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estari a la altura de la damajuana de las circunstancias; pero el pueblo de Chile es trigico-dramitico, insular, oceinico, abismal y correct0 de naturaleza y conducta; pot lo tanto, no hagamos chacota ni comedia de su grandeza; bailernos como 10s soldados acorazados de epopeya fiieran a la guerra en defensa del pueblo o de todos 10s pueblos, y si nos curamos, nos curamos; o nos caemos a1 abismo de lo c6smico en el torbellino del infinito de HispanoamCrica, que .solloza una gran paloma de congojas”.

Un siglo antes, Jose Joaquin Vallejo (“Jotabeche”) la interpretaba desde su Copiapci natal. Su milsica, decia, “debi6 componerla algiln amante poseido de una voluptuosa melancolia”. El poeta Carlos Casassus, en su vibrante “Embrujo de la Cueca”, abre con una cuarteta gozosa: “Hay un pacto con el diablo que salta de las guitarras y que pifia por 10s dedos gordos de las cantadoras”.

A lo que pareciera responder Lautaro Garcia en su viiieta de 1957, “Espiritu de la Cueca”: “Hay algo contagioso y einbrujador en lo vibrante y endiablado de este r i t m galopante que hace que un verdadero frenesi se apodere de 10s bailarines y mueva sus pies con intenso y sostenido dinamismo”.

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Biografía de la cueca  

Biografía de la cueca. Pablo Garrido. 1976.

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