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Serafina Todaconejos (reina de los cumplea単os) Mireya Viacava - Raab


Para Camilo Para mí, que nací un 8 de julio.


Mi mamá se llama Serafina Todaconejos, pero en el pueblo, todos la conocen como la “Reina de los cumpleaños”. La llaman así porque mamá adora festejar y organizar el cumpleaños de todo el mundo. El mío, el de mis diez hermanos, el de mis quince primos, el del tío Juan, el de la tía Luciana, el de la abuela, el abuelo, los sobrinos lejanos, las primas de la tercera generación, el de los vecinos, las vecinas… y todos los organiza a las mil maravillas, con fiestas gigantes e inolvidables como solo una reina puede hacerlo. Primero: inventa temas muy divertidos. Un ejemplo: para los 80 años del abuelo, organizó una piscinada-zambullida profunda y un baile de disfraces. Para los 4 años de un sobrino, un concurso de pesca en el gallinero del jardín, para los 15 años de mi prima Jimena, un concurso de autitos chocadores en la plaza del pueblo en vestido largo, en fin mamá siempre se las arregla para que cada fiesta sea un éxito. Segundo: recorre todo el pueblo en bicicleta, haciendo jogging o paseando al perro y reparte las invitaciones una por una.


Tercero: días antes del evento, mamá escribe kilómetros de listas de compras. Un ejemplo: tres kilos de champiñones para hacer un collar a la tía, seis rollos de alfalfa como aperitivo, cuatros cajas inmensas de croquetas de endivias, quince kilos de lechugas fritas y bolsas enteras de chupetines de jugo de mandarina. El día del cumpleaños, mi mamá Serafina ¡no para! Saca sillas, pone mesas inmensas que acomoda al fondo del jardín bajo unas sombrillas muy divertidas con formas de zanahorias, hecha producto anti mosquitos perfumado. Del otro lado del jardín, mamá ubica los arcos de fútbol, una mesa de ping-pong, cuelga del castaño mullidas hamacas y sobre un banco, alínea las raquetas de tenis, las bochas, la cuerda para saltar a la soga y, más lejos, bajo los olivos, coloca canastos llenos de caramelos de rabanitos al chocolate. Después, se pone el delantal, el gorro de cocina y ¡manos a la obra! Prepara platos deliciosos, suculentos. Tortas rellenas con frambuesas y peras de la huerta, decenas de zanahorias con forma de estrellas cubiertas de caramelo o de mayonesa, pepinos alargados, redondos o cuadrados. Y, naturalmente, cuando los invitados llegan todo está mágicamente listo. Entonces, grandes y chicos, brincamos sobre un fondo de flores multicolores, los juegos desbordan en el jardín y las guirnaldas colgadas de los árboles titilan. Mamá no se olvida de nada.


Bajo las luces del parque, todos bailamos al son de los acordeones, cantamos coplas llenas de alegría, saltamos hasta la media noche y cuando suenan las doce campanadas, los invitados dicen: - “Gracias, Señora Serafina Todaconejos y hasta el próximo cumpleaños” Mamá se sienta, agotada, ´pero feliz con su fiesta perfecta porque ella adora los cumpleaños. TODOS los cumpleaños, TODOS los cumpleaños de TODO el mundo, salvo…. el SUYO. A tal punto mi mamá, “La Reina de los cumpleaños”, detesta su propio cumpleaños que cuando hojea el calendario y ve que el 8 de julio, día de su aniversario, está cerca se larga a llorar tan fuerte, con tantas lágrimas de cocodrilo, que se la escucha en todo el barrio, qué digo en todo el barrio, ¡en todo el pueblo!. ¡¡¡BUAAAAAAAAAAA!!!! ¡NO, NO, y tres veces NO! ¡Qué catástrofe! El próximo cumpleaños es ¡el MÍO! ¡Y lo detesto! ¿Qué voy a hacer? Tengo que hacer que llueva ese día ¡y mucho! ¡Muchísimo! ¡Torrencialmente! ¡Y que caiga una tormenta con rayos y truenos! - grita mamá Entonces, mamá se pone una vincha con plumas y prepara la tradicional danza a la luna en el salón para atraer a la peor de las tormentas. Balancea las orejas y canta una vieja canción indígena:

“Rayos tienen que caer,

y mi puerta a

travesar

sara festejar. o o d a it v in n u si Chispas y centellas derribarán,

nga a cantar.

al que primero que ve

Mi puerta se cerrará y nunca más una torta de zanahoria

habrá.”


Papá, mis diez hermanos y yo, nos acurrucamos temblorosos cerca de los escalones de la escalera y la espiamos asustados a través de la baranda. Nadie se mueve. Resignados, vemos a mamá Serafina Todaconejos, después de tanto baile, con los bigotes tiesos de furia, las orejas y plumas caídas, encerrarse en la habitación y transformarse en la más fea de todas las mamás conejas. Cada cumpleaños de mamá es así. La casa está triste. Cortinas cerradas. Ni un rayito de sol. Todos caminamos a tientas en la oscuridad. Y comemos de la mañana a la noche una horrible sopa de coliflor, con pastosas migas de pan flotando en el líquido ¡Puaj!. ***** Un 8 de julio estábamos sentados en la penumbra frente a la sopa tradicional de coliflor y se nos ocurrió hacerle una sorpresa a mamá. Con pasos muy suavecitos, nos acercamos a su habitación y aún más despacito hasta su cama. Cada uno le susurró en sus dos orejas extendidas hacia atrás un dulce “Feliz cumpleaños”. Escuchando estas palabras mamá Serafina asomó la punta de una oreja temblorosa como en señal de alerta. Rápido, con sus patas hábiles y ligeras, la atrapó en el vuelo y en dos segundos, sin decir una palabra, se hizo un doble nudo con sus orejas de seda, suaves como el terciopelo, para no escucharnos. Y cuando nosotros dijimos otra vez el FELIIIIIIZ , mamá no nos dejó terminar y saltó de la cama. Con la sacudida, el doble nudo de sus orejas se deshizo, su hocico se abrió, sus bigotes se agitaron y gritó ceceando – porque mamá tiene dos dientes preciosos puntiagudos delante para bien roer las zanahorias ¡Ezto ez Zufiziente! Zufiziente! Estaba tan enojada que su hociquito en forma de corazón, tan lindo y capaz de pronunciar palabras adorables, SALVO EL DIA DE SU CUMPLEAÑOS, anunció: El mejor regalo que pueden hacerme es pedirle al presidente que SUPRIMA este día. Mientras, yo dormiré todo el día y me despertaré cuando mi cumpleaños haya pasado. Muchas Gracias.


Mamá se volvió a acurrucar bajo la manta. Papá nos miró muy triste y nos dijo: Hasta que el presidente cumpla el deseo de mamá en esta casa los 8 de julio: no se habla por teléfono, no se abre la puerta, no se escucha música, no se reciben visitas y se come toda la sopa de coliflor sin protestar. ***** Pasaron los meses, cumpleaños varios y del presidente ni noticias. Todos sabíamos que un nuevo 8 de julio se acercaba. Entonces, unos días antes, me subí a una silla y anuncié: Querida mamá, en nombre de todos los aquí presentes, decidimos que si usted no festeja sus cumpleaños con torta con velitas y fiesta rumbera como todo el mundo, ¡nosotros no festejaremos nunca más un cumpleaños! Mamá se levantó de la mesa y muy enojada se encerró en la habitación y se transformó otra vez en la más fea de todas las mamás conejas. Y el 8 de julio llegó. Ese día bajamos las escaleras muy temprano como sonámbulos. La sopa de coliflor aburrida nos esperaba de la mañana a la noche. Mamá está otra vez bajo la frazada - dijo Sonia Y casi no come…– agregó Felipe Hay que hacer algo- dije entre sollozos. ¡Es tu culpa! – gritó Pedro Yo quería que festejara su cumpleaños como todo el mundo – suspiré. No se preocupen, mamá está bien – dijo papá ¿Qué vamos a hacer? Nos preguntamos abrazados No se preocupen, mamá está bien – repitió papá Pero Julieta ya no lo escuchaba. Subió y abrió la puerta de la habitación de mamá. Se acercó a la cama, levantó el edredón ¡Sorpresa! ¡Mamá no estaba ahí! ¡Mamá desapareció!! ¡Mamá se escapó! – gritó bajando los escalones de dos en dos. Nos atropellamos unos contra otros. Gritábamos y girábamos en el salón sin saber a dónde ir. Papá trataba de atraparnos hasta que Felipe frenó de golpe y ordenó: ¡Shhhh! Silencio, oigo la voz de mamá.


En fila india, todos escuchábamos la voz dulce de mamá… pero ¿de dónde venía? De repente, Papá abrió la puerta y mamá, Serafina Todaconejos, apareció entre las margaritas del jardín. Llevaba en los brazos un chiquitito, pero chiquitísimo, casi minúsculo conejito en las brazos con un gorro de lana celeste y medias en las cuatro patas. Lez prezento nueztro conejito número 12, ze llama Camilo y nazió…. – dijo mamá seseando. ¡Un 8 de julio! - gritamos todos juntos. Y habrá que festejar su cumpleaños todos los años el…. ¡8 de julio! - afirmó papá ¡Bienvenido a casa Camilo! – coreamos todos Los once hermanitos desfilamos, ordenadamente, para saludar al recién llegado. Entonces, papá emocionado hasta las lágrimas, nos dijo: Bueno, chicos, creo que a partir de ahora necesitaremos más tortas para festejar los cumpleaños Invitaremos a todos los vecinos… así será más divertido . Y yo iré a la peluquería… ¡como laz verdaderaz reinaz! y ¡nada de esconderze bajo laz frazadaz! – dijo mamá agitando sus orejas suaves como el terciopelo.


F iN


Serafina Todaconejos