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Torre de Biuner La noche estaba a punto de llegar a las 10 horas. Vivía encerrada en el más alto cuarto de la Torre de Biuner viendo como la oscuridad aprisionaba mi vida estricta y monótona. Ser hija de un rey no ha sido fácil, no es como todos dicen, no es como todos creen… una vida de lujo y placeres. Leo mucho y por necesidad, practico la danza porque la entrenadora puntualmente viene atormentarme, sé costura y se pintar porque está puesto entre los atributos de las princesas y no porque realmente mi fuero interno lo entienda como una prioridad. “Las niñas de la nobleza no pueden juntarse con niñas que no lleguen a su altura” es la clara expresión de papá. Dejo de pensar en tantas cosas que posiblemente no lleguen a cambiar y me acurruco en mi cama enteramente cómoda. A la mañana siguiente como de costumbre acudía a las aulas de aprendizaje con todas las hijas acaudaladas de la ciudad, éramos pocas, recuerdo cuando tuve que exigírselo al rey para que pudiera otorgarme ese gusto con el fin de no vivir encerrada en clases particulares y según yo tener alguien con quien intercambiar la felicidad de la vida, aunque en la vida real se ha vuelto algo difícil, aquí todas hablan de sus riquezas y sus viajes fabulosos fuera del pueblo y eso no es nada agradable, ni divertido. He considerado que no es que ellas no encajan conmigo, si no soy yo la que me rehúso a encajar con ellas. Después del viaje muy temprano en el carruaje y llegar hasta las aulas de clases bajé con la ayuda de Delfino, avancé hasta la sala asignada y escuché en los pasillos “Ya llego Jacki con su petulante caminar” “…Y mírala como viene vestida… ha de creer que es un baile de la alta sociedad….” Yo solo me limité a llegar a mi puesto y encontrarme con Bernarda con su sencillez única y su vestido muy cuidado. - ¿Te has enterado de lo que dicen de las hijas de don Rodríguez? < Habló con delicada sutileza y yo sonreí, Bernarda era el tipo de chica que sabía todo los chismes que rondaban el lugar donde ella se encontrase, y para ser honesta siempre me mantenía informada. > - No. ¿Qué es lo que dicen? < Traté de igualarme a su dulzura, para que nadie notase que hablábamos de un rumor que corría por ahí… aunque para simular nadie podía igualarle, podían verla y hacerle creer al mundo entero que lo que murmuraba era algo de suma importancia y por esa razón recaía su discreción. > - Pues que la existencia de los vampiros es cierta, dicen que ellas mismo los han visto… señalan que su piel es escalofriante, y que el lugar que lo rodea es tan sepulcral como su propia voz… < La miré y mi pulso sé que se detuvo por un lapso de segundos, me aterrorizaba aquellas historias, pensé solamente que era un mito y que se había sepultado de esa manera. > Dicen que se esconde entre una de las cuevas del rio Lara y ellas con un grupo de chicas del salón irán hoy a las seis de la tarde... ¿Nos unimos? < Cuando dijo “nos unimos” casi se me regresan las uvas que estaba comiendo de desayuno. >

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- No creo que eso sea posible Bernarda, primero porque no puedo salir a ningún lado sin guardias, y también porque no quiero ir a ese lugar, ¿Si nos pasa algo? - No pasará nada. < Se rió y se acomodó en su asiento. > Al llegar la noche solo de pensar en la frase de mi curiosa amiga me atormentaba el sueño, bajé las escaleras a toda prisa, las velas aún no estaban apagadas y me conduje con los pies descalzos a la biblioteca, llegué a la estantería donde supuse que estaba el libro que buscaba y efectivamente así fue “Mitología de los Vampiros” lo saqué y antes de empezar a leerlo me aseguré cerrar bien el portón de la biblioteca y apagar incontables velas para que nadie notase mi presencia ahí, y con cuidado abrí la silla de madera y me senté a leer lo que narraba el escritor. No puedo calcular con exactitud cuánto tiempo estuve ahí esforzando mi visión entusiasmada y llena de intriga por tal “rumor” plantado en mi mente y mientras más leía, acrecentaba la curiosidad. En la mañana, mis ojeras y mis ojos pesados eran notorios. Sin embargo eso no importaba mucho después que noté la ausencia de las hermanas Rodríguez y el grupo de tres chicas más con las que siempre se juntaban. Mi cabeza era un enredo de mil historietas aterradoras. Bernarda y yo cruzábamos miradas pero nadie decía nada hasta que llegó la hora de irse. Solo las dos sabíamos la verdad nadie más en este curso, ni en esta ciudad, solo las dos sabíamos lo que ellas habían hecho la noche anterior. Nos quedamos en el pasillo con prudencia mientras todos se iban y conversaban sus aburridas aventuras. - ¿Crees que les habrá pasado algo? < Preguntó Bernarda y sentí una corriente eléctrica dentro de mi cuerpo. > - Posiblemente. Pero si tal cosa existe hay que dar parte a las autoridades. Ayer leí mucho acerca de esas criaturas y no hay nada verídico pues existen muchas versiones. Dicen que tiene enorme fuerza y que mantienen su inmortalidad bebiendo sangre, entre una de las versiones hablan que con la mordida de un murciélago se infectaban las personas y estos comenzaban hacer lo mismo para mantenerse con vida, hay una que afirma que en el día tiene forma de mujer y en la noche es un murciélago más conocido como Azeman, dicen que son veloces y crueles, que su mirada es cruel y distinta, y su piel pálida y fría. <Tragué saliva solo de pensarlo. > - ¿Y si vamos a ver qué sucede ahí? < Preguntó con sigilo, aunque perfectamente sé que incluso ella le aterraba la respuesta a esa pregunta. No dije nada porque toda yo estaba intrigada, y una parte de mi quería ir, tal vez sucediera algo terrible pero jamás me había atrevido a ir más allá del palacio y de todas las rutas y fiestas que ya estaba predestinadas para mi vida. Sacudí la cabeza con el fin que toda idea equivocada se esfumara. > - Yo no iré Bernarda. < Afirmé con rapidez. Y de alguna manera aceptó la idea pero luego se detuvo a pensar en algo… > - Pero seguro que se les dice también… ¿Azeman? <Hizo una mueca de desaprobación, antes que avanzáramos. > No había oído jamás ese nombre… ¡Que feo! < terminó con una expresión graciosa. > 2


- ¿Qué así no se llama tu hermana? < Di unas risitas. Me miró y luego sonrió también. > - No.. Prin-ce-sa, así no se llama. < Aseguró y volvimos a casa las dos. > Al día siguiente, ya en el aula noté que mi única amiga no estaba, incluso el maestro había bromeado que con tan pocos estudiantes que estaban asistiendo tendría que suspender las clases, y para ser honesta estaba preocupada ¿tenía que ir yo hasta ese lugar? ¿O primero tendría que visitar la casa de Bernarda? Era muy temprano, pero no iba a esperar toda la mañana, salí a toda prisa del lugar y le pedí al señor que conduce el carruaje que me llevara al rio Lara obviamente me puso cara de extrañeza pero no me importaba, ya casi podía verla a Bernarda mordida y desangrándose, pero es que de alguna manera me niego a creer que tales cosas sean ciertas, jamás había oído algo así, pero ya iban faltando las hijas de Rodríguez , las amigas de ellas y ahora Bernarda, era obvio que sucedía algo, y ahora yo estaba haciendo el papel de heroína aunque de heroína no tengo nada, ni siquiera el nombre, cuando se entere papá que estuve por esos lugares dirá que va a matar a niñas, ¡eso es exactamente lo que va a decir! En el caso que salga bien y con vida de ese lugar. No logré deducir el tiempo que tardamos en llegar, solo sé que las ruedas dejaron de avanzar y automáticamente abrí la cortina que me encerraba, pude divisar un inmenso río y una cascada impresionante, todo el lugar era rocoso, húmedo y frío. Me levanté un poco el vestido para bajar y el taco de mi bota se hundió por completo en las piedras, me sostuvo Delfino, un señor adulto que ha trabajado con nosotros desde que yo tengo uso de razón. Miré hacia la derecha y justo ahí estaba una cueva, no había nada más a su alrededor, era un lugar muy obvio para ser un escondite. - No me deje sola ni un solo momento. < Le Hablé a Delfino con franqueza y temor. Empecé a caminar aunque mis piernas me gritaban que no siguiese avanzando, pero luego dije “estoy aquí por mi amiga. No seas Cobarde Jacki”, en realidad si era muy muy cobarde. Cuando entré a esa cueva pude respirar la frialdad y la soledad, la oscuridad no la cubría del todo porque ciertas perforaciones en la roca de la cueva eran lo suficientemente grandes para que los rayos de luz golpearan justamente ahí. Escuchaba los pasos de Delfino y mis botas hacían un sonido espantoso hasta que lo vi. Caminaba con paciencia sosteniéndose de las paredes cubierto en unas sábanas negras hasta el cabello, su rostro no era visible, se acercaba con la cabeza inclinada hacia el suelo, literalmente el corazón se me detuvo y me puse helada como el mismo hielo hubiese corrido si hubiese tenido fuerzas, pero en ese momento todo desapareció, no quedo nada más que la soledad que rodeaba el lugar. - No tuvo que haber venido aquí, princesa. < Delfino me sostuvo la mano y me dijo algo en el oído, enseguida volvió a soltarse de mí pero mi cuerpo no estaba dispuesto ni preparado a escuchar y entender algo que no sea del individuo que acababa de ponerse frente a mí. > - Mis amigas vinieron aquí y ahora han desaparecido. <Hablé valientemente. > - No tengo nada que decir de ellas. < Su voz era débil, pensé que posiblemente guardaba sus fuerzas para luego salir de su disfraz. > 3


- ¿Les hiciste daño? ¿Y Bernarda? No la he visto. - No conozco a nadie. < respondió y dio la vuelta. Dando los primeros pasos de su retirada> - Soy Jacki Daco princesa de la ciudad y te doy la orden que te muestres tal y cual eres. < Se detuvo, giró lentamente mientras el ritmo cardiaco se aceleraba y se escuchaba en el silencio con exacta claridad. Con cuidado alzó el rostro aunque aún no podía verse nada, yo entrecerré los ojos con el fin de poder grabar la imagen. Se quitó lentamente la sabana de su cabeza y la dejó caer al suelo se me ahogó un gritó en la garganta al ver todo su rostro desfigurado y su piel destruida, un ojo estaba completamente cerrado y el otro apenas lo podía abrir. - Mi nombre es Rafael Daco, soy hermano del rey, y fui desterrado de la ciudad, princesa. < Hizo una pausa, era como si su voz no pudiese interpretar palabras por su avanzada y cansada edad. > Hace 40 años atrás vivía en el pueblo, cuando subió al poder Marco Daco avergonzado de su hermano “Piel de pescado” como principio me ocultó, luego los rumores comenzaron a rodar que había un vampiro encerrado en ese palacio y como no podía caer en desprestigio su ciudad delante de las otras con mitos sin sentidos, me echó de ahí y frustrado buscaba la manera de probar que tal cosa no era cierta pero no había manera de hacerlo pues mi imagen me traiciona. Suele venir a escondidas a dejarme alimento pero ya estoy muy debilitado. < No podía creer con tal veracidad lo que acababa de oír, mi padre era un infame, un vil, caminé aún con algo de temor, toqué su rostro, este hombre era un pobre viejo, inocente de toda culpa, una suave lagrima caía de sus escasas pestañas. Este individuo es inocente, repetí en mi interior. No ha tenido nada que ver con la ausencia de las compañeras del aula... > - El bosque es muy peligroso. Tal vez les sucedió algo a sus amigas... hay animales salvajes allá afuera. < Escuchaba a lo lejos unas ruedas hacer bulla y pasos firmes. Delfino estaba estático alado mío, posiblemente era cómplice de todo lo que hacía papá. Entró gritando llamando el nombre de “Rafael” y su tono era enteramente de desprecio, tenía en la mano una canasta asumo que llena de alimentos, di la vuelta, lo encaré y pude ver la viva imagen del complejo y avaricia que vivía su corazón. > - Jacqueline!!! < Gritó. Y no pude contener las lágrimas decepcionada de él. > - ¿Cómo pudiste? < Hablé débilmente. > Cogí del brazo al pobre hombre y salí con Delfino del lugar y nos condujimos ambos al castillo. Mandé a ver el médico de la familia para que le dieran a este hombre el tratamiento necesario hasta que su vida soportara. Con el tiempo el rey, mi padre, después de un resentimiento total que tuve hacia él, con esfuerzo, su corazón cedió, y se arrepintió de todo, sin embargo mi tío no duró mucho tiempo junto a nosotros pero guardo la felicidad que el rey se arrepintió de verdad antes de su muerte. Sé que no hay justificación del terrible error de mi padre y aunque incluso a mí me costó aceptarlo terminé por reconocer que todos fallamos aunque intentemos no hacerlo. Ahora que ha pasado mucho tiempo y mi padre es un 4


hombre mayor hemos comprendido varias juntos… cuando entro a su habitación suele sostenerme la mano con rostro sincero y cansado pidiéndome disculpas por haberme fallado y por haber sido tan severo, pero comprendo lo importante que fue para mí haber “padecido” tal situación, me sonrió de recordarlo, me hizo aprender cómo exactamente no ser con mis hijos, sé que suena gracioso, pero es lo que pienso y adonde condujo esta realidad. ¿Bernarda? Bueno ese día, Bernarda había faltado por infección estomacal, y las otras niñas antes de llegar a la cueva fueron atacadas por un enjambre de Avispas que las dejo afiebradas e hinchadas por todos lados. No he tenido la oportunidad de decírselo, o tal vez sí, pero sigo siendo tan cobarde como para enfrentarlo, pero… Gracias Papá.

FIN Nombre: Jenniffer Edad: 20 años Nacionalidad: ecuatoriana Seudónimo: Helena de Esparta.

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Torre de Biuner  

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