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iY geiisar que Chile medio siglo antes, propiamente en 1847, impulsado por un hondo serarimiento de conciliacibn, habia modificado radicalmente incluso el texto del Himno Nacionali, cuyos versos pintaban con naturalismo las rudezas del conquistador! La zamacueca no es una danza grdtesca. p si en sus insondables origenes tuvo evpresiones COFporales extravagantes, a fines del siglo pasado 118 restaba el menor asomo de ello; por el contraris, es un baile gallardo y garboso doiide canipea Ba gracia. Asi lo vemos ahora, y de tal modo t a r n b i h lo conocieron viajeros ilustres ciento ciiicuent3. afios ha. Aun cuando tenemos niucho orgullo de nuestra sangre aborigen, en honor a la irerdzd. la zninacueca no la bailan 10s “indios� de Chile: 10s de Per6 y Bolivia, aunque la cultivan, tienen asimismo otras darizas ancestrales que aman mayormente y que sienten mejor. Los chile-indianos no bailaban zninxcuecn. era prematuro, pues ksta no habia iincido a h Cuando quizis se ensayaron en ella, ya eran mestizos seculared, con sangre peninsular inyectada en 10s imponderables de toda dilatadn iiicursi6n de forasteros en landas invadidas en que se COILfsonta la pareja del hombre. No ha de ignorarse, por otra parte, que E?pafia introdujo en las Amkricas otro factor ktnico: el negro africano, el que a1 rnezclarse con 1.1 20

Biografía de la cueca  

Biografía de la cueca. Pablo Garrido. 1976.

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