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Letra Muerta ISSN 0719-2401

Mauricio Flores Zambrano

N潞7, Concepci贸n, octubre 2012


Nº 7: De Ninfomanías


s y otras perversiones

Por Montserrat Castell贸 K枚ck Tatuadora


Quiénes Somos [ironía] Podríamos pegarnos el trip mental de elucubrar sobre nuestra identidad y sentido, tal como las básicas preguntas burdas de un curso de introducción escolar a la filosofía. Mulear sobre nuestra visión, misión, objetivos, aspiraciones y sueños, como en un taller de autoayuda en los que las frases de Coelho y Cauthémoc son dogmas y ley. Pero como no son extrapolables a estos, compensaremos con la mención de nuestras actividades y hobbies: se trata de disfrazar nuestros egos y mediante el chovinismo barato de aseverar que “somos un medio con cierto alcance”, en el cual todos tienen espacio y voz para expresarse libremente y en el que el único filtro es la ortografía y la redacción. Decepcionante… Aunque si consideramos que todo ello lo hacemos ad honoren, puede que no lo sea tanto, y menos si en la epistemis de “Letra Muerta” está ser la alternativa todos los sin voz en los medios literarios por no tener “santos en la corte”, estar para quienes jamás han sido leídos o inclusive, notificados de la recepción de su trabajo literario o artísticos en los concursos oficiales. Y si lo vemos por el contenido, el modo y la forma, traducidos para este

caso en la temática y el estilo, somos lo más pluralistas en cuenta a lo que se quiera escribir. Todos son bienvenidos, por lo que no tienen por qué ocultarnos sus nombres o disfrazarlos con algún apodo con reminiscencias anglosajonas. El único juego de pareceres aquí es escribir sus experiencias o deseos bajo el código de la ficción. No importando el o los tema(s) que trate(n), se debe tener consciencia de ello, por lo que no se debe confundir lo verosímil con la realidad, ni menos sopesar lo que inspira, lo que se crea, lo que es y lo que se cree. Desliguen las palabras de su significado explícito, tal vez estén diciendo otra cosa; desvinculen temática explícita del juicio de valor negativo: un texto sobre una violación no quiere decir que el autor haya sido víctima de ella, ni menos que sea perpetrador[/ironía] Queda la invitación hecha entonces a dejar la falsa moral heredada para adentrarnos en el deleite y la reflexión a partir de la lectura, a disfrutar, y si quieren a creer; a entenderlo como se quiera, aunque se debe tener claro que no todo lo que se dice es verdad y que las cosas no son a la manera que aseveran ser, como nosotros en realidad.


Participaron en esta edición POESÍA • Andrea Domic, desde Chile. Estudiante preuniversitario, 19 años. • PauRR (Paula Urrutia Dufeu), desde Chile. Estudiante de Medicina. • Juan Pablo Venegas Inostroza, desde Chile. Artista Visual. • José Ramírez Gaete, desde Chile. Estudiante de Música • Camila Almendra, desde Valdivia, Chile. Estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación, U. Austral de Chile. • Matías García, desde Concepción, Chile. Estudiante. • Patricio Contreras N, desde Chile. Licenciado en Literatura. • Melfías Ohl • Yocelyn Julian, desde Osorno, Chile. Estudiante de Derecho. • Ricardo García, desde México. Sociólogo. • Rafael García-Godos Salazar (RAGGS), desde Perú. Publicista. • Mauro Gatica • Ulises Medina, desde Chile. Estudiante de Derecho. • Santiago Luengo Fernández, desde Concepción, Chile. Estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación. • Sandra Mendoza, desde México. Estudiante de Comunicación y Cultura. • Eloísa Echeverría, desde Chile. Escritora.

• Alejandra Restrepo, desde Colombia. • Pablo Lacroix, desde Santiago, Chile. Director Revista Absenta. NARRATIVA • Diego Valbuena, desde Colombia. Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana. • Gonzalo Vilo. Desde Coquimbo, Chile. Profesor de Ingles. • Jaime Barraza, desde Chile. Estudiante de Medicina. • Sebastián Bueno • René Acevedo Mena, desde Chile. Profesor de música y escritor. • Jorge Sanhueza. Desde Talcahuano, Chile. Comunicador Audiovisual, escritor en Mytilus Cómics. • Verónica Sánchez, desde Chile. Estudiante de Periodismo. ENSAYO • Camilo de la Fuente, desde Chile. Esquizofrénico paranoide hipersexualizado. FOTOGRAFÍA • Andrea Domic • Ángela Rivera • Jaime Jiménez • Fabiola Contreras • Fernando Venegas • Sebastián Bueno • Cecilia Ananías • Monserrat Castelló • Verónica Mena Staforelli ILUSTRACIÓN • Camilo Maulén • Mauricio Flores Zambrano • Rodrigo Maldonado Guzmán

Este trabajo está licenciado bajo la Creative Commons Atribución, No comercial y Sin obra Derivada. Licencia Internacional 3.0


Prosa y poesĂ­a


Un tú

Andrea Domic, estudiante preuniversitario, 19 años, Chile

Me llenas tanto como puede vaciarme el living de mi casa, El azúcar le da vida al café como tú te adentras en mi cuerpo. En la noche la distancia es tan lejana, Como la rabia de mis gritos lo reprochan, Y cuando compartimos el aire del mismo cuarto, El sueño comienza para terminar en pesadilla. Y pensar que hay tanta historia en tus pupilas, Mientras en mí solo encuentras una tortuosa batalla, Y de tanto pensar, he terminado entregándome a tus sábanas.

No eres tú, soy yo PauRR (Paula Urrutia Dufeu), desde Chile, estudiante de Medicina Yo amarte, amarte al infinito. Amarte hasta Marte. Amarte y... Amarrarte, amarrarte fuerte con mi pelo, con mis brazos, con mis piernas desnudas. Amarrarte y amordazarte con mis labios urgentes, con mis manos. Comerte la piel, drogarme en tu olor, sabor, color. Meterme bajo tu piel, ser uno... No eres tú, soy yo.

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Pornográfica Juan Pablo Venegas Inostroza, desde Chile, Artista Visual en su boca entre sus piernas abajo de su ropa adentro y fuera de ella, vive dios pero dios no es sino una forma tramposa de decir en este y solo en este caso: mano y vive no es el verbo y mano no es sino, ahora sí, inocente y fraterna felicidad porque ella no es una mujer, ni menos una humana ella es un jarro, sobre una mesa con mantel

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entonces boca es de jarro piernas de la mesa aunque piernas es cierto son en este caso patas y ropa es mantel pero pornográfica es, ya lo intuye su cabeza y cabeza en este caso no es lo que tiene sobre el cuello cabeza es lo que le falta a esta historia además de pies más allá de los de la mesa que no son pies sabemos son patas


Incendio José Ramírez Gaete, desde Chile, estudiante de Música Su respiración desbocada hasta el extremo, consumiéndome por entero y despertando el animal interno. Animal mutuo, como lluvia pareja, fina y delgada, pero al borde del colapso, lista para encenderse en fuego de amor o de algo parecido, deslumbrante, fugaz y perverso. Dos largos tallos de rosa envuelven mis piernas paralizadas, expectantes y las acarician suavemente como pidiendo, como cuidando. Cabellos de medusa, oscuros y extraviados, caen como lluvia de verano y se mecen al vaivén del mar dúo embravecido por la luna. Manos exploradoras aventurándose por olas gigantes, coronadas y suaves, despertando y enfureciendo el calor interno del mar que no amenaza: mantiene su furia, enarbolando el momento donde dos mundos se cruzan, se descubren y se destruyen.

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Horny La vida me dejó así media loca/ cuerda me dejó así media doliente/ resignada Me resignificaré, ah Piaf: Non, Je Ne Regrette Rien Tus palabras, notas bemoles en mi imaginario Lámeme en lo blanco-negro A contraluz Bienvenido a mis beats Saltamos al ritmo descompasado Hoy te vi, tus facciones femeninas, tus ojos de gato, tu cuerpo ágil… y tu novia al lado… Persuasión Lengua a la oreja Voz al oído Cuerpo al cuerpo La excusa que estaba cansada y que debía tomar aire, siempre me mirabas extraño, no queríamos conversar realmente. La danza tribal Tu mente simple testosterónica NO la quiero besar ¡No quiero tu filosofía! Quiero tu líbido penetrado en mí. El occidente te parece conocido Mi medio oriente es nuestra guerra ¿me anhelas? Llegaste a la Antártida, fría y virgen:

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Por Camila Almendra, estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación Austral de Chile, desde Valdivia, Chile Caliéntala con tu sentido táctil maldito Curioso saber que es una vez en nuestras vidas Volverás a tu rutina, toma mis caderas Y viaja en mi oreja Los fluidos van de norte a sur No existen los pudores, Los juicios: Hoy deseo ser tu objeto (no instrumento) TU MUÑECA DE OJOS GRANDES La manera que te mueves es misteriosa La luz azul parpadea como tu boca en mi cuerpo En mis pechos sueltos debajo de la polera: tu lengua recorre hasta la constelación desubicada. Deseo tus cabellos, asirlos, Sacarte unos pocos Mirarte al interior Por la mañana no me querrás Allí en nuestra playa Me mojo con la sal Para que te mojes tú Tu sexo enhiesto Yo te espero Espero que me aprehendas Para luego recorrerte con la arena permeada La luz azul vuelve Las sombras negras me envidiarían No me tienes pero sí a otras menos complejas que yo Música eres En tus pentagramas invisibles Nos compenetramos como me lo habías prometido antes y antes de la noche actual. “La petite mort prologada, más de una vez, por favor” - Hola. Otro dijo - Hola, ¿cómo estás? Escribí - Bien gracias… oye - Dime - Perdón que te haya agregado así, tan patudamente, no lo pude evitar* *Seguro que te creo…


Por Andrea Domic

Por テ]gela Rivera

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Vestal licenciosa Matías García, desde Concepción, Chile, estudiante Pienso en tu sexo, un lechoso palpitar de carne cruda balsámico de sangre, como si fuera un desgarro oculto bajo los pliegues de tu templo construido y reconstruido, en una suerte de réplica estelar con el corazón simplificado en el soberano imperio del delirio. Pienso, dedicado a tus pechos, abocado a tu vulva recuperando el lugar edénico donde prosternar a la bestia que luego del habla, eleva el grito vencido de la carroña y lo enlaza a la música eléctrica que lacera el oscuro sueño del vivir amante. Desemboco en tu cántaro, en tu fuente quemante Desemboco en tu espanto, en tu boca de lejana muerte Me sumerjo en tu abismo, sin alas, trémulo Me sumerjo, en cada visión de tu cuerpo latiente El silencio es un eriazo de tu vientre profundo que fluctúa en la noche pregonando una danza etérea rezumante de toda el agua y la sangre que brota de la encarnación de nuestros cuerpos como muertos aventados en el íntimo recodo como galerías oscuras y sicalípticas

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como zócalos de carne como besos... Pienso en tu sexo, un eterno socavón de pétalos engarzados en tu ribera rebosante y en tu melodía de sombras con el corazón entresoñando el coito y la botella desnuda en el lecho entre sístoles y diástoles, con mi tentáculo y tu gruta con tu belleza y mi bohemia (más la ternura y la rudeza vibrante en el pecho majestuoso) Pienso en tu sexo, oh amada mía, queriendo mantener estas visiones. Pienso en tu sexo, vestal licenciosa, en tu copa cálida y en tu pensamiento errante como si fuera mi única salvación como si fuera mi único refugio cuál hermoso y eterno alcázar escondido entre tu cuerpo (medio-templo, medio-nido) de amor suave y perfumado de ardiente y frágil humedad que amortigua los gritos de mi alma y los vuelve versos, susurros, suspiros (“Born to die” de Lana del Rey es la efigie de la voz) Entresueño el coito, amada mía, pero nada desaparece al punto del tacto...


Pornoescribir Patricio Contreras N, desde Chile, Licenciado en Literatura Es verdad que la poesía no me echa de menos cuando la abandono por otra(s) y decido evitar el morbo de la página en blanco y ese instinto/líbido que nos lleva a la escritura entendida como un juego erótico entre el lápiz y el papel Buñuel en potencia -ese oscuro objeto del deseoo un cabaret de musas con antifaz Sin duda es su actitud de diva trasnochada de Suicide-Girl tatuada hasta los dientes su perfil de ninfómana / falopera / femme fatale que nos incita a escribir como cortejándola respondiendo a la hilarante campanada de su sexo Aunque es claro que jamás se moriría por nosotros igual cargamos nuestras armas / disparamos al aire jugando al pavo real que persigue a su hembra vestidos de palabras manoseadas en el ejercicio de (re)escribir los libros buscando algún sentido para este oficio que de a poco nos quita el aire cuando las ideas salen a bailar sin pareja y la cocaína le duerme la lengua a la imaginación Por eso admito que me da lo mismo que se duerma o no en su casa de espejos o se revuelque con todos / que ande desnuda cruzando las solitarias calles de la inspiración porque igual volverá deshojada a mis brazos a pedirme una noche más / un último aliento para que yo le escriba su destino en los muslos y la rescate de esa rutina insufrible que es repetirse deslucida una / otra y otra vez en las fantasías de todos

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Por Sebastiรกn Bueno, Chile


Sucedió en agosto Por Melfías Ohl Escritor alcohólico Te encontré vagando, perdido en la noche. El alma enmohecida y vacía, la sangre hirviendo en deseo y lascivia. Me miraste, evaluaste, te acercaste. Ofreciste un vaso, otro vaso, una copa. Yo te ofrecí una boca-nada, tú respondiste una tarjeta y un tubo de lápiz bic. Te acercaste otro poco y mojaste mi boca con la tuya, sintiendo el sabor amargo-sintético en mi lengua, a medida que se anestesiaba mi consciencia y me perdía en ti. Cantando rapsodias retorcidas de aventuras pasadas nos burlamos de la vida en sociedad, mientras sus cánones nos manchaban la vida de alcohol e inmoralidad. Decadentes caminamos hasta un terreno baldío, donde entre risa y náuseas me dijiste “no hay otro lugar”. Y me encontré colgado de las telarañas en tu pecho, negras y enredadas que latían ardientes. Cálidos hilos húmedos que se entretejían con mis cabellos, mientras con la tierra colisionaban mis labios y dientes. Poca cuenta me daba de este hecho, cuando las arañas en tu pecho se inmolaban en mi espalda. Dulce la boca del hombre al instante que perversos pájaros se arrastran y la sangre brota, pues no mucho más importa al entregarse el alma al pecado y éste al olvido. “Tranquilo”, susurraste.

Descosí tus pantalones mientras desabotonabas mi camisa, lanzando a los pequeños bastardos entre el pasto mojado y los árboles inmóviles. Rasgaste la fibra misma de la noche con tus cantos guturales, exquisitos cantos ahogados en su máxima expresión de goce. Labré la tierra con mis rodillas y la aré con mi aliento, plantando semillas de sudor que enterraba con las palmas de mis manos. Temblé el segundo exacto en que enfurecido divagabas por mi piel, apresurando el momento que para uno más que el otro parecía no llegar jamás. Y cuando el tallo palpitante de tu cuerpo se enraizó implacable en mí, el vino etéreo de tu sexo se volvió estrellas y constelaciones. Finalmente, en el contrapunto, degusté la vida que se escondía entre tus piernas, albergué el agrio licor de tu vendimia en mis labios, me embriagué en lo agridulce de tu piel mientras reincidías sometido a mí, cálido y lento. Dulce la boca del hombre al instante que la sangre descansa en el lecho, cuando mueren latidos frenéticos y se reemplazan por arrullos desenfadados. Dulce el sexo del hombre al instante en que el alcohol se pierde entre caricias como golpes, cuando comparte latidos con los labios al compás de una mordida enternecida, inesperado el clímax húmedo y el descanso final, entre las ramas frías del invierno y la pérdida súbita de la inocencia.

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En su propia trampa Yocelyn Julian, desde Osorno, Chile. Estudiante de Derecho

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Esperando nuevamente la noche sigilosa estaba la “niña”: -De noche es más divertido, de noche da más risa Sollozos de cada mañana… noches alegres ¿mañanas tristes? -Culpa matutina, solo a su cuerpo le quieren dar; manos entrelazadas, huecas caricias, besos sin parar ¿Ausencia de figura paterna, miedo al fracaso o al sin sentido? -Ninfómana que prometió no enamorarse más en secreto lo ha hecho mil veces -La máster de las experiencias, sexóloga de sus amigos, la reina de las anécdotas que ha ganado muchos enemigos; algunas le tienen celos otros ganas sin fin, algunas le paran el dedo mientras ella frunce la nariz -Fiebre uterina gritó alguno, como te gustaría ella declaró Contados son con media mano los que le han dicho que no -La excitan las calles descampados y ascensores Palabras bonitas, elogios y desamores -Mordaza que lleva por dentro, la venda que se autocolocó Cierra los ojos mi vida y sueña conmigo susurró -Baila y seduce a los hombres cada sábado por la noche Domingo puntual en la iglesia ¡que dios la perdone! -¿si acaso alguien supiera la angustia que le corre por dentro? Toma de decisiones que se ha vestido de duelo -Danza y danza esta criatura

fogosa, vil y mentirosa Que solo se miente a si misma con lágrimas que parecen rosas; cada lágrima una espina, cada espina otro que por ella paso, cada flagelo en ella misma que sola se lo buscó -¿y qué si el cuerpo manda más que el corazón o la razón? ¿y qué si su cuerpo demanda un falo o dos? -La que puede puede y la que no mira y aplaude Busca cariño en las calles y no cobra, ¡claro que no! Esto se basa en hedonismo, vanidad y llamar la atención Dicen se trata de no valorarse, Pero ¿qué si le gusta la cuestión? -Ciertamente el bien y el mal en su cuerpo se aunó Seducción en forma de cuerno que a más de alguna le salió -Pero denle cinco segundos y escuchen su testimonio: “soy víctima de mí misma, no de los hombres ni el vibrador” -Jugó hasta con un par de mujeres, probó pero no le gustó Es mas hétero que la chucha, sin embargo en sus redes se enredó Y de la cazería hizo un arte: porque no sabe decir que no.


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Por Jaime Jim茅nez, estudiante Periodismo, Concepci贸n, Chile


Sexo en silencio Ricardo García, desde México, Sociólogo Bajo el silencio encontraré tu sexo, no te prohibiré lo salvaje Bajo el silencio encontraré gritos extraviados, un nuevo lenguaje se teje, de antiguos recuerdos. Desearé mi pasión sobre el deseo mientras tanto, tu placer no se ocultará tras vehementes miradas. Bajo el silencio se exaltará en exceso tu deseo en momentos oportunos y noches azuladas Bajo el silencio, sin prudencia, quedarás seducida por melodías idílicas donde las palabras han sido abandonadas. Tras la aparición de caricias; aventuras, placeres y sensaciones Tras aquellas miradas turbias, observo cómo los aromas seducen a tu piel, con mi mirada acariciaré tu sentir, Bajo el silencio se oculta un deseo impulsivo saturaré tu sexualidad con deseos Bajo el silencio lo prohibido será quebrado Después de tu deseo encontraré la verdad de tu ser; sus comportamientos, tus pasiones y placeres. Bajo el silencio descifraré los efectos de tu piel sobre mi sexo, buscaré un porvenir de verdades de pecado, sexo en silencio…

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Curt

Rafael García-Godos desde Perú, Publicis BUSCABA en la sala de vídeo porno gay en el chat en un sauna en la sala de vídeo BUSCABA esa mano que se mece en algún lugar de un cuartoscuro en ese inmenso closet siempre abierto repleto de enfermizos dedos en algún lugar de la oscuridad yo me llamo como un deseo si tú te llamas JC este poema corre el riesgo si tú entras, yo te sigo en un sauna entre esas nubes de yerba las manos se hacen aves levantando sus alitas enredadas esperando otra mano que le arranque el corazón antes que se arrepienta de que ningún ángel rubio lo fue a recoger entre esas nubecitas si tú entras, yo te sigo, si te llamas M, yo te sigo no tengo nada más que decir nadie puede resistirse a nadie, cuando necesita alejarse del sueño que alguna vez tuve ,uno del cuerpo maravilloso de nueva luz temblorosa por el toque de la piel, que no puede responder al veneno del deseo el veneno de la pasión humana entre hombres se hidratan los parásitos la sexualidad la construcción que se viene abajo no hay poema que sepa cuidarse, no hay poema puro cuando se está

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acostado, no hay poema que tenga corazón cuando alguien está clavándote y el poema está acostado buscando correrse para poder subirse los pantalones no me malentiendan solo hablo del guetto no me odien solo fui diferente este poema ENCONTRÓ VIH este poema corrió el riesgo este poema no sabía cuidarse cuidarse es esconderse la REGGIE es el poema este poema tiene VIH, este poema fue a las marchas, se besó con LA PEPA en el parque del amor, este poema no puede dormir por el resto de la sangre que le queda, este poema se subía a los taxis pidiendo una mamadita, este poema camarada reparte condones del Ministerio de Salud en las maricotecas más locas, esos condones durisisisimos que la dejaron pidiendo más esos condones ásperos que nunca usó, como reality de un amor libre o porque lloraba mucho por las heridas que le dejaban en el ano este poema tiene VIH este poema se encadena al Palacio de Justicia este poema pide más retrovirales, pide más tiempo el tiempo es ese palacio el tiempo es un plan de salud este poema protesta sale en la


tida

s Salazar (RAGGS), sta

tele pasa receta a las nuevas cabrillas porque tener VIH no es bonito no es Madonna no es Rihanna no es Miguel Bosé no es Britney no son los güevazos de los bailarines de la Carrá ni el taco aguja este poema tiene VIH y en él entran locas travestis trans afeminados lex pasivos ollas pasivas achoradas caletas activos modernos bisex heteros ositos hunters tríos sin pic no chat con pic si chat con profile si chat sin profile no chat con sitio sin sitio foto o cam REGGIE dame tu mano vamos a cruzar la avenida por última vez y me da un poco de miedo juntémonos REGGIE, que así llegamos más rápido donde acabamos todas las divas al baño del bar de esa bruja travesti donde no regreso porque me enamoro tres veces al día y por lo menos dos me rompen el corazón por el culo.

SHE IS MY MAN AND WE GOT ALL THE BALLS WE NEED (cantan los Scissor Sisters)

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Osvaldo Medina - Compañia de teatro Danza en Cruz

Por Cecilia Ananías


Ceniza nocturna Fragmento del libro “Der Golem” Por Pablo Lacroix, desde Chile. Director Revista Absenta. Ese rostro en parto prisionero la muerte del fragmento calcinado por tus ojos lo dulce de esta sarna que disipa mi plumaje Muerdo el Silencio/ los abanicos/ las caricias del pantano los recuerdos cadavéricos/ muerdo danzas cristalinas de fantasmas melódicos que bailaron sobre vísceras reflejadas en mi espejo deprimidos por la culpa He castrado tu sonrisa como plumero ensangrentado y el silencio malgasta el cigarro de esta noche la ceniza es liendre estática, el alquitrán un pacto venéreo en esta suave brisa de otoñales páginas Sangre llueve en esta lánguida nocturna caderas suicidas bajo el sarro de tu sombra son el mismo sarro que sepultará mi estirpe en noches corroídas por tus mordeduras eclipsadas tras los ojos de los ojos de una córnea pervertida


Deja

Por Mauro

deja vú o veo ichi the killer de takas la escenita que inaugura la cinta/no detrás de la ventana manchando las semen/con mi lechecita caliente… “(…) la baba es del vouyerista o periodista decadente a quien sólo le interesa fisgonear hasta la última gota de luz, allá abajo, donde se juntan las carnes y donde la negrura del asterisco del farolo parece absorber todo como el magnetismo de un hoyo negro espacial. …” pop. rodrigo ramos bañados cómo olvidarlo/detrás de la ventana…/un ficus/mi mano tocándome sin remordimientos/ella estaba del otro lado de la ventana/lloraba… pero a ratos yo creía que reía… eso parecía: un gesto raro…rarísimo …extrañísimo… el gesto, digo… de la risa al llanto…pero la risa lentamente se quedó…se aferró a ese rostro dulce…el gesto, digo nuevamente…el que le dibujaba la cara /la carita /a ella/a la niñita/en la película, el hombre está junto a una mujer/en la película de takashi miike/lo que yo vi era el rostro de una niña/ya lo dije/ya dije niña… o niñita dije/ algo dije, pero lo dije/ en la cinta, el hombre golpea con los puños el rostro de la mujer/en la película que lleva por título ichi the killer, digo/ luego la besa…se toma la sangre cuando la besa…la bebe/a ella/su sangre/su baba/la escupe a ella/vuelve a golpearla con los puños/ahora le patea la cara/le sangra la nariz/le baja los calzones con violencia…en realidad aquí todo es violento/el amor/el odio/todo/los muebles/ las ventanas/ella forcejea/él la golpea/ahora la sangre se multiplica por mil/ahora se multiplica por un millón, la sangre/

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la niñita está tendida sobre la cama/suena una música suave/ él insiste con los golpes en la cara deformada de la chica, hasta que acaba la escena/el hombre ingresa a la pieza….baja la intensidad de la luz…se oye una música suave… algo de joao gilberto…/el personaje de la película ahora se lo mete a la mujer que llora tirada en el piso/ él la golpea, mientras se lo


vú ...

o Gatica

shi miike y no paro de reírme con o dejo de reírme cuando me veo s hojas de ficus de mi madre con

mete con rabia…con ira…con miedo… por donde puede... por donde quiere…/la niñita dibuja una sonrisa en su boca/el hombre se sienta junto a ella sobre la cama// le acaricia el pelo…le susurra algo en el oído…le besa la cara/ aquí entro yo en escena… digo, en la película de takashi miike aparece otro hombre/y ese hombre mira toda la escena/y mientras ve como a la mujer la violan/ se la corre y acaba sobre unas hojas de algún tipo de helecho/primerísimo primer plano…las hojas/el blanco acuoso…espeso sobre las hojas como lluvia/el rostro deformado de la perra actriz…porque eso parecía ahí en el piso….a placer de ese maniaco…/ entonces ¡sorpresa! me dije…/yo me digo cosas todo el tiempo/y mientras lo hacía/ es decir…cómo te lo explico…el otro hombre evocaba su propia película/ el otro hombre como protagonista en una escenita gore para la tribuna…y no para esa cinta en su cabeza / esa cinta que todos guardamos dentro/ la niñita no se quitó en ningún momento la ropa…/en ichi the killer el voyerista es descubierto y ni siquiera le importó que esto ocurriera yo me escondí tras las ramas del ficus de mi madre…los regaba de la misma manera que lo hacía el personaje del film/pero aquí sólo hay un hombres/el tiempo querid@s…me dará la razón /no puedo negarlo… no puedo negármelo… apagaron las luces/ en la cinta nunca apagan las luces…en la película de takashi miike siempre hay luz para mirar…para no perder detalles…/ apagaron las luces en la pieza…[digo] repito… entonces, por esos días, me lo imaginaba todo/ digo/ repito/ no me moví jamás de casa/ insisto/ ahora soy yo quien apaga la luz querid@s... música suave y casi ni le quito la ropa…

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Por テ]gela Rivera


Sexo en La Habana Ulises Medina, desde Chile, estudiante de Derecho

El vacío de la elegancia es pésimo emisor en la coordenada de las palmeras donde con premura el erotismo desmesurado hace gemir a la Virgen que vaga por sus amores en las asoleadas tardes bananeras donde amaneceres de otro mundo esperan sonriendo al solitario. Porque el Hemisferio Norte es patrimonio del espacio cuando existen lugares donde se cortan los frenos y se pelan los cables de los corazones rotos que buscan el amor dentro de un Mojito ¡Ay de los angelitos cuando Dios se entere! ¡Ay del Demonio cuando se tape los ojos! Porque la bestia interna de cada hombre repercute en el deseo oxidado de este entorno y el calor consume los sesos inquilinos y las hojas de Hierbabuena son porristas en un trago y me animan a beber a destajo. ¡Viva Chile! Gritaban en La Habana, las abnegadas macumberas las sacrosantas prostitutas las obreras cubanas.

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Como el sexo para la muerte Santiago Luengo Fernández, desde Concepción, Chile. Estudiante de Ped. en Lenguaje y Comunicación

Su cara empapada en sudor, Sus pechos nadando en calor. Fui testigo del talento para quitarte el vestuario, Fuiste la parte violenta, Mis oídos asediados. Espalda de lino, Muslos de tela intacta, Recorrí a tientas el paraje de hilo blanco, Cubierto en zonas por vellos negros de satín. Poblada estaba la blusa de insinuaciones, Gimiendo a coro las erinias, De rodillas, Lamiendo veloces la juventud de tu garganta. El clima mejora en la habitación, Marcada en instantes de locura y afición. Enmarañada y serpentina Mueves piernas rocinantes. Colorada, carne en sexo remojada, Funde el tacto entre mis huesos, Tiembla rauda de fervor.

¿Quién no ha andado por pastares de uva roja, tentación? ¿Quién no ha visto las orgías de una alzada dionisíaca? Piel crecía entre mis uñas Mientras danzaba la dama. Retozábamos desnudos Entre espuma de placer. Escribía “hoy somos uno” Con los hilos de su boca Reventados, no hay cabida, Para el sueño de la muerte. Párpados rojos. Sus labios, sus ojos, Cadenciados entre mis vellos, Dibujaban un pacto de alcohol. -¿Ya es de mañana? Y vestida, Achuras ideas sobre mis manos embarazadas. -¿Qué es lo que ves? Lo mismo de ayer, Las estrategias para guiarlas al anochecer.

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Citas en moteles de paso Sandra Mendoza, desde México, estudiante de Comunicación y Cultura Las frases más sutiles y sucias que incitan. Hay paredes testigo de ellas, de los fluidos que escurrieron por sus piernas, de los que salieron como lava a presión. Son las sábanas que provocaron el incendio a contraposición. La humedad, la temperatura loca y desenfrenada como sus dientes que no pararon de chocar entre sí. Los momentos más sublimes. Cuerpos pegados a ratos eternos. Sensaciones de sí y no. De querer que terminen para volver a empezarlo todo, otra vez; choques eléctricos entre los músculos blandos. Las piernas flaquean y abren, se cierran y florecen… Flores silvestres que él riega y conserva; los labios hinchados, mordidos de nuevo; sus brazos que cargan pesado y todos moviéndose como circenses; acróbatas sobre el colchón; los mimos y su silencio extraño; los besos dulces. Los verdaderos amantes y ellas princesas y compañeras que lo valen. Mentirosos que sólo juegan al placer; mariposas libres que corren al momento. Que sólo están en el instante, sin más otra cosa que hacer. Sexos mismos, diferentes, ojos verdes, azules o cafés; manos exploradoras, escultores y uno que otro mágico ser; servidoras de amor,

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cómplices que saben cómo hacerlos enloquecer; masoquistas, parafilias y fetiches; también hay lunas de miel. Gritos, gemidos y nada que esconder; Discusiones entre la cama y las garras que se entierran a ya más no poder. Disfrutan lo citado de poesía contemporánea o surrealista en sus oídos. Las nucas y los vellos electrificados por las caricias y besos que seducen en lugares prohibidos y en algunos más por conocer. Son las paredes que escuchan y no hablan, impresionadas y compañeras conducen. Juegan todos contra todos; se involucra cada miembro del cuerpo, todos dispuestos a ganar o perder. Rasguños en la espalda, cansancio, sin respiración; complacidos y otros más que aún son jóvenes y niños con muchas ganas por continuar saboreando una que otra piel; magos y ninfas. Libertades sobre los versos y las letras citadas en el momento perfecto. Suciedad o romanticismo… Frases únicas devoradoras de sexos desnudos, para susurrarlas a sus espacios vacíos y que las guarden los moteles de paso, las carreteras, los sillones del auto o la conciencia de los implicados.


Por Andrea Domic


De Chocolate Eloísa Echeverría. Chile. Escritora. Quieres mi cuerpo abierto entero en chocolate para revolotear indócil revoltoso cual primate, feliz por lo que has descubierto. Quieres mi cuerpo arrojado a tus labios expertos para entregar el placer, en todos mis rincones indóciles, y en tu flama sentir lo mojado. Quieres mi cuerpo engalanado al revés y al derecho entre chocolate dulce para dejar en mi pecho tu nata blanca, todo mezclado. Baña pues mi cuerpo cubierto, sediento de tu crema, baña y que sea un festín para tu boca que me mata, como tu madero enhiesto. Quiero tu pedestal duro, cubierto de chocolate, para tomar de él sus jugos deja que lo haga cual orate gota a gota beber del muro. Quiero en tu centro cabalgar, para escuchar de tu boca, todo lo que quieres decir con tu voz que me vuelve loca, al orgasmo pleno llegar. Quieres mi cuerpo en chocolate, yo tu nata para comer, quieres hablar en mi oído, yo lo mezclado beber. ¿Evaluemos esto que late?

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Bagatela #1 Desestabilización de los latidos de un tiempo Alejandra Restrepo, desde Colombia En un principio, cuando la condición intragable del ser humano por ser inmortal en el mundo que cree conocer, se torna necesaria, deja de darse a sí mismo el calor efervescente que lo hace explotar en su propio placer. Así es como empieza a olvidarse de su cuerpo cálido y suave, de los roces entre sus dedos y su cuello, que marcando un camino muestra el más completo ejemplo de un milagro y entonces aprende a reconocerse en otro individuo, creando una falsa felicidad a través de la arrogante reproducción biológica, esta que nos vuelve mortales y nos aleja de la compresión cósmica. Es en ese momento cuando empezamos a vivir de una manera que no corresponde, apropiándonos de vidas que no nos pertenecen, en un cuerpo que no es el nuestro, creando pensamientos en los que no creemos. Y es cuando empezamos a soñar que el cuerpo que habíamos dejado de explorar, de repente era desconocido. Ahora los latidos del corazón no eran los de un excitado colibrí, por lo contrario, eran vibraciones comunes como las de un caracol. La retrospectiva de cada individuo se cuestiona y hallamos la razón del descuido propio; son esos momentos en los cuales perdemos la seguridad en nosotros mismos y nos encaminamos hacia el placer que pueda brindar alguien más, el error de pretender tener las mismas sensaciones que obteníamos por medio de nosotros mismos en manos de alguien diferente ha sido caro. Ahora caemos en la trampa en la que nada es infinito y, que una vez hundido el placer en otro ser, llegaría la felicidad con algo que no era más que la pretensión de una fotografía que veríamos evolucionando hasta el momento de partir. Hasta ese momento en el que ya no seríamos más las vibraciones de un colibrí, de eso pasaríamos a la sumisa tendencia del tiempo, y de un cuerpo olvidado, aquel limitado a jamás explorarse así mismo, porque supuestamente ya todo se ha sentido, ya todo está conocido y lo apropiado para unas arrugas es todo, menos la diversión.

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Por Mauricio Flores Zambrano. Estudiante Arquitectura Udec.


Narrativa


Viaje en Menguante Diego Valbuena, desde Colombia. Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana

Son algo más de las seis de la mañana. El sol hace grandes intentos por aparecer entre las espesas nubes de aquel despertar sórdido. Algunos rayos débiles se asoman por el balcón del apartamento. Doblada sobre sí misma, sentada al borde del sillón de cuero negro, la veo retorcerse en sollozos que no me conmueven en lo más mínimo. Camila se desahoga. Habla sin tomar aliento explicándome todo lo que siente por mí, dándome razones poco convincentes de venir a vivir conmigo ya que, según ella, se moriría si me desaparezco de su vida. Parlotea con desesperación. Trato de sostener la mirada sobre sus ojos pero ella se trasparenta y termino viendo el desorden de la sala, producto de la reunión de anoche con varios amigos y cercanos con motivo de mi partida a Tokio. No comprendo el sentido de su consternación. La nube de humo que flota por todo el lugar le da a este momento un toque de patetismo que me enferma. De nuevo me cruzo con su mirada y esta vez siento que mi cuerpo vibra. Le desagrada esa sensación ya que, aunque no sienta mayor afecto hacia ella, cada vez que repara en esos ojos inmensos, ese cuerpo de pocas carnes pero atrayente, manos inquietas que intentan dar explicaciones, cada vez que se centra en aquel ser de porcelana, se estremece. Me mata el cansancio. Quiero dormir unas horas antes del viaje. Aún hay bastante licor en mis venas. Camila se levanta y se me acerca. Se apoya en mis piernas y llora. Sigue hablando pero poco le entiendo entre su crudo llorar. Veo caer gran cantidad de lágrimas en mis piernas descubiertas, y de nuevo emerge en mí esa sensación de distancia con el mundo

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y las cosas, con la humanidad y sus arrebatos de emotividad. El tener aquel cuerpo tembloroso sobre sus piernas le recuerda las noches de insomnio de su hermano menor que, cada vez que llovía de manera incesante, entraba desconsolado a su cuarto buscando el calor de las cobijas y de su cuerpo, envuelto en la humedad de la noche. Ese pequeño manojo de carne y huesos, firme como acero forjado, de cabellos lacios y piel incólume, arribaba con el corazón brioso, agitado por la confusión de algo que no era capaz de comprender. Lo observaba con una mezcla de ternura y admiración. Le pasaba las manos por su pequeña espalda bañada en sudor, mientras sentía cómo la sangre se le agolpaba en sus sienes, y el chiquillo, con suave gesto de dolor, se aferraba a su brazo como el lugar donde hallaba su salvación. Duermo mejor contigo, le decía siempre que las noches eran cerradas, apretando los párpados como no queriendo abrirlos nunca más. Y, como otras veces, le recordaba que no debía temerle a los truenos ni a la oscuridad. Al ceñirlo contra su cuerpo, el ardor de su hermanito se centraba en su miembro, abrasivo como metal fundido. En un acto de conciliación entre ambos y la noche, lo masturbaba lentamente sobre su pantalón de pijama hasta que ese cuerpo menudo liberaba la tensión y caía en sueño profundo. Mis piernas, su cabellera. Lisa, roja, como el fuego antes de extinguirse, como el sol antes de desaparecer. Otro cuerpo menudo. Levanto su rostro y Camila entorna sus ojos por tanta luz. Tomo una lágrima que cuelga en el borde de su barbilla con la punta del dedo índice. La observo como si fuera la primera vez


que viera una. La dejo en sus labios. La saborea, la degusta. Camila tiene una mirada de confusión. Me recuerda mucho a mi hermanito. La mañana enciende la calle y el aire de la sala caldea los ánimos. Por primera vez Camila deja de llorar. La angustia denotada por su palidez se convierte en ansiedad, mejillas ruborizadas y manos sudorosas. Tomo su rostro entre mis manos y bebo la sal de sus ojos. Recorro su rostro con mis labios. Camila sonríe con un gusto pueril que me incomoda. Busca mis besos pero le rehúyo para ver qué actitud toma hacia mí. Cierro sus ojos con mis dedos y tomo uno de sus senos con fiereza. Al pasar mis yemas, ambos pezones buscan desgarrar la delgada tela de franela de cuadros azules y blancos que cubre ese cuerpo exiguo. Camila se monta sobre mí, me abraza con las pocas fuerzas de sus brazos aniñados y me besa, mordiéndome el labio inferior hasta hacerme sangrar. El sabor metálico en mi boca me anima. Roza su pelvis contra la mía mientras me susurra al oído: no te vayas, por favor. Camila está totalmente embriagada de mí, o tal vez de sí misma viéndose sobre mí. Siento que el calor de su entrepierna la domina y necesita desprenderse de lo que lleva puesto para descargar todo ese deseo que ha acumulado en las tres semanas que no nos hemos visto. Su humedad transparenta la ropa interior. Me animo más. Las prendas quedan esparcidas por toda la sala. El día entra por las ventanas haciendo el aire pesado, casi no puedo respirar. Toma mi mano y se introduce tres dedos. Inhalo lentamente. Su humedad se desliza por mi mano hasta la muñeca. Recojo un poco con mi lengua. Exhalo. Recuerdo la primera vez que nos vimos. Camila llevaba el pelo muy corto y prendas que la hacían ver como un niño. Un niño escuálido que dedicaba sus días a los deportes. Un niño que entró al baño donde me encontraba y que, al bajarse la

pantaloneta, fijó su mirada en mis ojos que observaban atentamente la manera como orinaba, con todo el descaro de la puerta abierta como sus piernas. Camila quiere tener sexo todo el día. Yo la miro con indiferencia. Por qué, dice como para sí, por qué me haces esto. Varios rayos del sol golpean con fuerza la mesa de centro, llenando todo el lugar de un blanco que enceguece, que hace arder los ojos. A Camila la enciende. A mí me desespera. Camila ha conseguido por fin lo que ha buscado durante su corta vida: alguien que le dé compañía y sexo sin que le hayan pedido un compromiso, una relación, vivir juntos o firmar contratos. Ha conseguido la vida ideal. Eso la hace feliz. Yo, pues, he encontrado en esta una mujer lo que pocas veces consigo: unos senos firmes con los pezones pequeños y carmesí, un pubis muy bien depilado y una boca que hace un sexo oral intenso. Me siento miserable. Por eso me voy. Por eso ya no soporto ese hermoso rostro pálido metido entre mis piernas buscando succionar mis entrañas. Observo mi mano con los dedos arrugados por los dos orgasmos de Camila. Saboreo otro poco. Es amarga. La tomo del pelo y le introduzco mis dedos llenos de ella en su boca, hasta el fondo de su garganta. Tiene ganas de tragarse mi mano, mi cuerpo, mi alma para después devolverlo todo en un espasmo de bulimia emocional. Con la mano libre la tomo del cuello y corto su respiración. Cómo le excita. Por el suelo sigue esparciéndose su flujo viscoso. Camila, en principio, sonríe, con una mueca que se confunde con deseo, luego se angustia, trata de quejarse, se sacude para intentar soltarse, pero el cansancio de la jornada le ha robado su poca energía. Poco a poco deja de moverse. Ahora soy yo quien sonríe. Voy a mi cuarto, me ducho, me visto con lo primero que encuentro, hago una maleta con lo imprescindible, paso de nuevo por la sala. Sigue ahí, tendida sobre sus miasmas. Por lo menos ahora tengo una razón de peso para irme y no volver.

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Por Veronica Mena Staforelli


En casa d

Por Gonzalo Vilo. Des Profesor d

Alexia es de esas minas que te enganchan, ¿sabes? Una princesa de cabellos dorados y mirada triste que no es ni remotamente parecida a las otras. Yo la quiero más que la cresta, en especial por su manera de ser, por sus peculiaridades; por su forma original de amar y quererme. Y estoy seguro que lo mucho que resalta en ella y, que al mismo tiempo la mayoría de los otros rechaza, es lo que produce en mí: este vértigo despiadado, ante el que me siento por completo indefenso. Fíjate que todas las noches hago lo mismo. Me desanudo con cuidado de los brazos de mi joven amante; me bajo de la cama y me voy para la casa de Alexia. Claro, durante el trayecto, son muchos los contratiempos que surgen. Por ejemplo, cada vez que avanzo a través del pasillo que lleva a las escaleras, temo encontrarme con Lucas. Lucas siempre esta al acecho y no pierde el tiempo para lanzarse sobre mi con sus garras y sus desconcertantes chillidos. Aunque, si lo pienso bien, estas no son más que nimiedades comparadas con lo que me ofrece Alexia, y, además, la mayoría de las veces logro escabullirme con éxito y salgo de la casa sano y salvo, así que, para qué exagerar. Hoy, sin ir mas lejos, la noche parece estar tranquila. No hay guardianes a la vista. De todos modos, con mi cautela de siempre, atravieso el pasillo y bajo las escaleras despacito y sin hacer ruido. Al llegar al living, busco la llave y abro la puerta. La casa de Alexia esta en la calle de abajo y hay que recorrer una cuadra completa para llegar a ella. Cuando al fin la encuentro, me siento sobre el medidor del agua, y, luego de algunos segundos, es la misma Alexia la que me abre la puerta. - Pasa tonto – Me dice susurrando – Y no hagas ruido Camino en puntas de pie. La casa esta más oscura que de costumbre, así que cuesta deslizarse por el living. Los muebles, gigantes icebergs, me chocan y bloquean el camino. Sin querer, tropiezo con la mesita de centro, y el botón que tenia algo suelto, se cae al piso. Con un rápido movimiento de mi mano lo recojo antes que Alexia se dé cuenta.

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- Estoy con Beto – Me dice ella de pronto – No te enojes . Yo se por qué lo dice, yo se por qué hace todo esto. Pero no le digo nada. Hace días que lo invita a nuestros encuentros sin avisarme y lo retiene, aunque el otro ya este aburrido y quiera marcharse. Pero así es ella, me digo, y así la quiero. No hay mucho que yo pueda hacer. En fin, llegamos a la habitación donde duerme con su compañera. Alexia abre la puerta sin hacer ruido. Me deja pasar a mi primero y luego, mirando hacia un lado y el otro, cierra la puerta con extrema delicadeza. Allí, sobre la cama, está ella, otra jovencita tierna y amorosa, tal como la mía. Alexia me mira y se pone un dedo entre los labios y ambos caminamos en puntas de pie. Al fondo, pegado al velador, esta Beto, con su horrible cara y sus feos zapatos. Dejo de mirarlo y busco a Alexia. Esta vigilando a su compañera, que sigue inmóvil como una piedra. Con cuidado entonces llego hasta ella y la tomo de la cintura. La beso en el cuello y siento como su cuerpo se estremece. De inmediato comenzamos a besarnos. Ella me pone las manos en la cabeza y juega con mis orejas. Yo la tomo de la cintura y le subo la falda. Con mis manos la toco por todos lados y ella se sonríe y me besa con más fuerza. Todo mi cuerpo se agita y se conmueve al sentir sus labios y sus manos acariciándome. - Mi regalón – Me susurra en el oído – Te echaba de menos... Al lado de nosotros, sin embargo, se ha sentado Beto, que nos mira, atento. - ¿Te pasa algo? – Me pregunta Alexia – Te pusiste como raro - No – Le digo, mirando a Beto – No pasa nada El cara de pato entonces enciende un cigarrillo. - Hace como si yo no estuviera – Me dice – No seas tan tímido, Peludo. Lo miro y niego con la cabeza, pero igual sigo con Alexia. Me pongo entonces a besarle la entrepierna


de Alexia

sde Coquimbo, Chile. de Ingles

por un buen rato. Luego, al salir, encuentro a Beto con una mano dentro del pantalón y con la mirada en el techo. Con sorpresa veo que sonríe y su rostro parece iluminado, como si hubiera alcanzado el cielo y tocado una estrella con los dedos Trato de olvidar aquella imagen y me concentro en Alexia. Después de algunos minutos de besos y caricias, los primeros gemidos me estremecen. Son chillidos entrecortados, temerosos, que me erizan los pelos. Ella sonríe con esa boquita diminuta y las puntadas de su rostro se rasgan un poco, aunque no ceden. Todo en mi interior se detiene, y mis manos arden tratando de seguir el ritmo. Los últimos gemidos de Alexia llegan acompañados de un estallido de palabras inconexas, y su boca, que beso con ternura, apenas se mueve. Terminamos abrazados, con ella durmiendo en mis brazos, y yo me quedo acariciándole el rostro, con delicadeza, como si su cabeza y todo su cuerpo, fuesen una misma gema. Lamentablemente, la noche avanza sin que me de cuenta. A las seis yo debería haber emprendido el regreso, para llegar a mi casa antes de que mi princesa abra los ojos. Pero, al despertar, además del sol inclemente que llega a mi rostro desde la ventana, tengo delante de mí la mirada atenta de esta jovencita. Para mi sorpresa, ya no tengo sobre mí los brazos de Alexia. Ahora ella duerme en la cama, calentita, con la cabeza sobre la almohada y con sabanas que le llegan hasta el cuello. Tampoco Beto está a mi lado, fumando un cigarrillo, ni tiene la mano dentro del pantalón. Ahora esta en un baúl lleno de cosas y lo único que se ve son sus feos zapatos. Un horrible lugar para dormir. La compañera de Alexia, mientras tanto, sigue mirándome, pero ahora también dirige su vista hacia el baúl y hacia otras partes de la casa y se toca el mentón con el índice. Parece dudar, pero entonces da un grito y a los pocos segundos aparece una mujer. Entre ambas me miran con atención. La mujer juega con mi botón suelto y me aprieta la barriga.

- A lo mejor se le quedó a la Catalina – Razona ella de pronto – ¿Ayer que no vino a jugar contigo? Y la jovencita que la mira asiente, sin contestar. Me dejan allí, sobre la cama. En la tarde le escucho decir a la mujer que me llevarán a la casa de Catalina. Yo ni loco quiero eso, así que cuando se van, sin siquiera despedirme de Alexia, me bajo de la cama y con mucho esfuerzo avanzo hacia la puerta que da a la calle. Por fortuna, afuera casi no hay gente y los pájaros y los roedores están ocupados en otras cosas como para venir a molestarme. Pese a esto, camino rápido y sin confiarme. Al menos, en la casa todo esta tranquilo, así que subo las escaleras a toda velocidad. No obstante, antes de llegar a la habitación de mi princesa, veo a Lucas que esta agazapado sobre una de las ventanas. Al verme, da uno de sus chillidos característicos y yo me quedo paralizado. Por un segundo me imagino el fin: sus garras contra mi rostro, despedazándome. Pero entonces veo que trastabilla y que no logra mantener el equilibrio. Yo lo observo con atención, aun inmóvil y temeroso, hasta que, al final, lo veo caer dentro de un baúl. Jadeando llego a la habitación y cierro la puerta. Allí, sobre la cama, gracias a Dios, mi amiga aun duerme. Yo suspiro aliviado y, en puntas de pie, camino hacia la cama. Subo con cuidado, aunque igual siento un dolor agudo en mi espalda: que viejo que estoy, dios mío. De todos modos, alcanzo a llegar a la almohada y desde allí observo aquel hermoso rostro. Con cuidado levanto una sabana y me meto debajo. Al sentir el contacto de una de sus manos, me acerco y me dejo abrazar por aquellos pequeños y suaves bracitos. Con fuerza, ella me estrecha aun más contra su cuerpo y yo siento los latidos de su corazón. Su aroma inocente. Es imposible no encariñarse con estas jovencitas, me digo, y cierro los ojos, quedándome dormido a su lado. De todos modos, sumido en mis sueños, no dejo de susurrar el nombre de Alexia.

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Por Sebastiรกn Bueno


Lluvia d

Jaime Barraza, desde Chil

Mirando la lluvia desde la ventana de su oficina, el detective Monroy disfrutaba de su cigarrillo. Desde aquel error, que le costó su familia, había entrado en el vicio. Lo mantenía sereno, según él. No era alguien de muchos amigos, ya que con su actitud arisca, era difícil entablar otro tipo de relación que no fuese estrictamente profesional, y así era. Afuera llovía a cántaros, cosa que lo mantenía inquieto, ya que en el fondo sabía que ese fenómeno natural no traía nada bueno desde hace dos años en su ciudad. Un golpe en la puerta lo sacó repentinamente de su trance. Jung años atrás lo llamó sincronicidad. — Señor, hemos encontrado el cuerpo en las parcelas de peñuelas. El detective, atento al llamado del oficial, apagó el cigarro en la suela de su zapato y se puso su chaqueta negra, habitual en estos casos. No demoraron más de diez minutos en llegar al lugar de los hechos. Monroy no disfrutó la escena, como nadie aparentemente en el equipo de homicidios. Sus temores resultaron ser ciertos, como en la lluvia pasada. Entre los matorrales, otro niño, desnudo, yacía sobre el suelo. La penosa imagen atormentaba al detective, quien no podía dar respuesta a tan macabro crimen. La lluvia borraba toda evidencia del delito. Sólo tenía el cuerpo y los deseos de encontrar al o los responsables. Ni eso sabía con certeza. Volvió a mirar el cuerpo del niño: cara tumefacta y de color rojo violáceo, con puntos rojos por doquier, la lengua proyectada hacia delante de los dientes, con espuma blanca, y sanguinolenta, también en la nariz, y con otorragia, equimosis en conjuntivas, mucosas y mejillas. Era evidente. Causa de muerte: Asfixia por estrangulación. La misma que las anteriores. No era todo, había evidencia de violación (desgarro), con secreción seminal presente. Monroy no podía contener sus lágrimas. Estaba decidido, debía encontrar al desgraciado y a todos sus cómplices, si es que tenía. Días después comenzó la frenética búsqueda. Abrió su expediente con los casos, verificando los detalles de cada uno, intentando

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ver algún patrón, algún indicio, algo que lo orientase. Tenían en común: ser niños de no más de 14 años, muy menudos, todos estrangulados y violados anal y salvajemente. De acuerdo al informe del forense, probablemente el violador perpetraba su accionar a la vez que estrangulaba a los pequeños hasta la muerte. Además, todos los crímenes eran realizados días antes de que lloviera, los cuerpos abandonados en el mismo sitio, sin testigos, ni huellas de calzado ni de vehículos, como si un fantasma los secuestrase, los violara, y luego se deshiciera de sus cuerpos. A la vez, las desapariciones de los niños, eran de corta latencia. En menos de una semana de su desaparición, el cuerpo era encontrado entre los matorrales de la parcela sin número de Peñuelas. No había dueño del terreno, ya que éste había fallecido sin dejar herederos, y ningún familiar hizo posesión del mismo. Consultó otras carpetas, en donde había información sobre los últimos lugares en donde habían sido vistos los niños. Muy diversos, pero ahí vio algo en común: eran lugares muy abiertos y comunes. Plazas, parques, playas, canchas de futbol, entre otros. Con esa información, Monroy podía conjeturar abiertamente que se enfrentaba a un asesino/violador en serie, pedófilo, por lo que le parecía evidente que, dadas las características del caso, trabajaba solo. Seguramente mataba a los niños para evitar que éstos lo identificaran a futuro y de esa forma, continuar con su perversa fantasía. Pero esos datos no eran suficientes para Monroy, sabía que tratar con tipos así, era complicado: inteligentes, de fácil adaptación, muy sociables, siempre tenían coartada. Podría ser cualquiera. Cualquiera. — Hey jefe, ¿necesita algo? Iré a comprar un café y unas hamburguesas. El detective se había quedado dormido sobre su escritorio. Había trabajado toda la noche sin descanso, hasta que entre sus pensamientos, se desvaneció la realidad, y cayó sin darse cuenta entre los brazos de Morfeo. — No, gracias. Iré a tomar un paseo – repuso Monroy. Hacía frío esa mañana de agosto. Las calles de La Serena estaban desiertas. Seguramente


de agosto

le, estudiante de Medicina

todos tenían con quien capear el helado invierno. El detective solo tenía a su estufa eléctrica descompuesta. «¡Qué desgracia!» pensaba Monroy. Caminó desde Larraín alcalde, cruzando por el centro, hasta llegar a Balmaceda. Necesitaba pensar. Necesitaba encontrar al responsable. Mientras fumaba su Viceroy para intentar entibiar el cuerpo, se detuvo por el semáforo de la esquina de Balmaceda con Prat. Distraído en su pensamiento, no se daba cuenta de lo que ocurría en los alrededores. Pero poco a poco, unas risas fueron extrayéndolo de la profundidad de su conciencia. Con una mirada furtiva hacia la esquina aledaña, tuvo una epifanía. Sus ojos sufrieron midriasis. Hubiese gritado Eureka, pero esa expresión no tenía mucho sentido si no era estando desnudo como Arquímedes, por lo que solo se limitó a sonreír. Ahora, debía comprobar unos datos. La oficina de bienes nacionales quedaba a dos cuadras de ahí, partió corriendo. En la oficina anotó rápidamente la identidad del anterior dueño de la parcela, y la corrió en la base de datos del registro civil, gracias a la ayuda de un amigo que trabajaba ahí. La corazonada tenía base. Solo era cosa de tiempo. El viento golpeaba la ventana de la oficina del detective Monroy. Hábilmente había puesto unos plásticos cubriendo los espacios, para evitar que el agua se metiera en la oficina. El vapor del café posado sobre su escritorio expelía un aroma exquisito, como si un barista lo hubiese preparado bajo estrictas medidas clientelares. Pero era sólo la sensación producida por la fantasía de Monroy; tan solo era un expreso de las máquinas de Nescafé que tenían en la cafetería del departamento. Un oficial interrumpió su degustación. — Jefe, encontramos otro cuerpo en el mismo lugar, pero éste es distinto dijo el oficial, sacando pecho. – ¡Oh! Y también hemos encontrado algo que no habíamos visto antes en el lugar, por favor acompáñenos. Monroy apresuradamente tomó sus cosas, tapó el café, y emprendió el viaje. La escena no era particularmente hermosa, pero de alguna forma, le agradaba. Un hombre de

unos cuarenta años, cubierto solo por una sotana color café, se encontraba de rodillas y con el torso inclinado hacia delante, con las manos atadas y las palmas juntas, como en posición de rezo. La boca estaba abierta, cubierta de saliva blanquecina, los ojos blancos y el cuello rígido, indicando rigor mortis. Un detalle que no debía ser pasado en alto, era la cruz de metal insertada en su ano, la cual había desgarrado además de su recto y los músculos aledaños, sus entrañas y vísceras más cercanas, produciéndole la muerte seguramente por shock hipovolémico y luego, una septicemia generalizada. El cadáver fue encontrado frente a lo que parecía una puerta oculta en el suelo, que daba con un túnel. Mientras el equipo de homicidios comentaba el deceso de quien parecía ser el cura de la Iglesia de San Francisco, una voz con autoridad surgió. — Ese túnel, ¿Dónde termina? – preguntó raudo Monroy a un oficial. — No lo creerá detective, pero es el legendario túnel de los campanarios, que une la catedral con las distintas iglesias de la ciudad, y que terminan aquí – respondió confiado y alegre el oficial, como si por haber dicho eso, le darían una medalla al mérito. — Bueno señores – dijo Monroy, luego de tomar un sorbo de su café – alguien se nos adelantó y se hizo cargo del desgraciado, ahora debemos comparar su semen con las muestras anteriores, y si coinciden, pues tendremos que agradecerle al aparente anónimo que nos entregó este cuerpo, con su mensaje. – terminó el detective, compartiendo una mirada furtiva con el personal de homicidios. — ¿Entonces qué haremos con el responsable de éste delito? – preguntó el oficial. — Pues, no hacer preguntas y dejar que el tiempo borre la memoria, de lo contrario, podrían aparecer más cuerpos con sotana, ¿no le parece oficial? – Espetó el detective, inquisidor y amenazante, sabiendo que algunas veces, era mejor aplicar justicia con las propias manos. Sin saberlo, era la última lluvia del invierno, ya se terminaba agosto, para dar paso a la primavera en septiembre.

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Por Jaime Jiménez

Por Montserrat Castelló Köck - Tatuadora


Por Camilo MaulĂŠn, desde Chile

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Por Fernando Venegas, desde Chile


Por Camilo Maulén

Bibliometro Por Lumpen Lover

Lumpen Lover la encontraba simpática, además era bibliotecaria, lo que le agregaba su toque. Por eso le ayudo a cerrar el local de bibliometro donde trabaja; momento en el que ella con complicidad le dijo ahora nadie nos verá, puedes hacer lo que quieras. La reacción de Lumpen Lover fue espontanea: abrió su mochila y metió el libro de los detectives salvajes empastado en tapa dura. El pensó que la hizo de oro, ella pensó que todavía es virgen.

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Introito con “Sumo” como música de fondo Por René Acevedo Mena, desde Chile, profesor de música y escritor Fuimos a encerrarnos en la pieza, quizás por última vez. Tú comentabas de la alfombra nueva, del velador, de lo costosa de la mudanza. Yo te miraba y te acariciaba un poco más las manos, distraído con tu escote y la figura de tus muslos asomándose en una falda breve de color durazno. Después me quedé ensimismado con tu pelo, jugueteando con tus prendedores y el tirante diminuto de la blusa. Nos quedamos un minuto en silencio, mirando los libros de la repisa, repasando los títulos como si fuesen citas de algún antiguo y lejano testamento clerical. El espejo de la habitación nos devolvió la sonrisa expectante, multiplicó la cercanía de los cuerpos, se empañó un poco con la sensación de calor e ingravidez, como si palideciera o se sonrojara quizás por lo que pronto iba a presenciar. Te llevaste el vaso a la boca y me lo ofreciste después, seguramente para asegurarte de tener el mismo sabor en la boca-beso que se aproximaba... (en algún momento hay una escena que falta, quizás la cinta o el dvd son los responsables)…, pero el punto es que el beso se hizo de nuevo entre tus labios, entre tus pechos y circundando tus pezones como si fuese el cincel de Miguel Ángel dándole vida a su pietâ. Te supliqué húmedamente que me entregases tu néctar, entre gemidos y traqueteos de la lluvia en la techumbre. Me entorpecí con la blusa que tú terminaste de sacar sobre mi cabeza, que en ese momento se dirigía a tu entrepierna húmeda; primero suplicante, luego

soberano, con las manos estrechando tu cuerpo y acercándolo al placer de la reyerta. Arranqué tus calzones ante la imposibilidad de hacerlos descender en la estrechez de la cama, esperando tu reprobación o alguna risita cómplice, pero sólo te limitaste a pilotarme con ambas manos como si se tratara de una operación de complicada cirugía, llevando al improvisado doctor por la senda correcta, señalizando el tempo, la profundidad y la secuencia apropiados. Pronto encontramos el ritmo y la cadencia, la sincronización perfecta para el baile interminable, la excusa sublime de todos los poetas para describir los cráteres de la luna, de los pintores para ilustrarla, de los pianistas para un acalorado Nocturno de Chopin. La lividez de nuestros cuerpos frente a la llama del gas, la intensidad y la furia de los embistes, fueron retratando la coreografía aprendida por generaciones; desde los cuencos y el tambor, a las pinturas de guerra y el tótem antropomórfico. Nos transformamos en ese mensaje cifrado transmitido desde la época de los médicos brujos, las ceremonias de iniciación y los abuelos de cuentos picarescos, hasta las películas de Tinto Brass y los relatos de porno-shop. La proyección de nuestras sombras, en el centelleo azul de la vela encendida a los pies de una repisa de madera, le dio un poco más de atmósfera al primer orgasmo; el aroma del incienso mezclado con las feromonas y algún perfume barato, nos invitó a continuar en la tarea acometida

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con júbilo y desenfreno, a pesar de que las fuerzas decayeran, intentando eternizar ese momento efímero que dura unas cuantas contorsiones entre quinientos siglos. Tu lengua dibujando mi falo como un pincel húmedo de trementina, la mía convirtiéndose en un caracol rosado, caminando suave sobre tu vulva. Los tres intentos fallidos por tumbarte al suelo en la siguiente expedición, me comunicaron que no querías ser mi temporal esclava en esta oportunidad ni darme tu espalda para embestirla cada vez más húmeda y acalorada, así que preferí dejar que siguieras dirigiéndome desde lo alto, señalando el camino como Amazona indómita, convirtiéndome en tu vasallo y portador de las buenas nuevas de tu regencia, frenéticamente iluminada para salir por fin de la confusión y las tinieblas. Me quedé mirándote embelesado, mientras galopabas suave sobre mí, como si el mundo se hubiese detenido allá afuera, como si todos se hubiesen marchado a buscar naves espaciales para viajar a otro mundo cual se predecía en “Crónicas Marcianas”, con un Ray Bradbury anunciando que vendrían lluvias suaves. Tal vez sólo éramos el último hombre y la última mujer sobre la tierra, el último polvo y la última vida. Sin la más puta intención de dejar algún legado o alguna pista, una carta o piedra roseta, algún libro, un poema, un árbol o un hijo desconocido. Después de un rato te tendiste sobre la cama y buscaste tabaco en tu cartera. Sonreíste, me regalaste un beso y apresurado te ayudé a encender tu cigarrillo. El humo cruzó sobre mi cabeza a borbotones y se elevó hasta el techo. Cerré los ojos e infantilmente imaginé que se dibujaba un corazón…

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Por Camilo MaulĂŠn


Radio

Por Jorge Sanhueza. Desde Talcahuano, Chile. Com

La mañana del 28 de febrero fueron tres los funcionarios que quedaron atrapados dentro de las instalaciones de Radio Orelié. Radio Orelié era selectamente conocida en la localidad por sus transmisiones nocturnas. La idea de transmitir en un horario de baja audiencia había nacido de la cabeza de Gustavo Germán Salamanca Garrido, un cuarentón obeso de buen humor que solía recordar, en sus momentos más íntimos, su época como escolar en el único colegio básico de la pequeña localidad ya aludida, que más adelante ocupará su respectivo papel protagónico en nuestro relato. Germán, de niño, tenía la manía de mantenerse despierto hasta altas horas de la noche pensando en lo que sucedería si su escuela se volviese mixta. A Germancito siempre le complicó acercarse a las niñas, a causa de su gordura, y era como miedo a que la escuela se volviese mixta lo que le mantenía despierto. A medida que Germancito se fue haciendo Germán, y se iba descubriendo, eran ya otras las cosas que se le cruzaban por la cabeza cuando pensaba en las niñas, en sus jumpers ajustados y las pronunciadas curvas que se contorneaban justo sobre los muslos relucientes, y a veces igual un poquito regordetes, de las chiquillas que ya estaban dejando de ser chiquillas. La primera vez que se masturbó pensando en ellas, la noche se le hizo más corta y no se dio cuenta cuando ya llegó el día y tenía que ir al colegio. El gordito temió que justo ese fuera el día en que llegaran las niñas, y encima de todo, temía que algo en su aspecto delatase lo que había hecho. Se sintió sucio, y desde entonces tuvo una aversión a la suciedad, se obsesionó con la idea de andar siempre limpio, en caso de que llegase el día en que una niña se le acercase. Pero esto no ocurrió. No hasta que tuvo la idea de realizar las transmisiones nocturnas, recordando lo mucho que llegó a odiar el silencio en las noches que pasó despierto. Y de a poco, en la pequeña localidad, las transmisiones se hicieron conocidas, y los niños y niñas de la escuela, ahora mixta, visitaban a veces las instalaciones de la radio. Pero a Germán

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ya no le interesaban las niñas, ahora le temía a las mujeres, a causa de su gordura siempre se encontraba sudando, y por esto siempre se sentía sucio. Alberto, que había terminado con su polola menor de edad, una chiquilla de 17 años con el cuerpo terso, firme por donde se le viera y además virgen, era el tercero de los funcionarios que había quedado encerrado en las instalaciones de Radio Orelié, junto a Germán y a Luisa Belmar, una mujercita de 25 que tenía los dientes chuecos, y venía a hacer reemplazo de dos semanas a la administrativa. -¿Cómo cerrada? -Cerrada poh. El jefe mandó a poner traba eléctrica en la puerta. Y ahora sin luz… Germán se encogió de hombros, el joven ya había captado la idea. A la segunda semana de encierro todos estaban más tranquilos, ya cada uno se había comunicado con sus familiares, a través de mensajitos en papel, lanzados bajo la puerta y recibidos por la señora Ely, la administrativa a la que Luisa hacía reemplazo y que venía a visitarlos, asegurándoles de que en uno o dos días más darían nuevamente la luz para sacarlos, a ellos y a un caballero que se había quedado encerrado en un cajero automático frente a la plaza. Les recomendaba que siguieran sacando comida de la bodega, pero que tampoco abusaran, y se iba siempre después de discutir un rato con Germán, como a menudo solían hacerlo. A Luisa, después de la tercera semana, se le llenaban los ojos de lágrimas cuando nadie la veía, es que ella no estaba en condiciones de aguantar el encierro como lo hacen los hombres. Alberto, cuando advertía que Luisa tenía los ojos hinchados, se acercaba a ella y le ofrecía palabras de ánimo que cierto día, por el cansancio, sonaron a susurros. Entre los dos se hizo como una cosquilla, o así lo quiso ver Alberto, a quién su polola lo había dejado el mismo día que él creyó le iba a rendir su virginidad. Y para él el encierro ya se estaba haciendo asfixiante entre sus piernas. El día que estaban ocupando para asearse


Orelié

municador Audiovisual, Escritor en Mytilus Cómics.

el último de los toneles de agua, Luisa, a quién los hombres le habían permitido privacidad, aprovechó de llorar a rienda suelta. Lloró como si llorar fuese lo único que quedara por hacer. Tanto lloró que los ojos se le hincharon como nunca, y se abrazaba a sí misma tan fuerte como hubiese querido que la abrazaran. Hasta cuando se puso la ropa siguió abrazándose, no podía dejar de hacerlo y sabía que los hombres se asomarían en cualquier momento, o tocarían la puerta para saber si estaba bien, había pasado mucho rato llorando a rienda suelta y ya se había hecho de noche. Luisa hizo el esfuerzo por mantenerse lo más callada posible, abrió despacio la puerta que daba a la sala de las transmisiones y se quedó ahí en silencio, abrazada a sí misma. Pero no era silencio, no era. A la luz de la luna que entraba por la ventana vio a Alberto subiéndose rápido los pantalones, limpiándose la mano. Lo que Alberto vio fue a Luisa apretándose las tetas caídas para que parecieran firmes, y redondamente suculentas, no se podía imaginar él que Luisa realmente se estaba abrazando. Luisa apenas levantó la cabeza para mirar a Alberto, y debido a la hinchazón en sus ojos, le quedaban los párpados a medio abrir, lo que Alberto interpretó como una de esas miradas provocadoras a medio cerrar, somnolientas, sugestivas, y a medio mostrar el blanco del ojo, a medio camino de cerrarse por completo y dejarse llevar: la mirada de una mujer que está viendo lo que desea. Y Luisa no pensó que Alberto se estaba subiendo los pantalones, pensó que se los bajaba. Arremetieron contra la mesa, justo delante del micrófono, Luisa con la entrepierna apretada hacia la madera y el culo contra la erección de Alberto. Bajo la camiseta Luisa escondía caderas pretenciosas, bien dotadas pero de bajo perfil, “Nunca más Luisita, nunca más” le susurró Alberto al oído “Nunca más se ponga ropa tan ancha” con la mano subiéndole por la espalda hacia la nuca, hacia la raíz del pelo, jalándola hacia atrás para plantarle un beso a boca bien abierta, a los dientes chuecos que Luisa pensó que jamás conocerían un beso. Le levantó las tetas caídas, y se las apretó, las dos suaves, los pezones duros, recién lavados, el cuerpo

entero que comenzaba a sudar en exceso, y ya no tenían agua. Pero ya no importaba. Se estaban desquitando del encierro, con Germán oyéndolo todo desde afuera. Por primera vez Luisa se abría, se regalaba sabiéndose digna de entrega, con las piernas al hombro de su Alberto devoto, con las luces de la pasión bañándola sobre el sudor, sacándole brillo a la gotas, a los labios rojos, ojos rojos, cuello y hombros, a la luz roja de la pasión “¡Alberto! ¡Me voy!” y se le escapó el aliento. Y se dieron cuenta que era la luz roja del estudio, y que habían estado al aire. Había vuelto la luz. Por toda la localidad se hicieron oír los gemidos de Luisa, y fue deseada por la gente haciendo la guardia nocturna, por los viejos haciendo la vigilancia para que no entraran a saquear sus negocios, por los pololos pasando el frío de la noche, y por los que brindaban también. A las mujeres se les subió a la cabeza la idea de entregarse a un galán que rugiera cómo se oía Alberto. Como si de un pacto se tratase, la gente de la localidad eligió hacer caso omiso del funcionamiento de la luz, les acomodaba oír a oscuras, esa noche, a Radio Orelié. El pueblito se hizo partícipe de un vaivén sincronizado, según el ritmo que marcaban Alberto y Luisa, ese ritmo que se convirtió en anécdota, e hizo a la pequeña localidad darse a conocer a nivel nacional; y a los que odiaban el silencio de la noche, como lo hiciera Germancito, cuando era Germancito, Radio Orelié, volviendo al aire, les hizo la compañía, la mejor de las compañías. Y fue Germán el que aprovechó de salir primero de las instalaciones de Radio Orelié. Corrió a encontrarse con la Señora Ely, a ver si podían discutir por última vez. Andaba sucio, suciedad de semanas de encierro, pero ya no le importaba mucho. ¿Qué mejor para prender pasiones, y secar vergüenzas, que un poquito de encierro? -¿En la radio? ¿En serio?- Preguntó el caballero que estuvo encerrado en el cajero automático, después de que su esposa le hubo comentado el incidente, después de que hicieran el amor como cuando eran jóvenes. Después de salir del empacho.

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Por Rodrigo Maldonado Guzm谩n, dibujante en Mytilus C贸mics


Esas conversaciones rojas y negras que jamás existieron Por Verónica Sánchez, desde Chile, estudiante de Periodismo No hay noches más hostiles que las de los viernes y sábados. Para combatir, planifican estrategias de brillo, color y seducción. Se alían con los maquillajes, los mejores, ésos que tienen experiencia profesional; con los zapatos que estilizan la figura y las medias que distraen a los ojos de lo caído y crean la ilusión de una piel tersa, entre otras valientes guerreras de la noche que luchan por el dinero y el placer. –Señoritas y señores, la contienda es desigual –les habló el líder, adoptando una seriedad brutal y alarmante. Y entonces, el rouge rojo granate (especializado en infidelidad, es decir, sonrisa blancas y manchas indelebles en camisas) preguntó por qué se encontraban en desigualdad de condiciones frente a la competencia. –Llegó una nueva al prostíbulo y es amiga de la Victoria –fue todo lo que pudo expresar el líder, en una voz tan frágil como un cabello de la malvada yegua rusia nueva, casi como queriendo que aún se tratase de un secreto. Y el ruido se escapó de la habitación por temor al silencio; ese silencio nervioso como el de los amantes que aún no saben que lo serán, justo antes de saberlo. –No todo está perdido: la vista es importante, pero también la técnica –ilustraron las medias. –¡No hay estrategia que nos salve, compañeros de tragedia! –dijo el zapato negro y rojo de Tango, siempre dramático–. Los hombres son visuales y serán las portadas de los libros las que guiarán sus ojos. Así funciona este mercado. ¿Qué importa lo que pensemos? ¡Nuestras técnicas no nos salvarán! Y comenzó a cantar que el mundo fue y será una porquería… “ya lo sé, ¡en el 506 y en el 2000 también!”. El condón deseó poder formar una piedra con su odio y lanzársela. –¡Por favor! –se quejó, incrédulo–. ¡Tan chilenos que somos, siempre tan fatalistas! Tiene que existir una solución, debemos ver esta crisis como una oportunidad –Salió de su cajón aunque no pudo quitarse su camisa de fuerza metálica (los humanos lo llaman envoltorio)–. Amigos:

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tenemos que ser como los chinos, que no conocen problemas ni oportunidades, porque sólo saben de oportuniproblemas. Aún así, el otro zapato sospechó que esa actitud atendía sólo a enmascarar las preocupaciones del condón. En efecto, éste buscó a la píldora anticonceptiva con los ojos que no tiene y ambos se miraron con inquietud. Los labiales, las medias, los zapatos, todos ellos tenían otros usos asociados a otras cosas aparte del sexo y, por lo mismo, podían optar a otros trabajos. Ellos no: estaban demasiado especializados. Si moría el negocio, serían los primeros en caer. –¡Prometo que trataré de brillar más sensual de lo usual! –aseguró el inocente y pequeño brillo labial. –Se necesita más que un guiño brilloso de los labios para seducir, nuevito –lo regañó la copa, una verdadera experta en la materia. Pagó cara su soberbia, porque entró “la protegida” a la pieza y la agarró con sus dedos y sus uñas pintadas de rojo y logró que se quebrara no en mil, sino en 37 pedazos: exactamente 37 pedazos, la misma edad de aquella protegida por sus objetos materiales supuestamente inanimados. La pared pagó el golpe y éste despertó de su delirio a aquél que había estado liderando la reunión. –Ah, por la santa voz de Angelis y el himno de la Muñeca Brava, ¿por qué tengo la mala costumbre de personificar los objetos que no están vivos? –preguntó el preocupado Negro Encajado. –No sé, Negro, no sé. Yo creo que porque sólo nos tenemos los pocos unos a los pocos otros en este mundo de superficialidades –respondió el sostén–. No te engañes pensando que estamos a la altura de la Muñeca Brava. Ésa era un juguete, pero un juguete elegante, un biscuit de pestañas bien arqueadas. Nosotros somos sólo juguetes, compadre, sin gracia y vida. Y tú tampoco estás vivo. Tú también eres una personificación. Y cuando el calzón se percató de su condición real, murió. De todas maneras no valía la pena vivir sabiendo que ninguna estrategia lo salvaría en una contienda contra Victoria’s Secret.


Por Camilo MaulĂŠn

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Crítica


ENSAYO:

Basta de malditos curas pedófilos Por Camilo de la Fuente, desde Chile. Esquizofrénico paranoide hipersexualizado. Motivos para escribir siempre hay muchos. Pero sin duda, por mi salud mental (sea lo que sea lo que eso signifique), comenzaré el día expiando mis pecados. Y así podré desenvolverme lo menos enfermamente posible en este mundo enfermo, durante el día. Es dar rienda suelta (en la medida de lo posible) a aquellas perversiones que surgieron en la noche de ayer, mientras trataba de dormir, en mis sueños, esos que, a fin de cuentas, me mantienen más despierto que cualquier otro genuino interés que trato de desarrollar durante el día. Tener permanentemente el pico parado, mantener la tensión y la libido por allá arriba, mientras se van cruzando las mujeres y animales (que, a todo esto, podrían entrar dentro de la misma categoría). He llegado a la conclusión: es un arte del cual pocos damos cuenta, no sé por qué, ¿será eso a lo que llaman represión? Respecto a las primeras, no es sólo una y aquella a la que deseo día a día en vida, sino cada una de aquellas que durante el día se cruzaron ante mi vista, son las que ahora se aparecen. Los orificios negros que uno habitualmente pudiese reconocer, se iluminan, brillan y se muestran independientemente del cuerpo en el que están alojados. Y no sólo se iluminan, comienzan a surgir colores y distintas tonalidades – que no veo habitualmente en el mundo gris real – que hacen que todo sea aún más excitante. Mi corazón comienza a bombear cada vez más fuerte y el flujo sanguíneo se concentra en el miembro que poseo. Todo se hace más deseable. La piel es más suave, la sonrisa se hace más tierna y me invita a confiar en todo lo que de esa boca

pueda surgir o pueda hacer. Me hipnotiza y me cuesta escapar. Los ojos se redondean y brillan enormes. Comienzan entonces esas asociaciones inconscientes de las que tanto hablaba mi psicólogo – maldito mentiroso, utilizador retorcido del lenguaje e interpretador compulsivo –. Se me viene Bulma a la cabeza, aquella mujer de pelo color verdoso, como el color del mar profundo en el que nos encontramos superponiéndonos. Me siento animado, me animé y lo hice con ella. El que no se imaginó nunca aquella escena, que dé vuelta la página o que tome una revista porno para correrse una paja y dejar pegoteadas y arrugadas sus hojas, ¡sucios! De objetos y animales, ni hablar, da para mucho. Y no estoy pensando, como todos esos chistositos, en tuercas y rosquillas o en mi colega, que en Quilpué se chiflea a los canes que recoge de la calle. Es ese cuello largo de la jirafa, tan inocente y los colores del pavo real (aparece el “puma” Rodríguez), tan sobrenaturales, que me hacen pensar, no en mi relación con ellos, no sean degenerados (aparece Julio César Rodríguez), sino en esa unión indefectible que debería haber entre todos los miembros de la naturaleza. ¡Qué belleza, qué hermosa nueva especie¡ Un ser alado, colorido, florecido, radiante, comiendo de los árboles más altos, con manchas y cara de gil. Así aparecieron “los Rodríguez”, con Calamaro a la cabeza, un enfermo mental de aquellos, que hablan sobre borracheras y mujeres, como si lo primero fuera la ley y las segundas sean sólo una musa inspiradora. Pobre argentino desquiciado. Uno más para el montón de los que tengo en mi colección de personas a las que nunca voy a respetar.

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Lo que nos de la Dictadura c

Sobre Dynamuss de Chancaca Siempre es un gusto encontrar un libro en tu buzón de correos, sobre todo si es una novedad editorial nacional e independiente. Al abrir el sobre en cuestión, me vi con una novela de presentación sobria y muy críptica: un título que podría corresponder a un apellido (lo cual pude comprobar asertivamente al leerla posteriormente) y una imagen de portada basada en un collage futurista no te dice mucho, pero es el estímulo a la curiosidad que te obliga a examinar el objeto para encontrar la explicación al misterio. Hojeándola pude percatarme (con mucho agrado), que su diseño, papel, tamaño de letra y diagramación era bastante agradable; detalles que viene al caso mencionar porque da cuenta del cuidado que existe en torno al libro como objeto cultural, por lo que son puntos a favor para "Chancacazo" a la hora de considerar la adquisición de un nuevo título. Luego de leer la contraportada y las solapas, puede comprobar que la obra en cuestión se trataba de una “Novela Negra”. He aquí un prejuicio importante a vencer: a esta no se le debe relegar al sitial de lo folletinesco, ya que sobretodo en latinoamérica, cumplió (y todavía lo hace) un rol como trinchera para desenmascarar verdades. Cabría preguntarse entonces, qué sentido tiene para el autor, escribir una historia contextualizada a destiempo con respecto a nuestros días. La respuesta es que todavía lo que nos llega de la dictadura militar chilena son verdades a

medias, que quedaron ocultas o a medio descubrir; como el caso de Paul Schaffer, criminal de guerra y pederasta quien hizo de Colonia Dignidad, una suerte de estado independiente dentro de nuestro país, de lo cual en Dynamuss hay una clara mención. De dicha contextualización, la narrativa de Torres cimentará el argumento de su novela: asesinatos misteriosos, vicios, vida subterránea, guerra sucia y resistencia al orden político desde el oficio se constituirán como tópicos clave a la hora de entender la obra. Basta lo anteriormente mencionado para dar cuenta que la novela negra de Luis Felipe Torres, tiene todos los elementos que por antonomasia constituyen la novela policiaca latinoamericana. El punto de ignición a esta narrativa que interpela al autor con un lenguaje rico y directo, aunque también técnico a modo de informe policiaco, será el misterioso asesinato de una profesora de teatro. Este hecho hará caer en cuenta a Harry Dynamuss del enrarecido y corrupto medio en el que se desenvuelve, como policía de investigaciones, desembocando en una fuerte autopresión moral, lo que lo llevará a tomar la justicia con sus propias manos, no sin arriesgar su vida por ello. A pesar de que nuestro policía es un personaje bastante verosímil, ya que no representa el estereotipo inglés holmesiano de inteligencia y sofisticación en el oficio detectivesco (en realidad es todo lo contrario, posee racionamiento promedio, es visceral y alcohólico) ni tampoco es la burda emulación


s llega hoy chilena en los 80’

e Luis Felipe Torres azo - 2012 de otros "colegas" locales suyos como el Heredia de Díaz Eterovic (por mencionar un ejemplo), la novela cae en la obviedad al no explorar, explotar ni experimentar con el formato ni con los personajes. Ambas dimensiones se nos presentan de forma plana y están fuertemente sustentadas en los arquetipos establecidos por la tradición del género en cuestión.Tal vez existe el intento por refrescar y otorgarle un código más actual a la representación del oscuro y subterráneo mundo de la dictadura de los 80', pero la cita al comediante argentino Yayo mientras Harry ve televisión, o el uso de calentadores de agua eléctricos considerando la precaria situación económica del detective (y de Chile en aquel momento de la historia), no colabora en ello. No obstante, la disposición de los diversos casos y las consecuencias que traen para su protagonista, hacen de Dynamuss una novela interesante, entretenida y fácil de leer; aunque esperará hasta el final para demostrar su verdadero valor: constituirse como una ácida crítica a todos aquellos que en tiempos de represión e injusticias, lucharon desde sus trincheras personales por derrocar la dictadura; pero que, una vez restablecida la democracia y con ello la supuesta "normalidad", se aburguesaron en las instituciones que los cobijaron anteriormente para insertarse de manera oficial y hasta el fin de sus días, en un sistema que sigue siendo dictatorial y represivo, aunque de manera silenciosa.


Aquí termina la séptima edición “De Ninfomanías y otras perversiones”

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Letra Muerta Nº7