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pas cristianas. Mas, como decaía la tarde y la oscuridad se venía encima y la batalla se alargaba, don Pelayo o don Pelay Pérez Correa, Maestre de la Orden de Santiago, detuvo su caballo y pie en tierra, se dirigió de este modo a la Virgen: “¡Santa María detén tu Día!”. Y la Virgen atendiendo a su plegaria detuvo por unas horas el Sol, dando tiempo a las tropas cristianas para culminar con éxito la batalla. La actual imagen data del siglo xviii. Se encuentra en el Monasterio de Tentudía, en el punto más elevado -1100 metros- de la provincia de Badajoz; donde don Pelay mandó erigir una ermita que conmemorara el suceso. Al mismo maestre santiaguista le cupo el honor de recibir una segunda ayuda celestial. Según la leyenda el origen de Santa María de Nava -también llamada Hoya de Santamaría- se vincula con otra batalla de las muchas que don Pelay tuvo que lidiar contra los invasores africanos. En este caso el prodigio consistió en la entrega al caballero por parte de Nuestra Señora, La Zapatera, “de una lezna con su hilo para que reparara las riendas del caballo, que con el fragor del combate se le habían roto, impidiéndole dirigir a sus guerreros hasta la victoria” (Pueblos y Paisajes, tomo II, p. 448). La Zapatera. Sta. Mª de Nava

También la aparición y la ayuda de una Virgen en otra contienda, en este caso Nuestra Señora del Prado, patrona del Casar de Cáceres, motivó la construcción de un santuario a ella dedicado. Cuando mayor era el ardor combativo de ambos ejércitos, y cuando más apretaba el calor, la Virgen mantuvo frescos a los campeones cristianos llevándoles cántaros de agua desde el conocido como Pozo de la Virgen, que en aquel prado existe. Con ese alivio celestial los soldados pudieron mantener una lozanía y un frescor combativos que acabaron por desarmar al enemigo.

Ntra. Sra. del Prado. Casar de Cáceres

Nuestra Señora de la Granada, patrona de Llerena, apareció también cuando las tropas cristianas, que trataban de conquistar la ciudad, se hallaban en un momento crítico de desánimo. Ante la fuerEdición digital. Nº 363

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José Luis Rodríguez Plasencia

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