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CASAL DE GENT GRAN DE SANT ANDREU NARRACIONS CURTES


Cuando me levanto por las mañanas lo primero que hago es acercarme a la ventana y subir la persiana para que entre la luz del día.

Miro a través de los cristales; el cielo azul limpio de nubes, el sol empieza a extender sus rayos luminosos; la calle despierta; pasan los niños que se dirigen al colegio, unos cargados con sus mochilas llenas de libros, otros con sus carritos con el mismo fin. Sus voces, sus risas, atraviesan los cristales ¡Que alegría verlos y oírlos!

Es

el despertar de un día cualquiera que la naturaleza me

regala ver, oír y sentir vida.

Por un momento imagino la ventana cerrada a cal y canto, sin ningún resquicio de luz, silencio absoluto: sin ver ni oír nada, sin ningún aliento de vida, sólo oscuridad. No se como reaccionaría. Soy miedosa y espantadiza, necesito oír pequeños ruidos, como la gota de agua que se escapa de un grifo, los pasos de la vecina, una puerta que se cierra, etc. Incluso cuando voy a dormir no bajo nunca la persiana del todo, tengo que sentirme acompañada por la luz de la noche.

Sólo con pensarlo creo que mi corazón dejaría de latir. Mercè Ezquerra Campodarvi


icen que cuando se escapa la vida los ojos han soltado su alma y yo, que soy una infeliz aguja, no sé si he muerto o sigo viva. Y digo esto porque a veces me prenden en un acerico y allí permanezco olvidada. Tengo paciencia, no puedo disimular las ganas de que me enhebren y a empezar a coser, porque ése es mi oficio. Os advierto que cuando me cogen de mala gana, no dándome el valor enorme que tengo, no lo puedo remediar y pincho con toda mi alma, porque sé que la tengo, si no ¿cómo iba a sentir lo que os digo? Hace tiempo oí a una madre reprender a su hija porque no hacía caso de la costura, decía que la aguja tenía don puntas para ella. Yo me sentí herida, aunque sé que las madres dicen cosas que no sienten y a lo mejor a esa chiquilla llegaron a gustarle algún día las agujas. Alguna vez me han comparado con los alfileres ¡Qué ignorantes! Mi calidad es muy superior y, por supuesto, lo compruebo cuando finalizo la última puntada. Puede ser un vestido de novia, o el ajuar,, o cualquier prenda maravillosa ¿No os dais cuenta de que soy estupenda? También quiero hablaros de mi abuela, que era una aguja de lo más humilde. Me contaba que antes las mujeres aprovechaban muchísimo la ropa cosiéndola una y otra vez. Con los calcetines, si se hacían agujeros, se metía un huevo de madera dentro del calcetín y, puntada va, puntada viene, se tapaba el roto y quedaba de lo más perfecto. Antes las agujas teníamos muchísimo más trabajo que ahora y los trabajos ni se premiaban. Pero yo tengo aspiraciones; algún día, esforzándome mucho, sé que… ¡Podría llegar a ser Aguja de Oro! ¡Que ustedes cosan bien! Buenas tardes.

Dorita


RELATO BREVE DE UN ENCUENTRO FUGAZ

Querida mamá: Alguna vez he pensado escribirte pero, siempre, he desistido por considerarlo fuera de lugar ¡Cuánto tiempo ha pasado¡ ¿Sabes mamá? Cuando te marchaste, tu partida no fue una tragedia. La tragedia fue vivir y verte vivir de aquella manera inmersa en el dolor de tu despiadada enfermedad. “Ya descansa”, dijo alguien a mi lado, y yo asentí. Si tú descansaste o no, es algo que desconozco. De mí, sé decirte, que me quedé suspendida en un vacío glacial. Llegaron después otros vacíos y fueron tantos que, siempre, el último desplazaba al anterior. No ocurrió lo mismo con los glaciales que cada uno trajo tras de sí. Esos, permanecieron y permanecen ahí, creciendo, agrupándose, e invadiendo los océanos del alma. Pero no es esto de lo que quiero hablarte. La razón por la cual te escribo, es el encuentro de esta mañana. Buscando alguna cosa sin importancia, inesperadamente, te he visto ¡Me he emocionado mucho¡ No era sólo una fotografía, era mucho más… Allí estabas tú. Tu figura, tu mirada, tu sonrisa, tu dinamismo, tu energía, tus manos que adoro, la escalera que siempre subías corriendo, tu alegría, las flores que crecían con tus cuidados, tu amor, tu risa que sabía cantar… Mamá, quería decírtelo porque, además de verte, hoy he estado contigo, y ha sido muy hermoso. Un besito, Pilar


Un anochecer de verano, el Sr. Gutiérrez salió a la terraza de su domicilio con la intención de encender la luz, estirarse sobre una de las hamacas y esperar la llegada de su amiga la salamandra, como había sucedido otras noches. Su sorpresa fue verla en su lugar de observación, aparentemente dormida, aunque con los ojos abiertos y los músculos en posición de ataque. Postura que no modificaría con la aparición de la luz. ¿Cuál sería la causa para que la metódica salamandra hubiera salido del escondrijo diurno antes de la hora habitual? La respuesta nos la ofrecía ella misma con el fallido intento por atrapar el primer insecto que llegaba atraído por la luminosidad de la lámpara. Debería tener mucha hambre. ¿Y qué sucede cuando existe la acuciante necesidad de conseguir una cosa? Pues que casi nunca se consigue.


Lo que sucedió: 1. Que el cosquilleo que debía tener en su estómago le había impedido esperar hasta la hora oportuna para salir, o sea, cuando la lámpara estuviese encendida. 2. Que la obsesión por meter algo en un estómago que le pedía con insistencia, la hizo lanzarse sobre la primera presa sin respetar los tiempos que toda acción requiere. A saber: observación, paciencia, acercamiento sigiloso, espera a que la propia presa se acerque y ataque a la distancia adecuada y por sorpresa. Ante el fracaso de que la mariposilla voladora se hubiera escapado por donde había llegado, la hambrienta salamandra se retiró junto al cable de la antela, cerca del techo y allí permaneció el tiempo necesario para meditar sobre lo sucedido y conseguir el dominio de la cabeza sobre el estómago para actual según la norma que tantos éxitos le había proporcionado. Sólo unos minutos después volvió junto a la lámpara y se quedó tan inmóvil que más bien parecía una rugosidad de la propia pared que un ser viviente. No hacía movimiento alguno, esperaba y esperaba hasta que una mariposa se llegó a poner delante de su propia boca la cual no podía despreciar. Había tomado la primera ración, poco para cuanto necesitaba, pero actuando así llegarían las presas que le seguía pidiendo su estómago. Por suerte para ella llegaron hormigas voladoras y mariposas en tal cantidad que hasta el paciente observador le cansaba el atracón de su amiga, por lo que decidió adentrarse al interior de la vivienda, meterse en la cama, y dar rienda suelta a los recuerdos sobre aquellos hechos que las urgencias, impaciencias y falta de acción sensata le habían proporcionado fracasos y decepciones.

Tomás Martín Cifuentes


Són feliços els peixos ?

Felicitat:

Estat d’ànim plenament satisfet. Estat d’ànim que es complau amb la possessió d’un bé. És un sentiment agradable de satisfacció i absència de patiment. El terme és un dels més importants en filosofa, ja que la seva recerca acostuma a ser l’objectiu primordial de l’ésser humà. _________

Camino pels volts del llac i, com que fa calor, decideixo seure en un raconet, banyar-me, llegir i contemplar el relaxant paisatge. L’aigua és transparent i veig els peixos nedar tranquil·lament. Llavors em pregunto: són feliços els peixos ? A primera vista sembla ser que sí, sobre tot

si contemplem els seus moviments

tranquils i harmoniosos... I els ocells... ? Jo afirmaria rotundament que sí, que també ho són molt de feliços. Sembla que, uns i altres, si gaudeixen del seu medi sense interferències agressives són feliços. O al menys això creiem molts dels humans que els estem contemplant. I no n’hi ha per a menys. ¿ No us ha atret mai la idea de

transformar-vos en éssers voladors capaços de moure’s pel cel blau i

atalaiar mars, muntanyes, rius, ciutats... o bé tenir la capacitat de navegar immersos en les fondàries abissals dels nostres mars tot contemplant les meravelles que, de ben segur, hi contenen ? I una tercera pregunta: Som o podem ser feliços els humans ? Jo diria que, la resposta per a molts i moltes d’aquesta espècie és que, en algun moment de la vida, hem tingut aquesta sensació de plenitud i felicitat.


Segueixo rumiant en l’abast de la felicitat quan s’instal·len al costat meu (estic en una petita pesquera de fusta que s’endinsa quatre o cinc metres dins del llac) un nen i una nena d’uns cinc o sis anys amb el seu pare. Volen pescar i em pregunten si no em faran nosa. Al contrari. Els hi faig una mica de lloc i m’endinso en el llibre que estic llegint... però la proximitat fa que atengui més a la conversa dels nens que a la meva lectura... “Mira quants peixos... quan plou què fan per no mullar-se ?... Papa, si no ens mengem l’esmorzar, la xocolata, serà xocolata desfeta... A aquest senyor -(jo !!)- no li deuen agradar els peixos per que no para de llegir... Que passaria si es buides de cop tot el llac ?... Papa, per què els ànecs sempre van en colla ?... Mira quants gavians ! Com és que estan tots junts al mig del llac ?... Aquesta tarda anirem a veure a la cosineta que està malalta i li portarem una coca que ha fet la mare...” Quan, entre grans exclamacions d’alegria, han pescat sis petits barbs, la Joana i el Marcel –aquests són els seus noms- per indicació del pare els tornen a l’aigua, tal com indica l’ordenança del llac. Els nens han estat plenament feliços i els peixos que han pescat... ho tornaran a ser. Llavors, ja sol una altre vegada, penso que no hi ha felicitat total. Estem envoltats d’incidències i condicionants que ens permeten gaudir, a voltes, d’una felicitat etèria intercalada amb la realitat pura, dura i prosaica de cada dia, de cada moment. I em dic: cal aprofitar aquests breus moments de la vida. Són com vitamines que ens ajuden a mantenir la fortalesa en front dels altres moments... que n’hi han molts !! Vaja, ja se que no he dit res de nou. Deu ser que les calors de l’estiu em fan venir elucubracions de vol gallinaci. Acabo amb aquests versets desenfadats, “inspirats” allà mateix, per a completar aquesta reflexió estiuenca.

Siguem feliços, gaudim de la vida, no ens estem de res ni de nit, ni de dia...


He cercat la felicitat en mi mateix, i no l’he trobat. L’he buscat en la conversa amb l’amic desanimat, i... allà hi era, allà l’he trobat.

Jmb (Estiu, 2012)


Erase una vez una Ranita que vivía en una charca. La Ranita era muy joven y muy inquieta, pues siempre estaba mirando las estrellas, pero una noche vio que una la estaba llamando y sin pensarlo se puso a dar saltos, y saltos… esperando alcanzarla, pero tanto saltó que al final se quedo dormida. De pronto sintió que la estaban picoteando y cuando abrió los ojos el sol brillaba, y una Oca la estaba mirando, la Oca la dijo:

–Señora Ranita ¿que hace usted por aquí? Y la Ranita le contestó: –Estoy buscando una estrella, y la Oca replicó: – Pero si por aquí no ay estrellas. A lo que la Ranita dijo: – Pues yo anoche la vi y la Estrella me llamó, pero estaba tan cansada que quedé dormida, por eso, señora Oca, le pido que me ayude a encontrarla. La Oca se puso a pensar -¿pero que puedo hacer?- hasta que, de pronto, la Oca levantó el cuello y se puso a agitar las alas. Entonces aparecieron unas gallinas y la Oca les contó que la Ranita buscaba una estrella y que pedía su ayuda. Las gallinas es pusieron a picotear y cacarear y apenas la miraban.

La Ranita las observaba y se dio cuenta que no le hacían caso y entonces se en fado y les pregunto por qué no la ayudaban. Las gallinas la miraron y le contestaron que no podían ayudarla, ya que nos acostamos muy temprano y no vemos las estrellas, pero te podemos acompañar a ver al cerdito. Y todas juntas se fueron a ver al Cerdito.


Señor Cerdito le - dijo la señora Oca - aquí venimos las gallinas y yo a pedirle ayuda pues la Ranita busca una Estrella y nosotras no podemos ayudarla. El Cerdito movía el hocico y pensaba que podía hacer y, de pronto, les dijo: No sé donde está la Estrella pues por la noche yo estoy durmiendo. La Ranita llevaba tanto tiempo sin comer y saltando con la Oca y las gallinas que estaba cansada y hambrienta, pues la Oca y las gallinas no dejaban de picotear en la yerba y hasta el cerdito iba mordisqueando en la pradera y así se lo hizo saber la Ranita a los demás y todos se pusieron a pensar. De pronto el Cerdito dijo: –Tengo una idea, vamos hablar con el Borriquito pues el siempre está en la pradera. Así pues todos se pusieron en marcha hasta que encontraron al Borriquito. Señor Borriquito, dijo el cerdito, aquí venimos la señora Oca, las gallinas y yo acompañando a la Ranita, que está buscado una estrella y como nosotras nos acostamos muy pronto no podemos ayudarla. El Borriquito se puso muy serio y dijo: –Bueno, bueno, bueno… las estrellas vienen solas pero cuando se van también lo hacen solas. Entonces la Ranita dijo que tenía mucha hambre y que quería volver a su charca, el Borriquito le respondió que a esto sí que le podía ayudar, y la subió en su lomo y todos se pusieron en macha y, mientras caminaban, la Ranita iba comiendo esos bichitos que tanto molestaban al Borriquito y así llegaron a la charca de la Ranita. La Ranita se puso muy contenta y dio las gracias a sus amigos esperando que la visitaran de vez en cuando.

Y colorín

corlado este cuento se ha acabado. Escrito por PERPE


___________________________________ Clara y Sonia, su hija, discutían acaloradamente. Cuando la joven iba a visitar a su madre ocurría siempre lo mismo. –Pero mamá, por favor, que tú eres inteligente y sabes que no es bueno ni saludable lo que estás haciendo. Clara comprendía que su hija insistía por su bien, incluso reconocía que tenía razón, pero su estado de ánimo no levantaba el vuelo. Su tristeza era tan honda que lo superaba todo, y solo se encontraba feliz en su casa, sola, y en su sillón preferido viendo la televisión. Bueno, viéndola sí, porque oyéndola parece que no, ya que con demasiada frecuencia se preguntaba aquello de ¿Cómo terminó la película?... Se empezaba a preocupar, pero no lo decía, porque aumentaría el tono de los reproches de sus dos hijos. –Jorge va a venir dispuesto a llevarte a tomar una café en alguna terraza… –Os ponéis pesados, cariño ¿No os dais cuenta de lo que he perdido? Vosotros tenéis la vida por delante, con vuestros hijos, y os toca vivir por y para ellos. Yo ya hice mi camino, y ahora sola… ¿para que luchar? –Oye mamá, que tú eres joven, hoy día 75 años no es el fin, es madurez. Así te estás apagando sin darte cuenta, como una velita. Y lo que más nos preocupa es que cada vez tienes más lapsus de memoria y todo por este maldito aislamiento. Mamá ¡que dentro de unos días se cumplirán cuatro años de la muerte de papá! No puedes seguir así, no te dejaremos. Clara sintió una punzada en el pecho ¡cuatro años ya! Después, cuando su hijo Jorge llegó, fue más de lo mismo.


Tuvo que reconocer que tenían razón, que no era bueno el total aislamiento en el que se había refugiado, pues se daba cuenta de que su cerebro no funcionaba como antes. Y al día siguiente se levantó dispuesta a dar un paso, como les había prometido a sus hijos, esforzándose en no caer en la tentación de dejarlo “para otro día”. Ya en la calle caminó sin rumbo fijo, hasta que, de pronto, se encontró ante la entrada de un Casal para personas mayores y recordó que allí había estado practicando yoga, hacía tiempo, mientras su marido, cuando se jubiló, la esperaba y se entretenía viendo jugar al billar o al dominó y, a veces, él mismo participaba. Entró, y al hacerlo comprobó que alguna cosa había cambiado, pero en conjunto todo seguía igual. Cuando llegó al taller de pintura, Clara disfrutó viendo algunos trabajos que le parecieron maravillosos. Alguien se fijó en ella y le animó a asistir al taller pero ella, insegura, indecisa, no se quiso comprometer. Después, camino de vuelta a casa, se lo fue pensando y tomó la decisión de probar. Pasado dos meses de iniciar esa nueva etapa comprobó que aún tenía una ilusión que le llenaba la vida. El hacerse mayor y añorar a seres queridos que se fueron, no es razón para retirarse del mundo, que tantas cosas bellas tiene. Se decía. Clara pintó un cuadro en el que quiso plasmar su agradecimiento a todos cuantos trabajaban allí para ayudar a los mayores y estimularlos en su última y mejor etapa. Y aquel cuadro se colgó en un lugar preferente del taller y, cada vez que entraba, lo miraba agradecida y contenta. Al cabo de un tiempo le otorgaron un premio. –Gracias. Muchas gracias a todos –les dijo emocionada. He vuelto a vivir, a tener una ilusión, a sentirme viva. Y sus hijos, como no, se sintieron orgullosos y felices de ver a su madre tan cambiada. C armen Sánchez


¿Qué hay después de la jubilación?

Supongo que si se hiciera esta pregunta a cada uno de los jubilados, las respuestas serían varias. Unos dirían que está el merecido descanso tras una vida de trabajo, que indudablemente así es, la desaparición del estrés, que es el origen de diversas enfermedades, lo cual no es poco; otras personas, sin embargo, contestarían que se sienten inútiles, incluso que han llegado a padecer depresión. En mi caso hay un poco de todo. Al principio, por las noches soñaba con mi trabajo, en ocasiones sueños agradables, otras veces eran pesadillas, pero no podía olvidarlo. Creo que hoy, al cabo de casi tres años, todavía no lo he conseguido. Pero era tranquilizante el no tener que poner el despertador cada mañana, poder trasnochar y al día siguiente despertarte por ti misma. Transcurrieron varios meses y mi vida era mi hija, mi marido, la casa, el gimnasio, los paseos y poco más. Pronto me di cuenta de que yo necesitaba aprender, dar y recibir y llenar mi vida de nuevas experiencias. Así que empecé a buscar actividades, que además de gustarme y tenerme ocupada, me enriquecieran y activaran tanto mi espíritu como mi mente. Lo primero que hice es buscar un taller de lectura y, por suerte, lo encontré enseguida, en el Casal de Gent Gran de Sant Andreu, que es el que me corresponde por mi domicilio. Lo dirigen voluntarios. Allí encontré, además del taller de lectura, un grupo de personas con las que enfaticé desde el primer momento. Me incorporé al equipo de la revista Llegir i Pensar que hacemos entre todos, y que trata principalmente sobre el libro que leemos cada trimestre y que ahora nos presta la Biblioteca Ignasi Iglesias-Can Fabra. Yo había estudiado francés, tanto en el Instituto como en la Universidad y para mí aprender inglés era una asignatura pendiente. Lo mismo le ocurría


a mi marido, así que nos apuntamos los dos a primer curso, junto con otras personas mayores. Nuestro profesor tiene 81 años y realiza esta actividad como voluntario. Además me he apuntado a un taller de memoria y a otro de pintura, cuyo profesor también es jubilado y voluntario. Aparte de estas actividades, colaboro como voluntaria junto a otras compañeras. Con ellas voy a una Residencia de Día, en la que unas explican historias escritas por ellas mismas, otras recitan y otra compañera y yo cantamos canciones de otras épocas. También vamos a dos escuelas de primaria a explicar cuentos, vivencias, recitar poesías y cantar canciones infantiles. Ahora sí me siento a gusto, pues por una parte aprendo de personas totalmente desinteresadas, que desean transmitir sus conocimientos y su experiencia y por otra yo hago lo mismo como voluntaria en lugares tan distintos como una Residencia de Día y dos Escuelas de Primaria, en donde todos aprendemos unos de otros, llevando ilusión, afecto, alegría,…. tanto a pequeños como a mayores. Y es que después de la jubilación hay mucho que hacer y lo más importante es mantenerse activo y compartir nuestras experiencias ayudando a los demás. Cuanto más damos, más recibimos. Lo he comprobado.

María Teresa Rubio Martínez


Casal de Gent Gran de Sant Andreu.  

Narracions curtes. III Mostra Creativa Biblioteques de Sant Andreu.

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