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la voz en la imagen o vice-verso MarĂ­a DĂ­az Torres / Leandro Alonso


la voz en la imagen o vice-verso MarĂ­a DĂ­az Torres (la voz) Leandro Alonso GarcĂ­a (la imagen)


Entiendes la parĂĄbola de la sombra, porque eres sombra. Si miras hacia atrĂĄs, la herida se convierte en una sinfonĂ­a azul. No llores.


Es-cรกn-da-lo. Sumisiรณn. Tras la vorรกgine de la seda. Ciento y un mil secretos. Y dรณnde, y cรณmo. Tal vez soy ella.


### Es lenta la voz para violar el cristal. Uno y los demĂĄs me sacrifican. ### La utopĂ­a no es una ciudad. El rencor de las mariposas. ### Adicta a la palabra caigo. ###


La belleza es un trozo de alma que flota. Nos recibe cuando al morir tu padre la tristeza se hace tan estrecha, presume, teme que, en una de sus orillas, te dediques a criar imรกgenes con cabellos negros.


Qué fue primero: —La aguja o el sueño. —La ternura o la barba de Dios. —El abecedario o el presente. —Nosotros, vosotros. —Restos.


El viaje es el último signo. Construir el país de la hierba y entre insomnios y mi madre se ha ido, disfrazarse. ¿Amigos?, ¡somos amigos!


Un pasito y un pasito nos llevan hacia el infinito amarillo. No tiene nombre.


Luna, tres banderas, caramelo de niebla y fresa. La piedra sujeta la rabia, el gentilicio de la lluvia. Y tĂş, quĂŠ guardas.


Editar el cielo es cosa de locos. Yo loco, tu loco. ÂżY los que editan la locura?


Cabeza, tronco, barlovento. El alambre imagina que es niĂąo. En su esperma des-habita la maternidad, el corazĂłn de una nana.


QuiĂŠn sepa de la primera vez que arroje el dolor. QuiĂŠn no sea abrazo tire la segunda piedra.


Contra la prisión, bajo el mundo. Ubicado en un número suicida. Las manos esperan que la araña toque a silencio antes de aplaudir. Míralos.


Mueves el murmullo de los pájaros. Anticipas que el sol casi existe. Destino y equivocación son primos hermanos. Rescatas del verso el trozo de futuro. Inútil la batalla entre tú y ese tú. Despiertas orgulloso, el cielo está cerca.


Punto, Raya.


Punto, punto, raya, raya.


Rumbo, raya, punto, rumbo, raya, final.


AsĂ­ la brecha se hizo mujer para besarte antes de convertirse en oscuridad. La oscuridad tiene la regla.


Lejos-lejos. Oculta el hombre y la espina. Entierra en sus dedos el silencio del ombligo. El chillido circular del gorriรณn. Dame-dame.


Catorcemascatorcemasunolvidoigualavida.


Despierta.


Y el agua se hizo miedo y habitรณ entre nosotros.


Beatus ille, que no guarda la belleza detrรกs de un epitafio. Beatus ille, soporta la gula, la desilusiรณn del alarido blanco. Beatus ille, escribe la palabra antes de ser palabra.


Mi padre sabĂ­a silbar y romperse. Entretener a los cuervos antes y despuĂŠs de la risa. Mi padre y su tĂşnel.


Piedra, olvido, tijera, noche, espada, papel. PenĂŠlope estĂĄ cansada.


Truco Convierto el resultado en Apocalipsis. Convierto el sĂ­mbolo en una penĂ­nsula donde alondras y semen, veneran las exigencias de la piel. Trato


ÂĄQuĂŠ no, quĂŠ no!, la arena no busca un hombre. La playa sale de noche para amontonar las promesas rotas.


En tropel, dos nidos equivocados unen y descartan figuras, números, una canción de amor, hasta los que quisieron creer–se Dios y murieron en la misma puerta del espejo.


Tanto escalofrĂ­o. La plenitud del azogue en dos prĂ­stinas rayas. La vida, la vida. La vida.


Ayer, en ese ayer, existe la penĂşltima salida. Enfrenta a nuestro corazĂłn y a una raciĂłn de la Tierra. El plomo, anciano del abismo, nos detiene antes de que la tempestad reste: 21 gramos.


Del gas recuerdo el tictac. El rubor de las mejillas. La vez que mi rastro fue mi rastro y jugรณ a no creer en los finales abiertos.


Los labios, el trazo. El rumor de la nada (cuando pienso en ti). La fĂĄbula y sus inocentes. Las pisadas nos enseĂąan el otoĂąo.


¿Saltamos?


Si creces, creces. Si callas…


Exilias la garganta.


TĂş la llevas.


Un, dos, tres: escondite inglĂŠs.


Hacer el amor es una tela de araĂąa. Gime cuando la mosca huye. Su orgasmo, una mancha en el humo.


Nació bajo la prosa de la cruz. En sus brazos, la teoría de robar el polvo. Y sí, el tiempo sabe a carbón.


María es la nadie. Un calendario de pérdidas. Los movimientos des-uniformes que aguardan a que el cuchillo repase la curva y el vientre. María, la resaca después de hacerse mujer, el Quinto Mandamiento. La echo de menos.


Dudo del corazรณn vertical de los รกrboles.


Paso. Arriba. Suerte. (Los cristales no me conocen)


Imagino las entraĂąas del mar igual, igual, que la tristeza. Su pubis roto, igual, igual que la tristeza.


Por aquel agujerito se ven las tetas del frĂ­o. Una lengua salpicada porque la vida es zurda.


AĂşllas. Sin embargo, aullar va contra el trigĂŠsimo-primer latido de la sangre. ÂżEntonces?


/El centro de la nieve/ es conciencia/ antes que médula/porque de niña/ había una mamá/ esperándola en la ventana/ porque de noche/los gatos engullen/ sus deseos/de ser libre/


Al norte, la piel en verso. Al sur, el puzzle de lobos. Al verano, el eructo de los grillos. Al lunes, mi trinchera.


(Nunca me besรณ la princesa. El cuento lo redactรณ un enemigo)


Prisionero de la saliva invento el vacĂ­o para ser otro.


Los cerrojos escribieron la noche para que las puertas negras no tuvieran disculpas.


De puntillas entras en la muerte. De puntillas.


Cuánto de euforia en la cara oculta. Cuánto de no me dejes en el itinerario del anís.


Los รกngeles lloran por no pecar.


En el Ăşltimo hueco la evidencia impone sus reglas. No way out.


Si naces flor quieres ser gaviota. Si niĂąo, edificio en Nueva York. Si payaso, arena para no llorar.


De velo en velo y tiro porque me toca. Por-que-me-to-ca.


A Demetrio Reconozco en cada respiración París. La palabra donde Niké, me volvió cuerda. Enseño-me a cerrar los ojos para hablar de la victoria. Las alas, vinieron después.


Inventas el fósforo. La corrupción del nenúfar; 57 escalones.


Negro, impar. Gana la primavera que se hizo densidad antes de cubrir el norte. El norte. MĂ­o.


—Usted. —Sí, yo. —Calle por favor.


Ordenadas, impasibles: las olas. Sus patas estallan ante una intemperie sin rima ni cartรณn. Desubican la marea para volver a nacer. Si es posible.


La ira la fundรณ un perro. Porque en el fondo es todo como un perro que pasa, dice Cortazar.


Juntos, ahoguĂŠmonos en este sĂ­mbolo que lleva corbata y tiene en el esĂłfago una casa invertebrada.


Acaso la efigie no es un cajón lleno de pañuelos, dos mundos. Tres mocos. Pero en la ultima esquina, ¿sabes?, en la última esquina yace un secreto que no te voy a contar.


QuizĂĄs la muerte sabe tanto de la vida, que desnuda callejones y espera a sus clientes en la Ăşltima mirada.


Puedes, quieres, al dar marcha atrรกs el holograma del acero te transforma. Las รกnimas no bailan.


Vivo en un film que organiza la sospecha y la tersura del recuerdo. Aletea en la mitad de cualquier lunes. Vivo en un renglón que podría ser hermoso. Podría.


Blanco, fucsia. El infierno, los círculos, su historia, los inventó un bufón para pagar una deuda. Para desaparecer, también.


En el de frente, el horizonte. En el de al lado los pรกjaros saben de la conspiraciรณn. En el ahora, ya no.


El sol es, huérfano. Sus pechos color, huérfano. La lujuria encerrada en un castillo, huérfano. El sol es, mi hermano.


Te voy a contar un nacimiento sin nĂşmero. En el cabello la posibilidad de no ganar. Su timidez sabe romperse en Las mil y una noche y despuĂŠs sonreĂ­r.


Imagino la memoria vestida con un can-can azul y botones inocentes prendidos de sus pezones Imagino que ayer es un dobladillo trasparente y sabe mi promesa. Transparente


La parรกbola de la soga empieza por el final. En medio, un hombre con los ojos de barro.


Cuรกnta belleza en las venas de un te quiero. Cuรกnta.


De metรกforas y naturaleza vive el quinto pino.


Funde la desesperaciรณn y el momento en una piedra. Tan piedra como la que en una tarde de domingo fue un vaso de ginebra.


Tan fácil como juntar a un niño-algodón y a otro y otro… y empezar el microcuento.


Hilo mas hilo igual a la carretera que nos hace mĂĄs SueĂąos De Una Noche De Verano.


De la profecĂ­a estudias lo que escupe. De la niĂąez, ese gramo de camino que tenĂ­a los pies alegres. Cuando termina, el gemido de la fiebre te acicala con una lenta y abismal espera.


La niebla es un paralelogramo con el alma en los tobillos.


Luna.


Caperucita Plateada


QuĂŠ busca. Deshereda al sol. En sus muslos la prosa y la rutina, el calendario que no sabe que es calendario y en sus nalgas habitan las tijeras. De quĂŠ habla la lluvia.


Lot, Lot crees en la falacia de la tierra, en la culpabilidad de la sal. Rima conmigo o vuĂŠlvete.


Las transparencias no son pecados. Cachos de agujeros que se adhieren a los habitantes. Forjan cĂ­rculos, menciones ante el gran publico. Guardan en un maletĂ­n un folio carcomido por dos esquemas de vida. Sin embargo, en ellos brota la razĂłn.


ORTAUC. Dadme un papel con memoria y construirĂŠ el muro de los ilustres. La ruta de los que saben que Whitman creĂł la luz


Toma y vete. Repetí las palabras, repetí los movimientos hasta que las grietas cerraron los ojos y el mar nos meció en sus sueños. Al día siguiente me vestí de encaje y pretextos.


Cรณmo se nombra a lo que no existe. Hebras, lapislรกzuli, coronas de emperadores, pesadillas. No obstante, apagas la luz y todo tiene un sitio en la garganta.


Cuando sea lenguaje no olvidarĂŠ a ninguna princesa, sapo, vejez. Lo juro.


Porque quise ser una carta de amor. El rostro insalvable del disparo. Una tregua. Camino de Santiago. Veinticuatro aĂąos menos. El tesoro de los que no creen en John Silver. Yo creo.


Don Juan no es calor. La rutina de los murciélagos antes de morir. Don Juan es un cristal, un… acuérdate de quien vive sólo por ti, ¡vida mía!, y que a tus pies volaría si le llamaras a ti.


Piensas luego huyes. Detrás. Siempre, soportas los golpes del último minuto. Como si todo fuera vermut, te inventas en la poesía de la aceituna. Otros en su vacío.


Había una vez una flor con nombre de pájaro y piel de Febrero. Creció, creció y alzó el vuelo para buscar el Paraíso o un haiku.


En cada rincón existe un hombrecito con las sienes mirando hacia el exilio. Dónde los niños juegan a las películas y fingen que mamá no se ha ido.


La abreviatura del agua es un pedazo de orgullo y presidio. Un conjunto de letras-espejo.


Por qué no grito antes de que la playa se reencuentre. Por qué.


Aquel día, recuerdas, aquel día éramos lo que no supimos. En cada geometría, en todas las caricias, nos imitamos.


Frente a frente somos la primera curva el cuento de Cenicienta. El apellido del naufragio.


Mientras la tierra no sepa silbar, seguiremos construyendo ataĂşdes de nubes.


A travĂŠs del azar la conciencia tiene dos orificios. El primero lleno de hartazgo y ciudades jaspe. El segundo, quisiera estar en Paris.


Del รณvulo a Diciembre, solo cuatro. Cuatro, cuatro, anuncia la fe del reloj la hemorragia de la vocal. El deseo de la bombilla.


Querido, el amor es un tulipån. Una botella de ron. Seis lazos almidonados y la probabilidad, una entre cien, de que al cerrar los ojos‌


No me gustan las manzanas desnudas. Eva


Las olas no existen. El ocĂŠano lo inventaron las gaviotas para que Neptuno las transformara en sirenas.


Al amanecer salen los sueĂąos-vampiros que sobrevivieron al conjuro de las flores. Al amanecer.


Rubricas la condena en dos marcas. Eximes de alegrĂ­a a lo ficticio. Soportas el escarnio de un gramo de luz. Y el lĂĄpiz, comunero de juegos, envuelve tu rostro con una nota musical. Una sola.


La inocencia, la saliva, el gesto de los huidos. Todo, todo, todo. Alguien da mรกs.


Como puzzles de rastros, alfileres, el run-run, el apócope del corazón. La ternura de los gorriones. La caridad de la miel, hasta el hiato sin dientes, saben que uno más uno no es la encíclica del infinito, sino una primicia de que mañana será otro día.


Tal vez hablar a media asta, cerrar los labios o cerrar la alegría, fuera menos o quizás fuera tanto como pasear cogidos de los pasos. Cada uno en su baldosa para diferenciarnos de las estatuas. Tal vez, al cerrar el espíritu, cancelar el universo podría abrazar a los que hasta ayer, hasta ayer, se sentaban en círculo en torno a una congoja, inventada o no.


En un trozo de espuma, en el epicentro de tanta arena. Luego, en ese luego que inventaron los apรกtridas, comparas el color de los elegidos. Y todo es. Y todos son. Leandro, la noche ha plagiado tu alma.


Plumaje blanco, lineal, por las juntas triĂĄngulo. Mira al sur, costra del huracĂĄn. Patria de dĂ­as originales. Eterno, victoria, comandante de un cielo exclusivamente cielo. De plumaje blanco.


Salida antes que siesta. No sabe si reír o escaldar pérdidas. Es tan, tan, que falsifica el reloj. →Quién→ eres→


El espejismo se divide en tres: Tu bata de lunares, mamรก. El festรณn del cuchillo, padre. El final, mi capitรกn.


Las huellas felices vislumbran la autoridad y beben. Las otras no.


La igualdad es un latido de conquista. Rescata a los que aun creen en el invierno. Al hombre que desafiรณ a la ceniza.


Altos son los que se llaman lejos, no importa que lleven camisa blanca, lancen al silencio su caĂąa de pescar.


El autor miente. Deshace el matiz en pĂŠtalos. Embruja a la trementina. Nos rompe en personajes. No nos reconoce.


—El 24. —¡Tiniebla! —La Tiniebla es correcta.


Cualquier arruga, sĂ­mbolo, amante, sabe que la libertad tiene memoria.


Y el tesoro se convirtiรณ en Tierra Prometida y los Padres de los Padres, edificaron un Occidente con la boca robada. (Ali-Babรก, naciรณ mรกs tarde en otro lugar)


Nana de la piedra, duerme a los peces para que los niĂąos-sirenas puedan venir a buscarme.


A la una, a las dos, a las‌

Por ti y por mi y por todos mis compaĂąeros.


En cada mano, cada raya azul y blanca, en cada zapatilla negra, en cada renglรณn amarillo, en cada final, hay respuestas.


Erectas forman la noticia: Tengo miedo.


Mézclese el azúcar, el sonido de la piel, las marcas del frío y despacio, muy despacio, viértase en un bowl o en un calendario.


Contra-Corriente: Espacio cardiaco. Gentilicio de los que auguran la subida de las mentiras en bolsa. Retiro dominical de hombres-mujeres-moscas. Cable que divide las dudas.


Solos. Tú. Ellos. Solos.


la autorĂ­a de la totalidad de los poemas y de las imĂĄgenes corresponden a las autoras de esta publicaciĂłn


la voz en la imagen o vice-verso María Díaz Torres Leandro Alonso García

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