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Lecturas P E R I Ó D I C O

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Germán Espinosa (1938 - 2007) Reseñas sobre libros de:

María Cristina Arango, Bernardo Rengifo, Yukio Mishima, Ariel Levy, Renán Silva, Akiyuki Nosaka, W. G. Sebald, Fernando Quiróz, Jaime Espinal. P V P $ 3 . 0 0 0 - P e r i ó d i c o s e m e s t r a l d e c r í t i c a b i b l i o g r á f i c a . N o . 3 . B o g o t á F I L 2 0 0 8 I S S N 2 0 11 - 6 1 2 8 Abril-Septiembre 2008. No. 3. 


Director: Carlos Andrés Almeyda Gómez Subdirector: Juan Carlos González Franco Editor: Diana Marcela Arias Naranjo Colaboradores: Hollman Lozano-García, Pablo García Arias, Celedonio Orjuela Duarte, Juan Manuel Roca, Sebastián Pineda Buitrago, Alberto Bejarano, Sophia Vázquez Ramón, Oscar Collazos, Rodrigo Pérez Gil, Gabriel Arturo Castro, Adriana Laganis Valcárcel, Nuno Júdice, Luis Fayad, Luis Fernando Afanador. Mario Torres Duarte, Jaime Valencia Villa, Ricardo Sánchez, Gustavo Mauricio García. Diseño: ConHector. Plataforma Gráfica. ISSN 2011-6128 http://periodicolecturascriticas.blogspot.com Periódico de libros Lecturas Críticas No. 3. Abril - Septiembre de 2008. PVP: $3.000 lecturas_criticas@yahoo.it lecturascriticas@gmail.com ©2008 Criterios editoriales y de selección competen exclusivamente al periódico. Colaboración solicitada. Los juicios emitidos en la presente edición son responsabilidad de sus autores y no comprometen la opinión de Lecturas Críticas.

C o n t e n i d o

Publicaciones periódicas

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Por Rodrigo Pérez Gil

Naturaleza y etnocidio

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Por Alberto Bejarano

La perspectiva polifónica...

7

Por Gabriel Arturo Castro.

Pútrida patria

9

Por Paul Von Leopold

Saber, cultura y sociedad

10

Por Rodrigo Pérez Gil

Germán Espinosa 13

Por Sebastián Pineda B.

Female Chauvinist Pigs 15

Por Hollman Lozano

La tumba de las luciérnagas 16

Por Sophia Vázquez R.

Yukio Mishima

Por Jaime Valencia Villa

17

Open the window... 18

Por Carlos A. Almeyda

Algo huele mal 19

Por Luís F. Afanador

Diccionario Anarquista

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Por Celedonio Orjuela D.

En breve

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Noticias bibliográficas.

Nuestra Carátula: Homenaje al maestro Germán Espinosa Por Silvia Bonilla -http://silvisbonilla.blogspot.com Abril-Septiembre 2008. No. 3.

Sobre la Crítica Lecturas Críticas hace entrega de la segunda parte de una serie de fragmentos referentes al ejercicio de la crítica, compilados a manera de obligada nota editorial.

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n verdad que la credulidad humana es fantástica. Pueden existir buenas razones para creer en un rey o en un juez o en un alcalde. Cuando los vemos pasar barriendo el mundo vestidos con sus togas y sus pelucas, acompañados de heraldos y de voceros, las rodillas comienzan a temblarnos y a fallarnos la mirada. Pero es imposible decir cuáles razones habrá para creer en los críticos. Carecen de pelucas o de voceros. Si se los ve de cuerpo presente, en nada se diferencian de otras personas. Pero basta que estos congéneres insignificantes se encierren en una habitación, mojen la pluma en tinta y usen el “nosotros” para que el resto lo supongamos de alguna manera exaltados, inspirados, infalibles. Les brotan pelucas en las cabezas. Togas les cubren las piernas. Ningún milagro mayor llevó a cabo nunca la credulidad humana. Y, como la mayoría de los milagros, también éste ha tenido un efecto debilitador sobre la mente del creyente. Comienza éste a pensar que los críticos, por llamarse así, están siempre en lo cierto. Comienza a suponer que algo sucede realmente con un libro cuando se lo alaba o disminuye por escrito. Comienza a dudar y a ocultar sus propias aprehensiones sensibles y titubeantes cuando entran en conflicto con los decretos de los críticos. Sin embargo, si exceptuamos a los eruditos (y la erudición es útil sobre todo para juzgar la obra de los muertos), el crítico es más falible que el resto de las personas. Tiene que darnos su opinión de un libro publicado dos días antes y con la etiqueta aún pegada en la portada. Debe salir de esa nube de sensaciones fértiles, pero inmaduras, que cuelgan alrededor de un lector para solidificarla, para resumirla.

Lo frecuente es que lo haga sin que haya madurado el tiempo; lo hace con demasiada rapidez y con demasiada seguridad. Afirma que se trata de un gran libro o de un libro malo: Sin embargo, y bien lo sabe, cuando se conforma con haberlo leído ninguna de esas dos cosas es cierta. Al crítico lo domina la fuerza de las circunstancias y un cierto grado de vanidad humana, que lo llevan a ocultar los titubeos que lo acosan mientras lee, para con ello eliminar toda huella de esa ruta sinuosa y torcida por la cual llegó a lo que decide llamar ‘una conclusión’”. Virginia Wolf. “Un ensayo de Crítica”. La torre inclinada y otros ensayos. Trad: Andrés Bosch, Barcelona, Editorial Lumen, 1980.

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i para cada libro se hiciera un comercial, ni sacando los programas, las novelas, los noticieros, los otros comerciales y todo lo demás, alcanzaría el tiempo. Supongamos ahora que, con el patrocinio de la Unesco, se contratara a los mejores críticos del mundo, para que todo libro publicado tuviese una nada más que una reseña crítica, pero eso sí: magistral. Supongamos que ésta fuera de tres cuartillas, para no exagerar. Esto daría material suficiente para publicar diez mil libros anuales, de puras reseñas críticas. Libros que, por piedad a los lectores, suponemos que no serían reseñados, aunque sería mucho pedir a diez mil grandes críticos (si los hay en el planeta) tanta abnegación. La mayor parte de los libros nunca se comentan, nunca se traducen, nunca se reeditan. Se venden (si se venden) como novedad, pero después de la escasa venta de salida no hay venta de reposición. Quedan (si quedan) en la biblioteca de los amigos, en algunas librerías de saldo, en algún registro bibliográfico no en la Historia Universal. Pero tú sigues escribiendo libros”. Gabriel Zaid. Los demasiados libros, Anagrama, Barcelona 2001, 113 Páginas.


Ensayo

La aldea local Por Rodrigo Pérez Gil Publicaciones periódicas en Antioquia 1814-1960. Del chibalete a la rotativa. María Cristina Arango de Tobón Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín, 2006, 592 págs. La primera imprenta, diminuta, llegó al Estado Soberano de Antioquia en 1812. Nótese el nombre que se atribuyó la provincia, el cual sigue resonando en este territorio muchos años después de la Independencia de España. Es un hecho que la escritura nació para la tributación en los Imperios despóticos. La Biblia y El Requerimiento (la Orden Real para tomar posesión de las tierras en América), que trajeron los españoles en su morral, no eran para comunicar nada, eran más bien una pieza del Aparato de Captura, una suerte de mordida, constituían, en rigor, órdenes. Por el nombre de esta provincia, se puede presentir hasta dónde puede llegar, en ciertos pobladores de Medellín, su ansia por declarar y dar a conocer, a través de un periódico, nuestro buen juicio, nuestro buen sentido, nuestro sentido del orden, la opinión, en fin, que tenían los antioqueños, prendados de sí, mi tierrita, de los asuntos del gobierno. La especie que más abunda en el libro objeto de esta reseña son los nombres propios, las listas de personalidades que colaboraron en las innúmeras y efímeras publicaciones. Llega tarde a Antioquia, y había llegado tarde a La Nueva Granada, la imprenta, en 1738, mientras que a Lima y a México la imprenta llega hacia 1600. Igual la primera Universidad Pública, apenas hacia 1850 en Bogotá, mientras la primera Universidad Pública en Lima se funda en 1602, y en México por la misma época. Estas culturas

precolombinas, Perú y México, sabían leer y escribir, tenían sus calendarios, así que los mestizos iban a heredar allí una cultura que echaba sus raíces en la tierra misma, en sus volcanes, en el desierto, en las selvas y llanuras del antiguo México. Las antiguas culturas de la América tropical, en cambio, muchas de ellas nómadas, entre los cuales abundaban los artistas orfebres, no necesitaban leer y escribir y tal vez no escudriñaban mucho las estrellas en el cielo, diferían mucho a este respecto con relación a la cultura mexicana. También el mestizaje es distinto, el de La Nueva Granada es diferente al mestizaje en México y en Perú. Aún la religiosidad es distinta, en La Nueva Granada caló hondo el cristianismo, y con él toda clase de supercherías, a diferencia de las culturas mexicanas, donde la liquidación de sus dioses no caló a fondo, y dejó una reserva suficiente para resistir mejor el embate de los cruzados cristianos, al menos por un rato... En México la Revolución fue anterior a la revolución rusa, y duró de 1910 a 1920, derrotada a la postre. Analfabeta pues, el medio donde crecen, los paisas que aprenden a leer y a escribir y entran en negocios públicos, heredan una región de muy bajo mestizaje, así que no heredan el amor por la tierra de los indios, sino más bien el amor por la propiedad de la tierra de los conquistadores y colonizadores españoles, los enviados de Dios que medran junto con éste en un suelo inculto, donde los negros son esclavos o hijos de esclavos, y la mayoría de los indios fueron pasados por las armas, y los demás huyeron a refugiarse en las selvas, hacia el Chocó, o como Esperanza Aguablanca, huyeron hacia adentro de sí mismos, por el pensamiento, lo que les permitió preservar hasta el fin una liga con su pueblo, precaria y todo. El Censor, he

aquí cómo se llamaba “uno de los primeros periódicos fundados en Medellín por iniciativa privada, el 23 de abril de 1815; decía así en su primer editorial: ‘(...) No he podido resistir a la manía de ser autor y manifestar libremente mis opiniones bajo el título que precede’”. El editor escribe libremente censurado por sí mismo. Prendados así de la herencia española, los antioqueños de empuje, iniciados, curiosos, escriben por montones, y ahora, sus herederos se toman el trabajo de armar tamaño libro, casi 600 páginas, escudriñando viejos anaqueles en las bibliotecas para rescatar del asedio de las polillas y dar con las publicaciones periódicas editadas desde 1815, ¿para quién? Los concejales de Medellín de 1875 legaron a los concejales de 1975, “los ejemplares correspondientes a los números 174, 177, 178, 181 y 182 de este periódico”, se refiera la señora Arango a “La Sociedad”, editado por la Sociedad Católica de Medellín en junio de 1872, “para llevar la simiente de la buena doctrina hasta el modesto hogar del artesano, hasta la humilde choza del jornalero, hasta el pobre tugurio del mendigo; y que fuera a la vez el arma acerada y cortante para defender la verdad y combatir el error en sus mil seductoras formas”. Ya se ve que no los estimaban en poco, los concejales de Medellín, a estos ejemplares de “La Sociedad”, de los cuales no se puede esperar gran cosa, salvo servir de brasa a los cruzados cristianos, ¿qué harían con esta “arma acerada y cortante” sus herederos, cien años después? Uno descubre en este texto que el ilustre ingeniero civil, Alejandro López, colaboró con El Heraldo de Antioquia en 1927, aunque el libro no muestra ni una letra del mismo ingeniero inventor que elaboró, como tesis de grado, los planos del Túnel de la Quiebra,

vía del tren hacia la costa, y que estudió en Inglaterra y tenía sus ideas fijas, intempestivas, los Problemas Colombianos, ideas que pasaron casi desapercibidas, salvo sus inventos prácticos, como la máquina para extraer fique de las pitas (el henequén), en el medio estéril donde creció. Encuentra uno también, a lo largo del libro, que en este mismo año 1927, los curas editaban “La Hojita” para los niños, salía cada domingo y decía en su Presentación: “Niño, Esta hojita te servirá de vale para la doctrina de hoy en adelante”. La hojita era la boleta para entrar a recibir la doctrina. Y luego: “Es la hojita para todos los niños y niñas que asisten los domingos al catecismo: no se cobra por ella absolutamente nada”. ¿Serían de veras gratuitas?: “Las hojitas buenas son como los buenos amigos; las hojas malas son como el veneno de las serpientes; las hojitas buenas te enseñan a amar a Dios Nuestro Señor, las hojas malas te harán amigo de los ángeles malos”. Agrega la autora: “En sus páginas se afirmaba que el cine desmoralizaba al pueblo y agotaba a los niños, se alertaba sobre la lectura de publicaciones como El Centinela y El Correo de Colombia, diciendo que el primero de ellos era protestante y el segundo publicaba notas contra la Iglesia y a favor de las malas ideas”. No duraban casi nada la gran mayoría de estos periódicos que arrancaban sembrados de buenas intenciones. Lástima las fallidas reproducciones de hojas de algunas publicaciones, ilegibles, casi todas, emborronadas, oscuras, que frecuentan la primera parte del libro; parecen fotos corridas y sombrías de supervivientes bajo la condición de un secuestro en malas condiciones, sombría soledad de los viejos anaqueles bajo la erosión de un tiempo implacable. Precursores, los recursivos antioqueños: en 1910, se editó Abril-Septiembre 2008. No. 3. 


Ensayo en la tipografía Gutenberg de Medellín, LA Mafia, República de Colombia, Departamento de Medellín (sic): “En sus páginas se promovió un concurso para elegir la reina de la elegancia y se ofrecía como premio una serenata”. Hay que ver, hay que oír, en la época en que hacían los mexicanos una revolución, 1910, los paisas hacían concursos de elegancia bajo el patrocinio de La Mafia. Por lo demás, la confección del texto es impecable, fruto de un esmerado y prolijo trabajo de archivo, en la biblioteca de la Universidad de Antioquia, en la Pública Piloto de Medellín, y en la Biblioteca Nacional de Bogotá, recogiendo textos y fotos de autores, trabajo hecho por parte de la señora María Cristina Arango, cronista y reportera del

periódico El Espectador durante 18 años, con el seudónimo Macrisa escribía para este periódico una columna de notas culturales titulada “Alrededor de la Montaña”, paisa de pura cepa, se graduó en Periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Dejó el quehacer periodístico para dedicarse, durante siete años, a la elaboración de este voluminoso texto de pasta gruesa, prolijo, muy prolijo; la autora no selecciona según la calidad del material, así que todo viene aquí en el mismo saco, cuánta hojarasca en este cuarto de san Añejo, con algunas “perlas”. Véase el fragmento de Tomás Carrasquilla en el primer número de la revista Sábado (7 de mayo de 1921): “(...) El Sábado es infinitiforme como la existencia. Si se acerca a

veces al infierno, también se acerca con frecuencia al paraíso. Y de este Sábado que hoy se inicia, de este Sábado en formato elegante, de ilustraciones y nitidices, de índole puramente literaria, sin el noticierismo lugareño, sin la disputa bizantina, sin la política que turba cabezas y envenena corazones, ¿habrá de esperarse mucho, y alto? Tal lo promete el grupo selecto y entusiasta que lo emprende; tal lo piden las actuales circunstancias, en que las almas esperan algo sedante y delicado. ¿Por qué no ha de calmarlas un tanto esta Revista? (...)”. El libro consta de cinco índices: alfabético, cronológico, onomástico, y un índice por ubicación de las colecciones. El índice de los seudónimos consta a su vez de tres índices: Del seudónimo al

es Medellín El Callejon de las Palabras / Carrera 42 No.54-62 / 2395242 Simsalabim / Calle 34 No. 66 B-81/ 3163184 Al Pie de la Letra / Calle 49 A No.64 C-42 Brasilia 3 / 2305428 - 2607352

Y libreros independientes

 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

nombre, Del nombre al seudónimo y Seudónimos sin identificar, entre los cuales figuran Apio, Armando Lora, Betty, Cornelia, Demócrito, Ego, El Lápiz, El Seminarista, Eva, L. Gido, Martillo y Galo Pando. Don Fidel Cano, fundador de El Espectador en Medellín (1887), era F. Ulano (tenía la idea del anónimo, cara a los buenos escritores), y su aguerrida sobrina María Cano, quien nace justo en este año 1887, era Helena Castillo. El poeta Miguel Ángel Osorio llegó a ser Juan Sin Tierra, mientras José María Samper era Juan Sintierra, lo cual hace una pequeña diferencia con el alias de Porfirio Barba Jacob, quien edita, en 1903, antes de llamarse así, las hojas de El Trabajo y La Luz, en Angostura. Escribe la autora, refiriéndose a todas estas publicaciones: “Si se lee con cuidado, se encontrará que muchos de los editoriales tienen vigencia hoy, como los de La Voz de Antioquia en 1840 y de La Avalancha en 1895, por mencionar sólo dos”. Uno, curioso que es, va al periódico La Voz de Antioquia y encuentra que en el editorial del primer número (marzo 8 de 1840) se dice: “(...) todos a una debemos ponernos en defensa, frustrar los planes de los facciosos, colocarnos al rededor (sic) del gobierno i fuertes por la unión, atacar i confundir al horrendo monstruo de la anarquía. Tal es la voz de la provincia de Antioquia. (...) Estamos firmemente resueltos a no transigir (sic) i á (sic) sostener con las armas en la mano i a cualquiera costa el orden actual i las autoridades constituídas”. Así que lo que tiene vigencia hoy, de acuerdo al texto, es ni más ni menos que el lugar común, el tópico, desde que llegaron a estas tierras los fundadores de Estados, los que nos pusieron a “vivir en policía”, es decir, bajo el orden parroquial trazado en los albores de la colonia y vigente hasta nuestros días, un orden usurpado y que se defiende día a día como si estuviera a un pelo de ser usurpado una y otra vez. Si nos vamos al periódico La Avalancha, con el fin de buscar su primer editorial (Medellín, enero 15 de 1895) y


Ensayo percatarnos de algo que estaría vigente aún hoy, según la autora, encontramos de nuevo el tópico: “(...) La Avalancha irá contra todo lo ilegal, lo injusto, lo inconveniente. (...) No irá contra la farsa y los farsantes porque al obrar así vendrían sobre ella los cuatro millones de habitantes que pueblan el país, pues a estas horas, que son la noche del siglo, y en estas latitudes que constituyen la patria de los negociantes, en donde la granjería ha echado hondas raíces, si emprendiéramos la labor de descubrir farsantes o descubrir sus hazañas, nos faltaría tiempo, paciencia y valor, aún clasificándolos por especies o agrupaciones (...)”. Ciertamente, entonces, no podían decir, estos editores de La Avalancha, lo que ha sido moda en Antioquia y que uno ha leído en las pancartas: Los buenos somos más, ya que descontando los farsantes, en el país de cuatro millones, no quedaban ni los editores del periódico para contarlo; como en Sodoma, no había ni dos justos, aunque por algo editaban estos autores antioqueños su periódico. Uno encuentra que se repite casi la misma cantinela en todos estos innúmeros periódicos, justo en la provincia conservadora por antonomasia, además de Pasto y Cauca, los antioqueños entreverados en los negocios públicos y privados, siempre han sentido la urgencia de armarse, en periódicos como el semanario El Deber (1876), leemos, a partir del número 13 en el subtítulo del periódico: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, divisa de los Pacificadores de todas las épocas hasta el sol de hoy, para guardar el Orden establecido (que es un orden usurpado), o para restablecer un orden usurpado por facciones del poder en lucha por el botín del Estado, para hacer cumplir la ley, hay que hacer la guerra: Primero cañones, después mantequilla (aviso en el órgano oficial nazi de abril 4 de 1938). Sobre el cabezote del periódico El Derecho, editado en Santa Rosa de Osos, con motivo del aniversario del asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1949, a cinco columnas, se lee: “Conservadores de todo el

país, a armarse”. La sobrecarga de esta cantinela hace mella en el lector del gran cuaderno de tapas gruesas editado por la Universidad de los administradores de negocios EAFIT en Medellín. Uno hubiera querido leer muestras de ciertas colaboraciones, fragmentos bien escogidos, para darse una saludable tregua en la seca travesía por esta Hojarasca de los editores; que el texto trajera algo de Ciro Mendía, seudónimo de Carlos Mejía Ángel, algo del compositor Tartarín Moreira (alias de Libardo Parra Toro), quienes colaboraron con el editor de periódico humorístico El Alfiler (1933), León Zafir (alias de Pablo Restrepo López). Uno quisiera al menos una muestra del genio de Luis Tejada, del joven poeta Miguel Ángel Osorio, una línea de su poema “Carmen”, del cual se nos dice que apareció en el periódico Diana, editado en Yarumal en 1909, junto con un estudio de Ricardo Arenales. Sin embargo, trae el libro un fragmento, escrito “en cuidadosa caligrafía”, en la hoja La Luz, de la cual aparece como editor responsable, M.A. Osorio, en el municipio de Angostura el 15 de marzo de 1903; el poeta

tenía entonces 20 años, y vale la pena citar aquí el texto, una variación al cliché y a la cantinela imperante en casi todas la citas recogidas en el libro, citas de autoridad, del orden, de la ley, del patriotismo, de la honradez, recargadas con el peso del porvenir al que aspiran los poderes establecidos, laicos y cristianos. De “La Luz” sólo se conoce este número, y en él escribía M. A. Osorio, con el idealismo del joven y la buena letra del calígrafo: Todos los hombres no somos iguales, es decir no pensamos de una manera igual, no tenemos las mismas aspiraciones ni perseguimos los mismos ideales. Sin esta circunstancia, la sociedad no podría existir; la salvajez sería nuestro estado natural; el progreso sería desconocido; el hombre no haría sino vegetar. La obra admirable del ingenio humano que llamamos civilización, es el resultado de todas las ideas, de todos los esfuerzos, de todas las actividades ejercitadas a través de todos los tiempos y de todas las generaciones. De aquí, pues, que sea soberanamente lógico que cada individuo trabaje en armonía con sus

aspiraciones y que su obra esté en relación con su capacidad. Por fin alguien expresa una idea poco común, que no somos iguales, en contravía con la divisa vigente desde la presunta Independencia, que somos libres e iguales, herencia cristiana y complejo del rebaño que prepara la llegada del misoneísmo universal, o sea el odio a las novedades, carácter propio a La Nueva Granada y propio de Antioquia y de Colombia, ensimismadas. Se nota este fenómeno en la gran mayoría de las publicaciones de Antioquia en la segunda parte del siglo XIX y en el siglo XX. La autora no se sale de los carriles de las citas de editores, de ahí la monotonía del texto. Veo con cierta aprensión, con una sorpresa inquieta, hacia el final del libro, el pequeño retrato de la educadora María Rojas Tejada, tía y maestra del niño Luis Tejada, esta belleza como asustada de una mujer más bien delgada que tenía carácter y sentía y sabía muchas cosas, muchas cosas a las que no podía dar libre curso en el clima social y cultural opresivo donde vivía, en medio de unas ideas desatinadas y aberrantes de los amos de entonces. María Rojas colaboró en la primera revista femenina fundada en Medellín en 1926, bajo la dirección de doña Sofía Ospina de Navarro, Letras y Encajes, que sale, decían muchos lectores, para “contrarrestar las prosas sensuales de María Cano, Fita Uribe y María Eastman”. En la misma página 355, en la parte superior, aparece el retrato de Teresita Santamaría de González, también colaboradora, y futura directora de esta revista, y uno queda muy timbrado por el contraste entre dos polos de la sensibilidad en sendas mujeres antioqueñas, entre cierta aprensión digna, que uno aprecia en el semblante de María Rojas, y esta otra actitud como de mujer satisfecha, protegida y consentida que parece emanar del retrato de Teresita Santamaría. Rodrigo Pérez Gil es escritor y comentarista de libros. Abril-Septiembre 2008. No. 3. 


Ensayo

La conquista de América en clave de Inmanencia Por Alberto Bejarano. Naturaleza y Etnocidio. Relaciones de saber y poder en la conquista de América Bernardo Rengifo Editorial Tercer Mundo Bogotá, 2007 277 páginas En estos tiempos en que la biopolítica se ha convertido en uno de los temas más estudiados por la filosofía contemporánea (versión francesa), el libro de Rengifo emerge como una “nube de arena” (no como una “plataforma giratoria” a la manera de un Habermas) que cae y desborda los estudios (pre)históricos sobre la conquista de América, y que, a la vez, confronta a la filosofía con su tradición y su(s) devenir(es). Son pocas las incursiones de la filosofía (en Colombia) sobre la conquista de América. Y aún más escasos son los análisis críticos que basándose en estudios interdisciplinarios se pregunten por las relaciones entre saber y poder dentro del episteme “moderno” que une y separa Europa y América. Es por ello que el libro de Rengifo viene a inaugurar un espacio académico que permanecía en el silencio de las reflexiones filosóficas. De allí, la pertinencia de investigaciones que desde la filosofía, piensen problemas transversales de (a) las ciencias humanas. En este caso, Rengifo incursiona con profundidad en terrenos que parecían reservados a la historia y a la antropología. El libro de Rengifo plantea desde el principio dos Inquietudes: ¿Sobre qué tipo de saberes específicos se apoyaron las tácticas de sometimiento al orden cultural español, que sustentaban a su vez el poder conquistador etnocida?” y “¿qué clase de prácticas de saber oponían las sociedades indígenas frente a las estrategias de conquista? (pp. 10).  Abril-Septiembre 2008. No. 3.

El autor realiza un recorrido detallado por los principales debates teológicos en torno al problema de la existencia del Indio (sobre todo de su alma), y por consiguiente al problema de la existencia del mal (prácticas de hechicería y brujería, destacando en especial algunos casos de México). Durante la evangelización de América, en la enunciación nuclear de la trascendencia subyace una especie de ambigüedad programática de la Iglesia respecto a la naturaleza: el indígena, en cuanto parte del mundo, tenía que ser una creación divina. Pero al mismo tiempo, resultaba “evidente” que se encontraba más cerca de los elementos naturales que del espíritu. ¿Por qué Dios llegó a producir o permitir algo semejante? ¿Cómo logró el demonio dominar estos seres hasta “enseñorearse” de tal manera en esta tierras?... el indígena es un ser preso en las tinieblas del mal. (pp. 63). El lector va descubriendo que Naturaleza y etnocidio, más allá de ser un libro de polémicas sobre autos y contra-actos de fe, es ante todo un análisis genealógico

sobre los saberes y las prácticas indígenas en América, que para Rengifo son una muestra invaluable de inmanencia, pues el problema radicaba en una transgresión indecidible e inconmensurable, en un “impensable” para los códigos representativos de la época, que por eso resultaba inabordable para la cultura española: “¡El indio es en la inmanencia¡ ¡el indio es naturaleza¡”. (pp. 128). Dialogando con la filosofía francesa contemporánea (Foucault, Deleuze, Guattari, Serres), Rengifo desarrolla en su libro una serie de cuestionamientos no sólo al “acontecimiento” de la Conquista de América y sus formas de legitimación, sino también (y sobre todo) a las maneras cómo hasta ahora se ha estudiado el tema. Estamos de acuerdo con Bateson y Guattari en que sólo una ‘ecología del pensamiento’ puede abrir caminos nuevos hacia un replanteamiento radical de la relación con la naturaleza en Occidente; hacer una ecología incluso de la manera desgastada de hacer ecología, bajo un nuevo estatuto de la naturaleza y la vida que con-

Sin título. Duvan López

temple la inmanencia, y con ella a las prácticas indígenas del saber. (pp. 131). Otra de las ideas centrales de Rengifo es pensar la subjetividad del indio en el contexto de los saberes cristianos y renacentistas aportados por los españoles, y al mismo tiempo, explorar en la relación del indio con la naturaleza, otras formas de percibir y vivir los deseos y el cuerpo. Reivindicando la inmanencia, Rengifo señala que: Nadie mejor que Gilles Deleuze ha expuesto el valor y las posibilidades filosóficas de la inmanencia. Siguiendo su interpretación sobre la inmanencia en Spinoza, se puede afirmar que el cuerpo, las fuerzas, se encuentran siempre bajo relaciones de composición o descomposición (activo-reactivo) que en último grado definen su grado de afirmación como potencias. (pp. 180). Surgen en este punto muchas preguntas que el libro asume, y quedan otras, que son lanzadas a futuros investigadores que quieran incursionar en los laberintos de la recomposición del pasado en un sentido nietzscheano. Más adelante, Rengifo debate con las concepciones clásicas en antropología sobre el carácter, en apariencia simbólico del Indio, y sobre las implicaciones filosóficas de abandonar los recurrentes estudios sobre “identidad” indígena y nos propone: Ser naturaleza, vivir en inmanencia con la naturaleza, es transgredir el orden cartesianocristiano de la identidad. De ahí el deplorable error de numerosos etnólogos al pretender –de manera irreflexiva- “rescatar la identidad” del indígena como si se tratara de recomponer una subjetividad de tipo cartesiano. Nos parece que lo indígena sería más un modo de existencia a restituir que una identidad para rescatar. (pp. 200)


Ensayo En el último capítulo Rengifo plantea: Lo que queda por investigar no es tanto si existirían grados de trascendencia entre las sociedades no occidentales, sino si es posible continuar creyendo que todos los pueblos y culturas no occidentales se relacionan de la misma manera con la naturaleza (pp. 219). Lo anterior da pie para reflexionar sobre las posibilidades de pensar (desde) la filosofía contemporánea, problemas que suelen ser posesión de otros dominios. La conclusión, coherente con el desarrollo del libro se dirige a confrontar la filosofía (¿occidental?) con el presente intempestivo e intemporal en el que vivimos, y en particular, Rengifo logra su propósito de develar y visibilizar los lazos más sutiles que se tejen entre saber y poder, en este caso en la Conquista de América. En la Conquista de América no habría aflorado solamente España contra lo indígena, sino también el saber occidental de la identidad, la esencia, Dios…, en una frase, de la trascendencia como mismidad, contra las potencias del devenir, de la naturaleza, de lo fenoménico…, en una palabra, de la inmanencia y su alteridad. Entonces la guerra religiosa de razas que se cumplió durante la conquista de América, también representaría uno de los episodios más perturbadores de una lucha más amplía que atravesaría insidiosamente toda la historia humana: polis contra bios, o la trascendencia contra la naturaleza ( pp. 240). Naturaleza y etnocidio está dividido en seis partes (El orden de la trascendencia; El saber sacramental; Humano debate sobre lo humano; Hechicería, inquisición, cuerpos; Naturaleza e inmanencia; Inmanencia chamanismo) y en cada capítulo, el autor entrega al lector una considerable bibliografía complementaria.

Alberto Bejarano es escritor y profesor de filosofía de la Universidad Externado de Colombia.

Diálogos del lenguaje Por Gabriel Arturo Castro Comunicación y discurso. La perspectiva polifónica en los discursos literario, cotidiano y científico. Luis Alfonso Ramírez Peña Editorial Magisterio Bogotá, 2008 258 páginas.

Resultado de un trabajo arduo y riguroso, de la lectura cuidadosa de desarrollos teóricos y conceptuales, y a la vez de la experiencia de campo en las aulas de clase, el presente libro viene a contribuir al debate sobre los estudios del lenguaje, sobre todo cuando está orientado a concebir el discurso como un “conjunto de instancias ,de voces agrupadas en una voz significante ante unas necesidades concretas de relación comunicativa y de acción”. Yace en su interior una concepción teórica, de ética responsable, donde el lenguaje se entiende como acción, singular, más no abstracta o general con destino a estudios formales. Su punto de partida es el individuo productor o intérprete de su situación mediante la producción del discurso, a quien han desconocido y reducido a convertirse en un “objeto de estudio”, sin voz propia ni conciencia. De ahí el cometido e intención del autor: hacerse voce-

ro teórico de los excluidos en las voces teóricas del lenguaje y del discurso. “Es mi voz para disentir y proponer un diálogo con pensadores de muchas épocas, especialmente de aquellos que no fueron la voz oficial o normal, como los sofistas, Nietzsche, Foucault y Bajtín”, expresa el profesor Ra-mírez Peña. Su decisión es apartarse de los enfoques teóricos de la lingüística, acto dado por la convicción de que el lenguaje no es definible ni explicable solamente desde la consideración de éste como mundo objetivo. Perspectivas que desconocieron la presencia subjetiva o social del lenguaje y tuvieron el afán de parcelar la realidad a manera de disciplinas, compartimentos estancos que se apartaron de la dimensión universal del lenguaje y sus realizaciones. Los comentarios al libro que hoy nos ocupa han girado alrededor de su valioso aporte sobre las teorías del discurso; la comunicación; las voces en la culturización, socialización e individualización; el discurso como argumentación, narración y descripción; el discurso como enunciación del texto; las voces en los discursos ordinarios, científicos y literarios; y la comprensión, explicación e interpretación del discurso. Sin embargo, un aspecto fundamental del libro aún no se ha tocado: su concepción de la pedagogía crítica, intención que el autor desde las primeras páginas declara: Este libro es el resultado de mi deseo de disentir con quienes han asignado el lenguaje a una sola esfera del mundo. No estoy con quienes lo han reducido a su condición de representación y con referente limitado a la cultura; tampoco comparto con quienes reconocen en el lenguaje sólo

su condición de instrumento de acción y de comunicación. También, me niego a aceptar teorías sustentadas exclusivamente en las expresiones y propósitos individuales, o a quienes en una condición crítica, sólo ven en el lenguaje el dominio y la manipulación. Dicha posición sólo puede ser asumida al interrogar las verdades oficiales y las prácticas académicas institucionales, las cuales han sido de carácter fundamentalista y elitista. Al ser crítico, el autor propone en el fondo un cambio, de base dialógica, que mejore nuestra educación y nuestra sociedad. El discurso dialógico se hace posible a través del pensamiento y la acción crítica, la apropiación reflexiva de las teorías y la constante autorreflexión que incide en las prácticas pedagógicas al interior y exterior del aula. Comunicación y discurso, el libro del profesor Luis Alfonso Ramírez Peña, al abrir un debate lúcido con argumentos consistentes, se enfrenta así a otras teorías eclécticas, de naturaleza acrítica y trivial, en el ámbito de una pedagogía amparada desde la confusión ética y epistemológica, el autoritarismo, el imperio de la información, el pragmatismo, la concepción ahistórica de la realidad, la primacía de la cultura trivial, el espectáculo, entre otros. La coherencia del autor, la comprensión de las contradicciones y contrastes, su conocimiento de la historia y de las tradiciones teóricas, su experiencia docente en el campo de la pedagogía y la didáctica, son los fundamentos que soportan el peso crítico de sus afirmaciones. Viene a confrontar esta obra una Escuela que todavía abraza la aventura del conocimiento, pero despojada de la riAbril-Septiembre 2008. No. 3. 


Ensayo queza de los procesos, ofreciéndose como un conjunto frío, abstracto y lejano de objetivos y logros descarnados. Una Escuela que ignora las peculiaridades y diferencias del desarrollo individual, imponiendo la adquisición homogénea de contenidos, olvidando o despreciando las contradicciones y conflictos del pensar y del hacer. Contrario a la concepción racionalista, positivista, gramatical o exclusivamente lingüística, la obra Comunicación y discurso afirma: Creemos que el hombre dispone de posibilidades para construir su historia, ser agente responsable de sus propios actos. La interpretación asumida como entendimiento incierto y creativo de los discursos de las personas, es una alternativa para buscarse y entender a los demás. Los esquemas, los modelos de mundo, las teorías y hasta las metodologías pueden ayudar, siempre y cuando no sean instrumentos para someter al sujeto, ni medios para crearle visiones e interpretaciones que no le pertenecen. Es menester, entonces, inscribir el presente libro dentro de un reto educativo de la nueva pedagogía, la cual procura interrogar asuntos fundamentales como la universalidad de las normas, la no existencia de la tolerancia,

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el irrespeto por la multiplicidad y pluralidad, el protagonismo perdido del individuo creador a favor de la masa, la mitificación de la razón, la certeza absoluta en el progreso de la ciencia y las formas elitistas de acceso al conocimiento. La reivindicación del individuo, eje de la tesis del profesor Ramírez Peña,

es vista aquí como el enriquecimiento de su libertad para facilitar su reflexión crítica y su actitud creadora. Por tal razón la obra mencionada amplía los horizontes del pensar sobre la comunicación y el lenguaje, y al mismo tiempo estimula la detección del contraste, de la diferencia. Más que un aprendizaje

teórico, disciplinar y formal, Ramírez Peña propone una vivencia oblicua, rica y compleja, del acto pedagógico. Recrea los elementos tensionales del proceso educativo, donde incluye las nociones de complejidad y multiplicidad, la ambigüedad e incertidumbre del pensamiento, el contrasentido de toda verdad absoluta, el inconveniente del dogmatismo, la urgencia de provocar la subjetivación, la necesidad de que el individuo sea capaz de convertirse en una voz activa, intérprete, transformadora, crítica y creadora de sus propias elaboraciones. Ramírez Peña explicita lo silenciado y cuestiona lo que la costumbre o la tradición consolida a través del tiempo: Al extremo opuesto del pasivismo está el activismo en la recepción de los discursos. Son los interlocutores o receptores que procesan indefinidamente los contenidos que reciben, critican, aceptan y crecen. Son los que verdaderamente interpretan porque enfrentan sus propias voces con las voces percibidas, corren el vuelo de las intenciones, develan, discuten y hasta denuncian los sentidos ocultos.

Gabriel Arturo Castro es escritor y comentarista bibliográfico.


Ensayo

Ensayos de infelicidad e infidelidad Por Paul VØn Leopold

Pútrida patria W.G. Sebald. Anagrama. Barcelona, 2005. 228 páginas

Las obras de Hofmannsthal, Karl Kraus y Franz Kafka son las instancias en que se puede comprobar un semi-rreflexivo sentimiento de asco ante el derrumbamiento del poder (pp. 73). Allí donde habite el olvido, a la manera de Luís Cernuda o de Joaquín Sabina, es dónde voy al encuentro de Sebald una vez más. Después de leer Los emigrados y Austerlitz, llego ahora a su libro de ensayos literarios titulado: Pútrida patria, escritos en la década de 1980. Hablar de Sebald es evocar la desgarradora soledad de los personajes, explorar los recuerdos desdibujados de nuestra memoria, y sobre todo, distinguir en el horizonte de nuestras vidas, la firme convicción de que, como dijera Borges: “una cosa no hay…olvido”. En ese mismo plano afectivo, no es casualidad que la primera parte del libro lleve el subtitulo de “la descripción de la infelicidad” (casi como el poema de Borges 1964: “ya no seré feliz, tal vez no importe, hay tantas otras cosas en el mundo…” y

una de ellas es la literatura misma). En esta primera parte, que reúne cinco ensayos sobre Schnitzler, Kafka, Canetti, Bernhard y Handke, el lector, si se deja arrastrar por la “literatura menor” (la literatura austriaca en este caso), se encontrará con un Sebald lector de otros, y de sí mismo. Como él mismo lo declara: “la actividad central del que aprende no es escribir sino leer”. Doblemente borgesiano: el Sebald escritor destacando al Sebald lector y mostrándole simultáneamente a sus propios precursores. Esclarece y vislumbra nuevas líneas de fuga literarias, en especial, el ensayo sobre El Castillo de Kafka. Allí se lee por ejemplo que: La atmósfera peculiar, por no decir siniestra, que evocan estas líneas y que tiene su foco en la fija mirada del conde, trae a la memoria la llegada de Jonathan Harper, el joven viajero, al castillo de Nosferatu, en la conocida película de Murnau. Como a Kafka le gustaba mucho ir al cine, cabe suponer que vio, fuera en Praga o fuera en Berlín, esa extravagante obra de arte que en 1922, es decir en la época de la elaboración de El Castillo, llegó a los cines. El castillo de Nosferatu, alrededor del cual, como del que nos presenta Kafka, giran bandadas de cornejas, figuraría pues en la serie de innumerables modelos de esa alegoría, enigmática entre todas. ¿Kafka, espectador de Murnau? ¿Polansky lector de Kafka? Mucho se ha hablado y escrito sobre las novelas llevadas al cine, pero y ¿la relación inversa? Aquí está un inmejorable ejemplo, que nos llega desde los albores del cine. Algunos han ido explorando estas relaciones. Un ejemplo puede ser el de Edgardo Cozarinsky y su “Borges y el cinematográfico.”Saliéndonos de lo política-

mente correcto, la segunda parte del libro que lleva el nombre de “pútrida patria” (mejor debería llamarse “fidelidad e infidelidad al judaísmo”), la más íntima, y a la vez la más desagarrada de Sebald, expone sus sentimientos morales y judíos, en desmedro de la literatura. Esta segunda parte, en especial el ensayo sobre Jean Améry, es menos afortunada que la primera. El manejo de la ironía y la paradoja que distinguen las obras de Sebald y la primera parte de este libro, se ocultan aquí tras el compromiso patrio del ser judío. Para mi, la excesiva exaltación de un supuesto carácter pacifista del judaísmo, raya en la devoción fanática por la “patria” judía, en páginas como ésta: “entre las características poco entendidas del pueblo judío en la diáspora está, como explicó Hannah Arendt, el hecho de que “los judíos nunca supieron realmente lo que era el poder, ni, cuando lo tuvieron casi en sus manos, mostraron verdadero interés por él”. O en este otro pasaje: A diferencia del dogmatismo de la historia sagrada cristiana, que una vez tras otra impidió sistemáticamente las esperanzas de redención que se hacían virulentas, el mesianismo de proveniencia judía, dispuesto a ver en cada forastero y desconocido el anhelado libertador, contiene, junto al potencial teológico, también un potencial político. Quizá solo baste con acercarse un poco a Spinoza, para matizar, al menos un poco, estas ideas, o tal vez leer a Edward Said o mirar cualquier periódico que hable del sufrimiento actual y prolongado del pueblo palestino, para comprobar que Sebald se encierra en sus pueblos fantasmas. Igualmente, en el ensayo sobre Herman Broch, Sebald se concentra en señalar la “traición” de

Broch al judaísmo, y parece no perdonarle la acogida que tuvo dentro de lo que Sebald llama “la germanística”. Sebald confiesa su relación problemática con Broch, y se deja arrastrar por su predisposición judía contra Broch hasta el punto de escribir estas lamentables palabras, donde se critica a un escritor por su lejanía con la tradición de la que hace parte, llegando al extremo de alegrarse por la muerte de Broch: “…en las primeras horas del 30 de mayo de 1951. A las seis de la mañana, Broch tuvo un desgarro de la aorta. Sobrecarga del corazón, estima Koebner. Es muy posible…el exilio, dice un proverbio del Talmud babilónico, expía todos los pecados. Quizá Broch, que estaba considerando la posibilidad de volver al judaísmo, escaló al final la montaña de Nebo, extraordinariamente elevada, para, como Moisés en el Deuteronomio, mirar la Tierra Prometida de Canán, en la que no llegaría a entrar .”En el prólogo de la segunda parte, Sebald devela sus preferencias (y las nuestras): “En La descripción de la infelicidad quedaban más en primer plano los determinantes psíquicos de la escritura, esta vez se trata más bien de los condicionamientos sociales de una visión literaria del mundo, aunque, naturalmente, no se pueda separar sin más los unos y los otros”. Des afortunadamente, Sebald los separa, acaso inconscientemente, en esta segunda parte. En conclusión, la primera parte nos desborda, nos lanza a la búsqueda del “ciudadano cero” de Joaquín Sabina. La segunda parte, más para olvidar, nos confina al desierto de las “patrias”, en este caso la judía. Paul Vøn Leopold es filólogo selectivamente sordo. Abril-Septiembre 2008. No. 3. 


Ensayo

God is my anchor Por Rodrigo Pérez Gil Saber, cultura y sociedad en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVII y XVIII. Renán Silva La Carreta Editores, Medellín, 2004. 240 págs.

De entrada, hallamos algo peculiar en este libro: una presentación donde el autor nos dice que los tres estudios de que se compone, fueron originalmente escritos a principios de los años 80, y son revisados ahora, unos veinte años más tarde, corrigiendo numerosas erratas, mejorando la sintaxis complicada, acercándolo a un lector desprevenido. Silva, ahora, es lector crítico del texto, escrito por el entonces joven profesor acucioso y minucioso con los archivos, que encuentra algo para contar, y que no sabe y no se ocupa mucho sobre cómo expresarlo. Sentimos una breve tregua, leyendo esta prosa algo enrevesada y tortuosa, en la segunda parte, introduciendo dos personajes claves del texto, el Sabio Mutis y el Fiscal Moreno y Escandón, cuando Renán Silva se relaja un poco y ensaya a la literatura: “Sereno, repitiendo casi los mismos gestos y movimientos, tal como lo había hecho un poco más de diez años atrás a su llegada a Santafé como médico oficial del Virrey, vuelve a la Capilla del Colegio y desde la cátedra inicia su exposición. Ahora, como en aquel día lejano de su arribo al ‘mundo nuevo’, lo hace de manera emocionada, pero tranquila”. Va a tratar las teorías heliocéntricas de Copérnico, De Revolutionibus Orbium Coelestium, en el Colegio Mayor del Rosario, entre jóvenes curiosos y viejas cavernas. Silva declara desde el principio su afecto y admiración por Mutis, que yo comparto a plenitud, y trae las palabras de su discípulo José Ig10 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

nacio de Pombo, en carta a Mutis: “Todo buen americano debe amar a vuesa merced, porque tal vez vuesa merced es el primer europeo que ama a América y a sus hijos”. Uno de los primeros españoles venidos a la Nueva Granada que han amado de veras esta tierra y a sus hijos, Mutis y los botánicos-dibujantes de la Expedición Botánica, tres siglos después del descubri-miento y la conquista. Y es que las noticias, y los afectos del alma y del corazón, siempre han llegado tarde a esta ensimismada y también fatal Nueva Granada. La primera Granada fatal, ¡Oh mi Granada!, hizo explosión en Lorca, cuando los dueños del balón de esta villa a la sazón, 1936, lo dieron de baja en un amanecer aciago de agosto en Víznar, no lejos de Granada, Dénle café, mucho café, dijo el fatuo general Gabrelliano que dio la orden, A las cinco en sombras de la tarde, cuando irrumpe el fascismo en España. Apenas hacia 1738 llega la imprenta a la Nueva Granada (pág. 50), demasiado tarde, y ahora los libros a las bibliotecas públicas, ¿nunca es demasiado tarde?, mientras que a Lima y a México la imprenta llega hacia 1600, así como la primera Universidad Pública se funda en Lima en 1602 (pág. 207), y por la misma época en ciudad México, mientras en 1840 no se había fundado todavía una Universidad Pública en Nueva Granada. Véase en la segunda parte del texto de Silva, que trata de La reforma de estudios entre 1767 y 1790, cómo y por qué medios los dueños del balón, en los claustros y conventos y en el palacio de la Santafé anclada lejos del mar, ensimismada, lo impidieron a toda costa. Con la brega que da leerlo, el libro a la postre rinde sus frutos, y uno siente que valió la pena, por lo que revela, por ejemplo, sobre los protocolos de la “instrucción superior” y la mentalidad de las altas esferas en

la colonia, reiterando la idea de Germán Colmenares de que un sistema social es ante todo un sistema mental. Sin embargo, queda mucho por revisar, comenzando por las erratas, dos ejemplos: en la página 66, leemos Audiere, debe decir Audire, Oír, verbo que está siendo evacuado a favor de Escuchar, para tomar distancia y revelar que no hay peor sordo que el que no quiere oír; en la pág. 185, aparece la divisa Sapere Auden, debe decir Sapere Aude, Atrévete a Saber, Atrévete a Pensar, y tam-bién, Atrévete a Saborear, a gustar, por la afinidad entre la savia de la hoja y la sabia del cerebro y el corazón, ¿sabes a qué sabes?, por la afinidad entre el gusto por la hoja de la lechuga y el gusto por la hoja del cuaderno hecho del Árbol de la Vida, la cual resulta no ser un árbol ahora sino raramente, y menos con la deforestación ventiada, el Plan de la Vida, inmanente más bien que trascendente (como diseñado por un Dios inteligente en el origen), este Plan resulta ser una especie de rizoma, como un termitero, como una madriguera, la Rizoesfera, en la cual vivimos todos los estratos, desde el estrato-esfera, donde flotan suspensos los poetas y algunos ñeros, hasta el estrato-sin-cuenta. Hay que rehacer sobre todo la sintaxis en este libro, hasta lograr soltar el ancla y fluir. Silva declara en el preludio: “El reto ha sido simplemente que (...) se escribe para comunicar”. Aún si parece paradójico, aún si es una verdadera paradoja, se trata de otra cosa, como bien lo sabía Virginia Woolf, a la que preguntaron qué opinaba de la escritura, y ella responde: ¿Quién habla de escribir?, al escritor (the writer, el inglés no hizo posgrado en género) lo que le preocupa es otra cosa. Es lo mismo con los primeros agentes de la tributación: en rigor, no les concierne la comunicación; y es que la escritura se

inventó en los antiguos Imperios Despóticos para llevar cuentas en el cobro de los impuestos, lo cual es patente en la misión de curas y leguleyos en España y los que vinieron a América con el Requerimiento y con las Sagradas Escrituras, con la Biblia en el ancho morral a la conquista. Preguntamos: a los indios, ¿Les comunicaron el Requerimiento?, esta Conminación o Intimidación escrita por el abogado de la Corona Palacio Rubios, que leían (lectio) los conquistadores con toda su boca y con toda su voz a los estupefactos indígenas que oían (audire) sin entender ni jota, en un ritual reproducido, cuando había ocasión, antes de ocupar una comarca, el mandado del Rey que traían los bárbaros al mando del déspota imperial, Rex dixit, Que todas estas tierras de América fueron dadas por el jefe del linaje humano, Jesucristo, al Papa, a Pedro, a la primera Piedra en el zapato, hasta llegar al Papa de ahora, que se la dio al rey de España, toda esta tierra, salvo el Brasil por el Atlántico que dio al rey de Portugal, y que por eso están ahí, ellos, los españoles, haciendo el mandado y viniendo a recoger lo que es de ellos, y que si no están de acuerdo con esto los indios, que se atengan a las consecuencias, porque, En nombre de Dios, os haremos todo el daño posible, a los rebeldes, a sus casas y a sus familias, etc., etc., sigue el engendro del abogado de la Corona en la cabeza de sus Altezas y en boca de sus agentes en América, Quesada, Pedrarias, Belalcázar, Ursúa, Ojeda, Colón y su banda, escrito y leído a los indígenas antes de tomar una comarca. ¿Para comunicar? Oh no, sin duda para dar órdenes, verdadero aparato de captura en acción, la mordida, el gravamen impuesto de entrada a los indí-genas estupefactos. Y aún William Ospina, en la América mestiza, entre otras partes, dice que en el


Ensayo origen hubo un “choque” entre culturas, que hubo tesis y antítesis, y que faltó la síntesis hegeliana. ¿Un choque? Sea el evento de un peatón distraído en media calle mirando el eclipse lunar al que atropella un carro fantasma, ¿se puede hablar de “choque” en este caso? Pero si éso fue justo lo que ocurrió en América, cuando una horda de rubios animales de presa con mirada de bronce... ¿La escritura? Kafka: la urgente y punzante imposibilidad de expresar y la imposibilidad de no expresar. Los buenos filósofos son buenos escritores: Nietzsche y su Genealogía de la moral, Bergson y su Evolución Creadora, por ejemplo, son sobre todo estilistas, bañan su prosa en un mismo élan o impulso vital, y así fluye inquietante, esta prosa, despertando más de una sonrisa en el lector. La seriedad de Kant, en la que se apoya Renán Silva, quizás se puede superar con las anécdotas que a propósito de él cuenta Thomas de Quincey, que usaba ligueros en las medias, Kant, los tiraba de vez en cuando a distancia, iba por ellos, los volvía a tirar, para “mantenerse en forma”, éste era su atletismo afectivo, inventando la doctrina del juicio en la filosofía, la jaula en la que se mete y cierra al entrar, y si hace falta más para dejarlo, a Kant, que sea una buena dosis de Dostoievski, Las memorias del subsuelo no estarían nada mal, y así alivianar un poco la vida desandando de tanto lastre, en todo caso, soltar anclas y bogar en ríos chicos y en ríos cargados hacia un mar cierto. Tal vez uno no “padece por la ausencia de una tradición kantiana (ilustrada) que ayude a poner el juicio en suspenso, acto fundador de toda posibilidad de lectura crítica (...) un ejercicio tan difícil para noso-tros los profesores universitarios”. Del juicio, toca librarnos a toda costa, del lastre, del ancla, principiando y acabando con el juicio de Dios, verdadera ancla, God is my anchor, peso muerto para la existencia vital en esta época, cuya resaca es el geocentrismo y el egocentrismo, promovido por los curas de casi todos los pelambres, y las demás ideas rancias

El secreto Quien a tu espíritu y al mío viera, diría que se dan la dura espalda bajo la noche quieta que enguirnalda haz de luceros sobre la pradera. Quien en la oscuridad los intuyera, diría que es el tuyo la esmeralda que efunde un hielo verde, y la giralda loca el mío, tallada en vil madera. En el espacio son como dos nadas que un acre viento aísla. A flor de suelo, son dos torres de piedra, separadas por una impávida región de hielo. Mas por debajo de la tierra úneles oscura e intrincada red de túneles.

Germán Espinosa

que ayer, véanse las dos primeras partes del texto de Silva, como hoy, sirven a los más nefastos poderes de exterminación, agenciados por corderos con garras. Véanse los creacionistas en los Estados Unidos a la sazón, instigando para que sean suprimidos los temas de evolución en los colegios, que sean reemplazados por la idea del diseño inteligente: Dios lo hizo y nosotros, los hombres-blancos-adultos-habitantes-de-las-ciudades-del-Norte-y-sus-amados-discípulos-delSur, somos sus depositarios, In God we trust, God is my anchor, Dios es el dueño de este negocio, yo aquí soy un empleado, Vivimos en el mejor de los mundos posibles, mi querido Cándido, In Gold we trust. Se trata del mismo asunto del Requerimiento o la Intimidación, aparato de captura en la conquista y la colonia, hoy igual que ayer, aunque han cambiado los medios, la máscara de la Medusa que petrifica con su mirada. Apréciese a los indios estu-pefactos ante estos rubios animales de presa, petrificados por su mirada de bronce, destilada en el fino alam-bique de una metafísica de verdugos, el cristianismo, con

rasgos que se dibujan en este texto que reseño, vigentes en las condiciones de vida social local a la sazón bajo su yugo. Contiene tres partes el libro: en la primera, se describen ciertos protocolos de la instrucción en las corporaciones del saber, expresión con la cual Silva quiere hacer la distinción con las universidades posteriores, aunque, aquí y allá, sugiere que la instrucción actual es heredera de aquella, ¿lo que se hereda son las taras? La segunda parte del texto estudia la Reforma de estudios promovida por Francisco Moreno y Escandón, el irónicamente llamado Protector de Indios, El Indiano, responsable de la reducción de los resguardos indíge-nas durante el movimiento Comunero. Entre 1767 y 1790, promueve una educación moderna en Santafé, dejando el lastre de tanta metafísica y superchería, en alianza con el arzobispo Caballero y Góngora cuando éste es Virrey en la Nueva Granada, otro conspirador contra los Comuneros, se refería a Galán como “ese hombre de oscurísimo nacimiento”; en una condición de

alianza móvil, en la expresión de Silva y de John Phelan, El Pueblo y el Rey, dejando ver que las luchas por el poder no confrontan dos fuerzas unívocas, dos bloques petrificados: El Bien y el Mal, Blanco y Negro, sino que dan lugar a alianzas estratégicas y tácticas entre sectores, de otra parte, opuestos. Es un hecho que tanto Caballero y Góngora como Moreno y Escandón son chapetones, gachupines a ultranza, agentes de exterminio de indios y mulatos, y al mismo tiempo ilustradores, cercanos en este aspecto a Mutis, promueven juntos propuestas de reforma en la educación. Esta segunda parte del libro revela la “vocación documental” del autor, y el encono del arzobispo Camacho, los agustinos, dominicos y franciscanos, y sus aliados en el gobierno, en los clubes y los salones sociales contra las teorías heliocéntricas de Copérnico, que Mutis trae hacia 1772 y expone en el Colegio del Rosario. ¡Que la Tierra esté quieta, la criatura de Dios en el centro y todos los astros alrededor! Increíble, cuando Colón llega a América en 1492, Copérnico tiene ya 19 años en Polonia, y la teoría heliocéntrica estaba cerca, hacia 1538, aunque su consolidación tardara todavía un poco en Europa, junto con la revisión de Kepler, que la Tierra no gira en círculos alrededor del sol sino en elipses, durando todavía en Europa, la brega por dejar atrás la rancia, sosa, pesada y peligrosa idea de que la Tierra está quieta, verdadera Ancla, y es el centro del universo, la idea de Aristóteles, Santo Tomás, Platón y demás descendientes modernos y posmodernos, la Tierra quieta en el centro y, claro, el hombrecito en el montículo del centro de la Tierra: Mowgli, el reyecito del Libro de la Selva de Kipling, con su cetro en la mano dirigiendo la orquesta para mejor dominar el medio, animales, aguas, bosques, ahora hasta las moléculas. De Copérnico a Mutis han pasado unos doscientos cuarenta años, y todavía el sabio y artista es confrontado, acosado, perseguido y vilipendiado, desde un poder y con una mentalidad que comparten los dominicos y Abril-Septiembre 2008. No. 3. 11


Ensayo agustinos con otros muchos círculos religiosos, políticos y sociales en Santafé, Anclada, y que Mutis estima, esta mentalidad, en carta a un amigo en España, la más extravagante, aberrada, y peligrosa para un pensador, el sabio sintió cerca el poder nefasto y atroz de la Inquisición en los salones y corredores del claustro del Rosario, en los medios sociales y en la mera calle. El texto de Silva despierta estas reflexiones e ilustra este último aspecto con la anécdota del fraile agustino Tomás Solano, originario de Nueva Granada, que se presenta ante la inquisición madrileña, “Viene como fiel católico a descargar su conciencia y demostrar su espíritu de colaboración con las fuerzas encargadas de velar por la salud del cuerpo social, salud que como es sabido, requiere de cuando en cuando la amputación de los miembros enfermos. En suma, viene a delatar a alguien”. Viene a España de Nueva Granada y de Ámsterdam, adonde llegó por un accidente fortuito en el viaje, hace su delación, y cuenta además, a la pre-gunta de los inquisidores curiosos por saber de marranos (judíos conversos) en Ámsterdam, que un tal De Espinosa era buen filósofo y sabe que lo han expulsado de la comunidad judía por ateo, por decir que “el alma moría con el cuerpo ni había dios sino filosofalmente”. Humboldt en América: “Los hay que quieren que la Tierra permanezca inmóvil”. A esta cuestión, Silva quiere replicar con un punto de vista estratégico, libando de la colmena de Foucault y la de Colmenares, procura dar luces a la cuestión, ¿A qué fuerzas, a qué grupos de presión servía tal idea, tal concepción geo-egocéntrica, promovida por los curas sectarios al mando de las corporaciones del saber, Santo Tomás, San Bartolomé, Colegio del Rosario y demás nichos de instrucción? Usando las herramientas que Foucault inventa, apegado a los archivos, minucioso, el autor teje a la postre una composición de lugar, mostrando las vicisitudes y los rasgos prevalecientes de esta educación superior, el terreno en el que se debatían 12 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

los distintos poderes, los diversos intereses en juego. Hay que leer este ritual de procedimiento, en la primera parte del libro, esta técnica de control riguroso presente en “el modelo general de las formas de transmisión de los conocimientos en la sociedad colonial”, en las operacio-nes de Lectio, Dictatio y Disputatio, Lectura, Dictado y Discusión, comunes ahora y propias de los claustros de aquesta época -¿no hemos salido de veras de la colonia?, no parece, pues estamos aún mal bregando por aprender a convivir, a hacer una colonia-, claustros donde entrenaban a los blancos pobres y a algunos indios lenguaraces (bilingües), para ser predicadores doctrineros o leguleyos o poetas retóricos, protocolo que enla-za a un lector que lee un libro con un auditor que escribe en su “ mamotreto”, era el cuaderno de aquella época y todavía lo es de ésta, lo que oye de labios del lector. Oiga-vea-cómo los alumnos tenían que aprender latín, silogismos y retórica de Aristóteles y Santo Tomás para disputar en sabatinas, en reuniones donde las damas y caballeros asistentes aplaudían sin entender ni jota, no eran para comunicar, las sabatinas, como no lo era el Requerimiento, leído en español a los indios sin entender ni jota. La última parte del libro, breve, donde se relaciona la educación con la economía, se restringe al estudio de ciertas maneras de sufragar la educación, de dónde salía la plata para pagar su gestión; un dicho común en la rancia España, “más pobre que un maestro”. Curiosos, algunos de estos medios para sufragar la instrucción, y que ocurrían a menudo, donaciones testamentarias: dejar mucho dinero a condición de que recen por la salvación del alma del difunto, el cura Pedro Esteban Rangel, por ejemplo, quien, en 1628, nombró, antes de morir, “por universal heredera a su alma”, dando poder a sus albaceas para que dispusieran de su patrimonio en “cosas del bien de mi alma en la mejor forma que les pareciere”, de lo cual resultó la fundación del colegio jesuíta en Pamplona.

Silva, lector de su propio texto, tiene buena conciencia del ancla que arrastra su prosa, “los escollos de un uso del castellano que no ha sido completamente ajeno a la presente versión, y que me permito desaconsejar”. Un botón de muestra: quiere hacer plausible el uso de la noción corporaciones del saber, en lugar de universidad, para designar la entidad asiento de los “estudios superiores”, y escribe: “En particular me parece que el enfoque en tanto ‘corporaciones del saber’ facilita dar cuenta de manera mucho más adecuada del tipo de pertenencia que determinaba para sus miembros, lo mismo que de las condiciones de existencia institucional del discurso”. Concluye su abrebocas crítico, la Presentación, asegurando que “La escritura, y la investigación, no son una forma de distinción social. Apenas un alto testimonio de humanidad”. A estas alturas del partido, la ambigüedad queda resonando en el aire, de manera un tanto inquietante, tras esta afirmación. ¿Poner de testigo a la humanidad, hoy en día, a poco no es casi temerario asunto? Véase el libro recién editado con tres obras de Primo Levi en la librería Lerner (2005), y que encabeza el texto sobrecogedor, Si esto es un hombre: uno deja el juicio en suspenso, o mejor, uno lucha por liberarse de todo juicio, y de toda vergüenza, lucha por transmutar en otra cosa, en un sentimiento de dignidad, el odio por los campos de concentración y sus agentes, a los que sobrevivió para contarlo Primo Levi, y uno prefiere pensar, con Foucault, que el hombre no es una sustancia sino una forma mudable, y hasta dónde puede caer, hasta dónde puede llegar, eso está por verse, ahora que el silicio está reemplazando al carbono, hasta dónde puede mutar, HomoHumus, impredecible Proteo, el cual no anima las metáforas sino las metamorfosis. Groucho Marx: Discúlpenme que los llame caballeros, pero es que no los conozco muy bien. Hay que pensar, con Rousseau, que los hombres no somos malos por naturaleza,

como nos inclinaría a hacer pensar nuestra vanidad, sino que la sociedad nos pone, a los hombres, en condiciones en las cuales nos interesa ser malignos, de manera que nos volvemos malos sin saberlo, sin darnos cuenta siquiera, lo cual resulta aún más inquietante que la otra idea primera, la de un mal en el origen, Caín que mata a Abel, el primer tigre que mata a un gamo, en la fábula de Kipling, y cuyas rayas serían el estigma de Caín, la señal de que es un asesino, el tigre; imagen que mana de esta misma fuente del Génesis y del protestantismo. Resulta esperanzadora, en cambio, esta idea de que el hombre no es una sustancia hecha así y así por naturaleza sino que es una forma, dúctil, plástica, en flujo, que se mueve junto con la Tierra, que no es el centro de esta Tierra, que tal vez no somos unos privilegiados entre las criaturas del universo, y que hay chance entonces de llegar a una forma, a un complejo o compuesto digno de encarnar sin vergüenza, contando ahora con las fuerzas combinadas de un cosmos energético. ¿Sucedió dentro de mil y una lunas? ¿Después de cuántas catástrofes? A sabiendas de que el segundo origen no viene a causa de la catástrofe que sucede al primero, el diluvio, sino que la catástrofe estaba ya como replegada en este primer origen, y sobreviene para dar lugar a un segundo origen, ya distinto al primero. Y si el primer origen se servía de la pareja, Adán y Eva, en el segundo nacimiento al principio está el huevo, y el huevo se desarrolla sin fertilización, en una partenogénesis, sin concurso del padre, en una suerte de maternidad mitológica como en las islas sagradas de Circe y Calipso habitadas por mujeres, ahora cuando los mitos, que se han olvidado hacia atrás, y por caso de extremo peligro, se reactivan hacia delante, capaces de ser fuente de un nuevo real, ya no del rey sino de los niños y las niñas de cada día por venir, nuevo real de la Tierra también, la cual, tal como pronosticara el profeta jorobado Lichtenberg, Tal vez sea niña.


Homenaje

Germán Espinosa: La otra cara de la luna Por Sebastián Pineda Buitrago hombre porque el hombre sólo se salva por sí mismo. El magnicidio ocupa un segundo lugar dentro de su bibliografía, no sólo porque la crítica de la mal llamada “izquierda cultural” la vetó tildándola de reaccionaria, sino porque Espinosa se sobrepuso con una nueva novela de proporciones cósmicas.

El pasado mes de octubre falleció el escritor Germán Espinosa, uno de los íconos intelectuales más importantes de Colombia y, acaso, uno de los novelistas más exquisitos que haya disfrutado la lengua española por su sensual dominio de la prosa, completo escritor por cuanto frecuentó todos los géneros y consultó todas las culturas.

Si buscamos una nueva óptica literaria diferente al realismo mágico, una imaginación novelesca capaz de abarcar la historia del hombre colombiano en relación con la universalidad, por más caminos que emprendamos acabamos por encontrarnos con La tejedora de coronas (1982). Autor de más de cuarenta libros, Germán Espinosa (Cartagena, 1938 – 2007) transitó por todos los géneros literarios: lírica, cuento, novela, dramaturgia, crónica y ensayo. El lector medio corre el riesgo de tenerlo por un erudito o un hiperléxico encumbrado, o cuando menos “oscuro”. La alta nitidez de sus descripciones gracias a su exactitud verbal y adjetival, su preocupación por iluminar ciencias ocultas y supersticiones y su fascinación por el mar, hacen de él el novelista menos oscuro en el sentido inmediato de la palabra. Entre los cinco novelistas claves de Colombia, su nombre es imprescindible. Entre los prosistas, disputa con los mejores de la lengua. “Soy un poeta que narra”, dijo en el prólogo a su Poesía completa (1998) queriendo decir que concebía la novela como una extensión de la lírica. También fue un ensayista-narrador, no sólo por la calidad de sus ensayos contenidos en La liebre en la luna (1986), La

Foto: Archivo Casa Silva

aventura del lenguaje (1992), La elipse de la codorniz (2001) y El sueño ético en Atenas (todos compilados en Ensayos Completos I y II, 2002, EAFIT, Medellín, 2002), sino porque sus novelas se estimulan por cuestiones filosóficas y metafísicas: el panteísmo, el yo espiritual de Berkeley, el neoplatonismo, la reencarnación, etc. Son referencias intelectuales que sirven para perfilar la psicología de sus personajes imaginarios. Lo sedujo la literatura fantástica y en muchos de sus cuentos, como en sus mejores novelas, veremos reno-

vado el tema de los vampiros y de los fantasmas perdidos en busca del amor. .Al practicar el relativismo, Espinosa se convirtió en un destructor de mundos ilusorios a los cuales se cuidaba de engalanar para hacer más aparatosa su destrucción. En su novela El magnicidio (1979) imaginó que algún grupo guerrillero había por fin conquistado el poder en un país tropical. La trama no cautiva y uno no se encariña con los personajes. Sí, en cambio, con la enseñanza: la política no redime los problemas del

La tejedora de coronas (1982) es una de las novelas más arriesgadas e imaginativas de nuestra historia literaria y una de las mejores en lengua española. La Unesco la consideró obra representativa de la humanidad (1992) y financió su traducción al francés despertando fascinación en la crítica gala: no cabían de la dicha que la protagonista Genoveva Alcocer fuera amante de Voltaire y reviviera como ninguna el período de la Ilustración. Espinosa la escribió a lo largo de quince años y la terminó después de su paso por Europa y de una breve residencia en Kenia como cónsul general. Las editoriales al principio se atemorizaron por la técnica de anular los puntos seguidos: se espantarían los lectores. Veinticinco años después, sin embargo, La tejedora de coronas sigue agotándose en las librerías y suscitando en la crítica excelentes ensayos. Germán Espinosa cuestionaba la imposición imperial que deslegitimaba la inteligencia americana. La inspiración le acudió cuando Neil Armstrong alunizó en 1969. Coligió qué sería de un joven cartagenero en plena colonia, cercado por las murallas, si descubriera un nuevo planeta. ¿Cómo viajaría a París para contarlo? Si el único lazo de unión entre las Abril-Septiembre 2008. No. 3. 13


Homenaje

XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá México, País invitado de honor. Poeta homenajeado: José Luís Díaz Granados. Lecturas, música, muestra gastronómica, libros Miercoles 28 y jueves 29 de Mayo Lectura Homenaje a Armando Rodríguez Ballesteros -Fernando Linero Montes -Rafael Del Castillo Matamoros Cr. 3 No. 13-35 - La Candelaria, Bogotá.

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Juan Carlos Gonzalez Franco. Director Obras originales y arte gráfico Certificación y avalúo de obras de arte Taller de Artes Gráficas -Grabado y serigrafíaRestauración de obras de Arte Edición litográfica de arte

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colonias hispanoamericanas con lo francés era a través de las tomas de piratas no había otra alternativa que echar mano de algunos de los ataques contra la ciudad: el de 1697, ordenado por Luís XV, comandado por el Barón de Pointis y ejecutado por piratas de todo el Caribe. Genoveva Alcocer es infértil. Ella fertiliza a las almas masculinas de los masones, los dota del sentido femenino de la vida, no importa que en ocasiones se precipite en orgías y en excesos sexuales. Se parece a Diótima del Banquete de Platón: suerte de cortesana americana que practica la filosofía, las artes y las ciencias como ayudas genésicas. En ella, ciencia y filosofía son sonrisas de la belleza vital y en su cuerpo desnudo, retratado por el pintor cortesano Rigaud, parecen resolverse todos los problemas del universo. A partir de los cuentos de su libro Romanza para murciélagos (1999), Espinosa volvió a alimentarse de contenidos fantasmagóricos y heterodoxos construyendo protagonistas-narradores de psicologías sumamente trabajadas. Se advierte en “Una ficción perdurable”, donde, por regresiones psicoanalíticas, el protagonista busca esclarecer quién asesinó a su mujer. En el que le da título al libro, “Romanza para murciélagos”, atribuye el incesto de dos hermanos bogotanos, solitarios en una casa de La Candelaria, a efectos del vampirismo. ¡Sin duda uno de sus mejores cuentos! Y recordando a los poetas provenzales del sur de Francia, cuyos cantos herméticos inauguraron la poesía en lenguas romances, inició el siglo XX con la invención del protagonista y narrador de su novela La balada del pajarillo (2000), Braulio Cendales, sobre quien se desliza el demonio agazapado de su propio Eros. La visión de mundo se distorsiona en instantes de terror y paranoia que el lector sólo comprenderá al final. El único remedio frente a esta intoxicación, nos recomendó el propio Espinosa en sus ensayos de El sueño ético en Atenas, es la

humildad, fruto de la relatividad del universo. Dos años después facturó una novela policiaca con técnicas irreprochables: Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón (2002). Animado por el público joven que empezaba a granjearse, dio a la imprenta sus memorias La verdad sea dicha (2003). Y un año después sorprendió de nuevo con una novela de corte

fantasmagórico, Cuando besan las sombras (2004), protagonizado por el compositor sinfónico Fernando Ayer que regresa con su pareja neoyorkina a habitar un viejo caserón cartagenero en el que, de pronto, irrumpe el fantasma de una extraña mujer suscitando otras dimensiones del amor. Publicó por último, luego de sufrir una terrible hospitalización y la muerte tanto de su esposa Josefina Torres como de sus mejores amigos, Aitana (2007), una novela autobiográfica sólo hasta cierto punto, porque la alimentó con elementos supersticiosos que veía como otras formas de la espiritualidad.

Sebastián Pineda Buitrago es estudiante de literatura, ensayista y comentarista de libros.


Análisis

Una mercantil amalgama de Feminismo Por Hollman Lozano Female Chauvinist Pigs Ariel Levy Free press, New york 2006 236 pages

No pocas fueron las mujeres y los hombres que abrazaron la causa feminista, pues esta prometía el fin de la opresión y la creación de sociedades más igualitarias e inclusivas, que pusieran fin al legado patriarcal de las sociedades modernas. Diversas e incluso opuestas fueron las perspectivas e intereses de la primera a la tercera ola feminista, que pasaron desde clamores como: “no le den votos a los negros dénoslos a las mujeres blancas”, ostentados por la primera ola feminista en su lucha por el voto, pasando por frases como la de Marilyn French de acuerdo a la cual “todos los hombres son violadores y eso es todo lo que ellos son. Ellos nos violan con sus ojos, sus leyes y sus códigos.” Sin embargo, de estas posiciones radicales, se pasó a posiciones mucho más mesuradas y consecuentes como la de la tercera ola, que sin abandonar aquello que estaba en la base, la lucha para acabar la opresión de la mujer, trabaja en contra de prácticas de discriminación y exclusión que no solo incluye a las mujeres, sino también a los inmigrantes, indígenas y minorías sexuales. Con el eslogan de “lo personal es político,” el feminismo contribuyó a que asuntos que se habían visto como problemas privados y

se habían resuelto al interior del hogar, como la violencia domestica o la inasistencia alimentaria, se volvieran asuntos políticos que requerían la intervención del estado. No menos importante fue la educación y la legislación que convirtió el acoso sexual en una herramienta en favor de la des-objetivación de la mujer y contribuyó a que estas pudiesen llegar a posiciones de poder que antes habían sido reservadas para los hombres. Las hijas de las mujeres que habían dedicado su vida a ser más que un objeto sexual, que estuviese en igualdad de oportunidades con los hombres, ahora recorrían las calles con sudaderas con logotipos explícitamente sexuales, como juicy o do you want a ride que desvirtuaban la lucha de la generación anterior. Sin embargo, ese retorno a los valores chauvinistas no fue propiciado por hombres retrógrados que se negaban a la libertad y la libre expresión de la personalidad de las mujeres. Esta vez fueron mujeres, que en nombre de la independencia y la liberación femenina, decidieron resituar a la mujer como objeto sexual, es decir, utilizando los logros del feminismo. Su lenguaje y sus ideales asestaron un golpe fundamental, no por demostrar el feminismo como contradictorio o innecesario, sino por crear las condiciones objetivas de su inexistencia desde su propio interiror. Este fenómeno, que ha generado cambios y modificado la percepción de la mujer en los últimos años, es referido por Ariel Levy como raunch culture. Según Levy, es la norma según la cual todas las mujeres empoderadas tienen que ser excesivamente sexualizadas de manera pública, y la única señal de sexualidad que parecemos capaces de reconocer es una alusión directa a red light entertainment. En ese sentido, lo que Levy refiere como mujeres chauvinistas, son simplemente mujeres que han abandonado su femineidad para adoptar valo-

res tradicionalmente masculinos; dentro de esta perspectiva, el stripping es tan valorado para mejorar la situación de la mujer, mejorar la educación o ayudar a las víctimas de violación. El hecho de que mujeres hayan accedido a instancias de poder económico y político no quiere decir que la situación de la mujer haya mejorado. Por el contrario, las mujeres que han accedido a estas instancias de poder promueven visiones en las que la mujer es un objeto sexual, y progresar en la vida, bien sea por la fuerza del intelecto o unas caderas y unos senos bien puestos son igualmente validos, pues lo que importa no es como se progresa, si durmiendo con la junta directiva de la empresa, o escalando posiciones en una permanente muestra de capacidad y habilidades. No se trata de moralismos, cada quien puede hacer con su cuerpo lo que le venga en gana, pero hacer ello en nombre del feminismo es lo que parece cuestionable cuando menos. Sin embargo, lo que sí es de facto cuestionable es que esa visión haga carrera y mujeres jóvenes vean en su cuerpo la única posibilidad de abrir puertas siempre y cuando ellas hagan lo propio con sus piernas. No se trata de que las mujeres hayan vuelto a ser obligadas a seguir patrones predefinidos por la sociedad, se trata de que ellas deban seguir esos patrones, no desde una imposición abierta que en nombre de la religión, o la tradición, las haría súbditos de los deseos masculinos, sino desde un proceso subterráneo, que a un nivel inconsciente hará ver como positiva y deseable la objetivación sexual de la mujer. Por ello es que algunas mujeres comenzaron a matricularse en strip dancing y a seguir a las actrices porno como el modelo a seguir, no solo en la manera como el sexo debía ser practicado, hasta el punto que el libro Cómo hacer el amor como una estrella porno de Jenna Jameson, llegó a ser el más vendido en los Estados Unidos. Sin embargo, no es solo la aproximación a

la sexualidad la que estaba cambiando. Poco a poco y quizá sin que nadie lo notase, más y más mujeres pretendían verse como estrellas porno, no ya en la tradicional imagen del cabello desteñido, los senos desproporcionados y los zapatos de plataforma de doce centímetros, sino a través de operaciones quirúrgicas, sin importar la amplia evidencia según la cual esta clase de intervenciones puede afectar no solo la sensibilidad, sino también la posibilidad de un parto natural. El fenómeno va más allá de la pornización de la vida diaria, pues como lo señala Levy, se trata de una aproximación a la sexualidad según la cual esta es una moneda de cambio, un objeto que se da en aras de aceptación social y pertenencia. O por lo menos así es como es interpretado luego de entrevistas y análisis realizados a niñas de once y doce años que aceptaron tener relaciones sexuales con jóvenes de cursos más avanzados, no en la búsqueda de un placer hedonista o la exploración del cuerpo, si no a cambio de ser socialmente aceptadas en los grupos a los que sus compañeros sexuales tienen acceso. No es placer, ni curiosidad lo que lleva a estas jóvenes a tener su primer experiencia sexual, que al decir de estas jóvenes no había sido placentera. Lo que las lleva a ello es la necesidad de ser socialmente aceptadas. Lo que en realidad existe es una confusión entre el deseo de atención y el deseo sexual. Se puede o no estar de acuerdo con los planteamientos de Ariel Levy, pero lo que no se puede pasar por alto es que la discusión sobre feminismo, sexualidad y objetivación debe ser replanteada y analizada para objetivamente sopezar esa raunch culture planteada por el autor en las realidades objetivas de las mujeres, la relación con su entorno así como las implicaciones en su autoestima. Hollman Lozano es analista político y comentarista de libros. Abril-Septiembre 2008. No. 3. 15


Japón

“La belleza es el preludio de la fatalidad” La tumba de las luciérnagas Las algas americanas Akiyuki Nosaka El acantilado Barcelona, 1999 142 páginas

Acaso cercana a la fatalidad en un sentido griego, la ídea que de la caída y la derrota puede encontrarse en los conceptos esbozados desde la novela japonesa cercada por el periodo de posguerra podría justificar el título rilkeano que he dado a esta nota sobre dos novelas de Akiyuki Nosaka (Kamakura, 1930), sobre todo por tratarse de dos textos separados apenas por los insucesos nucleares que marchitaron al Japón tras la segunda guerra mundial. En más de un sentido, la novelistica que se vió influenciada por la derrota de Japón y acaso por la renuncia de su Emperador a la divinidad, sacaron de su encierro cultural a buena parte de una narrativa que en algunos casos ratificó su apuesta por una visión nipona del universo, mientras que a otros les llevó a occidentalizarse hasta variar casi por completo los trasuntos mismos de su indagación estética. Autores como Dazai Osamu, Ibuse Masuji y Ooka Shohei se vieron profundamente marcados por la guerra, y otros, profusamente alienados por el periodo posterior, mejor conocido como el periódo de la reeducación. Entre estos dos extremos, las novelas 16 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

que ha publicado El Acantilado dan dos perspectivas de tales insucesos, aquí desde un relato más o menos autobiográfico (Nosaka fue un huerfano vagabundo que, según se cita en el libro, adquirió sobrada experiencia en la “escuela de las ruinas calcinadas y del mercado negro”) que relata la odisea de un par de hermanos en medio de los bombardeos hasta acaecida la muerte de Setsuko y luego de Seita, su hermano mayor. El libro relata con delicada tristeza, siempre con la precisión y la sintesis que caracteriza a la literatura japonesa, onerosamente resguardada por el poder de una lengua de inmenso poder semiótico, la errancia de dos pequeños alejados de su madre, huyendo en medio de los bombardeos mientras poco a poco el clima de crisis termina por acabar con sus vidas. El bello episodio que demuestra mi tesis apenas sugerida en esta nota, un pasaje sublime que refrenda la fatalidad como un espacio de innegable fuerza existencial, explica el título de esta novela -Hotaru No Haka-, la muerte e improvisado funeral de la pequeña Setsuko: El fuego se extinguió a altas horas de la noche y, al no poder orientarse en las tinieblas para recoger los huesos, se acostó junto a la fosa; a su alrededor había una multitud de luciérnagas que Seita ya no intentó atrapar: con ellas, Setsuko no se sentiría tan sola, las luciérnagas la acompañarían. Ya emblemáticas, las luciérnagas encarnan en la cultura japonesa una suerte de bienestar y de buen augurio para la vida rural, incluso se sabe de un mito por el cual las luces de las luciérnagas representaban las almas de los muertos.. En la literatura, se tiene noticia de de su aparición en uno de los textos más antiguos de la tradición poética, Man Yoshu,

una colección de poesía que data de finales del siglo VIII. Luego, aparecen en Haikus del periodo Edo (1603 - 1867) hasta que, al convertirse en objetos de culto y de fascinación, empiezan a ser cazadas y comercializadas. La segunda novela breve que aquí se incluye, Las algas americanas, atravieza ya los linderos de la tragedia para tratar otros dilemas de la guerra. Aquí el periodo de la reeducación y la relación de la cultura y el sentir japonés con la ocupación norteamericana. El caso de esta novela, que ya revisa con algo de gracia y de ironía este singular encuentro de dos mundos, recuerda una novela de Kenzaburo Oe, precisamente determinada según esa rara hospitalidad y ese orgullo taimado que escondía buena parte del pueblo japonés al verse trasgredido por una cultura y pareceres distintos. La llegada de la Democracia, la Constitución, junto a las diferencias idiomaticas y culturales que en esta novela llenan de humor aquello que caracteriza a la cultura japonesa, “una sumisión de profundos significados”, a la que, sin embargo, atraen sobre todo la dignidad y el fervor japonés lejos de esos desastrosos modelos de occidente que no dejan otra cosa que remedos de paraísos terrenales. El libro relata la vista de un matrimonio de pensionistas. En tanto el clima de ‘alienación’ y desconcierto ante el edicto imperíal de rendición cobraba entre los japoneses su cuota, la relación con occidente dejaba, junto al desastre y el infierno de los bombardeos y el clima de posguerra, un cierto sabor de ironía, aquí sarcásticamente presentada por Nosaka: Hasta que perdimos la guerra, aunque no nos enseñaban gran

@ Revista Niponnia

Por Sophia Vázquez Ramón

cosa, aprendiamos el inglés escrito; después de la derrota, sólo clases de conversación, y el lema era “Come, come, everybody”. Durante el cuarto año de bachillerato, se fundó un club de E.S.S. [English Speaking Society], frecuentado por la élite de la escuela; un Dôjô de judo, ahora convertido en club de lucha libre, me abordaron con un “Wattsumaraizuyû”, ¿Cómo? ¿Tsumara?, tsumara debe ser mañana, ¿me estará preguntando qué haré mañana?; uno de ellos, alumno del curso superior, lanzó una risa burlona: “Si dicesWhat’s matter with you?, no te entenderán en absoluto... LLevada al cine de animación por Isao Takahata, La tumba de las luciérnagas resulta en verdad fascinante: crítica de la guerra y descarnado documento literario y fílmico de los estropicios de la humanidad, compone, junto con Las algas americanas, una interesante revisión del antes y el después del ataque nuclear, la belleza nipona, la fatalidad y la patética ironía de un Japón asediado por invasores hambrientos, como bien lo ha demostrado la historia. Sophia Vázquez Ramón es profesora de comunicación. Escritora y asesora cultural.


Japón Yukio Mishima: Samurái de la escritura Jaime Valencia Villa*. Panamericana Editorial Ltda. Abril de 2008 El trágico incidente ...La noche del 24 de noviembre, como era su costumbre, hacia las diez pasó a saludar a su madre Shizue, quien lo notó muy fatigado, para desearle las buenas noches. Lo mismo hizo con su padre Azusa. En la soledad de su estudio, revisó y arregló papeles hasta tarde. Firmó la última entrega de El ángel putrefacto y lo dejó en un sobre dirigido al editor con fecha del día siguiente. Era el final de la última de las novelas de la tetralogía, su obra maestra y póstuma. Mishima planeó entregar el final de su obra el mismo día del final de su vida. Y lo cumplió con lujo de competencia. Encima de su escritorio dejó una lacónica nota, cargada de irónico simbolismo, como todo lo suyo: “Aunque la vida es limitada, me gustaría vivir eternamente”. En la mañana del día 25, pasadas las diez, Morita y sus tres acompañantes, vestidos todos con sus uniformes de gala, fueron a recoger a Mishima a su casa, a bordo de un vehículo blanco, recién lavado (en algunos ejércitos japoneses se exigía a los soldados sitiados que se siguieron afeitando todas las mañanas, pues así se eleva la moral). El escritor los estaba esperando en el jardín de su mansión occidental, también trajeado con el uniforme de la Sociedad del Escudo y acompañado de una larga espada japonesa en su estuche, y de dos más cortas. Como ocurrió con el teniente Takeyama, protagonista de su escrito Patriotismo, Mishima no llevaba camisa debajo de su chaqueta militar, para que de esa manera se facilitara la práctica del suicidio ritual. Los uniformes de gala, la belleza de las espadas relucientes y los cinco poemas de despedida de treinta y una sílabas, le imprimirían al ceremonial concebido para la acción final una aureola de belleza y asepsia sorprendentes. Ya en el vehículo, hizo entrega al primero de los Koga de un sobre con dinero suficiente para cubrir los gastos de abogado y de una carta en la que se hacía responsable del “incidente” que estaban a punto de protagonizar. En ese mismo documento ordenó a los tres estudiantes menores que le debían sobrevivir para que

Apartes del libro sobre el escritor japonés, a presentarse en la XXI Feria Internacional del Libro de Bogotá. representaran a la Sociedad ante los tribunales. Camino del cuartel de Ichigaya, Mishima tuvo el coraje de bromear sobre el tipo de fondo musical que debería sonar en esos momentos si se tratase de una película de bandidos. Y luego todos se pusieron a cantar. A las diez y cincuenta minutos llegaron a la sede del cuartel, y fueron conducidos de inmediato al despacho del comandante Mashita, en el segundo piso. Para este militar de brillante historial castrense, quien debió dimitir después del trágico “incidente”, era un auténtico halago celebrar una audiencia con tan famoso escritor. Hechos los saludos y presentaciones protocolarias, el general resaltó la elegancia de sus uniformes y preguntó si la larga espada que llevaba Mishima estaba afilada. Ante la respuesta afirmativa, el general preguntó si la policía le permitía portar un arma de esas dimensiones. Mishima sonrió y desenvainó la espada, explicándole al general Mashita que se trataba de una hoja garantizada por el famoso forjador Magoroku del siglo XVI, una verdadera pieza de museo. Acto seguido, le pidió a uno de sus cadetes ayudantes un pañuelo para limpiar la hoja, con el propósito de que el general pudiera apreciarla mejor y percibir así el destello frío y azulado del acero

bien templado. Esa petición era la señal acordada para dar inicio a la acción final. Masayoshi Koga se levantó y al pasar detrás del general Mashita lo agarró y le tapó la boca con una mano. De inmediato, Ogawa y Furu Koga saltaron a atarle brazos y piernas a la silla en que estaba sentado, para después amordazarlo con un pañuelo. Mientras el primero de los Koga custodiaba al rehén con una de las espadas corta, los otros cerraron y reforzaron las tres entradas del despacho de la comandancia. Eran las once y veinte de la mañana. Inmovilizado y mudo, el general Mashita no tuvo otra opción que sumar indignación a su asombro. Entretanto, percatados de lo que le estaba ocurriendo a su general, los oficiales y auxiliares de las oficinas vecinas se pusieron alerta y quisieron entrar. Mishima les ordenó que se marcharan o la vida de Mashita correría peligro, y les notificó de cuatro peticiones escritas en un papel que deslizó bajo la puerta principal: congregar a las doce del día delante del edificio de la comandancia del cuartel general a todo el personal de la División Oriental; escuchar en silencio la arenga de Mishima y sus cuatro cadetes; trasladar a esa misma base a los demás miembros de la Sociedad del Escudo, reunidos en asamblea en otro lugar, para escuchar el discurso de su líder; y evitar cualquier tipo de interferencia o acción ofensiva entre las once de la mañana y la una de la tarde. Ante el incumplimiento de estas peticiones, Mishima asesinaría al general Mashita y en seguida cometería seppuku. El oficial al mando del cuartel comprendió rápidamente que Mishima hablaba en serio. No obstante, Mishima y Morita hicieron retroceder con sus espadas, rasgando el aire, a algunos militares que habían logrado forzar las puertas, hiriendo con deliberada levedad a siete de ellos, antes de que se diera la orden de detener cualquier ofensiva. Eran las once y treinta y cinco de la mañana.

Revista Casa Silva De venta en librerías y en la Casa de Poesía Silva, calle 14 # 3-41 Teléfono: 2864414 - Bogotá

Librería -- Café Librería Café

Jaime Valencia Villa es Ingeniero, administrador de la Facultad de Minas de Medellín. Abril-Septiembre 2008. No. 3. 17


Narrativa

Libros, mass-media y fast food Por Carlos Andrés Almeyda Gómez Open the window para que la mosca fly Jaime Espinal Ediciones B Bogotá, 2007 247 páginas

Nada hay en la literatura tan pintoresco como el disponer de ella para que un libro llegue a ser llamado novela, cuando en realidad lo que le alienta no es más que una simple treta de mercado. Detrás de las intenciones corporativas, puede que el índice de lectura se amplíe y que -por ese mismo camino- muchos jóvenes escritores entren en cuestión, aunque ello nos lleve a terminar de enterrar un género que ya Borges había pronosticado como una empresa fallida, la novela habría de morir tarde o temprano. Muere en manos de esa corriente de autores que la publicidad ha maquinado. Autores quizá empujados por el tan actual concepto de ‘democratización de la cultura’, que no es en este caso más que una forma de abrir las puertas de par en par, digo, para que de vez en cuando los imaginarios se mezclen sin el arbitrio de nadie. Entonces sacrificaremos la estética en beneficio de las estadísticas. Ello me recuerda el fenómeno que ha malogrado recientemente a la poesía colombiana y que refiero aquí como posible analogía, esto es, la so18 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

breoferta de versificadores, cosa que no acrecentó la venta en este género, más bien todo lo contrarío. Se sabe que por estos días las grandes editoriales lo piensan más de dos veces antes de aventurarse en colecciones de poesía. “si la novela debe realmente desaparecer –dice Milan Kundera en El arte de la novela– no es porque esté completamente agotada, sino porque se encuentra en un mundo que ya no es el suyo”. Los presuntos estéticos han mutado, se sabe, la novela se ha transformado y no se le pude pedir que siga mi-rando con el viejo catalejo de las postales y los discos de acetato rayados. Digamos que el mundo se ha vuelto un poco más proclive a la necedad que deviene de lo permisible y lo probable, la vana percepción de las cosas. Open the window para que la mosca fly de Jaime Espinal (Medellín, 1980) es un botón para la muestra. Bizarra, en un sentido no tan profano, esta ‘novela’ tiene la peculiaridad de no tener un corpus narrativo ni nada que se le parezca, así que en la lectura uno puede hacer lo que mejor le convenga. Leer, por ejemplo, su anunciada profanación de El perfume de Patrick Süskind apenas iniciando su libro o ir a otras páginas y encontrarse con episodios románticos de Jaime Espinal, el seductor, vía Internet –el mismo recurso anda por ahí en manos de autores más godos como Ricardo Silva Romero o Fernando Quiroz–, por no mencionar aquellos en que se convierte en personaje de comic, no sin antes resolver hacerlo por estos lares y no en “la tierra de Marvel y D.C”. Jaime Espinal –el autor– y Jaime Espinal –el superhéroe de Open the window para que la mosca fly– abandona-ron el suroeste de los Estados Unidos, luego de trabajar como oficinistas, y tanto el uno como el otro se pusieron a hacer lo suyo. Desde obtener con este libro el

Premio Nacional de Novela de la Cámara de Comercio de Medellín, hasta prestarse a la charada editorial, matizada por un despliegue de medios que, por lo demás, ha querido mostrar a un autor ‘estrella’ como si se tratase de alguno de tantos cantantes reciclables. ¿Cuál es entonces el valor de este libro, cuando aquello que se nos vende no es precisamente su importancia literaria? Open the window para que la mosca fly no se aproxima a lo narrativo más que como un disperso anecdotario. Una suma de apuntes que escamotean deliberadamente entre clichés y juegos contraculturales, y que, según se lee en los textos que cierran sus aventuras, no es otra cosa que una novela para ‘neo dummies’: los ires y venires de un personaje de tiras cómicas, en un libro panfletario, autobiográfico, la historia de quien “sufre a veces de desorden de carácter y trastornos de personalidad. Pasa por un sinfín de ocupaciones extraordinarias y toma Coca-Cola”. La anterior cuña comercial, repetida con obsesiva futilidad a lo largo del libro, me recuerda la similitud de un comercial del citado refresco con un video de Jaime Espinal difundido a propósito de la publicación de su libro. Todo el asunto se reduce al paseo matutino de un joven por una céntrica calle de Medellín –claro, Jaime Espinal protagoniza y produce el asunto y que aquí se postula de lover boy y buen samaritano que deviene en superhéroe. Entonces Open the window para que la mosca fly aparece como un experimento que -por taras de la ironía- alcanzó cierto crédito como novela, dejando de paso a la novela como tal en una situación bastante paradójica. Luego cabría hablar del libro como espacio físico, aquí trastocado editorialmente -hay cambios de formato, de letra, de tamaño, hay recuadros, di-

bujos, saltos de página-, en pos de la fanfarronería de un texto sin mayores prebendas literarias. Vuelvo a Kundera: “La novela ya no puede vivir en paz con el espíritu de nuestro tiempo: si todavía quiere seguir descubriendo lo que no está descubierto, si aún quiere “progresar” en tanto que novela, no puede hacerlo sino en contra del progreso del mundo”. De aquí no puedo más que concluir que el carácter hipermediático de este oficinista y superhéroe, venido a más en el redescubrimiento de su tan querido ‘tercer mundo’, es precisamente aquel que define el sendero en el cual desviamos -desviaron, diría la cartilla- del camino correcto. Tan influenciado por el american stile of life, la comida basura, los refrescos de Cola, el sincretismo del Spanglish y las caricaturas al estilo Sin City, nada podría darse en Espinal aparte de este esperpento. Un joven administrador, actor, músico de garaje, en fin, un simple producto de la cultura de masas. Un Don Juan -como la revista en la cual viene escribiendo por estos días- que ha ideado la forma de hacernos saber de sus corrillos, mediante una publicación que se quiere hacer pasar por literatura:“De espinal, dicen las malas lenguas que tiene en el computador, en Excel, una lista con mil y pico de nombres de mujer –en un rango de 14 a 49 años de edad–, y que la lista va en aumento (los rumores también).” Entonces nos encontramos ante cualquier hijo de vecino. El relato llega a nuestros oídos como una cosa de todos los días: el trillado cuentico de la adolescencia. Jaime Espinal, según confirma la nota de solapa, o según leemos en el grueso del libro, viene del mundo del teatro, participó en un reality y se dedicó a ser un héroe escondido en Phoenix, Arizona; tiene un grupo de Rock o algo parecido y es parte de una firma de con-


Narrativa sultoría. Su libro lo anda pregonando a cada rato, a veces desde la chabacanería de sus aventuras eróticas o desde una vaga y pretensiosa tercera persona: Jaime espinal es actor. Más actor que, por ejemplo, caracol de pecera o mariachi, trabajos éstos que ha llevado a cabo en momentos singulares de su vida. Distinto de otras muchas diversas profesiones que ha ejercido con intermitencia, ésta de actor es permanente. Al ser actor, lo mismo le vendría aquí ser superhéroe, acaso poeta, gigoló o cantante. Es claro que el cliché es palabra visitada, la narrativa se atasca como un neumático en un lodazal de circo. Joven victima de sí mismo, queda al lector esta lista de cuestiones prestadas, junto a los pocos subterfugios culturales que de seguro Jaime Espinal verá como herramientas contractuales: La cucharita –una de nuestras can-

ciones populares, el Réquiem de Mozart, Condorito, Jesús de Nazaret –aquí Rey del Joropo–, Edgar Allan Poe –rebautizado por Espinal como ‘E. A. Pues’–, Carl Von Linneo, García Márquez, la novela Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiero, etc., etc. Luego, otras tretas saltan al relato, los lugares comunes a esta era en que la comunicación es el juguete de muchos mientras que la literatura es el paradigma de pocos. De aquí sacamos la versión ‘revisitada’ de las apariciones de santos en barrios populares, aquí un buñuelo con la cara de La Virgen, las fantasías de una pareja en viernes santo –esperando el castigo que corresponde por hacer lo indebido en días de dios o los pasajes católicos de una familia tan paisa como la que habrá alimentado a Jaime Espinal en sus primeros añitos en el trópico, antes de convertirse en superhé-

roe, muy al estilo americano. Ese semidiós que afirma con modesta apatía: “aguanta, hijo mío –le dije a dios, poniendo mis manos sobre su cabeza”. Sería conveniente en este punto del texto, volver al asunto de la mediatización para encontrar un género al cual se pueda asociar el libro de Jaime Espinal. En más de un sentido, las carencias literarias en él son también los instrumentos por los cuales podría llegar a ser leído como algo de valía. Me apoyo de nuevo en El arte de la Novela: También afectan a la novela las termitas de la reducción que no sólo reducen el sentido del mundo, sino también el sentido de las obras. La novela (como toda la cultura) se encuentra cada vez más en manos de los medios de comunicación; éstos, en tanto que agentes de la unificación de la historia planetaria, amplían y

canalizan el proceso de reducción; distribuyen en el mundo entero las mismas simplificaciones y clichés que pueden ser aceptados por la mayoría, por todos, por la humanidad entera. Digamos que este libro, este ‘el mundo según Jaime Espinal’, su Weltanschauung –desde una postura no tan trascendente–, es nada más ni nada menos que el muestrario de su alienación. Sostenido por una cultura Fastfood, ninguna otra cosa podría darse sino este libro. Queda, por lo demás, la aparente noción de una ‘novela’ de ‘alta digestibilidad’, leíble, si de examinar un fenómeno tan en boga se trata, pero nada memorable dentro del ya mancillado aparato llamado literatura. Carlos Andrés Almeyda es comentarista de libros y director del periódico Lecturas Críticas.

Esto no huele bien Por Luis Fernando Afanador

Fernando Quiroz Esto huele mal Planeta, Bogotá, 2006 181 páginas

Esto huele mal, la novela del escritor colombiano Fernando Quiroz, llevada recientemente al cine por Jorge Alí Triana, se basa

en una divertida anécdota real. Pero la literatura es mucho más que contar bien una anécdota. La historia de esta novela es muy común: la de un hombre infiel y mentiroso. Ricardo, empleado de una agencia de viajes está casado con Elena y tiene un hijo con ella. Durante su matrimonio ha tenido algunas aventuras pero nada serio, nada que lo comprometa. Hasta que conoce a Manuela: “el día en que conocí a Manuela, el mismo día en que la amé por primera vez, supe que el corazón había decidido involucrarse”. Ya no tiene una aventura sino una amante y, por supuesto, un conflicto: debe decidir con cual quedarse: “Miraba a Elena y sentía que debía quedarme a su lado. Imaginaba a Manuela y pensaba que debía salir corriendo”. Sin embargo Ricardo, al igual que muchos hombres, opta por aplazar la decisión y vivir una relación clandestina. Su trabajo en la agencia de viajes le facilita

las cosas: almuerzos con clientes, extranjeros que a las diez de la noche se les ocurre ir a conocer Villa de Leyva. Puede cumplir sin problemas la religiosa cita semanal con Manuela para tomar vino Rioja y escuchar al Cigala quien, tal vez, le ayuda a comprender cómo se pueden querer dos mujeres a la vez “y no estás loco”. Pero a este as de las coartadas lo abandona miserablemente la suerte y le ocurre algo imprevisto: dice estar en una cena de trabajo en el club El Nogal justo la noche en que ocurrió el famoso atentado. Su esposa lo llama desesperada y él deberá inventarse la disculpa imposible o confrontarse definitivamente y acabar con la mentira de su doble vida. Hasta ahí tenemos una anécdota divertida pero una anécdota no alcanza a ser literatura, como dijo Julio Cortázar, quien solía rechazar las divertidas anécdotas que alguna gente muy querida y muy bien intencionada “le

regalaba” para que algún día las escribiera. Sí, esta historia del infiel del Nogal, en sí misma es tragicómica y contada por teléfono podría divertir a un amigo. O angustiarlo: depende del énfasis que le pongamos y del grado de fidelidad y de culpabilidad de nuestro amigo. Es decir, la sabrosa anécdota, puede tomar varios caminos: contada en clave de humor en Sábados Felices haría reír a millones de colombianos; contada a un señor que lo abandonó la mujer de su vida porque lo pillo con una amante ocasional, sería algo muy triste y contada por Jorge Ali Triana, en cine, es otra cosa que no vale la pena comentar porque la historia fue transformada con el único criterio de hacer dinero. Pero bueno, volvamos a la novela que nos ocupa: ¿Qué hace el escritor Fernando Quiroz con esta anécdota? Ciertamente no hace literatura, la deja en pura anécdota y aunque lo intenta, no Abril-Septiembre 2008. No. 3. 19


Selecciones alcanza a cuajar ningún conflicto moral, dramático o existencial porque los personajes, meros servidores de la trama, no encarnan un drama verdadero, carecen de profundidad. Ricardo, supuestamente, se encuentra en el gran dilema de elegir entre la amante y la esposa y a partir de su indecisión pide la complicidad del lector para que lo acompañe en los avatares de sus coartadas. Muy bien, lo acompañamos,

aunque sus triviales aventuras no provoquen reflexiones interesantes sobre el matrimonio, la infidelidad o el amor, como ocurre en la novela Intimidad de Hanif Kureishi, a la cual Esto huele mal trata inútilmente de emular. Al final, con bastante desilusión, comprobamos que habían invocado nuestra solidaridad en vano: a Ricardo en el fondo no le importa mucho que su mujer lo deje y su intempestiva visita a un

burdel de medio pelo –incompresible en un personaje que nos habían presentado tan fino con sus Riojas y sus comidas gourmet- no alcanza a convencernos de ninguna tragedia. Y a ella, le importa menos: no sólo sabía desde un comienzo la falsedad de la coartada sino, además, a espaldas del lector, se había conseguido un amante. No, no había que compadecerlos; sólo se trataba de una buena anécdota que nos hu-

bieran podido contar por correo electrónico. En Historias de hombres casados, de Marcelo Birmajer, la infidelidad es un riesgo porque quien no vive una aventura, puede perder media vida. Y quien la vive pero es descubierto, puede perder la vida entera. De esa tensión carece por completo la novela de Quiroz. Es una lástima. Luis Fernando Afanador es crítico literario.

“Eternos funámbulos en la cuerda floja del mundo” Por Celedonio Orjuela Duarte Diccionario Anarquista de emergencia Iván Darío Álvarez Juan Manuel Roca Editorial Norma Bogotá, 2008 276 páginas

Colombia le cerró la puerta al pensamiento libertario y generó una extrema izquierda dogmatizada de leninismo, stalinismo y maoísmo, eso sí, infecundamente delirantes. También generó esa suerte de conservadurismo extremo que ha procurado mantener rasgos feudales a punta de zurriago. En ambos casos negaron la polifonía de voces móviles que posibilitaran un pensamiento abierto a la reflexión del devenir del hombre contemporáneo.Las ideas anarquistas pasaron por este país sin dejar rastro, acaso la voz 20 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

panfletaria de un Vargas Vila o un Biófilo Panclasta, y perdieron por lo mismo la poca presencia que desde la sombra mantuvieron. Aquí se prefirieron las acciones de facto, descabellando (permítasenos ese término taurino) cualquier iniciativa en un país en el que apenas se murmura. Con semejante panorama ¿será posible aún el pensamiento libertario? ¿Serán posibles las ideas anarquistas?, ¿Serán posibles ese puñado de voces que siguen siendo luz en la oscuridad? Las respuestas a ello y las utopías que dicho pensamiento abarca, se encuentran en este Diccionario Anarquista de emergencia que acaba de aparecer. Ideado por dos hombres de talento, Iván Darío Álvarez -que juguetea desde hace muchos soles con la palabra detrás de pequeños escenarios- y Juan Manuel Roca, poeta que con este nuevo libro escrito a cuatro manos, reflexiona con lo que le es más afín en el orden de la cultura, la filosofía, lo mismo que el debate político, como quiera que es uno de los pocos poetas que no merodea el poder: Incluimos en este diccionario anarquista de emergencia fragmentos ácratas de pensadores abierta y manifiestamente anarquistas, pero tambien aforismos. esquirlas, reflexiones y poemas de cuño filoanarquista o, si se quiere, de auto-

res que no asumen esta condición de manera programática Como ideología y como filosofía social, el anarquismo surgió en Europa en la mitad del siglo XIX, con Prohudon y su libro ¿Qué es la propiedad?, precisamente para demostrarnos que la propiedad es el robo. Durante la década del 60 las ideas anarquistas llegan a América Latina y se concretan en algunos grupos de acción que trabajan al interior de obreros, campesinos y estudiantes. En México, desempeñó un papel importante inclusive dentro de la historia política y de las contiendas armadas del país. En Perú, el poeta anarquista Manuel González Prada decía: En esta obra de reconstrucción y de venganza no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos y carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra! En más de un sentido, literatura y anarquismo vienen casi de la mano, ello se hace aún más claro cuando de leer un libro tan necesario como este ‘diccionario’ se trata -que no lo es en el sentido autoritario y determinista de la plalabra- y que, a la vera de dos grandes apartados, uno sobre palabras diletantes y profanas, aca-

so comunes y aquí resignificadas desde la pluma acida y burlona de este par de conspiradores, y el otro desde los protagonistas de la anarquia en sus formas abiertas o agazapadas, para descubrir en situación a escritores como Oscar Wilde, Julio Verne, León Tolstoi, acercarse por lo mismo a quienes no hicieran profesión de anarquistas y que sin embargo llevaban, por un halito de realismo desgarrado, todas las condiciones para serlo; encontrar a músicos como John Cage y repasar términos del argot nacional, palabrejas del decir patriotero como uribismo, Soldado, o aquellas que detentan sofismas como los que encierra la democracia, el caso de Urna electoral: Pequeño ataud de la libertad donde la mayoría se silencia o donde casi siempre demuestra su absoluta estupidez. Por lo demás, baste con tomar este libro en cualquier página y, como una suerte de malevolo talismán, encontrarse con las verdades a secas, puesto que “cada vez que la libertad se encuentra en total peligro de extinción, aparece un anarquista, pinta un hueco en la pared de la celda y sale por él a beberse la intemperie”. Celedonio Orjuela Duarte es poeta, novelista y comentarista de libros.


En Breve

La novela colombiana Seymour Menton FCE Colección Tierra firme México, 2007 695 páginas Esta reedición del libro del crítico norteamericano Seymour Menton, cuya primera impresión data de 1978, reaparece aquí con algunos nuevos textos críticos que acompañan su tesis alrededor de varias novelas fundamentales en el país (María, Frutos de mi tierra, La vorágine y Cien años de soledad), ade-

El cuaderno dorado Doris Lessing Alfaguara Punto de lectura Bogotá, 2007 800 páginas

Testimonio sobre la condición femenina. El cuaderno rojo es sin lugar a dudas la más emblemática obra de Doris Lessing. Desde la

La fuga Carlos Montemayor FCE México, 2007 162 páginas Rastreo narrativo del nacimiento de la guerrilla moderna mexicana, La fuga de Carlos Montemayor (Chihuahua, 1937) recorre como

más de sumar a su estudio inicial algunos nuevas lecturas todavía e m p a re n t a d a s por una apuesta particular como una suerte de síntoma unificador dentro de un sistema planetario, según se justifica en el desarrollo de sus investigaciones sobre la novela en el país. La tesis de este La novela colombiana, Planetas y satélites

está precisamente enmarcada desde un análisis muy propio en el que la astronomía le sirve de fundamento para delinear los procesos y paradigmas estéticos en la narrativa más o menos actual, sirviéndose de las novelas finiseculares para terminar de allanar el terreno del análisis desde la visión de un investigador que lleva algo más de

vida y vicisitudes de Anna Wulf, escritora divorciada y militante comunista, la Nóbel de literatura refrenda la mayoría de sus discursos sobre la mujer, todo desde una serie de diarios que van consignado fragmentos de una vida construida como una suerte de lúcido manifiesto alrededor de la situación de la mujer en nuestro tiempo. Síntesis de otros cuatro cuadernos llevados por Wulf a lo largo de su travesía, el cuaderno

dorado comprende la suma dialéctica de los dilemas del laborismo en el siglo XIX en los que el tema de las libertades eran tabula rasa para un libro que no tardó en tomarse como una novela de culto por parte de los movimientos feministas, acaso como una reversión literaria de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, con las debidas diferencias, claro está. LC

una novela de aventuras, la situación de un guerrillero que logra escaparse de Las islas Marías, hacia la decada de los setenta. Narrado de forma ‘homérica’, como bien ha dicho la crítica, dado que aquí el mar es casi su protagonista, esta novela se suma a otras del autor mexicano como Las armas del alba (2003), en las que se narran por igual algunos episodios historicos relacionados con la violencia y los procesos emancipatorios de los ejercitos irregulares. Segunda novela de una tetralogía sobre el asalto al cuartel de Ciudad Madera, la novela empieza cuando Ramón Mendoza es encarcelado, se hace amigo de algunos prisioneros y luego, acosado por no ser libre en su propía tierra, decide escapar teniendo por ello que enfrentarse a muchos incovenientes y males, aquejado de no encontrar más libertad que esa rara ilusión que habría de empujarlo a ese destierro moral a que le ha obligado la violencia y su condición. LC

El libro de las celebraciones (Primera entrega). Varios autores Editorial Domingo atrasado Bogotá,2007 278 páginas Leer El libro de la las celebraciones es algo así como volver de una larga ausencia. Este libro suena al piano de Joe Madrid, acaso a Te-

cincuenta años dedicado al estudio de las narrativas latinoamericanas. Como una forma de jerarquizar los trasuntos estilísticos y temáticos que caracterizan algunas novelas colombianas, este libro propone un estudio comparativo que, por lo demás, se limita a ciertos autores y obras capitales en aras de demostrar las virtudes y coincidencias que han definido los contornos de la novelística colombiana, bien por que los temas y los problemas del hombre contemporáneo siguen construyendo los intereses de la nueva literatura colombiana. LC

resita Gómez o al chocoano sonero y raizal que nos invita a bailar (Aristarco Perea, “Arista”). Otro celebrante nos lleva a visitar a un filósofo en un “Viaje a pie” a sus montañas (Fernando González). Se escucha la conversación de un cachaco anarquista y pintor del que se recordaran sus cielos y sus colores (Fernando Oramas). Un cartagenero, dueño de un lenguaje que seduce a jovenzuelos aplicados que vienen de las aulas y se solazan con sus libros (Efraín Medina). O unas manos de mujer que esculpía con chatarra y colocaba sus obras en “los lugares menos apropiados”, (Feliza Bursztyn). Así podríamos seguir aludiendo a esa imaginería en el pasado, presente y futuro de los cincuenta y seis autores que visitan este libro que habla de un país aislado y a la vez comunicado con el mundo, como lo dijera alguna vez el poeta Miguel Torga: “Lo local es lo universal sin paredes”. Celedonio Orjuela Duarte Abril-Septiembre 2008. No. 3. 21


En Breve

El viajero en el umbral Gabriel Jaime Alzate Ochoa Premio nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2006 SDCRD Mayo de 2007 Escrita en un tono vertiginoso y asaltada siempre por personajes en amargo conflicto con la realidad, El viajero en el umbral, novela de Gabriel Jaime Alzate Ochoa (Medellín, 1951) merecedora del Premio Ciudad de Bogotá 2006 de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, es una suerte de relato breve cuyo mayor atributo sea el de estar escrito desde la demencia de su personaje central. Un corrector editorial que permanece postrado en su cama pese a “un virus, un virus terrible”, reacio a definirse dentro del entorno o a saberse enfermo o víctima de algún infortunado desorden mental, decide huir de su apartamento creyendo ser objeto de una compleja celada, el asedio constante de algunos vecinos a quienes el supervisor de su editorial ha contratado para cuidarle en su convalecencia. Decidido a escapar de las torturas psicológicas de sus “carceleros”, emprende su destierro yendo entre paisajes estrambóticos y hoteles de paso –aquella “tierra de nadie,

Spiderwick Tomy DiTerlizzi, Hilly Black Ediciones B España, 2003 128 páginas

Una muy buena noticia para los lectores más jóvenes: la reedición de los cinco delgados y agradables volúmenes de Las crónicas de Spiderwick (El libro fantástico, El anteojo asombroso, El mapa perdido, El árbol metálico y El ogro malvado) de Tony DiTerlizzi y Holly Black, publicadas por Ediciones B como si fueran libros de cincuenta años atrás, con ilustraciones que complementan la historia, con un diseño agradable que mezcla la sorpresa y la ingenuidad y, sobre todo, la alegría de leer sobre ese mundo fantástico que apenas se 22 Abril-Septiembre 2008. No. 3.

como los libros” según dictamina uno de los personajes de la novela-, inmerso en una pesadilla de la que no sabemos de qué lado de la realidad se juega: si se trata de alguien en un sueño de delirios y fiebre o si se trata, en realidad, de una víctima más en medio del trauma de un país a punto de venirse sobre sus cabezas. El viajero en el umbral es una historia simple aunque no digerible, en el sentido menos ligero de la expresión. A través de un discurso que se desarrolla en caída libre y que no permite respiros ni titubeos, el punto de vista apocalíptico del narrador preserva el elemento del flujo de conciencia y lo hace gracias a su carrera hacia un punto ciego del destino. Moribundo, “presa de un frenesí particular”, el narrador y corrector –para quien “el tiempo no alcanza para nada cuando se trata de leer lo que la gente escribe”- se va enredando en su propia noción de las cosas, denuncia la persecución de la cual es objeto al tiempo que nos va dando cuenta de un hilarante panorama

dantesco y figura su relato “hasta agotar el tema”, tal y como un corrector lo haría desde su pretendida sapiencia. Este alter ego de Alzate Ochoa, lector notable y censor con un ligero complejo de culpa, parece querer gritar a todos la categórica moraleja de su novela: “como los libros, cualquiera pasa por ellos y nada se altera en el mundo”. La idea de lo fugaz y lo intangible se va dibujando en El viajero en el umbral gracias a este actor sin nombre que persiste en un punto inexacto del tiempo y que bien podría estar ya del otro lado, narrando desde el vórtice de la muerte, corriendo hacia ninguna parte o guiado apenas por las hordas que huyen de una desconocida hecatombe. Dado que el ejercicio de corrector siempre hubo de delimitar el sentido poético de este libro, están las palabras. Aquellas que se encargan de flanquear la huida, las que otrora su narrador manipulara, trastocara, suprimiera, y que ahora, en el éxodo, ha-

brán de convertirse irremediablemente en su lastre y en el porqué de su caída. Algunos premios literarios son, por cuestiones de lógica, una cortina de humo que salvaguarda a ciertas obras del rigor del olvido temprano. Sin embargo, El viajero en el umbral resulta un interesante experimento literario en tanto la ambigüedad, el constante ir y venir de la acción y la futilidad de personajes sin nombre o inmersos en diatribas pasionales, dan a este libro un tinte existencial que lo mantiene a flote si de hacer un sondeo parcial de la condición humana se trata. Ya llevado al límite en su carrera, el personaje principal de esta novela aprende lo inevitable: aquel viaje hacia la nada, luego de enfrentar a la enfermedad -cualquiera que esta sea- como en un juego de cartas para enfrentarse al que será su frívolo desenlace, “el umbral de la soledad”, título del último apartado del libro. De este lado del relato, nosotros, habiendo esperado tanto, terminamos igual que el personaje central de El Viajero en el umbral, esto es, con las manos vacías y sabiendo que ya nada hay por descubrir: “No llegarán a ninguna parte, les aseguro. Esta gente no tiene cómo ni adonde ir”.

encuentra a pocos metros de nosotros. Que los lectores más jóvenes se olviden de todos los libros mágicos, llenos de aventuras y personajes increíbles, que han conocido en años anteriores porque estos forman parte de otra sensibilidad, otra visión, otro gusto por esa literatura fantástica que, con el tiempo, se ha convertido en algunos casos en algo mecánico y predecible. Los textos, las ilustraciones, el ritmo sencillo de la narración que contiene los personajes, las situaciones y las historias más emocionantes, responden a la relación establecida entre los auto-

res DiTerlizzi y Black y los hermanos Mallory, Pared y Simon Grace, quienes entregan la fotocopia de un viejo libro que encuentran en el desván de la casa casi pulverizada a la que llegan en la estancia Spiderwick. El sitio está rodeado por una arboleda, el arroyo Robinson, la calle de los Serbales, el camino de Riggenbach, la escuela Waterhouse, la vieja cantera, el campamento, el depósito de chatarra, la avenida Dulac, muchos árboles, muchos senderos, muchos cuervos, muchos animales

y esa sensación que chicos y grandes comparten mientras recorren (recorrer, no leer, es el término más adecuado) estas aventuras. De la mano de los tres hermanos, las historias nos demuestran, con sencillez, humor negro, sentido de lo cotidiano y en ocasiones algo de malicia, bajo la mirada vigilante de la madre, que la magia y lo sobrenatural y lo terrorífico y lo sorprendente y lo descabellado y lo espeluznante y lo peligroso y lo de ultratumba y lo monstruoso y lo escabroso, están ahí, ante todos nosotros aunque no lo veamos ni lo identifiquemos; que lo mágico nos hace guiños del otro lado de las paredes, o desde un desván polvoriento, y que basta un gesto nuestro de complicidad o buen humor o imaginación para que toda esa carga nos arrastre (nos dejemos arrastrar), nos abra los ojos y

Carlos Andrés Almeyda Gómez.


En Breve nos enseñe. Y la otra buena noticia es que la película está desde marzo con nosotros. Es una súper producción con Freddie Highmore, Sarah Bolger, Mary-Louise Parker, David Strathairn, Joan Plowright, Martin Short y Seth Rogen, dirigidos por Mark Waters.

Libro de Requiems Mauricio Wiesenthal Edhasa Barcelona, 2007 695 páginas Memoria novelada de los más grandes fetiches del arte y la literatura, este libro del escritor barcelonés Mauricio Wiesenthal más bien se parece a esa suerte de libros trascendentales que abren camino

El tango en sus propias palabras Jaime Andrés Monsalve Icono editorial Bogotá, 2007 264 páginas Más que una forma musical como cualquier otra, el Tango, y de ello da fe este libro, es más bien una fatal cosmogonía en la que lo literario cobra una fuerza arrolladora. No por nada cancionistas, poetas,

Algunos la califican de emocionante, inteligente, entretenida y, sobre todo, provista de los elementos que caracterizan una excelente película para chicos (y grandes): una casa embrujada, un secreto familiar, niños comunes y corrientes que se enfrentan a todos aquellos que precisan de una caja de Pandora, insigne oficio que guarda los secretos y beldades de la pérfida raza humana. A veces un poema en prosa colmado de afectos y referentes históricos y culturales y otras el libro de viajes de un Ulises moderno, cada guiño y espacio del extenso recorrido extratemporal recuerda la sentencia de Marcel Proust: “Toma mi libro como unos lentes y si no te sirven toma otros”, aquí las calles de San Petersburgo, los recuerdos de una Coco Chanel desvaída por la excentricidad y el vacío, la vida e infortunios de Rene Char, Rainer Maria Rilke, acaso los luengos rincones de la noche de cualquiera de los grandes libros de la literatura universal. Wiesenthal recuerda en las páginas de este Libro de Requiems ese hallazgo siempre afectuoso que consiste en salvarse del olvido, mil veces más funesto que la misma muerte. Sophia Vázquez Ramón estudiosos y amigos de este género han sabido hallar en sus aires de compadritos, incluso en esos aires de vanguardia del llamado nuevo tango, el soporte de un estilo de vida que justifica una vez más la endémica sentencia de Discepolo: “El Tango es un pensamiento triste que se baila”. El tango en sus propias palabras, selección de textos a manera de diccionario temático, hace parte de esos libros necesarios, aquellos que se convierten en referencia obligada, no por nada su compilador, Jaime Andrés Monsalve, ha venido dirigiendo programas radiales dedicados al género y, como podrá verse al revisar la memoria impresa de miles de viejos acetatos y una nada despreciable iconografía, ha sabido capturar esas instantáneas que, a manera de aforismo, reflejan el sentir del hombre contemporáneo, el mismo personaje de Mi noche triste, aciago visitante de cualquier cafetín suburbano.

a situaciones fuera de lo común, espeluznantes y mágicas, y una trama emocionante que va en aumento a medida que el espectador camina con los tres hermanos y sus encuentros con los personajes, animales y situaciones más insólitos. Y un elemento para destacar:

Nuestro hombre en la DEA Gerardo Reyes Planeta editorial Bogotá 2007 359 páginas Nuestro Hombre en la DEA tiene una garantía que ningún otro estudio ha de tener, esto es, su punto de vista: los guiños al periodismo norteamericano y el cliché que se materializa en una historia cierta. Gerardo Reyes, periodista colombiano ganador del Premio de Periodismo Planeta 2007, nos cuenta cómo Baruch Vega llegó a ser un importante negociador dentro de la Operación Milenio de la DEA. Carlos Ramón Zapata y Juan Gabriel Úsuga –los Cíclopes, narcos que fueron bautizados así por tener

el doble papel de Freddie Highmore como los gemelos atrapados en esa casona, con la madre divorciada, la hermana y los monstruos. Mucha felicidad. Alberto Duque. ambos la misma limitación visualcuentan su historia a la par de la vida de Vega. El personaje-tipo del narcotráfico –nuevos ricos venidos a más, reuniones orgiásticas, cocaína, autos, relojes, cruceros por el mediterráneo- se convierte en la premisa de un documento que no duda en enfatizar sobre aquello que mueve a un hombre a entrar a la ilegalidad, todo desde la figura de mártir y gigoló de un joven del sur de Bogotá que no tardó en convertirse en “master del engaño”, en ese “eslabón ineludible entre el gobierno de estados Unidos y los narcotraficantes”. El hombre que escuchó al cura guerrillero Camilo Torres y que tiempo después, guardara treinta y cinco millones de dólares en su mansión en Miami, desvelado por un piso que en cualquier momento podía derrumbarse ante el peso de semejante encomienda. Se habla de aquellos insignes delincuentes que capitalizaron el territorio y que, a su vez, fueron escribiendo la historia de la infamia nacional. Traidor y salvador, Vega fue victima de su propio invento. Entregado a la justicia por varios cargos, termina confinado a la oscuridad. Se hace entonces la siguiente lectura: el crimen –en efecto– paga, solo que cobra unos intereses altísimos, que ni se diga. L.C.

Sophia Vázquez Ramón. Abril-Septiembre 2008. No. 3. 23


Lecturas Críticas  

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