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AMIGOS

DEL

C O N V E N TO

DE LA

HOZ


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13

SUMARIO Don Bonifacio. Un Cura rural.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .pág. 2

Cuento. Flora y Fauna de nuestros pueblos . . . . . . . .pág. 10 Excursión de Primavera. El Canal de Castilla . . . . . . .pag. 13 VII Carrera La Senda de los Frailes . . . . . . . . . . . . . . .pág. 17

EDITA: Asociación Amigos del Convento de la Hoz COLABORAN

EN ESTE NÚMERO:

Amanda Maturana Patricia Arranz Juan F. Fernández Sergio Martín Fernando Sebastián Juan Carlos Santa Engracia

FOTO

DE

PORTADA:

Carmina Ortiz FOTOS:

Sergio Martín

Depósito Legal SG-96/2004

Agradecimientos Villa y Tierra de Sepúlveda

76 AÑOS DE EDAD, 50 AÑOS DE SACERDOCIO, 38 AÑOS EN SEBÚLCOR (Reproducción del artículo publicado en la revista “La Actualidad Española” el 27 de febrero de 1964) Elías, sacristán, hijo de sacristán, nieto y bisnieto de sacristán también, echó abajo la cuerda del campanario. Y tocó a Misa. Misa de diez. Luego, Elías, sacristán, hijo, nieto y bisnieto de sacristán, entró en la sacristía y le dijo al señor cura: —Ya está, don Bonifacio. Y don Bonifacio, que es el cura de Sebúlcor, en la provincia de Segovia, asintió con la cabeza y dijo: “Bueno”. Empezaba a entrar gente. Mujeres, mujeres jóvenes, mujeres con el doblez de la edad sobre el cuerpo. Treinta y dos mujeres y un hombre. El señor cura de Sebúlcor tomó el raído bonete, deshilachado por las esquinas, golpeó sobre los hombros de Paquito y Juanito —monaguillos por la gracia de Dios— y salió para decir la Misa. La Misa en Sebúl-

cor se dice a eso de las diez de la mañana. A las nueve se levanta el señor cura. Cuando empieza la Misa, Elías, que es sacristán por vía paterna hasta la tercera generación, sube al coro y acompaña con armonio y voz la Misa del señor cura. —Introibo ad altare Dei... La iglesia casi se había llenado. Mujeres de negro, de negro subido, luces de cirios, altos como chopos, y la voz quejumbrosa, dolorida, del Elías, allá en el coro, acompañándose con el rezongar del armo-


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 nio, que aunque es nuevo resopla de muy mala manera, ésa es la verdad. La Misa termina pronto. El desfile de mujeres es espaciado, lento, todo de negro. Antes van los responsos del señor cura. La mañana está bronca, gris, llena de nubarrones. Sebúlcor es pueblo de cuatrocientos y pico habitantes, en los llanos de la provincia de Segovia, entre los buenos enclaves de Sepúlveda y Cantalejo. Sebúlcor es tierra de resina y también de cereal y de leguminosas. —Tenemos un invierno duro... Don Bonifacio ha terminado los responsos. Sale a la calle apoyado en la “cayada”. Mira al cielo, lleno de nubes, áspero, cubierto de amenazas. —Lo que decía, mal invierno... Y echa a andar, despacito, hasta la rectoral. Cincuenta años nos contemplan El ama quiere poner un mantel blanco y bien bordado y don Bonifacio se enfada. —Nada, nada de historias... El ama forcejea y dice que siempre es mejor el mantel blanco de puro hilo que el hule verdoso y viejo.

—¡Quita, mujer!; aquí estamos en confianza... Don Bonifacio tiene cerca de ochenta años. Cincuenta de sacerdocio y treinta y ocho de párroco en Sebúlcor. Don Bonifacio tiene una figura menuda, delgada; el rostro, redondo y apergaminado, y unos ojillos inquietos, traviesos, llenos de sana picardía... Tiene la voz un poco rota, pero el acento es vivo. El ama ha perdido la batalla. Se queda puesto el hule verde y pegajoso.

—¡Oye!, echa serrín a la estufa esta... Don Bonifacio Zamarro nació en Cantalejo, que queda a tres kilómetros cortos de Sebúlcor. A los once años se marchó para Segovia y se metió en el seminario. —Esto es una inclinación, ¿sabe?, lo que se suele decir de la vocación. Uno se siente inclinado desde chico y no hay quien lo pare... Estudió toda la carrera en el seminario de Segovia, menos el último año, que tiró para Valladolid. —Cuatro años de Latín, tres de Filosofía y cinco de Teología... El ama saca el vaso de café con leche —más blanco que negro— y una fuente redonda con galletas y pastas. —¡Pero mujer!, cuánto café... Mira hacia un lado, confidencial. —Es que no tengo apenas apetito. Entorna los ojos y pone un entrañable gesto infantil, de niño dolorido por una travesura. El ama se pone en jarras. —Diga que no. Que no come por hacer un sacrificio... ¡Que lo sé yo! Don Bonifacio vuelve a entornar los ojos.

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AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 —¡Que no, que tengo el estómago muy chico desde la operación! El ama sigue hablando del sacrificio, de la cuaresma... Fuera, sopla el viento, que corre desde la sierra. Llega hasta el llano y aquí hace destrozos. Don Bonifacio tiene un especial orgullo por ser hijo de Cantalejo. —Mi madre quería que estuviese cerca de ella y por eso anduve primero en pueblos cercanos. 4

Un sorbo de leche y una galleta, que se rompe a trocitos. —Pero yo, por mí, me hubiese ido lejos, a Misiones. Se le rompe una sonrisa en los labios. —...Pero ahora, ¡qué sé yo!, sólo estoy para ir tirando ¡y gracias! Don Bonifacio ha recorrido los llanos de Segovia. Primero estuvo en Escobar de Polendos, luego en Encinas, después en Sepúlveda... —¡Oiga!, esto es curioso, mire: desde que canté Misa, hace cincuenta años, siempre he tenido que decir dos Misas. Siempre he tenido más de una parroquia... El santo y la borrica Canta ya la media mañana. Vencida. —A estas horas siempre suelo leer un poco. Folletos, alguna revista, los rezos... Enciende un cigarrillo. En el pueblo le llaman cariñosamente “el padre pitillo”. Con el cigarro en los labios, caído ligeramente hacia un lado, don Bonifacio, tiene un entrañable aspecto de padre bueno, de viejecito inquieto. Echa una bocanada de humo gris y le dice al ama que retire todo aquello. —¡Lo grande que es la Providencia!...

Suelta la exclamación y aclara: —Digo esto porque me acuerdo que, de chicos, mi madre, que era una santa y murió de noventa y ocho años, nos cogió a los cuatro hermanos y nos dijo que había que tener devoción a un santo. Uno dijo que San Antonio, otro que San José, otro que San Miguel y yo dije que San Francisco de Borja... Sonríe. Chupa el cigarro y luego entorna los ojos. —...Resulta que yo había leído un libro sobre el santo y me impresionó la vida de aquel hombre, la forma como renunció al mundo y se entregó a Dios. Bueno, pues luego resultó que el día que canté la primera Misa coincidió con la fiesta del santo. ¡Lo que es la Providencia! La vida de este hombre es, a grandes rasgos, la vida y el proceso de todos los curas rurales de España. La vida compartida con otro pueblo, los problemas típicos de cada parroquia. La lucha por convencer a las gentes de muchas cosas. —Aquí, en los pueblos, hay creencias que ¡vaya usted a quitárselas! Es duro, duro. En Pajares, cerca de Rebollo, me


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 hicieron ir un día a las viñas para que las curara de una plaga que tenían. Aquí, hasta hace poco, tocaban la campana siempre que se acercaba un nublao... ¡Lo malo es que entonces, en lugar de alejarse, caía el pedrisco de lleno! Entra un sol muy débil por la ventana. El cielo sigue oscuro, agujereado a ratos. —¡Hay creencias contra las que es muy difícil luchar! Bromea, se pone serio. Todo a intervalos. Luego recoge el cigarrillo que se iba quemando en solitario en el cenicero. Bromea, se pone serio. Habla de los nublaos, del pedrisco, de ciertas inclinaciones populares, de imaginación calenturienta... —El espíritu está por encima de todo... Las cosas cambian, es verdad. Las cosas se transforman. Y cincuenta años de vida sacerdotal pateando senderos de aldea, cañadas, bosques y roca, da mucho para poder observar esa misma transformación de las cosas. Hasta hace muy poco tiempo, don Bonifacio visitaba los pueblos en su borrica. Una borrica que le regaló su hermano hace ya un montón de años. Cuando el

obispo le quitó las parroquias por la edad, entonces vendió su borrica. —Vendí el último pedazo de humildad, porque la borrica es humildad... ¡Siempre tendría que ser así! Jesucristo anduvo con ella; ¿por qué no tiene que seguir andando el cura? La borrica es la humildad, la moto..., la velocidad. Y se pone serio. Y chupa la colilla. Y luego mueve la cabeza. La gripe del año 18 Cuando la guerra del catorce está en su apogeo, don Bonifacio es destinado a Sepúlveda. Malos años. Años duros repartiendo su labor entre la parroquia de San Justo, como coadjutor, y la cárcel y también con las monjas. Al terminar la guerra llega de las trincheras la bocanada de la epidemia. La gripe inunda los pueblos y las ciudades de Europa convirtiéndose, quizá por primera vez, en un mal que conduce al cementerio. Don Bonifacio recuerda aquellos años con verdadero cariño. —Era hermoso en el fondo, porque podías hacer la labor con plenitud, de verdad. Confesaba, llevaba la Comunión, el Viático, iba de casa en casa con la posibilidad

de llevar esperanza, mensaje, confianza, fe. Y multiplicó su labor porque no solamente era cura, sino padre, amigo y... recadista. —Un día, una mujer se me acercó y me dijo llorando que su marido y los tres hijos estaban muy graves en la cama por la epidemia. Y encima también la criada se había puesto enferma. Yo lo arreglé en seguida y desde aquel día les llevaba la leche, la carne, el pan... ¡Era de conciencia! Esperanza, confianza, cariño. —Había que llevar auxilio espiritual, pero también había que llevar remedio material.

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AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 Luego cambia la seriedad por la sonrisa. Se le hacen muy chiquitos los ojos, palmea y exclama: —¡Lo bueno fue que yo no cogí la gripe; con tanto ir y venir y visitar enfermos, ¡nada!, la Providencia... En cierta ocasión tuvo que llevar el Viático a un enfermo, mordido por la epidemia. Cuando llamó a la puerta, la criada dijo: —Me ha dicho el señorito que no pase, que usted anda siempre con los enfermos y que va a contagiar a los demás... 6

Don Bonifacio frunce el gesto y exclama:

—¡Sería...!, pero si a mí no me tocó nada. La gripe pasó. Todo volvió a su cauce. Ahora, don Bonifacio recuerda sus días con los presos en la cárcel de Sepúlveda. Lo recuerda con cierta emoción. —El encargado de la prisión se enfadaba conmigo porque les llevaba leche y tabaco... Sigue hablando. Cita un caso, otro; el de aquel preso que le había pegado dos buenos tajos a la novia por aquello del sí y el no de las niñas. Le gustaba charlar con ellos, oír sus penas, sus propias opiniones. —Un día me cansé y le pregunté al jefe de la prisión cómo se apretaban los grilletes de los presos. Me lo dijo, y luego voy y se los aflojo a todos. ¡Menuda! Pero es que aquello, con cadenas y grillos, no era humano, ¡caray! Don Bonifacio enciende otro cigarrillo. Lo prende despacio, con un tiemblo en las manos. Entra el ama y le suelta que tiene que ponerse otra sotana. Don Bonifacio se enfada y dice que ésa está muy bien, que todo es de confianza. El ama se marcha y dice en tono cariñoso que el cura tiene el genio un poco picado. Don Bonifacio sonríe

ancha, dulcemente, con una brizna de picardía en los labios. —Ya lo dice el refrán, señores: genio y figura hasta la sepultura. Don Bonifacio le guarda cariño a Sepúlveda, a los años que estuvo allí. Pero un buen día, después de trajinar en la parroquia, en la cárcel y como capellán en las monjas, se fue a ver al obispo y le pidió que lo llevara a un pueblo. Todos se extrañaron. Don Bonifacio suelta a copos el humo gris, el humo blanco de su pitillo negro. —Estar con las monjas no tenía mérito. Lo bueno es estar en el pueblo, en la parroquia rural... La historia del gobernador A la una, don Bonifacio come. Desde que le operaron de una úlcera en el estóma-


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 go hace comidas muy cortas. La ama, cansina y machacona, vuelve a insistir de que “lo hace por sacrificio”. Luego pone redonda la voz y exclama: —¡Estuvo muy malito, entonces! Don Bonifacio mueve la cabeza y sonríe. —Yo no sé si estuve muy malo o no; lo que sí sé es que en Madrid, allí en la clínica del hogar sacerdotal, cuando me sacaron el estómago, les dije: ¡haced lo que queráis! Luego vuelve a sonreír, mientras entra por el ventano una claridad blanca. —Si es lo que yo digo ¡De aquellos años de Sepúlveda, de Rebollo, de Segovia..., no me queda nada!, yo ya estoy para pocos. Después de comer, una siesta corta. Una siesta que a veces ni el título de siesta merece. Luego, el paseo y la partida. Más tarde vendrá el rosario... Sobre la sotana se pone un abrigo, la bufanda, la teja. Agarra el bastón y dice: —¡Vamos! El tiempo no está nada de templado. Corren por el cielo las nubes prietas, las nubes de malos presagios. Habla del pueblo, de las gentes.

—Son gente pacífica, gente buena. Yo les conozco bien. Se detiene un instante, golpea suave la cayada sobre un guijo del camino. —¡En el pueblo se anda a la brecha de la gente!; es donde está la lucha cara a cara, ocurre igual que con los médicos. Sigue caminando despacio, con paso corto, haciendo breves ondulaciones al andar. —Me fallan las piernas y un dolor aquí, en el costado. ¡Con lo templao que andaba antes! Y se pone a sacar viejos recuerdos. Cuando llegó la República, don Bonifacio mandó a los maestros del pueblo una nota en la que pedía que pusieran de nuevo los crucifijos. Al día siguiente, en la prensa de Segovia se hablaba del párroco de Sebúlcor que repartía octavillas clandestinas... Don Bonifacio se puso furioso. Cogió el morral y se marchó corriendo a Segovia, a ver al gobernador. “¡Usted es un granuja!”, fue lo primero que el cura le soltó al gobernador, después de aguardar dos horas de antesala. “Yo no reparto nada clandestino”. El gobernador se encaró entonces con él,

citándolo como cabecilla del pueblo. “Yo solamente me ocupo de mi casa, de la iglesia y de la salvación de las almas”. El gobernador le amenazó con llevarle a la cárcel. Don Bonifacio se detiene en el camino, junto al mojón. Pone la mirada larga sobre el blando horizonte de los campos. —¡Sería granuja!, llevarme a la cárcel por poner el crucifijo en las escuelas... Luego suelta una risita breve y sigue apoyándose en la cayada. Tertulia a media tarde Sopla el aire del norte. Llega helado y muerde las carnes. Don Bonifacio se vuelve y contempla el pueblo, medio dormido, quieto, tremendamente silencioso.

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—Es hermoso el pueblo así. Yo, la verdad, si vuelvo a nacer, o me quedo en el pueblo o me marcho a Misiones... A este cura de pueblo, humilde, de pasitos cortos, de palabra bien entonada, le ha gustado mucho viajar, conocer. —Una vez fuimos a Lourdes, y luego pasé a Roma, a Padua, a Niza... De España lo conozco todo menos Andalucía. Vuelve del camino, desandando sendero. Y se pone serio. —¡Me voy a ir de esta banda sin haber estado en Andalucía! Cerca de las escuelas, vuelve a recordar la historia del crucifijo. —Entonces yo era duro, muy templao... ¡Mira que quitarme los crucifijos de las escuelas! La mesa camilla, la estufa con serrín, las ventanas que dan a la plaza. Algunas tardes, don Bonifacio, el señor cura, va hasta la casa del médico y allí organizan, con el secretario, una partida de “subastao”. El médico es un hombre grande, de palabra dura, un tipo humano de arriba a abajo. —Oye, que tengo aquí un dolor desde hace días.

El médico se vuelve y le sonríe. —Nada, don Bonifacio, que eso se va con unas friegas de fresno. —¿Tú crees? Han sacado la baraja, unas tazas de café, unas copas, unos cigarros. —A espadas... —Yo quiero hacerle fallar a don Bonifacio... —¡Quiá! —Voy a hacer un renuncio... El secretario y el médico no saben a qué santo se encomienda el señor cura para ganarles todos los días. La partidita es modesta. A céntimo por tanto. Mientras echa las cartas, da y toma, don Bonifacio habla de su máxima ilusión. Las Bodas de Oro que acaba de celebrar. Llegaron gentes de Madrid, de Segovia. Un general, condiscípulo. Iban a venir dos obispos que fueron compañeros suyos en el seminario. Pero el Concilio los detuvo. —A bastos... —Renuncio. —Cien. —Ciento doce...

Don Bonifacio se gastó en sus Bodas de Oro todos los ahorros de su vida. —Quería que aquello fuese una cosa grande. No por nada, sino porque en los pueblos nos consideran mezquinos, raquíticos. ¡Y no es verdad!; en los pueblos hay corazón y buen espíritu... Por eso me gasté todos mis ahorrejos y di una comida en Cantalejo para los invitados y luego se repartió dinero entre los pobres. Mariano Benito, el médico, tercia, sonriente. —¡Pero si ya no hay pobres! —Natural que hay pobres. ¡No fuera mala que no los hubiera! Don Bonifacio acaba de ganar tres partidas seguidas. Ni el médico ni el secretario saben a qué santo se encomienda el señor cura. Don Bonifacio pone una risita breve en su rostro y dice:


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—Estas ganancias no van a ningún sitio. Además, la Biblia lo dice bien claro: “No procuréis tener dinero que es para los ratones y para las orugas...”. Se pone serio. Recuerda sus cortas escapadas al balneario de Liérganas, en Santander. —Allí había una señora más que millonaria y siempre estaba triste ¡Cómo no iba a estar triste si lo que cuenta no son los millo-

nes, sino la paz con uno mismo, el caminar hacia Dios, el santificarse cada día un poco! Le gusta Madrid. “Su” Madrid va desde San Bernardo a la Puerta del Sol. —No conozco más, pero me gusta mucho. El médico y el secretario bromean con él. El progreso, las motocicletas, el cine, el teatro. —Yo no voy contra el progreso, ¡qué va!; lo que pasa es que hay una serie de principios fundamentales que son eternos, de siempre. Ahora, los curas van al cine y al teatro. Me parece bien si son decentes las obras... ¡nada más!, no pongo otros obstáculos. La tarde va cayendo sobre este pueblo hecho de silencios, marcado por la soledad, perdido en plena llanura segoviana. Queda a un lado Cantalejo, al otro Sepúlveda. Tierras de cereal, de resina, de pinar. Vienen las dos hijas del médico a saludarle. Le besan la mano. Le brillan los ojos a don Bonifacio. —Los niños son lo más grande en el mundo. Lo decía Jesucristo: “Dejad que los niños se acerquen a mí...”.

La tarde cae a plomo, llena de silencios, llena de soledad, sobre el pueblo silencioso y solitario. Pregonan a lo lejos que hay pescado fresco, muy fresco. El Elías, sacristán, hijo, nieto y bisnieto de sacristán, echa abajo la cuerda del campanario. Ahora toca para el rosario. Don Bonifacio entra en la iglesia con pasito corto y breve. Dan la una, las dos, las tres... Van llegando las mujeres, las mozuelas, los niños... El cura se queda en la sacristía. Y con la última campanada del Elías sale al altar. Igual que hace cincuenta años. Artículo rescatado del olvido por J. Carlos Santa Engracia Blasco

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FLORA Y FAUNA DE NUESTROS PUEBLOS La Comunidad de Villa y Tierra de

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Listado de premiados:

Sepúlveda celebró su Fiesta el pasado

Pintura infantil

día 29 de mayo en Cerezo de Arriba. Den-

1. MIREYA MUÑOZ LLORENTE.

tro de las actividades que se organizan se

San Pedro de Gaillos.

celebró la V Edición del Concurso de Pin-

2. HECTOR GOMEZ DE FRUTOS

tura y Narrativa “Flora y Fauna de Nues-

Sebúlcor.

tros Pueblos”, en el que han participado

3. ADRIAN MORENO CASTRO.

cerca de 300 vecinos de la Comunidad.

San Pedro de Gaillos.

En esta edición los amigos del Convento de la Hoz han obtenido un especial protagonismo puesto que varios de nuestros asociados han recibido premios:

Pintura Primaria I 1. ANDREA MARTÍN MONEO. Carrascal del Río.

Pintura Adultos 1. CARMINA ORTIZ RODRIGO. Sebulcor. 2. FRANCISCO J. PARADA MUÑOZ. Cantalejo. 3. ANA BELEN RODRIGUEZ DORREGO. Colg. Sebulcor.

2. ELISA BARTOLOME GUIJARRO.

Carmen Ortiz Rodrigo:

Sepúlveda.

1º PREMIO PINTURA ADULTOS

3. ALBA BRAVO ZAMARRO.

Fernando Sebastian Álvaro:

Cantalejo.

1º PREMIO NARRATIVA ADULTOS

2. NOELIA GONZALEZ ORTIZ. Sebulcor. 3. DIANA BRAVO ZAMARRO. Cantalejo.

Pintura Primaria II

Noelia González Ortiz:

1. ANA MARIA CRIADO CALVO

2º PREMIO PINTURA PRIMARIA II.

Sebulcor.

Narrativa Adultos. 1. FERNANDO SEBASTIAN ALVARO. Cantalejo. 2. EUSEBIO BLANCO. Urueñas. 3. VERONICA PRADO VALDIVIESO. Grajera


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 Mañanas, como tantas otras a lo largo de estos últimos años, me aventuro por nuestra comarca en busca de sabe dios qué, pero... bien prontito. Cuando el sol apenas despunta por nuestra sierra central y las tinieblas de la noche se refugian en las cuevas y recovecos de nuestra calizas, emprendo mis incursiones por nuestra tierra, esta tan desconocida, tan anónima, incluso para los que vivimos en ella, tan desierta, que pasas por los pueblos y no ves a un alma. Te reconforta a esas horas de la mañana esa luz segoviana tan azul y luminosa y esos gorriones trigueros en primavera, que en lo más alto de almendros ciruelos y zarzas, nos dan un recital de canto reclamando a alguna hembra. ¡Qué primaveras tan mágicas! Parece que renacemos después de estos inviernos tan crudos donde las heladas nos paralizan hasta el alma. Apenas en invierno ves vida: alguna perdiz, esa zorra olisqueando rastros, desquiciada ya porque lleva cinco días sin comer; pero lo que no dejas de ver son esas siluetas majestuosas en el cielo, buitres y más buitres buscando en un vuelo circular algún muladar donde darse un festín, porque eso es lo que parece por la cantidad de invi-

tados (o no lo sean) que allí acuden. Las necesidades imperan y estos ya no buscan muladares, buscan granjas donde el infortunio del ganadero es, en ocasiones, fortuna de estos grandes señores de los cielos e inquilinos desde muchos siglos atrás de nuestras Hoces del Riaza , Hoces del Duratón y otras hoces más anónimas, desperdigadas por nuestro nordeste, que como arrugada piel caliza, surcan nuestra vieja tierra de Segovia; y no por ser anónimas dejan de ser espectaculares, el valle del Horcajo en Carrascal, ribera del San Juan, ribera del Caslilla..., todos ellos, lugares muy propicios para recorrer y percibir lo que nos rodea, entre sabinas, enebros, aromas de espliego, de tomillos, de decenas de plantas que a nuestro paso nos regalan, como queriéndonos dar su bienvenida. Va pasando la mañana, pero... si hay algo que me entusiasma cada mañana es el rato del almuerzo, pero no en cualquier sitio; el lugar más propicio es al lado de cualquier arroyuelo, donde a su vera, crecen esos chopos jóvenes de porte estirado y algunos no tan estirados, ni tan jóvenes. Lugar propicio para coger unos caracoles en temporada de ellos. Y allí... medio tum-

bado en esas pequeñas praderas, con el susurro del agua como coro y como tenores cualquier ruiseñor o jilguero que por ahí estén, es el rato más agradable de la mañana. Es bueno alimentar el espíritu con un concierto de estos pero también el cuerpo, pues se da siempre el caso, que no sabe nada mejor que un buen almuerzo en el campo, ¡Qué lo sepáis! se da otro caso pero ese no se nombra. Sigo por esos caminos de dios después de almorzar, caminos digo, y a veces ni de dios ¡Pues vaya caminos! y para todos los gustos. Entre pinares, que de esto andamos bastante bien, (qué potencial tenemos en energías renovables), en fin....y cuando llega el otoño una gran variedad de setas y hongos nos hacen las delicias de paladares exquisitos, en otras ocasiones, por las riveras de los ríos, San Juan, Duratón, Riaza... vas andando por senderos, no dejando pasar inadvertido nada a tu paso: que si mira el lagarto ocelado, que agustito está al sol , ¡qué joder! (joder sí, los segovianos decimos joder), ¡qué susto me ha dado la jodía culebra de escalera!, que si el mirlo sale de entre las zarzas y te da otro sobresalto ¡qué mira que berros más buenos! En otras ocasiones,

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AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 por los paseos por el campo el susto se lo llevan otros: corzos, jabalíes. Eso me creo. Pero ellos saben que estás por allí, antes de llegar. Los animales tienen los sentidos mas agudizados que nosotros, ¡tontos de nosotros! que creemos saberlo todo. Otros caminos son menos entretenidos, digámoslo así, son los caminos de tierras cerealistas: alguna perdiz en lo alto de un majano requiriendo alguna dama, algún alcotán primilla estático en el aire sentenciando a algún ratoncillo para su prole, 12

aguiluchos, milanos haciendo el vuelo nupcial. Es una delicia ver sus vuelos parejos. Pero lo que realmente me apasiona es tener la ocasión de ver cazar al halcón peregrino, contadas ocasiones lo vi, pero inolvidables, y casi siempre, en lo más alto del cielo, este cielo tan nuestro y tan azul. Los buitres, ¡eso si que es volar!, ¡que envidia, coño! (porque los segovianos decimos coño también y bien claro ¡qué lo sepáis!) estos carroñeros, con el mínimo esfuerzo, recorren kilómetros y kilómetros, pero el hambre les aprieta... y digo yo ¿Por qué

desaparecieron los muladares? En otros países europeos intentan introducir de nuevo al buitre y... por cuestiones sanitarias. Creo que cada ser tiene una función en este planeta, la del buitre limpiar de animales muertos el campo antes de ser focos de infección ¿...y la nuestra? ¡Pues no lo sé, pero creo que aquí, en el planeta, si alguien sobra, somos nosotros; son cosas mías claro, y es que, en mis incursiones en solitario por estas tierras, me da mucho que pensar y siempre viene a mi mente una palabra como resumen y final, RESPETO, pero también viene a mi mente otra, EQUILIBRIO, palabras básicas en nuestro entorno para llevarlas a su ejecución. Mi tierra es esta, la recorro a menudo, la siento, la percibo, pero no sé narrar sus atractivos, su rudeza, sus encantos como se merece, la mejor narradora es ella, es un libro abierto por las páginas que tú mismo quieres leer, historia, fauna, flora, tradiciones. No te defraudarán sus páginas. Cinco sentidos dicen que tenemos, pero para sacar todo el partido de ellos en nuestra tierra, usar el corazón. Fernando Sebastián Dibujo: Noelia González Ortiz


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EXCURSIÓN DE PRIMAVERA. EL CANAL DE CASTILLA Después de mucho tiempo la Asociación organizaba otra excursión, ¡qué ganas!, a dejarlo todo preparado: el almuerzo, el bocata, la bota de vino (que no puede faltar), refrescos, agua, paraguas por si llueve... Suena el despertador, ¡qué pereza! Un sábado y también a levantarse pronto, pero este madrugón merecía la pena.

Preparados y dispuestos salimos de casa en dirección a la Iglesia, que es donde habíamos quedado con todos. El tiempo parecía que no nos iba a acompañar porque el cielo estaba bastante nublado. Llegamos a la Iglesia, ¡y no éramos los últimos! aunque hubiese dado igual porque el autobús se retraso un poco, así que estuvimos un rato más charlando.

Por fin llegó el autobús y el momento de elegir asiento: delante, detrás, pasillo, ventana... daba igual, en fin, que llegamos en un abrir y cerrar de ojos... o no, resulta que tuvimos que parar y cambiar de autobús en Cantalejo, pero reanudamos la marcha enseguida, se preveía un día lleno de anécdotas. Llegamos a Medina de Rioseco (también llamada la “Ciudad de los Almirantes”) si bien esta villa nos ofrece un impresionante patrimonio artístico, vamos a comenzar conociendo uno de sus símbolos, el Canal de Castilla. Con el tiempo justo de ir al baño, nos dirigimos al Centro de Recepción del viajero, situado en la dársena del Canal y desde allí nos montamos en el barco turístico Antonio de Ulloa. Ésta embarcación propulsada por energía eléctrica nos llevaría por las tranquilas aguas del canal hasta la séptima esclusa, y empezamos a navegar, bueno, más o menos, porque aquello ape-

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AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 nas se movía, menos mal que el tiempo acompañaba y no había marejada, ni tampoco un gran oleaje, con lo cual el viaje fue muy tranquilo y enormemente placentero que nos permitió un acercamiento al entorno histórico y natural del Canal. A continuación contaremos brevemente la historia de la construcción del Canal de Castilla que pudimos conocer gracias a la amable explicación de la azafata.

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El Canal de Castilla comenzó a construirse en 1753 a partir de un sueño: unir por barco los campos de cereales castellanos del sur de la región con la costa cantábrica y la capital de España (Madrid). El proyecto, ideado por Antonio de Ulloa (de ahí el nombre de la embarcación) durante el reinado de Fernando VI, finalmente sólo unió la localidad palentina de Alar del Rey con la vallisoletana de Medina de Rioseco (de donde parte hoy el barco citado anteriormente), debido a la falta de presupuesto y credibilidad en el proyecto. De haberse completado tal extraordinario proyecto se tendría que haber buscado un paso del menor desnivel a salvar posible de la sierra del siste-

ma central entre Segovia y Madrid. Se nos antoja que el sitio propicio para ello podría ser un nuevo ramal entre Valladolid y Madrid, pasando por Cuellar, Cantalejo (y con ello las inmediaciones de Sebúlcor) y finalmente el paso de Somosierra. Es para pensar lo que hubiese cambiado nuestra comarca a todos los niveles contando con esta infraestructura.

Las obras terminaron en 1849, pero la llegada del ferrocarril, propició que en 1959 el canal dejase de utilizarse como vía de transporte de mercancías. Durante ese siglo, los barcos recorrían todo el trayecto, basado en un ingenioso sistema de presas y esclusas para salvar los desniveles —desde Medina de Rioseco hacia Tamariz de Campos es imprescindible visitar la séptima esclusa—, arrastrados por mulas o


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 bueyes que circulaban por lo que hoy es un largo sendero entre árboles. El camino para transportar el excedente de cereal no era fácil, ya que las bestias debían ser continuamente atadas y desatadas de la barcaza para facilitar el paso al encontrarse un puente en medio (allí bien pudimos comprobar las huellas dejadas en los sillares de los puentes por la acción del roce de las sogas de tiro de los bueyes).

La navegación sólo se permitía de sol a sol y la estrechez de algunos segmentos originaba conflictos sobre quién pasaba primero cuando se encontraban dos barcos. Además de las esclusas, a lo largo de los tres ramales que forman los 207 kilómetros de Canal, formando una Y invertida;

• Ramal del Norte: Desde Alar del Rey hasta Calahorra de Ribas. • Ramal del Sur: Nace en El Serrón y acaba en la dársena de Valladolid. • Ramal de Campos: Nace de las aguas del Carrión en Ribas y termina en Medina de Rioseco. El camino del Canal recorre acueductos, puentes, presas, almacenes y dársenas para las operaciones de carga y descarga. Nosotros, una vez situados en Medina de Rioseco, tenemos como recorrido el Ramal de Campos hasta la primera esclusa que nos encontramos, viviendo desde dentro del barco la experiencia de ver como se eleva el barco para superar el cambio de nivel. Después de la experiencia de la esclusa, a la vuelta, teníamos preparado en las mesas unas bandejas con productos típicos y una copa de vino, aunque alguien se tomó alguna más por culpa de un ligero accidente...

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AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 Fue un viaje agradable con vistas muy bonitas y tranquilo, sobre todo muy tranquilo. Después del “crucero” fuimos a comer a la Ermita de Castilviejo que está situada a 4 km al norte de Medina de Rioseco, era un sitio muy bonito para comer tranquilamente al aire libre, gracias a que el tiempo nos acompañó durante gran parte del día.

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Cuando “conseguimos” tomar el café nos pusimos rumbo a la antigua fábrica de harina. La guía nos explicó el funcionamiento, que parecía algo sorprendente e interesante, pero su forma de explicar muy rápido y mecánica nos dejó un poco confusos. Era curioso ver el entramado de tubos y máquinas por las que pasaban los distintos cereales y harinas. Lo que nos sorprendió mucho fue que para poner en funcionamiento todo ese mecanismo bastaba con tan solo tres personas (aunque luego había más en distintas funciones).

Mientras tanto los peques de la excursión disfrutaron de diversas actividades más adecuadas a su edad, que seguro agradecieron y disfrutaron. Al terminar la visita fuimos a pasear por el pueblo, donde pudimos ver el casco antiguo de la ciudad. Bajando por una de sus calles nos encontramos con la iglesia de Santiago, donde nos pudimos fotografiar con unas estatuas que en el fondo daban un poco de miedo. Como para entrar en la iglesia había que pagar, decidimos seguir paseando gratuitamente. Bajando hasta el final de la calle pudimos encontrar el Parque de Osuna, un hermoso paseo con cuatro calles rodeado de árboles y vegetación, al final del parque nos encontramos con un chiringuito con su terracita, estuvimos tentados de sentarnos y tomarnos unas cañitas.... Pero decidimos seguir descubriendo el entorno. De vuelta al lugar donde se encontraba el autobús pasamos por debajo de la Puerta de Zamora, aunque alguno no

se dio cuenta hasta después de haber pasado. Seguíamos paseando mirando de vez en cuando al cielo, no se tornaba muy claro, empezaron a caer las primeras gotas de lluvia, y por fin lo encontramos, ¡un bar! Ya que no podíamos seguir visitando los distintos lugares nos tuvimos que tomar unas cañitas hasta la hora de regreso al autobús. El viaje de vuelta fue muy tranquilo ya que todos estábamos cansados y con ganas de llegar a casa. Fue un sábado interesante y diferente a los habituales, así que estamos deseando que llegue la próxima excursión.

AGRADECIMIENTOS Muchas gracias a todos los que organizasteis la excursión, todo salió muy bien.

Amanda Maturana, Patricia Arranz , Juan F. Fernández, Sergio Martin


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13

VII CARRERA POPULAR. “LA SENDA DE LOS FRAILES” 2010 Carrera pedestre individual de 12 km. Terreno pedregoso por el parque Natural de las Hoces del Río Duratón, recorriendo la antigua senda utilizada por los frailes del Convento de la Hoz. Se trata de uno de los parajes más espectaculares del cañón. Día: 11 de septiembre

-Categoría local masculina y femenina. Premios para los 3 primeros clasificados.

Premios en productos turísticos. Camiseta conmemorativa y sorteo de regalos, para todos los corredores. Seguidamente tradicional degustación de productos típicos de nuestra tierra.

Hora de salida: 18:30 h. Límite de corredores: 250

Cuotas de Inscripción:

Cierre de meta: 20:00 h.

-8€ si se hace antes del día 9 de septiembre

Categorías para mujeres y hombres:

-10€ el día de la carrera (hasta 1 hora antes de la salida)

-Absoluta masculina y femenina. Premio para los 5 primeros clasificados. -Veteranos/as: mayores de 40 años. Premio para los 5 primeros clasificados.

Previa confirmación de la existencia de plazas, se realizará el ingreso de la cuota antes del 9 de septiembre de 2010,

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AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 76

•VII Carrera Popular “La Senda de los Frailes” — Sebúlcor - 11 de Septiembre

Recogida de dorsales: hasta 1 hora antes de la salida.

•Carrera por la Cañada Soriano Occidental - Otero de Herreros - 26 de Septiembre

en la cuenta 0000336827.

2069

0005

Información: 676 416 921 (de 12:00 h. a 14:00 h.) 660 772 513 (tardes) conventodelahoz@sebulcor.com VI CIRCUITO DE CARRERAS PEDESTRES PROVINCIA DE SEGOVIA. 18

Este circuito de carreras pedestres celebrará su sexta edición, con las siguientes carreras: •Carrera Popular “La Viña del Ajo” — Muñoveros — 7 de Marzo •II Carralagunas — Cantalejo — 17 de Abril •IV Carrera Popular Subida a San Cebrián “Memorial Ciriaco Vaca” — Fuentepelayo — 12 de Junio •V Carrera del “Esquileo” — Torrecaballeros - 21 de Agosto.

•VI Carrera Natural por las Cañadas de Palazuelos - Palazuelos de Eresma 24 de Octubre Estas pruebas ofrecen a todos los corredores unos parajes incomparables,

que podrán disfrutar corriendo por el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón en Sebúlcor, el trazado de la Cañada Real Soriana Occidental y sus ramales a su paso por Torrecaballeros, Palazuelos de Eresma y Otero de Herreros. Reglamento y condiciones de participación: 1. El circuito de carreras pedestre provincia de Segovia se desarrolla por


AMIGOS DEL CONVENTO DE LA HOZ - Nº 13 terrenos naturales. Está organizado por las asociaciones, clubs y ayuntamientos de cada una de las carreras y patrocinado por Caja de Segovia. 2. El circuito está formado por siete carreras y la participación en cada una de las pruebas es independiente, debiendo formalizar una inscripción por carrera. 3. Cada carrera establecerá el límite de participantes y categorías. 4. Los participantes deberán atender los consejos e indicaciones de la organización. 5. Todo corredor deberá respetar el itinerario marcado por la organización.

Así como, respetar el entorno por donde discurre la carrera. 6. El hecho de ponerse el dorsal implica la aceptación del presente reglamento y el de cada uno de las pruebas en particular. 7. PREMIOS: Se premiará con material deportivo a todos aquellos que completen 5 de las 7 pruebas. 8. El acto de cierre del circuito tendrá lugar en noviembre donde se hará entrega de diploma y material deportivo a todos los par ticipantes que hayan completado 5 de las pruebas del circuito (más adelante se informará de la fecha y lugar del acto).

Si quieres colaborar en nuestra revista, remítenos artículos, reflexiones, fotografías, anécdotas a: “Asociación Amigos del Convento de la Hoz” Plaza de la Iglesia nº 1 - Centro Sociocultural 1ª planta 40380 Sebúlcor. Segovia - Fax: 921 521 016 e-mail: conventodelahoz@sebulcor.com

w w w. s e b u l c o r. c o m

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AYUNTAMIENTO DE SEBULCOR


Revista número 13  

Revista número 13 de la asociación Amigos del Convento de la Hoz

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