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La Libélula Revista Independiente de carácter crítico y cultural

Número 7 – Año 1


Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía. Octavio Paz

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A MANERA DE PRESENTACIÓN Y de la nada estamos aquí de nuevo, La Libélula no deja de sorprenderme, un día no tiene alas y al otro vuela ágil por este mundo, esas alas que se construyen de a poco, que se forman en tecleos y pensamientos de cada uno de quienes han colaborado en nuestra publicación. Realmente colaborar con gente tan talentosa es un placer de esos que se gozan mucho, de los que buscan ser repetidos. Pero pongámonos honestos, es placentero porque allá afuera nos inundamos de violencia, de políticos insufribles, de religiosos obscenos, de injusticias. La verdad, de a diario nos enteramos de algo que nos invita a dejar de soñar, crecemos, porque crecemos toda la vida, en un ambiente polucionado con ideas mal habidas de personas que creen tener la razón y el control del mundo. Es en esos instantes en los que La Libélula se convierte en un contenedor de sueños, ideales y opiniones, esta publicación resulta un espacio para la expresión, para la imaginación y el gozo, no quiero caer en un romanticismo paternal, pero me encanta presumir esto que estamos construyendo juntos. Precisamente por eso nuestro numero 7 viene plagado de historias nacidas de los imaginarios de muchas personas que han decidido dar a conocer lo que su mente puede crear, encontraran que las cosas no son lo que parece y que al diablo le gusta el café con azúcar de la mano de Lupe. Trilce a través de sus letras nos confronta con una historia que se antoja real en muchas partes del país, Miguel abraza esa necesidad humana, la de la compañía, con una narración sublime. Completamente acorde con el tema de los sueños Vladimir comparte algunos, y como el amor se construye de sueños y recuerdos Gabriela habla del suyo, Juan José nos presenta un talismán en actos para complementar los propios. Por otro lado Jorge nos acerca a la discriminación en los centros de salud, Rosario cena con los muertos, muy acorde con las fechas, pero no paramos ahí porque Alejandra desmenuza el trabajo de Terry Gilliam, todo aderezado por Blonde Redhead. Disfruten lo que les ofrece La Libélula, construyan sueños y compártanlos, ya para finalizar le agradezco personalmente a Jorge Jiménez por una excelente portada más.

EDMUNDO

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De lo “habitual” a la discriminación Jorge A. Martínez Galván Les quiero compartir una experiencia tenida recientemente que se relaciona con el término habitual, por ello iniciemos aclarando qué significa este término. Según mi diccionario Larusse el término habitual es: adj. Común, frecuente. Pero esta palabra es un derivado de la palabra hábito, la cual nos puede indicar la vestimenta de los curas o una practica repetitiva en la manera de actuar. O bien nos puede llevar a la psicología, que define el término hábito como una tendencia estable adquirida por la repetición, que engendra un mecanismo más o menos automático de acciones encadenadas. Pero mientras más le rasquemos a la roncha más aguda se hace la comezón, así que mejor nos quedamos sólo con estas escuetas definiciones para no llegar al habitus y a todo lo que conlleva hablar de este “tan simple” término (habitual). Que analógicamente puede ser igual de maleable que la masa para las tortillas, los tamales o como aquel tan ahora famosísimo Rafael Acosta “Juanito”. Bueno, dejando de lado las definiciones y mis analogías escudriñables, les cuento que hace unas semanas una vecina me pidió el favor de cumplir con el requisito que debe presentar todo aquel o aquella que ha sido sometido o se someterá a una cirugía en alguno de los eficientes hospitales públicos del Distrito Federal: la “donación de sangre”. Llegué el día acordado con la vecina a un hospital del IMSS dispuesto a “donar” mi sangre. Al pasar a la recepción, donde me dieron unas hojas y me pidieron mi identificación oficial, fui objeto o sujeto de lo que he identificado en este caso como el primer paso de la discriminación, sí, el primer paso. Al entregar mi credencial del IFE, la señorita que me atendió volteó a ver si era el mismo de la credencial, inmediatamente me dijo: ¡tu no puedes donar! Sorprendido al escuchar esas palabras sin siquiera haber pasado por el segundo paso de la discriminación, me enojé y le pregunté: ¿por qué?, ella respondió amablemente –porque traes un percing y no puedes donar, porque las personas que traen esas cosas en la lengua, la nariz, los genitales y otros lados están propensos a contraer infecciones-, le contesté un poco exaltado e irónicamente que no hacia más de dos años que había donado sangre en una clínica del IMSS y no había tenido ningún problema. Enseguida la recepcionista me mandó con una doctora para que ella me explicara por qué no podía donar. Después de estar unos minutos sentado en un pasillo, rodeado de muchas personas que ya habían sido sometidos al segundo paso de la discriminación y que salían de donde les tomaron la muestra de sangre, pasó una doctora, me tocó el hombro y me dijo que la siguiera. Entramos a un consultorio y me preguntó qué era lo que pasaba, le respondí que me habían

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mandado con ella porque no podía donar sangre por traer un piercing en la ceja. En seguida comenzó a cuestionarme acerca del lugar donde me hice la perforación, las medidas de higiene, el instrumental utilizado y los años que tenía con la perforación. A las preguntas y respuestas le siguieron una serie de incongruencias sobre las medidas que debía tener el donador, entre ellas resalto sólo dos: 1) en un tríptico que me había proporcionado la vecina, el cual le habían dado en el mismo hospital, decía que se debían retirar setenta y dos horas antes de la donación sólo los piercing de la lengua, nariz, pezones y genitales debido al contacto con mucosas, indicación que según la doctora no era cierta. 2) La doctora me invitaba a hacer una donación posterior, para la cual me debía quitar el arete dos meses antes ¿cuál es el objetivo? No lo sé, pues bien pude haberme presentado sin arete y decir que tenía más de dos meses sin él. Luego de oír las barrabasadas que dijo, le pregunte que, entonces por qué las mujeres sí pueden donar sangre si ellas tienen perforados los lóbulos de las orejas, la respuesta que me dio fue aún más disparatada que los argumentos supuestamente clínicos que me había dado, la gran respuesta fue: “es que en las mujeres es habitual traer aretes y en los hombres no lo es, yo creo que es moda o no sé por qué se los ponen”. Le pregunté que si no creía que eso más bien era una construcción cultural. Pues quién no recuerda a hombres trascendentales que han usado perforaciones, por ejemplo, Judas Iscariote (personaje bíblico), Juan del Diablo (personaje telenovelesco de la década de los noventas del siglo pasado), el genio de Aladino o el de maestro limpio, entre otros. Por último, en las instituciones públicas de salud en el D.F. no es raro ser discriminado, pues inclusive, los cuestionarios que aplican los médicos en el segundo paso de la discriminación para la donación de sangre, van más allá de las perforaciones y los tatuajes, cuestionando tu preferencia sexual, el consumo de ciertas substancias, la pluralidad de parejas sexuales, el ser objeto de una violación por lo menos durante el año anterior a la fecha de la donación, como si una mujer u hombre trajera un letrero colgado del cuello que diga “no me vayan a violar porque pienso donar sangre”, ¿cómo por medio de un cuestionario un sujeto tomando como base sus prejuicios puede saber si tu sangre sirve o no? peor aún, cuando lo hacen sin siquiera haber aplicado el dichoso cuestionario. Ahora sólo nos falta que cuando llegues a donar sangre y el sujeto que verifica que eres quien porta la identificación, con el hecho de ver tu código postal, sexo o edad te diga que no eres candidato a donar pues por residir en un lugar, ser hombre o mujer y joven argumente que tienes una condición de vulnerabilidad o un alto porcentaje de tener tu sangre infectada por residir donde resides.

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Comer con los muertos Rosario Mata (Primera parte en http://rosariomata.blogspot.com)

Los mexicas dedicaban un mes entero a celebrar a los muertos chiquitos, los niños, la celebración que se llamaba Miccailhuitontli y sucedía alrededor de nuestra mitad de julio. Cortaban el árbol de xócotl y le quitaban la corteza, al siguiente mes, celebraban el Ueymicailhuitl, para los muertos grandes, era en principios de nuestro agosto y hacían procesiones en torno al mismo árbol, cuando caía. Entre las cosas que hacían, ponían ofrendas para recordar a los muertos y había festines para los asistentes. Habrá que recordar que la idea del inframundo y la vida después de la muerte en la tradición mexica es compleja y extensa. La tradición gaélica -que conocemos en general como celta- celebraba el cambio de año y el término de la temporada de luz (verano) con el Samhain. Esto sucedía en nuestro 31 de octubre y 1 de noviembre, tiempo en el que la frontera entre el mundo material y el espiritual disminuía y los espíritus podían transitar el mundo de los vivos, la muerte podía tomar vidas de animales, plantas o personas. Coincidía con el tiempo de la cosecha y de empezar a preparar los alimentos para la temporada obscura (invierno). Encendían grandes fogatas, hacían festines, los jóvenes usaban máscaras de espíritus para asustar a los malos. Esta celebración pagana es aún observada por los neopaganos, entre ellos, los wiccanos, durante el Samhain preparan una cena en casa a la que el muerto querido es invitado, le ponen un lugar en la mesa y le sirven comida como a un invitado más junto a una vela blanca encendida y una tarjeta con su nombre. Durante todo el tiempo que dura esta cena se debe guardar completo silencio para honrar a los muertos que llegan invitados a cenar con sus seres queridos vivos. Durante el año nuevo sucede la terminación de asuntos y comienzo de nuevas etapas, esto se simboliza con el color negro, que es el color de los nuevos comienzos. El cambio de estas tradiciones a lo que hoy comúnmente conocemos como Día de muertos, en México y Halloween, sobretodo en Estados Unidos, ve su comienzo en momentos en que la tradición católica-romana se extendió en Irlanda y en México. Asociadas las dos celebraciones – la gaélica y la mexica- de los muertos con las del Día de todos los santos y el Día de los fieles difuntos tenemos hoy, después de mucho tiempo y con muchas

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influencias, el Halloween como una celebración secular y en la que principalmente los niños llevan a cabo los juegos y tradiciones que han conservado de la festividad pagana, pidiendo dulces de casa en casa a cambio de no hacer travesuras, usando disfraces y viendo películas de terror. Aunque podríamos decir que en gran parte del mundo se conoce el Halloween, hemos de recordar que empezó en la parte noreste de Estados Unidos donde llegaron en principio la mayor cantidad de inmigrantes irlandeses. El Día de muertos, que parece englobar el 1 y 2 de noviembre, donde el 1º es dedicado a los muertos niños y el 2 a los muertos adultos, es la tradición mestiza resultante de las celebraciones mexicas y las católicoromanas en la se dedicaba el 1º de noviembre a todos los santos que no tenían un día especial dedicado o que no eran conocidos, los mártires; el 2 de noviembre a todas las almas en pena, es decir a las almas creyentes que no habían limpiado sus pecados terrenales y estaban atrapadas en el purgatorio. Unidas y mezcladas, la tradición mexicana hoy es poner un altar a los muertos queridos, en la casa o en el panteón junto a sus tumbas. La creencia dicta que es a la media noche cuando las almas de los muertos empiezan a llegar, como se ha dicho, el 1º los niños y el 2 los adultos. El altar tiene como fin ofrecer a los muertos que regresan las comidas que disfrutaban en vida, diferentes elementos se incluyen en casi todas las variantes de altares para garantizar que los muertos encuentren el camino a casa y de regreso, para que disfruten su estadía con sus parientes y amigos vivos y que sepan que son recordados. Siempre he oído que quien pone un altar para sus muertos, cuando lo quita, es decir el 3 de noviembre, se come la comida que ha puesto ahí y como ya ha sido comida, no tiene sabor. Como los muertos no pueden comer materialmente, lo que le quitan a la comida es el sabor. Como vemos, en las tradiciones paganas se trataba de recordar e interactuar con los muertos. Celebrar tanto la vida como la muerte. Las tradiciones católico-romanas más que celebrar dedicaban dos días a almas en pena o mártires y resultaron organizando las celebraciones que hoy conocemos, un poco de paganismo y un poco de catolicismo-romano, parece que en el fondo no podemos olvidarnos de nuestros muertos y al menos, un día podemos invitarlos a comer a casa.

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Bandido del tiempo Alejandra Lomelí Cuando se habla del arte cinematográfico es muy común caer en la discusión de qué tanto éste es arte o industria, cuestión apasionante si se toma en cuenta que para la realización de un filme se mueven e invierten grandes sumas de dinero y como suele suceder, quien pone “la lana” es el que manda (productor) y la capacidad creativa e imaginativa de los cineastas se ve limitada. Sin embargo muchos directores se rehúsan a esa idea y así es como Terry Gilliam distingue su cinematografía del resto de sus colegas. La visita de Gilliam en nuestro país cumplió con dos objetivos: 1) ser el invitado especial con el que se inauguró el Festival Internacional de Cine de Morelia y, 2) el diálogo que sostuvo con el también cineasta y dramaturgo, Flavio González Mello como parte de las actividades que promueve la “Cátedra Ingmar Berman” de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la cual busca ampliar y fortalecer las nociones en cultura cinematográfica y teatral. La presencia de Gilliam obliga a realizar una reflexión no sólo a la gran aportación que ha realizado al lenguaje cinematográfico con su obra sino a pensar el arte como un medio de libre expresión y escaparate de la mediocridad. Personalmente bautizaría a Terry como bandido del tiempo, haciendo referencia al título de una de sus películas la cual le queda como anillo al dedo: artista dotado de gran imaginación, tiene la particularidad de entremezclar sueño con realidad, mundos imaginarios con mundos reales, aderezados por un ácido humor donde predomina la sátira, la parodia y la farsa. Bandido del tiempo porque no importa qué tanto alguna de sus películas se contextualice en la actualidad o incluso en un tiempo futuro como ocurre

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en Brazil1, sino que él decide “agarrar” elementos del pasado, fusionarlos y mostrarlos como presente donde la estética visual resulta exuberante y surrealista. El genio creativo que Terry demostró en su faceta como caricaturista para diversas publicaciones estadounidenses y británicas fue el preámbulo que lo iría perfilando como un artista sin límites capaz de crear mundos reales que parecen de ensueño, imaginación desbordada que Hollywood no comprendió cuando llegó como cineasta. Aun así la película de ciencia ficción Brazil fue la que le abrió por completo las puertas en Hollywood donde está por demás mencionar que nunca han terminado de asimilar la libertad con la que se maneja Gilliam en sus producciones, sin embargo consiguió auspicio para sus filmes: Pescador de ilusiones, Doce monos y Miedo y asco en Las Vegas. Con sus decisiones Gilliam muestra que el arte no se debe recatar ni sujetar a intereses, menos a los de la gran meca del cine. Es la filmografía de este director naturalizado británico que nos obliga a pensar que los mundos fantásticos son una excelente vía para criticar aquellos aspectos que aquejan a la sociedad, no se necesita hacer ambientes muy elaborados o catastróficos para contar historias futuras, como dice Gilliam, todo lo que criticaba hace 25 años atrás sigue sucediendo hoy, está en nosotros iniciar el cambio y dejar que el mundo se rija con sus propias leyes. Entre los temas predilectos en sus guiones se encuentran los viajes de autodescubrimiento interior de sus personajes, la anarquía y la mezcla de planos de realidad, su último trabajo es la película El imaginario del Doctor Parnassus. Actualmente, el cine no podría comprenderse sin la aportación de este director de culto e ícono de generaciones.

1 Brazil (1985) es una película de ciencia ficción en la cual Terry hace una crítica a la sociedad, la burocracia y al gobierno a través de un humor irreverente que en sus palabras la resume como el espíritu del grupo humorístico Monty Pitón, del cual formó parte y que presenta a través de una estética visual posmoderna “pintando” un futuro basado en un “collage” de eventos pasados.

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Tintes sonoros: una rubia muy pelirroja Edmundo Arana Hace ya 17 años surgió Blonde Redhead, banda neoyorquina conformada por Kazu Makino (guitarra y voz), los hermanos Simone (batería) y Amedeo Pace (guitarra y voz) y Maki Takahashi (bajo), quien abandonaría la banda después del lanzamiento de su álbum debut. El nombre de la agrupación procede de una canción de DNA. La agrupación otorga un sonido diversificado que se bambolea entre un pop fino y una estridencia sublime, resultado de la presencia de guitarras distorsionadas y disonantes, cambios de ritmo repentinos y el sello característico, la voz aguda de su vocalista, quien le inyecta tanta melancolía, ternura y calidez al peculiar estilo musical de los de la gran manzana. Dos años después de su formación lanzan su disco debut, el homónimo Blonde Redhead (1995, Smells Like Records), este material es crucial para entender el trabajo de esta agrupación, fue producido por Steve Shelley, también dueño de la disquera, baterista de la legendaria Sonic Youth, razón por la que posiblemente siempre se ha comparado a estas dos bandas, en mi opinión, de forma equivocada. Ese mismo año lanzan su segundo álbum La Mia Vita Violenta (1995, Smells Like Records), esta vez ya como un trío. En este disco la banda se consolida en su sonido particular y sobre todo en la composición de sus obras. En 1997 lanzan su tercer material titulado Fake Can Be Just as Good (Touch & Go Records) disco en el que se puede notar un uso más frecuente de teclados y sintetizadores. Para In an Expression of the Inexpressible (1998 Touch & Go Records) contaron con la participación de Guy Picciotto como productor, con esta colaboración se anotaron otro diez ya que Picciotto es el guitarrista y vocalista de la

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leyenda del punk Fugazi. Esto derivó en la presencia de guitarras un poco más sucias dentro de esta entrega. Esta relación perduraría para los discos Melody of Certain Damaged Lemons (2000, Touch & Go Records), posiblemente el disco más desgarrador, y Misery Is a Butterfly (2004 Touch & Go Records) posiblemente estos discos son en donde la melancolía arriba definitivamente al trabajo de esta agrupación. De este último material se extraen Elephant Woman, utilizada en los créditos finales de la película Hard Candy de David Slade, Misery Is a Butterfly que ambienta la escena final de Tout est parfait película de Yves-Christian Fournier y Messenger canción incluida en la banda sonora de la película Me and You and Everyone We Know de Miranda July. Es en el 2007 cuando lanzan su séptimo álbum 23 (4AD Records) producido en su totalidad por los miembros de Blonde Redhead, en sus palabras el disco que les ha costado más trabajo. La banda participó en el compilado Dark Was the Night (2009 4AD Records) producido por Aaron y Bryce Dessner de The National, esta compilación que reúne a muchos artistas y grupos independientes es una forma de ayudar a la Red Hot Organization dedicada a recaudar fondos para ayudar a enfermos de VIH y auspiciar investigaciones y labores de prevención. El pasado 14 de septiembre lanzaron su octavo álbum, Penny Sparkle (2010 4AD Records) producido por Alan Moulder y Van Rivers & The Subliminal Kid. Con este disco lleno de melodías más dulces que las encontradas en sus antecesores, pero llenas de dolor, en las que la voz es más un suspiro, Blonde Redhead nos demuestra que no han pasado en vano los años y que están más listos que nunca para convertirse en banda de culto al pasar de lo experimental a los sueños del pop sin abandonar su esencia, una melancolía que hace temblar de nota a nota. A little girl upon the fireplace Only air flying emotionless Ring the bells for she could keep flying This is me, completely me (Fragmento de Here Sometimes de Blonde Redhead)

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TALISMÁN DE LA NOCHE DESQUEBRAJADA ACTO I Veladoras mil… Ciudad ajedrezada con ventanales reubicados al sur de tu blasón medieval que anuncia al desahuciado…

ACTO II Al día… Profeta roto en tu mano… Corresponde a tus áridos recuerdos en el cerro de tu mente…

ACTO III Volcanes de vida en la escalera caracol… La salida, la región transparente… La última estación… Ángeles… El enigma… Juan José Enríquez Rivera finisterrax@hotmail.com

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MI AMOR Te enseñaré a bailar el ritmo de la muerte, besaré tus llagas una a una hasta que ya no sangren, te poblaré la mente de pensamientos crueles, me divertiré vistiendo con tu piel impregnando cada parte de mi ser con tu aroma, no podrás dormir si me encuentro cerca, me amarás, me extrañarás, odiarás no sentir mis manos lacerándote, conocerás esta parte mía que nadie quiere conocer... nadie. Gabriela Miranda Torres

AL ABRIR UNA PUERTA Abriste la puerta y miraste horrorizado la escena... Enormes gotas de sudor amargo brotaron de tu frente. Un ataque de parpadeos consecutivos te asaltó de pronto. Era lo más que te permitía el furor y la rabia acumulados en tu mente. A ella, la “intrusa” la hallaste como una rosa recién desvirgada, era una simple persona más, una puta, una mujerzuela que se interponía entre “tu mujer” y tú. Ella, Rossana, la que te había dicho que te amaría de por vida, se encontraba en los brazos de otra mujer, que le podría dar todo lo que tú no habías podido (y no habías querido) darle... Sientes los nervios, la impotencia, entiendes que ya no te ama, no te desea, fuiste un simple objeto que ella utilizó y tú no te diste cuenta... ¿Amor eterno? ¡Por favor! Eso fue una mentira, como mentira fue lo tuyo con tus mujeres... te engañaron, te vieron la cara... Miguel Ángel Núñez May

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AL DIABLO LE GUSTA EL AZÚCAR Como cada tarde antes de que se pusiera el sol Eusebio preparó el café. Vertió la bebida en dos tazas diferentes que colocó en la mesita de centro de su sala. A una le agrego 3 cucharadas de azúcar, la otra no la tocó. En la cocina puso una caja de galletas finas (la del patito blanco con el fondo azul) en una charolita con dibujos de mariposas. Se sentó en el sillón de la sala mientras por el ventanal que daba a su pequeño jardín veía como caía el sol. El reloj ya daba las 9:25 pm. y su visita diaria no se aparecía. Eusebio se quedó dormido esperando, hasta que la presencia de un cuerpo que se fijaba sobre él lo despertó. Al abrir los ojos reconoció la silueta y dijo: – Creí que no vendrías hoy. –Lo siento, se me interpuso algo de último momento. –No te preocupes. Comprendo lo complicado de tus responsabilidades. -Me alegra que entiendas. Oye se me antoja el café. –Deja que lo caliente, ya debe de estar muy frío, lo preparé temprano. -¡No, déjalo! Así está bien. Sabes que aunque este frío pero con azúcar. – Ja ja ja. -¿Por qué las risas? -Es sólo que quien diría que al Diablo le gusta el café con azúcar. Es lo que me parece gracioso de ti. -Aunque no lo creas, pero nunca me ha terminado de convencer el sabor del café negro. Si aquí lo bebo es porque el que tú preparas es mucho mejor que el del Infierno. -Eso le dices a todos - ¿Crees? - No sé. ¡Tú dímelo! Las miradas de ambos se cruzaron de una violenta e intensa manera, como sucedió desde el primer encuentro entre ambos seres. El Diablo

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se abalanzó sobre Eusebio, quién aún reposaba su delgado cuerpo en el sillón. La mano derecha del dueño de las tinieblas fue a parar detrás de la nuca del mortal y tiernamente sirvió de soporte a su cabeza. Con el brazo izquierdo lo terminó de abrazar. Un tierno beso sucedió. Eusebio no se pudo resistir, nunca lo hizo. El cuerpo del Diablo se convirtió en el receptáculo de todos sus deseos y quizás de sus alegrías: El rostro delgado de rasgos finos, donde descansaban ese par de ojos negros y profundos; la piel morena quemada por los eternos otoños; los músculos de su vientre plano y los brazos firmes con que le brindaba toda seguridad lo invitaron a enamorarse. -Se me han quitado las ganas del café -A mi también. Se dirigieron a la habitación entre caricias y besos arrebatados. Las paredes del pasillo fueron azotadas ante el desbordamiento de esa lujuria y son las únicas testigos. Un rayo de luz dio de lleno en la cara de Eusebio, quien aun permanecía al lado del amante. -Ya amanece. Nunca habías pasado la noche completa aquí. Dijo Eusebio -Ni en ningún otro lugar. Respondió el Diablo. -Creo que debes irte, debes de tener mucho trabajo. -¿Me corres? ¿Qué no te gustaba tenerme aquí? - Sí, pero ¿qué será del mundo sin ti? -No te preocupes hoy es domingo, y además en este país he dejado de ser del todo útil. Por si fuera poco me sobra la eternidad. Eusebio calló. Su rostro dibujo una sonrisa. Abrazó con más fuerza a la causa de su satisfacción y así pasó el domingo más feliz de su existencia en este mundo.

Lupe Pérez

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SÓLO QUIERO HUIR El humo me despierta, soy yo y muchos. Cuerpos a mi alrededor, inertes y a la vez emocionados, llenos de energía, de ansia, esperan el final no con resignación. No termino de entender dónde estoy y por qué. El aroma a humanidad impregna mi piel, soy como ellos, esa habitación de techo bajo y paredes desnudas contiene nuestra esencia, nuestra prohibición. Somos los que no debemos ser. Ni un rayo de claridad descombra nuestra oscuridad. Huele a fuego, a perdición, huele a odio, huele a condena, a verdugo, a ejecución, huele a ausencia de futuro. Quiero gritar pero mi boca no se abre, intento levantarme y buscar la puerta, mis piernas no responden. Mi cuerpo me contiene, a los demás también. En sus interiores sus esencias se revuelcan, gritan, se resisten, sus cuerpos son pura resignación, nuestros cuerpos son nuestros verdugos. Recuerdos me atropellan. Soy yo gritándote. Soy yo riéndome de ti, de tus maneras, de tu gente. Soy yo como amenaza, soy yo incontenible. Somos nosotros en la casa que construyes para mí; costales por un lado, un jardín atrás, hay un árbol de guayabas lleno de cal, la terraza está colmada de botellas de cerveza, hay gente ahí. Me aprietas la muñeca para que baje el volumen, soy tu punto débil, dice todo el mundo, yo no cedo ni un grado. Mis dedos están llenos de cal, siento que mi nariz me pica. Ya sé donde estoy, es tu “cuarto”, sin ventanas, sin ventilación, perfecto para tus “trabajitos”. No sé por qué acepté que me adoraras, que me convirtieras en tu reina. Hoy me sacrificas. Sé que tú me has puesto aquí, sé que tú prendiste fuego a mi casa, sé que no te vas a arrepentir, sé que mi tono de voz me condenó. Pero a los demás, ¿a ellos qué los condenó?, no puedo ver sus rostros, ni siquiera siento el roce de su piel, los siento en la distancia, más de alguno ya no debe de ser más que un costal de huesos y piel a medio descomponer. Somos los que no debemos ser mientras tú eres, por eso dejaremos de ser. Recuerdos. Tú, yo, una cama inmensa y la vista al mar. Tú, yo, una cama inmensa y el aroma a bosque. Tú, yo, una multitud y tus brazos rodeándome. Tú, yo y alcohol. Tú, yo y algarabía. Tú, yo y mí vestido de novia. El aroma de mi piel al quemarse me trae de vuelta, me veo arder pero no siento, ya no siento nada; ni rencor, ni ira, ni odio, no hay dolor,

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no hay felicidad, no hay. Soy ausencia de esencia, de emoción, lo único que falta de consumirse es mi cuerpo. Yo ya no existo. Tu voz me trae de regreso, estoy bañada en sudor. -cariño, cariño, estoy aquíAparto tus brazos que me rodean y corro al baño y abro el grifo de la regadera. Reviso mi piel con urgencia, una mujer que no soy yo me mira desde el otro lado del espejo, su mirada me recrimina, me asombra, me muerde los labios. Me meto a la ducha y restriego mi piel. Abres la puerta del baño. -¿estás bien ”Chula”?-fue una pesadilla- te contesto tajante mientras las gotas de agua recorren mi piel devolviéndole la sensibilidad. -eh, amor, algo pasó con tu casa, hubo un incendioSin abrir siquiera los ojos alguien dentro de mí te contesta. -y no te atrevas a decir que no tienes nada que ver- era mi voz pero no mis palabras, tú te sorprendes aún más. -voy a ver qué tan mal quedó-te acompaño- digo saliendo de la regadera, me miras con extrañeza, pero no me dices nada. Abro una gaveta y saco un pantalón vaquero y una blusa, las zapatillas deportivas están en el armario, y la chamarra la levanto de los pies de la cama. Mi cabello aún estila agua, me besas la mejilla como tratando de leer mi humor. Salimos del departamento, la noche es fría, la camioneta está aparcada abajo, nunca he tratado de hacerte entrar en razón de que las SUV contaminan demasiado. Tu negocio las requiere, tu imagen las requiere. Ocupo el asiento del copiloto, enciendes el motor, y partimos, la casa no está lejos. Dos kilómetros de distancia. Tu gente ya está ahí, nunca son buen augurio, son peores que tú, eso quiero creer. Sacan costales llenos de algo, de lo que quedó de ellos. Yo me mantengo a distancia, los siento. Me tomas por hombros y me dices que todo estará bien, nada lo está. Están ahí, dentro, esperándome, cruzo el umbral, las inmensas escaleras están frente a mí, miro hacia arriba, los veo, sentados en los peldaños mirándome con sus ojos hundidos, sus pieles calcinadas. Bajo la mirada, siento mi piel arder. Doy un brinco y llego al jardín, mi guayabo sigue intacto, quiero llorar, me siento impotente, quiero huir de ti antes de terminar como ellos, quiero huir, no te quiero, quiero huir, esta no es la vida que quiero, sólo quiero huir. Trilce Rangel Lara

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NUESTROS SUEÑOS Como siempre esperando lo que nunca llega, sentado en el verde con violines de fondo, risas lejanas y un montón de cosas urgentes que siempre, de alguna forma, pueden esperar. El tedio se acrecienta y cada segundo se vuelve insoportable, casi tanto como el sol que lentamente emprende su marcha, aburrido de verme haciendo nada. Piensa, se resguarda de sus burlas que lo enceguecen y tumbado a la sombra del árbol más cercano prende un cigarro que no terminará de fumar. En aquel edificio vislumbró algo extraño, no quiso contener las ganas y jugando al hombre de acción salió al encuentro de aquel aparente misterio. Ahí estaba, Hidra morena, delgada, tan sutil que cualquier despistado hubiera pasado de largo sin advertir su presencia. Él, nervioso e intrigado, ella indiferente y ciertamente sublime. Él, se acercó un poco para verla mejor, a ella no le importó ni un poco. Ya estaba ahí, casi a sus pies aunque ella fingía no darse cuenta. Él se oprime el pecho con ambas manos disimulando el sobresalto de sus entrañas, teme que ese redoble de tambor interno lo delate, debe pasar desapercibido, debe afrontar la situación como el hombre de acción que interpreta. Teme a su mirada, claramente vislumbra su rostro pero rehúye a la mirada franca. En cualquier momento podría convertirlo en piedra, la hidra vuelta Gorgona repentinamente. Lentamente el rostro de ella se acerca a los ojos agigantados de él pero, un poco antes, no podría calcularse en qué preciso momento previo al encuentro, ella desaparece y él se limita a maldecir a toda la mitología que conoce y que realmente no es mucha. Mientras entona el lejano violín una melodía que perfectamente conoce aunque es incapaz de nombrar un perfume familiar se aproxima. Puede sentir cómo se hace más fuerte, penetra sus sentidos y lo hace voltear. Ni un grado de equivocación, a las 7 en punto se puede ver el perfume hecho mujer, hecho quimera, hermosa criatura de mil cabezas; descalza, sin el molesto ruido del taconeo formal, una falda que apenas llega a las rodillas, muchos colores, series de círculos y rayas ascendiendo hasta su frágil cintura, me pierdo. Logra despertar del hipnótico vaivén para finalmente ver una camiseta de tirantes, un par de pechos pequeños y una mirada encendida. La melodía llega, cambia de ritmo y se acelera, a cada paso, con cada ir y venir de sus caderas. Viene a él, lo saben los dos, está a dos pasos, a uno, sonríe y yo la imito, cómo no hacerlo, cómo evitar ser contagiado por esa sonrisa iluminada, tan imperfecta como sincera. Le toma la mano, aleja la hidra de su rostro, rostro al que se acerca y besa, centímetro a centímetro hasta llegar a esos labios que acallan los violines y

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detienen el tiempo, labios que se abren y desatan el frenesí mutuo, saliva, manos y piernas, cuerpos tumbados en el verde ya sin sol, ya sin más perfume que el emanado por tantos poros, por aquella fricción, aquel respirar acelerado que continúa con rasguños, un labio sangrando y otros extasiados. El sudor comienza a desaparecer y los violines, junto con el tiempo, reemprenden la marcha. Mira la hora, no hay tiempo que perder, apaga el cigarro a medio fumar y lo guarda para otro momento en que los nervios o la ansiedad lo consideren necesario, sale con un paso que bien podría ser trote para un niño, esquiva a la pareja del segundo árbol, un perro se acerca a olerlo y corre tras un balón de fútbol que se aleja al grito de “bolita, bolita por favor”, compra un café de prisa para evitar vergüenzas y retoma la marcha, olvidó el cambio. Por fin llega y ve la pantallita del celular diciéndole que después de todo no llegó tan tarde, un último suspiro para recobrar el aire y abrir la puerta. Un par de miradas curiosas, muy pocas miradas familiares, camina hasta el fondo del salón, cerca de esa ventana que le permite ver hacia lo verde, justo a donde él se encontraba. De un lado el ya oscuro recuerdo de los minutos pasados, del otro el recuerdo que nunca será, la chica mirada perdida y sonrisa inspiradora, la que de tan cercana se vuelve inaccesible, imposible. Se limita a verla, a repasarla buscando algún lunar ajeno, algún rasguño o marca que antes pasara desapercibido, alivio el no encontrar nada fuera de su lugar. Ella a ratos voltea, lo mira sin saber bien qué mirar en él. Un bicho raro tal vez, un admirador muy obvio o una mente perturbada, un loco. Aleja la mirada convencida de la última opción. Él continúa sus observaciones, esas sandalias se le ven bien, qué bueno que no se pinte las uñas. El monólogo continúa en aquel cuarto demasiado iluminado y él piensa que esto de las deidades y el infinito de otros días tiene mucho que ver, de repente la edad media alcanza al siglo XX y lo toma de la cintura, la música de violines retoma fuerza y resuena en la habitación, no sabe si desde fuera o si todo está en su cabeza. Tiene que salir, no quiere dejar a la chica con su mirada perdida pero debe hacerlo. Se pone de pie y emprende la huida, de nuevo hacia lo verde, a detener el tiempo a imaginar que aquella chicamonstruo-amante y quimera piensa en él. De nuevo al exterior donde el sol se burla y la gente no presta atención. De nuevo a imaginar aquel vaivén de cintura, aquella sutileza, aquellas rastas que enmarcan su rostro, y ese nombre que nunca averiguaré. Vladimir Villalobos

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CONSEJO EDITORIAL Emilia Perujo Lavín Edmundo Arana Estrada Martín Alejandro Del Carmen

PORTADA Jorge Jiménez

ESCRIBEN Jorge A. Martínez Galván Miguel Ángel Núñez May Juan José Enríquez Rivera Rosario Mata Vladimir Villalobos Alejandra Lomelí Trilce Rangel Lara Lupe Pérez Gabriela Miranda Torres

DIRECCIÓN, EDICIÓN Y CORRECCIÓN DE ESTILO Martín Alejandro Del Carmen

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Revista La Libélula No. 7  

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