__MAIN_TEXT__

Page 4

Mayo 2017

4  |­  LA VOZ DE LA A6 OPINIÓN

GESTIÓN EMOCIONAL

“El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices” (Oscar Wilde)

RINCÓN EDUCATIVO

El respeto a nuestra lengua M.ª LUISA TURELL Licenciada en Filología Hispánica. Profesora de Secundaria

DRA. ELSA MARTÍ BARCELÓ Médico de Familia. Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica Consulta Médica Torrelodones Directora de ele, Escuela de Liderazgo Emocional

Mayo, sin él quererlo, se hace protagonista de la primavera con su luz y color. Sus flores son signo de amor y expresión de afecto para con aquellos a los que queremos y nos importan. Su esencia me trae personas significativas que perviven en el recuerdo, pone en valor que ser padres es una elección desde la libertad y no desde la obligación y que ser hijo/a es una determinación producto de un juego de azahar, en el que sin duda yo fui premiada. Quiero dedicar esta columna del mes de mayo a los protagonistas de nuestra infancia, a los que colmaron de enseñanzas nuestros días con el fin de vivir una vida plena y gratificante, nuestros padres. El amor en la infancia es un sentimiento que busca y necesita el encuentro con aquellos que le dieron vida; es el artífice de crear una dimensión llena de confort, un lugar en el que los menores se sientan amados, seguros, respetados. Donde la competición y/o sentimiento de inferioridad no tiene cabida. El amor emplaza en el corazón de los más pequeños a personas que quieren y les quieren, elegidas por deseo propio sin imposición ni obligación y por méritos propios. En esta realidad, utópica o excesivamente idealizada, es donde los padres desarrollan una responsabilidad inagotable carente de caducidad, es donde están personas que dan, dieron y siguen dando todo por nosotros. Ellos con sus gestos y conductas, sinónimos de identidad y expresión de amor, son los encargados de tejer vínculos afectivos estables que den seguridad a la personalidad futura del niño. Como diría Freud, padre del psicoanálisis “Infancia es destino”, las muestras de cariño, amor y reconocimiento en la niñez es lo que hace adultos felices en un futuro cercano. Los hijos somos el resultado de conductas aprendidas reflejo de las creencias, principios y sentimientos

de nuestros padres, imitamos y perpetuamos su forma de ser y hacer, aunque esta sea disfuncional. Ellos son los que negocian nuestro destino al hacernos felices o infelices en una época clave de nuestra vida, la infancia. Su apostolado en valores y principios es un manual de recomendación de buenas prácticas, un legado de amor en base a una experiencia y sabiduría de vida, ellos han vivido antes lo que ahora nos toca vivir a nosotros. La forma de ver y comunicar de los progenitores es lo que conforma y consolida la visión del mundo exterior del menor, lo que cultiva en él la mentalidad de la abundancia, de compartir y no competir, y lo que motiva la salida de un auto lenguaje positivo, una forma de hablarse efectiva, que permita despertar la función deseante que habita en su interior “Soy valioso, puedo conseguir”. Su comportamiento, su forma de sentir y expresar los afectos, enseña a los hijos a cubrir la necesidad de pertenencia que tanto necesitan, les condiciona a la hora de tener o no tener una actitud de amor, lealtad, compromiso y solidaridad hacia los demás; les protege o abandona ante la manipulación o sentimiento de inferioridad; facilita o dificulta la expresión de elogios y sentimientos, “un bien hecho o un te quiero” cuando más se necesita, sin sentir vergüenza por ello. Nos capacitan a verbalizar la necesidad de ayuda que todos tenemos sin sentirnos inferiores. Rindo homenaje a aquellos que nos hacen partícipes de un amor sano y generoso, donde tanto ellos en su condición de padres, como ellos sus descendientes, nos sentimos únicos y especiales; profesando un amor espontáneo, generoso y no interesado; un amor que jamás cuestiona si se merece o no, si es recíproco o si fluye en una sola dirección. Un amor aprendido y desarrollado en el deseo y no en el cumplir de la norma.

Estaremos todos de acuerdo en que el uso que hacemos hoy de nuestra lengua dista mucho de la corrección y, sobre todo, del respeto que debemos a uno de nuestros patrimonios culturales más importantes. En uno de sus informes, el Instituto Cervantes afirma que: “el futuro de una lengua depende de forma significativa de sus hablantes y, especialmente, de los hablantes de las nuevas generaciones”. Nuestros jóvenes cogen el testigo de los adultos, pero ¿les dejamos, acaso, una lengua cuidada en lo oral y correcta en la escritura? La respuesta no ofrece dudas sobre el uso que harán del idioma. Es cierto que en toda época, la propia jerga y formas de comunicarse que niños y jóvenes han creado y siguen creando tanto hablando como escribiendo, hacen de sus relaciones algo personal y diferente. Pero en los últimos tiempos, el avance de la tecnología y el fácil acceso a sus herramientas con fines lúdicos o educativos, han desviado el problema en otra dirección. Si bien su uso razonable y con sentido común significa un progreso, también conlleva múltiples riesgos, entre los que se encuentra el deterioro lingüístico. En los centros educativos, los profesores (ojalá no solo los que imparten Lengua y Literatura), se esmeran en promover el hábito lector, pero no siempre se produce el efecto deseado. Niños, adolescentes y jóvenes leen y escriben; incluso se afirma que es la generación que más utiliza estas habilidades, pero lo hacen en dispositivos móviles y en mensajes transcritos del lenguaje oral que reproducen errores ortográficos, elipsis, apócopes, falta de puntuación y todo aquello que convierte al español, una de las lenguas más ricas del mundo, en un lenguaje de signos e iconos

de la

que expresan mensajes inconexos e indescifrables. En medio de este caos comunicativo y destrozo lingüístico, sería deseable que todo educador, padres o profesores, mostraran a sus educandos el camino correcto, enseñándoles el respeto a los diferentes registros comunicativos dependiendo del contexto y el destinatario, igual que se les enseña la corrección en la forma de vestir según el lugar y la ocasión. Tienen que entender que no es lo mismo una comunicación privada que la formalidad necesaria en el aula o en el trabajo. Un problema añadido sería el mal uso que se hace de la lengua en las plataformas de las redes sociales, en las que cualquiera, con un dispositivo móvil y acceso a una red, se permite expresarse de forma pública y social sin tener en cuenta lo que allí queda, en muchas ocasiones, terriblemente mal escrito. Más de uno debería cuestionarse ser más cuidadoso en aras de su buena reputación digital y sobre todo, del buen legado lingüístico que dejarán a los que vienen detrás. A este respecto hemos de valorar la labor emprendida por FUNDEU (Fundación del Español Urgente), que explica en una entrevista su director Javier Lascurain: “Tiene como foco principal de sus recomendaciones a los profesionales de los medios de comunicación, ya que nació en el seno de una organización informativa, la agencia EFE. Pero sus puertas están abiertas a todas las personas interesadas en el buen uso del idioma y eso incluye a profesores, estudiantes, traductores, correctores, blogueros, personas que intervienen en las redes sociales… La respuesta a las dudas que se nos plantean cada día es el principal objetivo para trabajar acorde con los nuevos tiempos, es decir, a velocidad de vértigo.” Y es que el término “urgente” de FUNDEU, es clave para competir con los tiempos y el ritmo que necesita la RAE para ofrecer soluciones a los usuarios de la lengua. Para quien se interese: fundeu.es

6

TU PUBLICIDAD SE VERÁ AQUÍ • TFNO.:618 27 92 97 publicidad@lavozdelaa6.es

La Voz

Profile for La Voz de la A-6

LA VOZ DE LA A6. MAYO 2017. NÚM. 165  

Periódico de los municipios del noroeste de Madrid. Las Rozas, Torrelodones, Collado Villalba, Galapagar, Hoyo de Manzanares, Collado Median...

LA VOZ DE LA A6. MAYO 2017. NÚM. 165  

Periódico de los municipios del noroeste de Madrid. Las Rozas, Torrelodones, Collado Villalba, Galapagar, Hoyo de Manzanares, Collado Median...

Advertisement