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lejana- perdur6 en Argentina, Bolivia, Chile y, en inenor grado, en Ecuador y Paraguay; en M 5 sico, adonde lleg6 con la escuadra de Cochrane a .lcapulco en diciembre de 1821 sent6 rakes, hasta la fecha, en la variante conocida corno chilena, Luis Alberto Ssnchez, en “Vida y Pasi6n de la Cultura en Amdrica” (1935), escribe: “Cuando pas6 la cueca a1 Perii, eran tiempos de solidar:dad hispanoamericana y recien nacida. El P e d tenia la msljiid incaica, baile de relaciones, is6crono, mon6tono y m o d tonnmente enloqnecido a ratos, a la hora del h a y n o alocado, tristemente alocado, y opt6 por !a cceca. Se llam6 la chilena. Cuando vino la guerra (1879), y el Per6 fue derrotado, ei o~gullopatrio, sin poder desterrar aquella expresi6n coreop-rifica a la que ya habia impregnado el pueblo con SLI pLupi0 sentido, cambi6 el nombre, y nacib la mnrinera. Mienrras la czLeca chileaa denuncia facilidac! de vida, ufania de riiunfador, la marinern peruana delata un vencimiento sobre~ i ~ i dy omal tolerado, per0 tolerado 31 fin. Alegria que :e quiebra en un sollozo”.

La folklorista argentina, ya citada anteriormente, Ana S. de Cabrera. coixigna lo siguiente: “En Cochabamba (Bolivia), A r e q u i p ( P e d ) , Iquiqite (Chile), he escuchado, con asombro y emoci6n. sones y YOces familiares que me retrotraian a1 Tuciimin de mi niiiez”.

No se d i p , pues, que la zainacueca nos v i n s

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Biografía de la cueca  

Biografía de la cueca. Pablo Garrido. 1976.

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