Page 1

EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith*

RESUMEN Se ubica la mirada en argumentos que evidencian que el sujeto no es estático. Tal afirmación significa que las esferas públicas y privadas también son móviles. En ese sentido, el presente documento ubica la reflexión en tres aspectos. En primer lugar, el significado del sujeto desde una perspectiva de género. En segundo lugar, el debate sobre la dicotomía entre lo público y lo privado, categorías desde las cuales se fundamenta que el sujeto es móvil. Finalmente, se incorpora a la discusión el poder como una categoría de análisis ineludible para la comprensión del sujeto móvil desde una perspectiva de género. Palabras clave: Sujeto, Espacio Público, Espacio Privado, Género.

THE SUBJECT: PUBLIC AND PRIVATE SPACE FROM �������������������������� A GENDER PERSPECTIVE ABSTRACT The focus is on arguments that evidence that the subject is not static. Such a statement means that the public and private spheres are also dynamic. In this sense, the present document places the reflection on three aspects. In first place, the meaning of subject from the perspective of gender. In second place, the debate of the public and private dichotomy –categories on the basis of which the subject is founded. Finally, it incorporates power into the discussion, as a pivotal category to understand the dynamic subject from gender. Key words: Subject, Public Space, Private Space, Gender.

*

Doctora en Ciencias Sociales. Profesora Titular y Jefa del Departamento de Proyectos de Investigación de la Escuela de Relaciones Industriales de la Universidad de Carabobo. PPI nivel II. Delegada por Venezuela de la Asociación Latinoamericana de Sociología del Trabajo (ALAST). Coordinadora del Grupo de Estudios Latinoamericano (GEL). Directora de Observatorio Laboral Revista Venezolana y coordinadora de la serie Mujeres en el Mundo. Correo Electronico: yamilesmith@gmail.com ��������������������� _______________________________________________________________________________________ ���������������������������������������������������������������������� Artículo recibido en octubre de 2008 y arbitrado en noviembre de 2008.


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

El sujeto desde la mirada del género Centrar la discusión alrededor del sujeto reviste importancia desde el feminismo. Esta perspectiva y/o corriente de análisis observa cómo la diferencia entre los géneros en las sociedades se construye signando lo masculino como hegemónico y lo femenino como subordinado. La perspectiva de género se utiliza en oposición al término sexo por cuanto éste sólo expresa lo reduccionista del carácter biológico, a diferencia de las características socialmente construidas que acoge el significado de género (Amorós, 1997:19). En la obra El segundo sexo, de Beauvoir, publicada por primera vez en 1949, se expresa claramente que no existe ningún destino biológico, psicológico o económico que determine el papel que un ser humano desempeña en la sociedad; lo que produce ese ser indeterminado entre el hombre y el eunuco que se considera femenino, es la civilización en su conjunto. Como aclara Mc Dowell (2000:30), la diferencia entre género y sexo permite teorizar sobre el primero como creación social o cultural del segundo, al tiempo que lo convierte en materia susceptible de cambios. El concepto de género es una herramienta analítica de reciente creación desde el punto de vista de las Ciencias Sociales. Fue introducido por los estudios psicológicos sobre la identidad personal (Stoller, 1985), en el marco de una búsqueda de diferenciación entre biología y cultura, de tal manera que el sexo fue relacionado con la biología (hormonas, genes, sistema nervioso, morfología) y el género con la cultura (Psicología, Sociología) (Haraway, 1995:225). El concepto se difundió de manera más amplia en el ámbito norteamericano en los años ochenta, y en la producción académica latinoamericana, en los años noventa (Víveros, 2004:171). En un principio, como lo aclara Víveros (2004), la noción de género se desarrolló a partir de los roles sexuales según los cuales la sociedad divide los rasgos humanos del carácter en dos, los especializa para construir las actitudes y las conductas apropiadas para cada sexo y atribuirle una mitad a los hombres y la otra mitad a las mujeres. Así lo ubican González y Delgado de Smith (2007: 122) al expresar que el género es una categoría que trasciende al sexo: Sexo/género tienen que ser diferenciados. El sexo se refiere a lo biológico y el género a lo construido socialmente, lo ideológico, lo simbólico (Lamas, 1996). Indiscutiblemente, la base biológica ha sido el punto de partida de la definición dominante de género (Huggins, 2005). 114


REVISTA ESTUDIOS CULTURALES Año 2008 / Vol. 1 / Nº 2. Valencia, Julio-Diciembre.

Al referirse a esta discusión González y Delgado de Smith (2007: 130) refieren la obra El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, trabajo que visibiliza cómo se estableció la jerarquía de los sexos. Se cree, señala la autora, que los hombres tuvieron el privilegio de la fuerza física. Por otra parte, la reproducción representó para la mujer un gran obstáculo. Por ello el embarazo, el parto, la menstruación disminuyeron su capacidad de trabajo. Su misión fue la preservación de la especie sufriendo pasivamente su destino biológico, encerrada en la repetición y la inmanencia. Para Beauvoir, la clave de la sujeción de la mujer está en la Biología, su desgracia estuvo en quedarse única y exclusivamente repitiendo la vida, función asociada absolutamente a su esencia. Gayle Rubin (1975) precisa que el género es una división de los sexos socialmente impuesta, producto de las relaciones sociales. Dentro de sus propuestas está la de reorganizar el sistema sexo/género a través de acciones políticas, donde se elimine el sistema social que ha creado el sexismo y el género. Para la autora, el intercambio de mujeres es la expresión más clara de un sistema en el cual la subordinación de la mujer es el producto de unas relaciones donde el sexo y el género son organizados y producidos. El intercambio de mujeres, es la expresión de un sistema donde la subordinación de la mujer es el producto de unas relaciones basadas en el sexo. En la discusión sexo-género es imperativo rescatar lo señalado por Rubin, cuyas ideas tienen su episteme en la obra de Lévi-Strauss (1969). En ésta se aclara que las estructuras de parentesco en las sociedades primitivas son formas primarias de organización social, que determinan la vida económica, ceremonial y la actividad sexual de una comunidad. Uno de los elementos claves del funcionamiento de estas estructuras fue el regalo. En ese intercambio de dar y recibir los regalos, están las mujeres como objetos del intercambio. Las leyes del intercambio fueron fijadas por los hombres. La subordinación de la mujer es un pre-requisito para el despegue de la naturaleza y la opresión sexual un predecesor de la explotación económica. Con el intercambio, se establecen relaciones de parentesco donde el único beneficiado es el hombre. La mujer intercambiada es símbolo de la alianza. Para González y Delgado de Smith (ob.cit.), esta utilización simbólica marca, al decir de Rubin, la entrada de la cultura: el reino de lo simbólico que es 115


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

el reino cultural. Para clarificar la distancia entre sexo y género se dedican los dos segmentos siguientes.

Los límites móviles del sujeto: El trabajo y los espacios públicos y privados de las mujeres Como en el pasado, el trabajo de las mujeres ha estado signado por desigualdades y ausencia de oportunidades, no facilitadoras de su desarrollo. En el presente siglo, este escenario no se ha podido superar; por el contrario, se profundizan las brechas salariales y el aumento de empleo en situación de precariedad, con lo cual el manto de la pobreza femenina se incrementa. La importante presencia de la mujer en la vida pública y social, desenmascara la inconsistencia de un mundo laboral edificado sobre valores masculinos. De acuerdo a la OIT (2007), la relación empleo-población, que indica la forma en la cual las economías aprovechan el potencial productivo de la población en edad de trabajar, es mucho más baja para las mujeres que para los hombres. Apenas la mitad de las mujeres en edad de trabajar, de 15 años o más, realmente trabajan, mientras que 7 de cada 10 hombres lo hacen. ¿Dónde están estas mujeres? No tengo dudas de que se encuentran en la esfera de lo privado. Cada mujer u hombre sintetiza en la experiencia de sus vidas el proceso sociocultural e histórico que les hace ser precisamente ese hombre y esa mujer, sujetos de su propia cultura, con límites impuestos a su ser en el mundo por esa construcción correspondiente al género. En una misma persona pueden confluir cosmovisiones de género diversas (tradicionales, religiosas y otras más modernas). Existe un sincretismo en la cultura como subjetividad, como vivencia social y también en la subjetividad individual. Sincretismo que no deja de ocasionar tensiones y conflictos. Esta acotación de género, refiere Fernández (2005:334), se expresa además en una división/exclusión de la propia vida, que genera por un lado un espacio “público” productivo, remunerado, moderno, con progreso científicotécnico, con movilidad, conectado con el comercio, la política y los asuntos internacionales; y por el otro lado un espacio “privado”, reproductivo, estático, tradicional, conservador y no remunerado. En estas contradicciones y siguiendo con las ideas de Fernández (2005), lo masculino y el ser hombre aparece vinculado con el ámbito público. En ese espacio “público” se espera que el hombre ostente sabiduría, poder, ejercicio 116


REVISTA ESTUDIOS CULTURALES Año 2008 / Vol. 1 / Nº 2. Valencia, Julio-Diciembre.

del dominio y demuestre su excelencia y eficacia, su racionalidad. Este espacio es visible, tangible, es el único en donde el trabajo es remunerado, “medible”. En el ámbito público el poder económico, político, jurídico, científico, religioso, bélico ha estado y está fundamentalmente en los hombres. Lo femenino, asignado a la mujer, se ubica de modo exclusivo en el ámbito privado, doméstico, familiar. El ámbito “privado” aparece como el propio de la mujer, la cual por naturaleza podría desempeñarse mejor en ese sentido. Este es el espacio del cuidado, de la atención a los otros, de los afectos, de la reproducción de la vida, del trabajo no remunerado e invisible. Por ser la mujer quien está mejor dotada para el ámbito de lo privado y las exigencias que de éste se derivan, es que se busca evitar históricamente el acceso al trabajo, a la educación, a la ciencia y desde luego a las esferas de poder y toma de decisiones. En consecuencia, la participación de la mujer en los procesos sociales y políticos sigue bloqueada por una especie de “androcracia”, que ha alimentado la creencia de que el mundo de lo público es privativo de los varones. Al respecto Hundek (2000:5) afirma que algunos analistas han tratado de explicar esta marginalidad como resultado de un escaso interés o incompatibilidad de las mujeres con la política, derivado de una supuesta vocación maternal y orientación particularista. Estos estereotipos, antes que explicar el fenómeno, reflejan más prejuicios androcéntricos. Por eso cuando las mujeres se logran incorporar al mercado de trabajo pretenden un doble objetivo: a) alcanzar una autonomía económica, liberándose de la dependencia económica tradicional con relación a sus maridos o simplemente de sus parejas; y b) reivindicar el reconocimiento de una existencia social pública a través de su presencia en el espacio social que mejor lo otorga en las sociedades modernas, el del mercado. Como señala Boserup (1998):

En el sector moderno, esta pauta sexo, con el hombre llevando a cabo los trabajos cualificados y de supervisión y la mujer los no cualificados y subordinados, es la dominante tanto en los países en vías de desarrollo como en los industrializados, por lo que a menudo se considera como algo “natural”, tanto desde el punto de vista del hombre como de la mujer (p.167). 117


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

En tal sentido Touraine (2007) señala:

Es hora de recordar las debilidades de una política y de un pensamiento que sólo buscan la igualdad entre hombres y mujeres, pues ésta propone únicamente el alineamiento de las mujeres según el modelo masculino, en el momento en que los hombres aspiran a liberarse de una vida enteramente invadida por el trabajo. En cambio hay que aceptar que las mujeres obtengan éxitos profesionales inferiores a los de los hombres, si ése es el precio a pagar por conciliar dos vidas (p.139).

El mayor número de ingresos de las mujeres a la actividad remunerada, viene acompañado de una creciente feminización de los empleos de baja productividad e incremento del sector informal y ello tiene explicación, en buena parte, en las políticas públicas a las que se dedicará el siguiente segmento. No viene mal fijar postura sobre el significado del binomio público y privado por cuanto ya hemos mencionado estas categorías. Sobre ello, hay una rica discusión y considero que siempre será un trabajo controvertido encontrar acuerdo sobre la definición de uno y otro. Tradicionalmente se relaciona lo público con lo político y lo privado con lo doméstico; no obstante, estos deben ser acotados tomando en cuenta lo social e histórico por cuanto los límites del concepto cambian. Argumentos sobre la dificultad para definir lo privado y lo público los encontré en el trabajo El cuerpo como espacio social: notas sobre cadáveres públicos y privados de Cornell y Medina (2001). Allí las autoras señalan cómo lo privado invade lo público. En su opinión y con base en la propuesta de Bourdieu (1994), el cuerpo es privado, pero también reconocen que se han creado normas para permitir la invasión a lo privado y hacerlo público; tal es el caso del examen ginecológico. Hay otro ejemplo interesante que refleja cómo lo privado se hace público. Es el caso del fetichismo del cuerpo; el cuerpo como mercancía revela los límites inseguros entre dos esferas móviles, lo público y lo privado (Cornell y Medina, 2001:187). Ciertamente, el tratamiento de los muertos no es exclusivamente privado pero tampoco totalmente público. Los cadáveres circulan en grupo limitado de familiares y allegados; pero dentro de la arena política un cuerpo muerto puede transformarse en un espacio cargado de significados sociales. Acá se observa una simbiosis de lo privado y lo público. Estos ejemplos ubican con claridad la movilidad que puede tener una categoría en el tránsito entre lo público y lo privado. 118


REVISTA ESTUDIOS CULTURALES Año 2008 / Vol. 1 / Nº 2. Valencia, Julio-Diciembre.

El poder como elemento clave El tiempo de las luchas de las mujeres ha permitido que puedan ser observadas más allá de la vida doméstica. Estas circunstancias permiten observar cómo los roles de género se han venido modificando en el tiempo reflejando cambios en las estructuras de poder (Sen, 1990, 2000). Queda claro que el género en sus inicios partió de las diferencias biológicas pero también involucra una construcción sociocultural, a través de la cual se asignan y valoran, de manera diferenciada, los derechos, responsabilidades, características y roles entre hombres y mujeres, los cuales condicionan sus opciones de vida, hábitos, desempeños, oportunidades, comportamientos, actitudes y expectativas (De Beauvoir, 1949; Butler, 1995; Braidotti, 2005). Es de indicar, como señala Ortiz (2004:570) citando a Jackson (1998:166), que el problema no es que las mujeres se hallen o no presentes físicamente en los ámbitos de toma de decisión o cuerpos consultivos, sino que su presencia no garantiza que puedan reconocer, exteriorizar y defender sus intereses: al contrario, pueden expresar lo que las facilitadoras y los facilitadores de los proyectos desean oír en función de los intereses que reproducen su situación de opresión. Como reseña el autor, es probable que las mujeres se sientan socialmente incapaces de expresar sus intereses, por el temor a la confrontación con los hombres. La teoría de género, en sus diversas vertientes, nos brinda valiosas herramientas conceptuales para comprender las relaciones de poder en las que se hallan insertos hombres y mujeres. Las oportunidades de las mujeres para elevar su estatus, con relación a los hombres de su sociedad, descansa en su acceso creciente al trabajo generador de recursos. Al decir de Salzman (1989:13), tal acceso está en su mayor parte controlado por élites que son masculinas y cambia principalmente en respuesta a fuerzas que están fuera del control de las mujeres. Sin lugar a dudas, las relaciones de poder dentro de las sociedades se reflejan en redes sociales y se reproducen a través de ellas. En este contexto, las mujeres pueden verse afectadas desfavorablemente. Molyneaux (2003:339) reconoce al menos dos de estas desventajas. En primer lugar, no suelen pertenecer a los tipos de redes que aportan ventajas económicas en el caso de los favores comerciales o políticos, los contactos valiosos suelen 119


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

operar a través de grupos masculinos exclusivistas, en espacios masculinos que excluyen a las mujeres. Además, requieren un tiempo y unos recursos cuya accesibilidad está también relacionada con el género. En segundo lugar, las redes femeninas suelen controlar menos recursos económicos y dependen con mayor frecuencia de intercambios no monetarios de tiempo y trabajo que pueden adaptarse a la división doméstica del trabajo. Las políticas para el desarrollo diseñadas para aprovechar y optimizar la utilidad del capital social, a menudo evitan abordar estas cuestiones y, en consecuencia, sus proyectos pueden agudizar involuntariamente las desigualdades sociales existentes al favorecer económica y organizativamente a las redes masculinas y al dar a las mujeres por asumidas. Esto significa que por lo general se considera que las mujeres no necesitan los mismos recursos o el mismo apoyo. Situaciones de inequidad se presentan aún cuando se está en los mejores escenarios de progreso económico. Un ejemplo de ello, ya a finales de los ochenta, lo destacaba Saltzman (1989:173) cuando explica que al producirse cambios tecnológicos y económicos que aumentan la demanda de trabajadores en roles de trabajo generador de recursos, las mujeres tienden a ganar nuevas oportunidades. Sin embargo, sus logros se limitan principalmente a los niveles más bajos de calificación y recompensas. Cuando tales cambios afectan de forma adversa a la totalidad de las economías o partes de ellas, cuando afectan de forma desproporcionada a los hombres, las mujeres experimentan los efectos negativos del desempleo. De igual manera, como se observa en lo económico, la mujer se reconoce, en un esquema político, como un ser con marcadas limitaciones, tomando en cuenta que las definiciones hechas desde el Estado irrumpen como base fundamental para configurar cuadros de dependencia e independencia entre hombres y mujeres. Así, se ha definido de forma diferente al hombre y a la mujer en la sociedad política, en el ámbito de sus derechos económicos, políticos y personales (Woodward, 1998; Butler, 1996; Delgado de Smith, 2007). Al mirar el pasado, en el siglo XIX encontramos cómo las feministas organizaron a otras mujeres y hombres para exigir derechos políticos y legales para las mujeres, desde la custodia de los hijos al control de la propiedad, desde una misma enseñanza pública hasta el voto. Entre 1875 120


REVISTA ESTUDIOS CULTURALES Año 2008 / Vol. 1 / Nº 2. Valencia, Julio-Diciembre.

y 1925, estos movimientos por derechos de las mujeres lograron muchas de sus metas. El cambio de las condiciones económicas y políticas, además de animar a algunas mujeres a luchar por nuevos derechos políticos, animó también a otras por conseguir mejoras económicas. Exigieron igualdad para las mujeres en el puesto de trabajo, el acceso a mejores empleos, mejores salarios, mejores condiciones de trabajo y mejor educación. Ya en el siglo XX se insistía en que las mujeres tuvieran las mismas oportunidades que los hombres en la elección de empleo, acceso a una preparación específica y posibilidades de promoción. A través de sindicatos, partidos políticos socialistas y sus propias organizaciones de mujeres, estas mujeres extendieron sus reivindicaciones feministas al mundo del trabajo femenino, tanto aquellas signadas por la relación formal como aquellas estructuradas en forma de explotación informal (Delgado de Smith, ob.cit.). Las preocupaciones feministas volvieron a aparecer a finales de la década de los sesenta con el movimiento de liberación de la mujer. Este movimiento resucitó los antiguos sueños de igualdad política y económica, pero también fue más lejos y exigió una transformación radical de la sociedad, en contraste con las décadas de entreguerras donde el movimiento reivindicativo alrededor de la mujer aparece minimizado por los acuerdos políticos propios de la guerra. El feminismo tuvo su origen en la percepción por parte de las mujeres de la injusticia de su situación y en su rechazo a aceptarla. El nuevo movimiento de liberación de la mujer se creó en oposición a hombres de una misma ideología. Las feministas insistían ahora en que la igualdad que se suponía habían alcanzado no era igualdad en absoluto. Criticaron la contradicción existente entre los ideales y la práctica, entre las promesas y la realidad, entre lo que les decían que habían conseguido y la percepción concreta de su propia situación. A lo largo de la década de los setenta, el movimiento de liberación de la mujer consiguió para las mujeres del mundo occidental un cierto grado de control sobre sus propios cuerpos, especialmente sobre su fecundidad y sexualidad. A lo largo de la historia europea, las iglesias y los gobiernos habían procurado regular ambas cosas. La liberación de la mujer luchó con éxito por conseguir derechos relacionados con el divorcio, por la igualdad 121


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

en el matrimonio y respecto a la tutela de los hijos, para que se pusiera fin a las desventajas legales de las madres solteras y de sus hijos, si bien estas luchas en busca de condiciones de equidad en el trabajo se mantienen todavía en el presente. Muchas expresiones de luchas encuentran un correlato, como lo expresa Delgado de Smith (2007), en el mundo del trabajo, porque responden a una cuestión de derechos humanos, justicia social y desarrollo económico y social. Se trata de una cuestión de derechos humanos porque, mientras exista la discriminación por motivos de sexo (así como de raza, etnia, nacionalidad, edad, estado civil, opción religiosa, etc.) no puede haber respeto efectivo a los derechos humanos ni una verdadera democracia. Esto significa dar la máxima importancia a la promoción de los derechos legales sustentados en los derechos universales de la mujer y a la eliminación de todos los tipos de discriminación en el empleo y la ocupación. Por otra parte, es una cuestión de justicia social, porque la mejoría de las condiciones de acceso de la mujer al empleo y a la formación, sus condiciones de trabajo y protección social son factores fundamentales para la eliminación de la pobreza y el aumento de los grados de justicia social. Y es un requisito para el desarrollo económico y social porque la habilitación y plena utilización de las capacidades productivas de las mujeres y su participación en todos los ámbitos de la vida nacional, es una condición para el éxito de una estrategia de desarrollo más sistémica, equilibrada y sustentable. En el movimiento de mujeres persiste la meta de transformar no sólo la vida de las mujeres, sino la de toda la sociedad. En ese sentido, la promoción de la equidad de género está en el centro de los mandatos fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2007). Las nuevas orientaciones que pasan a ser implementadas por la OIT a partir del momento en que Juan Somavia asume su dirección general (marzo de 1999), reafirman el compromiso de la OIT con esos objetivos. En el contexto de las áreas críticas identificadas en la Plataforma de Acción de Beijing, la OIT ha reconocido que le corresponde un importante papel estrechamente vinculado a su mandato y a sus áreas de competencia. Estas áreas son la creciente carga de pobreza que afecta a la mujer, las desigualdades en el campo de la educación y la capacitación, la participación de la mujer en la economía, el ejercicio del poder y adopción de decisiones, los mecanismos nacionales e internacionales para el avance de la mujer, la promoción de los derechos de 122


REVISTA ESTUDIOS CULTURALES Año 2008 / Vol. 1 / Nº 2. Valencia, Julio-Diciembre.

la mujer trabajadora y la promoción de los derechos de la niña. En síntesis, la contribución de la OIT se concentra básicamente en tres temas:

a) las normas internacionales del trabajo y los derechos de las mujeres trabajadoras;

b) la promoción del empleo de las mujeres y la erradicación de la pobreza;

c) el diálogo social como mecanismo de promoción de la equidad de género en el mundo del trabajo.

En general, hay que reconocer que la plena igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres no puede ser alcanzada sólo a través de la legislación. Ésta, sin embargo, tiene un papel fundamental y ha permitido que cada día el sujeto, desde la visión del género, tenga mayor movilidad en los espacios privados y públicos, con mayor presencia en estos últimos. Reflexiones finales El título de este trabajo: El sujeto: Los espacios públicos y privados desde el género, invita a suponer que el sujeto, desde la perspectiva de género, no es una categoría estática por cuanto los escenarios público y privado en donde trascurre la vida también son móviles y variables. Si aceptamos la idea de que la vida puede estudiarse a partir de la dicotomía de lo público y lo privado, estaremos de acuerdo en que el sujeto se mueve, entre otras cosas, por la diversidad de los sistemas de valores y todo lo que engloba el carácter multicultural de las distintas sociedades. El sujeto es móvil porque los límites de lo privado y lo público se definen social e históricamente. En consecuencia, qué mejor argumento que éste para aceptar que el sujeto desde la perspectiva de género “se diluye y se mezcla” aportando matices y miradas que no permiten ubicarlo como estático. La movilidad de lo público y lo privado (y en consecuencia, del sujeto desde el género) la encontré en Pierre Bourdieu cuando señala, como ya se ha dicho, que el cuerpo opera como una estrategia de legitimación social: los adornos, la forma, los colores del cuerpo denotan una posición de clase determinada. En tal sentido, Bourdieu ha reflexionado sobre el carácter sagrado de lo privado en la sociedad europea. Lo que la sociedad ha definido como sagrado es privado, pero existen reglas para evitar el sacrilegio que 123


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

ciertas actividades implicarían. Es decir, existen normas para desacralizar el cuerpo como espacio privado y permitir la invasión de lo público. En consecuencia, el cuerpo y sus significaciones no tienen carácter estático. La comprensión de la movilidad del sujeto hace necesario reconocer que una cosa es la diferencia de sexo y otra la dinámica que se teje como construcción social. Por ende, hablar de género es observar cómo los cuerpos biológicos se vuelven sociales, son construidos socialmente y moldeados por la cultura. En el mundo del trabajo es posible observar los esfuerzos de las mujeres convencidas de la necesidad de encontrar roles de mayor participación en la esfera de lo público. Así es posible notar que en las dos últimas décadas, el movimiento de liberación de la mujer ha tenido como objetivo prioritario cambiar todas las situaciones de desigualdad y discriminación que viven las mujeres a nivel social, económico y político. Tales esfuerzos permitirán que los límites del sujeto (como categoría de análisis) sean cada vez de mayor movilidad, logrando con ello una “mezcla e intercambio” entre las expresiones del espacio público y su contraparte, el espacio de lo privado. REFERENCIAS Amorós, C. (1997). Tiempo de feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. Madrid: Cátedra. Butler, J. (1995). Gender Trouble: Feminism and the subversion of identity. In Nancy Whittier (Coord.), Feminist Generations: The persistence of the radical women’s movement. Philadelphia: Temple University Press. Butler, J. (1996). Variaciones sobre sexo y género: Beauvoir, Wrttig y Foucault. En Marta Lamas (Comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia cultural de la diferencia sexual. México: Miguel Porrúa Editores, PUG/Universidad Nacional Autónoma de México. Boserup, E. (1998). La mujer y el desarrollo económico. Santiago de Chile: Minerva Ediciones. Bourdieu, P. (1994). Le corps et le sacré. En Actes de la recherche en sciences sociales, 104:2. Paris.

124


REVISTA ESTUDIOS CULTURALES Año 2008 / Vol. 1 / Nº 2. Valencia, Julio-Diciembre.

Braidotti, R. (2005). Metamorfosis: hacia una teoría materialista del devenir. Madrid: Akal. Cornell, P. y Mediana, M. C. (2001). El Cuerpo como espacio social: notas sobre cadáveres públicos y privados. En Lo público y lo privado: Género en América Latina, Serie HAINA III, pp. 175-189. Gotemburgo, Suecia: Instituto Iberoamericano, Universidad de Gotemburgo. De Beauvoir, S. (1949). El Segundo Sexo. Buenos Aires: Siglo XXI. Delgado de Smith, Y. (2005). Mujer y Manufactura en América Latina. En Cuadernos Americanos, Nº 111, Vol. 3, pp. 25-32. México: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Delgado de Smith, Y. (2007). Las mujeres trabajadoras de la frontera. En Yamile Delgado de Smith y María Cristina Gonzales (Coords.), Mujeres en el Mundo: género, trabajo, salud, educación, arte, cultura y redes en movimiento, pp. 226- 286. Valencia: Universidad de Carabobo. Fernández, L. (2005). Género y Mujeres Académicas: ¿Hasta donde la equidad? En Blázquez y Flores (Ed.), Ciencia, Tecnología y Género en Iberoamérica, pp. 331-352. México, González, M. C. y Delgado de Smith, Y. (2007). Cotidianidad y violencia basada en género claves epistemológicas. Revista Venezolana de Estudios de la mujer, pp. 117-134. Caracas. Haraway, D. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Madrid: Universitat de Valencia, Instituto de la Mujer, Ediciones Cátedra. Hundex, L. (2000). Rol de la mujer reinsertada en los escenarios político, económico y familiar de la ciudad de Barranquilla. BarranquillaColombia: Universidad del Norte. Huggins, M. (2005). Género y Políticas Públicas y Promoción de la Calidad de vida. Caracas: ILDIS. Lamas, M. (1996). La perspectiva de género. Revista de Educación y Cultura, Nº 47. México.

125


EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO Yamile Delgado de Smith pp. 113-126

Lévi-Strauss, C. (1969). Las estructuras elementales de parentesco. Buenos Aires: Paidós. Mc Dowell, L. (2000). Género, identidad y lugar. Madrid: Cátedra. Molineaux, M. (2003). Movimientos de mujeres en América Latina. Estudio comparado (J. Cruz Trad.). Madrid: Cátedra. OIT (2007). Tendencias mundiales del empleo de las mujeres 2007. Ginebra: Oficina Internacional del Trabajo. Rubin, G. (1975). Tráfico de mujeres: Notas sobre la Economía Política del sexo. Revista Nueva Antropología, VII (30). Saltzman, J. (1989). Equidad y Género: Una Teoría integrada de estabilidad y cambio. Madrid: Cátedra. Sen, A. (1990), Gender and coop����������������������������������������� erative conflict. In Irene Tinker (Ed.), Persistent inequalities. New York: Oxford University Press. Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Bogotá: Planeta Colombiana Editorial. Stoller, R. (1985). Presentations of gender. New Haven: Yale University Press. Touraine, A. (2007). El Mundo de las Mujeres. Barcelona: Paidós Estado y Sociedad. Víveros, M. (2004). El concepto de ‘género’ y sus avatares: Interrogantes en torno a algunas viejas y nuevas controversias. En Carmen Millán de Benavides (Ed.), Pensar (en) género. Teoría y práctica para nuevas cartografías del cuerpo, pp. 170-201. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana-Instituto Pensar. Woodward, A. (1998). El Estado y la Ciudadanía - ¿Quién Constituye el Estado? - ¿Qué lugar ocupa la mujer? En Villota (Coord.), Las Mujeres y la Ciudadanía en el Umbral del Siglo XXI, pp. 47-63. Madrid.

126

A_007  

007- EL SUJETO: LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS DESDE EL GÉNERO http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3987106