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de Argentina, Excmo. Seiior Don Jos6 Figueroa Alcorta que, aun ya a punto de emprender el regreso con su comitiva, en la fronteriza ciudad de Los Andes, pidi6 que se bailara una vez mis. En medio de grafl alborozo, se adelant6 su Ministro de Guerra, el general Racedo, tom6 por compafiera a una distinguida y hermosa dama chilena, y bailaron una cueca de tan grata recordaci6n conio de hondo significado fraternal. Las cr6nicas de la kpoca relatan que se bail6 y cant6 anirnadamente llasta las dos de la madrugada.

Pero, ahorrindonos 10s mil y un testirnonios que hablan del hechizo de nuestra danza nacional, basta citar la lac6nica frase de Diego Portales, cerebro preclaro de la naciente Republica, q-uien a 10s reiterados ofrecimientos de la primera magistratura de la N a c i h , exclam6, hacia 1880, que ‘‘no cambiaria la cueca por la Presidencia�.

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Biografía de la cueca  

Biografía de la cueca. Pablo Garrido. 1976.

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