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Relatos de sรกbanas

A

LETRA NEGRA


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Relatos de sábanas Marilinda Guerrero Valenzuela © Marilinda Guerrero Valenzuela © para la presente edición Letra Negra Editores. 2011 11 av. 2-49 zona 15, Colonia Tecún Umán. C.P. 01015 Ciudad de Guatemala. C.A. Teléfonos: (502) 2369 2527 / 2369 6950 Correo electrónico: letranegra2k@gmail.com Foto de portada: INTERNET:

I.S.B.N. 978-9929-557-24-6

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier otro medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.


Relatos de sรกbanas Marilinda Guerrero Valenzuela


Una sensación de olvido Jonathan Bell*

Existen espacios abiertos en la mente de todo ser humano, éstos encierran verdades de vida o historias convertidas en relatos que, en ocasiones, se tornan en ofrendas para el recuerdo. Sexo, muerte, olvido, dolor y vacío forman parte de las consecuencias de aceptar la vida, anhelo de vivir en Marilinda Guerrero que termina debiendo todo. Relatos de sábanas nos muestra con su inesperada secuencia la perspectiva surrealista de una vida sostenida por el placer y el dolor. Sus relatos fungen como causes exorcistas del destino y del pasado. La autora, nos lleva -frase a frase- por mundos perdidos años atrás, otra veces es tan ajeno y tan propio, pero siempre con la mágica capacidad de hacernos cerrar los ojos para sentir su eléctrica tinta en cada uno de sus dieciocho universos paralelos. Adentrarnos es un reto para las emociones y no perder nunca el olvido como recurso de la memoria del placer, ¡compruébelo!

* Poeta guatemalteco. 7


“a las horas los minutos los segundos que retrocedieron el eje de mi tierra...�


Sábanas Adoro las sábanas, hay tanta variedad. Debo aclarar que no describo el tipo de tela o grosor, lo cual es también un factor importante a considerar dependiendo del sitio donde te encuentres, pienso en el carácter de cada sábana. Mis sábanas, en especial, son sábanas multiorgásmicas. Cada vez que me adentro en la cama y éstas me rodean, abrazan cada poro de mi piel, lo besan mejor de lo que cualquier amante lo ha hecho. Además, se adaptan a mis movimientos, acarician mis muslos y agrandan mi deseo. Por ejemplo, cuando en un sueño brusco me agito, las sábanas me brindan tranquilidad. Cubren mi sueño, mi cuerpo, me inclinan a pensar en él y, al hacerlo, éstas toman su forma atrapándome por la cintura, soplando en mi oído, erizando mis sentidos. Ondulan sobre mi espalda, gimiendo mi nombre, excitando mis muslos, mis pies, todo mi ser. El deseo se transfigura en tu rostro, mientras realizo movimientos cadenciosos, bailo con las sábanas las que crean un oleaje perfecto para salir a navegar en busca de tus labios. Me elevan e incluso subo a la cresta de una ola de seda y caigo suavemente en medio de un éxtasis de pasión. Eliminan cualquier intento de suicidio, aniquilan cualquier tristeza, son mi universo. Éstas me aprisionan con mayor fuerza cada vez que huyes a otras sábanas.

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De la hamaca al suelo Se sentó en la hamaca, a la par del fuego, luego de haber trabajado todo el día la tierra. Necesitaba un momento a solas del mundo. Recolectó sol todo el día en la espalda, tiró su existencia en la hamaca. Observó atentamente las llamas de la hoguera, vio el piso de tierra, las paredes de barro y el techo de lámina. Luego, se armó de valor y voló la casa entera con todo y gallinas, su sombrero de paja, la mujer y los cinco hijos. Era el momento justo de salir de aquella soledad. El más pequeño de los hijos lloraba, al ver cómo su hogar se elevó por los aires, por lo que le pidió a su padre que bajara la casa, le daba miedo que le pasara algo a las gallinas. Los demás niños reían y correteaban de un lado a otro en ese cuarto de cuatro paredes, en la ventana de la esquina veían pasar toda la elegancia de las nubes que surcaban el cielo en su viaje, entre gritos y algarabía las querían atrapar. Su esposa lo abrazaba, lloraba de felicidad, al fin tendría la oportunidad de un contacto con la civilización, más allá de la comadrona de la aldea. La mujer moría de ansias por conocer la capital, le habían contado de aquellos enormes centros comerciales y edificios que vendían mil y una soluciones para la felicidad. Él, por su parte, se sentía el hombre más orgulloso del mundo. Era la segunda vez en su vida que vivía ese sentimiento, en ese momento, comprendió que su vida valía algo. Apenas recordó que la primera vez fue en la escuela cuando lo habían nombrado el mejor alumno de la clase. 12


Llegaron a la capital y el apelmazado piso de tierra de la casa se ancló al pavimento. Su hogar construido con adobe contrastaba con los edificios altos de aquella calle. Las gallinas salieron a picar las flores de asfalto. De manera extraña, el conjunto no rompía el equilibrio en el paisaje urbano. Ellos, como familia, caminaron por las avenidas, observaron cómo el cielo que los cubría era distinto al de su aldea. El viaje sabía a triunfo. Él compró, en el centro comercial, un collar hermoso a su esposa, dos vestidos de satín con alegres colores, zapatos nuevos a sus hijos y adquirió un sombrero de ala ancha y una camisa a cuadros para verse más varonil. Además, comieron en un restaurante, luego entraron al cine a ver una película. En la oscuridad, el acomodador los sentó en las mullidas butacas, los niños se durmieron, no entendían inglés, además no podían leer los subtítulos en español. Su esposa lo tomó de la mano y, por segunda vez, después de la boda, vio en los ojos de ella el brillo de la felicidad. Se sintió el hombre más completo, le dio un tierno beso en la boca. El sabor de los poporopos le agitó el apetito. El rugir de su estómago y el llanto del más pequeño lo despertó. Volvió a ver a su esposa, quien estaba moviendo el caldo de gallina, sobre la brasa. Sus hijos sucios y desaliñados seguían correteando a las gallinas que cacareaban como locas por la casa. Ella lo volteó a ver con la mirada cansada y le dijo, “ya está la cena”. En la caída del sueño el golpe fue duro, de la hamaca al suelo las ilusiones se rompen.

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Nacer Lanzaba al aire la pelota, la lanzó por el maizal, lanzó al aire sus sueños, lanzó al aire su inocencia, lanzó al aire su niñez y así, la lanzaba y lanzaba, cada vez que la lanzaba hacía el amor con él. Se escondían tras el rancho y acariciaban los cuerpos juveniles, tras la escuela jugaban a besarse ciegamente, estudiando sus deseos sin pérdida de tiempo y espacio. Corría a la aldea vecina a buscarlo cuando su familia se la llevó embarazada. Corrió tras el bus cuando él le dijo que migraría al norte. Corrió tras sus sueños de nuevo, corrió tras la pelota, corrió tras el aire, tras la inocencia, tras su niñez, y al encontrarse en medio de su cuarto, con las piernas abiertas, con una sensación de ahogo, y una comadrona recibiendo a su bebé.

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Nuestra amistad Me levanté del suelo, me sacudí la tierra impregnada en los pantalones. Luego, me invadió una erupción nauseosa, la cual expulsé como protesta interna a lo sucedido. Con frío hasta la médula de los huesos, me visto de nuevo. Sin derramar una lágrima, avanzo. He tentado a la muerte. Estuve frente a ella y me mostró los dientes. Observé a la deidad alcanzar mi mano derecha, pero mi mano izquierda se encadenó al mundo. Sabía que ese momento llegaría, era mi destino. Fue mi cómplice, la observé rondar con indiferencia por los hospitales, por los sitios oscuros, fríos y por la soledad. Andaba en todas partes, en las casas con las familias de bien, en las calles con los indigentes y en el aire contaminado de esta ciudad. Por las mañanas la veía volar y por las tardes caminar entre la multitud. Ella es silente, majestuosa, tenebrosa. Flagelaba las vidas sin piedad, utilizaba –en ocasiones- los medios para tomar el alma de los niños, quienes pedían impuesto de guerra, la de los policías con armas y cuota de corrupción, también de aquellas señoras con bombas en los bolsos, ella –la muerte- los acompañaba a todos en su labor. Recuerdo que éramos íntimas amigas, la dama de la noche y yo. Toda mi vida la vi de lejos, espectadora de la muerte. Poseíamos un pacto invisible de complicidad. Hasta el día que quise evitar que él muriera. No sabía lo que era el amor pero el destino me puso sus dedos pequeños en 15


mi mano. Fue cuando supe que mi corazón no le pertenecía a nadie más. Me convertí, entonces, en una fugitiva, huyendo de la muerte, huyendo de los sitios donde nos encontrábamos con frecuencia. Yo conocía sus movimientos, ella sabía dónde encontrarme. La dama de negro empezó, con sigilo, a buscar la fuerza que nos separaba. Por coincidencia un día nos volvimos a encontrar. Al cruzar miradas, lo supe, luchamos cuerpo a cuerpo, quien anhelaba cortar el hilo del destino con el filo de sus dientes. Defendí como una leona al crío, peleé hasta el momento en que mi respiración se detuvo. Entendí que ahora no me quedaba más que agarrar el hilo del recuerdo y aferrarme fuerte al instante previo a esa noche, cuando la muerte me arrebató a mi hijo. Camino con el mundo en los hombros, estremezco la tierra con cada paso. Conforme me alejo del lugar, mi respiración se vuelve más intensa, además puedo observar que mi corazón se encuentra roto, no solo perdí a mi hijo, sino también a mi amiga de la infancia.

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Índice Sábanas ..................................................................................................11 De la hamaca al suelo ............................................................................12 Nacer ......................................................................................................14 Nuestra amistad ......................................................................................15 Malabarismo para una equilibrista .........................................................17 Polvo de planetas ...................................................................................18 13 Pasillo / 14 Ventanilla .......................................................................19 Seudónimo .............................................................................................20 Lienzo en blanco ...................................................................................21 Calendario de amores ............................................................................23 Ochenta metros ......................................................................................25 De un adiós sin retorno .........................................................................26 La esperanza en un sueño .....................................................................27 Camino en la calle .................................................................................28 Las alas del arcoíris ................................................................................30 La edad de la arruga ..............................................................................31 El extranjero............................................................................................34 Cuentos de ovejas ..................................................................................35

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