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LEAN 1.6 agosto 2010

Editorial ¡Nos vamos al mundial! HANS KÜNG, Teólogo del diálogo interreligioso. Juan Bosch Recomendaciones

LEAN·Agosto


Índice Editorial

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¡Nos vamos al mundial!

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HANS KÜNG, Teólogo del diálogo interreligioso.

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Juan Bosch

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Recomendaciones

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Editorial A todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en Latinoamérica: Hermanos bautistas, presbiterianos, metodistas, wesleyanos, pentecostales, de la iglesia centroamericana, bíblica, neopentecostales, hermanos libres, de la asamblea de Dios, alianza cristiana y misionera, de iglesias independientes, fundamentalistas, carismáticos, católicos romanos, y todos los que son hijos de Dios, les escribimos a ustedes porque conocemos la situación de la iglesia de Cristo en la sociedad de nuestros países. Aunque crecemos estadísticamente, no cumplimos íntegramente la función de ser luz en medio de tinieblas. Hemos caído en un proselitismo denominacional y la gente se pregunta: “¿cuál iglesia es la verdadera?” Debemos unirnos en el amor de Dios permitiendo que Él sea quien nos dirija. Por ello, en estas breves páginas trataremos sobre ecumenismo, un concepto quizá para muchos trillado; para algunos, novedoso; y para otros más, peligroso. Buscamos proveerles información a fin de que puedan tomar una decisión al respecto. Ya que no pretendemos ni podemos ahondar en todo lo que el tema implica, les instamos, hermanos, que sigan el ejemplo de los de Berea, escudriñando las Escrituras. ¡Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sea con todos ustedes!

-Shealtiel Durán Badillo.

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¡Nos vamos al

mundial! por Shealtiel Durán

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FIFA Fair play. La campaña fair play fue en gran medida el resultado indirecto de la Copa Mundial de la FIFA de 1986 en México, cuando el gol de mano de Diego Maradona provocó la célebre reacción del entrenador inglés Bobby Robson. Desde entonces, la campaña ha recibido el apoyo incondicional del antiguo Presidente, João Havelange, y el actual Presidente de la FIFA Joseph S. Blatter. Con objeto de dar una mayor difusión al juego limpio, la FIFA concibió un programa que transformó una noción general en un concepto simple y fácil de entender (un código de conducta) que podía ser reconocido y acatado tanto por los jugadores como los aficionados.La deportividad desempeña un papel fundamental en el fútbol y es necesario aplicarla en todos los ámbitos del deporte, en particular en las actividades infantiles. Los niños necesitan crecer rodeados de valores sólidos y, como el fútbol es un deporte de equipo, su práctica les ayuda a comprender la importancia que tienen la disciplina, el respeto, el espíritu de equipo y la deportividad, tanto en el deporte como en la vida. La Campaña Fair Play de la FIFA está representada por el lema “Yo juego limpio” (“My Game is Fair Play”). http://es.fifa. com/aboutfifa/worldwideprograms/ fifacampaigns/fairplay/index.html

n los meses pasados personas de todo el mundo observaron atentamente el mayor evento deportivo: el Mundial de Futbol de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Este evento me llama la atención no sólo por la demostración espectacular de las mejores selecciones nacionales del mundo, sino por el hecho de que ahí se encuentran reunidas naciones que en otras circunstancias jamás lo harían. La FIFA cuenta con más países afiliados (208) que la misma Organización de las Naciones Unidas (192). Impresionantemente, en algunos partidos se pueden enfrentar deportivamente en el campo verde, países con una historia bélica como Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos Americanos, Afganistán, Israel, Alemania, etc. Y en un acto de buena fe, al comienzo del juego, se dan la mano mientras resuena la agradable melodía del fair play. Para llegar al Mundial se necesita entrenamiento, constancia, triunfar en las eliminatorias. Y tras el largo trayecto de un año alcanzando la calificación: no sólo el equipo celebra sino todo el país. El equipo se vuelve de pronto ejemplo nacional. Los jugadores son héroes que brindan gozo a sus compatriotas disminuyendo cualquier tristeza por la injusticia, crisis económica, desempleo. Todo aquello desaparece y sólo queda la esperanza. La gente sale a las calles, salta, canta, se felicitan, gritan al unísono: “¡Nos vamos al Mundial! ¡Nos vamos al mundial!”

Este cuadro nos hace reflexionar en cuanto a la esperanza que provee la Iglesia a al mundo. Desde hace tiempo, lamentablemente, la sociedad ha dejado de creer en la Iglesia. Y es que la Iglesia no está unida, no es un equipo. Cuando hablamos de Iglesia hablamos de comunidad. Pero tal parece que el significado de comunión no importa. Pues los evangélicos rechazan a los católicos como hijos de Dios y hermanos suyos, y los católicos en su aparente esfuerzo por guardar el vínculo de la paz, se refieren a nosotros, herederos de la Reforma, como “hermanos separados”. Incluso, entre los evangélicos no nos ponemos de acuerdo. Las denominaciones actúan en muchas ocasiones peor que partidos políticos proselitistas que presentan lo mejor que pueden ofrecer (y no es el Evangelio) para atraer a las masas y contar con sus votos (¿ofrendas?). Y mientras las gentes se burlan del cristianismo o lo critican duramente al mismo tiempo que se pierden, nuestras denominaciones evangélicas continúan con su idealismo de iglecrecimiento (aunque éste tan sólo sea el aumento de feligresía o la ampliación del nuevo auditorio). Desde hace ya algunos decenios algunos teólogos, católicos y protestantes, veían nuestra desgracia: “Si la teología protestante no tiene respuesta para el problema de la salvación de la mayoría de la humanidad, ¿por qué admirarse de que muchos hombres de hoy, como en su tiempo Voltaire, viertan sus burlas sobre la arrogancia de los “únicos salvadores” o se contenten LEAN 1.6 agosto 2010

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con un indiferentismo ilustrado? Por eso, resulta totalmente insuficiente la ambivalencia postura del Consejo Mundial de las Iglesias [CMI], que, ni en sus “Directrices para el diálogo con los hombres de diversas religiones e ideologías” (1977/1979), ni en la reciente Asamblea general de Vancouver (1983), ha sido capaz de dar respuesta a la cuestión de salvación fuera de las Iglesias cristianas, y todo ello debido a los contrapuestos puntos de vista de las Iglesias miembros.”1 Así también lo veía el Dr. José Míguez Bonino en una reunión del CMI: “Podría llegar a decirse que el destino del protestantismo latinoamericano depende, humanamente hablando, de la creación de nuevas relaciones entre las iglesias protestantes”.2 Por tanto, necesitamos unirnos no en aras de la unidad misma sino como medio de proclamación del Evangelio. El fin de esta teología de la unidad (o ecumenismo) ya lo dijo una vez Jesucristo: “para que el mundo crea que tu me enviaste” (ver Juan 17). De ahí surge la necesidad de ecumenismo o una teología de la unidad. Entonces, aclaremos qué es ecumenismo. Procede de la palabra griega oikomene que es la “casa habitada”. Se utiliza con el significado de “mundo habitado”, o “mundo entero” en Mateo 24:14, o para referirse al Imperio Romano en Hechos 24:5. Actualmente, cuando se habla de ecumenismo se trata de expresar la armonía que debe existir en esta casa habitada llamada Tierra. 1

Hans Küng, Teología para la posmodernidad. Fundamentación ecuménica, (Madrid: Alianza Editorial, 1998): 187. 2 Norman Goodall, El movimiento ecuménico. Qué es y cómo trabaja, (Buenos Aires: Editorial La Aurora, 1970), 238.

CMI. El Consejo Mundial de Iglesias es una comunidad de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador según el testimonio de las Escrituras, y procuran responder juntas a su vocación común, para gloria del Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es una comunidad de iglesias en camino hacia la unidad visible en una sola fe y una sola comunión eucarística, expresada en el culto y la vida común en Cristo. Trata de avanzar hacia esa unidad, que Jesús imploró por sus seguidores, “para que el mundo crea” (Jn 17:21). http://www.oikoumene.org/es/cmi.

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José Míguez Bonino. Argentino, nació el 5 de marzo de 1964. Licenciado en Teología y en Educación. Doctor en Filosofía y Teología. Fue el único teólogo protestante observador en el Concilio Vatcano II.

Sin embargo, a la Iglesia evangélica le resulta incómodo, e incluso en ocasiones, chocante, hablar de ecumenismo. Un pastor alguna vez exclamó: “¡Antes de ser cristiano, soy bautista!” Curiosamente este comentario no surgió en un diálogo con católicos sino entre denominaciones. Por otro lado la actitud anti-católica del evangelicalismo tiene muchas razones de ser.

El papa asno. Caricatura de un panfleto de Lutero impreso en el taller de Lucas Cranach, 1523.

Una de ellas es la herencia de la Reforma: Lutero, tras su intento de reformar la Iglesia católica y el desencanto de la oposición berrinchuda del papado, manifestó su embate de manera agresiva ridiculizando al papa a través de caricaturas impresas en panfletos. La percepción de los cristianos protestantes respecto a Roma, influenciada por un anti-papado, se fue generalizando y persevera hasta nuestros días. No es de extrañar el pensamiento evangelicalista que sataniza al Papa o la Iglesia católica con cuentos que rayan en lo absurdo. Otra fuente de la actitud anti-católica del evangélico es la herencia del norte. Si bien, los misioneros norteamericanos, dejando sus comodidades y sufriendo arduas pruebas, trajeron el Evangelio a América latina también trajeron el fundamentalismo. Además, en algunos de nuestros países latinoamericanos los misioneros evangélicos fueron recibidos con los brazos abiertos por los gobiernos de manera oficial, claro está que no fue por convicción propia sino, más que nada para presentar oposición a los otros gobiernos que actuaban bajo la dirección de la Iglesia católica.

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Justo Rufino Barrios (18351885). Presidente de Guatemala que quitó privilegios a la Iglesia Católica abriendo las puertas a los misioneros evangélicos.

Benito Juárez (1806-1872. Presidente de México, promulgó la Ley de libertad de culto el 4 de diciembre de 1860. Justo Sierra asegura que Juárez le declaraba: “Desearía que el protestantismo se mexicanizara conquistando a los indios; éstos necesitan una religión que les obligue a leer y no les obligue a gastar sus ahorros en cirios para los santos”. Sin embargo, no profesó ser protestante sino masón. Por otro lado, también existe una dicotomía profundamente enraizada en el evangelicalismo. Esta dicotomía puede manifestarse de diferentes maneras, pero una de las más acentuadas es que el cristiano no debe “ensuciarse” con el mundo. Proviene de aquél fundamentalismo heredado, y éste, a su vez, tiene como historia un ascetismo riguroso donde ser “espiritual” es alejarse de la

sociedad perversa. Muy elocuentemente se expresa en los círculos evangélicos cuando una persona prefiere vivir egoístamente satisfaciendo sus deseos: “se fue al mundial”, refiriéndose a su conducta mundana. Es por ello que el evangélico se ocupa de los aspectos “espirituales” del ser humano y no le interesa desenvolverse plenamente en la sociedad. Si estallan guerras dice: “Bueno, es algo normal.” Si hay pobreza: “Jesús dijo: a los pobres siempre los tendréis.” Si hay injusticia: “Dios sabrá porqué.” Si le va mal en su vida: “en el cielo será muy diferente.” Esta dicotomía entre lo material y lo espiritual nos hace daño porque no nos permite ser los discípulos que Jesús esperaba que fuéramos. Aquellos discípulos que aman a Dios y a su prójimo, que le dan de comer y beber, que dan alojamiento, que visten, que atienden, que visitan, sin esperar nada a cambio (Mt. 25:31-46). En otras palabras, los discípulos que en verdad “se van al mundial” para dar testimonio de Cristo. Pues ellos son los que toman en serio las cuestiones que no son “espirituales”, sino aquellas que son “mundanas”. Por lo tanto: Una teología ecuménica ha de reconocer hoy su

Concilio Vaticano II. Convocado por el papa Juan XIII y realizado en 1962, expresa en el Proemio de su Decreto Unitatis Redingretatio sobre el ecumenismo:

Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo. Los discípulos del Señor, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo. Con todo, el Señor de los tiempos, que sabia y pacientemente prosigue su voluntad de gracia para con nosotros los pecadores, en nuestros días ha empezado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre sí la compunción de espíritu y el anhelo de unión. Esta gracia ha llegado a muchas almas dispersas por todo el mundo, e incluso entre nuestros hermanos separados ha surgido, por el impuso del Espíritu Santo, un movimiento dirigido a restaurar la unidad de todos los cristianos. En este movimiento de unidad, llamado ecuménico, participan los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y salvador, y esto lo hacen no solamente por separado, sino también reunidos en asambleas en las que conocieron el Evangelio y a las que cada grupo llama Iglesia suya y de Dios. Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios. Considerando, pues, este Sacrosanto Concilio con grato ánimo todos estos problemas, una vez expuesta la doctrina sobre la Iglesia, impulsado por el deseo de restablecer la unidad entre todos los discípulos de Cristo, quiere proponer a todos los católicos los medios, los caminos y las formas por las que puedan responder a este divina vocación y gracia.http://www. vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_ council/documents/vat-ii_decree_19641121_ unitatis-redintegratio_sp.html

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corresponsabilidad a favor de la paz mundial. ¡No es posible la paz entre los pueblos sin una paz entre las grandes religiones del mundo! Y tampoco es posible la paz entre las grandes religiones del mundo sin una paz entre las iglesias cristianas.3 Con esto en mente, observamos las dificultades que enfrenta el ecumenismo, la teología de la unidad. No se pretende con el ecumenismo crear de todas una melcocha de religión única. Lo que se busca es un “mundo habitable” y para ello necesitamos paz. Esa paz no se obtiene gratuitamente pero tampoco vendiendo principios bíblicos básicos. 3

Hans Küng, Teología para la posmodernidad. Fundamentación ecuménica, (Madrid: Alianza Editorial, 1998): 183.

Es aquí donde la Iglesia debe ser perspicaz y, al mismo tiempo, abierta al diálogo. Buscamos a través del ecumenismo un ambiente en el que se pueda convivir en armonía. Sin embargo, la Iglesia no busca con ello un proselitismo pues, en ese caso, se torna en una proclama parcial y utilitaria: “Lo que ella [la Iglesia] quiere es algo totalmente distinto: un servicio desinteresado y sin pretensiones por la salud eterna del mundo.”4 Y sólo así el mundo verá el testimonio de los hijos de Dios. Por lo tanto, debemos proveer a los cristianos una enseñanza bíblica sólida en las iglesias. Velar para que puedan tener la información y formación adecuada para que sean capaces de responder al llamado ecuménico. Y fomentar un ambiente de diálogo entre religiones de modo que tengamos un mundo habitable en paz.

Si logramos permanecer en unidad, no sólo entre denominaciones evangélicas, sino en unidad con nuestros hermanos católicos que al igual que nosotros confiesan su fe en Cristo Jesús, podremos dar testimonio del amor de Jesucristo que rompe todas las barreras de separación y seremos la Iglesia que él desea, aquella Iglesia que es luz para todo el mundo. El mundo que tanto necesita de nuestro ejemplo, de nuestro amor sacrificial, de la palabra de Dios, el Evangelio encarnado en nosotros, podrá experimentar una muestra de la paz, el shalom que Dios creó desde el comienzo de la tierra y que tanto desea para ella. Entonces, habremos jugado en equipo y sin temor ni incertidumbre podremos decir: “¡Nos vamos al mundial!” al mismo tiempo que traemos esperanza en Cristo Jesús a la humanidad que tanto la necesita.

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Hans Küng, La Iglesia, (Barcelona: Editorial Herder, 1970), 380.

Copa Mundial FIFA. Hasta 1970 el símbolo de la victoria mundialista era la Copa Jules Rimet, trofeo que Brasil había ganado el derecho a retener tras su tercera victoria como campeón mundial. Fue entonces que la FIFA abrió un concurso para la creación de un nuevo trofeo para la décima edición de la Copa Mundial (1974). Se recibieron un total de 53 diseños realizados por expertos de siete países y, finalmente, se optó por elegir la obra del artista italiano Silvio Gazzaniga, quien trabajaba para el taller Bertoni. El trofeo original mide 86.5 cm., está fabricado en oro de 18 kilates y pesa 6,175 grms. La base contiene dos añillos de malaquita, y en su zócalo se encuentran grabados los nombres de los ganadores de la Copa Mundial de la FIFA desde el año 1974. Así describe Gazzaniga los principios que inspiraron su creación: “Para los bosquejos me inspiré en dos elementos principales: los deportistas y el mundo. Tenía la idea de crear figuras que simbolizaran el enorme esfuerzo del deportista, a la vez que formas que expresaran armonía, sencillez, y paz. La silueta debía ser lineal para atraer la atención sobre el protagonista, es decir, sobre el futbolista; un hombre que en el momento de la victoria se vuelve un gigante, pero que en realidad no tiene nada de sobrenatural. Tenía que ser un héroe que al mismo tiempo simbolizara el esfuerzo y el sacrificio diario que se exige a sus semejantes, y cuyos brazos, que parecen abrazar el mundo entero, simbolizaran la universalidad del deporte”. En esta escultura las líneas que surgen de la base suben en espirales y se estiran para recibir al orbe, dando forma a un par de figuras atléticas en el emocionante momento de la victoria. Artículo de Martha Reta en: Pasíon y fe. Futbol: manifestaciones populares de religiosidad, (México, D.F.: Museo de la Basílica de Guadalupe, julio-septiembre, 2006): 35-37

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HANS KÜNG,

Teólogo del diálogo interreligioso por Licda. Karla Morales

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n la actualidad se vive inmerso en un mundo de pluralidades, es decir de diversidad de ideologías, sobre todo en el campo religioso. El pluralismo religioso radical afirma que ninguna religión puede pretender legítimamente ser superior a cualquier otra.1 Por lo que en medio de esta realidad la iglesia debe tomar una postura efectiva y concreta para desarrollar un diálogo con otras creencias sin un espíritu de imponencia. Este artículo es una aproximación bibliográfica al pensamiento de un teólogo católico considerado como teólogo postmoderno, específicamente por su ideología respecto al pluralismo religioso. Se trata del ex profesor de Tubinga, Hans Küng, quien en su recorrido teológico ha decidido abrirse a nuevos conceptos que implican pluralidad y diálogo con otras creencias.

Biografía

Hans Küng, primogénito de ocho hermanos, nació en Sursee, Suiza, en marzo de 1928. El contexto de su nacimiento se distingue por una época en la que la libertad se ve amenazada. Su niñez coincide con el período de poder de Adolfo Hitler, así que bajo la influencia de una Europa 1 D. Carson, Amordazando a Dios (1999): 26.

dividida y en guerra, Küng aprende a mantener como su país natal, un espíritu de resistencia ante las injusticias políticas o en su caso, religiosas. Después de sus estudios en Lucerna, en plena juventud decide consagrarse como sacerdote, en una de las instituciones más reconocidas del medio, el Colegio Pontificio Germánico, en la misma Roma. Allí desarrolla una disciplina y una educación jesuita de primer orden. En 1948 tiene un encuentro personal con el papa Pío XII, Eugenio Pacelli, de quien recibe la bendición apostólica como nuevo sacerdote. A esta experiencia siguen tres años más de estudio de filosofía en la Universidad Gregoriana y cuatro años más de teología. En sus años de estudio filosófico desarrolla disciplina intelectual, el orden de las ideas, aprendiendo precisión terminológica, construcción transparente, argumentación coherente.2 En 1951 Küng recibe su título de filosofía, su tesis se basa en un estudio del existencialista Jean Paul Sartre.Ya en sus años de teología elabora un trabajo de investigación acerca de la “justificación del pecador” el cual es un súper dogma católico y es un problema que desde antes él mismo se había planteado. Su siguiente tesina para la licenciatura en teología marcará definitivamente un nuevo concepto de ecumenismo en el aún joven teólogo, ésta

se basa en la doctrina de la justificación de Karl Barth. De la tesis de teología Küng vuelve a centrar su tema en la “justificación del pecador” para su tesis de doctorado en teología en la Universidad de Soborna en París. Además su encuentro con el propio Barth marca el inicio de una honesta y verdadera amistad para los siguientes años y a la vez una nueva cosmovisión de ecumenismo. En 1960 Küng obtiene el doctorado en teología apenas a sus 32 años, dos años más tarde ya como profesor de Teología fundamental en la facultad de teología de la Universidad de Tubinga, es invitado por el obispo Leiprescht como perito conciliar para el tan célebre Concilio Vaticano II; en donde el Papa Juan XXIII pretende una reunión del colegio de los obispos que bajo su dirección sea capaz de “leer los signos de los tiempos y lograr, desde el espíritu de Jesús, un aggiornamento, una renovación, y un entendimiento ecuménico: un nuevo Pentecostés”.3 A lo que Küng responde con inquietud, entusiasmo y gran interés. Para esta época el teólogo suizo ya ha elaborado su primer libro acerca de las perspectivas de este nuevo Concilio con el título de Cristianismo y reunificación. Formó parte de la fundación de la revista “Concilium” que aparece en 1965 con un sentido serio, ecuménico y sin el consentimiento total de las autoridades católicas. Cada avance en el camino del teólogo suizo podría marcarle un camino

Hans Küng, Libertad conquistada (2007): 79.

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Ibid., 231.

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hacia el Vaticano mismo, sin embargo su firme decisión es tomar otro sendero que no le llevará a internarse en el sistema católico romano; sino más aún hacia una libertad propia como profeta de su iglesia, aunque por ello tenga que estar al margen de la misma por la decisión de sus propios dirigentes. La postura de Küng ante la necesidad de la Iglesia católica a una apertura hacia el mundo moderno fue radical y constante en donde es necesaria una reforma desde las estructuras. Por tal motivo en 1979 como consecuencia la Congregación para la Doctrina de la Fe Católica dictaminó que no podía seguir ejerciendo la docencia en la Universidad debido a que se negó a rectificar su rechazo al dogma católico de infalibilidad papal. En el transcurrir del tiempo Küng se abre hacia un diálogo con otras religiones, en la década de los 80 escribe su obra Cristianismo y las grandes religiones en donde habla acerca de un “paulatino despertar de una conciencia ecuménica global”.4 Sin embargo en sus diferentes obras como La Iglesia (1968), Ser Cristiano (1975), entre otras expone desde esa época el pensamiento amplio y abierto hacia las otras religiones. Su pensamiento llega a efectuarse aún más hacia el mundo moderno en la Fundación de la Ética Mundial, fundación en la que Küng es su presidente y que tiene como propósito la promoción de una ética mundial para una paz entre las religiones de manera que exista paz entre las naciones.

Pensamiento

Küng llega a abrirse ante la necesidad de un mundo globalizado, ante el Küng, El Cristianismo y las grandes religiones: 9

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cuestionamiento de la actitud que debe tenerse hacia las otras religiones. Debido a que las grandes religiones universales como el islam, el hinduismo, el judaísmo y un poco el budismo, cada vez más ejercen especial influencia en el mundo por su difusión y expansión. Las cuales de algún u otro modo, opina Küng, se unen con el cristianismo y permite mejor una relación entre ellas para el mejor desarrollo de la ekumene. Su primer acercamiento puede documentarse en su participación en un simposio de teólogos católicos en Bombay, India en 1964. Küng habla acerca de “Las religiones mundiales en el plan de salvación de Dios”. Y de esta exposición el teólogo suizo sugiere una fórmula retadora en donde afirma que “las religiones mundiales parecen como ‘caminos ordinarios’, normales, de salvación y la fe cristiana como el ‘camino extraordinario’, grande, especial”.5 Aunque posteriormente decide evitar esta terminología, el interés de Küng es encontrar una vía media, una alternativa entre el indiferentismo y el exclusivismo. De manera que Küng poco a poco empieza a tomar postura en la teología de las religiones, afirmando que fuera de la iglesia sí hay salvación. Contradiciendo aquella expresión de San Cipriano “extra ecclesiam nulla salus” y reafirmando la postura renovada ante esa máxima del Vaticano II.6 Desde la última década del siglo XX al presente, Küng expone un nuevo planteamiento como continuación de su evolución de pensamiento ante el diálogo interreligioso. El cual consiste en promover una alternativa basada en una ética mundial que permitirá una paz mundial como efecto de una paz religiosa. Esta nueva forma de fomentar la tolerancia como la verdad entre las religiones es un precepto que se expande por el mundo. Básicamente Küng expone

Küng llega a abrirse ante la necesidad de un mundo globalizado.

Küng, Libertad: 527. Para un estudio histórico y una interpretación moderna del axioma “fuera de la iglesia no hay salvación”, cf. H. Küng, La Iglesia (1970): 373-380.

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que lo humano debe ser el criterio ecuménico fundamental, es decir, “la dignidad humana debe ser la base: ¿qué es bueno para el hombre?... lo que posibilita a largo plazo una vida auténticamente humana”.7 Así que la verdad se centra en el ser humano, la base para formular un juicio que promueva los derechos humanos, los valores humanos y el bienestar del individuo es la que traza una solución factible de veracidad. De manera que la religión que sirva para desarrollar un progreso a la humanidad y haga posible darle el verdadero sentido de existencia al individuo se confirma como una religión verdadera y buena. Küng, pues, opta por un camino más allá de los dogmatismos de la Iglesia católica y abre camino junto a la época globalizada, en la era postmoderna. Al final afirma el teólogo suizo: “Respecto al futuro, final de la vida humana y del girar de los mundos, ya no habrá budismo o hinduismo, y tampoco Islam ni judaísmo. Tampoco habrá cristianismo ni ninguna otra religión. Sólo persistirá el Indecible al que se orientan todas las religiones y al que los mismos cristianos, cuando lo imperfecto ceda ante lo perfecto, le conocerán del mismo modo que ellos son conocidos: la verdad cara a cara. Al final no habrá más profetas o iluminados que dividan las religiones…Jesucristo el que según Pablo ha vencido a todos

Küng, Proyecto de ética mundial: 116. Así lo confirma Dupuis: Küng responde que los criterios para establecer la verdad de las religiones son: lo humano como criterio ético general; la autenticidad y la canonicidad; y finalmente un criterio específicamente cristiano, según el cual una religión es verdadera y buena siempre que irradia, en la teoría y en la práctica, el espíritu de Jesús. Dupuis, Jacques. Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso: 229. 7

los poderes ‘se someterá entonces a Dios, a fin de que el mismo Dios’-poco importa con cuántos otros nombres se le nombre en Oriente- esté verdaderamente en todas las cosas, más todavía lo sea todo en todo.”8 La evolución del pensamiento pluralista de Küng, se hace notar desde su inicio en el diálogo entre cristianos, es decir un diálogo interconfesional. En donde asegura que tanto la iglesia católica como la evangélica deben colaborar y reformarse según la norma del único evangelio. Su desarrollo desde el ecumenismo se expande hasta el diálogo entre las grandes religiones del mundo. Pues como teólogo contemporáneo ha observado el desenvolvimiento del mundo globalizado y la necesidad del cristianismo ante el gran pluralismo de religiones. De manera genuina trata de establecer conceptos y comparaciones entre el cristianismo y las diversas religiones con el fin de una mutua comprensión y no de imposición. Pero en los últimos años su enfoque evoluciona para una contribución más específica al mundo postmoderno, a través de su proyecto de ética mundial. En el cual a través de los patrones éticos de cada religión se alcance un bien común, una paz entre las religiones para así lograr una verdadera oikumene, una paz mundial. Pero ésta no significa la creación de una religión universal, ni de relativizar los principios de cada religión sino más bien, consiste en el establecimiento de verdades para el bien de la humanidad, sin sincretismos. Si bien se puede reconocer que en el ambiente en el que él se conduce es una Europa con actitud abierta, amplia y relacionada al diálogo, también es una fuente de aprendizaje en la comunicación y recepción entre personas de ambas confesiones en Latinoamérica. Puesto que la teología del autor Hans Küng, se expande hasta la actualidad en un diálogo interreligioso representa un buen intento para estar al día en este mundo

globalizado. En donde cada creyente debe estar seguro de sus convicciones para luego estar alerta y en actitud adecuada ante el resto de las otras confesiones cristianas o en la amplitud de la diversidad de las religiones mundiales. De manera que, ante las posturas diversas de cada religión y de cada afirmación teológica es necesario un diálogo interreligioso e intercultural en miras de un bien común. Como lo afirma Juan José Tamayo: “el diálogo interreligioso constituye el imperativo categórico y el principal desafío al que han de responder las religiones si no quieren anquilosarse, ignorarse o, peor todavía, destruirse unas a otras.”9 La forma en que Küng lo presenta en su teología a lo largo de sus obras impele a un acercamiento honesto y fraterno entre las religiones que componen una oikumene, es decir, una tierra habitada.

8 Küng, Teología para la postmodernidad (1998): 202.

Acerca del proyecto de una ética mundial

La alternativa de una ética mundial puede proporcionar resultados favorables a la humanidad en determinados espacios. Pero la realidad es que el ser humano por más que actué bajo ciertos parámetros no puede regir sus instintos o basar sus fundamentos en una idea superficial. La ética como norma sin el conocimiento del verdadero autor de la ética bíblica presenta una complicada solución más que el problema mismo. Por eso la propuesta de Küng es a simple vista una opción eficaz Juan José Tamayo, Fundamentalismos y diálogo entre religiones (2004): 136. 9

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sin embargo requiere una atención exacta y evaluada a la luz de las Escrituras. Sus propuestas han sido respaldadas o compartidas por otros teólogos con una apertura mayor a un diálogo interreligioso. Sin embargo también se encuentran aquellos eruditos de la Palabra como de la teología que contraponen sus pensamientos a las ideas de Küng por una concepción bíblica más acorde a lo establecido por las Escrituras o a un dogma. Como en la era de los primeros cristianos, cuando se empezó a sentir la influencia del cristianismo en el imperio romano, en parte su impacto tuvo que ver con la relación entre la verdad, la religión y la ética. Por eso existió la necesidad de esclarecer una norma fija, un canon en las Escrituras y es lo que aún debe ser importante para hoy día. La interpretación de la Palabra debe ser analizada en su contexto exegéticamente pero también debe ser interpretada para su contexto presente, para esta era postmoderna. Küng no realiza propuestas abstractas realiza propuestas para el mundo presente de pluralismo religioso que busca una cristiandad verdadera, actuar, vivir y profetizar con convicción sus creencias en tolerancia, siendo pacificadores con la Verdad en medio de la presente relatividad. Por lo tanto, el pensamiento de Hans Küng motiva a desarrollar puntos de encuentro entre las religiones universales, aunque por ello algunas veces sobre todo ante las religiones monoteístas como el Islam y judaísmo, traspasa de un cristocentrismo a un Teocentrismo. La teología pluralista de Küng trata de basarse en las Escrituras desde una hermenéutica

histórica-crítica, pues plantea una forma eficaz para un diálogo abierto ante el mundo postmoderno lo que hace su teología atractiva y pertinente. Mucho puede aprenderse de este gran teólogo, que aunque desarrollado en tierras europeas, tiene gran influencia en nuestra América latina, sobre todo por su presencia en la Fundación para la Ética Mundial. Como toda teología elaborada por seres humanos debe ser revisada y analizada, a través de un criterio histórico así como bíblico. Küng ha realizado grandes contribuciones a la Iglesia, como católico, como cristiano, como humano. Pues su lucha por un acercamiento entre creyentes ha dejado una impronta desde el Concilio Vaticano II hasta la era presente, en un nuevo siglo. Su basta literatura ha creado un acercamiento de la Iglesia expandiéndose a otras religiones. Proponer nuevos caminos, nuevas rutas al diálogo interreligioso es un intento significativo y esperanzador. Así mismo, ejemplifica la actitud que se debe tener ante las demás religiones. Aunque no se comparta del todo con la teología de Küng, si permite a la iglesia actual estar conscientes de establecer y definir puentes de encuentro con otras ideologías. Pues es necesario salir de un fundamentalismo cerrado en sí mismo y abrirse a una misión que implica diálogo. El creyente debe aprender a dialogar, no a imponer; debe aprender a argumentar no en falacias ni en doctrinas sino en la razón de la Palabra revelada. Sobre todo debe vivir y reflejar el seguimiento a Cristo de palabra y de hecho, pues sólo firme en sus convicciones puede entrar en diálogo con los demás. La teología de Küng, también impulsa a la iglesia presente a establecer sus propuestas y sus respuestas ante los problemas éticos de la actualidad. Pues no puede evadir, o quedarse en silencio, escondida en cuatro paredes, sino que debe proclamarse en testimonio vivo hacia las necesidades de alrededor. Si

cada cristiano encarna los principios del Reino, no se dudaría de la veracidad del Verbo divino, pues la obediencia al Padre sería el mismo testimonio de la obra que el Espíritu realiza y la ética divina, la propuesta para el mundo de hoy. El cual no cree en religiosidades abstractas y verdad absoluta pero que tampoco puede ignorar lo que el Espíritu hace en medio de su Iglesia. De manera que la tarea es permanente, y es por lo tanto, un don, un descubrimiento, un enriquecimiento, un camino a recorrer con coraje, prudencia e inteligencia10. Así que con el transcurso de los años se aprecia el quehacer de un teólogo postmoderno, un teólogo que aporta, promueve y presenta un paradigma para el acercamiento en la teología de las religiones. El legado del teólogo “postmoderno” estriba no sólo en sus majestuosas obras acerca del cristianismo como su perspectiva hacia un diálogo interreligioso. Aunque señalado por muchos de su misma confesión, Küng ofrece una perspectiva interesante para hacer teología e influir en el mundo de hoy.

Küng junto al teólogo Karl Barth.

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Pedro Coda, “El cristianismo y las religiones” Teología (agosto 2006): 267. LEAN 1.6 agosto 2010

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Juan Bosch por Lic. David Campos

Hoy en

Juan Bosch nació el 1 de abril de 1939 en Valencia. Teólogo especializado en ecumenismo, apoyó valientemente el diálogo interreligioso. Falleció el 7 de abril en Barcelona.

día el Internet se ha convertido en una fuerza que une al mundo. Se puede encontrar toda clase de información, los blogs permiten que los temas candentes en la sociedad sean comentados por toda clase de personas, ya el privilegio de dar la opinión no está reservado para unos pocos. En esta ocasión encontré un artículo escrito por el teólogo español Juan José Tamayo Acosta en donde comenta la vida de Juan Bosch presentando su aporte a la teología liberal y al dialogo entre religiones desde una perspectiva nada convencional. Pero, Tamayo, al final de cuentas nos deja con un agradable sabor de ecumenismo. Juan Bosch, teólogo: ecumenismo cristiano y diálogo entre religiones JUAN JOSÉ TAMAYO 16/04/2006

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l fallecimiento de Juan Bosch Navarro, teólogo dominico valenciano, deja un gran vacío en el campo del Ecumenismo, especialidad que cultivó durante más de 30 años como docente y como investigador. Bosch estudió teología en Friburgo, donde obtuvo la licenciatura. Se diplomó en Ecumenismo en el Instituto Católico de París. Se doctoró en Teología en la Facultad de Teología de Valencia, donde fue profesor de Ecumenismo y de Teología Protestante. También ejerció la docencia teológica en el Centro Teológico de Santo Tomás, de la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana. Fundó y dirigió el Centro Padre Congar de Documentación Ecuménica. Además, dirigió durante varios años la revista  Teología Espiritual, de la Facultad de Teología de Valencia. Ejerció como jefe de Estudios de la Cátedra Tres Religiones, de la Universidad de Valencia, y fue Miembro del Consejo Asesor del IV Parlamento Mundial de las Religiones, celebrado en Barcelona en julio de 2004. Durante los últimos años vivió en

Barcelona y simultaneó la docencia en la Facultad de Teología de Valencia y en la Facultad de Teología de Cataluña, donde fue profesor invitado para los cursos de doctorado. La teología de Juan Bosch se caracteriza sobre todo por la creatividad, el sentido crítico y la apertura a horizontes nuevos. Voy a dar algunas muestras de ello. 1. Apertura a la teología negra.  Juan Bosch fue uno de los primeros teólogos españoles que se acercó a la teología negra de la liberación elaborada entre las minorías negras de Estados Unidos contra la discriminación racial, y en Sudáfrica contra el apartheid, y fue especialmente sensible a los desafíos que planteaba: superar el eurocentrismo cultural e ideológico y construir teologías y comunidades cristianas en clave intercultural e interétnica. Y el imperativo mayor: el reconocimiento de la diferencia cultural y religiosa como riqueza de la humanidad y de las religiones. Una de sus obras más representativas de esta nueva sensibilidad fue  La Iglesia negra. Eclesiología militante, de James H. Cone. LEAN 1.6 agosto 2010

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La teología de Juan Bosch se caracteriza sobre todo por la creatividad, el sentido crítico y la apertura a horizontes nuevos.

2. Teólogo ecuménico.  Juan Bosch fue ante todo un teólogo ecuménico que pronto tomó conciencia de lo que se jugaba el cristianismo con la división y el enfrentamiento entre las iglesias. Si seguimos por el camino de la separación de los hermanos y hermanas cristianos, decía, Cristo no puede ser “luz de las gentes”, ni la Iglesia “sacramento de la unidad del género humano”. Todo lo contrario: serán anti-signo. Hay que resaltar que el ecumenismo del dominico valenciano no buscaba la uniformidad doctrinal o la eliminación de las diferencias ideológicas, sino la unidad dentro de un escrupuloso respeto al pluralismo, entendido como valor en sí y como riqueza de las comunidades y de las iglesias cristianas. Se trata por tanto de un ecumenismo que tiene su lugar de encuentro en la praxis liberadora. Bosch contribuyó a que las iglesias cristianas pasaran del “anatema al diálogo” -según el título del libro de Roger Garaudyy predicó con el ejemplo: él era una persona dialogante y tolerante, un cristiano ecuménico. Los dos libros más representativos de este talante son: Para comprender el ecumenismo y Diccionario de ecumenismo. 3. Diálogo interreligioso.  Ésta es la derivación lógica y coherente del itinerario teológico de J. Bosch, quien tomó buena nota de la pertinente y luminosa observación de Raimon Panikkar: “Sin diálogo el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”. De nuevo aparece aquí una teología

múltiplemente inculturada, que comprende el movimiento ecuménico, el movimiento antirracista, el diálogo interreligioso, las teologías feministas y la sensibilidad ecológica. La ética interreligiosa que caracteriza la reflexión de Bosch tiene estas cuatro prioridades: el trabajo por la paz, la lucha por la justicia, la defensa de la naturaleza y la igualdad entre los hombres y las mujeres. Uno de los libros de referencia de esta nueva perspectiva ético-teológica es Culturas y religiones, escrito en colaboración con Juan Antonio Tudela. 4. Estudio crítico del mundo de las sectas.  El mundo de las sectas fue tema prioritario de la reflexión teológica y sociológica de Bosch durante los tres últimos lustros, al tiempo que uno de los fenómenos que le preocupaban especialmente por sus consecuencias negativas para la psique y para la convivencia. Un mundo que estudia desde la racionalidad, no desde la visceralidad. Clarificador a este respecto resulta su libro Para comprender las sectas. Éste es el mejor legado que nos dejan la vida y la trayectoria de Juan Bosch.1 Espero que esta breve semblanza les sirva para su reflexión y les aliente a profundizar en el pensamiento de los grandes teólogos contemporáneos así como en el ecumenismo.

1

http://www.elpais.com/arti-

culo/agenda/Juan/bosch/teologo/ecumenismo/cristiano/dialogo/religiones/

elpepigen/20060416elpepiage_3/Tes/ LEAN 1.6 agosto 2010

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Recomendaciones Para ampliar la información respecto al tema de esta publicación les recomiendamos las siguientes fuentes que pueden consultar escudriñándolas:

Libros

Oscar Cullman y Otto Karrer, Unidad en Cristo, (Salamanca: Sígueme, 1967). I.-H. Dalmais, La fe cristiana en diálogo con las grandes religiones, (Santander: Sal Terrae, 1981). Norman Goodall, El movimiento ecuménico. Qué es y cómo trabaja, (Buenos Aires: Editorial La Aurora, 1970). Hans Küng, La Iglesia, (Barcelona: Herder, 1970). Hans Küng, Teología para la posmodernidad. Fundamentación ecuménica, (Madrid: Alianza Editorial, 1998).

Película Juan XXIII. El legado de una vida. Director Giorgio Capitani (Lux Videos-Entertainment, 2005).

Web http://www.oikoumene.org En mayo del año pasado Hans Küng escribió una Carta abierta a los obispos de todo el mundo, en ella expresa de modo conciso parte de su pensamiento respecto a la influencia del papado: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Carta/abierta/obispos/catolicos/todo/mundo/ elpepusoc/20100415elpepisoc_3/Tes

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Escríbenos a

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Jesús va al fútbol

Jesucristo nos dijo que nunca había visto un partido de

futbol. De manera que mis amigos y yo le llevamos a que viera uno. Fue una feroz batalla entre los ‘Punchers’ protestantes y los ‘Crusaders’ católicos. Marcaron primero los ‘Crusaders’. Jesús aplaudió alborozadamente y lanzó al aire su sombrero. Después marcaron los ‘Punchers’. Y Jesús volvió a aplaudir entusiasmado y nuevamente voló su sombrero por los aires. Esto pareció desconcertar a un hombre que se encontraba detrás de nosotros. Dio una palmada a Jesús en el hombro y le preguntó: “¿A qué equipo apoya usted, buen hombre?”. “¿Yo?”, respondió Jesús visiblemente excitado por el juego. “¡Ah!, pues yo no animo a ningún equipo. Sencillamente disfruto del juego”. El hombre se volvió a su vecino de asiento y, haciendo un gesto de desprecio, le susurró: “Humm… ¡un ateo!”. Cuando regresábamos, le informábamos en pocas palabras a Jesús acerca de la situación religiosa del mundo actual. “Es curioso lo que ocurre con las personas religiosas, Señor”, le decíamos. “Siempre parecen pensar que Dios está de su parte y en contra de los del otro bando”. Jesús asintió: “Por eso es por lo que yo no apoyo a las religiones, sino a las personas”, nos dijo. “las personas son más importantes que las religiones. El hombre es más importante que el sábado”. “Deberías tener cuidado con lo que dices”, le advirtió muy preocupado uno de nosotros. “Ya fuiste crucificado una vez por decir cosas parecidas, ¿te acuerdas?”. “Sí…y por personas religiosas precisamente”, respondió Jesús con una irónica sonrisa. Anthony de Mello, S.J., El canto del pájaro, (Santander: Sal Terrae, 1982),191. LEAN·Agosto


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