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EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS

GUILLERMO LOPETEGUI

Seguí con la frente apoyada contra los antebrazos y pensé que ella también creía que todo se daba fuera de la planificación; que lo nuestro era espontáneo, como la vez que recogí una gruesa arma y me fui a caminar a lo largo de la mañana que nacía a los fondos del Parador Viejo, sobre la barranca coronada a veces por los perfiles de las gaviotas. La lluvia me encontró cercano a un tronco olvidado, paralelo a la orilla. Volví a trepar por entre cardos y flores ocultas por los yuyos, en dirección a los sempiternos caminos principales. La lluvia se convirtió en granizo y corrí saltando charcos, temiendo rayos que quebraran algunos de los eucaliptus que formaban las largas y estrechas avenidas; piso de hojas donde resonaba cierta soledad. Me oculté bajo el alero de una choza abandonada y recordé que ya antes, los tres habíamos estado allí. Respiré hondo de saber que la lluvia, el casi vendaval, no las habría agarrado a ellas; que ellas seguían durmiendo; soñando portés y fuetés bajo un cielo raso inclinado que ocultaba lo bruscamente nublado del día. Fumé un cigarrillo y pensé que prefería este tiempo y la rama que permanecía fiel a mi mano, dibujando ahora el piso de tierra dos caras de muchachas que se hacía necesario imaginar. Levanté mi frente y la observé sin tener palabras, argumentos. Con un dedo escribía nuestros nombres sobre la arena húmeda y los encerraba en un corazón del que enseguida me reí, sonreí o casi lloro. Ella no lo advirtió y me miró de frente, con el torso girando hacia mí, con la amenaza de sus dos enormes senos siempre prontos para mis labios. Encendí un cigarrillo y el humo de la primera pitada lo dispersé de cara al manto sereno, acuoso y conocedor de secretos ocultos en alguna parte. Pensé que también se podría llevar secretos míos; secretos que a nadie más podrían interesar. -Desearía que nuestros nombres jamás se borraran; que el mar no llegara hasta aquí – dijo ella, con una voz fresca y casi apartada de su tosquedad; su cuerpo rollizo y sus casi cuarentaicinco años que, lógicamente estaban plagados de sufrimientos, injusticias, soledad y supuesto salvador que tendría que ser yo -. Porque no me interesa nada más que nosotros; porque ahora te tengo a ti y todo lo demás, hasta el mismo mundo, puede desaparecer. No hablé y le acaricié el rostro, movido por el tedio estático que nos encontraba a los dos como bultos ovillados de un pasado picnic. Ella era eso que tenía a mi lado: único presente de una noche sin festividades; una noche que se iba haciendo larga y vacía como aquellas casas de donde la música había escapado, dejando en su lugar una extensión de mi propio silencio; fantasmas de otras fiestas moviéndose por interiores revestidos de una madera que se pudría inevitablemente; pensamientos que giraban desarticulados dentro de un cuerpo entregado a los cuarenta kilómetros de arena, las piernas recogidas, la brasa del cigarrillo que no iluminaba nada. Señalé un resplandor al pie de la barranca. Me paré y le dije que me esperara. Ella continuaba escribiendo, reescribiendo nuestros nombres, cuando me alejé sin volverme a lo que dejaba: el cuerpo encorvado, el perfil en sombras metido sin importancia en la oscuridad plomiza de la playa. Del resplandor pasé a divisar algunas llamas escapando de paredes cóncavas armadas en la arcilla. Después, todavía lejos pude ver al hombre o la cosa que quién sabe cuándo, había decidido residir allí: perpetuo diálogo uniendo curvas arenosas, con Alfa Centauro que casi rozaba el horizonte. El hombre o la cosa movía las brasas con una rama a medias tiznada. Cuando me vio llegar se paró de frente y agarró otra rama, seca, que blandió en la otra mano. Me detuve y gasté algunos minutos, observándolo en silencio. Tal vez pudiera haberse repetido la otra escena, cuando en aquel Viernes de Pasión dejé la reposera y me fui en busca de las 36

EL PARQUE DE LOS ULTIMOS REGRESOS  

El parque de los últimos regresos reúne grandes producciones narrativas de Guillermo Lopetegui.

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El parque de los últimos regresos reúne grandes producciones narrativas de Guillermo Lopetegui.

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