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piso del centro comercial, donde fue hallado por los policías en la zona de respiradores, en tanto que su cómplice era buscado a través de las cámaras del C5 de la Ciudad de México. Pero de su ubicación no se supo más nada. Los operadores de las cámaras apenas tienen tiempo de cachar borrachitos. De su lado, el Gobierno de la Ciudad de México sostuvo que la familia del empleado muerto recibe el apoyo que necesite, además de establecer coordinación con la administración de la plaza comercial para fortalecer la seguridad en la zona. “Lamentamos los hechos y seguimos trabajando día a día para que estos sucesos ya no ocurran en nuestra ciudad”, se dijo en un comunicado. Sin embargo, el Buen Fin, era convertido por jueces “cívicos”, sus colaboradores y sendos grupos de “policías auxiliares”, en su mejor fin. Apoyados por las indicaciones que les emiten a sus celulares los operadores del C-5, policías "auxiliares" se dedican a detener a cuanto ciudadano se encuentran en las calles con visos de haber ingerido bebidas embriagantes, traigan o no en sus manos envases con alcohol. “Al cabo es tu palabra contra la mía”, aducen los uniformados. En cuanto capturan a sus “víctimas”, los uniformados los trepan a las pickup-patrullas para primero, pedirles les paguen a ellos la "multa" que puede ir de 500 a 800 pesos; y si los "detenidos” se niegan a pagar; los conducen al Juzgado “Cívico”.

Así lo comprobamos este domingo 17 de noviembre, cuando en la Redacción de las agencias informativas Argonmexico y CxuNews se recibió una denuncia ciudadana: para reportar que policías auxiliares comandados por "Panchita", uniformada "chaparrita" que no supera el metro y medio de estatura, detuvo con violencia a un extranjero en la colonia Pensil, alcaldía Miguel Hidalgo. Acudimos al Juzgado “Cívico” MIH-1, donde en efecto, pudimos observar cómo llegaban y salían los grupos de uniformados de la SSC-CDMX, siempre con su preciado "tesoro" que les dejó el Buen Fin: dos, tres o más jóvenes que habían ingerido bebidas embriagantes, quienes a pesar de que sólo hubiesen salido de su casa, de algún negocio u otro lugar “a comer unos tacos”, eran atrapados por agresivos “auxiliares”. Ahí, en ese lugar donde se aplica la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México, como en cualquier otro espacio de (in)justicia, todo rigor es para quien no lleva dinero, quien lo tiene la libra pronto. Y es que no todos los que son subidos a las patrullas llegan a los “separos” del Juzgado Cívico correspondiente. Porque se pueden “arreglar” con los policías, una vez “pagada la sanción, sólo les dan una “vueltecita” y terminan por bajarlos.

Pero quienes no tienen dinero en ese momento o carecen de un familiar cercano, terminan tras las rejas de un cuarto, que deben compartir con quien haya caído en semejantes o distantes condiciones en el MIH-1; y unas cuatro horas después le colocan esposas y con las manos atrás, hacia la espalda, es enviado a “El Torito”. Pese a que de las 17:30 a las 21:30 los “detenidos” del domingo fueron puestos en libertad media hora ó 50 minutos tras pagar su multa, de lo cual nadie del Juzgado “Cívico” MIH-1 les dio un recibo formal; quien no tuvo para pagar fue “sentenciado” a pasar 36 horas de arresto en El Torito. En tanto, el juzgador, el “negociador cívico”, el médico legista “mago”, la pequeña “Panchita” y su séquito de uniformados se llenaron de orgullo por el haber cumplido y llenado las alforjas. Ahora, tenga ¡Cuidado! En su camino puede haber pronto un juez, un “negociador” o una Panchita así... O todo un equipo completo de la SSC-CDMX, y ni Claudia lo podrá salvar… argondirector@gmail.com y argonmexico@gmail.com

Ahí, el asunto es peor, regularmente toca a un "servidor público" quien es habilitado como "negociador" por el mismo Juez “Cívico” amenaza a los detenidos con enviarlos al "Torito" a que cumplan 36 horas de arresto, si es que no pagan la multa, que para entonces ya ascendió a "2,500 pesos", según les advierte el funcionario del juzgado. Y como para darle tiempo a ese "distinguido” colaborador del juzgador titular, y que pueda "arreglarse" con familiares o amigos del AMAGADO bebedor callejero, el médico legista le hace al mago y aparece o desaparece (según le recomiende el titular del Juzgado), para que los detenidos permanezcan más tiempo en los separos; por ello, el “doctorcito” no dura más allá de hora y media en su “consultorio”. Incluso para hacer más dramática la suspensión de las garantías individuales de los incautos ciudadanos, hasta les ponen esposas con los brazos a la espalda, como si fueran los peores delincuentes de la ciudad de México. Con todo, familiares y amigos de algunos detenidos comentaban a éste reportero su irritación contra la 4-T que en la Ciudad de México “no significa ningún cambio”.

Noviembre 2019

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Líderes Políticos / Noviembre 2019 / Ed. 16  

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