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Lenin lira Salinas

TWIST OF FATE ...


El tic tac del reloj que avanza lentamente, marca la 1:47 de la tarde ¡Ya casi concluye la clase!

Afuera se escucha alguna música, quizá es parte de los

preparativos para el baile de fin de cursos. No sé en qué momento la clase de Biología comenzó por ser tan tediosa. El profesor Aureliano lleva dos semanas seguidas, repasando “Anatomía humana”. Pero la verdad es que no sé que me sea más irritante: ¿Repetir continuamente el mismo tema durante la clase? O, ¿Qué Isaac este enfadando todos los días al primero que se le tope enfrente? Afortunadamente, yo no eh sido hasta ahora victima alguna de Isaac. Puede que esto se deba a que entre apenas en este semestre al colegio. Cuando entre en el colegio prometí que iba a hacer un cambio de vida, que mi vida no sería como en la preparatoria pasada en la que tuve una estadía efímera y vana, donde nadie, además de mis únicos 3 amigos -Diego, Mike y Ulises-, notaba mi existencia. La verdad es que yo nunca pude conformarme con el viejo dicho “los verdaderos amigos, se cuentan con las manos” Añoraba algún día dejar de ser el niño del montón que a nadie le importa, por lo tanto más que como un final en mi escuela, vi como un escape de mi pasado cuando mi padre entro en mi habitación, sin tocar la puerta y me dio el aviso. – ¡Te cambiaremos de escuela! – Fruncí el ceño. No sabía cual habría sido la manera correcta de reaccionar ante esa repentina noticia. Entonces siguió hablando. –Nos hemos recuperado en cuanto a gastos. Entraras en alguna escuela privada, que tenga mejor nivel académico y que tenga uniforme… – ¡Uniforme! ¡Lo que todo adolescente desea! Me grité para mis adentros. – Iniciaras el siguiente semestre. Disfruta tu último mes en tu escuela. – Y salió de mi habitación, después de darme las buenas noches.


Desde esa noche iba con más ánimos a la escuela. ¡Había una esperanza en mí! El tiempo se me paso volando. Tanto, que ahora siento como si tan solo fuera ayer la noche en que mi padre me dio la noticia del cambio de escuela. Lo cual es un tormento, porque ahora que miro nuevamente al reloj me percató que solo han pasado 6 minutos desde mi última mirada. Al menos es como si estuviera a medio camino. Sonreí ante tal pensamiento, pero dicha sonrisa solo duro algunos segundos, porque me percate de que Isaac me asechaba con su mirada. ¡No! Había pasado inadvertido tanto tiempo. ¿A caso hoy noto mi presencia en el salón? Es la única persona de la cual me sentía agradecido ser invisible. No pude sostenerle la mirada. Incline la cabeza hacia mi pupitre, como si estuviera revisando el apunte de la clase. Trate de no mostrarme agitado, ni nervioso. No quería que “el cazador” viera fácil a su presa. Ahora, más que hace unos instantes, deseaba que la clase concluyera.

¡Ring! ¡Ring! Al fin sonó la campana. Solté un suspiro, fue como si descansara tras correr en un maratón. Un especie de alivio resplandeció un mi cabeza. Revise no dejar nada en mi pupitre, para salir disparado hacia la puerta en cuanto guardara todas mis cosas en la mochila. Libretas, libros, bolígrafos, todo se hallaba perfectamente en su lugar. Perfecto. Entonces sentí una ligereza en mi mano izquierda, la sentí libre. Escrute en mi mente que me hacía falta, hasta que recordé… – 1000 razones para (no) enamorarse – Lo murmure. Aunque gire mi cabeza en todas direcciones para cerciorarme de que nadie más me prestara atención. A mis laterales no había nadie, enfrente estaban charlando Sofía e Irina, escuchaba incluso su conversación, puesto que no estaban demasiado lejos de mí, quizá a unos 2 metros. Bufé. Sentí detrás de mí una respiración justo en mi nuca. Pero una especie de terror me invadió, comenzando con un cosquilleo por mi espalda. Gire mi torso lentamente, e instantes después mis pies, que me pesaron como si tuviera unas botas de plomo puestas. Él estaba ahí.


– ¡Hola Flavio! Supongo que esto es tuyo – Señalo con la mirada mi libro “1000 razones para (no) enamorarse” y continuó – ¿Eh? Lo encontré cerca de tu lugar, durante el receso. No lo abrí, me pareció uno de esos libros de auto superación personal y que trata de que la gente inadaptada, sin contacto ni relaciones, se sienta feliz consigo misma – Me guiñó el ojo. Espero para mirar cual sería mi reacción ante su comentario, pero yo tenía la mirada fija en sus ojos sin expresar nada en mi semblante. Entonces él siguió hablando. – Como sea, te entrego tu librito – Estiro su mano. Al igual que yo para recibirlo, pero él hizo antes, una seña de algo y dijo – Quiero llevarme bien contigo. Muchas personas me juzgan sin conocerme – “Me pregunto, ¿por qué será?” pensé en mi mente, con muchas ganas de decirlo en voz alta, aunque sabía que no habría sido el momento adecuado. Había perdido entonces el hilo de la conversación pero él seguía hablando. –… Espero llevarme bien contigo. Mañana te daré tu bienvenida al colegio y hare que todos en este salón noten tu presencia. Al fin concluyó. –Estem…Gr…– tartamudeé– ¡Gracias Isaac! Creo que esta ha sido la conversación más larga que eh tenido desde que entre al colegio. Le dije mientras me estrechaba su mano y colocaba en ella mi libro, en al parecer un movimiento amable. Deseé que le encontrara sentido a la broma. No era muy bueno con los chistes. Y fingí una sonrisa. Mientras iba cruzando la puerta del salón el hizo un gesto con la mano, en forma de despedida. ¡Wow! Al parecer era el amigo de acosador del salón. Más que alegrarme, me aterraba esa idea, no quería que todos me odiaran. Me encaminé lentamente hacía la puerta. Así fue el largo camino a mi casa, puesto que por alguna inconsciente razón de mi cabeza, decidí no tomar el bus escolar que mis papás pagaban cada mes. Y me fui caminando despacio a mi casa… Durante el camino pensaba en lo acontecido durante la última clase, hasta que decidí que lo pensaría en mi casa y que debería solo concentrarme en esos momentos en el camino.


Mientras caminaba por la acera, vi venir de frente, pero de parte de la pista a dos sujetos en una motocicleta. Se veían alegres y sonrientes, pero a juzgar por su vestimenta y sus facciones, asimile que venían de hacer algo malo, o estaban por hacerlo. Entonces note mi prejuicio. Honestamente siempre eh estado en contra de la gente prejuiciosa, pero yo al parecer también lo era, solo que lo hacía solo en mi mente, nunca juzgaba a los demás junto con otras personas. Pensé, ¿cómo me verán a mí los demás? ¿Me verán mal? Un perro me distrajo de mis preguntas, ladraba muy fuerte. Me espante y di un brinco. Mire por todos lados arrepintiéndome de haber tomado la errónea decisión de irme caminando, pero no encontré nada. Al parecer el sonido venía de la azotea de la casa verde de la esquina a la que me dirigía. El perro era un pitbull blanco, a su lado se encontraba un golden retriever, que a mi juzgar, se veía amistoso y con cierto enfado por el ruido de su compañero. Entonces otra dura llego a mi mente, ¿quién tiene a un perro tan violento junto con uno tan simpático? Y entonces una sonrisa de oreja a oreja rodeo mi cara, y vacile

“perro que ladra no muerde”. El camino a mi casa no se me hizo demasiado largo, cuando estaba a unas 3 cuadras de llegar saqué el celular de mi bolsillo para revisar la hora. – ¡3:40! – Grité. Al parecer mi gritó hizo que él señor, de unos 70 años, que se encontraba sentado fuera de su casa, girara su mirada en mí, frunciendo el ceño en gesto de duda. Apresure mi ritmo. No me había percatado de que tenía un dolor en la planta de los pies hasta entonces. Genial. Ahora tengo ampollas por no tomar el bus. En mi casa mi mamá me preguntó, más por curiosidad que por mi seguridad, qué porque llegue tan tarde a la casa. No se me ocurrió con que mentirle, por lo cual tuve que serle honesto. Ella asintió y siguió mirando la televisión. Me apresure a mi habitación. Lance la mochila en el edredón de mi cama. Un segundo más tarde fue a levantarla y a arreglar el desdén que ocasiono en la cama, porque sé que mi mamá se disgusta si las cosas no están en orden. A pesar de que ella casi nunca entra en mi habitación. Deposite la mochila en la silla de mi escritorio, su lugar habitual, ya que nunca utilizo el escritorio como debería. En realidad siempre dejo encima del escritorio mis cosas del colegio. En la izquierda del escritorio coloco mis libros y libretas que no ocupo, en una fila. En cambio, en la derecha, coloco los que ocupare para hacer algún proyecto, o tarea. Para mí es como


una medida de organización, así no tengo que revisar los apuntes los “innecesarios”. Ya que al organizar la mochila recuerdo con ver la pasta de las libretas si tengo algo pendiente o no. Mi memoria para mi es tanto como una amiga, como una gran enemiga. Un sonido provino de mi estomago e hizo que me dirigiera a la cocina. En la estufa no había nada. Salvo una olla en la cual hervimos el agua del fregadero, para beberla. Ya que en mi casa no compramos garrafones, porque nos rinde mejor esta sutil de manera de beber agua. Además de que se han dado a la luz pública, las noticias de que la compañía más popular de agua bebible en la ciudad, ha vendido en un par de ocasiones garrafones contaminados. Aunque realmente la mala publicidad no parece causar mucho peligro para las compañías en esta ciudad. Aquí la gente suele hablar mal, criticar las cosas, pero al final siguen fieles a esas cosas. Claro ejemplo es toda esa gente que hizo correr esas historias, pero que aún siguen comprando de esos garrafones “contaminados”. El pensamiento de la palabra me sacó una sonrisa. Se me vino a la mente un ataque zombie ocasionado por la contaminación en el agua. Sobre la mesa que se encuentra enfrente de la estufa, a un lado del refrigerador, hay unas charolas blancas, cubiertas por una bolsa naranja. Me pregunto por qué Beth, mi madre, no cocino algo y tuvo que comprar comida rápida. No tengo que preguntar para saber si puedo servirme o si alguien más va a comer. Mi papá, Leonardo, no estará aquí hasta la noche, y a juzgar por la hora, supongo que Beth ya debió haber comido. ¡Rayos! Comida china. La detesto, simplemente no me gusta esa idea que tienen de hacer pollo dulce. Serví en mi plato arroz y me encamine hacia el microondas para calentarlo. En el refrigerador hay pastel, quizá cuando termine con el arroz. Venga a servirme una rebanada. – Supongo que será dentro de unos… ¿5 minutos? – Suspiré y sonreí. No tenía muchas ganas de hacer tarea cuando entre nuevamente a mi cuarto, del cual tenía nunca planes de salir una vez que entraba después de la comida… A menos, claro, que tuviera que usar el hidrante.


Entonces una chispa broto en mi mente. Como si hubiera recordado algo que hubiera preferido olvidar. ¡Isaac! ¿Qué fue todo eso de hoy? ¿Por qué quiere que yo sea su amigo? Sí. Vine a esta nueva preparatoria con la ideas de: conocer gente nueva, conseguir más amigos, agradarle y simpatizar con más personas, ser más sociable, tener más confianza, que me resultara más fácil hablar con los demás, salir de mi casa con personas que no fueran únicamente mis padres, que me buscaran… resumido es: Con la idea de importarle a alguien por primera vez en la vida. Pero, ¿tenía que ser Isaac la primera persona con la que iniciara? Desde mi primer semana en la escuela, en enero, me di cuenta que las campañas contra el bullying que tanto pasan durante comerciales en la televisión, los dirigen hacia personas como él. ¿Por qué yo iba a querer estar con una persona así? Entonces recordé una de sus “jugadas”. A mediados de febrero, el 14 para ser exacto, le envió una carta anónima a Dylan - cabe mencionar que Dylan, es como una versión similar de mi, solo que él se habla y conoce a toda la clase, al menos por asuntos escolares-, diciendo en la carta que era una chica de primer semestre, muy tímida, y la cual se sentía fuertemente atraída por él, Dylan. Lo que hizo que llamara más la atención de Dylan, fue que mencionaba que la chica ficticia, era al igual que él una persona Otaku, entonces generó que Dylan se apasionara con tal carta. Lo cual hizo que se sintiera devastado cuando, burlándose muy estrepitosamente de él, Isaac le confesó que todo había sido una broma. Dylan termino en llanto aquel día, y el siguiente falto a clases, dando por terminada la semana. ¿Pensaba hacerme algo similar a mí? En momentos como este es cuando me arrepiento de no saber luchar, o de no tener un físico enorme, o lo suficiente como para intimidar a Isaac. Me gustaría que alguien algún día lo pusiera en su lugar y le diera su merecido. Al menos desde que he estado en esta preparatoria - 4 meses -, nadie de la tercera parte de la clase que ha sido abusada por él, se le ha puesto enfrente, firmemente para defenderse, o incluso, humillarlo a él.


¡Está decidido! Yo seré esa persona. Seré el primero. Quizá así logre al fin encajar en esta microsociedad, que es mi preparatoria y pueda al fin… encontrar a alguien especial. No estoy seguro como lo hare, ni siquiera estoy muy seguro de si lo hare, pero será mi oportunidad de pasar de ser el único que a nadie le importa, a ser el único que se “ha puesto de pie” frente a Isaac. Creo que es una mejor manera de recordarme. Encendí mi computadora, para investigar las mejores maneras de humillar a alguien. La verdad es que siempre estuve tan ahuyentado de los demás, que nunca pensé que incluso un acosador fuera un día a fijarse en mi presencia para molestarme. Siempre fui invisible, quizá pase lo que pase mañana, resaltare, sería masoquista disfrutar de la humillación, pero, ¿no se fijarían con eso ahora si en mi? Tengo que admitir que quizá fuera una ayuda. ¡No! Aquellos pensamientos estaban mal. ¿Cómo podía perder mi dignidad por encajar con los demás? Ni siquiera yo soy capaz de entenderme. La verdad es que a estas alturas no se que sea mejor, si ser un chupamedias, o defender lo que creo correcto. Solo sé que pase lo que pase… será espontaneo.

Creo que fue una muy estúpida idea buscar en internet: ¿Cómo ahuyentar a un acosador? Aparecieron miles de resultados, como es de esperarse siempre al buscar cualquier cosa, pero eran más desalentadores que lo que uno esperaba encontrar, mañana seré yo contra el mundo. O una parte de él. Pensé durante un momento en revisar mi blog en internet, y luego me entro la idea de que no tendría sentido, nadie se interesaba por mí incluso por internet. Solo tenía agregados a las personas de mi antiguo colegio, que fue en los tiempos que había abierto mi blog, y las personas de este nuevo. Aunque las únicas personas con las que tenía contacto vía internet, eran Diego, Mike y Ulises de la antigua preparatoria.


Pero ellos no eran la principal razón por la cual yo quería revisarlo. En realidad no era por ningún “amigo”. La razón era ella. Una chica de mi mismo semestre, pero de diferente clase. Su nombre es Pamela. Cocoa Pamela. He hablado un par de veces con ella, no es alguien que frecuente más de lo que frecuento a cualquiera de mis únicos tres amigos, pero es como una especie de “ cyber-amiga”, que hace que me olvide de todos los problemas mientras hablo con ella. Creo que sería lo ideal conversar con ella en persona, en el colegio, pero la verdad es que no me atrevo a hacerlo, soy tan inseguro en mi mismo que siento que me rechazaría, incluso aunque mis intenciones son meramente de amistad. Algo que me fascina de ella, aparte de su sentido del humor, son sus hermosos ojos, color canela, diferentes a los de cualquier otra persona que antes hubiera conocido, o mejor dicho, visto. En una ocasión tuve el valor de saludarla y decirle “Hola”, en la escuela, el cual ella me lo devolvió con una sonrisa, pero a pesar de ello, sigo con mi idea de que saldré rechazado si intento mantener alguna conversación con ella. ¿Por qué no puedo ser un chico normal? No está conectada. ¡Vaya! Pensaba proponerle que si mañana nos juntábamos en persona para conversar unos instantes... Está bien. Supongo que otro de mis problemas, es que debo adaptarme bien a la ortodoxia social de este sistema. Apague el computador. Apenas está sucediendo el crepúsculo, la fase más nostálgica del día. Debo idear un especie de plan, para saber que hacer mañana, pero lo único que se me ocurre que sea conveniente, es una manera de huir o de hacerme su amigo. Lo que menos deseo es justamente ser su amigo, creo que prefiero seguir siendo invisible a ser el que todos vean con el abusador del colegio, o al menos de la clase. Sera inútil mi presencia mañana. Entonces recordé esas estúpidas modas de gente que se hacía pequeñas cortadas en parte de sus extremidades, las más comunes eran en los brazos y las piernas. Siempre eh pensado que es algo estúpido, y denigrante para tu cuerpo, por lo cual nunca lo practique. Pero… ¿Qué tal si me preparaba desde ahora para el dolor? El cielo estaba tornándose oscuro, iba cambiando de color paulatinamente desde el este, que estaba oscuro, hacia el oeste, que era donde acaba de suceder el crepúsculo y estaba un poco más iluminado; me recordó a las pinturas en la que los colores van


cambiando poco a poco hasta convertirse en otros y en cómo era muy malo en Artes plásticas. Decidí cortarme en el antebrazo, solo un poco, no demasiado, obviamente no sería tan procaz como para causarme demasiado daño con un error. Lleve un cuchillo de la cocina a mi habitación - era pequeño, delgado como una hoja de papel y asimilaba tener demasiado filo -, y me asegure de cerrar muy bien la puerta, no querría que mi Beth por alguna razón entrara en mi cuarto y observara como su hijo se auto lastima, e incluso pone en riesgo su vida. Roce suave y cuidadosamente el cuchillo sobre mi piel, sentí frío donde este me tocaba, aunque no fue suficiente, puesto que no me cortaba para nada. Entonces asimile este hecho y creí que fue por la extrema suavidad con la que lo hacía. Decidí hacerlo con el mismo cuidado, pero esta vez un poco con más fuerza impresa y con mayor velocidad, para probar, utilice la palma de mi mano izquierda. Lo hice de una manera tan veloz que no sentí nada, pero pude ver como aparecían puntitos de gotas rojas en la herida, y como se iban juntando de uno en uno hasta formar una línea fina, la línea de la hoja del cuchillo. No chorreo ni una gota de sangre de la palma de mi mano, de hecho, no sentí nada ni salía demasiada sangre, entonces probé con mi antebrazo… Esto se siente, no sé, bien. La verdad es que es mejor de lo que esperaba. Hasta donde estaba informado, la mayoría de personas que hacia esto, era porque eran infelices con sus vidas, para olvidarse del dolor que tenían, para pasar el momento. No sé cuál será mi razón, pero creo que cualquiera de las tres me queda en la palma de la mano. Me hice un total de 10 cortadas en el antebrazo izquierdo, la verdad es que temía hacerlas en el derecho por si imprimía más de la fuerza necesaria y provocaba un accidente grave. Haciendo esto se me paso el resto del día. Volví con pasos sigilosos hacia la cocina, directamente al fregadero, para lavar el cuchillo y eliminar cualquiera que pudiera interpretarse como huella o indicio de lo que hice sobre mi piel. No sería mucho problema mentir acerca de lo que me paso, realidad solo podría notarlo Beth, puesto que Leonardo casi no me ve entre semana, por qué estoy dentro de mi cuarto cuando llega o porque me duermo temprano y ya no me doy cuenta de en qué momento llegó. En la escuela, pues nadie nota mi presencia. Esta es la primer ventaja que eh encontrado en mi vida de ser uno del

montón.


Eché agua en las pequeñas heridas que me provoque, no deseaba que pudieran infectarse. Sonreí al finalizar con mis pequeñas tareas. Abrí el refrigerador para sacar el cartón de la leche, el cual estuve escrutando detalladamente mientras cenaba cereal en la mesa. Los pasos de alguien detuvieron mi escrutinio, los de Beth, y baje sigilosamente mi brazo herido a un lado de la mesa de tal manera que pareciera un movimiento natural. Al acabarme el tazón de cereal lo coloque en el fregadero y me dirigí a un ritmo veloz directo hacia mi habitación. Me desvestí para vestirme nuevamente con mi pijama que no era más que un pants de deportes y una camisa blanca cualquiera. Me acosté en la cama, planeaba dormir sin la necesidad de cubrirme con el edredón y el otro par de cobijas, pero no aguante las ganas de acurrucarme con ellas y quedar dormido al instante.

Mientras salía de la regadera pensé en que mientras dormía la noche anterior, no había tenido ningún tipo de sueño. Que fue como si me hubiera acurrucado y envuelto como capullo con las cobijas, cuando ya me estaba levantando la alarma de mi celular a las 6:15 de la mañana, como habitualmente lo hacía, claro, exceptuando los fines de semana. Este miércoles pintaba para ser decisivo para mí, como si yo mismo presintiera que hoy fuera a hacer algo que fuera a cambiar mi triste y efímera vida, hasta ahora. Sentí un frio sobre las pantorrillas, que era la parte que no me protegía la bata de baño color caqui, que estaba un poco desgastada por el tiempo, y ahora húmeda porque nunca eh acostumbrado a usar toalla hasta llegar a la habitación y secarme la humedad con ella, antes de vestirme con la ropa. No acostumbraba estar nunca a la moda, a menos que algo me gustara demasiado. Hoy me puse un pantalón de mezclilla con un tono un poco gris, y una camisa de franela blanca con detalles de colores oscuros. Esperaba que no fuera a hacer mucho frío afuera, en cuanto saliera de la casa. Desayune rápidamente de nuevo un tazón de cereal, quería salir pronto de mi casa por alguna extraña razón. Me apresure en cepillarme los dientes, cuidando que el


dentífrico no fuera a traicionarme y embarrarme la ropa, como en anteriores ocasiones me ha sucedido. Salí de la casa tan rápido como me lo había propuesto, comencé a caminar por las calles que circula el bus escolar para tomarlo puntual en el momento en que pasara. Por lo mientras tenía un momento para pensar, ¿Qué haría hoy? ¿Buscar a Pamela? O quizá, ¿enfrentarme a Isaac? Tenía ambas dudas, mientras intentaba formular las respectivas respuestas lo único que obtuve fue percatarme de cómo casi se me pasaba el bus, que tuve que seguirlo corriendo porque se dirigía hacia su parada habitual. Al subir de me hizo gracioso lo acontecido, fue como un especie de

deja vu, no porque anteriormente me hubiera sucedido o hubiera sabido que pasaría, si no que me recordó a la escena inicial de la primer trilogía de las películas de Spiderman. Incluso dentro del bus era algo similar, no porque alguien me evitara sentarme, si no porque nadie quería ser el que tuviera que ir sentado a mi lado, algunas veces se cambiaban de asiento en cuanto yo tomaba el que estaba a su lado, era muy cruel. Me senté junto a una ventana, y el puesto de alado estaba vacío, ahí coloque mi mochila porque sabía que nadie querría irse junto a mí. Unas cuadras más adelante el bus volvió a detenerse en otra de las paradas habituales, no preste atención para mirar quienes eran quienes subían al bus, y me coloque los audífonos del reproductor y escuche una versión de 9 minutos de la novena sinfonía de

Beethoven. Vaya títulos para escuchar en el bus escolar, ¿no? Entonces escuche un murmullo cercano, levante la mirada a la chica que estaba parada en el pasillo del bus. Era Pamela. – Disculpa ¿Puedo tomar este asiento? – Me repetía al quitarme los audífonos de los oídos. Quede asombrado. Quite la mochila de su lugar, y le sonreí tímidamente y después, baje la mirada al piso y espere no sonrojarme. Deseaba hacerle algún tipo de plática, pero no se me ocurría nada. En internet era sencillo conversar con ella, ¿Por qué ahora no? No sabía cuál era la manera idónea de romper el hielo.


– Me gustan tus rizos – Le dije en un murmullo. No quería hacerlo, o no conscientemente. Fue como si hubiera pensado con los labios. Ella quedo atónita. Entonces no tuve otro remedio que continuar. – Debe ser muy laboriosos cuidar demasiado tu cabello. Usualmente es todo un desdén el mantener el cabello tan lindo… mmm… Además de que supongo que debes tener determinado tratamiento en el… No sabía lo que decía. Me puse nervioso, comencé a vacilar. Ella sonrió. – No. En realidad así es mi cabello. Creo que es una pérdida de tiempo arreglarlo tanto. Digo, tampoco es bien visto salir con los cabellos por ningún lado a la calle – bromeó – Gracias por el comentario. No me había dado cuenta, hasta este momento, que usaba frenillos. Aun así, su sonrisa era hermosa. Resplandecía en todo el bus, como si los rayos de sol que chocaban contra su rostro, salieran de el mismo. Sentí tantas ganas de acariciarle la mejilla, su cutis parecía ser tan suave como piel de bebe, que tuve que controlarme mentalmente. Sus ojos brillaban cuando me dedico la sonrisa, no sabía si aquello tenía algún significado, solo sabía que aquella hermosa mirada se dirigía hacia a mí en aquel momento y que esperaba una respuesta de mi parte. Le sonreí y comencé a hablar. – Creo que… pensamos algo similar – Sonreí hacia el suelo y hable entre pausas – solo que… ¿quieres decirme que tu cabello es natural? Digo… No es que parezca que lo tiñas… Es solo que no es muy común una castaña natural por aquí. –Vacilé. Frunció primero el ceño y después me miro alegremente. – Te sorprenderé nuevamente. Mi cabello es completamente natural – hizo énfasis en la palabra y me guiño el ojo con una sonrisa, continuó – ¿quieres que también te cuente acerca de mis ojos? Lo dijo como si hubiera sido capaz de haberme leído la mente hace unos momentos. Entonces comenzó a reír, y yo la imite. Estaba a punto de comenzar a hablar cuando nos dimos cuenta que los demás estaban bajando del bus. Ya habíamos llegado. Miré hacia la puerta y fruncí el ceño en modo de disgusto.


– Supongo que debemos bajar – comenté – pero ha sido un placer para mi conocerte. Esboce una sonrisa. – Supongo que tienes razón – tomo mi mano, se levanto y a mí con ella. Se giro para decirme – pero te equivocas en lo otro. Tú ya me conocías, ¿recuerdas? ¿Lo decía por las veces que hablamos mediante internet? No estaba seguro, por lo cual solo le dedique una sonrisa. Pero estaba aun más confundido porque aun no soltaba mi mano. Entonces entrelazo nuestros dedos y comenzó a caminar. No sabía que era, pero estaba seguro que esto significaba algo. Recordé las heridas que me había provocado, y me sobresalte, ella pareció ignorarlo, y yo agradecí el haber usado una camisa de manga larga. Caminamos directo hacia su casillero. Ella fue del número limitado de suertudos que lograron obtener un casillero, yo era de los desafortunados que cargaba sus cosas diariamente de ida y vuelta. En parte era porque cuando se hizo el sorteo para los casilleros de este semestre, yo estaba todavía en mi antigua escuela. Ágilmente abrió ella su casillero y estaba dentro un libro que se me hizo demasiado familiar era… – 1000 razones para (no) enamorarse – suspire – así que a ti también te gustan las novelas juveniles, ¿o me equivoco? Sonreí de oreja a oreja. Ella se sonrojo un poco, y después me dijo, algo apenada: – Vi que tu lo llevabas en tu mano aquel otro día – hizo un mohín – lo investigue y lo compre… es muy interesante. – ¿Quieres decir que tengo a alguien acechándome? Ella sonrió. Presiono mi nariz y dijo alegremente. – ¡Ups! Me descubriste. Beso mi mejilla y comenzamos a caminar hacia nuestros salones, tomados de la mano. No me había percatado que en ningún momento nos habíamos soltado. Me alegro el hecho de que nuestros salones estuvieran juntos, así podría verla un poco al finalizar la clase.


Entro ella primero en su salón. – Espero verte pronto – me dedico una sonrisa y me guiño el ojo nuevamente. No supe cuando comencé a amar que hiciera eso, y le devolví la sonrisa. Al llegar al salón fue algo sorprendente que todo este, estuviera lleno de alumnos gritando, casi coordinadamente. – ¡Bienvenido Flavio! Me quede atónito. Pensé por un segundo, que mi reacción fue similar a la de Pamela. ¿Era a caso una cadena? Isaac sobresalió del tumulto de personas y se adelanto ante ellas para venir directamente hacia a mí. Lo observe cautelosamente. ¿A caso todos se habían unido a él para hacer una broma?, ¿Pamela era parte de ella? No estaba seguro de nada, solo de que esto era algo nuevo para mí. Sin embargo, el me abrazo y me dijo en voz lo suficientemente alta para que todos los presentes escucharan. – ¿Recuerdas nuestra raquítica conversación del día de ayer? –“Raquítica” me repetí para mis adentros, no es que no hubiera escuchado, o al menos leído antes aquella palabra, es solo que me sorprendía que usara ese lenguaje. De nuevo, el había continuado hablando mientras yo me distraía en mi mente – y entonces junte a nuestros compañeros de este salón, y algunos de otros salones para darte esta bienvenida tardía… lo sentimos por eso – hizo un mohín. Prosiguió – De ahora en adelante me eh comprometido por hacer un cambio de vida, y dejar de ser el abusador que era antes. Por ello es que quería comenzar con este nuevo cambio, haciendo algo bueno por alguien nuevo en la escuela, ¿o semi nuevo seria la palabra indicada? Como sea, espero te sientas como en casa en esta nueva escuela, aunque sea durante estas últimas semanas del semestre escolar. Te presentaré a los que asistieron a esta bienvenida… Comenzó a hacerlo, mientras miraba el letrero con una caricatura, que parecía ser yo, en el pizarrón de la clase. El nombre que más capto mi atención, fue el de Dylan. Había recordado la broma que le había hecho Isaac hace tan solo 3 meses atrás,


pero este se miraba alegre y sonriente, con sus audífonos de DJ con colores fosforescentes encajados a su cuello y con su sonrisa similar a la de un infante. Al iniciar la clase, Isaac se sentó en el pupitre que estaba a mi izquierda, algo dañado con el tiempo, y muy rayado en donde el apoyaba su cuaderno de clases. Al parecer, el habría de ser mi primer, y creo que mi… mejor amigo en la escuela. No era tan malo después de todo, me agradaba la idea. Ahora no esperaba a que sonara la campana, en todo el día no había mirado las manecillas del reloj que estaba exactamente en el centro de la pared del frente, por encima del pizarrón. Creo que me a partir de ahora mis clases serian aparentemente mucho más dinámicas. Aunque en el fondo, quería que llegara la hora del receso. Porque quería estar de nuevo junto con Pamela.

En mi clase de francés vimos una película, por lo cual se me paso velozmente la clase. Cuando sonó timbre de la campana, quería que se atrasara un poco, en verdad deseaba ver el final de esta película. Mi consuelo fue que estaría con Pamela. Al salir del salón de clases, iba caminando sonriente y mirando al frente. Alguien me llego por la espalda, cubrió mis ojos. No sabía quién era, por lo cual hice la pregunta más obvia esperada. – ¿Quién eres? – Pregunte confundido. – La chica de tus sueños. Sonreí. Tome suavemente las manos que estaban en mis ojos y las baje lentamente. Me gire para ver a Pamela, entonces ella se apresuro para abrazarme. No estoy seguro del tiempo promedio de un abrazo, pero este se me hizo demasiado largo. Me gustó. Sentí un cuerpo cálido frente a mí, una suavidad, una especie de “amor”. Alegría. Me sentí perdido mientras me abrazaba, porque la verdad no sabía lo que sentía. Como si te olvidaras de todo y entonces todo tu mundo girara alrededor de ti, y esa


persona que está contigo. Y al mirarla, al ver su sonrisa… todo tu mundo cayera a sus pies, y ahora no estuvieras conectado con la tierra, si no con ella. Como si la gravedad te atrajera a esa persona y tú no pudieras hacer alguna otra cosa más que… disfrutarlo. Fue ese entonces, el primer abrazo desde que tengo memoria, que me da alguien que no sea algún adulto y además… el más largo. Nos dirigimos hacia el pequeño jardín del comedor conversando, y mirando a los demás alumnos que mientras pasaban cerca, nos saludaban con un gesto, o incluso se acercaban hasta nosotros y nos saludaban con juegos de manos, que me parecieron cómicos. Ella me estaba contando algo que hizo anoche, justo cuando el timbre volvió a hacer sonar su timbre. – Como no hay muchas estrellas fugaces en el cielo nocturno... – Hizo una pausa – Vi pasar a un avión con luces rojas y azules y le pedí a el un deseo. Me sonrió. – ¿Qué le pediste? – Inquirí. – Que me sucediera lo que le sucedió a Sanny al final del libro. Me volvió a dedicar una sonrisa, la cual le devolví porque sabía perfectamente a que se refería. Sanny se enamorada al final del libro, ese era el final sorpresivo. Estaba a punto de articular una palabra, cuando ella cubrió con su dedo, mi boca, en señal de silencio y me dio un beso en los labios. No comprendí el significado, fue tan rápido. Ella se levanto rápida, pero elegantemente y me indico que deberíamos ir a clases. Nos encaminamos a nuestros salones, yo con un ademan dudoso en el rostro y entonces antes de llegar a nuestro destino, tomo mi mano y me dijo que hablaríamos respecto a ello al finalizar la última clase. Es como si de nuevo leyera mi mente. ¿A caso era psíquica? Afortunadamente, el hablar con Isaac por un lado, y Dylan - mi nuevo amigo- por el otro, hizo que se me pasara rapidísimo el tiempo y fue como si en un abrir y cerrar


de ojos hubiera finalizado la clase. ¡Vaya! Primero al dormir, y ahora en clases. El tiempo parecía estar jugando conmigo. Al salir no encontré a Pamela en ningún lado. ¿Se había ido? Estaba por llegar al bus, cuando ella llego corriendo hacia a mí, me dio una hoja que tenía en la mano, algo arrugada por cierto, supongo que se maltrato mientras corría. – Disculpa la demora – dijo algo agitada por la carrera – te estaba haciendo esta carta… ¡Fui de las ultimas en salir de la escuela! Es raro reconocerla sin alumnos, no es lo mismo ¡eh! – esbozo una sonrisa. – Deberías abrir tu carta. La abrí. En un instante, sonreí. – ¡Sí! Conteste con entusiasmo a la pregunta que estaba escrita en la hoja maltratada de libreta. – ¡Somos novios ahora! Ambos nos sonreímos. Aunque realmente yo no sabía lo que era estar en una relación. No sabía qué hacer, pero todo sería espontaneo. Entonces ella dio el primer paso al… besarme… No sabía que movimientos hacer. Moví torpemente mis labios entorno a los suyos, aunque lo disfrutaba. Ella sonreía cada que me equivocaba. Durante el camino fuimos coordinándonos más. Ahora si parecía como si fuera un beso de película, rodeado de todo el desdén de los estudiantes en el bus, pero dos jóvenes incipientes en el amor olvidándose de todo. Recordé mi descripción de su abrazo, fue algo similar, porque no quería que nunca acabara. No sabía que estábamos en la parada más cerca a mi hogar, hasta que el chofer me lo indico con un chiflido seguido de un grito. Me apresure al bajar y me despedí rápidamente de Pamela diciendo que la veré mañana. Al ver como el bus se iba alejando poco a poco a través de la calle tan vacía, Pamela se iba despidiendo por la ventana. Supongo que estaba algo cansado, porque bostezaba un poco. Al llegar a mi casa había pizza de pepperoni en la mesa, o eso fue lo que asimile, puesto que a Beth es la que más le gusta. Encendí el horno de microondas, prepare mi plato para colocarle la rebanada de pizza, era redondo y con un adorno de Star Wars, no


recordaba cuanto tiempo teníamos con él, pero era de la primer película. Al abrir la caja de la pizza había una nota de Beth que decía “Te engañe! La pizza esta en el refrigerador jajajaja”. Puse los ojos en blanco y me dirigí al refrigerador. Había un pastel de feliz cumpleaños. Intente hacer memoria. Se supone que Leonardo cumplió años el mes pasado Beth en enero, entonces… ¡oh! Olvide por completo que hoy era mi cumpleaños. Pero estaba algo cansado como para agradecerles a Beth y a Leonardo - que se había tomado el día libre -, el detalle por cumpleaños. Saque una rebanada de pizza y decidí comerla tibia, no estaba tan fría, parecía que apenas hace unos instantes la acabaran de meter al refrigerador. Le di algunas mordidas pequeñas, al parecer lo que sentía en el estomago no era hambre. Por alguna razón sentía como si cosas se movieran dentro de el, como cosquillas. Me fui a acostar esperando que se me pasara, entonces decidí mejor relajarme y tomar una siesta.

Hacía mucho tiempo no tomaba una siesta en la tarde, no sé cuantas horas debí haber dormido, pero sí que fueron bastantes, el sol ya está en el crepúsculo. Por alguna extraña razón ya no estaba el plato tendido sobre la cama, y tenía puesta mi pijama… ¡Demonios! Mis padres se darán cuenta de las cortadas, que por cierto me duelen un poco. Decidí ir a ver qué tan delicioso estaba el pastel que me habían comprado Leonardo y Beth, pero antes fui a hacer mis necesidades al hidrante, como todas las mañanas lo hago, solo que ahora de noche. El pastel no estaba en el refrigerador, ni se veían restos de pizza ni su caja cerca. Beth aun dormía en su habitación y el cielo parecía iluminarse lentamente cada segundo que transcurría. Todo estaba tan tranquilo, en especial por la reacción de Beth, si las cortadas no me mataran, ella sí si las viera. ¿Qué estará pasando? Revise la hora, quería saber que tan tarde era. Entonces antes de llegar al celular sonó la alarma. No recuerdo haberla configurado, la configuro cada noche antes de dormir y lo único que hice fue tomarme una siesta… Revise apresuradamente la fecha que marcaba el celular. Comencé a hacer cuentas en voz alta.


– Dieciséis. Diecisiete. Dieciochoooo… ¡No puede ser! Aún no había encarado a Isaac. No había hablado con Pamela. No conocía todavía a Dylan ni a ninguno de mis compañeros. Nada había pasado en realidad, seguía siendo el mismo niño patético, sin amigos, sin conocidos, sin vida, sin esperanzas… Mi vida con la que siempre soñé se convirtió solo en un sueño.


Giro del destino  
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