor lo sobrelleva es Tommy, aunque reconozco que con Sara es fácil, se entienden de maravilla -de repenté calló de golpe y se quedó sin reaccionar. Era bastante raro, no podía negarse y más aún cuando


se volvió a girar hacia mí y me miró como asustado -la verdad es que no sé porqué te he contado esto. Durante esos minutos que me habló de aquellas parejas, me sentí una más. Sin saber porqué, me sentí que yo formaba parte de aquello. Y no le dí la mínima importancia al final de su diálogo. Caminamos lentamente por las calles sin decir nada más. Él de vez en cuando miraba a cada lado de la calle y seguía caminando algo inseguro. Yo no le prestaba atención y pensaba en la locura que estaba haciendo, mientras Javier a mi lado me miraba de reojo de vez en cuando. -¿Vas a ver muchos partidos de los Ranyers?- pregunté de improviso. -¿”VER”?- dudó antes de contestar y al final lo hizo- todos, no me pierdo ninguno. -Pues he oído decir que murió su Presidente ¡Menudo lío! ¿No? no es que me guste mucho el fútbol pero...me entero de cosas. Javier se calló y tardó algo en contestar. Volví a repetir el comentario pero él no dijo nada. -¿Qué ocurre? -pregunté extrañada. -Nada, pensaba en el futuro tan extraño del club. -¿No crees que una mujer pueda dirigirlo? -Para no interesarte el fútbol estás muy informada. Ya habíamos llegado a la puerta de mi Colegio. Me paré de sopetón y él miró el gran edificio sin pronunciar palabra. Vimos cómo un grupo de chicas de mi Colegio se giraba al pasar frente a nosotros y hablaban entre ellas. Ignoré las conversaciones y volví a mirarle. -Simplemente, me veo obligada a estar informada. -Ya veo. -No me has contestado a la pregunta ¿No crees que una mujer pueda dirigir un club? Javier se cruzó de brazos y se apoyó en la puerta de entrada. Se quedó un rato pensativo y se encogió de hombros. -Lo que crea da igual. Ella es la dueña y puede hacer con el club lo que quiera, pero...no hace ganarse los respetos el hecho de no haberse presentado todavía. Han pasado meses desde que se supo el testamento y aún...¡Bah, da igual! no quiero discutir esto contigo que nada tienes que ver, hoy me has hecho un favor y me siento agradecido, no quiero que terminemos discutiendo. Ni yo te conozco lo suficiente para saber cuándo hablas en serio, ni tú a mí.


Pero yo no tenía en mente dejar zanjado el tema. Era la primera vez que hablaba de ello con alguien extraño y quería una respuesta clara. -Quizás ella tiene razones para no presentarse. Quizás teme por cómo le tratará la gente. Quizás tiene miedo de que se rían de ella cuando diga que no tiene ni idea de fútbol. - ¿Algún “quizás” más? porque parece que te ha gustado la palabra. Pues si tienes tanto te interesa el tema, te lo aclararé. Hay mucha gente que la rodea que podría ayudarla, pero parece no querer darse cuenta de ello. Parece que lo único que quiera es quedarse encerrada en su habitación compadecién-dose de sí misma y por todo a lo que se tiene que enfrentar ¡que madure un poco! -¡Qué fácil es para tí decir esas cosas cuando no es a tí a quien insultan! -exclamé sin poder contenerme. Javier al instante reaccionó y se incorporó. Se acercó a mí y con tan sólo unos centímetros separando su cuerpo del mío, se irguió, como si quisiese mostrarme su superioridad y me enfrentó. -Ni a tí...¿Oh sí?- se quedó un rato pensativo e inclinó aún más su cabeza hacia la mía. Yo me mantuve quieta para que no viese que le temía y me puse aún más derecha. Estuvo un rato en total silencio hasta que un brillo especial iluminó sus ojos y retrocedió como con temor o cautela - ¡Dios mío!, no puede ser, dime que no tengo la maldita suerte de haber topado con mi Presidenta. Presenté mi mano como saludo formal y furiosa comencé mi presentación. -Sabrina García, Presidenta del club los Ranyers. Creo que ahora eres un aficionado sin palabras, habiendo resultado antes uno insultante. Él en lugar de callarse, le faltó poco para estallar de ira. Su rostro se contrajo y apretó fuerte los puños. Tuvo que sujetárselos fuerte a las piernas. -¡No te insulté! ¡Dije verdades! ¿o acaso no es cierto que aun no has ido al club? ni siquiera he dicho que fueses a ser mala Presidenta, pero deja mucho que desear que te comportes como una chiquilla, aunque claro... -dijo mirándome de arriba a abajo- eso es lo que eres. Se dió media vuelta y desapareció por el fondo de la calle, dejándome con la palabra en la boca y con ganas de asesinarle. -¡Espero no volver a verte en mi vida! -le grité desde la distancia. Javier se giró, se paró y me miró fijamente a la cara. Esta vez su sonrisa no era dulce ni divertida, sino una sonrisa de odio.


- Creo pequeña, que hoy no es tu día de suerte. Así que no pidas imposibles. Javier caminó furioso hasta donde había dejado su coche. Era un bonito deportivo color negro muy parecido al de Raúl. No es que fuese el típico futbolista caprichoso, pero sí tenía debilidades, una era su moto y la otra, precisamente su coche. En cuanto lo vió un día en el escaparate del concesionario, se enamoró de él. Siempre que lo miraba, se relajaba y algo le impulsaba a tocarlo suavemente, pero ese día, ese día en especial sólo tenía ganas de montarse en él y llegar cuanto antes a casa. Lo puso a toda potencia y respiró tan sólo profundamente cuando hubo entrado en su casa y tirado las llaves del coche a la camarera de la entrada. Pudo escuchar las risas en el salón y rápidamente reconoció entre ellas la de Isabel. Caminó lentamente y abrió la puerta de golpe. Se encontró frente a él a sus amigos. Oliver tenía sentada en su regazo a Isabel, mientras ésta protestaba por algún comentario de su marido. Sara sermoneaba a Tommy sobre sus disputas con su hermano Sergio. Lidia intentaba a su vez calmar a Sergio para que no discutiesen y Roberto miraba asombrado a Javier mientras le hacía señas para hablar. -¿Qué ocurre? Javier contrajo tanto su rostro y tardó tanto en hablar, que sus amigos se asustaron y le prestaron toda la atención. -¡Es odiosa! ¡la muy...! ¡me hace un favor y luego...! Las miradas que se cruzaron fueron muy significativas. Jamás habían visto a Javier tan furioso, ni siquiera el día que amenazó a Sara (muchos años atrás) para que le dijese dónde se escondía su amigo Roberto, una época en la que él quiso pensar sobre su futuro. -¡Será...! me la encuentro en el cine, parecía muy amable y coge y... El primero en reaccionar fue Roberto. Caminó lentamente hacia su amigo y le dio unas palmaditas en el hombro mientras le tranquilizaba. -¿Nadín? Javier miró extrañado a su amigo y eso le sirvió para calmarse unos instantes. Después al pensar de nuevo en lo sucedido levantó su cara contraída por la furia y respiró profundamente. -Bah, Nadín estaba con...creo que es su representante, no se...me refiero a la odiosa y...¡pero que se ha creído, hablarme así! Sara se levantó con dificultad del sillón y con pasos un poco torpes se acercó a Javier y comenzó a sonreír sin parar, siempre se había llevado genial con Javier. Era su


mejor amigo y no podía evitar sentirse feliz al pensar que por fin una mujer le estaba afectando de aquella manera. -¡Esto se pone interesante amigo! por fin hay una chica que consigue llamar así tu atención ¿Y quién es la afortunada? -¡Sabrina! ¿Quién va a ser? -respondió como si todos aquellos la conociesen. Sara aspiró profundamente y miró a su marido esbozando una asombrada sonrisa, le encantaba ver a Javier así, por fin sin ser el bloque de hielo. El muy tonto había visto cómo Nadín le ponía los cuernos y no se enfurecía, pero veía cómo Sabrina le decía algo y estallaba de rabia. -¿Por qué no empiezas el relato desde el principio? -sugirieron todos. Javier se tranquilizó un poco, pero para ello se sirvió una copa de coñac en un vaso (para asombro de todos) y se lo bebió de un trago. Nadie se atrevió recordarle que un futbolísta no podía beber aquello. Conocían bastante bien la ira de Javier como para no ser tontos y meterse con él tal como estaba. El relato fue más largo de lo que todos esperaban. Javier estaba tan sofocado, que a todos les costó bastante entenderle exactamente. La única que se mantenía sonriente era Sara, que de vez en cuando miraba a su cuñada Lidia para ver cómo reaccionaba. -Umm, recuerdo cómo era esa chica -comentó Sara mientras se sentaba tranquilamente en el sillón e intentaba ponerse seria - era rubia... Javier tardó poco en contradecirla. -Es castaña. -Ah, es verdad, pero recuerdo que es bajísima, me llegaría por el hombro, no más. -¿Pero qué dices? es muy alta, quizás no tanto como tú, pero es alta. -Javier, tienes toda la razón, pero no me negarás que tiene los ojos azules, y la voz algo basta, quiero decir, grave. Por última vez Javier dejó de lado su ensimismamiento y miró fijamente a Sara. ¿Qué intentaba hacer? conocía a Sara demasiado bien, como para saber que en sus palabras había algo especial e iban con doble sentido. -Tiene los ojos casi negros y la voz preciosa, me parece que eres poco observadora o me intentas hacer ver algo que no me interesa ver. Sara comenzó a reír a carcajada limpia mientras miraba a Lidia y le guiñaba un ojo. -Y parece que tú eres demasiado observador ¿no? que yo sepa, la has descrito a la perfección, y por lo que cuentas, no estuviste con ella más que unas pocas horas ¿verdad?


Javier se levantó de la silla de golpe y se acercó a Tomás afectadísimo. Levantó el dedo índice y le señaló con una cólera contenida. -Ata a tu diabólica mujer, haz el favor de atarla durante el resto del embarazo. Lleva todos estos meses intentando hacer de cupido y como que me llamo Javier que no le permitiré que interfiera en mi vida. ¿Es que todas las embarazadas desarrollan un sexto sentido en el embarazo? Sara suspiró, y ante el comentario Isabel y Lidia hicieron lo mismo, las tres estaban en la misma situación y la verdad, ellas también habían pensado hacer de cupido en aquella relación. Sería interesante ver perder un poco la cabeza al frío Javier. -¡Ehhh! Sara tiene razón, ¿por qué tanto interés si no por ella? además, eso del sexto sentido es una tontería -dijo Isabel guiñándole un ojo -porque no lo tenemos sólo cuando estamos embarazadas, sino durante todo el año, y si que estemos embarazadas te molesta, te echas novia, te casas, dejas a tu mujer embarazada y entonces nos dices a la cara en qué molesta. -No pienso casarme si mi mujer va a ser como vosotras y... Javier rojo de ira se contuvo y suspiró, aquellas mujeres podían con él. Cierto es que de todos los hombres que estaban allí él era el que tenía más genio, pero...no entendía cómo Tomás o Sergio no se sabían imponer a sus mujeres o hacerlas alguna vez callar. -Me vais a volver loco ¿cuánto os falta a cada una para tener esos bebés? Todas se resignaron ante la pregunta y sonrieron. Sara era la primera que lo tendría, le faltaban tan sólo dos meses, luego vendría Lidia a la que le faltaba aún cuatro meses y finalmente Isabel un mes después. -Bueno, bueno, ¿Sabrina sabe que tú eres uno de los futbolistas?- preguntó Oliver. -Pues sinceramente...creo que no, pero ¿qué más da? creo que me tomó por aficionado. El grito que dio Isabel fue tan alto que todos se volvieron a mirarla, pero los hombres fueron incapaces de adivinar qué ocurría, ya que se pusieron las mujeres a cuchichear entre sí y se olvidaron del resto del mundo. -Dios mío, esto no lo soporto, las mujeres manipulando mi vida en mis propias narices ¡y encima cuatro mujeres! porque parece que Sara (la nueva novia de Roberto) se ha adaptado a la perfección a ellas ¡maldita sea! -dijo Javier mientras se pasaba la mano por el pelo nervioso. -Sinceramente, espero que si no te gusta Sabrina, a ellas tampoco, porque cuando a Sara se le mete algo en la cabeza y Lidia está de acuerdo, son terribles, si no mira a mi hermano, Lidia se empeñó en que terminasen juntos y lo consiguió -comentó Sergio


dando un golpecito en el hombro a su herma-no, que en esos momentos se giraba hacia Sara para gruñirle. Javier permaneció un rato en silencio mientras proseguían las conversaciones. Las mujeres se habían cambiado totalmente de lugar. Sara (al ser la que más avanzado tenía el embarazo)permaneció quieta en su sitio, su cuñada Lidia le cambió el sitio a su marido y se sentó a su lado, Isabel sonriente se situó tranquilamente en el suelo junto a la novia de Roberto, debajo de las dos cuñadas y extendieron las piernas para relajarse. Frente a ellas se encontraban en otro sillón Roberto y Oliver inclinados sobre Tomás y Sergio hablando sin parar. Javier por un momento acercó la silla al grupo de los hombres, pero no pudo evitar ponerse cada vez más nervioso al ver cómo las mujeres le miraban de vez en cuando y echaban risitas ¡cómo odiaba la situación! A la novia de Roberto y a Isabel aún no las conocía lo suficiente como para saber lo que pensarían, pero a Lidia y en especial a Sara, demasiado bien. Isabel, como siempre, se aliaba a ese dúo y últimamente tanto, que ahora las tres nunca se separaban y para colmo Sara parecía divertida con aquel trío. Javier no lo soportó, había vivido esa escena antes, unos meses atrás cuando Isabel le presentó a una amiga suya y quisieron que formasen pareja. Luego al enterarse las tres que había roto con aquella chica, se pasaron un mes sin hablarle y cuando les llegó la noticia de Nadín el disgusto que se llevaron fue tan grande que les faltó poco para presentarse en su casa y cantarle las cuarentas ¿pero a ellas que les importaba su vida y con quien saliese? no dejaron de criticar a Nadín durante meses, y de decir que iba a por él por su fama, y en cierto modo, habían tenido toda la razón ¡pero no las necesitaba a ellas para darse cuenta! -Deja de mirar a nuestras mujeres o creeremos que te interesa alguna en especialfarfulló Oliver. -Ahora mismo lo que me interesa es tener el precioso cuello de tu esposa- dijo señalando a Tomás -bajo mis manos. Tomás ante el comentario se puso serio y miró a su querida Sara, aunque le sentase mal el comentario, no podía reprocharle nada a Javier, conocía a su esposa y sabía que unos meses más tarde tendría que compadecer a Javier cuando le viese saliendo con Sabrina, porque sabía que como le gustase a Sara, Javier terminaría saliendo con ella, aunque luego terminasen la relación. - Es toda tuya Javier, yo ya no me meto en sus asuntos mientras ella no se meta en los míos -dijo Tommy algo impotente.


-A lo mejor no están planeando nada, aunque...-siguió diciendo Oliver mientras observaba a su mujer- pensándolo mejor, será bueno que durante un tiempo procures no coincidir con Sabrina delante de ellas, pero...¿Sabrina les gustará? quiero decir, que si es estúpida no se entenderán. Javier se quedó un rato pensativo, la verdad es que en un principio no fue estúpida, en cierto modo ese aire inocente le encantó. No puede decirse que fuese la típica belleza de la que ya estaba acostumbrado, pero era preciosa, diferente. Había algo en ella que le hacía especial, quizás fuesen sus ojos que desprendían tanto poder, tanto genio, que embaucaban. Sí, Sabrina en un princpio le conquistó nada más verla, pero...después... -Desgraciadamente se entenderán a la perfección, son todas iguales, orgullosas con genio y amantes de la mujer independiente. Dios mío no debí hacer el comentario -dijo Javier mientras se levantaba de la silla y se encaminaba hacia la puerta. -¡Javier! -escuchó a sus espaldas- ¿Cómo dijiste que era Sabrina? -comentó Sara con cara inocente -lo digo por si la veo, para reconocerla. -¡Vete al infierno! -gritó dando un portazo. Sara se encogió de hombros y sonrió para sí, eso funcionaría, estaba segura que funcionaría, aunque...siempre hacía falta un buen empujoncito en una pareja. -Sara, ¡no!, ni se te ocurra. Sara miró a Tomás y sonrió sin decir nada. Se encogió de hombros y siguió pensando en la manera en que uniría a esos dos. Bueno, simplemente tenía la intención de integrarla en el grupo,después...ya se vería. Y si no se equivocaba, el día que la vio en el entierro, le pareció que era buena chica. Y si tenía genio, mejor, a Javier le hacia falta alguien que no se dejase dominar. Hasta ahora las chicas que habían salido con él creían que para retenerle la cuestión era seguirle la corriente, pero ella sabía que Javier haría al contrario, alejarse. Él necesitaba alguien que le plantase cara y le dijese “aquí estoy yo” y estaba segura que la había encontrado. -¡Te he dicho que no! Sara, así que deja de pensar en ello. Sara refunfuñó, últimamente Tommy siempre sabía lo que ella pensaba, y no se explicaba la razón, cierto es que se conocían desde hacía ocho años, pero ése no le consideró un motivo suficiente. -¿Qué sabrás lo que estoy pensando? -La última vez que intentaste hacer una pareja, hacías lo mismo, al pensar en ello te acariciabas la barriga, así que deja de manipular. A Javier no le gusta Sabrina, ya lo has visto, no quiere ni verla, así que no fuerces a un enfado mayor, ya sabes que es su


Presidenta, nuestra Presidenta y podría haber fuertes enfrentamientos con el carácter que tiene Javier. Se levantó con bastante dificultad y se acercó a su marido ¿cómo se atrevía a darle órdenes? ¡ordenes a ella! si se lo hubiera sugerido de otra manera, lo habría aceptado, pero cuando la obligaban a algo, se volvía más cabezota y no paraba hasta salirse con la suya. -Tomás Méndez esta noche te espera un agradable sofá en casa. Tomás sabía que cuando no le llamaba por su diminutivo, tendría problemas. Durante toda su vida le había llamado Tommy, y ahora ese “Tomás” hizo que se diese cuenta de la situación. -Bueno, ningún problema, Sergio tiene en su casa una cama muy espaciosa. Lidia miró a Sergio antes de que éste dijese nada y alzó la voz. -¡De eso nada! en mi casa tú no entras esta noche, si tienes algún problema con Sara, lo solucionas -estalló Lidia. Tommy se levantó furioso del sillón y se encaminó hacia la puerta. Antes de salir echó un último vistazo a su hermano, esperando algo de ayuda, siempre en esas discusiones le apoyaba, pero sabía que Sergio se estaba cansando de terminar él también durmiendo en un sofá por su culpa. -Lo siento Tommy, mañana tengo que madrugar y ahora el sofá que se me asigna lo tenemos con los muelles sueltos, así que esta vez te las tendrás que arreglar tú solito. Roberto no pudo evitar intervenir en la conversación, le encantaba ver a Tommy derrotado, porque siempre pensaba que podría haber sido él. Hasta hacía poco tiempo, él había estado loquito por Sara, y eso no lo olvidaba fácilmente. -Bueno, creo que me alegro de al final no llevármela yo -comentó más para sí que para que le escuchasen. Pero fue demasiado tarde. Su novia se levantó disgustada al oír su comentario y fue directa a la entrada en busca de su chqueta. Roberto por un momento no supo qué hacer y se quedó parado. - Ja! -exclamó Tomás -tú preocúpate de arreglar lo tuyo con Sara, que creo que eso es ahora lo más difícil. Roberto gruñó y salió en busca de su novia. Aunque él decía claramente que era su novia, era la chica que le traía por la calle de la amargura. Desde que se enteró que él era un famoso futbolísta, al princpio en lugar de emocionarse, no hacía otra cosa que


reuírle. Le costó muchísimo convencerle que ya no sentía nada por la mujer de Tommy y cuando por fin lo lograba y empezaban casi a salir, escuchaba aquel tonto comentario. Volvió a maldecirse a sí mismo y durante todo el camino buscó una buena excusa para arreglar aquel embrollo. -Vamos Sara, era una broma, no tienes porqué tomártelo así. Sara muy indignada se paró sin ni siquiera darse la vuelta y mirarle a la cara. -Te recuerdo que aún no estoy segura de salir contigo. No me gusta que mi novio tenga siempre en la mente a otra chica que no sea yo, y encima me lo restriegue por la cara. -Eres injusta, yo ya no siento nada por Sara ¿qué tengo que hacer para demostrártelo? ¡Dímelo! Porque me tienes desconcertado. Sara se giró lentamente y miró a su novio a los ojos. Aunque todavía no le conocía mucho, supo que decía la verdad y sintió un inmenso placer por dentro. -No vuelvas a hacerme lo que acabas de hacer. Te dije una vez que esta relación o nos salva por completo o nos destruye, así que ten tanto cuidado como lo tengo yo, aún es muy frágil. -A veces pienso que siempre será así. Sara no le contestó y agachó la cabeza. Roberto aprovechó ese momento para acortar las distancias y abrazarla largamente. -Nunca dudes de lo que siento ¿de acuerdo? Porque yo por fin lo tengo todo muy claro. Sara comenzó a llorar mientras le rodeaba con sus brazos el cuellos. -No podría soportar otro desengaño Roberto, son muchas las esperanzas que tengo puestas en esta relción para que tú te la tomes a la ligera, si tú no estás seguro dilo ahora, pero no permitas que me haga ilusiones. - No pienso dejarte escapar nunca.

Así fue como la reunión terminó con enfado de casi todas las parejas y Oliver,viendo cómo transcurrían las cosas, sacó a Isabel de allí rápidamente temiendo que se uniese en la revolución de sus amigas.


CAPÍTULO 3º TOMO UNA DECISIÓN Me pasé durante toda la semana dándole vueltas al asunto de la Presidencia. Sabía que la liga había empezado ya hacía un mes, pero la idea de presentarme ante la directiva, los futbolistas y los periodistas, sin contar la afición, me helaba la sangre. Encima no podía quitarme de la cabeza las palabras que dijo Javier sobre mí “ deja poco que desear cuando aún ni se ha presentado...” y la verdad, es que aunque no quisiese reconocerlo, tenía toda la razón, tenía demasiado razón. También me negué a ver los informativos, en parte porque ya tenía que estudiar, y en parte porque sabía lo que me encontraría en ellos. Y al final todo terminó. Después de la cena del domingo, me subí a la sala de la televisión del Colegio, para ver las noticias y ponerme al corriente de los nuevos comentarios. Cuando entre, ví que todas las chicas estaban revolucionadas. Quizás fuese debido a que la mayoría eran novatas (Yo era allí ya una de las veteranas y sabía que tenía que plantearme irme a un piso, pero aun no tenía compañeras, ya que Ania (mi mejor amiga) no se decidía) -¿Habéis visto? Alcé la cabeza y vi mi foto en toda la pantalla de la televisión. Debía de tener unos catorce años en aquella fotografía. Aparecía yo con un grupo de compañeras en un viaje que hicimos de fin de curso. Era mostrada por un hombre, el cual debía ser Juan Carlos, porque bajo la pantalla ponía “Vicepresidente de los Ranyers”. Comentaba mi ausencia, como...que estaba reflexionando. Después sacaron a varios futbolístas hablando sobre mí, y ninguno de ellos muy bien. El odio fue surgiendo de mi interior y me levanté de un salto. Todas mis compañeros me miraron sorprendidas y pude escuchar algunas risitas entre el grupito de primero. En aquellos momento mi amiga Ania llegó por detrás y me dio unas palmaditas en la espalda mientras cogiendo el mando de la televisión cambiaba de canal. -Ignóralo, ya se olvidarán de ti. Y sabía que esas palabras eran mentira. Mientras que yo no me presentase, la idea que tenía la gente sobre mí se iría deformando respecto de la realidad.


Sin decir nada, subí corriendo a mi habitación y busqué una chaqueta cualquiera que ponerme. Sabía que las últimas entrevistas habían sido en el campo de fútbol, y si mis cálculos no me fallaban, en ese mismo momento se estarían realizando, o terminando. -¡Pero qué haces! Ania se encontraba en la puerta de la habitación con los brazos cruzados. Su mirada estaba fija en mi ropa y con el ceño fruncido mostraba su disgusto. -¿Dónde crees que vas así? -A terminar con todo esto ¿No quiere ver a la Presidenta de los Ranyers? ¡pues la verán! Quise hacer a un ado a Ania, pero ella no se dio por vencida y lo intentó por segunda vez. -Pero no así, así no. Debes dar una imagen, aunque sé que eso te importa poco. No puedes presentarte de esa manera y que piensen que eres una cría ¡Vas a salir en televisión! -Ahora no tengo tiempo para esas tonterías. Aunque Ania intentó retenerme, no pudo. Tenía demasiado claro que iría, y antes que la ropa, estaba la necesidad de llegar sin que hubiese finalizado la rueda de prensa. Salí furiosa del Colegio Mayor y corrí todo lo que pude hasta el campo, corrí y corrí hasta por fin encontrar un tumulto de gente que salía en esos momentos. No sé cual habría sido el resultado del partido, pero poco me importaba. Ellos querían ver de una vez a la Presidenta de los Ranyers y yo estaba dispuesta a darles lo que querían. Al llegar al campo de fútbol, me encontré con una masa de personas intentado salir.Busqué cuál de todas sería la entrada a la parte de las oficinas y cuando la localicé intenté hacerme paso. Sin embargo no tuve mucha suerte, puesto que un guardia de seguridad rápidamente me y impidió el paso. Pero si creía que el hecho de decirle que era la Presidenta del club me iba a ayudar en algo, estaba equivocada, tan sólo sirvió para que él se riese en mi cara. -¿Una chica tan guapa Presidenta de este club? anda guapa vete a tu casa, que a los jugadores no se les puede ver. Una mano por detrás se apoyó en mi hombro y sonrió al guardia de seguridad a la vez que me empujaba hacia delante. -Vamos Rafa, seguro que lo es y si no es así, viene conmigo, no le negarás ese deseo a una mujer embarazada ¿verdad?


El guardia de seguridad parecía atontado mirando a la persona que se debía encontrar detrás mía y sin esperar respuesta, la chica comenzó a caminar empujándome y con el guardia guiándonos hacia el interior. -¿Sabes si Tomás ha salido? -le iba preguntando mientras no me quitaba la mano de encima. -No, sigue dentro, le estaba esperando, y ya me dijo que no le hacía ninguna gracia que caminase así por la calle. Cuando por fin me giré observé a aquella mujer, bueno, mejor dicho chica. Era bastante joven, morena, muy alta, con unos ojos verdes que resaltaban en todo su rostro, el cual, era además de dulce muy atractivo. Volví a mirarla atentamente intentando recordar dónde antes había visto aquella cara y llegué a la conclusión que quizás fuese una de las típicas modelos que salía con los jugadores y su cara una de las portadas de las mejores revistas de moda. -Es muy cascarrabias ¿verdad? -me comentó mientras acariciaba suavemente su voluminosa barriga. -Gracias- le comenté sonriéndo. -Oh, no te preocupes, a mí me pasó una vez y creo que a las novias de todos los jugadores, pero bueno, tengo que reconocer que tu invención de Presidenta no ha estado mal, aunque algo me dice que no eres novia de ningún jugador. -No, no lo soy Contesté escuetamente observando en todas direcciones. Aquel lugar era la entrada por la que unos meses atrás había estado con Raúl cuando me enseñó los Ranyers. - Oh, no importa, me has caído bien, me encantan las chicas decididas, ya se lo digo a Lidia (es mi cuñada) que si ella no fuese tan cascarrabias y con tanto genio probablemente no la aguantaría- rió ampliamente y yo la miré sin entender a quién se refería. Debió leerlo en mis ojos porque se corrigió -me refiero a mi marido, y hablando de él, ahí está Tommy, ven al menos conocerás a uno de los jugadores y si lo consigo le diré a Tommy que te presente al resto. -Es que yo... -Oh vamos, ahora no me seas tímida, que se te ve a una legua que no lo eres. Puede que imponga respeto, pero no debes temerle, si no se meten con él, no muerde -dijo guiñándome un ojo y llamando a su marido - ¡Tommy!


Cuando el chico se giró pude ver a un morenazo de ojos verdes que al escuchar esa voz lució una sonrisa deslumbradora. También me sorprendió comprobar que sólo tenía ojos para aquella chica y no dudó en acercarse a ella y besarla cariñosamente en los labios mientras seguidamente acariciaba su barriga. -¿Qué tal has pasado la tarde? -le preguntó mientras le rodeaba con los brazos. -Estupendamente, pero quiero presentarte a alguien, ella se llama... La chica de los ojos verdes se giró y me sonrió mientras me cogía del brazo y me acercaba a ellos. -Sabrina- le contesté sonriendo y pensando en la sorpresa que se llevaría Tomás cuando supiese que yo era su Presidenta. Sin embargo la sorpresa llegó antes de lo que esperaba y no precisamente a ellos, sino a mí. Ninguno de los dos dijo nada, pero me observaron de arriba a abajo y sonrieron mirándose luego entre sí. Intenté adivinar por las miradas qué estaba sucediendo, pero no conseguí averiguar nada. -Te advierto que mi instinto me dice que es muy agradable- dijo la chica agarrando del brazo a su marido y acariciándoselo lentamente. -Ummm, pues mi esposa nunca se equivoca. Por un momento me olvidé del motivo de mi visita y les sonreí a los dos haciendo gala de una de mis mejores sonrisas. Se veía que debían estar recién casados, porque aun se reflejaba en sus rostros la ilusión de los primeros años. -Tommy, ¿podrías presentarle a los jugadores? creo que Javier, Oliver y Roberto están por ahí, me parece que les acabo de ver pasar. Sobre todo a Javier, él en especial...comentó guiñando un ojo a su marido. -Ah, será difícil, porque están esperando a los que están dando la rueda de prensa. Dejé de pensar mis cosas y presté toda la atención a aquella conversación. Giré en dirección a Tomás y le puse la mano sobre el brazo preocupada. -¿Ellos no la han dado? -No, ellos no, porque...bueno era sobre asuntos que no nos concierne hablar, además, si hablo en contra de la Presidenta, mi mujer me dejaría de hablar- dijo Tommy con la sonrisa en los labios. -Es que yo le digo que una chica puede dirigir un equipo igual que un chico ¿verdad? Afirmé orgullosa con la cabeza , pero no pude seguir hablando porque alguien por detrás nos interrumpió. El rostro de la chica (que se llamaba Sara) se iluminó de golpe y


pude ver cómo el que llegaba por detrás la abrazaba efusivamente y le guiñaba un ojo a Tomás. Poco después el chico se giró y nos enfrentamos cara a cara. La reacción de ambos fue de horror, pero sin embargo la más sorprendida de los dos fui yo. -Sabrina, éste es Javier Sánchez, uno de los futbolistas, un centrocampista -dijo triunfante Sara. El grito que di con el “Tú” hizo que llamásemos la atención de todo el mundo. Pude comprobar que el rostro de Javier se contraía y miraba una y otra vez a Sara diciéndole algo ininteligible. Yo ya cansada de aquel silencio tan cortante y de comprender el ridículo tan grande que debía haber hecho la noche que nos onocimos creyendo que era un aficionado, me puse muy derecha y le hice frente. -Conque aficionado ¿eh? -comenté con sarcasmo. - Si no recuerdo mal, nunca dije que lo fuese, tú lo diste por sentado. Javier suspiró fuertemente y se encogió de hombros. Pude observar que tenía los puños cerrados y agarrados fuertemente a las piernas, como el día que nos conocimos. Sí, parecía que yo tenía la facultad de hacerle enfurecer y me sentí satisfecha por ello. Hasta ese momento todo se contenía más o menos. Tomás procuraba mantenerse serio, y sobre todo, calmar a Javier, pero cuando se acercó al grupo otro chico más, se desorbitó todo. -¡Chicos el último notición! dicen que ahora la Presidenta realmente tiene 18 años, es baja y... Todos comenzaron a reír estruendosamente y Javier dedicó a todos una de sus escasas sonrisas. -Bueno, en eso te puedo confirmar que tiene 21 cumplidos hace unos meses. El chico se giró y me miró fijamente a los ojos. Se parecía mucho físicamente a Tomás pero su rostro no era tan dulce como el de éste. -¿Y eso cómo lo sabes? -me preguntó inquisitivamente. -Porque yo soy la Presidenta de los Ranyers. Se hizo el silencio en el grupo. El chico que acababa de llegar abrió la boca intentando decirme algo, pero yo no le dejé, porque me acerqué a Sara y le pregunté cómo podía llegar a la sala de prensa. Ella parecía satisfecha con mi prgunta y sin hablarme me indicó con el dedo uno de los pasillos que salía hacia la izquierda. Le sonreí, y comencé a alejarme del grupo. En cuanto hube recorrido unos pocos metros, se desató el barullo. Todos comenzaron a hablar al mismo tiempo y sin a penas entenderse entre ellos. Sonreí divertida pensando el caos que había originado y me giré unos


segundos para contemplarles. Era increible cómo entre aquellos chicos, Sara no se dejaba comer el terreno e imponía su palabra a la del resto. Sí, no cabía duda que tenía carácter. De repente, uno de ellos fijó su vista en mí y no la apartó. Era Javier, estaba con el rostro relajado, aunque con la misma seriedad de siempre. Me observó mientras etsaba quieta ahí, mirando el grupo y no me quitó la vista de encima hasta que proseguí mi marcha. Intenté quitarme de la cabeza aquella imagen que me perseguía. Había estado alargando el momento, pero no podía esperar más y necesitaba todos los sentidos dedicados a mi presentación. No me fue difícil encontrar la sala de prensa. La puerta estaba abierta y ya desde los pasillos se escuchaban todas las voces intentando hablar al mismo tiempo y llamar la atención del entrevistado Cuando por fin llegué hasta la puerta, nadie pareció percatarse de mi presencia. Una larga mesa se encontraba situada en la parte del fondo de la sala y para que se viesen mejor los personajes que se entrevistaban, estaban sobre una pequeña tarima. En ese momento se encontraba uno de los jugadores con muchos micrófonos y grabadoras sobre la mesa. Movía las manos tranquilamente y escuchaba atentamente las preguntas. No quise interrumpir de golpe y permanecí en el mismo sitio observando cómo trasncurría la entrevista y en qué consistía todo aquello. - ¿Piensa que debería dimitir Sabrina García? Intenté contener la ira que iba apareciendo en mi interior. Aquel chico se acomodó aún más en su silla y esta vez cruzó los brazos mirando intensamente al periodista. -He venido aquí para hablar de mi trabajo y del partido de hoy. Del resto de los asuntos del club, no me meto. Si no ha venido, sus razones tendrá y estoy seguro que en un futuro las explicará y nos sacará a todos de dudas. ¿Tienen alguna pregunta más que hacerme? Quizás fuesen esas palabras las que me dieron el último empujón para decidirme ¡A lo mejor, no estaba tan sola como creía! Caminé lentamente entre aquella masa de gente. Di algún que otro empujón y pisé más pies de los que puedo recordar, pero al fin llegué. Ahí estaba yo casi frente al futbolísta que estaba dando la rueda de prensa. Él se quedó mirándome atentamente a la cara. No se movió hasta que comprendió quién era yo. Esbozó una alegre sonrisa que me hizo contener el aliento y se acercó a los micrófonos sorprendiéndonos a todos.


-Señores, creo que hay alguien que les desea hablar. Respiré profundamente, avancé un poco más y subí el escalón que daba a la mesa. Algunos hombres me empujaron para echarme hacia atrás, pero el futbolísta se acercó a ellos y con tono enérgico les habló. “¡Quítenle las manos de encima, es Sabrina García, la Presidenta de los Ranyers!” Miré agradecida al chico y éste me acompañó hasta donde él anteriormente había estado sentado. Sin esperármelo se acercó a mi oído y me susurró. - Tranquila, durará poco y si necesitas ayuda, estoy ahí al lado, sólo tienes que mirarme.

Aún no tenía palabras para expresarle el agradecimiento que sentía. Intenté grabarme esa imagen en el rostro y le miré por última vez. El chico colocó bien los micrófonos y a lo lejos pude escuchar una voz que le llamaba “¡Roberto!” . Y no tuve que averiguar más, él debía ser el famoso Roberto Rodríguez, uno de los pocos nombres que conocía de mis jugadores “Mis chicos” recordé que así era como se refería a ellos Raúl. Mientras unos instantes antes de que yo entrase en la sala... -Lo que decía, es un encanto, es un auténtico encanto -comentó Sara mirando a Javier distraídamente. -Oh Tommy, haz callar a esa víbora que la estoy viendo venir, por favor que no me mire así. -Yo ya no me meto en estos asuntos, la última vez terminé durmiendo en el sofá y pasé toda la semana recuperándome de los dolores. Eso unido con las falsas alarmas de Sara, estoy que no puedo con mi alma. Sara centró la atención en su marido y furiosa se plantó frente a él con los brazos en jarra y con el ceño fruncido. -¡Serás quejica! sólo te dije que tenía contracciones el miércoles y no más! -gritó Sara golpeando a su marido en el hombro. -Dejad de discutir, menudo follón tengo, he quedado en ridículo delante de esa tal Sabrina. - ¡Bah! tranquilo Oliver, ella quedará más veces, te lo aseguro. Sara ante aquella conversación machista se enfureció, si estuviera Lidia allí, hubieran podido con ellos, y ni qué decir si está Isabel entonces les entierran vivos.


-¿Por qué no dejamos de discutir y vamos a ver la rueda de prensa? creo que se pondrá interesante, y ni quiero pensar en lo que le pasará a esa pobre chica. Al menos espero que seáis considerados y le echéis un cable ¿Sí? -dijo Sara mirando a su marido y seguidamente girando su vista hacia sus grandes amigos. Ellos sabían perfectamente que lo que Sara hacía no era una súplica, sino una orden. -Conmigo no cuentes, esa y yo no nos entendemos y hasta juraría que intentaría ponerme en ridículo delante de todo el mundo -exclamó Javier con los brazos cruzados. -¡Javier! ¿por quién la tomas? pobre chica. De todas formas no debemos preocuparnos, Roberto está allí. Y ya sabéis lo bien que le cae esa Sabrina sin ni siquiera conocerla dijo Tomás abrazando a su mujer. -Haced lo que queráis, pero yo no voy -dijo tajantemente Javier. Oliver sonrió y agarró del brazo a Tommy tirando de él y a la vez de Sara, conocía lo suficiente a Javier como para saber que si de verdad le gustaba Sabrina, iría a ayudarla. -¡Ohhh! sois unos cabezotas -dijo Javier al ver cómo se alejaban y les seguía. Todos sonrieron complacidos a su amigo, pero no volvieron a decirle nada más.

Tras el grito de Roberto, se hizo el silencio en la sala. Por una puerta que estaba situada en la parte de atrás de la mesa de prensa, apareció un hombre al que reconocí al instante. Me levanté de la silla y me acerqué hasta él. -Usted es Juan Carlos ¿verdad? pues tengo algo que comunicar a la prensa. Juan Carlos me miró extrañado y no pudo evitar mirarme de arriba a abajo. Lamenté no haberme arreglado más (tal como me había dicho Ania) y haber salido del Colegio de cualquier manera, pero ya no tenía remedio, para colmo el pelo lo tenía recogido en una coleta y no muy bien cepillado y me daba pariencia todavía de más pequeña de lo que en realidad era. -¿Eres Sabrina? -me preguntó extrañado -no e había reconocido. -La misma, y si le indica a estos señores que desearía decir algunas palabras se lo agradeceré. Juan Carlos afirmó con la cabeza y se adelantó a mí. Se sentó en la mesa de prensa y miró a todos los periodístas mientras yo permanecía detrás suya de pie. Giré la vista y me encontré a Roberto de brazos cruzados que me dedicaba una sonrisa. Sin saber porqué, de golpe me tranquilicé y pude volver a mirar a toda aquella gente con más confianza.


- ...quiero ahora dar paso a Sabrina García, Presidenta de los Ranyers. Muchas Gracias. Los periodistas se sorprendieron tanto que durante cinco minutos estuvieron en silencio intentando comprender que aquellas chiquilla que estaba allí de pie vistiendo tan informal y con una cara de niña era la Presidenta de un club tan impresionante. Asentí con la cabeza mientras Juan Carlos me dejaba su sitio y algo dubitativa me senté y un poco nerviosa me coloqué todos aquellos micrófonos. Toda la sala era silencio. Tan escuché al fondo cómo una mujer se situaba delante de una cámara y decía algunas palabras, supuse que presentándome frente a la televisión. Aparté las manos de la vista de todo el mundo y me las apreté fuertemente conteniendo el aliento. -Bien- comencé a decir- estos últimos meses sé que no he satisfecho la curiosidad de nadie respecto a mi decisión de formar parte de este club - la voz me temblaba y no podía evitar no mirar a nadie a los ojos por temor a desconcentrarme -sólo quiero decirles que he tomado una decisión inalterable. Pienso ser la Presidenta de los Ranyers y siento decir que si a alguien no le agrada la idea, preferiría que se ahorrase sus comentarios, no pienso cambiar de opinión. Hice una promesa respecto a la Presidencia y pienso cumplirla. Entonces estalló el revuelo, empezaron a bombardearme con todo tipo de preguntas, la mitad de las cuales no entendía. Entre contratos y jugadores que debían llegar y algunas cosas más pudieron conmigo. Recordé las palabras que me dijo Roberto, pero mi orgullo me impidó perdirle ayuda. Intenté calmar a toda la gente pero sus voces se imponían a la mía. -Por favor ¡escúchenme! dije una y otra vez. Nunca me imaginé que aquello pudiese ser así. La confianza que hasta entonces había llevado se desmoronó y sólo quise salir corriendo del lugar. A lo lejos vi cómo Sara se asomaba a la sala y le decía algo al oído a su marido. Tomás asintió y sin decir más palabras se acercó a mí junto con el chico que dejé avergonzado y Javier, que en esos momentos se unía a ellos. Recé porque no fuesen a hacer ningún comentario en mi contra, creo que si las únicas personas que habían sido medianamente amables me criticaban, no podría soportarlo. Se fueron acercando hasta donde yo estaba con paso firme y un temblor me recorrió el cuerpo. Sin embargo se quedaron parados al lado de Roberto y se cruzaron unas palabras antes de decir nada. -¿Piensa una cría dirigir este equipo? personalmente, creo que está loca.


Dejé de mirar atentamente a mis futbolístas y busqué con la mirada el periodísta que había dicho aquello. Realmente no debería haberlas escuchado teniendo en cuenta que las había dicho más para su alrededor que para mí, pero sus palabras retumbaban en mis oídos. Que me creyesen inexperta era una cosa, pero que me llamasen loca,otra muy distinta. Miré desafiante al hombre pero sin saber qué decirle. Era un hombre regordete de mediana edad. Tendría más o menos mi estatura y no podía evitar sonreír satisfecho al ver mi cara furiosa. Sin embargo el momento se rompió. Aparecieron Roberto y Javier en la mesa y se dirigieron a los periodistas. -Señores, ya han oído la decisión, dentro de unos días les darán más información. Estas palabras las había dicho Javier, mientras Roberto me cogía del brazo y me llevaba hacia la puerta por la que había aparecido Juan Carlos. Me quedé mirando hacia atrás al periodista y le susurré a Roberto. -¿Quién es ese periodísta? -¿No le conoces? es uno de los mejores periodístas deportivos del periódico “Deportes” se llama Julián de la Vega-dijo Tomás distraído mientras Javier cruzaba algunas palabras con Juan Carlos y Roberto me soltaba el brazo y me indicaba que entrase por la puerta. Una vez dentro de la sala, el primero en hablar fue Javier. Se le veía furioso y por la expresión de sus ojos aquella furia iba dirigida hacia mí. No quise mirarle ni si quiera a los ojos y esperé pacientemente a que me dijese lo que le estaba pasando por la cabeza. -Deberías haberte preparado un discurso pequeña, así sólo conseguirás que te coman viva. Afirmé con la cabeza estando algo asustada. Todo me había salido mal. Había esperado un mínimo de respeto por parte de los periodístas, pero los calificativos de cría, pequeña, mujer... habían estado resonando durante todo el tiempo en la sala, por no incluir el “loca” que me había dedicado ese Julián de la Vega. -Creo que me marcharé a casa, esto se me va de las manos. Sara en esos momentos apareció a mi lado. Tenía la cara sudorosa y se notaba que debía de haber venido con prisa puesto que su rostro estaba desfigurado por el cansancio. -Chica, ni yo misma lo hubiese hecho mejor- comentó para animarme. -¿Mejor? ja, no me hagas reír, he hecho el ridículo, y...


-Bueno, pero ¿Cuántas veces se hace el ridículo en la vida? demasiadas como para que al cabo de los años te acuerdes de esto. Bueno Tommy ¿nos vamos? no hay nada más que hacer aquí. Sara me sonrió y dándome unas palmadas en el hombro se alejó con su marido. -Es una pareja muy extraña ¿no? -comenté. -Apostaría que en estos momentos Tomás comenzará a gritarle por haber venido casi corriendo, lo estoy viendo venir. Y precisamente cuando terminó sus palabras pude ver cómo Sara gesticulaba y le gritaba ciertos insultos a su marido mientras caminaba aún más deprisa. Pero el momento de cierta amistad con Javier se rompió cuando entró Juan Carlos. Javier y el resto de los chicos se marcharon sin ni siquiera despedirse y yo me quedé sola enfrentando a un Juan Carlos que por la cara que me dedicaba, no estaba muy contento conmigo. -Bueno, ya era hora de que te presentases. Respiré resignada y agaché la cabeza esperando que aquello terminase cuanto antes, no podía soportar la idea de permanecer mucho tiempo allí. -Lo siento, pero...entiéndame necesitaba tiempo para pensar, esto no es fácil para mí. -Espero que Raúl tuviese razón en su decisión. Ya sabes que era amigo incondicional suyo y como tal pienso respetar a quien encomendó que le sustituyese, pero sólo espero que sepas estar a la altura de las circunstancias. Por lo demás, siempre estaré a tu lado, si eso sirve para que te tranquilices. El resto de la conversación aún es algo dudosa para mí. Después de tantos años, sólo puedo recordar cómo me sentía, pero no las palabras que produjeron mis sentimientos. Entre ellos se encontraba el verme inútil, indefensa y ante todo, estúpida, me veía una auténtica estúpida y eso me enfurecía. Todo terminó una hora más tarde con una cita para el día siguiente en el campo de fútbol con directivos y jugadores. Realmente, me esperaba un día muy duro. -No faltes ¿de acuerdo? porque esta vez soy capaz de ir a buscarte a la Universidad -me contestó Juan Carlos mientras salía de su despacho. Pero si creía que todo terminaría ahí, estaba equivocada. Cuando al fin logré salir de aquel tumulto de gente que se agolpaba al haber oído algo de la increíble noticia, me encontré en la puerta de mi Colegio a un chico apoyado en la entrada con los brazos cruzados al igual que sus largas piernas.


Tenía el pelo revuelto y los ojos ocultos detrás de unas gafas de sol siendo apenas las 10 de la noche. Me acerqué lentamente a él, con las manos metidas en los bolsillos y la cabeza agachada para que no me viese la cara. Sin embargo al pasar a su lado, su brazo se estendió y me interceptó el paso. -Llegas tarde -comentó incorporándose hacia mí. Alcé la vista y le ví allí, tan arrogante como siempre y con sus ojos ocultos tras esos cristales oscuros. -Y no sé qué pintas tú aquí -le contesté. Javier espiró y se encogió de hombros, supongo que ni él mismo lo sabía, aunque cuando me empezó a criticar por la manera en que me había presentado tuve conciencia de lo que pretendía. Aguanté su perorata durante diez largos minutos. Incluso me apoyé en la puerta esperando que terminase su charla de una vez. Esperé y esperé con un odio interior que se me iba agrandando con cada una de mis palabras. Javier seguía sin prestar atención a lo que mi cara le estaba diciendo y se movía de un lado a otro exponiendo su discurso. Una vez que lo dio por finalizado, se paró me miró y se volvió a cruzar de brazos esperando mi respuesta. -Mira guapo, precisamente ahora no necesito que alguien me hunda más de lo que ya estoy ¿pretendías que me sintiese la persona más estúpida del mundo? pues lo siento llegas tarde, ya lo han conseguido otros. ¿O acaso pretendías enseñarme la manera en que podré hacer mejor el ridículo en un futuro? porque a eso también llegas tarde, yo soy mi propia maestra, tengo una buena faceta para eso. Ah, pero claro, tú eres un jugador y esa es tu misión, criticar a la persona de la cual vas a depender. Pero no gracias, no necesito que nadie me haga sentir peor de lo que me siento. Javier me estuvo observando durante todo el discurso, y finalmente esperando escuchar una buena carcajada no escuché nada. Todo era silencio, todo, absolutamente todo, hasta pude escuchar su respiración regular. El único movimiento que hizo fue quitarse las gafas lentamente y dejarlas descansando colgadas en el bolsillo de la camisa. Me desafió con los ojos puestos en los míos y no dijo nada. Yo esperé un rato más y cuando ví que no quería decirme nada más me di media vuelta y me dirigí hacia el interior del Colegio. -Realmente, no creo que estés hundida, ni mucho menos.


Me giré al escuchar sus palabras y pude ver cómo se alejaba con pasos lentos pero decididos. ¿Y si en realidad no era tan mal chico? había en ocasiones que me sentía bien a su lado, aunque en pocas, pero sí las había. No quise seguir pensando en Javier y entré en el Colegio lo más sigilosamente posible. Las luces ya estaban apagadas en la entrada y ni siquiera se encontraba cerca la portera. Busqué por todos lados esperando encontrarme a alguna compañera, alguna cara conocida que me diese su apoyo. Pero todo estaba desierto. Desistí en el intento y fui subiendo lentamente las escaleras hasta mi piso. De repente escuché un gran alboroto en la sala de televisión. Miré el reloj extrañada y me dirigí lentamente hacia allí. Puse la mano sobre el pomo de la puerta y entonces escuché alguna de las conversaciones que se hablaban a gritos en el interior. “¿Entonces es cierto que es la Presidenta de los Ranyers?” “Debe tener muchísimo dinero ahora” “¿Creéis que será millonaria?” Al escuchar todas aquellas tonterías, solté el pomo y me desplomé en uno de los sillones que había al lado de la sala de la televisión. Consternada no pude soportarlo más y me puse a llorar comprendiendo que aquello sólo era el principio de las muchas cosas que en adelante tendría que escuchar sobre mí. -¿Sabrina? Me giré e intenté secarme las lágrimas del rostro. Alcé la vista y me encontré a mi querida amiga Ania frente a mí. Al verla allí, tan tranquila, tan ajena a todo, me levanté y me abracé a ella y lloré aún más desconsoladamente. Ella se limitó a abrazarme y a sonreír mientras me calmaba. - No todo serán sinsabores, te lo prometo. Estoy segura que de que pase un año te reirás de esto y pensarás lo tonta que fuiste por tomártelo así. Hazme caso. -Tenías que haber visto a todas aquellas personas. Querían comerme viva, lo ví en sus ojos, y yo no estuve a la altura de las circunstancias ¡Si hasta tuvieron que ayudarme los futbolístas! - ¿Y no ves el lado bueno de todo esto?¡Te apoyaron tus chicos! -¿Qué intentas decirme? –le pregunté mientras nos poníamos de pie y nos íbamos a nuestra habitaciones. -Que tener a los futbolistas de tu parte, es un gran paso y una gran ventaja.


- No creo que estén de mi parte, de hecho uno de ellos acabo de encontrármelo abajo y me ha cantado las cuarentas. Ania congestionó su rostro y me miró extrañada. Fui abriendo lentamente la puerta de mi habitación sin mirar a la cara y entré con ella detrás. -¿En serio? - Sí, Javier Sánchez, para ser exacta. Ania se quedó pensativa un instante y al momento comenzó a hablar atropelladamente. -¡Javie Sánchez! Ya decía yo que me sonaba ese nombre. Es uno de los mejores futbolistas de estos tiempos. Aunque tiene 26 o 27 años, está en plena forma. -¿Desde cuando te gusta el fútbol? –le pregunté asombrada por su diálogo. -Me es indiferente, pero a las grandes estrellas sí les conozco, aunque de oídas, claro. De hecho, creo que si me cruzase con uno de ellos, no le reconocería. De repente su mirada se quedó perdida. La fijó en la ventana que daba al exterior y se evadió de la realidad, quedándose pensativa. Tuve que llamarle la atención varias veces para que reccionase, pero no pude, estaba en algún lugar al que yo no podía llegar. -¿Qué te ocurre? Ania al comprender lo que le había sucedido, abrió los ojos todo lo que pudo y negó con la cabeza a la vez que se sonrojaba (cosa que nunca le sucedía) -Una tontería, pero bueno, lo que importa ahora eres tú ¿Y sabes lo que te digo? Que tengo el presentimiento que harás grandes cosas en ese club. -No sé porqué, pero yo tengo el presentimiento contrario. -Veremos quién tiene razón-dijo guiñándome un ojo. Ania volvió a perderse en aquella lejanía y despidiéndose brevemente me dejó con sus palabras retumbando en mis oídos. Y así fue como di paso al final de mi desastroso día como Presidenta oficial de los Ranyers.


CAPITULO 4º TRAS LA TEMPESTAD LLEGA LA CALMA

El lunes que pasé después de mi presentación como Presidenta, fue desastroso. Por cada paso que daba en la Universidad, alguien me paraba para confirmar quién era yo. Mis amigas estaban tan ilusionadas por mis palabras y con la idea de poder conocer a futbolístas, que no dejaron de hablarme del tema toda la mañana. Yo por mi parte sólo tenía pensamientos para la reunión que me esperaba unas horas después en la ciudad deportiva, con todos los componentes del club. Al principio pensé en arreglarme un poco. Bastante mal imagen había dado el día anterior como para volver a repetirla, pero tampoco quería aparecer por la Universidad con un traje de chaqueta o como si fuese de boda. Así que deseché mi idea y fui como un día más, con mi cartera sobre los hombros e ignorando todos los comentarios que pudiesen hacerse sobre mí y mi indumentaria. Nada más terminar las clases fui corriendo hasta la ciudad deportiva. Aunque sabía que era allí donde entrenaban la mayoría de las veces, lo único que yo conocía era el estadio y tuve que coger un taxi para poder llegar lo antes posible. Tal como su nombre lo decía, la ciudad deportiva era un gran recinto casi a las afueras de Valencia. Estaba formado por todo tipo de instalaciones deportivas, desde gimnasios hasta centros médicos y varios campos de fútbol para las diferentes categorías de los Ranyers. No tuve problemas al entrar, ya que el paso no estaba reservado para estar por allí. Fui caminando lentamente, parándome en cada campo viendo cómo chicos de todas las edades jugaban emocionados a su deporte favorito. La verdad, es que comencé a comprender lo que Raúl sentía por ese equipo y esas personas que se mataban día a día por su afición y por cumplir su sueño. A lo lejos se levantaba un gran edificio antes de dar paso al que supuse, el campo de la 1ª División. No pude evitar abrir la boca de par en par ante tanta grandiosidad y permanecer ahí de pie sin mover un músculo. De repente un niño de 10 años se acercó a mí y se puso a mi lado mientras miraba en mi misma dirección. -Impone respeto ¿verdad? pues yo pienso jugar cuando sea mayor allí. Estoy seguro. Es mi sueño y no pienso parar hasta conseguirlo. Me giré y miré a aquel niño que seguía con la vista fija en el campo. Llevaba la vestimenta de los Ranyers puesta y estaba sudoroso tras haber jugado un partido. Le


sonreí y asentí con lo la cabeza mientras fijaba de nuevo mi vista en la misma dirección que él. - ¿En serio crees que serás tan bueno para jugar en él? -dije haciéndole rabiar. -Seré el mejor. Yo quiero ser como la pareja de oro - contestó convencido. -¿Quién es la pareja de oro? -le pregunté haciéndole ver mi ignorancia. El niño se giró extrañado y con las manos empezó a hacer unos gestos que no entendía. Después se tranquilizó y sin quitarme los ojos de encima suspiró. -Javier Sánchez y Roberto Rodríguez. No quise escuchar más y dí por finalizada la conversación. -Pues espero que alguna vez logres tu sueño -le dije alejándome del lugar. - Pues está en tus manos que lo consiga. Me paré de golpe y me giré sin pensármelo, pero el chico ya no estaba allí. Pensé que quizás había sido imaginación mía, pero no, aquello tenía que se real. Algo consternada seguí mi paso hasta el gran edificio. Antes de llegar pude ver que se estendía una gran valla metálica que rodeaba la parte delantera del edificio y de los aparcamientos. Un guardia se paseaba de un lado a otro con paso regular y mirando en todas direcciones. Me acerqué decidida a él y le pedí que me abriese la verja. -Lo siento chica, pero no puedes pasar, esta es zona restringida sólo para jugadores y miembros del club. Estaba tan cansada de tener que dar siempre explicaciones que esta vez me limité a enseñarle mi carnet de identidad y sonreírle triunfante. -¿Decía? -le dije mientras la abría y me dejaba pasar. Dentro pude observar que estaba todo tranquilo. Debía ser la hora de los entrenamientos, porque allí no se veía ni un alma. Caminé lentamente por los pasillos buscando el que me llevase hasta el campo. Y después de diez minutos dando vueltas, lo encontré. Al fondo de él, había una gran puerta de cristal por la que entraba tanta luz que iluminaba todo el camino hasta ella. La abrí lentamente y por fin ví cara a cara a todos los jugadores de los Ranyers. Estaban en mitad de un partido amistoso. Rojos, contra azules. Dudé antes de seguir caminando, pero alguien por detrás me apoyó una mano sobre el hombro y me llamó por mi nombre. -Bueno, ya ves, esto es los Ranyers ¿qué te parece? no está mal ¿verdad? ven conmigo, te presentaré a todos formalmente. Juan Carlos caminó a mi lado mientras nos dirigíamos a los entrenadores y preparadores físicos.


Yo por dentro estaba temblando de miedo. Juan Carlos seguía hablándome pero yo ya sólo tenía ojos para toda aquella gente que ajenos a mi presencia seguían metidos en su mundo y en su tarea. -Te costará al principio, pero seguro que te sabrás manejar bien -me siguió diciendo. El primero que me vio aparecer fue el entrenador. Nos paramos frente a él y Juan Carlos le estrechó la mano. Se cruzaron unas breves palabras y mirándome de arriba a abajo dió un grito, y paró el juego. Poco a poco, todos los rostros se giraron en nuestra dirección. Tanto el de los preparadores físicos como de juagores y un grupo de aficionados que se encontraba viendo los entrenamientos. Nadie hacía nada, hasta que un grupo de jugadores (entre ellos reconocí a Javier y Tomás, pero sobre todo al chico que hizo el comentario sobre mi edad) se fue acercando hasta mí. Tenían las sonrisas en los labios y no parecían sorprendidos al verme, al contrario que el resto que se daban codazos unos a otros preguntándose por lo extraño de la situación y sin moverse de sus sitios. -Chicos, os presento a Sabrina García, vuestra Presidenta ¡Venid todos! -grito el entrenador. Si esperaba un recibimiento frío, aquel congelaba la sangre. Todos guardaron silencio y me miraron de arriba abajo preguntándose si aquello era cierto. Suspiré profundamente y di un paso hacia el frente. No sabía exactamente qué debía decir. Había ensayado miles de discursos, pero en aquellos momentos me quedé en blanco. El hielo lo rompió Tomás. Dio un paso hacia delante y me estrechó la mano. Seguidamente hicieron lo mismo Javier y después Roberto, pero excepto ellos, el chico que hizo el comentario sobre mi edad (Oliver) y uno que se presentó como Antonio, ninguno más hizo nada. Todo era silencio y miradas inquisitivas de desprecio. Respiré profundamente e intenté repetir algo de alguno de mis variados discursos. -Bueno, espero que nos llevemos bien, pero ante todo, espero que hagamos todos juntos una buena temporada y... Los jugadores no me dejaron terminar, se dieron media vuelta y siguieron jugando el partido. Me quedé tan helada que no supe reaccionar. Roberto y el resto del grupito se disculparon por sus compañeros, pero el daño ya estaba hecho, me habían demostrado el desprecio del equipo y yo no había sabido imponerme ante ellos. Estaba tan furiosa por el gesto que me habían demostrado que sin dudarlo les seguí hasta el centro del campo. Los que me habían demostrado su apoyo me siguieron y el


resto de los jugadores se quedaron de piedra y tardaron en reaccionar al verme allí. Por suerte tuve el tiempo suficiente para que comenzase a hablar sin que me interrumpiesen o me volviesen a mostrar sus desaires. -¡Me importa un pimiento que no me soportéis!, que os parezca que no pueda llegar a ser una buena Presidenta o que no me queráis aquí, pero se os está pagando para jugar, y espero que lo hagáis, os debéis a una afición, y eso debéis recordarlo siempre. Los jugadores comenzaron a hablar entre ellos pero al poco tiempo me di media vuelta y me dirigí hacia Juan Carlos dando por finalizado mi breve discurso. -Enséñame todas las instalaciones y a los entrenadores, quiero hablar con ellos. -Claro, sígueme.

Al primero en conocer fue al entrenador. Era un hombre no muy mayor, extremadamente delgado y con un rostro que parecía estar siempre enfadado. Juan Carlos me informó que había pertenecido años atrás a los Ranyers, como jugador y que llevaba siendo entrenador ya tres años. La verdad, no me pareció un hombre agradable, pero era lo que menos me importaba siempre y cuando dirigiese bien al equipo. -Él es el segundo entrenador, Paco Vega. El hombre me estrechó la mano amigablemente y sonrió. Su sonrisa fue tan cálida, que por un momento bajé la guardia y se la devolví. Seguimos con las presentaciones no con muchas conversaciones por medio. Todo eran observaciones, miradas que no decían nada y que a la vez lo decían todo. Después nos dirigimos hacia las oficinas de los directivos y me presentó a alguno de ellos. Todos ya estaban preparados para la reunión, pero antes de nada quisieron enseñarme, muy orgullosos, las instalaciones del equipo. -Bueno, sobre los asuntos que nos conciernen... Estuvimos dos horas enteras hablando del club. Todo lo que fuesen cuestiones financieras no me suponía problema, ya que estudiaba Económicas y después de tres años estaba preparada, pero todo lo referente a fichajes...era algo nuevo para mí. Escuché atentamente todos los comentarios de jugadores que hacían falta, pero sobre todo de jugadores que habían pertenecido a los Ranyers y estaban cedidos. -Si son buenos ¿por qué están cedidos? -pregunté extrañada - el equipo no está pasando por los mejores momentos y necesitamos a todos aquí.


Uno de los directivos comenzó a hablar con las manos apoyadas sobre la mesa e inclinado hacia delante. -Eso no es tan sencillo. Hay intereses por medio. -Los únicos intereses que tienen que estar por medio son los de los Ranyers -contesté tajantemente. ¿Hay más casos que deba conocer? -pregunté continuando con el tema Me encontré con uno muy curioso. Era un chico llamado Eloy, pertenecía a los Ranyers desde hacía muchos años, pero por enfrentarse al entrenador fue cedido a un equipo de segunda A llamado “El Júcar”. Debía ser un buen jugador, pero aquel enfrentamiento le había bajado de categoría. Me propuse estudiar en esos meses su historia y ver qué podía hacer con él. Si era bueno no lo quería de vuelta cuanto antes. -Bien, estudiaré todas vuestras propuestas de fichajes para Diciembre y luego veremos qué hacemos. Pero sigo pensando en los chicos que tenemos cedidos y también en la cantera, que son el futuro de este equipo. Me levanté de la mesa de reuniones en la que nos habíamos sentado y me despedí de cada uno de aquellos hombres. No parecieron muy reacios a mi nueva situación, pero veía en sus caras que me decían que no entendían nada y que eran ellos los que tendrían la última palabra en todo. Lo único que no me habían enseñado, para mis sorpresa, era mi despacho. Juan Carlos me llevó hasta él encantado, pero no quiso entrar. Ví en sus ojos reflejada la tristeza y por primera vez me sentí más unida a él por causa del dolor. Cada rincón de aquella habitación me recordaba a Raúl, todo tenía su toque personal. Sobre el cenicero de la mesa aún descansaba uno de sus puros y algunas cenizas. Caminé hasta el centro y observé la estancia. A la derecha de la habitación había un gran sillón de cuero verde haciendo juego con la silla de despacho. Era bastante ancho y supuse que sólo era utlizado por la gente de confianza. Me senté en él y lo toqué suavemente mientras me acomodaba. Seguí mirando la habitación y frente a mí enconré un gran mueble de madera de roble oscuro que ocupaba toda la pared. Estaba lleno de libros, pero sobre todo de fotografía del equipo, de las diferentes plantillas que habían pasado por aquel club a lo largo de veinte años. Me levanté tranquilamente y me senté sobre la silla del despacho. Abrí todos los cajones para ver qué había en ellos, y para sorpresa mía, en uno de ellos me encontré una


fotografía mía de tamaño carnet de cuando tenía 11 años, justo el año en que murió mi padre. La miré durante unos segundos y sin poder soportarlo, la volví a dejar en el mismo sitio. No quise permanecer más tiempo allí con tantos recuerdos frente a mí y salí del despacho lo antes posible. Al salir del campo, todos los jugadores estaban en los aparcamientos montándose en sus coches. Les observé durante unos momentos y deseé que me tuviesen un poco de respeto. Intenté quitarme las ideas de la cabeza y con la cartera a los hombros me alejé lo más disimuladamente posible. Pero fue imposible, a cada paso que daba todos se quedaban mirándome, intenté mantener la calma, pero sabía que era inútil. Fui acelerando el paso sin mirar en ninguna dirección hasta que una voz me llamó y me obligó a detenerme. -¿Sabrina? Me giré lentamente y me encontré frente a mí a uno de los jugadores, Roberto. Caminó lentamente hacia mí y al llegar me sonrió. - Lo siento si no te llamo de usted, pero.. me siento extraño haciéndolo. Recordé que él fue el chico que estaba dando la rueda de prensa el día anterior y que en ningún momento dijo nada contra mí, sin saber que yo estaba presente. Instintivamente me salió ser amable con él y sonreí. -No importa, ni yo misma sería capaz de contestarte si lo hicieses. -¿Quieres que te acerque a algún sitio? esto no es como el estadio, que estamos en el centro de Valencia, eso es lo malo. Dudé antes de contestar y al final negué con la cabeza, quería estar sola. -No, te lo agradezco. -No te agobies ¿vale? sólo tienen que ver que te lo tomas en serio. Dales tiempo. Afirmé con la cabeza y me di media vuelta. Roberto observó cómo me alejaba pero no me volvió a decir nada. Yo se lo agradecí, porque probablemente una segunda conversación con él no lo hubiese soportado y me hubiese desmoronado. Había algo en él que me inspiraba confianza y eso todavía me asustaba. Cuando estuve lejos de la vista de todos, eché a correr todo lo que pude. Estaba tan sofocada que no sabía cómo desahogarme de todo aquello, sabía que necesitaba a alguien a mi lado pero... ¿a quién? Intenté con la cabeza pensar en todas las personas que conocía. La que más me inspiraba confianza y la que sabía todos mis temores con aquel asunto, era Ania, mi fiel amiga Ania, pero ella no entendía de fútbol y aunque


quisiese ayudarme, no podría. Y a la siguiente persona que tenía en mente, no me atrevía a pedirle la ayuda. Sabía que era un fanático de los Ranyers, y que conocía al equipo a la perfección, pero también sabía que no podría ponerme frente a él y olvidar todo lo que me había hecho.Y lo peor de todo, es que aunque no olvidaba el dolor que me había causado durante tantos años, seguía queriéndole y sabía muy en el fondo de mí que cometería el error de llamarle.

Roberto se quedó un rato quieto mientras observaba cómo se alejaba su nueva Presidenta. Siempre había sentido por ella una simpatía especial, desde que la vió el día del entierro, quizás porque sentía que al verla a ella, veía a su querida Sara, y se la imaginaba pasando por lo mismo. Siguió observándola un rato más y analizando su comportamiento. Se veía que tenía mucho carácter, pero aún no sabía cómo emplearlo. Necesitaba a alguien que le guiase, pero ¿a quién? desde luego él no podía, era un jugador, y además, no le apetecía tener a una Sara celosa, eso es lo último que deseaba ahora que empezaban a mejorar las cosas entre ellos y empezaba a aceptar su fama. Pero había que hacer algo, tenía que ayudarla, y no sabía cómo hacerlo. Respiró profundamente y se dio media vuelta esperando que ya hubiesen salido de los vestuarios Tomás y Javier, seguro que ellos le proporcionaban la respuesta. -¿Qué te pasa? -le preguntó al ver la cara tan seria con la que caminaba Javier. -Esa chica, quiere hacerse la mayor antes de tiempo, y es una enana ¿qué edad tiene? 19, 18... -Creo que 21, pero es lo de menos, la pobre está perdidita -dijo Roberto mirando intrigado a su amigo. -Pues...me temo que tiene problemas, he oído en los vestuarios antes de venirme que un grupo se ha puesto de acuerdo con el míster y quieren perder los partidos para que la obliguen a marcharse -comentó Javier. -Vaya Javier, parece que en todo lo referente a Sabrina estás muy enterado. Javier miró a su amigo algo extrañado por sus palabras. -No es lo que parece Roberto, y tú más que nadie deberías saberlo. Me conoces lo suficientemente bien para que saber que no siento nada por Sabrina. Reconozco que físicamente me encanta, no soy ciego, pero de ahí a que me guste…sabes perfectamente de quién estoy enamorado y eso es algo que no puedo cambiar -Quizás porque te conozco bien te digo lo que te digo.


Roberto sabía que Javier no le replicaría. Su amigo se quedó un momento pensativo y al instante le dedicó una breve sonrisa como diciéndole que le pensaba cambiar descaradamente de tema. -Sí que habrá una revolución en los Ranyers, pero no la que todos esperan, será en los vestuarios. Roberto agachó la cabeza impotente y volvió a mirar en la dirección que se había marchado Sabrina, a lo mejor habían depositado demasiadas espranzas en ella, y no sólo respecto al tema del fútbol. -Bueno -dijo Roberto pensativo -nosotros no podemos hacer nada, recuerda que el idiota ése nos tiene de suplentes y no nos sacará nunca y titular sólo es Antonio. -Maldito el día que nos pusimos de parte de Eloy, él al menos se mantiene en forma jugando, pero nosotros... Javier apretó los puños, y se apoyó en la puerta de su coche, recordando el día que echaron a Eloy del equipo y todos sus amigos se levantaron para defenderle frente al míster. -Él... -se quedó pensativo Roberto- he oído que no está jugando nada, no se qué le pasa pero por lo visto no quiere ni oír hablar de jugar en “El Júcar” recibe pitadas por todas partes y... La conversación fue interrumpida por Oliver que en aquellos momentos se unía a ellos. -Y por lo visto tiene a una chica que todas las noches se está metiendo con él- Oliver comenzó a reír desbordando alegría -por lo visto es su vecina de enfrente y aprovecha en cada ocasión para recalcarle lo malo que es en el campo, hasta le espera en la puerta de su casa. -Se lo merece, así sabrá que no todas las chicas están detrás de él- dijo Javier feliz pensando en el pobre de su amigo enfrentado con una chica similar a esa Sabrina, porque seguro que las dos eran iguales. -¡Chicos! -gritó Tomás uniéndose a sus tres amigos -¿sabéis la última? se han negado a jugar todos, bueno, casi todos, son un grupito pero arrastran al resto. Creo que son cinco, y están locos, piensan incluso aceptar el descenso con tal de que la echen. Lo peor es que el entrenador está de acuerdo. Claro, Paco (el segundo entrenador) no puede hacer nada y ¿qué hacemos? ya sabéis que yo no puedo hacer nada, desde que Eloy se enfrentó con él...me han sentenciado por apoyarle...-Tomás se quedó un rato pensativo y luego sonrió -perdonad, a veces olvido


que a vosotros tres también. Debemos hacer algo, ¿hablamos con Sabrina? debe estar enterada. Todos se echaron a reír y Tomás no entendió nada de lo que les sucedía. Creía que aquella era la peor noticia desde que se marchó Eloy. -Acabas de repetir una noticia -dijo Roberto sonriente. -¿Se lo decimos? -dijo Tomás ignorando el comentario. Javier se quedó pensativo unos momentos y pareció evadido de la realidad. Todos sus compañeros le miraron intrigado, ya que no era propio de él no soltar ningún improperio contra Sabrina. Pero él no les decepcionó y cogiendo las llaves de su coche, se giró y entró dentro. -No hará nada, nada. Os veré esta tarde, hablar de esta Presidenta me da dolor de cabeza. Arrancó su deportivo y se encaminó hacia el Colegio Mayor de Sabrina. Si de algo estaba seguro es que no admitiría ante sus amigos que iba a verla. Sabía que no debía hacerlo, pero...al fin y al cabo era una chica...y no quería ni pensar qué hubiera pasado si hubiese sabido demasiado tarde que era su Presidenta. Javier aparcó el coche fuera del propio Colegio. Se quedó un rato dentro de él sin saber si estaba haciendo lo correcto y finalmente apagó el motor y salió del interior. Como siempre llevaba puestas sus gafas negras. Era como si le infundiesen protección, puesto que siempre pensaba que sus ojos le delataban. Y necesitaba ocultarlos ahora más que nunca para enfrentar a esa chiquilla. Cuando entró dentro del edificio. Todas las chicas se giraron para mirarle. Javier frunció el ceño y suspiró. Veía que algunas caras le reconocían, pero por lo general se mantenían a distancia y se limitaban a sonreírle y a darse codazos entre ellas. Al llegar a recepción, la mujer que estaba allí le sonrió abiertamente y abrió la ventanilla de cristal que le separaba de él. -¿A quién viene a ver? -Sabrina García. Hubo un momento hasta que le abrieron la puerta y escuchó cómo la llamaban por los altavoces. Estuvo un rato esperando sentado en la entrada hasta que finalmente le dijeron que Sabrina no se encontraba en el Colegio. Cuando se levantó para marcharse, una chica rubia, bastante atractiva, salía corriendo del ascensor y se dirigía hacia la recepcionista ignorando su presencia por completo.


- Maite -le dijo a la mujer -Sabrina a ido un momento fuera, pero vendrá ahora mismo. Yo le puedo dar el recado. Javier se recreó mirándola y sonrió para sí. Era esbelta con una bonita figura y su cabellera descansaba a los largo de su cuello. Vestía unos pantalones de pana marrones y un jersey rojo ajustado por todo el cuerpo. Movía los brazos graciosamente y no dejaba de sonreír mientras aprovechaba y cruzaba algunas palabras con la mujer. Antes de marcharse, la mujer le indicó hacia atrás y señaló a Javier que ya se dirigía a la salida. -Él es el recado. Parece que hoy está muy solicitada. La chica cruzó una breve mirada con Javier y al instante los dos se dieron cuenta que se habían caído bien y que congenierían. Caminó lentamente sin reconocer que era uno de los futbolístas de los Ranyers y se presentó. -¿Buscabas a Sabrina? yo soy Ania, una amiga suya ¿quieres que le diga algo? Javier le sonrió y negó con la cabeza. -¿Ni siquiera quién le ha visitado? -dijo frunciendo el ceño extrañada mientra cruzaba los brazos. -No, no hace falta. Gracias. La chica se encogió de hombros y cuando fue a despedirse su rostro pasó de una dulce sonrisa a fruncir el ceño. Javier no entendió a qué se debía ese cambio de actitud y se giró para mirar en su misma dirección. Pudo ver que Sabrina llegaba hablando con un chico y que tenía el rostro sonrosado. Sus ojos brillaban intensamente y no hizo falta que nadie se lo dijera para comprender que aquel chico o era su novio o le gustaba con locura y pensaba salir con él en breve. No supo porqué, pero en el fondo, deseó que aquellas miradas que le dedicaba, fuesen dirigidas a él. Su rostro se transformaba totalmente cuando le miraba. Sí, tenía una mirada muy dulce, has él mismo se sentía hiptonizado. El chico sin embargo no reflejaba nada en su rostro. Se mostraba serio y muy seguro de sí mismo. Era alto, más incluso que Javier. Tenía el pelo rubio recogido en una cola y unos libros bajo el brazo. Javier se volvió a girar y miró a Ania. Seguía con el ceño fruncido y apretando fuerte los dientes. Sin decir nada más pasó frente a él y se enfrentó a su amiga. Javier no se creía lo que veía. -¿Qué haces tú aquí? -le decía al chico rubio.


-No te pongas así, ella me ha llamado -dijo señalando a Sabrina. Sabrina se acercó a su amiga y la sujetó del brazo. -Cálmate Ania, te lo explicaré más tarde. -Pues espero que sea una buena explicación porque esta vez no pienso quedarme quieta mientras este impresentable te vuelve a hacer papilla. -¡Ania! -exclamó Sabrina ante aquella palabras. -Lo dicho -contestó ésta y se marchó. Javier aún seguía con la boca abierta cuando Ania pasó a su lado. Sin embargo, cuando el rostro de ella se encontró con el suyo se dulcificó y le sonrió. Salió de su ensimismamiento cuando la voz de Sabrina le llamó desde atrás. -¿Javier? -Veo que estás ocupada, te veré en otra ocasión - dijo Javier dando media vuelta. Al irse a marchar Sabrina le siguió y le agarró del brazo. -Espera, ¿querías decirme algo? -Bueno... -se quedó algo dubitativo mientras miraba a aquel chico y sonrió al ver que por un momento se había sentido celoso, más aún, se había puesto furioso pensando que aquel chico le hubiera hecho daño alguna vez. Se calmó y sonrió, había dado por sentado que Sabrina no tendría novio, y en realidad ¿a él que le importaba? lo último que solía aceptar era que le diesen celos. -Simplemente te quería hablar del equipo. No soy muy apropiado para ello, ya que soy un jugador, pero...podría... -Gracias, precisamente por eso he ido a buscar a José Luis. Él es un amigo de la infancia, un apasionado de los Ranyers, por eso pensé que me podría aconsejar. -Claro, bueno, sólo... -Ahora ya sé que tengo alguien más en quien puedo confiar. Aquellas palabras retumbaron en su cabeza y le hicieron olvidar lo que iba a decir. Tuvo que sacudir la cabeza para concentrarse de nuevo y poderle mirar a la cara. Recordó que se había quitado las gafas para hablar con ella y se arrepintió, pero ¿en qué estaba pensando? Se quedó durante un momento en silencio, pero al final sonrió y se propuso mantenerse frío. -Claro. Bueno, de todas formas tenemos que hablar. -Cuando quieras -contestó Sabrina escuetamente. -¿Y esta noche?


Sabrina no respondió. No se esperaba que fuese tan rápida su propuesta, pero no le molestó la idea, sólo lamentaba que ya hubiese quedado con José Luis. -Es que esta noche he quedado...pero mañana...si puedes... -Vale, mañana te pasaré a recoger por la Universidad. Javier no dijo nada más y se marchó. Por primera vez se acordó de Sara y lamentó que siempre ella tuviese razón. Le estaba gustando aquella chica y el hecho de que le empezase a ignorar hacía que le gustase más, pero ¿cómo evitarlo? cada vez que la miraba le costaba concentrarse en sus pensamientos y decía lo primero que se le pasaba por la cabeza sin meditarlo siquiera. Ella no parecía darse cuenta de lo que le producía, y al menos agradeció que su inexperiencia le proporccionase tanta ventaja. Pero...¿quién sería ese José Luis? Ania se puso furiosa cuando le vió. Debía ser una persona muy importante en su vida. Sabrina se quedó un rato quieta viendo cómo se alejaba Javier. Se mantuvo así hasta que José Luis se acercó a ella por detrás y le llamó la atención. -Ése es uno de los jugadores que te digo que son muy malos. Es muy conflictivo y siempre mete bulla en los vstuarios. Pero bueno...antes me dijiste que creías que era bueno, y yo te digo que no,pregúntalo por ahí. Sabrina suspiró y volvió su vista hacia José Luis. Un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo y no pudo mantenerle la mirada. Creía que después de tantos meses lo había superado, pero estaba equivocada, seguía locamente enamorada de él. -Pienso hacerlo -comentó. -¿No confías en mí? ¿no me crees? -Me cuesta creer que sea mal jugador, pero -se quedó dubitativa y al final no le llevó la contraria -si tú lo dices...de todas formas he oído que no juega. Por cierto,quiero darte las gracias por haberme acompañado, significa mucho para mí que estés en estos momentos a mi lado. -Claro, ya sabes que siempre ha sido así. Ante el comentario se quedó en silencio. Aún no se le había olvidado que hacía dos años se había declarado a él y le había tratado como basura. Era tonta por seguir empecinada con él, pero era su primer amor y no le podía olvidar. Pensaba que aunque hubiera sido un cerdo en aquella ocasión, con los años habría aprendido a valorarla, además, ahora era la Presidenta de los Ranyers, su equipo favorito, eso tenía que tener algo de peso sobre él, lo que ella no sabía es que era todo el peso que tenía sobre él. -Bueno, me tengo que marchar, esta noche ya sabes, hablaremos de todo.


Afirmó con la cabeza y entró en el Colegio. Su amiga Ania le estaba esperando sentada en el mismo sitio que anteriormente ocupó Javier. Tenía las piernas cruzadas y en cuanto la vió aparecer corrió hacia ella. -¿En qué estabas pensando cuando llamaste a esa basura? -le soltó de golpe y sin pensar. -Necesito ayuda Ania, y la necesito ya. -Si necesitabas ayuda, yo estaba dispuesta a hablar con un chico que jugó en los Ranyers y que te podría aconsejar. Pero llamar a José Luis después de lo que te hizo... Sabrina agachó la cabeza abatida y se dirigió al ascensor con su amiga a su lado. -Además, ese chico que ha venido hoy parecía querer ayudarte. -Ese chico que parece que te ha caído tan bien, es Javier. La persona de la que te llevo hablando los últimos días y de la única que no aceptaría su ayuda. -Es cierto que te criticó, pero…cualquier futbolista no vendría hasta aquí para hablar contigo. ¿Qué tiene Javier que tanto odio te provoca? Porque no lo entiendo. -No me provoca odio, siemplemente que cuando estamos juntos no dejamos de discutir y eso me cansa. Seguro que trama algo. -Y yo te digo que no, fíate de mis instinto. Ese chico te hará bien. -Cuando me lo demuestre me fiaré, pero mientras tanto mantendré las distancias. Ania suspiró y miró atentamente a su amiga. Sabía que por una parte sus palabras eran ciertas, pero por otro lado, se escondía algo muy profundo que ni siquiera ella todavía conocía. No volvió a insistirle y le acompañó hasta su habitación. Se quedaron un rato más en la puerta hablando hasta que Ania decidió que ya la había reñido bastante en el día y se fue a su habitación con la imagen de Javier rondando por su mente. Cuando Sabrina se quedó sola en la habitación, un mar de dudas le recorrió la mente. No pudo evitar recordar los encuentros que había tenido con Javier ¿Y si tenía razón Ania y Javier sólo quería lo mejor para los Ranyers y ayudarla? Ahora y no tenía tan claras las cosas como al principio y eso le fastidió. Javier tenía la facultad de confundirla. Se quitó de la mente a su futbolista y la centró en cosas más agradables como los encuentros con su querido José Luis. Cuando le había llamado no le puso ningún incoveniente, y hasta faltó a una de sus clases para acudir a la cita con ella, pero seguía como siempre. Con ese aire de superioridad que todo lo sabe y que te hace sentir inferior en todo momemto. Sabía que era un error haberle llamado, Ania tenía toda la razón, pero sería una buena excusa para tenerle a su lado. Ya no era aquella chiquilla fea


que le seguía por todas partes, ahora era alta, esbelta, madura y lo mejor de todo…importante. Se tumbó en la cama y colocó la nuca sobre sus manos. Un inmenso placer le recorrió por dentro, en unas horas se vería de nuevo con José Luis y le demostraría que ya había hecho ese cambio que él tanto quería y le decía ¡Sí! Se llevaría una gran sorpresa cuando hablase tranquilamente con la nueva Sabrina y esta vez, no pensaba desperdiciar esa oportunidad que se le brindaba.


CAPÍTULO 5º ¿EN QUIEN DEBO CONFIAR?

Me pasé toda la tarde encerrada en mi habitación. Incluso cerré la puerta con llave para tener independencia, pero sabía que aquello para Ania no sería impedimento. Cuando más sumida estaba en mis pensamientos comenzó a golpear la puerta desesperada y a llamarme a gritos. Sabía que estaba dentro y no haría otra cosa que seguir golpeando la puerta hasta que la abriese. Me incorporé en la cama y abrí la puerta. Ania entró como un rayo y se sentó en la silla. Cerré de nuevo la puerta y me volví hacia ella. -Quería pensar -le dije enfadada. -Pues piensa conmigo al lado, llevas encerrada desde que te deje, y ya es hora de que hables con alguien, y si soy yo, mejor para las dos. Suspiré y cogí una silla para sentarme a su lado. -He estado pensando detenida todo este tiempo y me he dado cuenta que llevas mucho tiempo rara. Además, lo de hoy ha sido la gota que ha colmado el vaso. Él nunca tendría que haber venido. -Estoy de acuerdo contigo -dije contundentemente. Ania me miró extrañada y se levantó de la silla. Empezó a dar vueltas alredeor de la habitación y al final se paró frente a la ventana. -¿Cómo has dicho? -volvió a preguntar sin poderse creer mi respuesta. -Que tienes razón, que nunca tendría que haber venido. Ania entonces se descompuso. Se acercó corriendo a mí, se sentó en la cama y me puso una mano sobre la frente como si tuviese fiebre. -No, estás bien. Entonces no entiendo ese cambio de opinión. ¿por qué le llamaste? -¿Y quién dice que yo le llamé? -exclamé furiosa. Ania sin entender nada se cruzó de brazo y subió las piernas a la cama. Se sentó mejor con ellas cruzadas y se encogió de hombros. -Él dice que tú le llamaste. -¡Será mentiroso! -exclamé furiosa levantándome de la silla -Ese Javier se las verá conmigo ¡qué se habrá creído!


Ania al darse cuenta de la confusión que había entre las dos, estalló en carcajadas. -Vaya, parece que cada uno hemos estado todo el tiempo pensando en uan persona diferente. Yo me estaba refiriendo a José Luis, no a Javier. Rápidamente me calmé y me uní a las risas de mi amiga. Se la veía muy alegre y no simplemente por la conversación que manteníamos, sino por a quién se estaba refiriendo. -Por cierto, es increíble. Hasta he tenido que valerme de toda mi fuerza de voluntad para no quedarme embobada mirándole. Serían las gafas, que dan ese aire de misterio -me contestó mi amiga con la cara como evadida- pero realmente tuve que medir bien mis palabras para no meter la pata y quedar como una boba. No sé cómo puedes verle todos los días y hablar normal con él. Yo no podría tener un novio así, siempre estaría celosa de todo el mundo. -¿Y quién dice que yo hable normal con él? Ya te dije que me paso todo el tiempo discutiendo, y claro, mientras discuto no me da tiempo a pensar en su físico. De todas formas, precisamente son sus ojos los que le dan el aire de misterio. Son azules,de un azul tan oscuro que parecen negros. Pero lo más curioso de todo, es que parece que hablasen. Ania me miró como si estuviese loca y siguió frunciendo el ceño como al principio. Yo intenté recopilar en mi mente una imagen de Javier y para mi sorpresa me llegó con bastante facilidad. Sí, lo incríble de ese chico eran esos ojos que hablaban solos al mirarte. Eran tan expresivos que no hacía falta que te hablase para saber lo que te quería decir. -¿Unos ojos que hablan? -Me refiero a que son tan expresivos que con sólo mirárselos sabes sí está enfadado o alegre. Ania suspiró y sonriente se volvió hacia mí. -Y digo yo, ¿qué te parece mejor Javier en lugar de José Luis? parece encantador, en cuanto le he visto ha existido filing, lo sé. Tiene que se un gran chico. -Pues quédatelo tú -le contesté dando por zanjado el tema. Pero mi amiga seguía entusiasmada y su idea no era precisamente acabar con aquella conversación. Se tumbó en mi cama, con las manos debajo de la nuca y mirando distraída al techo. - ¿De verdad no te gusta nada, nada, nada?


No quise contestar a la pregunta de golpe, pero sabía que Ania no aceptaría una evasiva, así que me senté en la cama a su lado y me tumbé seguidamente junto a ella. -Reconozco que es increíble. Si no fuera tan serio...no sonríe nunca y tiene que haber algún motivo, pero... imagínate que José Luis, que es un chico normal no se ha fijado en mí ¿crees que Javier Sánchez, una de las estrellas de los Ranyers lo hará? no, ¿sabes cual es su tipo? las modelos, como le ocurre a todos los futbolístas ¿y ves que yo tenga aspecto de modelo? no, pue entonces tema zanjado. Además, yo de quien estoy enamorada es de José Luis y no podría salir con una persona queriendo a otra. -Te infravaloras demasiado Sabrina. Eres guapísima y ni siquiera te das cuenta. Pero no sé porqué...creo que Javier sí. Enfurecida me incorporé y me senté de golpe. Me crucé de brazos y observé cómo mi amiga hacía lo mismo y me miraba. - Ania, entiéndeme por favor. Por fin puedo tener todo lo que he querido siempre. A José Luis y no pienso perder la oportunidad porque un chico guapo y famoso se haya cruzado en mi camino y me haya llamado un poco la atención. -Sabes que si te quiere ahora, es por ser la Presidenta de los Ranyers, ¿y eso no te importa? Agaché la cabeza sin poder mirarle a la cara y suspiré. Con tal de tener a José Luis estaba dispuesta a hacer cualquier cosa. -Si él está conmigo...creo que no me importaría...sabes que llevo detrás de él desde que era niña, quiero...conseguirle, quiero una oportunidad. -Pero esta no es la manera. Te has obcecado con él. Estás obsesionada con él, creo que ya ni siquiera te gusta, es simplemente el hecho de conseguirle. Esto es serio tienes que dirigir un club, no lo olvides. En cuanto escuché la palabra “club” me derrumbé. Recordé todo los acontecimientos de la mañana y un nudo se me hizo en el estómago. Contuve el aliento hasta que finalmente Ania se puso a mi lado y me abrazó largamente. -A veces...me agobio, estoy cansada no sé qué hacer y...esta mañana los jugadores pasaron de mí. Todos, bueno, casi todos. No me toman en serio y...no sé qué hacer, estoy perdida. -Díselo a Javier Sabrina, no seas tonta y díselo a él. Me quedé pensativa y recordé a Javier. Él se había prestado a ayudarme, pero...cuando estaba a su lado me sentía con ganas de matarlo, menos aquel día que fui amable con él.


-Quizás tengas razón en decírsleo a Javier Sánchez, la verdad es que se prestó volunrario...bueno he quedado con él para comer mañana. Ania sonrió y me soltó. El rostro se le cambió de golpe y un brillo especial apareció en sus ojos. -Te lo he dicho, él es la solución. Hazme caso ¿quieres? pero aléjate de ese José Luis ¿sabes?he oído hablar de Javier esta tarde. Todas las chicas del Colegio comentaban tu visita. Las más antiguas dicen que hace algunos años sucedió algo parecido. Dos chicas de aquí salían con futbolístas, por lo visto fue un culebrón...bueno, que te lo cuenten ellas. -No te equivoques, ni siquiera he cruzado tres palabras con él. Aunque haya venido esta mañana no nos conocemos casi nada. Recordé en esos momentos el encuentro en el cine y agaché la cabeza sonriendo. Aquella vez terminamos riñendo y poco después ocurrió lo mismo, parecía que ése era nuestro destino. -Hablaré con él -dije definitivamente. Ania se quedó un rato pensativa y cuando por fin se decidió a hablarme, me llamaron por el telefonillo porque me estaban esperando abajo. No pudimos cruzar más palabras pero con nuestras miradas nos dijimos todo. Como no sabía quién me podía estar esperando bajé rápido por las escaleras. Cuando bajé el último escalón, miré hacia la entrada y me encontré con una chica que estaba de espaldas leyendo una revista. Caminé dudosa y mirando en todas direcciones por si acaso la visita no era para mí, pero allí no había nadie más. La chica parecía ajena a mi presencia, pero en cuanto estuve detrás de ella, se giró graciosamente y levantó la vista hacia arriba. Observé aquel rostro atentamente y lo reconocí al instante, era inconfundible. -¿Te acuerdas de mí? Antes de que le contestase se levantó lentamente y me tendió la mano. Yo se la estreché suavemente y le sonreí. -Claro, eres...Sara. -Venía para hablar contigo. Quizás no sea la más apropiada, y espero que no me lo tengas en cuenta, pero...los hombres a veces son tontos y se creen muy listos. Yo les dije que tú serías muy comprensiva y les escucharías, pero ellos dijeron que no, espero que me des la razón.


-Bueno...entonces sentémonos. Sara volvió al sillón y se acomodó. A pesar del avanzado embarazo, mantenía la misma agilidad que el primer día que la conocí en el entierro. -Verás...esta mañana Tommy me comentó que...por lo visto un grupo de jugadores van a negarse a jugar en los partidos. Están de acuerdo con el entrenador. El hecho es...que quieren obligarte a dimitir. Me quedé pensativa ante la noticia y respiré profundamente antes de responder. -Bueno, me lo esperaba, era mucho pedir que me aceptasen desde el principio ¿no? -Bueno...Yo conozco a bastantes jugadores...realmente a todos, pero sólo me trato con unos pocos. Esos están dispuestos a jugar, pero se enfrentaron al entrenador por Eloy. Él era un jugador que se enfadó con el entrenador y le echaron (realmente cedido a un equipo de segunda A) y claro, sus amigos le apoyaron y el entrenador les sentenció a no formar parte de la plantilla titular, al no poder cederlos, porque el público se les echaría encima. Sé que pensarás que es normal que yo les defienda porque son mis amigos, pero realmente, infórmate, ves a bares, habla con chicos jóvenes que sean apasionados del fútbol y comprobarás cómo ellos me dan la razón y te dicen que son los mejores, que son el alma de los Ranyers. -Ya me han contado la historia de Eloy, y lo cierto es que si es bueno, en realidad quiero recuperarle. Respecto a lo de perder los partidos...aún no han perdido ninguno, si es cierto, supongo que tendré que hacer algo, y rápido, pero...aún debo aprender muchas cosas ¿lo entiendes? Sara dejó su bolso a un lado y se acomodó mientras me observaba atentamente y sonreía. -Estás asustada ¿verdad? mejor dicho, aterrorizada. Te entiendo en parte. Yo tengo pánico a la prensa y por esa razón dejé a Tommy una vez, sé que lo tuyo es diferente, pero aun así, recuerda que esto es un equipo, y lo importante en un equipo es la unión de dicho equipo. Hay veces que dicen que la unión hace la fuerza, a lo mejor se unen contra ti, y eso en parte beneficia al club. Aquellas palabras sabía que me las decía con un doble sentido, pero aún necesitaba reflexionar sobre ellas. Pero lo que más me tenía sombrado era su pánico a la prensa, cuando siempre había creído que ella era modelo.


-Bueno, te dejo, sólo había venido para informarte un poco, además si se entera Tommy que estoy aquí me mata. Es un gruñón -soltó unas risitas y continuó hablando -un delicioso gruñón. Ánimo y no dejes que esto pueda contigo. Si tienes algún problema, ya sabes que Tommy está a tu disposición para cualquier consulta, aunque él no te lo haya dicho, te lo digo yo. Afirmé con la cabeza y la ayudé a salir del Colegio. Observé cómo algunas tutoras se acercaban a ella y la abrazaban. -¿Qué tal? ¿De cuántos meses estás? Debían conocerla muy bien, porque el aprecio se notaba en sus voces. Sara sonrió a todas las tutoras y estuvo hablando con ellas largamente. Yo la acompañé hasta que consiguió deshacerse de ellas y entonces la seguí hasta su coche. La observé atentamente y sonreí divertida. Había venido en su propio coche con el embarazo tan adelantado como lo tenía. Sí, frente a mí tenía a una chica de carácter, no cabía duda, y supe en cuanto la ví en mi Colegio, que tenía frente a mí a una nueva amiga incondicional. Cuando Sara se metió en el coche. Antes de irse bajó la ventanilla y me llamó. -Sabrina, te lo digo en serio, en este mundillo la unión hace la fuerza, y si de verdad quieres conseguir que te respeten, gánatelos. Sus palabras se quedaron retumbando en mis oídos hasta que se hubo marchado. En cierto modo Sara tenía razón, pero...¿cómo conseguirlo? Me quedé pensativa unos segundos hasta que finalmente me di cuenta que era inútil seguir pensando en ello, tarde o temprano me daría cuenta de la mejor manera de conseguir la confianza de los jugadores. Respiré profundamente y sonreí al imaginar la cara de aquel Tomás cuando la viese llegar en el coche, le iba a dar un ataque. Una mano por detrás me hizo volver a la realidad. Ania estaba de pie con José Luis a su lado. Miré el reloj sorprendida y comprobé que era justo la hora en que había quedado con él. -Sabrina dile a tu amiga que vengo en son de paz. Se negó a decirme dónde estabas cuando llegué. Ania no dijo nada, pero por la mirada que le dedicó sabía que si no estuviera delante le hubiera dicho más de dos cosas y se hubiera quedado muy a gusto. -Hola, llegas pronto.


Ania se despidió de los dos y entró de nuevo en el Colegio. José Luis estaba guapísimo. Llevaba esta vez el pelo suelto. Era a media melena, y le hacía parecer más atractivo aún de lo que era. Pero lo que más me gustaba de él era aquella sonrisa. -¿Quieres que vayamos a un bar? Afirmé y fuimos paseando por las calles de Valencia hasta llegar al centro de la misma ciudad. -Sabes, estás preciosa, realmente preciosa. Le miré extrañada e intenté ver en su rostro la mentira que estaba segura que acababa de decirme. Tan sólo me había puesto unos pantalones vaqueros beig y un jersey que solía llevar a la Universidad. -Gracias, tú también. José Luis estuvo durante un rato en silencio hasta que al fin rompió el hielo. -Quiero decirte que...siento lo que te dije hace dos años. No debía ser tan franco contigo, quiero decir, no debí... -Déjalo José, ya lo he olvidado, olvido rápidamente. José Luis se calmó y finalmente me fue comentando algunas de las reglas del fútbol y sobre todo me explicó el mundillo de los fichajes. Yo escuchaba atentamente pero sobre todo le hacía todo tipo de preguntas que consideré importantes. Noté cómo José Luis me las contestaba algo impaciente y cuando podía cambiaba de tema para recordar los viejos tiempos. Yo la verdad, estaba emocionada al encontrarme en aquella situación, pero...mi mayor preocupación en esos momentos era saber más de los Ranyers. No me pareció suficiente el tiempo que estuve hablando de ellos cpn Raúl, quería saber más y más. -Sabes, siempre creí que terminaríamos juntos, alguna vez... Serené mis ideas e intenté que mi cerebro comprendiese lo que me estaba sucediendo. De pasar de hablar de los fichajes, habíamos terminado en us terreno. Intenté centrarme en lo que me estaba diciendo. No me lo podía cree, por fin podría conseguir al chico que quería. Sonreí e intenté recordar la cantidad de veces que había imaginado aquella situación. Siempre pensé que sería en un lugar romántico, y no en mitad de la calle. Quizás habríamos ido al cine y después a cenar, o quizás simplemente venía de recogerme de la Universidad. Pero ahí estaba yo, de pie en mitad de la calle escuchando una declaración de amor que llevaba años esperando. -¿No dices nada? te he dcho que quiero que salgamos juntos


-Si te digo la verdad, no me lo esperaba. Creí que me considerabas una cría y… -Bueno, sé reconocer mis errores, has cambiado, de eso no cabe duda, con sólo mirarte lo sé, así que ¿cuál es tu respuesta? Al ir a contestar me di cuenta que habíamos llegado al bar que él tenía pensado llevarme. Esperé un momento antes de decir el sí y sin darme cuenta me sorprendí a mí misma observando a un grupo de hombres en la puerta del bar. Todo parecía normal, sin nada que llamase la atención hasta que varios de esos hombres se giraron y pude ver unas cuantas cámaras de fotos. Al comprender la situación no hice otra cosa que darme media vuelta y echar a andar sola hacia el Colegio. Un grupo de fotógrafos me persiguió y fue José Luis el que me paró para que les hablase. -Vamos, sólo quieren escuchar unas palabras, diles algo. Los flashes seguían saltando y lo que más temía es que habría una enorme portada al día siguiente en los periódicos. Me puse furiosa, me acostado mucho tiempo que no me sacasen en la prensa y sobre todo me había cuidado de no hacer nada que pudiese llamar la atención y ahora, en un sólo minuto se habían ido todos mis esfuerzos al traste. -¿Has planeado tú todo esto? ¿Por eso me has traído aquí? no sé cómo me he podido fiar de tí otra vez, y pensar que tu declaración era sincera... -Sólo quieren una buena portada y respecto a lo otro... -¿Que quieren una portada? pues bien, les daré una buena portada. Alcé mi mano y le abofeteé lo más fuerte que pude. José Luis se quedó sin habla y para cuando reaccionó yo ya estaba dando algún que otro empujón y haciéndome paso entre la gente. Desesperada por la situación caminé deprisa por las calles esperando que nadie me reconociese, y sobre todo que pudiese llegar al Colegio antes de que me cerrasen el comedor. Al recordar la escena anterior, me llamé a mí misma una y otra vez idiota ¿cómo podía haber pensado que José Luis decía la verdad? y juré que no volvería a confiar en él, nunca más. Sofocada recordé nuestra historia… Todo sucedió en un verano. Llevábamos conociéndonos desde pequeños. Habíamos ido a la misma escuela, y claro, al ser de la misma edad nos tratábamos bastante bien. Yo de pequeña no era muy mona y siempre veía cómo a pesar de ser su mejor amiga, él siempre salía con otras chicas, más mayores que yo, o más guapas que yo. Dos años atrás me decidí a hacer el gran cambio. Siempre creí en lo que veía en las películas y pensé que si quizás yo hacía un cambio espectacular, conseguiría llamar su atención.


Me corté el pelo, me lo teñí de pelirrojo, me vestí más atrevida y...fui decidida hacia él. Estaba tan emocionada pensando en su reacción, que no me di cuenta de las risas que me rodeaban al acercarme a él. José Luis se encontraba charlando animadamente con un amigo y al verme aparecer, no hizo otra cosa que estallar en carcajadas. Yo en lugar de salir corriendo y comprender que aquello era un “no” antes de preguntárselo me acerqué más a él. Su amigo se retiró del escenario y nos dejó a los dos solos. Aun recuerdo sus palabras con todo detalle. “- ¿Qué te has hecho? -Ya ves, seguí tus consejos, me hice un cambio de imagen. -Cuando me referí a un cambio de imagen no era simplemente teñirte el pelo y cambiarte de ropa.” Me quedé un rato pensativa e intenté creer que aquellas palabras que me decía no eran lo que imaginaba. “-Yo sólo quiero...gustarte. -Vamos Sabrina, tú...nunca me gustarás. Te lo dije hace tiempo, o al menos te lo insinué, pero veo que si no es siendo directo, no consigo que me entiendas. Nunca, nunca me gustarás. -¿Por qué? no veo que tienen esas chicas que no tenga yo. -Por ejemplo no ser insistentes. ¿Por qué no me dejas en paz?” Aquellas palabras me estuvieron retumbando en los oídos durante meses, hasta que al final conseguí asimilarlas. La verdad es que yo también cambié. No sé cómo lo hice, pero todo lo que tenía que haber cambiado con 17 o 18 años, lo cambié con 21. Ahora era más alta, más delgada y creo que hasta podría decir que un poco atractiva. Pero me seguía sintiendo inferior, siempre que estaba al lado de José Luis, me sentía inferior y no podía evitar perder todo aquel orgullo que me había caracterizado siempre. Iba tan metida en mis pensamientos, que no me di cuenta que alguien me seguía a poca distancia. Crucé la primera esquina y un brazo me tomó por el hombro. Di tal grito que varias personas que pasaban a mi alrededor se giraron para ver qué ocurría. -Siento haberte asustado. Al mirar fijamente a aquel hombre, comprobé que tenía una cámara colgando del cuello. -¡Ah no! ¡un periodista no!


Salí a toda marcha pero el hombre me siguió con paso decidido. Le tuve detrás mía cinco minutos enteros y ya cansada me paré y me giré. -Vamos, esto es confidencial, lo prometo, sólo quiero saber algo de ti. Reanudé la marcha por las calles con el hombre a mi lado. De vez en cuando me giraba para ver si alguien más me perseguía pero al comprobar que no era así, mi paso se hizo cada vez más lento. Pensé inútilmente que se cansaría estando a mi lado y yo sin decir palabra. Pero no fue así. Era paciente y parecía estar buscando el momento oportuno. -¿No vas a hablarme durante todo el camino? -me preguntó algo cansado -No, no pienso hacerlo. Alguna vez me giré para ver al hombre, y lo que yo creí que sería un hombre, resultó ser un chico que debía tener más o menos veinte años. -¿Por qué te niegas a hacer una entrevista? -Porque yo no busco la fama, y me repatea que la gente crea que sí. Sólo quiero vivir tranquila. -Pues ser Presidenta de uno de los mayores clubes de España, no te lo va a poner fácil. Me paré en seco y suspiré. Ví que no iba a dejarme tranquila hasta que hablase de una vez con él, y ya algo más tranquila le escuché. -De acuerdo, ¿qué quieres saber? -Bueno, muchas cosas. ¿Cómo conociste a Raúl...? Fui contestando a alguna de las preguntas que me hacía lo más escuetamente posible, no me apetecía dar muchos detalles. Sin embargo el periodísta fue bastante competente y a las preguntas que me negaba a contestar no insistía, al contrario, cambiaba rápidamente de tema. -¿Puedo hacerte preguntas personales? quiero decir, que esto no lo pienso publicar en ningún periódico, simplemente tengo curiosidad de saber un poco de ti. Me quedé un rato dubitativa sin saber si aceptar la propuesta o si bien negarme en rotundo. Llegamos justo a mi Colegio Mayor cuando me decidí a contestar. El chico estaba apoyando en el muro de la entrada cuando por fin le di mi contestación. -¿De qué se trata? -¿Por qué aceptaste ser la Presidenta? quiero decir que no creo que cualquier chica por el hecho de que le dejen un club acepte hacerse cargo de él. Lo más fácil sería dejar a Juan Carlos Hernández dirigirlo y simplemente aparecer un poco en los partidos.¿Es por los futbolístas? quiero decir que a las chicas les encanta estar rodeadas de futbolistas y...


Al escuchar sus conclusiones me enfurecí lo suficiente para que mi rostro quedase durante un rato desfigurado por la rabia. Le miré fijamente a los ojos y exploté. -¿En serio doy esa impresión? Pues siento decepcionarte, pero no es así. Estoy simplemente intentando empujar hacia delante un club. -A lo mejor le ayudas más si te quitas de en medio. -Puede, pero no pienso hacerlo, alguien creyó en mí y me hizo prometer que aceptaría la Presidencia y daría un cambio a los Ranyers, y yo cumplo mis promesas. Además, precisamente no quiero que gente como vosotros se lleve la razón. Puedo dirigir los Ranyers, lo sé, si no no lo haría, pero necesito un poco de tiempo, y espero que me dejéis tranquila intentando hacer lo correcto. Y sobre lo de los futbolístas, me importan un comino. No tengo ninguna intención de elegir un novio futbolísta, no la he tenido nunca y no la tendré ahora por tenerles más cerca. -Bueno, tienes que entender que no es normal que una chica de tu edad esté dirigiendo un club. -Ni que a un chico de la tuya esté concediéndole una entrevista. El chico esbozó una sonrisa y se incorporó divertido. -Touché, pero simplemente quería conocer algunos detalles. Además, ¿qué haces viviendo en un Colegio Mayor? si no recuerdo mal Raúl tenía pisos aquí, podrías vivir en uno de ellos. -Mientras que me lo permitan, viviré aquí, pero me temo que estoy agotando la paciencia de mis tutoras. Tienen la idea de un Colegio Mayor que sea silencioso y para estudiar, y con todas las cámaras en la puerta y a menudo algún que otro periodista rondando, van a conseguir que me echen de aquí, -Bueno...es nuestro trabajo. -Ni siquiera sé qué hago hablando contigo. -¿Quizás te caigo simpático? -Eres muy gracioso tú...pero hay que reconocer que un gracioso muy agradable. -Espero volver a verte pronto. Este es mi número de móvil, si alguna vez necesitas de mi ayuda... -Ya, si alguna vez tengo una exlcusiva para darte, una información ¿no? -Bueno, si lo ves así. -Tranquilo, pero ten por seguro que si te llamo es para que me ayudes a hacer la mudanza.


Me despedí con una sonrisa y entré en el Colegio. El chico observó cómo me marchaba, y supongo que estaría preguntándose lo mismo que yo, si alguna vez le llamaba ¿con qué nombre lo haría? No quise pensar más en ello mientras entraba en mi habitación. Bastantes problemas había tenido en el día y para colmos de males, el comedor ya estaba cerrado y me tuve que quedar sin cenar. Fui a ver a Ania a su habitación con la esperanza de que tuviese algo de comida. Siempre solía guardarse fruta de la cena, era una costumbre desde que dos años atrás entró en el Colegio y a pesar de que nos avisasen que podíamos pedirla en cualquier momento, ella seguía con las mismas. Entré sigilosamente en la habitación y la encontré sentada en su pupitre de espaldas a mí mirando algo muy concentrada. Me divirtió la idea de darle un susto y cuando me acerqué a ella su reacción fue tan rápido que tan sólo pude ver que esondía algo en el cajón del escritorio. Nunca antes la había visto así. Tenía los ojos llorosos y enrojecidos. Debía haber estado así mucho tiempo y yo ni siquera me había dado cuenta cuando entré. -¿Te ocurre algo? Pero Ania no me dijo nada. Sonrió como siempre lo hacía y negó con la cabeza. Se alejó del escritorio y se sentó en la cama indicándome que le sigueise. -¿Por qué llorabas? -pregunté preocupada -recuerda que soy tu mejor amiga, puedes contármelo. -Lo sé, y cuando esté preparada para hablar de ello, lo haré. Ahora sólo quiero saber cómo te fue la cena con ese diablo. Cuando le resumí los acontecimientos, le volvieron los colores a las mejillas. Estaba rabiosa y utilizó la almohada de la cama para golpearla, como si fuera él. -Tranquila Ania, ya le canté yo las cuarentas -dije al recordar el tortazo que le había dado -pero me temo que mañana vamos a tener una gran portada para nosotros solitos. Tenías que haber visto la cara de José Luis...te hubieras sentido orgullosa de mí-dije sonriendo triunfante. Ania dejó la almohada y me miró fijamente a la cara. Yo estaba profundamente dolida, pero eran ya tantas las que me hacía José Luis que llegaba un momento que ya era inmune a ellas. -No me puedo creer que te tomes esto tan bien ¿ya no te importa tanto José Luis?


-Igual que antes, pero es como si me tuviese embrujada, no me lo puedo quitar de la cabeza y me haga lo que me haga no soy capaz de no perdonarle. Mi amiga se disgustó aún más con mi comentario, pero no dijo nada. Distraídamente se puso a jugar con la almohada de la cama hasta que yo proseguí hablando. -Lo peor de todo es que un momento antes se me declaró ¿sabes? se declaró y yo como tonta me lo creí. Su rostro se levantó de golpe y me miró atentamente a los ojos durante unos instantes. Seguidamente frunció el ceño y suspiró algo apenada. -Y lo que veo en tu cara es que si te lo volviese a decir, te lo volverías a creer. No pude contestarle y aparté la mirada. Algo intranquila paseé por la habitación. Como siempre Ania me conocía demasiado bien. Sobre todo, conocía los sentimientos tan profundos que sentía hacia José Luis y que no era capaz de apartar. - No puedo evitarlo. A veces pienso que nunca podré olvidarle. Esta vez no me contestó. Se dirigió hacia la ventana de la habitación y apoyó los codos sobre la mesa que había bajo ella. Se quedó así varios minutos, pensativa, sin hablar. Yo no entendí qué le estaba sucediendo, qué pasaba por su cabeza y me sentí impotente. -Sí, lo harás, como lo estoy haciendo yo. La miré asombrada y la agarré por los hombros. Ania agachó la cabeza y se quedó en silencio sin pronunciar una palabra. Nunca la había visto así, abatida, triste. Ella era la que siempre me levantaba la moral, pero parecía que había estado tanto tiempo pensando en mí misma y en mis problemas, que no me había dado cuenta que alguien cercano a mí estaba sufriendo tanto. -¿Por qué no me lo cuentas? Siguió sin decir nada y me dí por vencida. Era todo muy extraño, porque nunca le había conocido un novio, ni siquiera un chico con el que hubiese salido en esos dos años que la conocía, pero parecía que había algo que no me había contado y que para ella era muy importante, y lo peor de todo, es que tenía que ser muy profundo cuando después de tanto tiempo seguía pensando en él. -No me puedo creer que en el fondo no seamos tan diferentes. -Por eso te digo que lo mejor es que te alejes de José Luis, hazme caso, te hará bien. -Pues no parece que a tí te lo haya hecho. -Lo mío no es tan sencillo como parece, no es una simple historia de un chico que te gusta y que no te hace caso-al instante se arrepintió de sus palabras y se volvió hacia


mí- perdóname, no quise decir que lo tuyo no sea importante. Es que son tantos años sufriendo que ya ni me doy cuenta que esto es más común de lo que parece. Pero…sólo contarlo me causa de nuevo dolor. Algo disgustada me aparté de ella bruscamente. Ania lo notó, pero no dijo nada, permaneció como hasta entonces y esta vez con sus facciones congeladas. -No me puedo creer que yo te haya contado todo sobre mi vida y tú te calles todo sobre la tuya. -Somos diferentes, y lo que para ti es vital contar porque te sirve de ayuda, para mí la ayuda es ocultarlo y olvidarlo poco a poco. Siguió pensativa y por primera vez ví lo que todo el mundo estaría viendo de mí, una mujer abatida y sin fuerzas para seguir luchando, y al pensar en ello no pude más que sentir pena por mí misma.

Capítulo 2 al 5  

La Revolución de los Ranyers Capítulo 2º al 5 º

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