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MartĂ­ en AmĂŠrica El viajero ante la ruta de la dignidad

Armar Editores


MartĂ­ en AmĂŠrica El viajero ante la ruta de la dignidad

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ARMAR Editores es un sello de LETRA NEGRA Editores.

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Martí en América, el viajero ante la ruta de la dignidad. VI Conferencia científica: “La ruta de la dignidad, la migración cubana hacia nuestra América Latina en el siglo XIX.” D.R. Autores varios © Autores varios Cuadro de portada: Erenesto García © para la presente edición, Letra Negra Editores 2011 11 avenida 2-49 zona 15 C.P 01015. Ciudad de Guatemala. Teléfonos: (502) 2369- 6950 Correo electrónico: editores@letranegra.com

Las opiniones de los ensayos y ponencias presentadas en la VI Conferencia Científica : “ La ruta de la dignidad, la migración cubana hacia nuestra América Latina en el siglo XIX.” (2009) son exclusivas de sus autores. No coinciden necesariamente con la política de ARMAR EDITORES. No está permitida la reproducción parcial o total de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmición de ninguna forma o por cualquier otro medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.


Presentación Al calor de nuestra Madre América Ciento veinte años después de que José Martí inflamara a los asistentes a una velada artística organizada por la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, con el medular discurso, que ha sido denominado “Madre América”, tuvo lugar una reunión más de homenaje y reflexión en torno al cubano universal, en tierras de la Guatemala “hospitalaria, rica y franca”, que le dio abrigo entre 1877 y 1878. Justamente, a esa pieza maestra de la oratoria martiana fue dedicada nuestra VI Conferencia Científica “José Martí y los desafíos del siglo XXI para Centroamérica y el Caribe”, que abrió sus puertas entre el 20 y el 24 de abril de 2009, con el auspicio solidario de instituciones hermanadas en el proyecto y, en especial, de las mujeres y los hombres, colegas y amigos, que las representaron: La Embajada de Cuba en Guatemala, el Centro de Estudios Martianos de Cuba, la Universidad Rafael Landívar, la Universidad San Carlos de Guatemala, la editorial Letra Negra y la Asociación de Periodistas de Guatemala. Con este encuentro, se propició el acercamiento teórico a un fenómeno que ha dejado huella imperecedera en la historia de nuestra América y del cual Martí, como otros tantos de sus coetáneos, formó parte: la migración. Muchísimos hombres y mujeres —los más conocidos, desde luego, figuras de las letras, el arte y la política decimonónicas— debieron abandonar sus patrias respectivas. De ello nos hablaba, precisamente, en “Madre América”: de quienes fueron echados vii


a otras tierras por “la tormenta”, “la leyenda”, “el comercio”, “la determinación de escribir”... Gran parte de aquellos cubanos que se vieron entonces obligados a partir, hallaron manos amigas que los acogieron con tanta calidez que, en ocasiones, llegaron a establecer en esos pueblos generosos sus hogares definitivos. Tal el caso de miembros notables de la comunidad cubana finisecular en Guatemala: los nombres de José Joaquín Palma, los hermanos José María y Margarita Izaguirre son apenas algunos de los más conocidos dentro de una colectividad culturalmente muy activa, cuya agencia está aún por esclarecerse a cabalidad. Asimismo sucedió con el nutrido grupo que, buscando nuevos horizontes económicos, huyendo de la persecución y/o aguardando el momento de regresar a la nueva “guerra necesaria” en la manigua redentora, labraron un espacio digno dentro de la amenazadora potencia estadounidense —justo donde Martí hubo de pasar sus últimos catorce años, los más importantes para la madurez de su pensamiento y su acción. En el caso martiano, sabemos que el exilio fue un estado sempiterno —en la Europa de su temprana juventud, en tierras de “nuestra América” y en “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”. Y aquel desgarramiento que significó su permanente desarraigo se compensó a través de una mirada atenta —primero rígidamente escrutadora, luego gradualmente cordial y, al fin entrañable— ante los “otros”, que como él sufrían exclusiones diversas. Así, la curiosidad del muy joven “viajero ilustrado” se transmutó, poco a poco, en pasión libertaria y legitimadora, en compromiso para el alcance de la libertad plena del hombre nuestramericano. viii


Sus disímiles y a veces contradictorios registros iniciales, como los correspondientes a su etapa mexicana y centroamericana —donde a la par podemos hallar disfrute y rechazo, distancia y, al fin, gérmenes de un diálogo difícil, pero amoroso— serían fundamentos para la condensación futura de su pensamiento en el abanico de las propuestas programáticas, cuajadas entre finales de los ochenta y los noventa: ensayos, discursos, manifiestos… cribados ya por una episteme abiertamente fraterna. Fue un corpus que intentó ser como espejo — pensante— de su propia época: de los tiempos urgidos, que sabía de “reenquiciamiento y remolde”. Las memorias que ahora ponemos a consideración de los lectores, representan una muestra de los tópicos que fueron motivo de análisis y debate en nuestra pasada Conferencia que tuvo la intervención de estudiosos, investigadores y profesores universitarios de El Salvador, Guatemala y Cuba con aproximaciones que forman parte de sus proyectos científicos y programas docentes lo que garantizó la profundidad en los análisis y el debate interdisciplinario actualizado. Distintivo resultó, además, la presencia numerosa de estudiantes en todas las sesiones del encuentro, sobre todo, los que cursan las especialidades de historia, literatura y comunicación porque las propias sedes universitarias fueron los escenarios de los paneles y conferencias. Ello constituye uno de los logros de la edición sexta de la Conferencia que ha devenido un valioso foro en Centroamérica para visualizar las problemáticas más apremiantes de la historia y la realidad de nuestro Continente. En los momentos en que estas memorias lleguen a ustedes, ya otra edición de nuestra Conferencia habrá abierto sus sesiones, creando, al propio tiempo, ix


nuevas motivaciones para exégesis y citas futuras, que contribuyan a esclarecer lazos, a hallar nuestras propias respuestas, a aunar voluntades en la tarea continental en que, cada vez más, todos y cada uno vamos sintiéndonos implicados. De nuevo habremos estado reunidos y unidos, aportando modestamente a la solidaridad imprescindible de nuestros pueblos en el contexto de este hoy convulso, pero esperanzador. ¿Acaso no comienza a ocurrir la fusión necesaria y respetuosa que Martí nos vaticinara visionariamente desde “Madre América”?: “¿A dónde va la América, y quién la junta y guía? Sola, y como un solo pueblo, se levanta. Sola pelea. Vencerá, sola”. En tierras de nuestra América, volveremos a encontrarnos. Mayra Beatriz Martínez Díaz

Mauricio Núñez Rodríguez

La Habana, 2011.

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dinรกmica de delas ideas Migraciones: La dinรกmica las ideas


Algunas consideraciones sobre las migraciones del siglo XIX en Guatemala Ruth Piedrasanta Herrera Esta presentación propone un examen breve y general de las distintas migraciones que tuvieron lugar en Guatemala y que durante el siglo XIX impactaron la economía, la sociedad y la política. Más numerosas y conocidas han sido las migraciones provenientes de Europa, sin embargo, en esa época se registró un movimiento regional a nivel centroamericano y del Caribe, lo cual significó un intercambio y circulación no solo de personas, sino sobre todo de ideas, aspecto del se ha escrito poco. Este trabajo se propone efectuar algunas reflexiones sobre la dinámica migratoria, entre la cual se inscribe y destaca el caso cubano. Conviene hacer notar que el siglo XIX constituye un momento particular a nivel demográfico, pues ocurren numerosas migraciones masivas, cuya diferencia de los siglos previos residió en la magnitud y en la escala. Fue una etapa donde el sistema industrial capitalista requirió de mayor velocidad en la producción y circulación de mercancías, lo cual exigió a su vez diversas y numerosas vías de comunicación, desarrolladas bajo una mecanización creciente que ayudó al transporte de gran cantidad de personas. Durante ese siglo tuvieron lugar sucesivas oleadas de migrantes, cuyos traslados masivos entre los 13


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continentes pasaron a ser un fenómeno que formó parte de la modernización decimonónica. No se trataba más de escasos grupos de colonos en busca de nuevos horizontes en tierras desconocidas o del gran negocio de trata de esclavos provenientes de África, que tuvo ocupadas las flotas durante los siglos precedentes. Aunque cabe precisar que si bien la trata negrera comienza a ser prohibida durante el siglo XIX, —los daneses fueron los primeros en 1805— se continuó practicando hasta 1870 (Agüero y Vela: 1989, pp. 89-90). Sin embargo, no será este deplorable negocio la fuente que nutrió los mayores flujos migratorios que contribuyeron a cambiar la configuración demográfica de los continentes, sobre todo del americano. En esta nueva etapa, uno de los flujos de migración más importantes fue el realizado desde Europa hacia América. Por esos días los Estados Unidos constituyeron uno de los destinos más importantes, pero también lo fueron otros países de América Latina. Entre los países europeos expulsores durante dicha época figuraron en orden de importancia: Italia: 38% España: 28 % Portugal: 11%

Alemania: 3% Francia: 3% Rusia: 3%

Vale decir que las migraciones europeas llegaron de manera distinta en determinados momentos y se dirigieron a países específicos. Por ejemplo, entre 1850 y 1880, el 90% del flujo emigrante europeo provenía de las Islas Británicas —con Irlanda incluida— y Alemania. La proporción fue la siguiente: de cada 10 emigrantes 7 eran irlandeses, 1 inglés y los 2 restantes eran alemanes. En ese periodo, estos países se caracterizaban por una industrialización creciente y por 14


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mayores concentraciones urbanas, no obstante fueron los mayores expulsores de migrantes (Carmagnani: 1989, pp.144-145). Entre quienes integraban estos flujos migratorios hacia América figuraban en su mayoría los pobres de Europa —campesinos desplazados, desempleados en las ciudades, proletarios—, aunque también figuraban notables ciudadanos que venían a invertir o compañías interesadas en el control de determinados recursos, en ciertos tipos de producción o en algunos renglones del comercio. A ellos se sumaron un poco más tarde otras migraciones de menor tamaño, aunque de distinta importancia en cada país, provenientes de Asia —China y Japón especialmente— o Medio Oriente. Por su parte, entre los principales países de arribo de esta población migrante en América Latina destacaron: Argentina 46% Brasil: 33% Cuba: 14%

Chile: 12% Uruguay: 4% México: 3%

Particularmente las migraciones provenientes de Europa eran alentadas y generalmente bien acogidas por los distintos gobiernos de los nuevos estados-nación emergentes, fueran encabezados por conservadores o sus enemigos liberales. Las mismas propiciaron posteriores mestizajes, que introdujeron cambios más o menos significativos en determinadas regiones y áreas, en particular urbanas en esos países. Además de las migraciones de población que se asentaron de manera más o menos definitiva, durante ese siglo se observó la visita de viajeros, bien fueran curiosos o aventureros, exploradores o expertos que 15


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llevaban a cabo estudios puntuales relacionados con el desarrollo de las ciencias naturales o, más adelante, interesados en obtener información específica sobre la explotación de recursos o las características del comercio regional e, incluso, de su gente. La heterogeneidad de viajeros y los trabajos por ellos efectuados produjeron variadas visiones dentro y fuera de América Latina. En ellos pueden encontrarse perspectivas diversas sobre el desarrollo más científico y racional del mundo —los viajes de expertos: desde Von Humbolt y otros naturalistas o estudiosos de la tierra, de la historia de civilizaciones antiguas y por supuesto de los recursos naturales que pudieran explotarse comercialmente. Asimismo, figuraron los relatos de viajeros que evidencian cómo pudo construirse la alteridad ante los contrastes de estas tierras americanas abiertas a los viajes y miradas de extraños, las cuales se iban registrando por medio de distintos tipos de narrativas. Algunas de ellas alimentaron la idea del exotismo dentro de un imaginario colectivo sobre otras tierras. En muchas de estas visiones, se pusieron de manifiesto planteamientos imperialistas o racistas predominantes en la época. Vale subrayar que el siglo XIX en América Latina fue un momento político particular donde los procesos de independencia de los regímenes coloniales de España y Portugal cumplieron su ciclo —Cuba lo logró hasta los inicios del 1898— y donde otros intereses geopolíticos se hicieron evidentes —recuérdese los movimientos provocados para la apertura de un canal interoceánico. También en la mayor parte de los nuevos países ocurrió 16


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un proceso de formación de estados nacionales, que tuvieron que pasar por confrontaciones internas más o menos cruentas para poder impulsar un proyecto político hegemónico. En este contexto cabe resaltar el papel jugado por las tendencias políticas liberales y sus líderes, la influencia de la filosofía positivista, así como otras corrientes venidas de Europa y que eran tenidas como complementarias —como sería el darwinismo social derivado de las ideas de H. Spencer. Estas corrientes pudieron, en algunos casos, ser integradas de manera bastante ecléctica. Una cuestión más tenía que ver con la arista de la identidad de las nuevas naciones y la unidad nacional, lo cual no era sencillo dados los distintos grupos de interés que se habían definido. A esto se sumaba el asunto de los mestizajes y el mayor o menor número de población indígena perteneciente a múltiples grupos. Todo ello dejaba ver problemas de difícil solución debido a los criterios filosóficos y políticos adoptados. Igualmente cabe señalar que en ese siglo lo relativo a la constitución de las relaciones entre identidad y alteridad, adquiere un valor que en otro tiempo no habían tenido, considerando la cantidad e intensidad de contactos que supusieron en todo el mundo los viajes y las migraciones, lo cual conformará nuevas realidades e imaginarios sociales.

Guatemala: Siglo XIX Luego de conseguida la independencia y de zanjados los conflictos entre conservadores y liberales, aún con los últimos intentos por lograr la confederación centroamericana, se generó el nuevo estado nacional 17


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guatemalteco. A partir de 1871 se instaura el régimen liberal cuyos caudillos, no obstante la falta de unidad interna entre las distintas regiones y grupos de población, estaban determinados a efectuar una serie de cambios sociales, junto con una decidida modernización económica que cifraba sus esperanzas en la agro-exportación. A tono con ello, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, se va operando una distinta división político-administrativa que define de otra manera el territorio de la joven nación, acordando sus límites internos, externos y dando pie a una nueva regionalización. En el marco de ese siglo se produjeron distintas migraciones. Las primeras estuvieron integradas por afro-descendientes y tuvieron lugar al inicio de la centuria. Tenían que ver con el clima independentista que se respiraba en las Islas del Caribe, de donde provinieron, aunque sobre ellas comentaremos más adelante. Unos años después, durante la tercera década, comienzan a producirse migraciones desde Europa, estas provenían principalmente de Alemania, pero también Bélgica y décadas después se les unieron en menor grado, migrantes procedentes de Italia, además de las migraciones relacionadas con España. Entre estos inmigrantes se contaban quienes venían sin mayores recursos, pero en busca de fortuna y podían ser beneficiados con las alentadoras medidas otorgadas por los gobiernos locales. Vinieron también algunos que contaban con recursos y buscaban acrecentarlos, los cuales dispusieron grandes ventajas para su implantación. De cualquier manera todos ellos fueron beneficiados por medidas gubernamentales que 18


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estimulaban esta inmigración permitiendo una fácil adquisición de tierras y otros beneficios para atraer la inversión extranjera. Adicional a las corrientes migratorias en ese siglo, en Guatemala y toda Centroamérica se dejó sentir la presencia y el peso político de distintas potencias, entre quienes destacan Inglaterra, Estados Unidos, Francia y la propia Alemania. Estos países además de estar ligados a los nuevos intereses económicos que producía la modernización, defendían posiciones geopolíticas y ello les confería un gran poder de intervención en el área, por ejemplo los distintos proyectos relacionados con la apertura del canal de comunicación inter-oceánico —Istmo de Tehuantepec, Guatemala, Nicaragua y finalmente Panamá. Esta presencia internacional en Guatemala se dejó sentir en ciertas áreas de la economía, como fue el caso de la producción de café y el control del comercio internacional. Incluso se localizó en ciertas regiones. Los ingleses, por ejemplo, se ocuparon del comercio desde la primera parte del siglo XIX y se asentaron en la capital, pero también mantuvieron una constante presencia en la costa atlántica. En la segunda mitad del siglo XIX, la importancia que cobró la emigración alemana fue evidente, en particular en dos regiones: las Verapaces y el centro del país. Allí, durante el gobierno del General Justo Rufino Barrios y sus sucesores liberales1, a la importancia de la actividad cafetalera se sumaron las actividades comerciales. Para 1886, un empresario alemán reconocía que sus coterráneos controlaban las dos terceras partes del comercio guatemalteco. Esta 1

Para Europa y América Latina, el siglo XIX ha sido definido como un siglo de guerra y racismo. En Guatemala, este gobernante y sus sucesores personifican cabalmente ambos aspectos, preconizando el esquema de «orden y progreso». Ellos consideraban que el progreso estaría garantizado con la colonización del país por extranjeros, quienes serían capaces de ejecutar las tareas productivas necesarias, dinamizarían el comercio, atraerían capitales y en forma adicional podrían emblanquecer la población del país.

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destacada participación comercial no sólo se reflejaba en el plano en las Verapaces, sino en el plano nacional. Por la misma época los comerciantes alemanes representaban el 30.11% del comercio de importación y junto con los españoles sumaban un 65%2 en este sector. Asimismo, dos compañías navieras alemanas comenzaron a competir con las norteamericanas por el control del transporte y las mercancías provenientes de Guatemala. Esto sucedió con bastante éxito, pues para 1889, en esos buques partió el 54% de la producción cafetalera del país hacia Hamburgo, sin necesidad de pasar por New York3. En esos años los principales puertos germanos que estaban en relación con América Central eran Bremen y Hamburgo (Sapper:1902). Bremen llevaba como principales productos desde Centroamérica a Europa: café, materias primas para usos farmacéuticos y maderas preciosas, en cambio desde ese puerto se traía arroz, productos manufacturados de algodón, bolsas o sacos y cerveza alemana, entre otros. Hamburgo por su parte, además de las materias primas para uso farmacéutico4, era el principal receptor del café de Guatemala; pues el volumen y la importancia de las transacciones eran mayores con Guatemala que con lo proveniente de México. Puede advertirse la notoriedad que cobró la presencia alemana en el periodo, gracias a la expansión cafetalera y el control regional del comercio orientado a la exportación e importación. Para estas actividades se dispuso de una transportación naviera competitiva y sin escalas a Europa. Todo ello impulsó la consolidación de las Verapaces como región y Cobán conoció un crecimiento urbano y una modernización sin precedentes. 2

Cambranes 1996, p. 132.

3

Ibid, 268-269.

4

Sapper 1902 p. 426 y Anexos, tabla 2.

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Por su parte y desde finales de siglo XIX y al inicio del siglo XX, los estadounidenses vienen por varias vías, dos de ellas fueron: los misioneros evangélicos llegados por invitación del mismo Barrios y como parte de una abierta política de diversificación de credos, que jugaba en contra del poder de la iglesia católica. Con ellos se pretendía efectuar importantes cambios en las mentalidades de los guatemaltecos, pero sobre todo buscaban cambiar la mentalidad de los indígenas. Un poco después llegan las trasnacionales de fruta y con ello se alentó la llegada de nuevos migrantes.

Migraciones desde el Caribe: pocos estudios Con respecto a las migraciones desde el Caribe hacia Guatemala, los estudios escasean. Uno de ellos es el de Nicolás Rey (2005), quien se refiere a la venida de población negra del Caribe francés que funda Livingston en 1802. Estos grupos partidarios de la independencia —Haití se independiza en 1804—, huían de sus regiones en vista de la renovación del esclavismo alentada por Bonaparte para todas las colonias caribeñas en 1802. Por su parte, en el último cuarto del siglo XIX e igualmente embebidos en ideas independentistas, pero también anticolonialistas, llegan un puñado de cubanos. Desterrados por sus ideales son todos ellos pensadores, educadores, gente con una mirada política más elaborada sobre algunos de nuestros problemas comunes como América Latina. Entre los más destacados se cuentan los hermanos Izaguirre, José Joaquín Palma y José Martí. Ellos llegan durante la primera década de Barrios como presidente, cuando en el país se estaba apostando por elevar la educación 21


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y, por tanto, se multiplicaron las escuelas primarias y las de educación media-superior, especialmente las Escuelas Normales. Asimismo, este grupo se abrió camino dentro del periodismo en un momento donde aparecieron un gran número de órganos de prensa de distinta importancia, dirigidos a diferentes públicos y que podían tener un carácter temporal o establecido de forma más permanente. A través de ellos se trataba de conformar una “opinión pública” (Steven Palmer: 1996). Izaguirre y Martí son docentes de la Escuela Normal y escriben en la prensa, contribuyendo activamente en estos dos proyectos importantes para el gobierno liberal de Barrios. Pero son dos independentistas capaces de vislumbrar otro proyecto social donde se puedan generar otros modelos para el presente y el futuro. De modo que estos cubanos se contaron entre los migrantes que participaron de forma dinámica en el movimiento intelectual de la Guatemala liberal. Sin embargo, fue en las décadas finales del siglo XIX cuando los intelectuales y políticos guatemaltecos adoptan, aunque de manera contradictoria, algunos criterios del positivismo y darwinismo social. Ambas corrientes implicaban la idea de una evolución social que requería de orden —lo cual convenía a los dictadores—, para permitir el ansiado progreso en la escala evolutiva, cuestiones que se lograban con el apoyo de la ciencia y sin el control de la Iglesia católica. Por esa trayectoria evolutiva debían ser conducidas las masas indígenas utilizando para ello métodos donde privaron el abuso y la coerción, lo cual dió como resultado una sociedad segmentada y racista. Justamente era ese el modelo opuesto a las propuestas que manifestara Martí en su trabajo de Nuestra América publicada al inicio de 1891. 22


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Conclusiones Las migraciones del siglo XIX tuvieron una gran importancia económica y social en el continente americano y en Guatemala en particular, produjeron un impacto durable en el país, tanto las tempranas migraciones provenientes del Caribe prieto, como las posteriores de origen europeo, especialmente alemanas, que formaban parte de un proyecto “civilizador”, dentro de los esquemas evolutivos en boga. En el periodo final del XIX, donde se define un estado nación más estable, con un proyecto hegemónico y se delinea la formación social nacional, las migraciones de distintos orígenes no escapan, sino contribuyen a crear una sociedad bipolar –blancos o ladinos/indígenas. Y aunque el mestizaje (ladinización) se consideró entonces como una opción para el futuro nacional, en realidad se aseguró que las culturas y manifestaciones indígenas y populares quedaran al margen. En contraste, por los mismos años se planteaba uno de los más caros idearios martianos en torno a cómo podría ser la América Latina: con una unidad entre países, evitando el racismo y con la posibilidad de pensarnos de otra manera y no solo bajo los esquemas europeos o norteamericanos. Es ese mismo aporte martiano que Martín Barbero ya en este nuevo milenio, busca recuperar en cuanto a pensar Latinoamérica desde Latinoamérica, donde “las culturas populares… que trabajó Martí para ayudarnos a pensar como la cultura arranca en los cuerpos y desde ellos se construye un horizonte de luz” para el futuro.

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Bibliografía Agüero, Celma y Mª Elena Vela: Problemas e interrogantes de la emigración africanan libre en el siglo XIX, en Birgitta Leander (coordinadora): Europa, Asia y África en América Latina y el Caribe, Siglo XXI –UNESCO, México, 1989, pp. 89-93. Bertrand, Michel y Laurent Vidal (dir.): La redécouverte des Amériques. Les voyageurs européens au siècle des indépendances, Presses Universitaires du Mirail, France, 2002. Cambranes J. C: Café y Campesinos: Los orígenes de la economía de plantación moderna en Guatemala, 1853-1897. Editorial Catriel. Guatemala, 1996. Carmagnani, Marcelo: Las migraciones europeas en su área de origen, en Birgitta Leander (coordinadora): Europa, Asia y África en América Latina y el Caribe, Siglo XXI –UNESCO, México, 1989, pp. 136-159. Morner, Magnus: La migración europea durante los siglos XIX y XX: algunas estadísticas en Birgitta Leander (coordinadora): Europa, Asia y África en América Latina y el Caribe, Siglo XXI – UNESCO. México, 1989, pp.131-135. Martín Barbero: Conferencia Inaugural del I Congreso Centroamericano de Estudios Culturales, UCA, San Salvador. Mecanoscrito, 2007. Martí José: Nuestra América (edición crítica: investigación, presentación y notas de Cintio Vitier), Universidad de Guadalajara-Centro de Estudios Martianos, 2002. Palmer Steven: Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920. En “Mesoamérica”, 31-junio, 1996, pp. 99-121. Sapper, Kart: Sobre la geografía física, la población y la producción de la república de Guatemala. Tipografía Nacional. Edición facsimilar, 1897. Mittelamerikanische reisen und studen des Jahren 1888-bis 1900, Braunschweig, 1902. 24


Escenarios guatemaltecos, reflexiones continetales

reflexiones continetales


La Sociedad Literaria “El Porvenir”: ambiente intelectual de José Martí a su llegada a Guatemala Regina Fuentes Oliva La propuesta de este trabajo es hacer una reseña histórica de la Sociedad Literaria “El Porvenir”. Examinar dicha Sociedad, a sus miembros, los discursos que en ella se pronunciaron y los documentos que publicaron puede servir para enmarcar el ambiente intelectual que encontró y en el que participó José Martí durante su estancia en Guatemala de marzo a julio de 1877. Los temas que se desarrollaron en los poco más de cuatro años de vida de la Sociedad, a los que hemos tenido acceso son muchos. En un trabajo exhaustivo podrían extraerse varios capítulos. Uno que se refiriera a la red de intelectuales que ella agrupó y sus vínculos con el gobierno de Barrios y la Reforma Liberal. En cuanto a los temas desarrollados podríamos hacer otros tantos que trataran sobre teoría literaria, poesía, arte, historia, política, ciencias naturales, astronomía, psicología, etc. De todos los abordados por esta asociación, se ha tomado para este trabajo por su relevancia el imaginario de nación que reflejaban estos intelectuales, todos liberales, y que vivieron el período que hoy conocemos como la Reforma Liberal. La Sociedad nace en 1877. Habían transcurrido seis años desde el triunfo de la Reforma, que otorgaba la 27


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victoria definitiva al liberalismo imponiéndose en el ámbito económico, político, social y cultural, luego de las luchas entre liberales y conservadores que ocuparon los cincuenta años posteriores a la independencia. Las ideas liberales, producto de la influencia de la ilustración fomentaban en la ciudad, un ambiente intelectual que privilegiaba la instrucción y educación como vías hacia la libertad, la modernidad y el progreso. García Granados había reestablecido la libertad de imprenta, luego, el 15 de octubre 1877, Barrios emitió un decreto que abolía la censura mientras reconocía el derecho ciudadano para criticar o manifestar su opinión al respecto de los actos gubernamentales y la conducta de los funcionarios de Estado.1 Acciones de este tipo contribuyeron a dar impulso y un evidente desarrollo, por lo menos cuantitativo, a la prensa guatemalteca.2 También el gobierno se preocupaba por hacer, con fondos del Estado, algunas publicaciones o reproducciones impresas.3 Este mismo clima fomentaba el surgimiento de asociaciones como las que existían en Europa y otras partes del mundo. En el siglo XIX y buena parte del XX, las sociedades literarias, academias científicas, ateneos, clubes e incluso las tertulias, constituían los 1 León de Gandarias: Jornadas periodísticas, etapas notables de la prensa guatemalteca, Publicaciones del Diario de Centroamérica, Guatemala, sf., p. 38. 2 Según la recopilación que hace Catalina Barrios notamos que la producción periodística de los últimos treinta años del siglo XIX, casi cuadriplica toda la producción anterior desde la colonia hasta los primeros cincuenta años después de la independencia. Catalina Barrios y Barrios, Estudio histórico del periodismo guatemalteco (época colonial y siglo XIX), Editorial Universitaria, Guatemala, 2003. 3 José Santacruz Noriega: Barrios, dictador (1876-1879), Tipografía Nacional, Guatemala, 1996, p. 324.

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principales espacios de sociabilidad en los que se podía encontrar a los intelectuales de la época reunidos con cierta regularidad para exponer sus trabajos literarios, políticos, estudios e investigaciones científicas. Refiriéndose al caso mexicano, Francisco Fernández apunta las diferencias entre estas asociaciones: “por academia se debe considerar aquella que posee un carácter tradicional y conservador de los cánones clásicos; por liceo, aquellos que se encuentran en la misma situación, pero sin ser tan estrictos, y por sociedades o agrupaciones, a aquellas simples reuniones literarias con o sin reglamento”.4 En este mismo documento y citando a Jesús Gómez Serrano, Fernández cuestiona los frutos que de ellas se obtuvieron y califica sus objetivos como pretenciosos: “la labor de nuestros hombres de cultura se antoja estéril y superficial; estéril porque eran pocos los que tenían acceso a las nuevas ideas, y superficial porque en su conjunto los cambios parecen menores, casi imperceptibles. Sin embargo, esa es la manera en que habitualmente se gestan las grandes transformaciones”.5 La importancia desde la perspectiva histórica y en este caso, desde la perspectiva histórico-intelectual, es la de la construcción de un contexto que permita reconstruir las redes de intelectuales, sus vínculos no 4

Francisco J. Fernández Martínez. Campo literario y campo de poder en el instructor, publicación científica, literaria y de filología. Periódico aguascalentense del siglo XIX, Universidad Autónoma de Aguascalientes, p. 3, disponible en: www.historiadoresdelaprensa.com.mx (consultado marzo 2009). 5

Jesús Gómez Serrano, citado por Ibíd. p. 6.

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sólo literarios sino políticos y sociales. A este respecto Marta Casaús apunta: La formación de asociaciones, clubs, logias masónicas, a través de las cuales se establecen vínculos estrechos, relaciones interpersonales e intelectuales que posteriormente generarán opinión pública y consensos entre diferentes elites intelectuales y políticas… desde la perspectiva de la opinión pública y de las redes sociales; cruzando ambas variables se podría analizar como un espacio vertebrador de la sociedad civil, un ámbito generador de opinión pública que va conformando una nueva comunidad de ciudadanos.6 En este sentido la Sociedad Literaria “El Porvenir” constituyó en uno de esos espacios que se formaron en Guatemala y, por la magnitud de las personalidades que en ella se reunían y los vínculos con el gobierno de Barrios, definitivamente uno muy importante. Esta Sociedad se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877 a impulso de quien fuera su primer presidente Vicente Carrillo. El objetivo de su fundación fue el de crear una «literatura nacional». Sus estatutos fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia de Justo Rufino Barrios y, si bien es cierto, todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios 6 Marta Casaús Aarhus: “La creación de nuevos espacios públicos a principios del siglo XX: la influencia de redes intelectuales teosóficas en la opinión pública centroamericana (1920-1930)”; en Marta Casaus Arzú y Teresa García Giradles. Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales 1820-1920, F & G editores, Guatemala, 2005, p. 71.

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de ella, fue Lorenzo Montúfar, el funcionario que mayor participación tuvo en la Sociedad. Las reuniones se realizaban semanalmente y participaban todos los «socios asistentes». A partir del mes de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada uno, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de “El Porvenir”. A partir del mes de mayo la Sociedad tuvo un órgano de difusión. Un periódico quincenal que llevó el nombre de El Porvenir y que se constituye hoy, en la principal fuente de acceso a lo que fue dicha Sociedad.7 El primer número se publicó el 20 de mayo, en este mismo se incluyó una lista de los socios que la componían. Distinguieron tres tipos de socios:

1.- Los honorarios: así distinguían a personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres. 2.- Los asistentes: socios que concurrían con regularidad a las juntas. 3.- Los corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.

Los honorarios y corresponsales también podían, si querían, asistir a las juntas que realizaba la Sociedad. La junta directiva se componía de: presidente, vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero. En mayo de 1879 suprimieron los 7 Todas las citas textuales al periódico El Porvenir conservan íntegra la redacción original pero se han corregido los errores de ortografía.

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cargos de presidente y vice-presidente y eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos. Prácticamente desde su fundación organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional. En ellas reunían a la elite capitalina que llegaban para escuchar conferencias, interpretaciones artísticas, musicales, poesía, etc., como medio de difusión de sus labores. Los intelectuales miembros de la Sociedad “El Porvenir” Los nombres de quienes fueron miembros de la junta directiva y de los que publicaban con regularidad en el periódico, coinciden con las figuras que destacaban —o que lo hicieron inmediatamente después— política e intelectualmente, como miembros de la elite liberal decimonónica. Máximo Soto Hall aporta algunos datos de esta Sociedad en la que él mismo no participó por ser un niño muy pequeño, pero que sí lo hizo su hermano Marco Aurelio Soto.8 Soto Hall clasifica los socios por edades, entre los mayores, los que llama “sombras protectoras”, estaban personalidades destacadas en Guatemala y fuera del país. Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, Antonio Machado y José Milla. Los tres primeros citados coinciden con los que David Vela calificaba como grandes oradores de la 8 Máximo Soto Hall: La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí, José de Pineda Ibarra, Guatemala, 1966, pp. 53 y ss.

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época.9 De ellos, Montúfar fue quien tuvo participación más amplia en la Sociedad. Asistió a las reuniones, aportó documentos para discusión y publicación, de alguna manera los guió y protegió desde su posición de Ministro de Instrucción Pública. A juicio de Vela, Montúfar destacó además de como orador, por su obra como abogado y su participación en la redacción de los códigos de Barrios, pero lo incluye, junto a Milla, entre los historiadores por sus siete tomos de la Reseña Histórica de Centro-América.10 El padre Arroyo y Antonio Machado eran miembros del gobierno de Barrios. Arroyo era por esos años diputado a la asamblea nacional y consejero de Estado. Posteriormente fue ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de Guatemala ante la Santa Sede. En el segundo grupo ubicaba Soto Hall a los mayores de treinta años que empezaban a labrarse un nombre. Entre ellos Antonio Batres Jáuregui, Fernando Cruz, Salvador Falla, Ricardo Casanova y Estrada y Juan Fermín de Aycinena. De estos sólo dos de ellos aparecen en los registros, participando activamente en el periódico y como miembros activos. Antonio Batres Jáuregui fue vicepresidente de la Sociedad “El Porvenir” desde su fundación hasta noviembre de 1877. En el periódico se encuentran algunas obras literarias de su autoría. El jurista y político Salvador Falla quien fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879, también colaboró ampliamente con sus publicaciones en el periódico. 9 David Vela: Literatura guatemalteca, 3ª edición, Tomo II, Tipografía Nacional, Guatemala, 1985 (1ª edición: Tipografía Nacional, 1948), p. 307 y ss. 10

Ibíd, 99 y ss.

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El último grupo de los que refiere Soto Hall, es el de los jóvenes, los que empezaban. Entre ellos menciona a Manuel Valle, Miguel Ángel Urrutia, Ramón A. Salazar, Juan Arzú Batres, Guillermo Hall y Domingo Estrada. Todos ellos eran o llegaron a ser intelectuales reconocidos en Guatemala y la mayoría ocupó cargos públicos en la administración del General Barrios. Manuel Valle era un joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras, fundó el primer ateneo de Guatemala. Miguel Ángel Urrutia era secretario particular de Barrios. Ingresó a la Sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía. El Dr. Ramón A. Salazar, médico y político fue Ministro de Instrucción Pública unos cuantos años después, siempre durante el gobierno de Barrios y, una década más tarde, Ministro de Relaciones Exteriores. Fue también diputado en varias legislaturas. En ese momento aún era muy joven —25 años. Según David Vela, Salazar inició su carrera de escritor en las páginas de El Porvenir. Su obra es vasta y comprende trabajos literarios e históricos, además de numerosos artículos publicados en periódicos. Fue director del Diario de Centroamérica. Entre sus obras más importantes se pueden mencionar Historia del desenvolvimiento intelectual de Guatemala (1897) e Historia de los veintiún años- La independencia de Guatemala (1928). Fue secretario de la Sociedad. 34


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Juan Arzú Batres, ingeniero. Fue director del Diario de Centroamérica. Padre del escritor José Arzú. Miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la Española de la Lengua. Ocupó diferentes puestos en la directiva de la Sociedad. Domingo Estrada apenas contaba para ese entonces con 22 años, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por su influencia, Domingo también ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en la Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Estrada fue gran amigo de Martí y le dedicó varias páginas, quizá la más sentida fue cuando supo del fallecimiento del cubano. Ocupó diferentes cargos en la directiva de la Sociedad y en la redacción del periódico. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta. Publicó asiduamente en el periódico. Muchos de sus artículos se encuentran firmados por el pseudónimo «Julius». Además de los referidos por Soto Hall es importante mencionar a Manuel Arzú y Saborío quien fungió como secretario, sub-secretario y vocal de la Sociedad en diferentes momentos, además de haber ocupado el puesto de agente general de periódicos y miembro de la comisión de imprenta en el periódico de la misma. Arzú y Saborío escribía bajo el pseudónimo de «Los dos fóscaris». Tuvo a su cargo en el periódico de la Sociedad las reseñas de la actividad cultural, principalmente teatro y presentaciones musicales que deleitaban a la capital guatemalteca del momento. Vicente Carrillo, 35


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desempeñó el cargo de presidente de la Sociedad de mayo a noviembre de 1877. También destacan entre sus miembros algunos extranjeros de paso por el país: Santiago Ignacio Barberena, salvadoreño, quien por esta época se encontraba en Guatemala estudiando en la Universidad. Fue el segundo secretario de la Sociedad —noviembre de 1877— y colaboró con una gran cantidad de artículos en el periódico de ella. Francisco Castañeda, salvadoreño. Escribió y dirigió algunos periódicos. Fue redactor del Diario de Centroamérica, diputado por El Salvador en la Constitución Federal de 1921. En el periódico de la Sociedad publicó principalmente poesías. Francisco E. Galindo, abogado salvadoreño, redactor y fundador de varias publicaciones periódicas en su país. En la Sociedad, participa al principio como socio corresponsal y a su venida a Guatemala funge como vocal 3º. Escribe activamente en el periódico de la Sociedad. Vino a Guatemala por problemas políticos con el régimen de Zaldívar y trabajó como inspector de educación primaria de Sacatepéquez. El Ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la Sociedad como vocal 1º —noviembre 1877. En ese momento era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós ingenieros topógrafos. Trazó el Cementerio 36


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General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia. Hay en el periódico de la Sociedad un par de artículos suyos incluyendo un poema. Por supuesto, entre los extranjeros prominentes figura José Martí, quien ya aparece en la lista de socios asistentes que publicaran en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la Sociedad.11 Aunque publicó sólo un artículo en el periódico12 colaboró con la Sociedad durante toda su estancia en Guatemala, pronunció un discurso en la primera velada realizada el 25 de julio de 1877, que —según Soto Hall— le valió el sobrenombre de “Dr. Torrente”.13 De vuelta en México, Martí se expresó en muy buenos términos de la Sociedad: “[d]iscuten, proponen, reglamentan, dan veladas. Estos ejercicios de palabra, de discusión, de sociabilidad fortalecen el carácter, mejoran las uniones, acentúan la cultura”.14

La creación de una «literatura nacional» A través de las páginas de El Porvenir se tiene acceso a las inquietudes de una elite intelectual que intentaba conformar un imaginario nacional en un momento que consideraba clave. Para ellos el triunfo del liberalismo en el país, era una revolución, que llegaron a comparar 11

Domingo Estrada: “La revista guatemalteca”; en El Porvenir, Tomo 1, No. 22, 5 de abril de 1878, p. 342. 12

José Martí: “Poesía dramática americana”; en El Porvenir, Tomo I, No. 19, 25 de febrero de 1878, p. 289. 13

Soto Hall: La niña…, p. 67.

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José Martí, citado por Vela, Literatura…, p. 251.

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con la Revolución Francesa. Deslumbrados por el desarrollo económico que prometía el cultivo del café, por los avances tecnológicos que significaban el progreso y la civilización, buscaban con apremio los elementos de cohesión que les permitieran construir una patria que pudiera elevarse a la altura de los modelos, principalmente europeos, hacia los que tendían. El mismo nombre de la Sociedad tenía implícito ese ideal moderno de progreso. El objetivo de la naciente Sociedad Literaria era la formación de una «literatura nacional». Y es interesante qué entendían por y cuál era la función de esa «literatura nacional». Es decir, sus fines no eran solamente estéticos, tampoco hablaban simplemente de promover o difundir un trabajo literario, que sin duda existía y era reconocido, la finalidad de la Sociedad giraba en torno a la creación de una literatura que estuviera unificada en sus ideales y objetivos. “Hojead las obras de los grandes prosistas y de los grandes poetas: ellos han creado la literatura y han formado su época a imagen y semejanza de sus grandiosas almas. Grande es, pues, la misión de la Literatura en el mundo y las sociedades literarias son semilleros de la civilización”.15 La creación se refería, entonces, más que a crear una literatura, como si esta no existiese, a organizarla y orientarla hacia fines específicos de su imaginario elitista de nación, para que pudiera considerarse «literatura nacional»: Hasta ahora no nos ha sido dado tener una literatura que lleve impreso el sello de nuestro 15 Alberto J. Galindo: “Discurso”; en El Porvenir, Tomo I, No. 11, 20 de octubre de 1877, p. 175 (énfasis añadido).

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carácter nacional y que sea el reflejo de las costumbres y don de ser de nuestra sociedad; porque los hombres que han dedicado su tiempo y su trabajo al cultivo de las bellas letras, han hecho esfuerzos aislados y sin combinación; y lo peor de todo, que olvidando, o más bien, despreciando nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestros hombres y cuanto constituye las bellezas, los encantos y los recuerdos de nuestra patria; para buscar en otras partes algo a que elevar un canto, han engendrado una especie de monstruo con la variedad de estilos y de escuelas.16 Entonces, la «literatura» abarcaba también la historia y en ocasiones la filosofía. «Nacional», en un sentido estrecho, se reducía a una elite que se pensaba a sí misma a partir de los modelos europeos a los que aspiraba. La educación era vista como el principal mecanismo de civilización, la condición fundamental para la formación de la nación o de la «patria». En el primer editorial del periódico El Porvenir,17 Lorenzo Montúfar señala la importancia que los poetas han tenido a lo largo de la historia en la formación de las naciones. Para Montúfar, los poetas griegos y latinos contribuyeron con sus obras a la formación de sus naciones y luego hace referencia a los filósofos de la ilustración y su influencia en la revolución francesa. Siguiendo esa línea de pensamiento dice: “ya es tiempo de que Centro-América posea también la suya [su literatura], y se haga conocer 16 Vicente Carrillo: “Discurso”; en El Porvenir, Tomo I, No. 6, 6 de agosto de 1877, p. 90. 17 Lorenzo Montúfar: “El Porvenir”; en El Porvenir, 20 de mayo de 1877, (Tomo I, No. 1, p. 1).

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en el exterior no solo por sus productos agrícolas sino también por sus poetas y literatos”. A este mismo respecto decía otro miembro de la Sociedad: La América-Central carece de la página que todas las naciones civilizadas poseen para grabar en ella sus tradiciones y los hechos de las generaciones pasadas; carece de una literatura propia que revele sus costumbres, sus aspiraciones, el talento de sus hombres; que cante sus bellezas, que llore sus dolores, que transmita a las futuras generaciones con la melódica lira del poeta, el valor de sus héroes, el amor a la patria, a la libertad y a la gloria.18 La literatura, la historia y la exaltación de elementos culturales tenía la doble función de fomentar el amor por la tierra y las costumbres, también dar a conocer la patria entendida como Guatemala en particular o como Centroamérica en general al resto del mundo. “[P]orque un pueblo sin literatura es un pueblo sin voz, un pueblo que está privado de hacerse oír en el concierto universal”.19 Ahora bien esta nación, como se señalaba arriba, estaba entendida de manera muy estrecha en el sentido de una elite excluyente que se consolidaba a partir de la Reforma Liberal. Teresa García Giráldez analizando el debate nacional en esta época dice que “[l]a «nación cívica» incluyente dio paso a la «nación civilizada» excluyente de los elementos que no se adaptaran a ella”.20 18

Manuel Aguilar: “Discurso”; en El Porvenir, Tomo I, No. 3, 20 de junio de 1877, p. 42. 19

Ibíd.

20

Teresa García Giradles: “El debate sobre la nación y sus formas en el

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La «nación» era civilizada, culta, privilegiaba. El trabajo y el desarrollo de la tecnología eran vistos como un ideal, símbolo del progreso y civilización. Por ello, no encontramos en las páginas de El Porvenir ningún debate sobre el indígena ni su participación en la nación, como los que surgirán más adelante cuando la discusión sobre la conformación nacional vuelva a estar en consideración. En este ideal de modernidad y progreso, el indígena es prácticamente inexistente, cuando se le menciona, aparece más bien como un estorbo. Allí está la propiedad comunal, el ejido, consagrada casi exclusivamente a una desmadrada industria pecuaria; el ejido proindiviso, que deja el trabajo individual sin aliciente ni recompensa y por consiguiente nulificado. El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, […] alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.21 Por supuesto, el sentido de ello, también era la justificación de las medidas económicas que liberaban para el sector cafetalero emergente toda la mano de obra necesaria. Y esa era la única cabida que tenía el indígena: pensamiento político centroamericano del siglo XIX”; en Casaús Arzú y García Giradles. Las redes intelectuales…, p. 37. 21 Salvador Falla: “El Porvenir ¡Adelante!”; en El Porvenir, Tomo I, No. 5, 24 de julio de 1877, p. 65.

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No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con un alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave.22 Lo nacional para estos intelectuales reivindica únicamente lo español, lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento”23 invisibiliza a toda la población indígena de América considerando que el Continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas, a lograr con ello, según sus propias palabras: “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”. A Centroamérica, según él, le correspondía ser el brazo de unión entre la del norte y la del sur y debía aceptar de buena gana la dominación y la “conquista inevitable” del norte.24 Como parte de la «creación» de lo nacional, parece relevante hacer alusión a un incidente interesante. En diciembre de 1879 el gobierno de Barrios encargó 22

Ibíd, 66-67.

23

Juan Arzú Batres: “La imaginación y el pensamiento”; en El Porvenir, Tomo I, No. 4, 5 de julio de 1877, pp. 53-54. 24 Un dato curioso es que el hijo de Arzú Batres, el escritor José Arzú, seis décadas más tarde, publicó en El Imparcial una serie de cartas a los «mayas» en donde decía sentirse su descendiente y les pedía perdón por todos los daños causados. Cf. Marta Casaús Aarhus. “De la incógnita del indio al indio como sombra: el debate de la antropología guatemalteca en torno al indio y la nación, 1921-1938”; en Revista de Indias, Vol. 65, Nº 234, 2005.

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a la Sociedad “El Porvenir” convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la nueva Constitución. El 5 de enero de 1880 la Sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Llegado el plazo se recibieron sólo trece composiciones. El jurado eligió los tres primeros lugares, como estaba estipulado, pero dictaminó que ninguna de ellas merecía el calificativo de Himno Nacional y quedó como un simple concurso literario. Los ganadores fueron: Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío. El día de la puesta en vigor de la Constitución fue entonado un Himno dedicado a Guatemala, cuyo verso era obra de Salvador Barrutia, miembro de la Sociedad, con música de Mateo Tizol. Desconocemos la verdadera razón por la cual no aceptan ninguna de las composiciones. Pues, no fue por razones literarias ya que reconocieron la calidad de todos los trabajos. Tampoco parece que fuera por los contenidos, pues estos no difieren mucho ni del Himno que entonan el día de la celebración, ni del que resultó favorecido diez y seis años más tarde, en otro concurso similar y que, con algunas modificaciones, sigue siendo el Himno Nacional de Guatemala. La información con la que contamos de la Sociedad “El Porvenir” llega hasta el 19 de enero de 1882 con la publicación del no. 99 de su periódico. Entre este 43


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último número y el anterior hay casi dos meses de diferencia, se disculpan por el retraso pero no pueden referir las razones del mismo, sin embargo, esperan poder retomar a partir de este número las publicaciones periódicas, sin embargo, eso no sucedió así. Habría, como mencionaba al principio, muchos otros temas que podrían examinarse a la luz de lo que fue este espacio de sociabilidad de la elite intelectual guatemalteca de finales del siglo XIX. Evidentemente, no fue el único, pero sí uno muy importante. De las páginas de su publicación periódica extraemos más de doscientos nombres de personas que fueron sumándose a lo largo de poco más de cuatro años, como miembros de ella. Algunos personajes que ya eran conocidos en los círculos intelectuales y políticos del país, otros empezaron su carrera literaria ahí, incluyendo los extranjeros que por diversas razones residían en Guatemala. De cualquier forma ofrece un elemento importante para la reconstrucción de la historia intelectual de ese momento.

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José Martí en la tierra de los falsos liberales Marco Vinicio Mejía José Martí arribó a Guatemala en 1877, cuando la marejada liberal sacudía Centro América. El gobierno en Guatemala estaba a cargo de una nueva generación caracterizada por el pragmatismo y los ideales positivistas. El gobierno de Barrios, iniciado en 1873, se caracterizó por una política liberal extremista y la persecución a la Iglesia Católica. El Arzobispo fue expulsado del país, se suprimieron los conventos y se confiscó gran parte de los bienes eclesiásticos. Barrios también procuró la reunificación centroamericana, para lo cual se efectuaron diversos convenios con otros países de la región, los que no dieron resultado alguno. Durante su régimen se emitió la Constitución de 1879, aunque para demostrar su poder advirtió que esa era la Constitución con la cual él gobernaba. La oposición fue enconadamente perseguida y muchos guatemaltecos huyeron al exilio. Dentro de sus obras públicas, exigidas por la gran expansión del café, se pueden mencionar la introducción del ferrocarril en Guatemala, el tendido de líneas de telégrafo, así como el establecimiento de la educación pública gratuita, por medio de escuelas en todo el país. Barrios también fundó el banco hipotecario, el Hospital de Oriente y mandó a construir el cementerio general de la ciudad capital. Barrios fue criticado después de la suscripción, en 1882, del Tratado Herrera-Mariscal de límites con 45


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México, mediante el cual Guatemala renunció a toda pretensión sobre la región de Soconusco y desistió de sus créditos contra México, sin recibir compensación alguna por ello. En el año del arribo de Martí a Guatemala (1877), entró en vigor el Reglamento de Jornaleros que resucitó el mandamiento colonial. Las comunidades indígenas fueron forzadas a proporcionar trabajadores temporales y se regularon las “habilitaciones” o anticipos de dinero que obligaban compulsivamente a los laborantes indígenas con los hacendados. El régimen se complementó con las leyes represoras de la vagancia y con un sistema de control político local. El liberalismo de Martí era una contraposición al orden colonial español vigente en el Caribe, que advertía los peligros del expansionismo estadounidense. En cambio, Barrios impulsaba un liberalismo para constituir un orden neo-colonial de dominación, tanto externo como interno, que generó el desarrollo del capitalismo dependiente, aunque posteriormente se transformó en un mercantilismo al servicio de la oligarquía. En Martí, el acento estaba puesto en la libertad como sinónimo de independencia, mientras en Barrios el liberalismo se dirigió a la conservación de un nuevo orden también excluyente. Para fortalecer el sistema, los reformistas guatemaltecos se basaron en el modelo político del Segundo Imperio francés que sustentaba su fuerza en un ejército profesional. Si nominalmente Barrios y Martí fueron liberales, practicaron ejercicios diferentes de la libertad que concebían. Ambos coincidieron en el anticlericalismo; en el primero se manifestó por la conveniencia de la 46


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modernización económica que favoreciera a los nuevos terratenientes y cafetaleros, mientras en el cubano fue reclamo vivir la virtud en plenitud, al estilo aristotélico. Barrios desmanteló el poder económico eclesiástico para luego concebir una reforma educativa que consolidara el nuevo orden en manos de la oligarquía cafetalera. Martí se enfrentó a una Iglesia burocrática, que se veía a sí misma como el único referente moral de los pueblos. La ética del cubano se basó en la creencia masónica en la intrínseca bondad del pueblo y de su capacidad de autorregulación moral. La ética martiana identificada con una religión natural las aplicó el prócer cubano en Guatemala como maestro de la Escuela Normal, al priorizar una moral laica por medio de la educación: “Yo quiero educar a un pueblo que salve al que va a ahogarse y que no vaya nunca a misa”.1 Además advirtió la importancia de “no enseñar religión alguna en las escuelas de instrucción, —sino aquellos conceptos de bondad, honradez y justicia que en el fondo de todas las religiones están y a todas convienen.”2 Martí hizo un balance del gobierno de Barrios: “Barrios es un hombre astuto y fuerte, que desprecia a los hombres y los hace fustigar; que gobierna por el terror —pero que comprende que debe disimular esas maldades con las exigencias de una revolución popular contra el antiguo régimen oligárquico, —que siente realmente el odio a las clases elevadas y el amor a los pobres, —que ha sembrado en el país las escuelas a granel 1

José Martí: Obras completas (1963-1965), t. 21,. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, p. 16. 2

José Martí: Ob. cit., t. 19, pág. 445.

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Índice Presentación..........................................................................................vii Migraciones: La dinámica de las ideas......................................11 Algunas consideraciones sobre las migraciones ...............................................13 del siglo XIX en Guatemala. Ruth Piedrasanta Escenarios guatemaltecos, reflexiones continetales.....25 La Sociedad Literaria “El Porvenir”: ambiente...............................................27 intelectual de José Martí a su llegada a Guatemala Regina Fuentes Oliva José Martí en la tierra de los falsos liberales . ................................................45 Marco Vinicio Mejía La mirada hacia y desde los subalternos .................................57

Colonialidad del saber y literatura:......................................................59 Invención y anulación del indígena en Patria y Libertad (Drama Indio) de José Martí Juan Blanco Gálvez La Estatua de la Libertad desde la perspectiva periodística . ........................... 109 de José Martí Mauricio Núñez Rodríguez José Martí y los nuevos códigos.................................................................. 121 Condición de las mujeres a final del siglo XIX Lizeth Jiménez Chacón Tareas del hombre moderno: ver, entender, vivir, transformar..................................................................................... 129 El Puente de Brooklyn visto por José Martí................................................. 131 Mauricio Núñez Rodríguez A las raíces. Concepción global de la obra y vida de José Martí....................... 145 ¿ A qué causa dedicarle la vida? Rubén López. Autores/as...................................................................................... 156

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Marti en America