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Por sus momentos, a todos aquellos y aquellas de aquellos viernes. Por el primer paso en Londres, a David‌


2陋 Edici贸n

Barcelona, enero de 2012

Todos los viernes. Un viaje urbano. by leObert is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License. 2


TODOS LOS VIERNES leObert

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A finales del año 2002, mientras trazaba con la vista en un mapamundi el camino que acababa de recorrer con mi amigo Tomasz a través de Europa y Asia, volví a soñar despierto. Soñé que viajaba de nuevo, esta vez alrededor del mundo; soñé que visitaba continentes y países que nunca había visitado antes, y sobretodo, soñé que lo haría durante todo un año. Supongo que a mi cuerpo todavía le faltaban kilómetros por andar, y días, y meses, pues el viaje anterior, si bien largo en distancia, había terminado demasiado pronto. De modo que tomé la decisión que trabajaría durante dos años más en Londres para así poder realizar mi sueño. Pero los sueños tienen una peculiaridad, ventajosa o no según las circunstancias: que pueden hacer desaparecer la realidad. Y si el sueño es a largo plazo, uno puede llegar a perderse demasiado. Mañana bien, pero qué hay de hoy; qué pasa con ahora… Consciente de esto y de que probablemente nunca más volvería a vivir en aquella ciudad, decidí aprovechar al máximo el tiempo que me quedaba (es curioso, la sensación de pérdida hace que valoremos más lo presente). Comencé a salir más, paseaba más por la calles, me fijaba más en la gente y en las cosas, respiraba con más atención, olía más profundamente… Mis sentidos, mi cuerpo, mi mente, se fueron abriendo paulatinamente al mundo como una flor y comencé a recibir más de cada momento. Me sentía más lleno, más vivo, y toda esa vida acabó rebosando; me rezumaban las letras, los dibujos, las danzas, los abrazos y los juegos. Comencé a jugar más, como juegan los niños, por jugar, y casi sin querer… creaba. Este trabajo que ahora presento no es sino resultado de ese jugar; de ese jugar que nació mirando; mirando de una manera diferente lo que durante años había tenido al lado. Una manera de mirar no sólo con los ojos sino con todo el cuerpo, observando simplemente todo y todos los detalles, incluso los prejuicios, las preconcepciones, los miedos y las manías; todo lo que va pasando en el museo del ahora. Así que, todos los viernes durante mi último año en la ciudad me levantaba y acostaba con esa mirada. Fuese al trabajo o me quedase en casa, los viernes me dedicaba a viajar. Y os aseguro que poco a poco todo a mi alrededor cambió. Todo aquello que el hábito y la costumbre habían convertido en ordinario, se fue tornando extraordinario. Los viernes vivía en un mundo diferente, rodeado de cosas y seres maravillosos. No era magia, no era mística, ni siquiera hongos,… era pura realidad. Basta pararse un momento para apreciarla. ¿O tienes que esperar a haberla perdido?

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“Y aún pocos se detienen a contemplar, aunque los secretos estén a la vista.”

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Viernes, 16 de enero de 2004 ...

Oscuridad

despierta. Luz de invierno. Compartimos momento de historia

olvidable, en forma de autobús. Compartimos mañana. El vaho es mágico, la mirada determinante; escoge lo bello. Nada se ha hablado desde que comenzó el día, ¡y éste ha dicho ya tantas cosas! El viento barre pertinaz unas nubes sucias para que dejen pasar al sol, su amigo, y le hagan reverencia. El frío en las manos, un placer virgen. La Navidad se ha apagado y merodea entre los desechos; se abren las rebajas para seguir consumiendo, y desechando. De los árboles sólo cuelgan botas, bolsas de plástico y aire. Algunas luces dirigen el tráfico, y el alma. Una chica desconocida por muchos toma algo caliente en el escaparate de una cafetería, para que todos la vean, sin saberlo, sola. Es difícil pensar en la soledad de la gente, es paradójica. Extraño viernes-por-la-tarde bus que cruza el centro de una oncemillones-de-habitantes ciudad con sólo seis pasajeros en el piso de arriba. A veces las cantidades también sorprenden. Convivimos unos cuarenta minutos del devenir universal debido a una causalidad insospechable, vertiginosa,... casual. Todos somos ajenos, y sin embargo, escuchando aprendo que una es turca, otro un mago de Manchester enamorado de la cerveza y de Londres y que a otro le esperan dos amigos. ¿Para qué habré sabido esto? Por la ventana pasa todo un mundo desconocido. Quizá otro yo acaba de cruzar en dirección opuesta, en la parte de atrás de otro (o el mismo) autobús. Resulta curioso observar a las personas desplazarse por la calle, como si fueran de otra especie, aparentemente inteligente, sabedoras de adonde van. Las formas se multiplican en el suelo, en los cristales o al girar la esquina; lo brillante debe ser visto. Y aún pocos se detienen a contemplar, aunque los secretos estén a la vista. A veces basta un paso hacia delante o un cambio de perspectiva, otras veces hay que leer entre olores o simplemente cerrar los ojos, y escuchar...

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Viernes, 23 de enero de 2004 ...

Movimiento.

Viaje. Infinitas destinaciones, o destinos, muchas siquiera

impensables. ‘Hoy’ es una sorpresa buscada donde ayeres sin número se reúnen para seguir siendo. Me pregunto qué habrá traído juntos a ese ticket, esa lata vacía y ese vaso de plástico en el escalón que sube o que baja. Qué historias se estarán contando. En las entrañas de la ciudad el tiempo lo es todo. Sus vías bombean ermitaños de unas solitudes a otras. La quietud no se deja atrapar. El ritmo es la esencia de la verosimilitud, no importa cuan caótico sea. La soledad permite que nos abracemos porque sabe que cualquier abrazo es caduco. Viajamos con lo demás, con sus bambas enfangadas, con el bolsillo de su abrigo, con su camisa de cuadros azules escogida para esta tarde por quién sabe qué razón, con los ojos más grandes del mundo donde la belleza resulta insignificante, con esas letras no leídas, con los pelos despiertos de una coronilla, con nuestros reflejos secretos, con alguien dispuesto a salvarnos la vida a cambio de nada y alguien dispuesto a sacárnosla a cambio de mucho, con arrugas en la piel y pieles muertas que congregan luz en su mover, con miradas perdidas y encontradas, con palabras y con una música inaudita que nadie podrá componer nunca, porque su orquesta es inabarcable y su obra casual. Treinta estaciones, una vida, un sueño pasajero entre Bond Street y Stratford, una muerte acordada desde el principio, un intento frustrado de ir más allá, para ver qué pasa. En el otro lado de la ciudad, un nuevo aire, una nueva oscuridad y un pájaro que jamás volverá a cantar para mí. De vuelta, la calle recibe a la lluvia vestida de luces, y ésta le besa frescura y preciosas gotas. Mientras tanto, cristales humedecidos van desvelando soles nocturnos a unas pocas miradas que se entretienen, y la noche se va mojando, y los charcos dibujando...

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Viernes, 30 de enero de 2004 ...

Se funde la mañana bajo las nubes, en

frágil blanco. Los ángeles del hielo, que volaron hasta donde les dijo el viento, ya mueren,

en

húmedas

lágrimas.

Su

virginidad es un privilegio para las pieles afortunadas, dispuestas a sentir. Qué pueden decir esos pájaros condenados a cantar; adónde pueden ir sin volar. Las hormigas humanas andamos, y andando labramos la tierra hasta el fin de los días. La noche ha sabido acogernos bajo las farolas, para que sigamos viviendo, moviendo, pasando... Debe haber un orden, y millones de sentidos fingidos, o creídos. Descubrir flores escondidas, o mejor, desapercibidas, es uno de ellos. Y los reflejos, ¡tan infinitos! que da gusto andar encontrándolos; siempre hay uno que no has visto. Junto al caer de una gota, soy un voyeur. Y me siguen las sombras...

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Viernes, 6 de febrero de 2004 ...

La gracia de una amistad y de la vida se desvela tras la puerta, que siempre tiene

dos lados. Nubes de todas partes han venido a despertarnos y a llorar por nuestra acostumbrada tristeza. Dos palomas las contemplan. La vida es bella, a pesar de todo. En el subsuelo, donde las lombrices de metal remueven de memoria la tierra ya seca de tesoros, a veces acaece alguna sorpresa, todavía fantástica. La tarde se abre discreta, quieta. Una calle improvisada me lleva de viaje por la soledad de una silla invendible; por la astucia de unos cuadros vivientes que roban imágenes subrepticiamente, sin esconderse de nadie; por lo extraño y lindo y vacío de una sala de espera a un destino que sólo se deja nombrar; por la acera agrietada y la unidad de los solitarios; por ese niño negrito desinteresado por el desinterés de los otros; por un minuto aguardando a una señal; por mi verdad universal y arcana sobre la religión, ahora convertida en callejera; por un alma gemela y una forma, acaso también gemela; por debajo de un puente clandestino palomar artístico que procrea clavos sombras huevos plantas de la luz del agua del silencio del hierro que sudan sus pilares y entretejen sus brazos; por una tienda de recuerdos desechados donde salen a mi encuentro la humedad salada de los libros viejos, el ritmo de un genio de la caja maravillosa y el más bigotudo de los iluminados recomendándome al azar: ‘look at yourself in the mirror!’... Y al final de otra calle, de otra luna y otras nubes... otro viernes...

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Viernes, 13 de febrero de 2004 ...

Un volar cruza mi camino, de tejado a tejado. Tras ellos, el cielo no existe de

blanco. Una quietud de pájaro reposa en alta cruz. De sus cantares indescifrables y de un rizo se ilumina la mañana. De cómo muere un muro; de una valla violada; de unas flores congregadas a los pies de un mito; de las prendas desaliñadas de un vagabundo subterráneo, que quizá seré yo, de sus reojos y de su papel migado; del movimiento de hormiguero; de apariencias, o apariciones, curvas; de todo esto vive la tarde. De la noche, preñada de humor, renace un grupo; a oscuras y por sorpresa. En el grupo, me multiplico y contraigo nuevas y tersas manos; otros ojos con otras miradas; un pensamiento que nunca quise saber ni sabré; una manera de decirme en colores; una manera de vestirme y de verme vestido; ajenos detalles y varias caras besadas...

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Viernes, 20 de febrero de 2004 ... El destino secreto de un número y su reflejo, y unas lenguas no menos extrañas, me han desgarrado con timidez un cielo nublado de preocupaciones. Sólo un templo me ha hecho florecer como los primeros brotes, a través del frío, del gris y de la salud precaria. No he respirado, no he sentido nada allí de sagrado más que el candor, el roce y la gracia de una vela joven que me recuerda tanto a la vida... “I am the light of the world”, y que iluminó nuestra muerte. Ni siquiera las ostentosas cruces; ni los guerreros empedrados, adulados por dioses y leones; ni la bóveda casi celeste, que hace de libro de cuentos; ni el eco fantasmal; ni querubines tallados, cantando eternamente; ni las flores sin marchitar, hijas de la pared; ni las alas de un ángel que jamás podrá volver al cielo; ni siquiera las incontables tumbas, donde ya hace tiempo que no hay paz ni descanso, sólo fama y eterna poesía para un poeta: “still are thy pleasant voices thy nightingales awake”; ni la voz del padre, que recita el rito en su teatro endiosado, como muchos lo han hecho desde el primero; ni su terrible historia, a través de las guerras y del fuego. Más bien parece que lo sagrado no es más que otra pieza del museo. Aunque, después de quinientos treinta pasos hacia Dios, descubro su vasta guarida: la ciudad. Camuflada tristemente de nubes y de invierno, se esparce indefinidamente para el ojo y la imaginación. No la abarca una mirada, ni una escucha, ni el aire helado que me arde en las manos, ni una vida, ni todo el tiempo del mundo. Los detalles son innumerables y el orden arcano. Se me hace extraño el ser humano y me pregunto si seremos igual de insignificantes para Él que para esa gaviota, que casi sin esfuerzo, se eleva por encima de todo, haciéndonos alzar la vista y la humildad. Lo sagrado está ahí afuera; ya lo supieron los que idearon las ventanas. Una niña canta, sé que es feliz; me lo recuerda. Alguien me captura para sus recuerdos, o acaso para su propia colección de Fridays of London... “Let your light shine”...

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Viernes, 27 de febrero de 2004 ... En su hacer, el frío nos sabe conceder lo mejor de sí: el calor y la llama. En su unir, el amor es misterio. En su abrir, las flores son carne y sutileza. En su mirar, los ojos más negros reflejan el mundo. Los labios son más beso sin besar, de cerca. A los trenes también les llega la hora, y van muriendo lentamente quietos, en el asilo de la inutilidad. Las sombras inventan la luz, al pintarse, y esa infinita colección de formas, llamada ‘realidad’. En el andén, yace una botella de whiskey asesinada, dramáticamente. En un parque, se elevan árboles siameses y mutilados, monstruosamente. En su pasar, mecánicamente, el tiempo de una iglesia adelanta al de mi sangre y noto cómo se me escapa la vida. En su creer, toda fe es ciega y solitaria. Esto se confesó en un himno hace doscientos años, para mí, para este momento. Todo un universo se hace y se deshace en una gota de cera, agarrada y derretida en la yema de un dedo. En el juego, el destino es el más afortunado, y un buen amigo...

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Viernes, 5 de marzo de 2004 ...

Vi que dormía; vi los restos de un perfume; vi unas babuchas indostánicas que

me seguían; vi el canto de unos pájaros que no vi; vi una gratitud de verdad, insonora; vi que todo fin es meramente humano; vi el reencuentro feliz de mi voz en voz amiga; vi perfiles de tejados y chimeneas; no vi nada por un momento, y pudo pasar cualquier cosa; vi la masa desplazarse como un líquido, como sangre; vi la soledad de los espacios públicos; vi tres manos de mujer: delicada, rítmica, escrita; vi unos ojos que no miraban nada; vi colores; vi reflejos (y sé que en uno de ellos está el infinito); vi otro canto, acaso el mismo; vi el bosque y vi el árbol; vi las obscenidades de los troncos, o de mi imaginación; vi su verde fabuloso; vi la fría y joven corteza; vi su grandeza y su hermandad en un abrazo; vi el cadáver de una hoja que murió el otoño pasado; vi los fetos que habrán de morir el que viene; vi su animalidad, su reproducción; vi el barro bajo mi peso, suave; vi el sonido del viento, y el viento; vi la altura; vi un vuelo; vi una pesadilla: un árbol pariendo infinitos árboles; vi la luna, llena, y su resplandor en nubes pasajeras; vi el cansancio absorbido por el suelo; vi el calor del agua por el cuello; vi una piel muerta, tatuada, iluminada; vi áspero el vino y dulce la carne de ciruela; vi unas letras combinadas por Borges, e imaginé inútilmente el Aleph...

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Viernes, 12 de marzo de 2004 ... Todo el universo está en cada gota, pero bocabajo. En cada retina comienza un mundo nuevo, inocentemente. No existe paraíso sin flores del aire, sin mariposas; ni alma que no sea mariposa. Algunas no son más que un frágil momento, un parpadeo, un resumen de la vida; otras tienen tiempo de aburrirse, de posarse. Ninguna sabe que tiene alas; ninguna recuerda ser un gusano de sangre roja. Son el Después; son el Cambio. La más triste de todas vuela de luto, sola. Cada vez que vencemos el sueño una historia nos visita, nos visita un infierno, un río, centenares de años talados, el frío, el agua caliente en las manos, y en los dedos unas hojas, varios arco iris, un charco lleno de lluvia, sombras de luna, una gota del mundo, y en ella, quizá, el mysterium tremendum fascinans et augustum...

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Viernes, 19 de marzo de 2004 ... Ha habido un cielo. Ha habido una batalla en un cielo. Luchaban el viento y una nube, en igual exuberancia, descomunalmente. La sangre era de agua y de millones de espejos. Por todas partes derramada, la sangre. Han vencido pocos: sólo el cielo y los que miraban viendo. En un parque, troncos profanados aguardaban tendidos en la tumba del tiempo y los gusanos. Un corazón, también mutilado, aguardaba el crepúsculo y quizá un abrazo. Ambos han llegado en el mismo momento y se han deshecho, no para siempre. Del abrazo queda un beso y del crepúsculo una imagen, y su reflejo en la hierba, y un cuervo, y una sirena, y el gemido monstruoso de las máquinas que vuelan, y una locura, y las primeras luces de la noche, y la alegría de un perro, y una bicicleta, y el tiempo, y la espera, y la sangre, y los espejos, y una nube, y el viento, y sobre todo, un cielo...

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Viernes, 26 de marzo de 2004 ... Un canto, pedazos de madera, trenzas, grises y claros, un centauro, recién nacidos y todavía muertos, otra versión de realidad,

aire

puro,

un

sueño,

conversación, la ambición por el Cielo, formas perennes, un tono entre los verdes, media vida para un nombre: “Bob’s corner”, un mundo de letras, un no-mundo, tres vacíos, simetría, breves pausas: una siesta y una página, un nuevo fin para un nuevo encuentro y otra textura de destino, “Agrama gymnosophon labarembacha bodamilomin”, el regalo absoluto: dar sin esperar, indiferentemente, altura, “begin your life as a flower”, sabor, sangre de Cristo, un callejón con salida, pájaros en el pomo de una puerta, fetichismo, cuerpo, imaginación, caer en la tentación... A todos os han reunido, no sólo yo ni sólo en palabras. Algo más grande, inabarcable, ha conseguido que hoy, otro viernes, seáis juntos. Yo os he dado el ser, y os he vestido en vocablos. Mas algo, con voluntad que no puedo entender, os ha zurcido. Ahora, vosotros, y yo, y estas palabras, formamos otro maravilloso punto en su tejido infinito...

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Viernes, 2 de abril de 2004 ...

Descubramos un arco iris, desechado en el asfalto, asombrosamente modesto.

Leamos en la contorsión del hierro una palabra. Oigamos qué nos dice la lluvia. Inventemos poesía para pájaros. Aprendamos a bailar con el tiempo. Digamos que sí a la gota que quiera fundirse con nosotros. Pensemos la vida en una piedra. Escuchemos las preguntas de un aroma. Veamos nuestras venas en las venas de una hoja. Deseemos ser nube. Viajemos a la fuente del deseo. Saquemos de paseo a las entrañas. Miremos un momento a través de los otros. Apreciemos las sombras, no sólo la luz. Busquemos el infinito en los reflejos, aunque sepan a mentira. Esperemos buenamente la espera y disfrutemos de ella. Respiremos también el chocolate. Sintamos madera. Comprendamos en los árboles la búsqueda y la paciencia. Pensemos el río. Adoremos a los puentes como si fueran dioses. Dejemos cantar a los ruidos. Unámonos para contar bellas mentiras. Sintámonos extraños y pequeños y privilegiados y curiosos y encantados bajo los cielos de luna. Lloremos el ocaso, riendo de alegría. Animémonos; subrayemos la vida...

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Viernes, 23 de abril de 2004 ...

mañana

también has despertado esta para

vivir

y

has

visto

mariposas en las ventanas. Tú también has perseguido las sombras y el batir de los vuelos. Para ti también los árboles tienen ojos y una sonrisa de niño vale más que mil palabras. Tú también acompañas las aguas, como orilla, y como ella, recoges las piedras y las haces bonitas. Por ti también corren las músicas del ruido y de los versos. Tú también quisieras ser bailando y cantar. Para ti también los poetas mienten y Shakespeare, que nació hoy, lo hizo profundamente. Tú también inventas mundo y aprendes a olvidar deprisa. Tú también eres paloma, río, máquina, escultura, nube y naturaleza; tú también eres sorpresa, y me asombra. También, para ti, el camino es aventura y la distancia cuestión de tiempo. Tú encontraste también el íntimo tesoro de los detalles y no guardas el secreto. Tú, como yo, buscas reflejos y alguna cosa más. Tú visitas calles nuevas y sabores y vas haciendo de tu experiencia un juego, una escuela, y al final, si es que lo hay, toda una vida. Tú esperas, tal que yo, todo menos una respuesta. A ti también te aburren los realistas porque imaginan sólo en blanco y negro y no entienden de cambio. Contigo andan los sueños, para seguir andando. Contigo, y conmigo, quedan los ocasos. Para ti también el azul no se acaba en la noche y la luna habla de algo. Te lo digo, sabes bien de lo que hablo...

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Viernes, 30 de abril de 2004 ...

Queremos ver, y pasamos la mano

por el cristal empañado que no deja de empañarse. Sin saber, dibujamos lo real; lo hacemos verosímil, aunque aún no conocemos esa mentira tan grande que es la Verdad. Queremos contar las gotas de la lluvia, incontables, e ideamos los números. Queremos salvar al tiempo de su paso, irreversible, y maquinamos relojes. Queremos aprender el movimiento de los cuerpos, y a bailar junto a ellos. Queremos controlar. Queremos viajar, y soñamos. Queremos ser algo, y creemos. Queremos que salga el sol para gozar de la sombra. Queremos pescar el azar con anzuelos del destino, y con dioses. Nos hemos visto obligados a esperar, y todavía nos cuesta hacer de ello goce e ilusión. Queremos trazar un camino que nos lleve, y olvidamos el andar. Queremos lo fácil y seguro, mas no vemos la planta crecer entre las piedras. Nos queremos, y nos lo decimos en los labios. Queremos vivir poéticamente, construyendo fundamentos de juguete. Queremos subir más alto y llegar más lejos, en cantidades. Atravesamos los ríos y las montañas porque se atreven a desafiarnos. Y sin embargo dejamos que las algas decoren a su antojo los malecones y que la marea traiga los restos de nuestro uso. Queremos imitar a la naturaleza como el niño imita a su madre, y creamos. Queremos crear y vernos reflejados. Queremos hacer del fango obra, de lo sucio flor, y del ruido música; por eso manchamos nuestra imaginación. Queremos oler perfume al hedor, acariciar suave la roca y doblar el hierro con la mirada; por eso inventamos. Hacemos historia para tener algo de que hablar. En el fondo, vivir nos aburre; buscamos distracciones. Atrapados como una bolsa en la alambrada, nosotros en el deseo; desgarrándose por esa voluntad que es el viento. A veces quisiera no querer, mas siempre acabo queriendo... 22


Viernes, 7 de mayo de 2004 ... Sesenta y dos años. Y una amistad. Antes, en la calle, un retrete abandonado por puerco, viejo e inútil, se me ha aparecido belleza. He cambiado mi vida con solo girar a la derecha (siempre giro a la izquierda). Por ese camino imprevisto una uva me ha encontrado dulce. Otra, que no había pensado en buscar, me ha llevado a otro mundo, y me han dicho que era española. Atención. Un gato encerrado me ha mirado a los ojos; acaso era negro y maullaba el futuro. Sesenta y dos años hoy. Otra mujer ha soplado el rumbo sin rumbo de mi barca de papel. Ser excepcional, acaso ángel; modelo y esperanza para lo humano; ¡tanto de quien aprender! No sé qué viento me trajo a su orilla, mas sé que su límpida brisa seguirá animando mañana mi vela, y en un cofre de recuerdos guardaré su suave arena. Con ella he compartido mi uva, mi estrella y mi tormenta. Se merece mucho más que una sorpresa, chocolate o cualquier cosa que pueda darse; aunque para las personas genuinamente humildes, poco es abundante. Me vacía tener que soltar abrazos y zarpar... Me llena de alegría haber encontrado un tesoro; y una amistad. Por las aguas esenciales de la rosa y la lavanda; por las costas aromáticas del hinojo, del culantro, el comino y la canela; por la tarde, he aventurado mi proa curiosa hasta llegar a una isla, mitad nipona, mitad portuguesa. Hermosa por naturaleza, rica de amor, dolida de pasado, me ha con-jugado en colores y sabores, en óleos, azúcar y algas, en azar y calor. Y lo mejor, he divisado felicidad en el horizonte. Evitemos pensar qué hubiera pasado si hubiera girado a la izquierda, como siempre...

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Viernes, 14 de mayo de 2004 ...

Cama: Alguna hora de la mañana. Amanece mi memoria todavía entre dos

mundos que revolotean uno alrededor del otro como dos mariposas en cortejo. Los párpados marcan el ritmo y juegan con el tiempo; arriados sueño, izados creo. Las siete menos cuarto, despierto... Cocina: Un piano y una canción favorita. Manos y voz de Nina Simone. Tocan el sol en el ánimo y auguran un buen día. My baby just cares for me... Estación: Tarda un tren, y en su espera, goce. Nada por hacer mas que aguardar. El calor joven, dulce, fresco, que acaricia rostro, piel, y mente. Deseando atrevido que nunca arribe, ese tren... High Street: “Babies respond to objects and sound. They are drawn to high contrast colours and patterns and the stimulus of movement combined with sound.” Estamos hechos para ir de compras... Césped: Prado de ciudad. Cama para el cielo, pensamientos, intimidad, amigos, ternura, corazones dañados y futuros despejados. Y para los andares desnudos, un paraíso... Páginas: De un cuento. De un nuevo ser, humano, que ama la vida y la tierra, y que ríe y que danza ligero por los oscuros pesares y el cansancio de las tumbas, vacío de cómoda lástima; que pisa fuerte, bravo, y que pisando crea; que aspira alegría eterna,... como todos, acaso... Cantos: Oraciones y sitares. Me llevan de vuelta al mundo sin recuerdos y sin tiempo por el aire calmo de la noche. Y solamente, duermo...

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Viernes, 21 de mayo de 2004 ...

El

primer

corresponde

al

momento último,

del

ambos

día se

deshacen en la noche. Procuramos luz para imaginar menos; la queremos con disfraz arco iris, detrás del cual nadie sabe nada. Qué importa que lo bello sea o no sea. Seguir viviendo, ésa es la respuesta. A veces, como hoy, como esta tarde, bajo del autobús de los planes prefijados, y vivo. Hay una brecha de agua que por coqueta no aspira a río; los barcos le vienen grande y prefiere mostrarse a solas, despacio. La acompaño en su paseo para que me desvele sus encantos. A flote saca la vida; el olor de madera humillada; el mundo del alcohol y el desperdicio humano; el descanso de la conciencia y del universo, bellamente durmiendo; aves enjauladas en sus instintos; marineros de barrio y felinos costeros; una baraja incompleta de estrellas que todavía se está barajando; aroma, color, primavera; piedra sin edad; soledad sin dolor; hierba; una colina y el cielo; y entre ellos, arropada de verde, una pequeña ciudad...

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Viernes, 28 de mayo de 2004 ... Han mostrado ya los dulces en el alba – las nubes las saca el viento a bailar – los árboles saludando – el aroma... have you smelt the blossom trees? – el sol sobre la piel, y la vena... viviendo, sin más – restos de mercado y palomas carroñeras carroñeando – un tuerto que pide – una moneda, traída y devuelta al azar – mil páginas viejas esperando lectura o fuego – la maravilla del reír y la emoción de capturar el momento – modos de blanco y negro por una lona y su sombra – el juego (en el fondo seguimos siendo niños que jugamos por jugar) – el color del tiempo en la madera – la curiosidad detrás de la puerta – la búsqueda de Dios – la curiosidad – la búsqueda – un viernes – un día – cultivando mi propio jardín...

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Viernes, 11 de junio de 2004 ...

Me han llamado las formas; me han

dicho a la vista que la luz de verano ha traído ya sus sombras. Ha avivado los colores, mas los templa anocheciendo, lentamente, para que los goces se tomen su tiempo. En los adentros, las luces de artificio también juegan a lucirse: allá donde todo se vende se lucen para venderse; allá donde todo es sagrado se lucen para que se adore. Y todas y cada una brilla buscando unos ojos con cuerpo y un cuerpo con alma para encantarnos. Qué tendremos de luz que nos dice tanto. Qué nos falta, que la queremos tanto...

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Viernes, 18 de junio de 2004 ...

Arte. Lo hemos visto tantas veces...

pero todavía no hemos aprendido a ver. Ver.

“Atender

a

la

imagen

sin

verbalizar”, sugirió un niño adulto que redescubrió

el

imaginando.

El

placer verbo.

de El

jugar, gran

despótico de la experiencia, del cual hay que liberarse para poder ver. El Ser. Desde su origen arcano, sigue tristemente inhibiendo nuestro encuentro con el mundo. Primigenio. El encuentro completo, raptor de todos los sentidos y aún sin sentido mismo. “Estetikos”. Lo llamaron algunos, cuando la belleza se queda corta. Lo bello. Aquello de subjetivo en el objeto que hace sentir bien al sujeto, la cosa devenida obra. Construcción. Poesía sin pompa. Expresión creativa. La repuesta natural del ser vivo a la naturaleza, para cautivarla y honrarla como madre, esposa y fulana. La vida. El arte de vivir...

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Viernes, 25 de junio de 2004 ...

Explorando

el sonido, como el niño que una vez fui y a veces invoco.

Disfrazándome de otro, para poder ser yo mismo. Haciendo del cuerpo baile y relación. He entrevisto mi futuro presente, las ganas, esa fuente de esperanza y de acción (que algunos infelices se empeñan en contradecir). He dormido para seguir soñando con fuerzas. Caminando, para acercarme más al Viaje que comencé infinitamente antes de nacer, y que todavía viajo, bordeando la vida, río abajo. Queriendo un parque, busco, ando. Una pareja llora, desqueriéndose, a los pies de una pagoda. Se deshace el día por los tejados; familias de chimeneas vistiendo la última luz. Se van los autobuses, y yo mirando, por la ventana. Vuelven los reflejos a los retratos de poetas que atienden pacientemente a convertirse en memorias. Hablan los focos. Todos quedan mudos, preñados de silencio. Entonces brilla el lenguaje; no por palabra, sino por sonido. Algo pasa por delante del verbo: movimiento...

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Viernes, 2 de julio de 2004 ...

Gotas

y flores, de mañana, han deshecho una

discusión, la han integrado en el espectáculo de la vida, donde todo es asombro y algo un misterio; pasajeros de lo mismo aplacan la rutina con terapia musical; la lluvia torrencial también pasea, acude y va y vuelve y torna y esconde y deja restos de espejos y mundos del revés que recuerdan que no estamos solos ni enteros; miro por ver y curioso; se me caen los ojos y escucho el habla que no dice nada o demasiado (social no implica verbal); norias tejados grúa animalesca araña elefantes peces caras esculpidos en agua piedra bronce hierro y un poema barrido en el suelo que solo leen las suelas de los zapatos; sombras hojas colores saltos juegos de niños y adultos sentados preocupándose para mantenerse ocupados; espera una mujer que nunca llegará entera, espera un amigo que se va y una que vuelve nadie sabe por cuánto tiempo; un pájaro muerto de verdad, sin vida que perder, sin más allá, muriendo mecánicamente; restos de luz cambiando mi mano, mi siendo y sintiendo; unos celos cada vez más débiles, prefiero jugar a ser amigos; momentos en sobres, en casa una carta, un negativo, una voz alegre que alegra, una voz triste que necesita, que me quiere...

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Viernes, 9 de julio de 2004 ...

Nada

que decir, el verano ya callado, sólo hablan las nubes con afán de

protagonismo; quizá no saben que su hermosura embelesa sólo cuando en segundo plano, acompañando. No son de fiar, como todo lo que pasa siendo. Me despierta el miedo, no sé si al fracaso o al no saber fracasar. Jugar, he escogido jugar (se dice que somos juego) y se me ha desvelado un secreto que todos conocen y pocos recuerdan: para jugar hay que ser a la vez libre y esclavo. La ruptura y las cadenas conforman el juego y nacen jugando. Educar es enseñar a jugar. Un vagón de tren ya guarda este secreto: esos dedos que se rascan, esas miradas controladoras que evitan el cruce, la boca que mastica y que habla, el anónimo roce (esa maravilla del contexto), espías de mensajes y lecturas, relaciones volátiles, cálculos de espacio y de intenciones; todos saben y no saben; intuyen; comparten unos momentos; improvisan... Más tarde, lo mismo, convenido, ocurre en un escenario; la diferencia sea el aplauso... Aparte, decorando el juego, el centro de una rosa amarilla abrazado por cada pétalo, unos ángeles descarados por el tiempo, y el cariño que más sabe un beso... Sin nada que decir, ya decimos algo...

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Viernes, 16 de julio de 2004 ...

Una

silla desusada, liberada a objeto, a la merced de la calle y de alguna

imaginación. Nadie ya se sienta; yo me detengo para acordarme de ella. Alguien ha arrancado las chimeneas de sus tejados y de sus cielos, las ha enjaulado junto con otros pedazos de pasado, a la espera de algún nostálgico. El cuerpo de un niño se convulsiona inconsciente; a los adultos presentes se nos agita el temor y la muerte. He buscado un disfraz para encontrarme; no me importa ser mujer, puedo ser cualquier cosa, forma parte de mi ser humano. Mi juego es el juego mismo, y el nunca-mismo cuento. Andan las personas, y en su pasar ya cuentan jugando. La calle es un teatro improvisado; cada acto, cada paso, cada mirada, desvela crea y recrea una relación. Todo queda entre nosotros. Todo está siendo entrelazado. La amistad es otro nudo apretándose y aflojándose con el tiempo y sus memorias, sus sueños y confianzas. Hay pocos dispuestos a ser felices a cambio de sí mismos, para que los otros lo sean. Y a los otros, igualmente egoístas, nos sabe mal. Necesitamos compartir, ojos, palabra, color, acorde, reflejo, sombra, paseo, pasión, miedo, desgracia, creencia, placer, juego, fruta, cuento, ilusión... De nuevo la silla, rodeada de soledad. Me da lástima y me siento. Espero a que algo pase y pasa el viento, llevándose tímidos ruidos y un único momento: la silla y yo y todo, siendo...

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Viernes, 23 de julio de 2004 ... El ángel que sin querer entró hace dos días por la ventana ha decidido quedarse conmigo, merodeando por los colores de la alfombra cada vez que nos visita el viento. Entraron también unas moscas y dedicaron el resto de sus vidas a buscar una salida; al fin encontraron la muerte al borde de la repisa. Las sombras no entran cada día, pero hoy las trae el sol y juegan con el aire y las cortinas. He cosido, y cosiendo… ¿qué aguja llevará el hilo de nuestra existencia, urdiendo dimensiones y trenzando momentos? ¿Seremos una sola cuerda? Zurcir calcetines; es lo que hemos venido haciendo desde que tenemos conciencia y antes de tener calcetines (y acaso conciencia misma). La unidad total nos demanda desde bien adentro, desde la más pequeña e individual de nuestras partículas. La carne de un melocotón, la cremosidad de un helado, un abrazo, un secreto, un perfume derretido en la muñeca, un bombón, un brindis, una tradición, un verso, sacrificar un deseo... Artimañas de la unión. La naturaleza es astuta, y a nosotros nos gusta el juego...

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Viernes, 30 de julio de 2004 ...

Buscando unos tirantes; buscar. No entiendo de propiedad, pero serían míos

desde que alguien nos creó a los dos. Hoy nos iríamos a encontrar; encontrando. He sabido esperar no demasiado. He viajado a otro mundo paralelo: el de la venta, en otro estado de conciencia: el de la compra. No sé cuál determina a cuál, ni por qué, ni cuándo. Es un mundo mágico en el que cualquier cosa deviene necesidad, tentación, oferta, abandono, lujo, lujuria, precio, ganga, estafa, culpa, trueque, capricho, regalo, moneda, cálculo, vicio, oportunidad, y sobre todo, intercambio. La cosa cambia, nosotros cambiamos, así como cambia todo lo que nos rodea. Ritual de cortejo. El incienso humea el aire, acariciando el olfato, y acarician los olores la comida cocinando, hierve el caldo, hierve el curry, los guisantes esperando paladar atrevido, el chocolate aguardando el dulce, se mezclan las músicas, juegan las luces, se ojean las perchas, florecen las pupilas y las manos piensan, sintiendo. Se muestra el arroz como se muestra la bicicleta, el recuerdo de madera, el peinado, el pendiente, la canción, el masaje, el cuento, el espejo o la llama de una vela. La vida deviene escaparate; a ambos lados la voluntad. Me pregunto si todo cuesta lo que vale y por cuánto estás dispuesto a cambiar...

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Viernes, 6 de agosto de 2004 ... Memorias de un ayer; de lo que queda en el cuerpo; ruinas de vivencias que encontré o me encontraron. Estas letras llegan tarde y remueven los restos del olvido. No pueden recomponer, sólo sugieren y conmemoran. Réquiem por lo vivido, y el por-vivir... La frescura del agua despertando la espalda; el color y el verano-en-la-boca de un pedazo de sangría; el abrazo espeso del aire, que atrapa y retiene esencias; el azul, el amarillo, el blanco más blanco, brillante; la cara de Cristo a la venta; un vestido de hada sin hada; flores con botas; un afluente canalizado domado con candados, sus aguas hediendo naturaleza, peinadas por el viento, tranquilamente, marrón-verde, sin fondo, guardando otro mundo, un secreto de ciudad, de otra ciudad, sus orillas contando niños, juegos, soledades y paseos, perros, paces, pausas, jóvenes cisnes aprendiendo y humanos con gusanos tratando de pescar el tiempo... En la otra ciudad, la de los ríos de asfalto, el tráfico de pies y de neumáticos, mercado todo, la fruta muerta, pescado en hielo, un libro viejo sobre naves del espacio, las caras de un ángel, un cielo esculpido a mano, una mujer de piedra, pomos de puerta con ventanas y sus intimidades, una manera de dibujar ‘te quiero’, una abeja queriendo, incluso un poco de campo, con gallinas, burro y olor a estiércol, con vacas, ovejas y cerdos embarrados hasta la felicidad. Y en esta ciudad de millones, una calle calleada por dos personas, luz con cuerpo por la ventana del The Poet, sombras con alma, una puerta con misterio, una brisa que acaricia tarde, una mentira embriagada de verbo, y finalmente, unas risas... Réquiem por todo esto y por lo que la imaginación se deja... Que no lo entierro; que viva...

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Viernes, 3 de septiembre de 2004 ... Xavier de Maestre ya abrió la puerta de esta aventura. Quizá otros antes, que yo no sepa. La abrió sin salir, para quedarse dentro. Viajó por su habitación tan lejos como pudo. Asimismo, yo pasé por esto: recuerdo el inicial miedo a no saber qué, acaso a perder el tiempo (como si pudiera tenerse) o a ganarlo todo de golpe, en un momento; el pasado y el futuro son hermanos muy celosos del presente, les puede la avaricia, y aun diría que en algún instante los perdí de vista; visité la moqueta, sembrada de rizos canos, marrones, negros; las trenzas regulares de la manta, que entrelazan secretas todos los colores; anduve por la mesita, por las formas de amarillo que el mantel que la abraza dibuja, por unas palabras mágicas sobre la vida y un hada bordando flores, por unas piedras sagradas, los nervios de una hoja muerta y el cadáver de una rosa cuyos pétalos ocres todavía susurran esencia; vi bailar a las cortinas las músicas del viento y a un altavoz los cantos de otros mundos escogidos al azar; hablaron también los pájaros foráneos y algo chillaron los vecinos, que no entendí; siguen guardando el silencio las ruinas matemáticas de unos crustáceos y aquellos insectos alados que entraron para no salir nunca; cambiando de ángulo y de postura descubrí que no habito solo, que desde hace mucho o desde hace poco (no sé decir) hay un tímida araña que gusta del candelabro y que teje en un rincón, para no molestar; observé en una máscara un espejo; entré en el dolor de una foto y el reflejo de otra, ambas frías y profundas, llenas de memoria; leí un paisaje en la portada de un libro y lo abrí sin destino por si algo acontecía dentro, de mí y del libro, mas sólo después de varios caminos de rimas anglas y de versos sajones llegué al valle de un poema que cantaba de besos, de esos besos delicados de la naturaleza, que muy sutilmente van uniendo las cosas; entonces me sentí como en casa; cogí una pluma blanca y unos cartones negros que habían sobrado de algún juego y dibujé lo que quiso mi imaginación; miré cómo serpentea un cable, cómo cuelgan unos tirantes y cómo tira una cuerda; caí inconsciente de paz por un rato incalculable; vi luz en las ventanas de una bombilla deslucida; vi el precioso corazón de una piedra troceada; en el pálido y granulado 36


cielo, unas bonitas flores de yeso, de donde colgaba quieta la lámpara; y por los cantos, recorría una repisa que traía señorío y sobre todo pasado; me asombró el disimulo con el que va llegando el polvo para vestir lo no-usado de delicado gris; me detuve en los campos de nudos de una toalla, y en su olor a cuerpo; me pregunté las historias que contaría la suciedad de un zapato; de excursión al lavabo, me encontré en el pomo de la puerta y seguí con la vista las pinceladas que ondulaban la pared, creando sombras; en la cocina, exploré hambriento por una ensalada de blancos, verdes, naranjas, rojos y negros, olivas trayendo sur, almendras crujiendo invierno, tomates frescura, espárragos pirineo, sabor de romero, de casa, de mediterráneo, bañado de aceite, limón y vinagre, con pan de centeno; y de postre, olor dulce de melón maduro, y su jugo enmelonando mi boca... Por la tarde salí a jugar al mundo exterior: a dejarme llevar por tres horas, sin querer saber dónde; sólo escogí el rumbo (oeste) y montarme en cada tercer autobús que se detuviera para bajarme a la sexta parada, fuera donde fuera. Después de doce autobuses: 302, 52, 23, 7, 205, 30, 476, 38, 73, 476, 349, y de nuevo 476, acabé en el norte, aún no sé por qué. Por el camino compartí azar, parada y segundos con otros y álguienes que no había visto y acaso ya no vuelva a ver... Quién se acordará de nuestros momentos mañana...

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Viernes, 10 de septiembre de 2004 ...

Hay un unicornio delante de mi casa.

Algún alma infantil, alguna fantasía, lo dibujó en la acera. De una mancha circular creó también una flor, violeta. Quisiera haber visto ese momento. Quisiera haber sido ese niño. En el suelo de una escuela otro

niño

se

desespera

intentando

decirnos a gritos y llantos lo que no puede con palabras; un rato más tarde, unas burbujas que se elevan por un agua de colores volubles le despiertan una sonrisa y consiguen que se duerma. Otro niño aprende, jugando, que jugar es un trato. Fuera de la escuela, los niños grandes siguen dibujando en la calle, siguen chillando, siguen llorando, siguen divirtiéndose y relajándose con otra clase de burbujas, siguen jugando, pintan flores, pintan ovejas, pintan algunos sin saber que pintan, explican historias y cuentan cuentos, de papeles hacen pájaros, y los dejan por la ciudad, para que otro niño se los encuentre y no muera la fantasía...

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Viernes, 17 de septiembre de 2004 ...

“El mundo que ves, y la mente humana que lo mira y se maravilla, éstas son

nuestras propias posesiones eternas y permanecerán con nosotros mientras nosotros permanezcamos”, en cualquier momento, por todas partes. El asombro nos hace invulnerables hasta en nuestro último viaje. El futuro y el pasado, el deseo y el remordimiento, nos reducen a incertidumbre. El juego del Bien y del Mal, al que no podemos dejar de jugar, contiene una trampa teórica: lo ideal. El policía que caza al cazador que caza al zorro que caza a la gallina; el niño que escupe y pellizca y se mea y que echa por los suelos las sillas para decir algo; el graffiti que en plena crisis de identidad multiplica por lo público su nombre fantástico; el papel en el suelo delante de la papelera; el huracán que venga a la Tierra, orgánica y ecológicamente; la agresividad de la poca paciencia y la falta de imaginación; la mentira cobarde o pacifista;... Se presentan los retos morales a cada paso, a cada acción. La ubicua cara del Demonio está trabajada en cada edificio. La duda lleva a la indecisión, y en último término, a la parálisis absoluta. Para seguir moviéndonos no nos queda más remedio que seguir leyendo cuentos, y seguir contándolos. Quizá otros, pero cuentos. Cuentos que nos hagan creer, que actuando correctamente al final todo acabará bien. Pero el camino a ese final es largo y mientras tanto sólo nos queda el presente y restos de un pasado; y ese baile, y ese abrazo, y esa sorpresa agradable, y seguir maravillándonos con las luces y sus sombras, en cualquier momento, por todas partes...

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Viernes, 24 de septiembre de 2004 ... El otoño, el limpio frescor de mañana, el olor de horno y castañas; las sombras alargadas de un sol levantino que arropa la piel y saluda a las chimeneas; los naranjas, verdes y ocres de los ladrillos; una canción: “The happy wanderer”; una avispa y una niña, queriendo dulce; manos tersas de cacao; una mirada eternamente viva, pero muerta; el aire pintando el hierro, y el tiempo desgarrándolo; la necesidad de color, de expresión e identidad: el graffiti; lo extraordinario, por su capacidad de extraernos; la fantasía infantil, vertida en la calle: en un sol sonriente, en un arco iris con lluvia y con nube, en un elefante de tres ojos; la magia de los números, que todavía domina el mundo; la simetría, ese gran ideal; el juego de líneas marroquí; el metal, que en retorcerse es milagro; y el árbol, que con paciencia se va adaptando; la piedra humana que se deforma; poesía de puente y de historia racista; una mirilla, acostumbrada a los extraños; una mujer silbando melodía; reflejos y cielo mezclando afueras y adentros; el fuego, y esas llamas que bailan lo nunca-mismo; la vela, luz en delicadeza; la sombra del humo; las luces de noche; la ilusión de abrir una carta como si fuera un regalo; los mews, esos pedazos de pueblo de ciudad; “the best kept secret...”; la luna, aunque sea un gajo;... “Si abres tus ojos, verás que el mundo está lleno de tanto que merece tu gratitud”... caminando por los gustos de tu azar, disfrutando del viaje...

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Viernes, 8 de octubre de 2004 ...

Algunas

nubes todavía arrastran la noche. En el horizonte de ladrillos y

chimeneas nuestra estrella sugiere luz, tímidamente, sin fuerza. Mas las hojas de otoño la reviven para alumbrar su propia muerte, y embellecerla. Los naranjas, rojos y amarillos van conquistando el verde, las castañas en el suelo, indicando ardillas, y en las ramas de los árboles, el color de los frutos y del tiempo. Se cuenta de una niña, recién nacida, que no ve, no oye, no come, dolor sólo siente, el cerebro dañado y no respira sola; un juez sentencia que su vida no es vida y que merece la muerte, digna, bella, en los brazos de sus padres, que aún creen en milagros. “En tanto que sociedad, rehuimos reflexionar sobre la muerte, si bien hay en cada uno de nosotros un profundo deseo inherente, tanto para uno mismo como para aquellos a los que amamos, de una ‘buena’ muerte”. En un jardín de tierra blanda y consagrada, con el pasar de los duelos y el agua de las lágrimas, han ido naciendo cruces y lápidas. Por sus tallos de piedra gris circulan amor, costumbre, recuerdo, y sobre todo, y más allá, esperanza: de paz perfecta y reunión. Pasado, presente y futuro tallados en la roca; flores de plástico; ángeles de la guarda. Como si esa roca, y esas flores, y esos ángeles no fueran a deshacerse nunca entre los indiferentes dedos del tiempo. Tan sólo la memoria dará cobijo a ese amor que mantiene vivos a los muertos... In loving memory: Pero ella también, corre peligro. Mientras tanto, el musgo sigue creciendo sobre las tumbas... Y yo, que vine un otoño, también he muerto; poéticamente... para otra primavera...

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Viernes, 15 de octubre de 2004 ...

El vaho ha vuelto a los cristales; las

hojas caídas; las maneras de marrón; millares de gotas, en todo, con todo, en los pétalos, en los charcos, en los vidrios, en la imaginación; gotas quietas, como si hubiesen estado ahí siempre, como rocas trasparentes; y una lluvia, que las viaja. El aroma de bosque perenne, que también desprende recuerdos; el frescor de una rosa en el pecho; la tierra mojada, tierna a los pies, acogedora, y juguetona con los tobillos; el verde humedecido pronunciando morados y ocres; árboles caídos en bello reposo de forma deformada; y una mujer de piedra, hermosa, desnuda, encharcada, condenada a la quietud y a la ignorancia de los patos y las ratas, que la han visto siempre y no saben cómo amarla. De puertas adentro, chocolate caliente; calor de taza en las manos; bolas navideñas de todo el año; vistazos por encima de las gafas; lengua eslava; pies descalzos; una Guinness, un negro y una carta; dos mecheros lejanos que se prenden a un tiempo; una vieja joven de mirada invasora; espuma de cerveza salvada en el vidrio; tatuajes en los brazos; papeles de diario; una sartén crepitando; burbujas desapercibidas por ojos solitarios; un joven entra, ojea, pide y ocupa mesa; un anciano entra, ocupa mesa, pide y se sienta; se vacían los ceniceros pero no el vicio; todavía-niñas se preparan para ser mayores; parejas acuden; jóvenes se acumulan; “everybody needs somebody to love”... ; comunicación; mi pregunta a Montaigne: cómo podemos revelarnos, cómo podemos darnos a conocer; cómo podemos desprendernos de las máscaras. Y en otro teatro, el color; el detalle; las mismas gotas; las mismas hojas; otra pregunta: qué nos hace héroes; la misma respuesta: morir viviendo...

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Viernes, 22 de octubre de 2004 ...

Extraño como las gaviotas sin mar que vuelan entre edificios como si entre

acantilados, abriendo rumbo a esos barcos del asfalto que conmutan mercancía humana, y rutina. Extraño como una nube, nunca la misma. Extraño como un clavel, cuyos pétalos arden suavidad e intiman la frescura. Extraño como una vela, que en su llama pide asombro, amor y buen futuro. Extraño como el humo del incienso, de baile delicado y pasajero, que aun dejando a la vista, todavía toca el cuerpo. Extraño como una sola paloma, detenida, quieta, observando y cediendo al viento levantar su abrigo de plumas, gris-ciudad. Extraño como el sonido que se repite, cada vez más grave, cada vez más lento, hasta el infinito inaudible. Extraño como el augurio de acabar encontrándose con un libro que viaja por augurios, persiguiendo sueños y siguiendo al corazón. Extraño como la frágil intuición, que siempre acaba sorprendiendo. Extraño como una estación de ferrocarril, en donde los trenes salen y llegan como abejas preñando al mundo con polen humano; en donde el flujo y la quietud forman una constante, el caos y la armonía acaso otra; en donde los focos se tragan el humo, de las máquinas que rugen su hora; en donde, atrapados en el tiempo, esperamos nuestro destino. Extraño en esta ciudad, que ya me extraña, y me da los últimos abrazos...

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Viernes, 29 de octubre de 2004 ...

¿Dos jóvenes artistas? Dos cuerpos con almas extraviadas, buscando sentido y

creándolo en el intento. Buscando pared blanca, y otros ojos, y otras almas. Mirando por el placer de mirar, curioseando, dejándose asombrar por una vida demasiado rica para el hábito, y para las palabras. En su última luna llena, en el parque de siempre, uno de ellos realiza una ofrenda. El cielo de nubes silenciosas, rodeado de rumor de ciudad, camina a oscuras, guiado por ella, crujiendo otoño y viendo memorias en cada lugar. Amaneceres compartidos, bicicletas, hierba seca, sus padres y su familia, las ardillas, los gansos, el agua, un baile, el sueño de un viaje, juegos, creencias, pensamientos en los bancos, el miedo, el ocaso y la noche y las estrellas, la luna de nuevo, una historia, y sobre todo, los árboles: guaridas de tiempo, color y multiplicidad; monumentos vivientes de la vida, para la vida. A uno de ellos, también joven, le regala su madera jugada de niño, de imaginación. La posa junto a su tronco, para que se digan algo, para que no se pierda el contacto, para que en el pasar de los días y de los otoños haya otra noche, con otra luna y otra nube que los vea y se acuerde que una vez, hubo alguien, que murió y nació en ese parque, en esa ciudad, su tumba y su madre, por siempre...

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Viernes, 5 de noviembre de 2004 ...

Cuando la esencia de una rosa penetra en las entrañas, haciendo olvidar por un

instante tu ser humano... “La experiencia lo es todo”. La experiencia es el viaje. El destino no importa, no puede importar, pues siempre, detrás de este, puede haber otro. La falta de fin revaloriza el proceso, el ‘andar’ de Machado. Sólo somos siendo. La voluntad nos lleva de la mano; la razón nos explica un cuento. A mí me ha llevado a lo alto de una colina; la ciudad, que parece otra, a los pies. Inabarcable a la vista, sólo inigualable a un mar. Universo de estrellas caídas, de un cielo que en la oscuridad ya no es cielo. El azul se lo lleva el ocaso. Una nube de luz y polución reposa sobre ellas. Aviones parpadeando pasajeros, y fuegos artificiales que chispean tímidamente en la inmensidad. Es la noche de las hogueras; olor a humo, sinfonía de petardos y de sirenas. Un bebé que llora, por el frío o por el fuego, por el ruido o por el viento; es demasiado pequeño para entender el cuento. Mas que no se preocupe, que con el tiempo aprenderá a ser consciente; a viajar por la experiencia, a viajar...

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Viernes, 12 de noviembre de 2004 ...

Después

de todo este tiempo,

continuo cultivando creencias; la vida se presenta bella, si dejamos que se presente; detrás de las nubes el sol sigue apareciendo; todo tiene un fin y un comienzo, y con ello quiero decir nada; el destino te busca si sabes buscarlo, al azar; un semáforo en rojo, otro y un tercero, que llevan a una calle y a un libro que nos recuerda que “caminamos en el infierno, mirando a las flores”; mirando a las hojas asfaltadas; mirando a una Navidad prematura que ya enciende las luces y calienta los bolsillos; mirando a una ciudad que extiende su manto de piedras y cristales más allá de las colinas, ruidosa como cualquier otra, sembrada de iglesias y de relojes, de rostros esculpidos por la historia y de parques acorralados; mirando las aguas de ese río que nos trajo aquí a todos. Quedará el río, como quedan los recuerdos, pero a esas aguas se las va llevando el olvido. A ellas las espera el mar. A mí, el cielo... dejándome tocar por la última lluvia, por las últimas luces, por el último viento. Mi Gran Amiga también se despide, y entre su murmullo de siempre, reposo los ojos, y escucho: “Thank you, thank you, thank you”...

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Todos los viernes. Un viaje urbano.  

Todos los viernes resulta del vérigo de la despedida. Cuando decidí abandonar Londres después de cuatro años caí en la cuenta que apenas la...

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