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I Safo Petrarca Shakespeare Whitman Baudelaire Dickinson

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Poemario I

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© Ediciones Niño Feral 2012 L. Sáenz Peña 800 (1110), Ciudad de Buenos Aires, Argentina ISBN 950-614-018-9 Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723 No se permite la reproducción total o parcial, la transmisión de este libro ni del material incluido, en cualquier formato o por cualquier medio sin el permiso previo y la debida mención de los autores y editores. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446. Diseño: Bureau A.M. Briganti Impreso en Argentina - Printed in Argentina

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Quasi Ventus A

mor ha agitado mis entraĂąas como el huracĂĄn que sacude monte abajo las encinas. Viniste. Hiciste bien. Yo te estaba aguardando. Has prendido fuego a mi corazĂłn, que se abrasa de deseo.

~Safo

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fue el día en que del sol pa�decieron Flos rayos, de su autor compadecido,

ue el día en que del sol palidecieron

cuando, hallándome yo desprevenido, vuestros ojos, señora, me prendieron.

Edefenderse de Amor: que protegido

n tal tiempo, los míos no entendieron

me juzgaba; y mi pena y mi gemido principio en el común dolor tuvieron.

Ay abierto al corazón encontró el paso mor me halló del todo desarmado

P

de mis ojos, del llanto puerta y barco:

Phiriéndome de flecha en aquel caso

ero, a mi parecer, no quedó honrado

y a vos, armada, no mostrando el arco.

~Francesco Petrarca 6


Qde honores y de títulos se ufanen; ue los favorecidos por sus astros

yo, que la suerte priva de esos triunfos, hallo mi dicha en lo que más venero.

Labren al sol sus hojas cual caléndulas, os favoritos de los grandes príncipes

y su orgullo sepultan en sí mismos, pues los abate un ceño que se frunce.

Ederrotado una vez tras mil victorias, l célebre guerrero laborioso,

~Wi�iam Shakespeare

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es del libro de honores suprimido y de su gesta lo demás se olvida.

Fy ni cambiar, ni ser cambiado puedo. eliz de mí, que amando soy amado,

Sonetos 7


Canto a mĂ­ mismo ~Walt Whitman

W

Song of Myself

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I

M

e celebro y me canto a mí mismo. Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

V

ago... e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío. Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí, de esta tierra y de estos vientos. Me engendraron padres que nacieron aquí, de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí, de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

T

engo treinta y siete años. Mi salud es perfecta. Y con mi aliento puro comienzo a cantar hoy y no terminaré mi canto hasta que muera. Que se callen ahora las escuelas y los credos. Atrás. A su sitio. Sé cuál es su misión y no la olvidaré; que nadie la olvide. Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal, dejo hablar a todos sin restricción, y abro de para en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada. 9


E

XVII

stos son los pensamientos de los hombres de todas las edades y de todos los pueblos; no son originales, no son míos solamente, si no son tuyos también, no son nada o casi nada; si no son el misterio, y la llave al mismo tiempo, que abre todos los misterios, no son nada; si no son lo inmediato y lo distante, no son nada. Son la hierba que crece donde hay agua y tierra, son el aire corriente que envuelve nuestro globo.

E

LII

l gavilán manchado desciende sobre mí para acusarme de gárrulo y vagabundo. Yo también soy indomable e intraducible, y sobre los tejados del mundo, suelto mi graznido salvaje.

L

os últimos celajes del día se detienen para esperarme, lanzan mi figura corporal, con las demás imágenes, hacia el mundo callado de las sombras y me hunden suavemente en el vapor y en el crepúsculo.

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H

uyo como el aire. Sacudo mis guedejas blancas con el sol fugitivo, vierto mi carne en los remolinos y la dejo marchar a la deriva entre la espuma de las ondas.

M

e doy al barro para crecer en la hierba que amo. Si me necesitas aún, búscame bajo las suelas de tus zapatos.

A

penas sabrás quién soy ni qué significo. Soy la salud de tu cuerpo y me filtro en tu sangre y la restauro.

S

i no me encuentras en seguida, no te desanimes; si no estoy en aquel sitio, búscame en otro. Te espero…….., en algún sitio estoy esperándote.

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II. El Albatros PDar caza a los albatros, grandes aves del mar, or distraerse, a veces, suelen los marineros

Que siguen, indolentes compañeros de viaje, Al navío surcando los amargos abismos.

AEstos reyes celestes, torpes y avergonzados,

penas los arrojan sobre las tablas húmedas,

Dejan penosamente arrastrando las alas, Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

EÉl, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco! ste alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!

¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa, Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

EQue habita la tormenta y ríe del ballestero. l Poeta es igual a este señor del nublo,

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío, Sus alas de gigante le impiden caminar.

~Charles Baudelaire

De Spleen & Ideal 12


Las Flores del Mal

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Poema 63 ("Time and Eternity")

Hazhaz esta cama con prudencia; amplia esta cama,

espera en ella el postrer juicio, sereno y excelente.

Quey redonda sea su almohada, sea recto su colchón

que ningún rayo dorado de sol llegue jamás, a perturbarla.

Poema 739 Muchasllegado

veces pensé que la paz había

Cuando la paz estaba muy lejos — Como los náufragos — creen que ven la tierra — En el centro del mar —

YTan deshauciadamente como yo —

luchan más débilmente — sólo para probar

Cuántas ficticias costas — Antes del puerto hay — Versión de Silvina Ocampo

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~Emily Dickinson 15


Este libro se terminó de imprimir en el mes de mayo de 2012 en Gráficas Oro Viejo Av. Independencia 1400 (1110), Buenos Aires, Argentina para Ediciones Niño Feral www.infansfervs.com.ar

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Poemario  
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