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Marta GimĂŠnez Pastor

Agua f lorida

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Para cruzar la calle

Para cruzar la calle me daban la mano anudando un jardín sonriente en mis anillos. Con suavidad de arco iris me daban la mano y yo ahuecaba el amor para acunarlas. Jugando al gallo ciego íbamos a las plazas y de árbol en árbol descubríamos la sencillez del mundo. Para inventar un pic-nic los domingos desplegábamos un gran mantel sobre la vida. Entonces bajaban los ángeles y almorzábamos entre puntillas. Los ángeles con sus alas con sus sillitas de oro

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con sus lejanos tranvías cargados de aniversarios. Al caer la tarde eran dueños de todo mi follaje. Las rosas los jazmines mi cansada inocencia el mantel y los ángeles cabían en un sorbo de lluvia azucarada. Para volver a casa cerrábamos el cielo con llaveros de sombra y me daban la mano.

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Barquitos amarillos

Cuando afuera llovía hacíamos barquitos con papeles plegados. Barquitos amarillos que cruzaban el trigo de la infancia otros blancos de azúcar y algunos tan pequeños como un terrón de tiempo que ya pasa. Hacíamos barquitos y tostadas crujientes para dorar la tarde porque afuera llovía. La mesa se estiraba como una blanca playa bulliciosa y había marineros con olas de cacao y mariposas y había muchas velas en los embarcaderos y muchos paraísos con palomas.

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Hilo de oro hilo de plata

La abuela que tenía un remanso de estrellas en la falda sabía contar cuentos. Como si recitara murmuraba madejas tejedoras de sueños y decía palabras que llegaban de lejos como el agua. La abuela recortaba estrellas para entibiar la almohada y las prendía con alfileres de oro en la funda rosada con hilvanes de plata en la celeste.

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Juegos de niños

Para hacer la portada del cuaderno nos íbamos al campo a juntar margaritas. En cada nombre había un puñado de pétalos y un corazón bordado con soles infinitos y eran tan pequeñitos esos nombres que con brisas de sauce se escribían y con vuelo de abejas se borraban. Para hacer los deberes el cuaderno tenía cien hojas cristalinas y una tapa de besos que yo misma tejía con lluvias sucesivas como quien va sumando mariposas y hacían los deberes. Con un tallo de aromo dibujaban casitas

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con el canto de un grillo las pintaban. El domingo temprano nos Ă­bamos al campo y regresĂĄbamos con un trebolar verde en la portada.

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La paloma

Cuando alguno lloraba una guirnalda de lluvia envolvía mi cuello. Entonces de mis manos volaba una paloma para secar sus lágrimas con dulzuras de almendro. Y había mil maneras de decir no fue nada. Con canciones con lápices con lacitos de miel. Había mil maneras pero a mi me gustaba la paloma.

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Pero vuelan los años

La vida se detuvo en mi ventana. Con un trazo leve dibujó en el cristal un camino de uvas tenues con lloviznas y sigilosamente hizo entrar en la casa el agua del verano. Después llegaron los niños y escribieron sus nombres con las manos con la frente con el sueño con el secreto azul de la ternura y remontaron la noche y los floridos triciclos de mis abecedarios. Yo me hago cargo de sus risueños amaneceres de azúcar les acaricio el alma con el sueño espigado de las siestas les enseño a encender las tres marías y les suavizo la tierra con el pan de mis besos. Toda la transparencia es verde como una gran marea y ellos abrazan mis blusas y refrescan mis manos en el ámbar dorado de sus voces.

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Pero vuelan los años y un día la sombra del ciprés entra en la casa hace trizas el sol arrebata los duendes de la brizna con naipes borroneados me trampea el cuaderno de deberes y el cielo se desteje como un empobrecido tapiz de mariposas. Sin embargo yo insisto con que hay que portarse bien queridos niños para que el angelito de la guarda esté contento. El tiempo pasa a buscarme con mi fotografía deshojada. Como si fuera a un baile me peino me pongo mis collares y mis medias de encaje con sus rosas de adiós en las rodillas. Esta vez al salir cierro todas las puertas. La mañana está linda huele a menta y uno dice buen día por si acaso. Hasta aquí íbamos bien pero qué bronca Dios mío qué bronca con esta niebla que me lo arruinó todo la fiesta mi peinado y mis medias de encaje tan sexys tan paquetas.

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Con un caramelo en la boca

Con un caramelo en la boca la vida es otra cosa. El tiempo se aligera como un hilo de miel las palabras se adueĂąan de las dulces cascadas del verano y con voces cantantes se van por esos mundos de Dios. TambiĂŠn parten las arpas las rosas el parque y el celeste medallĂłn de los domingos pero con un caramelo en la boca es otra cosa. Debajo de mis pies nace el largo silencio de los desiertos y la soledad me viste con diminutas bandadas de encajes. Soy toda ausencia ventana y puerta al mar.

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Me despojo del sol y su sedosa tregua de recuerdos y me empino como una cansada rama sobre el muro para decirles adiós que la suerte les sonría amores míos y aunque qué ganas de llorar en esta tarde gris con una caramelo en la boca es otra cosa.

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Cada tres minutos los ángeles

Era una galería alfombrada de siestas y una constelación de margaritas revoloteando aleros y eran mansas historias que mi madre contaba con musical paciencia como quien va paseando entre arboledas. La del cometa Halley por ejemplo con su cola de algas cruzando la llanura de la noche la del conde Olinos y su caballo de nácar junto al mar o la de había una vez en un país lejano. Era una galería con misteriosos duendes que dormían en sillones de mimbre y muchas hadas rubias en secretos castillos escondidos detrás de los malvones y era un piano de juguete que paseaba en un vals con su silencio a cuestas.

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En aquella galería a mi madre le gustaba ser pintora y lo era entre blancos panaderos que pasaban girando sus perfumadas rondas de molinos. Ella tenía una caja donde guardaba sueños y con ellos pintaba paisajes de la vida sobre telas pequeñas como azulejos de humo o sobre telas grandes como mares. Pintaba rosas rojas con ramajes de alma pintaba barcos lejanos en bahías que nunca conocimos copiaba los amantes de un viejo gobelino o pintaba una niña de melena oscura y un gato blanco entre sus dos breteles. Mi madre dedicaba sus cuadros a mi adorada hijita a mi querida amiga y cada tres minutos los ángeles se acomodaban mejor en sus pinceles.

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El retrato

Con el gesto acodado a ras del tiempo día a día mi padre mira cómo la vida se va curvando sobre el liviano pan de mis manteles. Para distraerlo le hablo de otras cosas del pueblo cara al sur que conocimos de los trenes que llegaban desde andenes lejanos de las cigarras y de aquella enredadera que se nos fue de las manos poco a poco como un canto rodado pero él guarda silencio. Hay un ruidito como de migas crujientes corona de novia que relumbra viento que canta y sueña hasta caer. Entonces casi en secreto con timidez de trago amargo y bien de cerca

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le comento afuera es noche y llueve tanto... Un resuello de clavel me enlaza el alma y sin poder eviatrlo recuerdo viejos amores por ejemplo su escritorio más alto que mis años y la remington negra que escribía noticias de la calle y a veces por las tardes uno que otro poema. Me paro frente a frente y así sin muchas vueltas le digo me he quedado sola y tengo miedo. Me pregunto qué será de mí cuando este día termine y una bandada de ramitas secas se vaya evaporando más allá de tu nombre. Me pregunto qué podríamos hacer ahora que has venido a visitarme y es verano pero mi padre no me dice nada sólo mira la vida que se curva mi padre con sus ojos azules y un alfiler de perla en la corbata.

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El gato

Junto al gato había una amapola hooy se secó y en su lugar ha quedado un ramo de pirámides lejanas. Son de vidrio de caramelos dorados de ovejas silvestres que balan hacinadas en mi piel. Son de honolulú recién cortadas recién verdosas son jóvenes y juegan como crisálidas las cruza el río las vuela el aire y se empiezan a ajar con los inviernos.

El gato siente frío y se pasa a mi falda le digo en mi alma es mejor hay flores de otros tiempos

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y cantos de cigarra pero ĂŠl no entiende mi amor y se vuelve a las pirĂĄmides sin mirarme.

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Un rebaño apacible entre los álamos

Como era el día de la madre ese domingo había que peinarse con apiadado esmero de guirnaldas detrás de las vidrieras y había que reunirse con los hijos que traerían regalos en papeles crujientes y moñitos endulzados con el humo de la vida. Para esperarlos abre de par en par las puertas y ellos llegan al ras de la mañana engalanando el aire con sus lámparas mágicas. En instantes la madre vuelve a sentirse el ángel de las alas nocturnas el arbusto celeste donde anidan las hadas y el dulce escondite de la piedra libre. Después son los regalos con cortesía de cintas inocentes y el mantel ondulando su ademán de puntillas año a año.

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Y pasan las palabras el vino entrecortado el mordisco del pan y las manzanas y pasa el malabarista con sus últimas cuharitas revoltosas y el ruido de las sillas que se corren como telones desplegados en la siesta. Pero por esas cosas raras de la vida a las tres de la tarde ya es muy tarde. Desgajadas se aquietan las aldabas se hace olvido el capullo donde anidaba el pájaro y el día vuelve a ser un domingo tan vano y silencioso tan rebaño apacible entre los álamos.

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Cicatriz a contraluz

De refilón volví a mirar el azulejo rasgado del baño y su sutil arabesco ma traicionó la mañana. Una cicatriz a contraluz le marcaba su inevitable parpadeo su polvoriento final junto a mis pies cuando cualquier día de éstos el claro grisado de su vida no esperara más y se desprendiera como un fruto imaginario sobre el mar estrepitoso sollozante bailarín quebrado por las baladas del tiempo. Sí ya me lo veo venir una de estas mañanas me encontraré con una herida más en la casa y la lluvia entrará con hilvanes silenciosos hasta inclinarme el alma sobre las flores rosadas de mi camisón.

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El mantel

De tanto en tanto para apuntalar la tarde reviso mis armarios y las viejas partituras que almaceno levantan vuelo hacia el poniente un poema sin terminar una carta de amor equidistante un S.O.S. polvoriento y un mantel de hilo crudo plegado y quieto también sin terminar. Es un mantel lejano que mi madre adornaba con minuciosidad de pianista hace casi mil años. Le bordaba violines le zurcía angelitos y en un vuelo de pájaro hilvanaba el nombre de la rosa. Cuando ella se fue sin terminarlo el mantel de hilo crudo saltarín de crepúsculos

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se durmiĂł a media luz como los gatos. De tanto en tanto recurro a ĂŠl lo desdoblo lo eternizo agito sus vitrinas lo esmalto con los lirios del campo y en cada amanecer lo condecoro. Es de tiza de encajes vistorianos de tarjetas postales compradas en un mercado persa. De tanto en tanto a eso de las seis veo la vida que pasa rozando el empedrado de los aĂąos y yo saco el mantel para mostrĂĄrselo. Me acerco al ventanal le digo vida querida vida la llamo con un silbido largo le ofrezco la dulzura de mis tazas pero ella no sabe nada de porcelanas en flor y se aleja avergonzada. Pero no importa yo sigo con mis cosas como siempre los armarios llenos de partituras un poema sin terminar una carta de amor inalcanzable y este tibio mantel acariciĂĄndome el alma. 25


Color de rosa A mi hija Alejandra

Hoy como tantas veces ella ha venido con su señal de almendros y ese enojado andar de violetera sobre el Mediterráneo. Hoy como tantas veces la recibo con fiestas de cumpleaños la bautizo ecuyère jarroncito de loza y otros nombres secretos. Pero ella lejanísima suelta su voz alada y trata de explicarme. Me dice que está triste que sus zapatos de baile se han gastado y que el zoo de cristal la desbarranca como a un escarabajo. Desvelada me entrego a sus pañuelos.

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Los culpo, los disculpo les recorto palomas los engarzo a las llaves de mis puertas y con agua florida los llovizno. Después consejo en mano insisto en que aquí nada es de seda que hay esmeraldas falsas y platos voladores y puentes de glicinas con semáforos rojos pero que ella tan artista de cine tan moño de terciopelo tan noviembre tiene abrazos de marineros rubios en alta mar. Eso la tranquiliza y su enojo se va a campo traviesa. Como otras tantas veces le prometo un violín un castillo feudal una manzana y un tapado de armiño. Le digo vida mía y le regalo mi compact de Vivaldi para que todo sea color de rosa.

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La más mía, la lejana A mi hija Mireya

Desde lejos te veo primaveral viajera de abanicos alta breve lacia de a ratos recostada niñez en mi recuerdo de a ratos habitada por los mares transparentes de shanghai. Desde lejos te veo victoriosa flor de lis inquilina de aeropuertos a veces de la mano de tus hijos y ese andar minucioso de jardín en jardín a veces estatuilla de la fontana de trevi balbuceo de arpas en los atardeceres birmanos. He aquí tus agendas tus molinos flotantes y el bullicioso encaje de las fotografías. He aquí el cartero ensobrando tus lámparas tus zapatos de raso

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tus floreros mientras los pájaros vuelan con un mensaje en el alma. La casa se vuelve otoño pero los ángeles que la frecuentan la acarician la pintan le abren ventanas le adoran con malvones de azotea. De vez en cuando alguno pliega el tiempo en sus alas y me abraza diciendo y a usted señora que tiene la mirada quieta en el tenue regazo de la tarde ¿en qué la puedo ayudar?

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El ángel del visillo A Juan Ignacio

Desde hace muchos noviembres desde hace tantos como arenas al sol tantos como viejos retratos de familia el ángel del visillo viene a visitarme a la hora del té. Me visto de fiesta lo espero con rosquitas y conversamos hasta el atardecer. El es muy alma mía y sus gestos de ángel translúcidos como el humo de las aldeas me desbordan calandrias me hace pensar en glorietas. Desde hace muchos noviembres me visita es de tul y vuela porla casa como jugando me trae piedras preciosas y libros y planisferios y dibujos

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y ramitas de hiedra y bichitos de tu luz para alumbrar la vida. Desde hace muchos noviembres este รกngel baja de su ventana y juntos deletreamos el atardecer rosquita a rosquita.

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Estos viejos amigos A Victoria y Eduardo Audivert

Estos viejos amigos que me adornan con alegría de vinos estos que no tienen bordes y viven como paisajes en mis manos estos que revuelven hélices de ternura en cada otoño y se visten de azul para nombrarme

en qué esquina del sur en qué ventana egipcia en qué esptampa del sena empezaré a extrañarlos cuando el tiempo me siembre y un manojito amarillo vuele sobre nosotros como un lejano día que me quieras.

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Cosas difíciles A mi hijo

No se cómo decirte conrado que se me han puesto difíciles las cosas por ejemplo las flores del balcón el vestido de luces que me compré en parís y este azulado adiós de greta garbo con el que me abanico cuando tomo un café o cuando sueño No sé cómo explicarte que no me han sido fáciles los tejes y manejes de la vida la copita de anís la blusa el cigarrillo y sobre todo esta cosa tan rara de querer abrazarte y no animarme porque me asusta el diario que aletea en tus manos como una carabela esos grandes zapatos que ahora usas para cruzar el tiempo y esa corbata en flor que te separa el aire en dos jardines en dos claves de sol en dos vertientes.

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Ah si yo pudiera explicarte la infinita paciencia de las dalias si pudiera señalarte con una hojita de hiedra y mandarte una esquela un bombón de licor una góndola veneciana. Ah si eso pudiera cuánto ademán gentil cuánta elegancia qué infinita paciencia la de las dalias.

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Golondrina

Dejo entrar el amor y me visto de nomeolvides

dejo entrar el olvido y me desvisto de amor por una rama de helechos dejo entrar el verano por una brisa tibia te dejo entrar golondrina te dejo zigzaguear como un velero sobre mi corazĂłn ÂżquĂŠ mĂĄs?

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Con ademán de alpinista A Daniel

Te miro afeitarte con ademán de alpinista te miro alejarte de mis quehaceres domésticos como un ciclista absurdo. Fuera de mí tu silueta se va por el espejo en un submarino amarillo. Entre vos y yo se enciende el gran espacio del olvido y sos ahora un dibujo. De pronto envejecés. Te volvés santa claus con tanta barba blanca y tengo miedo de que no seas más o que seas tan sólo la espuma de una lancha que se aleja como una vieja historia.

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Por un perfil de la luna

Quizás alguna tarde por un perfil de la luna verás caer las viejas historias que brillan en las noches. Verás caer las confesiones con sus fragancias de glorietas y sus intensas burbujas espejadas. Alguna vez en medio de las sombras vendrán las fugaces luciérnagas del amor. Vendrán por un perfil de la luna y yo abriré mis jardines voladores redondos sedosos como perfectos paracaídas.

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Con ademán de alpinista A Daniel

Te miro afeitarte con ademán de alpinista te miro alejarte de mis quehaceres domésticos como un ciclista absurdo. Fuera de mí tu silueta se va por el espejo en un submarino amarillo. Entre vos y yo se enciende el gran espacio del olvido y sos ahora un dibujo. De pronto envejecés. Te volvés santa claus con tanta barba blanca y tengo miedo de que no seas más o que seas tan sólo la espuma de una lancha que se aleja como una vieja historia.

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Por un perfil de la luna

Quizás alguna tarde por un perfil de la luna verás caer las viejas historias que brillan en las noches. Verás caer las confesiones con sus fragancias de glorietas y sus intensas burbujas espejadas. Alguna vez en medio de las sombras vendrán las fugaces luciérnagas del amor. Vendrán por un perfil de la luna y yo abriré mis jardines voladores redondos sedosos como perfectos paracaídas.

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Con ademán de alpinista A Daniel

Te miro afeitarte con ademán de alpinista te miro alejarte de mis quehaceres domésticos como un ciclista absurdo. Fuera de mí tu silueta se va por el espejo en un submarino amarillo. Entre vos y yo se enciende el gran espacio del olvido y sos ahora un dibujo. De pronto envejecés. Te volvés santa claus con tanta barba blanca y tengo miedo de que no seas más o que seas tan sólo la espuma de una lancha que se aleja como una vieja historia.

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Por un perfil de la luna

Quizás alguna tarde por un perfil de la luna verás caer las viejas historias que brillan en las noches. Verás caer las confesiones con sus fragancias de glorietas y sus intensas burbujas espejadas. Alguna vez en medio de las sombras vendrán las fugaces luciérnagas del amor. Vendrán por un perfil de la luna y yo abriré mis jardines voladores redondos sedosos como perfectos paracaídas.

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Agua florida  

libro de poemas para adultos