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ATLANTIC JUNCTION Leopoldo Emperador

La idea que motivó esta propuesta vino dada por la apreciación de que Las Palmas de Gran Canaria, en su expansión y modernización urbana, en cuanto a su red de comunicación de carreteras (red NorteSur), nuevos trazados, ampliación de vías rápidas y nudos de comunicaciones, junto con otras infraestructuras que se están realizando o en proyectos de realización), está adquiriendo espacios que en principio podríamos definir como “duros”, en el sentido de carecer éstos, en el mejor de los casos, de elementos ajenos a la propia funcionalidad y utilidad para la que han sido creados. Estos mismos espacios precisan, en mi opinión, de una acción de características tales que modifiquen esta apreciación de “dureza” que mencionamos, haciéndoles susceptibles de adquirir, mediante intervenciones adecuadas, connotaciones emblemáticas y estéticas; es decir, dotarlos de un mobiliario urbano que los “humanice” y “dignifique”, esto es, entre otros elementos, la incorporación de obras de arte al entramado urbano como sucede en otras ciudades. El desarrollo del proyecto de la escultura Atlantic Junction que me propuso realizar la Dirección General de Carreteras, Consejería de Obras Públicas del Gobierno de Canarias, en septiembre de 1994 y aprobada posteriormente en diciembre, por la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas, estaba directamente relacionado con la situación en que se proyectaría su ubicación y, por ello mismo, con las características del espacio urbano que la albergaría. Junto a ello, los conceptos que dicho espacio me sugerían iban a determinar los elementos estéticos y formales que guiarían las pautas del proyecto de la misma, sin descartar la línea estética que define mi trabajo.


En un proyecto artístico de estas características, las consideraciones espaciales de perspectiva y escala, así como los valores estéticos y, sobre todo, conceptuales del mismo, condicionarían su naturaleza, su integración e impacto y, en definitiva, la adecuación al espacio urbano que lo acoge crearía una simbiosis recíproca de mutuo beneficio, apoyándose todo el conjunto en un eje, en una imagen que potenciase una presencia emblemática.

Por todas estas consideraciones, la rotonda de giro y cambio de direcciones, del nuevo paso subterráneo de la Avenida Marítima, en la confluencia con Juan XXIII, creado por las necesidades de modernización y funcionalidad de la arteria vial Norte - Sur, aportaba una perspectiva espacial amplia, diáfana y prácticamente sin interferencias visuales desde los cuatro puntos de vista urbanos (Sur-Norte, Norte-Sur, Oeste-Este, Este-Oeste, este último desde el mar) idóneo para la ubicación de una escultura de grandes dimensiones. Una intervención artística que fuese capaz de transformar aquel espacio urbano en un punto referencial y emblemático de la red vial, dotándola de una presencia que conjugase la filosofía de utilidad y la adecuación a las necesidades actuales de uso, con los conceptos de modernidad, dignificación y humanización que todo proyecto de renovación debe tener en cuenta. La ciudad, como espacio habitable, tiene que devolverle al ciudadano la mirada apacible, el reencuentro con elementos que normalicen su relación con el hábitat deshumanizado que los grandes núcleos urbanos de por sí le niegan, responsabilidad ésta, en última instancia, de los gestores políticos y redactores técnicos de los proyectos urbanos que se desarrollen. Los espacios, sean éstos naturales o creados por la intervención del hombre, poseen unas sugerencias conceptuales que los destaca, los define y los hace susceptibles de interpretarse mediante lecturas sutiles y sensibles. Potenciar estas coordenadas invisibles que los particulariza es, en definitiva, la labor de los artistas, su responsabilidad y utilidad social, y que, mediante su imaginario individual, den esas lecturas y saquen a la luz las líneas ocultas, las directrices que marcan ese “algo” especial y mágico que un espacio determinado posee “per se” y que lo hace “diferente”, único en sí mismo.


Todo lo anteriormente expuesto encierra unas ideas que fueron sugeridas por las particularidades físicas y el espacio “ideológico” que interesaba al afrontar un proyecto de intervención artística en el espacio urbano de la Avenida Marítima. En este caso concreto, la importancia y envergadura de una actuación urbana de tal magnitud, que modificaba ya una idea obsoleta, era y es un factor determinante que afecta, no sólo a la rapidez y fluidez de las comunicaciones por carretera, sino también a todo el tejido social, económico y cultural de la isla. En este punto no podemos olvidar que toda esta vertebración se basa en dos focos económicos fundamentales: la actividad generada en la zona portuaria y la que se genera en la zona turística del sur de Gran Canaria, ambas dependientes una de otra, circunstancia que históricamente ha sido así, con independencia de las particularidades económicas que han definido cada período histórico.

Una lectura imaginativa del potencial sugerente del espacio urbano propuesto debería tener en cuenta estas características como elemento conceptual a explotar, es decir, un concepto de camino abierto, de puerta a un trasvase y mestizaje cultural, a una encrucijada de caminos que conforman el espíritu cosmopolita que define a esta ciudad. No olvidemos la fuerte influencia que históricamente Canarias ha asumido de otras culturas a través de su realidad geográfica, su situación estratégica en el Atlántico y, por tanto, su proyección en el mundo. Si sumamos a estas premisas conceptuales las especifidades físicas de este punto neurálgico, el desarrollo de la idea que interesaba a este proyecto de la escultura Atlantic Junction era actuar en el sentido de crear una obra que combinase unos rasgos universales y una síntesis de trasvase cultural y que se representara bajo una forma que el devenir del tiempo tornase emblemática, aportando así una visión concreta del momento y la realidad en que vivimos. Esta ha sido, por otra parte, la ambición que de siempre ha motivado la creación artística, esto es, la trascendencia en el tiempo, como huella y testimonio de una sociedad que anhela perdurar en la historia.


Los primeros bocetos que realicé sobre este proyecto derivaban hacia unos modelos de escultura, que si bien se ajustaban a la estética de mi trabajo, no terminaban de encajar en los presupuestos que el espacio del nudo Avenida Marítima-Juan XXIII me sugerían. Estos primeros esbozos aparecían como desprovistos de un alma que conjugara las relaciones de la escultura con el espacio que la iba albergar. La magnitud de este enclave urbano precisaba de mí una visión y predisposición más arriesgada y ambiciosa, una implicación íntima entre, digamos, tres sujetos: el espacio, la escultura y el artista. Una idea que sintetizase en sí una forma singular y diferente, debía abordarse desde esta perspectiva para que se concretaran los conceptos anteriormente esbozados, haciendo partícipe a esta escultura de una poética ya establecida con una singularidad emblemática y monumental. Había que enfocar las soluciones desde posibilidades que la distanciasen de su espacio habitual (el museo, la galería, la colección,...) y había que dotarla también de un carácter más apropiado a la función simbólica que iba a desempeñar. Es decir, no se requería una escultura encerrada en sí misma, jerarquizada en unos valores tradicionales que delataran su ubicación conceptual en los espacios habituales anteriormente mencionados, y que evidenciaran una simple transposición de escala. Esas eran las directrices en el pensar día a día y en el diálogo a tres establecido.

Esta concepción cuajaría definitivamente en unas pautas de actuación acordes con la dimensión real de la propuesta. Asimismo, el conocimiento de claves y la intuición de que algo importante podría establecerse en esta línea de trabajo, facilitaron la labor y reforzaron la certeza de que, cuando menos, el resultado en sus postulados conceptuales sería el idóneo, el óptimo para una intervención de estas características. Mi compromiso personal y mi sensibilidad como artista así me lo indicaban en todo momento.


Posteriormente a estos primeros esbozos, la aproximación a la escultura para la Avenida Marítima se concretaría en la idea de construir una “escultura-puerta” de grandes dimensiones, asumiendo que las connotaciones monumentales de estos elementos urbanos desempeñan papeles emblemáticos con el devenir del tiempo. Abundando en lo expuesto, tras una lectura del espacio, su amplitud física y su perspectiva diáfana, quedó evidente que la escultura debería adquirir dimensiones que justificaran su ubicación espacial, es decir, su relación con el entorno, su escala. De la misma manera, el espacio “ideológico” que iba a ocupar establecería su papel simbólico, esto es, su “razón de ser”, su realidad intrínseca de “puerta”.

Esta idea de “puerta” en que se basa la escultura (como elemento compositivo), con sus jambas, dintel y umbral, facilitaba el desarrollo inicial del concepto de encrucijada, de caminos abiertos al mestizaje cultural, del cosmopolitismo que define a la ciudad. También reforzó esta idea de dotar a Las Palmas de Gran Canaria de un espacio simbólico de entrada, de “puerta”, el hecho de que este nudo sea la más importante confluencia de la vía Norte-Sur con el acceso principal a la ciudad alta (y su nada desdeñable visión desde el mar). Por otra parte, la ubicación de una escultura de estas características monumentales en el enclave referido, potenciaría y renovaría la fisonomía de la Avenida Marítima cuyo papel principal es la imagen de una ciudad que crece en consonancia con el progreso, al fin y al cabo esa fue la intención estética que el proyecto Cidelmar, de Zuazo, ambicionaba y que, posteriormente, mediante la decidida intervención del alcalde Ramírez Bethencourt, dio origen a la Avenída Marítima y, por tanto, a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria como hoy la conocemos y entendemos, y que ha quedado redefinida tras las recientes e importantes obras de mejora y modernización que se han realizado.

Por todo ello, el título de Atlantic Junction hace referencia directa a esta idea genérica de punto neurálgico en una doble lectura, por una parte el enclave tricontinental que Canarias representa en la ruta del Atlántico, y por otra el nudo neurálgico de este enlace del sistema vial que ha posibilitado la creación de un espacio urbano que demanda para sí de un hito, de una referencia emblemática para autoafirmarse. El reto de concentrar todas las líneas sutiles de este punto, de este espacio “singular”, que se define por su estructura como la “fachada” de la ciudad, posibilita que la ubicación de esta escultura propuesta entrara en consonancia con el ambicioso proyecto que genera la voluntad y necesidad de actualizar y modernizar la ciudad, participando dicha escultura de las dimensiones físicas y conceptuales que recorren las coordenadas de esta actuación urbanística.


Evidentemente, Atlantic Junction desempeña solamente un papel simbólico, ya que se trata de una puerta practicable únicamente desde la metáfora; traspasar su umbral con la mirada es la posibilidad del desplazamiento, su trasparencia; es el continuo devenir de los intercambios y su presencia la voluntad de afirmación en el futuro.

NOTA: Este texto es el del proyecto original, redactado en 1994, que acompañaba a la maqueta de Atlantic Junction, aquí se edita con las correcciones estilísticas necesarias para su actualización.


SIMULACIONES POR ORDENADOR


SIMULACIONES POR ORDENADOR


SIMULACIONES POR ORDENADOR

Atlantic junction  

Texto del proyecto no realizado de una escultura monumental para la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

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