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ABANDONADO EN EL ERROR


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ABANDONADO EN EL ERROR El niño oye el ruido del último coche que se va, dejándolo en total soledad en el patio desierto y azotado por las ráfagas del furioso viento. Ve a las personas dentro del auto, tranquilas y relajadas sabiendo que pronto estarán a salvo de las garras del monstruoso clima al llegar a la comodidad de sus casas; el coche se aleja lentamente. Y el niño queda totalmente solo. Solo. Todos los niños y niñas de su escuela se han ido. Nadie queda aparte de él. Ni siquiera en el parque de juegos que está al otro lado, que suele estar lleno de niños; el clima espantó a todos. Es tarde, el niño está tiritando. Ha pasado una hora y media desde que el timbre de salida sonó. El niño piensa que sus padres se han olvidado de recogerlo, algo inconcebible, que jamás le había pasado. Ellos lo habían llevado a la escuela esa mañana y partieron prometiéndole que a la salida lo llevarían al cumpleaños de su amigo. Adiós padres, adiós fiesta. Se abraza a sí mismo, siente cada vez más frío. El aire baja de temperatura y el cielo está oscureciendo. Los profesores y los padres de sus amigos le preguntaron por qué no se iba, pero el a todos respondía como un niño obediente, que debía como todos, a sus padres esperar. Niño problemático, decían y se iban. El los compadecía, pobres adultos absorbidos en sus problemas, decía. Habían pasado casi dos horas, y todo ese tiempo de espera él estuvo sentado en el último escalón de la entrada, el más alto, por el que podía ver fácilmente si el coche de sus padres venía hacia la escuela. No soporta el frío, y se arrepiente de haber dejado su chaqueta nueva sobre su cama…su madre estará muy enfadada. Se pone de pie y comienza a subir y bajar las gradas para entrar en calor. Y el calor llega junto al hambre. No había comido nada en la escuela porque su padre no tenía monedas para darle. Se frota la panza, y busca y rebusca en su mochila, comida que sabe que no tenía. Nada tenía, ni comida ni dinero. En sus manos sólo el frío y en sus venas solo el miedo. Vuelve a sentarse, y esta vez sobre el primer escalón. Suspira y comienza a patear las piedrecitas del suelo. Había una piedra más grande, y al patearla esta chocó contra las cercas que rodean las plantas del triste jardín inerte. El golpe suena y suena, el ruido hace que la esposa del conserje, que estaba saliendo a comprar en el supermercado de la esquina de la otra esquina muy lejos de allí, se percate de la presencia del niño. -¡Tú!-grita sobresaltada al niño abandonado- ¿qué haces aquí? Vete a tu casa.-le dice con disgusto y vuelve a entrar a la escuela, al ver que con el terrible viento no podrá ni cruzar la calle. Cierra la puerta metálica, pero es tan antigua y oxidada que tarda tiempo en cerrarse, tiempo en que el niño corre y pone su mochila entre la puerta. Y como la puerta se atora, el niño se asoma y ve el rostro de la furiosa mujer. -¡He dicho que te largues!-exclama airada y patea la mochila, pero el niño rápidamente empuja la pesada puerta hacia adentro impidiéndole cerrarla. - Por favor. No puedo ir solo a casa, no tengo dinero para el autobús y mis padres aún no llegan. Quiero esperarlos dentro porque me hace mucho frío-ruega el niño con los dientes castañeando.


La esposa del conserje lo examina detenidamente para saber si no miente y algo la convence. Duda por un momento y luego cierra la puerta en la cara del asustado niño. Él se desploma contra la puerta sin esperanzas. El hambre, el frío y la desesperación se funden dentro de su cuerpo. Se escuchan gritos en el interior. Aunque solo la voz del conserje. -Jamás dejamos entrar niños después de la salida…oh, no me vengas con eso mujer…oh ¿el niño te conmovió? ¡es un demonio!...recuerdas cada vez que…joder… ¿ que cuide mi vocabulario? Mierda, si ese muchacho sabe más groserías que yo. ¿Has visto lo que escribe en las mesas de su salón y en las puertas de los baños? Los gritos del conserje cesan, hay un largo silencio sepulcral y de repente se oyen fuertes pisadas hacia la puerta. El niño suspira de alivio al oír el crujido del metal de la puerta al abrirse. -Está bien niño, pasa. Puedes esperar a tus padres dentro, solo te pido algo-dice la conserje dejándolo pasar. El niño entra pero no por propia voluntad, fue como si el viento lo haya empujado, porque en un momento el no estuvo seguro de entrar en la escuela, siente escalofríos una vez dentro del lugar y ahoga un grito cuando la horrible mujer se agacha y le susurra. -si tus padres no regresan hasta la medianoche, me temo que no podrás dormir aquí. Y se aleja con una sonrisa muy extraña en su rostro. Ahora el niño está solo de nuevo, sólo que ahora está dentro y no hace tanto frío. Empieza a caminar por el pasillo principal, la conserje entra por la primera puerta a la derecha que es donde está su dormitorio, cocina y donde vive con su esposo. El conserje siempre es amable con las niñas, pero con los niños siempre lleva el ceño fruncido y una mueca asqueada, sobre todo con este niño. Su esposa es indiferente con todos, solo hace su trabajo de limpiar y luego regresa a su dormitorio como si nada. El niño se decide a ir a su aula favorita, conoce la escuela de memoria, y llega al aula fácilmente. Cuando abre la puerta, una oscuridad espantosa lo recibe tragándoselo al interior. El ahoga un grito y luego recuerda que debe ser de noche, y que solo debe encender la luz. Cuando encuentra el interruptor y lo enciende, una paz lo invade…se siente sereno y camina hacia su asiento regular, allí ve los garabatos que suele hacer cada tarde, y las pistas que escribe para ayudarse en los exámenes. El conserje tiene razón en parte, el niño es un demonio. Suele ir a la oficina del director cada semana, por faltas leves y graves, más graves que leves; pero es como un orgullo para el, todos en la escuela lo conocen y se ha vuelto muy popular con cada travesura que ha hecho. Su vida es perfecta, muchos amigos lo rodean y lo quieren. Se sienta en la fila del medio en la mitad del curso, y con solo voltearse puede ver a todos y con todos conversar. A pesar de ser un revoltoso, los profesores se han encariñado con él, el curso es diferente sin él, dicen; es triste cuando se falta. Sonríe y se sienta, pero tan pronto como lo hace salta de la silla, como si algo lo hubiera pinchado. Mira el asiento, y ve que está plano, sin clavos o astillas. Debió ser su imaginación, pero aun así sale corriendo del aula y olvida apagar la luz.


Deambula por los pasillos, triste y desorientado sin saber por qué, luego se dice así mismo que es un buen momento para disfrutar de la soledad de la escuela, y se decide a explorar cada rincón. Sube las escaleras que están en el comedor, allí las luces son tenues pero su visión se adapta con facilidad. Los conserjes al parecer solo dejan encendidas las luces de los pasillos principales, por eso se aseguró de encender la del comedor antes de asustarse. La segunda planta abarca solo una pequeña porción del terreno de la planta baja, o sea que son pocas aulas arriba, generalmente allí estudian los más grandes así que el niño poco conoce esa zona. Solo conoce un aula, y es allí donde se dirige, sin saber por qué lo hace. Es el aula que se encuentra en la mitad del último pasillo, abandonada, ya que ningún curso la usa desde hace diez años. Solía ser sala de música, solo que con las renovaciones la clase se trasladó a la planta baja y esta sala quedó inútil, y con todos los instrumentos musicales viejos y desafinados que a nadie le servían. Una vez él y sus mejores amigos decidieron entrar a hurgar entre los cachivaches de la música, pero la puerta estaba cerrada y no pudieron entrar. Creyeron que esta estaba abierta, ya que una vez vieron al conserje entrar y cuando salió no le puso llave, pero era obvio que en cualquier momento pudo hacerlo. Para los niños estaba prohibido subir a la segunda planta, pero todos conocían la terrorífica historia de la antigua sala de música, los grandes asustaban a los niños para que estos nunca suban. Pero el niño y sus amigos querían asegurarse que fuera verdad, así que ese día subieron a hurtadillas mientras todos pasaban clases y ellos se habían escapado. Había una pequeña ventana a la derecha de la puerta, y la cortina no estaba cerrada del todo, así que pudieron ver en el interior un piano de cola negro cubierto de polvo. Estaba oscuro, solo entraba luz a la sala por la estrecha abertura de la cortina así que fue todo lo que vieron. Luego llegó el maestro de astronomía que los llamó a gritos desde la esquina de aquél último pasillo. Y el niño mientras caminaba hacia su opresor, escuchó el sonido de un acorde; el sonido más sublime que había oído. Pero ni sus amigos ni el profesor lo habían escuchado, y el maestro le aseguró que nadie entraría a tocar aquél piano, al que seguro le faltaban muchas teclas. Y esta vez se dirige hacia la sala, para contemplarla en su totalidad. Cuando abre la puerta extiende adentro su mano a la pared, buscando el interruptor. Pero no lo encuentra, quizás está más arriba ya que después de todo esta era una sala para chicos mayores que él. Pero la luz del pasillo es casi suficiente para iluminar, así que abre la puerta lo más que se puede y la asegura con una silla para que no se cierre. Delante ve el piano negro, y a su alrededor sillas volcadas e instrumentos desparramados en grandes muebles antiguos. Y la puerta se cierra. Y el piano comienza a sonar. El niño está inmóvil, escucha la melodía que comienza con ese acorde que escuchó aquel día, suave y emotiva…pero de un momento a otro la música se torna agresiva y dramática. La oscuridad envuelve al niño y él no sabe si correr, de hecho acaba de olvidar c ómo usar sus pies; no hay miedo dentro de él, solo curiosidad por saber quiénes están en la sala. Porque alguien debió cerrar la puerta mientras otro empezaba a tocar la melodía. -Disculpen, ¿alguien podría encender la luz?. Entonces la melodía se detiene abruptamente y la luz se enciende.


Una mujer se halla sentada frente al piano, vestida de negro del cuello hasta los pies, sus dedos saboreando la dulzura abstracta del piano. No hay nadie más en la habitación. -Deberías irte.-dice con voz solemne. -Es que verá, me he quedado solo ya que mis padres se han olvidado de recogerme, tengo que esperarlos aquí adentro porque afuera el clima está horrible-explica el niño acercándose a la mujer. Ella lleva el cabello suelto, como cenizas que cuelgan de su cabeza. - Siempre dicen lo mismo, trato de ayudarlos pero no obedecen…pobres chiquillos -se lamenta la mujer. -¿Por qué se viste toda de negro?. La mujer suspira y da la vuelta mirando hacia el niño. Tiene un rostro triste y preocupado, como el de la mayoría de los adultos, pero demasiado pálido, irreal. -Antes enseñaba aquí, por más de treinta años fui la maestra de música y consejera escolar; pero el nuevo sistema escolar ya no aceptaba monjas en escuelas públicas, y yo iba a ser expulsada. Mi última noche me quedé deambulando por los pasillos como tú, ya que extrañaría esta escuela y quería recordarla por siempre…y quedé encerrada en este lugar, para siempre. -¿Cómo es posible? ¿por qué no salió, o simplemente se puso demasiado triste como para salir?-pregunta el niño con curiosidad, y lentamente se sienta en el borde del asiento de madera sin respaldar en el que la monja está. Ella lo mira con ojos llorosos y vuelve a tocar. -Siempre dicen que este piano no sirve, por eso compraron uno nuevo allá abajo-exclama el niño observando cada movimiento de los dedos. No se concentra en la música, que ya es como un sonido lejano que no es tocado para él. -No dejo que toquen lo que es mío. El niño asiente, porque entiende de lo que habla. Él tampoco lo haría, si lo único que tuviera fuera un piano y un montón de metal oxidado. -Sal de la escuela antes de medianoche, así vengan o no esos padres que dices tener. El niño no responde, ni hace preguntas y su mano es impulsada por una fuerza ajena hacia las teclas del piano. Un sonido estridente le responde, y es lanzado con fuerza fuera de la sala. -¡No dejo que toquen lo que es mío!-el grito de la monja es desgarrador. El niño queda fuera tirado en medio del pasillo, y la puerta está cerrada como si nada hubiera pasado. Siente una punzada en su cabeza y se decide a continuar su exploración. Su mente deja atrás a la monja, no hace preguntas. Se siente como un autómata, al que le han apretado unos cuantos botones para respirar y caminar. ¿Qué está pasando allí?. Pero la misma fuerza que lo impulsó dentro de la escuela y que lo empujó lejos del piano, lo obliga a continuar. Baja las escaleras y sale del comedor, se dirige hacia el teatro de la escuela, una enorme estancia de madera ocre y estatuas por doquier.


Para llegar allí debe pasar por el jardín y salir al patio, donde la fuerza del viento derriba todo a su paso. Tiene que agarrarse de los muros y columnas para no ser llevado también. El cielo está claro. Algo raro, ya que debería ser de noche. Una vez dentro en el enorme y oscuro lugar, enciende las luces, que parpadean como miles de ojos vigilantes flotando sobre el techo. Camina entre las butacas dirigiéndose al escenario, desde allí mira a la Doncella Mutilada sobre el escenario cubierto del telón. El torso de la doncella, con un rostro hermoso y corto cabello negro como el ébano, una dama de otro siglo. Lleva un vestido amarillo ceñido que resalta sus formas femeninas, pero es de una manera aterradora, sin brazos ni piernas. Y sus ojos que te siguen por donde te muevas. Muchos dicen que si estás en medio de una obra de teatro, con mucha gente a tu alrededor, y te concentras en sus ojos por unos minutos los verás moverse a través de la habitación buscando al caballero que la invocó. El niño siempre evitaba verla, pero sus compañeros se quedaban hipnotizados siempre que iban. Era extraño… las leyendas que los alumnos contaban, solo se aplicaban a ellos ya que los maestros siempre que intentaban hacerlo, los ojos de la doncella se mostraban reacios a moverse. Y si alguna chica intentaba hacer lo mismo, a los cinco minutos de fijar la mirada sentía un fuego ardiendo detrás de su rostro, y desviaban la mirada de los penetrantes ojos de la doncella que se cierne sobre el escenario del teatro, majestuosa, observando a todos los espectadores en su propio espectáculo. En esta ocasión la doncella tiene los párpados cerrados y una sonrisa. El niño, incrédulo, busca las estatuas de héroes y caballeros que lucían resplandecientes armaduras en las esquinas del lugar, todos han desaparecido. Y de pronto, oye un ruido justo encima de él, y ve a la Doncella Mutilada tirando de sí misma hacia adelante, con fuerza mientras su rostro se crispa y arrugas aparecen en su rostro de mármol. -¡Estás viva! –exclama el niño sonriendo de alegría, admirando la real belleza marmórea. - Siempre lo estuve, mocoso. Ahora ven y ayúdame a salir de esta pared. El niño la mira estupefacto por unos segundos. -Pero, si te saco, caerías y te harías pedazos-responde asustado. Y la doncella se ríe, como una hiena hambrienta. -No si tienes largas y fuertes piernas para aterrizar. Tira de sí misma una vez más y la madera detrás de ella cruje y empieza a caer en pedazos. El niño salta hacia atrás antes de que las maderas caigan sobre él. Y luego, de la pared bajo el torso, salen dos largas piernas y saltan hacia adelante. La Doncella Mutilada aterriza al lado del niño. Ésta sacude su cadera para que el vestido enrollado cubra sus piernas hasta caer suavemente al suelo. El niño está sorprendido. -¡Tenías tus piernas escondidas!, pero ¿y tus brazos? La Doncella Mutilada lo mira con tristeza. -Me los cortaron, fue horrible- agacha la cabeza hacia sus hombros con nostalgia.- y bien… ¿qué te trae por aquí?


El niño le cuenta toda la situación en la que se encuentra, suspira al final y se sienta en una butaca. -¿Estás solo aquí?- pregunta ella con lástima. -No, estoy contigo y dentro de la escuela están los conserjes. ¿Tienes hora? Ella niega, pero busca con la mirada a sus vasallos. Los caballeros con armaduras aparecen frente a ellos al instante. -Muchachos, díganle a este caballerito qué hora es- solicita ella. - Ocho en punto, ocho horas pasadas al mediodía, ocho horas de oscuridad que aún quedan-recitan en coro las diez estatuas vivientes. -Imposible-dice el niño-afuera sigue siendo de día. La Doncella Mutilada se encoge de hombros. -Me quedan sólo cuatro horas. - ¿Te dieron un ultimátum?...debes irte antes, niño. ¡Escóltenlo! -ordena la Doncella Mutilada a sus caballeros. Y ellos marchan al unísono empujando al niño hacia la salida. -¡No!-grita el niño, y los caballeros se detienen-¡espera! Si yo te invoqué no debes apartar tu mirada a menos que yo lo haga. -Eso es lo que todos dicen, es como un ritual. Es muy aburrido estar todo el tiempo allí arriba mirando a la gente dormitar. Me gustaría que me hubieran puesto en el lado opuesto para así poder ver cada obra y no estar en desdicha. Cada vez que hago eso, ustedes hablan más de mí, y me gusta ser codiciada. -¿De qué hablas?-dice el niño y la mira con disgusto- ¡si todos te tienen miedo! Y ella empieza a sollozar, y las lágrimas resbalan por sus mejillas, sin manos para que las sequen. -¡Merezco más!-grita ella furiosa y sacudiendo su cabeza las lágrimas se van. Se acerca al niño y le da una mirada suplicante. -¡Tú no sabes lo que ellos me hicieron! Antes este lugar era sólo un teatro, y en las afueras había academias de arte y música,-cuenta mientras las lágrimas vuelven- era una estudiante y venía cada tarde a ver a los actores enmascarados, pero esa tarde no estaban ensayando. Ya casi no quedaban personas aquí, pero de todos modos quería ver este lugar que me era tan reconfortante-suspira-y entonces detrás del telón aparecieron ellos. -¿Quiénes?- exige saber el niño. -Las luces se apagaron y comenzaron a actuar, y yo aplaudía todo el drama y reía y gritaba de emoción-se detiene, y se aleja lentamente del niño-.Pero ellos no eran actores,


yo los había visto en la clase de escultura cada vez que pasaba por allí. Me envolvieron en una masa extraña, y la esparcieron sobre todo mi cuerpo excepto en mis brazos…y ya te imaginarás dónde terminé-señala hacia su lugar habitual cerca del techo-. -¿Pero no puedes irte? Mejor ven conmigo y te ayudo a salir de este lugar. -Que caballero eres, niño. Pero no puedes ser tu quién me libere, yo espero a alguien más alto y más fuerte que tú, de que seas más grande vuelve por mí-responde con un guiño la Doncella Mutilada y salta hacia la pared encima del escenario, sus piernas se esconden en un espacio detrás y las maderas ascienden desde el suelo y vuelven a su lugar-. -Debes irte antes de que encuentren la forma de encajarte en este lugar. El niño sale corriendo del teatro, los caballeros lo siguen hasta la puerta y la cierran cuando se va. Un calor extraño lo recibe, en el patio sigue siendo de día. Pero cuando mira hacia el cielo se da cuenta del engaño de las nubes, blancas como lana cubriendo la oscuridad y las enormes luces de las calles fuera de los muros de la escuela. El viento parece estar calmado esta vez, pero aun así entra corriendo a la escuela. Se acuerda de su mochila, la cual no lleva sobre sus hombros. -La debí dejar en mi aula-se dice a sí mismo-. Corre hacia el pasillo principal, y se encuentra con el conserje. Lleva un cuenco con galletas y un vaso de leche. -No sé por qué mi esposa se molesta, le dije que eras solo basura-escupe irritado-toma esto. El niño se acerca y agarra la comida. -Aún no es medianoche, así que aprovecha de tu tiempo. -Gracias. ¿No ha visto si mis padres… El conserje lo interrumpe a media pregunta con una risa burlona y estridente. -Definitivamente no. Y se va. El niño camina hacia su aula, la luz sigue encendida. Se sienta en la mesa del profesor y coloca el vaso sobre el alféizar de la ventana. Mientras come se da cuenta de que la ventana no sólo lleva puesto el seguro, sino que también tiene una cadena y un pequeño candado. Termina de comer, sale corriendo y entra a los salones que están cerca. En todos las ventanas están con cadenas y candados. Y es extraño, porque ni las puertas que dan al patio lo están. El corre para asegurarse. La puerta por la que hace un momento entró cuando escapó del teatro está cerrada con llave. Las advertencias resuenan en su cabeza. -Debes irte antes de que encuentren la forma de encajarte en este lugar. Y corre, tratando de hallar manera de escapar. ¿En dónde podría encajar? ¿En un teatro como la doncella mutilada, en una sala de música como la monja?. ¿Quiénes han hecho todo eso? Se le ocurre que quizás en el aula multimedia encuentre una ventana en el pequeño baño, puede que entre por ahí ya que es delgado. Se dirige hacia allí y mientras camina por un pasillo cerca de una puerta, una mano lo jala hacia adentro. -Ya casi son las doce-dice una voz-. Hay varios niños, unos quince o más sentados en sus pupitres, con lápices y hojas, algunos escribiendo y otros mirándolo fijamente. -Es imposible-responde el niño-hace unos minutos los caballeros del teatro me dijeron que eran las ocho.


-Aquí no hay hora que importe. Ellos no respetan el reloj-dice una niña al fondo de la sala. -Hola-saluda el niño que lo jaló hacia el aula-somos la clase de los desubicados. El niño sin pensarlo se ríe. -No es gracioso, podrías terminar aquí-le espeta uno de los niños-. -Te mataran, como a todos nosotros. El niño se estremece, son más fantasmas de los que en toda la noche había visto. -No me matarán los escultores, o los que encerraron a la monja-exclama y comienza a retroceder hacia la pizarra-ni terminaré como ustedes-. -Pensándolo bien, a este quizás le encuentren una ubicación-dice la primera niña que habló. -Así que, ¿a ustedes no encontraron donde ubicarlos y se reunieron aquí? ¿y dónde están los que sí fueron ubicados?-pregunta el niño con curiosidad. -Hay trece adultos, los diez caballeros que en realidad eran estudiantes al igual que la doncella, también la monja pianista y el jardinero tuerto que deambula por los rosales y en el día lanza a los niños las frutas secas que caen de los árboles-le explican-. -También hay otros niños, a dos los mataron en los baños y ahí los ubicaron, una está encerrada en un sótano, otro en un armario bajo una escalera, otro en un depósito. Y hay muchos más, en distintas partes de la escuela, sangre que clama a través de las paredes exigiendo la justicia que nunca tendremos. -Nosotros somos de los pasivos. No nos enfurecemos con los vivos ni los asustamos sólo porque ellos vivan y nosotros no. Preferimos solucionar el problema, evitando que más sangre se derrame. -¿Pero tenemos que ayudar a este?-pregunta una chica parada en una esquina. El líder, el chico que presentó al grupo asiente. -Yo, no sé qué decir. Pero tengo que escapar de este lugar. -No puedes, no hay salida. A menos que tus padres lleguen y toquen las puertas, los conserjes te dejarán salir e intentaran matarte en otra ocasión… ¿Los conserjes? El niño ve el pomo de la puerta girando. -Solo debes de escapar de la escena, desconectarte. Es demasiado tarde para ayudarte, ya es la medianoche-se lamenta el líder del grupo de los desubicados, quienes comienzan a desvanecerse-. El conserje está en la puerta. Sonriendo. Con dos cuchillos carniceros en sus manos. Su mujer aparece detrás del niño, con una esponja manchada de tiza de tanto limpiar la pizarra. El niño trata de correr pero la mujer lo agarra y pone la esponja en su cara obligándolo a respirar la tiza, asfixiándolo. De pronto siente que empieza a flotar por la habitación, y ve los cuchillos convertirse en otro cuenco de galletas y un vaso de leche. El conserje los pone cerca de la boca del niño, quién se muere por comerlos. La mujer lo baja y lo pone de pie, el niño sigue adormecido por el efecto de la tiza en su cerebro y se tambalea. -¿Quién eres?-le pregunta una voz, pero no reconoce si es del conserje o de la mujer. -Mike Collins, 15 años. Un adolescente indisciplinado y enloquecido. -¿Y dónde están tus padres Collins? -Muertos, nunca vendrán. El cae y comienza a arrastrarse por el piso, en busca de algo, algo que lo ayude a salir de allí. Es suficiente, ahora entiendo, lo supero, lo supero, déjenme volver.Suplica dentro de sí mismo. -¿Sabes lo que pasa después de la medianoche cierto?


-Seré ubicado, ubicado si no salgo, si no escapo. Siempre lo supe, déjenme. El cuchillo lo atraviesa en un costado. Siente la sangre saliendo de su cuerpo, el mal saliendo de su mente, todo su mundo creado. Se siente sin fuerzas, sin vida, sin su historia recién creada, recién aplastada. Una ensoñación demasiado corta, arruinada por lo que sea que estén haciendo en el exterior. Las enormes manos del conserje le abren el cráneo, con garras que escarban entre sus sesos, buscando su conciencia para quitarle su poder, ese poder creativo y absorbente, imaginativo y aislante, la razón de su locura. Pero él lucha por desconectarse, debe mostrarse rendido, antes de que le quiten todo. Debe hacerles creer que lo han logrado, que han matado esa parte de sí mismo. Cada vez es menos consciente de su entorno fantástico, y se da cuenta exactamente por darse cuenta. Irracional, todo, distorsionado. Pero no les dará el privilegio. -¿En dónde estás niño? Él sonríe, recuerda ser un niño, si, un niño que tiene padres que en algún momento lo recogerán de la escuela, en la que es muy popular, demasiado. No como sí mismo. -En mi escuela. -No. -¡Cállense!-grita Mike, debe desconectarse, para engañarlos, para que cuando sea ubicado en la realidad pueda volver a su fantasía en cualquier momento. De pronto todos los niños del grupo de los desubicados aparecen frente a él. El líder le tiende una mano. -Hay una puerta abierta en la segunda planta-le dice y lo levanta- los conserjes en cualquier momento volverán, han ido a ver en qué parte de la escuela ubicarte. -¡De ninguna manera!-grita el niño y corre. Sube las escaleras, con los niños volando sobre él. -Si cierras la puerta tras de ti, y logras esperar afuera hasta el amanecer, podrás entrar cuando las clases empiecen y unirte a nosotros. Cuando te desangres lo suficiente para morir aquí serás un no-ubicado y flotarás libre. -Pero quiero vivir en este mundo, quiero ser capaz de salir y buscar otros lugares. No ser solo un desubicado encerrado por siempre en este lugar-grita mientras corre buscando la puerta hacia la terraza. -Hay una manera-dice el líder de los no-ubicados-puedes matar a los conserjes. El niño se detiene abruptamente. Una daga negra. Flotando delante suyo. La esconde y para cuando los conserjes llegan se acerca hacia ellos. -Soy Mike Collins recibiendo un tratamiento aislante. Así lo llamo yo, es un tratamiento que me aleja de mi mundo creado. Y este acaba de ser creado… Ellos sonríen con la esperanza de que despierte. Pero olvidan que están cerca de la escalera del comedor. -No dejaré que lo destruyan y me ubiquen… Arremete contra ellos, desprevenidos. La esposa del conserje rueda por las escaleras. El niño agarra al conserje y lo estampa frente a la pared, el cuerpo atraviesa la pared pero el niño deja que solo las piernas queden del otro lado mientras hunde la daga en el cráneo del conserje, la sangre salpicándole la cara-ya cubierta de su propia sangre-. -¡Esto va por La Doncella Mutilada! No tenías derecho de quitarle la fantasía artística que tenía, no tenías por qué ubicarla en el mundo real, sin poder ver el espectáculo de su vida, sólo teniendo que experimentarlo por las reacciones del público-con cada palabra, la ira aumenta y le hace cortes cada vez más profundos-¡Esto va por todos los que sacaste


de este mundo! A la monja pianista, cuyo sueño destruiste y la encerraste en la rutina rodeada de gente oxidada e inservible, a todos ellos, maldito. -Está muerto, Mike. Lo lograste. Abro los ojos en mi habitación. Los doctores se han ido, no tuvieron éxito en el tratamiento. Podré entrar y salir en mi ensueño de niño las veces que quiera. No seré ubicado en la vida a la que todos llaman “real”. Y no dejaré a ningún conserje intentarlo otra vez.


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