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horizonte. Se hacían mil razones y argumentos de la tardanza de mi bisabuelo: “Seguro que el amo no ha podido trasponer el royo de la “Cañá del Juncar” porque va muy subío y no puede pasar”, el otro decía: “Eso ha sido el royo del “Paso La Mata” que se ha salido y no hay uñas de cruzarlo”, el zagal: “ A lo mejor al amo se lo han comío los lobos, que andan ganuzos últimamente y sino mirad lo que paso con la lobá…” Pasaban las horas con estas ocurrencias… y seguía la lluvia que empezaba a mansear. “Qué no viene ¡joder!... que no viene, y que no viene el jodio”...se llegaban hasta la vera de la “Cañá del Juncar” y anda a hacer conjeturas y a comerse el magín. Una tarde los mozos ya muy revenios por la tardanza de mi bisabuelo, y la falta de hato, se llegaron a las portás del cortijo una vez más, por ver si venía de una santa o maldita vez: “P’aece que viene por allí una mula, a ver, a ver,…¡chachos! venid a ver, que yo con mi vista no atino bien, pero yo p’ami que viene por allí una mula, qu’es el amo…” efectivamente, conforme se iba acercando, pues, ya descubrieron que era él, que venía con la mula toa cargá de hato y empezaron a brincar más alegres que una bragas de a peseta. El terreno tenía, tiene, así como repechos que subían y bajaban por las lomas, y mi bisabuelo a la par del terreno se ocultaba y aparecía por las hondonadas “Y’asoma, y’asoma…, el jodio y’asoma…hombre ya está aquí, ya está aquí gracias a Dios, me caguen diez…a este hombre hay que ponerle el “tío asoma”….” Desde aquel día a este paraje y a mi bisabuelo se les llamaron “Los pozos del tío Asoma” o “Las Pozas de Asoma” y el “tío Asoma. Allí también en aquel antiguo se formaban unos ojos de agua… que ya no se forman por las falta de lluvias de hace años. A aquellos charcos también le pusieron “Los Ojos del tío Asoma”.

Edición digital. Nº 363

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Carlos Villar Esparza

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