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ue una mañana de jolgorio veracruzano, por aquella región montañosa, llegaba a Jalapa, el poeta Rubén Darío, el pueblo azteca lo ovacionaba, era la entrada triunfal de un mesías despojado de su envestidura otorgada por el entonces presidente José Santos Madriz para representar a Nicaragua en las celebraciones mexicanas como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Misión especial.

enviado del Ministerio de Instrucción Pública” …. En pocas palabras recibirían al poeta hasta que la comisión gringa se retirara de la capital mexicana.

El 21 de agosto de 1910, abordó en el puerto de Saint Nazaire, el trasatlántico La Champagne, el mismo vapor en que viajaban miembros de la familia del presidente de la República, general Porfirio Díaz, un íntimo amigo suyo, diputado, don Antonio Pliego, el ministro de Bélgica en México y el conde de Chambrun, de la delegación de Francia en Washington. El día 23 La Champagne hizo una escala en el puerto de La Coruña y ahí Darío se enteró de que el presidente Madriz había sido derrocado por un movimiento revolucionario que rápidamente había colocado en su silla a Juan J. Estrada, un general apoyado por el gobierno de Estados Unidos. El poeta se alarmó con la noticia, el hombre que lo había invitado ya no era el presidente, y en lugar de regresar a París, decidió que seguiría a bordo del vapor rumbo a La Habana, donde harían una escala antes de su llegada al puerto de Veracruz. El mismo lo describe en su autobiografía LXV página 73: “Durante mi viaje a Veracruz conversé con los diplomáticos que iban a bordo, y fue opinión de ellos que mi misión ante el gobierno mexicano, era simplemente de cortesía internacional, y mi nombre, que algo es para la tierra en que me tocó nacer, estaba fuera de las pasiones políticas que agitaban en ese momento a Nicaragua. No conocían el ambiente del país y la especial incultura de los hombres que acababan de apoderarse del gobierno” …, financiados por los Estados Unidos / el mismo poeta cuenta que al llegar a Veracruz es recibido por el señor Rodolfo Nervo, hermano de su amigo íntimo Amado Nervo. Rodolfo Nervo le ofrece una calurosa bienvenida y por parte del gobierno mexicano lo declara huésped de honor de la nación. El poeta describe su odisea “Al mismo tiempo se me dijo que no fuese a la Capital, y que esperase la llegada de un

tren, una indita me ofreció un ramo de lirios, y un puro azteca y me dijo --Señor, yo no tengo que ofrecerle más que esto --; y me dio una gran piña perfumada y dorada. En Veracruz se celebró en mi honor una velada, en donde hablaron fogosos oradores y se cantaron himnos. Y mientras esto sucedía, en la capital, al saber que no me dejaban llegar a la ciudad, los estudiantes en masa, e hirviente suma de pueblo, recorrían las calles en manifestación imponente contra los Estados Unidos. Por primera vez, después de treinta y tres años de dominio absoluto, se apedreó la casa del viejo Cesáreo que había imperado. Y allí, se puede decir, el primer relámpago de una revolución que trajera el destronamiento. Después de aquel ciclón político que vivió el poeta Rubén Darío se volvió a la Habana lo acompañaba su secretario, señor Torres Perona, un joven filipino, y del enviado que el Ministro de Instrucción Pública le había nombrado para que lo acompañase. Los pocos fondos que le quedaban al poeta sin sueldo se consumieron y después de dos meses de permanencia en la Habana, Cuba, regresa a París gracias al apoyo del diputado mexicano Pliego, del ingeniero Enrique Fernández, amigos y el general mexicano Bernardo Reyes quien contaba con una gran trayectoria en la carrera de armas y quien le envió un giro suficiente para su viaje de retorno a Europa.

Una carta no pudo contener a la multitud veracruzana que abrazaba a Rubén Darío, coreaban a voces… “VIVAS A RUBEN DARÍO Y A NICARAGUA Y MUERAS A LOS ESTADOS UNIDOS” … la ciudad de Jalapa recibía en nombre de todo México al Príncipe de las letras castellanas y Padre del Modernismo Español. D. Rubén Darío. ¿Será que el pueblo azteca estaba redimiendo al poeta? La respuesta es contundente… Sí. Él mismo describe… LXV, página 73. Autobiografía (la vida escrita de Rubén Darío por él mismo) … “Visité la Ciudad de Jalapa, Veracruz, que generosamente me recibió triunfante. Y el pueblo de Teocelo, donde las niñas criollas e indígenas, regaban flores y decían ingenuas y compensadoras salutaciones. Hubo vítores y músicas. La municipalidad dio mi nombre a la mejor calle. Yo guardo, en lo preferido de mis recuerdos afectuosos, el nombre de ese pueblo querido. Cuando partía en el

La llegada de Rubén Darío a México a finales de agosto de 1910 según algunos historiadores, fue uno de los factores que atizó en México el estallido de la Revolución mexicana tres meses después.

Noviembre 2019

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Líderes Políticos / Noviembre 2019 / Ed. 16  

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