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El segundo paso importante en la construcción de nuestra identidad fue a mediados del siglo XIX. Después de la invasión estadounidense era necesario reafirmar nuestra identidad, así que Santa Anna fue nuestro padre, mandó a hacer el inconfundible y alabado Himno Nacional, ese himno que nos ha acompañado en momentos importantes de la historia, ese canto que nos invita a la guerra, a la defensa de la tierra, a la defensa de la bandera que supuestamente nos representa. El tercer punto, históricamente se sitúa en la época de la Revolución, acá hay dos padres de la mexicanidad, el primero sirve como imagen estética del mexicano, se trata de Porfirio Díaz, aunque algunos no lo quieran aceptar él es la viva imagen de la mexicanidad, políticamente fue el punto de acuerdo entre el vil liberalismo y el vulgar conservadurismo, él es el Pedro Páramo de la mexicanidad. El segundo padre –también es liberal- es José Vasconcelos, fue él el primero en proponer de manera oficial la idea de un nuevo mexicano, de una nueva raza, una casi utópica, donde se proponía la unión de las diferencias para terminar en la igualdad (aquí entra un problema bien serio sobre la alteridad) donde el indígena y el negro tendrían que ser higienizados y normalizados, es decir, combatimos lo diferente haciendo todo homogéneo, claro, si bien la distribución económica del país se basa en lo racial, no podemos, o más bien no debemos proponer un todo, más bien un respeto hacía el otro, una vez más, encontramos una solución moral a un problema político, La Raza Cósmica, esa teoría casi teológica que plantea el “todos somos iguales” y lo lleva a sus últimas consecuencias. El contenido estético de la identidad mexicana es más post revolución, era importante adscribirle una nueva imagen al México Revolucionario, es por eso que la nueva imagen del mexicano se basó en “héroes” de la revolución -Zapata, el más emblemático-. En este caso, la invención de la TV jugó un papel de gran importancia en la creación de modelos estéticos de identidad, podemos ver por ejemplo a Pedro Infante, es la viva imagen del hombre de hoy, machista, mujeriego, alcohólico etc., o el ejemplo de Cantinflas, un mexicano –el personaje- de clase baja, analfabeta, que lucha como puede contra las injusticias de los ricos y el poder. Hoy se ha perdido casi por completo la alineación normativa a la estética del “típico mexicano” aunque cada mes patrio lo recordamos y celebramos. Así se construyó la imagen del mexicano como atractivo turístico, como producto de mercado. Podemos dividir los aspectos históricos en dos, los que se basan en la esperanza y los que se basan en la añoranza, basamos la identidad en la añoranza porque es necesario legitimar los movimientos -criollos- independistas y -liberales- revolucionarios, para que sean incuestionables, para incluso alabarlos; el otro punto, la esperanza ¿esperanza en qué? Esperanza en que el color ya no acompleje (La Raza Cósmica) se ofrece la esperanza de la unión, donde el mestizo será nuestro único salvador, nuestro único ser reconocido socialmente. Lo que propongo es el desarraigo nacional, el desarraigo a la identidad, un completo desconocimiento de lo que dicen que somos, desconocernos para conocernos mejor. 4

Revista La Libélula No. 12  

Numero 12 de Revista La Libélula...

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