Page 12

En el salón nos sentaron a mujeres y hombres separados, y los que antes eran entrevistadores, ahora se sentaban atrás del grupo a tomar notas mientras un hombre nos daba una plática. El tono de voz y la forma de expresarse me hicieron pensar que seguramente se trataba en realidad de algo religioso que usaba una estrategia muy eficaz. No hubiera dudado que alguien pensara que una entrevista laboral terminaría en algo siniestro. Después de una plática en donde el expositor aseguraba que la clase media estaba desapareciendo y por eso había que trabajar ahí, para no quedarnos fuera de la punta de la pirámide, y asegurar que eso lo había aprendido en una universidad a la que él se refería como americana y por lo cual solamente una señora abandonó el salón, nos entregaron unos cuestionarios. Los llenamos, algunos sinceramente emocionados. Otra vez en la sala de espera, me llaman a la oficina del licenciado. Pero era porque había sido una de las dos personas –la otra mi acompañante secreto- que a la pregunta: ¿Ser parte de esta empresa es lo más importante en su vida? había respondido que no. El licenciado, seguro de que con el tiempo iba a pensar lo contrario, me regresa a donde están todos. Yo sigo pensando que quieren que entre a una secta. Las personas que horas antes memorizaban textos, ahora son muchas y muy preocupadas y a todos nosotros nos invitan de nuevo al salón. Nos explican que el siguiente paso es tomar una capacitación de una semana en donde al final va a haber una prueba donde se decide quién queda. Jamás se menciona alguna de las profesiones por las que llamamos, ni a qué se dedica la empresa, nada. “La capacitación comienza el lunes próximo y dura todo el día, si faltan no hacen la prueba final.” Así fue como me encontré con Desarrollo Integral de Negocios Empresariales en el 2008. Decidida a no volver por ningún motivo, tecleé su nombre al regresar de esa mañana esperando encontrar noticias espeluznantes. Me sorprendió que según los testimonios de indignación la prueba final de la capacitación fuera comprar una caja de perfumes con la obligación de venderlos. Cómo era posible que algo tan elaborado y tétrico culminara en la compra-venta de inofensivos aromas. Las denuncias siguieron agregándose hasta finales del 2010. Páginas en todas las secciones de empleos de por lo menos dos periódicos del Distrito Federal les pertenecían. Los periódicos estaban enterados de esto pero decían no poder hacer nada ni negar el espacio a un anunciante. Supuestamente 300 personas tomaban la capacitación por semana –así que conocíamos el domicilio, habíamos visto sus caras por lo menos una vez-; durante una semana se dedicaban a lavar el cerebro de los asistentes con la promesa de un salario de once mil pesos. Es increíble que hayan podido sostener esta farsa por lo menos durante dos años. Yo me quedé con las manos vacías, no descubrí el misterio de una secta y no me contrataron para vender perfumes. 11

Revista La Libélula No. 12  

Numero 12 de Revista La Libélula...

Advertisement