Issuu on Google+


Sue単o en llamas

A

LETRA NEGRA


www.letranegra.org

Sueño en llamas D.R. Marvin de los Reyes © Marvin de los Reyes © para la presente edición Letra Negra Editores, 2007 11 Avenida, 2-49 zona 15 C.P. 01015. Ciudad de Guatemala. Teléfonos: (502) 2369-2527 / 2369-6950 Correo electrónico: letranegra2k@gmail.com Fotos de portada: Byron Rabe I.S.B.N. 979 999 41 50 212 07

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier otro medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.


Sue単o en llamas Marvin de los Reyes


Para Sara de Pab贸n, gracias por ayudarme a construir mis alas y luego darme el tan temido empujoncito hacia el vac铆o


ツ。窶ヲAlumbra, lumbre de alumbre Luzbel de piedralumbre!

Miguel テ]gel Asturias


Capítulo I

Quiere salvar su memoria antes que las llamas la destruyan UN HUMO ESPESO Y GRIS LE CIEGA LA VISTA Y LE SECA LA GARGANTA. Traga humo, traga miseria, traga su conciencia que se mezcla y se lava entre los gritos de desesperación y el agua salada que escurre por su frente. Los gritos desgarradores le puyan los tímpanos como si fueran agujas dirigidas hacia un muñeco de vudú. ¿Qué brujo lo tiene a su merced? ¿Qué pecado quieren purificar las llamas que se le acercan? Ve las lenguas de fuego que se levantan hasta el techo y lamen los cuadros que adornan las paredes de lo que parecía un cuarto con vestigios de viejo mundo. Las paredes tiznadas como por un soplido de carbón molido le oscurecen la visión. Todos se retuercen, todos gritan, todos pisotean al pobre niño acurrucado en una esquina esperando que la ceremonia termine lo antes posible. A través de los barrotes de la ventana se ve él, extiende su mano, quiere salvarlo, quiere salvarse él, quiere salvar su memoria antes que las llamas la destruyan. De pronto un grito, un estallido, el cuarto retumba. Nuevamente la alarma del despertador le ha salvado la vida. ¿Hasta cuándo las llamas seguirán quemándole los sueños? ¿Quién es el niño postrado en la piedra de sacrificio? ¿Por qué le persigue siempre el mismo sueño? ¿Por qué este sueño, que empezó como un simple cuadro de una llamarada cuando él era un niño, al pasar el tiempo se ha convertido en una escena de horror y se le repite una y otra vez? ¿Por qué? ¿Por qué?... Si hubiera sido más perceptivo se habría dado cuenta que sus pesadillas se intensificaban ante el ocaso del primer mes de cada año. Él, al igual que muchos, iba por la vida obviando las señales que ésta le ofrecía para vivirla mejor. Pero esta vez era

11


Marvin de Los Reyes diferente. Esta vez notó que sus sueños le revelaban más y más detalles de ese siniestro acontecimiento. Y aunque nunca había logrado ver la cara del niño entre las llamas, hoy finalmente había sentido su angustia y su desesperación. ¿Es que acaso el tiempo le recordaba algo que él quizás dejó empeñado en algún lugar de su pasado? Ya algunos habían tratado un sinfín de veces de subir al ático de su conciencia armados con la linterna de la verdad para encontrar la causa de estos sueños, pero habían encontrado la puerta bloqueada con muebles viejos de una historia que no le pertenecía a él. Pronto descubriría que las llamas de su sueño fueron encendidas por los fantasmas originados en uno de los acontecimientos más brutales en la historia de la tierra que lo vio nacer, dos veces. Pero por ahora el Nazareno tendría que conformarse con acompañar con su cruz a cuestas la procesión hasta el final. El final, que fue precisamente donde todo empezó. En la estación de radio latina, mientras destilaba de su cuerpo y rostro el sudor frío causado por la pesadilla, se escuchaban las notas de una canción; mas él, como otras personas, no le prestó atención y ésta, al igual que muchas otras denuncias, se perdió en las sombras del olvido... “Vapulearon a otro indocumentado / fue en defensa propia / dijeron los del juzgado...” Se levantó y su sexo semi-erecto le mostraba el camino hacia la ducha. Era ágil, esbelto, de poca estatura y moreno, su cara vestía la eterna barba milimétrica que se rehusaba a salir y que hacía juego con su pubis. Había empezado a podarse allá abajo durante las vacaciones de verano, mientras cursaba la preparatoria. Todo empezó por necesidad corporal, cuando por fin fue su turno de salir con una chica de reputación un poco manchada y fetiches interesantes que “no tenía pelos en la lengua”, y tampoco quería tenerlos. Después de pensarlo detenidamente por cinco segundos, decidió que prefería verse

12


Sueño en llamas

como pollo desplumado a tener que acostarse todas las noches como carpa de circo. Así que sin más ni más, se rasuró el pelo negro crespo. Ese mismo verano descubrió cuán sensual puede ser esa región sin el colchoncito de protección y cuán fácil corren así los aceites del deseo; razones suficientes para que desde entonces todas las mañanas jugara dos veces al barbero. Cuando regresó a la escuela ese otoño, después de la clase de educación física en las duchas comunes, descubrió que en verano su tutora de Kama Sutra había logrado desplumar a casi todos los del salón. Mientras se bañaba y la espuma y el agua resbalaban sobre su cuerpo, pensaba en lo que haría al terminar la maestría en producción fílmica. Seguramente seguiría trabajando con el Waldo y la Tere, quizás algún día al loco de Waldo la musa lo visitaría y escribiría el libreto para que por fin él pudiera filmar su primer largometraje. De allí en adelante quizás podría purgar los demonios que no lo dejaban dormir. Mojando todo a su alrededor, salió con la toalla masajeándose la cabeza y no se dio cuenta que la Tere admiraba su sexo que se movía como péndulo de cuatro a seis… “Are you trying to seduce me?” le preguntó con la sonrisa blanca que no tenía pena de mostrar. Apenado y descontrolado por el susto se cubrió el apéndice sensual. “Por lo menos hubieras avisado que vendrías.” “Si no estuvieras siempre en las nubes recordarías que ayer acordamos ir hoy a scouting the location para el comercial.” “Ah sí, tienes razón”, contestó. Ella le dio la espalda pero lo siguió viendo a través del reflejo de la ventana, él se vistió tan rápido como ya una vez lo había hecho cuando sólo había tenido el tiempo que le tardó a una madre quitar el cerrojo de la habitación de su hija la mayor. “Discúlpame es que tuve un.... mal sueño”, concluyó ella, conociendo de ante mano lo que él iba a decir. “Deberías ir a ver a mi papá, él te podría ayudar con eso. No puedes seguir

13


Marvin de Los Reyes sufriendo ese sueño horrible. Ya ves como te pones.” “¿Cómo me va ayudar tu papá si él todavía tiene pesadillas con Fidel? Ni se te ocurra decir eso frente a él. Ya ves que con eso él no juega.” “No te preocupes hombre, I’m just kidding.” “Ya, ya te puedes voltear.” Ella pretendió no saber lo que ocurría a sus espaldas y se dio la vuelta. “Pues qué bromista amaneciste hoy, espero que te dure el buen humor porque tenemos que ir a hablar con el cliente, y ya vamos tarde, hurry! Todavía tenemos que ir a recoger al Waldo.” “El Waldo ni siquiera va a estar listo vas a ver. Let’s go!” La sacó a empujones. “Así que era verdad.” “¿Que era verdad qué?” “Que tú fuiste uno de los desplumados”, dijo sonriendo. “¡Ya apúrate no ves que vamos tarde!”, contestó el Ishto sonrojado. El Waldo seguía viviendo en el mismo barrio latino al que vinieron a dar sus padres cuando emigraron de Nicaragua cuando él tan solo era un niño. Había conocido al Ishto y a la Tere en la preparatoria. Al Ishto le había intrigado por qué el Waldo había sido de los pocos que se habían salvado de ser desplumados y se lo preguntó. Así de simple empezó una amistad que habría de durar toda la vida. Ese mismo otoño conoció a la Tere, quien había sido asignada por sus amigas para investigar el caso de los desplumados. Siempre le atrajeron los temas oscuros. El destino los unió y desde entonces trabajaban juntos en lo que fuera. Habían transportado algún tiempo mercadería para la tienda de Don Pedro, el papá de Waldo. Don Pedro llegó a este país con el maletín lleno de sueños, la cabeza llena de musas y los bolsillos vacíos. El trabajo arduo limpiando oficinas le ahuyentó las musas, aunque en algún cajón olvidado aún guardaba muestras de sus intentos de escritor. Fue de esta manera que Don Pedro logró traerse a Doña Rosita y al fruto de su unión, y después de muchos años de sacrificios habían logrado alcanzar el “sueño americano”. La tiendita de abarrotes se llamaba “Margarita”, como homenaje al poema de Darío, su poeta preferido, y a su 14


Sueño en llamas

madre que murió mucho antes que muriera esa dinastía centroamericana. Pero eso sí, él siempre aclaraba, que el homenaje no se extendía al personaje que inspiró al vate. Todo y todos los que estuvieran cerca de esa familia, ante sus ojos no merecían nada. Waldo vivía en el segundo piso de la tienda y todas las mañanas despertaba con el olor del pan recién salido del horno. Porque a los latinoamericanos y en especial a los centroamericanos les gusta comer pan fresco. No sé si fue por el olor a pan fresco o por la sensibilidad del Waldo pero las musas que habían abandonado a Don Pedro regresaron a coquetearle al hijo. Ya tenía algún tiempo escribiendo pero aún no se atrevía a mostrar sus escritos a nadie. Siempre andaba cazando historias, y sin saberlo, él mismo ya formaba parte de una. Cuando finalmente llegó el Ishto acompañado de la Tere, el Waldo ya estaba afuera comiéndose un pan dulce y al entrar al carro dijo: “Otra vez tarde compañeros”. Y vio a la Tere, asumiendo que era ella la culpable del atraso. “Óyeme no. A mí no me eches la culpa. Yo siempre estoy a tiempo”, dijo la Tere mientras se veía al espejo y se ponía un poco de maquillaje. “Entonces fue el Ishto”, dijo Waldo viéndolo a través del retrovisor. El Ishto lo volvió a ver: “Hora latina mi hermano, hora latina”. “Yeah right”, exclamó la Tere y empezó a buscar la dirección adonde se dirigían. “¿Alguien sabe dónde queda esto?”, preguntó la mexicana. “Yo sé, no te preocupes, andare dritto.” “¿What?” “Andare dritto, pendejo, síguele derecho pues. Che Dio abbia pieta’ della vostra anima.” El Ishto y la Tere acostumbrados a sus excentricidades se vieron a los ojos y se echaron a reír. “Sí, ríete”, dijo viendo al Ishto, “total ustedes los chapines sólo saben lo que les conviene.” “Y a veces ni eso mi hermano”, contestó el Ishto.

15


Marvin de los Reyes La Tere seguía pintándose. Era vanidosa, como muchas mujeres latinas y su belleza, digna mezcla mexicano-cubana, le permitía eso y más. De México venía su pelo negro como el azabache, de la Cuba burguesa, anterior a la revolución, su tez blanca. De su papá tenía el sentido analítico; de su mamá, quién sabe, habría que preguntarle al papá pues ella murió cuando la Tere era aún muy chica. “¿Qué tanto te ves Tere?”, le preguntó el Ishto. “Déjala hombre”, dijo Waldo, “recuerda que la última vez conseguimos el comercial sólo porque la Tere le hizo ojitos al cliente”. “Si tú hicieras tu trabajo de escritor”, exclamó el Ishto, “no deberíamos de utilizar esas artimañas.” “Yo no tengo la culpa de que mis scripts sean tan sofisticados que a todos les cueste entenderlos”, contestó Waldo, mientras sacaba su libreta que siempre le acompañaba. “Ya te dije, a esta gente le gusta lo sencillo Waldo.” “Si por ellos fuera yo terminaría shooting culos hasta en los comerciales de comida, viejo. ¿No ves que esto es lo que les gusta?” “Yo sé cuál es tu onda pero bájale porque recuerda que necesitamos la plata, tenemos que pagar la escuela.” “Ah mira, allí está el lugar”, dijo la Tere. “Deja la metáfora aquí en el carro, háblales claro y pelado, ¿ok?”, dijo el Ishto. Waldo no escuchó, su mirada estaba clavada en la cara de un grupo de jornaleros que esperaban su suerte frente a un Seven Eleven. “¡Waldo! ¡Waldo!” Pero Waldo ya se había desvanecido escribiendo...

16


Capítulo II

El jornalero CAMINANDO POR LA INTERSECCIÓN

DE LA

SOLEDAD Y

EL

RECUERDO va el

jornalero perdido en lo desconocido, tan desarraigado como el recién nacido después que con un simple tijeretazo la comadrona le cortara el cordón umbilical. Sin conexiones, sin raíces, sin nada que lo ate a este lugar esquivo y ajeno. Son un poco más de las ocho de la noche y, aunque jorobado, va contento porque hoy fue uno de los jornaleros elegidos por el Mister que, haciendo alarde de sabio, día a día escoge a los más necesitados, pues sabe que éstos trabajan por una miseria y le estarán profundamente agradecidos por haberlos elegido a ellos para ser explotados. Al final todos ganan algo... pero, sin saberlo, todos pierden algo. Sigue caminando hacia su casa…apartamento…Bildin…en fin, como se llame, no importa, no es su hogar, éste quedó atrás como el verde de las praderas de su pueblo y el rancho que no tenía que compartir con gente extraña que utiliza expresiones que él no comprende. Allá no le molestaba tirarse al piso junto a sus hermanos, sobre el petate agujereado por el tiempo, pues al menos ellos eran sangre de su sangre. Pero esta gente… sólo busca la forma de aprovecharse del nuevo inquilino. “Todos somos hermanos de raza y debemos estar unidos, para salir adelante”, proclaman los políticos hispanos en busca de votos desde el televisor de doce pulgadas blanco y negro que noche a noche se convierte en la luz que atrae a todas las palomillas fascinadas por lo que ven. Si tan sólo salieran de su reja en el Capitolio, tanto Asnos como Elefantes, se darían cuenta cuán diferentes son las cosas aquí abajo. “Aquí abajo nos comemos los unos a los otros” pensaba.

17


Marvin de Los Reyes Pasa por un McDonald’s, el payaso le saluda. Tiene hambre y este deseo activa su lucha interna: “Si como hoy, ¿mañana qué?, ¿mañana?, ¿cuál mañana?, si dicen que los gringos están tratando de darnos una patada en el culo y retacharnos de vuelta hacia donde por mucho tiempo negociaron con dictadores las vidas de muchos de nosotros para protegernos de las garras de la guerrilla.” Sigue caminando... Pasa por un almacén de electrodomésticos y el comercial de la estación latina que retumba después de transmitir la versión barata en español del himno nacional que no conoce, le vende bajas tarifas telefónicas para “estar unido” a sus seres queridos. Entre los números anunciados sólo tres hacen eco en su mente, 1… 8… 7... tres números que no tienen valor alguno, a menos que seas un inmigrante ilegal en estas tierras de idioma diferente. Decide seguir caminando y opta por una soda. El gas le llenará la barriga así como la esperanza le llena el corazón cada día más y más maltratado por el rechazo de aquellos que no lucen como él. Llega…entra…El “buenas noches” se pierde en la oscuridad del cuarto. Alguien responde, no, es el simple eco que ahora le golpea la cara. Todos están como hipnotizados viendo la telenovela llena de la utopía amada por aquellos que no tienen nada. Como puede se abre paso entre la gente. ¿Cuántos serán? No lo sabe, ni siquiera el encargado lo sabe; éste se limita a cobrar la renta al final de cada mes y “se olvida” de poner su parte. Él sólo sabe que cuando se va uno, llegan dos. Las paredes con graffiti de fechas, nombres y dibujos, productos del surrealismo en que viven, le guían hacia el baño. Entre ellos busca el barquito que navega en su memoria; el barquito que le permita huir de ese lugar, como aquel que, primero tatuado y luego dibujado, salvó a uno de esos personajes que ronda en los recuerdos de las múltiples leyendas que le contaba su abuela. Pero no lo encuentra y

18


Sueño en llamas

sigue caminando. Inhala profundamente antes de entrar al baño pues allá adentro tratará de respirar lo mínimo posible. ¡Cómo extraña su rancho en Río Negro! Pequeño, sí; modesto, sin duda, pero siempre limpio. Sí, el piso del rancho era de tierra, pero barrido todos los días por aquella que le dejó un beso en el escapulario y un “no te vayás” clavado en su corazón. Quiere darse un baño; las manchas verdes pegajosas en el piso de la bañera lo desaniman. Pero el desánimo ya forma parte de su vida, así que a pesar de ello se mete. Después del chillido de rata, el agua helada empieza a recorrer su cuerpo y le hace sentir que está vivo…o por lo menos que existe. El agua le hace recordar la cascada al final de la vereda que hacía trabajar la hidroeléctrica Chixoy donde, junto a sus primos, encontró aquel cuerpo sin vida. Acaricia su cuerpo pero éste no despierta…se toca aquí y allá y es como si tocara a un extraño. Quizás el espejo sobre el lavamanos unido por cinta adhesiva tenga razón. Quizás éste sea el único que lo ve como realmente es, un ser partido en tres: el pasado…el presente…el futuro; lo que fue…lo que es…lo que será; lo que quiso ser…lo que es…lo que quisiera ser; todos unidos por un sentimiento cuyo fuego inicial se apaga día a día por el extintor de la realidad. Sigue tocándose, quizás para convencerse que es el mismo o quizás para convencerse que no lo es. Aquel que siempre despertó al leve contacto, hoy no despierta. ¿Cómo lo va a hacer?, si el trabajo arduo y las preocupaciones han acabado con sus deseos. Quizás él al igual que él quiera seguir durmiendo y así seguir soñando que no está aquí. Quizás quiera seguir soñando que está en la feria del pueblo con los dulces típicos, los juegos de lotería y los cohetillos estallando a escasos metros de su cuerpo... ¡pen!… ¡pen!… ¡pen!… ¡pen!… Los toquidos impacientes lo devuelven a la realidad, siempre hay alguien más que necesita utilizar el baño, siempre hay

19


Marvin de Los Reyes alguien más que lo trae de vuelta y lo obliga a ver lo que no quiere ver… sale del baño. Todo está oscuro. La luz de la calle ilumina a la niña que vende su cuerpo al mejor postor. Se filtra a través de la ventana y le muestra los cuerpos en perfecto claroscuro que yacen en el suelo durmiendo, soñando, o quizás simplemente escapando de la realidad. Ha visto esta escena anteriormente. Ha visto cuerpos posados en el piso pero aquellos a diferencia de éstos estaban manchados de sangre. Y piensa en las múltiples películas norteamericanas que también ofrecen las escenas que él vivió, impecablemente iluminadas por el director de fotografía que utiliza la estética del cine para contar la otra historia, la que los historiadores obviaron. ¿Por qué lo hacen? Quizás para hacer justicia, quizás para ponerle una cara a cada número, o quizás simplemente porque las películas de guerra atraen a la clientela y hacen aún más ricos a los estudios de Hollywood. Y se siente como un personaje más de estas películas. (Desafortunadamente, no lo es y ni siquiera yo, que escribo este relato, puedo escribirle un final feliz como los de Hollywood). La pareja de la esquina ya se retiró a satisfacer el deseo carnal que los mantendrá despiertos por lo menos media hora más. Los jóvenes de al lado satisfacerán los suyos oyendo el retumbar de dos cuerpos entregados al deseo y otra vez el ambiente se llenará de olor a semen y sudor y nuevamente el grito de “¿Cómo putas llegué a caer aquí?” se ahogará en su garganta. Por fin terminan los tumbos, por fin termina el choque de cuerpos, ahora son las sirenas de las radiopatrullas las que golpean sus oídos y le recuerdan que no está más en su pueblo. Ésta es la ciudad y el ruido no se detiene. Mañana será otro día y deberá rogarle a Dios que le ayude para que de nuevo él sea uno de los cosechados en esta hortaliza urbana. Le pedirá a Dios que le haga el milagro de ser él uno de los elegidos para

20


Sueño en llamas

ser explotado. Ya mañana le contarán los otros jornaleros de la University Blvd., que ayer Chucho, el del hijo enfermo, se fue con un hombre extraño que sonreía más de la cuenta, venía en un carro bien pulido y vestía ropa ajustada. Y es que cuando la necesidad aprieta, el orgullo afloja. Se preguntará “¿Y yo?, ¿cuándo aflojaré?” Y se sentará a esperar y esperará y esperará aún más y todo lo que conseguirá será ser fotografiado por los Minutemen y ser agregado al expediente: “The Day Laborers”. Él, al igual que muchos, se perderá nuevamente en este mundo de gente que aún sigue buscando su lugar en la tierra de las oportunidades sin saber que ya lo han encontrado. Y soñará y soñando se levantará hasta el cielo y desde allí comprenderá que es mejor morir de hambre con los suyos que vivir hambriento rodeado de extraños en esta tierra del uncle que te quiere y te protege… siempre y cuando te hayan cortado el cordón umbilical aquí.

21


Capítulo III

Uno tras otro nacieron LLEVAR A LAS DOS CRÍAS HACIENDO MALABARES CON EL CANASTO lleno de ropa sucia danzando sobre la cabeza coronada por un yagual, era toda una proeza. Pero todas hacían lo mismo. Todas movían sus cinturas envueltas por el corte rojo con ríos amarillos mientras esquivaban las piedras del camino. Aquí las mujeres cuidaban de sus hijos mientras los maridos recogían lo que la tierra paría. Por lo menos mientras los hijos llegaran a una edad en la que pudieran soportar el trabajo arduo del campo. Estos dos que llevaba pegados al corte no eran sus crías pero como si lo fueran, pues era todo lo que la guerra y el destino le habían dejado. Ella veía en ellos a su hijo desaparecido hacía dos años y a su nuera que se la llevó tata Dios justo cuando éstos habían echado el primer chillido hacía apenas seis años. Uno tras otro nacieron. La comadrona se los había advertido, pero como eran los primeros de la familia los veían admirados. Son igualitos le decían en el pueblo. El trabajo que hubiera partido la espalda de muchas, a ella la había hecho más fuerte. Ella, al igual que las mujeres del pueblo, sostenía el hogar. Ya estaba vieja pero eso no le impedía cumplir con sus obligaciones de jefa de casa. Así había sido desde que su marido murió de un dolor de panza. Como pudo sacó adelante a su único hijo. Lo vio casarse, traer a su esposa y juntos esperar el nacimiento de sus hijos. La rutina era dura. Antes que el sol naciera ella ya había molido el maíz para las tortillas. Antes que sus nietecitos empezaran a desperezarse en sus petates, ella ya había calentado la sopa de frijol negro para que no se fueran a la cosecha con la panza vacía. Todas las mañanas llegaba el Chuz para llevárselos y no los traía de vuelta hasta que tata Dios se llevaba el sol. Mientras

22


Sueño en llamas

ellos trabajaban la tierra, ella tejía historias en los güipiles que luego vendía los fines de semana frente a la iglesia del pueblo. Por las torrenciales lluvias que habían lavado la región el día anterior, nadie había ido a trabajar la tierra. Hoy los tenía con ella en el río; mientras lavaba ropa, ellos jugaban con los otros niños. No quería que el trabajo duro acabara completamente con su niñez. Se reunió con otras mujeres y juntas lavaron y secaron sus ropas mientras los niños corrían y se zambullían en el río. Todas cacheteaban con sus cortes y güipiles las rocas lavadas por el río. El río estaba bravo pero no más que esta cultura indígena que a pesar de todo seguía sobreviviendo. Era un día lindo y soleado. El que mandó la tragedia que más tarde ocurriría se había equivocado de día. Si se las hubiera mandado ayer, quizás todos lo hubieran comprendido, pero hoy, ¿por qué hoy?

23


Capítulo IV

Él se creía escritor VIENDO

A TRAVÉS DE LA VENTANA DE SU CUARTO

al grupo de latinos

que iban y venían, pensó en la necesidad de que alguien contara las historias que cada uno de ellos arrastraba como cruz a cuestas. Pero no como las contaban los periódicos locales o los políticos en tiempo de elecciones sino como lo contaría aquel que vivía entre ellos y que sentía la latinidad correr por sus venas. Oliendo los aromas de comida latina y escuchando música bullanguera que se colaban por la ventana de su cuarto chico pero colmado de libros, pensó que para cualquier personaje que se llamara un escritor de “a de veras” esto debería de ser motivo suficiente para ponerse a escribir, sin embargo él seguía pensando más que escribiendo. Toda su vida había vivido en este barrio latino a escasos quince minutos de la capital de una de las naciones más poderosas viviendo el contraste entre el primer y tercer mundo que había servido de inspiración a grandes escritores. Sin embargo, las musas coqueteaban pero seguían ausentes. Así había pensado momentos antes cuando la chica con la que había sudado la calentura pasional en la cama de su habitación, le pidió que le dijera algo bonito, mientras aprisionaba sus melocotones en el colchoncito de su vello que cubría su pecho carente de músculos. Éste todavía sudado y recuperando el aliento trató de inventarse algo pero no se le ocurrió nada, así que optó por plagiar a uno de los grandes y le dijo “Me gustas cuando callas porque estás como ausente”. La chica carente de sensibilidad pero con bonitos senos se levantó de un brinco, parecido al que había dado para subirse en él y cabalgar juntos hacia la gloria y mostrando su trasero carnoso y brillante, fríamente le dijo con la altivez de feminista sazonada “don’t you ever tell me to shut up!”. Acostumbrado a los malos 24


Sueño en llamas

entendidos y a los amores fugaces, pensó que quizás había sido mejor así. Total si este hermoso cuerpo no le inspiraba algo romántico quizás era porque no le convenía. Curiosamente cuando la vio salir, todavía despeinada por el apretón, murmuró para sí mismo “Si la vida es un sueño, como dijo Lorca, quiero seguir soñándola contigo.” De cualquier forma él se creía escritor. Sus amigos le habían dicho que si eso era lo que quería ser, debería de empezar ya. Y eso fue precisamente lo que hizo. Había decidido ingresar en el programa de Language and Foreign Studies en la American University(AU), porque le habían dicho que el departamento de español que se enfocaba en literatura latinoamericana era muy bueno. Y así lo comprobó semestre a semestre. Aunque en su búsqueda encontró unos cuantos profesores que no sabían enseñar y otros cuantos estudiantes que no querían aprender, también encontró maestros que amaban la vocación intensamente. Logró encontrar entre las aulas de la AU a una profesora que le había abierto las puertas a la literatura en español. Esta compatriota del fundador de Macondo le había hecho comprender aquello de las “verdades mentirosas y las mentiras verdaderas” y con esto había despertado la curiosidad de aquel que quería escribir pero que no sabía cómo, ni mucho menos por qué. Esta profesora se convirtió en su mentora, materializando sin quererlo un personaje de Borges, aquellos que buscan su destino sin quererlo y que lo encuentran sin saberlo. Fue descubriendo a Cortázar, Neruda, Monterroso, Asturias, García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa, Allende, Monteforte Toledo, y a muchos más que le hicieron comprender que la literatura para el ser humano y en especial para el latinoamericano es importante y necesaria, pues ésta le permite elevarse de la realidad para alcanzar un grado de madurez superior al de las personas que le rodean. Ideas, ideas, ideas. ¡Cuánto le gustaba

25


Marvin de Los Reyes plasmarlas en pedazos de papel que permanecían en la clandestinidad. No se atrevía a mostrar a nadie lo que escribía. Seguía siendo como aquella mosca que soñaba que era un águila. Pero como siempre, esta reflexión se vio truncada pues tenía que escribir el comercial estúpido de televisión que le daría suficiente cash para ayudar a sus padres, quizás comprar un libro, e invitar a una chica a dar una vuelta por allí. “Total”, pensó “ahora ya tengo una frase bonita que podría reciclar”. Cuánto detestaba tener que escribir comerciales para la televisión local, pero el beneficio que le traería la disciplina de escribir por contrato junto al placer que le daba trabajar junto a sus hermanos del alma eran suficientes alicientes para seguir haciéndolo. Ya alguna vez ellos le habían sugerido que tomara unas clases de producción junto a ellos, iban a la misma universidad, pero él se había negado porque decía que una vez se procesa una idea a través de la cámara de video pierde su pureza. Sencillo Waldo, sencillo, le había dicho el Ishto refiriéndose al libreto del comercial, antes de dejarlo frente a la puerta de la bodega de sus padres. Le disgustaba aquella frase pero sabía que los comerciales, especialmente aquellos dirigidos a la comunidad donde vivían, debían de ser así. Además, tomando en consideración que el propietario siempre tenía que salir en cámara y que muchas veces éste no hablaba español pero pretendía hacerlo, el texto tenía que ser sencillo y preferiblemente sin el sonido alveolar, vibrante y sonoro de la doble “r”. Afuera seguían pasando los inmigrantes de todas partes de Latinoamérica con sus historias como pasamontañas envolviéndoles la cara. Adentro el Waldo seguía buscando una historia sobre la cual escribir, tan sumergido en el arte, que terminaba obviándolo. Abajo sus padres seguían atendiendo la bodega que después de mucho sacrificio y a pesar del Reaganazo, habían logrado mantener a flote. Su madre, Doña Rosita, era la

26


Sueño en llamas

encargada directa del local, su padre, Don Pedro le ayudaba a atenderla los fines de semana pues de lunes a viernes trasladaba a los empleados de su compañía de limpieza a donde fueran requeridos. Todos los veranos desde que estaba en la preparatoria, él se ganaba unos dólares trabajando para su papá. Luego cuando conoció al Ishto y a la Tere, formaron un grupo que se encargaba de un edificio. Fue así como el Ishto había logrado hacerse de la cámara digital de video para grabar los comerciales y él había comprado su computadora portátil, la Tere hacía doble función, por un lado contribuía haciendo amistades por doquier lo cual facilitaba la obtención de contratos, y además había tomado unas clases de contabilidad, era muy lista para los números. Así que teniendo ya a alguien que dirigiera, a alguien que escribiera y a alguien que mantuviera la cuota de realidad, un seis de enero decidieron fundar DeLos Reyes Productions. Y así esta nueva generación de inmigrantes empezó a saborear el sueño americano. Desde el principio les fue bien. Don Pedro les echaba una manita entre sus amistades promulgando los beneficios de anunciarse en la televisión local. Sus casi treinta años por estas tierras y su personalidad llevadera le habían ayudado a tener muchos amigos. Así había sido en su tierra natal, el país de poetas. Allá había conocido a Rosa, una salvadoreña perdida en Nicaragua. Allá había engendrado a Waldo, y allá había sido calumniado y tachado de subversivo. Con mucho dolor había dejado su tierra en los años setenta. Cuatro meses tardó la travesía entre el corazón y el progreso. Llegó mal trecho, pero contento y con muchas ganas de salir adelante. A pesar de las penurias, cinco años más tarde se trajo a su amada Rosita y a su hijo. Desde entonces su sonrisa se había hecho más grande y sus ánimos de vivir, más fuertes. Tras muchas acrobacias había conseguido los benditos papeles y mantenía sus dos banderitas junto al corazón. Waldo, que desconocía la historia de sus padres, seguía mendigando historias ajenas.

27


Capítulo V

Los niños de la calle L LEGÓ

A LA TERMINAL DE BUSES

en un colchón de periódicos

cubriendo artesanías, sacos de café y con la boca llena de tamarindo. No sabía muy bien lo que había ocurrido sólo recordaba que se subió en el camión porque tenía miedo y lo perseguían. Cerró los ojos y no supo que pasó. Siempre se iban a la montaña para esperar a que se fueran pero ya no le dio tiempo. El camión donde buscó refugio a las afueras de la aldea se fue rumbo a la capital. El bullicio de la gente y los bocinazos le zumbaban como avispas en los oídos, le recordaban que este no era su sitio. La puerta del camión se abrió y cayó al asfalto frío y seco junto a unas cañas de azúcar. “¿Y vos qué hacés aquí? ¡Vos sos de los que se meten a robar aquí en la terminal ah! ¡A la mierda, cerote!” Salió disparado no sin antes recoger un puñado de tamarindo. Ya hacía hambre. Había tantos autobuses y tanta gente que no encontró otra solución más que sentarse en una banqueta y echarse a llorar. La gente en sus prisas lo hacía a un lado con sus pies. Una señora de caderas anchas adornadas por un delantal de vuelos que volaban de izquierda a derecha mientras malabareaba un canasto de pan sobre la cabeza le dijo “¡Mirá vos ishto, ¿por qué no te vas a llorar allá para que no estorbés?!”. Y con un gesto como quien tira un beso al aire señaló con los labios manchados de un carmesí exagerado la lámina metálica que cubría un puesto que finalmente cerró después de haber sido asaltado quién sabe cuantas veces. Allí, bajo la firma en grafiti de la mara fuerte del momento, estaba un niño sentado que reía sin parar mientras sus ojos buscaban algo que había perdido y su nariz olía el aroma embrutecedor de un frasco lleno de pegamento para zapatos. Junto a él se encontraban otros esperando turno. Se les acercó como le había sugerido 28


Sueño en llamas

la mujer. De una patada lo rechazó el mayor. No había suficiente elixir para uno más. Llegó al mercado principal y entre tamarindo y tamarindo vio la estrategia perfeccionada de una pareja de niños que robaban jocotes para el almuerzo. Mientras uno, quizás el más veloz, distraía al dueño del puesto, el otro agarraba cuanto podía y salía corriendo por el lado contrario. El que llevaba la fruta le gritó cuando pasó a su lado: “Qué estás haciendo allí, ayudame baboso, picale”. Él botó el tamarindo y con las manos ahora llenas de jocotes corrió junto a su socio quién sabe por dónde y hasta dónde. Ni bien habían llegado al pie de la iglesia pactada, casi sin aire y con los jocotes machucados, cuando el otro ya estaba recriminando por haber tenido que esperar más de lo acordado. “Qué pasó vos cerote. Yo pensé que te la habías pela’o y no ibas a venir.” “No Cáscara, lo que pasó fue que e’ta jodido pasar por onde mismo. Hay mucha jura, vos.” “¿Y éste?” “No sé, pero me ayudó a traer las mierdas. Dame mi parte y ya vonós que hay que ir a’trer los periódicos, ya ves que si no, el Mono nos agarra a puros vergazos.” Y aquel, con un poco de tamarindo aplastado en la bolsa del pantalón, los siguió sin saber por qué. Los zopilotes planeaban alrededor de las montañas de basura en busca de algún regalo de la “mano blanca”. Los niños cosechaban entre los desechos los manjares del que no tiene nada. Y ellos, acostumbrados a este mundo, caminaban hasta la covacha sin siquiera dejar huella. El Cáscara lo vio y le dijo: “Ahora te toca a vos Tripa.” “No maje, ayer fui yo.” “Sí, pero el Mono no e’taba ayer, así que esa no vale.” “Ah pues suerte, suerte mano.” “¿Por qué no mandamos aquel y señaló con la mirada al más pequeño.” “No seas culero, ¿este que sabe d´ esto?.” “Pues que aprenda, ¿no?.” “Andá, que si nos agarra la tarde, yo le digo que fui’te vos el de la culpa.”

29


Marvin de los Reyes El Cáscara entró partiendo las hilachas de la cortina de trapo que separaba la inmundicia de afuera con la basura de adentro. El Tripa se quedó afuera con su nuevo acompañante mientras suspiraba “¡Ojalá que no esté de ganas!” Al cabo de un cuarto de hora el Cáscara salió limpiándose las manos pegajosas con una hoja de periódico que proclamaba los logros obtenidos por la coalición UNICEF/Gobierno en contra del abuso infantil, mientras acarreaba un paquete con la edición vespertina de los diarios que intentarían vender. Inventando noticias, pues no sabían leer, vendían los diarios con gran habilidad. El más pequeño aprendió rápido y a pura sonrisa vendía su ración. Al final del día vendieron casi todos. Ahora habría que entregar las cuentas. Cuando llegaron de nuevo a la covacha, después de haberse detenido a buscar tesoros en la montaña de basura que había dejado el camión de las zonas residenciales, encontraron a los otros jugando dados a la luz de una veladora junto a la imagen del Cristo negro de la Candelaria. Cuando el Mono los oyó entrar se levantó del catre donde dejó durmiendo a uno de los niños que esa misma mañana inhalaban fantasías de un frasco y se dirigió a la mesa donde ellos se encontraban con más ganas de correr que de quedarse. El Mono vestía un pantalón azul manchado de grasa y una camiseta sin mangas que mostraba la razón del apodo. “¿Y éste?” “El Tripa lo encontró.” “¿Y sabe trabajar?” “Pues vendió igual que nosotros.” “¿Y de lo otro?” El Tripa lo ignoró. “Aquí está el dinero, dale el dinero Cáscara.” Y juntos botaron el dinero sobre la mesa. El Mono lo contó y les dio lo que creyó justo, ellos tomaron lo que creyeron injusto y se fueron a una esquina de la champa. “¿Y ese ishto se va a quedar aquí?”, preguntó el Mono. “Pues sí”, contestó el Tripa sin voltear. El Cáscara alcanzó a susurrar: “Por lo menos hoy ya escogió.” “Sí pobre. ¡Jah! Púchica, al menos ese no va a sentir nada.” Y el nuevo inquilino los vio sin entender. 30


Capítulo VI

¿Pensarás en mí? EL VINO TINTO EMPEZÓ A TRABAJAR EN SU SER y percibiendo los mismos síntomas en su amada acompañante le propuso explorar sus cuerpos en la intimidad de su depa. Corrieron hasta su habitación a pocas cuadras del restaurante donde había empezado la clase de seducción. Llegaron y aprovechando la tenue luz que alumbraba la entrada principal, la besó como quien besa a una botella de vida. Tragó jugo de su amada acompañante. Entre tropezones, empujones y jugueteos bajaron las pocas gradas que conducían al sótano donde se encontraba la puerta del cuarto que rentaba desde que había decidido dejar a sus padres. Una letra “A” adornaba la puerta de madera. Estos lo amaban pero comprendían que así era the American way.

La caja, como llamaba el Ishto a su

departamento, estaba a punto de ser testigo de la última noche que pasaría con Wendy. Con una habilidad felina encendió el cerrillo y la vela roja que había dejado en la mesita de noche. Se sacó la camisa y ella botó el vestido negro que casi reventaba haciendo presión sobre sus senos duros y erectos que hacían juego con el sexo de su amante. Él le besó el cuello y la volteó de espaldas. Le acarició los hombros y le besó la cicatriz en la ondulación formada por la última vértebra. Besó sus nalgas como quien besa la almohada antes de dormir. Ella soltó un fuerte gemido que se ahogó en un susurro advirtiéndole que todo se escuchaba allá arriba. Había descubierto esto cuando el dueño del lugar lo había llamado una vez mientras él disfrutaba de una porno, para pedirle que por favor le bajara volumen al televisor. Ella fue al baño con la habilidad del que sabe donde esta. Él, con su miembro lleno a tope, la esperó impaciente al lado de la cama. Siempre se había preguntado qué demonios hacían las mujeres en el baño justo antes de

31


Marvin de Los Reyes entregarse a su hombre. Al final concluyó que todo era un componente del juego erótico y que había preguntas que debían quedarse sin responder. Las mujeres nunca le preguntaban al hombre en qué pensaba cuando él estaba a punto de romper al amar y estoicamente lograba retener la urgencia para seguir gozando. Algunos pensaban en béisbol, otros contaban hasta diez o veinte si era preciso. Él, simplemente apretaba los músculos abdominales y le rogaba al Creador por unos instantes más de vida... Regresó y su figura arrojaba una sombra igualmente hermosa que danzaba sobre la pared, el piso, el cielo. Él se puso de pie y un poco apenado quiso cubrir lo que pulsaba bajo sus boxer-briefs como nacimiento de volcán. Ella sonrió y lució complacida. Sólo el hombre sabe cuán necesaria es esa sonrisa mitad complacencia y mitad admiración para darle la confianza necesaria para sentirse macho. Se acercó y la extensión de su cuerpo acarició el ombligo de ella. Se besaron, se acariciaron, se apretaron y él se arrodilló con la seguridad de conocer lo que le gustaba y sin bajarle los encajes rojos de Victoria’s Secret enterró su cara en el vértice del deseo. Percibió el olor agridulce y supo que ella, quien partiría a Europa en menos de 24 horas, era la mujer de su vida. “Es muy temprano para pensar así”, le había dicho el loco de Waldo. “Tú, ¿qué sabes?”, le había contestado él. Quizás tratando de convencerse a sí mismo que el Waldo no tenía razón, aunque la tuviera. Ella le empujó la cara más hondo y él sintió, a través del encaje, la humedad del umbral enloquecedor. La levantó en vilo hacia la cama y allí la despojó de lo que estorbaba. Su piel brillaba ante la luz de la vela que bailaba ante ellos. Se acostó sobre ella y movió sus cabellos rubios a un lado del rostro. Ella deslizó sus manos entre el lienzo que cubría a su amante y jugó con los escasos vellos que adornaban la grieta formada por su trasero firme y sensual. Ahora era él el que gemía. Se deslizó sobre el cuerpo femenino deteniéndose tres veces. La primera, ante sus senos que eran de un color rosa y 32


Sueño en llamas

apuntaban hacia Venus. Los besó, los lamió, les dio mordiscos juguetones que la hacían olvidar su propio nombre. Y siguió su destino a la gloria. Se detuvo nuevamente ante su ombligo y descubrió que el piercing que llevaba era el único bulto en la planicie de su estómago. Introdujo su lengua y sintió el sabor a coco de su body lotion. Siguió su destino hacia la puerta del infinito y una vez lo encontró, su lengua fue la llave y su deseo, la razón. El olor marítimo le hacia recordar sus viajes a la playa que tanto amaba. El ruido de las olas y el movimiento sensual de la mar hacían juego con lo que en su cama acontecía. La dominaba y se dejaba dominar. Con sus piernas suaves sobre sus hombros la miraba disfrutar. Con sus piernas alrededor de sus caderas la miraba montar a este ser convertido en animal sexual. La vela se apagaba y el momento sublime se acercaba. “¿Pensarás en mí cuando estés en Europa?” “Lo nuestro no es de pensar sino de sentir.” Su cuerpo se bañó en sudor y sus músculos sufrieron el espasmo esperado. Ella irguió su vientre para tocar el suyo y clavándole las uñas en sus caderas brillosas, le dio a entender que ella también había saboreado la ambrosía esperada. “¿Cuándo vendrás?” “Pronto. No te preocupes que llevo algo de ti dentro de mí.” Se abrazaron y pensaron en lo que harían el uno sin el otro. Él, con su miembro aún meloso por el néctar, pensaba que la quería para siempre, pero ella... “Es muy temprano para pensar”, así le había dicho el Waldo. El tiempo y un text message avisándole que “He encontrado a alguien que me entiende mejor. No quiero herirte pero tampoco quiero engañarte. Quiero ser libre para explorar. Bye Ishto, cuídate”, le darían la razón. Esa noche después de dejarla en su casa, nuevamente se le quemarían los sueños.

33


Contenido Capítulo I Quiere salvar su memoria antes que las llamas la destruyan ....... 1 1 Capítulo II El jornalero ............................................................................................. 1 7 Capítulo III Uno tras otro nacieron ....................................................................... 2 2 Capítulo IV Él se creía escritor ................................................................................ 2 4 Capítulo V Los niños de la calle ............................................................................. 2 8 Capítulo VI ¿Pensarás en mí? ..................................................................................... 3 1 Capítulo VII Mil miligramos de realidad ................................................................. 3 4 Capítulo VIII Un par de mochilas al hombro .......................................................... 3 8 Capítulo IX La pesadilla se convirtió en realidad ................................................. 4 1 Capítulo X Pavor a las llamas .................................................................................. 4 4 Capítulo XI Cazando musas ...................................................................................... 4 6 Capítulo XII La niña ..................................................................................................... 4 8 Capítulo XIII El documental empezó ......................................................................... 5 1 Capítulo XIV Si vivos se los llevaron... El documental ........................................ 5 4 Capítulo XV Flirteaban sin tapujos ........................................................................... 5 7 Capítulo XVI Hierba de la pura .................................................................................... 5 9 Capítulo XVII ¡Eres tú ishto! ....................................................................................... 6 2 Capítulo XVIII El text message ....................................................................................... 6 7 Capítulo XIX 10ª calle 6-20 ........................................................................................ 6 8 Capítulo XX Todos me dicen Ishto .......................................................................... 7 2 Capítulo XXI Clash of civilizations ............................................................................ 7 5 Capítulo XXII Los cuerpos bailan en el infierno de las llamas ............................. 7 9 Capítulo XXIII Una sarta de sensaciones .................................................................... 8 2


Capítulo XXIV Arma para adoctrinar ........................................................................... 8 4 Capítulo XXV Tomá los hechos, mezclalos, poetizalos y creá historias ........... 8 7 Capítulo XXVI La señal ..................................................................................................... 9 1 Capítulo XXVII El gringo arrepentido ........................................................................... 9 5 Capítulo XXVIII Ambos estaban equivocados ........................................................... 1 0 0 Capítulo XXIX ¿Qué quemazón? ................................................................................. 1 0 4 Capítulo XXX ¿Por qué dos de todo y no uno de nada? .................................... 1 0 7 Capítulo XXXI ¡Por lo menos escuchame, no seas culero! ................................. 1 0 9 Capítulo XXXII Ya amaneció y no llega ...................................................................... 1 1 1 Capítulo XXXIII Y siguió soñando y siguió recordando ......................................... 1 1 3 Capítulo XXXIV Rescatando alguna historia perdida ................................................ 1 1 5 Capítulo XXXV El sueño ................................................................................................. 1 1 6 Capítulo XXXVI Amnesia selectiva ................................................................................ 1 2 0 Capítulo XXXVII Y juntos enhebraron la historia ..................................................... 1 2 5 Capítulo XXXVIII Dios mío llévate también mi memoria .......................................... 1 2 6 Capítulo XXXIX Los titiriteros de la política de terror ........................................... 1 2 8 Capítulo XL No puedes ignorar el llamado de tu sangre ................................ 1 3 0 Capítulo XLI Algo lo espera allá ............................................................................... 1 3 5 Capítulo XLII La abuela no terminó su tejido ....................................................... 1 3 8 Capítulo XLIII Y de las cenizas le nació la conciencia .......................................... 1 4 3 Epílogo .................................................................................................. 1 4 5


Se han omitido algunas páginas de este libro, si desea comprar la versión completa PDF comuníquese a letranegra2k@gmail.com o puede adquirir un ejemplar en las librerías de prestigio de Guatemala. 


Sueño en llamas