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Sábado 5 de Marzo del 2011  -  E L NORT E   op i n ión 

LUIS ALBERTO HERRÁN ÁVILA

catón

ALEJANDRA RANGEL

En un contexto de múltiples retos, proyectos como la reforma integral del sistema de justicia aparecen hoy olvidados y archivados.

Tenemos una partidocracia que ya nos está hartando por lo mucho que los partidos cuestan a los contribuyentes y por los abusos que cometen.

El documental “Presunto Culpable” expone la ignorancia e inmoralidad de los encargados de procurar justicia en México.

D

Reforma pendiente

esde la década de los 90, el tema de la reforma al sistema de justicia en México ha ocupado espacios importantes en el discurso gubernamental. Esto sucedió a la luz de la creación de organismos de derechos humanos y de la necesidad de vincular las demandas de imparcialidad y equidad ante la ley con la idea de modernización institucional. En términos muy generales, se buscaba que el sistema de justicia mexicano se pusiera al día con la apertura institucional y el paradigma de rendición de cuentas, promovido por instancias nacionales e internacionales como un paso necesario para apuntalar la apertura democrática. En años más recientes, a pesar de innovaciones y logros en materia de procesos (por ejemplo, los juicios orales), el panorama de una reforma penal integral que incida claramente en el desempeño del Poder Judicial parece todavía nebuloso. Diagnósticos incompletos, legislaciones dispares, falta de coordinación y/ u homologación entre instancias federales y estatales, así como la tan prometida profesionalización de jueces, ministerios y policías aparecieron como síntomas de tensiones más profundas entre la insistente necesidad de centralizar las tareas de seguridad y la presencia de una estructura federal que sostiene la autonomía municipal y de las propias entidades. Así, en este contexto de múltiples retos, proyectos como la moderniza-

LUIS ALBERTO HERRÁN ÁVILA E d i to r i a l i sta I n v i ta d o

ción del sistema penitenciario, la autonomía de los ministerios, o la reforma a los procesos penales, aparecen hoy olvidados y archivados, o desperdigados en una seria de iniciativas a niveles locales y estatales, pero sin un eje articulador a nivel nacional. Por otro lado, el énfasis en el “castigo ejemplar” (por ejemplo, las burdas campañas a favor de la pena de muerte), así como la idea de una “guerra contra el crimen”, ambas basadas más en la desesperación causada por la violencia, han permitido que los temas nodales de esta reforma integral se disuelvan en el aire. Con esos antecedentes, el problema actual de la seguridad pública en el País hace más patentes estas deficiencias y estancamientos. Episodios como el asesinato de la activista Marisela Escobedo, o el acoso a la familia Reyes Salazar, nos han mostrado una de las facetas más duras del fenómeno de la violencia diaria: la impotencia ciudadana y el sentimiento de abandono gubernamental en que se encuentran sumidos lugares como Ciudad Juárez. En días recientes, la proyección del documental “Presunto culpable” abrió

nuevos puntos de discusión en la opinión pública, dadas las revelaciones que hace en torno a los absurdos cotidianos y ya enquistados en el sistema de justicia mexicano. Dos asuntos de suma importancia saltan a la vista. Primero, el hecho de que las prácticas que se han hecho comunes y normales dentro de los juzgados vayan más allá de la vulgar corrupción monetaria. Como muestra el caso de José Antonio Zúñiga, el sistema permite espacios para la fabricación sistemática de culpables siguiendo la lógica del castigo ejemplar y la avidez por resultados cuantifi-

cables, supuestos indicadores de eficiencia del sistema penal y judicial. En esta obsesión eficientista importan más los números y porcentajes de sentencias condenatorias, cuyo efecto inmediato es la sensación de que el Gobierno está haciendo su trabajo, a costa de los principios más elementales del debido proceso. El segundo tema traído a colación por el documental es el de la censura, directa o no, a esta serie de problemas cada vez más presentes en la vida nacional. Si bien parece no haber línea oficial en torno al filme, es evidente que éste resultó

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incómodo para un Gobierno que insiste en la retórica de identificar a los criminales como enemigos de México sin reparar en las prácticas que, dentro de las mismas instituciones, corroen el Estado de derecho. Afortunadamente, el impacto en la opinión pública ha sido tal que el retiro del filme, por cuestiones ya sea de censura o por el propio amparo presentado por uno de los involucrados, parece casi imposible. Así, en un ánimo optimista, habría que aplaudir el impacto positivo del caso y el tesón de los productores y creadores del documental, que sin la espectacularidad amarillista de la sangre, retrata la manera en que las instituciones que deberían proteger el Estado de derecho y la integridad de los ciudadanos se vuelven contra ellos. El autor es Maestro en Ciencias Políticas por la New School for Social Research, en Nueva York. narrehl@gmail.com

De Política y Cosas Peores

Partidocracia catón

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ucolia, joven zagala campesina, fue dotada por próvida Natura de muníficos atributos pectorales. Eglogio, campesino comarcano, le hizo una propuesta fincada en impulsos de libido: le entregaría la suma de mil pesos a cambio de permitirle contemplar –contemplar nada más, pero sin estorbo de blusa y de corpiño– el doble encanto de su frontispicio. Ella aceptó gustosa. ¡Cuántas cosas podría comprarse con esa cantidad! Pensó en listones y peinetas; medias finas; zapatos de ante, y aquel ansiado anillo de refulgente similor. Así, aceptó el trato. Lo sabía pecaminoso, ciertamente, pero pudieron más en ella las medias que la entereza. Se fueron ambos tras de los arbustos, y la muchacha desplegó su duplicada gala al sol y al aire. Contempló el arrobado campesino aquella exuberancia , y como en éxtasis empezó a decir: “–No sé… No sé… No sé…”. “–¿Qué es lo que no sabes?” –se extrañó Bucolia. “–No sé de dónde voy a sacar esos mil pesos” –respondió Eglogio preocupado, pero sin apartar la vista de la materia contractual… “–Babalucas – le dice la señora a su marido–, nuestro hijo ya es todo un hombre. Creo que deberías tener una plática con él acerca del sexo y esas cosas”. “–Mira –responde Babalucas–. Por lo que he podido observar, él ya sabe todo lo que hay que saber sobre ese tema”. “–Precisamente –insiste la mujer–. Para eso quiero que platiques con él, a ver si te enseña algo”… Durante muchos años los mexicanos vivimos bajo la dominación de un solo partido político. Ahora vivimos bajo la dominación de todos. Efectivamente, hay en México una partidocracia que ya nos está hartando, por lo mucho que esos partidos cuestan a los contribuyentes y por los abusos que cometen para mantener sus privilegios y prerrogativas. No pocos de esos abusos constituyen verdaderos atentados contra la libertad de los ciudadanos y contra las garantías individuales consagradas por la Constitución. Si por cada peso que se gasta en los partidos –y que los partidos se gastan– se dedicara otro peso a fortalecer la educación, todos en este país seríamos unos harvardianos. Sobre este tema hay que decir que no sólo los individuos pueden establecer una tiranía: existe también el despotis-

mo de las instituciones. Y aquí los partidos, aun los más pequeños y desprovistos de verdadera representación, se han convertido en poderosas burocracias que mucho tienen de parasitarias y que muy poco, o nada, aportan al bien de la comunidad. Muchos años debieron pasar antes de que acabara la hegemonía de aquel partido único, el PRI, que durante más de siete décadas dominó la vida nacional. He hecho un cálculo, y multiplicando esas siete décadas por el número de los partidos y partidejos que hay, he llegado a la conclusión de que tendrán que pasar algo así como 490 años antes de que podamos liberarnos de esta partidocracia que tanto está dañando a la República… Don Algón se quejaba de su secretaria. “–¡Ah, esta Susiflor! –decía muy molesto–. ¡Dejó su frasco de píldoras anticonceptivas sobre la copiadora, y ahora la máquina no reproduce!”… Himenia Camafría, madura señorita soltera, iba manejando, y se pasó un alto. La alcanzó en su motocicleta un agente de tránsito y le dijo: “– Supongo que sabe usted por qué la detengo”. “–Creo que sí, oficial –respondió Himenia, emocionada–. Se siente usted solito”… Le pregunta un rancherito a otro: “–¿Realmente Candentina es tan ardiente como dicen?”. “–Más de lo que dicen –respondió el amigo–. El otro día nos estuvimos besando en la milpa, y todo el maíz empezó a tronar hecho palomitas”… El padre Arsilio fue a altas horas de la noche a ungir con el óleo de los enfermos a uno de sus feligreses. Cuando volvía a la casa parroquial vio a un vecino que estaba afuera de su casa. Detuvo el coche y le preguntó: “–¿Qué haces aquí, hijo?”. Responde el individuo: “–Me da pena decírselo, padre, pero me fui de parranda y perdí la llave”. El buen sacerdote lo reprendió, enojado. “–Ninguna persona decente anda fuera de su casa a estas horas. Toca el timbre, y que te abra tu esposa”. Contesta el tipo más apenado aún: “–Todavía no llega, padre”… Le dice Pepito a su mamá lleno de orgullo: “–Ya sé a dónde se va la cigüeña después de traerte a los bebitos”. “–¿A dónde se va?” –pregunta con dulce y tierna sonrisa la señora. Responde Pepito: “–Se mete en el pantalón de mi papá”… FIN. afacaton@prodigy.net.mx

Mirador ARMANDO FUENTES AGUIRRE

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ean Cusset, ateo con excepción de cuando sufre, dio un nuevo sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre–, y continuó: –El persa Manes, quien vivió en el siglo tercero de nuestra era, inventó la doctrina de su nombre: maniqueísmo, según la cual la materia es el mal y el espíritu es el bien, y nunca jamás podrán reconciliarse. –Hace mucho tiempo –siguió diciendo Jean Cusset–, Manes murió crucificado, como Cristo. Y sin embargo hemos vivido siempre entre maniqueísmos. Fueron maniqueos los antiguos teólogos que sostuvieron durante siglos que todas las cosas del cuerpo –como el sexo– son malas, y buenas todas las del alma. Son maniqueos los modernos teólogos de la liberación. Ellos afirman que todos los pobres son buenos y todos los ricos son malos. Al postular eso olvidan el supremo mandamiento de unir a todos los hombres en el amor. En eso pasó junto a Cusset una mujer hermosa. –¡Qué cuerpo, mi alma! –dijo él. Y dio el último sorbo a su martini. Con dos aceitunas, como siempre. ¡Hasta mañana!…

Aceptar la mentira ALEJANDRA RANGEL

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l principio de considerar a las personas inocentes hasta no demostrar lo contrario no ha podido institucionalizarse en México y asimilarse como parte indispensable de la cultura. Por el contrario, la sentencia de culpabilidad pesa de antemano sobre los ciudadanos y muestra una sociedad a todas luces injusta e inhumana que no se distingue por el respeto a los derechos humanos ni a los principios universales que hablan de la civilidad de los pueblos. El reciente documental “Presunto culpable”, dirigido por Roberto Hernández y por Geoffrey Smith, muestra estas carencias y hace un fuerte llamado a la responsabilidad social, a la toma de conciencia de las debilidades, ignorancia e injusticia que en materia penal, elaboración de juicios, seguimiento de los procesos y formación de jueces y magistrados padecemos. Las lentes han abierto la cloaca del sistema judicial y policial y han permitido mirar al interior de un universo en estado de putrefacción. La indignación que causa observar al protagonista José Antonio Zúñiga Rodríguez, declarado culpable sin juicio ni pruebas previas, desalienta y frustra: preso a los 26 años por un crimen que no cometió, víctima de la Policía y del primo de la víctima, quien es el testigo, con testimonios a su favor de tres personas vecinas en Iztapalapa que declararon que el día del asesinato estaba trabajando. Confinado en una celda donde convive con 20 personas en un hacinamiento total, durmiendo debajo de una litera con cobijas en el suelo, intentando sobrevivir a través de la música y la danza, el hip hop, que practica durante los ratos libres, compositor de sus propias canciones. Gracias a los abogados Roberto Hernández y Layda Negrete, quienes estudiaron de manera especial el caso, y de Rafael Heredia, el abogado defensor que aceptó trabajar sin pago, pudieron exponerse las irregularidades del juicio. José Antonio, a pesar de ser inocente, llevaba dos años en la cárcel, y de no

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ser por su novia y los abogados dispuestos a ayudar, hubiera cumplido una pena de 20 años en prisión. Insólito, mas no en México. Las cámaras entraron al juicio y expusieron la ignorancia del juez y la inmoralidad de la fiscal que cuando la interrogan acerca del porqué lo acusaba después de ver los errores en los procedimientos, responde “porque ésa es mi chamba”. ¿Dónde quedó la verdad, la justicia? Y vamos presenciando a lo largo del proceso las declaraciones de los policías judiciales que fabrican culpables, inventan delitos, y justifican su trabajo a costa de la destrucción del otro. Mención aparte merecen los ministerios públicos. No estaban dispuestos a ver el documental con la filmación del juicio, con esfuerzo se logra que uno de ellos acepte, y es así como le demuestran la falta de preparación de los jueces, que el juez que condenó al joven no asistió a las audiencias, que el abogado defensor de oficio presentó una cédula profesional falsa, que los judiciales amenazaron a los abogados defensores. Y, lo peor, como dice el abogado defensor Heredia, las cárceles son para los pobres. El color de la piel, la vestimenta, la clase social los vuelve vulnerables, viene a ser el detonante de la injusticia y la presunción de culpabilidad, porque un gran porcentaje de ellos son inocentes, pero sin recursos para su defensa. Una vez planteada la barbarie que impacta por su evidencia, ¿hacia dónde llevar la reflexión? Hacia el hecho de que vivimos en un país con un sistema penal podrido, unas leyes que permiten

toda clase de interpretaciones e incumplimientos, y en el caso de los juicios, llevarla hacia las irregularidades y la inequidad social en la que la pobreza es de suyo condenatoria y la falta de respeto hacia los derechos humanos la norma. ¿Cómo es posible que la fiscal, con una desfachatez asombrosa, declare que acusar es su chamba? Debería regresar a las aulas universitarias para agudizar su inteligencia y responsabilidad profesional y sustentarla en los principios universales de la justicia y la solidaridad humana. Dolía mirar la expresión en el rostro del joven acusado, la impotencia y tristeza frente a su destino. ¿Por qué truncar los sueños de alguien que tiene esperanzas y merece la libertad? ¿Qué pensar de la educación en este país cuando el destino de una persona depende de un testigo que miente y de un proceso donde la mentira es una constante? Pero a las autoridades les era imposible interrogarse, cuestionar, dudar sobre los procedimientos a todas luces falsos. Era un espacio dominado por el burocratismo y nunca por la sensibilidad hacia el otro, no existía la conciencia del significado de confinar al encierro a un ser humano que no lo merecía. Todo ello digno de una tragedia clásica en la cual la fatalidad se impone como destino. A manera de conclusión, sería indispensable que todo mexicano viera el documental como un acto de responsabilidad ciudadana y actuara en consecuencia. arangelc@prodigy.net.mx

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Dioses del Olimpo De los tres Poderes de la Unión, actualmente el más cuestionado es el Judicial, pero no se ve por ningún lado que la cúpula de ese poder dé la cara. ¿Le rinden cuentas a alguien? Con la casa sucia y llena de basura, esperaría que al menos digan que la van a barrer, ¿o acaso son los dioses del Olimpo, a los que no se puede acceder y que sólo miran hacia abajo? Tal vez de ése y más privilegios hemos dejado que gocen. ROBERTO GONZÁLEZ DÍAZ Col. San Jemo, Monterrey Envía tu opinión a cartas@elnorte.com


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