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Colegio Público Elisburu Curso 2008 – 2009 5º curso


staba yo tan enferma en mi casa cuando oigo un ruido: -Pun, pun, pun. -¿Quién es?-pregunté yo. Y una voz muy fina me contestó: -Soy yo, abuelita. -Pasa, cariño-respondí. Cuando me doy cuenta veo a un animal peludo y maloliente, con unos ojos como platos, y unos dientes como cuchillos y una sonrisa malvada. El animal se abalanzó sobre mí y yo, tan enfermita, tuve que salir corriendo para que no me pudiera comer. Estuve una o dos horas metida en el armario, estrecho, con polvo y oscuro. De repente oigo un fuerte ruido. Abro el armario donde me escondía y veo a un cazador apuntándome con una escopeta. En ese mismo instante me entraron unos mareos y se me nubló la vista. Cuando me despierto comprendí que me había desmayado. Vi a mi nieta preocupada por mí, al cazador con la escopeta y al animal peludo tirado en el suelo y muerto. Como mi nieta Caperucita había traído una cesta con comida, Caperucita, el cazador y yo comimos en mi casa.

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Andrea

CENICIENTA uando mandamos a la niña limpiar es porque la enseñamos, nosotras nos pasaos más tiempo limpiando que ella. Luego, cuando vamos a alguna fiesta, la señorita le va hablando a todo el pueblo de lo que hacemos. Y es que salgo a la calle y tengo mala fama, esto no puede ser. Un día nos invitaron a una fiesta del rey, de la reina y del príncipe, y era muy especial, no podíamos faltar. Ese día Cenicienta limpiaba, cuando de pronto se le aparece un hada y le diseñó un vestido hermoso y azul. Con un ratoncito que estaba buscando queso, lo convirtió en un precioso caballo, y a una calabaza en un carruaje.

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Mi hijastra fue a la fiesta y bailó con el príncipe. Pero cuando tocaron las doce, ¡adivinad que ocurrió…! Cenicienta se fue porque el hada le dijo que a las doce se perdía el efecto de la magia, y Cenicienta lo hizo, pero… Al salir corriendo se dejó un zapato de cristal. Y el príncipe se dio cuenta de que se lo había dejado. Al día siguiente fue de mujer a mujer a ver a quién se lo dejó. Preguntó a las hermanastras de Cenicienta pero no le cabía a ninguna, Cenicienta se lo probó y le quedó bien y desde entonces se casaron y vivieron perdices y comieron felices para siempre. Ányela

El flautista de Hamelín. osotros, unos míseros ratones que nos fuimos a Hamelín para que nos adoptasen como sus mascotas, nos diesen cariño, casa, alimento,… ¡Pero no, lo único que hacían era darnos escobazos desde encima de una silla! Vaya humanos los de Hamelín. - Nosotros sabíamos que cada día el alcalde se reunía con los concejales y como éramos muy listos les espiábamos para saber lo que querían hacer con nosotros. - Un día llegó un señor con una capa y una flauta; nosotros quedamos embobados al ver esa magnífica flauta y nos condujo hacia el río, pero nadando un poco encontramos una salida subterránea que nos llevaba hasta un lugar misterioso donde podías comer (queso), podías hablar con otros animales, … ¡Un paraíso! Excepto por

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una cosa: ¡no había humanos! El flautista lo notó y, como el alcalde no le pagó, trajo a los niños de Hamelín. Úrsula

CAPERUCITA o me puse enferma ayer, mi nieta se entero, así que me va traer una cesta de aperitivos. Ya oigo tocar la puerta y pregunto ¿quién es? Me contesta: -Soy yo, Caperucita. Pero la voz era muy rara, entonces yo no dije nada. En unos segundos escuché unos golpes en la puerta, me asusté y me metí en el armario. Dentro no había tanto aire fresco y poco a poco me fui desmayando. Cuando me desperté estaba junto a un bicho peludo, feo y muerto. También un cazador con una escopeta. En un rato los tres: Caperucita, el cazador y yo nos pusimos a comer. Y colorín colorado este cuento se ha acabado

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Miriam

todos piensan que yo soy el malvado del libro y solo por llevar la Jopé, cabeza rapada y mantear a Sancho para poder divertirnos mi pandilla y yo. Alonsico vaya malo que es, me maltrata sin hacerle nada. Yo en el instituto le presté una vez la goma de borrar a mi compañera Laura. Alguna sí que armo en el instituto, pero no me divierto tanto porque en mi clase no están mis amigos y nadie en mi clase tiene los mismos gustos que yo: no llevan la cabeza rapada, no se divierten manteando a niños... Alicia

Los siete cabritillos.

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stos hijos míos nunca me hacen caso, ¡mira que les digo una y mil veces: “No abráis la puerta a nadie, llevo yo las llaves”!, y nada, ni


caso. Y es que si fuera la tía o la abuela y el abuelo..., vale, pero no, dejan entrar a un lobo ¡a un lobo! ¡BUFFFF! Y ni os cuento cuando a mi hijito más pequeño lo veo en la caja del reloj casi ahogado.¡UFFFFF!, y tampoco cuando tuve que abrirle la barriga al lobo y sacar a mis seis cabritillos llenos de sangre. Pero..., como nosotros somos muy listos le metimos en la barriga cuarenta piedras de las pesadas, y..., cuando fue a beber al río, como es lógico, se cayó. Marta

CAPERUCITA ROJA

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staba yo durmiendo y vino una niña a decirme que si le echaba una carrera hasta la casa de su abuelita y yo, que soy muy bueno, le respondí que vale, que echaba una carrera. Y como soy más rápido piqué a la puerta y como no vi a nadie entré y me acosté porque tenía sueño- De pronto oigo una niñita cantando feliz que me despertó, yo me levanté de un salto, la veo entrar y como no vio a su abuelita pensó que me la había comido y cuando me acerqué para decirle lo que había pasado se puso a gritar y de tanto chillar la oyó un cazador, me vio y me pegó un tiro en la pierna y si no llega a ser por unos helechos hubiese muerto.

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Samuel

Caperucita roja

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o entré en casa de mi abuelita, toda ansiosa porque quería que se comiese la comida de la cestita. Y así me lo agradece, metiéndose en el armario y haciendo que un lobo la sustituya echándose en su cama y poniéndose un vestido suyo. Y no hablemos del lobo, que se la intenté dar y me dijo que prefería comerme a mí. Justamente cuando dejé la cestita


encima de la mesa, apareció un cazador que le pegó cuatro tiros, cuando mi abuelita salió del armario y el lobo empezó a correr por el campo... Como yo tenía tantas ganas de que se comiese la cestita, el cazador, mi abuelita y yo nos comimos lo que había dentro entre los tres. Celia

uando la cálida luz del sol entraba por mi ventanuca de la torre me desperté muy lentamente, me asomé a la ventana y observé que ya era primavera. Las mariposas revoloteaban, los pájaros aprendían a volar y las abejas volaban entre las flores. Tranquilamente me miré al espejo y cogí el cepillo. Como hacía tan bueno me asomé otra vez y saqué con suavidad mi melena por la ventana, mi melena llegaba casi, casi, hasta el suelo. Empecé a cepillarme, pero de repente sentí un tirón de pelo, ¡pensé que me quedaba calva! aguanté y aguanté hasta que no pude más, con un fuerte meneo de melena tiré al príncipe. ¡Pero qué hace éste subiendo por mi pelo! ¡loco!. Esa tarde tenía un gran gran dolor de cabeza, aunque el día seguía tan bueno como por la mañana.

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Elena

o iba tranquilamente a casa de mi abuela, tenía una cesta con comida, y se acerca una bestia peluda y maloliente, y dice que yo me acerqué a el. Luego corrió tras de mí, y dice que hicimos una carrera, luego cogió un atajo y llegó a casa de mi abuela, metió a mi abuela en el armario. Luego llegué yo, ya sabía que estaba en casa de mi abuela. Mi abuela tenía una escopeta, el lobo agarró la escopeta y se disparó en la pata, y dijo que fue el cazador.

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Randy


o estoy echa polvo, estos niños si no la lían allí, la lían aquí. Mira cómo pasó, es que el otro día me fui de visita a casa de mi tía, y les dije que yo tengo las llaves de casa. Abren la puerta y el lobo se los come, además el más pequeño casi se ahoga en el reloj. Cuando volví, mi hijo me lo contó todo y también dónde se había ido el malvado lobo, así que nos fuimos al bosque , y así fue como había dicho mi hijo, ahí estaba el lobo gordísimo como un hipopótamo, inmediatamente mandé a mi hijo que me trajera tijeras, hilo y aguja . Unos minutos después vino con todo, empecé a cortar la barriga del lobo para sacar los cabritillos uno a uno, cuando salieron todos les mandé que trajeran muchas piedras. Entonces empezaron a traerlas y las metí dentro y cosí la barriga. De repente se despertó el lobo, sin sospechar nada fue al rio a beber pero por comilón se ahogó en el río y nosotros comimos perdices con el culo caliente.

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Patricia

rase una vez un lobezno que iba a traerle unas chuletas de ternera a su abuela y se encontró a una humana llamada Caperucita Roja. Ésta le preguntó: - ¿Dónde vas? - A casa de mi abuelita. - ¿Dónde queda? - En el centro del bosque , - Te echo una carrera hasta casa de tu abuelita.

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Después de un rato llegó Caperucita Roja, entró dentro de la casa y se comió a la abuelita. Luego llegó el lobezno y entró, Caperucita Roja se disfrazó de la abuelita. -Abuelita, abuelita qué orejas más pequeñas tienes. - Es que soy vieja. - Abuelita, abuelita qué ojos más pequeños tienes. - Es que soy vieja. - Abuelita, abuelita qué boca más pequeña tienes. - Es que soy una humana. Se estaba tragando al lobezno entró un cazador

Erik

o me levanté como siempre a las diez. Me trajeron el desayuno a la cama y ¡huy! Vi que mi pelo estaba enredado. Lo cepillé en la ventana, con un cepillo y un rastrillo hasta que de pronto me dan un tirón de pelos. Pero, ¡quién sería el mal educado que me tira del pelo, uy, por dios! Y él trepando tan tranquilo. Yo, de repente, vi que era un príncipe subiendo por mi pelo y ensuciándomelo .Pero le miré fijamente a los ojos. Y me quedé asombrada .Nos hicimos novios, nos casamos, tuvimos una hija y somos felices.

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Alba

-Iba yo tranquilamente por el bosque y de repente me encontré con un lobo que me preguntó adónde iba y le respondí que a casa de la abuela, y él me dijo un camino más corto de llegar, yo fui como me indicó. El lobo llegó antes que yo a casa de la abuela y se puso su ropa porque la abuela se había escondido en el armario; cuando yo llegué, al ver el lobo con la ropa de la abuela me asusté y grité y al instante llegó un cazador y le pegó un tiro al lobo. El lobo escapó como pudo y entre todos nos comimos la cesta de dulces que yo traje a la abuela. Jairo


Un día Hansel y Gretel fueron a dar un paseo y desobedeciendo a sus padres se adentraron en el bosque pero se adentraron tanto que se perdieron. A lo lejos vieron una casa hecha de aceitunas, pepinillos, nueces, etc, etc. Y entraron, dijeron que les quería comer tan solo porque les ofrecí comida, me echaron al fuego y luego empezaron a desordenar toda la casa porque dijeron que yo tenía capturados a sus amigos. Me llamaron fea y dijeron que en los cuentos siempre era la mala. Y ahí fue cuando llegó usted señor guardia. Paola


La otra cara del cuento