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TEXTOS CONMEMORATIVOS Sesenta años de la carrera de Letras en el Tec de Monterrey

1958 — 2018 21.09.2018


TEXTOS CONMEMORATIVOS Sesenta años de la carrera de Letras en el Tec de Monterrey

1958 — 2018 21.09.2018


SER EGRESADA DE LA CARRERA DE LETRAS: UN GRAN ORGULLO NORA guzmán (LLE 1972) — “LA PALABRA, QUE ES EL ARCA DE LA MEMORIA.” — ROSARIO CASTELLANOS — A Inés Sáenz y María de Alva.


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e emociona saber que mi carrera cumple 60 años. Es una carrera que sin ella no sería lo que soy. A la luz del recuerdo, me maravillo de saber que tuve excelentes maestros que me ayudaron a descubrir mi amor por la literatura. Agradezco el haber coincidido con una generación fuerte. En aquella época era muy difícil decidirse a entrar a una institución de hombres. Mi hermano mayor me dijo que estaba loca por meterme al Tec, que me iba a “quemar” por entrar a estudiar como si fuera hombre. Fuimos una generación ambiciosa, nos queríamos comer el mundo. Mujeres que se animaban a estudiar y a ser diferentes, y que hasta la fecha nos seguimos reuniendo después de 50 años. El compañerismo trascendió y ahora somos buenas amigas. Si bien no existía la computadora, el internet o el celular tuvimos la oportunidad de tener librerías maravillosas como la Cosmos, en donde el Señor Gracia nos conseguía todos los libros que necesitábamos o libros excéntricos que un maestro como el Licenciado Astey nos encargaba. Después, en la propia librería, participamos en lecturas de poesía dirigidas por Luis Martín. Hice muy buenas amigas, como Susana Canales y Sofialeticia Morales. Juntas participamos con alumnos de la UANL en un taller literario organizado por la Doctora Alma Silvia Rodríguez, quien era maestra de las dos instituciones, cosa nunca antes vista. Como examen final de Literatura del absurdo, la generación representó en teatro un collage de las obras de Ionesco y así difundimos la literatura en el TEC. Fue una gran experiencia participar en la huelga de hambre, donde conocí a estudiantes y activistas políticos que, junto con 05


lo que estaba leyendo en mis clases de literatura, encaminaron mi amor por el trabajo social. Ahí conocí al hombre de mi vida, Patricio, con quien llevo unida 49 años, 5 de novia y 44 de casada. ¡Cuántos eventos que me dejaron huella y marcaron mi camino! En 1973 fui contratada como profesora “auxiliar”, que es como se les conocía en ese entonces a los profesores de cátedra, y en 1974 como profesora de planta. Me preocupaba muchísimo ocupar el mismo lugar que mis grandes maestros, me llenaba de responsabilidad y acepté el reto. Me sentí muy honrada que a Pedro Treviño, a Fidel Chávez y a mí, tres maestros egresados de Letras, nos pidieran que nos involucráramos en la creación de la carrera de Ciencias de la Comunicación, lo que fue un gran desafío. Con ese encargo me sentía muy agobiada. Recuerdo haber platicado con mi jefa Rosaura Barahona, diciéndole que no sabía nada del tema y que no había libros en la Biblioteca. Me sugirió ir a México a entrevistarme con una profesora de la UNAM especialista en el tema. En ese entonces no había viáticos para los maestros de nuestra área, así que me fui una noche en el autobús, dormí toda la noche (dulces 25), entrevisté a la maestra, me sugirió bibliografía, fui a las librerías a comprar lo que pude y en la noche regresé a Monterrey. Fuimos maestros muy queridos por los alumnos de Comunicaciones. Gracias a ese reto pude fortalecer algunas de mis clases de literatura con conceptos de McLuhan, Berlo, Adorno, Marcus, Freire y demás autores, los cuales había leído durante los años que impartí Teoría de la Comunicación y Teoría de Comunicación de Masas. Otro reto asumido fue cuando se fundó el CIDES, el cual cuando me jubilé se llamaba DDA. En ese entonces el Vicerrector Académico era el Ingeniero Horacio Gómez Junco, quien nos 06


pidió a Sofialeticia Morales y a mí que colaboráramos en ese nuevo centro que se oía muy prometedor porque se capacitaría a los maestros en el área de Educación. Y aunque éramos muy jóvenes sabíamos del tema, ya que en la carrera de Letras llevamos una serie de materias sobre educación. Así durante varios años dimos talleres de microenseñanza y por primera vez se incursionó en el diseño de objetivos. Ofrecí los talleres a profesores que para mí, en ese entonces, eran muy mayores o grandes autoridades, lo que fue un motivo de orgullo. Nosotras como egresadas de Letras nos sentíamos muy privilegiadas de darles clase a los profesores de toda la gama de ingenierías, así como profesores de matemáticas, física y química. De ahí nació un nuevo modelo educativo que se llamó SIP (Sistema de Instrucción Personalizada), donde se enseñaba a los estudiantes a aprender por cuenta propia. Recuerdo haber diseñado e impartido el curso de Redacción bajo ese modelo. Años después se funda la carrera de Licenciado en Relaciones Internacionales, la cual inicialmente formó parte del departamento de Humanidades. Simultáneamente se inició la incorporación de cursos sello en todos los planes de estudio, muchos de los profesores éramos de Letras y de nuevo se nos pidió que nos involucráramos en este proyecto. Fue así como empecé a impartir los cursos que primero se llamaron Humanidades I y II, después Valores Socioculturales y finalmente Desarrollo Social y Ciudadanía. Un buen día la carrera de Relaciones Internacionales se independizó y nos pidieron a Pedro Treviño y a mí que formáramos parte de esa nueva área. Yo sólo pedí seguir dando mis clases de literatura y afortunadamente lo hice hasta mi jubilación. Fue difícil abandonar el departamento de Humanidades, ya que tuve que dejar la especialización para aprender ahora 07


sobre Ciencias Sociales, pero gané mucho aprendiendo de política y sociedad, temas que fui incorporando a la literatura y que más tarde me servirían como fundamento para el enfoque de mi proyecto doctoral, así como para mis investigaciones. Cuando estuve en Relaciones Internacionales publiqué por primera vez un libro y aunque era sobre Ciencias Sociales, siempre hubo un capítulo sobre literatura y su relación con la política y la sociedad. Mi formación de Letras nunca estuvo ausente. Mi convivencia con profesores de Relaciones Internacionales que tenían doctorado y de quienes aprendí mucho me contagiaron el deseo de estudiar a los 53 años el doctorado y por supuesto lo estudié en Humanidades y mi tesis fue sobre literatura. Fue también muy importante la influencia de la Cátedra Alfonso Reyes, que me permitió como consejera el contacto con grandes intelectuales como Carlos Fuentes, David Brading, Luisa Valenzuela, Friedrich Katz, Javier Ordóñez, entre otros. Las Letras y las Humanidades seguían siendo protagonistas en mi vida. Las enseñanzas y la sensibilización que me había dejado tanto la literatura leída en la carrera como a lo largo de mi vida profesional me llevaron a fundar dos programas sociales que estuvieron presentes durante 15 años en el TEC: México Rural y México Urbano, los primeros programas en donde se unía el trabajo de campo con la reflexión y con el estudio de la ciudadanía. Otra gran satisfacción que me ha dejado la carrera de Letras es ser promotora de la lectura. Este año uno de mis grupos de Libro Club cumple 40 años de reunirse mes tras mes para analizar un nuevo libro. He estado con ellas desde 1978; la 08


literatura se extiende así en las casas, pues una mamá leyendo es ejemplo para hijos, es vehículo de engrandecimiento familiar, el tema del libro se esparce más allá, y a través de la conversación se convierte en el postre que llega a la mente y al corazón. Al enterarme sobre esta celebración volví mi mirada hacia nuestra casa, el Tec, y con gran orgullo pude constatar que la carrera de Letras ha tenido una gran presencia y sus saberes se han desbordado en un sinnúmero de facetas. El programa de celebración del 60 aniversario muestra la trascendencia de la carrera dentro y fuera de la institución, y me siento muy orgullosa de mis exalumnos triunfadores. Muchas gracias a Inés Sáenz, María de Alva, Roberto Domínguez, Adriana González Mateos, Adriana Pelusi, Tatiana Clouthier, Ivan Aguirre, y mi compañera Sofialeticia Morales, por seguir con tanto entusiasmo y éxito el camino que se inició en 1958. 29 de agosto de 2018

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LOS SESENTA AÑOS DE LA CARRERA DE LETRAS EN EL TEC: UN VIAJE A TRAVÉS DE LA LITERATURA, EL ARTE Y LAS HUMANIDADES Juan Manuel MuñÍz ArreolA (LLE 1964) — “Yo he dedicado una parte de mi vida a las letras, y creo que una forma de felicidad es la lectura…” — Jorge Luis Borges — “Podréis decir más tarde: mi escuela es un recuerdo, se alzaba en el oriente de un luminoso valle con murallas azules…” — Alfonso Rubio, Despedida — In Memoriam Rosaura y Fidel, Enrique y Lety.


“Siempre ten a Ítaca en tu mente”: Inicio del viaje a la Literatura y la lectura.

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scribo ubicado en el mirador estratégico que dan los años transcurridos y las experiencias vitales, desde donde se puede contemplar el devenir de la carrera de Letras en el Tecnológico de Monterrey conforme fueron transcurriendo los años, el cambio de los programas de estudio, sus directores, sus maestras y maestros y que, en sus objetivos iniciales, ofrecía para sus egresados las opciones: a. La docencia b. La investigación y c. La creación literaria para la vida profesional. Su primer director fue el Lic. Alfonso Rubio, un destacado humanista, poeta y maestro que estuvo al frente de la carrera varios años y de quien, pienso, sus alumnos heredamos su legado literario y cultural. Me decidí por la primera opción que señalaba el programa de estudios y me dediqué cincuenta años a enseñar en las preparatorias de diferentes campus del Tec y, desde 1964, me convertí en un profesor itinerante, realizando viajes a Mexicali, Guaymas, San Luis Potosí y, al final, a la Prepa Tec Garza Sada, lo que me dio una oportunidad única de conocer personas, maestros y amigos, y tener experiencias vitales inéditas, como la que me llevó de la tarea académica, por unos años, a la administración de un campus foráneo del Sistema Tec, lo que suscitó reacciones negativas entre personas de diferentes niveles administrativos de la institución: ¿Cómo se había seleccionado a un egresado de Letras para un puesto directivo? Pero enfrenté situaciones y consejeros difíciles y salí adelante, demostrando que un egresado de la carrera de Letras puede tener éxito en cualquier encomienda. Al ingresar a esta institución, en 1959, me correspondió pertenecer a la segunda generación de la carrera pero, como había cursado la preparatoria, pude revalidar algunas 11


materias y adelantar otras con la primera generación. En aquellos años ser alumno de la carrera de Letras en el Tec era una situación fuera de lo común: porque los alumnos éramos escasos y las alumnas numerosas, los estudiantes de otras carreras nos consideraban seres raros; también por estudiar una carrera que no era técnica en el Campus Monterrey, que ya daba los primeros pasos para poner el sello humanístico a los cursos del Tec. Por los años en que estudiamos, en la carrera de Letras en el Tec se otorgaban dos títulos: Profesor en Lengua y Literatura Modernas, si sólo se cursaban cuatro años y, si se cursaban cinco, se obtenía la Licenciatura en Lengua y Literatura Modernas; en la actualidad, la titulación ha cambiado. Maestros memorables La base de una educación de calidad en una institución deben ser los maestros y el Tec hizo, sin lugar a duda, una excelente cimentación. Los resultados se verían unos años después, cuando empezamos a ejercer la profesión de docentes. Los estudiantes tuvimos, en el Tec, la enorme fortuna de contar con docentes de gran prestigio profesional de quienes adquirimos los elementos necesarios para desarrollarnos y, por supuesto, el ejemplo, la ética, la disciplina, la entrega a la tarea docente y los valores que han sido el soporte de la institución. Los maestros a los que me refiero fueron: Luis Astey, Alfonso Rubio, Pedro Reyes Velásquez, Eugenio del Hoyo, Etelvina Torres, Felícitos Leal, Elizabeth Kleein, Olivia González, José Bruner, Roberto Bravo Villarroel, Wilfrido Du Solier, Santiago Coindreau y Esther M. Allison quienes, en lo personal, me dejaron una huella indeleble que me motivó a seguir su ejemplo. A la distancia a la que veo los primeros años de la carrera, puedo darme cuenta de que el Tec y los maestros de Letras 12


sentaron bases sólidas para nosotros, fundamentos que eran las semillas que deberíamos desarrollar, individualmente, a lo largo de nuestro propio camino y experiencias personales. Sin embargo, la vida profesional presenta situaciones imprevistas en la docencia, como sucedió en mi caso: desarrollé mi carrera lejos de Monterrey, en muy diferentes sitios de México, a donde el Tec extendía su sistema educativo que comenzaba. La expansión del Tecnológico y las oportunidades que trajo consigo La expansión del Tec que se iniciaba en aquellos años sesenta nos ofreció oportunidades para la docencia del Español y la Literatura que, de otra manera, no hubieran sido posibles en Monterrey, donde las condiciones de trabajo en el área de letras eran restringidas. Cada uno de nosotros, los exalumnos, escogió su derrotero personal que fue configurándose con el paso del tiempo, pero llevando siempre los valores recibidos y asimilados en el Tec. Algunos fueron más lejos, estudiando maestrías y doctorados en el extranjero y en México. Al egresar del Tec, en 1964, el panorama que se nos presentaba no era prometedor, por las alternativas laborales que se ofrecían. Además, para crecer había que salir de Monterrey, pues todavía era una ciudad limitada en muchos aspectos y nuestro desarrollo personal comenzaría en otros sitios, donde podríamos adquirir experiencia, madurar y aumentar nuestros conocimientos con la práctica. La década de los sesenta habría de descubrir, muy pronto, nuevos caminos en América Latina hacia una “nueva literatura”, como decía el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal en su texto “La pluma busca otros horizontes”; literatura que se estaba dando a conocer a nivel internacional y que nos marcaría a los lectores y más adelante, también 13


se integraría a los planes de estudio universitarios. Fue la época del descubrimiento de los viejos y nuevos maestros de la narrativa latinoamericana que incidirían en nuestra formación. Además, otras tendencias de la literatura mundial se daban a conocer. Compañeros del Tec, amigos para siempre Al ingresar a la carrera tuve la fortuna de conocer a dos compañeras: Zandra Montemayor y María Teresa Miaja, cuya amistad mantenemos invariable hasta la fecha. Tuve un compañero, Jesús Salinas, que concluyó el profesorado y se marchó a radicar a los Estados Unidos. Muchos de mis compañeros en el Tec se desempeñaron en la docencia, algunos en el Campus Monterrey y en sus campus foráneos; otros, en diferentes instituciones del país. Un grupo entusiasta de excompañeras formaron el Círculo Literario EXATEC el cual ha durado más de cincuenta años, una muestra de su pasión por la lectura. Otra actividad relacionada con la promoción de la lectura es el Café Literario, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, impulsado por el maestro Fidel Chávez y que sigue vigente bajo la dirección de la maestra Nora Guzmán, una oportunidad que se le ofrece al público regiomontano para leer metódicamente. Ya lleva más de veinte años y es una oportunidad para seguir leyendo y mantenerse al día. Por los caminos de la Literatura Cuando uno dedica su vida a las letras en el Tec a nivel preparatoria o universitario, en los campus de Monterrey o en los foráneos, dondequiera que se presente la literatura como una opción viable, allí se encuentra uno con personas del área de Letras que también han dedicado su vida a leer, a analizar la literatura, a escribirla y a compartirla. 15


Me he encontrado con personas, lectores comunes, que nutren y se nutren de los vasos comunicantes de la literatura y, además, transmiten sus experiencias literarias. Algunas de esas personas que he tenido la oportunidad de conocer en el Instituto son, entre otras muchas, a Dora Esthela Rodríguez, Tere Mijares, María de Alva, Inés Sáenz, Raúl Verduzco. ¿Qué significa ser egresado de la carrera de Letras cincuenta años después? Creo que mis compañeros de la primera y segunda generación, en aquellos lejanos semestres en el Tec, estarían de acuerdo en que nuestro paso por las aulas del Campus Monterrey fue una experiencia académica plena de libros, de ideas, en fin, de puntos de partida, en diferentes direcciones, que nos llevarían más allá de lo que imaginamos, cuando apenas éramos alumnos sin proyectos profesionales definidos. Ahora, con los compromisos profesionales cumplidos y después de “aprender a ser”, como dice Ítalo Calvino, puedo recapitular mis vivencias como ex alumno de Letras, profesor y directivo del Tec. Al llegar a estas alturas de la vida, puedo asegurar que no me arrepiento de haber estudiado la carrera de Letras; creo que estaba señalado para desempeñarme en la docencia, que se enriqueció con la literatura, el arte y las humanidades. Mi vida profesional, con el transcurso del tiempo, se ha ido enriqueciendo con la lectura de autores de diferentes sitios del mundo contemporáneo, con la Historia del Arte y las diversas oportunidades culturales a las que tuve acceso. Los alumnos que cursan una carrera Letras se sentirán orgullosos de haberla elegido como vocación, y si la dedican a la docencia encontrarán eco a sus inquietudes en la pluralidad de opiniones de sus alumnos y de sus lectores, aunque las opiniones sean diferentes. Siempre me sentiré 16


orgulloso de la identidad profesional que el Tec me otorgĂł al egresar con las herramientas que me dio para mi desempeĂąo: la literatura y la lectura, que han ido conmigo a todas partes; mis inolvidables maestros, los valores adquiridos y la gratificante amistad de mis colegas, amigos y compaĂąeros. 4 de septiembre de 2018

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Textos Nora Guzmán Sepúlveda Juan Manuel Muñíz Arreola corrección de estilo Susana Ruiz-Vicentello Fanny Esquivel Jiménez fotos El Cerro de la Silla. Cortesía de Isabel Villarreal. Estudiantes en el Jardín. Cortesía de María Teresa Miaja. Estudiantes. Cortesía de Gabriela Riveros Elizondo. Diseño Fanny Esquivel Jiménez


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