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El Cartel


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Universidad Autónoma de Santo Domingo

Lenia Rosario DE-1793 Publicidad Mención Diseño Gráfico Materia en Modalidad Especial: Publicidad Adjunto con trabajo Impreso: Cartel Cinematográfico Enmarcado

Diseño & Diagramación: Lenia Rosario leniarosario@hotmail.com

Impreso en los Talleres de la Editora Amigo del Hogar


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Guía de

Contenido Antecedentes Históricos Del Cartel

Introducción

pag. 16

pag. 7 Básicos Del Cartel

pag. 8


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pag. 24 Utilidad Del Cartel en la promoción y proyección de productos y servicios

pag. 28 Particularidades Del Cartel diseñado para promover la exhibición de una obra cinematográfica

pag. 35 Conclusión


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Introducción

A través de la historia, el auge de las ciudades, la vida en la calle y el rápido crecimiento económico, han propiciado un aumento formidable en las necesidades de comunicación, por lo tanto, el ser humano ha creado elementos que puedan satisfacerlas. Como respuesta a estas necesidades fue introducido el cartel en la historia de la publicidad, inventado y promovido por Jules Chéret, a partir del cual surgieron otros cartelistas, como son: Alphonse Mucha, Aubrey Beardsley y Will Bradley cuyas reseñas serán expuestas más adelante. El cartel es un elemento gráfico que transmite un mensaje y, más allá de esto, se ha convertido en un importante medio de comunicación. Debido a que su propósito fundamental es llamar la atención del espectador de manera que capte, recuerde y actúe conforme a lo sugerido, el atractivo visual de un buen cartel y su fuerza emotiva lo hacen ser la herramienta más eficaz para lograr los propósitos establecidos por un plan previamente organizado. Es propicio conocer sus antecedentes históricos, elementos básicos, utilidad en la promoción y proyección de productos y servicios o particularidades al promover una obra cinematográfica. Estudiando estos aspectos, nos daremos cuenta de que es preciso un buen cartel cuando de comunicar se trata y, para conseguirlo, presentaremos el papel que juegan aspectos como el copy, el color o el formato de presentación, como parte importante de la composición. Aprenderemos a utilizar los carteles informativos y formativos, así como sus elementos físicos y psicológicos.


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Básicos Del Cartel

Definición del cartel. Es un material gráfico que transmite un mensaje, está integrado en una unidad estética formada por imágenes que causan impacto y por textos breves. Ha sido definido por algunos estudiosos como “un grito en la pared”, que atrapa la atención y obliga a percibir un mensaje. También puede definirse como un susurro que, ligado fuertemente a las motivaciones e intereses del individuo, penetra en su conciencia y le induce a adoptar la conducta sugerida por el cartel. En conclusión, es un material gráfico, cuya función es lanzar un mensaje al espectador con el propósito de que éste lo capte, lo recuerde y actúe en forma concordante a lo sugerido por el propio cartel.

Tipos de cartel Existen dos tipos: los informativos y los formativos. El cartel informativo es el que está planeado para comunicar eventos, conferencias, cursos, reuniones sociales, espectáculos, etc. Este tipo de carteles puede ser presentado solo con texto, para lo cual se recomienda letras grandes sobre fondo de color contrastante. Los textos deberán proporcionar solo la información indispensable. También pueden ser presentados con texto e imagen, para lo cual la información se proporciona acompañada de imagen que puede estar hecha a base de tipografía de sujetos, objetos o formas que acompañan textos cortos, que den solo la información necesaria.


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El cartel formativo se utiliza como un medio para propiciar el establecimiento de hábitos de higiene, salud, limpieza, seguridad, orden, etc. También se usa para propiciar actitudes de confianza, actividad, esfuerzo, conciencia, etc. En el cartel formativo la imagen tiene preponderancia sobre el texto, el mensaje es expresado gráficamente en forma clara y sólo se apoya en un corto texto, que dé énfasis a la idea sugerida. El cartel formativo usado adecuadamente en la promoción de la salud, puede convertirse en un magnífico recurso para evitar las enfermedades, los accidentes y promover los hábitos higiénicos.

Características. El mensaje de un cartel debe ser global, percibiéndose como un todo en el que cada elemento se integra armónicamente y crea una unidad estética de gran impacto. Para facilitar el aprendizaje y el manejo de estos elementos los dividiremos en físicos y psicológicos. Los elementos físicos son aquellos que constituyen el arreglo o tratamiento estético y el atractivo visual. Los elementos psicológicos son los que dentro del mensaje estimula al espectador para que se oriente hacia lo que se pretende en dicho mensaje. Su intención es causar el impacto para que perdure el mensaje.

Un cartel de calidad es aquel que llama la atención espontáneamente, es decir, independientemente de la voluntad del observador. Los elementos físicos que provocan este tipo de atención son: imagen, texto, color, composición, tamaño y formato. La imagen debe ser una síntesis que resuma la idea a la mínima expresión gráfica, sin dejar de ser clara y significativa. Son poco recomendables las simplificaciones exageradas, así como el abuso de abstracciones, debido a que presentan dificultades


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para su comprensión o decodificación del mensaje, y en consecuencia, el número de observadores que entiendan el mensaje se reducirá. La imagen en un cartel está constituida por formas, que desde nuestro punto de vista, pueden ser básicamente: naturales, geométricas o abstractas. Son imágenes naturales las representaciones totales o parciales de la figura humana, de los seres

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vivos o de las cosas que nos rodean (escritorio, pluma, cuadro, lámpara, etc). Las formas naturales por lo general provocan mucho la atención de las personas. Las formas geométricas son tan importantes como las naturales, pues se identifican fácilmente. Pueden ser simples o compuestas y no exigen gran esfuerzo perceptivo de quien las observa. Las formas abstractas no tienen relación aparente con el mundo objetivo que nos rodea. Son imágenes que han sido usadas simbólicamente en un estilo de expresión muy personal del autor. Exigen una mayor participación de quien las observa. Estas imágenes corren el riesgo de que el significado que le dé el observador no sea el que le dió el realizador. Por lo tanto, es recomendable usarlas sólo si se está seguro de que el nivel de interpretación de los observadores es suficiente para su comprensión. En cuanto a su elaboración, las imágenes que se aplican al cartel pueden ser: fotográficas o dibujadas. Las imágenes fotográficas a su vez pueden ser de dos tipos: normal o con efectos. La fotografía ha sido poco utilizada por los cartelistas, sin embargo, las nuevas técnicas fotográficas han proporcionado un campo ilimitado para la creación de imágenes originales y llamativas. Se identifica como imagen normal aquella que ha sido captada en la realidad sin ningún artificio de laboratorio. Este tipo de imagen no resulta tan atractiva como otras que expondremos a continuación.


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Las imágenes con efectos son las que se elaboran en el laboratorio y su atractivo depende de la dedicación del creador. Estas son más apropiadas para el cartel.

No olvidemos que la imagen en un cartel no es un fin en sí misma, sino un medio para llegar al fin propuesto, que es la comunicación y fijación del mensaje.

Las imágenes dibujadas son preferidas por las personas que realizan los carteles y parece ser que también por el público en general; tal vez esto se deba a la originalidad de las imágenes.

El “Copy”

El dibujo que se usa actualmente tiende a ser más sencillo que los primeros carteles que se hicieron en el siglo pasado, tienden a sintetizar los elementos que lo integran; esto exige del realizador gran imaginación y creatividad. Los tipos más usuales de dibujo aplicados al cartel son: el realista, el caricaturizado y el estilizado. El dibujo real se caracteriza por estar apegado, tanto los objetos como los sujetos, a la realidad. Es poco recomendable porque requiere mucha elaboración y no provoca tanto la atención. El dibujo caricaturizado es más adecuado, pero hay que usarlo con moderación y buen gusto. Por ejemplo, no hay que usar situaciones negativas como la ridiculización, los objetos repugnantes, y escenas dramáticas o hirientes. El dibujo estilizado generalmente busca la simplificación de los detalles, este tipo de dibujos es el más usual, pues pretende crear formas nuevas que llamen la atención y el interés. La estilización no es recomendable si ésta lleva al observador a la pérdida del significado.

El texto cumple una doble función en el cartel, refuerza el mensaje implícito en la imagen y es en sí


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mismo un elemento importante en la composición que ayuda a dar la impresión de equilibrio. Este elemento del cartel debe cuidarse tanto en la redacción como en el tipo de letra, tamaño de la misma y su colocación. La redacción no debe ser muy extensa, sino más bien debe ser un destello al observador que la visualizará en segundos. Dicho en otras palabras, para que la percepción sea rápida los textos deben ser cortos, directos y claros, buscando al igual que la imagen, comunicar el mensaje con el mínimo de elementos, sin utilizar palabras o frases largas. Hay que buscar el texto que mejor transmita el mensaje. En algunos casos un texto interrogativo puede ser el centro motivacional de un cartel. Tampoco debemos olvidar que su redacción estará determinada por el nivel cultural y social de las personas a las que irá dirigido el mensaje. Dentro del elemento texto existen dos tipos: el encabezado y el pie. El encabezado sirve de título al cartel, es el primer elemento del texto que llama la atención de las personas; se debe escribir con letras de mayor tamaño que las del pie, y con una, dos o tres palabras a lo sumo. El pie tiene como función clarificar y profundizar en el mensaje: da los detalles y globaliza la información. Para su interpretación es necesario que el observador se acerque al cartel. Su extensión varía dependiendo de las necesidades del mensaje,

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pero se recomienda que la redacción sólo incluya lo elemental. El tipo de letra es también un elemento importantísimo, pues a través de ésta podemos transmitir significados emotivos y sentimientos; combinada con la imagen pueden resultar más impactante en su mensaje global. Por ejemplo, una letra suave o adornada tal vez no armonice con una ilustración industrial. El color es otro aspecto relevante del cartel. Para éste hay que seguir ciertas reglas: usar pocos colores; aplicar los colores planos, sin matices, usar fondos contrastantes y usar colores claros. Los contrastes pueden hacerse recurriendo a la combinación de los colores complementarios (por ejemplo: violeta y amarillo) o a los armónicos (por ejemplo: bermellón que sale del rojo y amarillo). La combinación de colores armónicos se perciben de una manera más relajada, en cambio; la combinación de colores complementarios es percibida como más agresiva. Sin embargo, hemos de concluir diciendo que cualquier combinación es válida si se consigue el efecto deseado. El tamaño del cartel deberá considerarse, pues dependiendo del lugar en que estará colocado y la distancia en la que pasarán los que lo observen, determinará sus dimensiones. El tamaño más común es el de 70 x 100 centímetros, de 50 x 70 cm, o el más pequeño que es de 35 x 50 cm. Este tipo de medidas son las más recomendables pues están en función de las


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medidas comerciales del papel, con lo cual se evitará el desperdicio. La composición es tan importante como las anteriores, Se refiere a la distribución de los elementos (tanto las figuras como los textos) en el área utilizable del papel. La composición debe buscar el equilibrio y la armonía, no sólo en lo referente a la imagen, sino también en cuanto a colorido y estética. El mensaje debe estar compuesto de forma integral, como si fuera una unidad perfectamente equilibrada. El último elemento a considerar en el cartel es el formato. Existen dos tipos: el vertical y el horizontal. El primero es el más usado y al segundo se le conoce también como apaisado. La selección de una u otra forma dependerá en gran medida de las intenciones del mensaje y de la estética o composición.

Recomendaciones en la elaboración de un cartel En alguna ocasión nos hemos visto en la necesidad de comunicarnos utilizando la técnica de cartel o poster. En la actualidad se ha convertido en una de las modalidades más explotadas en Congresos, cursos y seminarios, para compartir resultados de investigaciones o experiencias...

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A continuación se exponen algunas consideraciones que hemos de tener presentes en el diseño de carteles. El atractivo visual y la fuerza emotiva de un buen cartel, hacen de él una forma eficaz para comunicar mensajes a las personas, a un grupo, a una institución... por esta razón el cartel ha pasado a ocupar, en los medios de comunicación, un importante lugar. Ha sido empleado en la política, en el comercio, en la industria, en la educación y la salud; por tal motivo es importante que se aprovechen todas sus posibilidades y se alcancen los efectos previstos al planearlo, realizarlo y difundirlo.


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Conscientes de que el cartel es un valioso recurso para propiciar la formación de conductas positivas, ponemos a su disposición esta información en la que

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analizaremos las características de los elementos que integran este medio, así como las normas para su elaboración.


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Antecedentes Históricos Del Cartel

Un Arte: El Cartel Publicitario, Su nacimiento, Historia e Invención 
 Publicidad ha existido siempre, pero el cartel publicitario moderno, como lo conocemos hoy, surge como consecuencia de factores urbanísticos, económicos y estéticos. El auge de las ciudades, la vida en la calle y el rápido crecimiento económico hacen que a mediados del siglo XIX se generaran nuevas necesidades publicitarias y el cartel resultaba el medio más económico y rápido para alcanzar a una gran cantidad de personas. 

Las características de aquellos carteles han llegado casi intactas al siglo XXI. Imágenes sugerentes, imaginativas, que intentan captar la atención del observador y al

que se le envía un mensaje claro, un mensaje de contenido comercial. El cartel se creó, y se crea, para ser reproducido de forma masiva, en copias idénticas que se distribuyen para ser vistas por un gran número de personas. Fue tal la trascendencia del cartel que atrajo la atención de algunos autores de importancia en otros estilos como Henri de Toulouse Lautrec que retrató a su amiga Jane Avril a lo largo de treinta y un carteles, como la imagen que se puede ver más abajo. A finales del siglo XIX el cartel ya se ha asentado como elemento artístico y publicitario, ganado ese espacio,


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gana otros: se empiezan a organizar exposiciones, surgen coleccionistas y hasta se llegan a publicar revistas especializadas sobre el tema.

Jules Chéret. Promotor del Cartel Sino su inventor, desde luego, fue Jules Chéret quién con más dedicación trabajó la técnica. Estudió litografía y arte en la Escuela Nacional de diseño de París. Su producción fue muy variada, siendo el primero que se dedicó a ello de forma sistemática. Creador de carteles para cabaret o teatros, sus creaciones colgaron del Folies Bergere, el Teatro de la Ópera o el Moulin Rouge. Después realizó trabajos para promocionar perfumes, licores, cosméticos o productos farmacéuticos, entre otros. A partir de Jules Chéret surgieron otros diseñadores de carteles como el ya citado Henri de Toulouse Lautrec, y del que hablaremos después, Charles Gesmar o, más tarde Georges de Feure. Chéret se inspira en los maestros de la pintura barroca, más artístico que publicitario. Con líneas y colores planos encuentra profundidad en sus dibujos, además conseguía algo que otros no lograban, y era conectar con los gustos populares, por lo que sus creaciones eran buenas comercialmente, además del punto de vista artístico, como ya hemos visto. Otros cartelistas de la época de relevancia fueron Alphonse Mucha, que retrató a la actriz Sarah Bernhardt, Aubrey Beardsley y Will Bradley, representante este último del modernismo en Estados Unidos. Se dice que el segundo copiaba al primero, el estilo, la forma, la intención. Hasta el punto de que era difícil saber quién

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era el autor de una obra, cuando aparecía un nuevo cartel, por su extraordinario y continuo parecido. Más adelante, los Beggarstaff Brothers, William Nicholson y James Pride, que no eran hermanos pero adoptaron ese nombre artístico y a los que no recuerda ni la wikipedia, dieron un enfoque personal al diseño de carteles, mucho más actual. Estamos en 1896. Como también se vio en el artículo Las Armas del Poder, el poder ha utilizado todos lo medios a su alcance: la radio, el cine, la palabra, la prensa... El cartel fue muy utilizado como elemento


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propagandístico en periodo de guerra. En la guerra civil española resalta Josep Renau, quien admite su compromiso político y artístico con la República. En el nacimiento de la URSS tuvo un papel preponderante El Lissitzky, con su “Golpead a los Blancos con la Cuña Roja” de 1919 o Deineka utilizan el realismo, corriente imperante durante los años treinta y cuarenta del siglo XX, y que discurre de forma paralela al vanguardismo y a la pintura abstracta. Es entonces cuando comienza una clara división entre los “diseñadores profesionales” y los que se han considerado como “artistas”. Los primeros se preocupan de realizar obras para la difusión popular de productos de consumo. Es cuando el art deco llega al cartel, con una misión más decorativa. Tras la Segunda Guerra Mundial se introduce la fotografía en el cartel. Igual que el fotomontaje. La tradición del cartel, como elemento político, fue continuado por la Cuba socialista de Fidel Castro, entrando sino en declive, sí en un segundo plano a partir de entonces, por el uso de otros medios técnicos más sofisticados que la tinta sobre el papel. Aunque no hay una definición exacta del cartel, Cassandre, un cartelista sobresaliente en el periodo de entreguerras, decía que “el cartel no es ni pintura ni decorado teatral, sino algo diferente, aunque a menudo utilice los medios que le ofrecen una u otro. El artista no deber afirmar en él su personalidad. Si lo hiciera, actuaría en contra de sus obligaciones”.

Carteles y cartelistas Aparte de revistas tan populares y de tirada tan elevada como el Blanco y Negro (1891-1936) de

Fig. 3 Casas, Ramón, Cartel para Anis del Mono, 1898.


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Torcuato Luca de Tena y La Esfera (1914-1930) de Francisco Verdugo Landi, o de colecciones de novelas cortas que podían ir desde El Cuento Semanal (1907-1912) y Los Contemporáneos (1909-1926) hasta La Novela Semanal (1921-1925) o La Novela Hoy (1922-1932), entre todos los mecanismos de difusión utilizados por los dibujantes e ilustradores gráficos madrileños del primer cuarto de siglo, el cartel publicitario, anunciador, será uno de los elementos más conocidos ayudado sin duda por su propia novedad y por su intrínseca función divulgadora. Colgado en la calle o reproducido en las revistas, era todo un género revolucionario cuyo empleo crecía a medida que aumentaba la necesidad de inducir rápidamente al consumo en una sociedad industrial cada día más poderosa. Y es que la finalidad del cartel es básicamente funcional: se intenta vender un producto, hacerle publicidad, y, como señala Dorfles ‘, «sólo la publicidad actúa de manera totalmente interesada: si algo bueno, atrayente, nuevo, oportuno, es presentado por ella, no lo será por elevadas razones morales, o por motivos exquisitamente estéticos, sino por un fin en extremo trivial, y no obstante totalmente funcional, como es llevar al máximo de ventas posibles un determinado producto». Por eso el lenguaje de los carteles es tan característico. Casi siempre se compone de dos niveles (el icónico y el literario) y nunca puede parecer oscuro o difícil de entender de manera que el diseñador tiene que lograr un contacto directo, reflejar sin ninguna duda el idioma más claro y

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popular, y conseguir que la función del cartel sea tan comunicativa como decorativa. Porque es, desde luego, un error, tratar de elaborar una historia de los carteles calcada sobre la historia del arte. El poster es absolutamente siempre obra de encargo y, como señala Melot , «los publicistas saben muy bien qué es lo que determina el estilo de un cartel, es el gusto del público», por lo que inás que una historia del arte paralela lo que realmente reflejan son las preferencias de la masa media. Sólo esto explica que la obra de artistas como ToulousseLautrec sea siempre una excepción y que la mayor parte de las veces no llegue a tener una aceptación popular hasta mucho más tarde, cuando el gusto de la mayor parte del público ya ha evolucionado. Su contraste con la producción, por ejemplo, de Jules Chéret (1836-1933) es evidente, sin ir más lejos, en los carteles que ambos hicieron para el Moulin Rouge en 1889 y 1891 respectivamente. En ellos se pasaba de un mundo amable que todavía bebía sin remordimientos en las fuentes del pasado, como señala Barnicoat, al escenario del mundo moderno, porque Lautrec ya sabe eliminar los elementos tradicionales de la obra de Chéret exagerando, al mismo tiempo, ciertos aspectos expresivos que sin duda estaban latentes en ella. El resultado era muy simple: para la mayor parte del público los carteles de Lautrec eran «feos» y, con sus ásperas caricaturas y rígidas figuras, dejaban un sabor de inquietud, mientras que la atractiva y colorista obra de Chéret conseguía exactamente los resultados que el público buscaba.


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Sim embargo, entre Chéret y Lautrec habían dejado un camino abierto. A partir de entonces, los carteles gozaron de un meteorice ascenso en popularidad, desarrollando un lenguaje propio que alcanzará uno de sus puntos culminantes con la llegada a París, en 1890, de Alphonse Mucha (Bohemia, 1860 - Praga, 1930), que con su estilo preciosista, «bizantino», tan diferente a la forma libre de Lautrec, pero igualmente trabajado y cuidado en las composiciones, hizo unos carteles que, desde «Gismonda» en 1894, están relacionados con la actriz Sarah Bernhard, aparecen adscritos a la moda internacional del Art Nouveau y, por lo tanto, gozan de una fuerte y segura aceptación general. En 1905 y en París publica, con sus Lectures on Art *, un intento de explicar en palabras las técnicas compositivas y las formas de su obra gráfica. Para él, la belleza de una línea está en relación directa con la fatiga de los músculos del ojo que la mira y, consecuentemente, cuanto más larga sea la línea, más desagradable será la fatiga, porque se debe siempre crear un punto de descanso en el camino. Para ello, las proporciones nnás acertadas, según Mucha, serán siempre de II a III porque es la más típica en la naturaleza y a la que el ojo está más acostumbrado. Por ejemplo, en su cartel anunciador «Bieres de la Meuse» la diagonal que forma el cuerpo de la muchacha puede dividirse en cinco partes de las cuales dos pertenecen a la cabeza y tres al resto del cuerpo. Además, la proporción ya conseguida se ve completada porque el radio en que se inscribe todo el conjunto de la cabeza, incluidos parte de los adornos, es también de dos módulos en una

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buena muestra de lo que Mucha llama «la relación armoniosa de las longitudes». Pero además tiene que existir otro tipo de armonía, la armonía de los tres puntos, también en relación con la proporción de II a III. El mayor punto de interés debe estar determinado por esta ley; el segundo punto nunca debe ser colocado horizontalmente junto al primero o verticalmente encima o debajo del primero porque las líneas verticales y horizontales, nos dice el autor, no producen al espectador ningún placer especial ya que la horizontal es la simple repetición de la línea de nuestros ojos y la vertical está ligada a la condición de nuestro cuerpo; y el tercer punto, en fin, se colocará a una distancia que mantenga la misma proporción respecto al primero. En el dibujo de 1893 que representa a una muchacha con túnica sentada en un círculo con una rosa en la mano. Mucha utiliza en una vertical que no está en lo que debiera ser el eje central matemático de la composición, dos módulos desde la cabeza hasta el pecho y tres desde el pecho hasta el remolino de ropa que se forma alrededor del pie, mientras que el radio de toda la zona de la cabeza tiene una longitud de dos módulos. El primer punto de interés está en los ojos de la muchacha, justo en la mitad del primero de los módulos que da la longitud de la cabeza. El segundo hay que buscarlo en la diagonal con la rosa hacia la que dirige la mirada, a tres módulos de distancia del primero, y el tercero y último en el pie, también a tres módulos de la flor, con lo que el triángulo compositivo queda cerrado.


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La aplicación del arte a la decoración; los elementos de la ornamentación en los que subraya la importancia de enfatizar las líneas características esenciales y de no destruir el carácter plano de las figuras; el estilo y la composición; la armonía de la línea en el esquema general del diseño y la utilización del color, son algunos de los temas que Mucha aborda en su libro antes de llegar a otro de los puntos más importantes: la armonía de las masas en la composición. Para él, la armonía de una estructura compositiva depende de la simetría y del equilibrio de las masas. Cuando la distancia de dos puntos respecto a uno central es la misma, la propia simetría da equilibrio al diseño, pero cuando una de las dos distancias es más corta debe aumentarse la masa por ese lado para compensar la asimetría. En el ejemplo del cartel «Bieres de la Meuse» la diagonal que ocupa el cuerpo humano tiene dos distancias no iguales. La cabeza ocupa lógicamente menos espacio longitudinal que el resto del cuerpo y, por lo tanto, según esta teoría de la distribución de las masas, irá mucho más recargada de ornamentación para compensar y mantener el equilibrio. Las teorías de Mucha dieron como resultado un grafismo muy cuidado, sofisticado y decadente, si se quiere, pero, desde luego, con una acusada influencia en la etapa más internacional del Art Nouveau como veremos más adelante en cartelistas que como Eulogio Várela y Sartorio trabajan en la primera etapa de los Bailes de Máscaras celebrados por el Círculo de Bellas Artes. Pero en las primeras décadas del siglo xx el gusto del público evolucionó con rapidez. La

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sed de «modernidad» de la burguesía se traduce ahora en las formas más simples del Art Deco, un estilo mucho más apto para el esquematismo de los carteles. Desde el «Frou-Frou» de Leonnetto Cappiello en 1899, formado ya por una imagen instantánea fácilmente recordable, hasta la «Revue Negre» de Paul Colín en 1925, que anunciaba la prmera actuación de Josephine Baker en París, se


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desarrolló un lenguaje del cartel bastante menos sofisticado, más simple y directo, en resumen, más moderno. Porque de todas las artes gráficas del período Deco, los carteles fueron una de las más afectadas por los movimientos de vanguardia. Y aunque muchos diseñadores simplemente usaron el geometrismo y las nuevas técnicas para dar a sus carteles un aspecto superficial de modernidad, otros, más coherentes, como Cassandre (1901-1968), supieron utilizar los principios teóricos del Cubismo, el Futurismo o el Constructivismo en trabajos que empezaban ya a ser revolucionarios. En España, el primer cartel que se puede considerar como tal es el de «Los gordos y los flacos» hecho por Francisco Ortego Vereda, un dibujante de El Semanario Pintoresco y de El Museo Universal, hacia 1870. Patrocinado por la firma Chocolates Matías López se trata de un cartel de encargo que representa, en un simple friso con la información escrita en la parte alta, a tres parejas diferentes tomando chocolate. Sin embargo, lo normal en España no era tanto que los carteles se hicieran por encargo directo como que surgieran de los diferentes concursos convocados por las casas o industrias que querían anunciar sus productos. En marzo de 1898, Vicente Bosch, un industrial licorero de Barcelona, organiza el primer certamen para anunciar su «Anís del Mono». De los 167 carteles presentados, que se expusieron en la Sala Pares de Barcelona, la mayoría eran de artistas catalanes y muchos de ellos, incluido el que ganó el primer premio de Ramón Casas, están

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bastante influidos por el Nouveau internacional. Y la misma corriente estética se impone en el concurso que, en el mismo año, convocó Manuel Raventós, en Madrid, para anunciar el espumoso Codorniu y en el que el primer premio fue para Julio Tubilla, el segundo para el habitual Ramón Casas y el tercero para el ilustrador Francisco Cidón . Después de una corta serie de concursos sucesivos , será la Perfumería Gal, que tenía fábrica en Madrid, la que empezará realmente a difundir el Art Deco en sus carteles a partir del concurso de 1916. Convocado en Barcelona con el fin de asentar un mercado catalán, la exposición de las 470 obras que fueron admitidas se celebró en los salones del Círculo Artístico barcelonés, y los permios se distribuyeron entre los tres dibujantes más representativos del nuevo estilo en Madrid: Penagos, Ribas y Bartolozzi.


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Utilidad Del Cartel en la promoción y proyección de productos y servicios

Cartel Publicitario Cuando entramos en un negocio o cuando decidimos convertirnos en empresarios no sólo debemos empezar a pensar en qué vamos a comercializar y en cuanto tiempo recuperaremos la inversión; porque para alcanzar el objetivo de maximizar ganancias debemos pensar en cómo vamos a comercializar lo que queremos vender. La publicidad es parte fundamental de cualquier

tipo de organización; mediante la misma, llevada a cabo de la manera correcta a raíz de un estudio de mercado, podemos obtener los resultados esperados o incluso más satisfactorios. Los carteles publicitarios son herramientas de comunicacion utilizadas por todas las empresas que se dediquen a las actividades comerciales masivas, y no sólo se trata de un aliado para maximizar utilidades, sino


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también una herramienta de trabajo muy efectiva cuando se trata de la actividad comercial. Mediante un cartel publicitario se pueden transmitir muchas cosas: la imagen de un producto, sus ventajas, cuán bueno y eficiente es, por qué es mejor que otros productos de su clase, la buena imagen de la empresa, etc. Mediante el cartel publicitario se informa de la gran variedad de productos y servicios existentes y luego el consumidor decidirá cuál es el que más le conviene según sus necesidades.

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Particularidades Del Cartel diseñado para promover la exhibición de una obra cinematográfica

El Cartel Cinematográfico, El núcleo fundamental de atención del cine lo forman las películas, pero en torno a éstas y a sus formas de difusión surge un número considerable de aspectos que conviene analizar. El cine es una forma de comunicación con una finalidad mercantil.Aunque los intereses comerciales se mantienen a lo largo del tiempo, las formas de difusión de los filmes han sufrido variaciones.

Hay una serie de elementos que se relacionan con la venta del producto cinematográfico como son: la publicidad que rodea a las películas, el mundo editorial que se ha generado en torno a los filmes, las vinculaciones existentes con otros medios de comunicación, la relación establecida con las formas expresivas y narrativas del momento, y el soporte que suponen los protagonistas. Todos


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estos elementos enriquecen la visión de la imagen animada en su contexto social. De todos estos aspectos se deriva una manifestación vinculada al cine: el cartelismo cinematográfico. Desde los orígenes del medio surgen manifestaciones de este tipo que fueron fundamentales para conseguir la atracción de los potenciales espectadores. Este tipo de cartel refleja las vinculaciones con diversas manifestaciones artísticas a lo largo del siglo pasado (desde los movimientos vanguardistas de las primeras décadas, hasta los modelos relacionados con el pop-art, la descomposición de la imagen, la nueva utilización de la grafía y el color, y muchos otros) que dieron lugar a escuelas de repercusión como la cubana o la polaca. En España han trabajado en este cartelismo autores como Clavé, Josep Renau, Jano, Mac, Cruz Novillo o Iván Zulueta. Son hombres supieron captar los elementos más interesantes de los filmes publicitados, a la vez que expresaban fórmulas personales de cómo la imagen debe ser entendida por el espectador. A pesar de las transformaciones producidas en los modelos cartelísticos a lo argo de los años, hay una serie de rasgos identificadores que permanecen, como son la estructura narrativa, el “star-system” y la visualidad del film. El eje fundamental de los carteles cinematográficos es la trasmisión al espectador de las claves defi-

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nidoras del film que se publicita: se deben facilitar al público los rasgos que le permitan situar la película. El prestigio de determinadas compañías, sobre todo en la época del clasicismo cinematográfico, hacía que el espectador encontrara cierta seguridad previa al visionado, lo cual se le ofrecía por medio de los rasgos identificadores del cartel. Los géneros cinematográficos poseen unos rasgos identificadores por el espectador que permiten publicitar con rapidez y sencillez las claves de cada film. Identificando las premisas propias del género, será más fácil establecer mayor o menor sintonía con la película publicitada. Este nivel de información alcanza un relieve especial en cuanto al “star-system”; las estrellas se han ido convirtiendo en uno de los soportes fundamentales del medio. Este factor está presente en los carteles con radicalidad; actrices y actores han sido, y siguen siendo un auténtico reclamo para los espectadores, de manera que no se podría entender el sentido pleno de esta forma publicitaria sin tener en cuenta su importancia. Otro factor relacionado con éste es la importancia que han adquirido determinados directores; que supera los límites geográficos, las preferencias temáticas o estéticas, las vinculaciones a determinadas maneras de entender la imagen, viniendo de esta manera a convertirse en elementos del contexto cultural del siglo XX. La figura de Luis Buñuel es uno de esos cineastas que

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se han convertido en factores básicos para poder comprender las aportaciones de la imagen animada a la sociedad contemporánea. El tercer factor fundamental en todo cartel cinematográfico es la visualidad del film, ya que a los factores publicitarios y de reclamo, se unen los vinculados a la fuerza de la imagen y a una búsqueda de la belleza estética. Éste es uno de los rasgos más importantes para poder comprender la fuerza que


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alcanzan los carteles cinematográficos que poseen una construcción interna muy rica.

integrarse dentro de una totalidad unitaria a fin de alcanzar la finalidad que preside su construcción.

El dinamismo del dibujo, la riqueza de matices con que se representan las acciones y los personajes, la búsqueda de unas imágenes que puedan impactar y seducir al espectador, el uso del grafismo y del color de acuerdo con criterios estéticos precisos, la adecuación a las premisas concretas de la sociedad a la que va dirigido el cartel son elementos que deben

Así se consigue que estos elementos perecederos en su concepción pero permanentes por la dinámica social en la que se ven inmersos que son los carteles cinematográficos, lleguen a alcanzar un valor histórico al trasmitirnos un cúmulo de rasgos sobre un espectáculo que a la fuerza de la imagen une el hecho de estar profundamente enraizado en la sociedad contemporánea.


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El Cartel

Conclusión Con los conocimientos adquiridos sobre el cartel concluimos que es el elemento gráfico más idóneo para emitir un mensaje complejo a un gran número de espectadores de manera simple, fácil y rápidamente comprensible ante sus ojos y que rompa la barrera de los variadísimos enfoques de interpretación que estos pudieran dar y que les desvíe de la idea neta que se quiere transmitir. Tomemos en cuenta que el cartel juega un papel preponderante dentro de los principales medios de comunicación, por lo tanto, es importante saber aplicar efectivamente sus ventajas para aprovechar al máximo esta posición entre los medios y alcanzar el propósito central del mismo: llamar la atención y comunicar. Ahora estamos en capacidad de elaborar un cartel que llame la atención espontáneamente y que cumpla con las normas básicas que caracterizan esta popular herramienta publicitaria que ninguna otra forma de publicidad ha podido aún dejar obsoleta.


Historia  

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