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A MANERA DE PRESENTACIÓN: LA TORMENTA QUE SE AVECINA Tras la convulsa coyuntura que representó y sigue representando el proceso electoral para la designación del ejecutivo federal en la república, la sociedad mexicana vuelve a vivir, tal como hace seis años, un clima de polarización exacerbada: mientras el sector que es operado por los promotores de la mediocridad y el valemadrismo sigue como si nada, otro se va acrecentando a la par de una indignación fundamentada en décadas de corrupción, capitalismo de compadres, abusos y agudización de la brecha social, por sólo mencionar la punta del iceberg.

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Fueron tres meses, de manera oficial, en los cuáles el -ya no tanflamante candidato del PRI estuvo acaparando casi la totalidad de los espacios visuales, auditivos, mediáticos y sociales. No es necesario ser un experto analista para darse cuenta que el objetivo real de la campaña de Peña no era el hacer una praxis positiva del proselitismo, el objetivo era principalmente no caer de manera significativa del -muy entre comillas- “gusto popular”.Y es que con cada aparición pública, el atlacomulquense daba cátedra de una terrible falta de agilidad política, por no decir mental.Ya es más que conocido el incidente en la UIA que devino en la consolidación de un movimiento de oposición efectiva, el #YoSoy132, movimiento social aglutinante que sin el apoyo de las redes sociales, principalmente Twitter, no habría logrado el alcance obtenido, no sólo para cuestionar los resultados de las más de siete décadas de una dictadura al servicio de los intereses de particulares, sino también al monopolio de la información que se desenvuelve cual organización criminal a lo largo y ancho del país, manipulando la noticia, criminalizando y satanizando la protesta e imponiendo sus verdades por medio del uso de de prostitutas mediáticas al servicio del poder disfrazados de periodistas. Pasado el momento más paradigmático y con un virtual presidente electo -dicho está de más, por medio de actos por de más abyectos y fuera de la ley-, queda preguntarnos qué es lo que viene. La actitud del actual inquilino de Los Pinos fue nefasta y más que evidente al ser uno de los primeros en salir a felicitar a Peña aun cuando el conteo de votos no rebasaba ni el diez por ciento. A FeCal le interesa la inmunidad y está trabajando en ella. Cuestión que se antoja complicada después de un sexenio de bajas, la más evidente es la cifra de 70 mil muertes violentas producto de una fallida estrategia de combate contra el crimen organizado.


Mientras tanto, el perteneciente al Grupo Atlacomulco se maneja a discreción, pero operando lo que será la ya próxima transición, no sólo planificando: negociando. El escenario es complicado, dentro del partido tricolor hay una lucha de poder que, aunque bien es sabido, nunca trasciende fuera de sus círculos, ha quedado evidenciado en la imposición de Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa -paradójico que haya viejos priístas comandando al “nuevo PRI”- como coordinadores de su bancada en la cámara de senadores, cuando Peña había propuesto a Cristina Díaz. Se avecinan tiempos -aun más- complejos para el país y sus habitantes, la ineptitud de EPN no es algo que pueda ocultarse fácilmente, basta recordar su primera entrevista a un medio internacional, en la cual el mexiquense quedó, por decir poco, ridiculizado. A pesar de ello los medios nacionales tratan de no hablar del tema y distraer a la opinión pública con las estrategias de siempre, siempre habrá unas olimpiadas, un mundial o un acontecimiento que resaltar para desinformar, mientras México es el hazmerreír de las miradas internacionales. Hay miles de asuntos pendientes en la agenda pública: la lucha contra el narco, los altos índices de delincuencia, pobreza, desempleo, y precariedad, y hay nulas expectativas del gobierno que viene, la protesta social crece y a los mexicanos nos va a tocar lidiar con la confrontación -agudización- de ellos. En La Libélula refrendamos nuestra misión, esclarecida desde nuestro primer número, de ser un medio alternativo y subversivo, político por naturaleza y autogestivo en su creación, manufactura y difusión. Sobre todo de ser una herramienta que usa el arte, lo coloquialmente conocido como “cultura”, y la información como armas, es necesario sacar todo lo anterior de los círculos herméticos en los que se encuentra y hacerlo accesible, que recorra las calles y los ordenadores. Agradecemos, como siempre, a nuestros colaboradores de todo el país y el extranjero, y a nuestros lectores, en conjunción vamos avanzando en pos de nuestros objetivos. Gracias. MARTÍN


¿RE EVOLUCIÓN EN MÉXICO?

Leyla Andrea Carrasco Cazarín.

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Vivimos en un México de constantes fraudes, miseria, corrupción y un largo etcétera de decepcionante política demagoga, tan acostumbrado está ya el pueblo a esto que por muchos años los que forman parte de la clase política en el país se han dedicado a saquear todos y cada uno de los recursos naturales, materiales, financieros y humanos para beneficio propio. Se pensaría que en esta dinámica de rapiña constante un fraude más pasaría desapercibido como el de hace 6 años, pero un revés sucedió cuando un grupo de estudiantes le demostraron su repudio a Enrique Peña Nieto, a quienes los medios ya perfilaban como ganador de la presidencia con falsas estadísticas, mucho tiempo de su imagen al aire y toda una estructura que trataba por todos los medios imponerlo como ganador, de esa primer manifestación por estudiantes de la Ibero, muchas más replicas se hicieron sentir por parte de estudiantes de todo el país, de tal forma continuó que logró estructurarse el movimiento #YoSoy132. Con la bandera de ser un movimiento plural, pacifista y apartidista ha logrado conjuntar a muchos jóvenes que llenos de hartazgo por parte de una democracia comprada han despertado y se han manifestado de forma contundente y organizada aun después de consumado el fraude y la coyuntura electoral. Los adultos aplauden el entusiasmo de los jóvenes que como sociedad civil hace mucho no se expresaba, no se organizaba con tal fuerza, y ante el escenario de tener instituciones que no sirven más que a los intereses de la clase privilegiada, el hecho de romper con esas estructuras y replantearlas a través de acciones pacificas revolucionarias me parecen actos que realmente pueden cambiar la dinámica no sólo en el plano democrático, incluso puede trascender ya que la sociedad está aprendiendo a organizarse, a unirse y actuar de otras maneras de tal forma que comprende que las estructuras pueden ser modificadas de abajo hacia arriba y no al revés como siempre nos han hecho creer. Que la sociedad se esté volviendo consciente de esta situación y que pueda realizarse un cambio de estructuras sin la toma de las armas y sin violencia me parecen pasos gigantescos para atacar al sistema corrompido, el movimiento #YoSoy132 tiene frente a sí un gran reto, pero si logra conjuntar todas las causas, todas las fuerzas y todas las voces indignadas este cambio será irreversible, esta movilización ha sido una bocanada de aire fresco para quienes creían que ya estaba todo perdido y para quienes unen sus movimientos de hace años y las nuevas luchas de las personas que están comenzando a despertar se vuelve real el cambio. Porque no basta con indignarse y solo mirar, es hora de actuar.


LAS VENAS ABIERTAS DE MÉXICO Jesús Hernández Villafuerte

México tiene las venas abiertas, es el trabajo y esperanza de su gente lo que se derrama. Un sueño infernal de carencia y represión mantiene a la gente en un ánimo exacerbado, tímido, depresivo, mortuorio, luctuoso, o como se le quiera llamar al destrozo e indignación que se alcanza a notar en los ojos de la gente de este país. Galeano en su crónica de los despojos de los pueblos de América resaltó los sentimientos ahogados de las naciones, hoy más que nunca, o quizá igual que siempre, México agoniza en brazos de aquel ahogo, de esa reverberación gutural que oprime el aliento. El dolor se transmite y es ese silencio sepulcral el que indica que la situación es aun más miserable de lo que se tenía en expectativa. La gente está paralizada, cabizbaja, desmoralizada... Duele que el orgullo de un pueblo milenario y místico se encuentre arrodillado, amenazado por la corrupción y la indiferencia. Duele aun más que este pueblo se olvide de quien es y ponga el primer puño de tierra 5 en la historia que olvidó, en los hechos que alguna vez le dieron identidad. En los ojos de quien ama a este pueblo se nota rabia, tristeza... desesperanza. La sangre y las ilusiones de la sociedad mexicana han sido ultrajadas; se ha violado la consciencia del mexicano, siendo esta la peor de las muertes, pues quien pierde su consciencia está condenado a llorar y lacerarse hasta reencontrar aquella dosis de amor para sí mismo y su patria. Es de tal magnitud esta profanación idiosincrática que desgarra el honor y la nobleza, ya de por si olvidadas, impone cadenas y “desmadra”, hágase uso valido de la palabra, lo poco que quedaba de valor en la transgredida ética del connacional. Es esta actualidad que agobia la que obliga a desempolvar la cultura y más especial aun, obliga al mexicano a deshacerse de prejuicios, de partidismos inútiles, de individualismos, hoy México está obligado a unirse. Un desafío a esos mismos relatos que no se recuerdan, a esas ilusiones que se escapan de las venas reventadas de su gente.


MÉXICO SOLICITA ‘BATMAN’

Ibrahim Stankiewicks

Con horror e indignación, la mirada internacional se posó en Estados Unidos y su política de armas luego de la masacre ocurrida en Denver, Colorado, durante el estreno de la más reciente cinta sobre Batman, El Caballero de la Noche Asciende. Los tabloides del mundo coincidieron en la necesidad de que el país de las barras y las estrellas tomara plena consciencia y responsabilidad sobre la manera en que se distribuye el armamento al interior de su territorio. Las implicaciones del caso para México pasaron desapercibidas de una manera inexplicable, pero están ahí; recordemos nunca preguntar por quién doblan las campanas, porque están doblando por nosotros. El caso da una lección importante sobre la necesidad de un héroe, o héroes, que logre hacer que la nación azteca emerja del pantano del crimen y la violencia. México necesita más de un “Batman”. Los acontecimientos en Denver, ya dieron la vuelta a las mesas de hogares, restaurantes y bares como tema de sobremesa: un hombre 6 armado abrió fuego contra los asistentes al estreno de la película que cierra la trilogía de filmes, dirigida por uno de los actuales surcadores de los cielos hollywoodenses: Christopher Nolan. Su desquiciamiento echó de esta vida a 12 personas, además de que dejó a otras 71 con marcas físicas, peor, la memoria del siniestro suceso hasta el fin de sus días. Y todos arremetieron contra Obama, Romney, y la forma en la que el pueblo estadunidense maneja las armas, eternos instrumentos de muerte y destrucción. Al homicida, el veinteañero James Holmes, también le cayó obviamente la ley de la palabra.”Asesino” y “loco”, son dos de los “halagos” que recibió el ex estudiante de neurociencias, si comparamos todo lo que en su contra ha salido y sigue saliendo de las bocas de los mexicanos. EL “SOLDADO BATMAN” En los cómics que leí en mi infancia, Batman era un sujeto enmascarado, realmente docto en el combate cuerpo a cuerpo, dedicado a pelear con criminales tipo Capone; sujetos con su propia pandilla de compinches, trabajando juntos para robar bancos, vender drogas, etc. Las cosas no pasaban a mayores. Una trama de intrigas, acción, peleas,


persecuciones, y al final, el Hombre Murciélago salía avante, devolviendo a los malhechores a la oscura madriguera del Asilo Arkham de Ciudad Gótica. Conforme los tiempos cambiaron, las historietas del enmascarado justiciero también tuvieron que evolucionar. En un mundo de guerras, en donde las organizaciones criminales desbordaban a los cuerpos policiacos, las fuerzas armadas tuvieron que entrar en acción, lo que a fin de cuentas significó que la lucha contra el crimen se fuese militarizando paulatinamente. La violencia en los cómics, también recrudeció. Uno de los condimentos que Christopher Nolan añadió a Batman, y que es uno de los factores que le valieron la enorme proeza de “resucitar” la saga del Caballero de la Noche, es precisamente el realismo. El cineasta inglés logró hacer que Batman “saliera de las páginas de DC” y brincara al mundo real, haciéndolo más cercano, más tangible, más creíble y, por tanto, auténtico. Basta echar un rápido vistazo, aunque con una mirada penetrante, al atuendo de Batman durante la trilogía de Nolan, y quizás nunca tan claro y evidente como en El Caballero de la Noche Asciende. Batman luce como un soldado vestido de negro, con capa y una máscara que evoca la figura de un murciélago. Su arsenal sólo fortalece esta representación. El “batimóvil” es un vehículo todo terreno, tosco, imponente. Es como un tanque estilizado, pero sin dejar de lado su poder de asalto. El vehículo aéreo, el espectacular “Murciélago”, en esta reciente entrega fílmica, también luce por momentos como las aeronaves de combate usadas por la armada estadunidense. Batman ya no es el enmascarado 7 listo para limitarse a patrullar la ciudad, sino que es un soldado que bien podría entrar en acción contra, por decir algo, el Talibán en Afganistán. En El Caballero de la noche asciende, conocemos la versión de Nolan de Bane, villano que en el cómic es más como un luchador de la Triple AAA con inclinación a la delincuencia. Esto acabó. Bane es un mercenario, otro soldado, pero sirviendo al mal. Sus botas, su pantalón con camuflaje y su enorme abrigo de esquimal lo aproximan a los terroristas de medio oriente. Durante varios momentos de la película, como la secuencia de inicio, me sentí como si estuviera viendo los noticieros que hoy en día, narran los enfrentamientos entre fuerzas militares y rebeldes en Siria, o entre el Ejército mexicano y el narcotráfico. Éste es el meollo del asunto. JAMES “EL GUASÓN” HOLMES Cuando el infame y retorcido James Holmes perpetró su brutal ataque usaba una máscara de gas y un chaleco antibalas, además de haber utilizado armas de alto poder. ¿Suena familiar? ¡Lo es! Tal vez si el joven ex estudiante no se hubiese presentado ante la autoridad como “El Guasón, enemigo de Batman”, la prensa


internacional bien lo hubiese podido “bautizar” como “Bane”. Lo cierto es que aunque la matanza realizada por este psicópata es un hecho lamentable y deleznable, al menos a mí me hizo pensar lo que a fin de cuentas se piensa mientras se está sentado en la butaca del cine, disfrutando de El Caballero de la noche asciende, las palomitas y el refresco “de cajón”: el mundo y México, necesitan un “Batman”. Pero, ¿qué tiene el Hombre Murciélago de especial, además de su envidiable arsenal y su debilidad por los disfraces? LA COMPASIÓN, EL SECRETO DE BATMAN La primera película en la trilogía Nolan, Batman inicia, nos regaló mayores detalles sobre los orígenes del encapuchado “alado”. Además de mostrarnos su intensivo entrenamiento, recordamos que Batman mismo, o Bruce Wayne, fue víctima de la delincuencia, al ser testigo presencial del asesinato de sus padres a manos de un sucio felón. Con esta tragedia como bandera, Bruce se enmascara y sale cada noche y día a emprender una férrea cruzada contra el crimen. Nadie le paga por hacerlo; su motor no es económico –porque, hay que recordar, es además millonario-, sino netamente humano. Batman hace suyos 8 los asaltos, los robos, los asesinatos, etc. Y a eso se le llama compasión. El Hombre Murciélago es capaz de compadecer, de acompañar a las víctimas del crimen en su duelo, en su furia, en su indignación y deseo de que se haga justicia expedita. De nuevo, esto suena muy familiar. Una de las críticas que el poeta Javier Sicilia dirigió a los candidatos a la presidencia de México fue justamente su falta de compasión hacia las víctimas de la violencia en México. Eso es, precisamente, lo que México necesita. Requiere de un Batman en cada persona. Un soldado de la justicia que, si bien no salga a las calles con un arsenal a cazar maleantes, enfundado en su icónico traje de murciélago, si salga a la calle con la compasión como arma de acción y las acciones cívicas, humanas como su “vestimenta”. Eso que tiene Batman como motor, es lo que necesitamos cada uno en el interior, para que las cosas empiecen a mejorar un poco. ¿Lucha? ¿Ejército? ¿Crimen organizado? ¡Eso suena a México!


Collage de un encuentro múltiple

Emilia Perujo Lavín

¿Podemos? / Mañana. / Vente, ¿qué me pongo? / Toma tu anillo. / Practica tu acento. / ¿Entre tú y yo cómo somos? / Les enseño el lugar. / Igual y te doy la mano. / Vamos por unos shots antes. / A este lugar podemos venir después a decir ¿qué acaba de pasar? / Eso no se hace. / Creo que la gente lo percibe. / No sabía todo esto. / Regresaron, ¿están casados? / Se parecen. / Vamos con ellas. / No es no. / Dame de los otros cigarros. / ¿Dónde se van a sentar? Los buscamos en el show. / Y ¿qué vamos a hacer? / No sabes lo que te perdiste. / Mejor hay 9 que dar un rol. / Me quiero acercar, no te encontré allá ¿puedo? / Pregúntale. / No hay que estar parados nada más. / ¿Puedo? / Vamos arriba. / No, sólo ella. / ¿Se quieren unir? No. / ¿Se quieren unir? Sí. / ¿Puedo? / Mi vida. / ¿Puedo? / Qué buena nena tienes. / ¿Puedo? / Ya me quiero ir. / Por favor déjenos sus datos. / He traído a seis personas. / ¿Son principiantes en serio? / Vamos abajo. / Vengan a Querétaro y se quedan con nosotros. / Traigo los peores zapatos para esto. / Si te ayudamos a quitártelo, nos gusta ayudarte a ponértelo. / Mejor que regrese él. Los chicos están muy mal. / Imagínate encontrarte a alguien. / ¿Cómo te sientas en eso? / No tengo encendedor. / Hola, cuánto tiempo. / Depende de con quién venga. / Hay que sentarnos allá. / Todo mundo nos está viendo. / Pásamela, no dejes tus cosas ahí. / ¿Puedo? / Vamos arriba. / Quedaría mejor sin luz negra ¿no? / Ya estuvimos aquí, al principio. / No. / Te vi ¿cómo le haces? / Estamos empezando a ir a eventos, pero todavía no nos atrevemos. / Yo creo que arreglar esto es el peor empleo. / ¿Quieres? No. / ¿Es tu marido? No. Ah, no, sí. / ¿Estás incómoda? No. / Aquí es lo mejor que hay. / Hola de nuevo. / No me inspiró. / ¿Les haré el paro? Yo traigo. / No viniste. / Te debo una. / No entendí. / Cuando volteé tú ya estabas ahí. / Doy asco. / No se pueden ir, deben 400 pesos. / Daban igual las historias, les damos lo mismo. /Te quiero. /Tengo asco.


SENTIR

Eres tiempo desnudo al que le dedico los colores de mi cuerpo el que con sus dedos dibuja laberintos de azúcar en mi espalda Y la poesía es una ventana abierta que me canta al oído una pared que habla una voz de papel mojado en la que quiero dibujarte entre montañas y sabanas de tierra acariciar como un eco de aire rojo tus piernas y con voces de vidrio volver tu sonrisa estela y polvo

Karina G. Balcázar

UNA DE VAQUEROS

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Frente al espejo me veo como en los sueños de niñez la memoria abarrotada se vuelca en mi reflejo. En la infancia, hambrienta, huía al baño apretando las piernas devorando los libros vaqueros de mi tío Ahora tú pareces ficticio inadecuado en mi espalda me recuerdas la precocidad de mis pechos resueltos bajo el yugo de mi abuela en las bancas de la iglesia Mis uñas hurgan el pasado la tina… el agua calentada por la lengua de mi prima desconozco el presente la punta del alba placentera y tus manos de yute. Se desvanece el tiempo junto a tu piel;


mis manos en el espejo de pronto… el ¡OH! de las mujeres de los vaqueros.

Maritza Estefanía García

EL PIRUL DE MI HOGAR El pirul de mi hogar es hermoso, es muy bello y arropa a Diosito -me lo dijo mi abuela a mí niñoen el gran corazón de su tronco.

Sus caireles de verde, tan leves, en el aire reposan sus sueños, como brotan los besos, tan tiernos, sus ojitos bermejos, florecen. 11

El pirul de mi hogar es hermoso, tiene años de sol en la tierra. Y la luna lo llena de pena cada noche en un tiempo lloroso. Un panal de abejas nos llena de zumbidos de miel laboriosa. El pirul dice sobre estas cosas: “te da miel si tu das tu alma entera”. Yo no entiendo palabra de sabio. Yo me cuelgo, le jalo el cabello, los ojitos le pico y lo quiero, porque soy, como él, solitario.

Abraham Peralta Vélez


BESTIA NAHUAL PROTOMAMÍFERO

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No puedo hacer nada con mis manos Ni una poesía, ni besos, ni rimas, ni palabras Sos una apacible bestia nahual protomamífero No eres un secreto ni la tierra un sepulcro Abrazo tus senos y esponja mi espalda Padre nuestro recuérdanos cuando éramos niños Ignorantes, estúpidos, soñadores... Recuerda que eres polvo, huesos, cardumen de cenizas Yo no pedí ser incienso, ¿Si no muero qué diablos es el silencio? Morderte quisiera vieja amante en tus pechos y caderas Quién dijo que el nacer es aurora, sangre falaz morir de intrigas Y aun así te acuestas hacemos el amor, y nos dejamos ver pellejos Amor sin dientes, uñas, vellos, como niños teniendo sexo Todos evolucionan menos yo Me he vuelto más primitivo No soy mono, ni humano, ni carroña Todos evolucionan menos yo Sos una bestia nahual protomamífero Los ateos sólo creen en su orgullo Pagano maleficio el carajo es, muérdanse el pito… Y acabare más primitivo… El cangrejo toma del barro su botana… del excremento los dioses inmundos, rostros que no existen, y solo un invento son, roedor semillero, licor de carne… Dime lluvia, ¿Dónde amanece?

e.pat. amaya

http:// mexcalitozound.blogspot.com/

CALVARIO DE LUZ

El alma oculta las sombras… La lágrima miente a la víctima a la vida al viento a la luna de mis ojos… Toda una eternidad buscando a donde ir… La nueva estrella en ti el ansioso sueño…


La ruina del hombre… la esperanza el vuelo fuerte la llama de hielo… La noche… Tu partida del espíritu que adolece fantasías… La melodía sin compromiso promete repetir el engaño… La gloria del corazón… El silencio que atormenta la piel mi memoria y tu mundo Una vez… Otra vez… Hasta el fin…

Juan José Enríquez Rivera

OFRENDA DE SEMPITERNO AMOR

“Permíteme, pues, que te confiese en ellos más sucintamente 13 y que elija algo que tú me inspirares” (San Agustín)

Con de Cicno la forma aquí me tiene a la muerte Darien ilusionando, pues a ella con plena cordura mando el dulzor que mi alma triste retiene. Ninguna perdiz con buen hado viene para invadir el cielo por el que ando cual tórtola en Darien reflexionando y cómo mi alma maná se deviene buscando a Darien en un peregrino, mas si pienso «puedo llegar a errar por de Cupido carecer el tino», al bello recuerdo voyme a amarrar porque cuando se trata de amor fino, el ser fiel es algo de disfrutar.

Víctor Álan Ávila


PROMETEO (Fragmento)* Poesía es venir con manos vacías al mundo gritar desamparados en el fuego fraticida de la existencia, estar de luto dentro del fuego pues somos los ladrones de la llama, poesía, encadenados por siempre a la palabra. Y bajas cada vez a devorarnos el corazón sepiterno que se alivianaba del puro pulso de las cosas silenciosas. Ladrones, poesía, de la imperfección del universo, trazos borrados en el firmamento étereo de la noche, insinuados gestos que esperan el despertar de la hydra íntima, conspiradores ansiando parir un pecado y dejarlo deambular por las avenidas de la angélica y nauseabunda ciudad de México: Hijos malditos de la ciudad que escupe dioses, criados por la fiebre de sus calles innagotables, enseñados a andar por las muchedumbres frenéticas, alimentados por la confusión de los edificios -ese orden secreto que nadie conoce14 transmitidos y retransmitidos como gérmenes que se incuban detrás de los párpados del Behemoth ¡miles de animales conglomerados en una orgía unidos por el semen de miembro a miembro indiscernibles hijos bastardos de la ciudad que espera su volcánico retorno a las entrañas de la tierra! Somos los ladrones del fuego, poesía, y habitamos tu palacio de espejos negros, nos arrastramos dejando un rastro de sangre, y nos abalanzamos contra los muros que tienen siempre los pechos preciosos de la música. Agónicos, nos sacamos los ojos, excitados, nos lamemos el cerebelo, el túetano, hasta que volamos por París, Buenos Aires, Viena, Amsterdam, Estocolmo, Londres, Seúl, Pekín, Tokio, Bagnkok y la eterna ciudad de México; hasta que nos confundimos con ese pretexto de bellos púbicos


que llamamos humanidad y nos dejamos incendiar por el incienso funeral del Buddah. ¡Somos los iluminados, poesía, hijos de la ira, aquellos que han pasado miles de temporadas en el infierno, pistilos de las flores del mal, somos miasmas de la masmédula, engendros saturninos, réquiem de sí mismos! Poesía, cuántas veces no te hemos dado el corazón ahogado de vino, cuántas veces no hemos asistido, gemebundos, al nacimiento doble de dionisios, a la subasta del clítoris de Perséfone; de cuántas maneras no nos hemos arrojado al mar, que es una llama profunda, azul e iracunda. Poesía, somos los ladrones de la llama. Huelo la tinta de estos versos, me embriago de su penetrante aroma, y salivo una canción que murmuré a los no-natos en sus cunas, recito una oración para el Dios del coño, el súper-coño, la verga metafísica, el culo sagrado, el inmaculado ano de Verlaine, el glande de Henry Miller que escupe fuego, recito salmos a las mujeres de pechos blancos como albatros y sexos atroces como las lunas de Rimbaud. Marcho en un funeral igual a mi angustia, marcho entre los laberintos que le arrancaron los ojos a Borges, ¿será mi tumba aquel paraíso perdido de Milton, eyaculación de Dante, histeria de Blake? Pertenezco a esa raza primigenia de hombres que inventaron el espanto y tallaron el asombro sobre la piel de las cavernas. Raza de hombres cósmicos, entre el orgasmo y la tiniebla, atragantándose de gracias, orinado soma, defecando maná, hombres negros perdidos en la voracidad del verbo copulativo, sacerdotes sacrificando vírgenes a la inmaterial bestia a quien robaron el fuego, a ti, poesía.

Gerardo Roberto Flores *El texto ha sido incluido de manera parcial por cuestiones de formato y políticas editoriales.

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ISADORA

Cinco cuarenta y siete de la tarde marca el reloj colgado en la pared frente a mi cama, sé que está a punto de llegar. Hace un instante que se fue la enfermera, ahora me encuentro sola contando los minutos, anhelando escuchar cómo se abre esa puerta. Cada día la espero ansiosa, postrada en esta cama que grita en silencio mi nombre, Inés. Diariamente ha llegado seis en punto, ni un minuto más ni un minuto menos. Toma un instante fuera de la casa, ideas de huída atormentan su mente. Tal vez quisiera arrojar esas llaves, seguir su camino, no volver a abrir esa puerta. Pero después de todo este tiempo, regresa, regresa siempre tan puntual. Mientras espero su llegada contemplo en soledad todas sus muñecas, amo a cada una, me deleito con la personalidad que esconde su mirada fija, parecen una extensión de mi hermana Elena, con esa apariencia de niñas pero en el fondo tan altivas, tan seguras. Hay una en particular que siempre ha llamado aún más mi atención. Desde que llegó a su vida, a la nuestra, suelo pasar horas y horas mirando a la querida Isadora, preguntándome siempre cómo estando inmóvil puede a la vez estar tan llena de gracia y belleza, tan colmada de vida. Sus pies en punta y el hermoso tutú color durazno hacen la labor de alimentar las fantasías. Fácil me resulta imaginar su danza, verla girando sin parar, como muchas veces vi a Elena hacerlo junto con ella frente a mí, por horas, mirándome 16 de reojo siempre con despecho, con reproche. Seis en punto, finalmente llega a la casa. La rutina es la misma, Elena entra, me ve sin hacerlo en realidad, saluda sin casi voltear, no espera mi respuesta, en rara ocasión pronuncia mi nombre y finalmente sale de nuestro cuarto. Le contesto con una simple mirada, ambas sabemos que podría responder su saludo con palabras, pero casi nunca lo hago.Tal vez por eso ya no espera respuesta, a decir verdad, nunca la ha esperado. Sé que le da nauseas verme fijamente hacia mí, alguien tan hermoso como ella quisiera no tener parentesco alguno conmigo, que parezco casi muerta, de alguna forma puesta a Elena y a sus muñecas. Extrañamente después de tantos años seguimos compartiendo la habitación. Elena me detesta pero un lazo impide que se aleje de mí. No es el lazo habitual de las gemelas, es más bien una mezcla de culpa y tedio, una carga constante con la que ha tenido que vivir y que no puede desaparecer. Nuestros padres murieron hace muchos años. Cuando éramos casi unas niñas, yo más niña que ella, ella siempre más mujer que yo. Dividían su amor entre las dos, pero a mi hermana siempre le tocaba el amor de verdad. Mi madre siempre decía, Inés, eres mi hija y debo quererte, porque eso es lo que a mí me tocaba, el amor de lástima, de simple compromiso. No he olvidado la mirada de mamá y papá, que todo el tiempo reflejó pena, preguntando si acaso fui un


castigo divino. Esos ojos que han dejado de herencia a mi hermana, ojos que han aprendido a ver por mera obligación, casi por accidente. Por las noches antes de dormir toma por un segundo a sus muñecas, las ve con ese sentimiento que a mí siempre me ha negado. Algunas veces toma a su favorita, a Isadora. Arregla su tutu o la hace girar un par de veces como cuando era niña y finalmente la coloca en su lugar. ¿Sabrá cuanto quisiera ser como una de sus muñecas? Cómo las miro con envidia, con duda, casi con esperanza. Como quisiera tener esos abrazos que a ellas les ha dado en abundancia, porque aún ahora que ya es toda una mujer no escatima en mostrarles su cariño. Hoy es nuestro cumpleaños número 21, recuerdo que hace 15 años Isadora entró a nuestra vida. Mis padres llegaron a la casa un poco más temprano que de costumbre para celebrar esta fecha tan importante. Por supuesto parece sólo el cumpleaños de Elena. Entraron a la habitación con una nueva sorpresa. Una muñeca muy especial, única, de porcelana, delicada, frágil, con su vestido de bailarina. La hizo girar una y otra vez, la abrazaba como a mí nunca me ha abrazado. En ese momento decidí que quería ser como Isadora. Ahora recuerdo con que vehemencia lo he soñado. Ya no aguanto más. Ya no soporto su distancia, ni la estática vida a la que estoy atada. Algo sucedió anoche que me ha tenido pensando todo el día. Es casi imposible explicar cómo puedo saberlo, pero así es. Hoy mi brazo no parece el mismo, 17 jamás he podido sentir mi cuerpo y sin embargo sé que este brazo no puede ser el mío, parece más pálido, parece incluso más rígido que el resto de mi cuerpo. La piel es en extremo delicada, tersa como nunca la había sentido, aunque no la siento. Ayer soñé a Elena parada al lado de mi cama, mirándome. La sentí acercarse a mí, sin hablar. Su corazón decía todo, cada latido narra la emoción que sus palabras callaban. La vi levantar las sábanas y descubrir mi pierna. Podía sentirlo todo, cada dedo de su mano, su cálido aliento, todo. A pesar de no saber qué es el dolor, el placer, ni siquiera el tacto, pude sentir el cambio en mi cuerpo. Hoy me siento diferente. Mi piel, más fría que de costumbre, tiene un brillo muy inusual, casi elegante. Observo mi mano, los dedos parecen más largos, bellos por primera vez. Amaneció particularmente más soleado, me levanta de la cama como todas las mañanas. Su delicada mano toma la mía, la eleva lo más que puede. Me hace girar una y otra vez. Detiene mis vueltas en un solo momento, me abraza hoy de manera especial, como nunca lo había sentido. Me besa delicadamente la mejilla y sonríe. Me ha hecho su hermana, esa que nunca ha tenido, mientras que a un lado yacía ese bulto estéril que había cerrado finalmente los ojos.

Alejandra Salvatierra


FUEGO HIPNÓTICO

La joven prendió una vela aromática en el escritorio para relajarse un poco. Miraba fijamente la flama de la vela, primero la vio como si fuera una gota de agua y la miró con mayor atención, un movimiento de la flama a la derecha, otro a la izquierda, la respiración de la joven hacía que la flama creciera o se encogiera, una danza hipnótica ancestral. Poco a poco las salamandras mostraban sus ojos desde aquella flama, los parpados le pesaban y sin darse cuenta calló dormida. Entre sueños creía gritar, sentir arder su piel, correr por la habitación, pero al verse desde afuera tan plácidamente dormida y arrullada por aquella pequeña salamandra, dejo de hacer disturbios, besó sus labios y apago la luz...

Karla Avonce

DES-PRENDE

Comencé a morder mis uñas por una simple razón: tu sexo seguía enterrado en mí. Queratina de tragos y besos, de búsquedas y caminos sin regreso. Ahora devoro mi pulgar, maravilla oponible que siempre estuvo de acuerdo. No hay mejor manera de ad-herirse que con las astillas del deseo, superior o inferior: Inferir. Los dedos comenzaron a sangrar, a gritar por periodos perdidos, por efluvios 18 atemporales. Las garras se tornaron piel y retornó a doscientos metros, vire a la izquierda y contemple los suspiros partiendo el horizonte de sábanas. Deténgase en el mirador, todo es nostalgia en derredor, hasta donde la mirada lo permite, lo demás es noche, “No se acerque a ella”, dice el letrero: para negro el de sus cabellos. Y galopan, aturdidos en la distancia, ansias que no callan: Relincho. Entonces comencé a desprenderme cada vello recuerdo que eriza el frío y te expone al clima ajeno. No hay motivo para lucir gallina, bastante se hace con parir proteínas mal encausadas, lípidos sentimientos que afectan al mío cardo, italiano y marchito. Marchanta sin retorno, calienten esa cera y que se lleve tus despojos, piojos, ojos. Lo malo de esos besos tersos tuyos es que la epidermis los contiene y reaparecen, estigmas de primavera en llano, ¿cómo ocultar la hiena en el desierto? ¿Cómo hacerle entender que es su propio alimento? Caníbal me quiero para aprenderme y no equivocarte en mis poros: Lepra de emociones. Pero no basta ni espada, no hay comodín que flagele lo suficiente. Supe que el sentido debía perderse, los cinco, los seis, a la de ya. Pero… ¿por dónde empezar y para terminar en dónde? No, uno no puede andar a tientas cuando el objetivo es evitar la tentación por inabarcable. No hay que dar palos de ciego cuando lacerado está el ego ni quiero ver lo que ya no tengo, lo que no deseo. Apagaré las velitas pidiendo la nada eterna que no son tus caderas. Queda el oído tan odiado, palabras que hierven y no se agotan, que llueven justas e impotentes: Pala bras.


La culpa no es de Eros ni de celos ni de ellos, ni el que mis uñas y vellos nostalgien. El culpable es el verbo que todo lo enuncia y evita la renuncia. La palabra es el enemigo a vencer: Desprenderme del abecedario y el lenguaje a señas. Hasta nunca Amor, mort a Bendita, nunca más Corazón. También habrá que despedir, precisamente, a la Despedida, a la Elegida y a la Fermosa, Gracias Hermosa, Ilustre Mujer, Navidades Otoños y Primaveras. No hay que mutilar al cuerpo sino a la noche que te nombra, al nombre que te evoca, al hombre que no te toca. Adiós verbos, adjetivos y temporalidades… se dejará de sentir y enunciar lo innecesario.Ya no más As, y no ms plbrs de nostlgi o deseo. No ms Es, dios sprnz, no ms vocls, n ms d ti. Y no t nombro ms, l posí s cb. Qu no qud nd...

Vladimir Villalobos

ACQUA

Comenzó a llover, veía las gotas de lluvia resbalar por el cristal de mi ventana. Encontré en cada una de esas gotas pedacitos de recuerdos como un rompecabezas sin armar. Tu nombre era una canción que no parecía terminar en mi mente; al llegar a las últimas notas, volvían las primeras, infinita melodía de 19 tu nombre. ¿Qué fue de ti? ¿Qué fue de mí? ¿Qué perdimos en el camino que ya no se puede recuperar? A la luz titilante de un pabilo a punto de quemarse por completo recordé lo triste que fue tu partida. El rocío que quedó en los sublimes pétalos de las flores era tan abundante como las lágrimas que lloré al dejarte ir. Sobre un charco, con una ramita, escribí tu nombre. Se desvaneció cada letra... como se desvaneció tu esencia en mí.

Dulce Cruz


LA MARIPOSA

Mi todo se llamaba Érika, la componían 16 años y le decían la mariposa. No te diré que le gustaban los atardeceres anaranjados, la brisa de la playa o los miércoles de películas gratis, no, ella era una pelá normal, le gustaban los zapatos en promoción y estudiaba únicamente para ganar el examen.Vivía en El Recreo pero no por eso se la pasaba jugando, le gustaban los almuerzos de la Olímpica y las chichas cremas con ínfulas de malteada. Se vestía siempre con jeans apretaditos y blusitas gef, jamás le gustaron las modas de la revista Tú y prefería las sandalias tres puntá a los tacones asesinos. Estudiamos juntos desde que tengo uso de razón, ahora ella se gradúa y ha decidido seguir con la odontología, cosa que a mí no me gusta, pero con tal de seguir con ella no me importa convertirme en un mediocre sacamuelas. Ella no es la mejor de la clase ni yo tampoco, estudia lo que le toca y no le gustan los protagonismos. Nos fastidia la cerveza caliente sinónimo de estafa, las maricadas del técnico que juega sin delanteros y la bulla pacifista doble moral de los oyentes que llaman a la radio. Odio los viernes, antes los amaba por traer el aroma de la libertad, ahora me molesta que ese día ella cambie las blusitas de tiranticos por ese horrible uniforme asexuado. Un pantalón recto y un blusón cuadrado carente de erotismo. Los aborrezco. El otro día me llamó, me dijo que la acompañara a sacar la cédula y después a 20 tomarnos algo, mi papá salía de viaje y yo tenía que atender el negocio, pero con tal de estar con ella, que quiebre la empresa si le da la gana, primero la mariposa. Me importan un carajo las cuentas que sostienen mi universidad cara y el sueño de golfa de mi hermana. Al diablo el futuro, prefiero un presente exacto sin avisos dudosos en una de sus alas. Le entregaron la contraseña y me dijo: -Mira, ya podemos discotequear. Yo respondí con mi estúpida sonrisa de siempre. Luego me dijo que la acompañara a la farmacia, que tenía que comprar uno de esos remedios con apellido raro. Yo accedí, siempre accedo. No le alcanzaba para el frasco de Ketotifeno así que le completé con 4300 pesos, ella prometió devolvérmelos, como si me importara. Después la dejé en su casa y ella me preguntó qué haría yo si el amor de mi vida me traicionara.Yo respondí -como es habitual- con otra estúpida sonrisita. Esa misma noche me llamó. Me dijo que se sentía triste, que quería ir al cine, yo tenía sueño, me dolía la cabeza, tenía un dedo en combo con la uña apostemada y el final de los Sopranos a medias. Acepté. Le dije que en la Castellana estaban dando una de Tom Hanks en su mejor papel de idiota, a ella no le importó. En el cine, me dijo que me quería mucho, que me portara bien y que quisiera mucho a mi madre, yo le dije que dejara la transcendencia, que Tom Hanks solo estaba haciendo uno de los tantos papeles de tonto a los que está acostumbrado.


Esa vez fue ella quien sonrió. Al día siguiente, no la vi en el paradero compitiendo contra la flaca de siempre por ver cuál de las dos tenía más culo, tampoco la vi en la indignidad de la buseta ni en la entrada de la U acabando con la sal de los mangos. La busqué por todos los salones, en la nueva oficina de bienestar, en la fábula de los pasillos, en el quemadero de la rectoría, pero solo me encontré caras extrañadas, a las que le importaba una mierda mi búsqueda. Ella no fue a clases. Tomé el bus de mil con destino a su cueva, en el camino recordé las palabras del cine, la cara maldita que me hizo mientras me aconsejaba y el saborcito a sal del último sorbo de gaseosa. Al llegar, me estrellé con la imagen de mi madre rezando mientras sostenía sus alas. Estaba tirada, inconsciente sobre el sofá de su casa, mientras su papá y doña Érika reventaban el techo a gritos. Mi madre repetía una y otra vez: “Lázaro levántate” pero el día no estaba para milagros. La mariposa se había tomado el frasco entero de Ketotifeno y fiel a su estilo infalible se amarró una toalla al cuello y se colgó del tubo de la cortina del baño. Dejó una carta, una nota en la que explicaba que se mató por qué un dinosaurio de apellido Sandoval le prometió amor eterno en la mitad de un video-recital de Durcal, pero cuando se enteró que estaba preñada le dijo que por su casa no se apareciera. Mi todo tenía nombre, era Érika y le decían la mariposa. Su toalla de bordecitos 21 de Pokemon no solo estranguló su cuello, también fue el detonante para mi juego favorito. La práctica con los cuchillos de doble filo por fin valdrán la pena. Debo ir con ella, porque su alma multicolor era el whisky que distraía el serial que soy. Ahora son las 5, las clases ya han acabado, los ciegos se marchan a sus casas creyéndose la solución histórica. Sandoval recoge sus instrumentos, los limpia, los pule y se maravilla con sus porquerías. El sonido de su celular lo distrae, se limita a responder con el habitual “sin comentarios”, mientras yo entro en su laboratorio, calibrando mi morbo, sin ser sospechado.

CJ Torres


LO QUE NO TE DIJE Te he pedido la noche porque todo duerme y podemos escucharnos, incluso sin hablar. Ha pasado tanto que me resulta casi imposible recordar nuestra última noche. ¿Aún conservas algo de ella? Yo, afortunada o desafortunadamente, tengo una vaga imagen de cómo cantabas en la cama, bailando acostada, con tus ojitos apretados y el ceño fruncido, y cómo, sutilmente, me decías “tengo sueño”, “déjame dormir”, “no molestes”; a lo que yo, con necio amor, escuchaba “pasemos la noche en vela, habitémonos”. Fuiste cada noche, más en la última, monstruosa. He intentado detestarte pero no, aunque tu abandono y desapego me griten desesperadamente que lo haga, que te maldiga una y otra vez, no. Puedo soportar tus arrebatos, que despiertes con ganas de aventarme por la ventana, que no sepas mi nombre y que sólo acudas a mí cuando tu ocio lo permita. Pero no, no puedo soportar que olvides. 22

Omar Alejandro Cortés

LUZ

La conocí a la hora de la salida. Las clases en la universidad habían terminado y yo ayudaba a mi madre en su trabajo como promotora de salud. Visitábamos las escuelas de un suburbio de la ciudad enseñándoles a los niños de seis años a lavarse las manos antes de comer y a cepillarse los dientes de forma correcta. Trabajo inútil, ya que al llegar los niños a sus casas de lámina con pisos de arena, la poca comida en su plato había sido preparada con menos higiene que con la que ellos jugaban en el lodo. También visitábamos secundarias y preparatorias repartiendo condones con la esperanza de evitar seguir viendo niñas de diecisiete años cargando uno o dos hijos por la calle. Igualmente, sabíamos que nuestro trabajo era inútil al ver los condones flotando por el patio a la hora del recreo. Ese día habíamos visitado una primaria. La vi cuando las puertas de la escuela se abrían y los niños salían corriendo buscando a sus mamás, en el momento que tomaba la mochila de un niño y le daba un cariñoso beso en la mejilla. Al principió no reconocí la belleza en ella, pero de alguna manera su cuerpo y su rostro me atraparon. Su cabello llegaba casi hasta su cintura y era de un negro tan profundo que parecía provocar un vacío a su alrededor. Su piel morena tenía un brillo que la hacía resaltar sobre las demás muchachas de por ahí. Y a


pesar de que a primera vista parecía una niña, las curvas insinuadas bajo su blusa y la forma en que lucía su falda, dejaban en claro que su cuerpo ya era el de una mujer. Días después, descubrí cuál era la verdadera fuente de su encanto. Ella sola, con tan sólo esbozar una sonrisa, era capaz de hacer crecer flores en aquella tierra seca y salitrosa. Su sonrisa, conjunción de sus negros ojos y sus labios rosas, lograba por un momento ocultar la tristeza de la realidad en que ella vivía. Después de salir del trance que me provocó ver su imagen por primera vez, miré al niño que llevaba de la mano y recordé haberlo visto en uno de los salones (cada uno con más de cuarenta niños) que visitamos aquella ocasión. Caminé hacia ellos como por instinto y con un lance un poco más que torpe y le extendí un volante sobre la higiene bucal. En la conversación averigüe su dirección escudado tras el gafete expedido por el centro de salud local que llevaba colgado. Sólo al final, cuando ya a prisas se despidió rumbo a su casa, supe su nombre, sílaba única que describía su bella sonrisa: Luz. Después de salir del trance que me provocó ver su imagen por primera vez, miré al niño que llevaba de la mano y recordé haberlo visto en uno de los salones (cada uno con más de cuarenta niños) que visitamos aquella ocasión. Caminé hacia ellos como por instinto y con un lance un poco más que torpe y le extendí un volante sobre la higiene bucal. En la conversación averigüe su dirección escudado tras el gafete expedido por el centro de salud local que llevaba colgado. Sólo al final, cuando ya a prisas se despidió rumbo a su casa, 23 supe su nombre, sílaba única que describía su bella sonrisa: Luz. Nunca nadie supo de nuestra historia. Desde la primera vez que la visité, en su casa de ladrillo desnudo y techo de lámina oxidada, olvidé el gafete y nunca volví a hablar del cuidado de los dientes. Cuando abrió la puerta y me vio parado en la entrada, no pareció sorprendida, muy al contrario, por un momento llegué a pensar que me había estado esperando. Sentados en la banqueta de su calle, hablamos por un rato en que el tiempo pareció no correr. Describir como fuimos tejiendo una relación a base de palabras, recuerdos y experiencias en las que no compartíamos nada, es más que imposible. Sólo puedo decir que alguno de los dos se equivocó de lugar para nacer. Con ella aprendí a encontrar diversiones en las más insignificantes cosas: las canicas de su hermano, una bolsa de plástico arrastrada por el viento, las señoras gordas que pasaban por la calle. Las cosas que la pobreza de los suburbios más sucios de la Ciudad de México suele tener. Al intentar medir la longitud de nuestra historia, mi memoria confunde días, empalma fechas o extiende plazos. Pero recuerdo que por un tiempo de aquellas vacaciones, diario salía de mi casa sólo con los diez pesos que gastaba en ir a su casa y regresar ya entrada la noche. Siempre tuve miedo de ser asaltado por sus vecinos o de sus mismos parientes. Nunca pude quitarme esa sensación de ser observado por todos cuando caminaba por aquellas calles. Y es que, saliendo del cliché de película mexicana, la verdad era que pertenecíamos a diferentes


mundos. Y esto cada vez fue haciéndose más obvio. Desde un principio noté que ella vivía con alegría en el cuerpo y en todo lo que hacía porque esa era la forma en que combatía toda la tristeza que la rodeaba. El padre se encontraba trabajando de ilegal en los Estados Unidos y de vez en cuando mandaba algún dinero (siempre muy poco). Su mamá vendía utensilios de plástico en los tianguis y Luz le ayudaba a veces en el puesto, y otras cuidando a su pequeño hermano. Su casa consistía de dos pequeños cuartos en una calle sin pavimentar que servían de recámara, cocina, comedor y sala. El baño y los lavaderos, se encontraban aparte, en el patio de tierra aplanada. Muy pocas veces vi a su mamá y sólo una vez, cuando la casa estaba sola y había mucho calor en nuestros cuerpos, llegué a pasar a la casa. La mayoría de las veces pasábamos el tiempo caminando por las calles de su colonia, recorriendo los puestos de diferentes tianguis o tomando una agua de chía con limón en el mercado municipal. A diferencia de sus primas o amigas, ella aún continuaba en la escuela. Asistía, por un impulso interno que ni ella misma podía explicar, a un Conalep que no quedaba a más de quince minutos de su casa. Las veces que la llegué a ver con el uniforme de su escuela, me sentí casi un abusador. Con aquella falda, el suéter morado y su pequeña estatura, no aparentaba más de quince años. Es por eso que puedo entender la respuesta que recibió cuando hace casi un año, un día saliendo de la escuela, pasó a la farmacia y le pidió a la señora del mostrador una prueba de embarazo: “¿Y de verdad es para ti?” Toda esta historia, es recordada y apuntada en estas páginas, por que ayer, al 24 visitar a mi madre en el centro de salud, vi a Luz esperando consulta, cargando un bebé de acaso un mes en brazos. Ella me vio y con su sonrisa ya notablemente menos brillante me llamó por mi nombre. Platicamos mientras esperaba pasar al consultorio del pediatra, y me contó como pasó todo. La misma historia de siempre. Luz se enamoró de Javier, un compañero del salón. Aquellos condones que mi mamá repartió en su escuela nunca llegaron a sus manos. Luz ahora está casada. Su esposo trabaja manejando un bicitaxi. Ahora ella vive en la casa de los papás de Javier (dos cuartos, techo de lámina). Me despedí de ella cuando la enfermera gritó su nombre para que pasara con el médico y me quedé pensando en que, sólo en una ciudad con tanta pinche pobreza, a una mujer tener tanto amor en el corazón le puede causar algún mal y el nacimiento de su hijo sea capaz de apagar la luz de su sonrisa

Fernando Galicia.


ROJO FURTIVO

Lo único que quedaba sobre el piso blanco, era la permanente mancha roja que antes había sido la única señal y evidencia de lo que había pasado. Solía espiarla todas las tardes después de salir del baño, verla cepillarse el cabello con tanta delicadeza, perfumarse, vestirse y terminar sonriendo era una tarea que simplemente no soportaba, pero aún así, me gustaba verla, para encontrarle por fin el defecto perfecto para borrarla para siempre de mis ojos, ella siempre fue hermosa, o por lo menos eso decían todos mis amigos cuando la conocían, incluso a veces me bastaba con una mirada contenida de sorpresa para saber que otro más opinaba lo mismo, nunca me causo envidia su belleza, pero si su manera de disimular que no le importaba que la mirasen hasta la adulación, sería por eso que me gustaba ignorarla en público y dirigirle la palabra sólo lo necesario o mejor dicho si tenía que hacerlo, no me gustaba sentirme parte de sus eternos admiradores, además nunca la creí admirable, sólo me perturbaba su olor después de la ducha, recorría el apartamento, trepando por todos lados, escondiéndose en los recovecos polvorientos, subiendo por la nariz, nublándome la vista, se convertía en un artificio mortal olerla a lo lejos, seguir su aroma y descubrirla en un ritual inmejorable de peinado, era entonces cuando un escalofrío recorría mi sangre y los ojos se me llenaban de ansia y las manos de rencor, me parecía aquella escena de sensualidad una amenaza constante a mi cordura y lucidez, despertaba en mi cabeza y en mi locura un sin número 25 de deseos por reducirla hasta desaparecerla del todo, ahora que lo medito y lo releo en este morbo de escribirlo, creo que no podía ser de otro modo, una mujer como ella, no podría seguir respirando. Pasaron varios días para quitarme de la cabeza que finalmente no era tan sencillo aniquilarla, pues quisiera o no, algunos decían que era mi hermana, otros más decían que debía quererla un poco, aunque nunca hubiésemos congeniado ni de casualidad y las excusas más vacías se quedaron en que compartíamos el mismo techo, que algo habría de sentir por ella, en efecto lo sentía, una necesidad constante de poseerla con dolor pero también de destruir cualquier rastro que condujese a su nombre siquiera, pasar de los escrúpulos y llegar a la frialdad fue cuestión de un poco más de perfume despedido de su cuerpo durante la ducha, era sencillo, tampoco pretendía masacrarla al límite de hacerla añicos, pero si era preciso terminar con esa locura que invadía mi sangre tan sólo verla sonreír. Una tarde de febrero de esas extrañamente húmedas y frías la mire entrar a casa totalmente mojada, con la cara blanca del frío y con un olor asfixiante a su cuerpo, al verme sobre el sillón impávido me sonrió sabiendo que la ignoraría como casi siempre, se descalzo las zapatillas y se soltó el cabello ahí mismo, se abrió la blusa al límite de los pechos y ese olor que de por sí ya era asfixiante


lo sentía trepar lento por mi cuerpo, entonces se fue despacio hacia el baño, seguro ahora se despojaría de las ropas y caería en la tina de agua caliente, estaría ahí por más de veinte minutos masajeándose y llenando cada rincón con su olor a limpio, apenas pensarlo parecía que el torrente de sangre se aceleraba, me enloquecía, era insoportable imaginarle desnuda, limpia, olorosa, sensual.. tan frágil y al alcance de mis rencores, de mi brutalidad, así que me levante de golpe, puse la mirada perdida en mis pensamientos y caminé por el largo trecho del pasillo al baño, parecía una eternidad la distancia, mis pasos no lograban alcanzar la puerta aunque yo me figuraba irrumpiendo de repente con violencia, cuando al fin estuve frente a la entrada al baño, como si fuese un sigiloso animal ponzoñoso sentí el vapor salir despacio por los resquicios de la puerta, gire lentamente la perilla sin hacer más ruido que el que provocaba ella misma mientras se acariciaba el cabello, cuando estuve dentro pude mirarla completa, descansada, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados, sus manos recorriéndose el cuerpo y llegando al límite de su sexo, perdiéndose ,estaba en un transe de éxtasis tal que ni siquiera se hubiese inmutado de darse cuenta, le mire unos segundos que parecieron una eternidad, aspire el aroma de su cuerpo abierto, de su sensualidad pura, del vapor impregnado en las baldosas del baño, y la locura me acecho de frente una vez más, me entro la desesperación, la locura, la ansiedad de quitarla de mi vista, la hubiese violado tan solo mirarla, no podía negarlo, parte de mi odio era el deseo irrefrenable que sentía por carne de mi 26 carne, pero violarle hubiese sido un consuelo, dejarle viva y destruida no era mi objetivo, tenía que matarle, arrancarle la piel, aniquilar ese olor de vida que tenía, no supe exactamente en qué momento mis pensamientos se convirtieron en acciones, en que idea se quedo atorada la poca cordura que tenía, pero cuando reaccione, la tina estaba teñida de rojo, la sangre goteaba despacio y su olor se esparcía despacio entre la casa, y yo le miraba, le tocaba, acariciaba los restos que tenía frente a mí, sin esa sonrisa irónica y dueña del mundo, olía en su sangre un olvido necesario, un fin justificable a asesinarle borrarle para siempre, mi pensamiento no llegaba a más, no sabía cómo olvidaría el día, como escondería sus restos, no me importaba, sólo sabía que ese olor a piel mojada que despertaba mi locura no lo haría más, estaba en silencio, por fin mi cabeza reflejaba paz, un confort insospechado, una felicidad única.

Makeda


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Revista La Libélula No. 16  

Poesía, literatura, crítica social, política, música.

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