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LA MURALLA LIBRO DE LECTURA

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C.P.E.A “LEBLA” (ACTUAL S.E.PER.) NIEBLA (HUELVA)


SUMARIO

Mi vida

Los Reyes Magos de 1978

Las matanzas

La recogida de las setas

Las rebajas

La inglesa

Los carnavales

Las fresas en Huelva

Mi madre y mi vida

Un día en Huelva

Excursión a Jerez

Los campanilleros

Reuniones de navidad

Recogida de aceitunas

Los quintos

Sevillanas a Niebla


Subió al cielo

La paga de navidad

El cotillón

La caza en el Condado de Niebla

La recogida de la palma


MI VIDA

Voy a contar un poco de mi vida para este libro. Yo nací en Niebla hace algunos años. Mi vida ha sido muy esclavizada, pues tenía doce años cuando murió mi padre. Mis hermanos estaban en la Guerra Civil, o sea, en el frente y no tuve más remedio que irme a trabajar de niñera a una casa. El niño era más grande que yo; entonces no había carritos para pasear a los niños y tenía que hacerlo en brazos y yo, como comprenderán, con doce años, ya me dirán.... por eso estuve sólo unos meses, porque la señora no comprendía que yo sólo era una cría. Luego estuve en otra casa y me hice más mujer. Trabajé cinco años en ella pero tuvimos una pequeña disputa y me fui. No obstante, quedamos como buenas amigas. Más tarde trabajé con otra señora, ya con 17 años; con ella estuve once años, hasta que me casé. Fueron unas personas fabulosas conmigo, me querían mucho, incluso una de ellas fue la madrina de bautismo de mi hija la mayor.


Referente al trabajo, tuve una mocedad de mucha esclavitud. Me levantaba todos los días a la cinco de la mañana para ir a por una espuerta de cogollos para hacer empleita y así ayudar al sueldo, ya que en aquellos años se ganaba muy poco. Luego tenía que ir a echar otra peonada a la casa. Todos los veranos caía mala de la lucha de la palma, pero no tenía más remedio porque me hacía mucha falta y mi madre no estaba para muchos gastos. Por este motivo no pude ir a la escuela. Ahora, ya de mayor, estoy en el Centro de Adultos para aprender algo. Me siento muy contenta porque además de saber leer, escribir y las cuentas, me va muy bien ya que cada día que pasa aprendo cosas nuevas que no sabía. Bueno, os voy a explicar lo de la empleita, por si alguien que lea el libro no sabe de que va. Primero se iba al campo, a las palmeras, con unas hoces y se segaban los cogollos hasta llenar una espuerta, que se traía a la cabeza. Se tendían al sol para que se pusieran blancos, y cuando se cogían, se mojaban en agua limpia el día anterior y luego, se jelicaban, se cortaban y se dejaban escurrir, estando listos para hacer la empleita. Yo me hacía en una noche cuatro brazas y media, que es para una estera y otra noche la cosía. Se la vendía a Dolores “La Contantina” y con el dinero que recogía cubría muchas faltas y penalidades. Y esta ha sido una pequeña parte de mi vida


LOS REYES MAGOS Alguna que otra tarde solía ir al Club Juventud a charlar y a jugar un poco al ajedrez. Un día se nos acercó el Presidente del Club a unos cuantos y nos dijo que si podíamos echar una mano contribuyendo a aumentar la ilusión de los niños sacando los Reyes a la calle. Dijimos que sí y de esta manera fue como empezó mi ayuda a la cabalgata. No tenía ni idea, pero conforme iban pasando los días aprendía y ayudaba a unos y a otros. Aquel año fue uno de los que más carrozas salieron, siete más las tres de Sus Majestades. Recuerdo que se hicieron las carrozas en la bodega que estuvo antes sirviendo de iglesia mientras se restauraba la de Nuestra Señora de la Granada. Bueno, llegó el momento de salir. Estábamos muy inquietos; no sabíamos como el pueblo iba a reaccionar. Toda la Puerta del Sol estaba llena de pajes montando a caballo y una gran multitud de gente allí esperando que salieran Sus Majestades. La reina de las fiestas de la Virgen del Pino también ostentaba la representación en este cortejo.


Entre los reyes y la reina, cinco carrozas lujosamente adornadas. Representaban el portal de Belén, los pastores, un tren en homenaje a la Compañía de Riotinto (por ser la pionera en el ferrocarril en nuestra provincia), un campamento indio y una alegoría infantil del perro Flandes. Fue una noche, la del día cinco de enero de 1978, algo apoteósica y nunca igualada por lo menos para mí. Abría marcha de la misma por primera vez desde su creación, la Banda de Cornetas y Tambores de Niebla, que llamó poderosamente la atención, siendo acompañada por la Banda Infantil de música de Huelva, que causó gran impresión en el pueblo siendo constantemente aplaudida en todas sus intervenciones.


LAS MATANZAS Bueno, voy a contaros como son las matanzas de cerdos. Se coge un cerdo de las arrobas que sean, sujetándolo hasta matarlo, clavándole un cuchillo en el cuello. Se coge la sangre en un cubo moviéndola hasta que se enfría. Esta es la que vale para las morcillas. Una vez que esté muerto el cerdo, se le queman los pelos. Esto se llama chamuscarlo. Luego se coge agua fría y un ladrillo hasta dejarlo blanco. Se echa en una mesa, se abre por la barriga y se le sacan las tripas. Hay que limpiarlas con mucho cuidado porque como no se sepa, se rompen todas. Después se saca la manteca y se pica, se echa agua y se pone a la candela hasta que esté buena, si se quiere “colorá, se le echa pimienta roja. Se saca la asadura y con ella se hace una comida para la gente que ayuda a matar. Después se sacan los lomos, que se hacen en caña. Para hacerlos hay que meterlos en


aliño del chorizo dejándolos toda la noche. A continuación se meten en la tripa y se entierra en sal durante doce horas hasta que estén para comerlos. Después se sacan las costillas, se meten en manteca o se entierra en sal dos o tres días y se cuelgan, comiéndose así o guisadas, que también están muy buenas. Los jamones se destripan para que echen la sangre, se entierran en la sal durante 21 días, se sacan y se pinchan con un palo de jara para ver se están buenos. Se cuelgan hasta que pasen dos meses por kilo.


LA RECOGIDA DE LAS SETAS Las setas o ”jetas”, como la llamamos en Niebla , se suelen coger mucho porque son muy gustosas. Hay personas muy expertas que en la fecha de su recogida suelen ir a los matos de “ El Pajarito” o los de el “kilómetro 9” y luego las venden. La gente se las quitan de las manos para asarlas o freírlas. Según donde se cojan, varían de color; su color normal es amarillo por debajo y marrón oscuro por arriba, éstas se crían en los montes llanos. En los montes bajos varía un poco el color de abajo que es un amarillo más oscuro por la acumulación de humedad. Hay setas venenosas que se parecen a las setas nuestras; se conocen al quitarle el cacabullo, en las buenas sale limpio y en las malas no. Yo suelo ir mucho a cogerla; este año escasean por la falta de lluvia y hay que adentrarse mucho en el monte buscando las partes más húmedas a las que apenas se pueden llegar, cuando se ven algunas hay que partir alguna jara para cogerlas. En otros pueblos se le llaman a las setas tontullos.


OTRA HISTORIA DE SETAS La recogida de las setas es en el mes de Enero. En Niebla se acostumbra ir al campo a por ellas y son bastantes las personas que les gusta hacerlo. Hay muchos tipos de setas. Las más abundantes y conocidas son amarillas. Para que salgan es necesario que llueva mucho, si llueve poco, apenas salen. En todos los sitios no se crían, hay trozos de tierra que le llamamos matos, que es donde abundan. Cuando se lleva unos cuantos días sin dejar de llover y después sale el sol, aparecen como semilleros. Este año están muy escasas por la falta de agua. Vamos con nuestros maridos o en reunión a cogerlas. Nos ponemos unas botas de agua, un pantalón y un chubasquero, y cogemos un cubo y un cuchillo para cortarles los cabos. En los terrenos de pedruscos, cabezos y jaras bastante altas es donde salen más setas. Nosotros tenemos que agacharnos para cogerlas y nos damos nuestros porracitos y arañones. En los pinos, siendo las misma setas, no se pueden comer por unos gusanos que cría el pino y que suelta una especie de polvo que perjudica a la setas. Cuando vienen vendiéndolas no nos fiamos porque no


sabemos de donde las han cogido. Nos la comemos más a gusto cuando vamos nosotros por ellas. Nos gusta saborearlas pero disfrutamos más cogiéndolas. Llevar el canasto más lleno que nadie, es una gran satisfacción.


LAS REBAJAS

¿Quién no ha ido a las rebajas alguna vez? Cuando llega Enero es posible ir de compras; no puedes entrar en los comercios pues están abarrotados de gente. Todo el mundo quiere comprar a la vez, antes de que se acabe lo que cree una que hace falta. Al final compramos por comprar, pues como lo vemos barato, todo nos gusta, pero cuando llegamos a casa y empezamos a sacar lo que hemos traído, nos damos cuenta que podíamos pasar sin lo que habíamos comprado, pero como estaba muy bien de precio... Y después vine la cuesta de Enero, que parece que no termina nunca, y te acuerdas de todas las tonterías que compraste y piensas que no merece la pena ir a las rebajas; pero al año siguiente, vas otra vez.


LOS CARNAVALES

Antiguamente, cuando llegaba el mes de Febrero, empezaban los carnavales. La gente se disfrazaba con ropa vieja y hacía reuniones en casa particulares; en el centro se ponía un búcaro, se le echaba harina, huevos, papelillos y algunas cosas más. Había baile durante toda la noche. Algunos hombres no querían bailar la tía Juana, y las mujeres los sacaban. A media noche se escogía una persona, se le tapaba los ojos se le daba un palo, y a ciegas tenía que romper el búcaro, y el que lo rompía, le caía todo encima. Se cuenta, que otras personas se disfrazaban, se tapaban la cara y salían a la calle y entre el gentío, los


que se tenían odio se mataban, y por este motivo se dejaron de celebrar los carnavales durante bastante tiempo. Hoy en día se vuelven a celebrar, pero muy distintamente. Se reúnen varias agrupaciones y escriben canciones relacionadas con el pueblo y también haciendo críticas sobre situaciones y personajes conocidos. El primer día de Carnaval cantan en el cine. Dan dos funciones y se llena a tope. Con algunos grupos la gente se ríe bastante porque son muy graciosos. Al día siguiente sale un pasacalle. Todo el que quiere se disfraza y recorre las calles del pueblo junto con las murgas y comparsas. El tercer día y último se hace un palmito muy grande con una palma en lo alto. La gente se viste de negro como se fueran viudas. Todo el mundo va llorando detrás haciendo una especie de comedia. Se recorren las calles y luego se le da fuego. A ésto se le llama la muerte del palmito, así termina el carnaval. Cuando era pequeña, recuerdo que mi padre nos llevaba a “Lavapiés”, un campo que está a 6 kilómetros de Niebla y que viven muchos serranos ( mi padre es de Valverde). Allí nos llevábamos unos días. Todo aquello me gustaba pues había mucho baile íbamos de una casa a otra con unos carburos. Realmente, eso es lo que recuerdo de entonces. A mí me gusta disfrazarme en solitario, y no con trajes lujosos, sino con algo que hace gracia.


Hace dos o tres años me disfracé de Doña Croqueta, y una cuñada mía de Juanito Navarro; desde luego, bien se reía la gente al vernos. Yo misma viéndome en el espejo no podía contenerme pues no sé donde pude encontrar esa ropa y zapatos tan aparentes.


LA INGLESA Elena María era una señora de Inglaterra aficionada a la arqueología. Tras la muerte de su marido Bernardo se vino a vivir a Niebla interesada por su historia. Se instaló en una casa al lado de la Puerta del Buey a la que llamaban “Museo”. Esta mujer se interesó mucho por Niebla y por los pobres. Les dio casa a los más necesitados y trabajo a algunos hombres realizando excavaciones para encontrar objetos de antigüedad de la época de los fenicios, romanos, etc. Descubrió un conducto de agua y por este motivo la hicieron la hija adoptiva de Niebla. También se interesaba por los bordados antiguos. Elena María tenía muy buenos contactos con los Duques de Alba y los de Medina Sidonia que a su vez eran Condes de Niebla, y también con la Familia Real. En 1933 sufrió un ataque de corazón y su estado de salud no se repuso totalmente. A pesar de su enfermedad siguió con su afán de las excavaciones, incluso pagando jornales a las personas más necesitadas.


Murió el día 10 de Junio de 1937 en el Hospital de los Ingleses de Huelva. Su deseo fue que sus restos fueran enterrados en Niebla. Después de su muerte se queda el Museo abandonado hasta que vino la señorita Monte. Hoy en día no existe el Museo, los restos arqueológicos fueron trasladados a Huelva y Moguer. Nuestro pueblo se ha quedado sin nada.


LAS FRESAS EN HUELVA Hace unos veinticinco años fue en Moguer donde se conocieron las primeras plantas de fresas en unos trocitos de terrenos que tenían unas familias en propiedad. Ellos las sembraban y las recogían. Con el correr del tiempo, esta familia y otras más que se unieron fueron sembrando, y hoy son muchos pueblos de nuestra provincia donde se siembra. En la época de la cosecha son muchas las familias que se trasladan de sus hogares para trabajar y poder seguir hacia adelante. La siembra se realiza a finales de noviembre, pero son menos las personas que se necesitan para la recogida. Esto último es más bonito porque se ven más frutos que plantas, ya que éstas son muy pequeñas. La recogida se empieza a principios de febrero, y la última a primeros de junio. El mal tiempo no afecta a la siembra, ya que si te pones una ropa de agua no te mojas. Tanto en la siembra como en la recogida, al terminar la jornada acabas arriñonada ya que hay que estar agachada durante todo el día.


Yo puedo decir que si pensรกis probar alguna de las dos cosas escojรกis la recogida, porque tiene una ventaja en particular, la de comer fresas cuando estรกs echando en la caja, aparte de que te suelen regalar algunas.


UN DIA EN HUELVA Hace unos días fui a Huelva, como tantos otros, pero esta vez no fui a comprar, ni al médico, sino a pagar el teléfono, que hacia muy poco que me lo habían puesto. Salí de Niebla a las nueve y media en el autobús y me fui andando hasta el estadio, ya que las oficinas de telefónica están por detrás. Iba bordeando el estadio cuando un chico no con muy buena pinta, se chocó conmigo, pero vi que lo hizo adrede y le dije:“¡Oye! ¿Qué pasa con tanto roce?” Y el chico, que no tendría más de dieciocho años, me respondió:“ Lo que pasa lo sé yo”. Al momento aparecieron por arte de magia cuatro muchachitos más que me rodearon y me dijeron: “¡Cuidado, no intentes chillar y danos todo el dinero que llevas¡”. Yo muy asustada le dí el dinero, ya que me estaban pinchando con una navaja, así que no tuve más remedio que darles todo lo que llevaba para pagar el teléfono, sobre unas diecisiete mil pesetas. Luego me llevaron hasta una esquina, aún seguían pinchándome con la navaja, y cuando llegamos


salieron a correr; entonces me desmayé cayendo al suelo. Me atendieron unos señores mayores, me llevaron a un bar y me dieron una tila, después me montaron en un coche para ir a la estación e incluso me dieron dinero para poder llamar a mi hija. También me pagaron el autobús. Cuando llegué a Niebla me estaba esperando mi familia; lloré mucho hasta tranquilizarme; pero aún tengo miedo de ir sola a la ciudad, siempre tiene que ir alguien conmigo. Espero que algún día se me quite este temor y pueda salir sola a cualquier sitio, sin miedo alguno.


MI MADRE Y MI VIDA He conocido a mi madre toda mi vida trabajando. Se quedó viuda con cuarenta años y tres hijos. Yo tenía un año cuando mi padre murió. Pasados cuatro años, conoció mi madre a un hombre bueno y se volvió a casar. Tuvo un hijo de este matrimonio pero al año se quedó otra vez viuda. Las Hermanitas de la Caridad vinieron a mi casa por mis hermanos y por mí, y mi madre no consintió que nos llevaran a un colegio interno por que no quería quedarse sin nosotros. Ella, por la noche, regaba pimenteros en la fábrica de pimientos de Don Benito Villa Marín. De día iba a casa de una panadera a lavarle la ropa para sacarnos adelante. Más tarde, cuando crecimos, mis hermanas y yo empezamos a trabajar en la fábrica de crin vegetal que había en Lora del Río. Nosotros eramos de allí y el encargado nos trajo a Niebla porque montó una fábrica en esta ciudad. Mis hermanas, que eran mayores que yo, se echaron novio, se casaron y se fueron a vivir a una casilla


frente a la Celulosa, donde mis cuñados trabajaban. Nos quedamos mi hermano y yo con mi madre. Cuando más a gusto estábamos, ocurrió un trágico accidente que le costó la vida a mis dos hermanas. A mi madre la dejó destrozada para siempre. Yo me quedé unos años soltera con ella y con mi hermano. Más tarde encontré un hombre bueno y al poco tiempo me casé. Tuve tres hijos y, hasta ahora, no tengo ninguna queja de ellos.


EXCURSION A JEREZ El día 5 de Diciembre de 1.991, los alumnos del Centro de Educación de Adultos fuimos de excursión a Jerez de la frontera (Cádiz). Realizamos el viaje en autocar. El día amanecía lluvioso. Desayunamos en las Cabezas de San Juan. La primera visita la hicimos al Museo de los Relojes; había verdaderas obras de arte de diferentes épocas históricas y todos daban la misma hora. Más tarde estuvimos viendo el espectáculo '' como bailan los caballos andaluces. ¡Era digno el verlos danzar al compás de la música!. Al mediodía fuimos a comer al autoservicio del parque Zoológico. A continuación vimos los animales. Por último estuvimos en el Puerto de Santa Maria. Allí tomamos café y con las mismas regresamos a Niebla .


LOS CAMPANILLEROS Los campanilleros de Niebla hace unos setenta años que se agruparon por primera vez. La mayoría de los componentes eran personas que cantaban bien el flamenco y se ayudaban económicamente cantando en este grupo. No debemos olvidar que aquellos tiempos eran difíciles; se trabajaba de sol a sol y los sueldos eran una miseria. Ellos mismos escribían las letras de las canciones, y parte de la música la copiaban de trozos de melodías de la época; por eso, casi todas las canciones que oímos tienen tienen aire de flamenco. La mayoría de los instrumentos eran hechos en casa, como el triangulillo, que le llamamos hierrecillo; el chacarral, hecho de un palo de olivo, alambre y tapones de cerveza; una botella vacía de aguardiente y una cuchara; esquilas; palillos; panderetas y hasta un cántaro con una alpargata. Cuando llegaba el mes de diciembre, salían todas las noches, con frío, lluvia, viento, etc... Para imitar a los mayores, los pequeños hacían grupos.


A mí me gustaba bastante y recuerdo que estando con mi novio sentada en la copa,todas las noches venían sus hermanos. Se asomaban a la puerta y decían: “¿cantamos?”. Ellos locos porque dijéramos que si, pues al final del canto recogían con sus panderetas el dinero que le echábamos y sí tenían sus recurtas. Ahora es distinto, al menos no vemos a los niños por las calles cantando, pero sí oímos a los campanilleros por la “madrugá”, y resulta precioso.


REUNIONES DE NAVIDAD Soy una persona mayor y he vivido gran parte de mi vida en el campo.Voy a contaros como fueron las Navidades que pasaba allí. Cuando se acercaban estas fechas tan señaladas, la gente del pueblo acudía y entre todos celebrábamos estas fiestas como si de una gran familia se tratara. Con cintas de tela hacíamos cadenetas y flores y adornábamos las casa. Encendíamos fuego y hacíamos roscos, pestiños, buñuelos, etc. Se le cortaba el pescuezo a un pollo y ...¡ a la olla! No había otra cosa para comer. El día antes se amasaba el pan en el horno. Con una botella, un palo y un cubo hacíamos la música. Los regalos se hacían en casa. Con una caja de cartón y una cuerda construíamos los carros para los pequeños; para los mayores, carritos de mano hechos de tablas, marionetas de madera y muñecos de trapo. Las fiestas de hoy son totalmente distintas. Los jóvenes hacen reuniones. Ponen un dinero en común y compran todo hecho. La mitad es artificial. No saben lo que comen ni lo que beben. Terminan con una tumba y en pelea. Otros jóvenes se van a la discoteca. Los mayores preferimos la cama con los más pequeños.


RECOGIDA DE ACEITUNAS En Niebla, hace bastantes años, había muchas tierras de olivos. Cuando llegaba el tiempo de la recogida, todas las familias necesitadas se iban toda la temporada a las aldeas cercanas. Los niños dejaban de ir al colegio para acompañar a sus padres y ayudarlos. Estos, para enseñarlos, les decían que se cogían con las dos manos porque con una mano amargaban. Y los niños para que no amargaran las cogían con las dos. El padre y algunos de los hijos mayores vareaban. Debajo se ponían algunas mantas y el resto de la familia le quitaban las hojas y la envasaban en sacos y se pesaban. Cuanto más kilos cogían, más dinero se ganaba. Cuando se acababa la jornada, se montaban en los tractores y se iban al caserío donde las mujeres encendían la candela para preparar la cena. Otras familias regresaban en burro o andando. Hoy en día la mayoría de los olivos se están arrancando porque no se encuentra personal para cogerlas y los jornales están muy caros. Las que van quedando las cogen los propietarios los fines de semana y días de fiestas, y hay años que se quedan sin recoger.


OTRA HISTORIA DE RECOGIDA DE ACEITUNAS Era yo chico, con unos diez u once años, cuando mi abuela me llevaba al campo para recoger sus aceitunas con varias personas más. Yo lo temía porque hacía mucho frío y teníamos que ir andando cuatro kilómetros hasta llegar. Enseguida nos poníamos a varear. A mí me mandaban a las pingolas. Cuando teníamos dos olivos caídos yo pasaba a recoger los resaltos y a continuación las aceitunas. Se pasaba mucho, porque como no estaban los suelos hechos, se pinchaba uno con los cardos que había debajo de los olivos junto con mucha hierba. Recuerdo que un día fuimos mi abuela y yo a recoger tres olivos que se habían quedado del día anterior, estando ya casi terminando, era la una aproximadamente, empezó a llover. Enseguida amarramos los sacos y los dejamos en el troncón. Mi abuela se fue para adelante para avisar al hombre que nos los traía; yo me refugié con un capote debajo de un olivo esperándole que viniera para ayudarle a cargar. Cuando más tranquilo estaba se presentó una vaca brava de la Dehesa del Río, que se había escapado y me hizo subir arriba de un olivo, estuve tres horas muerto de miedo. Cuando pasó un camión cargado de palos le pitó, se asustó y se fue; entonces fue cuando el cuerpo me entró en caja.


LOS QUINTOS En Niebla, como en toda España, para el mes de febrero, los Ayuntamientos mandan unas citaciones a los quintos que cumplan la edad reglamentaria para entrar en quinta. Después de esa citación entran a tallarlos. Van descalzos y le toman el perimetro de anchura y altura con una cinta métrica de sastre y se les pone el número de la talla en la espalda con una tiza. Una vez hechos estos actos se tiene por costumbre hacer una caldereta en un local adecuado. Después de la comida se sale por ahí con una garrafa de vino dando la pelma a todo el que ven por la calle, también suelen tirar huevos, romper farolas, lámparas y otras cosas más. Se ponen en grupo en medio de la carretera y paran a todos los coches y les dan vino para “convidarlos” a la fuerza en la mayoría de los casos. Al día siguiente se matan pollos, conejos, etc, para hacer otra caldereta y seguir con la juerga. Al año siguiente se van al cuartel destinado a cada uno. Una vez allí, los veteranos les hacen todas las perrerías que pueden, como quitarles dinero, ropa, comida, etc. Tienen que tener los ojos bien abiertos para que no les den quintadas porque algunos llegan como borreguitos.


SEVILLANAS A NIEBLA

Mi tierra, la más hermosa, de cuantas tierras yo ví; tú ya eres muy famosa, en ti deseo vivir. Estribillo Niebla, Niebla, bonita y bonita, orgullo del que la siente, pueblo de mucha historia, tierra de los iliplenses. Hay que estar en silencio, y sus ruidos escuchar, mirar sus aguas tranquilas, y caminar sin hablar. Estribillo. Hermosa y grande tú eres, yo te quiero con pasión, y llevaré muy dentro, dentro de mi corazón. Estribillo. Viví mis mejores años, impregnada de su olor, en tus parajes y charcos, descubrí que es el amor. Estribillo.


SUBIÓ AL CIELO

Que día más señalado aquel cuando más la primavera florecía; apenas un año a la vera mía, se fue mi compañera, perdí mi alegría. Cuando daba a luz eligió entre las dos vidas; la suya, o la del fruto engendrado, a causa de nuestro amor aquel día. Subistes al cielo, perdí tu compañía, me dejaste nuestra hija, le puse tu nombre María. Sólo la estoy criando con esfuerzo, sudor, apenas tengo alegría; salgo del trabajo, le preparo su comida, la ducho, la baño, y así todos los días. Pero..., qué miedo me da que me pregunte algún día: “¡Papá!, ¿dónde está mamá?” Y yo sin poderme contener... Qué las lágrimas me ahoguen, y la pena me parta el alma, ¿cómo le digo que su madre subió al cielo, que por ella perdió la vida? ¡No puedo!... pero sé que llegará el día.


La veo crecer y te veo a tí María, con esos ojos negros, tu pelo moreno, y la sonrisa en los labios de noche y día. Ya tiene veinte años y sabe mi pena, trata de consolarme, pero de mi mente no puedo apartarte. Tiene novio y va a casarse, se alejará de mí, se irá a otra parte. Sólo me quedaré, te miraré en tu retrato, que en la cabecera de mi cama, lo tengo recordando. ¡Qué sólo me has dejado...! ¡Qué mala es la vida! A veces pienso en matarme, pero... ¡Qué cobardía! Sé que llegará el día, en que los dos en el cielo vayamos de romería, y te diré: “¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me rompistes el alma, María?”.


LA PAGA DE NAVIDAD ¡Que ganas tengo que llegue la Paga de Navidad! Siempre hay algo extraordinario que comprar en esta fecha y aunque quiera una guardarla para tener una recurta, cuando nos damos cuenta no queda nada. Empezamos por la cena de Nochebuena; lo más normal es tener algunos invitados, y como es natural, nos gusta que sea extraordinario, con marisco, champán, dulces, etc. Yo personalmente, aparte de todos esos gastos tengo pendiente un recibo de luz atrasado, más otro que tiene que venir que se va a llevar media paga. Y si escuchamos a los niños diciendo lo que quieren que les echen los Reyes, entonces no te queda ni para bicarbonato.


EL COTILLON El cotillón de nochevieja se celebró por vez primera en 1990, estando yo en la junta de gobierno de la Hermandad de los Santos Mártires San Walabonso y María, y la Santísima Virgen del Pino. Recuerdo que estando en una reunión que se suele hacer los jueves en el salón de la Hermandad, conversando y opinando sobre otros cotillones que algunos de nosotros habíamos ido, llegamos por votación al acuerdo de hacer uno en Niebla con fines benéficos. Fuimos a hablar con los dueños del cine. Al principio nos dijeron que no, que era mucho jaleo quitar las sillas y luego había que ponerlas y se rompería alguna. Al jueves siguiente lo comentamos en la reunión y el presidente dijo que iría a hablar con ellos para convencerlos. Así fue, los convenció. Manos a la obra, cada uno se encargaba de algo. Uno de buscar la música, que fuera buena y barata. Buena fue pero barata no, porque cuando empezamos a hacer gestiones ya era un poco tarde. A consecuencia de la tardanza de la decisión de los dueños del cine, casi todas las orquestas estaban


contratadas y quedaban las más caras. Creíamos que no íbamos a ser capaces de sacar dinero para pagarla. ¡Adelante con el riesgo! La orquesta costó 500.000 pts., pero quedamos todos satisfechos de ella. Otros de los del grupo se encargaron de buscar personal para hacer los dulces. Fueron muchas las personas que colaboraron haciendo roscos, rosas ..., más lo que la Hermandad compró. Esto resuelto, pero aún quedaban más cosas que hacer y el tiempo muy justo. Vino los más gordo, quitar las sillas del cine y adornarlo. Pedimos ayuda a la juventud y nos echaron una gran mano. Quedó todo de maravilla. Luego se habló con algunas empresas por si contribuían de alguna forma y se acertó; casi todas dieron cosas; Cementos Asland dio mil copas para el champán, otra dio mil vasos de los largos; y dos o tres pagaron los guardias de seguridad. Llegó el gran día que todos temíamos. Empezó a entrar la gente y todo iba con normalidad. Recogían sus copas de champán en la entrada y se iban para el salón. Empezó a sonar la música, y todos a bailar y a beber. De cuando en cuando cogíamos las bandejas de bocadítos y las repartíamos, los dulces los dejamos para el final; lo que más gustaba a la gente eran las rosas. Conforme transcurría el tiempo se iba viendo lo que estaba dando de sí el cotillón. Nosotros estábamos muy contentos. Todo terminó sin novedad.


LA CAZA EN EL CONDADO DE NIEBLA Nuestro pueblo consta de una amplia extensión de terreno para el deporte de la caza. A mí me gusta mucho cazar, pues tiene sus encantos. Para ser un auténtico cazador se tiene que respetar la naturaleza y no matar por matar o por negociar con los animales que has dado muerte, aunque éstos tengan la veda cerrada. Cuando se acerca la hora de abrirse la veda, la noche antes preparo la mochila con la comida, agua, cartuchos y demás utensilios. El día que salimos por la mañana nos reunimos en un bar para desayunar con algún amigo, conocido o familiar. Se suele charlar de lo que nos sucedió en algunas de las cacerías de la temporada pasada. Salimos al campo con la ilusión de hacer una buena cacería, pero muchas veces quedamos desilusionados porque no resultó como esperábamos. A mí en particular me da igual pues yo salgo más que nada por estar en contacto con la naturaleza, aunque al paso que vamos llegará el momento que no tengamos nada que cazar pues son muchos los cazadores que hay hoy en


día; el 90% tenemos armas automáticas y les damos poca oportunidad a los animales para que escapen. La cacería para mí es disfrutar de toda ella, sobre todo en invierno, tiene su embrujo. Cazar lloviendo y ventando tiene sus riesgos, aunque eso forma parte de la aventura que te has creado, si no no tendría aliciente alguno, pues tener que soportar todo el día andando cargado con la escopeta, la mochila y lloviendo, pasando arroyos y tierras cenagádas, y frío y además inclemencias, pocos la aguantarían. Por otra parte, el cazador lleva su perro y amigo, que sale al campo con la misma ilusión que tú para poder corretear y olfatear en plena naturaleza y a la vez buscando la pieza que tú deseas cazar. Pendiente de sus movimientos, te echas con delicadeza la escopeta al hombro,apuntas y dispara y ... ¡pum!, tiro certero. El perro al ver que su amo ha batido la pieza, corre por ella y con alegría y entusiasmo te la trae a los pies esperando que le demuestres con una caricia que estás conforme con lo bien que lo ha hecho, saliendo de nuevo a buscar otra. Llega el mediodía, te paras en cualquier sitio que te guste, preparas la comida, enciendes una buena hoguera para asar lo que traes y calentarte y secarte la ropa mojada.


El perro bailotea a tu alrededor con ganas de comer algo del festín que tiene su amo montado, como esperando la recompensa que se merece. Una vez comido, tienes que cuidar las piezas cazadas, abriéndolas y sacándole las tripas para que no se estropeen, pues no tiene perdón el quitarle la vida a un animal para luego tirarlo. Te lavas las manos de sangre en cualquier arroyo o ecequia; echas un trago de agua y de nuevo empieza la cacería. La escopeta es medio cazador, pues sin ella poca caceria cobrarías. Hay que tratarla como si mujer fuese, con delicadeza, dulzura y recelo, pues a la vez son peligrosas y al menor descuido te matan; por eso no puedes fiarte de ellas. No son pocos los casos que a tal extremo han llegado, pues hay un refrán que dice:“El hombre las carga y el demonio las dispara”. Terminado el día de cacería llega a casa alegre y contento con la caza en el zurrón. La familia y amigos al verte llegar te preguntan:“¿Qué tal el día de cacería?”. Según la cara que pongas sabrán si ha sido mala o buena. Si la caza ha sido buena tendrás manjar que cocinar para ti y los tuyos, aunque hay mujeres que le gusta


poco las piezas de cacería, la mía, por ejemplo. Si es liebre, pájaro o conejo, a mi me toca desollar, limpiar y cocinar, pero no me importa, pues un buen estofado acompañado de buen vino las penas quita. Para el perro también parte hay, pues huesos y tripas siempre quedan. Aquí termina lo que para mí fue un día de cacería. Luego, en el bar, solemos comentar las peripecias; mentiras o verdades, porque el cazador y el pescador fama tienen los dos de embusteros; fueron muchos los tiros que se pegaron y pocas las piezas que se vieron.


LA RECOGIDA DE LA PALMA Basado en leyenda ya de antaños y vencidos hombres, da sentimiento escuchar esos recuerdos que vivieron con mucho sacrificio y sudores. Con hoces afiladas y esos burros con sus serones, al campo se echaban a pasar miseria y calores en busca de un jornal, que segaban con sufrimiento y manos encalladas del duro trabajo. Cortan las palmas y secan los cogollos; los transportan en los borricos y al sol los secan esperando seguir tratándolos. Escogen las palmas para los mejores escobones, sombreros y algunos serones. Trenzan las palmas para esas empleitas que después unidas forman las espuertas. Bonitos canastos que entre medio algún que otro adorno con tinte pintan. ¡Hay que ver que cosas! Las asas de toniza que con los cogollos elaboran dando vueltas y vueltas hasta que al final los trenzan. ¡Qué historias esas que mi abuelo me contaba...! Ya no se encuentran esos hombres que las palmas cogían para hacer las empleitas.


RELACIÓN DE ALUMNOS/AS QUE HAN COLABORADO EN LA ELABORACIÓN DE ESTAS NARRACIONES PUBLICADAS. Mª Enriqueta Rodríguez Gálvez - ciclo 1º Gregoria Chaparro Macías - ciclo 1º Josefa Díaz Arrayás - ciclo 1º Enriqueta Fernández Gutiérrez - ciclo 1º Rocío Hernández Gil - ciclo 2º Mari Pepa Martín Padilla - ciclo 2º Manolo Molina Martín - ciclo 2º Pepa Ramos Fernández - ciclo 2º Diego Ramos Vizcaíno - ciclo 2º Mateo Escobar Pérez - ciclo 3º Juan Manuel Gallego Benavides - ciclo 3º Pepi González Fernández - ciclo 3º Mª del Carmen Rodríguez Cabello - ciclo 3º Mónica Rodríguez Cabello - ciclo 3º Dorotea Álvarez Rojas - ciclo 3º

PROFESORES Mª Mercedes Domínguez López Mª Ángeles Calle Gutiérrez Juan Manuel Castellano Bernal

Libro de lectura "La Muralla"  

Libro de lectura realizado por alumnado adultos.

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