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A C LA

A C N O R JA

CREADO POR:

DANIEL CALISPA BRYAN FLORES


En un pueblo pequeño llamado La Magdalena perteneciente a la provincia de Bolívar habitaba una pequeña niña de nombre Lucrecia, la cual era muy curiosa, quería averiguar todo lo que sucedía en aquel pueblo


sus padres le decían que la curiosidad era mala y que tuviera cuidado porque algún día le podría pasar algo malo. Un día pasaba por enfrente de su casa una banda de músicos lo que en ese tiempo se llamaba “La Caja Ronca”,


ella por su curiosidad salió desesperada al balcón a ver cual era el motivo del ruido atrás de los músicos venían trayendo una caja fúnebre con el cuerpo de un hombre, Uno de los que iban en la multitud se acercó a su casa y desde debajo del balcón del cuarto de Lucrecia le gritó que bajara para darle una vela,


el señor que la llamó le entregó la vela y le dijo que regresaría después de tres días para recoger la vela, después de que se fue el señor ella subió a la habitación. Ella iba a guardar la vela en uno de los cajones de su velador, pero cuando ella iba a meter la vela se dio cuenta de lo que tenía en la mano no era una vela sinó un hueso


sus padres subieron corriendo a ver qué era lo que estaba ocurriendo, ella se encontraba llorando ellos le preguntaron qué pasaba y ella tartamudeando les contó todo, entonces ellos resolvieron ir donde un sacerdote, para que les dijera que era lo que significaba esto, el sacerdote después de tanto pensar dijo que eso no podía ser obra más que del mismísimo demonio.


Los padres de Lucrecia querían marcharse a otro pueblo, pero el sacerdote les dijo que de nada serviría debido a que si era el demonio la encontraría fuera donde fuera.


El cura le dijo a Lucrecia que el día que venga Satanás ella tenía que estar dispuesta a todo, la solución a su problema era buscar a tres niños pequeños que sean bautizados y que hayan hecho la primera comunión cuando le abra la puerta al Diablo tiene que tener a los niños uno de cada lado y otro cargado en sus brazos.


Ya se cumplió el tercer día, todos en la casa de Lucrecia estaban atemorizados, toda la mañana no pasaba nada y en la tarde tampoco; l egada la noche, a las ocho, golpearon la puerta, el papá de Lucrecia abrió la puerta,

TOCCC

TOCCC TOCCC TOCCC


Lucrecia notó que era el mismo señor que le había dado el hueso; los niños estaban junto a ella y otro entre sus brazos tal y como el sacerdote le dijo, entonces el señor al verla sufrió una transformación.


Se transformó en un monstruo “el mismo Satanás”, este le dijo que agradeciera que esos angelitos inocentes que estaban junto a ella porque esa misma noche era de l evarse su alma curiosa hacia las l amas del infierno.


Al día siguiente después de tan espantoso susto, ella se hizo la firme promesa de ya no ser curiosa.


EDICIONES BRADANI .S.A QUITO- ECUADOR MAYO 15 2012



caja,ronca