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qwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwertyui opasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfgh jklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvb nmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwer Título del escrito: Confesiones de un Ladrón tyuiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopas Tipo de escrito: Novela romántica Nombre: Montserrat García dfghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzx Nacionalidad: Española Publicado en: LeerLibrosOnline.es cvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnmq wertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuio pasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghj klzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbn mqwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwerty uiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasdf ghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzxc vbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnmrty uiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasdf ghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzxc


Confesiones de un Ladr贸n


Confesiones de un ladr贸n

Por Montserrat Garc铆a

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Confesiones de un ladrón

Confesiones de un ladrón Dedicado a Mª Jesús Martín Por el ánimo y confianza que ha depositado en esta novela y la ilusión que me trasmitía al escribirla. Gracias por tu apoyo incondicional.

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Confesiones de un ladr贸n

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Confesiones de un ladrón

Capítulo I El Robo

¿Alguien sabe cómo deben empezar las historias de amor? Con todo el mundo que hablo coinciden en lo mismo. Surgen con una mirada, un deseo, un acercamiento, una atracción física, es lo típico, aunque mi historia no es nada usual. Todo comenzó después de mis vacaciones de Semana Santa.

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Confesiones de un ladrón Deseosa e ilusionada por comenzar a disfrutar esas esperadas y merecidas vacaciones de Semana Santa, nos marchamos a Marbella donde mis padres tenían un pequeño chalet. A ellos les encantaba el lugar, y a mí, como a mis hermanas, no nos disgustaba hasta el momento, aunque este año no pudimos contar con la presencia de Noelia, mi hermana mayor. Debía quedarse en Madrid a estudiar al haber suspendido una asignatura. Por el contrario, a mí este año me apetecía más que nunca ir. Los días cercanos a mi marcha, antes de dormir, me gustaba imaginar cómo disfrutaría de esos maravillosos días que me esperaban por delante. Cerraba los ojos e imaginaba como me sentiría al tumbarme en la fina y brillante arena de la playa, sentir en mi piel el calor débil de los primeros rayos de sol, cerrar los ojos y deleitarme únicamente con el murmullo relajante de las olas, respirar la brisa salina y densa del mar. Me reconfortaba pensar que durante esos escasos siete días, desconectaría de mi mundo rutinario. No pensaría en nada. Descansaría de la incesante insistencia de mi ex novio por reconciliarnos y olvidaría las tortuosas clases de la facultad. Mi ex se llamaba Jorge. Salí con él durante ocho meses. Decidí romper la relación al darme cuenta que mis sentimientos respecto a él habían cambiado. Le veía como un amigo. Al menos eso esperaba yo, que fuésemos buenos amigos. Él no se tomó nuestra ruptura de un modo civilizado y últimamente su comportamiento rondaba el acoso. Sus incesantes llamadas, sus visitas inesperadas, su insistencia en reconciliarnos, su manipulación para hacerme sentir culpable por haber roto la relación, despertaban en mí miedo y desconfianza. Su forma de humillarse resultaba deprimente e incluso había empezado a preocuparme tanta insistencia por su parte. Decidí invitar a mi mejor amiga Berta, a disfrutar conmigo de las vacaciones al no soportar la simple idea de estar a solas con mi hermana pequeña. Era una pesada y me sacaba de mis casillas, siempre terminábamos discutiendo y yo castigada por su culpa. Registraba todas mis cosas, se ponía mi ropa aunque la quedaba ridícula, leía a escondidas mis correos electrónicos, colgaba fotos mías en mi Facebook. En fin, una hermana pequeña, insoportable, pesada y pegajosa. Los días que pasé en Marbella, los disfruté como había imaginado. Me pude relajar y tomar el sol, aunque el tiempo no nos acompañó, dejándonos algunos chubascos esporádicos. Por lo demás, no estuvo mal. Me olvidé de Jorge, de la facultad y del resto de problemas. Pero como todas las cosas buenas pasan rápido y tuvimos que regresar. Según entrábamos en la urbanización donde vivía, después de dejar a Berta en su casa, nos llevamos una gran sorpresa cuando mi padre abrió la puerta de la calle, fue a desconectar la alarma y se dio cuenta que no estaba conectada.

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Confesiones de un ladrón Nadie dio importancia por estar la alarma desconectada, mi hermana mayor era el despiste personificado. Mi padre únicamente se limitó a mascullar entre dientes. _Esta chica es una descuidada, la he repetido cientos de veces que cuando salga de casa siempre deje conectada la alarma_. Hecho que me hizo pensar que los días tranquilos se habían esfumada y volvíamos a la triste realidad. Decidí ignorar las quejas de mi padre por tener una hija mayor tan despistada. Si le escuchaba, la paz y la relajación que había logrado alcanzar durante mis vacaciones se esfumarían como el humo. Entré en casa cargada con parte del equipaje dirección a un pequeño cuarto de estar que apenas usábamos, salvo para dejar los trastos. Cuando pasé por el salón, percibí una extraña sensación. Miré a mí alrededor y todo estaba prácticamente igual que al marcharnos, salvo por tres detalles vitales que indujeron a poner mi cuerpo en tensión. Dos cajones del mueble del salón abiertos y revueltos como si hubiese pasado por ellos un tornado, una figura carísima de porcelana rota en el suelo, y el tercer detalle y más importante, la fotografía de mi abuela sin su marco de plata. Ningún miembro de mi familia habría sacado jamás la fotografía de su marco. _ ¡Nos han robado!_ exclamó alertado mi padre. Me sobrecogí al escuchar por sorpresa el estruendo sonido de las maletas caer al suelo cuando mi padre las soltó, acto seguido, corrió desesperado hacía su despacho perseguido por mi madre. Incrédula por el comentario que acababa de escuchar y esperanzada porque todo fuese una equivocación de él, entré en su despacho viendo las consecuencias del robo. La puerta de la caja fuerte abierta de par en par y algunos documentos esparcidos por el suelo. _ ¡Dios mío, se han llevado todas las joyas!_ exclamó mi madre horrorizada llevándose las manos a la cara. Contemplé como mi padre abstraído, no prestaba atención alguna al comentario de mi madre, permanecía absorto en comprobar si estaban los documentos que guardaba en el interior de la caja y escuché como esbozaba un imperceptible suspiro de alivio. _ ¡Y el dinero!_ añadió segundos más tarde. En ese preciso instante sentí el corazón latir a mil por hora al ser consciente que todo era realidad, una maldita realidad y realmente habían robado. Mientras observaba a mis padres desde la puerta, tuve un presentimiento “mi colgante” corrí desesperada y ciega por llegar de inmediato a mi cuarto. Subí las escaleras con pasos gigantescos, escuchando únicamente el sonido que provocaban mis manoletinas al golpearse bruscamente contra los escalones de mármol de la escalera. Me sentí angustiada al presentir que yo también sería una víctima del robo. Pude notar como mis ojos se aguaban por las lágrimas al imaginar que habría desaparecido el colgante que me había regalado mi abuela por mi cumpleaños antes de morir. Nunca me lo ponía por miedo a perderlo y si ahora había desaparecido, no me lo perdonaría. Entré en mi dormitorio bruscamente, esperando encontrar los cajones de mi cómoda abiertos, el joyero desvalijado y seguramente el libro en el que

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Confesiones de un ladrón Guardaba el dinero tirado en el suelo, pero para mi sorpresa, el cuarto permanecía en perfecta armonía. No observé a primera vista ningún indicio extraño, todo estaba en perfecto estado, igual que lo había dejado antes de marcharme. Me dirigí hacía el joyero rápidamente temiendo lo peor. Abrí sus diminutos cajones comprobando que no me faltaba ni el más minúsculo pendiente. Todo estaba, pulseras, anillos, pendientes, colgantes, y lo único que tenía un valor incalculable para mí, el colgante de mi abuela. Lo agarré fuertemente entre mis manos, dando gracias a Dios por tenerlo, cuando escuché desde el otro lado del pasillo, procedente del cuarto de mi hermana, el llanto incontrolado de Soraya. _Me han quitado mis cosas_ balbuceó con un llanto que apenas hacía entendible sus palabras. _ ¿Qué os falta?_ preguntó mi padre entrando en mi dormitorio. _A mi nada, lo tengo todo, no han tocado nada, pero…_no pude terminar la frase al contemplar el pequeño rostro de Soraya enrojecido por el sofoco cuando se asomó en mi cuarto. Al parecer ella no había tenido tanta suerte como yo. _Papá… quiero que me devuelvan mis pulseras_ exclamó enrabietada. Mi padre se arrodilló junto a mi hermana, extendió sus brazos rodeando con ellos su cuerpecillo flacucho, un intento fallido por sofocar su llanto. _No te preocupes hija, te compraremos más_ susurró dulcemente intentando consolar a mi pobre hermana. _ ¡No!_ exclamó. _Yo quiero ésas, no quiero otras…_ explicó sumida en su rabia y enfado. Después de consolar a Soraya, mi padre regresó de nuevo a su despacho haciendo dos llamadas. La primera a la policía para denunciar el robo y la segunda a mi hermana mayor exigiéndola que regresase a casa de inmediato. Noelia tardó menos de cinco minutos en traspasar el lumbral de casa acompañada por su inseparable novio. _ ¿Qué ha ocurrido papá?_ preguntó mi hermana cuando entró en el comedor, encontrándonos a mi padre y a mí, sentados esperando la llegada de la policía. Observé el rostro desencajado de Noelia, que apenas podía articular palabra. Estaba tenso, pálido, sus ojos abiertos como platos, mientras preguntaba inquieta que había sucedido. Era incapaz de encontrar el lugar idóneo para posar sus manos. _ ¿Dónde has estado estos días, no dijiste qué te quedabas a estudiar?_ preguntó mi padre percibiendo enfado en su tono. _Sí, pero me fui a casa de Alberto, su madre me pidió que fuese, no la parecía bien que me quedase aquí sola_ explicó angustiada mientras miraba a su novio esperando que él apoyase su respuesta. Mi padre hizo un gesto de aprobación después de unos minutos de reflexión. _Sí, es mejor que no estuvieses, te podría haber sucedido algo_ alegó. Mi hermana nada más recibir de mi padre la noticia del robo, subió a su cuarto corriendo, y yo fui tras ella. Entró en el dormitorio dirigiéndose directa a su armario del que sacó su joyero. De su boca salieron insultos y maldiciones, cosa

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Confesiones de un ladrón poco común en ella, ya que tenía un vocabulario muy selecto y nunca la escuchabas decir una palabra mal sonante, salvo cuando se rompía una uña. _ ¿Guardaste el joyero dentro del armario?_ pregunté con sorpresa. _Siempre lo hago cuando nos marchamos_ me respondió. Después de descubrir lo precavida que era mi hermana y que también había sido víctima del robo, la dejé con su desesperación y bajé a ver a mi padre, encontrándole de nuevo en su despacho hojeando detenidamente sus expedientes. _ ¿Se han llevado mucho?_ murmuré con tristeza. _Si hija, se han llevado un buen botín_ confesó cabizbajo sin apartar la vista de aquellos papeles. Mientras observaba su imagen, tuve el presentimiento que aquellos documentos debían ser muy importantes para él, por su insistencia en examinarlos una y otra vez. _Pero tenemos seguro, ¡no! _ Sí, está todo asegurado, no tienes de qué preocuparte. Su respuesta me tranquilizó, pero un pensamiento pasó fugazmente por mi mente ¿Por qué no han robado en mi cuarto?, habían desvalijado todos los dormitorios de la casa, salvo el mío, ¿Por qué? no lograba entenderlo. Fuese como fuesen los motivos por los que aquellos mal nacidos no robaron, di gracias a Dios. Contemplando a mi madre sentada en el salón, triste y desesperada por su perdida, me sentí mal, furiosa y llena de rabia. Habían violado nuestra intimidad. Gente extraña había estado en mi casa, en nuestros dormitorios, habían tocado todas nuestras cosas. Todo el trabajo de mi madre había desaparecido. No era justo, que aquellos mal nacidos se apropiasen del trabajo y esfuerzo que tanto había costado a mi familia. Mi madre, quizás por dar sentido a su vida o por aburrimiento, había creado una empresa junto con su mejor amiga y diseñaban joyas. Ahora todo ese trabajo se había esfumado. Llamaron a la puerta. Fui abrir, cuando vi a varios policías uniformados. Les dejé que pasaran y al momento llegó mi padre. _Buenas tardes. _Buenas tardes_ respondieron los agentes. _Hemos recibido una llamada denunciando un robo en esta dirección, ¿es así? _Sí, acabamos de regresar de vacaciones y nos hemos encontrado la casa desvalijada_ explicó mi padre. _Últimamente estamos teniendo muchos robos por esta zona. Por desgracia… no tenemos ninguna sospecha de quienes pueden ser los autores. _Una vez que tengan la relación total de los objetos sustraídos, así como del valor de los mismos y los daños causados en la vivienda, deben pasarse por comisaría para interponer la denuncia_ comentó otro de los policías participando en la conversación. 8


Confesiones de un ladrón _Tenemos una ligera idea, pero no estamos seguros, aún tenemos que examinar todo con mayor detenimiento_ respondió mi padre. _No se preocupen, tienen tres meses para poder poner la denuncia, de todos modos, es conveniente que se pongan en contacto con su aseguradora. _Sí, mañana a primera hora llamaré y que me informen. _Pues con su permiso, si es tan amable de acompañarnos, vamos a proceder hacer la inspección ocular. _Adelante están en su casa_ respondió mi padre dejando el paso libre a los agentes. Después de presenciar la conversación mantenida entre mi padre y aquellos guapos policías y, aún conmocionada por el terrible suceso, subí a mi cuarto con intención de llamar a Berta, necesitaba contarla lo ocurrido en mi casa. Acababa de descolgar el teléfono cuando la puerta de mi dormitorio se abrió, entrando Soraya con cara de pocos amigos. _ ¿Y a ti por qué no te han robado?_ preguntó malhumorada. _Pues no sé… supongo que no les dio tiempo_ respondí titubeante sin saber muy bien que contestar a esa pregunta, ya que también me lo había preguntado y no encontré una explicación mejor. _Esté es el primer cuarto del pasillo, lo lógico es que hubiesen entrado aquí primero_ insinúo con su vocecilla crispante. _Y yo que sé enana, sal y déjame en paz_ dije. Me quedé perpleja por su audaz perspicacia, ¡por Dios! tenía a Sherlock Holmes por hermana. _No me parece justo que a ti no te hayan robado nada_ añadió enfadada. La miré furiosa por lo que acababa de escuchar. Estaba completamente desconcertada al ver hasta dónde podía llegar su egoísmo. _Pues te jodes, enana_ la di un empujón sacándola del dormitorio, cerrando la puerta de un portazo. Últimamente cuando observaba a Soraya, pensaba que la habíamos malcriado y consentido demasiado. Era la pequeña de las tres hermanas, como se suele decir había llegado de rebote aunque mis padres la llamaban su pequeño milagro, ya que llevaban más de siete años intentando tener otro hijo sin lograrlo. Soraya contaba solamente con ocho años, pero se estaba convirtiendo en una niña egoísta, malcriada y caprichosa.

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Capítulo II El regreso de las vacaciones El lunes quise morir al escuchar el maldito y estridente sonido del despertador. El hecho de volver a la rutina diaria me provocó un pensamiento funesto nada más abrir los ojos “que horror, tengo que volver a la facultad”. Pero era una obligación que debía cumplir sí o sí. Berta pasó a recogerme como cada mañana desde mi retirada del carnet de conducir por mis padres. Durante el corto trayecto hasta llegar a la facultad, la conté los últimos detalles del robo sufrido. Mi padre me confesó que en la caja fuerte había más de 30.000 € en metálico, más todas las joyas del trabajo de mi madre por un valor superior a 40.000€. Aquellos malditos ladrones se habían llevado un buen botín. Después de despedirnos en la puerta de la facultad, ya que íbamos a clases distintas, me reuní con mis compañeras de clase hasta el momento en que abriesen el aula. Me encontraba situada en un lateral del pasillo, riendo por los comentarios irónicos y de mal gusto de Sara, una compañera, cuando Jorge apareció de repente, volviendo a insistir en hablar conmigo como de costumbre. _Ruth, quiero hablar contigo. _ ¡De qué…! Tú y yo no tenemos nada de qué hablar_ respondí sin molestarme en mirar su cara. _Escúchame_ respondió suplicando. Retrocedí un paso atrás, situándome frente a él. _ ¡Dime!_ exclamé con cara de pocos amigos. _Te prometo que está vez va a ser distinto, haré lo que tú quieras, iremos donde tú quieras, con quien tú quieras, me haré el mejor amigo del estúpido novio de tu amiga, pero vuelve conmigo_ _No soporto que hayamos roto_ quedé confusa al escuchar su último comentario. Tentada a rectificar y decir “Perdona pero quien rompió fui yo” decidí obviar ese detalle, ya que daría lugar a una pequeña conversación para aclarar quien había dejado la relación y no estaba dispuesta a sostener esta charla por más tiempo. _Jorge, otra vez con lo mismo, te he repetido hasta la saciedad que no quiero volver a salir contigo_ _Amigos lo que tú quieras, pero nada más. _ ¿Tan desagradable te resulto salir conmigo?_ preguntó molesto. _No, no es eso_ respondí suspirando. Creí necesario no ser todo lo sincera que hubiese deseado. No quería crear ningún tipo de tensión entre ambos y no echar más leña al fuego. _ ¡Entonces… no entiendo que no quieras salir conmigo! _Es qué no tienes que entender nada, no quiero y punto_ dije de forma tajante. Di por zanjada la conversación marchándome malhumorada a clase. Mi paz y relajación se habían esfumado en tan sólo cinco minutos de conversación con Jorge. Estaba molesta con él. ¡Es qué no se enteraba! ¡Cómo se lo tenía que decir! Había intentado ser diplomática y tener tacto a la hora de hablar con él, no quería causarle ningún sufrimiento por la gran amistad que existía entre 10


Confesiones de un ladrón nuestras familias, pero no me estaba dejando más opciones que decirle de un modo directo y sin rodeos, que no le soportaba, que haber salido con él había sido el mayor error de mi vida y que por mucho que me suplicará jamás saldría con él. El resto de la mañana transcurrió con total normalidad, como todos los días desde que había empezado la facultad. Esperando la llegada de mi hermana para regresar a casa, decidí esperarla sentada en los escalones de piedra de la entrada de la facultad, aprovechando así el tiempo para repasar los últimos apuntes cogidos. Mientras memorizaba algunos artículos importantes del Código Civil, cerré parcialmente el libro, elevé la vista repasando mentalmente los artículos, cuando observé la silueta de un joven aproximarse distinguiendo que era Jorge. Según caminaba, pude percibir que su paso era brusco y tosco, su rostro tenso reflejaba enfadado. Nada más llegar, sin saludar, y sin dejar que pudiese decir una sola palabra, preguntó irritado. _ ¿Tú con quién coño has hablado de mí? _A que te refieres, no entiendo_ respondí confusa al no saber de qué me estaba hablando. _No te hagas la tonta, lo sabes muy bien. _ ¡Te juro que no sé de qué me estás hablando!_ exclamé intentando tranquilizarle. _ ¡A tu amiguito! al has mandado para amenazarme_ insinuó con voz arrogante. _ ¿De qué hablas?_ _ ¿Quién te ha amenazado?_ pregunté confusa intentando encontrar una lógica a está descabellada conversación. _No te hagas la tonta Ruth, no me cabrees más de lo que estoy_ añadió furioso. _Te juro que no sé de qué me estás hablando, me lo quieres explicar de una vez_ sugerí asustada al ver en sus ojos pequeños destellos de rabia. _Esta mañana después de hablar contigo, se ha acercado a mí un chico con el pretexto de que tenía mal aparcado el coche, he salido al parking para retirarlo, pero he visto que estaba bien aparcado, él me ha seguido y ha sido cuando me ha amenazado. _ ¡Pero qué te ha dicho!_ exclamé intrigada. Estaba nerviosa, mis manos comenzaron a temblar y mi respiración también se vio agitada por las graves acusaciones de Jorge. _ ¡Tú lo sabrás! tú le has mandado. _Te repito que yo no sé nada de ninguna amenaza_ dije con cierto enfado. _Cuando le he recriminado que el coche no estaba mal aparcado ha dicho “claro que no, tú vas a ser quien este mal si no dejas de acosar a Ruth_ _Y a dicho tu nombre, te conoce_ _Dile a tu amiguito que la próxima vez que le vea le pienso partir la boca, a mí nadie me amenaza y menos un mierda como ese, ¡te queda claro!_ dijo con tono amenazador. Según observaba su rostro familiar, presentí que el chico que permanecía delante de mí era un completo desconocido. No pude hacer ningún alegato para mi defensa. Era obvio que Jorge no creía ni una sola palabra cuando le juré y perjuré que no tenía conocimiento de nada de 11


Confesiones de un ladrón lo que me estaba acusando. Mi boca enmudeció no pudiendo pronunciar una sola palabra. Volví a sentarme en los fríos escalones de piedra intentando recuperar el aliento después de tan desagradable conversación. Una vez que Jorge se marchó, un nombre llegó a mi mente “Berta”, ella era la única persona en el mundo que conocía el acoso que estaba sufriendo. Era la explicación más razonable que llegó a mi mente, probablemente lo hubiese comentado con alguna persona y el rumor se había propagado más rápido que la pólvora. Durante toda la tarde no pude quitarme de la cabeza la conversación tan desagradable que había mantenido con Jorge. Me inquietaba el hecho de ser el foco de los chismorreos de la facultad. Llamé a Berta con intención de aclarar el asunto, pero no pude localizarla. Por la noche, desesperada por hablar con ella y aclarar lo ocurrido, me conecté al Messenger y la relaté preocupada la charla tan desafortunada que había mantenido con Jorge. _Te juro por Dios, que no he comentado con nadie nada_ inquirió desesperada porque la creyera, y la creí. Berta podría tener muchos defectos, pero ni era cotilla ni mentirosa y no debía dudar de su palabra. _Esto no tiene sentido, si tú no lo has dicho ¿Quién ha sido? _ ¡Quizás sea todo imaginación de Jorge! es tan mentiroso y fantástico. _No créeme, alguien lo ha amenazado, estaba fuera de sus casillas_ _Si le hubieses visto te habrías asustado. _Puede que haya sido algún compañero de la facultad_ insinuó. _ ¿Pero quién?_ pregunté confundida. _No puedo decirte_ _Algún chico de tu clase. Su respuesta me dejó aún más confusa. Deseaba saber quién había sido el loco temerario que había tenido la valentía de plantar cara a Jorge por mí. _Puede que tengas algún admirador secreto_ añadió riendo. _Si claro…debe haber otra explicación_ _Alguien me ha debido de observar al discutir con Jorge y se ha dado cuenta. _Pues hasta que no lo sepamos con certeza, nos quedamos con la teoría del admirador secreto que es más romántica_ añadió riendo. _Jajaja pues se lo agradezco a mi admirador secreto_ añadí con ironía, dejando en mi rostro una leve sonrisa. _Bueno… cambiando de tema, no encuentro nada de Gilber Arnor en internet, me he pasado dos horas buscando y sólo he encontrado algo sobre su vida, pero es insuficiente para el trabajo. _Ya… yo tampoco he encontrado mucho, nos va a tocar ir a la biblioteca _ respondió. _Uf…pues no me apetece nada, odio tener que ir a la biblioteca _dije desanimada. _ ¡No queda otra, Rut!_ _ Hay que aprobar ese trabajo como sea. _ ¡Sí… pues tú me dirás como lo vamos aprobar, como no lo inventemos! _Mañana te veo y hablamos, voy a volver a entrar en internet pasa seguir buscando y voy a borrar los correos. _ ¿Cuántos te ha enviado hoy? _Cincuenta y siete, y ayer cuando llegué borré trescientos setenta. 12


Confesiones de un ladrón _ ¿Ese chico que ha hecho? ¿Se ha pasado toda la Semana Santa mandándote correítos? _Eso parece. _Ya se aburrirá ten paciencia. _Pero me asusta, Berta _ confesé con temor _Ya no puedo tener ni el móvil conectado, colapsa el buzón de voz. _ Deberías hablar con tus padres_ _No es justo que pases por todo esto tú sola. _De qué serviría. Ya sabes que lo intenté pero no me creyeron. _ ¡Pero tú insiste!_ exclamó. _No te preocupes, como tú bien has dicho ya se aburrirá_ _Te dejo_ dije con una leve sonrisa. _Ok. Cerré la video llamada y me dispuse a borrar los correos electrónicos de Jorge, cuando llamó mi atención uno de ellos, estaba escrito con grandes letras rojas destacando del resto, en él decía “Giber Arno famoso jurista” lo abrí con rapidez encontrando fotos y multitud de información sobre él, de su vida, su trabajo, y lo más importante, la destreza que había tenido para elaborar una definición universal sobre el Derecho. Miré el destinatario para saber quién lo había mandado pero no pude identificar su procedencia, lo único que ponía era “Espero que sea esto lo que necesitas” eran las únicas palabras que había y no me servían para averiguar quién era el autor del correo. ¿Quién lo habría mandado? ¿Por qué era anónimo? ¿Qué estaba ocurriendo? Es que acaso tenía un ángel de la guarda que me estaba facilitando la vida. Era todo muy extraño, primero la amenaza y ahora como por arte de magia llegaba hasta mi ordenador la información que necesitaba. No pude dejar de preguntarme si ambos hechos estaban relacionados o simplemente había sido una casualidad. ¿Podría ser que el autor de la amenaza también fuese el autor del correo? ¿Y cómo sabía esa persona que necesitaba tal información? ¿Acaso alguien me estaba vigilando? ¿Por qué esa persona se escondía entre las sombras, por qué no daba la cara? Me dije a mi misma que probablemente ambos hechos no guardarían relación, seguramente habría sido una curiosa casualidad y no debía pensar más en ello y eso hice. El resto de la semana Jorge no me volvió a molestar agradeciéndoselo a mi protector misterioso. Le estaba tan agradecida que deseaba que aquél chico se diese a conocer. Estando en clase miraba las caras de todos mis compañeros, pensando cuál de ellos podría haber sido el autor, esperando ver alguna señal, signo o gesto que hiciese reconocer aquél chico misterioso, pero no tuve éxito. Parecía ser, que el misterioso chico prefería quedarse en el anonimato. Pero los hechos cada vez parecían ser más extraños. Una tarde conversando con Berta comenté _Me apetece hacer un viaje o no sé… algo diferente, estoy tan aburrida de hacer siempre lo mismo_ Mi vida era últimamente un verdadero aburrimiento, con un ex novio hostigoso que no dejaba una y otra vez de suplicar que volviésemos y una carrera que no había escogido, me había sido

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Confesiones de un ladrón impuesta por mi padre, no me sentía precisamente la persona más feliz del mundo. Necesitaba un pequeño cambio en mi vida que me animase. Pensé que planear un viaje me vendría bien, haría que me evadiese por algún tiempo de la dura realidad. _Va a ver un concierto el próximo mes de J´S ¿Te apetece venir?_ comentó Berta intentando animarme, pero un concierto no era precisamente lo que necesitaba, necesitaba un viaje y contra más lejos mejor. _Iré, aunque me atrae más la idea del viaje. A los pocos días de mantener esta charla con Berta, llegó a mi casa una carta certificada. _Hija ¿has participado en un concurso de un viaje a New York?_ preguntó mi madre mientras sujetaba un papel en su mano. _No_ _ ¿Por qué?_ pregunté intrigada mientras caminaba en su dirección para ver la carta que sostenía. _Porque te ha tocado un viaje. _ ¿Cómo dices?_ dije alucinada. Cogí la carta de su mano y leí con detenimiento que había sido la afortunada ganadora en el sorteo de un viaje para dos personas con todos los gastos pagados a New York. Adjuntaban los billetes. Tenía un plazo de un año para poder canjearlos. Ese fue uno de los hechos extraños que me estaba pasando, tres días más tarde fui nuevamente la ganadora de dos entradas que sorteaban en una cadena de radio para el concierto de J´S. Cuatro días después dos grandes cestas llegaron a mi casa, una de productos de belleza y otra de alimentos. En una de mis charlas con Berta a través del Messenger la conté mi preocupación. _Esto es muy extraño_ comenté. _ ¿Por qué? Se llama suerte_ respondió animada. _Suerte sería si yo hubiese participado, pero no he mandado nada, ni he llamado a ninguna radio ¿Cómo es posible entonces que me haya tocado?_ pregunté confusa. _Da igual como haya sido, tú calladita, no digas ni una palabra a nadie, nosotras nos quedamos con las entradas del concierto_ dijo con tono amenazador, ya que los J´S eran su grupo favorito y estaba loca por ir. _Pero no me puedes negar que no sea raro, es como si alguien escuchase lo que necesito y me lo concediera. _No te has encontrado ninguna lámpara mágica o algo por el estilo, ¿Sabes que son tres deseos los que hay que pedir? _ repuso bromeando. _Entonces uno me ha sido concedido. _Te faltan dos, ¿Qué pedirías?_ repuso. _No se… _ respondí mientras dejaba mi mente imaginar y mecía mi cuerpo en la silla. Después de meditar respondí _Nada… porque lo que quiero es un imposible. _ ¿Qué es? _Encontrar a alguien especial. _Te faltaría otro deseo. 14


Confesiones de un ladrón _Ese te lo regalo_ _Me conformo sólo con ese_ dije riendo. _ ¿Podrías pedir que te tocase la primitiva?_ _Ya puestos a pedir_ dijo con guasa. _Qué boba. _A lo mejor es el karma que te está agasajando por todo el sufrimiento que has pasado. Esbocé una sonrisa tristona. _Disfruta de tu suerte, Ruth, ya verás que bien lo vamos a pasar en el concierto. Ahora la pregunta era ¿Con quién realizaría el viaje que había ganado? Si no tenía a nadie con quien compartirlo.

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Capítulo III El primer encuentro Serían alrededor de las nueve de la tarde cuando salí de casa acompañada por mi hermana. La pobre ejercía el papel de chofer con buen grado y ningún enfado. Debía estar a las diez de la noche en un concierto de los <Chispipers> eran un grupo punk y se esperaba que hubiese bastantes incidentes, como borrachos, desmayos, comas etílicos, lo normal en un sábado. La noche era bastante fría para estar a finales de abril. Me encontraba en la puerta del local junto con mi compañera descansando, apoyada sobre el borde de una valla amarillenta y envejecida, poniendo mi móvil en modo vibrador, ya que con la música no escucharía si me llamaban, cuando mi compañera me aviso de la llegada de Alberto. Él era uno de los supervisores jefes y llegaba acompañado por un nuevo voluntario. Al escuchar la voz de Alberto, aparté la vista del móvil con intención de saludar a nuestro nuevo compañero, cuando vi su rostro. Sentí cómo mis rodillas hicieron amago de doblarse, gracias a la valla donde estaba apoyada no caí desplomada al suelo. No podía ser… ¿me estaban gastando algún tipo de broma los graciosos de mis compañeros? No era normal que nadie pudiera tener esa clase de belleza, iba contra natura. Su rostro y todo él era de una perfección sobrehumana. Ese tipo de chicos sólo se podían admirar en las revistas, en anuncios de Calvin Klein, encima de una pasarela o en las películas. La escasa luz que había en la calle, no dejo ver el color de sus ojos, pero eso carecía de importancia. Su rostro era de una belleza indescriptible, no existían palabras suficientes en ninguna lengua para expresar su hermosura. _Os presento a Víctor_ comentó el supervisor dejando caer su mano suavemente sobre sus hombros. _Hola_ _Yo soy Ana_ dijo mi compañera con una vocecilla ridícula que la hacía aparentar ser una adolescente mientras le daba un par de besos. Según se iba acercando hacía mí con intención de saludar, su perfume hizo carta de presentación. Embriagada por aquél delicado y dulce olor, apenas fui capaz de articular mí nombre. _Hola… yo… Ruth_ cuando pronuncié mi nombre, sentí recorrer una ráfaga de calor por todo mi cuerpo. Ya no sentía el frío del que me había estado quejando durante toda la noche, ahora sentía un calor sofocante, igual que una noche calurosa de julio. _Hola_ respondió con una hermosa y bella sonrisa, haciéndole insoportablemente atractivo. Aún estupefacta por la presencia de aquel chico, sentí en mi pierna un pequeño pellizco procedente de Ana, provocándome al instante una risita estúpida.

Pude sentir los latidos de mi corazón, eran más fuertes y rápidos de lo normal, mi respiración también se vio alterada por la presencia de aquel adonis, mis manos no dejaban de sudar, y una ráfaga de calor se posó sobre mis mejillas. 16


Confesiones de un ladrón _Víctor va a ser un nuevo miembro de vuestro grupo, quiero que le enseñéis y le pongáis al día de lo que tiene que hacer, ¡vale!_ explicó el supervisor mirándonos a ambas. _Si tuviese veinte años menos, y no estuviese casada, yo le iba a enseñar todo cuanto quisiese_ se apresuró a comentar mi compañera riendo. Todos esbozamos una carcajada por la broma y pude apreciar que su sonrisa nacarada era hipnotizadora. Este chico no podía ser humano, tenía que ser hijo de algún dios romano, tanta belleza me estaba dejando sin respiración. _Bueno… ¡aquí os lo dejo, cuidarle bien!_ exclamó Alberto riendo mientras se marchaba. Ana era una mujer andaluza de alrededor cuarenta años. Estaba casada y tenía dos hijos. Era la mujer más simpática y dicharachera que pudieses conocer. Estaba encantada de ser su compañera por lo bien que me lo hacía pasar, entre chistes e historias que contaba, la noche se pasaba en un santiamén. _ ¿De dónde eres Víctor?_ preguntó Ana. Sonrío dulcemente antes de contestar _De aquí, de Madrid, vivo en Rivas_ respondió con una voz aterciopelada. _Yo vivo cerca, en Torrejón_ repuso mi compañera. _Lo conozco, voy de vez en cuando, está cerca_ comentó. Aún embobada e hipnotizada, sin poder apartar la mirada de su rostro mientras escuchaba su dulce voz, giró su rostro clavando aquellos perturbadores ojos en mí, insinuando con la mirada que participara en la conversación. _Yo en San Sebastián de los Reyes_ respondí con voz tímida. No sabía si le interesaba saberlo o simplemente era un gesto de cortesía para no excluirme de la conversación, ya que me encontraba presente. Fuese como fuese, la presencia de ese chico claramente hacía sentirme incomoda delante de él. _Voy aprovechar que esta Víctor y voy al baño_ dijo Ana riendo maliciosamente. Deduje que se proponía, quería dejarme a solas con él. En alguna ocasión Ana me había preguntado como una chica tan guapa no tenía novio. Le conté mi tortuosa historia de amor con Jorge, y como estaban las cosas ahora con él. Le confesé que aquella relación no me había dejado muy buen sabor de boca para empezar otra y había decidido tomarme un año sabático en el amor. La miré con desesperación, suplicando con la mirada que no se marchara, pero no obtuve clemencia por su parte, esbozó una sonrisa maléfica y se fue. Estaba aturdida, nerviosa, no podía mirar aquel chico a los ojos. Lo único que en esos momentos era capaz de mirar, eran los adoquines mugrientos de la acera que mis pies pisaban. “Habla” “Di algo” “No te quedes callada como un pasmarote” me decía a mí misma, no encontrando ninguna pregunta o tema coherente con el que entablar una charla. Mi mente permanecía completamente en blanco, aunque él lo puso fácil y preguntó_ ¿Estudias?_ recurrió a una frase hecha que agradecí desde lo más profundo de mi ser.

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Confesiones de un ladrón _Sí… estudio derecho_ me resultaba más fácil responder a sus preguntas, que buscar un tema del que hablar_ ¿Y tú? _Yo trabajo_ respondió plácidamente. _ ¿Pero en qué? _Ahora estoy trabajando en una tienda de recambios de automóviles. _Bien, no…_ insinué. _Bueno, no está mal, pero es un trabajo mal pagado_ añadió pausadamente, mientras posaba aquellos maravillosos ojos sobre los míos. _Como en la mayoría de los trabajos, es una vergüenza que paguen esos sueldos. Luego dicen que los jóvenes no se independizan, pero como lo van hacer, quien puede pagar una hipoteca con 900€_ cuando solté la chorrada de parrafada, me sentí completamente estúpida ¡Qué me estaba pasando! ¡Por qué no podía ser yo misma! ¡Por qué aquel chico alteraba todo mi sistema nervioso! _Deberías relajarte y no tomarte tan enserio la vida_ dijo mientras esbozaba una sonrisa tierna y cálida, sin apartar su increíble mirada de mi rostro. No pude más que bajar la cabeza y desear desaparecer. Si el suelo que pisaba se hubiese quebrado por la mitad, habría saltado con los ojos cerrados sin dudarlo para poder desaparecer. “Ya me vale, soltarle esté rollo” “Qué vergüenza” “Es que soy idiota” “Cierra la boca y no hables más en toda la noche, si no quieres que crea que eres retrasada mental” me ordené a mí misma. Di gracias a Dios, cuando vi regresar a mi compañera. Ella salvaría la situación, haría la noche divertida y amena. Dejaría que ella hablara, yo me limitaría a responder Si o No, y poco más. _Cielo, me ha llamado mi marido, dice que el niño esta malo con fiebre, me voy a casa_ comentó con preocupación. _Pero está él… para que te necesita, que le cuide él, para eso es su padre_ exclamé desesperada intentando hacerla cambiar de opinión y que no se marchara. Se rio al ver mi desesperación _Debo ir, cielo. _Está bien_ dije tristemente mientras pensaba en que tendría que pasar la noche a solas con aquel chico maravilloso y descubriría que era completamente idiota. _Pasarlo bien_ dijo riendo. _Adiós Víctor, otra noche charlaremos con más tranquilidad. _Adiós, Ana_ _ ¡Qué se mejore tu hijo!_ respondió con una dulzura que me provoco pavor. _Gracias_ dijo Ana mientras se alejaba. _Bueno… pues nos quedamos solos_ comenté entristecida arqueando las cejas. Me miró fijamente a los ojos y sonrío _Me parece un buen plan. En ese preciso instante sentí recorrer por mi cuerpo un extraño escalofrío. _A mí también…_ comenté sonriendo amargamente. El silencio se hizo entre ambos y ninguno hablo. De vez en cuando le miraba fugazmente para contemplar su hermosura, pero nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión, por lo que decidí concentrarme en la gente que entraba y salía del local. Rogué porque sacaran del local algún joven borracho para así concentrarme en él y no en Víctor. Necesité una gran fuerza de voluntad para 18


Confesiones de un ladrón resistirme y no posar mis ojos en él, al sentir que me observaba. Supuse que esperaba que hablase. _ ¿Te gusta ser voluntaria?_ preguntó al ver que yo no tenía intención de entablar una conversación. _Sí, mucho_ mis respuestas eran cortas y concisas, no estaba dispuesta a soltar otra parrafada estúpida consecuencia de los nervios. _ ¿Por qué te hiciste voluntaria? _Me obligaron mis padres_ dije con rotundidad. Cerré los ojos sabiendo que nuevo había vuelto a meter la pata y debía arreglarlo. _Ahora me encanta, disfruto haciendo este trabajo, y los compañeros son estupendos_ _ ¿Y tú? ¿Cuál es tú historia?_ le pregunté. Suspiró profundamente y añadió mirándome fijamente a los ojos _Persigo un sueño. _ ¿Quieres estudiar medicina o enfermería?_ pregunté confusa, ya que no entendía bien sus motivos. _No… es otra cosa_ _Si algún día lo consigo, serás la primera en saberlo_ comentó dejando ver en las comisuras de sus labios una sonrisa arrebatadora. No añadí ningún comentario a su respuesta, estaba claro que su presencia anulaba mis neuronas. Su respuesta me pareció elocuente, tenía un sueño y lo perseguía. Después de estar más de una hora en completo silencio, agradecí haber realizado durante el verano pasado un curso de relajación con Berta. Puse en práctica lo aprendido, logrando encontrar un equilibrio entre mi cuerpo y mente, consiguiendo que el resto de la noche la conversación fluyera agradablemente entre los dos. Por fin desapareció la sensación de “idiotez” que me había perseguido durante la noche. Pude ser yo misma y charlar de forma natural y divertida. No deseaba que el concierto acabase. Necesitaba pasar más tiempo con él a solas. Había malgastado parte de la noche en intentar encontrar en mí interior el equilibrio necesario para evitar que su presencia me hiciese comportarme como una estúpida. Ahora que lo había logrado, quería ser yo misma, demostrarle que no era como me había mostrado durante toda la noche, pero a las dos de la madrugada llegó el coordinador comunicándonos que nos podíamos marchar a casa, la noche estaba discurriendo con total tranquilidad, sin ningún tipo de incidente y no era preciso que nos quedásemos ninguno de los dos. Cualquier otro día me habría parecido una noticia estupenda, pero esta noche me sentí como si me hubiesen echado una jarra de agua fría. _Voy a llamar a mi hermana para que venga a recogerme_ comenté con tono amargo. _ ¿No tienes coche?_ preguntó. _Sí, pero no me dejan cogerlo_ confesé. _Si quieres te acerco, no me importa en absoluto_ comentó, dejando una mueca en su boca. _ ¡De verdad… que no te importa llevarme!_ exclamé con cierto asombro por su generosidad. 19


Confesiones de un ladrón _Para nada_ afirmó sonriente. _Pues… voy a llamarla para que no venga_ respondí con una dulce sonrisa. Durante el camino a mi casa no dejamos de hablar _ ¿Cómo que no te dejan coger el coche? Preguntó algo confuso. _El año pasado estuve en una fiesta, bebí más de la cuenta y por poco entro en coma etílico, mis amigas no sabían que hacer y me llevaron al hospital, allí avisaron a mis padres _ _Como castigo, me han prohibido coger el coche y tengo que ser voluntaria para saber los estragos que hace el alcohol_ confesé avergonzada. _ ¿Y cómo tus amigos te dejaron beber tanto? _No puedo culpar a nadie salvo a mí misma, yo me lo busque solita. _Imagino que nadie te obligaría a beber, pero si yo veo que un amigo se está pasando, le paro… claro que le paro_ inquirió con rotundidad. Permanecí unos segundos en silencio sopesando si permanecer callada y dejar que pensara que era una irresponsable y algo alocada o decir la verdad. Me decanté por la verdad. _ Por aquel entonces salía con un chico, fue él, el que me animó_ _Dijo que no pasaba nada, y no dejó de traerme minis_ _Yo qué no tolero mucho la bebida, te puedes imaginar el pedo tan grande que cogí. _Espero que no estés con ese chico_ sugirió con tono risueño. _No, rompimos hace unos meses. _Me alegro, parece un capullo. Sonreí amargamente _ ¡No lo sabes tú bien!_ expresé con tono abatido al pensar en lo mal que me lo estaba haciendo pasar últimamente. Durante el resto del camino, sólo pensaba en cómo podía enterarme si tenía novia. Deseaba preguntárselo directamente, pero me pareció una idea descabellada. Tampoco encontré una forma sutil de sonsacarle, no quería que percibiese que me gustaba, por si tenía novia y sólo se había ofrecido a traerme por hacerme un favor. Le indiqué por donde debía entrar en la urbanización, tardando un minuto escaso en llegar a mi casa. _Aquí es, esa es mi casa_ dije señalando con el dedo a través del cristal. Él no hizo ningún comentario al respecto, tan sólo paro el coche y permaneció en silencio, sin dejar de mirar fijamente el volante. No deseaba salir del coche, pero no podía permanecer por más tiempo en el interior, si él no se pronunciaba, era una señal clara de que no estaba interesado en mí. Desconcertada al ver su mudez, me sentí avergonzada al pensar que me había aventurado demasiado pronto al pensar que a ese chico le podría gustar. Quizás me confundieron algunas miradas durante la noche que me animaron a pensar que le podría interesar, aparte del detalle, que durante todo el recorrido no supero los 70km/h, hecho que me hizo pensar que deseaba alargar el trayecto todo lo posible. Apreté los labios decepcionada al ver su mudez, disponiéndome abrir la puerta del coche para salir, cuando por fin hablo.

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Confesiones de un ladrón _ ¿Quieres que nos veamos mañana?_ musitó con cierta amargura. Le miré extrañada por el tono de su petición, pero sonreí gratamente, ya que era lo único que deseaba escuchar. _ ¡Sí!_ dije dejando escapar un suspiro de alivio al saber que no habían sido imaginaciones mías, le gustaba. Nos dimos nuestros números de teléfono y me fui emocionada a casa.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo IV La primera cita El domingo me desperté relativamente pronto. Solía quedarme en la cama hasta que el cuerpo comenzaba a dolerme. Ningún domingo me levantaba antes de la una de la tarde, salvo hoy, estaba impaciente por hablar con él, quería llamarle, escuchar de nuevo su dulce voz, pero desistí de mi intención para no parecer una loca desesperada. Eran las 10 de la mañana, probablemente estaría durmiendo. Serían alrededor de las doce de la mañana cuando por fin sonó el móvil. Mi cuerpo se puso rígido al ver su número, “es él”, las manos comenzaron temblar, di un gran suspiro intentando controlarme antes de responder_ ¡Si…! _ ¿Eres Ruth? _Sí_ afirmé intentando que la voz no me vacilara y percibiese mi nerviosismo. _Soy Víctor, ¿Qué tal estás? _Bien…_ contesté con una dulce sonrisa. _Quería haberte llamado antes, pero no sabía si estarías durmiendo. Me mordí el labio volviendo a sonreír. _Pues sí… me habrías pillado en la cama_ dije simpáticamente. Mentí como una bellaca, pero él no podía saber que llevaba dos horas esperando su llamada. _Me alegro entonces de no haberlo hecho_ _ ¿A qué hora te parece bien que pase a recogerte? _Me da igual_ deseaba decir que ahora mismo, pero eso, seguramente le habría asustado_ Sobre las cuatro_ insinué. _Bien, perfecto, ¿Quieres ir algún sitio en especial? _No, ¿Y tú? _Tampoco, mejor lo decidimos cuando te recoja, ¿te parece bien? _Perfecto, entonces hasta las cuatro_ Y colgué. Floreció en mi rostro una bella sonrisa. No podía creer que un chico como Víctor, desease querer quedar conmigo. Estaba alegre, feliz, hacía tanto tiempo que no experimentaba esta emoción, que ahora comenzaba a marearme. Inmediatamente después de su llamada me conecté al Messenger impaciente por ver a Berta y confesarla todo ocurrido la noche anterior. Si no lo contaba, era como si no hubiese pasado, y hasta yo misma debía contarlo en voz alta para poder creerlo. Estaba tan desesperada que “se lo habría contado a mi hermana pequeña, de no haber encontrado a nadie con quien hablar” _ ¿Sabes quién ha conocido a un chico guapísimo y ha quedado para hoy?_ dije canturreando emocionada nada más ver su diminuta cara en la pantalla del ordenador. _Cuenta, cuenta_ dijo mientras acercaba su cara al monitor. _Anoche conocí a un chico guapísimo, he quedado con él esta tarde_ Era la mejor noticia que me había pasado en muchos meses y estaba encantada de pregonarla a los cuatro vientos. _ ¿Dónde lo has conocido?_ preguntó expresando mí mismo entusiasmo. 22


Confesiones de un ladrón _Anoche, empezó de voluntario, le han puesto en mi grupo_ expresé dejando ver una amplia sonrisa en mi rostro. _Pero no eras tú la que decía que quería tomarse un año sabático con los chicos_ comentó irónicamente sin dejar de reír. _Sí, lo sé… ahora me parece una idea ridícula_ confesé. _Siempre lo fue Ruth, nunca se sabe cuándo vas a enamorarte. _Para…para… no corras tan deprisa. De momento me gusta y voy a salir con él, ya veremos… _Pero por lo menos has quedado con alguien, no le has rechazado como a los demás. _Él no es como los demás_ _Es el chico más atractivo que jamás he conocido. _ Ya te lo presentaré, si sale bien la cosa. _ ¿A un chico tan guapo?, no… no voy a dejar que lo estropees, tengo que conocerlo hoy_ inquirió con impaciencia _Yo daré el visto bueno_ añadió sonriendo. _ ¡Pero no sé a dónde vamos a ir!_ confesé. _Pues cuando lo sepas, me llamas y me presento_ dijo entusiasmada. La idea que conociese a Víctor me agrado, aunque sabía que era una locura. Si él descubría que no era un encuentro fortuito, sino un plan elaborado por nosotras para que mi amiga le pudiese conocer, probablemente no volvería a verle el pelo nunca más. _ ¿Y si se da cuenta?_ _No me gustaría que me tome por una chiflada, va a ser violento estar con él de compañera. _ ¿Cómo se va a dar cuenta?, hay miles de encuentros fortuitos a diario, no es nada raro_ _La única forma que lo pueda saber es que nos estuviese observando ahora, y como eso es imposible, no hay nada que temer_ comentó de forma divertida terminando por convencerme. Suspiré profundamente aceptando el deseo de mi amiga por conocer a Víctor. _Está bien, pero le saludáis y os marcháis. _Perfecto_ _ ¿Cómo es?_ _ ¿Cómo se llama?_ _ ¿Cuántos años tiene?_ preguntó ilusionada por saber todo sobre el chico que había logrado traspasar el muro impenetrable que había levantado a mi alrededor. _Se llama, Víctor_ _ Es castaño creo, anoche no lo pude ver bien, tiene el pelo corto, unos ojos grises increíbles, preciosos, y una sonrisa…._Tenía su imagen en mi mente y no podía describirle. Su rostro superaba la perfección y no se podía describir con simples palabras. _Mejor le ves, ya verás… te vas a quedar con la boca abierta. _Hagamos lo que solíamos hacer en el instituto con los chicos ¿Recuerdas? Si me gusta me quito el reloj disimuladamente y si no me gusta simplemente lo toco. _De acuerdo, pero quiero que sepas que estás loca_ comenté sonriendo al ver a Berta tan ilusionada como yo. _Vale, llámame, no te olvides. _Qué no… cuando sepa dónde vamos te llamo_ _Bueno… te dejo, que no sé qué me voy a poner esta tarde, estoy de los nervios. _Un besito. 23


Confesiones de un ladrón _Chao. Después de permanecer más de una hora frente al armario revisando toda la ropa que tenía, no me decantaba por nada especial. Eligiendo al final uno de mis conjuntos favoritos. Un pantalón pitillo de color beis, con unas botas altas marrones, una camisa marrón que me había regalado una amiga por mi cumpleaños y una chaqueta fina de piel marrón. Después de comer, subí a mi cuarto con intención de ir arreglándome. Me duché, me cepillé los dientes más de diez minutos, me alisé el pelo con la plancha, me maquillé un poco, ya que no solía pintarme con frecuencia por no tener destreza con la brocha. Di un poco de sombra a mis párpados, rímel a mis pestañas, y un poco de color en los labios. Quería estar lo más perfecta posible para mi cita. A las cuatro menos diez, sonó el móvil. _Dime_ contesté eufórica al reconocer su número en mi móvil. _ Estoy aquí, te espero en la puerta de tu casa_ Cuando escuché sus palabras sentí como si me hubiesen dado un escopetazo en la boca del estómago. “este chico me va a provocar una úlcera” pensé. _Ahora mismo bajo_ contesté sonriendo. Terminé de perfumarme y cogí algo de dinero. Cuando salí a la calle, pude ver con toda claridad el coche aparcado en doble fila. Era un Volkswagen Golf negro, limpio y reluciente. Nada más abrí la puerta del coche, reconocí el aroma dulzón de su perfume, embriagándome como la noche anterior. Al montar, me dedicó una gran sonrisa dejándome sin respiración. Estaba espectacular, mucho más guapo que la noche anterior. Llevaba un jersey fino de cuello alto en color negro y unos pantalones vaqueros del mismo color, estaba tremendamente irresistible. El negro claramente le favorecía. _ ¿Dónde te apetece ir? Preguntó mientras no dejaba de sonreír. _Me da igual, tienes algo pensado_ comenté sin ningún tipo de emoción en mi voz, dejaría que él eligiese el lugar, yo no estaba en situación de pensar. _ ¿Te gustan los animales?_ preguntó. _Sí…_ respondí arqueando mis cejas. _ ¿Te apetece ir al Zoológico? _ ¡Al Zoo!… creo que la última vez que estuve, fue en una excursión con el colegio_ .En ese preciso instante me habría ido con él al fin del mundo, que más me daba ir al Zoológico o Tombuctú, siempre que estuviera con él. _Entonces al Zoo_ afirmó animado. Arrancó el coche y nos marchamos. Mientras conducía, no podía apartar la mirada de su rostro. Era más atractivo a la luz del día, su piel aterciopelada y bronceada, sus facciones perfectas, sus largas pestañas, sus maravillosos ojos grises, que cuando me miraban me idiotizaban, su boca gruesa y seductora. Me estaba empezando a marear otra vez. _ ¿Hasta cuándo estas castigada sin poder coger el coche? _No sé… hasta que se cansen mis padres, supongo_ añadí con un pequeño suspiro. 24


Confesiones de un ladrón _ ¿Y cómo vas a la facultad? _Me recoge Berta, una amiga, estudia en la misma universidad que yo _El problema son los fines de semana, que tengo que estar llamando a mi hermana mayor. _ ¿Cuántas hermanas tienes? _Tengo dos, Noelia es la mayor, tiene veinte dos años y Soraya es la pequeña, tiene ocho_ _ _ ¿Tú tienes hermanos? _Si, un hermano mayor, se llama Germán, tiene veintiséis. _ ¿Y tú tienes?_ pregunté. _Veinte_ _ ¡y tú dieciocho! _Sí_ respondí. No hice ningún comentario, sólo escuchaba en mi mente “tiene veinte, me gusta” era la primera vez salía con un chico mayor que yo. Siempre había salido con chicos de mi misma edad. Sin darnos cuenta habíamos llegado. El camino se me había pasado tan rápido. Cogimos un plano del Zoológico y decidimos que zonas queríamos visitar, todo me parecía bien, excepto cuando le escuché comentar que lo primero que quería visitar era la zona de los reptiles, le hice saber mi pánico a las serpientes. Fuimos paseando y charlando, sin hacer caso a lo que teníamos a nuestro alrededor, creo que ambos estábamos deseando saber todo el uno del otro. _ ¿Te gusta estudiar Derecho? _Lo odio, yo quería haber estudiado medicina, pero mi padre quiere que alguna de sus hijas estudie Derecho como él, y me ha tocado a mí_ dije suspirando con resignación en mi voz. _ ¿Y no te puedes negar?_ preguntó intrigado. Reí sin querer por su pregunta, estaba claro que él no conocía a mi padre. _Provengo de una familia de abogados, mi padre lo es, mi tío, mi abuelo lo fue, mi bisabuelo también y creo que su padre también lo fue, se llevaría una gran desilusión. Mi hermana mayor se negó y estuvo seis meses sin hablarla_ _No quiero que eso me ocurra, bastante disgusto le di cuando me ingresaron por la borrachera_ confesé cabizbaja mirando al suelo mientras caminábamos. _Pues siento decirte que vas a ser una pésima abogada, no hay nada peor que estudiar algo que no te gusta. _Ya… ya lo sé. _ ¿Entonces tu padre ejerce la abogacía?_ preguntó con curiosidad. _No, ahora es Fiscal, está en la fiscalía de… _ ¡Hay una cafetería, quieres que tomemos un café!_ exclamó animado sin dejar que pudiese terminar la frase. _Vale…_ respondí algo perpleja al notar el corte que me había dado. Estaba claro que no quería seguir hablando del tema y menos de mi padre. Nos sentamos en la terraza y decidí ir al baño para llamar a Berta, era el momento perfecto para estar un momento a solas y así poder llamarla. _Me pides un café con leche, necesito ir un momento al baño. _Vale_ _ ¿Me dejas tu teléfono?_ preguntó con una dulce mirada angelical. _ ¿Para qué?_ contesté algo desorientada por su pregunta. _Voy a pasarte unas canciones_ respondió.

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Confesiones de un ladrón _ ¡Déjalo! yo apenas escucho música en el móvil_ No sabía que decir o que excusa poner para poder llevarme el móvil y llamar. _Pues te paso unos videos que tengo, están genial, te van a gustar_ sugirió con insistencia. _Es qué tiene poco memoria, esta tarjeta es una birria, cuando compré una de mayor capacidad me pasas todos los videos que quieras_ Que perra había cogido con quedarse mi móvil, ¡ni que supiera lo que iba hacer! Después de lograr llevarme conmigo el móvil, llamé corriendo a Berta. _ ¿Dónde estáis?_ preguntó nada más ver que era yo quien llamaba. _Estamos en el Zoo, en la cafetería, si venís rápido nos podemos encontrar_ dije en tono bajito por si por una casualidad se pudiera escuchar lo que hablaba. _ ¿En el Zoo?_ exclamó con un tono de incredulidad. _ ¿Qué coño hacéis en el Zoo? ¡Pues vaya sitio para quedar! _Qué vengas rápido_ añadí tajantemente. _Vale, vale… a ver como digo a Carlos que quiero ir al Zoo, si sabe que me dan pánico los animales. _Pues apáñatelas, pero ven_ _Adiós_ y colgué. Al regresar a la mesa donde estábamos sentados, encontré a Víctor muy sonriente. _ ¿Qué ocurre que sonríes tanto?_ pregunté intrigada. _No, nada, estoy mirando cómo se pelean los elefantes por los cacahuetes. Eché un vistazo rápido aquellos majestuosos animales por si me estaba perdiendo alguna gracia, pero no vi nada que llamase mí atención, estaban parados e inmóviles como de costumbre. Permanecimos sentados más de una hora. Necesitaba hacer tiempo hasta que llegara Berta, así que me tomé dos cafés, un licor de manzana sin alcohol, una botella de agua, y un helado. No dejaba de pedir y pedir cosas cada vez que el camarero se acercaba preguntando si deseábamos algo más antes de traer la cuenta. Mi estómago me impidió seguir tomando nada más, ya no entraba ni una pequeña gota de agua más en mi organismo. Si Berta no llegaba en menos de cinco minutos, lo lamentaría en el alma, pero me marcharía. Por fin los vi aparecer a lo lejos, caminando con paso ligero hacía la cafetería, disimulé no verla hasta que ella me llamó a lo lejos agitando su mano mientras exclamaba mi nombre. _ ¡Vaya, Berta, que hace aquí!_ exclamé fingiendo sorpresa al verla. _ ¿Quién es?_ preguntó. _Mi mejor amiga, la chica con la que me voy todos los días a la facultad. _Que casualidad encontraros en el Zoo ¡No!_ exclamó sonriendo. Víctor no dejaba de sonreír y sonreír y me estaba empezando a intrigar tanta risita. _ ¿Por qué sonríes tanto?_ le volví a preguntar. Tuve un extraño presentimiento “Lo sabe” actuaba de un modo singular, como si hubiese leído mi pensamiento y supiese que todo era un plan elaborado por nosotras para que Berta le pudiese conocer. _De las casualidades de la vida_ contestó.

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Confesiones de un ladrón _Ven… te la voy a presentar_ dije sin hacer caso a su comentario. _ ¿No te importa? _En absoluto, me encantaría conocer a tu amiga. Nos levantamos de nuestras sillas cuando llegaron a la cafetería. _ ¡Tía, que haces aquí!_ exclamó Berta como si no me hubiese visto en un año. _ ¡Ya ves! pasando la tarde_ _Te voy a presentar_ _Víctor está es mi amiga Berta y su novio Carlos_ dije, haciendo las presentaciones oportunas. _Así que tú eres la famosa Berta_ comentó con una de sus mejores sonrisas. _Encantado_ añadió. En el rostro de Berta pude ver que le había encandilado. _ ¿Queréis tomar algo?_ pregunté por educación, esperando escuchar por respuesta no, como habíamos pactado. _No, nos vamos_ respondió Berta con una amplia sonrisa picarona, pero justo en ese momento Carlos aceptó la invitación. Comentó que le parecía un rollo el Zoológico, y por lo menos quería tomar un café. Del café paso a un Whisky y al final no se fueron. Víctor no dejaba de dar conversación a Carlos, pasando gran parte de la tarde juntos. Un pensamiento paso por mi mente dejándome helada “Esto no funciona, ¿Y si no le caigo bien? ¡Quizás prefiere estar con ellos antes que conmigo!”. Me sentía completamente insegura. Mi amiga y yo nos miramos perplejas por lo bien que parecían congeniar. Berta se quitó el reloj, señal que le gustaba. _ ¿Me dejas ver tu reloj?_ Preguntó Víctor sonriente mientras extendía su mano. _Está muy viejo, es el que me regalaron en mi comunión, pero lo tengo mucho cariño_ comentó Berta, mientras lo dejaba entre sus manos. Víctor lo miraba mientras dejaba ver una amplia sonrisita en la comisura de sus labios. Mientras Víctor no dejaba de jugar con el reloj, yo no podía sostener la risa al pensar “Si él supiese el significado de tener el reloj entre sus manos” probablemente se molestaría. Miré la hora y vi que eran las siete de la tarde. Me encontraba a gusto en compañía de mis amigos, pero al mismo tiempo experimentaba la sensación opuesta, estaba deseosa porque que se marchasen y poder estar a solas con él. En más de una ocasión hice claras señales con las manos a Berta para que se fueran, pero Carlos no callaba ni debajo del agua, hablaba por los codos. Mientras le observaba parlotear, no podía dejar de pensar “Cuanto le gustaba hablar, y luego dicen que somos las mujeres las habladoras”. Berta, por fin se levantó y dijo con un tono seco. _Carlos, yo me voy, tú haz lo que te la gana_ el pobre muchacho se levantó y se fueron por fin. _Es muy majo el novio de tu amiga_ comentó cuando nos quedamos solos. Sonreí ligeramente cuando escuché decir que Carlos era majo, “podía ser que a alguien le cayese bien”. _ Ya me he dado cuenta, no habéis dejado de hablar en toda la tarde_ comenté. _ ¿Te han caído bien? _Me han parecido muy simpáticos_ respondió dejando una mueca en su rostro. _Conocí a Berta al poco de empezar el instituto, un día que perdí el dinero y no podía pagarme el desayuno, ella se dio cuenta del apuro que estaba pasando y 27


Confesiones de un ladrón se ofreció a pagarlo, al día siguiente le devolví su dinero y hasta hoy, en que se ha convertido en mi mejor amiga_ comenté mientras miraba al suelo. _He hablado menos con ella, pero parece maja. _Para mí son importantes, mi ex no soportaba a Berta y me aparto de ellos, apenas quedábamos y eso hizo mella en mi amistad con ella_ dije mientras levantaba la mirada del suelo y la fijaba en su rostro. _Parece que la habéis vuelto a retomar. _Sí, porque es una tía genial y no es rencorosa. _Entonces igual que tú_ comentó mirándome fijamente a los ojos. Arqueé mis cejas algo perplejas. _Y tú qué sabes como soy yo_ comenté sonriendo. _Es fácil adivinar como eres_ añadió sonriendo. _A sí… sorpréndeme, dime como soy. Me sujetó la palma de la mano con delicadeza _ ¿Entiendes de quiromancia? pregunté sonriendo. No respondió a mi pregunta, tan solo dijo_ Eres dulce y muy inteligente. Siempre quieres agradar a todo el mundo aunque eso te haga desgraciada y por eso la gente se aprovecha de ti. Eres prudente y responsable, aunque tú crees que no lo eres. Te sientes mal y te castigas a ti misma por haber defraudado a tus padres. Creo que lo único malo y escandaloso que has cometido en tu vida fue coger aquella borrachera. Tu único defecto es ser tan indecisa. Nunca tomas una decisión sin estar completamente segura o consultado con alguna amiga, no confías en tus propias decisiones_ dejó de hablar al mirarme, seguramente se dio cuenta de que todo lo que estaba diciendo estaba causando un efecto negativo en mí, no me estaba gustando nada escuchar cómo me describía ya que todo era verdad. Todo cuanto había dicho sobre mí era cierto, me había descrito perfectamente y eso me asusto ¿Cómo podía ser que un chico que apenas me conocía supiese tanto de mí? ¿Acaso había leído mi diario? _ ¿Puedes decirme por qué sabes tanto de mí?_ pregunté completamente seria. _No te asustes_ dijo riendo. _ ¿A ti nunca te ha leído la mano una gitana? _No. _Por eso no lo entiendes, es una forma estúpida de quedarte con la gente. _Conmigo te ha funcionado_ confesé dejando una débil sonrisa. _Ya lo he visto, ¿te has asustado? _Un poco, me has descrito tan bien. _Es sencillo, la mayoría de las cosas tú me las has contado, yo simplemente te he escuchado. _Como lo de la borrachera. _Por ejemplo, cuando me lo contaste percibí amargura, no te sientes muy bien por aquello. _Que tonta. _Es un truco estúpido para cogerte la mano, siento haberte preocupado. _No te disculpes_ añadí sonriendo por lo boba que me sentía ahora.

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Confesiones de un ladrón El resto de la tarde estuvimos paseando, charlando, sacándonos fotos, Víctor me contó la terrible historia del fallecimiento de sus padres. _ ¿Hace mucho que ocurrió? _Sí, seis años. _ ¿Y cómo fue? _En un accidente de tráfico. Mis padres eran de Talavera de la Reina, solíamos ir los fines de semana, y en una de sus muchas idas y venidas tuvieron el accidente. _Gracias a Dios, no ibais vosotros. _Eso dice mi abuela, pero yo no estoy tan seguro_ dijo mientras desviaba su mirada hacia otro lado. _ ¿Por qué dices eso?_ pregunté mientras le miraba fijamente sorprendida por su confesión. _Mi vida ha sido horrible desde entonces_ _Creo que habría sido mejor si hubiese ido aquél día con mis padres. _No digas eso, ¿Por qué lo dices?_ pregunté con angustia en mi voz. _Por aquel entonces vivíamos en Móstoles, tuvimos que dejar nuestras amistades, el colegio y marcharnos a vivir a Talavera con mi abuela. _Pero eso tampoco es tan horrible. _Tú no sabes cómo es mi abuela_ _Pero tampoco lo digo por ella, es por otras cosas que han pasado en mi vida a partir del accidente. _ ¿Cómo qué? _Cosas de las que no estoy orgulloso_ _Creo que es mejor cambiar de tema, es nuestra primera cita y no me apetece hablar de cosas tristes, te importa si hablamos de otra cosa. _No, para nada_ _Siento haber sido tan indiscreta. _Es que por fin me pasa algo bueno en la vida y prefiero disfrutarlo, no quiero hablar de desgracias. Repetí sus últimas palabras en mi cabeza “algo bueno en la vida” ¡yo era algo bueno en su vida! Esas palabras me provocaron una suave sonrisa. _ ¿Me cuentas por qué quieres ser cirujana? Suspiré y me encogí de hombros al no saber que decir. _Siempre he querido serlo. _Entonces, es cierto eso que dicen que desde pequeño quieres ser una cosa. _En mi caso, sí_ _Si te cuento una anécdota, prométeme que no te reirás, ni me juzgaras. Sonrió y dijo _Te prometo que no. _ ¿Quieres saber por qué me dejo el primer chico del que me enamore? Me miró entrecerrando sus ojos y añadió. _Creo que esa historia no me va a gustar demasiado. _No… es divertida_ repuse riendo. _Está bien. _Era mi cumpleaños. Cumplía diez años e invite a todos mis amigos. Como cae en verano pues estuvimos en la piscina jugando y cosas así. Juan era un niño que iba conmigo desde preescolar y además era mi vecino. En la parcela de mi casa había árboles frutales y mi padre había descubierto en uno de ellos un nido 29


Confesiones de un ladrón con pajarillos. Nos prohibió rotundamente tocar aquel nido, pero yo quería verlo. Pedí a Juan que subiese al árbol y bajase un pajarillo, él no se negó, subió al árbol y con tan mala suerte se rajó un buen trozo de la pierna. Cuando vi la herida y lo mucho que sufría, te juró que lo único que deseaba era poder curarle y que no sufriera. Así que ni corta ni perezosa entré en mi casa sin decir nada a nadie. Cogí del costurero de mi madre una aguja con hilo, la desinfecte bien con alcohol y fui con Juan. Le dije que le iba a coser para que nadie se enterase de lo sucedido. Recuerdo al pobre muchacho muerto de miedo al verme en la mano la aguja, pero como estaba enamorado no dijo nada, yo estaba tan decidida a coserle que no dude, ni tuve miedo, y le di dos puntos. Sus gritos alertaron a mis padres que llegaron corriendo y me vieron cosiéndole. _ ¡Le llegaste a dar dos puntos!_ exclamó riendo, con una expresión de incredulidad en su rostro. _Y porque me quitaron la aguja. _ ¿Y qué pasó luego? _Le llevaron a urgencias y le dieron cinco puntos_ _Mi padre una vez me contó que cuando estaba en urgencias y contó al médico lo que había sucedido, aparte de desternillarse de risa, le dijo que estaban muy bien dados los puntos para mi edad. _Y con Juan que paso. _No volvió a hablarme nunca más, creo que fue cosa de su madre. _Lo siento_ dijo riendo. _No me querría tanto, sino me habría perdonado_ añadí riendo. _ ¡Ja, ja, ja, eres increíble!_ _ ¿No te mareas con la sangre? _En ese momento no piensas en ti, lo único que deseas es poder salvar la vida a esa persona. _Lamento que no puedas ser cirujana, salvarías muchas vidas_ dijo con dulzura. Su mirada entristecida probablemente por el recuerdo de la muerte de sus padres, pero al mismo tiempo llena de amor, provocó que desease besarle en ese momento, pero en ese preciso instante miró el reloj. _Son las ocho, creo que nos deberíamos ir, no tardarán mucho en cerrar. _ ¿Te apetece ir a cenar?_ pregunté deseando que dijera que sí. Asintió con la cabeza y decidimos marchamos. Según caminábamos hacía el coche, caí en la cuenta que no nos habíamos besado hasta el momento. Habíamos estado toda la tarde en compañía, sin tiempo apenas para nosotros. Me esperanzó pensar que la noche era larga y probablemente llegaría el momento adecuado, romperíamos el hielo de la timidez y superaríamos la vergüenza, llegando a ese momento que tanto deseaba, sentir sus labios sobre los míos. Justo cuando estaba a punto de montarme en el coche para irnos, sentí su mano posarse sobre mi brazo diciendo con tono angustiado. _Ya no puedo más… no puedo resistirme_ supe al instante a que se estaba refiriendo. _Yo tampoco_ susurré. En ese preciso instante, sentí sus brazos rodear mi espalda, sus deliciosos y apetitosos labios besar los míos. Un delicioso cosquilleo recorría cada centímetro de mi cuerpo. No podía creer que estuviese 30


Confesiones de un ladrón entre sus brazos. Cerré los ojos y experimente una fusión de sensaciones, felicidad, deseo, pasión, miedo. El pulso se me acelero acompañado de mi respiración. Había cerrado la puerta al amor. Me negaba a dejarle pasar de nuevo. Su última visita me había hecho sufrir demasiado y ya no recordaba lo maravilloso que era enamorarse, el subidón, la euforia y la excitación que se sentía. Era un sentimiento maravilloso que había infravalorado. Sugerí que fuésemos a cenar a un restaurante que conocía en Coslada. Me volvía loca los Brownies que allí preparaban, y en ese momento necesitaba tomar algo dulce. Durante la cena, me sugirió que contase como había sido mi relación con Jorge, cosa que me extraño. Me pareció un tema inadecuado para hablar en nuestra primera cita. Vacilé unos segundos antes de responder, sopesando en que me podía negar y decir que no me apetecía hablar del tema o satisfacer su curiosidad contando algunos detalles. Inclinándome por la segunda opción. _ ¿Qué quieres saber? _ ¿Cuánto tiempo estuvisteis saliendo? _Ocho meses, los tres primeros fueron maravillosos. _ ¿Y el resto? _Una tortura. _ ¿Por? Tenía dos opciones contar los detalles más sórdidos de mi ex relación o simplemente contar algunos detalles insignificantes. _Si te sientes incómoda no cuentes nada_ dijo al ver que aún permanecía en silencio, sin decidirme que contar. _ ¿Con qué relacionas tú la palabra te quiero?_ pregunté. Su rostro permaneció pensativo, trascurrido unos segundos respondió _ Me gusta decirla cuando realmente lo siento_ _También lo relaciono con recuerdos agradables, con ganas de vivir porque estas con la persona amada, con mis padres, la relaciono con muchas cosas, aunque últimamente creo que está infravalorada, la escucho decir como un simple hola_ su respuesta me provocó una sonrisa. _Pues yo la relaciono con miedo y desconfianza. _ ¿Pero qué te hizo para llegar a este extremo?_ preguntó con asombro. No respondí desviando la mirada _ ¿Sigues enamorada de él? Preguntó con interés. _No_ respondí de forma rotunda. _Le quise mucho, pero eso es todo. No me gusta hablar de él porque las heridas que me hizo todavía no han cicatrizado. _ Pues no digas nada malo, simplemente cuenta que paso. _No puedo enumerarte una a una cada vez que Jorge me hizo sufrir, pero fueron muchas…demasiadas diría yo_ _Teníamos una relación carente de afecto, fría y no lo soportaba más_ _Estar con él era como estar permanentemente montada en una montaña rusa. _Son divertidas. _También provocan vómitos. 31


Confesiones de un ladrón A juzgar por su expresión una respuesta sutil no era de su agrado, él esperaba que contase algún detalle con pelos y señales. _Llegué a la conclusión que no me quería, para él era una posesión. Salió conmigo porque todos sus amigos se echaron novia y empezó a quedarse solo, entonces decidió salir con alguien, y me escogió a mí. _Pero algo te haría para que digas que fue una tortura. _ ¿Quieres que te enumere las cosas que me hizo? Tengo la certeza que me engaño con una amiga, aunque él siempre lo negó, no me hablaba muy bien y tampoco es que me tratase de maravilla. _ ¿Te pego?_ preguntó no dejándome terminar de hablar. _No…no… no sé muy bien cómo explicarlo, es como cuando estar harto de una cosa y lo tratas a patadas y lo desprecias, pero no lo dejas porque es tuyo, es de tu posesión. Él estaba hasta las narices de mí porque en el fondo nunca deseo salir con nadie_ _Era muy posesivo. Las peleas eran continuas, no me dejaba respirar. Me apartó de mis amigas y me prohibió ver a Berta, creo que tenía celos de ella, pensaba que me influenciaba para dejarle y más cosas que prefiero callar. _Hay una cosa que todavía no tengo claro. _ ¿Cómo qué? _Si tenías la certeza de que te había engañado, ¿Por qué no le dejaste? _No es tan fácil_ respondí. _Pero no lo puedo entender ¿Por qué no el mandaste al cuerno al mínimo cambio? _Lo intenté varias veces, pero siempre me juraba que iba a cambiar, que le diese otra oportunidad, me decía que me quería y así cada vez que sacaba el tema de cortar_ confesé avergonzada. _ ¿Estuviste cuatro meses intentando romper con él? preguntó frunciendo el ceño, dejando a la vista su confusión. _Pero no te dabas cuenta que te estaba engañando. _No te imaginas…posee una habilidad sobre humana para manipular a la gente. _Me hago una idea_ _ ¿Pero aguantaste una infidelidad, que te tratase y hablase mal, te obligo a tener relaciones en contra de tú voluntad? no lo entiendo. _ ¿Te he contado también eso? Pregunté con asombro al no recordar haber contado esos detalles tan íntimos. _Sí, esta tarde, no lo recuerdas. _No_ respondí mientras me esforzaba en recordar en que momento de la tarde había revelado esa información. Pero no lo encontré. Víctor anulaba por completo mi capacidad de pensar y probablemente lo habría dicho sin darme cuenta. Debía tener más cuidado en futuras conversaciones para no descubrir detalles tan íntimos me dije a mí misma. _ ¿Te molesta que lo haya mencionado? _No, es simplemente que me avergüenza un poco el que lo sepas. _No debes sentirte avergonzada_ respondió mientras cogía mi mano _Debería ser él quien sintiese vergüenza por obligarte hacer una cosa semejante.

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Confesiones de un ladrón Mi mirada se vidrió sintiendo ganas de llorar al sentir su compasión. Era la primera vez que sentía pena de mí misma. _ ¡Pero ya no tienes ningún tipo de relación con él!_ comentó de forma desenfadada al darse cuenta de mi estado. Hice un esfuerzo por sosegarme y poder responder. _Por desgracia sí, nuestras familias son íntimas amigas, viene con bastante frecuencia por mi casa, además va a mi facultad. _ ¿Y? _Insiste en volver, pero ya le he dicho que pierde el tiempo. _Deberías tener cuidado, no lo conozco, pero por lo que me cuentas él todavía tiene esperanzas. _No, le he dejado muy claro que no puede haber nada entre nosotros. _ ¿Y crees que lo ha entendido?_ preguntó con cierta incredulidad. _Sí_ respondí afirmando. Mentí. En mi primera cita y ya estaba mintiendo, pero no quería preocuparle, no podía contarle el acoso que estaba sufriendo, el miedo que tenía y lo sola que me sentía ante esta situación. _Si te molestase me gustaría que me lo contases. _No te preocupes, no lo hace. _Me preocupo y no me gusta verte sufrir por un mamón como él. _Estoy bien, de verdad. _Quiero que sepas que puedes contar conmigo, me gustaría que confiaras en mí. _Gracias, lo haré si lo creo oportuno. Me miró y sonrió dulcemente. Al salir del restaurante caminamos deprisa hasta llegar a su coche, nos montamos y me miró fijamente _Eres preciosa, Ruth_ dijo con un tono de voz dulce y delicado. Sonreí agachando la cabeza tímidamente, e incluso un poco avergonzada, levantó mi barbilla y me beso dulcemente. _Eres lo mejor que me ha pasado_ _Y no puedo evitar sufrir al verte mal por el estúpido de tu ex. _Te juro que no tienes de qué preocuparte_ dije con rotundidad. _Eso espero_ añadió, mientras acariciaba con suavidad mi mejilla. Me sentí alagada al percibir su preocupación, pero no pude remediar sentir una chispa de recelo, sólo me conocía de un día y su excesiva atención me resultaba chocante. No era el comportamiento habitual de una persona que acabas de conocer, era la de una persona enamorada. Al llegar a mi casa, paro el coche. _ ¿Cuándo te voy a volver a ver?_ pregunté. _Cuando tú quieras, si quieres que venga todos los días, vendré. Sonreí ligeramente, su respuesta me dejo sin respiración. _ ¿A qué hora sales del trabajo? _A las 10, pero me da igual, si tú quieres, yo vengo.

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Confesiones de un ladr贸n _No, no quiero hacerte venir tan tarde_ _Adem谩s entre semana me suelo acostar pronto. _Entonces nos vemos por el Messenger y te llamo al m贸vil. _De acuerdo. Nos entrelazamos en un beso apasionado. Mis manos se enredaron en su suave cabello, pod铆a sentir como mi piel se erizaba al sentir el tacto de sus manos en mi cuerpo.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo V A dios a los malos recuerdos El lunes después de llegar de la facultad me conecté al Messenger para ver a Berta. Deseaba preguntarla qué tal había ido su visita al médico ya que estaba preocupada por su salud. Además me moría de curiosidad por saber qué opinión se había formado sobre Víctor. _ ¿Qué te ha dicho el médico? Pregunté nada más verla a través de la cámara. _Me han dado el resultado de los análisis, me ha dicho que los mareos son porque tengo bajo el hierro. Me han mandado unas pastillas_ explicó sin perder el buen humor. _ ¡Entonces estas bien!_ afirmé recuperando la sonrisa. Berta era una persona muy importante en mi vida, la quería como a una hermana y si ella se encontraba bien, entonces todo estaba bien. _Sí tranquila, sólo tengo un poco de anemia_ respondió con su hermosa sonrisa. _Ya me quedo más tranquila_ _Bueno… cambiando de tema ¿Qué te pareció Víctor?_ pregunté con curiosidad. _ ¿Dónde hay que apuntarse de voluntaria para estar con chicos como él ?_ dijo riendo _Dios mío es… perfecto para ti_ exclamó entusiasmada. _A Carlos le ha caído genial, parece un chico muy majo_ _Siento haberte aguado la tarde_ confesó poniendo carita de pena. _Tú no estropeaste nada, fue tu novio ¿Cómo puede hablar tanto?_ pregunté intrigada. _A mí hay veces que también me aburre_ respondió riendo. _ ¿Qué tal el resto de la tarde con él? _Bien, me he sentido muy a gusto y es fácil hablar con él, además es tan simpático, siempre se está riendo. _ ¿Crees que será un rollo pasajero o se convertirá en algo más serio?_ preguntó con curiosidad por saber qué intenciones tenía con él. No contesté a su pregunta, simplemente me encogí de hombros ya que no sabía que ocurriría. _ ¿Os besasteis?_ preguntó con entusiasmo. _Sí_ respondí sin ganas, sin demostrar ningún ánimo en mi respuesta. _ ¿Y qué tal besa?_ preguntó al ver mi inexpresiva respuesta. _ ¿Tú que crees?_ respondí con una sonrisa de oreja a oreja. _Genial, he…_ dijo con risita maliciosa. _ Pero… no sé… ¿Quieres que hagamos una apuesta?_ pregunté con cierta ironía. _ ¿Sobre qué? _Cuánto tiempo tardará en quitarse la careta. Yo apuesto que en seis meses. _ ¡Joder!, pues sí que te ha dejado tocada ese chico_ exclamó angustiada. _ ¿Cómo? _No todos los tíos son como Jorge_ _ ¿A ti te gusta Víctor? _Mucho, creo que demasiado_ confesé. _ ¡Entonces disfruta del momento!, se feliz, no pienses cuando va a salir mal. 35


Confesiones de un ladrón _Pero es que me da miedo_ _Me aterra que me hagan daño otra vez_ confesé mientras jugaba con mi pelo. _No dejes que lo que te pasó con Jorge, te estropeé lo que puedas tener con él. _ No puedes ir así por la vida desconfiando de todo el mundo_ añadió con pesar. _ ¡Y qué quieres que haga, si desconfió hasta de mi propia sombra!_ confesé justificando mi desconfianza hacía cualquier persona del género masculino. _Sólo debes tener cuidado, no te encoñes mucho con él, pero dale una oportunidad, parece un tío genial. _Te envidio Berta_ confesé con tristeza en mi voz. _ ¿Por qué?_ preguntó extrañada por mi sorprendente confesión. _Tienes la vida que yo deseo. Unos padres que te apoyan en todo, estudias lo que deseas, y tienes un novio que te adora, ¿Por qué yo no puedo tener eso? _Te voy a contar una cosa que nunca he contado a nadie_ dijo muy sería. _ ¡Pensé que entre nosotras no existían secretos!_ exclamé atónita al descubrir que mi amiga tenía un secreto que jamás me había contado. _Y no existen. No me gusta contarlo para no tener que recordarlo y además como sé lo que opinas sobre las drogas pues preferí no decir nada_ _Antes de estar con Carlos salí con un chico del pueblo de mi madre. Era guapísimo y estaba loca por él. Nos enrollamos a principio de verano y todo era genial, lo pasábamos muy bien juntos, pero le tuve que dejar. _ ¿Por qué? _Consumía drogas. Al principio solo las tomaba él con sus amigos, no me invitaba a consumir, pero al poco tiempo empezó a presionarme a que compartiera con él los porros _ ¿Fumaste? _Sólo una vez, pero él no dejaba de insistir e insistir. Fue cuando me di cuenta que no era bueno para mí. Lo pasé fatal al romper, nos llevábamos tan bien. Mi abuela se dio cuenta que lo estaba pasando mal por un chico. La conté más o menos lo que me había pasado, obvié el detalle de las drogas, claro está, sino la habría dado un gran disgusto a la mujer. Una tarde estaba en el sofá viendo la televisión, se acercó a mí y me dijo “en el mar hay millones de peces y ninguno es igual, todos tienen algo que les hace especial. Los hay peligrosos que pueden llegar a matar y otros inofensivos que producen felicidad al mirar. Depende del pez que escojas, si te lo quedas y no lo devuelves al mar, tu destino tendrás. _Qué me quieres decir con eso, que tengo que ir de pesca_ dije pausadamente. _ ¡No, tonta!_ _Yo devolví al mar a Santi, era un pez que me podía matar, y no me arrepiento, luego conocí a Carlos y ya sabes el resto de la historia_ _No le permitas que tenga ese poder sobre ti, bastante daño te hizo cuando estabas con él. _Gracias por contarlo_ pronuncié lentamente. No sabría explicar lo que en ese momento acababa de experimentar, pero al escuchar a mi amiga decir que no permitiese a Jorge tener poder sobre mí, sentí recorrer por mi cuerpo un sentimiento desconocido hasta el momento, era una especie de corriente eléctrica a baja potencia, un extraño impulso de fuerza que me hizo darme

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Confesiones de un ladrón cuenta que era verdad, debía cambiar, debía poner punto y final a una relación tortuosa que me hizo ser desgraciada y debía volver a recuperar la confianza. _Tengo el presentimiento que Víctor te hará feliz y si no es así, ya sabes… al mar. No pude más que reír, me hizo gracia la forma con la que se expresó. _ ¿Habéis quedado?_ Preguntó borrando este momento tan cómico. _Hemos quedado en vernos a través del Messenger. Esta noche me conectaré a ver si aparece. _ ¿Y porque no iba aparecer? _No sé… ya te lo diré mañana, lo mismo le he espantado. _Que tonta, seguro que se conecta_ _No veo yo a ese chico que sea de los que se asustan fácilmente. _Fue un poco extraño, tenía mucho interés en saber de mi relación con Jorge. _ ¿Y tú que le contaste? _La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, lo juro_ dije sonriendo. _Por ese motivo crees que le has espantado. _Más bien_ _Espera a ver si se conecta y saldrás de duda. _Ya te contaré mañana. _Vale. Siempre fui una chica enamoradiza. Desde los diez años que me enamore por primera vez de Juan, siempre había tenido novios. Me duraban más bien poco, una semana, un mes lo máximo, pero siempre volvía a ilusionarme por alguno. Excepto en estos últimos meses en los que no quería hablar de enamoramientos, de chicos, ni de nada que se pareciese. Jorge me había enseñado un lado oscuro del amor que nunca había experimentado, los celos, la posesión e incluso la dominación. A las diez me volví a conectar al Messenger incierta por saber si él estaría o no. A las diez y veinte vi que Víctor solicitaba una video llamada. _Hola_ dije nerviosa nada más ver su hermoso rostro a través de la cámara. _Hola, ¿Qué tal estas?_ preguntó con una maravillosa sonrisa. _Bien_ respondí pausadamente _ ¿Y tú? _Preocupado_ respondió. _ ¿Y eso?_ pregunté intrigada por saber que le preocupaba. _No sabía si querrías volver a verme_ _He tenido miedo de que no te conectaras_ confesó, dejando en su rostro una pequeña mueca de disgusto. Sonreí porque ambos nos habíamos sentido igual _No lo pase tan mal ayer como para no querer volver a verte_ respondí con una débil sonrisa. _No sé… creo que ayer me pasé al preguntarte ciertas cosas, no debí hacerlo. _Sentías curiosidad, es normal_ comenté. _Me gustas mucho Ruth y sé que ahora mismo te cuesta confiar en mí, apenas nos conocemos, pero quiero que sepas que no me escondo tras ninguna careta. Me comporto y actuó tal como soy, sólo quiero que me des una oportunidad. Sus palabras me erizaron la piel. Podía haber usado otra expresión como, “que no tenía dos caras”, “que no escondía nada”, pero mi mismas palabras me 37


Confesiones de un ladrón pareció raro. Otra vez volvía a experimentar esa sensación extraña, como si alguien me vigilara. _Comprende que éste un poco recelosa, ahora mismo no tengo mucha confianza en los hombres. _No quiero que confíes en los hombres, sólo quiero que confíes en mí, y sólo en mí. Suspiré profundamente y quedé pensativa. Escuchaba en mi mente las palabras de Berta “dale una oportunidad” y accedí ya que no tenía nada que perder. Recordé la historia de la abuela de Berta, hay peces que con sólo mirarlos transmiten felicidad, quizás Víctor era uno de esos peces. Levanté la mirada dejándola fijamente en él, y era cierto, sentí alegría al mirar sus hermosos ojos y dije _Y a cambio de mi confianza ¿Qué me darás tú? _Felicidad, te parece bien_ respondió sonriendo. _Trato hecho_ dije feliz. Abriría las puertas de mi corazón a este joven desconocido. Lo único que deseaba era no tener que arrepentirme.

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Confesiones de un ladrón Durante la semana no nos veríamos. Él trabajaba por la tarde y yo debía estudiar. Decidimos que encontraríamos un momento para nosotros, y ese momento era por la noche a través del Messenger. El martes me conecté y apareció. El miércoles me conecté nuevamente y _ ¿Qué tal estás?_ preguntó nada más verme a través de la cámara. _Bien, muy bien, con ganas de verte nuevo_ dije dejando florecer una sonrisa triste en mi rostro. _Yo también tenía muchas ganas de volver a verte, no sé si podré esperar al viernes. _Sólo quedan dos días, habrá que ser fuerte_ _ ¿Qué tal tu trabajo? _Bien, no hay mucho. _Ya me he dado cuenta por la cantidad de mensajitos que me has mandado al móvil. _Ja, Ja, Ja, ¿No te han gustado? _Claro que me gustan. _ ¿El viernes hasta que hora te dejan?_ preguntó. _Hasta las tres o las cuatro_ _Pero el sábado no tengo hora, si terminamos pronto del voluntariado, nos podemos ir por ahí. _Estupendo entonces, estoy deseando que llegué el viernes. _Bueno, te voy a dejar, mira qué hora es y mañana tengo que madrugar_ comenté al ver en mi reloj lo tardísimo que era. _ Un beso_ dijo risueño. _Otro para ti_ respondí. El jueves me conecté como de costumbre, pero no aceptaba mi video llamada. Me extraño su ausencia ya que me había comentado que del trabajo a su casa sólo tardaba diez minutos escasos. Eran las once menos cuarto y aún no estaba conectado, supuse entonces que estaría cenando. A las once menos diez sonó mi móvil y vi que era él. _ ¿Cómo que me llamas al móvil?_ pregunté extrañada. _Sal, estoy en la puerta de tu casa_ cuando escuché su respuesta, sentí un fuerte impacto en mi mente, el estómago me dio un pinchazo y sentí como mi corazón se aceleraba por segundos naciendo una bella sonrisa. Salí del cuarto con desesperación por ir en su busca. _Mamá, voy a salir un rato, ha venido una compañera de clase a recoger unos apuntes_ comenté con rapidez, mientras observaba a mi madre sentada en la mesa del comedor ensimismada con sus diseños. Creo que no presto atención alguna a mi comentario. Salí a la puerta pero no le divise, la débil luz de la calle dificulto localizarle. Caminé despacio mientras observaba cada coche aparcado intentando reconocer el suyo y fue entonces cuando a unos escasos veinte metros de mí, vi encenderse la luz interior de un coche y contemplé abrirse la puerta mientras salía un joven. Supe que era él al instante. Corrí el poco espacio que nos separaba abrazándome fuertemente a él. No me importo demostrar lo mucho que me alegraba su visita.

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Confesiones de un ladrón _ ¿Qué haces aquí?_ pregunté emocionada. _Te echaba de menos. Ya te dije que no sabría si podría esperar al viernes sin verte_ su voz me sonó como un coro celestial. _Me alegro que no hayas podido esperar_ confesé emocionada por su visita inesperada. Cogiendo mi cuerpo casi en alza, me apoyó contra su coche besándonos con desesperación cuando un coche paro a nuestra altura sonando dos pequeños pitidos, ambos nos giramos de inmediato viendo a mi hermana con su novio. _Hola_ dije a Noelia cuando bajo la ventanilla quedando frente a mí. _Hola _ respondió. _ ¿Vais a casa?_ pregunté nerviosa. La situación era incómoda. _Sí_ contestó con una sonrisita maliciosa por haberme descubierto con un chico. _ ¡No llegues muy tarde!_ comentó desde el interior del coche. _No_ respondí. Al ver que el coche no proseguía su camino, vacilé unos segundos adivinando que mi hermana no se marcharía hasta que le presentase al chico con el que estaba. Durante unos segundos medité si hacerlo o no, optando por hacer lo que era correcto _Víctor te voy a presentar, está es mi hermana Noelia y su novio Alberto. _Hola_ contestó Víctor. Ambos se bajaron del coche rápidamente saludando de forma educada. Charlamos brevemente cuando dije _Mamá te está esperando en casa, ha comentado que estabas tardando demasiado_ dije asegurándome que no se repitiese lo sucedido en el Zoológico con Carlos. Noelia captó la indirecta al vuelo _Sí, nos vamos, llevamos prisa_ _Encantada de conocerte Víctor, espero volver a verte otra vez_. Víctor no hizo ningún comentario, tan solo sonrió _ ¿Por qué no entráis en casa?_ sugirió dulcemente mientras se montaba en el coche. _Estamos bien aquí_ añadí con rotundidad. Una vez que nos quedamos solos y observábamos como el coche desaparecía Víctor comentó _Parece maja tu hermana. _Tiene sus cosas, pero sí, es maja_ respondí. _Una forma muy sutil de echarla_ añadió con una risa picaresca. _Sutil o no, sólo quería que se marcharan_ contesté mientras enlazaba mis manos en su cintura _Ahora sólo quiero estar contigo_ añadí entretanto acercaba mis labios a su boca.

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Confesiones de un ladrón Estábamos a primeros de junio y por fin terminaba la facultad. Mis notas no habían sido malas, pero tampoco eran para para festejarlas. Había logrado aprobar todas las asignaturas por los pelos. Lo único que hasta el momento me alegraba la vida, era mi relación con Víctor. Llevábamos un mes y todo marchaba sobre ruedas. Era dulce, tierno, comprensible y no le importaba demostrar sus sentimientos hacía mí, hecho que me perturbaba. Era viernes por la mañana. Berta se había quedado a pasar la noche en casa. Después del desayuno decidimos salir a tomar el sol un rato a la piscina de casa. Estábamos charlando, cuando vi a mi madre aparecer llevando algo en la mano. _Toma las llaves de tu coche, y espero no tener que volver a quitártelas_ dijo con una triste sonrisa cuando se colocó delante de mí, tapando los rayos del sol. _No te preocupes, no volverá a ocurrir_ respondí de forma tajante. _Eso espero_ _Tu padre ha dicho que al menor desliz… _No pasará más, te doy mi palabra_ dije sin dejar que terminase la frase. Miré a Berta por que no dejaba de sonreír. _Qué guay ya tienes tu cochecito. _ ¿Te apetece que demos una vuelta?_ pregunté animada. _ ¡Te acordaras de conducir!_ añadió bromeando. Hice un gesto de burla con la boca _Víctor me ha dejado su coche en más de una ocasión. _ ¡Era broma, tonta! _Ya lo sé_ _ ¿Dónde quieres ir? _De tiendas…_ sugirió. _Eso está hecho. Llegamos al centro comercial alrededor de las doce de la mañana. Entramos en una de las tiendas y Berta vio un vestido que la gusto. _ ¿Qué te parece para mañana por la noche?_ me preguntó mientras colocaba el vestido de forma superficial a su cuerpo. _Me gusta, te favorece el blanco, pero déjame regalártelo, todavía no sé qué comprarte _ _Hasta Víctor ya te ha comprado el regalo. _ ¿Y qué es?_ preguntó con curiosidad. _No sé, no me lo quiere decir_ confesé con resignación. _Pues no compres nada. _Sí claro…_ _Tú decides, te compro el vestido o no voy a tu cumpleaños. _Toma pesada_ respondió tirándome el vestido a la cara.

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Confesiones de un ladrón Era sábado por la noche y un día muy esperado, el cumpleaños de Berta. Habíamos planeado ir a cenar para la celebración a un restaurante italiano especializado en unas deliciosas y crujientes pizzas. Una vez que terminara la cena, iríamos a pasar el resto de la noche a un Pub llamado “Besos”. La noche estaba transcurriendo agradable. Mientras cenábamos, me abstraje por un momento de las conversaciones que mantenía con mis amigas y centré toda mi atención en una única persona. Observé su comportamiento, su forma de hablar, su risa, alucinaba al ver lo bien que congeniaba con mis amigos, no podía dejar de mirarle y sentirme afortunada por tenerle. Entonces, como si pudiese leerme el pensamiento giró su rostro unos segundos regalándome una maravillosa sonrisa acompañada de un giño. Fue un gesto de complicidad entre ambos, quería que supiese que aunque estuviésemos separados, él siempre estaría pendiente de mí, supe entonces que le quería más de lo que me permitía, sabiendo que estaba expuesta de nuevo a que me partiesen el corazón. Después de cenar fuimos a Besos, el Pub favorito de Berta. Allí conoció a Carlos y sentía un cariño especial por ese lugar. En este Pub, de dos a tres de la madrugada si te besabas más de dos minutos, te invitaban a una copa haciendo eco a su nombre. Así fue como Carlos ligó con ella. Estábamos disfrutando plácidamente de la noche cuando vi aparecer a mi hermana acompañada de su grupo de amigas, entre las que se encontraba Ángela, la hermana de Jorge y Yolanda, la chica con la que Jorge me había engañado. Nada más verlas aparecer en el local, me horrorizó la idea que se pudiesen quedar, por lo que me anticipé rápidamente yendo a saludarlas. Después de los saludos obligatorios, ya que Yolanda no era santo de mi devoción, charlamos un poco, e intenté por todos los medios convencer a mi hermana para que se fuese con sus amigas a otro local. No deseaba que nadie se enterase por el momento de mi relación y mucho menos tener que presentar a Víctor. De hacerlo, sabía que Ángela, de un modo no premeditado, comentaría la noticia con su hermano y no deseaba que supiese nada de mi vida por miedo a su reacción. Pero mi plan por evitar que conociesen a Víctor fue completamente inútil. _ ¡Mirar que bomboncito hay en la barra!_ sugirió Ángela a todas sus amigas. En ese instante todas miraron y exclamaron _Qué rico es. _Vamos a tontear con él y nos reímos un rato_ comentó Ángela a una de sus amigas, cogiéndola de la mano y dirigiéndose directamente hacía Víctor. _Ese no es…_ fue a decir mi hermana, pero respondí antes de que pudiera decir que era mi novio. _NO_ respondí con suma velocidad. Con movimientos sutiles y de una forma disimulada, me cambié de sitio para no perder detalle de la conversación que mantenía Ángela con Víctor. Desistí de mi intención de observarlos cuando vi como Ángela colocaba su mano suavemente sobre su hombro. Decidí ir al baño para no tener que presenciar cómo intentaban ligar con él. Fue la primera vez que sentí celos, si se podría llamar así.

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Confesiones de un ladrón Las amigas de mi hermana eran esculturales, bellas y siliconadas hasta las cejas. No había un solo chico que se las resistiera. Ellas lo sabían y explotaban todo sus encantos a la caza de nuevas presas para el aumento de su ego. Nada más salir del baño, en lo único en que me pude fijar fue en Víctor. Volvía hablar con Carlos y Raúl como si no existiese nadie más en aquel local. Inquieta por no ver a Ángela y su amiga, mis ojos recorrieron el local, hasta que la encontré hablando en corro con sus amigas. _ ¿Qué tal con el chico?_ pregunté ansiosa por saber que las había dicho cuando me reuní con ellas. _Es un estúpido_ respondieron. Me mordí el labio para disimular una sonrisita malvada de satisfacción por su rechazo. _ ¡Pues vaya!_ exclamé _Hacerme caso, iros a “Cuéntame” estará mejor que esto. _ ¡Mira Berta, voy a felicitar a la cumpleañera!_ comentó mi hermana. Acto seguido comenzó a caminar hacia ella con un paso desbocado provocando que apenas pudiese impedírselo. En ese preciso instante quise que la tierra me tragase. Advertí cómo se saludaban e intercambiaban unas palabras. Berta le enseño el reloj que Víctor le había regalado y luego juntas se acercaban a saludar a Carlos. Mi hermana levantó un brazo mientras movía su mano indicando a sus amigas que se reuniesen con ella. Suspiré profundamente por mi fracaso mientras caminaba desanimada detrás de ellas. _ ¡Si es… tonta, no decías que no era tu chico!_ dijo mi hermana. _ ¿Os referíais a Víctor?_ apostillé fingiendo que se había provocado un mal entendido. _ ¡Pues claro, quien si no!_ añadió dando a entender que era idiota. _Pensé que te estabas refiriendo al chico de la camisa azul_ expliqué intentando salir del atolladero de la mejor manera. _No… me refería a tu chico_ respondió. _ ¿Esté es tu novio?_ preguntó Ángela, dejando ver asombro en su rostro y una sonrisa falsa fingiendo alegrarse por mí. _Sí_ _Os presento a Víctor_ dije en general para todas. Al segundo estaban lanzándose sobre él como lobas. Después de hacer una muestra del poco celebro que tenían y pavonearse delante de Víctor, mi hermana al percibir sus intenciones dijo que se marchaban. Una vez que nos quedamos solos en la barra dijo dejando una mueca en su cara _Si hubiese sabido que era amiga de tu hermana no habría sido tan borde con ella. _No te preocupes, no tiene importancia_ _ ¡Sabes que Ángela es la hermana de Jorge! _ Por eso no tenías intención de presentarme_ insinuó mirándome fijamente a los ojos. _La verdad es que no_ confesé. _ ¿Por?

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Confesiones de un ladrón _Mañana él lo sabrá y no me apetecía que supiese nada de mi vida_ respondí mientras miraba la punta de mi zapato. _ ¿Qué te ha dicho?_ pregunté. _Que era la hora de los muerdos. Si la daba uno de más de un minuto nos regalaban una copa. _ ¡Qué poco original!_ exclamé sorprendida._ ¿Y que la has contestado? _Lo primero que se me ha pasado por la mente, con tal de quitármela de encima. _ ¿Pero que le has dicho?_ pregunté intrigada. _Que era gay_ _Parece que no la ha hecho mucha gracia. _Ellas son así, no están acostumbradas a que un chico las de una negativa_ comenté suspirando profundamente. _ ¡Vaya!, entonces no me olvidaran con facilidad. Me miró fijamente y dijo murmurando _ ¿Sabes que nos pueden regalar una copa si nos besamos?_ expresó con cierto tono juguetón. _Sí… pero yo con chicos gay no me beso_ respondí repitiendo su mismo tono juguetón. Observé como se reía pícaramente _Bueno, en realidad no soy muy gay_ _Tengo dudas_ me musitó en el oído. _ ¿Y crees que enrollándote conmigo saldrás de dudas?_ pregunté bromeando. _Creo que sí, me harías un gran favor_ dijo entrecerrando sus adorables ojos grises. _Pues… como soy buena persona, intentaré despejar tus dudas, pero sólo lo hago porque soy buena persona_ expliqué riendo. Después de un largo y cándido beso, el camarero nos trajo unos chupitos por lo bien que lo habíamos hecho.

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Confesiones de un ladrón El lunes salí de casa sobre la una de la tarde con intención de hacer una visita sorpresa a Víctor. Estaba deseosa por verle, el domingo no pudimos quedar ya que él debía acompañar a su hermano hacer un trabajo. Conduje hasta Rivas. Llamé a Víctor nada más llegar. _ ¿Sabes dónde estoy?_ insinué entusiasmada nada más escuchar su voz. _ ¿Dónde?_ preguntó intrigado. _En Rivas, ¿Nos podemos ver?_ pregunté ilusionada. _ ¿Con quién estás? _Sola_ dije sonriendo. _ ¿Y dónde estás? Expliqué como pude lo que me rodeaba, comenté que había un Burger, una rotonda con un monumento que parecía una chimenea. _Sé dónde estás, espérame ya voy_ asintió emocionado. Al cabo de cinco minutos vi como aparcaba su coche detrás de mí. Nada más bajarse del coche caminó con elegancia y gracia hacía donde me encontraba sonriendo de forma avergonzada al percibir que no podía dejar de mirarle. Mientras le observaba caminar y ver lo atractivo que estaba me provoco un sentimiento de pavor. Él era todo mío y quería estar conmigo y no podía dejar de sonreír. _ ¡Qué bien!_ dijo con una exclamación _ ¡Ya tienes tu cochecito!_ añadió mientras abrazaba mi cintura. Podía sentir sus palabras en mis labios. _Sí, por fin_ exclamé suspirando. _Son las dos, ¿Te apetece que comamos juntos?_ pregunté. _De acuerdo sígueme, comeremos en mi casa, ya tengo la comida preparada. Mi rostro se tensó emitiendo un diminuto quejido involuntario a causa de los nervios. Víctor reparó en mí malestar y preguntó extrañado _ ¿Qué pasa? Permanecí unos segundos en silencio antes de responder a su pregunta _Es qué…me da corte_ No podía decirle que lo único que deseaba era estar a solas con él. _ ¿Por? Volví a expresar el quejido involuntario _ ¿Estará tu hermano? _Sí, claro_ _Pero le vas a encantar_ dijo con una dulce sonrisa dejando en mi boca un pequeño beso que me provoco amnesia. Arqueé las cejas y suspiré mientras montaba en el coche nerviosa pensando en que iba a conocer a su hermano. Aparcamos junto a un edificio de ladrillos de nueva construcción de ocho alturas. _Aquí vivo, en el quinto_ dijo señalando uno de los balcones con toldos azules todos iguales. _Es nuevo_ comenté mientras miraba el edificio. _Sí, sólo llevamos tres años viviendo aquí_ _Ya sabes que antes vivíamos en Móstoles. _Ya… Subimos en ascensor hasta la quinta planta. Abrió la puerta de su casa adentrándonos en un pequeño recibidor con dos puertas situadas una a la derecha donde se encontraba la cocina y otra de frente que dejaba ver parte del comedor. Pasamos a la cocina y pude ver a un joven de muy buen parecido. 45


Confesiones de un ladrón Alto y delegado, de piel bronceada, ojos negros y facciones finas, con barbita de varios días. Me pareció un chico irresistiblemente guapo. _Germán, te presento a Ruth_ dijo mientras pasaba su brazo por mis hombros. _Mi novia_ afirmó. Le miré perpleja por la forma tan natural en que me había presentado como su novia. _Hola_ dije con timidez. _Hola_ _Así que tú eres la chica que este gamberro ha engañado_ comentó divertidamente rompiendo la tensión. _Sí…_ _Si no hay otra, supongo que soy yo_ dije riendo mientras miraba a Víctor. _Pues encantado de conocerte_ al segundo estaba regalándome dos besos que provocaron que me ruborizara por lo guapo que era. En ese instante empecé a sentirme más relajada, más cómoda. Físicamente los dos hermanos no se parecían en nada, uno rubio y otro moreno, uno de ojos claros como el cielo y el otro negros como la noche, pero sí había una cosa en que eran idénticos, ambos eran irresistibles y encantadores. _ ¿Espero que te guste la pasta?_ me preguntó Víctor mientras se colocaba el delantal. _Me encanta_ respondí. _Mi hermano está hecho todo un cocinilla_ desveló Germán mientras me indicaba donde sentarme en la mesa. Sacó de un cajón un cubierto más colocándolo sobre la mesa para la invitada no esperada. _ ¿Quieres que te ayude?_ Pregunté a Germán. _No, déjalo te podrías manchar, además eres nuestra invitada_ respondió con una atractiva sonrisa. No podía dejar de examinar a Víctor. Estaba embelesada al ver lo bien que se desenvolvía en la cocina. Parecía un gran cocinero. Su forma de escurrir la pasta y rehogaba el marisco demostraba tener una destreza en la cocina que yo jamás alcanzaría por muchas vidas que viviera. Me pareció que estaba muy sexy con aquel delantal. _ ¡Nunca me has comentado tu afición por la gastronomía!_ comenté mientras daba un sorbo de agua. _Alguno de los dos tenía que aprender. Éste sólo sabe hacer sándwich_ respondió mirando a su hermano para que se diera por aludido. _Entonces Germán, te pareces a mí, yo no sé freír ni un huevo_ comenté un poco avergonzada. Víctor me miró y dijo _Mejor… así no discutiremos por quien cocina_ sonreí porque justamente era verdad, jamás invadiría ese espacio, se lo dejaría todo a él. _Por favor, dejaros de arrumacos que tengo hambre_ dijo su hermano con tono burlón al ver a Víctor darme un beso. La comida si soy sincera no tenía que envidiar a la del mejor restaurante y el ambiente fue divertido. Pude percibir lo unidos que estaban los dos hermanos.

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Confesiones de un ladrón Después de comer, Víctor quería enseñarme su lugar de trabajo. Llegamos a la tienda y sólo tardo unos escasos minutos en ponerse la ropa del trabajo. Estaba guapísimo con el azul del mono. Resaltaba sus ojos y por un segundo estuve celosa de una de las chicas que había detrás del mostrador. _Es muy guapa_ le insinúe mirándola. _ ¿Quién, Mónica? _Sí_ afirmé. _Es la novia del hijo del jefe_ _No tienes por qué preocuparte, tú eres mucho más guapa y más simpática. Me mordí el labio y arqueé las cejas y un pensamiento paso fugazmente “Pero ella pasa contigo todas las tardes” _Voy a meter tu coche un segundo en el taller para que mi compañero lo eché un vistazo_ _ ¿A qué no has mirado los niveles, ni has comprobado la presión de los neumáticos?_ dijo con preocupación. _No_ dije mientras abría mis ojos como platos. _ ¡Eso se debe mirar!_ exclamé con tono burlón. Movió la cabeza de un lado para otro en señal de desagrado por mi respuesta. Al cabo de cuarenta minutos trajo el coche _Ya lo tienes listo, cariño. _No hacía falta que molestaras a tu compañero. Frunció el ceño y dijo _Te podías haber matado, llevabas la presión de los neumáticos al mínimo_ _Tienes que tener más cuidado, cielo_ añadió con un tono de desaprobación. _Vale…_ _Bueno… voy a dejar que trabajes. Le di un beso de despedida y murmuré _Te quiero_ mientras me separaba de él. Era la primera vez que me permití decir lo que sentía, pero necesitaba que supiese lo mucho que le quería y lo mucho que significaba para mí. _Yo también te quiero, te quiero muchísimo_ me susurró en el oído mientras sentía como apretaba con fuerza mis manos. Sonreí y monté en el coche. Mientras conducía de regreso a casa, con la música bien alta, ya que era así como me gustaba escucharla, no podía dejar de sonreír plácidamente. Rebosaba felicidad por todos los poros de mi piel. Mis ojos desprendían un brillo que sólo se debía a mi enamoramiento. Pero pronto desaparecería esa sonrisa cuando al llegar a casa vi a Jorge. _ ¿Qué haces tú aquí?_ pregunté cuando le vi sentado en el sofá viendo el televisor. _Tu madre y la mía se han ido de compras, así que las he dicho que me quedaba a esperarte_ _ ¿De dónde vienes?_ preguntó con un tono de desaprobación. _Y a ti que te importa_ discrepé con el mismo tono. _Me ha dicho mi hermana que sales con un chico. _”hay que fastidiarse, lo sabía, sabía que vendría nada más enterarse de mi relación” “Odio tener razón” _Sí_ _ ¿Pasa algo? ¿Tienes algún problema?_ dije desafiante, sin miedo a enfrentarme a él. _No, nada, me parece bien, yo salgo también con una chica_ respondió. _Me alegro_ “a ver si así, no te vuelvo a ver el pelo” pensé para mis adentros.

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Confesiones de un ladrón Se levantó del sofá caminando lentamente hasta el borde de la escalera donde me situaba. Retrocedí subiendo un escalón. _Te sienta bien tener novio, estas más guapa que nunca_ dijo mientras posaba su mano acariciando de un modo siniestro mi brazo. Fue espeluznante y sentí repugnancia al notar el tacto de su mano acariciar mi piel. _ ¿Qué haces?_ pregunté angustiada apartándome de él mientras frotaba con fuerza la zona que me había acariciado, intentando que desapareciese la repugnancia que había sentido. _Nada_ _Sólo te he dicho que estás guapa, nada más. _ ¿Y mis hermanas?_ pregunté nerviosa. La situación me estaba dando miedo, necesitaba que hubiese alguien más en la casa. _Soraya está arriba_ masculló de mala gana, mientras regresaba caminando lentamente hacía el sofá. Subí las escaleras dirigiéndome al dormitorio de Soraya. _Soraya baja al comedor_ dije de forma rotunda. _ ¡Estoy haciendo los deberes!_ exclamó molesta. _Haz el favor de bajar. _ ¿Para qué?_ preguntó confusa. _Tira al comedor_ ordené. Mi voz se elevó dos notas más de lo normal mientras mi rostro reflejaba la tensión que estaba viviendo. Sentía como mis nervios estaba a punto de explotar, sólo deseaba coger a la enana del brazo y arrastrarla hasta el comedor, sin tener que dar explicaciones y menos a ella. _ ¿Y qué me das a cambio? _Lo que tú quieras, pero baja… por favor_ solicité sutilmente. Me miró extrañada al escuchar que se lo pedía por favor. Yo nunca usaba con ella esas palabras sino era para algo verdaderamente importante. _Está bien, pero me das tu blusa azul_ dijo enfadada mientras soltaba de mala gana el lápiz contra el escritorio. _Lo que tú quieras enana. El resto de la tarde transcurrió de forma violenta, hablando tonterías, viendo el programa favorito de Soraya para que no se aburriese y decidiese marcharse. No pude evitar en más de una ocasión encontrarme con su mirada, era fría y desafiante, provocándome temor. No podía dejar de mirar el reloj y suplicar que llegasen pronto nuestras madres. Hasta que por fin aparecieron por las puertas. Una vez que se marcharon, fui al dormitorio de mi madre para hablar con ella. Debía dejarla claro que jamás volvería con Jorge, por mucho que lo desease. _Mamá si lo puedes evitar, la próxima vez no dejes a Jorge aquí solo_ comenté a mi madre mientras se cambiaba de ropa. Me miró extrañada, como si no comprendiese lo que hablaba. _ ¿Y eso por qué?_ _Esta es como su segunda casa. Antes cuando se pasaba aquí horas y horas no te molestaba. _Lo sé, pero ya no estamos juntos y prefiero…_ me interrumpió no dejándome terminar de hablar. _Pamplinas, lo que deberías hacer es dejarte de tonterías y volver con él_ _Su madre cree que todavía siente algo por ti _ _Me ha dicho que sale con una chica, 48


Confesiones de un ladrón pero no es nada serio, seguro que si le pides que vuelva contigo, romperá con ella. _ ¡Pero yo no siento nada por él!_ exclamé enfadada. _Cariño, Ana y yo lo hemos hecho por vosotros, a ver si de una vez volvéis a estar juntos, hacíais tan buena pareja_ dijo con tono meloso. _Pues ya te digo yo que no. _De verdad… no sabes valorar mi ayuda. _No vuelvas hacerlo más_ dije con rotundidad marchándome enfadada del cuarto. Después de cenar me conecté al Messenger como de costumbre para ver a Víctor. Creí oportuno no contarle la encerrona que me había preparado mi madre junto con Ana. No quería que se disgustase. _ ¿Te pasa algo? Pareces triste_ dijo nada más verme. _No, estoy bien, es sólo que me gustaría estar contigo. _Yo también te echo de menos, cielo _ dijo mientras miraba el reloj. _ ¿Si quieres voy un rato? es pronto, además estoy solo, mi hermano se ha ido al cine con su novia. Miré el diminuto reloj del ordenador y vi que eran las once y media de la noche. _No, voy yo, espérame. _ ¿Estás loca, tú sola a estas horas? _Si_ respondí eufórica. Cerré el ordenador sin tiempo para dejarle disuadirme y bajé al comedor. _Mamá me voy a dormir a casa de Berta. _Llama cuando llegues_ comentó mientras ojeaba una revista. _ Lo haré. Cogí el coche para ir a casa de Víctor. Mientras conducía solo podía pensar en lo mucho que le deseaba, necesitaba estar con él, estar entre sus brazos, sus besos, lo necesitaba a él. Acababa de pasar con él cinco horas maravillosas pero necesitaba más, deseaba estar con él todo el mayor tiempo posible. Cada vez me costaba más estar separada de él. Cuando aparque en su barrio, pude ver que estaba esperándome en la calle. Salí del coche y corrió a mi encuentro. _ ¿Qué pasa, me tienes preocupado? _No pasa nada, es sólo que tenía ganas de estar contigo. Me miró fijamente a los ojos, cruzó sus brazos adoptando una posición de esperar a que le contara lo que me preocupaba. “Era un fastidio que me conociese también” _Cuando he llegado esta tarde, mi madre y la madre de Jorge me habían preparado una encerrona, han dejado a Jorge en casa y ellas se han ido. _ ¿Una encerrona?_ preguntó confuso. _Sí, quieren que volvamos a estar juntos_ dije desanimada. Su rostro se tensó y sus labios se endurecieron en señal de enfado. _Joder.

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Confesiones de un ladrón _Entiéndelo…, ellos son muy amigos, mi madre y su madre son socias, montaron la empresa juntas, y mi padre le debe el cargo que tiene_ _Cuando salíamos estaban encantados de la vida y parece que quieren que volvamos. En su rostro apareció una sombra de tristeza. _Nunca verán bien que salgas conmigo_ dijo con tristeza. _Eso no lo sabemos_ _Seguro que cuando mi madre te conozca, se enamora de ti_ comenté animada. Quería borrarle su tristeza. Hizo una mueca con la boca queriendo decir que no. _Subamos a casa_ dijo desanimado. _Hey… mírame… me da igual si les gustas como si no, yo te quiero y si hace falta mañana nos casamos o nos fugamos, pero no dejaré que me separen de ti. En su rostro nació una bella sonrisa _Que loca estas. _Lo sé… pero tú tienes la culpa_ dije con tono burlón mientras caminaba hacía el portal. _YO_ exclamó. _Si, tú, me has hecho perder la cabeza_. Por fin veía una sonrisa en su rostro. _ ¿Has cenado?_ me preguntó cuando entramos en su casa. _Sí. _ ¿Qué te apetece hacer?_ _ ¿Quieres ver una peli? _Está bien. Mientras él encendía el televisor yo llamé a mi madre para decirla que estaba bien y que había llegado. Fingí estar viendo la película, pero mi mente no dejaba de pensar lo mucho que le deseaba. Estaba poseída por la pasión, el deseo y la locura. Lo único que podía pensar era que quería hacer el amor en ese mismo instante, había llegado el momento y nada me detendría. Mi inseguridad y mis miedos se habían esfumado, dejando paso a un amor apabullante y arrollador semejante a un vendaval que por donde pasa arrasa. Le besé apasionadamente y fui correspondida. Supe en ese preciso instante que él también lo deseaba tanto como yo, que él me amaba tanto como yo le amaba. Quité su camiseta y observé su precioso y marcado torso; mientras besaba su cuello con ardor, él desabrochó mi camisa. Me cogió entre sus brazos mientras nos besábamos llevándome a su dormitorio.

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Capítulo VI Yakabán Esa mañana me desperté radiante, llena de felicidad, con una sonrisa de oreja a oreja. La experiencia había sido mucho mejor de lo que me había imaginado. Lamenté que en mi primera vez no hubiese experimentado la misma felicidad que estaba sintiendo ahora. Me estiré mientras no dejaba de sonreír. No había notado que Víctor no estaba a mi lado. Vi abrirse la puerta y apareció más guapo que nunca. Sólo llevaba puesto un fino y largo pantalón de pijama en color gris oscuro dejando a la vista su maravilloso torso desnudo y una diminuta línea de bello desaparecía bajo el pantalón del pijama. _Te he preparado el desayuno_ _Voy a por él_ dijo mientras cerraba la puerta tras él. Me incorporé y coloqué la sábana entre mis brazos para no dejar al aire mis pechos. La noche pasada me había visto desnuda, pero no me pareció correcto desayunar en la cama de esta manera, era más apropiado guardar las formas. A los pocos minutos la puerta se abrió. _Te he preparado un café con leche, sé que te gusta, un zumo, y que prefieres… magdalenas, cruasán, o una tostada_ dijo mientras acercaba la bandeja acompañada de su mejor sonrisa y dejaba un beso en mis labios. _No como nada por la mañana, sólo café y zumo. _Nada de bollería_ repitió memorizándolo. Se sentó en la cama. Sus maravillosos ojos no dejaban de mirarme mientras tomaba el café. _Es pronto, ¿Por qué no has dormido algo más?_ me preguntó mientras retiraba la bandeja y la colocaba sobre la cómoda. _No tenía más sueño_ respondí lo primero que se me ocurrió. No podía decirle que el colchón era algo duro para mí. Mis ojos se abrieron exageradamente al fijarme en el gran tatuaje que llevaba en el centro de la espalda. Jamás lo habría imaginado. Curiosa por saber que significaba pregunté _ ¿Por qué nunca me has comentado que tenías un tatuaje?_ Estaba impresionada por lo grande que era, ocupaba media espalda. _No me pareció importante. _ ¿Qué es?_ pregunté. Era una figura extraña, por más que lo miraba no distinguía que era. _ Un dios Azteca. _ ¿Representa algo o te lo has hecho simplemente porque te gusta? _Representa algo, sí. _ ¿Y me puedes contar de que se trata?_ pregunté intrigada. Sabía que mucha gente después de la pérdida de un familiar se tatuaban alguna imagen significativa que les recordase, y no sabía si él, también lo había hecho por ese motivo. _Es una historia que leí en Internet. _Me gustaría que me la contases_ sugerí. 51


Confesiones de un ladrón Me miró fijamente y permaneció unos segundos en silencio _Está bien_ dijo. _Trata de un joven ladrón llamado Yakabán. Su pueblo lo despreciaba y lo desterraron ya que no lo podían matar como era costumbre hacer con los ladrones. Era el único hijo de un importante guerrero que había salvado a su pueblo en multitud de ocasiones. El Rey de la tribu, en gratitud al padre de Yakabán, le dijo que pidiese lo que quisiera, mujeres, oro, tierras. Todo lo que pidiese le iba a ser concedido, pero el padre sólo pidió clemencia para su hijo ya que era conocedor de sus fechorías. El Rey le prometió que jamás mataría al muchacho, y en vez de matarlo lo desterró. El chico no se marchó lejos del poblado, era un cobarde, no tenía la valentía y audacia de su padre. Tenía miedo de ser devorado por algún animal salvaje o simplemente que otra tribu lo matase. Una noche entró de nuevo al poblado dispuesto a robar, ya que no era capaz de alimentarse por sí mismo, tan sólo contaba con dieciséis años. Cuando vio entre la oscuridad de la noche como acechaban guerreros de una tribu enemiga dispuestos a atacar y matar a su gente. El muchacho apenas había alertado a su padre y a tres guerreros más, cuando su cuerpo fue llenado de lanzas enemigas, pero aun así, medio muerto, avisó a un número suficiente de guerreros para proteger al pueblo hasta que el chico murió. El joven había ocasionado mucho mal a su gente, pero al final hizo algo bueno y noble, aunque le costó la vida. Antes de morir dijo a su padre que se arrepentía de todo el daño que había ocasionado y esperaba que con su sacrificio fuese perdonado. Y así fue, fue perdonado y le hicieron un Dios. Llamándole Yakabán el dios del arrepentimiento. Narró la historia con amargura, sin poder mirarme a los ojos, e intuí que guardaba un secreto. _ ¿En qué te pareces a Yakabán?_ pregunté. Quería saber que tenía él en común con aquel joven de la historia, ya que se lo había tatuado y sería para siempre. Algo muy importante debía significar para él. No respondió, sus ojos miraban fijamente el suelo, _ ¿Víctor?_ _ ¿Qué pasa? Me miró y dijo _En la cobardía Sonreí plácidamente, me sentí aliviada, temí que respondiese en que ambos eran ladrones. _ ¿Has hecho alguna vez algo por lo que debas arrepentirte?_ pregunté al saber que no tenía nada que ver con la muerte de sus padres, era algo más personal. _ ¿Crees que hay alguien en este mundo que no tenga que arrepentirse?_ me preguntó. _Creo que no_ _Supongo que todos tenemos algo de que arrepentirnos_ contesté pensando en los actos de los que me arrepentía, “Jorge”. _Efectivamente_ _Y sí… tengo muchas cosas por las que arrepentirme_ confesó. _ ¿Me podrías contar alguna?_ pregunté muerta de curiosidad. _Soy como Yakabán, un cobarde, y no quiero que conozcas por el momento mis defectos. _Te seguiré queriendo igual, aunque los conozca_ dije sonriendo alzando una ceja.

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Confesiones de un ladrón _Yo no estoy tan seguro_ dijo mientras notaba que su cuerpo se ponía tenso. _Ruth prefiero hablar de otra cosa, cielo, no te importa_ añadió con un tono seco. _No, claro que no_ _Perdona si te ha molestado algo que he dicho_ añadí intentado disculparme por mi poca delicadeza. _No es eso mi amor, es que hay cosas de mi pasado que todavía no me atrevo a contarte_ _Pero te juro que cuando encuentre el valor, te lo confesaré todo. _No me gustaría que entre nosotros existiesen secretos_ añadí seria. _Te juro que lo único que deseo es poder contártelo_ _Creo que hasta que no lo haga no estaré tranquilo conmigo mismo, pero sé que todavía no es el momento. _Te quiero, lo sabes_ dije acariciando su perfecto y adorable rostro con mi mano. Intentando romper la tensión que se había generado entre los dos. _Lo sé, pero no sé si es suficiente para el perdón de mis pecados. _ ¿Tan graves son?_ pregunté sonriendo para que no se sintiese mal. _Eres especial para mí, todo lo que te dije anoche es cierto, y no haré nada ni diré nada que lo estropee. _ ¿Qué hora es?_ pregunté zanjando el tema. Estaba claro que esta vez no me confesaría sus pequeños pecados. _Las nueve y media. _ ¿Por qué te has levantado tan pronto?_ pregunté. _Me gusta madrugar, me levanto a las seis o las siete de la mañana. Se levantó sentándose muy cerca de mí. _Estas preciosa recién levantada_ dijo dulcemente mientras acariciaba mi rostro. Sonreí avergonzada, mientras bajaba la cabeza. _Lo que ocurrió anoche fue algo maravilloso_ dijo mientras me besaba tiernamente. Asentí con la cabeza.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo VII Un cumpleaños nefasto Estábamos a finales de julio. A primeros de agosto me marcharía junto con mi familia de vacaciones. Pasaríamos todo el mes de agosto en Marbella. La idea de estar un mes separada de Víctor me angustiaba por lo cual le pedí que viniese de vacaciones a mi casa. Era el momento apropiado para que mis padres le conociesen y supiesen de nuestra relación, pero su reacción no fue la esperada. _ Iré si es lo que deseas pero… me quedo en un hotel. _ ¿Por qué?_ _Mis padres no van a poner ninguna objeción_ _Puedes compartir el cuarto con Alberto_ dije insistiendo. _No cielo, no me pidas eso por favor_ en su tono de voz pude percibir una pincelada de amargura. _ ¡Pero Víctor, algún día tendrás que conocer a mis padres!_ exclamé. _Si quiero conocerlos, pero no ahora, no estoy preparado. _ ¿Es por qué no estás seguro de lo nuestro?_ pregunté con un tono abatido. Me miró fijamente a los ojos _Sólo hay una cosa de la que estoy seguro y es que siempre querré estar contigo. _ ¿Entonces? _Ruth, nunca te has dado cuenta que somos de mundos distintos. Tus padres podrían no aceptarme, ¿Entonces qué crees que ocurriría? ¡Te podrían prohibir salir conmigo!, no quiero arriesgarme a que ocurra_ comentó con preocupación. Un nombre llego a mi mente como una revelación “mi madre” no pudiendo escuchar el resto de la conversación _Cuando los conozca, quiero causarles buena impresión, no quiero decir que trabajo de mecánico, quiero poder decirles que tengo mi propio negocio_ _ Tengo pensado montar pronto mi propia empresa de informática y prosperar en la vida _ _Dame un año. Dudé antes de responder, no podía creer lo que iba a decir _ Tienes toda la razón, no es conveniente precipitarnos_ Me avergonzaba confesar la verdad, me avergonzaba decirle que tenía una madre que en el momento en que supiese que era un simple mecánico, jamás le aceptaría, para ella si existían dos clases de personas, los mileuristas y los que tenían un futuro prometedor como Jorge, aunque yo lo detestase. _El dieciocho de agosto es mi cumpleaños, me gustaría poder pasarlo contigo_ dije con tristeza. _Te prometo que estaré_ afirmó con rotundidad. _A partir del 15 de agosto tengo vacaciones, iré una semana ¿Quieres? _Claro que quiero. Esa noche no pude dormir. Las palabras de Víctor golpeaban fuertemente en mi mente impidiéndome conciliar el sueño “Somos de mundos distintos” “Si tus padres no me aceptan”. Hasta este preciso momento nunca me había detenido a pensar en que podría existir esa posibilidad. Únicamente me había limitado a disfrutar del mejor regalo que la vida me podía haber hecho, sin preocuparme por nada más. Por 54


Confesiones de un ladrón fin recuperaba la felicidad, tenía lo que tanto había deseado tener, una relación sana, querer a alguien y ser correspondida del mismo modo. La felicidad en la que me encontraba desde que Víctor había entrado en mi vida, había anulado mi capacidad para no ver nada más que lo maravilloso que él era, sin preocuparme por su cuenta bancaria o su posición. La última semana antes de marcharme, Víctor vino todas las noches. Dábamos un tranquilo paseo por la urbanización y nos sentábamos en un pequeño parque cerca de mi casa. _ ¿Te apetece que mañana vayamos al cine?_ le propuse. _Lo que tú quieras_ respondió con tono risueño. _ ¿Qué película quieres ver?_ susurró mientras besaba mi cuello con dulzura. _He pensado en que podríamos ver Robín Hook o Robo en Manhattan_ respondí riendo por el cosquilleo que provocaba sus labios sobre mi piel _Las dos están bien, te dejo elegir_ añadí. _ ¡Vaya! las dos del mismo tema_ insinuó con tono frustrado mientras retiraba sus labios de mi piel. _ ¿No te gustan ese tipo de películas?_ pregunté confusa por el tono de su respuesta. _No mucho_ respondió dejando en su rostro una mueca de desagrado. _No me puedo creer que no te gustase Ocean´s Eleven, Ladrones o el caso de Thomas Crown. _ ¡Así que te gustan los ladrones!_ exclamó con perplejidad. _Si son guapos, sí_ afirmé bromeando. Sus labios mostraron una pequeña sonrisita. _No dirías eso si conocieras a uno de verdad. Permanecí unos segundos en silencio y recordé el robo sufrido en mi casa. _ Llevas razón, en mi casa robaron cuando regresamos de semana santa y fue horrible_ _Te juro que si hubiera pillado a esos malnacidos…_ no pude terminar la frase al recordar lo mal que me sentí, la impotencia. _Ves… Te gusta la idea porque en las películas los adornan hasta el punto en que los convierten en casi héroes, pero en la vida real a todo el mundo les provoca repulsa_ _Nadie quiere ser amigo de un ladrón. _No estoy del todo de acuerdo_ dije. _En segundo de la ESO fuimos de excursión a Rascaría. Nos dejaron tiempo libre y mis compañeras y yo estuvimos paseando por el pueblo. Conocimos a un viejecito muy simpático que nos contó algunas leyendas del pueblo. De todas las que nos contó, la que más me gustó y siempre recuerdo fueron dos, El puente del perdón y la Leyenda del Tuerto Pirón. El Tuerto Pirón era un bandolero que vivía en el pueblo, era un estilo a Robín Hook, robaba a los ricos para dárselo a los pobres y por el día se escondía en un viejo olmo_ _No es ficción, ni un producto televisivo, fue un hecho real y quizás si hablásemos con la gente que ese hombre ayudó cambiarías de opinión. _Ya…_ _Entonces me quieres decir que si los ladrones que robaron en tu casa te dicen que lo que se llevaron fue para dárselo a los pobres ¿Tú que les dirías?_

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Confesiones de un ladrón _Está bien, como es para dárselo a los pobres habéis hecho bien_ dijo con tono burlón imitando mi forma de hablar, que no me gustó nada. _Pues sí, supongo que el que roba es por necesidad, no es plato de buen gusto para nadie _ respondí intentando defenderme. _No te engañes, no existe el hurto justificado, ni nobleza en robar_ añadió serio demostrando su desprecio hacia los ladrones. _Entonces… de que vivirían las aseguradoras_ añadí sonriendo. No quería que la conversación tomase un rumbo tan serio. Además la historia de Robín Hook siempre me había atraído. Él arriesgaba su vida y su libertad a cambio de nada, era un acto noble por mucho que a él no le gustase. _Me parece que estas siendo una hipócrita_ _Ahora mismo acabas de maldecirlos por lo que hicieron en tu casa_ dijo con tono frío y cortante. _Pero no por el hecho de robar, es por lo mal que te sientes cuando un extraño entra en tu casa y toca todas tus cosas, registra tus intimidades_ _Es la sensación de violación que sientes, no es por lo que te quiten en sí_ protesté justificándome. Estaba perpleja, por una simple conversación tonta y banal estábamos a punto de tener nuestra primera discusión. “qué le pasa” “qué mosca le ha picado” me pregunté. _ ¿Por qué te enfadas?_ _ ¿Te han robado alguna vez?_ pregunté al percibir en sus palabras el desprecio que sentía hacía ellos. _No, no me han robado_ _Siento haberme enfadado_ _Perdóname. _Cuéntame que te pasa_ le supliqué. _Si te lo contara te perdería para siempre_ dijo con tono abatido. _Quizás no, nunca lo sabrás si no pruebas. _Lo sé_ murmuró mientras se levantaba del banco donde estábamos sentados _Vámonos, no quiero llegar tarde a casa_ añadió con frialdad en su voz mientras empezaba a caminar solo. No pude seguirle al estar petrificada por lo ocurrido. “Pero qué he dicho que le ha sentado tan mal” “Qué le pasa” al cabo de unos minutos, recobré la compostura y comencé a caminar deprisa para poder alcanzarle. El pequeño trecho hasta llegar al coche, él no pronunció ni una sola palabra, la única que no pudo dejar de hablar fui yo. _ ¿Estas enfadado conmigo?_ _ ¿He dicho algo que te ha sentado mal?_ _Por favor háblame, ¡di algo!_ exclamé asustada al ver el giro que había adoptado la conversación. _No me hagas caso, perdona_ dijo desanimado mientras me daba un pequeño beso. _Pero Víctor, que te pasa_ insistí angustiada. _ ¡Nada, déjalo!_ replicó con un tono de irritación. Cuando llegamos al coche, me dio un triste beso que apenas rozo mis labios y observé como se montaba enfadado en su coche. En ese instante tuve el presentimiento que le iba a perder, que si arrancaba y se marchaba nunca más le volvería a ver, me dejaría. Sentí una tristeza que lleno mis ojos de lágrimas. _Víctor me estas poniendo nerviosa_ _ ¿Qué está pasando?_ dije con lágrimas en los ojos. 56


Confesiones de un ladrón Cuando se dio cuenta del estado en el que me encontraba, bajó del coche, se acercó y me rodeó con sus brazos consolándome. _Joder_ se dijo a si mismo _Lo siento, no quería hacerte sufrir, cariño_ añadió mientras sentía como besaba mi cabello. _ ¡Me puedes decir por qué te has enfadado conmigo!_ _ ¡Que he dicho que te ha sentado mal!_ le increpé elevando el tono de mi voz. _Nada, tú no has dicho ni hecho nada, son cosas mías_ _No tienes culpa ninguna, eso quítatelo de la cabeza. Era la primera vez que le veía con una actitud distante hacía mí. Él siempre era amable, cariñoso, tierno, atento y de repente se había convertido en un ser extraño, ¿Qué estaba pasando aquí? No entendía nada. Me solté de entre sus brazos y mirándole fijamente dije _No merezco esto_ _Si me vas a dejar hazlo con un poco de dignidad_ _Dímelo y ya está_ _No te montaré ningún melodrama, ni te suplicaré, no te preocupes, este cuento ya me lo conozco_ dije con tono frio y cortante. Soltó una carcajada que me desconcertó mientras sus brazos volvían a rodearme de nuevo _Eres deliciosa_ musitó. _ Pues a mí me hace muy poca gracia_ dije enfadada mientras estaba sumergida entre sus brazos. _Me ha hecho gracia que pienses que quería cortar contigo_ _Perdona, llevas razón, no tiene ninguna gracia, es un poco triste la situación. Sujetó mi cara entre sus manos mirándome fijamente a los ojos _Son cosas mías, tú no tienes nada que ver ¡vale!_ _Siento haberme puesto de esa manera y hacerte llorar_ Ya volvía a ser mi chico de siempre, dulce y atento. _ ¿Entonces estamos bien?_ pregunté. Quería saber que no tenía intención de abandonarme. _Mejor que nunca. _Lo del cine, mejor olvidarlo_ añadí. No estaba dispuesta a pasar por lo mismo otra vez, si después de ver la película iba a hacer algún comentario que pudiese provocarle otro enfado. _No, mañana vamos a ver Robín Hook y pasado Robo en Manhattan_ afirmó con rotundidad. El miércoles por la noche dije a mi madre que iba al cine con Berta. Me daba coraje tener que mentir, quería poder contarla que salía con el chico más maravilloso del mundo, pero sabía que en el momento en que lo supiera me pediría que lo llevara a casa, y había prometido a Víctor esperar un año. Fui a su trabajo, le recogí y fuimos al cine. Me saludo con un dulce beso. _ ¿Por dónde se va?_ pregunté mientras él aún no se había abrochado el cinturón de seguridad. _Tira todo de frente por esta avenida. _ ¿Qué tal la tarde?_ pregunté. _Un poco encabronado, ha estado el jefe y nos ha echado la charla. _ ¿Tan mal están las cosas? _Sí, no van muy bien, han bajado mucho las ventas.

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Confesiones de un ladrón Sacamos las entradas y decidimos ir a cenar, ya que la sesión no empezaría hasta las doce. _ ¿Ya has mirado alguna oficina?_ pregunté mientras cenábamos. _He visto en el polígono una pequeña nave que se alquila, he cogido el teléfono, llamaré para preguntar cuánto cobran. _Por lo menos 2.000 o 3.000€. _Sí, más o menos. _Es mucho dinero para pagar todos los meses, no crees_ sugerí _Tengo algunos ahorros. _ ¿Y vas a contratar a gente? _De momento no, estaremos mi hermano y yo_ _Si prospera ya veremos. _ ¿Crees que con la crisis, tendrás trabajo? _Sí_ _Trabajaría para bancos, grandes empresas, esa gente no tiene problema. _ ¿Y exactamente en qué consiste lo que haríais? _Todo lo que se refiere a sistemas de vigilancia y seguridad de datos. _ ¿Para qué no roben?_ pregunté con cierta ironía. _Sí claro…_ respondió con una mueca en su rostro. _Los ladrones…_ aventuré bromeando. _Esos que a ti te gustan tanto_ dijo dejando ver una gran sonrisa en su rostro. _Tú tienes un trauma con ese tema_ añadí al recordar el mosqueó que cogió la noche pasada cuando hablamos del tema_ ¿A qué cuando eras pequeño te robaban los bollos en el colegio?_ pregunté con tono juguetón mientras metía una patata frita en mi boca. Soltó una carcajada _No_ _No llevaba bollos. _Pues el bocadillo_ apunté chistosa. _No, no tengo ningún trauma al respecto_ afirmó. _Pues móntala pronto_ dije sería borrando cualquier risa de mi rostro. _ ¿Y eso?_ preguntó confuso al ver mi repentino cambio de humor. _Tengo que mentir en casa y no me gusta, quiero poder decir que estoy contigo, quiero que te conozcan. _Procuraré que no tengas que mentir por mucho tiempo_ _Intentaré hacerlo lo más rápido posible, te lo prometo.

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Confesiones de un ladrón Cargamos el coche a tempranas horas de la mañana. Nos esperaba por delante seis largas horas de viaje. Saqué mi teléfono y me coloqué los auriculares, entre escuchar música, ver videos nuestros y fotos, el viaje se haría más corto. Lo primero que guardé cuando preparé la maleta, fue el ordenador portátil, así estaría conectada al Messenger, y vería a mi amor. Este verano estaba disfrutando más que nunca de la playa y se notaba, mi piel estaba perdiendo su color blanquecino transformándose en un dorado que pocas veces había logrado lucir. Me levantaba pronto, alrededor de las 10 de la mañana, bajaba a la playa hasta las doce. Después de comer me conectaba al Messenger y veía a Víctor hasta la hora en que se iba a trabajar. Por la tarde volvía a la playa y por la noche no salía porque me volvía a conectar. Mi hermana intentó convencerme varias veces para que saliera con ella y su novio, sin éxito. _Venté, sal y diviértete un rato. _No, no me apetece, prefiero quedarme_ respondí. _Es sábado_ _ ¡Te vas a quedar aquí!_ _Papá y mamá van a salir a cenar. _Me quedo, cenaré algo y veré un rato la tele. _Chica desde que tienes novio, estas de un pelmazo. Mi madre subió para avisarme que tenían intención de salir a cenar encontrándonos en el pasillo, sin apenas darme tiempo a decir a mi hermana que no comentase nada sobre mi relación con Víctor. _ ¿Te vienes?_ me preguntó mi madre. _No, cenaré algo aquí_ dije volviendo a repetir la misma excusa para no salir. _ Tienes comida en frigorífico_ comentó. Se quedó unos segundos callada y añadió. _ ¿Qué te ocurre? no has salido ni un solo día desde que hemos llegado. _No sale porque se conecta al ordenador para ver a su novio_ exclamó mi hermana sonriendo, probablemente pensando en que había dicho una gracia, pero su rostro cambió al ver mi expresión. _ ¿Sales con un chico?_ preguntó mi madre. Miré a mi hermana dándola a entender que había metido la pata hasta el fondo. _Sí_ respondí desanimada. Ahora vendrían mil preguntas por parte de mi madre que no deseaba responder. _ ¿Quién es?_ _ ¿Por qué no nos lo has presentado?_ _ ¿Tú le conoces?_ preguntó a mi hermana. _Sí, y es guapísimo mamá_ respondió Noelia con entusiasmo. _No te lo he presentado porque llevamos poco tiempo_ expliqué igual de desanimada. _Da igual, ya sabes lo que opina tú padre al respecto, me parece mentira que sabiéndolo nos lo hayas ocultado_ exclamó con rotundidad. _Ya os lo presentare… _En cuanto volvamos a Madrid_ afirmó con la misma rotundidad. _Vale…_ respondí agachando la cabeza por la regañina que acababa de recibir.

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Confesiones de un ladrón Por fin había llegado el quince de agosto. Fecha en la que Víctor cogía sus merecidas vacaciones y se reuniría conmigo. Estuve toda la mañana nerviosa, pendiente del móvil, hasta que por fin, después de comer sonó. _Acabo de llegar al hotel_ _ ¿Tú dónde estás?_ preguntó. _En casa_ _Espérame, cojo el coche y llegó en cinco minutos _La habitación es la 408. _Hasta ahora_ dije colgando. Corrí al baño, me di una ducha rápida, me arreglé el pelo, me maquillé, corrí al dormitorio y me vestí de la misma forma. Llegué al hotel nerviosa, impaciente por ver de nuevo su dulce rostro. Sólo habíamos estado separados quince días pero me parecieron una eternidad. Sentía como los latidos de mi corazón se aceleraban cada vez más deprisa, me moría por estar entre sus brazos. Aparqué en el parking y subí a la cuarta planta. Caminé el largo pasillo enmoquetado en color granate mientras miraba en cada puerta su numeración. Los nervios se iban apoderando de mí. Llamé a la puerta y a los pocos segundos se abrió y vi su hermoso rostro, su bella sonrisa, sentí un pinchazo en el pecho, recuperé de inmediato alegría. _Por fin _ exclamé eufórica mientras me abrazaba fuertemente contra su cuerpo. Por fin estaba conmigo, le amaba con locura, y sólo me sentía bien cuando él estaba cerca de mí. ¿Qué me había hecho? era como si estuviese hechizada, él era el dueño de mis pensamientos, toda mi vida de repente giraba en su entorno, y me di cuenta de lo mucho que dependía de él. _Ya estoy contigo_ _Tenía tantas ganas de verte, de poder tocarte. _Yo también_ respondí. _No te imaginas las ganas que tenía de estar contigo_ respondió, fundiéndonos en un maravilloso beso. Al separarnos me miró fijamente examinándome de arriba abajo. _Estas preciosa_ _Te sienta de maravilla estar bronceada. Sonreí, agradeciéndole el cumplido. Ambos nos dejamos llevar por el deseo de estar juntos y terminamos haciendo el amor. Salimos a dar un paseo por el puerto. El hotel que en el que se alojaba Víctor estaba situado en el mismo centro y a un paso del paseo marítimo. La situación era inmejorable para no tener que coger el coche. _Tengo que darte una mala noticia_ murmuré lentamente mientras paseábamos _ ¿Qué pasa?_ preguntó preocupado. _Mi hermana se ha ido de la lengua y le ha dicho a mi madre que salgo con un chico. _ ¿Y? _En mi casa hay una norma que se debe cumplir a rajatabla y es que mis padres deben conocer a todos nuestros amigos. _ ¿Y esa norma tan rara? _Mi padre no confía en ningún chico, y menos aún en los que salen con sus hijas. _Ten cerca a tus amigos pero aún más cerca a tus enemigos_ respondió. _Algo así. 60


Confesiones de un ladrón _Hace bien, hay mucho cabrón suelto. _ ¿Y tú eres uno de ellos?_ pregunté bromeando. _Ruth, yo no soy ningún santo. Le miré confusa por su comentario tan inesperado. _Sé que te lo prometí, así que no debes preocuparte, procuraré darles largas hasta que te hayas establecido por tu cuenta. _No te meterás en un lío por eso. _Esperó que no… de todas formas ya me inventaré algo, les mentiré si hace falta_ _ ¿Puedo hacerte un comentario? _Claro, cielo_ _ ¿Qué es? _No hemos hablado mucho del tema puesto que está en el aire, pero cuando me comentaste tu deseo de establecerte por tu cuenta dijiste que sería de informática. _Sí. _ ¿Qué conocimientos tienes de informática? Trabajas de mecánico_ pregunté transmitiéndole mi confusión. Observé como mi pregunta provoco una risa en su rostro. _Soy bastante bueno con los ordenadores. Pedí mi primer ordenador con seis años y creé mi primer programa con ocho. _No comprendo… entonces por qué trabajas de mecánico. _Porque fue en el único sitio en el que no me pidieron estudios y la mecánica también me gusta. _ ¿No terminaste la E.S.O? _No_ _Puedes imaginar el por qué. _Ya…_ Fue por la muerte de sus padres. _ ¿Tú hermano también tiene conocimientos de informática? _No, él se defiende, pero nada más. _ ¿Entonces todo el trabajo lo harás tú? _Probablemente_ _ ¿Qué te preocupa? _Que fracases_ confesé con preocupación. _Es un riesgo que he de correr_ _Pero esta todo controlado_ La seguridad que tenía en sí mismo me tranquilizo. _Eso espero. El paseo nos condujo a una deliciosa terraza en la que nos sentamos, pasamos más de dos horas conversando animadamente. Cuando miré el reloj, vi que el tiempo había pasado fugazmente. _Es tarde, tengo que volver a casa. _Está bien_ _ ¿A qué hora quedamos? _Pasaré a recogerte a las once. _Pues hasta esa hora_ dijo despidiéndome en el coche. Después de cenar, subí a mi cuarto corriendo para arreglarme. Después de ducharme y alisarme el pelo por culpa de la humedad, fui a mi dormitorio eligiendo un sexy vestido negro y unas sandalias de tacón. Una vez arreglada, me pasé por el dormitorio de mi hermana. _Me tienes que hacer un favor_ dije suplicando. _ ¿Cuál? 61


Confesiones de un ladrón _Víctor está aquí, tienes que decir que voy a salir contigo. _ ¿Dónde está? _Ha cogido una habitación en el Imperial_ _Se va a quedar una semana. _ ¿Y dónde tenéis pensado ir? _Quiero llevarle a Menfis para que lo conozca. _Nosotros estaremos allí, luego te puedes venir con nosotros_ _ ¿Cuándo tienes pensado presentárselo?_ preguntó mi hermana con curiosidad. _No sé… todavía no_ respondí frunciendo el ceño. _Ya puedes inventarte una buena excusa si no quieres meterte en un lío. _ ¿Te queda mucho?_ pregunté nerviosa procurando evitar pensar en lo que mi hermana acababa de decir. _No_ _Veté al dormitorio de Alberto y métele prisa_ me ordenó. _No entiendo como este chico tarda más que nosotras en arreglarse_ protesté mientras salía del dormitorio. Me dejaron en la puerta del hotel y se marcharon. Según iba subiendo en el ascensor notaba como me iba poniendo más nerviosa por momentos. No estaba muy segura si le gustaría mi atuendo. Cuando después de llamar, abrió la puerta, su rostro confirmó mi sospecha “no le gusta”. _Guau estas…_ dijo abriendo sus ojos como platos. _No te gusta, a que sí_ me apresuré a conjeturar. Vaciló antes de responder _No es que no me guste, estas fantástica, pero creo que me voy a tener que pelear con media ciudad. _Si quieres me cambió_ me aventuré a decir. _No_ _Estas muy sexy_ respondió sonriendo pícaramente. _Tú también estas muy atractivo_ dije. Llevaba puesto una camisa azul cielo y unos vaqueros azules desgastados, estaba la mar de guapo, pero es que Víctor siempre estaba guapo con cualquier cosa que se pusiera. La noche transcurrió de forma placentera. El local ofrecía varios espectáculos y permanecimos casi la mayor parte del tiempo solos, hasta que Víctor vio a mi hermana y su novio. _ ¿Te apetece que nos sentemos con ellos? _Me da igual, ¿si tú quieres?_ le respondí. _Venga, vamos_ _Voy a ganarme su amistad, así cuando entre en tu casa, tendré algún aliado_ dijo con tono burlón. _ ¡Que tonto!_ exclamé sonriendo mientras nos levantábamos de nuestros sitios y cogíamos nuestras cosas de encima de la mesa. Mi hermana quedó maravillada con Víctor. En una ocasión me dijo al oído _Es un problema tener un novio que esta tan bueno. Mira a tu alrededor, las chicas se lo comen con los ojos. Me giré disimuladamente comprobando que era cierto. La mayoría de las chicas que estaban sentadas a nuestro alrededor no dejaban de lanzarle miraditas y sonrisitas de forma descarada que me disgustaron. Creí haber superado mis miedos pero esta situación me volvió a recordar los malos recuerdos pasados cuando Jorge, al contrario de Víctor, miraba a todas las chicas devorándolas con la mirada, haciéndome sentir que no valía nada. Pero él no prestó atención 62


Confesiones de un ladrón alguna a su alrededor. Toda su concentración estaba puesta en la conversación que estaba manteniendo con Alberto. Cuando mi hermana y su novio fueron a la barra a pedir una ronda, aproveché para preguntarle mis dudas. _ ¿Has estado con muchas chicas?_ pregunté mientras cogía mi vaso para dar un sorbo de la bebida. Me miró extrañado _ ¿A qué se debe esa repentina curiosidad? _ No dejan de mirarte todas las chicas, no te quitan los ojos de encima_ confesé mientras jugaba con mi vaso _ ¿Has tenido muchas novias? Sonrió avergonzado por mi comentario. _ Tú eres la primera. _ ¿Pero habrás salido con chicas?_ pregunté extrañada. _No soy ningún bicho raro, claro que he estado con chicas, aunque yo no lo llamaría salir, han sido rollos de una noche, nada más_ su confesión sonaba sincera. Suspiré aliviada. _Y tampoco muchos, apenas salgo, casi siempre estoy en casa. _ ¿Pero si tuvieras que decir un número?_ insinué. _ ¿De verdad lo quieres saber? _Sí. _ ¿Por qué?_ _Te hará daño, por qué lo quieres saber. _Quiero saber todo sobre ti, sea bueno o malo_ confesé. _No llevo la cuenta, pero si tuviese que decir un número, no sé… de veinte a treinta. _ ¿Te parecen muchas? Me encogí de hombros pensando en que para no salir apenas sí era un número elevado. Me hubiese gustado escuchar dos o tres, pero sabía que eso era algo imposible para un chico con su físico _Un poco elevado_ confesé. _ ¿Quieres saber mi número?_ le pregunté. _No_ dijo con rotundidad contrayendo su mandíbula. _No es muy escandaloso_ insinué. _Ya… pero no quiero saberlo. _ ¡Yo sé el tuyo!_ exclamé riendo. _Tú lo has preguntado, yo no. _ ¿Por qué no lo quieres saber?_ _ ¿Estás celoso?_ pregunté incrédula. _ ¡Tú que crees!_ respondió serio. Recliné mi cuerpo hasta apoyarlo contra el respaldo de la silla en la que estaba sentada, sintiéndome alagada por su respuesta. _El número es muchísimo menor que el tuyo_ me apresuré a conjeturar para tranquilizarle. _Pero seguro que recuerdas sus nombres. _Sí, claro. _Yo de ninguna. No pude responder a eso porque era verdad. Solamente eran siete chicos, pero cada uno, a su manera, había sido importante en mi vida. Desde mi primer amor de la infancia, Juan, hasta el último, Jorge. En cierta medida unos más importantes que otros. Gracias a la llegada de mi hermana y su novio cambiamos de tema.

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Confesiones de un ladrón Eran las cinco de la mañana cuando decidimos irnos. Dejamos a Víctor en el hotel y nos marchamos a casa. Me despertó el sonido del móvil. _Sí_ contesté adormilada. _ ¿Estás durmiendo, cielo? _Sí. _Pues sigue durmiendo, siento haberte despertado. _No_ _no te preocupes_ dije incorporándome rápidamente en la cama. _Te llamaba para preguntarte si te apetecía ir a la playa. _Claro, me ducho y paso a recogerte_ dije animada por la idea. _ Te espero. Me tiré de la cama y fui al baño. Me di una ducha rápida, bajé a la cocina y desayune sólo un café para despejarme. Subí a ponerme el traje de baño. Decidí escoger un bikini que había comprado una de las tardes que salí con mi madre de compras. Pregunté a mi madre si me podía llevar su coche. _Hay que echarle gasolina_ ¿Adónde vas a ir? _He quedado con unas chicas que conocí anoche. _ ¿Chicas o chicos?_ preguntó con cierto tono de desconfianza al descubrir que tenía novio y se lo había ocultado. _Chicas… dos son de mi facultad_ dije mintiendo con gran soltura. _Pásalo bien, hija. Saqué el coche del garaje y me fui. Recogí a Víctor y fuimos a la playa, donde pasamos todo el día. Comimos en uno de los chiringuitos, y dormimos un rato debajo de las tumbonas que alquilamos. Era agradable disfrutar del mar en compañía de la persona amada. La tarde pasó rápido entre baños, jugar con las raquetas y pequeños paseos por la playa. _Creo que nos deberíamos ir_ _Me parece que me he quemado un poco la espalda. _No se aprecia_ dije mirando su espalda mientras pasaba mi mano con suavidad por su gran tatuaje. _Pues me duele. _Vámonos_ dije. Recogimos nuestras cosas, y llevé a Víctor a mi casa, quería que supiera donde vivía. Luego le llevé de nuevo al hotel. _Te recojo a las once_ dije desde el coche cuando bajó. Asintió con la cabeza y me fui. Cuando pasé a recogerle, subí a la habitación. _Me parece que no voy a poder salir esta noche, mira como tengo la espalda. Observé que estaba colorada como un tomate en la parte de los hombros. _Te has quemado_ afirmé. _Sí_ _Me duele al ponerme la camisa_ _ ¿Te molesta mucho si no salimos esta noche? _No, para nada. 64


Confesiones de un ladrón _Siento haberte fastidiado el plan_ dijo disculpándose. _No has fastidiado nada, porque el plan era estar contigo. _ ¿Has cenado?_ le pregunté. _Sí, he bajado al restaurante. Salimos a la terraza, donde nos sentamos en unas tristes sillas de plástico blancas, y conversamos un rato. Una cosa llevó a otra y terminamos haciendo el amor. Hoy era el día mi cumpleaños. Me desperté alrededor de las doce de la mañana, me duché y bajé a desayunar. Estando en la cocina desayunando un triste café mientras observaba una diminuta telaraña colgando de uno de los armarios, me llevé una fatídica sorpresa. Escuché las voces de mis padres alzarse más que de costumbre. Agudicé el odio intentando descifrar que decían, pero fue imposible. Me levanté de la mesa y fui dirección al comedor al sentir curiosidad por saber con quién estarían hablando. Según iba acercándome al comedor y escuchar más de cerca las voces, mi cuerpo quedó congelado al identificarlas “No es posible que mi madre me haga esto” “Maldita sea, hoy es mi cumpleaños” sólo me faltaban unos escasos pasos hasta llegar al comedor, pero no podía andar, las piernas no me respondían. Esperé unos pocos minutos para recuperarme de la fatídica sorpresa, asomándome para saludar a los invitados no deseados. Nada más entrar en el comedor me llevé una grata sorpresa al ver a una joven espectacular cogida de la mano de Jorge. _Esta es Gloría, mi novia_ dijo todo orgulloso. _Encantada_ respondí mientras saludaba aquella pobre chica con un par de besos. Observé a la joven sin poder dejar de pensar “Qué lástima, con lo guapa que es, que ha podido ver en él” pero pronto caí en la cuenta que Jorge podía ser dulce y conquistador cuando quería. Yo mejor que nadie lo sabía. Había estado detrás de mí durante seis meses hasta que acepté salir con él. Pero pronto se quitó la careta dejando ver su verdadera personalidad, que era más despreciable y terrorífica. _Voy a salir_ me precipité a decir a mi madre. _No tardes, iremos a comer para celebrar tu cumpleaños_ respondió mientras retomaba su charla con su amiga. _No te preocupes, ¿A qué hora tengo que estar aquí? _Sobre las dos, la reserva está hecha para las dos y media. _De acuerdo_ dije mientras dejaba en mi rostro una sonrisa falsa, esforzándome por no demostrar mi antipatía hacia aquella familia. Salí de la casa igual que un polvorín, cogí el coche y fui al hotel. _Felicidades_ dijo Víctor con una bella sonrisa nada más verme, ofreciéndome un maravilloso ramo de rosas blancas. _Gracias_ susurré. Le proporcioné un maravilloso beso que me dejo sin respiración. _Son preciosas_ dije mientras aspiraba el delicado perfume que desprendían. _Prefieres que te de tu regalo ahora o esta noche. _Con las rosas bastaba. _ ¿Qué te han regalado?_ preguntó con curiosidad. 65


Confesiones de un ladrón _Pues Noelia un vestido, Soraya me ha hecho un dibujo con macarrones y mis padres me han dicho que cuando lleguemos a Madrid me compraran un coche nuevo. El que tengo está hecho un cascajo y cualquier día me deja tirada_ dije. Mi coche era heredado, primero había sido de mi madre, luego pasó a mi hermana y ahora lo tenía yo. _No te puedes quejar por los regalos_ susurró mientras retiraba un mechón de pelo que acababa de caer sobre mi rostro. _No_ dije tristemente dejando una mueca en mi cara. _ ¿Te pasa algo?, no pareces muy contenta el día de tu cumpleaños. Sonreí amargamente. _Se han presentado esta mañana unos invitados no deseados_ confesé mientras miraba su rostro. Víctor entrecerró sus ojos e hizo una mueca como de no saber a quién me estaba refiriendo. _La familia de Jorge_ añadí no dejándole tiempo para adivinar. _ ¿Y él también ha venido?_ preguntó serio. _Si, pero trae novia, es buena noticia. _Tu madre no se entera o es que no se quiere enterar_ expresó confuso. _No lo sé, pero me está empezando a molestar de verdad_ _Estoy cansada de que haga de casamentera conmigo. _ Quédate aquí mientras estén en tu casa_ sugirió dulcemente. _No puedo, he mentido a mi madre, la he dicho que he estado saliendo estas noches con unas amigas de la facultad_ respondí afligida _Cualquiera la dice ahora que era mentira. _Estoy harto de esta situación, no quiero que mientas más, iré a tu casa esta noche a recogerte y me presentare a tus padres_ _ No soporto las manipulaciones de tu madre_ se apresuró a comentar con cierta irritación. _Ven al restaurante, vamos a ir todos a comer_ sugerí. _Es el mejor momento para que te conozcan, con sus amigos allí no surgirá ninguna situación comprometedora para ti_ comenté ilusionada porque me acompañase. Debía impedir que Víctor fuese a mi casa esa noche, allí le someterían a un interrogatorio de tercer grado y cuando mi madre descubriese que era un simple mecánico adiós a mi relación, debía impedirlo a toda costa. _De acuerdo, iré_ respondió incrédulo por aceptar mi sugerencia. Sonreí al ver a Víctor nervioso por el hecho de conocer a mis padres, era la primera vez que le observaba así, sin tener la situación controlada. _No te preocupes_ _Nunca hasta ahora se han comido a nadie_ añadí para tranquilizarle. _No sé… no sé…Siempre hay una primera vez para todo_ respondió burlándose de la situación. Noté como por momentos, se iba poniendo más nervioso, y no dejaba de dar vueltas por la habitación. _Víctor, ¿estás bien?_ pregunté mirándole. _ No, no estoy bien, tengo que contarte algo sobre mí, y no encuentro el momento adecuado_ _La relación va avanzando y me siento mal por seguir ocultándotelo, pero…_ dijo angustiado. _ ¿Qué es?_ _ ¡Cuéntamelo!_ sugerí sin querer dar importancia. De todas formas, que secreto podía tener un chico como él, santurrón y angelical… que 66


Confesiones de un ladrón estaba divorciado, no me importaba, que podría tener un hijo, tampoco me importaba, fuese cual fuese su secreto no debía ser excesivamente escandaloso. _Tenemos tiempo hasta que nos marchemos_ dije animándole a que se desahogar y por fin contara el secreto que le atormentaba. _Mejor te lo cuento cuando estemos en Madrid, te juro que nada más que llegues, será lo primero que haga. _Y por qué no me lo puedes decir ahora, no lo entiendo_ _Total… no será nada del otro mundo_ _Además, nada de lo que me puedas decir cambiara lo que siento por ti_ comenté mientras me tumbaba en la cama. _Yo no estaría tan seguro_ dijo con un hilo de voz _Es mejor allí_ admitió mirándome fijamente. _ ¿Pero es algo bueno o malo?_ pregunté volviendo al tema. _Malo_ respondió. Cuando escuché decir que era algo malo, me incorporé de inmediato sobre la cama y a mi mente comenzaron a llegar cientos de pensamientos que sin darme cuenta, los dije en alto. _ ¿Me quieres dejar?_ _ ¿Estás con otra chica? _ ¡No!_ exclamó. _ ¿Estás enfermo?_ _ ¡Te vas a…!_ exclamé levantándome de la cama hiendo a su lado. _No es nada de eso, deja de adivinar porque no lo acertaras nunca_ sugirió con una sonrisa triste _No debí decirte nada_ admitió. _Víctor… creo que he tenido mucha paciencia, quiero que me lo cuentes cuando estés preparado, pero no puedes sacar el tema y decirme luego que lo olvide, es imposible_ dije levemente nerviosa. _No es malo_ _No le des más vueltas_ no sé porque, pero no le creí, quería quitar importancia al asunto para que no me preocupara, pero en vez de eso, ahora estaba realmente preocupada. Supe que no obtendría más información de él. No dije nada, simplemente permanecí callada y algo molesta con él por no confiar en mí y me contase sus remordimientos. Se dirigió al armario y me dijo _Por qué no me ayudas a elegir que ponerme para la comida_ supe al instante que quería cambiar de tema. Acepté de buen grado dar por zanjada la conversación. Bastante nervioso estaba ya por conocer a mis padres, como para seguir insistiendo con el tema. _Eso ha sonado un poco gay_ dije bromeando. No sabía cómo lo hacía pero siempre lograba sacarme una sonrisa. Me miró pícaramente _Ven, te voy a enseñar lo gay que soy_ corrió hacía donde me encontraba tirándome a la cama. Después de su magnífica muestra de que no era gay, nos vestimos y salimos del hotel. _Vamos…_ insinúe mientras cogía su mano arrastrándole hasta el coche, ya que se había quedado paralizado. Suspiró hondo _Esta bien_ afirmó mientras abría la puerta del coche para montarse. Mientras le miraba desde la puerta del conductor, no podía dejar de sentirme mal por él, iba hace algo por mí que no quería. 67


Confesiones de un ladrón _Relájate, tú sólo habla con mi hermana y su novio si te encuentras a disgusto_ _Ya les conoces. Estaba a punto de arrancar el coche cuando recibí una llamada en el móvil. _Dime_ respondí al ver que era mi madre. _ ¿Dónde estás?_ ya estamos en el restaurante. Miré el reloj y vi que eran las dos y media “Dios mío” _ ¡Ya voy!_ exclamé. Y colgué. Aparcamos frente al restaurante. Nada más salir del coche cogí su mano percibiendo que estaba fría y gélida. Su cara reflejaba malestar, haciéndome pensar que se daría la vuelta y huiría despavorido. Noté como su cuerpo estaba completamente rígido, su brazo parecía un bloque de hormigón, le miré y comenté _Es sólo una comida, después de hoy no tendrás que volver a verlos si no quieres_ no me respondió, tan solo sonrió y sujetó la puerta cortésmente dejándome entrar. Una vez dentro del restaurante, el metre nos condujo hasta el lugar donde estaba reunida mi familia. Cuando entramos en el pequeño salón, a las primeras personas que pude ver fueron a mis padres. Estaban sentados frente a la puerta. Sus caras estaban completamente serías, alucinados diría yo, no esperaban verme acompañada, salvo mi hermana y Alberto que sonrieron. Noelia me guiño un ojo en señal de complicidad. _Os presento a Víctor_ dije en voz alta mirando a mis padres _Es mi novio_ eso lo dije más bajito clavando la mirada en el cesto de pan para no tener que enfrentarme a su reacción. Mi padre se levantó y extendió su mano educadamente. _Encantado_ _ dijo mientras le saludaba. Víctor no hizo ningún comentario ya que había enmudecido desde que entramos en el restaurante, tan sólo estrecho la mano de mi padre saludando. Mi madre le sonrió y mirándome fijamente dijo entre dientes _ ¡Con qué amigas de la facultad! Ignoré el comentario de mi madre y miré a mí alrededor. Observé que al final de la mesa había una silla vacía junto a mis hermanas y pedí a Víctor que por favor se sentara hasta que el camarero colocase un cubierto más para mí. Mientras yo permanecía de pie esperando poder sentarme, fijé la vista en mis padres y pude ver la mirada de desaprobación por parte de mi madre. Gracias al camarero que fue muy eficiente y rápido pronto me senté pudiendo perder de vista su mirada acusadora. Soraya no dejaba de mirar embobada a Víctor y soltó allí mismo _Que guapo eres_ Víctor sonrió y la dio las gracias devolviéndola el mismo cumplido, cosa que avergonzó a Soraya. Pude escuchar a mi padre preguntar a mi madre_ ¿Tú sabías algo de este chico? _Sí… ayer me enteré que sale con él_ expresó con frialdad. Pronto Víctor dejó de ser el centro de atención y todo el mundo converso amigablemente. Mi padre no dejaba de hablar con Mario, el padre de Jorge, mi madre con Ana, Jorge no dejaba de charlar con su novia. _ ¿Nervioso?_ preguntó Alberto a Víctor. _Bastante_ respondió dejando ver una risita nerviosa. 68


Confesiones de un ladrón _No te preocupes son buena gente, su padre al principio intimida, pero es muy buena persona, a quien debes caer bien es a su madre, tú ya me entiendes. La comida fue más agradable de lo que yo esperaba. Cuando terminamos la celebración salíamos del restaurante, mi madre se acercó apresuradamente a nosotros y dijo mirando directamente a él _Ven a cenar esta noche a casa. _No_ respondí precipitándome a la respuesta de Víctor _Quiero ir a cenar con él a solas, es mi cumpleaños_ añadí. _Está bien, pero queremos conocerlo más tranquilamente, ya lo sabes. _No te preocupes, ya le conoceréis. Guardé en el maletero los regalos que me habían hecho Mario y Ana y el de Jorge y su novia. Cogí el coche y nos marchamos. _ ¿Qué te apetece hacer el resto de la tarde?_ peguntó. Le miré sonriendo, _Tengo una sorpresa para ti. _ Tú eres la cumpleañera, se supone que las sorpresas son para ti. _Está sirve para los dos, siempre he querido hacerlo y nunca me he atrevido_ añadí, sin desvelar la sorpresa. _ ¿Es peligroso?_ preguntó sonriendo. _Sí_ respondí riendo. _ ¡Eso me gusta!_ exclamó frotándose las manos. Conduje hasta las afueras de Marbella, desviándome de la nacional y adentrándonos por un camino de tierra. Al final del camino pudimos vislumbrar una gran finca apenas visible por la gran arboleda que la rodeaba. Entramos con el coche y continuamos hasta una gran explanada donde nos esperaba un hombre. _Vamos a montar a caballo, o en cars_ comentó nada más bajarnos del coche, intentado adivinar que hacíamos allí. _No, algo mejor_ respondí. _Buenas tardes ¿eres Ruth?_ me preguntó aquel hombre. _Sí. _ Ya está todo preparado, os estábamos esperando_ _Seguirme_ dijo. Caminamos detrás del hombre como nos había dicho, conduciéndonos hasta una gran explanada donde había un gigantesco globo de color rojo. _ ¿Vamos a montar en eso?_ preguntó Víctor con cierta inquietud. _Sí, te da miedo_ respondí con una ligera sonrisa. _No crees que ya he tenido por hoy demasiadas emociones_ dijo abriendo sus ojos como platos, estaba nervioso, no pude por más que reír, era tan raro verle nervioso y hoy el pobre no ganaba para emociones. _La peor ya la has pasado, está será más divertida. _Ruth, yo todo lo que sea levantar los pies más de un metro del suelo, no me gusta. _ ¡Pensé que eras más temerario! _Si temerario soy, pero siempre que tenga los pies pegados al suelo. _Confía en mí, esto va a ser genial_ dije mientras dejaba un beso en sus labios.

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Confesiones de un ladrón _Espero que esto te demuestre lo mucho que te quiero, porque de otra forma jamás montaría en eso_ confesó con cierta incredulidad mientras señalaba el globo. Nunca había encontrado el momento adecuado para aventurarme en semejante viaje. Unas veces porque no me apetecía, otras porque me daba miedo o simplemente porque no tenía nadie especial con quien compartir esta aventura. Había acompañado a Noelia y a Alberto, pero nunca me decidí a probar, ahora sentí que esta era la ocasión perfecta. Las vistas eran alucinantes, sobrevolar el mar era un poco intimidante pero al mismo tiempo relajante _ ¿Qué tal, te gusta?_ le pregunté. _Es una pasada_ _Me alegro de que me hayas convencido. _Tengo unos billetes de avión que gané en un concurso para ir a New York, ¿te gustaría venir conmigo? _Con nadie me gustaría más_ _Claro que iremos. El viaje en globo fue una experiencia irrepetible. Fue una manera original y divertida para pasar la tarde de mi cumpleaños. Víctor perdió el miedo después de comprobar que era seguro, y hacer mil preguntas al hombre que manejaba el globo. Tengo que confesar que a mí también me dio miedo al principio, pero camuflé ese miedo dejando a la vista una valentía falsa para tranquilizarle, cosa que funciono. Después de pasar una tarde increíble, dejé a Víctor en el hotel para que se arreglara mientras yo volvía de regreso a mi casa. Decidimos que está vez vendría él a recogerme. Las únicas personas de quien nos teníamos que esconder era de mis padres y ya lo sabían, por tanto no teníamos que ocultarnos. _ ¿Dónde está todo el mundo?_ pregunté a Soraya cuando entre en el comedor y la vi tumbada en el sofá sola viendo el televisor. _Papá y mamá han salido con Mario y Ana a dar una vuelta y Noelia y Alberto están afuera con Jorge y su novia_ dijo desanimadamente sin quitar la vista del televisor. _Me gusta tu novio, le prefiero a él antes que al payaso de Jorge_ añadió simpáticamente. La miré y sonreí _Yo también enana. Salí al jardín para ver a mi hermana. _Hola_ dije al verlos sentados en la mesa del jardín mientras jugaban a las cartas. _ ¿Qué vas hacer esta noche?_ preguntó Noelia nada más verme aparecer. _Tengo una reserva hecha en Calaban. Mi hermana dejó ver una mirada maliciosa _Muy romántico_ dijo sonriendo _ ¿Por…?_ pregunté. _Nosotros vamos a salir también a cenar, y luego iremos a Menfis. _Vale, allí nos veremos_ no quise invitarles. Podría haber sido más amable y haberles preguntado si querían acompañarnos pero no me apetecía pasar el día de mi cumpleaños con el payaso de Jorge. Lo sentía por su novia, la primera impresión que me causó fue que debía ser agradable. _Voy a subir a vestirme_ dije mientras daba media vuelta y me adentraba en la casa. 70


Confesiones de un ladrón Me duché, me alisé el pelo, me maquillé y fui al dormitorio para vestirme. Estaba en ropa interior mirando el armario cuando se abrió la puerta del dormitorio. En ese preciso instante no reparé en quien podría ser, di por sentado que sería alguna de mis hermanas, cuando me sobresalté al escuchar la voz masculina de Jorge. _Estas preciosa_ expresó con voz suave. Mi primera reacción fue taparme rápidamente con una camiseta que estaba sobre la cama de Soraya, sintiendo que tenía el corazón a punto de salir de mi pecho _ ¿Qué haces aquí?_ Pregunté desconcertada _Sal de mi dormitorio_ me precipité a decir nerviosa. _Sólo quiero hablar contigo_ murmuró hablando para él. _No tengo nada que hablar _ _Además, esta no es la manera_ me apresuré a decir indignada _Te repito que salgas de mi cuarto_ añadí al ver que no tenía intención de marcharse. Cogí los primeros vaqueros que estaban a mano poniéndomelos lo más rápido que pude, colocándome después la camiseta que usaba para taparme. Ya que él, demostró que no tenía intención de salir del cuarto, decidí que la que debía marcharse era yo. Sabía que debía salir del cuarto fuese como fuese. El que Jorge hubiese entrado así, de ese modo, no me inspiró confianza y mi cuerpo se contrajo en señal de peligro. Un pensamiento pasó fugazmente “Ten cuidado con él” cuando pasé por su lado, deseosa por salir cuanto antes del dormitorio, sentí como una fuerza me arrastraba del cuello fuertemente sintiendo un gran impacto al chocar mi cabeza contra la pared, quedando aturdida unos escasos segundos. No sé si fue por el golpe que acababa de recibir o por la tensión que experimentaba mi cuerpo, pero no supe sus intenciones hasta que sentí sus manos entrelazadas sobre mi cuello, haciéndome prisionera sin poder escapar. _Te he dicho que quiero hablar contigo_ repitió enfadado. _Está bien, hablemos, que quieres_ propuse atemorizada. _ ¿Estabas con él mientras salías conmigo?_ preguntó mientras me miraba fijamente con sus ojos negros y perversos. _No_ exclamé con rotundidad. _Tan poco signifique para ti, que a los pocos meses ya estabas con él_ _ ¿Le mandaste para que me amenazara?_ preguntó con rabia en su voz. _ ¿De qué hablas?_ dije. Apenas podía hablar, ni respirar, sentía que el aire no entraba en mis pulmones. _No me mientas más, crees que soy estúpido_ apenas escuchaba lo que decía, toda mi concentración se fijó en mirar sus ojos enloquecidos. No podía dar crédito a lo que estaba pasando, ¿Cómo Jorge podía ser capaz de hacerme daño? _No, te juro que no sé de qué me hablas_ _Me estas ahogando. _Tu novio fue el chico que me amenazo en la faculta. Fue él, quien me dijo que te dejará en paz. _Creo que te estas confundiendo de persona, él no fue, él no te conocía hasta hoy_ respondí notando lágrimas en mis ojos. 71


Confesiones de un ladrón _Me tomas por gilipollas, crees que no le he reconocido. _Suéltame por favor, me estas asfixiando_ aflojó sus manos y sentí que por fin entraba aire en mis pulmones. _Me estoy volviendo loco al verte con él_ _Déjale, vuelve conmigo_ _Te sigo queriendo_ su voz se suavizo. Le miré fijamente a los ojos y con el mayor de los desprecios le dije _ Jamás_ _Estas loco. Me miró con desafío, percibiendo como sus manos se iban cerrando cada vez más prohibiéndome la entrada de aire. Empezó a besarme, sintiendo su repugnante aliento cerca de mi rostro y sus labios besar los míos. Forcejeé intentando liberarme, pero no podía, cada vez que apartaba mis labios de los suyos más fuerte me estrangulaba. Hubo un momento en que noté que me iba a desmayar. Reparé en que una de sus manos tocaba partes de mi cuerpo que no soportaba que tocase. Fue entonces cuando en un acto reflejo di un rodillazo en su entrepierna. Me soltó y fue entonces cuando pude escapar de él. Bajé las escaleras corriendo, desconcertada y angustiada por lo sucedido. En mi cabeza sólo había un pensamiento “Víctor” “Tengo que llamar a Víctor”. Cogí del comedor mi bolso mientras Soraya permanecía ajena a lo ocurrido. Con mis manos temblorosas apenas pude coger el móvil. Escuché que alguien bajaba por las escaleras. Salí corriendo al pequeño jardín delantero de la casa, necesitaba estar en un espacio abierto, donde pudiese correr y gritar en caso que volviera a tenerlo delante. Marqué el número _Dime, cielo_ musitó dulcemente. Al escuchar su voz no pude sostener las lágrimas _Ven… a por mí_ a duras penas pude hablar. _ ¿Qué ha pasado?_ preguntó preocupado. _Ha sido Jorge_ sólo pude decir esas tres palabras. No pude explicar lo que había ocurrido, pero dio igual, sólo con esas tres palabras él supo que algo malo me había sucedido. _Ya voy_ respondió rápidamente. Cerré el móvil. Suspiré intentando controlar mi llanto. Una cosa tenía clara, no pasaría ni un minuto más en casa mientras él estuviese, me iría al hotel con Víctor. _ ¿Qué haces aquí?_ preguntó Noelia al ver la puerta de la calle abierta. _Nada, estoy esperando a Víctor_ dije procurándome calmar. Me coloqué de espaldas a mi hermana para que no viera mi rostro, mientras intentaba secar con el dorso de la mano las lágrimas. No sé si mi reacción fue la correcta, pero no quería hablar con nadie, ni tener que explicar lo sucedido, sólo deseaba que Víctor llegase y marcharme lejos. _ ¿Estás bien?_ preguntó mi hermana mientras caminaba hacia mí. _Sí_ contesté intentando que la voz no me delatara. Pero no pude fingir, mis lágrimas resurgieron de nuevo sin poder impedirlo. _ ¿Qué te ha pasado?_ preguntó desconcertada al verme llorar.

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Confesiones de un ladrón Di un gran suspiro, llenando mis pulmones con el aire que hacía escasos minutos me habían privado. Sin ser capaz de hacer cesar mis lágrimas, dije desanimadamente. _Ahora no puedo hablar, ya te lo contaré. En ese preciso instante llegaron mis padres junto con Mario y Ana de su paseo. Desvié un segundo la vista hacía la puerta de la casa, cuando vi salir a Jorge al jardín. No recuerdo con exactitud qué ocurrió en los siguientes veinte minutos, pero recuerdo que grité aterrada cuando le vi _No te acerques a mí. _ ¿Qué pasa aquí?_ preguntó mi padre alzando la voz al ver mi enfrentamiento con Jorge. Me dispuse a contar a mi padre lo ocurrido, cuando en ese preciso instante Víctor entró por la puerta igual que un toro sale al ruedo, desbocado y fuera de sí. Grité su nombre con la intención de evitar lo que era inevitable. Cuando los ojos de Víctor localizaron a Jorge, se lanzó hacía él proporcionándole dos puñetazos que le derribaron al suelo, aunque Jorge con movimientos rápidos se levantó, abalanzándose hacía Víctor armándose un gran revuelo. _ ¡Este chico está loco!_ escuché decir a su madre con desesperación. Mi padre y Mario intentaron separarlos pero apenas pudieron. _Víctor déjalo, vámonos_ grité histérica. _No te vuelvas a acercar a ella jamás. _ ¿Quién me lo va a impedir, tú?_ respondió desafiante. _Recuerda bien estas palabras… no sé cuándo ni cómo será… pero te devolveré todo el daño que la has causado_ dijo con rabia en su voz, las venas de su cuello sobresalían vertiginosamente. _ ¡Joven, está amenazando a mi hijo!_ especuló su padre. Víctor miró fijamente a Mario y exclamó furioso_ ¡Sí!_ _Y está condenado por vida_ añadió con el mismo tono furioso, sus puños estaban cerrados de la rabia. _ Si tocas un solo pelo a mi hijo, no descansare hasta que te meta entre rejas. Te queda claro_ contestó Mario. _Haz el favor de marcharte, no tolero este comportamiento en mi casa_ dijo mi padre dirigiéndose a Víctor con voz fría y cortante_ _Y tú sube a tu cuarto_ añadió mirándome disgustado por el espectáculo tan desagradable que habíamos ocasionado. _No_ me apresuré a replicar _Me ha agredido_ exclamé furiosa. _ ¡Cómo puedes decir semejante barbaridad!_ respondió Jorge fingiendo desconcierto por lo que acababa de decir _ ¡No puedo creer que digas que te he agredido, sólo hemos discutido!__ ¡La he dicho que este chico no me gusta para ella, me parece una mala influencia!_ Y mira, lo ha demostrado_ dijo mirando a mis padres fingiendo estar afligido. Víctor intentó golpearle otra vez, pero está vez pude detenerlo _No te molestes, no merece la pena_ admití al ver a mi madre consolando a Jorge, estaba fingiendo tristeza y malestar por mi reacción. La verdad es que era muy convincente.

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Confesiones de un ladrón _Ruth, te he dicho que subas a tu cuarto_ volvió a repetir mi padre casi gritando. _No_ _No pienso estar en esta casa mientras él este_ era la primera vez que me enfrentaba a mi padre y estaba aterrada. Mientras tanto, Víctor me sujetaba la mano y creo que me transmitió la fuerza y el coraje suficiente para hacerle frente. _No entiendo por qué me hace esto. Únicamente la he dado un consejo. Este chico es un bárbaro, mira que puñetazos me ha dado_ dijo tocándose el labio que le sangraba abundantemente. _No te preocupes hijo, tú no tienes que disculparte_ _No sé en qué nos hemos equivocado con esta chica, se ha vuelto una mentirosa_ comentó mi madre pasando su brazo alrededor de su espalda. Observé a mi madre con tristeza, no podía creer lo que estaba escuchando, creía antes a Jorge que a su propia hija. Mi mente estaba completamente confundida, sólo podía pensar “No me lo puedo creer” “De nuevo no me creen” tarde unos cuantos segundos en reaccionar y dije con rotundidad mirando a mi padre _Me voy con él. _Ruth… si sales por esa puerta no volverás a entrar, tú decides_ por su fría mirada supe que lo decía completamente enserió. _Él no ha dudado de mí ni un solo momento, mientras que vosotros creéis que miento_ cogí aliento y proseguí_ No hay nada que decidir_ añadí pausadamente. Salimos por la puerta del jardín y pude escuchar a mi padre llamarme. Apreté con fuerza la mano de Víctor desahogándome por el dolor que sentía al ignorar las llamadas de mi padre para que volviera, pero no mire atrás. Según caminábamos hacía el coche situado a un par de metros de mi casa, escuché como mi padre seguía llamándome. Nada más montarme, me estremecí en un llanto incontrolado. Víctor, no dejaba de observarme esperando que mi llanto se sosegara, pero me encontraba sumergida en un mar de lágrimas incontrolable. Paro el coche cerca del paseo marítimo, bajó, abrió mi puerta, cogió mi mano y me ayudó a bajar del coche. Seguía sumergida en mi dolor cuando sentí como retiraba con sus manos mi pelo mojado por las lágrimas de la cara. _Mírame_ murmuró con suavidad. Levanté la vista y pude ver su rostro desencajado por el dolor. _No volverás_ _Vivirás conmigo_ _No permitiré que te hagan daño. Caí en la cuenta que él no sabía en realidad que había ocurrido. No sabía nada de nada. Suspiré hondo e intenté controlar mi llanto con el fin de poder narrar lo ocurrido _Me ha cogido del cuello_ expliqué con un fino hilo de voz. Retiró parte del cabello que ocultaba el cuello, y sus ojos enfurecieron, las venas de su cuello sobresalían tensas. _ ¿Qué tengo?_ pregunté angustiada al ver su reacción. _Tienes la marca de su mano_ masculló.

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Confesiones de un ladrón Dio un gran soplido conteniendo su enfado. Colocó sus brazos extendidos en el techo del coche, colocando su cabeza entre ellos, dejando su mirada perdida en el suelo _ ¿Qué te ha hecho?_ preguntó _ ¿Te ha…? _No_ respondí de inmediato. No me había violado, aunque yo me sentía igual que si lo hubiese hecho. Resumí lo ocurrido tipo telegrama. _ Me ha sujetado contra la pared por el cuello, me he dado un golpe en la cabeza, me ha besado y me ha tocado…_ no pude seguir, al ver en su rostro la rabia y la furia que debía estar sintiendo. _Me va arruinar la vida_ admití desconsolada. _No si antes se la arruino yo_ inquirió con voz cortante mientras daba la vuelta por la parte delantera de su coche y se montaba. _Sube, vámonos. Fuimos directos al hotel. Nada más entrar en la habitación me dirigí al baño deseosa por ver que me había hecho. Retiré todo mi cabello de la cara recogiéndolo en una coleta, ya que cuando esperábamos el ascensor en el vestíbulo del hotel lo oculté, no quería que el matrimonio y sus hijitas pequeñas que esperaban con nosotros, viesen mis marcas e imaginasen algo que no era. Estaba colorado y se podía identificar perfectamente tres dedos de la mano. _No quiero quedarme aquí_ _Te importa si nos vamos a Madrid_ dije con cierta amargura cuando salí del baño y le vi posado frente al ventanal mirando el mar. _No, claro que no_ _Déjame que recoja mis cosas_ dijo girando su cuerpo dejándome ver una mirada lastimosa, sus labios se curvaron con disgusto. Se acercó a la cama donde me senté arrodillándose _ ¿Te encuentras mejor? musitó con dulzura mientras rozaba con sus dedos mi mejilla. _Sí_ _ahora sí_ _gracias por creer en mí_ respondí con amabilidad. _No tienes que agradecer nada… Ruth, te conozco muy bien y sé que jamás provocarías a nadie. _Gracias de todas formas_ _Lo que más me ha dolido no ha sido que Jorge me agrediera, sino ver a mis padres apoyarle a él. ¡Soy su hija por el amor de Dios! y no me han creído_ afirmé compungida. _Todo se aclarara, ya lo veras_ afirmó mientras colocaba sobre mi hombro derecho con sumo cuidado la tiranta del sujetador que había caído. Unos golpes inesperados a la puerta de la habitación, provocaron que mi cuerpo en reacción se tensará _Tranquila_ dijo incorporándose de pie mientras acariciaba mi mejilla intentando relajarme. _La traigo ropa y algunas cosas_ reconocí la voz de mi hermana. _Pasar_ dijo Víctor haciéndose a un lado dejándoles pasar. Levanté la vista percibiendo en ambos rostros preocupación y desconcierto por lo sucedido. _ ¡Cuéntame que ha pasado, por qué lo que está contando Jorge, te juro que no me lo creo! _ exclamó mi hermana mientras se sentaba junto a mí en la cama. Ya todo me daba igual, mis padres una vez más me habían vuelto a defraudar, no habían creído en mí, que más me daba lo que pudiese contar aquel depravado. Que yo había empezado, que le había pegado, ya nada tenía importancia, por eso no me moleste en preguntar a mi hermana que había

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Confesiones de un ladrón contado él, simplemente quería que supiesen mi verdad, lo que realmente había ocurrido. _Está loco_ _Esta completamente fuera de sí_ dije con lágrimas en los ojos. _Mira lo que me ha hecho_ añadí dejando ver las marcas de la agresión. _ ¡Dios mío!_ exclamó mi hermana. _Más de una vez le he comentado a tu hermana que ese chico no había superado lo vuestro_ comentó Alberto. _De verdad que si no lo veo no lo creo, ¿Cómo ha podido hacer una cosa así?_ comentó incrédula ante lo que estaba viendo. _Por qué está loco, ya te lo he dicho_ _Entiendes que me marché, no me puedo quedar cerca de él_ expliqué. _ ¿Qué vas hacer?_ preguntó mi hermana. _Me quiero ir a Madrid, no quiero quedarme aquí_ dije mirando dulcemente a mi hermana. _ ¡Por qué no te vas a casa de la abuela un tiempo!_ sugirió Noelia. _No sé_ _Ya veré lo que hago_ dije indecisa. _Se viene a mi casa_ afirmó Víctor. Ambas le miramos por la rotundidad de sus palabras. _Es mejor, así no estará sola y ningún indeseable la puede encontrar_ afirmó Alberto. _Toma mi tarjeta, el número es 7845, gasta lo que te haga falta. _Gracias_ contesté mientras extendía mi mano aceptando su tarjeta de crédito. _No la va hacer falta, no te quedes tú sin…_ dijo Víctor. _Que la coja_ ordenó Noelia no dejando terminar de hablar a Víctor. _Y muchas gracias por defender a mi hermana_ añadió mirándole dulcemente. _Le tenías que haber zurrado más_ masculló Alberto en bajito, provocando en Víctor una pequeña risita discreta. _No te preocupes por papá y mamá, hablaré con ellos y les explicare…_ _No te molestes_ dije adelantándome sin dejarla terminar de hablar _No quiero saber nada de ellos, me han vuelto a defraudar_ confesé con dureza en mis palabras. _Se les pasará, ya les conoces_ _La lías una vez, y ya estas marcada para siempre. _Pero a mí no se me pasará_ protesté con frialdad. _No digas eso, ahora estas muy enfadada con ellos, pero les perdonaras. Una vez que se marcharon, Víctor terminó de recoger sus cosas. Miré el reloj, eran las once de la noche cuando abandonamos el hotel. Nos esperaba un largo viaje por delante. No había transcurrido ni una hora cuando experimente un profundo sueño _ ¡Te molesta si duermo un rato!_ comenté. _No, cielo_ respondió. Al segundo estaba bajando la música para que pudiese dormir. Incliné el asiento cómodamente. Cerré los ojos intentando conciliar el sueño, pero a mi mente sólo venían imágenes en forma de destellos de lo sucedido. Jorge estrangulándome lentamente, besándome, Víctor peleándose con él, mi padre llamándome, mi madre consolando a Jorge. Sentí que la cabeza

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Confesiones de un ladrón me iba a estallar. Me incorporé nuevamente al notar que así era imposible conciliar el sueño. _ ¿Qué te ocurre?_ preguntó al verme de nuevo sentada. _Soy incapaz de dormir_ respondí. Víctor colocó su mano sobre mi mejilla, incliné la cabeza apoyándome sobre ella y a los pocos segundos quedé profundamente dormida. Me desperté bruscamente._ ¿Me he quedado dormida?_ pregunté sobresaltada. _Sí_ _Llevas tres horas durmiendo_ _Voy a parar, tenemos que cenar algo_. Asentí con la cabeza. Paramos en la primera área de descanso que vimos abierto. En el restaurante apenas había gente, dos camareros, un matrimonio mayor y una pareja. Miramos a nuestro alrededor y decidimos sentarnos en una mesa situada frente al televisor. Víctor pidió al camarero un bocadillo de jamón con un refresco, yo un café con leche acompañado de un bollo. _ ¿Nada más vas a tomar eso?_ preguntó mientras no dejaba de observarme. _ No tengo hambre. _No ha sido una celebración de cumpleaños muy agradable_ comentó mientras cogía mis manos. Me encogí de hombros. _En realidad todavía es, nací a las cinco de la mañana_ Enarcó una ceja. _Pues felicidades, mi amor_ dijo, dejando ver su maravillosa sonrisa mientras besaba mis manos. _Lamento que te hayas tenido que pelear por mi culpa_ expresé con tono abatido. _La culpa ha sido de él, tú no has tenido nada que ver. _Da igual, lo siento de todos modos_ _Odio las peleas. _ Es la primera vez que me peleo de esa forma_ _Pero es que cuando te escuché llorar, perdí el juicio_ _No sé qué es lo que me pasa, cuando se trata de ti, pierdo totalmente el control_ expresó confuso. Retiró el cabello con delicadeza dejando al descubierto las marcas, mientras observaba tomarme el café _ ¿En qué piensas?_ preguntó. Suspiré hondo y tarde unos segundos en responder _Le quiero denunciar_ contesté mirándole fijamente a los ojos. _Deberías_ _Pero es una decisión que solamente puedes tomar tú_ _Si por mí fuese, lo habríamos denunciado nada más salir de tu casa. Pasé mi mano alrededor de mi cabello colocándolo detrás de mí oreja _Mañana iré. _Me parece bien_ _ ¿Quieres que te acompañe? _No hace falta, pediré a Berta que venga conmigo. _Como tú quieras. No sabía muy bien como le iba a preguntar si él ya conocía a Jorge antes de hoy. _Víctor hay una cosa que quiero preguntarte. _ ¡Dime!_ exclamó. Suspiré profundamente y levemente angustiada dije _Jorge me dijo que le amenazaste_ _ ¿Es cierto?_ pregunté sería, posando mis ojos en los suyos.

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Confesiones de un ladrón Cerró los ojos bajando la cabeza, pasó sus dedos por sus cejas, cogiendo aire. _Sí_ admitió. _No entiendo nada_ _ ¿Tú ya me conocías?_ _Alguien te hablo de mí_ _ ¿Por qué lo hiciste?_ dije sin parpadear. _No querías conocer mi secreto, pues eso forma parte de él. Te importa esperar hasta que lleguemos a Madrid para poder contártelo tranquilamente_ _Te juro que te voy a contar todo. _ ¿No puede ser ahora?_ pregunté intrigada. _No_ _Por favor_ dijo suplicando. _Está bien_ respondí. Acepté no hablar del tema, pero percibí que no se trataba de nada bueno, mi corazón empezó a latir rápidamente, estuve a punto de exigirle que se dejara de juegos y lo contara ahora mismo, pero él había confiado en mí, ahora yo debía corresponderle. Salimos del restaurante agarrados por la cintura, me disponía a soltarme para montarme en el coche, cuando Víctor me arrastró hacía el maletero del coche, lo abrió, buscó en su maleta, sacando un regalo. _Felicidades_ susurró con una dulce sonrisa. _Gracias_ respondí con una triste sonrisa. Había imaginado como celebraría mi cumpleaños con él, me había imaginado sonriendo, divirtiéndonos, pero lo que nunca imagine sentir está tristeza. _Ábrelo_ insinuó al ver que lo miraba y no hacía ningún intento por abrirlo. Asentí con la cabeza. Era una cajita roja envuelta por un lazo plateado. _ ¡Son preciosos!_ exclamé al ver el contenido. _ ¿Te gustan? _Sí_ eran unos pequeños pendientes, de oro blanco, con una circonita. Levanté la caja para poder verlos mejor cuando advertí que junto a ellos había una diminuta pegatina que decía “Diamantes”. _Víctor, esto es… _Es para ti_ exclamó al ver mi reacción. _Es excesivo. _ ¿Te gustan? _Esto debe costar un dineral. _ ¿Te gustan? _Sí, claro que me gustan, pero no quiero que te gastes tanto dinero. _Tú de eso olvídate, sólo quiero saber si te gustan. _Son preciosos, me encantan. Sonrió. _Dicen que un diamante es para siempre. Quiero que siempre los tengas y los guardes con cariño, tendrás algo que te recordará a mí_ su voz sonaba con cierta amargura. Le miré extrañada por sus palabras “¿Se está despidiendo de mí?” “¿Por qué debo recordarle?” pero no añadí ningún comentario. Sólo le di las gracias y me los puse. El resto del camino conduje yo, estaba despierta y no tenía sueño. Víctor se durmió rápidamente lo que facilitó pensar con tranquilidad. Tenía mucho en que meditar. Por un lado la turbia situación con mis padres, por otro lado Jorge,

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Confesiones de un ladrón y por otro lado, Víctor, que tendría que contarme. Decidí que empezaría por él, sus últimas palabras me habían preocupado ya que sonaban a despedida, ¿me iba a dejar? o ¿le iba a dejar yo después de que me contara su secreto? Miré su angelical rostro mientras dormía y di gracias a Dios por tenerlo a mi lado, le amaba más que a mi propia vida y no le dejaría por muy terrible que fuese lo que me contase.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo VIII El día de la verdad

No deseaba llegar a Madrid. Sólo me apetecía conducir y conducir sin ningún destino. Conducir hasta llegar algún país, no sé… Holanda, Alemania que más me daba, donde nadie nos conociese, poder escapar de todos los problemas recientes que habían surgido y seguramente los que surgirían cuando Víctor hablase conmigo. Si llegaba a mi destino tendría que enfrentarme a un secreto que me aterraba y no sabía si estaría preparada para poder afrontarlo. Eran las siete y media de mañana. Desperté a Víctor que dormía profundamente. Descargamos el escaso equipaje que llevábamos y subimos a su casa. Cuando entramos por las puertas, escuchamos a gente hablar en la cocina de la que procedía un maravilloso olor a café recién hecho y a pan tostado despertando mi estómago. _Buenas…_ dijo Víctor a su hermano que estaba acompañado por una joven. _ ¿Ya estás aquí?_ preguntó con entusiasmo_ ¿Qué tal esas vacaciones?_ _ ¿Y tú chica, que tal está?_. Estaba feliz por ver de nuevo a su hermano pequeño. Víctor se hizo a un lado dejándome ver. _Bueno… un poco movidas_ respondió mirándome mientras dejaba una mueca de tristeza en su rostro. _Hola_ dije sonriendo tímidamente. Germán se levantó rápidamente y se apresuró a saludarme _Hola_ _Te voy a presentar a mi novia_ _Elena está es Ruth. Tenía muchas ganas de conocerla. Víctor me había hablado en muchas ocasiones sobre ella. Opinaba que era una chica estupenda, muy simpática y cariñosa, con la que siempre podía hablar de cualquier cosa y estaba encantado que saliese con su hermano, pero nunca antes habíamos coincidido. Tenía la sensación que podía ser la novia fantasma, de la que todo el mundo habla y nadie ve. _Encantada_ respondió. Era una joven muy atractiva, de pelo castaño con unas simpáticas ondas que le llegaban por debajo de los hombros, con unos grandes ojos marrones poblados por unas largas pestañas, de piel dorada y facciones finas. Se notaba que acababan de levantarse, además de por su atuendo, ya que ambos iban en pijama, por sus cabellos alborotados. _ ¿Queréis desayunar?_ Preguntó Germán _Yo sí_ respondí. Aceptando su invitación. _Yo voy a mi cuarto_ añadió Víctor. Me senté en la mesa frente a Elena mientras Germán me preparaba un café. Miré a la joven que tenía frente a mí, y sonreí al no tener nada que decir. Observé su rostro cuando algo en ella llamo mi atención. _Ese colgante que llevas…_ dije pausadamente. Ella lo acaricio y sonriendo dijo _Es precioso ¡a que sí! 80


Confesiones de un ladrón _Sí, es muy bonito_ respondí. _Sabes que mi madre es la diseñadora. Recuerdo ese perfectamente porque fui yo quien la sugirió que pusiera las piedras alrededor de la rosa_ le expliqué. En ese preciso instante me sobresalte al sentir la taza de café que sujetaba Germán caer al suelo. _ ¡Qué torpe!_ exclamó apartándose de un salto del pequeño estropicio que acababa de ocasionar. Elena se levantó rápidamente y salió a la terraza del lavadero trayendo con ella una fregona. _Déjame cariño, yo lo recojo_ dijo mientras apartaba a Germán del charco de café. _Voy a ver a Víctor_ dijo aturdido_ ¿Te importa ponerla tú el café?_ preguntó a su novia. _Sí, no te preocupes, tú vete_ le respondió con dulzura. Permanecí sentada mientras ella recogía del suelo los restos del café. Sentí las voces de Víctor y Germán, aunque no pude descifrar que decían, adivinando que estaban manteniendo una discusión _ ¿Están discutiendo?_ pregunté a Elena, mientras ella devolvía la fregona a su cubo. _Parece que sí, aunque rara vez lo hacen_ admitió perpleja. _Toma, cielo, aquí tienes el azúcar_ dijo dejando delante de mí una taza de café con leche. _Me encantan los diseños de tu madre_ _No tengo más porque son un poco caros, pero los compraría todos_ confesó animada _Tengo una pulsera, un anillo y el colgante que llevo puesto_ dijo mientras balanceaba el colgante entre sus dedos. _ ¡Es qué son exclusivos!_ añadí, para justificar el precio. El más barato rondaba los 200€ y los más caros, como el que ella llevaba costaban 3000€ _Lo bueno… es que sabes que nadie los va llevar_ ambas nos centramos y levantamos el tono de voz para disimular los gritos que procedían del dormitorio de Víctor. Disimulé que me interesaba la charla que mantenía con Elena pero en mi mente lo único que pensaba era el motivo de la discusión entre los dos hermanos ¿Sería por mí? _Ese que llevas es uno de mis preferidos_ dije sonriendo para no prestar atención en lo que se estaba hablando en el dormitorio de Víctor. _Me lo regalo Germán por mi cumpleaños. De repente toda mi atención se volcó sobre ella. Mi rostro se endureció al escuchar que se lo había regalado. ¿Cómo podía ser?, ese colgante nunca había estado a la venta. Ése había sido uno de los que habían robado de mi casa ¿Cómo se lo podía haber regalado? ¿Se lo habría comprado a los individuos que robaron en mi casa? Esa era una buena explicación. Preferí omitir el detalle del robo ya que Elena parecía estar encantada con su colgante, y saber que era robado podría provocarla un disgusto. _Pues ten cuidado_ dije _Es uno de los más caros que mi madre ha diseñado.

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Confesiones de un ladrón _Solamente me lo pongo para ocasiones especiales_ dijo sonriendo plácidamente _Anoche me lo puse porque salimos a celebrar nuestro aniversario, llevamos dos años. _Felicidades_ respondí al no saber qué decir. Siempre actuaba igual, cada vez que oía la palabra aniversario decía felicidades, era una manera de ser educada y quedar bien. Por fin los gritos enmudecieron y el silencio volvió. Al poco rato Germán entró en la cocina vestido y perfumado deliciosamente _Elena vístete que nos vamos_ dijo con un tono de voz que me pareció frío. Elena se levantó y salió de la cocina, la hice una mueca imitando una sonrisa. Nada más salir la joven, Germán colocó su mano sobre mi hombro _ ¿Estás bien?_ preguntó dulcemente. Me cogió desprevenida y no supe a qué se estaba refiriendo, giró suavemente mi cabeza y pudo ver mi marca _ ¡Qué hijo puta!_ exclamó. Estaba claro que Víctor se lo había contado, ¿Sería por esto por lo que discutían? _Quédate todo el tiempo que necesites, estás en tu casa_ expresó con una dulce sonrisa. _Gracias_ añadí. Bebí deprisa el café, cuando apareció Elena vestida diciendo adiós. Terminé el desayuno, me levanté llevando conmigo la taza, la enjuagué colocándola en el lavavajillas como había hecho miles de veces en mi casa. Me dirigí al cuarto de Víctor, esperando una explicación por los gritos. Abrí la puerta del dormitorio lentamente contemplándole nervioso, angustiado, andando de un lado para otro de la habitación, soltando de vez en cuando algún pequeño soplido, colocando sus manos como si estuviese rezando mientras se daba golpecitos en la boca. Se comportaba como si tuviese que dar una conferencia para millones de personas. Claramente estaba de los nervios. Entré en el dormitorio y me apoyé sobre la cómoda. _ ¿Por qué has discutido con tu hermano?_ _ ¿A sido por mí, no quiere que esté aquí?_ pregunté desconcertada. _No…_ dijo moviendo la cabeza de un lado para el otro _Siéntate por favor_ su rostro permanecía sereno. Hice caso omiso a su petición y me senté sobre la cama. Supe que había llegado el momento, el momento en que me contaría ese secreto que le atormentaba. De repente sentí miedo, y hasta ganas de vomitar, no quería escucharlo si eso podría provocar que le dejara, prefería vivir en la ignorancia “bendita ignorancia”. Noté como mis manos no dejaban de temblar y sudar. Suspiré hondo y dije _Déjalo Víctor, no quiero saber nada, no quiero que me cuentes nada. _ ¡Estas temblando!_ exclamó cuando vio mis manos. _Sí, por favor no me cuentes nada_ dije suplicando. _Lo lamento Ruth, pero debes saberlo, he querido contártelo desde el primer día que te conocí, pero soy un cobarde. Ya no puedo ocultártelo por más tiempo_ _Necesito que lo sepas. _Esto me va matar, no lo hagas_ repuse suplicando. 82


Confesiones de un ladrón _ Sobrevivirás a esto y a más cosas que te sucedan, eres más fuerte de lo que tú te crees. _No cuando se trata de ti_ añadí. Me senté de nuevo en la cama entrelazando mis manos aterradas. _Tienes un dormitorio precioso. La colcha de tu edredón es blanca con flores malvas y granates, las cortinas van a juego, la mesa de tu escritorio es blanca, sobre ella hay una fotografía tuya donde estas francamente guapa, la silla de tu escritorio es granate, hay una estantería donde tienes fotos, libros y diversos adornos, tienes varios cuadros con fotos de New York en blanco y negro, y tienes un joyero grande de color granate encima de una cómoda también de color blanca. Me describió con sumo detalle mi dormitorio, dejándome completamente confusa “¿Ha estado en mi cuarto?” “¿Ya me conocía?” “¡Esperó que entrase cuando no estuviesen mis padres!” “Esté es su secreto, pues vaya cosa, tanta tensión para esto”. Estaba tan aterrada por descubrir que pudiese ser un asesino o un violador o que hubiese estado en la cárcel, que la simple idea de que se hubiese colado en mi dormitorio me tranquilizo, e incluso tuve una sensación de romanticismo. Me levanté de la cama dirigiéndome hacía él con una bella sonrisa. Quería hacerle entender que no debía estar preocupado, claro que le perdonaría “vaya tontería, tanta angustia por eso”_ ¡Así que has estado en mi dormitorio!_ repuse dulcemente. Su rostro se endureció al ver que no comprendía lo que quería darme a entender _En el tuyo…, en el de tus hermanas…, en el de tus padres… en fin, en toda la casa_ dijo pausadamente mientras fijaba su mirada en el suelo. La sonrisa se desvaneció lentamente de mi rostro al interpretar sus palabras, retrocedí un paso y dije _ ¡No entiendo nada!_ _ ¿Por qué has estado en sus cuartos?_ _ ¿Qué buscabas?_ pregunté con miedo al saber la respuesta. _Yo fui el mal nacido que robo en tu casa en Semana Santa_ dijo pausadamente. Sentí como si una gigantesca bola de demolición golpeara mi cabeza haciéndome tambalear. Noté como perdía el equilibrio. Me estaba mareando. _ ¿Qué…?_ _No… no puede ser, tú no…_ exclamé consternada. _Sólo quiero decirte lo arrepentido que estoy _ repuso tristemente. Me desconecté de la realidad por un momento y me concentré en escuchar mis pensamientos “No puede ser” “Un ladrón” “Esto debe ser un error, él no puede ser un ladrón” “Dios mío, no puede ser” las negaciones brotaban en mi mente, me negaba a creer que fuese verdad lo que acababa de escuchar. _Ruth habla, di algo_ murmuró abatido. Me mordí el labio negando con la cabeza._ ¡Por qué me lo has dicho, te dije que no lo quería saber!_ añadí enfadada con mis ojos aguados por las lágrimas. _No lo puedo creer_ ¿Por qué lo hiciste?_ pregunté abatida. Tenía el presentimiento que en cualquier momento iba a perder la conciencia, mi mente era un hervidero, cientos de pensamientos iban y venía igual que una lluvia de estrellas.

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Confesiones de un ladrón _Recuerdas cuando te conté que mis padres murieron, y nos fuimos a vivir a casa de mi abuela. _Sí. _Pues no te conté toda la verdad_ _Nos quedamos allí nada más que dos años, mi abuela echo de su casa a mi hermano y yo me fui con él. Vivimos solos, pero el dinero no nos llegaba aun trabajando los dos y con tantos pagos apenas podíamos comer_ _Mi hermano estaba desesperado, no quería que nos quitaran el piso de mis padres y no vio otra salida que robar con unos amigos de su trabajo, una cosa llevo a la otra y hasta ahora_ en su narración percibí remordimientos. _ ¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo?_ pregunté con tristeza por la terrorífica noticia. _ ¿Eso importa? _Sí_ dije alzando mi tono de voz más de lo normal. _Cuatro años. _ ¿Tienes antecedentes? _No _ _ ¿Y piensas seguir haciéndolo? _No_ exclamó con rotundidad _Es por eso que quiero montar mi negocio, quiero dejarlo. Estaba perdida, era demasiado, mi vida estaba del revés, todo mi universo se había alterado y las cosas se estaban desmoronando con tanta rapidez, que no podía asimilar tanta información. Víctor no dejaba de observarme cada movimiento que hacía esperando alguna reacción por mi parte. Pero no sabía si era por el cansancio del viaje, o porque apenas había dormido, o simplemente una reacción de mi cuerpo a tan terrible noticia, pero no podía pensar con claridad, sentí que los ojos se cerraban, y el cuerpo me pesaba como si llevase cien quilos encima. Necesitaba dormir. _Voy a dormir un rato_ dije con tristeza. _Está bien, descansa_ respondió mirándome fijamente cada gesto de mi rostro. Me tuve en su cama. Él se arrodillo a mi altura mirándome fijamente _Sólo espero que me puedas perdonar, quería habértelo dicho hace mucho, pero sabía que en el momento en que te lo contara te perdería y te quiero demasiado. Mis ojos parecían un manantial de los que no dejaban de brotar lágrimas, agarré su mano y le dije _Ojala nunca lo hubieras hecho. No pudo sostener mi mirada y la dirigió al suelo, no sé si por sentirse avergonzado de sus actos delictivos, o por provocarme un sufrimiento insoportable. Extendí mi mano levantando su barbilla para que me mirase _Túmbate junto a mí_ dije dulcemente. Tenía el presentimiento que sería la última vez que estaríamos juntos. Se tumbó a mi lado abrazándome _Te quiero_ me susurró dulcemente _Recuerdas la noche en que nos conocimos por primera vez, cuando me preguntaste los motivos por los cuales me uní al voluntariado. _Sí_ respondí apenada. _ ¿Recuerdas que te dije que perseguía un sueño? 84


Confesiones de un ladrón _Sí. _Tú eras mi sueño Ruth, lo hice por ti. No dije nada, simplemente cerré los ojos y me sumergí en un profundo sueño. Tuve una extraña pesadilla. Me encontraba en mi cuarto, la puerta de mi dormitorio se abría bruscamente y Jorge entraba. Yo estaba quieta en el centro de la habitación, sin poderme mover, ni poder huir, como si tuviese mis pies pegados al suelo. Él colocaba sus manos en mi cuello y lentamente iba apretando, cortándome poco a poco la respiración. En ese momento entraban mis padres, sus padres, mis profesores de la universidad, y más gente que no conocía, intentaba suplicarles que me ayudasen, pero apenas podía hablar, mis palabras se ahogaban en mi garganta. Todos me miraban sin hacer nada, sólo escuchaba decir _Ya la queda poco aire, aprieta con fuerza_ _Qué dura es de matar_ _ ¡Aprieta!_ _ _ ¡Aprieta fuerte!_ todo el mundo animaba a Jorge a estrangularme y su rostro era perverso. En ese preciso instante, alguien entraba en el dormitorio apartando a todo el mundo hasta llegar a mi lado liberándome de Jorge. De repente me sentía a las mil maravillas, sentía seguridad, Víctor me agarraba por la cintura diciendo _confía en mí_ y ambos saltábamos por la ventana. Me desperté sobresaltada, sintiendo que apenas podía respirar. Cuando fui consciente que todo había sido una maldita pesadilla me embargo la sensación de seguridad que Víctor me había transmitido en el sueño. Me senté en la cama apoyando mis codos sobre mis piernas tapándome la cara con las manos. “Qué horror de pesadilla” me dije. Me levanté desorientada y vi que Víctor no estaba en el cuarto. Me dirigí a la cocina encontrándole cocinando. _ ¿Qué haces?_ pregunté. _La comida_ contestó. Observé su rostro serio pero su voz era igual que siempre, dulce. Miré el reloj de la cocina y eran las doce de la mañana. Retiré una de las sillas y me senté apoyando mis brazos sobre la mesa. Era un buen lugar para hablar. _Necesito tiempo_ dije con cierta amargura. Se giró y en su rostro no vi la tristeza que había sostenido durante la conversación e incluso percibí un aire de esperanza. _Tomate todo el tiempo que necesites_ _Estaba seguro que me dejarías nada más contártelo. _No te creas, lo pensé, pero te quiero demasiado y no quiero dejarte, quiero poder perdonarte_ _Pero… entiende que debo hacer lo correcto. _ ¡Y qué es lo correcto!_ exclamó. A su rostro regresó la tristeza que había visto antes. _No lo sé_ dije confusa _No sé qué es lo correcto, pero una cosa sí sé, que no está bien y no puedo dejarlo pasar sin más. _Claro, haz lo que creas, confío en que tomaras la mejor decisión_ _Pero recuerda una cosa, dijiste que te gustaban los ladrones si eran guapos_. Comentario que me provoco una risa triste en las comisuras de mi rostro.

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Confesiones de un ladrón Ambos permanecimos callados. Él concentrado en terminar de hacer la comida, y yo ausente con la mirada perdida en uno de los azulejos. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que hablé _ ¿Lo hicisteis por necesidad?_ pregunté. _Sí_ _Pero tampoco es justificación. _Lo sé… pero es algo_ _Necesito agarrarme a algo que lo justifique y lo pueda perdonar_ _Seguramente si me lo hubieses contado en otro momento, te habría dejado en el acto, pero ahora. _ ¿Qué? _Sé que no es comparable, pero si puedo asimilar la desesperación de tu hermano. Llevo unas cuantas horas sola, sin mis padres y me siento completamente perdida, no tengo casa, no sé cómo voy a pagar la universidad, no tengo coche, apenas tengo ropa, no tengo nada de nada_ dije lamentándome. _No debes preocuparte por nada, Ruth_ _Yo pagaré todo, al fin y al cabo parte de lo que tengo es tuyo_ al mirarle no pude evitar sonreír, estaba a punto de dejarle o incluso mucho peor, podía mandarle a la cárcel y él sólo se preocupaba por mí. _No es eso, es que me siento sola y desamparada. _ Me tienes a mí. _Me refiero a mi familia_ dije rectificándole. _Con el tiempo te perdonaran, ya verás. _Pero es que no me tienen que perdonar, yo no hice nada malo, en todo caso soy yo quien les tiene que perdonar_ dije molesta. _ Lo harás… te conozco, no eres rencorosa. _Yo no estoy tan segura_ afirmé con rencor en mi voz. Suspiré, y pasé mis manos por mi pelo colocándolo detrás de la oreja. _ ¿Hay algo más que me tengas que contar?_ añadí. _Sí… hay un par de detalles que no te he contado aún_ _Cuando estuve en tu cuarto y vi tu fotografía, me enamoraste, sabes que no toque nada de tus cosas. _Cosa que desconcertó a Soraya, por cierto. _Pues encendí tu ordenador, vi que tenías un archivo encriptado, sentí curiosidad e instalé un programa. _ ¿Qué tipo de programa?_ pregunté seria. _Un espía, con él podía ver el contenido de tu ordenador_ _También… podía verte cuando estabas conectada al Messenger _ comentó avergonzado. _ ¿Me quieres decir… que me espiabas, que miraste todas mis cosas?_ pregunté sin poder evitar fruncir el ceño ya que esta conversación no me estaba gustando nada. _Sí. _ ¿Podías escuchar mis conversaciones con mis amigas? _Sí. _ ¿Escuchaste cuando conté a Berta que te había conocido? _Sí, el encuentro casual que fingisteis… todo. _Y leíste mi diario, ¡claro!_ exclamé furiosa. _ Así supe lo que te había hecho y que te estaba acosando.

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Confesiones de un ladrón _Qué fuerte, no me lo puedo creer, te has pasado, era privado, eran conversaciones privadas, no tenías ningún derecho_ dije levantándome furiosa de la silla _ ¿Y cómo supiste donde estudiaba y quien era Jorge? _Te estuve siguiendo durante algún tiempo_ _Iba a tu casa todas las mañanas, te veía esperar a Berta, hasta que no pude más. Necesitaba conocerte y se me ocurrió unirme al voluntariado. Era el lugar idóneo para un primer encuentro, ¿Te enfadas?_ preguntó con amargura en sus ojos. _ ¡Tú que crees!_ exclamé entrecerrando mis ojos _Como te sentirías si descubrieses que toda tu relación está basada en un mentira_ _Pues claro que me enfado, estoy furiosa contigo, no tenías ningún derecho a vigilarme_ dije levantando el tono de voz. _ ¡Te enfadas por qué te espié y no lo haces por qué robe en tu casa!_ exclamó confuso. _Sí_ chillé. _No me importa que robaras, pero me duele que me espiaras_ _Yo confiaba en ti_ dije con rabia en mi voz. Estaba enfadada, furiosa, no podía dejar de pasar la mano por mi pelo mientras daba vueltas de un lado para el otro intentando pensar con claridad. Me dirigí hacía él _Dame las llaves de tu coche_ le ordené. Metió la mano en su bolsillo sacándolas de inmediato _Toma_ dijo mientras las colocaba sobre mi mano_ ¿A dónde vas?_ preguntó. _No lo sé… lejos de ti, no puedo mirarte a la cara_ respondí con odio. Me disponía a salir de la cocina cuando dijo angustiado _Ruth, lo siento. Me giré clavando mis ojos en su mirada, deseando fulminarle _Ya… y yo me lo creo_ contesté con desprecio. Cerré la puerta de la calle dando un portazo. Bajando en el ascensor sentía como por momentos me iba poniendo más furiosa, estaba tan furiosa con él. Le maldije, deseaba poder darle dos puñetazos para desahogar la ira que sentía. Me senté en su coche y puse música lo más alto posible, quería tranquilizarme y reflexionar antes de conducir. Cientos de pensamientos llenaron mi mente “Lo ha estropeado todo” “Es idiota” “No puedo seguir con él” “Se ha reído de mí en mi propia cara” “A traicionado mi confianza, no podré confiar nunca más en él” ”Pero le quiero, le quiero tanto que le odio por ello” “No será fácil pero siento que es lo que debo hacer, debo dejarle”. El pesimismo me embargo acompañado de un sentimiento de pena que me estaba matando. Necesitaba hablar, desahogarme, necesitaba desesperadamente contar todo lo que me había sucedido y sabía quién era la persona idónea con quien debía hablar. Pensé que involucrarla en esta historia era arriesgado y podría perjudicar a Víctor, pero ella era mi segunda conciencia, ella me ayudaría a tomar la decisión correcta. No quería tomar ninguna decisión sin antes consultarla. El calentón que tenía en este momento podría provocar que tomase una decisión de la que después me arrepintiese. Bajé la música y llamé. _ ¿Dónde estás?_ pregunté nada más escuchar que descolgaba el móvil. _Estoy en casa. _ Voy ahora mismo_ me apresuré a contestar sin darla tiempo a que pudiera decir nada. _ ¡Pero tú no estabas en Marbella!_ exclamó sorprendida por mi llamada. 87


Confesiones de un ladrón _Sí, es una larga historia, he llegado esta mañana_ _Ahora te cuento_ dije rápidamente. _Vale… vale… te espero en casa_ dijo con voz intrigada. Conduje hasta Alcobendas donde vivía Berta. Llamé al timbre de su chalet y pude escuchar como abría desde dentro de la casa la puerta de la calle, entré y la vi en el pequeño porche sujetando la puerta. _Pasa_ dijo sonriendo al verme. _ ¿Estás sola?_ pregunté mientras subía los tres pequeños escalones del porche. _Sí_ _Mi madre ha ido hacer unas últimas compras, nos vamos pasado mañana_ respondió mientras se apartaba dejándome pasar _ Me alivió saber que estaríamos solas. Lo que tenía que contar nadie podía escucharlo. _ ¿Pero tú que haces aquí?_ preguntó sonriente. No sabía por dónde empezar a contar _Me he ido de casa. He tenido una movida con mis padres_ respondí mientras caminaba hacía el salón. _ ¿Por qué?_ preguntó intrigada abriendo los ojos como platos. Nos sentamos en el comedor, en sus cómodos y caros sofás blancos de Divatto. Dijo que esperase mientras iba a por unas bebidas, regresando rápidamente con unos refrescos y un cuenco con patatas. Una vez que ya estábamos cómodamente sentadas me dispuse a contar el suceso que había ocurrido con Jorge. Cuando terminé de narrar la historia, pude percibir que su rostro estaba completamente blanco. El poco bronceado que había logrado coger estos meses de verano se había esfumado, y me sentí en cierto modo culpable. _ Le vas a denunciar ¡no!_ exclamó con indignación. _No lo sé… ahora mismo estoy hecha un lío, y no puedo pensar en eso, tengo otro problema aún más gordo. _ ¿Qué pasa? _Esto es muy duro, mucho más que lo de mis padres, también he tenido movida con Víctor. _ ¿Con Víctor?_ volvió a repetir como si no hubiese escuchado bien la primera vez _ ¡Qué te ha hecho don perfecto!_ dijo bromeando. _ Lo que te voy a contar es muy grave. Jura que jamás de los jamases saldrá de tú boca, aunque tú y yo en un futuro nos enfademos y nos odiemos a muerte, júrame que no lo contaras, por favor_ _Será un secreto que quedará entre nosotras dos. _Me estas asustando, tía_ _Me conoces, sabes que soy muy discreta. _Berta no me sirve la discreción, necesito que seas una tumba. _Te juro por mi vida que lo seré_ _Lo que se hable hoy aquí, jamás saldrá de mi boca. Su respuesta me tranquilizo, sabía que podía confiar en ella. _Ya sé quién robo en mi casa_ confesé con tristeza. _ ¿Quién fue?_ preguntó pausadamente dejando una pincelada de miedo en su voz. _Él_ _Él, lo hizo_ respondí de forma tajante. _ No puede ser_ _ ¡Qué coño estás diciendo!_ _ ¿Por qué lo sabes?_ comentó incrédula poniéndose en pie. _ Me lo ha dicho él_ respondí con tristeza. 88


Confesiones de un ladrón _No jodas, no puede ser él, ¡sabes lo que estás diciendo!_ dijo colocando su mano en su frente como si comprobase que no tenía fiebre. _Lo sé, yo tampoco me lo podía creer cuando me lo ha confesado. _Qué fuerte, es muy fuete_ añadió abriendo sus ojos, mientras volvía a sentarse. _Ya lo sé… es increíble, pero es cierto, lo hizo él_ dije con un pequeño movimiento de hombros _Y hasta cierto punto lo puedo entender _ _Recuerdas que te conté que sus padres murieron y él y su hermano se marcharon a vivir con su abuela. _Sí. _ Era mentira_ _Se fueron de casa de su abuela y vivieron solos_ _Me ha dicho que aunque trabajaban los dos no les llegaba ni para comer, y que les iban a quitar el piso de sus padres, y no encontraron otra solución. _La verdad es que debe ser muy duro. Nunca sabemos lo que podríamos llegar hacer hasta que nos encontramos ante situación similar_ contestó. _Pero no es sólo eso, hasta cierto punto lo puedo perdonar, lo que no puedo perdonarle es que me espiara. Me ha dicho que nos siguió hasta la facultad, y que puso no sé qué en mi ordenador y podía ver todas mis charlas por el Messenger, y todo lo que tenía en el ordenador_ dije enfadada. _¡Qué!_ exclamó. _Qué punto… escuchó cuando hablábamos de él, y lo del Zoo, y cuando me contaste que lo habías hecho con él. _Sí, todo_ contesté dejando una mueca en mi rostro. _No me lo puedo creer_ _ ¿Y por qué lo hizo? _Según él, por qué se enamoró de mí_ _además… él fue quien amenazo a Jorge, te acuerdas. _Sí… Miré a Berta esperando un comentario, pero no obtuve respuesta. Permaneció callada asimilando lo que le acababa de escuchar. Mientras ella lo asimilaba aproveché para dar un trago de la bebida al notar que tenía la garganta seca. Después de unos cuantos minutos por fin hablo. _Me has dejado alucinada, chica_ _Sí que te han pasado cosas. _Demasiadas_ respondí con tono de penitencia _ ¿Debo dejarle, a que sí?_ pregunté afirmando. _Yo no te puedo ayudar. No puedo decirte que debes hacer_ respondió confusa. _Pero si estuvieras en mi lugar, y en vez de ser Víctor fuese Carlos, ¿tú qué harías?_ _ ¡Le dejarías, a que sí! _Yo lo perdono todo excepto tres cosas, delitos de sangre, infidelidad y malos tratos, lo demás se puede hablar y perdonar, no hay que ser tan radical_ _Las cosas no son siempre blancas o negras_ añadió con un leve movimiento de hombros. _ ¡Qué me quieres decir, qué cómo no es una de esas tres cosas, le debo perdonar!_ exclamé con cierto aire de enfado a su respuesta. Arqueó su ceja, _Yo lo haría_ _Pero todo depende de lo mucho que le quieras_ replicó suavemente. _Claro que le quiero Berta, si no le quisiera no estaría así_ admití con tristeza, mientras dejaba caer mi cuerpo inerte contra el respaldo del sofá. _ ¡Pues tu misma te has contestado!_ respondió. 89


Confesiones de un ladrón _ ¡Pero es un ladrón!_ exclamé alzando mi voz dos tonos más de lo normal. _ ¿Y qué?, que pasa_ _Acaso tú no ves la televisión, todos los días salen cientos de ladrones con traje, Ministros, Alcaldes, concejales, empresarios, también son ladrones, y ellos roban por codicia_ _Por lo menos él lo hizo por un buen motivo, joder_ dijo alterada. En ese preciso instante suspiré aliviada, sentí que me habían quitado un gran peso de encima. Berta me había proporcionado la justificación que yo no encontré. Pero todavía quedaba el asunto del espionaje que para mí era más doloroso. _Y referente a que espiara en mi ordenador y nos siguiese_ _ ¡Tú lo ves normal! _Me encanta, me parece súper romántico_ admitió con una bella sonrisa. _Has escuchado lo que acabo de decir, “espiar”, “cotillear” “seguirnos”. _Sí… y me sigue pareciendo romántico. _ ¿Me puedes decir dónde ves el romanticismo?_ pregunté abriendo mis ojos. _Joder, pues si tú no lo ves_ respondió sonriendo. _Explícamelo por qué no lo veo, te juro que no lo veo_ _Yo sólo veo que me ha mentido, que me he enamorado de él engañada, he sido como un juego_ _No sé si le conozco, no sé si se ha mostrado realmente como es o sólo ha sido un truco barato para enamorarme, y sí…_ comenté. _ ¡Ya…!_ exclamó interrumpiéndome. _No te comas la cabeza_ _Él es así, no finge ser alguien que no es_ tuve la sensación que ella le conocía mejor que yo, o simplemente estaba haciendo una montaña de un grano de arena, ¿No debía estar tan enfadada? ¿Acaso estaba teniendo una reacción exagerada? _Qué en cierto modo se ha cortado de hacer cosas que a ti te molestan, pues mejor, mucho mejor, sabes el tiempo que llevo diciendo a Carlos que no me gusta que quede con gente sin decírmelo antes, pues nada, él sigue haciendo lo que quiere, o cuando le digo que cambiemos de bar para ver el fútbol… _ ¿Por qué no te gusta ver el fútbol en el Galaxy?_ pregunté extrañada. _Por qué el tío no me quita ojo, siempre está pendiente de mí, es un baboso_ _Pues nada, se lo dije y ¿sabes qué me contestó? _ ¿El qué? _Que son imaginaciones mías. Creo que tienes mucha suerte de tener a Víctor, aunque sea un ladrón_ confesó dejando una pequeña sonrisita en su rostro por miedo a mí reacción. _ ¿De verdad crees eso? _Sí_ _La mayoría de los chicos sólo buscan una cosa y no se preocupan en conocerte. No les interesa saber las cosas que te gustan, lo que te disgusta, lo que piensas, y él sin conocerte de nada, sin saber cómo eras, se preocupó por saber cosas de ti_ _Si le dejas cometerás el mayor error de tu vida. Otros cien kilos desaparecieron. Me sentí liberada de la carga de tener que dejarle porque en el fondo de mi corazón no lo quería hacer. Eran las tres de la tarde cuando salí de casa de Berta. _Adiós Lady Marian, da recuerdos a Robín Hook_ comentó bromeando desde la puerta de su casa mientras me despedía. _Ríete cuanto quieras… algún día te la devolveré_ respondí sonriendo mientras salía de su casa. 90


Confesiones de un ladrón Según conducía a Rivas, recordé los motivos de la única discusión que habíamos mantenido hasta el momento, cuando quise ir al cine. Recordé la conversación mantenida, cuando le conté el robo sufrido en mi casa, como maldije a los autores, recordé la expresión de su rostro, Dios mío, que estúpida fui, me estaba lanzando señales por doquier y no supe captarlas. La historia de Yakabán el joven ladrón, que estúpida he sido. Llegué a casa de Víctor y llamé al timbre. Estaba nerviosa por verle, no sabía cómo reaccionaría él, “se habría enfadado” “aún querría estar conmigo”. Sentí unos pasos y el corazón se aceleró, las manos me empezaron a sudar y a temblar. “Que sea él” “Por favor Dios mío, que sea él quien habrá” Cuando la puerta se abrió, vi su rostro, sonreí ligeramente. _Hola_ dije con timidez. Nada más verme dejó escapar un suspiro de alivio _Hola_ respondió mientras se echaba a un lado dejándome pasar. _ ¿A dónde has ido?_ preguntó. _He ido hablar con Berta_ respondí mientras disimuladamente secaba el sudor de mis manos en el pantalón. _ Le has contado… _Sí. _ ¡Sabes que eso me puede mandar a la cárcel!_ exclamó como un susurró. _Sí, pero no tienes de que preocuparte, Berta es fiel, y jamás diría nada. Además… creo que tienes en ella a una gran defensora_ añadí sonriendo. _Eso espero_ confesó cabizbajo, suspiró y mirando al suelo añadió _Ya has tomado una decisión, ¿Qué has decidido? Me giré dándole la espalda ya que me era imposible mentirle si le miraba a los ojos. Me apoyé sobre el marco de la puerta de la terraza del comedor y dije _Necesito que me cuentes todo detenidamente y con todo detalle antes de tomar una decisión_ La decisión ya estaba tomada, no le dejaría, le quería demasiado para perderlo, pero era mí oportunidad para que me contase toda la verdad. _Está bien… por lo menos el juicio va a ser justo, me dejas defenderme hasta tu sentencia. _Víctor, de cachondeo nada. _Perdona, pero no te imaginas por lo que estoy pasando. _ Y ahora… ¿Me vas a contar por qué discutías con tu hermano?_ pregunté mirándole fijamente a los ojos. Suspiró profundamente retrocediendo un paso atrás _No le gusto saber que tú vivías en uno de los chalets que robamos_ _Cuando le dije que tenía intención de contarte la verdad me lo prohibió_ _Tiene miedo que nos puedas denunciar y mandarnos a la cárcel_ _Cree que es mejor que rompamos. _ ¿Y tú que le dijiste?_ pregunté. _Qué no tengo fuerzas para dejarte_ _Fue entonces cuando le conté lo que te había pasado. _Ya… vino a la cocina y me miró las marcas.

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Confesiones de un ladrón _Sé que soy un cobarde y un egoísta, lo mejor para ti es tenerme lejos_ _Debería cortar esta relación por tú bien, pero… _ ¡Y por qué lo ibas hacer!, nos queremos_ me apresuré a contestar. _ Por qué no soy bueno para ti, Ruth, no te das cuenta, desde que sales conmigo, mira cómo estás_ _Yo he sido el causante de que Jorge te agrediera. _ Eso es mentira_ respondí. _Has perdido mucho por mi culpa_ argumentó sin poder mirarme a los ojos. _Perdona pero he ganado mucho estando contigo, ahora soy feliz, cosa que antes no lo era. _Pero… _Víctor para, no sigas por ahí_ _Y ahora siéntate y cuéntame todo. _De acuerdo. Nos sentamos en el comedor, nos pusimos cómodos ya que la conversación no tenía final. _ ¿Por dónde quieres que empiece?_ preguntó. _Desde que os fuisteis a vivir solos. _Vale_ dijo con resignación _Durante el primer año íbamos tirando, no teníamos para caprichos pero nos llegaba para poder comer, la nevera estaba siempre llena. Lo malo llegó cuando las hipotecas se dispararon y a duras penas la podíamos pagar. Germán, cogió otro trabajo para poder tener dinero para comer y para los gastos, pero al cabo de unos meses le despidieron. Ruth no te imaginas lo deprimente que era abrir la nevera y sólo encontrar unas mugrientas piezas de fruta y un trozo queso reseco y mal oliente. ¿Sabes que llegué a coger comida de una papelera?_ dijo mientras sus ojos se vidriaban. Al ver sus ojos enrojecidos por las ganas de llorar agaché la cabeza sintiéndome la persona más despreciable del mundo por provocar su malestar, sentir la mirada penetrante de Víctor sobre mí, y no pude soportarlo _No necesito saber más_ No soportaba saber que había pasado hambre, que el chico al que amaba había pasado tantas penas. _Pero yo necesito contártelo_ confesó angustiado. Colocó su mano en mi pierna con intención de que me quedase sentada. _Pasábamos un hambre atroz. Comprábamos un saco de patatas y un kilo de arroz y eso era nuestra comida y cena durante algunos días. No desayunábamos porque era un lujo que no nos podíamos permitir. Un día, esperando en la cola del supermercado pagar un triste saco de patatas, vi como la mujer que esperaba delante de mí, con todo el amor del mundo, abrió un dulce para dárselo a su hijo de merienda. El niño apenas dio dos bocados y dijo a su madre que no quería más. Yo miraba aquel suculento dulce como el mejor manjar del mundo y pedía a Dios que la madre lo tirase para así yo poder cogerlo. Y así fue, la mujer al salir del supermercado dejó el bollo en una papelera, no aparte la vista de aquella papelera para que nadie me lo pudiese quitar. Una vez que había pagado me acerqué con disimulo, cogí el dulce y me lo comí de dos bocados. Hacía tantos meses que no comía un dulce que sentirlo en mi boca me supo a gloria. El vigilante del supermercado estaba mirándome y creo que le di pena, me llamó y me preparó dos bolsas llenas de comida. Nunca podré olvidar a ese 92


Confesiones de un ladrón hombre. Siempre que iba me preparaba bolsas de comida que iban a tirar o que estaban caducadas, a nosotros nos daba igual mientras nos llenase el estómago. Gracias a él pudimos comer muchas veces. Hice mío su dolor. Según escuchaba sus palabras podía sentir el sufrimiento con que contaba su historia. _Basta, te lo ruego_ dije levantándome del sofá con lágrimas en los ojos. Me miró sorprendido _Eras tú la que quería saber todos los detalles_ _Pensabas que robábamos por diversión. _No, por diversión no, sabía que debía ser por necesidad, pero…_ no pude terminar la frase. No pude decir que no soportaba imaginar lo duro que había sido su infancia, no soportaba escuchar como el chico al que amaba la vida le había tratado tan mal. _Escucharlo es duro a que sí, a que nunca imaginas que alguien cercano a ti pueda haber pasado hambre. _Sí. Una vibración seguida del sonido de mi móvil provocó que me sobresaltara colocándome de pie. Agradecí recibir esta llamada, así no tendría que seguir escuchando la historia. Saqué del bolsillo del pantalón mi móvil, miré el número y no lo reconocí, lo cogí y contesté. _Sí. _ ¿Ruth? _Sí, soy yo_ _ ¿Quién eres?_ pregunté intrigada ya que no reconocía el número. _Soy Gloria, la novia de Jorge. Me sorprendió su llamada, estuve sopesando decirla que yo con ella no tenía nada que hablar y colgar. _Escúchame por favor. _Dime_ respondí. Señalé a Víctor que atendería la llamada y más tarde terminaríamos la conversación. Salí al balcón para que Víctor no escuchar la charla, sentándome en un sillón acolchado muy cómodo. _Te llamo porque estoy preocupada, no sé si tienes pensamiento de denunciar a Jorge. _ ¿Te ha pedido él que llames?_ pregunté mientras no dejaba de dar golpecitos con la punta de mi zapato a la mesa de la terraza. _No, él no sabe nada, he cogido tu número de su móvil. _Pues sí, mi intención es denunciarlo, ¿Por? _Por favor, no lo hagas, le quiero muchísimo y si le denuncias, ya sabes que podría ocurrir, podría ir a prisión_ dijo desesperada por convencerme. Respiré profundamente llenando mis pulmones exhalándolo despacio _Ya…pero lo que hizo, no puede quedar impune. _Yo no sé a quién creer de los dos, pero pasase lo que pasase, hazlo por mí, te lo pido por favor, no le apartes de mí lado. Volví a suspirar _Es que…

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Confesiones de un ladrón _Por favor, hazlo como un favor personal hacía mí, te juro que jamás volverás a saber de él, te lo juro, pero hazlo por mí, no le denuncies_ escucharla hablar con esa desesperación me estaba ablandando el corazón. _Está bien, pero quiero que sepas que lo hago por ti, sólo por ti, procura hablar con él, que entre en razón, si le veo acercarse a mí, te juro que le denuncio, tengo 3 meses. _No te preocupes, no lo hará, te doy mi palabra_ exclamó animada. _Eso espero. _Muchas gracias, Ruth. Colgué. Entre de nuevo en el comedor donde estaba Víctor. _Me gusta el mobiliario de la terraza, es muy bonito y moderno, me gusta el jarrón con la vela, ¿Dónde lo habéis comprado?_ comenté alegremente procurando evitar que preguntara quien acababa de llamar. _ ¿Quién era?_ preguntó sin escuchar lo que acababa de decir. Mi sutileza para hacerle olvidar la llamada no había funcionado, quizás debía haber hablado de coches u ordenadores. _Era Gloria _ contesté temiendo su reacción. _ ¿Qué Gloria? _La novia de Jorge_ respondí pausadamente. _Te ha convencido para que no le denuncies_ añadió mientras se levantaba del sofá negro de piel en el que estaba sentado. Es que acaso teníamos telepatía. _Sí… _ ¡Y…! _La he dicho que no lo denunciaré_ comenté lentamente sabiendo que no le gustaría mi decisión. _Cometes un error Ruth, deberías denunciarlo y no dejarlo pasar_ respondió molesto. _Quizás, pero hoy me siento generosa_ _Y no quiero hablar más del tema, por favor. Miré el reloj y eran las nueve de la tarde _ ¿Te apetece que salgamos a cenar?_ pregunté. _Me ducho y nos vamos_ se acercó a mi lado y dijo _Espero que no te arrepientas de tu decisión de perdonarlo. _De perdonaros_ rectifiqué. Si le perdonaba a él, también debería perdonar a Jorge. _Yo no soy una amenaza para ti, él sí. _Sólo quiero pasar página y recuperar mi vida, quiero recuperar lo que tenía contigo, sólo quiero eso_ _ si dejo capítulos abiertos nunca podré olvidar y rehacer mi vida. _Me siento fatal por haberte hecho sufrir, quizás no era tan buena idea sincerarme contigo _ dijo mirándome fijamente a los ojos. _Créeme si lo ha sido_ _ Te he odiado durante unas horas, pero si no me lo hubieses contado y me enteró te habría odiado el resto de mi vida. Nos fundimos en un delicado y apasionado beso haciéndome sentir que había tomado la decisión correcta.

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Confesiones de un ladrón Llegamos tarde de cenar, y nos fuimos directos a dormir, el día había sido muy largo y tantas emociones me habían dejado agotada. A la mañana siguiente me desperté temprano, fui a desayunar. Cuando entre en la cocina Elena estaba sentada desayunando. _ ¿Qué tal estás?_ _ ¡Cómo va tu cuello! _No lo sé… no me lo he mirado_ respondí. Se levantó de su silla y se acercó a mi lado, _Deja que te eche un vistazo_ comentó. Retiré el cabello que tapaba la zona afectada dejándoselo ver. _Dios mío, te tuvo que agarrar muy fuerte, tienes un gran hematoma_ _ Lo tendrás al menos unos cuantos días más. _Me estoy dando una pomada que me ha dado Víctor, espero que funcione. _Te la compré yo ayer. Es muy buena, rápido quita los moratones. _Gracias, por molestarte_ comenté dejando ver una dulce sonrisa. Me dirigí a la nevera y cogí el cartón de leche entera _Si te gusta desnatada, también hay. _Me da igual, está, está bien_ dije encogiéndome de hombros. _Yo he gastado lo último que había, pero aquí_ dijo señalando la terraza de la cocina _Tienes una despensa, hay de todo. _Gracias. _ ¿Qué tal lo llevas? Ya estas más tranquila_ preguntó sonriente. _ ¿A qué te refieres?_ rápido se dio cuenta de mi confusión al no saber a qué se estaba refiriendo. _A sus salidas nocturnas_ murmuró sonriente. ¡Así lo llamaba ella, “salidas nocturnas”! pensé. Asentí con la cabeza _Mejor_ _Perdona que te pregunte, pero Germán me ha comentado que no lo has encajado muy bien_ añadió. Di un pequeño suspiro, _No pasa nada_ respondí agradablemente. Quise saber cómo había reaccionado ella, estaba claro que estaba al tanto de sus fechorías. _ ¿Y tú?_ _ ¿Cómo te lo tomaste? _No me importó cuando me lo contó. _ ¡Nada!_ exclamé asombrada. _Nada_ _Sólo me importa cómo me trata y como trata a mi hijo, es lo único importante para mí. _ ¡Tienes un niño!_ exclamé con una leve sonrisa _Víctor no me ha comentado nada. _Sí, estuve casada y tengo un niño de cuatro años. _ ¿Dónde está? _Ahora esta con su padre, tenemos la custodia compartida_ _Sabes… no tuve mucha suerte en mi matrimonio, de cardenales entiendo un rato, por eso te compre la crema, yo la usaba con mucha frecuencia. _Lo siento_ contesté con pesar. _No importa_ _Germán es maravilloso conmigo y con Aarón, eso es lo único a lo que doy importancia. _ ¿Pero no te preocupa que pueda ir a la cárcel? _Claro que me preocupa_ _ Le he pedido que lo deje. 95


Confesiones de un ladrón _ ¿Y qué te ha dicho? _Me ha prometido que lo hará _ ¿Cuánto tiempo hace que lo sabes?_ pregunté. _Hace unos meses_ _He sacado el tema porque son buenos chicos, lo que ocurre es que no han tenido mucha suerte en esta vida. _Lo sé…_dije con cierta tristeza. _Víctor es pura ternura, deberías verle cuando esta con Aarón, le cuida como si fuese su propio sobrino, le lleva al Zoológico, al cine, siempre está jugando con él, se porta mejor que su verdadero padre_ expresó con cariño. Sonreí gratamente al escuchar las palabras de cariño de Elena, se percibía que le quería. Comenzamos a Charlar amigablemente mientras tomábamos café. Hablamos de su hijo, de su separación, me contó lo horrible y desagradable que fue, de su familia y del trabajo. _ ¿En que trabajas?_ pregunté. _Soy secretaria de justicia. Mis ojos se abrieron como platos, _Mi padre es fiscal_ añadí sonriendo. _Y mi padre comisario de la Policía Nacional. Ambas permanecimos unos segundos en silencio y rompimos a reír a carcajadas. Era la pura esencia de la ironía, o de los deseos perturbados de un destino enajenado, enamorarnos de personas que nuestros padres habían jurado perseguir. Después de compartir un agradable desayuno con Elena, me levanté llevando mi taza, la enjuagué debajo del grifo, y la coloqué en el lavavajillas. _Bueno… voy a ducharme_ dije. _Está bien, me alegra que hayamos tenido esta charla. _A mí también_ respondí con una ligera sonrisa. Me dirigí al dormitorio, abrí la maleta cogiendo una camiseta roja, unos piratas negros y unas chanclas negras, añadiendo la ropa interior. Me percaté que mi ropa interior no era sexy, muy cómoda, pero nada sexy. Decidí que debía ir de compras, así estrenaría la tarjeta de crédito de mi hermana. Después de arreglarme, fui en busca de Víctor para avisarle que iba a salir y que me indicará como llegar a un centro comercial. No le encontré ni en la cocina, ni en el salón, ni en el cuarto de estar, miré también en la terraza y tampoco, sólo quedaba mirar en el dormitorio de Germán, y en otro cuarto que siempre estaba la puerta cerrada. Me situé frente a la puerta y llamé. _Víctor_ dije mientras daba unos pequeños golpes a la puerta. Al momento le vi salir de la misteriosa habitación cerrando tras de sí la puerta. _ ¿Qué pasa?_ preguntó. _Nada… es que como no te encontraba, te he llamado. _Pero si estaba aquí. _Ya, pero… _ ¿Por qué no has entrado? _Es qué como siempre he visto la puerta cerrada, he pensado que quizás no debía entrar.

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Confesiones de un ladrón _Está es tu casa ahora y no hay ningún secreto_ comentó confuso _Esta siempre cerrada para evitar escuchar el ruido de los ordenadores. Abrió la puerta de par en par e hizo una pequeña reverencia para que entrara. Cuando entre en el cuarto quede sorprendida. Una gigantesca mesa de cristal en forma de U bordeaba tres paredes de la habitación. Sobre ella pude contar nueve ordenadores. En la única pared donde no llegaba la mesa, estaba cubierta por estanterías de aluminio que llegaban al suelo llenas de CD, Discos Duros, y otros aparatos que desconocía su uso. _ ¡Dios mío, que tienes aquí!_ exclamé asombrada. Sonrió, _Ya te dije que no solía salir mucho. Aquí es donde paso la mayor parte de mi tiempo. _Se nota, se nota_ _Esto es alucinante_ _ ¡Tienes nueve ordenadores!_ exclamé. _Más cinco portátiles_ añadió. _ ¿Y para que tantos?_ pregunté intrigada. _Los necesito para mi trabajo. _Y no te sirve uno_ comenté perpleja. Yo tenía mi portátil y me sobraba. _Los necesito todos, e incluso si hubiese alguno más no vendría mal, pero no tengo más sitio. _ ¿Y para que los usas? _ Hago pruebas con ellos. _ ¿Qué tipo de pruebas? _De todo tipo, introduzco diferentes tipos de virus y antivirus, y así compruebo el alcance. _Me lo puedes explicar mejor. _Imagínate una empresa que trabaja con trescientos ordenadores, y por cualquier motivo entra un virus, puede bloquear todos los ordenadores o provocar que el sistema caiga, sería un caos_ _Yo busco la manera que sólo se bloqueen, cinco o diez, pero no todos. _Ya, ahora lo entiendo. _Es más complicado, pero a grandes rasgos es similar. Miré de nuevo la habitación, pero ahora con más detenimiento, fijándome en cada detalle. Estaba pintada en color gris oscuro, un estor blanco ocultaba la ventana, en un rincón debajo de la mesa, pude ver lo que me pareció una mini nevera de color negro, caminé hacia ella, y la abrí. _ ¡Tienes una nevera!_ exclamé sorprendida al comprobar que realmente era un frigorífico. _Sí, aquí paso muchas horas, no puedo estar cada dos por tres levantándome. Observé que lo que más abundaba eran refrescos, alguna cerveza y bebidas energéticas, pero nada de comida. _ ¿Qué es esto?_ dije cogiendo un pequeño botecito de metal. _Cuidado, es nitrógeno líquido. _ ¿Y para que lo usas? _Sirve para enfriar los procesadores, así no se calientan los ordenadores. _ ¡Así que aquí es donde me veías!_ exclamé señalando a uno de los ordenadores. 97


Confesiones de un ladrón _Sí. Se dirigió hacía un cuadro de luces que había situado al lado de la puerta, lo abrió, levantó una pequeña palanca y al momento sonó un pequeño pitido. _Esta habitación tiene un sistema de corriente independiente del resto de la casa_ explicó. _ ¿Por? _Para evitar, subidas y bajadas de corriente, podrían joder los ordenadores. _ ¡Vaya! Se dirigió a uno de los ordenadores y lo encendió _Ven, siéntate. Hice caso omiso sentándome en otro sillón acercándolo hasta estar juntos. Se encendieron todos los monitores a la misma vez, y me sobrecogí al ver mi rostro en cada uno de ellos. _ ¡Todas son fotos mías!_ comenté algo perpleja al ver mi cara en cada monitor. _Son todas las que tenías en tu ordenador_ comentó serio. Cada pantalla tenía una foto distinta, recordaba cada una de ellas, _Te molesta no es así_ dijo mirándome fijamente. Suspiré antes de contestar. _Me da un poco de miedo_ expresé con sinceridad. _ ¿Por?_ preguntó extrañado. _Qué me siguieras, me observaras tras el ordenador, y ahora todo esto_ _Parece la forma de actuar de un maniaco_ en ese momento recordé las palabras de Berta “Es muy romántico” pero yo seguía sin ver el romanticismo por ningún sitio. Sonrió _ ¡Me estas llamando maniaco!_ exclamó con tono burlón y riendo. _Bueno… supongo que no lo eres, pero… que habrías hecho, si no me hubieses gustado_ murmuré. _Nada_ _Te habría olvidado_ Según escuchaba su respuesta vi en el monitor situado frente a mí, una carpeta que ponía fotos _ ¿Son las mías?_ pregunté animadamente mientras hacía dos clip en el ratón para abrirla _No… estas son…_ dijo incómodo. Cuando apareció una foto de él abrazando a una bellísima rubia _Cierra_ dijo con voz cortante. _ ¿Por? _ ¡Por qué son privadas!_ inquirió haciendo amago por quitarme el ratón. _También lo era mis conversaciones y tú las escuchaste_ murmuré molesta. Pasé una a una cada imagen, observando cada mínimo detalle. Había chicas para todos los gustos, rubias naturales, rubias de bote, morenas, castañas, en algunas imagines se estaba besando con ellas, en otras, simplemente abrazados, pero hubo una que fue la que hizo que cerrase la carpeta para no ver más. Estaba en una cama junto a una morena espectacular, ambos posaban sonriendo como nunca antes le había visto sonreír, y sentí rabia, una rabia que nunca había experimentado. _No te habría costado mucho olvidarme con semejante repertorio_ dije con sarcasmo. _ ¿Qué te pasa?_ añadió frunciendo el ceño. _Nada. _Te molesta algo, dímelo. 98


Confesiones de un ladrón _No sé qué es_ dije. Pero sabía perfectamente que me molestaba. Me molestaban aquellas fotos, verle con aquel despliegue de modelos. Sabía hasta donde llegaban mis límites, y esas chicas eran muchísimo más guapas que yo. Sus pechos eran tres veces más grandes que los míos, sus curvas eran tan mareantes como la bajada por Despeña perros, eran preciosas y sentí unos terribles celos. _Sí lo sabes, dímelo. Vacilé antes de responder _Pues… que no te habría sido muy difícil olvidarme_ respondí angustiada. _Me estas volviendo loco, Ruth_ _Me acabas de llamar maniaco, y ahora te molesta que te diga que habría pasado de ti_ _ ¡Qué quieres que te diga! _No lo sé_ _Pero es que son tantas y tan guapas. _ ¿Te molesta?_ dijo pausadamente. _Un poco, no me ha gustado verlas_ confesé. _Por eso te he dicho que lo cerraras_ añadió irritado _De todos modos, esto se soluciona fácilmente_ cogió rápidamente el ratón seleccionando la carpeta y en menos de décimas de segundo apretó el botón de suprimir confirmando su eliminación. _ ¡Qué haces!, ¿Por qué lo borras?_ exclamé inquieta. _Por qué no significan nada para mí, y no quiero que unas insignificantes fotos nos hagan enfadar_ _Estás más tranquila. _Sí, gracias por el detalle de eliminarlas_ _Aunque sé que tendrás alguna copia. _No tengo ninguna copia. _Y yo me lo creo_ comenté con una risita tonta. _Te lo juro por Dios_ _No tengo ninguna copia. Ese sí era un detalle romántico. Que se deshiciese de un plumazo de todos sus recuerdos por mí, me resulto un acto que demostraba que realmente me quería, “no sé si yo habría hecho lo mismo”. Cogió mi cara entre sus manos y me beso dulcemente diciendo _Tú eres la única, la única chica que he querido, no quiero que haya nada que te haga dudarlo_ a lo que añadí _Gracias_ suspiré con cierto alivio. Había estado con tantas chicas y ninguna había significado nada para él, ninguna había llegado a conquistar su corazón, y eso en parte me tranquilizo. Aunque me hizo plantearme una pregunta ¿Qué tenía yo entonces de especial para que se hubiese enamorado de mí? _ ¿Y cómo llevas saber que soy un ladrón?_ preguntó entrecerrando sus ojos. _Si te soy sincera, me has defraudo, jamás lo habría imaginado, tu aspecto es tan angelical, pareces un chico tan formal, tan santurrón. Nunca se me habría pasado por la cabeza algo semejante. _Te dije que no era ningún santo. _Pero te callaste que eras un ladrón. _Entiendes ahora que me resultase tan difícil contarlo. _Ahora entiendo demasiadas cosas_ dije sonriendo. _ ¿Quieres conocer a mis amigos?_ preguntó intentando cambiar de tema. _Claro, pensé que no tenías, nunca me has hablado de ellos. 99


Confesiones de un ladrón _ ¡Espero que estén!_ dijo activando un programa. En escasos segundos, veía a través del ordenador tres diminutas ventanas cada una con un rostro. _Os voy a presentar a mi novia_ dijo sonriendo. Los tres jóvenes, con aspecto desaliñado y pelos alborotados, sonrieron. _Ruth, este es Guillermo, este es Javier y el peor de todos, Roberto. _Hola chicos_ saludé sonriendo. _Hola_ dijeron los tres tímidamente. _ ¿Qué pasa os intimida?_ preguntó Víctor riendo. _Es muy guapa_ dijo Javier avergonzado. _ ¿Por qué nunca me habías hablado de ellos?_ pregunté a Víctor. _Son mis mejores amigos, pero no son unos amigos con los que se pueda salir de copas. _ ¿Por? _Son los mejores hackers, cualquier cosa que quieras saber, cualquier cosa que quieras hacer, ellos lo consiguen_ expresó con admiración. _Ruth tu novio es un chico formal, él no hace las cosas que hacemos nosotros_ comentó Guillermo riendo_. Supe en ese momento que él era uno de ellos también. _ ¿Qué quieres saber?_ preguntó Víctor. _No sé…_ respondí. _Quieres ver el Cosmopolitan de la próxima semana, quieres aparecer en el telediario, o saber algo, ellos lo consiguen casi todo. _No sé… que tal el secreto de la Coca-Cola_ dije bromeando. _Me gusta tú novia_ exclamó Roberto con una gran sonrisa _Pero no están secreta como ellos se creen, toma te lo paso_ al segundo tenía delante mío un documento. _ ¡Esta es la fórmula!_ exclamé señalando la pantalla, mientras me acercaba para leer. _Sí_ respondió. _Pues no entiendo nada_ comenté mientras leía la fórmula con cientos de nombres químicos que era incapaz de pronunciar. _Mejor, sino no la beberías. _ ¿No sientes curiosidad por saber nada más?_ preguntó Víctor. Sonreí. _Mi curiosidad es solo por ti_ dije mientras acariciaba su nuca. _Bueno chicos, os voy a dejar_ dijo Víctor a sus amigos. _Yo también os dejaría frikys si tuviese una piba así_ comentó Roberto. _Me es más fácil descifrar los códigos de lanzamiento de la NASA que encontrar una piba_. Era obvio que este chico estaba desesperado por tener novia, pensé. _Chicos ha sido un placer conoceros_ dije despidiéndome. _Luego os veo_ añadió Víctor cerrando el programa. _ ¡Así que estos son tus amigos!_ comenté riendo. _Sí. _ ¿Cómo es que nunca hemos quedado con ellos?_ pregunté intrigada. _Es un poco difícil, dos viven en Canarias y Roberto en Asturias_ _Pero siempre estamos conectados, los veo más a ellos que a mi propio hermano. _ ¿Alguna vez os reunís en persona?_ pregunté. 100


Confesiones de un ladrón _Quedamos una vez al año, nos juntamos en Valencia. _ ¿De verdad son hackers? _Los mejores, no te imaginas lo que son capaces de hacer. _ ¿Tú también eres un hacker?_ pregunté dejando una mueca divertida. Sonrió avergonzado y dando un pequeño suspiro dijo _Dejémoslo en piratilla. No tengo su nivel_. Recordé cuando le pregunté qué conocimientos tenía de informática y me contó que con ocho años creo su primer programa informático. Esta vez, no cometería los mismos errores, no sería tan ingenua, estaría más alerta. Si él se relacionaba con aquellos chicos era porque tenía algo en común con ellos, él también era un hacker, pero no comprendía porque me lo quería ocultar.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo IX Confesión de un ladrón Esa noche apenas dormimos. _Víctor quiero que me cuentes el resto de la historia_ comenté mientras abría las sábanas para acostarnos. _ ¿Qué más quieres saber?_ preguntó mientras se tumbaba en la cama. _Todo, no quiero que exista más secretos entre nosotros. _Será una larga conversación_ dijo mientras se incorporaba colocándose cómodamente en la cama. Yo me tuve sobre su pecho esperando escuchar el resto de la historia, mientras escuchaba los lentos latidos de su corazón. _No sé por dónde empezar_ insinuó. _Comienza por cuando descubriste que tu hermano planeaba robar. _De acuerdo_ _Comprendí que la situación económica en mi casa debía cambiar, no podíamos continuar pasando hambre, así que el primer paso fue abandonar los estudios y colocarme a trabajar. No fue fácil encontrar un trabajo. No tenía ningún tipo de experiencia, en el único sitio que me contrataron fue en una Pizzería, pagaban una miseria de suelto, pero algo era mejor que nada. Germán se colocó en una cadena de establecimientos que se llamaba “Informak” vendían ordenadores, televisores, electrodomésticos, etc… Una noche estando en mi cuarto con el ordenador, me levanté para ir a la cocina a por un vaso de agua, cuando escuché a mi hermano junto con sus amigos del trabajo, planear un robo. Quedé petrificado al escuchar sus intenciones. Te juro que no daba crédito a lo que estaba oyendo “¡mi hermano planeando un robo!”, era una idea descabellada, pensé que esa conversación debía ser algún tipo de mal entendido, o que les narraba el argumento de una película. Él no podía ser capaz de cometer semejante atrocidad. Desde pequeño había deseado ingresar en el cuerpo de policía, se había estado preparando las oposiciones para ello, aunque las tuvo que aparcar por no poder pagar la academia. No me gustó la idea del robo y se lo hice saber. Intenté convencerle para que abandonara su propósito, pero me enseñó una carta del banco donde decía que en un mes nos desahuciarían del piso si no pagábamos lo que debíamos. Entonces, comprendí que no nos quedaba otra solución y me apunté. _ ¿Tú hermano no puso ninguna objeción?_ pregunté mientras dibujaba con mi dedo sobre su musculoso torso desnudo. _Puso el grito en el cielo. No quiso ni escucharme, me gritó diciendo que no, se negó mil veces, pero yo no deje de insistí. Si él se iba arriesgar yo quería estar con él. Dani, un amigo, fue el que le convenció. _ ¿Y cómo te sentiste al saber que ibas a robar? Esa noche no pude conciliar el sueño. La preocupación, el miedo y el pesimismo, me acompañaron toda la noche. No pude dejar de pensar en la multitud de situaciones que podrían darse si el plan salía mal y separaban a mi hermano de mi lado. Lo único que yo deseaba era seguir viviendo con él. Él era 102


Confesiones de un ladrón lo único que me quedaba, la única familia de verdad que tenía, si lo apartaban de mi lado, prefería morir antes que regresar a casa de mi abuela. Me angustié con la idea de tener que participar en el robo, tan solo tenía dieciséis años y no me veía capacitado para cometer semejante acto. Era un crio irresponsable e infantil. En aquellos tiempos lo único que me preocupaba era pasarme las fases de un juego de la consola de mi amigo. Sentí sobre mis hombros un peso que no correspondía para un chico de mi edad. Entre lágrimas me desahogue maldiciendo a Dios por haberme quitado a mis padres ahora que los necesitaba más que nunca. Añoraba tanto a mi madre, sus besos, sus mimos, sus regañinas por la mañana para levantarme de la cama e ir al colegio, a mi padre, cuando llegaba del trabajo siempre entraba en mi cuarto para saludarme, se sentaba en mi cama y me preguntaba qué tal me había ido el día, yo le explica algún problemilla estúpido que hubiese tenido, pero él siempre me escucha atento, como si realmente le importase lo que estaba contando. Esa misma noche, supe que había llegado el momento en que debía abandonar mi corta niñez y convertirme en un chico maduro, capaz de llevar a cabo aquel robo y cuantos más hiciesen falta para no volver a pasar necesidad ni penurias. _ ¿Y cómo fue el robo? _Aún sueño muchas veces con aquella noche. El miedo y el terror me acompañaron durante todo el viaje hasta el establecimiento. Los sudores, las manos temblorosas, los retortijones que sentía en el estómago, las palpitaciones, y las súplicas a Dios para que no fuésemos detenidos, me hicieron estar en un estado de ansiedad que provocó mi fracaso en mi intención de ayudar. Nada más llegar al establecimiento y advertí el fuerte impacto del coche contra los cierres del almacén, bajé del coche tan desesperado y ciego por demostrar a mi hermano que podía contar conmigo, que no presté atención en que la correa del cinturón de seguridad la llevaba enganchada al pie. Nada más dar el primer paso todo mi cuerpo cayó de bruces contra el suelo raspándome la cara y las manos. Apenas pude coger tres ordenadores por el dolor tan grande que sentía. De regreso a casa, dolorido pero feliz porque mi hermano seguía junto a mí, fui el objeto de las burlas y bufas de él y sus amigos. Le miré y no pude disimular una risita al imaginar la situación _Eres malvada_ dijo riendo. _Perdona pero es que te imagino cayendo al suelo y no puedo evitarlo_ dije sin poder contener la risa _Perdona continua_ dije mientras escondía mi cara entre su pecho para que no viese mi sonrisa. _Esa misma noche comenzó mi carrera delictiva. Una carrera que jamás hubiese elegido de haber tenido otra opción, una carrera que me hacía sentir la persona más despreciable del mundo. Hubo muchos más golpes a distintos establecimientos, pero apenas sacábamos dinero. Vendíamos la mercancía muy barata y al repartir entre cuatro, tocábamos a mil euros por cabeza. Mi hermano sugirió que no merecía la pena arriesgarse por tampoco, fue entonces cuando decidimos robar en chalets. El 103


Confesiones de un ladrón resto de miembros del grupo no quisieron saber nada del tema cuando les comunicamos el cambio de planes, quedando nosotros dos. _ ¿Y cómo fue robar en chalets? _ No resultó tan sencillo como esperábamos. En los diez primeros que robamos fue un verdadero desastre. Entre el ruido que hacíamos al romper los cristales de alguna ventana para poder acceder, y que apenas había algo que robar, alguna sortija, algo de dinero y mucha comida, eso sí, les desvalijaba la despensa, no sacábamos apenas dinero para salir de nuestra miseria. Reflexionando sobre nuestra situación, comenté a Germán que seguir de esa forma, era una pérdida de tiempo, sólo causábamos daño y un riesgo innecesario para nosotros. Si queríamos que nuestra situación cambiase, debíamos robar a gente rica. _ ¿Y funcionó? _Sí, con el cambio de planes vimos luz en nuestra vida, sacamos mucho dinero y joyas_ _Y así fue como nos convertimos en verdaderos ladrones. Pronto no tuvimos problemas económicos. Mi hermano decidió vender el piso de mis padres, quizás por remordimiento ya que todo cuanto había en él nos recordaba a ellos. En muchas ocasiones pensé que si levantaran la cabeza y viesen en que nos habíamos convertido, se sentirían decepcionados, después de sus grandes esfuerzos por darnos una educación y estudios. Lo único que ellos querían para nosotros, es que fuésemos en un futuro hombres de bien. _ ¿Y cómo planificabais los robos? _Nos volvimos más meticulosos y minuciosos a la hora de planificar el golpe. Nuestra forma de robar siempre es la misma. Primero -vigilábamos la casa durante algunos días para establecer las rutinas de la familia “horas de llegada y salida de la vivienda, el número de miembros, si la vivienda estaba vigilada por cámaras de seguridad y cosas así… debíamos tener todo bajo control. _ ¿También vigilaste a mi familia?_ Me resultó muy duro preguntar sobre el robo en mi casa, era extraño y frío, pero lo quería saber todo. _No, no hizo falta, la casa estaba vacía. _ ¿Alguna vez habéis hecho daño alguna persona? _Jamás. Establecimos una especie de código de ética, el acto de dañar a una persona para despojarle de sus posesiones, estaba prohibido para nosotros, era inadmisible, no queríamos dinero manchado de sangre. Buscábamos el punto más vulnerable para acceder a la vivienda, normalmente saltábamos por la tapia más oculta que hubiese_ _ Una vez que estábamos dentro, me dirigía al cajetín de la alarma, conectaba el ordenador para que generase la clave, y una vez que la teníamos, Germán, abría con una pequeña ganzúa la cerradura de la puerta de la calle, introducía la clave desactivando la alarma y ya estábamos dentro, sin ningún problema. _ ¿Quién creo el programa para tener acceso a la vivienda? _Roberto, se lo pedí y creo un programa generador de claves_ Una corazonada me dijo que era mentira, él había creado ese programa, pero estaba empeñado en disimular que no era un hacker. 104


Confesiones de un ladrón _ ¿Tus amigos lo saben? _Sí, estos sí_ _ Perdí a todos mis amigos de la infancia cuando les comenté que había hecho, no querían saber nada de ladrones. _ ¿Por eso me dijiste que nadie quiere ser amigo de un ladrón? _Sí_ _Es un mundo muy solitario. _Yo amiga no, pero novia sí_ comenté irónicamente para hacer sentir mejor a Víctor que sonrió. Presentí que nos desviaríamos del tema y no quería, quería saberlo todo. _Perdona sigue contando. _De aquel chico aterrado y miedoso por cometer su primer robo, no quedaba nada, salvo los remordimientos de conciencia a la hora de dormir. Me decía a mí mismo que debía hacerlo para no volver aquellos tiempos, era la única forma de poderme mirar al espejo y no sentir desprecio por mí mismo. _Eres mejor persona de lo que tú te crees_ _ ¿Es por eso por lo que apenas duermes? _Sí_ _Los remordimientos siempre llegan por la noche, mortificándote, recordándote lo que has hecho, robándote el sueño. _Me duele que te castigues de esta manera_ _ ¿Crees que en algún momento encontraras la paz? _Sólo la siento cuando estoy contigo, tú me transmites paz _ confesó mientras acariciaba mi pelo, sintiendo que daba un beso en mi cabeza, provocándome una dulce sonrisa. _ ¿Me puedes contar como fue el robo en mi casa? _Entramos como te he contado antes_ comentó confuso por mi pregunta. _Ya… me refiero a cuando entrasteis dentro de la casa. Permaneció unos segundos en silencio y comentó _ ¿Crees que es buena idea?_ Supe que para él era más duro contarlo que para mí escucharlo _No pasa nada_ comenté _Además creo que mi padre engordo la lista de los objetos que os llevasteis_ confesé para hacerle sentir bien, restar importancia al suceso. _Eso todo el mundo lo hace, cielo_ permaneció unos segundos en silencio. _ Germán se encargó de robar en la primera planta y yo subí a los dormitorios dispuesto a desvalijarlos como había hecho hasta ahora, pero cometí un fallo imperdonable que provocó que me fuese imposible robar. Fue la primera vez después de cuatro años, que no pude. _ ¿Y cuál fue?_ pregunté aun sabiendo la respuesta “yo” “yo había tenido la culpa” “Yo era el motivo por el que le resulto tan duro robar”. _Entre en el primer dormitorio, eché una ojeada rápida para localizar tu joyero, lo abrí y cogí todo lo que tenías de valor. Registré la pequeña estantería que está encima de tu escritorio y encontré dinero escondido en un libro, “Eres tan predecible, cielo, sólo se te ocurre a ti guardar el dinero en un libro y dejarlo separado del resto. _ ¿Y qué tiene de malo?_ pregunté intrigada. _Si guardas el dinero en un libro debes dejar ese libro donde haya más, intentando que pase desapercibido_ dijo riendo. _Ya, pero luego no recuerdo en cual lo he guardado, por eso lo coloco separado.

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Confesiones de un ladrón _Lo dejas a huevo para que llegué un ladrón como yo y no tenga que complicarse la vida en buscarlo_ dijo proporcionando una pequeña regañina por ser tan confiada. No quise escuchar más y dije _Sigue contando la historia_. _ Me dispuse a salir de tu dormitorio cuando llamó mi atención la fotografía que tienes encima del escritorio. Fue entonces cuando vi a una chica increíblemente hermosa, guapa y atractiva. Mientras sujetaba tu fotografía tuve el presentimiento que en aquel cuarto había más de un ladrón. Devolví todas tus joyas y guardé de nuevo el dinero en el libro_ explicó mientras sentía sus dedos recorrer suavemente mi espalda provocándome un cosquilleo delicioso. _ Salí de tu cuarto y bajé a ver a mi hermano, le dije que no quería robar en tú casa. _ ¿Por qué no quisiste robar?_ pregunté. Sabía que era una pregunta estúpida pero deseaba escuchar que se había enamorado de mí. _Te lo acabo de decir Ruth. _ ¿Por qué te gusté? _Germán me aviso desde el primer momento “jamás mires la cara de la persona que vas a robar, si lo haces no podrás” y era verdad, te imaginé disgustada, mal por haber perdido tus cosas y me sentí como un verdadero cabrón. _Pero robaste en los demás cuartos. _Sí, bajé a decirle a Germán que no quería hacerlo, pero se cabreo, dijo que era uno de los mejores chalets que habíamos entrado. _ ¿Y cuándo colocaste el programa en mi ordenador? _Me dije a mí mismo que si debía robar, lo haría, pero a ti no. Volví a subir resignado por tener que hacerlo. Entré en tu cuarto y encendí tu ordenador, estuve ojeando el interior, abrí una carpeta del escritorio llamada fotos, miré rápido el contenido y había cientos de fotografía tuyas. En todas estabas tan guapa. Cerré la carpeta ya que no tenía mucho tiempo y eché un vistazo rápido al resto del contenido del ordenador cuando encontré un archivo encriptado y aquello llamo mi atención. Conecté un pequeño disco duro que siempre llevaba e instale el programa. _ ¡Con el que me espiabas!_ repuse con una sonrisa maliciosa. _Sí_ respondió dejándome ver su maravillosa sonrisa _ ¿Por qué tenías encriptado tu diario?_ preguntó intrigado. _No es un diario. El psicólogo me recomendó que escribiese una vez a la semana como me sentía_ _Era parte de la terapia. _ ¿Pero por qué encriptarlo?_ volvió a preguntar. _Por Soraya. Es una entrometida y no quería que lo leyese_ _Ya sabes que había escrito cosas muy fuertes y temí que lo pudiese leer_ _ ¿Qué pensaste de mí cuando me viste en las fotos?_ _Que estabas buenísima_ Su respuesta me dejo sería. ¡Ya está! todo se reducía a esa respuesta, que estaba buena, me pareció simple, yo esperaba que abriese su corazón y me contase sus sentimientos hacía mí. _ ¿Pero no dijiste que te enamoraste?_ Pregunté confusa. _No fueron las fotos lo que me enamoro de ti. Fue cuando comencé a leer tu diario y a conocerte. Las cosas que leía sobre ti, tus más íntimos secretos, el sufrimiento con el que describías tu relación, la soledad que sentías, tu dolor 106


Confesiones de un ladrón por la pérdida de tu abuela, las cosas tan maravillosas que escribías sobre ella, lo incomprendida que te sentías, cuanto más te conocía más enganchado estaba de tu vida, más ganas tenía de verte, de conocerte, de tenerte frente a mí y poder mirar eros preciosos ojos verdes que tienes. Era como hacer realidad un sueño. _ ¿Y cuándo decidiste conocerme? _Al principio me dije que solo intervendría en tu vida para ayudarte con tu problemilla, no merecías sufrir por un mierdecilla de tío. _Fue cuando le amenazaste. _Sí_ _Nunca te diste cuenta pero me mezclaba entre los estudiantes y te contemplaba charlar y reír con tus compañeras, e incluso un día pasaste tan cerca de mi lado que me diste con tu mochila sin querer_ _Deseé que me hubieses mirado pero ibas tan ensimismada que ni te enteraste. _Dios mío, te golpee_ dije incrédula. _Fue muy leve_ _Ni te enteraste. _ ¿Pero si ya le habías amenazado porque volvías a la facultad? _ Me dije que solo lo hacía para asegurarme que estabas bien y no te volvía a molestar_ _Era lo mínimo que podía hacer por ti después de haber desvalijado tu casa. _ ¿Y…? _Ahí supe que me estaba engañando yo mismo, ya estabas en mi vida, en mi cabeza, no podía dejar de pensar en ti. Ya no me conformaba con verte y escucharte a través del Messenger, necesitaba más, necesitaba conocerte _ _Te juro que deseé que fueses una chica odiosa, estúpida y una creída. Me decía a mí mismo que si te conocía y no eras como imaginaba entonces desaparecerías de mi vida, era lo único que deseaba, poder sacarte de mi cabeza. _ ¿No querías estar conmigo? _No_ respondió con rotundidad. _ ¿Por qué?_ protesté asombrada por su revelación. _Entablar un relación supone dejar que la otra persona te conozca, descubrir tus secretos, intimar y yo siempre lo he evitado por mi pasado_ _Además siempre he pensado que eres demasiado buena para mí_ dijo mientras dejaba un dulce beso en mi frente. _Que estupidez_ repuse. _Entonces te apuntaste al voluntariado para comprobar que era una estúpida. _Era lo que deseaba_ _ Estuve pensando diversas formas para tener un acercamiento, y el único modo que me pareció más sensato, fue hacerme voluntario como tú, con un poco de suerte te podría conocer_ _Una tarde me llené de valor y conduje hasta San Sebastián y fui directo a la cruz roja. Entré en la caseta nervioso, ya que no sabía bien que iba a decir, miré a mí alrededor y pude ver a una chica colocando unos papeles detrás de una pequeña mesa. _Es Marta_ _Es muy maja_ comenté. _No sabía muy bien como lo iba hacer, pero debía intentar que me pusiera en tú mismo grupo. Le puse la excusa que tenía un buen amigo que estaba en el grupo 3 y la pedí, con la mejor de mis sonrisas, que hiciese lo posible por ponerme con él. Dijo 107


Confesiones de un ladrón que no había ningún problema_ _Cuando salí de la caseta, supe que estaba haciendo una locura, me dije a mi mismo “Qué estoy haciendo” “Me he vuelto loco” “Esto se llama acoso”. Sentí que estaba dividido en dos, una parte de mí, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero… sabía que era la única manera de conocerte. Estaba claro que si no provocaba un encuentro entre ambos, nuestras vidas nunca se cruzarían, ya que vivíamos en mundos diferentes. _Me alegro que lo hicieses. _Cuando me llamaron esa tarde, los nervios se apoderaron de mí, no sabía si estarías o no, pero lo deseaba con toda mi alma. _Cuando Alberto me acompañó para presentarme fue entonces cuando te vi a lo lejos, mirando el móvil. El estómago me dio un vuelco, mi frente no dejaba de sudar y no podía dejar de sonreír, parecía que estaba fumado. Las manos no dejaban de temblar y decidí meterlas en los bolsillos. Estaba aterrado, no podía creer que en unos escasos segundos lograse hablar contigo. _Pero si la única que demostró estar nerviosa fui yo, tú estabas la mar de tranquilo. _Fue peor que la noche en que cometí mi primer robo, te juro que pasé más nervios_ su comentario me provocó una carcajada. Era fascinante descubrir que él lo pasó igual de mal que yo. _ ¿Por eso te ofreciste a llevarme a casa? _Era la oportunidad perfecta para pasar algo más de tiempo contigo. Durante el camino, no pude dejar de mirarte y pensar “es preciosa”. Lo pasé francamente mal cuando aparqué el coche delante de tu puerta. Vino a mi memoria el recuerdo de la noche en que cometí el robo en tu casa y me sentí falta. Cerré los ojos y pensé “Si ella supiese que yo robé en su casa, me despreciaría”, deseé poder arrancar el coche y huir de allí, pero mi cuerpo no obedecía a mi celebro, simplemente me quedé sentado. El deseo de estar contigo era más fuerte que el sentimiento de culpabilidad. Observé como colocabas tu mano en la puerta dispuesta a marcharte y no podía dejar escapar la oportunidad. Cerré los ojos y dejé hablar a mi corazón, fue entonces cuando de mi boca salieron de una forma involuntaria, las palabras que tanto tiempo había deseado pronunciar _ ¿Quieres que nos veamos mañana?_ _Cuando accediste, me hiciste el chico más feliz del mundo. _Lamento no haberme comportado como una estúpida_ _Así te habrías librado de mí. Sonrió y dijo_ Yo no_ _ Estar junto a ti me transmite paz, una paz que hacía mucho tiempo no sentía_ _Mi mundo es muy solitario. No puedes conocer a una chica y decirla, hola me llamo Víctor y soy un ladrón_ _Es un mundo completamente diferente al tuyo, y por eso no lo quiero y mucho menos que tú formes parte de él_ _Nunca te haría eso. _Por eso construiremos uno juntos_ repuse mientras dejaba un beso sobre su suave pecho. _Yo no hace falta que te diga lo que sentí al conocerte… tenías la información de primera mano_ añadí riendo intentando borrar de su rostro su malestar.

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Confesiones de un ladrón _Cuando te escuché contar a Berta que me habías conocido, la manera de describirme, aparte de reír, me sentí extraño, tuve la sensación que no hablabas de mí, era como si describieses a otra persona_ _Me sacaste los colores, yo no me considero tan guapo_ exclamó riendo. _ ¿Qué vergüenza por Dios?_ dije sonrojándome recordando la conversación. _Fue genial, no te puedes hacer una idea_ comentó con entusiasmo _Llegaba a casa impaciente por ver que te habías conectado con alguna amiga_ _Todas las preguntas y dudas que se tienen cuando conoces a una persona que te gusta ¿Le gustaré? ¿Qué opinión tendrá de mí? ¿Querrá seguir conmigo? ¿Qué estará haciendo en estos momentos? Yo lo sabía e incluso más. Era como tener una bola mágica y al mirarla pudiese ver que hace la persona que quieres. Era una pasada_ _Cuando escuché a Berta preparar el encuentro y la señal del reloj, fue muy divertido_ dijo riendo. _Si sabias que me gustabas porque no dejaste de dar coba a Carlos en el Zoológico, me hiciste pensar que no querías quedarte a solas conmigo. _No, para nada, al revés, esperaba la aprobación de Berta, lo único que hacía era tiempo para que hiciese la señal_ _Cuando por fin se quitó el reloj, y supe que daba su aprobación, fue cuando ya se podían ir_ Ambos reímos al recordar aquellos tiempos. _ ¿Sabes que durante todo este tiempo he sentido que la que no te merecía era yo?_ comenté. _ ¿Por qué?_ preguntó intrigado. _No lo sé… eras tan perfecto, siempre hacías y decías lo correcto, tu forma de actuar, tu preocupación por mí. _Soy todo lo contrario a perfecto, soy un ladrón, un mentiroso, y el que te ha engañado todo este tiempo. _Me alegro que no seas don perfecto_ dije mirándole fijamente a los ojos. _Ahora sé que eres de carne y hueso. Víctor no añadió ningún comentario más, sólo me miró y me besó, dejándonos llevar por la pasión terminamos haciendo el amor.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo X Unas fotos comprometedoras Estábamos a mitad de septiembre y cada día que pasaba añoraba más a mi familia. Pensaba que en cualquier momento recibiría una llamada de mis padres con intención de solucionar el problema. Que lo único que tenía que hacer era tener paciencia y esperar, pero la llamada nunca llegaba. Quedé una tarde con Noelia. Tomaríamos un café y charlaríamos. Le pregunté si mis padres habían hecho un comentario sobre mí, pero su contestación no fue la esperada. Habían dicho que si quería regresar a casa les debía pedir perdón, cosa que en cierto modo podía hacer, pero además debía pedir perdón a Jorge y a sus padres, cosa que jamás en la vida haría. Así que tenía claro que el acercamiento entre mis padres y yo tendría que esperar. Jamás habría imaginado lo mucho que añoraría a mi hermana pequeña. Si me lo hubiesen dicho no lo habría creído, pero la echaba muchísimo de menos, tenía ganas de verla y abrazarla. Sé que es un poco egoísta por mi parte, pero vivir fuera de casa, no era tan divertido como alguna vez lo había imaginado. Me peleaba a diario con las tareas domésticas, y echaba de menos no tener la ropa colocada y planchada encima de mi cama. Era lo que peor llevaba, la plancha. Víctor me enseñó hacer varias cosas, como fregar el suelo y barrer, ya que en mi casa jamás había cogido un cepillo. Me enseñó a poner el lavavajillas y también la lavadora, cosa que me prohibieron cuando metí ropa de multitud de colores, blanca, negra, roja y de más colores todos juntos. Estropeé varias prendas de ropa, como una camisa que le encantaba a Germán, y él muy comprensivo y de una manera simpática me impuso una orden de alejamiento. No podía acercarme a la lavadora a más de cinco metros. Pero deseaba ayudar y no sentir que era una carga, aunque Víctor me había dicho mil veces que no lo era. Me limitaron las tareas ya que todas las hacía mal, dejándome solamente encargada de barrer y fregar el suelo de la cocina y de los baños, recalcando que el parquet no se fregaba. Respecto a la plancha, me dijeron que sólo planchara mi ropa, que no tocase la suya. Era viernes por la tarde y decidí llamar a Berta. _ ¿Qué haces?_ pregunté. _Preparándome para salir_ _ ¿Y tú? _Esperando también que llegué Víctor para salir a cenar_ _ ¿Cuándo vas a ir a echar la matrícula de la universidad? _El lunes_ _Pensaba llamarte mañana y decirte que vamos juntas ¡no! _Sí_ _Pero tengo que hablar antes con Víctor. _ ¿Por? _No deja de insistir, está empeñado en que me apunte a medicina. _ ¿Y por qué no lo haces? _ ¡Cambiarme y perder un año!_ exclamé.

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Confesiones de un ladrón _Qué problema le ves… es mejor perder un año que no cuatro. Yo que tú lo haría con los ojos cerrados. _Berta, sabes que si me cambio mi padre… _Ruth, olvida a tu padre y piensa por una vez en ti_ _Tienes derecho a escoger que deseas estudiar y medicina es lo que te gusta_ _Oye, te tengo que dejar, hablamos mañana, Carlos me está llamando al móvil. _Un beso. _Otro para ti. No habría pasado ni media hora cuando sentí abrirse y cerrarse la puerta de la calle. Miré el reloj y por la hora que era podría ser Víctor. Estaba en el baño dándome los últimos retoques, cuando apareció con una enorme sonrisa de oreja a oreja. _Ya está hecho cariño, he dejado el trabajo_ _Además he firmado el contrato de arrendamiento de la nave. _No me lo puedo creer, por fin_ exclamé mientras le abrazaba. _ ¡Sí!, en un mes estoy trabajando por mi cuenta. _No te imaginas cuanto me alegro, cariño_ _ ¿Y de lo otro cuando lo vas a dejar? _Pronto, muy pronto, te lo prometo. _ ¿Víctor no entiendo porque todavía no lo has dejado?_ Sabía que me ocultaba algo, no debía de ser tan difícil de dejar de robar. ¿Qué le impedía dejarlo? _No es tan fácil como tú te crees_ _Por favor confía en mí. _Está bien. _Por cierto, ya has pensado que carrera vas a coger_ comentó mirándome fijamente. _No. _ Matricúlate en medicina. _Ya… pero si me cambio y mi padre se entera, nunca jamás querrá hablar conmigo. _Hazlo por mí, coge medicina_ _Tú vida la debes controlar tú, no dejes que nadie decida por ti. Suspiré y sonreí _Haré medicina, y que sea lo que Dios quiera_ dije con cierta tristeza. Según estaba mi relación con mis padres, no iba a ayudar mucho que ahora me cambiase de carrera, pero Víctor llevaba razón, estudiar derecho me suponía un suplicio y en el fondo deseaba con todas mis ganas cambiarme. Berta y Víctor me habían dado el empujoncito que necesitaba para tomar la decisión.

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Confesiones de un ladrón Septiembre nos abandonó y comenzó octubre. Pronto empezaría la universidad y estaba deseosa por comenzar. Con el cambio de carrera mataba dos pájaros de un tiro, por un lado iba a estudiar lo que me gustaba y por el otro, tendría que cambiar de facultad, por lo que nunca más tendría que ver a Jorge. Mirase por donde lo mirase, todo eran ventajas. Al día siguiente fuimos de compras, ambos necesitábamos ropa y algunas cosas más cuando recibí una llamada de teléfono que me sorprendió. _ ¿Sí? _Ruth, soy Gloría, te acuerdas de mí. _Sí_ respondí. Era la única Gloría que conocía, por lo tanto no había dudas. _Dime… _Necesito hablar contigo, es muy importante_ expresó con preocupación. _ ¿Ahora?_ pregunté. _Sí, es muy importante, cuanto antes hablemos mejor. _Me pillas de compras, ¿tú dónde estás? _Estoy en casa, pero podemos quedar en el centro comerciar la Puerta de Oro, ¿te parece bien? _De acuerdo ¡Pero no vendrás con Jorge!, si es así mejor me lo dices por teléfono. _He roto con él, no te preocupes. Quedamos a las siete. _Vale_ _Hasta luego. _Adiós. Cerré el teléfono atónita y miré a Víctor _Tenemos que irnos_ dije con perplejidad. _ ¿Qué pasa? _Era Gloria, me ha dicho que tiene que hablar conmigo de algo muy importante_ dije levantando mis cejas _Hemos quedado a las siete, en la Puerta de Oro. _Entonces vámonos ya, mira qué hora es. De camino al coche, reproduje detalladamente la conversación que acababa de mantener hacía escasos segundos con Gloria, poniendo a Víctor al corriente de lo hablado. _ ¿Qué querrá?_ pregunté preocupada. _No lo sé, pero no me gusta que tengas nada que ver con ella. _Ya… a mí tampoco, pero parecía muy preocupada. Una vez que llegamos al centro comercial y aparcamos el coche, nos dirigimos caminando a la entrada norte, ya que allí habíamos quedado. Reconocí a Gloria sin ninguna dificultad, aunque únicamente la había visto una vez, pero era una joven difícil de olvidar. Estaba esperándonos en la entrada y en su rostro se apreciaba preocupación. _Hola_ dijo nada más vernos. _Hola_ respondimos Víctor y yo. _ ¿Os apetece entrar y tomamos un café, mientras hablamos?_ preguntó mientras fingía una sonrisa. _Vale. 112


Confesiones de un ladrón Pasamos a una cafetería sentándonos en una de las escasas mesas que había libres. _ ¡Tú dirás!_ dije algo nerviosa. Desde su llamada hasta el momento de reunirme con ella me había estado comiendo la cabeza, no dejaba de pensar que podría decirme esta chica que apenas me conocía. _Creo que tienes un grave problema_ comentó pausadamente. _ ¿Cómo dices?_ exclamé como si no la hubiese escuchado bien. _Mira lo que he descubierto en el ordenador de Jorge_ añadió mientras busca en su bolso del que sacó un gran sobre blanco. Dejó el sobre sobré la mesa, lo abrí y saqué unas fotografías de mala calidad, pero con la suficiente para verme perfectamente tumbada en un sofá con los pechos al descubierto. _ ¿Y esta foto?_ dije horrorizada al verme de esa manera. _Hay de más chicas… no solo tuyas. Hojeé deprisa las fotografías y pude ver a más jóvenes, todas desnudas o semidesnudas como la mía. _Ayer las vi en su ordenador, tiene una carpeta llena_ comentó, en sus ojos vi aparecer unas lágrimas. _ ¡Dios mío!_ exclamé. _Tienen fecha y hay fotos de chicas con las que se ha costado estando conmigo, así que le he dejado_ confesó mientras aguantaba las ganas de llorar. _ ¡Has hecho lo correcto!_ afirmé. _Tengo que ser sincera. Le creí a él cuando el incidente en tu casa, pero ahora… después de ver esto… no lo conozco, te juro que no puedo creer que sea capaz de hacer una cosa así_ expresó con angustia. Miré a Víctor ya que no dijo ni una palabra durante toda la conversación. Su rostro estaba tenso, rígido, se podía ver perfectamente la silueta de su mandíbula. Pero no hizo ningún comentario, seguía enmudecido. _Gracias por avisarme_ sólo pude decir eso. _Le he tenido alejado de ti como te prometí, pero ahora que no estoy con él, no sé qué puede hacer, creí que debía avisarte. _Gracias de verdad, muchas gracias. _De nada, te devuelvo el favor que me hiciste en su día. Gloria se levantó para marcharse, me levanté y la despedí con dos besos. Víctor simplemente dijo adiós con la mano. Me volví a sentar y miré perpleja a Víctor. _Di algo por favor_ _ ¿Qué piensas de todo esto?_ necesitaba que dijese una palabra, algo… que me tranquilizase. _Vámonos a casa_ dijo dulcemente. Su rostro no reflejaba la tensión de antes, ahora permanecía tranquilo y sosegado, como era él, quizás porque ya sabía qué hacer. Pagamos los cafés y nos marchamos. _ ¡En qué piensas!_ le pregunté mientras íbamos de camino al coche. _En que me voy a encargar de este asunto personalmente_ contestó mientras abría la puerta del coche. _ ¿A qué te refieres? 113


Confesiones de un ladrón _Lo voy a resolver a mi manera, Ruth_ dijo con rotundidad_ La última vez dejé que lo resolvieras a tú manera, aunque no estaba de acuerdo y mira a lo que ha llevado_ _Esta vez lo solucionare a la mía_ _ ¿Dónde vive Jorge?_ preguntó. _En mi misma urbanización. _Me tienes que dar su dirección. _No Víctor, no_ _No permitiré que lo hagas. _Esta noche voy a entrar en su casa, y voy a borrar todas las malditas fotografías de su ordenador. _No_ _No pienso dejar que hagas eso, ya pensaré en una manera de solucionarlo. _Igual que cuando te atacó_ _Te dije que cometías un error no denunciándolo. Eres demasiado confiada_ añadió desanimado. _Pues iré a la policía y lo denunció_ comenté frustrada. _Sí, ahora… sabes que lo que tienes en ese sobre es pornografía, puedes estar ya en miles de ordenadores, y pueden estar viéndote miles de tíos, ni loco, lo voy a solucionar yo. _Pero es peligroso y arriesgado hacer lo que tú quieres. _No más que las cientos de veces que lo he hecho. _Entonces voy contigo_ añadí. Percibí que con cada contestación que daba se enfurecía más. Me miró unos segundos como si hubiese dicho el mayor pecado del mundo. _ ¡Jamás!_ exclamó. _Pues no te diré su dirección_ respondí secamente. _Mira… Ruth, no me toques las narices que en estos momentos no estoy para jueguecitos. _ ¿Quién dice que estoy jugando?, te lo estoy diciendo muy enserio. _Y yo, jamás vendrás. _Jamás te lo diré_ contesté. Me miró entrecerrando sus ojos y subió la música en señal de enfado. Durante el camino hasta llegar a Rivas reino el silencio, ninguno de los dos pronunciamos una sola palabra. Una vez que llegamos a su casa, el impenetrable silencio que habíamos mantenido durante todo el viaje, ser rompió al entrar en el comedor y ver sentados a Germán y Elena viendo el televisor. _Hola_ dijimos ambos con cierto tono de enfado. _ ¿Qué pasa?_ preguntó Germán. _ ¡Qué… qué pasa!_ _ ¡Esto es lo que pasa!_ exclamó enfadado tirando el sobre encima de la mesa. _Pero ahí están…_ murmuré bajito. _No están, ya las he quitado. _ ¿Y esto?_ preguntó Germán mientras sacaba las fotografías del sobre. _El carbón de su ex, mira lo que le gusta coleccionar. _Ese tío está enfermo_ añadió Germán mientras las hojeaba. _Esta noche voy a entrar en su casa y voy a joderle el ordenador. _Vale… vamos_ dijo Germán levantándose _ ¡Sabes dónde vive!

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Confesiones de un ladrón _No_ _Ruth no quiere decirme donde vive_ dijo arqueando sus cejas mirándome. _Te lo diré si me dejas ir contigo. _Ruth, es mejor que nos encarguemos nosotros de esto_ añadió Germán dulcemente intentando que entrase en razón. _Yo voy_ dije con rotundidad. Víctor me miró y movió la cabeza haciendo un gesto de negación, se dio la vuelta y fue directo a su cuarto como alma que lleva el diablo. Fui lentamente detrás de él, debía convencerlo para que me dejara acompañarlo. Entré sigilosamente en el cuarto y me senté en su cama. _No vendrás_ dijo nada más percibir mi presencia en el cuarto. _No tendrás su dirección_ añadí con su mismo tono de voz. Se giró rápidamente cuando escuchó mi respuesta y dejó ver su rostro enfurecido. Me miró fijamente durante unos escasos segundos, en los cuales me asustó, nunca antes le había visto tan enfadado como ahora, trague saliva y suspiré profundamente sosteniendo la mirada. Era una batalla que debía ganar. _No entiendes que si algo saliese mal y te pillasen, jamás me lo perdonaría_ dijo angustiado. _A mi modo de verlo no_ _Es un problema que no te incumbe y sin embargo estas dispuestos a arriesgarlo todo por mí, lo mínimo que yo puedo hacer es ir contigo. Me miró dulcemente y se sentó a mi lado _No debes sentirte mal, cielo, eres lo único que merece la pena en mi vida, por ti sería capaz de cualquier cosa, y estaría encantado de ir a la cárcel si con ello te protejo. _Eso es muy fácil decirlo_ _Quiero acompañarte y no me importa lo que pase, siempre que estemos juntos_ _Además, en caso que nos descubriesen, explicaría porque he entrado enseñando las fotos. Estoy segura que no me denunciarían. Sé que su familia jamás me denunciará_ dije con seguridad. Sonrió dulcemente _Esta bien, vendrás_ _Satisfecha. _Sí. _Entonces voy a buscar a la calavera. _ ¿Qué es eso? _Un virus letal, en el momento en que lo instalas en el ordenador, destruye todo, ya puedes tirar el ordenador a la basura. _No creo que sirva de mucho, seguramente tendrá alguna copia de las fotografías. _Ya contaba con eso, las tendrá en un disco duro, pero este virus inverna en el ordenador, da igual que lo formatees, todo lo que introduzcas después se contamina igual, cualquier disco duro que conecte o cualquier PEN Driver o cualquier CD u otra cosa, queda inservible, no tiene reparación. _ ¿Y si no lo conectase? _Lo hará, voy a instalarle un pequeño virus que no dejé ejecutar ningún programa, detectara el virus y formateara el ordenador, cuando haga esto, deberá introducir todos los programas de nuevo, entonces será cuando la calavera hará su función. Salimos de su cuarto y fuimos a la habitación de los ordenadores. 115


Confesiones de un ladrón Observé como se dirigía a una de las muchas estanterías con baldas hasta el suelo y buscaba en una donde ponía virus con una pegatina puesta en el canto de la estantería superior. Después de mirar el nombre a montones de carátulas, dijo _ ¡Aquí está! _Es mejor que lo hagamos mañana_ comenté. _ ¿Por? _Sé que la mayoría de los sábados, salen a cenar los padres de Jorge con mis padres y otros matrimonios_ _Será más seguro que ir hoy. _ ¿Crees que mañana no habrá nadie en la casa? _No lo sé al cien por cien, mañana llamaré a Noelia con la excusa de saber de mis padres, intentaré que me diga que van hacer por la noche. _ ¿Y Jorge?, podría estar en su casa_ preguntó. _Si ha cortado con la novia quizás no tenga ganas de salir. _Jamás… desde que le conozco, nunca se ha quedado un fin de semana en casa, salvo que este malo. _ ¿Y su hermana? _Mañana me lo contará Noelia. _ Si es más seguro iremos mañana_ _Tienen alarma, imagino. _Sí, la misma empresa que en mi casa. _Entonces no hay problema_ asintió. _ ¿Y perro? _No_ _Jorge y Ángela, son alérgicos a los animales. _Estupendo entonces.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo XI Mi primer allanamiento Me desperté temprano y reparé que Víctor no estaba a mi lado, miré el reloj y eran las diez y media. Me levanté y fui a su lugar de trabajo, seguro que le encontraba allí. Abrí la puerta despacio y le vi sentado frente al ordenador. Se giró al escuchar abrirse la puerta _ ¡Ya te has levantado!_ dijo nada más verme aparecer. _Sí_ respondí desde la puerta. _ ¿Has desayunado? _No_ _Antes quería saber dónde estabas. _Buenos días, cielo_ musitó cuando me senté sobre sus piernas. _Buenos días_ _ ¿Qué haces?_ pregunté dulcemente. _ ¿Tienes el correo electrónico de Jorge?_ preguntó. _No lo sé_ _Recuerdo que borré todos sus correos. _Los puedo recuperar, necesito que me traigas tu ordenador. _ ¿Qué vas hacer?_ pregunté con curiosidad. _Voy a enviarle el virus, prefiero que lo abra él. Me levanté y fui a nuestro dormitorio. Sobre la cómoda tenía el ordenador, lo cogí y regresé con él _Toma. Lo colocó sobre la mesa, lo abrió poniéndolo en funcionamiento mientras esperaba a cargarse. _Voy a desayunar, luego llamaré a mi hermana. _Vale, pero ten mucho cuidado, no seas muy directa. _Ya… no te preocupes, sé cómo tengo que sonsacarla. Me dirigí a la cocina y desayuné solamente un café. Mientras lo tomaba llamé a mi hermana. _ ¿Qué tal, cómo estás?_ dije animada al escuchar su voz. _Bien_ _ ¿Y tú? _Bien, bien, ¿y Soraya cómo está? _Dando guerra como siempre_ _ ¿Qué tal con Víctor? _Ya le conoces, tan maravilloso como siempre. _Me alegro_ _Ya controlas la plancha_ dijo con tono divertido. _Sí_ _Ya lo tengo dominado. Sabes… después de todo se me da bien, no es tan difícil_ añadí con su mismo tono divertido. Escuché a través del teléfono las risas de mi hermana _Y mamá y papá, ¿Qué tal están? _Bien, como siempre. _ Me gustaría ir a verles_ confesé. _No han hecho ningún comentario diferente al respecto, Ruth, creo que no es buena idea que vengas, sino es con intención de disculparte. _ Los echo de menos y no me importaría ir y disculparme con ellos, pero nada más, sólo con ellos_ _ ¿Van a estar hoy en casa? _No, se van a pasar el fin de semana con Mario y Ana a Toledo, les han invitado a un balneario. 117


Confesiones de un ladrón _ ¿Y Soraya? _La han dejado con la abuela. _Entonces lo dejaré para otro día. _Sí, es mejor. _ ¿Y tú que vas hacer esta noche?_ pregunté. _Voy a ir a un cumpleaños. _ ¿De quién? _Jamás lo adivinarías, es del novio de Ángela_ exclamó riendo. _ ¡Ángela tiene novio!, no me lo puedo creer_ añadí incrédula. _Me gustaría conocerlo_ _Te recomiendo que no vegas, Jorge también estará. _Entonces no te preocupes que no voy aparecer_ _Dala recuerdos de mi parte y la enhorabuena. _JaJaJa, vale yo se lo diré_ _A ver si quedamos una noche para cenar, me tienes que contar como te va en medicina. _Llevo poco tiempo pero me encanta, disfruto muchísimo. _Entonces me alegro_ _Otra cosa, he visto que no has sacado apenas dinero de la cuenta, gasta lo que necesites. _No, te preocupes, Víctor no me deja apenas pagar nada. _Pero cielo… ingresé el dinero para tu matrícula y los libros y he visto que no lo has gastado. _Ya… es que Víctor insistió en pagarlo. _No deberías habérselo permitido, mamá me da dinero a escondidas para ti, para tus gastos. _Dala las gracias y dila que la echo de menos. _Ellos también te echan de menos, pero como son tan orgullosos no lo quieren reconocer_ _Bueno cariño, un besito te llamo otro día y nos vemos. _Vale_ y colgué. La llamada me dejo triste, en el fondo, aunque no quisiese admitirlo, echaba de menos a mi familia. Después de reponerme sentimentalmente, me centré en lo averiguado. Ya sabía que no habría nadie esta noche en su casa, todo podría salir bien si no cometíamos ningún estúpido error por nuestra parte, como dejarnos algún objeto personal como el móvil que nos pudiese identificar o romper algún adorno casero que pudiera levantar sospechas. Fui a contar a Víctor lo averiguado. _Genial, entonces. _ ¿Ya has mandado el virus?_ pregunté mientras dejaba reposar mis manos en sus hombros. _Sí_ _Mira lo acaba de abrir. _ ¿Por qué lo sabes? _Ves este icono que aparece aquí_ dijo mientras señalaba con su dedo un pequeño icono situado en la parte inferior derecha de la pantalla. _Sí. _ Sólo aparece cuando la persona a quien le mandas el correo lo abre. _Yo no tengo eso en mi ordenador_ comenté. 118


Confesiones de un ladrón _Ya… y mejor que no lo tengas, va incorporado al virus. _Ah…_ _Bueno voy al dormitorio y luego me pondré a estudiar un poco. _Vale, yo estaré aquí. Según me giré para marcharme, sentí la mano de Víctor sujetar mi muñeca impidiéndome irme _ ¿Te molesta que pase tanto tiempo aquí?_ susurró dulcemente. _No para nada…_ _Has convertido tu pasión en tu medio de vida y creo que eres un privilegiado, no todo el mundo tiene esa oportunidad. _Tú también eres mi pasión. Sonreí y le besé _No me molesta de verdad_ admití con sinceridad _Tengo la sensación que te dejo mucho tiempo sola. _No, además, necesito tiempo para estudiar. _Entonces, gracias. Volví a sonreírle y me marché. De una cosa me había dado cuenta, si quería que mi relación funcionase debía compartir a Víctor con ese mundo, era su hobby, su futuro trabajo, y entendía su obsesión porque a mí me pasaba lo mismo con la medicina, me pasaba horas y horas mirando por Internet operaciones. Cuando entré en el dormitorio fui directa al armario y miré que podía ponerme para esta noche, no sabía que ropa era la indicada para cometer un allanamiento. ¿Debía ir de negro como los ladrones en las películas? ¿O con ropa deportiva para ir más cómoda? Como no me decidía que ropa escoger, me puse a ver en internet como hacían una cirugía coronaria, concretamente un Bypass. Después de comer nos tumbamos en el sofá dispuestos a ver una película. Pasamos de cadena ya que ninguna de las películas que emitían nos gustaban, hasta que en una vi que empezaba, Ocean`s Eleven, pidiendo a Víctor que la dejase. _ ¡Si ya la has visto! _ protestó. _Ya… pero hace mucho tiempo, casi no me acuerdo. _Está bien. En mitad de la película me preguntó _ ¿Estas nerviosa por lo de esta noche? _Estoy atacada_ admití _ ¿Y tú? _También, pero por ti, estoy acojonado, si algo sale mal, y te pillan yo…_dijo sin poder terminar la frase. _Nada va a salir mal, no quiero que te preocupes. _No lo puedo evitar, cariño. _Sabes que a los guionistas de esta película casi los detienen_ dije para hacerle no pensar en lo que podría ocurrir. _ ¿Por? _Leí que fueron a las Vegas, hicieron muchas preguntas para informarse sobre las medidas de seguridad del casino y se pensaron que lo iban atracar. _La verdad que las medidas de seguridad que deben tener tienen que ser una pasada. _ ¿Te gustaría trabajar allí?_ le pregunté. _No_ Siento curiosidad, nada más, tienen que usar lo más sofisticado que existe. 119


Confesiones de un ladrón _ ¿Y atracarlo?_ pregunté riendo. _ ¡Tú estás loca! claro que no, no pasaría ni de la puerta_ exclamó sonriendo. _Pues yo cuando veo esta película me encantaría ser una de ellos. _Anda… anda… estas aterrada por lo de esta noche, como para robar allí_ _Tú no sirves para esto, cariño. Ambos reímos por la locura que acababa de decir. Pero era mi intención desviar la conversación para que no se preocupara por mí. El tiempo pasó rápidamente aproximándose la hora para salir. Víctor entró en el dormitorio y dijo que me fuese arreglando. _ ¡Pero no sé qué ponerme!_ exclamé. _Algo cómodo, unos vaqueros o algo así. _ ¿Tú vas a ir así?_ pregunté perpleja al ver lo guapísimo que estaba. Llevaba puesto una camiseta negra de manga larga, encima una camisa sacada por fuera en gris oscuro con rayas negras y unos vaqueros negros. _Sí_ _ ¿Qué te pensabas? _Que iríamos todo de negro_ admití. _Si me detienen quiero ir guapo_ añadió riendo. Era un ladrón presumido. Su respuesta no me sacó de dudas. Elegí unos vaqueros azules oscuro y una camiseta negra, me hice una coleta para que no me molestara el pelo. Fui al comedor para decir a Víctor que ya estaba lista y nos podíamos marchar pero cuando vi su cara supe al algo no iba bien. _Ruth… _No, Víctor, no, no empieces otra vez_ dije molesta. No hizo falta que terminase la frase, nada más decir mi nombre y por su forma de pronunciarlo imaginé que me iba a decir, no quería que fuese con él, pero no estaba dispuesta a empezar otra vez una nueva discusión. _Está bien_ _ ¡Sabes que eres una cabezota!_ dijo mientras retiraba de mi rostro un pequeño mechón que no había recogido. Sonreí de satisfacción al salirme con la mía. _Venga vámonos_ comenté con impaciencia. Estaba deseando montar en el coche, así no habría marcha atrás. De camino a la urbanización Víctor no dejaba de mirarme. Iba atacada de los nervios, pero dispuesta a hacerlo. Notaba las manos sudorosas, podía escuchar con toda claridad los latidos de mi corazón. Me tomé disimuladamente las pulsaciones en la muñeca, pude contar ciento veinte. Suspiré hondo e intente relajarme, cosa que no funciono. Durante el camino recordé como Víctor había narrado su primer robo, y le comprendí. Yo prácticamente tenía los mismos síntomas de nerviosismo aunque espera no caerme como él. Cuando entramos en la urbanización no quedaba otra opción que pasar por delante de mi casa. Al verla sentí añoranza y tristeza, era mi casa, el lugar donde me había criado, donde había vivido desde que tengo uso de razón y ahora me sentía una completa extraña al tener prohibida la entrada. Indiqué a Víctor el camino para llegar a casa de Jorge, estaba muy cerca de la mía, a tan solo tres calles más abajo. _Aquí es, esta es su casa_ dije señalándola desde dentro del coche. _Está bien, voy aparcar un poco más abajo.

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Confesiones de un ladrón Miré el reloj y eras las dos de la mañana. En la urbanización no había ni un alma, todo estaba silencioso, desierto como de costumbre, salvo por los maullidos de los gatos callejeros. Salimos del coche, Víctor me cogió de la mano y caminamos calle arriba y calle abajo, entramos por detrás del chalet y vi como sacaba de la bandolera una pequeña pelota negra de goma lanzándola al interior de la parcela. Seguimos caminando regresando de nuevo al coche. Una vez dentro del coche, le pregunté el motivo del paseo. Me contestó que quería ver si había luz en los demás chalets. Le pregunté también para que había tirado esa pelota. _No es una pelota_ dijo riendo _ ¡Mira para que sirve!_ sacó de la bandolera un mini ordenador, lo encendió activando un programa. La pantalla del ordenador estaba completamente oscura, salvo por un pequeño puntito rojo en un lateral de la pantalla. _ ¿Qué es eso?_ pregunté señalando el minúsculo punto rojo. _ ¡No decías que no tenían animales!_ afirmó. _No que yo sepa_ admití. _Pues tienen un pájaro o hay una rata. _ ¿Ese punto es el animal?_ pregunté. _Sí_ _La pelota como tú la llamas, es una cámara de infrarrojos esférica con ocho puntos de visión, es muy usada por la policía. Detecta cualquier cosa que tenga vida con un radio de cincuenta metros. Va recubierta con goma de caucho para protegerla de los golpes al lanzarla, por eso se puede confundir con una pelota. Giró su cuerpo colocándose frente a mí y dijo angustiado _He comprobado que la tapia trasera tiene bastante dificultad, no sé si podrás subirla_ _Ruth, es difícil acceder, creo que deberías quedarte en el coche. _Confía en mí, cariño, podré subirla_ respondí animadamente. Debía quitarle sus miedos, hacerle entender que estaba preparada para hacer cualquier cosa y que era lo suficientemente fuerte para subir sin problemas, pero cuando iba añadir que todo iba a salir bien, me miró fijamente a los ojos y dijo _Cuando salgamos del coche ya no abra marcha atrás, nuestras vidas pueden cambiar a mal, ¡Eres consciente de ello!. _Lo sé y estoy preparada, no te voy a fallar_ sentí como mi cuerpo se estremecía de miedo al escuchar sus palabras. Una voz en mi interior me decía “no lo hagas” “quédate en el coche“ pero decidí ignorarla. _Está bien, que sea lo que Dios quiera_ _Dame un beso. _ ¿Por?_ pregunté. Nunca me había pedido un beso y me extraño su petición. _Por si fuese el último_ contestó. Cuando sentí sus labios acariciar los míos, estuve tentada a decir que nos olvidásemos de todo, que arrancase el coche y nos fuésemos, pero sabía que él no permitiría que Jorge tuviese fotos mías, regresaría con su hermano y lo haría, entonces yo no podría protegerle. _ ¿Estás preparada?_ preguntó. _Sí_ aseguré aterrorizada de miedo. _Entonces salgamos. Salimos del coche. Nada más poner el pie en el asfalto de la calle, los nervios se apoderaron de mí. Esta noche cometería mi primer acto delictivo. Antes nunca 121


Confesiones de un ladrón jamás había hecho una cosa semejante. El único roce que había tenido con la delincuencia, fue una vez yendo con mi hermana de compras cuando no nos cobraron una camisa, nos dimos cuenta, pero nos callamos y salimos pitando de la tienda. Esta vez era completamente diferente, las consecuencias de nuestros actos podrían tener un desenlace catastrófico en el caso de que nos descubriesen. Caminamos deprisa, con decisión hacía la parte trasera de la casa. Estaba oscuro por lo que resultaba difícil ser vistos. Víctor sacó de la bandolera una cuerda gruesa con intención de escalar a través de ella. Cuando vi la cuerda, supe que jamás podría subir por ella, hice un gesto dando a entender que no la usara, puse las manos entrelazadas para que pusiera el pie en mis manos y se alzara. _Podrás_ dijo susurrándome al oído Asentí con la cabeza para hablar lo menos posible. Entrelace fuertemente mis manos para soportar el peso de su cuerpo, mentalizándome en aguantar el mayor tiempo posible. Víctor, puso su pie en mis manos, me miró y con los dedos marco la cuenta atrás, cuando saco el tercer dedo sujeté fuertemente mis manos y para mi sorpresa, le impulsé lo suficiente para alcanzar el final de la tapia sin ningún problema. Alzó una pierna pasándola por el borde. Una vez sentado encima de la tapia, inclinó su cuerpo dejando caer su brazo para que yo lo sujetase. Me agarré fuertemente a su brazo y mientras él me subía yo iba trepando con facilidad a través de las piedras de pizarra que sobresalían del muro. Una vez que estuve en el borde, repetí la forma en que él lo había hecho, pasé una pierna por la tapia quedando sentada. Ambos pasamos la otra pierna y saltamos al interior del chalet. Cuando caímos en cuclillas al suelo, me susurró al oído muy bajito _Lo has hecho muy bien_ Miró a su alrededor, sacó del bolsillo del pantalón un pequeño mando activando un botón, un destello rojo posiciono la cámara, Víctor caminó hacia ella recogiéndola del suelo. Le indiqué con señas por donde debíamos ir, ya que conocía perfectamente la casa. Cuando llegamos a la parte delantera, le señalé donde estaba situada la alarma. Abrió el cajetín y sacó de la bandolera el pequeño ordenador del que colgaba un cable con dos diminutas pinzas en el extremo. Conectó las pinzas a la alarma y generó automáticamente una serie de números y letras a una velocidad vertiginosa, en cuestión de segundos se detuvo dejando ver claramente la contraseña. Me pasó el ordenador y se dirigió a la puerta delantera de la casa, sacó una pequeña ganzúa y la introdujo por la cerradura, no tardo ni diez segundos cuando la puerta se abrió. Sus movimientos eran rápidos y ágiles, señal que los había repetido muchas veces. Me sonrió y pasamos al interior de la casa, fue directo a la alarma e introdujo la contraseña y automáticamente el piloto verde que parpadeaba sin cesar se apagó, indicando que estaba desconectada. _ ¿Dónde está el cuarto?_ preguntó bajito casi como un susurro.

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Confesiones de un ladrón Le guíe hasta donde se encontraban las escaleras, advirtiéndole no antes, que tuviese cuidado con una figura que había en un rincón “más de una vez había tropezado con el estúpido mayordomo y apunto había estado de romperla”. Subimos sigilosamente por las escaleras y me dirigí al último cuarto del pasillo. Abrí la puerta del dormitorio rezando para que no hubiese nadie en su interior, miré comprobando que se encontraba vació, entonces, dejé que pasara Víctor, cerrando la puerta nada más entrar. Con movimientos rápidos fue directo al ordenador, lo encendió y sacó un CD de la bandolera, abrió la disquetera colocándolo dentro de ella. Sus manos se posaron sobre el teclado y con la velocidad de la luz tecleó números, letras y palabras en inglés que yo no pude entender. Mientras él hacía lo que mejor se le daba, yo miré de reojo el cuarto, recordando que en una de las estanterías Jorge había tenido una fotografía mía de cuando estuvimos juntos. Iluminé la estantería para asegurarme que ya no la tenía puesta y así fue, no estaba, pero cuando me fui a girar de nuevo para mirar a Víctor pasé la escasa luz de la linterna por la mesilla de noche y la vi puesta allí. Quedé horrorizada, me tenía puesta en su mesilla, fue entonces cuando supe que todavía no había superado lo nuestro, todavía pensaba en mí. Me dieron ganas de cogerla y romperla en mil pedazos, pero no podía tocar nada. Víctor se levantó de la silla y musitó en bajito, _Ya está. Me dispuse a salir del cuarto, cuando le vi hacer algo inesperado, cogió el teléfono que Jorge tenía sobre la mesa del ordenador y empezó a desmontarlo, me acerqué deprisa para impedir que siguiese y murmurando le dije _Pero qué coño haces con el teléfono, tenemos que dejar todo intacto. _Voy a poner a este capullo un micro. _ ¡Un micro!_ exclamé incrédula. _Si, los voy a poner en todos los teléfonos de la casa. _ ¿Para qué? _Por si las moscas, quiero tenerlo bien vigilado_ _Por cierto, también los pusimos en tu casa. _ ¿Micros?_ pregunté _Sí. Los ojos se me abrieron como soles. Cuando reaccioné pregunté _ ¿Por qué los pusiste? _ Me pagaron por ponerlos. _ ¡Y me lo dices aquí y ahora! _Sí… así no te enfadas_ confesó disculpándose. _Lo llevas tú claro, espera que salgamos de aquí_ repuse _Hay algo más que me tengas que decir, no sé… como que trabajas para CÍA o vigilas mi casa vía satélite. _No, pero me has dado una idea, me gusta eso de vigilar vía satélite. _ ¡Pero Víctor…!_ exclamé. _Es broma, cariño_ dijo sonriendo y dándome un beso fugaz. Por qué tenía que ser tan encantador, me costaba horrores enfadarme con él. _Dios mío, pero qué clase de novio me he echado_ fue un pensamiento que había dicho en alto. 123


Confesiones de un ladrón _Uno que te adora_ dijo riendo. Los colocó rápidamente y con mucha habilidad, cosa que me hizo pensar que había puesto más de un micrófono en su vida y nos marchamos. Activó de nuevo la alarma, cerramos la puerta, fuimos a la parte trasera y volvimos a salir de la misma forma que habíamos entrado. Andamos deprisa hasta el coche. Lo único que quería era montarme y desaparecer del lugar. Tenía puesta la mano en la manilla de la cerradura dispuesta abrir la puerta y montarme, cuando sentí un ruido que me asustó acompañado de una voz que me llamaba. Cerré los ojos disgustada, lo único que podía pensar era que nos habían pillado, “Dios mío, nos han descubierto” mi imaginación rápido se desbordo mandándome imagines mías y de Víctor esposados, imaginé la calle llena de coches patrulla de la policía, y todos los vecinos en la calle mirándonos asombrados al descubrir que era una ladrona. Me giré despacio, decepcionada por nuestro fracaso, pensando rápidamente una mentira que pareciese natural y creíble. Al girarme y abrir los ojos, suspiré aliviada al ver la cara familiar de Laura. _ ¡Tía eres tú!_ exclamé aliviada al no ver a los guardas de seguridad de la urbanización. _Sí_ _ ¿Qué haces aquí?_ preguntó mi amiga. _He venido a casa de mis padres pero no están. He pensado que quizás estarían en casa de Mario, pero he llamado y tampoco hay nadie_ Quedé sorprendida por lo rápido y bien que había sabido salir del embrollo. Para ser una chica a la que no le gustaba mentir últimamente lo hacía con gran soltura. Laura, no hizo ningún comentario a mi respuesta por lo que deduje que la había parecido creíble. _Bueno… cuéntame que es de tu vida, hace poco llamé a tu casa y tu madre me dijo que ahora vives en un colegio mayor_ dijo sonriente. _Es mentira_ la respuesta me salió del corazón. _Ya lo sé… no me lo creí, estas a menos de una hora de la universidad y te vas a ir a vivir a un colegio. _Ya conoces a mi madre, siempre guardando las apariencias_ _Vivo con mi novio_ dije mirando a Víctor que seguía impasible. Según hablaba con Laura comencé a sentirme más relajada. _Eso si me lo creo_ comentó. _Bueno… nos vamos a marchar, tenemos un poco de prisa_ dije mientras no dejaba de reír nerviosa. _Pásate un día por mi casa y nos contamos_ _ ¡Estoy con Ricardo!_ añadió con tono risueño. _No me digas… por fin se ha decidido_ repuse fingiendo alegría. Me alegraba por ella, llevaba mucho tiempo detrás de ese chico pero yo ahora lo único que deseaba era salir de la urbanización y tranquilizarme. _Sí, y muy bien, es un amor. _ Un día me paso por tu casa y charlamos tranquilamente. _Adiós. _Adiós. Por fin nos montamos, arrancó y salimos a toda pastilla. 124


Confesiones de un ladrón Hasta que no salimos de la urbanización no recobré la compostura y la tranquilidad. Sentí un dolor muy intenso en las piernas que a duras penas podía soportar. _ ¿Qué te pasa?_ preguntó Víctor al ver que no dejaba de masajeármelas. _Me duele muchísimo _ comenté mientras las frotaba con fuerza. _Eso es de los nervios que has pasado_ _A mí me pasó también la primera vez. _ ¿Cuándo pensabas decirme que habías puesto micrófonos en mi casa? _Nunca. _ ¡Cómo que nunca!_ exclamé furiosa. _Cualquiera te lo contaba, mira el pollo que montaste después de decirte que te vigilaba, cualquiera te decía lo de los micrófonos_ a estas alturas de mi relación ya no me sorprendía nada de lo que dijese Víctor. _Pero porque lo hiciste, que necesidad tenías_ añadí suavemente. _ ¿Crees que entramos en tu casa por casualidad?_ preguntó mientras me miraba. _Claro, porque si no_ expresé atónita. _Pues no es así cariño, nos mandaron. _ ¿Quién? _Trabajamos para unos tipos albaneses_ _Por eso no puedo dejarlo todavía. _ ¡Hay Dios mío!_ exclamé. Todo me estaba sonando a mafias rusas, y me estaba acojonando. Pero que podrían querer de mi familia unos tipos albaneses. Mi familia era muy normalita y sencilla, no teníamos líos de ningún tipo. ¿Qué podríamos tener nosotros que quisiesen? _ ¿Y sabes que quieren de mi familia?_ pregunté angustiada. _No lo sé, cielo, nunca he pensado porque nos mandaron, quizás sea algo relacionado con tu padre. _Mi padre…_ _Pero si el hombre es…_ pero no terminé la frase, iba a decir que era un hombre muy sencillo, su vida era, del trabajo a casa y de casa al trabajo, pero en ese momento supe que la razón por la que habían mandado a Víctor a mi casa, debía ser sin duda por su trabajo, era la única explicación razonable. Víctor me miró esperando que terminase la frase _Quizás es por su trabajo_ añadí dudosa. _Seguramente. _En que estará metido para que manden poner micrófonos en mi casa. _Pues en nada bueno_ _Además recuerdo que nos hicieron hacer algo fuera de lo normal. _ ¿El qué? _Fotocopiar un expediente que tenía metido en la caja fuerte llamado Cilantropia. _Qué fuerte, todo esto me resulta increíble de creer, esto me sobrepasa_ En ese momento recordé la reacción de mi padre cuando supimos que nos habían robado, lo primero que miró fue unos documentos que había en una carpeta azul. No reparo en el dinero ni en las joyas, solamente le importó esa carpeta. ¿Tanta importancia tenían esos documentos?

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Confesiones de un ladrón _Por cierto… tienes algún secreto más que me tengas que contar_ _Por qué me vas diciendo las cosas a cuenta gotas. _No_ dijo dudoso _ ¡No, de verdad!_ _ Ya no tengo ningún secreto más_ dijo riendo al ver en mi rostro incredulidad. _Sabes que lo has hecho de maravilla, has actuado como una verdadera profesional_ _Ya puedes ir si quieres a las vegas y robar el casino_ insinuó de forma burlona. _No gracias, demasiadas emociones para mí_ reí desanimadamente. Cogió mi mano llevándola a su boca dejando un beso. Era la primera vez que hacía un gesto así y me agrado. Me recordó a los personajes victorianos de las películas antiguas cuando el caballero besaba la mano de alguna joven con cierta picardía dándola a entender que sentía algo por ella. _Gracias por arriesgarte por mí. _ Haría cualquier cosa por ti. _ ¿Sabes una cosa?_ dije sonriendo mientras dejaba mi pelo suelto. _ ¿El qué? _Verte delinquir me ha puesto a cien. _Sí…_ dijo con una mirada que le hacía irresistible.

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Confesiones de un ladrón Estaba dormida plácidamente cuando sentí que alguien me despertaba, abrí los ojos y vi a Víctor. _ ¿Qué pasa?_ pregunté. _Levántate, quiero que escuches algo. _Está bien, ahora voy. Me levanté y fui directa al baño para ducharme, era la única forma de despejarme. Regresamos muy tarde anoche. Miré el reloj y vi que era sólo las diez de la mañana, que horror, podía haber dormido un par de horas más. Después de haberme arreglado fui a ver a Víctor. _ ¿Desde cuándo llevas levantado?_ pregunté nada más entrar en el cuarto del ordenador. _Desde las siete, me he despertado y no podía dormir. _ ¿Sólo has dormido dos horas?_ pregunté perpleja. _Escucha esto_ dijo emocionado sin hacer caso a mi pregunta. Miré la pantalla del ordenador esperando ver algo. _ ¿Es Jorge?_ pregunté. _Sí_ _Esta mañana ha estado liado con el ordenador. _ ¿Y? _Escucha atenta. Pinchó con el ratón la tecla y comenzó a reproducirse una grabación: _ ¿Vas a ir a ver el fútbol esta tarde? _Ese es Sergio, reconozco su voz_ dije. _Espero que sí, pero no lo sé_ escuché contestar a Jorge. _ ¿Y eso… qué estás haciendo?_ le preguntó Sergio. _Tenía un troyano en el ordenador que no me dejaba abrir nada, lo he formateado para poder quitarlo como muchas veces he hecho pero ahora, cuando he vuelto a instalar todo de nuevo, no me deja abrir nada, ninguna carpeta, ni nada, no sé qué coño le pasa a este maldito ordenador. _Tendrás que descargarte un programa muy bueno que hay en la página, colgados.com, es buenísimo, a mí una vez me pasó lo mismo y pude desinfectar el ordenador con este programa_ _Si quieres voy con mi portátil y te echo una mano. _Está bien, porque lo único que me dan ganas es de tirar a la basura este maldito ordenador_ _Cómo no pueda recuperar todo lo que tenía, me va a dar algo. _Pero tío tendrás hecho copias de seguridad, no creo que seas tan tonto de no tenerlas. _Pues claro que las tengo, pero hay unas cuantas cosas que no llegue a hacerlo. _ Entonces despídete. _Maldita sea_ dijo furioso. Escuché como daba un grito ensordecedor de rabia que me atemorizo. _ ¡Ey! tranquilo ya verás cómo todo se soluciona. _Perdona tío, es que estoy encabronado. _Voy a tu casa. _Aquí te espero.

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Confesiones de un ladrón Víctor y yo nos miramos completamente alucinados por el grito de rabia y desesperación que acabábamos de escuchar. _Ese tío me da miedo_ dijo Víctor. _Que me vas a contar, es… _Me da miedo por ti_ _ ¿Alguna vez se puso así de furioso contigo? _No llego a tanto, pero es un manipulador nato, es un experto en manipular a la gente. A su familia siempre la ha manejado a su antojo. Desde muy pequeño, siempre ha sabido cómo salirse con la suya. Hacía enfrentarse a sus padres sino conseguía lo que quería_ _Recuerdo una vez, tendríamos siete u ocho años, su padre nos regañó por sacar toda la tierra de los tiestos, queríamos encontrar lombrices. No le gustó que su padre le regañase, no lloró, fue a buscar a su madre y de repente empezó a gimotear. Ella le preguntó qué le había ocurrido y dijo que su padre le había regañado. Su madre le dijo que no pasaba nada, y al ver que ella no daba la importancia que él quería, se puso a decir mentiras. Estuvo calentando a su madre, hasta el punto en que la mujer se levantó y busco al padre, recuerdo los gritos y la discusión tan fuerte que tuvieron como si fuese ahora mismo. _Recuerdas como tergiverso en tu casa las cosas, y puso a tus padres de su lado_ comentó Víctor. _Eso no es nada, yo he sido testigo de cosas mucho peores que eso_ _Él no conoce la respuesta “no”, siempre ha buscado la forma de salirse con la suya, si no era de una manera, era de otra, pero al final, obtenía lo que quería_ _En selectividad, suspendió inglés, pues dijo a su padre que el profesor era gay y le había suspendido porque le había dado una negativa cuando esté le pidió que quedasen un día a tomar algo_ _El padre se puso hecho una furia y fue a hablar con el director del centro, el pobre profesor lo negó todo, estaba casado, pero él se puso casi a llorar, insistiendo que era verdad que el profesor le había acosado, al final despidieron al pobre profesor y le aprobaron el examen. _No me lo puedo creer, ¡consintió que despidiesen a un pobre trabajador, por no aprobarle ingles! _Ya ves… Jorge es así. _ ¡Pero qué vistes en él! ¿Cómo pudiste estar con un tío así? _Es un lobo disfrazado de cordero. _Si algún día te cruzas con él, lo ves o te busca o lo que sea, llámame o busca un policía o vete algún sitio donde haya gente, nunca te quedes a solas con él_ expresó con miedo en sus ojo, un miedo que hasta entonces nunca había visto. _No te preocupes, no cometeré el mismo error dos veces. _Es peligroso, Ruth. Ese mismo día, por la noche, volvimos a escuchar otra grabación gracias a los micrófonos que había instalado Víctor. Pudimos escuchar como Dani, le preguntaba si ya había solucionado el problema y él alterado y furioso le decía que no. Escuchamos como tiraba el ordenador al suelo y lo rompía. Me negué a escuchar más grabaciones, me daba miedo como hablaba y las barbaridades que decía.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo XII Atrapada Era jueves, habían pasado cinco días desde nuestra escapada nocturna, cuando recibí un correo electrónico de Jorge al ordenador. Me dispuse a borrarlo sin abrirlo, como hacía cada vez que veía que era de él, pero leí sin intención, “Tú y tu novio = Cárcel” no pude por más que abrirlo y mirar su contenido: Llámame si no quieres que enseñe a la policía un video tuyo y de tu novio donde aparecéis muy guapos los dos en mi dormitorio” Me asaltó el pánico al leer el mensaje. ¿Cómo podía saber lo que habíamos hecho, era imposible? ¿Un video? ¿De dónde había sacado él un video nuestro? Me senté en la cama levente nerviosa por lo leído, ¿Pero cómo? ¿Cómo lo sabe? Me preguntaba una y otra vez, únicamente encontré una explicación lógica, debía ser porque habrían colocado cámaras de seguridad dentro de su casa, aunque me extraño que Víctor con lo cuidadoso y metódico que era no se hubiese percatado de las cámaras. Borré de inmediato el correo, no quería que Víctor lo viese. A mi mente vinieron cientos de imágenes con forma de fotografía en las que me veía detrás de unos barrotes en la cárcel, otra vestida con un pantalón y camisa azul con un número de identificación en un lado, otra de Víctor sentado en un triste comedor de una cárcel. La tristeza y la amargura se apoderaron de mí. Estábamos perdidos, sentí ganas de llorar, pero no podía ya que Germán se encontraba en casa y podría escucharme. Cogí las llaves de casa, fui a un parque cercano, me senté en un banco y lloré hasta desahogadamente. Lloré y lloré hasta que de mis ojos no salían más lágrimas. Permanecí sentada en el banco sin poder pensar en nada, con los ojos abiertos sin pestañear, esperando tranquilizar el sofoco y poder llamar a Jorge. Cogí el teléfono y busqué su número, al momento contestó. _Por tú llamada me imagino que ya has visto mi correo_ dijo animado. _ ¿Qué quieres?_ respondí con un tono de voz serio. No deseaba cruzar más de dos palabras con él. _Hablar contigo. _Tú dirás_ recordé las palabras de Víctor, nunca jamás quedes a solas con él. _Por teléfono no, mejor nos vemos en el descampado detrás de mí facultad. _No_ _Yo contigo no quedo en ningún sitio, no quiero que se repita lo ocurrido en mi casa. _Bueno… elige tú el lugar. _En el Galaxy. _Vale, mañana a las cinco. Y colgué el teléfono. Después de reponerme de la llamada de teléfono subí a casa. El resto del día fue horrible, pero más horrible fue la noche. Vi pasar todas las horas en el despertador. Gracias a la débil luz de la luna que entraba por la ventana pude pasar toda la noche contemplando a Víctor mientras dormía.

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Confesiones de un ladrón Sentí que mis días junto a él llegaban a su fin. Probablemente Jorge usaría el chantaje para separarme de él. Esta vez no tenía ganas de hablar con nadie, ni mucho menos contar a Víctor lo ocurrido hasta estar segura de las intenciones de Jorge. Si no hubiese ido esa mañana a la facultad, nadie me habría echado de menos. No pude concentrarme ni comprender nada de lo que los profesores explicaban. En mi cabeza se reproducían las posibles conversaciones que mantendría con Jorge. Llegó la temida hora, a las cuatro y media cogí las llaves del coche para ir al encuentro. Llegué a las cinco menos diez y Jorge no estaba. Me acerqué a la barra y saludé cordialmente a Raúl, era dueño del bar. Le pedí un café solo con hielo, ya que no había dormido nada y sentía como el sueño se apoderaba de mí. Me llevé conmigo el café y me senté en una mesa frente al televisor. No habrían pasado ni cinco minutos cuando sentí abrirse la puerta del bar y vi entrar a Jorge. Sentí como mi cuerpo se ponía rígido y el estómago me daba un pinchazo que por poco me dobla del dolor. No hice ningún gesto, ninguna intención por saludar, permanecí inmóvil, quieta en mi silla. Se sentó frente a mí, me miró fijamente a los ojos, cuando de repente escuché como esbozaba unas pequeñas carcajadas, acto seguido dijo con aire de satisfacción _Ruth… Ruth… Ruth… me lo has puesto a huevo. _ ¿Qué te he puesto a huevo?_ pregunté. _Cualquier cosa que quiera de ti_ _Con el video que tengo, no podrás negarte a nada de lo que pida. _Eso no te lo crees ni tú_ contesté cínicamente. _Harás lo que yo diga_ dijo con rotundidad y seguridad _Si quiero que lamas mis zapatos con la lengua, lo harás. No pude más que decir _Ojala te murieses ahora mismo. _ Antes de morir mandaría el video a la policía, sólo para putearte y joderte la vida_ dijo sonriendo _Pero que te he hecho para que me odies de esa manera, yo simplemente te he querido_ dijo con cara de cachorro desvalido. Era como estar delante de dos personas diferentes, una amable y al segundo se convertía en un ser despreciable y odioso. _Tú estás enfermo Jorge, es la única explicación_ _ ¿Me preguntas que me has hecho?, te parece poco, por tú culpa por poco entro en un coma etílico, me agrediste en mi propia casa, perdí a la mayoría de mis amigos por ti, me engañaste, me has fotografiado desnuda sin yo saberlo… quieres que siga diciendo cosas. _Eso son tonterías, además, tú tienes la culpa de todo. _ ¡Yo!_ exclamé. _Sí, tú_ _Tú y tú novio_ _Si os hubieseis estado quietecitos y no me hubieseis jodido el ordenador, nada de esto habría pasado. 130


Confesiones de un ladrón _ ¿Crees que permitiría que tuvieses esas fotos? _Yo sólo sé que me has jodido y ahora te tengo que joder la vida, ya no me podré masturbar con tus fotos. Me encantaba hacerlo. Le miré fijamente a los ojos y sólo pude decir _Eres un ser despreciable, un cabrón y estas pirado chaval. _Todo lo tú quieras pero quien tiene el video soy yo, y yo puedo mandarte a la cárcel y al guapito de tu novio también_ _Ahora mismo soy Dios, puedo hacer con vosotros lo que se me antoje_ dijo con satisfacción. _Pasó… no puedo seguir escuchando gilipolleces de un perturbado, me voy_ dije levantándome con ímpetu de la silla dispuesta a marcharme. _Siéntate ahí y no te muevas hasta que escuches lo que tengo que decir. _Pues date prisa y déjate de chorradas. _De momento se me antoja que dejes a tu novio_ _Eso es lo primero que vas hacer, luego ya veremos_. Cuando escuché decirlo, sentí que no podía respirar, mis mayores temores se habían hecho realidad. De nada serviría hablar con él de una forma razonable e intentar hacerle ver que con su forma de actuar jamás me conquistaría, pero debía intentarlo, no perdía nada por probar _Jorge ¿Qué crees que vas a conseguir con todo esto? _Recuperarte_ me contestó convencido. _De esta forma jamás, no te das cuenta que lo único que estas consiguiendo es que te odie. _Lo sé… pero solo será al principio, con el tiempo te olvidaras de él y todo volverá a ser como antes. _No quiero estar contigo y mucho menos revivir lo que teníamos. _ ¿Tan malo fue? _Sí Jorge, fue horrible. _Te prometo que esta vez será diferente, te haré feliz, ya verás_ dijo sonriendo dulcemente. Era imposible razonar con él, era como hablar con una pared. _Confundes querer con amar_ _Tú me has querido pero nunca me has amado de verdad_ le aclaré. _ ¿Desde cuándo te has convertido en una experta en el amor? _Desde que lo descubrí junto a él_ _Jamás le dejaré, prefiero ir a la cárcel. Además que tienes, un video nuestro en tu casa, con un buen abogado nos mandarán como mucho trabajos sociales, no tienes nada. _Crees que soy estúpido. Ya sé que el video no demuestra nada, pero resulta que esa misma noche alguien robo en mi casa_ dijo sonriendo. _Nosotros no fuimos_ confesé. Sonrió y dijo _Lo sé porque fui yo para incriminaros, con el video si podréis ir a la cárcel. Me sentí acorralada. Tenía respuestas para todo. Suspiré y añadí _Me da igual, prefiero ir a prisión antes que dejarle. _Tú lo puedes preferir, pero cómo crees que lo pasara él, seguro que va a tener un montón de novios_ _Crees que no se acordara de ti cuando este en las duchas y lo violen sin cesar los presos_ _Crees que con el tiempo no te hará responsable a ti de su desgracia, de que lo violen continuamente_ _Te culpará y te odiará por ello_ _haz la prueba a ver si no llevo razón, ¡tú no le dejes! 131


Confesiones de un ladrón Me levanté al sentir lágrimas florecer en mis ojos. Me dispuse a marcharme cuando me sujetó fuertemente por la muñeca haciéndome daño _Tienes cinco días para dejarle y volver a vivir en tu casa, si no lo haces ya sabes lo que ocurrirá, estas avisada. _El café lo pagas tú_ dije con desprecio. Salí del bar apresuradamente. Corrí la calle desesperada por montarme en el coche. Nada más entrar me estremecí en un llanto e histeria que duro varios minutos. Una vez que me había sosegado y tranquilizado, conduje hasta casa de Berta. Estaba dispuesta a ir a la cárcel, no cedería ante su chantaje, pero no podría soportar la idea de que Víctor sufriera alguna lesión como Jorge había insinuado. Probablemente sería todo mentira lo que había contado, lo habría dicho para meterme miedo, pero necesitaba hablar con Berta, que me asegurase que así era. Aparqué delante de su puerta y llamé al móvil mientras salía del coche y esperaba apoyada contra un lateral. _ ¡Dime!_ exclamó al ver que era yo quien llamaba. _Estoy delante de tu casa, ¿puedes salir? _ ¿Por qué no entras? _Mejor sal tú, ¿puedes? _Sí, voy ahora mismo. Tardó unos escasos minutos en salir de su casa, cuando escuche decir: _ ¿Qué pasa, por qué no entras? Cuando me giré pudo ver mi rostro enrojecido por el llanto asustándose_ ¿Qué te pasa, estás bien, has llorado? _No estoy bien Berta, mi vida se ha ido a pique_ dije entre lágrimas _Estoy destrozada_ Sentía que nada de lo que estaba pasando tenía sentido para mí. _Me estas asustando_ _ ¿Lo has dejado con Víctor? _No, peor. _Entonces… no entiendo, ¿Estas embarazada? _No, peor. _Dímelo por qué me estas poniendo de los nervios. _Aquí no_ _Vamos a un sitio tranquilo donde podamos hablar. La di las llaves del coche y condujo hasta las afueras de Alcobendas. Paró en un gran parque donde apenas había gente. _ ¿Te parece bien aquí?_ preguntó mirándome. _Sí, es perfecto_ respondí desanimada. Paseamos durante un rato en silencio hasta un lugar donde apenas había gente, quería hablar sin estar pendiente que alguien pudiese escuchar. Narré detenidamente todo lo que había ocurrido. Decidí empezar con la llamada de Gloria y terminé con mi reunión con Jorge. _ ¿Tú crees que eso pasa en las cárceles?_ pregunté dejando ver el miedo en mi voz. Berta permaneció unos segundos en silencio y dijo _Sí, mi padre defendía a un preso y una de las veces que fue para tener una reunión le dijeron que estaba en el hospital porque le habían rajado y le tuvieron que dar doce puntos de sutura. _ ¡Por Dios no me digas eso!_ dije histérica levantándome del banco. 132


Confesiones de un ladrón _Sólo te he dicho la verdad, le podría ocurrir a Víctor_ Con su confirmación supe que debía hacer. Tenía muy claro la decisión que debía tomar. _Déjale por su bien, haz lo que ese hijo… dice. _Lo sé, pero me voy a morir Berta si no estoy con él_ dije mientras me sentaba de nuevo en el banco. _Tienes que ser fuerte y protegerle, no puedes consentir que vaya a la cárcel. Respiré profundamente levantándome del banco nuevamente mientras daba pequeños pasos observada por Berta. _Está bien, lo haré_ dije mientras me secaba las lágrimas con la palma de la mano. _ ¿Pero cómo os pudo grabar?_ preguntó indignada frunciendo el ceño _Supongo que tendría una cámara en su dormitorio_ _Menos mal que no sabe nada de los micrófonos. _ ¿Para qué poner una cámara? _Le gustará grabarse cuando se acuesta con alguna chica, no encuentro otra explicación, mira las fotografías que tenía. _ ¿Pero cuando te pudo sacar esas fotos? _Te juro que no recuerdo ni cuándo, ni cómo. _Qué cerdo, nunca habría imaginado algo así de él. _ ¿Y qué le digo Berta?_ pregunté con amargura. _Búscate una buena excusa_ _Bueno… una excusa_ respondió desanimada. _No me va a creer, no va a creer nada de lo que le diga, le conozco. _ ¡Y sí le cuentas la verdad!_ añadió con cierto aire de esperanza. _No… es capaz de ir a por Jorge o consentir ir a la cárcel, ni loca, no pienso contarle nada. _Sé optimista, quizás pasado un año Jorge se olvide del video y puedas estar otra vez con él. _Qué va, primero Jorge no lo olvidara así de fácil, y segundo Víctor con el tiempo se olvidará de mí, me odiará y reara su vida con alguna otra chica. _Lo siento_ dijo arqueando una ceja. _Le odio, te juro que odio a ese chico_ dije desde el fondo de mi corazón. En los diecinueve años de vida, nunca antes había experimentado este sentimiento tan profundo de odio hacía nadie, no conocía esta sensación de asco, repugnaría hacía otra persona. Había habido veces que alguna chica me había caído mal pero sólo quedaba en eso, nadie había despertado este sentimiento de odio más que él. _ ¡Por qué no le proporcionas ayuda, a ver si así entra en razón y recapacita! _Es que no puedo mirarle a la cara, te juro que ahora no puedo_ respondí. Ambas enmudecimos intentando encontrar una solución que no existía. _ ¿Cuándo vas a romper con él? _El último día, me ha dado cinco días, pues el miércoles_ _Disfrutaré estos pocos días que me quedan con él. _Por Dios Ruth, que horror, que duro tiene que ser_ _No me puedo imaginar si tuviese que dejar a Carlos, así… sin ningún motivo. _No te imaginas por lo que estoy pasando_ dije con lágrimas en los ojos sujetando mi cabeza con la mano. 133


Confesiones de un ladrón En un último intento de consuelo Berta dijo _Sé que no te resultará fácil pero con el tiempo acabaras rehaciendo tu vida, todo el mundo lo hace. Berta paso su brazo intentado consolarme, pero para esta situación no había consuelo alguno. _Bueno me voy a ir a casa_ dije dando un gran suspiro. _Estas más tranquila_ musitó dulcemente. _Sí, gracias tía, no sé qué haría si no te tuviese_ añadí mirándola fijamente a los ojos. _Más me tuviste tú que aguantar cuando empecé con Carlos. _Vaya dos almas en pena que estamos hechas_ dije riendo con tristeza. _Venga vámonos. Cuando llegué no había nadie en casa, llamé a Víctor y dijo que estaba en la nave y decidí ir, tenía claro que estos cinco días sería su sombra, ya me inventaría algo para romper. Cuando llegué y entré en la nave, le vi enredando con los ordenadores, había más de quince colocados todos en línea. Cuando se giró y vi su hermoso rostro sentí ganas de llorar, pero no podía hacerlo, así que respiré profundamente y mordí mi labio inferior haciéndome daño para poder dejar de sentir las ganas de llorar. Una vez que me concentré en el dolor físico y pasó mi pena, pude hablar. _ ¿Qué haces?_ dije sonriendo falsamente _Pareces muy liado. _Estoy comprobando si están bien conectados, hay uno que no se enciende_ _ ¿Qué tal estas?_ me preguntó cuándo aferré fuertemente mis brazos a su cintura mirándole fijamente. No le contesté, simplemente le besé, un beso que me supo a gloría vendita. _ ¿Quieres que te ayude con algo?_ pregunté después de separar nuestros labios. _No_ _Estoy haciendo tiempo hasta que llegué Germán_ añadió. _ ¿Dónde está? _Ha ido a comprar el material de la oficina_ _ ¿Cómo qué no estás en casa estudiando?_ No podía mentirle si le miraba a la cara y decidí soltarme, caminé entre los ordenadores dándole la espalda. Era la única forma en que le podía mentir. _No tenía ganas, además no tengo que ir hasta el miércoles_ dije mientras aporraceaba una tecla de un teclado. _ ¿Y eso? _Tenemos una especie de semana cultural, no hay clases, sólo actividades y conferencias_ Mentí descaradamente, dije lo primero que se me pasó por la mente pero Víctor desconocía todo lo relacionado con la universidad, por lo tanto no dudaría de mi palabra. Había decidido que estos días no iría a la facultad, necesitaba estar con él cada hora, cada minuto, cada segundo del día, después de abandonarle tendría tiempo de estudiar. _Genial entonces_ afirmó entusiasmado.

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Confesiones de un ladrón Esa noche hice el amor con él, pero no fue como las demás. El saber que lo iba a perder hizo que experimentase una fusión de sensaciones muy intensas. Mis sentidos estaban a flor de piel. Cada beso que daba a mi cuerpo, cada caricia que hacía a mi piel, provocaban que sintiese un placer y un éxtasis desbordante. Necesitaba sentir el calor de su cuerpo jadeante sobre el mío, sentir su suave piel sobre la mía, escuchar como murmuraba lo mucho que me amaba, lo mucho que me deseaba. Recordaría esta noche para el resto de mi vida. Los cuatro días restantes los viví intensamente, apenas dormía dos horas escasas. Durante el día lo pasaba con él, y por las noches después de hacer el amor, contemplaba fijamente durante horas su dulce rostro. Memoricé cada lunar, cada pequeña marca que tenía en su cara. Si cerraba los ojos y pensaba en él, su rostro llegaba a mi mente con toda claridad, como si mi mente fuese el reflejo de un espejo en el que él se miraba. Podía ver con toda nitidez una pequeña cicatriz en su ceja derecha y otra diminuta cicatriz debajo de su labio. Mientras le observaba sabía lo mucho que sufriría al dejarle, sentía húmedo el lado de mi almohada por las lágrimas que derramaba. El dolor que padecía había dejado sin apetito mi cuerpo. El martes estuve pensando cómo podía provocar una pelea o una situación que pudiese desencadenar a una ruptura, pero no encontré ninguna. Fue entonces cuando decidí que no provocaría nada, simplemente el miércoles, me marcharía sin más, recogería mis cosas, y desaparecería de su vida, sin dar una explicación, ni los motivos por los que marchaba. Ahora comprendía a Víctor cuando decía que era un cobarde, yo era igual de cobarde que él, aunque yo no lo llamaría cobardía, simplemente era posponer hasta el último minuto posible un sufrimiento innecesario a la persona amada. El martes por la noche sería la última noche que pasaría con él. Cuando nos fuimos a dormir, demostré mis intenciones de hacer el amor con él, cuando le estaba besando apasionadamente dijo _ ¿Qué te pasa estos días que estas tan cariñosa? _Estoy igual que siempre. _No, estas más que de costumbre_ añadió sonriente. _Es que no te gusta. _Si, pero es qué tanto amor me va a matar, estoy agotado_ en ese preciso instante pensé para mis adentros “No te preocupes a partir de mañana estarás solo” _Si no te apetece no hace falta que hagamos nada. Me miró maliciosamente y apago la luz haciéndome el amor apasionadamente. A las siete de la mañana sonó el despertador como de costumbre, Víctor se levantó y yo con él. _Hoy no voy acompañarte, prefiero quedarme a estudiar_ dije mientras estiraba las sábanas de la cama. _Como tú quieras, aunque te voy a echar de menos, me ha gustado que me ayudases estos días_ dijo mientras salía del dormitorio para ir a ducharse. Cuando escuché sus palabras cerré los ojos y suspiré profundamente sintiendo ganas de llorar, sentía un dolor tan grande que mordí fuertemente mi labio

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Confesiones de un ladrón intentando que el dolor físico hiciese desvanecer el sufrimiento y el dolor que sentía. No fui consciente del daño que me estaba haciendo hasta que sentí mi boca llena de sangre. Cuando Víctor entró y vio mi mano llena de sangre, corrió desesperado hacía a mí. _ ¿Qué te ha pasado?_ _Dios mío, estas sangrado muchísimo. _Me he mordido sin querer_ balbuceé a duras penas. Miró el interior del labio y exclamó _Hay que ir a urgencias, necesitas puntos. Me negué con la cabeza pero él insistió. Recibí cuatro puntos de sutura. Cuando regresamos de urgencias comentó que hoy sentía la necesidad de quedarse conmigo, cosa que jamás podría suceder porque hoy era el último día del ultimátum. Hoy debía marcharme de su casa, pero si él estaba nunca podría irme. _Por favor vete, estoy bien, esto es una tontería_ dije a duras penas. _Me quedaré, es lo bueno de ser uno el jefe. _Prefiero que te marches, si te quedas no estudiaré. _ ¿De verdad que vas a estar bien?_ preguntó. Su rostro manifestaba preocupación. _De verdad cariño, no es necesario que te quedes_ respondí sonriendo. _Te llamaré, y si necesitas algo llámame_ añadió. _Está bien, te llamaré si te necesito_ _Venga vete, que es muy tarde y tengo mucho que estudiar. _Vale…vale… ya me voy_ dijo cogiendo sus llaves de la mesa al ver que lo estaba echando de casa. Le acompañé a la puerta, cuando iba a salir dijo tristemente_ No quiero marcharme_ Por un segundo pensé que lo sabía, sabía que le iba abandonar. Le miré fijamente y dije _En ésta vida hay que hacer cosas aunque no queramos_ “Cómo voy hacer yo” pensé. Se acercó dejándome un delicado beso en la mejilla. Me abracé fuertemente a su cuello y le dije _Ya te echo de menos_ me miró y se marchó. Cerré la puerta de la calle lentamente, caminé despacio hacía el dormitorio, saqué del armario mi maleta y comencé a guardar toda mi ropa apenas sin doblar, guardé mis libros, saqué la funda del portátil guardándolo en el interior, recogí mis cosas del baño. Miré detenidamente el dormitorio asegurándome no dejarme nada. Ya le echaba de menos y hacía escasos minutos que se había marchado. Cogí una hoja en blanco de uno de mis cuadernos dispuesta a escribir una carta de despedida. Era lo mínimo que podía hacer, ya que no tenía el valor suficiente para romper cara a cara con él. Pensé y pensé que podía escribir, busqué cuales serían las palabras perfectas, las palabras que amortiguasen su dolor pero me di cuenta que no existían, por mucho que escribiese no haría que su dolor fuese menor. No existía la forma correcta, o menos cruel o la forma perfecta de dejar alguien. Guardé de nuevo la hoja en blanco y llamé a Berta para que pasara a recogerme. El tiempo que esperé hasta que Berta llegó, recorrí la casa memorizándola en mi cabeza, había sido tan feliz dentro de esas cuatro paredes.

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Confesiones de un ladrón Por fin sonó el móvil y salí de la casa sin mirar atrás, si lo hacía sería incapaz de marcharme. _Vámonos deprisa, sal de aquí_ dije ansiosa cuando monte en el coche. Incliné mi cabeza contra el cristal sintiendo su frío en mi piel. Contemplé pasar la ciudad, cada calle que dejábamos a tras me recordaba momentos vividos con él. Berta condujo rápido hasta que dejamos Rivas. Una vez que habíamos salido comenté _Dios mío, no quiero pensar cuando llegué a casa y vea que me he marchado…_ _Le va a destrozar. _Lo sé…_ _Pero lo hago por él. Me va a odiar el resto de su vida. _Da igual, tú haces lo correcto, Ruth_ _Probablemente te llame o vaya a tu casa. _Llamará, a mi casa no creo que se atreva a ir. Berta notó extraña mi forma de hablar y preguntó qué me había pasado, se sorprendió al ver mi herida y cuando la expliqué los motivos por los que me lo había hecho dijo _Ten cuidado tía, no te infrinjas más daño, creo que se te está yendo un poco la pinza. No presté atención a su comentario y saqué el móvil para ver las fotos que tenía con él. Berta aparco el coche delante de mi casa y dijo _Te espero, por si pasa algo. _De acuerdo_ contesté. Si en mi casa no me aceptaban, tenía pensado ir a casa de mi abuela paterna y pedirla que me dejase quedar con ella, si ella tampoco aceptaba entonces me iría a casa de Berta, hasta que encontrase una solución a mi problema. Ella era hija única y sus padres no se opondrían. Llamé y contesto mi madre _Mamá soy yo, Ruth. La puerta de la verja se abrió y vi a madre asomarse a la puerta de la casa. _ ¡Hija que alegría verte! ¿Cómo que has venido?_ dijo mientras bajaba los escalones del porche. _Mamá puedo volver, he discutido con Víctor_ dije entre lágrimas. _Nunca debiste haberte marchado_ contestó dulcemente. _Gracias, tengo mis cosas en el coche de Berta. _Te ayudo a traerlas_ dijo apresuradamente, como si pudiese cambiar de opinión y marcharme. Entre las tres, entramos lo poco que llevaba y lo subimos a mi cuarto. Cuando abrí la puerta de mi dormitorio, pude observar que mis padres lo mantenían todo igual, mi cama, mis libros, mis fotografías, abrí el armario y toda mi ropa estaba bien colocada, mejor que cuando yo la organizaba, sentí como si nunca me hubiese marchado, como si el tiempo que viví con Víctor hubiese sido un maravilloso sueño del que ahora me despertaba. Sentí rechazó, no quería regresar a mi casa de esta forma, por obligación. Siempre supe que vivir con Víctor no sería eterno, algún día cuando hiciese las paces con mis padres regresaría a mi casa, pero no de esta manera, con este sufrimiento. Pero no tenía otra opción, la casa donde había pasado casi cuatro meses maravillosos, ya no podía estar. Mientras miraba con detenimiento el resto del cuarto, escuché a mi madre como preguntaba muy bajito a Berta cuales habían sido los motivos de la discusión con Víctor, y ella que era la mejor amiga y la más leal dijo _Ya sabe el 137


Confesiones de un ladrón dicho… mucho querer hasta meter una vez…_ dijo con tono burlón, pero mi madre la interrumpió _Berta hija, no digas esas cosas. _Es verdad Bárbara, todos los tíos son unos cerdos_ añadió con cierto aire de guasa _Creo que la ha engañado_ añadió bajito y con un tono muy serio haciendo entender a mi madre que ese era el motivo real. Eso diría yo a todo el mundo cuando me preguntasen por mi ruptura “me ha engañado” era una excelente excusa, pasaba todos los días y a nadie le extrañaría. Esa fue la única vez que mi madre pregunto sobre mi relación con Víctor, a partir de aquel día nunca más se pronunció su nombre ni nada que me relacionase con él, era como si nunca le hubiesen conocido. Durante toda la mañana no dejé de mirar el reloj nerviosa. Temiendo que llegase las dos de la tarde, a esa hora Víctor llegaría a su casa y no encontraría señal alguna de mí. El saber que a esa hora su vida cambiaría, me hacía sentir como si pudiese pronosticar una catástrofe. A las dos y media recibí la temida llamada al móvil. Nerviosa y angustiada contesté. _ ¿Ruth, qué pasa?_ preguntó. Su voz era sería pero sosegada. Cerré los ojos y apreté con firmeza mis labios provocándome dolor, impidiendo así que mis lágrimas florecieran _ He vuelto a mi casa_ respondí. _Por favor explícame que pasa porque no entiendo nada Ruth, te juro que no lo entiendo. _Víctor no tienes que entender nada, he vuelto, es aquí donde quiero estar_ dije sería _Por favor no me hagas hablar, me duele el labio_ _Te prometo que te llamaré y te lo explicaré_ Promesa que jamás tenía pensado cumplir. Llamada que nunca realizaría. Pero ahora tenía la excusa perfecta para no tener que enfrentarme a él en estos momentos, para no tener que explicar porque le había dejado, ya que no tenía fuerzas para ello. _ No quiero que me llames, ni me des una explicación, no quiero volver a saber nada de ti, no mereces la pena_ dijo pudiendo percibir su enfado en su voz. Cuando colgué el teléfono sus palabras sonaron en mi cabeza “no mereces la pena” “no mereces la pena” “no mereces la pena” él pensaba eso de mí, que no merecía la pena, sentí como el dolor por sus palabras me embargaba, podía sentir con toda nitidez como mi corazón se desquebrajaba por el dolor. Me puse los cascos con la música bien alta con la esperanza que al escuchar las letras de las canciones me hiciesen olvidar sus últimas y duras palabras.

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Capítulo XIII Adiós mi amor Esa noche fue horrible. No pude dejar de llorar y llorar pensando en él. Añoraba su compañía, sus dulces caricias sobre mi piel, sus apasionados besos, sus brazos rodeando mi cuerpo antes de dormir. No podía imaginar cómo sería mi vida a partir de ahora sin él. Mis ojos se convirtieron en un inmenso manantial del que no dejaban de brotar lágrimas por su ausencia. No recuerdo la hora en que me dormí. Abrí los ojos al escuchar a mi madre llamar a la puerta. Por una décima de segundo el dolor había desaparecido y me sentí bien, nada del día anterior había ocurrido, yo no había abandonado a Víctor, pero al bajar la vista y ver mi cuarto la dura realidad regreso a mí volviendo el dolor. La insistencia de mi madre no me dejó otra opción que levantarme. Estaba destrozada, deprimida, no tenía la fuerza ni las ganas de levantarme de la cama, pero debía ir a la facultad. Fui al baño, miré mí rostro en el espejo viendo mis ojos inflamados por el llanto. Abrí el grifo del agua fría mojando mi cara con intención de bajar la hinchazón. Cuando me incorporé nuevamente para secar mi rostro y vi mi imagen reflejada en el espejo, rompí en un llanto de dolor, coloqué rápidamente la toalla en mi boca para que nadie pudiese escuchar los gritos de dolor. Cuanto tiempo tendría que pasar para que desapareciese la pena que sentía, una semana, un mes, un año, o quizás nunca iba a desaparecer. ¿Porque no existía una regla exacta para estos casos? Nunca me había dolido tanto terminar una relación ¿Sería porque nunca hasta ahora había conocido el verdadero amor? Según me dirigía a la facultad, comprendí que mi vida sería así a partir de ahora, una vida vacía, triste, sin ilusión, llena de dolor por la pérdida de Víctor, hasta que el tiempo hiciese su trabajo y poco a poco fuese superando la pérdida del ser amado. Estacioné el coche más lejos que de costumbre. Recogí mis libros del asiento trasero. Miré el reloj y vi que llegaba con tiempo de sobra. Observé a mi alrededor esperando encontrar alguna cara conocida para compartir el recorrido hasta la facultad, pero no fue así. Caminé despacio, inmersa en mis pensamientos hacía la entrada, cuando me llevé un susto de muerte. Alguien susurró mí nombre. No reconocí la voz al estar completamente abstraída en mi mundo. Giré mi cuerpo con curiosidad por ver quién me llamaba cuando vi su dulce rostro apoyado en un árbol. _ ¿Qué haces aquí?_ pregunté nerviosa al verle. No respondió a mi pregunta, comenzó a caminar lentamente parando a un metro escaso de mí. _ ¿Qué tal tu herida?_ musitó con dulzura sin percibir en su voz ningún signo de rencor. 139


Confesiones de un ladrón _Bien… está bien_ respondí pausadamente. _ Pero no creo que hayas venido hasta aquí para preguntar por mi herida ¿Qué haces aquí Víctor?_ pregunté angustiada, no tenía previsto esta visita inesperada. No tenía ninguna excusa o motivo preparado que decir. Debía mostrarme fuerte, dura, firme en mi decisión, no podía dejarme llevar por los sentimientos. _Quiero que me des una explicación, al menos me debes eso. _No habremos de quien debe más Víctor, saldrías perdiendo, tú me debes 70.000€_ dije demostrando dureza en mi voz. _ ¿Ese es el motivo?, pensé que me habías perdonado_ respondió confuso. Nunca se me dio bien interpretar las expresiones de la cara de la gente, pero esta vez supe que mis palabras le habían ocasionado dolor. Su rostro estaba dolido, su mandíbula contraída y sus ojos vidriosos por mis duras palabras. _Perdonado sí, pero no olvidado_ afirmé con rotundidad. Sintiéndome la persona más miserable y ruin del mundo por echarle en cara algo que hacía tiempo había perdonado. _ ¿Ya no quieres estar conmigo?_ preguntó con tristeza. _No_ _La convivencia no ha ayudado mucho_ dije mientras miraba al suelo al no soportar su mirada. _Pensé que estabas a gusto viviendo conmigo. La conversación se estaba alargando demasiado. Sentí como mi barbilla temblaba avisándome que había llegado el momento de terminar esta charla si no quería que me viese derrumbarme en breves momentos. Debía echarle de mi lado cuanto antes, no sabría cuánto podría soportar su presencia sin arrojarme a sus brazos y confesar toda la verdad. _No es divertido tener que hacer los trabajos de la casa_ _No me gustaba la vida que llevaba. _ ¡Y por qué no lo dijiste! no tenías ninguna obligación de hacer nada que no quisieses_ _ ¡Me has dejado por eso!_ exclamó irritado. _Más bien. _Ruth, me dejas alucinado, pensé que eras más madura. Ahora me doy cuenta que sólo eres una niñata malcriada_ al escuchar sus palabras sentí un dolor en mi pecho como jamás había experimentado. _ ¡Sí eso es lo que opinas!_ _A mí me parecen razones más que suficiente para dejar una relación. _Pues a mí no_ _Una relación se deja por algo más, cuando no hay amor, pero no por las tareas domésticas_ _Qué tengas suerte en la vida, y al próximo novio que tengas avísale que te ponga una doncella_ dijo de forma despreciable, supongo que quería humillarme. Dejarle marchar fue lo más duro. Deseaba correr y alcanzarle, contarle toda la verdad, suplicarle de rodillas que me perdonase, pero eso sería egoísta por mi parte. Debía dejarle marchar. Suspiré profundamente y caminé hacía la facultad mientras sus palabras retumbaban en mi cabeza, “niñata malcriada” no mereces la pena” “niñata malcriada” ¿Si él conociese las razones por las que había roto? me decía a mí misma, pero ya estaba hecho, por fin habían terminado mis temores. Él permanecería al margen de las manipulaciones de Jorge y no tendría que ir a la cárcel por mis errores. 140


Confesiones de un ladrón Así fue mi vida a partir de ese día, mucho peor de lo que había pronosticado. Una vida triste, vacía, sin ilusión ninguna salvo por mi carrera. Era lo único a lo que me aferraba, lo único que me animaba a levantarme cada mañana. Por el día procuraba estar ocupada cada minuto para no ser consciente de la lamentable vida que me esperaba, lo peor llegaba por las noches. La desesperación, el dolor, la angustia y el sufrimiento provocaban que cada noche no dejase de llorar por él. No pasaba ni un solo día en que no pensase en él o no mirase sus fotografías. Era incapaz de alejarle de mis pensamientos. Incluso cada vez que me conectaba al Messenger me esperanzaba la idea que estuviese mirando, que no me hubiese olvidado, pero al momento la desechaba al recordar sus palabras, “niñata malcriada”. Era obvio que me odiaba y no creo que le apeteciese ver mi careto después del daño que le había causado. Berta y Carlos se portaron francamente bien, no me dejaron sola ni un momento durante el primer mes. Me llamaban los fines de semana para que saliera con ellos, algunos iba y otros simplemente me quedaba en casa. Diciembre comenzó y pronto llegarían las navidades. El ambiente festivo se podía respirar en el aire. Las calles adornadas con multitudes de luces. Los dulces navideños ya se podían comprar en las tiendas, los comercios adornaban sus escaparates con sus mejores diseños para estas fechas. Todo el mundo haciendo sus preparativos. Decidiendo donde pasarían y con quien las fiestas salvo, yo. Yo sabía de ante mano con quien no las podría disfrutar, con quien no podría celebrar noche vieja, y a quien no podría hacer un regalo en reyes. Habían pasado dos días del nuevo mes cuando recibí la visita que llevaba esperando. _Ruth baja, Jorge está aquí_ escuché decir a mi madre. Nada más aparecer en el comedor, observé a ambos susurrar en bajito “De qué estarán hablando” pensé para mis adentros nada más verlos. Sabiendo que no sería nada bueno para mí. _Puedo hablar contigo_ dijo. Accedí con la cabeza, caminando con paso firme hacia la calle dejando en mi rostro una sonrisa fingida para que mi madre no sospechase nada. _Hija… subir a tu cuarto o hablar en la cocina, en la calle no, hace mucho frío_ comentó dejando de manifiesto su entusiasmo y alegría por vernos juntos de nuevo. _En la calle_ dije con desprecio. Mentalmente me dije que los perros como él debían estar en la calle. Una vez que estábamos en el porche pregunté _ ¿Qué quieres? _Ya ha pasado un meses desde que dejaste a tú novio, creo…_ No pude más que interrumpirle, este chico sufría una distensión a la hora de ver la realidad… _No, perdona, ha pasado un meses desde que tú me obligaste a dejar a mí novio. _Eso da igual_ _El sábado vamos a ir a Navacerrada a esquiar_ _Pasaré a recogerte por la mañana. _Jamás_ respondí en décimas de segundo. 141


Confesiones de un ladrón _No sé si no me he explicado con claridad o es que eres tan tonta que no lo has pillado_ dijo con sarcasmo _Tu harás lo que yo diga_ _Vendrás conmigo el sábado y todos los días que yo quiera_ añadió con desafío. _Antes prefiero morir que ir contigo a ningún sitio_ respondí sin dar tiempo a meditar mí respuesta. Únicamente expresé lo que sentía. _Pues como no te suicides, no veo otra solución_ _Por cierto, espero que a partir de ahora estés de mejor aspecto, no te vendría nada mal pintarte y arreglarte, últimamente no te cuidas y estas… horrorosa_ comentó dejando una patética expresión en su rostro. _Eres gilipollas_ dije con desprecio mientras daba un empujón con mi hombro provocando que se tambalease. Subí a mi cuarto cerrando la puerta de un portazo, necesitaba gritar, chillar, maldecirle, romper algo, tirar lo que fuese, necesitaba desahogar la rabia que vivía dentro de mí. Podía sentir como la sangre hervía dentro de mis venas. Registré con desesperación mi dormitorio en busca de algo que romper, cuando vi un pequeño oso de peluche que me había regalado durante el tiempo que estuvimos juntos, busqué y busqué con desesperación más objetos que me recordasen a él y los rompí en miles de pedazos deseando que desapareciese la ira que me poseía, pero no sentí alivio alguno ¿Era posible odiar tanto a una persona? ¿Podría alguna vez llegar a perdonarle por el daño que me estaba haciendo? Creo que no. Le odiaba, deseaba poder ahogarle con mis propias manos, deseaba provocarle un sufrimiento tan grande como el que yo estaba viviendo. Permanecí durante horas sentada en el suelo de mi cuarto compadeciéndome de mí misma. Arrepintiéndome por el error tan grande que cometí al no haberle denunciado cuando me agredió, ¿Por qué no lo hice, como pude ser tan estúpida? Recordé las palabras de Víctor, “Cometes un error” “Él es una amenaza para ti” ¿Por qué no le hice caso? Quizás si lo hubiese denunciado ahora no estaría así, tirada en el suelo lamentándome de mis errores. Me devané los sesos buscando una salida para no tener que salir con él, pero no encontré ninguna. Me sentía atrapada, sin escapatoria, nadie podía ayudarme, sentía que no tenía ningún tipo de esperanza para librarme de él ¿Por qué mis padres me hacían esto? Me preguntaba una y otra vez ¿Por qué no podía contar con ellos ahora que tanto los necesitaba? ¿Por qué Jorge hacía esto? ¿Por qué la vida era tan injusta conmigo? No encontrando respuesta alguna a tantas preguntas. No tenía muchas alternativas, o le acompañaba o ideaba algún plan para arruinar sus expectativas. Si accedía y le acompañaba conociendo a Jorge como le conocía, sabía que el chantaje sería a partir de ahora como el pan nuestro de cada día. Me haría chantaje con todo. La única manera de librarme de él era arruinar sus planes ¿Pero cómo? ¿Qué podría hacer para librarme de él? Me devane los sesos buscando una solución para mi problema pero no la encontré. Estaba a su completa merced, podría pedirme lo que quisiese y no me podría negar, debería acceder a todos sus deseos sin poner objeción alguna. El sábado llego. Jorge pasó a recogerme a las diez de la mañana como dijo. El viaje no fue muy agradable, él no dejaba de intentar entablar conversación hasta

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Confesiones de un ladrón que no pude más y dije _Qué quede claro. Te acompañaré donde tú quieras pero no me pidas se sea amable contigo_ _Te odio_ dije con dureza. Me miró dejando una sonrisa en sus labios ¿Acaso disfrutaba haciéndome daño? ¿Era tan despiadado que era incapaz de sentir remordimiento por sus actos? Era un ser carente de corazón, alma, sentimientos ni remordimientos. Colocó su mano sobre la mía. En un acto reflejo la aparte sintiendo repugnancia al sentir el tacto de su piel _No vuelvas a tocarme jamás_ le recriminé demostrando el desprecio que sentía por él. _Te aconsejo no cabrearme_ dijo con tono autoritario _Te tocaré cuando quiera y te besaré cuando me apetezca_ añadió con satisfacción, dejando una gran sonrisa en su rostro. _Algún día lo lamentaras_ susurré para mis adentros. Nos reunimos con su grupo de amigos que quedaron asombrados al verme junto a él. _ ¿Desde cuándo estáis juntos?_ preguntó Pedro. _Desde hoy_ dijo colocando su brazo alrededor de mis hombros. _Ya veremos…_ dije fingiendo una falsa sonrisa mientras me apartaba de él reuniéndome con Sara y Nuria, las únicas chicas que había en el grupo. Subimos a las pistas. No soportaba sus consejos, “cuidado con esto, cuidado con lo otro” como si realmente le importase que no me lastimase. Pero lo único que yo podía pensar era que el único que me hacía daño era él, estar con él. Pasado una hora fingí una caída aparatosa _Me he hecho daño en el tobillo_ dije cuando llegó a ver que me había pasado _No creo que por el momento pueda seguir esquiando, me duele bastante_ dije mientras me quejaba de dolor tocándome el tobillo. _Está bien, quédate aquí, yo seguiré_ comentó confiado cuando me dejo sentada en una cafetería. Nunca había sido una buena esquiadora, sabía lo justo para hacer algún descenso medianamente digno y no parecer un pato sobre el hielo. Esta vez mi poca destreza sirvió para que no dudase de mí palabra. El resto del día lo pase sola hasta la hora de comer en que nos reunimos todos. Después de comer ellos siguieron esquiando y yo compré un libro en la tienda de regalos. Así pase el resto de la tarde. Los días iban pasando y el dolor era tan devastador que se dejaba ver en mi rostro. El tiempo no me provocaba ningún tipo de alivio. Cada día le recordaba con más fuerza, le necesitaba con más desesperación, necesitaba verle, saber que era de él. Lo único que perdía fuerza era el motivo por el que le había dejado. Ahora no lo veía una razón con suficiente peso. Tenía que llamar muchas veces a Berta y que me recordará porque lo había hecho. _ ¿Qué tal tu salida?_ dijo Berta nada más verme. _Bien_ _Tan amable como es él_ dije sonriendo _Te llamó al móvil_ comenté. La llamé al móvil para hablar con ella. _ ¿Por qué no podemos hablar por el Messenger?_ preguntó. _No puedo hablar con libertad. ¿Si estuviese escuchando? _No creo, no ha dado señales de vida_ _Qué tal el día con Jorge_ dijo cambiando de conversación. _He fingido una caída y he pasado todo el día sola. 143


Confesiones de un ladrón _No ha intentado nada. _Hoy no, pero no tardará mucho. _ ¿Qué harás? _No lo sé… no quiero ni pensar que pueda pasar. El domingo Jorge me llamó a casa. _Ruth coge el teléfono, es para ti_ dijo mi hermana demostrando en su rostro el desagrado que sentía por él. _Sí_ Contesté. _ ¿Qué haces? _Estoy estudiando_ _Esta semana tengo varios exámenes. _Ayer lo pase muy bien contigo_ _ ¿Qué tal lo pasaste tú? _ ¿Tú que crees?_ dije dejando en mi rostro una mueca de desprecio. _Esta tarde pasaré a verte un rato. _Es mejor dejarlo para el próximo fin de semana, de verdad, tengo que estudiar. Vaciló unos segundos antes de responder _De acuerdo. _Adiós_ respondí colgando de inmediato el teléfono. Noelia no se marchó mientras había mantenido una breve charla con Jorge. Me dijo que quería hablar conmigo y subimos a su dormitorio. _ ¿Qué estás haciendo?_ preguntó extrañada nada más cerrar la puerta _Ya has olvidado lo que te hizo este verano_ repuso con brusquedad. _No. _Entonces… ¿De qué vas?, ¿Qué estás haciendo con él?_ preguntó confusa. _Se ha disculpado… y en fin… está siendo muy amable conmigo_ No sabía que inventar para justificar lo injustificable. _ ¿Estas saliendo con él? _No sé muy bien en qué punto estamos. _ ¡Te engaño con mi amiga! ¿Cómo le puedes perdonar a él y no perdonar a Víctor?_ _Prefiero que salgas en todo caso con Víctor_ _Él jamás te agrediría. _Métete en tus asuntos y déjame en paz_ dije mientras caminaba hacia la puerta. _ ¡Pero Ruth…!_ exclamó mi hermana. Nunca la había hablado de esa forma hasta hoy. Solo veía a Jorge los fines de semana. Llegó noche vieja y me pidió que fuésemos juntos a una fiesta. Su comportamiento comenzó a ser de nuevo igual. En la fiesta no dejo de mirar a todas las chicas que había allí, devorándolas con la mirada, aunque esta vez me era indiferente. Le vi hablando de una forma distinta con una de las chicas de la fiesta, y rezando deseé que se enamorase de ella para así me dejase en paz. Cuando estuvo saliendo con Gloria no dio señales de vida, tenía una nueva distracción, quizás si conocía a una nueva chica a mí me dejaría tranquila. Miré el reloj y vi que eran la cuatro de la mañana. Era una buena hora para marcharme y dejar el camino libre a aquella rubia que se lo comía con los ojos. _Me voy a marchar_ le comenté cuando me acerqué a él. _ ¡Tan pronto!_ respondió. _Estoy cansada. Miré de reojo a la joven que dejó su antipatía hacia mí de manifiesto. 144


Confesiones de un ladrón _Vale_ exclamó. Recogí mi abrigo. Me disponía a ir a su lado para despedirme cuando me pareció ver como hacía un movimiento extraño y muy rápido sobre una de las bebidas que estaba cogiendo ¿Ha echado algo? Me pregunté. Le observé llevar dos vasos en la mano y reunirse con la chica con la que había estado coqueteando durante toda la noche con él. Me quería marchar de aquella casa cuanto antes, pero me intrigaba saber si realmente era cierto lo que había visto o simplemente había sido una imaginación mía. Pero no estaba dispuesta a pasar un minuto más allí. Decidí que la próxima vez que le viese lo preguntaría. Pero nunca llegué a preguntárselo, como nunca le pregunté cómo termino la noche con aquella chica. Nada de lo que pudiese hacer me importaba.

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Confesiones de un ladrón Febrero comenzó, y mi dolor con él. Habían pasado tres meses y no encontraba consuelo. Las salidas eran continuas, al cine, a cenar en repetidas ocasiones, a distintas discotecas, en fin, donde él quería. Un viernes por la tarde recibí una llamada de Jorge. _Mañana por la noche pasaré a recogerte, iremos a cenar y luego saldremos con estos. _Vale… me parece bien_ _ ¿A qué hora pasaras a recogerme? _ ¿Qué agradable eres por teléfono?_ comentó. Siempre que hablaba por teléfono tenía muy presente los micrófonos que Víctor me había confesado poner en mi casa por eso me resultaba tan difícil hablar con él por teléfono ya que no podía arriesgarme a que Víctor notase algo extraño en mi comportamiento en el caso remoto que escuchase las conversaciones, pero al mismo tiempo no quería ser agradable con Jorge por miedo a que interpretase de forma errónea mi simpatía. _Que tonto eres_ dije fingiendo ser agradable. _Espero que mañana sigas tan simpática como hoy. _Te dejo, tengo que ducharme_ repuse. _Mañana a las diez estoy en tu casa. _De acuerdo. Llegó el sábado y Jorge pasó a recogerme como había prometido. Fuimos los dos solos a cenar. Ante todo el mundo nos mostrábamos como una pareja normal. Siempre me cogía de la mano y se portaba de forma muy educada, salvo cuando nos quedábamos solos. Al salir del restaurante caminamos hacía su coche cuando me cogió por la cintura intentándome besar. _No_ dije con firmeza. _Te besaré cuando quiera_ repuso con tono amenazador. _Ni se te ocurra_ dije mientras le apartaba de un empujón de mi lado. Me disponía a abrir la puerta del coche y subirme para que Jorge me llevara a mi casa, pero me abstuve de hacerlo al ver muy próximo un coche, se acercaba lentamente hacía nosotros cuando de repente sentí como una gran fuerza me empujaba quedando en el centro de la carretera a merced de los reflejos del conductor. El coche paró en seco, a escasos centímetros de mí y un chico bajo enfurecido. _Pero qué coño te pasa, estas borracha_ dijo enfadado _Por poco te atropello_ El hombre estaba fuera de sí por el susto que le había dado. No pude decir una sola palabra, mis piernas no dejaban de temblar, toda yo temblaba como un flan _Perdona estábamos jugando y…_ _Lo siento tío_ dijo Jorge disculpándose. El chico se volvió a montar en su coche y despareció en la noche. _Y ahora me dejaras que te bese_ dijo con aire victorioso. No pude negarme, el susto me había dejado sin palabras. Fue la primera vez que sentí auténtico miedo. Nunca en mi vida había sentido tanto miedo como

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Confesiones de un ladrón en ese momento. Fue entonces cuando supe que había puesto mi vida en peligro sólo para demostrarme quien mandaba de los dos. Supe que los jueguecitos con él habían terminado. Él era capaz de poner mi vida en peligro si no accedía a sus deseos. Nos despedimos en la puerta de mi casa. Me volvió a besar y esta vez no puse ninguna resistencia. _Te quiero tanto_ dijo mientras me besaba. Entré en casa sin saber muy bien cómo me sentía, aterrada, furiosa, dolida, no sabría decir que sentía en esos momentos. Pasé por el comedor para ir a mi dormitorio cuando vi a mi madre sola en el comedor viendo el televisor, fue entonces cuando sentí una rabia incontrolada, y supe quién era la persona correcta para descárgala, ella era la única persona que se alegraba de mi desgracia. _ ¿Qué pronto llegas?_ comentó al ver que me sentaba en el sofá frente a ella. _Me alegro que decidas salir con Jorge_ _Es el chico que te conviene y te quiere con locura_ no pude por más que esbozar una risa triste. _ ¿Mamá tú sabes lo que es el amor?_ pregunté. Crucé los brazos esperando una respuesta. _Como todo el mundo, yo también he estado enamorada_ respondió dejando ver una pincelada de nerviosismo. _ ¿Qué te enamoro de papa, él como hombre o su dinero? _Jovencita no te pases ni un pelo, soy tu madre, merezco un poco de respeto_ dijo señalándome con el dedo de forma amenazante. _Por eso te lo digo, ¿por qué no le dejaste? _ ¿A qué te refieres? _Mamá no te hagas la tonta, yo era pequeña pero lo recuerdo perfectamente. _ ¿Qué es lo que recuerdas? _Papá te abandono, recuerdo que estuvo fuera de casa unos días, tú nos mentiste, nos dijiste que se había ido de viaje, pero te escuché tener una conversación con la abuela_ _Lo que nunca he sabido ha sido si querías que volviese él o su dinero. _No te cruzo la cara porque ya eres una mujer. No pienso quedarme aquí para que me humilles_ _Siempre me has odiado y no sé el por qué. La miré fijamente y dije _No comparto tu forma de ver la vida_ _Para ti es más importante una suculenta cuenta corriente que tener dignidad_ Podía haberla dicho que no la odiaba. Ella era mi madre y la quería, claro que la quería, pero en estos momentos disfrutaba con que creyese que la odiaba. Yo sólo quería recuperar a mi madre, aquella mujer que siempre nos escuchaba y nos daba consejos, no ha esta mujer. Desde que se había asociado con la madre de Jorge había cambiado, se había vuelto como ella, una mujer dominante, manipuladora, que imponía su forma de vivir, sin dejarte opción a cometer tus propios errores en la vida. _ ¿Tú me hablas de dignidad?_ Tú y tus hermanas lo habéis tenido fácil, no os ha tocado pasar calamidades, yo sólo he querido que mis hijas lo tuviesen todo ¿Qué mal hay en eso, dime?

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Confesiones de un ladrón _Que nos hace ser desgraciadas_ confesé. _Te crees que lo sabes todo, que tienes respuestas para todo, que me puedes juzgar, pero te equivocas jovencita, tienes una idea falsa del amor_ dijo enfadada. _ ¿A qué te refieres? _El amor es un engaño. Está sobrevalorado. Sólo hay atracción al principio, cuando desaparece esa atracción surgen todo tipo de problemas que no lo puede solucionar salvo el dinero y si no lo tienes odiaras a la persona que creías amar. El odio será más grande que el amor que tenías al principio. La vida es bastante dura y el dinero te la hace más fácil, es lo que quiero que entiendas y tengas en cuenta a la hora de buscarte un novio. Esbocé una sonrisa de decepción y añadí _Yo conozco poco del amor. El único amor que conozco fue el que tuve con Víctor, pero lo que he vivido y he sentido junto a él, me gustaría mantenerlo por vida y jamás lo antepondría al dinero. Es posible que algún día muera esa pasión como tú dices, pero si fuese así no querría estar con él por el dinero o la posición. Entonces sí que le odiaría y me odiaría yo misma. Creo que en esta vida hay 2 tipos de personas, las que creen que lo material da la felicidad y los que han conocido el amor y lo mantienen vivo el mayor tiempo posible. _Estas tan confundida hija. Tu fallo es tú edad. Este verano te fuiste de casa a vivir con tu novio, supongo que te querría muchísimo, y te amaría y no habría otra como tú, ¿a que sí? y mira a donde estas ahora y que te hizo, te engaño, has tenido que volver a casa, pues imagínate si tuvieses hijos, ¿Y todavía crees en el amor? Se realista. Hablar con quien no quiere escuchar es malgastar un tiempo valioso. No podía contar por el momento la verdad de la historia, debía seguir haciéndoles creer que Víctor me había engañado. Decidí dar por zanjada la conversación y que sintiese que había ganado esta discusión. _Me voy acostar_ dije levantándome del sofá. A partir de ese día la relación con mi madre fue casi inexistente, pero yo sentí una sensación de calma.

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Capítulo XIV Una comida sin desperdicio Este fin de semana iba a ser solo de chicas. Por una vez después de tres meses de cautiverio iba a poder disfrutar de un fin de semana para mí, ya que durante los meses de mi prisión los había pasado con mi carcelero. Berta me llamó proponiéndome de forma jovial lo que iba a ser un fin de semana divertido. Ella dormiría en mi casa el viernes y yo en a la suya el sábado. Sus padres se había marchado al pueblo de su madre para dar una vuelta a la casa y Carlos tenía una cena de trabajo de la que no podía librarse. Antes de aceptar la invitación de Berta, debía pedir autorización a Jorge. Le llamé explicándole el plan y para mi sorpresa aceptó gustosamente, sin poner ningún tipo de objeción, cosa rara en él. Imaginé que debía tener otro plan mejor, probablemente con la chica que había conocido en noche vieja y por eso me dejaba ir. Algunas amigas me habían dicho que le habían visto varias veces con él. Berta llegó a mi casa sobre las nueve. Después de cenar salimos un rato. Fuimos a un pub algo destartalado que había en mi urbanización, así no tendríamos que coger el coche y ambas podíamos tomar una copa. _ ¿Aún piensas en él?_ preguntó después de que el camarero dejase sobre la mesa las bebidas. Me sorprendió su pregunta ya que ella evitaba hablar de él para no hacerme daño. _Como el primer día_ respondí guardando un breve silencio _Pero he aprendido a vivir sin él_ añadí cogiendo una gran bocanada de aire, dejando ver en mis labios una triste sonrisa mientras hundía los cubitos de hielo de mi copa con la ayuda de una pajita. _ Comprendes porque no puedo dejar a Carlos_ respondió Berta. _Ahora comprendo muchas cosas_ _Perdona si alguna vez he insinuado que no me gustaba para ti_ añadí entristecida, suplicando con la mirada que me perdonase si alguna vez se podría haber sentido molesta por mi actitud respecto a Carlos. No es que me cayese mal, pero siempre había tenido la impresión que Berta podía tener a alguien mejor. Quizás porque la quería tanto deseaba que tuviese al mejor chico, y ese era Carlos, ahora me daba cuenta.

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Confesiones de un ladrón Berta me regaló una sonrisa compasiva a la vez que apretaba mi mano con fuerza en señal de perdón _Sé que es muy parlanchín y a veces llega a ser un poco pesado, pero él es mi ying. Me dejé llevar por los sentimientos perdidos recordando lo que se sentía cuando compartes la vida con la persona que quieres _Te complementa hasta tal punto que no puedes estar sin él, es… como si te faltase tu otra mitad, como si estuvieses incompleta sin él_ comenté melancólica. Así era lo que yo sentía por Víctor. Él era el ying y yo el yang, ambos habíamos tenido tal grado de compenetración que si uno faltaba el otro estaba desequilibrado. Su perdida me había demostrado lo mucho que estábamos unidos, aunque en aquellos momentos no había sido consciente. Berta asintió con la cabeza dándome la razón. _ ¿Crees que algún día volveré a ser feliz?_ pregunté. Ya podía hablar sobre él sin emocionarme, sin sentir angustia. Por fin podía pensar en un futuro sin que me doliese. _ Recuperaras la alegría mucho antes de lo que tú te piensas, te lo prometo. _Ojala _ una larga pausa se interpuso entre las dos rompiéndola con _ ¿Crees que estará saliendo con alguna chica? _ ¿Tú que crees?_ respondió dejando una mueca divertida en su rostro. _Por un lado pienso que no, bueno… deseo que no, pero por otro lado siento que sí. _Pero era lo que tú querías, que él fuese feliz. _Era lo que debía hacer, no lo que quisiese, nunca quise dejarle. _Entiendo, pero él es un imán para las chicas y si no está con alguna muy pronto lo estará_ Su respuesta me dejó algo perpleja. Me gustaba la sinceridad, pero no cuando se refería a Víctor, no me importaba alguna pequeña mentira compasiva que suavizase la cruda realidad. _Cambiemos de tema que me voy a deprimir_ dije mientras pasaba mis manos sobre mi cabello. El resto de la noche charlamos sobre otros temas sin volver a pronunciar el nombre de Víctor. A las tres de la mañana Berta dijo que estaba cansada y la apetecía irse del local. El ambiente era un poco deprimente, un grupo de chicos jugando a los dardos y unas chicas bailando. A la mañana siguiente me desperté a las doce. Bajé a desayunar. Berta ya estaba levantada y había desayunado. _Buenos días_ dije cuando entre en la cocina y vi a Berta con Noelia conversando. _Buenos días_ respondieron ambas. 150


Confesiones de un ladrón _Arréglate pronto para irnos_ dijo. _ ¿Qué prisa tienes?, tus padres no están_ respondí al ver su impaciencia. _Es que he quedado con Carlos, va a pasar a recoger unas cosas. Acepté con la cabeza _ Desayuno y nos vamos_ añadí al ver lo ansiosa que estaba mi amiga por marcharnos a su casa. Una vez que desayuné, me duché, me arreglé y cogí ropa para el día siguiente, nos marchamos. _Voy a dejar la bolsa en tú cuarto_ comenté mientras la observaba desaparecer por el pasillo. _Vale, pero no te asustes, ayer no recogí la ropa_ escuché decir mientras entraba en su dormitorio. Llevaba razón, su cama parecía un puesto del rastro, había ropa y más ropa por donde mirases. Dejé la bolsa sobre una pequeña silla también llena de ropa y caminé hacía el comedor. Cuando entré, pude ver la mesa puesta. Conocía muy bien a mi amiga por lo que me extrañó que hubiese sido tan rápida en colocar todo, además la forma en que la había decorado era más apropiada para el día de San Valentín, que para una comida entre amigas _Si no supiese que no eres lesbiana, pensaría que me quieres seducir con esta presentación _ exclamé bromeando _Pero si has puesto hasta velas perfumadas _ añadí riendo al oler aquel dulce olor. _Mi madre solo las usa en navidad, así que hay que sacarlas provecho_ respondió con una mueca simpática en su rostro. _ ¿Tú madre no era alérgica?_ pregunté extrañada. _Sólo a los suavizantes y ambientadores_ _Las velas las tolera_ dijo nerviosa. No pude más que mirarla extrañada ¿por qué estaba tan nerviosa? _ ¿Te encuentras bien?_ la pregunté. Algo en su comportamiento era llamativo, ella era una chica tranquila, relajada, nunca se alteraba por nada y de repente estaba frenética, como si fuese a descubrir un turbio secreto que guardaba. Pero un delicioso olor procedente de la cocina me distrajo de la conversación que mantenía, no dejándola responder _ ¿Y ese olor?_ pregunté. Me era un olor familiar pero no podía reconocer de qué. _ ¿Qué nos ha dejado tu madre de comer? _Creo que carne en salsa_ respondió titubeando. Solamente tarde unos escasos segundos en saber la procedencia de aquél olor. Cerré los ojos deleitándome, di una gran bocanada de aire embriagada, como si fuese un delicado y caro perfume francés, cuando a mi mente llegó un recuerdo. Sentí como abría la puerta de la casa de Víctor, entraba en el recibidor, miraba a la cocina y allí estaba él cocinando y el olor era el mismo. _ ¿Qué pasa?_ me preguntó. _Nada_ respondí _El olor de la comida me ha abierto el apetito_ añadí. Aquél delicioso olor me hizo la boca agua. 151


Confesiones de un ladrón _ He puesto la olla a fuego lento_ _Voy a salir un momento al coche, me he dejado una cosa_ _Vigila la comida que no se queme. _ ¿Y cuándo sabré que esta lista?_ pregunté angustiada por la repentina responsabilidad otorgada mientras la observaba alejarse. _Ella te lo dirá_ dijo sonriendo mientras salía del comedor. “Pues a buena ha dejado encargada de la comida” “Y que ella me lo dirá, como si pudiese hablar” me decía a mí misma protestando como si fuese una abuelita refunfuñona “Hoy no comemos” pensé mientras me dirigía a la cocina. Abrí la puerta de la cocina, no pudiendo creer lo que mis ojos estaban viendo ¡No podía ser! ¿Qué clase de broma cruel me estaban gastando? ¿Pero qué coño le pasaba a Berta? Esto no tenía ni una pizca de gracia. Era una broma de muy mal gusto. _ ¡Tú!_ exclamé pasmada _Pero…_ no podía hablar, quería preguntarle ¿Qué estaba haciendo en su casa? ¿Por qué ella le había invitado? pero no podía pronunciar las palabras. _Berta quería probar mi estofado_ musitó dulcemente respondiendo a mi pregunta inexistente. Sentí que me iba a desmayar. Escuchar de nuevo su dulce voz, tenerle de nuevo ante mí, poder verle otra vez, no sabía si era un sueño o imaginaciones mías. Pero las palabras no brotaban de mi garganta. _ ¿Te quieres sentar?_ Preguntó al ver mi palidez. La respiración se iba volviendo poco a poco más agitada, mi corazón se desboco, los nervios se iban apoderando de mí, todo mi cuerpo se contrajo por la tensión. No pude hacerle una sola pregunta. Me giré y salí en busca de la amiga la traidora ¿En qué estaba pensando al invitarle? ¿Es qué no recordaba lo mal que lo había pasado? ¿Qué creía que iba a ocurrir si nos reunía? Con razón había estado todo el día nerviosa, me había preparado una buena encerrona ¿Pero por qué lo había preparado? Corrí hacía la puerta de la calle en busca de una explicación. Sentía como la histeria se iba apoderando lentamente de mí. Tiré y tiré con fuerza de la manivela pero la puerta estaba cerrada con llave. Miré por la ventana y la vi sentada tranquilamente con su móvil en la mano, en el pequeño banco que había en el porche. Abrí la ventana y exclamé enfadada _ ¡Berta, de que vas!_ _ ¿Sabes lo que estás haciendo?

_ ¡No puedo invitar a un amigo a comer!_ exclamó. ¿Acaso pretendía ser graciosa? Porque yo no encontraba la gracia por ningún lado. _No te das cuenta que nada ha cambiado_ _El peligro sigue estando ahí_ comenté angustiada.

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Confesiones de un ladrón _Las cosas sí han cambiado_ repuso con una leve sonrisa _Tú habla con él_ dijo abriendo sus ojos como platos. _Por favor abre la maldita puerta y deja que me marche a mi casa_ comenté suplicando _No te das cuenta del daño que me estás haciendo_ añadí mientras unas pequeñas lágrimas brotaban de mis ojos. Berta se acercó a la ventana y sujetó con sus manos los barrotes que nos separaban _Tú sólo habla con él_ _Escucha lo que tiene que decir, por favor_ pude ver sus ojos enrojecidos. Quería poder decirla tantas cosas, pero me sentía mareada. No sabía si era la casa o yo, pero todo giraba a mí alrededor. _Vendré esta noche_ dijo mientras caminaba por el estrecho y pequeño paseo que conducía a la calle. Me tomé unos minutos para tranquilizarme y recobrar el aliento, antes de enfrentarme a él. Caminé despacio, sin prisa hasta que entré en el comedor y le vi sentado en la mesa. Me apoyé sobre el marco de la puerta observándole. Nuestras miradas se cruzaron desde los extremos del comedor y sentí como el corazón me daba fuertes latidos y mis manos comenzaban a sudar. Supe de inmediato que sería incapaz de enfrentarme a él. _No puedes presentarte aquí_ dije negando con la cabeza _ Si te dejé fue por un motivo y nada ha cambiado_ dije seria _Estas perdiendo el tiempo_ añadí. _ ¿Quieres comer?_ preguntó como si no hubiese escuchado nada de lo que acababa de decir. Miré los platos y vi que había servido la comida. El olor que desprendían era delicioso pero yo de repente había perdido el apetito. _No tengo hambre_ dije lentamente. Noté un nudo en la garganta sintiendo un ligero dolor. _Te importa si como yo. No respondí, tan sólo me limité a mover la cabeza. _ ¿Te podrías sentar aquí?_ _No me gusta comer solo en la mesa. Asentí. Me dirigí a la silla que había girado para mí, caminando hacia él igual que un zombi, como si su voz me hubiese hechizado. Me encontraba sentada a unos escasos treinta centímetros de él. Miré su rostro y me estremecí. No podía mirarle a la cara, bajé la vista y la fijé en los diminutos dibujos del plato. _ ¿A qué has venido?_ pregunté con un hilo de voz, sin levantar la vista de aquel maldito plato. Era lo único que me ayudaba a no cometer una locura y arrojarme a sus brazos. _Te he traído un regalo_ respondió con dulzura. ¿De qué iba todo esto? ¿Por qué él actuaba como si nada hubiese pasado? ¿Cómo si nunca nos hubiésemos

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Confesiones de un ladrón separado? ¿Qué pretendía conseguir con todo esto? ¿Por qué no se mostraba enfadado? _Las fiestas han pasado y no es mi cumpleaños. No lo quiero_ respondí sin dejar la menor pizca de emoción en mi voz. Era una situación complicada e incómoda. Por un lado tenía ante mí al chico que amaba, quien me hacía feliz, pero por otro lado nada había cambiado, Jorge aún le podría mandar a la cárcel si se enteraba que había estado con él. _Antes de rechazarlo deberías saber que es_ comentó. _Sólo quiero irme a mi casa_ confesé. _Tengo la llave de la puerta, si después de verlo sigues queriendo te ir, yo mismo te llevaré. Un incómodo silencio nos envolvió. Recordándome al día en que nos conocimos, aunque esta vez, si yo no hablaba no era porque no supiese que decir, sino que no quería decir nada. _ ¿Qué tal te van los estudios?_ preguntó con amabilidad. Una amabilidad que me estaba poniendo de los nervios. _Bien_ respondí seria sin dar importancia a sus preguntas. _Cuando he dicho que venía a verte todos me han dado recuerdos para ti. _ ¿Que todos?_ pregunté. No creo que Germán y Elena quisiesen mandarme recuerdos después del daño que había causado a su hermano. _Germán, Elena, mis amigos. Eso era mentira, era imposible, salvo que ellos no supiesen nada. En ese momento llegaron a mi mente algunas preguntas ¿Qué habría contado él de los motivos de nuestra ruptura? ¿Habría dicho la verdad o habría inventado alguna mentira? Lo desconocía. _Esta situación me recuerda al primer día en que te conocí_ _En persona_ dijo aclarando, queriendo sacar una sonrisa de mis labios. Me era imposible seguir fijando la mirada en un punto fijo cuando lo único que deseaba era poder mirarle. Levanté la vista y miré la llama de las velas, como se deshacían lentamente. _Pues a mí no_ respondí seca y de forma desagradable. _Estas tan guapa_ repuso con dulzura. No pude por más que levantar la vista y mirarle a los ojos. Aquellos ojos que eran mi perdición, que me hipnotizaban cada vez que los miraba, a los que nunca les pude mentir. La luz de las velas le favorecía y estaba irresistiblemente guapo. Durante unos segundos nuestras miradas se cruzaron mirándonos mutuamente. _ ¿Has terminado?_ _Me puedes dar el regalo para poderme marchar_ comenté de forma desagradable. Observé como su mandíbula se contraía, mi actitud le desagradaba. 154


Confesiones de un ladrón Se levantó, se dirigió hacía una pequeña bolsa de papel de color negro, de la que sacó unas carátulas y me las entregó. _ ¿Qué es esto?_ pregunté al ver unos DVD sin nombre. _Quiero que los veas y después decide si no quieres seguir conmigo. _No tienes muy buena memoria, yo rompí hace tres meses contigo_ le recordé con sarcasmo. _No_ repuso con firmeza _ Te obligaron a romper_ añadió molesto, como si se estuviese controlando _Si después de ver los videos no quieres seguir conmigo lo aceptaré de buen grado, jamás volveré a molestarte _ _Pero no permitiré que alguien rompa nuestra relación_ _La relación se terminará cuando tú lo decidas, no él_ dijo enfadado, elevando su voz como nunca le había escuchado. Su respuesta dejo mi sangre helada. “Lo sabe” “Sabe todo” supe que ya no tenía que seguir fingiendo, puesto que estaba claro que sabía que yo nunca le dejé por voluntad propia. Me levanté de la silla llevando conmigo las cinco carátulas con los DVD. _ ¿Los pongo?_ preguntó recuperando su tono habitual, mientras extendía su mano para que se los entregase. _Sí_ respondí mientras se los entregaba. Me senté frente al televisor. Abrió la bandeja del DVD y colocó en su interior el pequeño disco. A los pocos segundos salía las primeras imágenes. Eran de una pareja haciendo el amor “¿Pero esto qué es?” “¡Me ha puesto porno!” Me pregunté, pero a los pocos minutos reconocí al chico del video. _ ¿Ese es Jorge?_ le pregunté. _Sí. Seguía mirando aquellas imágenes y escuchaba como aquella indefensa cría no paraba de suplicar “Para” “No”. No tengo palabras con las que explicar lo que sentí. ¿Realmente estaba contemplando una violación? Se podría decir que era una mezcla entre horror, repulsa, incredulidad, al descubrir hasta donde alcanzaba su maldad. Ese monstruo parecía sentir placer con el sufrimiento que estaba causando aquella chica. Sentía que el poder que tenía sobre ella le excitaba más, las súplicas porque parase causan el efecto contrario, le llevaban a un estado de éxtasis. Fue como una revelación. Ahora se respondían muchas de mis preguntas, él llegaba a un estado de euforia y excitación al sentir el poder de su dominación. _ ¿Es lo que estoy imaginando?_ pregunté asustada. Incapaz de pronunciar aquella horrible palabra. _Sí. _ ¡Dios mío!_ exclamé horrorizada mientras me levantaba del sofá dando la espalda al televisor. No podía seguir viendo como ese… violaba a aquella pobre chica. 155


Confesiones de un ladrón Víctor apagó el DVD. _ ¿Qué hay en los demás?_ pregunté temiendo su respuesta, temiendo que dijese que había cinco violaciones más de aquel sádico. _Este es nuestro video_ _El que usa para chantajearte_ dijo mientras lo tiraba en la mesa cerca de mi lado. _El resto…_ No dejé que terminara de hablar _ ¿Ha violado a más chicas?_ pregunté con brusquedad, deseando escuchar que no existían más grabaciones. _Cuatro que yo sepa_ su respuesta me congelo la sangre. Cuatro violaciones, no podía creerlo. ¿Cómo había podido ir tan lejos? Cometer semejante atrocidad. Prácticamente habíamos crecido juntos, nuestras familias estaban muy unidas, habíamos veraneado en multitud de ocasiones juntos. Nuestros padres y hermanas eran íntimos amigos. Me resultaba muy duro descubrir en la clase de persona que se había convertido. _ ¿Pero cómo has conseguido estos videos? _Mejor no lo preguntes_ respondió dejando una mueca en su rostro, dándome a entender que no había sido de una forma muy legal. _ ¡Víctor que has hecho!_ exclamé mirándole a los ojos. _Lo que tenía que hacer_ respondió alzando su voz. _No te das cuenta que si los has obtenido de forma ilegal no servirán ante un juez_ _No lo podrán acusar de las violaciones_ añadí lentamente, no quería añadir más culpa de la que ya sentía. Por lo menos el año que estudie Derecho ahora me servía para saber que si una prueba había sido obtenida de forma ilegal no se podría usar ante un juez. _Yo sólo quería recuperar el video con el que te chantajeaba y me he encontrado con esto_ dijo encogiéndose de hombros. Intentando disculpar su metedura de pata. _ ¿Pero cómo sabías tú que me chantajeaba? _No mientes muy bien_ respondió dejando una leve sonrisa _Tus motivos dejaban que desear. _ ¿Pues me pareció ver que te lo creíste? _Elena despertó mis sospechas, me dijo que le parecía muy extraño que me dejaras_ _Pero tu hermana lo confirmó. _ ¿Mi hermana?_ _ ¿Y qué te dijo?_ pregunté completamente alucinada. _ ¿Cómo se te ocurrió decir que te había engañado?_ comentó algo molesto. _Fue lo primero que se me ocurrió_ respondí mientras retiraba un largo mechón de pelo de mi rostro. _Pues gracias por dejarme en tan buen lugar. _ ¿Qué querías que dijese?_ _No podía decir la verdad_ repuse con un pequeño movimiento de hombros. _ ¿Pero qué te dijo mi hermana?_ volví a preguntar.

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Confesiones de un ladrón _Que lo estabas pasando mal y que yo era un cerdo por haberte engañado_ confesó dejando una mueca en su rostro _Que llorabas por las noches y estabas muy triste. _Será entrometida_ _La pienso matar cuando la vea_ dije susurrando. _Estaba preocupada por ti. _Entonces… ¿todo este tiempo lo has sabido? _Sí. De repente comencé a sentirme enfadada. Según pasaba los segundos mi enfado se iba acrecentando. No sabía muy bien por qué, pero su respuesta me sentó como una patada en el estómago. ¿Había estado todo este tiempo preocupada y sintiendo mal por el daño que le había causado y en realidad no había sufrido? _Muchas gracias por no avisarme que lo sabias_ dije enfadada. Caminé hasta situarme frente a él _Dame las llaves_ le ordené mientras extendía mi mano. _Pero… Ruth_ dijo confuso sin saber a qué se debía mi repentino cambio de humor. _Víctor… dame las llaves_ volví a ordenarle con firmeza. _No hasta que me digas porque te has enfadado_ dijo mientras metía su mano en el bolsillo del pantalón protegiendo su contenido. _No te gustará escucharlo_ dije con ira en mi voz. _Te enfadas por que hablé con Berta o porque sabía lo que estaba ocurriendo_ _ ¡Dímelo!_. _ ¿Quieres saberlo? ¿De verdad quieres saberlo?_ pregunté enfadada, advirtiéndole por el tono de mi voz que no le iba a gustar la respuesta. _Por favor. _Estos tres meses han sido un infierno. Lo único que me alentaba era saber que tú estabas al margen de todo, que no sabías nada_ admití con rabia _ Y lo sabías todo y no has sido capaz de preocuparte por mí. Se mostraba molesto, nervioso, no dejaba de moverse por la habitación _Estás loca si piensas eso_ _ ¿Crees que si lo hubiese sabido te habría dejado marchar? _No me refiero a eso_ respondí a su pregunta. _ ¿Entonces a qué?_ preguntó confundido. _Déjalo nunca lo comprenderás. _Pues explícamelo_ _ ¿Si te hubiese preguntado por el chantaje lo habrías reconocido? _No_ _ ¡Claro que no! _ ¡Entonces, de qué estamos hablando!_ exclamó molesto _Explícame que he hecho yo_. No sabía si podría explicarlo porque yo misma no lo comprendía. No comprendía porque de repente estaba enfadada con él. Nada parecía tener 157


Confesiones de un ladrón sentido para mí aunque no podía evitar sentir lo que sentía _No he tenido a nadie. Sentía que a nadie le importaba lo que me sucediese, nadie que luchase por mí, que me protegiese de ese maniaco_ _Nadie con quien compartir lo que me estaba pasando_ confesé con la voz quebrada. Después de explicarle los motivos de mi enfado respiré profundamente conteniendo la respiración, procurando no dejar ganar a las ganas de llorar cuando de repente en décimas de segundo me vi rodeada por sus brazos. Los podía sentir pegados con fuerza a mi cuerpo, como si su vida dependiese de lo fuerte que me abrazase. Colocó una de sus manos sobre mi nuca inclinando mi cabeza sobre su hombro. Verme arropada por él provoco que me rindiese. Toda la entereza y fuerza que había mantenido durante estos tres largos meses desaparecieron con dos simples palabras que salieron de su boca. _Te quiero_ susurró en mi oído. Me abracé fuertemente a él, era lo único que deseaba. Di un gran suspiro mientras me abrazaba a él con más fuerza, con miedo a perderlo de nuevo, aspiré la dulce y primaveral fragancia que desprendía. Había echado tanto de menos aquel inconfundible olor. _Lo siento_ susurró _Me obsesioné en buscar la maldita cinta que me olvidé, no pensé en ti, en cómo te sentirías_ _Pero te juro que no he descansado ni un solo minuto hasta que la he encontrado. Le miré con detenimiento y pregunté _ ¿Pero cómo supiste que me chantajeaba con una grabación? _Elena me dio la pista_ _Me contó un caso en que a una chica la chantajeaban con una grabación. Nos separamos, nos miramos a los ojos y nos fundimos en un delicado beso que provoco que mis piernas se doblasen. _ ¿Y ahora que se supone que debemos hacer?_ pregunté con miedo en mi voz. _Ahora tú le puedes hacer chantaje_ _Te libraras para siempre de él. _No_ dije tajantemente mientras me separaba de sus brazos. _ ¿Por qué?_ su sonrisa se desvaneció. _No seré como él_ _ ¡Las ha violado!_ exclamé horrorizada. _Pero Ruth…_ _Es la única manera, no lo entiendes_ repuso confuso. _Esa no es la respuesta al problema_ _Pensaré en algo_ _Pero no pienso utilizar una violación para resolver mis problemas_ expresé de forma tajante. Podría tener ante mis manos una información muy valiosa, si era utilizada de forma inteligente, podría ser el arma que me liberase. Por otra parte, cabía la posibilidad de que no sirviera de nada si no sabíamos utilizarla para nuestro beneficio. Pasase lo que pasase no usaría a esas chicas. _Pensaremos algo_ _ Ahora estamos juntos en esto_ añadió con su tierna sonrisa. 158


Confesiones de un ladrón Un gruñido en mi estómago nos distrajo de la conversación _Creo que deberías comer algo. _Sí…tengo un hambre atroz. _Deja que te preparé algo. _No_ _El estofado está bien. _Pues te lo caliento. Víctor se dirigió a la cocina. Yo me quedé sentada en el sofá asimilando las imágenes que acababa de ver. Descubrir que Jorge había violado no me sorprendió en absoluto, él era capaz de cometer el acto más atroz sin sentir ningún tipo de remordimiento. Dejé por unos segundos mi mente en blanco cuando un recuerdo llegó a ella como un flas. Recordé la fiesta de noche vieja, al marcharme vi como echaba algo en la bebida de aquella chica y supe que era verdad. ¿Por qué las drogaba y las violaba? No tenía necesidad alguna, probablemente no todas las chicas se quisieran acostar con él, pero sí un gran números. Era guapo y divertido cuando quería. Víctor entró en el comedor trayendo con él la comida. Me senté en la mesa y comí mientras era observada por él. _Soy… un hacker_ confesó sin rodeos. Le miré extrañada por su repentina confesión. No comprendía porque de repente, así sin más, lo reconocía abiertamente. _Lo intuía_ confesé _Pero por qué ahora. _No deben existir secretos entre nosotros_ _Sólo nos distancian. _Estoy de acuerdo_ admití. _Gracias por venir el día de mi cumpleaños_ sugirió con una maravillosa sonrisa. El trozo de carne que estaba masticando se atraganto en mi garganta _ ¿Cómo sabes tú eso? Sonrió con dulzura y dijo_ ¿Recuerdas el día que revisé tu coche? _Sí. Me entregó su móvil y pude ver lo que parecía un mapa con cuatro señales rojas intermitentes _A todos nuestros coches les colocamos un chip de rastreo por si nos los roban_ _Coloqué uno en tu coche. _ ¿Entonces… te asomaste a la puerta de la nave porque sabías que yo estaba allí? _Sí. Supuse que algunos hábitos nunca iban a desaparecer. No pude por más que aceptarlo y sonreír. Lo amaba con locura y nada de lo que hiciese o dijese ya me enfadaría, no después de haberle recuperado. _ ¿Quieres que nos marchemos?_ preguntó dejando ver su maravillosa sonrisa. _Sí_ dije sonriendo. Sonriendo como nunca antes lo había hecho. 159


Confesiones de un ladrón Después de comer recogimos lo que habíamos ensuciado. Recogí mi bolsa y salimos de la casa. Víctor dejó la llave en el buzón como habían planeado. Cogimos el coche y fuimos a su casa. Durante el camino apenas hablamos. Mi mente no dejaba de pensar cómo podía deshacerme de Jorge con la información que ahora tenía. No encontrando nada, salvo el chantaje, pero esa opción estaba descartada. Estar de nuevo en su casa, me causo una sensación extraña, era como si hubiesen pasado siglos desde la última vez que había estado. Miré todo a mí alrededor y permanecía igual, no se había producido ningún cambio, y yo volvía a estar de nuevo en su vida. Me sentí como si aquel lugar fuese mi verdadero hogar, yo pertenecía allí, no me sentía fuera de lugar, encajaba como la última pieza de un puzle, a la perfección. Nos dirigimos a la habitación de los ordenadores. _Debes hacer una copia de los videos y devolverlos de donde los cogiste_ ordenen suavemente. _Los guarda en una caja de seguridad de un banco. ¿Sabes que también guarda las joyas que robo en su casa? _Me da igual_ _ ¿Puedes borrar el nuestro? _ No hace falta borrarlo, lo imantaré y quedará inservible. _ ¿Crees que tendrá copias de seguridad?_ pregunté. _De las violaciones, no_ respondió con seguridad _Del nuestro no lo sé… podría. _ ¿Por qué estás tan seguro que de las violaciones no? _En la caja de seguridad no dejé nada salvo las joyas, y en su casa jamás los tendría_ _ ¿Tu guardarías un video en tu casa que te impliqué en un delito? _No, claro que no_ _Si nuestra grabación no se ve y él no ha hecho una copia de seguridad_ insinué con una sonrisa en los labios. _Entonces, no tienes nada que temer_ _Sería nuestra palabra contra la suya.

Estaba dispuesta hacer cualquier cosa para salvar nuestra relación. Haría cuanto fuera necesario para deshacerme de Jorge pero siempre dentro de lo legal y sin aprovecharme del sufrimiento de aquellas chicas para mi beneficio propio. _Creo que lo primero que deberíamos hacer es buscar a esas chicas y enseñarlas los DVD_ comenté. _ ¿Qué conseguirás con eso? _No lo sé… pero ellas deben saber lo que las ha pasado_ argumenté encogiéndome de hombros. Víctor activó el programa con el que se veía con sus amigos. _Hola guapa, teníamos tantas ganas de volver a verte. 160


Confesiones de un ladrón Sonreí agradeciendo el cumplido _Seguro que tantas como yo_ respondí. Nunca habría imaginado que ver aquellos chicos me proporcionase tanta felicidad. _Ruth quiere localizar a las chicas_ comentó Víctor a sus amigos. _Deberíamos hacer una emisión no autorizada_ _Creo que es lo mejor. Que todo el mundo vea lo que ha hecho ese capullo_ dijo Roberto. _ ¿Qué es eso de emisión no autorizada?_ pregunté a Víctor. _Es acceder a medios de comunicación e introducir lo que tú quieras, en este caso fragmentos de los videos. _No_ añadí _Han sido violadas, ¿Cómo creéis que se sentirán si todo el mundo ve lo que las ha pasado?_ _Bastante han sufrido ya_ _Víctor eso no, por favor_ dije suplicando. _Está bien, cielo, no te preocupes no lo haremos. _Para localizarlas será conveniente entrar en alguna base de datos estatal_ comentó Guillermo. _Una vez un colega me dijo que accedió a una y no le costó trabajo, tienen un sistema de protección que es cavernícola_ _Él se quita las multas_ confesó riendo Javier. _De acuerdo_ dijo Víctor _Intentaremos reducir la búsqueda, pero aun así van a ser demasiadas_ añadió con preocupación. _ ¿Cuántas crees que habrá?_ pregunté. _Aun reduciendo son demasiadas_ respondió sujetando mi mano. _Da igual, miraremos una a una si es preciso_ añadí con desesperación. _Cielo… nos hemos tirado tres meses buscando la sucursal donde guardaba el video, esto podría llevarnos mucho más_ _Son miles de chicas. _Sería cojonudo tener un programa de reconocimiento facial_ comentó Guillermo. _Nada mal_ añadió pensativo Víctor. Le miré y vi en su rostro que la idea era un reto para él, lo estaba pensando. Recibí un mensaje de Berta al móvil provocándome una sonrisa, decía: “Perdóname” “Perdóname” “¿Habéis vuelto?” _Voy hablar con Berta_ dije mientras él permanecía hablando con sus amigos. Esa noche después de hacer el amor, me acurruqué contra él y dejé descansando mi cabeza sobre su pecho desnudo, mientras él me rodeaba con sus brazos delicadamente. Como si me fuese a romper. _Estoy feliz de tenerte de nuevo_ musitó. Sonreí mientras acariciaba lentamente su suave pecho _ ¿Y sí nunca podemos deshacernos de Jorge? ¿Qué vamos hacer? _ Esta vez será la definitiva_ _Encontraré a esas chicas cueste lo que cueste. _ ¿Por qué nunca quisiste admitir que eras un hacker? 161


Confesiones de un ladrón _Fue muy duro confesarte que era un ladrón. Si además añadía que era un hacker… tuve miedo_ _En los últimos tiempos el término hacker se ha degradado, lo han asociado a los ciber-ladrones o a los piratas cibernéticos y nosotros no tenemos nada que ver con eso. _ ¿Y qué diferencia hay?_ pregunté. _Mucha_ _A nosotros nos gustan los retos y contra más difíciles sean más grande es la satisfacción de entrar en algún sistema que sea impenetrable. No digo que no haya alguna oveja descarriada y ocasione algún daño, pero ese no es nuestro objetivo, no nos gusta causar daños. _Entonces, es sólo por la satisfacción de encontrar una grieta en un muro. _Sí_ afirmó. _No se puede explicar con palabras. Las mejores mentes del mundo crean sistemas carísimos y se jactan de decir que son los más seguros que hay en el mercado, que son infranqueables, herméticos y cuando tú, un simple chaval lo derribas, te da un subido que no te puedo explicar_ _Tú mejor que nadie sabes que no estoy orgulloso de las cosas que he hecho en mi vida, pero de ser un hacker si lo estoy. Le miré y sentí que estaba loca por él. Lo amaba con locura. Me abracé fuertemente a su cuerpo mientras sentía su mano acariciar mi cabello. Había echado tanto de menos nuestras charlas antes de dormir que me quedé dormida plácidamente entre sus brazos mientras le escuchaba hablar. Me despertó un mal sueño. Miré el reloj y vi que eran las cinco de la mañana y él no estaba a mi lado. Por un segundo pensé que todo había sido un maravilloso sueño, pero irreal. Fijé la vista al frente reconociendo un gran cuadro que tenía Víctor colocado en su pared. Respiré aliviada al saber que todo era real, que estaba en su dormitorio. Salí del cuarto en su busca. Abrí lentamente el cuarto de los ordenadores y le encontré trabajando _ ¿Qué haces?_ pregunté susurrando. _ ¡Tú deberías estar durmiendo!_ respondió bajito. _Me he despertado_ _ ¿Qué haces?_ dije repitiendo la pregunta. _No puedo dormir, estoy intentando crear un programa. _ ¿Para?_ pregunté mientras me sentaba en sus piernas. _Para que nos sea más fácil y rápido buscar a las chicas. Estoy intentando crear un reconocedor facial. _ ¿Eso nos ayudará a ir más rápido? _Mucho más_ _Vete a la cama, cielo. _Ven conmigo, no quiero estar sola_ dije mientras cogía su mano. Se levantó del sillón abrazándome con fuerza _Nunca más estarás sola. Al día siguiente cuando llegué a casa sabía que debía mantener una charla con mi hermana Noelia. Primero pensaba regañarla por ser una entrometida y meterse en mis asuntos, bastante tenía ya con mi madre, y después de la regañina le daría las gracias por un ser una entrometida. Por fin llegó la persona que deseaba ver. La dije que quería hablar a solas con ella.

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Confesiones de un ladrón Subimos a su cuarto y cerré la puerta, mientras ella se descalzaba la dije irritada._ ¿Cómo has podido hacerlo? Me miró espantada y rompiendo a llorar dijo _Lo siento, no sé cómo pude hacerlo, pero era tan guapo, me dijo aquellas cosas, que no pude resistirme, y me enrollé con él, pero te juro que estoy muy arrepentida_ _No se lo cuentes a Alberto_ dijo desesperada por que la creyese. _ ¿Has puesto los cuernos Alberto?_ pregunté incrédula por lo que acababa de escuchar. _ ¿A qué te referías?_ preguntó atónita descubriendo que yo no me refería a eso. _ Tú llamada a Víctor. Me miró confusa. _Yo no he llamado a Víctor, es más, no sé nada de él, ni quiero saber después de lo que te hizo. Quedé helada, si Noelia no había sido ¿Quién le había llamado avisándole? Sólo podía ser una persona, la única hermana que quedaba, pero no podía creer que ella hubiese hecho una cosa semejante. Sólo tenía nueve años. _Luego hablamos de lo qué has hecho_ dije a Noelia y salí de su cuarto dirección al de Soraya. Entré y la vi haciendo los deberes _ ¿Llamaste a Víctor?_ _Sí_ respondió con total naturalidad. _ ¿Por qué lo hiciste, enana? _ ¿Y tú por qué mentiste? _ ¿Cómo dices? _Sí, no te hagas la tonta, lo sé todo, sé que Víctor no te engaño_ respondió remilgadamente. _ ¿Pero por qué lo hiciste? _Cuando llegaste a casa y contaste que te había engañado, quise defenderte y decirle que era un cerdo por haber engañado, cogí su número de tu móvil, y le llamé. _ ¡Llevas todo este tiempo hablando con él! _Sí, le llamo a menudo. _Y qué le has contado de mí. _Todo, que llorabas por las noches, y que le echas de menos y que yo creía que todavía le seguías queriendo. _Pero enana, tú qué sabes de lo que yo siento por él. _Soy pequeña pero no tonta, me doy cuenta perfectamente de todo, y tú pones la misma cara que yo cuando veo a Cristian. _ ¿Y Cristian es…? _Un chico que me gusta de mi clase_ _ ¿Por qué mentiste? por qué le echaste a él la culpa_ dijo pidiéndome explicaciones. No pude evitar pensar que está no era mi hermana, la habían cambiado o lavado el cerebro, pero ya no era esa niña repelente, egoísta y mal criada. _No tuve otra opción, debía dejarle_ dije con cierta amargura. _ ¿Estas enfadada conmigo?_ preguntó poniendo la misma cara de tristeza como cuando la pillaba cotilleando en mis cosas o en mi ordenador. _No cariño, me alegró que le llamases.

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Confesiones de un ladrón _Yo también, nos hemos hecho muy buenos amigos, y me está ayudando a conquistar a Cristian_ por un segundo tuve la sensación que estaba hablando con una chica mayor, y no con mi hermana pequeña de nueve años. No pude por más que reír, _A mí también me gustaría ayudarte a conquistar a Cristian_ dije dulcemente. _Pues déjame tú camiseta negra, esa que tiene un gato de lentejuelas_ añadió eufórica. _Voy a hacer una cosa mejor, te voy a dar un gran consejo “Debes usar tu propia ropa, la mía te queda ridícula, y así no conquistaras a tu chico_ vi en su rostro que mi consejo no la había gustado demasiado. _Si quieres te puedo llevar a comprar ropa guay y un poco más de mayor que la que tienes_ _ ¿Qué me dices… te apetece ir conmigo el sábado de compras? _Sí_ exclamó con una gran sonrisa. _Pues no quedes con nadie para el sábado_ decidí no volver a hablarla como si no se enterase de nada, a partir de ahora la trataría con mayor respeto ya que se lo había ganado y me había demostrado que para sus años era más adulta de lo normal. _No lo haré_ respondió con una gran sonrisa.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo XV La alianza Un mes le llevó crear el programa. Era un imposible que él logro hacer posible sólo por mí. Trabajo muy duro, apenas dormía ni comía. Todo el tiempo lo dedicaba a devanarse los sesos en busca de las claves para poder desarrollar el programa que me salvaría de las garras de Jorge. Nos veíamos un ratito a través del Messenger y de vez en cuando alguna escapada furtiva. Parecíamos fugitivos perseguidos. Unas veces él me visitaba en la facultad, otras iba yo a su casa o a su trabajo. El cansancio se hacía notar en su rostro. Estaba fatigado y preocupado por no poder logarlo y me preocupaba que se hubiese obsesionado con aquel programa y le pudiese costar algún disgusto en su salud. Quedamos en que jamás me llamaría al móvil ya que Jorge de vez en cuando miraba mis llamadas. Respecto a Jorge todo permanecía igual. Salía con él cuando me lo pedía. No quería levantar ninguna sospecha hasta que encontrásemos aquellas chicas. Me sentía igual que un padre primerizo por la espera de su futuro hijo. No quería demostrar ningún tipo de impaciencia, y mucho menos presionarle más de lo que él mismo lo hacía, pero estaba completamente desquiciada, cada vez que hablaba con él esperaba que me diese la buena noticia y parecía que nunca llegaba. Llegó el mes de abril. Un jueves por la noche Víctor por fin me dio la buena noticia, ya tenía los nombres y direcciones que las cuatro chicas. El sábado puse la excusa de ir con Berta de compras y conduje hasta Rivas. Víctor y yo iríamos en busca de aquellas chicas. Lo único que sabía de ellas eran sus nombres y poco más, algunos datos poco relevantes. Se llamaban Lucia, Sandra, Ana y Paulina. Lucia era de Colombia. Tan sólo llevaba en España dos años. Sandra y Ana eran de Madrid y vivían en urbanizaciones cercanas a la mía y Paulina era de Polonia y llevaba cuatro años en España. Fuimos primero hablar con Lucia. Durante el corto trayecto hasta llegar a San Fernando, en lo único que podía pensar era como le daría semejante noticia. En mi mente reproduje el posible diálogo que mantendría con ella. ¿Cómo me podía presentar? ¿Cómo se lo diría? ¿Cómo reaccionaría ella a semejante noticia? Llamamos al telefonillo de su casa y contestó una señora, imaginando que sería su madre. La mujer nos dijo que no tardaría mucho en llegar. Lucia se encontraba en una parroquia cercana a su casa, tenía una actuación. Miramos el reloj. Eran las doce menos veinte y decidimos esperar. Nos sentamos en un banco de la acera. Mis piernas no dejaban de tamborear. _ ¿Estás nerviosa?_ preguntó mientras colocaba su mano sobre mi pierna para que parase.

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Confesiones de un ladrón _Un poco_ _Es que no sé cómo va a reaccionar_ _Y sí no quiere hablar conmigo, y sí cuando le expliqué el porqué de nuestra visita se enfada o no sé… dice que estoy loca. _Tranquila todo saldrá bien_ dijo mientras acariciaba mi mejilla. A las doce y cuarto la vimos llegar. Me levanté yo sola para que no se sintiese intimidada, ya que éramos completamente desconocidas pero con tanto en común. Me acerqué a la joven y pregunté_ ¿Perdona eres Lucia? _Sí_ respondió con desconfianza. _No me conoces pero quiero darte este video. Lleva mi teléfono por detrás. Cuando lo veas llámame por favor_ la dije. Toda la conversación que había mantenido en mi cabeza durante el viaje, desapareció a causa de los nervios. Estaba yo más asustada y nerviosa que ella. _ ¿Qué es?_ preguntó extrañada cuando aceptó el DVD. Sin saber que responder dije _Recuerdas haber conocido a un chico llamado Jorge. _Sí_ respondió mientras sus ojos dejaban ver destellos de odio. _Va sobre él_ dije seria _Creo que es conveniente que lo veas cuando estés tú sola. La chica asintió con la cabeza y añadió _De acuerdo. Tuve el presentimiento que ya imaginaba el contenido de aquel DVD. Los nervios desaparecieron nada más montar en el coche. Víctor condujo hasta Fuenlabrada donde vivía Paulina. ¿Dónde podría haber conocido Jorge a estas chicas que vivían tan alejadas las unas de otras? Llamé al telefonillo y contestó una joven _ ¿Eres paulina?_ pregunté. _Sí_ _ ¿Quién eres? _Me llamo Ruth y me gustaría poder hablar contigo, tengo una cosa que decirte_ respondí. Escuchamos como la joven nos abría la puerta del portal. _Subiré contigo_ dijo con una expresión de preocupación. Mientras subía en el ascensor me encontraba más relajada. El encuentro con Lucia no había sido tan desagradable y eso me había tranquilizado. Cuando el ascensor paró en el cuarto piso, una joven estaba esperándonos en la puerta. Nada más verla quede horrorizada. Estaba embarazada y muy avanzado por su tremenda barriga. Víctor se quedó junto al ascensor, alejado de nosotras para que la chica no se sintiese amenazada _ ¿Conociste a un chico llamado Jorge?_ Decidí que esa sería mi carta de presentación, con Lucia había funcionado, esperaba que con las demás también. _Tú crees_ dijo señalando su barriga. Saqué del bolso el video con su nombre y se lo entregué _Mi número está detrás, me gustaría que cuando lo hayas visto me llames_ _Creo que tenemos que hablar. _ ¿Tú que relación tienes con ese cerdo?_ preguntó con recelo. _Peor que la tuya_ respondí con sinceridad, haciéndola saber que no era su enemiga, sino una aliada. 166


Confesiones de un ladrón _Pasad estoy sola_ dijo abriendo la puerta dejándonos pasar. Víctor y yo nos miramos y aceptamos su invitación. Tuve la corazonada de que aquella chica ya sabía de ante mano el contenido del video y el porqué de nuestra visita. _No me hace falta verlo_ dijo _Sé que me violo. _ ¿Lo recuerdas?_ pregunté. _Vagamente_ _Pero este bombo no se hizo por el espíritu santo_ _Mi novio cree que es suyo y por el momento soy incapaz de decírselo_ confesó con sinceridad y pesar. Nadie mejor que yo podía entender en la encrucijada que se encontraba. Saber que vas a provocar daño a la persona que amas te hacer sentir mal. _ ¿Y no podría ser de tu novio?_ conjeturé deseando que así fuese. _Siempre hemos usado protección_ _Además sé con toda seguridad que no es de él_ exclamó apenada _Es de ese…_ añadió con rabia no pudiendo terminar de hablar _Porque tuve que ir aquella maldita fiesta. Debí haberme quedado en casa pero había discutido con mi novio y… en fin, quería salir y distraerme. _No lo pienses más o te volverás loca_ _Ha violado a tres chicas más_ repuse. No quería que se culpase o que pensase que había sido culpa suya, porque no lo era. El único culpable era él _Las estamos buscando para decírselo. _ ¿A ti también te ha violado?_ preguntó. _No_ respondí. Suspiré y añadí _Lo mío es algo más complicado, me chantajea. _ ¿Por qué no lo denunciaste?_ preguntó Víctor. _Lo único que sabía de él era su nombre, nada más_ _ ¿Qué podía hacer con eso?_ explicó Paulina. _Tranquila, ahora tienes el video que demuestra con toda claridad que te violo. _Tenemos que irnos aún nos quedan por buscar a dos chicas más, pero te llamaré_ repuse. _Gracias_ _No imaginas lo mucho que te agradezco que te preocupes por mí_ dijo con sinceridad mientras se ponía de pie para despedirnos. No pude responderla, simplemente sonreí y salimos de su casa. Llegamos al pueblo de la moraleja e imaginé que Ana y Sandra podrían conocerse, eran las únicas que vivían en la misma urbanización. Llamé primero a Sandra y no contestó nadie en su casa, bajamos unos metros más abajo y llamamos al telefonillo de Ana donde alguien contestó. _ ¿Esta Ana?_ pregunté. _Sí_ ¿Quién eres? _Me llamo Ruth, y me gustaría hablar con ella. _Espere un momento. La puerta del chalet se abrió asomándose una joven. _ ¿Qué quieres?_ preguntó nada más vernos. _Eres Ana. _Sí_ respondió con timidez. _Has conocido a un chico que se llama Jorge_ repuse. Bajó corriendo los escalones y salió a nuestro encuentro _Sí ¿Por qué?_ dijo confusa.

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Confesiones de un ladrón _Creo que deberías ver un video tuyo con él_ respondí mientras lo sacaba del bolso _Conoces a una chica que se llama Sandra_ añadí. _Sí, es amiga mía_ _Esta en mi casa ahora_ repuso con lentitud. _Mi número esta por detrás, cuando veas el video llámame. _Está bien_ _Te llamaremos_ Tuve el mismo presentimiento que con Lucia y Paulina, ella sabía de qué estaba hablando, si no hubiesen tenido ni idea de lo que hablaba lo más normal es que me hubiese preguntado ¿para qué me tenía que llamar? ¿De que teníamos que hablar? pero no dijo nada, era consciente de los motivos de mi presencia. Al día siguiente recibí la llamada de las cuatro chicas. Víctor y yo decidimos que nos reuniríamos en su casa para hablar, debíamos estar en un sitio donde nadie pudiese escuchar lo que se iba hablar. Elena fue a recoger a Lucia y a Paulina y yo recogía a Sandra y Ana. Germán y Elena también estuvieron presentes en la conversación ya que estaba al corriente de todo. Nos reunimos todos en el salón para hablar. Las jóvenes se sentaron y yo permanecí de pie. Estaba tan nerviosa que no podía estar sentada. _ ¿Habéis pensado en lo que vais hacer?_ las pregunté. _Denunciarlo_ _Creo que es lo que debimos haber hecho_ respondió Ana. _Pero nuestros padres se enteraran de todo_ repuso Sandra angustiada _Que vergüenza, mi padre me va a matar_ repuso tapándose la cara con las manos. _No tienes de que avergonzarte, no hiciste nada malo _ repuso Elena dejando caer su mano sobre su hombro _Tus padres lo comprenderán_ añadió mientras consolaba a Sandra. _Supuestamente ese fin de semana me quedé en casa para estudiar, y en vez de hacerlo, me fui a una fiesta_ _Digas lo que digas, mi padre me va a matar_ respondió Sandra levemente nerviosa. _Sandra, si no estás segura no tienes por qué hacerlo_ repuse al ver en el estado de ansiedad en el que se encontraba. _ ¡Joder Sandra! Ahora no puedes echarte atrás_ _Cómo crees que me siento por haberte convencido de que me acompañaras_ _No dejó pensar en aquella maldita noche, sino nos hubiésemos puesto aquellos vestidos, si no hubiésemos hablado con él, no dejo de pensar que hicimos para provocarle_ exclamó Ana con desesperación. _No me importaría descubrir lo que nos hizo, pero si luego no sirve de nada_ repuso Sandra afligida explicando el miedo que tenía por revelar que había sido una víctima de violación. _Ira a la cárcel, no te quepa duda_ comentó Víctor. _ A mí me da igual que vaya a la cárcel como si no, yo lo único que quiero es que sufra ese hijo puta, quiero que sea castigado del peor modo_ dijo Lucia con rabia en su voz. _El primer paso que deberíais hacer es presentar el video y denunciarle_ añadió Elena al darse cuenta que el ambiente se estaba caldeando y las chicas estaban desquiciadas. Miré con incertidumbre a Elena, pensaba que le había quedado claro que no podían presentar el video como prueba. Desvié la mirada unos segundos hacía Víctor que no dejaba de observar a las chicas mientras hablaban. 168


Confesiones de un ladrón _ ¡Pero no pueden enseñar el video!_ exclamé _ ¡No sería admisible en un juicio y se libraría!_ repuse a Elena. _Lo pueden presentar en cualquier comisaria _ contestó con seguridad _Lo único que tenéis que decir es que lo habéis encontrado en el buzón de vuestra casa o en cualquier otro sitio, pero no digáis que alguien os lo ha dado_ añadió Elena _Por qué entonces querrán saber quién fue la persona que os lo entrego y como lo obtuvo, entonces sí que no sería válido en el juicio. _ Os pedimos que no involucréis a Ruth en todo esto_ _Ella debe quedar al margen_ inquirió Germán. _Descuida, no lo haremos, gracias a ella ahora le podemos denunciar _ contestó con franqueza Paulina. _ ¿Ruth a ti que te ha hecho?_ me preguntó Lucia. _También me drogó como a vosotras. Me fotografió desnuda y me chantajea con enseñárselas a mi familia obligándome a salir con él_ No era toda la verdad, pero en el fondo eran unas completas desconocidas y creí conveniente no dar demasiada información sobre mi vida. _ ¿Pero Víctor no es tu novio? _Sí, rompí con él_ _Pero encontré vuestros videos en su cuarto y… bueno le llamé y… hemos vuelto_ dije sin saber muy bien como terminar la explicación. Dirigí mi mirada hacía Víctor en busca de su aprobación y asintió con la cabeza dándome a entender que había sabido salir airosa de la situación. _Es un hijo puta, no se detiene ante nada_ dijo Ana con desprecio _Pero esta vez le vamos a parar los pies_ añadió. Ana se levantó del sofá con ímpetu y dijo _Estáis preparadas para ir y denunciarle. Todas las chicas se levantaron y dijeron que sí. Elena y yo las acompañamos hasta la comisaría más cercana. Nos quedamos en la puerta mientras Elena se fumaba un cigarrillo, Paulina salió al cabo de una hora y al poco fueron una tras otra saliendo. _ ¿Qué tal os encontráis?_ las pregunté. _Muy bien_ respondió Paulina. _Aliviada, pensé que sería más duro_ respondió Ana. _Con ganas de verle en la cárcel_ añadió Sandra. _Han dicho que van abrir una investigación_ dijo Lucia. _ ¿Queréis que os llevemos a vuestra casa?_ preguntó Elena.

Las chicas contestaron que sí. Después de dejar a Lucia y Paulina en su casa, llamé a Víctor para decirle que me iba a mi casa, Jorge podría llamar y no quería enfadarle. Jorge llegó a mi casa a las siete de la tarde y no se fue hasta las diez. Mi madre le invitó a cenar y yo no podía dejar de pensar mientras le miraba que había violado a cuatro chicas sino eran más y su comportamiento era tan natural. A los pocos días de que las chicas hubiesen puesto la denuncia, la policía comenzó a investigar. Interrogaron a varios de sus amigos, haciéndoles miles de preguntas, cosa que perturbaba a Jorge quitándole las ganas de verme. 169


Confesiones de un ladrón Todo comenzó a ir de mal en peor para él. Fue interrogado en su casa y en presencia de sus padres por unas presuntas violaciones. Según mi madre la tensión que se vivía en su casa se podía cortar con un cuchillo. Una tarde Jorge me llamó a casa. _Dime_ contesté al reconocer su número. _Ruth estoy desesperado y necesito que me hagas un favor_ murmuró suplicando. No pude contener una risa sarcástica _Tú crees, que con lo que me has hecho tengo ganas de hacerte un favor. _Lo sé… me he portado como un hijo puta contigo pero necesito que si va la policía a tu casa no hables con ellos_ _Están interrogando a todos mis amigos. _ ¿Sobre qué?_ pregunté sonriendo plácidamente. _Alguna zorra me ha denunciado por violación_ repuso con hostilidad. _ ¿Me puedes dar un buen motivo por el que no deba hablar con ellos? _Que tal el del video_ _Aún te puedo mandar a la cárcel no lo olvides. _Crees que me importa ir a la cárcel, me da igual, lo único que deseo es hacerte daño, verte sufrir, y si la policía viene a mi casa estaré encantada de responder a todas sus preguntas_ _Tengo algo muy interesante que contarles. Recuerdo haberte visto la noche de noche vieja echar algo en la bebida de una chica. _Ruth no puedes contar eso_ dijo desesperado _Te propongo un trato. _ ¿Qué clase de trato?_ pregunté intrigada. _Si tú no cuentas nada de lo que sabes yo mañana mismo destruiré el video y podrás volver con Víctor. _Crees que es tan fácil, que él querrá volver conmigo después de lo que le hice_ _Lo he perdido todo. Además, hay un problema y es que no confió en ti, ¿Quién no me dice que no hayas hecho una copia? _Te juro que no he hecho ninguna copia, lo guardo en una caja de seguridad en un banco junto con las joyas que cogí de mi casa, mañana si quieres te puedes venir conmigo y lo ves por ti misma. _Confiesa a tus padres que tú cogiste las joyas, sólo así no diré nada_ Era mi momento de gloria, ahora yo era quien mandaba, quien podía exigir, quien tenía la sartén por el mango. Me di cuenta que ahora, sí era el momento en que le podía chantajear con mi confesión, y me sentí bien, no tenía ningún remordimiento por ello. _ ¡Pero no les puedo hacer eso!_ exclamó. _Sólo si les confiesas la verdad delante de mí, mantendré la boca cerrada_ cerré los ojos, crucé los dedos y lo único que supliqué a Dios era que aceptara mi petición. Se hizo un largo silencio y dijo con pesar _Está bien, lo haré. Cuando escuché como aceptaba mi chantaje no lo podía creer, sentí un pinchazo en mi pecho, me faltaba la respiración, los nervios surgieron, quizás en unas horas recuperaría el rumbo de mi vida, ahora realmente estaría libre de él. Necesitaba con desesperación que confesase. Esa misma tarde fui a su casa y delante de mí confesó a sus padres que él había sido el autor del robo. También comentó que habíamos roto porque él salía con una chica. Me había liberado para siempre de él. Al salir a la calle, no podía 170


Confesiones de un ladrón dejar de sonreír, cerré los ojos sintiendo la brisa rozar mi rostro, sentía que flotaba en el aire, me sentía ligera, libre, feliz, sin ningún tipo de ataduras, por fin tomaba las riendas de mi vida, nadie podría obligarme ya hacer nada que no que no quisiese, nada en contra de mi voluntad. No me lo podía creer. Mientras caminaba hacía mi casa decidí llamar Víctor. _A confesado a sus padres que él fue quien robo en su casa_ dije emocionada, ansiosa por darle la buena noticia. _Gracias a Dios_ _Sabes lo que eso significa, cariño. _Te quiero tanto Víctor, no sé cómo podré darte las gracias_ sentía que mi pecho iba a reventar de la alegría que sentía. _Todo lo has hecho tu solita_ _Ya ves… yo habría ido a por él y le habría dado una paliza_ _Tú sin embargo, has tenido paciencia y has sabido manejar la situación de forma inteligente_ _Protegiendo a las chicas antes que a ti misma. Te quiero y estoy muy orgulloso de lo que has demostrado. _No podría haberlo hecho sin ti, sin los videos_ repuse. La espera y la paciencia habían dado sus frutos. No pude sostener las lágrimas aunque esta vez lloraba de felicidad. Lloraba y reía al mismo tiempo, era una sensación maravillosa, sentir que había recuperado mi vida. Di la buena noticia a Berta que chillaba de alegría. Era un momento mágico y deseaba compartirlo con Víctor, no quería esconderme más y pasamos la tarde juntos. Esa misma noche, llevaba más de dos horas sin poder conciliar el sueño. Los hechos acontecidos me robaban el sueño y sabía que la única forma en que podría dormir era si mantenía una charla con mi padre. Por mentira que me pareciese, tenía la necesidad de sincerarme y hablar con él. Intentaría que me creyese ahora que tenía pruebas. Podía demostrar en gran parte la culpabilidad de Jorge, aunque no le enseñaría los videos, y si esta vez tampoco me creía, me marcharía al día siguiente. Era libre de nuevo, aunque prefería vivir en mi casa por el momento. Miré el reloj y vi que eran las doce de la noche. Bajé al comedor en su busca. Miré en el despacho y vi que estaba la luz encendida. Llamé a la puerta antes de entrar. _ ¿Papá puedo hablar contigo?_ pregunté con preocupación. _Sí hija, pasa_ _ ¿Qué quieres? Saqué del bolsillo del pijama el sobre que contenía las fotografías de aquellas pobres chicas que habíamos caído en las garras de aquel perturbado, dejándolo sobre su mesa. _ ¿Qué es esto Ruth?_ preguntó mi padre con preocupación después de hojear el contenido del sobre y ver las perturbadoras fotografías. _Las mías las he quitado, pero yo también estoy fotografiada como ellas_ confesé avergonzada. _ ¿Quién es el responsable de estas fotos?_ dijo enfadado mientras las hojeaba _Ruth esto es pornografía, tú que tienes que ver en esto_ dijo mi padre consternado esperando una buena explicación.

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Confesiones de un ladrón _Papá siéntate y deja que te cuente una larga historia_ contesté a mi padre mientras yo me sentaba frente a él en una pequeña banqueta. _Estas fotos me las entrego Gloria ¿la recuerdas? Era la novia de Jorge. Ella las descubrió en su ordenador, por eso lo dejo, descubrió que le había engañado. Víctor se puso hecho una furia, dijo lo mismo que tú, que era pornografía y ambos decidimos recuperarlas. Entramos en casa de Mario con la única intención de borrarlas del ordenador de Jorge, pero él había colocado una cámara en su dormitorio y nos grabó_ _Se le ocurrió la genial idea de fingir un robo en su casa para así inculparnos a nosotros. _Me dijo que llevaría el video a la policía si no dejaba a Víctor, que ambos iríamos a la cárcel y tenía muy claro que no lo iba a permitir_ _ Que me había engañado me lo invente, no podía deciros los motivos reales por los que había vuelto a casa. En fin… Víctor no creyó nada y recuperó nuestro video pero encontró las grabaciones de las chicas que Jorge ha violado_ _Yo he sido la responsable. Yo las busqué y las animé a que le denunciaran_ _Y obligué a Jorge a confesar a sus padres que él había sido el responsable del robo en su casa exonerándome de todo. Permaneció unos minutos en silencio reflexionando sobre la historia que le acababa de narrar _ ¡Me estás diciendo que ese niñato te ha estado chantajeando con mandarte a la cárcel!_ exclamó irritado. _Sí_ _Y más cosas que prefiero no contarte _ ¡Papá ha violado a cuatro chicas!_ exclamé angustiada. Mi padre se levantó de su sillón caminando hasta mí... Se colocó a mi altura y me dio un gran abrazo _Hija, lo lamento_ susurró mientras permanecíamos abrazados _No he sabido ser un buen padre_ _ ¿Por qué no recurriste a mí?_ preguntó cuando nos separamos. _No me habrías creído, como no me creíste el día en que me agredió_ confesé. _Realmente lo hizo_ admitió con dolor en sus ojos al darse cuenta que yo siempre había sido sincera. _Sí. _ ¿Ha llegado a hacerte daño? _Bueno… dejémoslo en algún susto_ No podía contar a mi padre que pude haber muerto atropellada cuando me lanzo en mitad de aquella carretera. _Papá ya está todo bien_ _Ya no puede hacerme nada. _Y tu madre diciendo a cada momento que era el chico ideal para ti. _Lo de mamá es otra historia_ dije con desesperación elevando mis cejas. _Lamento no haber sido un buen padre, hija. _Ahora me has creído, es lo único importante_ corregí. _Dile a Víctor que venga a cenar mañana_ _Quiero agradecerle en persona lo mucho que te ha ayudado. _No hace falta papá, él no quiere… _Pero a mí me hace falta_ _Él ha estado a tu lado cuando yo no lo he hecho. _De acuerdo, mañana vendrá a cenar_ dije accediendo a su deseo. _Gracias_ _Hija no… tengo palabras…_ añadió consternado dejando ver un brillo de disgusto en aquellos ojos negros cansados de tanto trabajo. Nunca pensé que mi padre me quería tanto, nunca fue un padre cariñoso y expresivo, 172


Confesiones de un ladrón su trabajo le ocupaba todo su tiempo pero verle tan afligido me hizo darme cuenta que aunque nunca nos hubiese demostrado afecto no significaba que no nos quisiese. Me sentí muy querida al apreciar su preocupación. _Papá ya… todo ha pasado_ dije dejándole un beso en la mejilla _Te quiero_ añadí. _Yo también te quiero, hija. En mi casa se cenaba sobre las nueve y media más o menos, no era una regla exacta. Víctor llegó a las nueve, no quería llegar con tiempo suficiente para no tener que soportar caras largas. No había explicado aún los motivos de volver juntos y por el momento no tenía pensado hacerlo, daría una vaga explicación a quien preguntase pero nada más. La única persona que realmente me importaba que supiese la verdad era mi padre y él ya lo sabía. Cuando abrí la puerta de casa y dejé pasar a Víctor, me sentí extraña. Él miró todo a su alrededor y exclamó _fingiré que no conozco la casa. _Sí, es mejor_ dije sonriendo _Iré yo delante_ añadí conduciéndole hasta el comedor donde estaba todo el mundo. Las caras de mi madre, Noelia y Alberto eran como un jeroglífico, no sabía muy bien cómo interpretarlas, salvo la de Soraya que sonrió ampliamente, se levantó del sofá y corrió hacía Víctor abrazándose a él. Miré a mi padre y sonrió plácidamente por la reacción de Soraya. _Víctor, Ruth, acompañarme a mi despacho por favor. Hice una señal a Víctor para que me siguiera entrando los dos en el despacho. Mi padre no dijo nada, únicamente saco una botella de Whisky que guardaba en uno de los armarios y comenzó a servir dos vasos. _Esa botella vale 7000 €, jamás ofrece a nadie, si no te gusta, no lo digas_ susurré a Víctor en el oído. _Por que no la vio Germán, si no se la habría llevado_ dijo bromeando. _Mi padre adora esa botella, fue un regalo del Rey_ dije riendo. Mi padre se acercó a Víctor ofreciéndole uno de los vasos. _Gracias_ dijo Víctor al aceptar el vaso. _ No tengo palabras para expresarte mi gratitud por lo mucho que has ayudado a mi hija y por el apoyo que le has prestado cuando…_ se emocionó no pudiendo terminar la frase. _Papá, no tienes que…_ quería decirle que no tenía que disculparse, me apenaba ver a mi padre pasarlo mal y no quería que se disgustara. _Sí hija, tengo que hacerlo. _Quiero que tu novio sepa lo mucho que le agradezco lo que ha hecho por ti, lo mucho que te ha ayudado cuando nosotros no lo hemos hecho. _Habría hecho cualquier cosa por ella_ _No tiene que agradecérmelo. _Comprende que me posicionara aquel día a favor de Jorge, le conocemos desde pequeño, prácticamente le hemos criado como a un hijo y, aquella pelea me puso en una situación bastante incomoda. _No se preocupe, lo entiendo, a mí no me conoce de nada. _Sólo espero que le caiga todo el peso de la ley por sus primitivos actos aunque no es suficiente por todo el sufrimiento que ha causado a mi hija y a ti_ repuso con un ligero de movimiento con el vaso. 173


Confesiones de un ladrón _ Y a vosotros deciros que tenéis todo mi apoyo y que me alegro que mi hija haya encontrado a un joven como tú_ _Poca gente habría estado dispuesta a sacrificar su libertad y tú no lo pensaste. _Te debo mi gratitud_ añadió mi padre. Miraba el rostro de Víctor queriendo adivinar lo que pensaba en ese preciso instante, que sentiría al escuchar las muestras de afecto de mi padre, la eterna gratitud que demostraba. No vi remordimiento ni malestar en su rostro, supe que no estaba pensando en que él había robado en mi casa. Mi padre me observó mientras yo permanecía absorta en adivinar lo que él pensaba y añadió _Sólo tengo que mirar a mi hija para ver lo mucho que te quiere. Víctor me miró y sonrió _Estoy orgulloso de su hija. Será una gran cirujana. _Te ha contado mi hija que una vez con tan solo diez años intento coser… _Papá lo sabe_ dije riendo avergonzada al recordar aquella historia. _Sí, me lo contó_ repuso Víctor riendo. Mi padre se dirigió de nuevo al mueble y sacó su adorada y cara botella de Whisky y sirvió otro vaso _Ruth por favor, avisa Alberto que venga. Salí del despacho y me dirigí al comedor donde vi al novio de mi hermana sentado junta a ella viendo el televisor _Alberto, mi padre quiere que vayas un momento. Con rostro extrañado me siguió y ambos entramos. Le ofreció el vaso _Estamos charlando, te apetece tomarte un Whisky con Víctor y conmigo. _Sí, gracias_ dijo cogiendo el vaso _Este es el famoso Whisky_ sugirió sonriendo mientras lo miraba. _Sí. Miré a Víctor y permanecía tranquilo, sosegado, signo que se encontraba a gusto con la compañía. _Bueno, yo voy ayudar a mama_ dije saliendo del despacho. Dejé que los tres hombres se conociesen y hablasen de sus cosas. Una vez que la mesa estaba puesta fui avisar _La cena ya está_ dije cuando abrí la puerta del despacho. Vi a Víctor con el ordenador de mi padre y él y Alberto a su alrededor _Hija Víctor es un maquina con los ordenadores_ no pude por más que reír al escuchar a mi padre decir esa expresión tan juvenil que nunca le había escuchado decir. _Es un genio_ repuse. El ambiente durante la cena fue excelente, salvo por una persona que en ningún momento se dirigió ni entablo ningún tipo de conversación con Víctor. Pero ambos ignoramos su frialdad y disfrutamos de la velada. _Es muy interesante tu trabajo Víctor_ comentó mi padre._ En la fiscalía hace poco tiempo tuvimos problemas con los ordenadores y no se pudo trabajar, propondré que vayas. _Gracias_ _La verdad que el negocio va muy bien_ _Hace unos meses que me instalé por mi cuenta y ya tenemos más de cien clientes. _ ¿Tienes la carrera de informático?_ preguntó Alberto. _No_ _Antes era mecánico_ expresó con naturalidad.

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Confesiones de un ladrón Miré a mi madre y sus ojos se abrieron como platos al escuchar que había sido mecánico, no pude por más que mirar a Víctor y sonreír. _Es un don innato_ repuse. _Mira Bill Gates, empezó en un garaje_ comentó Noelia. _Víctor ha creado un programa y cuando lo haya perfeccionado, si decide venderlo, le podría hacer muy rico_ comenté con orgullo. _ ¿Qué clase de programa es?_ preguntó mi padre. _Un reconocedor facial con quince puntos de similitud_ le explicó Víctor. _La verdad que yo en tema de informática estoy muy perdido, pero es un campo que avanza vertiginosamente y prácticamente es difícil trabajar hoy en día sin ordenador_ comentó mi padre. Después de la cena Víctor y yo nos salimos al jardín. La noche era cálida, una brisa caliente te invitaba a pasear _ ¿Qué te aparecido mi familia?_ le pregunté mientras acariciaba su mano. _Igual de encantadores que tú. _Salvo mi madre_ _Dala tiempo. _No hay problema. _Te quería proponer una cosa. _Dime. Nos sentamos en un pequeño balancín que había en el jardín _ Me gustaría que me acompañases a New York_ _Gracias a ti me toco el viaje, creo que lo mínimo es tú me acompañes. Sonrió plácidamente _ ¿Y por qué crees que yo tengo algo que ver? _No sé cómo lo hiciste, pero a nadie le toca un viaje si no ha participado_ repuse riendo, dándole a entender que no me engañaba. _Me encantará acompañarte. _En mayo terminó los exámenes, ¿Te parece bien ir en junio? _Perfecto_ _Soy el jefe, puedo coger las vacaciones cuando me venga bien. _Se esta tan bien así_ dije mientras me abrazaba a él. _Sí_ repuso con lentitud mientras nos balanceábamos. _Eres asombroso_ confesé con admiración mientras le miraba. _ ¿Por qué dices eso? _Por todo lo que has hecho por mí, nunca te diste por vencido_ _No quiero pensar en lo que tuviste que hacer para recuperar la cintas del banco, pero te doy las gracias. _No ha sido nada comparado con lo que has tenido que soportar tú_ _No quiero ni imaginarme que te abra hecho y obligado hacer. Bajé la vista al recordar aquella terrible noche en la que podía haber muerto. _No tuve relaciones, si es a eso a lo que te refieres. _ A todo Ruth, me refiero a todo_ _ ¿Te hizo daño de alguna forma? No pude responder, me limité a suspirar y coloqué los pies sobre el balancín encogiéndome junto a él. _Está bien no contestes_ repuso mientras pasaba su brazo alrededor de mis hombros y dejaba un beso en mi pelo.

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Confesiones de un ladrón Paulina me llamó avisándome que ya había dado a luz a una hermosa niña. Aunque la alegría por tener su primera hija no era completa. Lo estaba pasando muy mal porque su novio estaba muy distante de ella y de la niña. La policía había pasado por el hospital y habían recogido una muestra de ADN de la niña para compararla con la de Jorge. Una prueba que sería admitida en el juicio contra Jorge. También recibí noticias de Lucia, Ana y Sandra, todas estaba bien. Habían confesado a sus familias lo que las había ocurrido y estaban recibiendo mucho apoyo por parte de sus familias, como de sus amigos. Creé unos fuertes lazos de amistad con todas ellas. Todo parecía ir bien, pero una tarde, Ana, la madre de Jorge, se presentó en casa muy disgustada para hablar con mi madre. Fui a entrar en la cocina cuando las escuché hablar, permanecí detrás de la puerta escuchando la conversación, quería saber cómo iba la investigación pero no hablaron de eso, lo que escuché fue mucho peor. _Con todo lo que tenemos encima y ahora esto. _Pero si es muy joven, ¿cómo puede tener cáncer? _El viernes le operan de urgencia_ dijo esbozando un llanto. _No te preocupes, es joven y muy fuerte. Hoy en día hay muchos adelantos. _Pero le van a tener que quitar los dos testículos_ _No podrá tener hijos_ dijo desconsolada. _ ¿Y él como esta de ánimo?_ preguntó mi madre. _Te puedes imaginar, destrozado, mi pobre niño. _ ¿Cuándo le operan? _El viernes de urgencia. A Jorge le habían detectado unos quistes en los testículos y después de hacerle una biopsia el resultado fue que eran cancerígenos. No sentí pena por él, en realidad no sentía nada, ni alegría ni tristeza. Tanto sufrimiento me había causado que no me podía compadecer de él. El jueves por la tarde recibí una llamada de Lucia _Hola que tal estas_ dije saludando nada más contestar la llamada. _Bien, podrías pasarte por mi casa_ _Tengo que hablar contigo_ comentó algo angustiada. _Vale_ _Son las seis, sobre las siete estaré en tu casa. _Aquí te espero. Esa clase de llamadas tan misteriosas me producían escalofríos. Me recordó el día en que recibí la fatídica llamada de Gloria que desencadenaría todos mis problemas, el día que comenzó mi calvario. _Hola, que pasa, me tienes preocupada_ comenté mientras entraba en su casa. _Tranquila_ _Te presentó a mi hermana mayor Lilia. _Hola_ dije saludándonos. _Me podéis decir para que he venido, de verdad que estoy preocupada_ comenté mientras me sentaba en el sofá. _Mi hermana… digamos que se ha tomado la revancha por su cuenta_ confesó Lucia, dejando una mueca de desagrado en su rostro. _ ¿Sobre qué?_ pregunté intrigada. 176


Confesiones de un ladrón _A ver cómo te lo cuento. En mi país antiguamente eran muy usados unos remedios caseros naturales que la gente usaba al no haber medicinas, pero se dejaron de practicar porque se descubrió que tenían efectos secundarios_ _Esos efectos duraban poco tiempo, un mes o algo más. _ ¿Y?_ pregunté intrigada, no sabía muy bien a donde quería llegar. _Salían bultos por el cuerpo. _Vale…_ _Pero que me quieres decir. _Que se pueden confundir muy fácilmente con tumores cancerígenos_ _Dan un falso positivo en cáncer. Mis ojos se abrieron como platos _Me quieres decir…_ no pude terminar la frase, estaba espantada. _Lilia le puso esas pastillas en la bebida de Jorge_ explicó Lucia. _Igual que él te drogo a ti_ repuso enfadada Lilia. _Crees que iba a dejar que te violara y se fuese de rositas. _Mañana le van a operar _ dije lentamente _Entonces, no tiene cáncer_ comenté estupefacta. _No_ admitió Lucia. _ ¿Sabes dónde le han salido los quistes? _En los testículos_ confesé. _Así que va a quedar capado_ dijo Lilia riendo a carcajadas _ ¡Qué pena!_ exclamó sarcásticamente. _Mejor me marcho_ dije levantándome del sofá. _ ¿Ruth, crees que hemos hecho mal?_ me preguntó Lucia._ ¿Crees que deberíamos hacer algo e impedir que sea operado? _No lo sé_ _Yo no soy quien para juzgar_ _Cada uno encuentra el alivio a su manera_ _Pero yo no voy a mover un dedo_ admití con frialdad. _Quería vengarme_ confesó con franqueza. _No te preocupes, cada uno tiene lo que se merece_ _ ¿Tú estás bien?_ le pregunte. _Sí. _Eso es lo único que cuenta_ dije levantándome del sofá. Me despedí de ambas hermanas. La confesión de Lucia me había dejado impasible ¿Por qué no sentía nada? No sentía ni pena ni alegría por él. No pensé más en aquello y no dije nada a nadie. Conduje a casa y me puse a estudiar, pronto tendría los exámenes. A los quince días de que Jorge fuese intervenido quirúrgicamente fue detenido y puesto a disposición judicial. La policía interrogó a dos jóvenes y confesaron que ellos le habían suministrado la droga con la que violaba a las chicas. También confesaron haber escuchado a Jorge decir que la quería para drogar a chicas y luego acostarse con ellas y estaban dispuestos a testificarlo en el juicio contra él. Mi padre me contó que el juez había solicitado la prisión preventiva para él hasta que el juicio se celebrase, y para eso tardaría. Los tribunales estaban saturados y hasta que no encontrasen un hueco y se pusiesen en contacto con las partes tardarían al menos cuatro meses para la celebración del juicio.

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Confesiones de un ladrón Yo me mantuve al margen de todo aquello, no quería saber nada sobre él. Con las únicas que mantenía contacto eran con las chicas y las daba todo mi apoyo. Una tarde fui a conocer a la hija de paulina que era una verdadera preciosidad. Gracias a Dios se parecía a su madre y no al padre. Era rubia y con los ojitos azules como ella. Aparte de eso, no tuve más relación. Solo quería vivir tranquila y disfrutar de mi libertad.

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Confesiones de un ladrón

Capítulo XVI Viaje a New York Llegó nuestro aniversario. Hacia un año que Víctor y yo nos habíamos conocido, aunque realmente no habíamos estado juntos todo el tiempo, pero eso carecía de importancia, ambos celebramos el día en que nos conocimos. Víctor preparó una romántica cena en su casa y lo celebramos allí. Germán y Elena se habían marchado dejándonos el piso solo para nosotros. Víctor me regaló una preciosa pulsera y yo no sabía muy bien que regalarle, lo único que le gustaba yo no tenía ni idea. Decidí regalarle un reloj ya que nunca llevaba y siempre miraba la hora en móvil. _No sabía que regalarte_ comenté mientras le observaba abrir el regalo. _No tenías que comprar nada_ _Que quieras estar conmigo es el mejor regalo que me puedes hacer_ _Es precioso_ añadió al verlo, dejando ver su sonrisa arrebatadora. _Yo siento lo mismo_ _No hay nada en este mundo que quiera, salvo a ti. Se levantó de la mesa y colocó su silla junto a la mía. Se sentó tan cerca que podía notar el frio de su respiración en mis labios _Nuestra relación no ha sido fácil_ confesó mientras cogía mi mano y colocaba un grueso mechón de pelo detrás de mí oído. _No, la verdad que no. No hemos tenido nada a nuestro favor. _Un año, Ruth. _Aún con todas las cosas malas que me han pasado, este es el mejor año de mi vida_ admití. _Espero que los siguientes sean más relajados_ dijo mirándome fijamente a los ojos bajando lentamente su mirada hasta llegar a mis labios dejando me apasionado beso.

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Confesiones de un ladrón El curso había terminado y con unas notas excelentes para la poca concentración que había logrado tener. Estábamos a últimos de junio. Tuvimos que posponer el viaje ya que Víctor tenía mucho trabajo y no podía dejar a sus clientes colgados. Ocuparme de los preparativos para el viaje me resultaba relajante. Únicamente estaríamos una semana en New York pero la idea de pasar una semana sola con él, en un país extranjero, me entusiasmaba. Iba a ser nuestro primer viaje juntos y estaba feliz. Pasaba gran parte del tiempo mirando y mirando en internet. Consultaba que era lo que recomendaban visitar, lo más típico, lugares, edificios y me di cuenta que en una semana sería casi imposible visitar todo lo que había anotado. Quería visitar el Soho, Central Park, el Puente de Brooklyn, el edificio Chrysler, el Empire State, también quería ir a Chinatown , al Museo Metropolitano, al Banco de la Reserva Federal y como no, no podíamos irnos de New York sin ver la Estatua de la Libertad. Mi padre una noche entró en mi dormitorio y me entregó un sobre con tres mil dólares, dijo que lo gastásemos en lo que quisiésemos y disfrutásemos de nuestra estancia allí. Creo que solamente el dinero que mi padre me había dado lo dejaríamos en taxis de un sitio a otro. Me hacía ilusión montarme en los típicos taxis amarillos neoyorkinos. Sólo me llevaría una maleta. Pensaba comprarme algo de ropa en Bloomingdales, recomendaban ir, además lo había escuchado tantas veces en tantas películas, que no visitarlo era un sacrilegio. La noche antes del viaje mi padre pasó por mi dormitorio para despedirse. _ ¿Os lleva el hermano de Víctor al aeropuerto?_ preguntó. _Sí… Germán_ _El vuelo sale a las tres de la tarde. _Mañana no te veré entonces_ _Ten mucho cuidado hija, disfruta y llama cuando llegues para saber que estáis bien. _No te preocupes papá, tenía pensado llamar. _Ten mucho cuidado_ repitió preocupado. _Lo tendré_ _Gracias por todo, papá_ dije mientras observaba a mi padre salir de mi dormitorio. Me era imposible conciliar el sueño por culpa de los nervios. Cogí el móvil y llamé a Víctor desde la cama. _ ¿Qué pasa?_ preguntó preocupado. _Nada, es solo que no puedo dormir_ _ ¿Qué haces? _Estoy en la cama. _ ¿Estabas dormido?_ pregunté. _No_ _ ¿Estas nerviosa por el viaje? _Sí. _ ¿Qué te preocupa? _No lo sé, nada en realidad. _Relájate y duerme, mañana nos espera un viaje muy largo. _Ya…

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Confesiones de un ladrón _ ¿Quieres que vaya un rato? _No _Sólo quería escuchar tu voz _ ¿Prefieres que te cante una canción?_ preguntó mientras podía escuchar una risita a través del móvil. _Mejor no_ dije riendo _Te quiero. _Yo también te quiero. Me desperté temprano para terminar de hacer los últimos preparativos. Guardé en el bolso el dinero que mi padre me había dado, el pasaporte, los billetes de avión, la tarjeta de sanitaria, el móvil, las gafas de sol. Revisé una y otra vez hasta estar completamente segura de no dejarme nada importante. A las doce sonó el timbre de casa. Corrí y abrí la puerta viendo a Víctor y a Germán _Pasad_ dije haciéndome a un lado dejándoles que entraran. Víctor entró con soltura. Siempre que venía a recogerme mi padre le hacía pasar y charlaban, pero German parecía algo reacio _Pasa… tranquilo. Los llevé hasta el comedor donde se encontraba mi equipaje _ ¿Sólo llevas una maleta?_ preguntó Víctor asombrado. _Llevo sólo una porque pienso regresar con tres o cuatro_ confesé riendo. _ ¿Llevas el pasaporte?_ le pregunté. _Sí. _Guardarlos juntos, y los billetes también_ sugirió Germán. Víctor me dio su pasaporte y lo guarde en mi bolso. Noelia y Soraya entraron juntas en el comedor _Ya te vas_ repuso Noelia. _Sí. Soraya no dijo nada ya que se había ido a saludar a Víctor. Escuché como se saludaban y luego Víctor presentaba a Soraya a Germán. _ ¿Mamá todavía no ha llegado?_ pregunté con tristeza en mi voz. _No_ _Tú vete, no creo que aparezca hasta que no esté segura que te has ido. Dejé escapar un pequeño suspiro _Estoy lista, cuando queráis nos podemos ir_ dije con pesar por no poder despedirme de mi madre. Noelia me miró e hizo un gesto hacía Germán, caí en la cuenta que no se conocían _ ¿Germán conoces a mi hermana? _No_ dijo dejando ver su maravillosa sonrisa. _Noelia, él es Germán, el hermano de Víctor. _Encantada. _Igualmente_ dijo Germán mientras besaba las mejillas de mi hermana. Una vez hechas las presentaciones Noelia nos acompañó hasta la puerta _ ¡Qué bueno está tu cuñado!_ _ ¡Qué calladito te lo tenías!_ susurró en bajito. _ ¡Porque tienes novio!_ _Por eso_ dije sonriendo. Salí de casa apenada por no poder despedirme de mi madre. No sé cuánto tiempo podría durar esta tirantez entre ambas. Decidí que cuando regresara de New York lo primero que haría sería tener una charla con ella, me disculparía por haberla herido y procuraría por todos los medios que me perdonara. Ya no sentía todo lo que la dije aquella noche y mucho menos quería que siguiese creyendo que la odiaba.

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Confesiones de un ladrón Aquella noche la dije cosas muy duras y todo este tiempo me he sentido mala persona por el daño que la había causado, pero es que… aquella noche deseaba poder desahogar toda la rabia que sentía dentro. Llegamos pronto al aeropuerto. Una vez que facturamos el equipaje decidimos que como habíamos llegado temprano nos daba tiempo a tomar algo en una de las cafeterías. _Tened cuidado_ _Ruth, cuida de mi hermano que nunca ha salido al extranjero_ _ Si hace falta le atas como a los niños pequeños para que no se pierda_ dijo Germán con tono burlón. _ Te traeré de vuelta a tu hermano_ _Además el viaje es por él_ repuse riendo. _Ya entiendo… los sorteítos_ _Raro que no te tocase ningún apartamento en Marina d´Or_ repuso riendo. _ ¿A quién hiciste que le tocase un apartamento?_ pregunté intrigada. Vaciló, no quería responder, después de un largo silencio dijo_ Al vigilante del supermercado. _Este gañan hace que le toque un apartamento a un hombre que apenas conoció y no a nosotros_ _No me explicó por qué nunca ha querido que nos toqué nada_ inquirió mientras daba un trago de su cerveza. _Ya sabes que le hacía falta_ respondió sin apartar la vista de su mano. _Sí bueno… a todo el mundo le hace falta un apartamento en la playa_ repuso riendo. _ ¿Por qué dices que le hacía falta?_ pregunté. _Cayó enfermo y los médicos le recomendaron el clima de la playa. Miré el rostro de Víctor pudiendo ver un signo de vergüenza. Coloqué mi mano sobre la suya acariciándola con suaves movimientos y sonríe con ternura. Aquel hombre los alimento, gracias a él pudieron comer, se portó mejor con ellos que su verdadero tío que no quiso saber nada de ellos y me pareció un gesto que demostraba la humanidad de Víctor. Una vez que nos despedimos de Germán, embarcamos y nos acomodamos en nuestros asientos. _Me parece maravilloso lo que hiciste por aquel hombre_ _Pero es verdad que nunca has hecho que te toque a ti_ _Te habría venido muy bien en la situación en la que estabais. _Por aquel entonces no lo sabía hacer_ _además creo que habría sido imposible con el cascajo de ordenador que tenía. _Pues es una pena que no os pudieseis beneficiar, así quizás no os habríais visto en la obligación de hacer aquello otro_ dije dejando una mueca en mi rostro. Me refería a que así no se abrían visto en la necesidad de robar, pero no quería pronunciar esa palabra en un espacio tan reducido, nunca se sabe quién podría estar escuchando. _Pues sí, habría sido mejor que lo otro pero…

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Confesiones de un ladrón La azafata nos avisó para que nos abrochásemos los cinturones. Estábamos tan ensimismados con nuestra conversación que no nos dimos cuenta que la luz se había encendido. _ ¿Estas nervioso? _Menos que el día del globo_ confesó riendo. El viaje se hizo eterno. Las ganas por llegar provocaron que el viaje se alargara, y alargara, hasta que por fin aterrizamos. Mi preocupación era como indicaríamos al taxista la dirección del hotel pero por suerte dimos con un portorriqueño y no hubo problema con el idioma. Fue un viaje inolvidable por dos razones. La primera fue por conocer la ciudad que nunca duerme. Sus costumbres, su alimentación, su vida nocturna, todo en sí era fascinante. El primer sitio que decidimos visitar fue Times Square. _ ¿Qué te parece?_ preguntó Víctor apoyado en sus típicas señales, posando mientras le hacía una fotografía. _Es alucinante, es como estar dentro de una película, todo es tan conocido_ _Mira esto sale en la película de Sexo en New York_ _Es genial_ _Mira aquí creo que grabaron el video musical New York de Alicia Keys _ .Estaba fascinada, mi vista no podía abarcaba la cantidad de detalles que no quería perderme, carteles luminosos gigantes, los edificios, viandantes de todas las culturas existentes, taxis amarillos había por cualquier sitio que mirases. Era una ciudad maravillosa. Visitamos todo lo que nos habíamos propuesto en un tiempo récor. Nos levantábamos a las ocho de la mañana y no regresábamos al hotel hasta las nueve de la noche. Cenábamos nos arreglábamos y salíamos de nuevo a visitar la ciudad nocturna que era completamente diferente a por el día. Nos encontrábamos admirando la Estatua de la Libertad cuando Víctor comentó _En cinco días hemos visitado todo lo que queríamos, casi nos sobran dos días_ _Podíamos coger un vuelo interno, son baratos ¿Qué te parece si vamos a las Vegas?_ _Al casino que tanto te gusta. No pude por más que reí a carcajadas _Lo dices enserió o es una brama_ _Mira… que soy una delincuente peligrosa, no me tientes, podría atracar el casino así_ e hice un chascarrillo con los dedos. Víctor me cogió entre sus brazos riendo _Eres la delincuente más sexy que he conocido. _Y tú el ladrón más guapo. _Siento decirte que ese capítulo de mi vida se cerró hace tiempo ya. _Y me alegro_ _Pero para mí tú siempre serás mi guapo ladrón. _Sólo para ti_ repuso mientras me besaba. Y la segunda razón por la que nunca podré olvidar nuestro viaje a New York es que estando delante de la placa homenaje a John Lennon recibí la llamada de mi madre dándome la peor noticia del mundo. _ ¿Quién te llama?

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Confesiones de un ladrón _No sé…_ respondí con un ligero movimiento de hombros mientras cogía el móvil de mi bolso. _ ¡Es mi madre!_ exclamé con un gesto de incredulidad _Que estaño que me llame_ _Hola mamá ¿Pasa algo?_ pregunté intrigada. La relación con mi madre era prácticamente inexistente e incluso el día en que llegamos a New York no quiso ponerse y preguntar qué tal había ido el viaje, así que su repentina llamada me sorprendió. _Hija… no sé cómo decirte esto pero creo que sería conveniente que regresarais cuanto antes. _ ¿Qué es lo que pasa? _Es tu padre… ha sido… detenido.

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