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Staff Idea y dirección: Marcela Predieri http://mpredieri.blogspot.com

Nº 41

Vicedirección: Gustavo Olaiz

ÍNDICE

Realización: “DELAPALABRA” Grupos de Estudio y Creación Literaria

Junio 2008

Editorial ............................................. pág 2 Entrevista ............................................... pág 3 Alejandro Schmidt por Luis Benítez Secretaria de Producción: Poesía ...................................... pág 6 Alejandro Gómez Orcoyen Diego / Doviziano / Gallo / Vila / Diagramación y armado: Colman / Sánchez Magariños / Bausela / Gustavo Olaiz Relatos y cuentos .................................. pág 9 Enrique / Orcoyen Diego / Página WEB: Elegido Marplatense www.delapalabra.com.ar Víctor Marcelo Clementi ............................. pág 13 Colaboradores permanentes: Producción Marplatense ...................... pág 17 Luis Benítez Escobar / Peralta / Horvath / Gabriel Cabrejas (sección Cine) Villarreal / Bonatto / Leoz / Ernesta Campos (sección Plástica) ................................. pág 20 Alejandro Gómez (sección Teatro) Humor Tesoriero / Araujo / Guillermo Blanda (ensayos) Notas y ensayos Pablo de la Fuente Gustavo Fogel Hannah Tinti: gótica y feroz por Paola Bocchio ...... pág 24 Literatura de género: ¿Existe una identidad femenina? Corrección: por Marcela Predieri ................................... pág 26 Daniela Riccioni ¿Inspiración divina u oficio de escritor? por Pablo de la Fuente ................... pág 30 Publicidad: Entrevista a escritores marplatenses Guillermina S. Magariños Mariano Orcoyen por Pablo de la Fuente .......... pág 31 Colaboraciones a: Teatro ....................................................... pág 35 delapalabra@hotmail.com Entrevista a Claudia Mosso por Alejandro Gómez Pellegrini 3637 - 7600 Mar del Plata Rescates Día del Escritor ........................... pág 38 Plástica ................................................ pág 45 La dirección no se hace Reseñas ................................................ pág 49 responsable de los conceptos vertidos por los autores. Cine ............................................................. pág 51 Permitida su reproducción por cualquier medio (es más se agradece) siempre y cuando se respete el nombre del autor y se cite la fuente. Este pliego no es una edición comercial. Ha sido ideado para compartir con amigos y otros escritores nuestra obra. ISSN en trámite.

Premio Faro de oro VIP 2002 Rubro: Revista Literaria Marplatense

Declarada de interés cultural por la Sub-Secretaría de Cultura del Partido de Gral Pueyrredón 

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Editorial A propósito de la Feria del Libro

híbridos transitan a la par de joyas literarias a veces con mayor trascendencia, y en donde figurones mediáticos presentan un libro, rodeados por los tentáculos de la publicidad que aseguran el éxito de una bazofia que de otra manera sería impresentable. He sentido también el fracaso de aquellos que han recorrido un largo camino, para regresar con sus sueños bajo del brazo. Ningún crítico ha reparado en su calidad literaria, ni ha leído uno de sus textos; es toda una molestia en tamaña fiesta. Uno es “nadie” y este es el lugar más expuesto para darse cuenta que cuando uno es “nadie”, no existe otra palabra que lo denomine mejor. Es inmensa la maquinaria pero solo cobija a unos cuantos. “Quizá cuando estés muerto”; le dije a un novel escritor que desmoralizado me contaba de su nefasta experiencia en esa gran picadora de carne, se lo dije a manera de gracia y advertencia. Además como negocio es más económico, pensé muy en serio. Una feria es un evento social, económico y cultural que llega a abarcar generalmente un tema o propósito común. Puede tener diversos objetivos, entre ellos la promoción de la cultura pero el objetivo principal y finalidad es generar ganancias para las organizaciones patrocinadoras, a cambio de un tiempo grato que incluye diversión y entretenimiento para los visitantes y negociantes. Y si lo pensamos con cuidado ¿A alguien importa lo que uno escribe, lo que uno es, lo que uno quiere o lo que uno siente? ¿O somos nosotros que necesitamos ser ante los otros para poder reflejarnos? ¿O es la soberbia de pertenecer a un círculo utópico en la espera de que algún milagro nos descubra? Porque ver todo esto y seguir en el camino es ser demasiado vanidoso, o demasiado estúpido ¿No le parece?

Tengo la sensación que la Feria del Libro se ha desvirtuado en el concepto íntimo de su acepción. Hace unos años el público esperaba meses, juntaba ganas y ahorros para poder ser parte de ella e iba a su encuentro a sabiendas que La Feria era garantía de excelencia literaria. Con los años es evidente que esto se ha transformado en un negocio para pocos y en un circo para muchos. Este año volví a recorrerla. A su entrada la cantidad de empresas que promocionan sus productos tan alejados de la intimidad de un libro me molestó. El año anterior había sentido esa sensación; ya no me querían vender un libro y si otras cosas. Hermosas promotoras hacían gala de un poder económico en sus ropas que pocos escritores tienen, y los folletos publicitarios que pusieron en mis manos me sorprendieron por su calidad y no pude dejar de comparar su costo con el de muchos libros hechos a pulmón por escritores del interior. Luego, azorado por la multitud de textos y autores, entrelazados entre pasillos de diversos colores, ensalzados en su propia trama, no hizo aflorar mi alegría de otras épocas. Quizá son tantas las ferias y tan parecidas que ya no me sorprenden. Tal vez porque las modas y las convenciones han cambiado. De hecho la Feria es un gran éxito con una afluencia de público cada vez mayor y es obvio que no poseo altura para ser un crítico de masas, pero a través de la experiencia he aprendido a distinguir los géneros, a veces extraños que cada editorial edita con la esperanza de hacer un buen negocio, que al fin y al cabo es su único objetivo, lejos del objetivo primordial de un escritor. Sin embargo en esa Pantalla Gigante, donde se muestra un mundo irreal en el que buenos escritores hablan poco y muchos “narcisos” hablan demasiado, sentí que algo se ha transformado, que no funciona como debiera. Observé como un sinfín de textos y géneros Revista La Avispa Nº41

Alejandro Gómez



halegomez2003@yahoo.com.ar


Entrevista “Decir más con menos”

Reportaje al poeta argentino Alejandro Schmidt Por LUIS BENITEZ

lben20032003@yahoo.com.ar Nacido el 3 de mayo de 1955 en Villa María, provincia de Córdoba, Argentina, el poeta Alejandro Schmidt es uno de los referentes fuertes de la poesía argentina de las últimas décadas. Una obra coherente y original acompaña esta trayectoria. En este reportaje responde el poeta a los interrogantes referidos no sólo a su obra, sino también al marco en que ésta se ha desarrollado. ¿Cuáles son los ejes principales de su poética? La luz, la casa, la ausencia y presencia de dios, la cotidianeidad, los trabajos, el viento, los otros, el Otro, la poesía, la familia. ¿Qué puede decirnos de su evolución como autor, desde su primer libro hasta la fecha? Me parece (comencé a escribir poesía a los 13 años y tengo 53), que si hubo una evolución fue la de haber aprendido, por la mera praxis, a decir más con menos y a concentrarme más en algunos temas. ¿Cuáles son las mayores influencias literarias que aprecia en su poesía y cómo se expresan? Durante la adolescencia leí mucho a César Vallejo, Neruda, el surrealismo y simbolismo francés y argentino, los beatniks, escuchaba continuamente el rock argentino –que nació en esos años– toda la literatura del boom latinoamericano, en la primera juventud a Juan L. Ortiz, Dylan Thomas, Rilke, la narrativa norteamericana y argentina y después de los 30 y hasta el presente estudié La Biblia, los estoicos, los grandes moralistas occidentales, el romanticismo alemán e inglés y siempre la

lectura y relectura de toda la poesía argentina contemporánea (con pasión a Molinari, Mastronardi, Edgar Bayley, Gelman)… acerca de cómo se expresa todo eso y si se expresa es algo en lo que no estoy en condiciones de opinar. ¿Qué está escribiendo actualmente? Un libro de poemas que se llama Casa en la piedra y es continuación de Casa en la arena, son textos centrados en versículos bíblicos, estoy preparando la reedición de Escuela Industrial (un folleto publicado en los `90) y terminando también un libro que se llamará Estampas del poeta…y voy escribiendo lo que sale, cosas diversas, músicas, vientos. ¿Cuáles son sus proyectos literarios para el futuro? Lo mencionado en la pregunta anterior y ordenar una antología en la cual se incluirían los poemas publicados en folletos, plaquetas y al menos tres libros que han permanecido dispersos entre mis papeles; también quisiera hacer una selección del millar de notas que publiqué en diarios de mi ciudad a lo largo de 30 años. ¿Cómo se ubica su obra en la poesía argentina? 

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Carlos Bustriazo Ortiz, Juana Bignozzi, Arturo Carrera, Irene Gruss, Carlos Vladimirsky, María del Carmen Marengo, Rodolfo Alvarez en cuanto a los poetas que están trabajando hoy; de los poetas del siglo XX me interesan siempre Giannuzzi, Lamborghini, Olga Orozco, Raúl Gustavo Aguirre, Perlongher, Viel Temperley, Girondo, entre tantos y tantos. ¿Cuál es el panorama de la poesía que se escribe en la Provincia de Córdoba actualmente? En Córdoba se escribe en espejo, no hay marcas propias, grandes singularidades, todo está cerca, lejos y al revés, el panorama de nuestra poesía es el del país con sus miserias y victorias. ¿Qué poetas latinoamericanos le interesan y por qué? Leo básicamente poetas peruanos y colombianos que me gustan en general y sin ambages, conozco a los clásicos de la poesía latinoamericana, es difícil acceder a los libros de hoy, no puedo dar un juicio fundado.

No tengo la menor idea. Usted fue además de autor, editor de una recordada revista literaria, hace unos años. ¿Qué puede decirnos de esa experiencia? Supongo que se refiere a las carpetas Alguien Llama de poesía argentina contemporánea (porque dirigí siete revistas de poesía y una editorial y dirijo actualmente una colección de poesía para una editorial de la ciudad de Córdoba) esta publicación se sigue realizando (estoy preparando el número 19); fue importante para mí porque me mantuvo en la búsqueda y para los lectores, deseo creer, porque se difundieron más de 200 poetas argentinos de diversas edades y estilos de prácticamente todas las regiones. ¿Qué otros poetas de la Argentina le interesan particularmente y por qué? Los poetas que voy a enumerar me interesan porque me llevan a escribir y al pensamiento, obviamente y para ser justo debería citar medio millar de poetas y ni aún así… Juan Carlos Moisés, Silvio Mattoni, Eduardo D’Anna, Jorge Fondebrider, Leónidas Escudero, Juan Revista La Avispa Nº41




QUIÉN ES ALEJANDRO SCHMIDT Nació el 3 de mayo de 1955 en Villa María, provincia de Córdoba, Argentina y entre sus obras publicadas encontramos: “Tajo en la piedra” (Edición de autor, Córdoba, 1984); “Serie Americana” (Edición de autor, Villa María, 1988; reedición por Editorial Recovecos, Córdoba, 2008); “Dormida, Muerta o Hechizada” (Ediciones Radamanto, Villa María, 1991); “Notas de una biografía perdida” (Ediciones El Heresiarca & Cía., Rosario, 1993); “El Diablo entre las rosas” (Libros del Empedrado, Buenos Aires, 1996; reeditado por Nostromo Ediciones, Buenos Aires, 2006); “En un puño oscuro” (Ediciones Radamanto, Villa María, 1998); “Como una palabra que pudiste decir” (Ediciones Radamanto, Villa María, 1998); “El Patronato” (Llanto de mudo Ediciones, Córdoba, 2000); “Silencio al fondo” (Ediciones Salido/Ediciones Radamanto, Junín, Provincia de Buenos Aires, 2000); “Esquina del universo” (Alción Editora, Córdoba, 2001); “Oscuras ramas” (Ediciones Radamanto, Villa María, 2003); “La

vida milagrosa” (Ediciones Recovecos, Córdoba, 2005); “Llegado así” (Ediciones Recovecos, Córdoba, 200); “Casa en la arena” (Ediciones Recovecos, Córdoba, 2006); “Mamá” (Ediciones Recovecos, Córdoba, 2007).



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Poesía CON LOS OJOS NEGADOS

Perdida entre hilos de asfalto. En tinieblas.               Esqueleto de trompo confundido como máquina rota.   Desierta. Iluminada de locura. Consume palabras en silencio de sirenas.   En su pala policromática, es gris obstinado. Confina anhelos en el vientre de la montaña.   Desnuda. Habilitando asombros. Sus huesos de hule disipa en el aire.                                 Norma B. Doviziano

Siempre espera Siempre espera La luz a lo lejos A lo lejos, entre la tempestad Entre la tempestad la cabaña En la cabaña el anciano En el anciano el abrigo En el abrigo la repuesta En la respuesta la paz En la paz la dicha En la dicha la verdad En la verdad el anciano El anciano que espera en la cabaña En la cabaña con un abrigo en sus manos Siempre espera A lo lejos, entre la tempestad…

Diego Orcoyen (Buenos Aires)

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Borges

Fe de erratas: (número anterior) Por alguna travesura del destino mi poema CRISTIA fue publicado como si fueran dos poemas, ¡quien la hiciera parir a cristia un hijo que asuma su paternidad! Susana Trajtemberg 


OBSESIÓN

A Marita Ragozza

Una vez más Remontaré este río De desencuentros De memoria corrompida De ausencias varias… Con mis manos como remos Con mis instinto como norte Y si es necesario Pediré a gritos Que alguien me ayude A transformar en palabras Esta angustia Esta obsesión En algo puramente Imposible

Ofrenda

Derrama su desnudez el niño sobre madejas de astillas. Anochece. Un fósforo verdugo libera lunas de fuego. Crepita el llanto mudado en cenizas. El último beso colibrí clausura llagas con piedad y rezos. Y cuando ya no queda nada, ni beso, luna o maderas, un ángel cosecha miel en celestial silencio de la muerte estrellada.

De libro inédito Por los Dioses y los Hombres... Olvidado. © Mario Gallo - terraustralis@gmail.com

Arlt

Guillermina Sánchez Magariños



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DESCUBIERTA

EXISTENCIAL PARÉNTESIS

Era yo y el pelo. Era una mata de pelo. Y alguna que otra mueca estéril. Penetrada de yodo, mares, arenas, de cara al viento, de espaldas a la vida. Escarbando, como la lombriz                        disimula su guarida. Ya ni sé en qué punto indeciso, vulnerable me encontró una mirada cristalina. Apareció el dolor, galopó por la sangre sin el maldito estandarte de cenizas. Volqué de repente, una suave brisa de entreactos no premeditados. Los volqué todos juntos para que él los juntara y, fuera de mi escondrijo, al fin me hiciera feliz.

Cuan breve el término de la caricia.

Martha Susana Vila (Miramar)

Sólo ángel de semitiempo.                             Existencial paréntesis... Hubo una vez... Cosa pretérita                        y juzgada de aquél que las hizo, en inextinto amor de mujer...

Hilda Esther Colman EL POETA El poeta vive enamorado de un amor distinto cada día, del sol, de la rosa, de la espina, de todas las estrellas que ha plantado. El poeta vive ilusionado con un único amor y para siempre; es fiel, es paciente, tan demente que enloquece cordura a cada rato.

Cortázar

El poeta es cambiante, se imagina lo que ha deseado tanto y no ha tenido; recupera todo lo perdido, inventa por quimera una alegría. Porque vive feliz en la tristeza, sabe llorar de amor en cada aurora, porque vuela sin alas que incomodan... también me gustaría ser poeta.

Ana María Bausela Revista La Avispa Nº41




Relatos y cuentos APARIENCIAS No sé cuánto tiempo nos mantuvieron encerrados. Por primera vez, la luz del reflector desnudó un espacio de vacío y hedor, perfilando las figuras que solo descubría por la luz de la claraboya. El hombre de azul comenzó la tarea de trasladarnos. Como sacos de arena, uno a uno, nos volcó sobre sus anchos hombros, cargando los cuerpos hacinados sobre la caja del viejo camión. Nos identificaron con un código que a modo de estigma, pendía de un hilo de color rojo o azul. –¡Los masculinos al fondo y los femeninos adelante! –ordenó con voz ronca. Como víbora reptando, una cuerda áspera contorneó la cintura de cada uno y a modo de lazo, quedamos sujetos. De pie, entregados sin protestar ni rebelarnos, nos dirigimos al destino final, Mar del Plata. El camión se detuvo en varias oportunidades, y en cada una, la expectación crecía y caía. Por fin se detuvo A los otros parecía no importarles que los transeúntes se detuvieran a mirarnos, como personajes de circo. Recién ahí, noté que algunos, carecían de una pierna o un brazo y agradecí mi suerte de aún estar en una sola pieza. Era diferente, lo sabía. Nos confinaron en grupos de cuatro, en amplios espacios limpios y despojados. Sobre la pared más grande, cubierta de papeles, se descubrían espacios por los que a veces ojos curiosos observaban. Allí permanecimos un tiempo, no sé cuánto, pero no estábamos solos. Al tiempo una mujer mayor se encargó de limpiarnos y vestir a cada uno. –Para vos hay algo especial –dijo al pasar junto a mí. Esperé. Mi desnudez expuesta ante la mirada de todos, agradeció el momento que un hermoso vestido de fiesta cubrió mi delgada figura. –¡Sos el centro de todas las miradas! –dijo mientras retocaba el rubio ceniza de mi cabello. Revisó a cada uno de los otros, para que ninguno desentonara ante mi figura y se retiró. –¡Mañana será el gran día, chicos! –y sin esperar respuesta cerró la puerta. Las primeras luces se encendieron temprano, cuando el sol aún no había salido y al compás de la música, el personal inició la limpieza. –¡Mirá la pilcha que tiene esta anoréxica! –espetó mirándome de arriba abajo sin poder disimular su envidia, la más gorda de todas. Mientras las otras entre risas y cantos procedían con la tarea, una desvistió la pared de papeles y todo, todo se presentó diferente. Del otro lado, otros se desplazaban en un andar agitado. El joven decorador, Silvio, ponía especial énfasis en las prendas que elegía para vestirme. Permanecía hasta altas horas para encontrar el color que destacara mi belleza. Con cada nuevo modelo, las mujeres se agolpaban en la puerta para adquirir las prendas, creyendo que la compra, incluía parte de mi encanto. –¡Qué elegante! –decía retocando el ajuste de la prenda. Quería agradecerle con una sonrisa, pero una mueca dibujaba mi boca de puro carmín El cambio de estación se percibe en el aire. Los rostros dorados de los otros contrastan con mi piel cerácea. Grupo delapalabra 


La llegada de Silvio genera alboroto. La colección amerita un cambio de vidrieras con nuevas ideas de exhibición. Viene con prendas de hilo y seda estampada. Es todo tan bello, lucirá tan perfecto en mí. Pero el ayudante, haciendo caso omiso a mi asombro, toma mi cintura trasladándome a la vidriera de San Luis. ¿Qué hace éste joven, no sabe quién soy? Ahí viene Silvio, cuando se percate de la confusión pondrá a este jovencito en su lugar. ¡Holaaa, holaa! ¡Dejen de reír y conversar! ¿No se dan cuenta que estoy en el cubículo de menos venta? ¡Soy yo, la más linda, la más alta, a la que todo le queda bien! No oyen. Siguen con su trabajo hablando sin parar. –Esta es la última temporada. Después van de Gepetto, para desguazarlos –explica mientras me enfunda en un jogging color celeste que contrasta a gritos con el cabello caoba. –Mirá éste –dice señalándome–. Da asco. Color pálido, con un brillo exagerado por el plástico de mala calidad. Los nuevos parecen minas de verdad. Los chinos hacen las cosas rebien. Ni pintarle la cara hace falta, ya el color lo traen incorporado. Silvio se planta frente a mí y lo miro, pero creo que no percibe mi desesperación. –A éste le falta algo –dice evaluando el trabajo. Saca una visera amarilla de la bolsa y la inserta en mi cabeza, como una sortija ridícula. Desespero, mis brazos torpes ni pueden agitarse, pero el escalón que me sostiene desbalancea y caigo sobre los otros. Es domingo, lo sé porque la actividad de la tienda empieza mucho más tarde. El señor de chaqueta azul, carga sobre sus hombros restos de cuerpos escindidos. Algo está mal pero no puedo darme cuenta qué es. –¡Alguien perdió la cabeza! –grita el joven ayudante y las risas de los transeúntes no permiten escuchar el llanto que lucha por salir de mis ojos de plástico, mientras mi cabeza cuelga de su mano. La puerta del camión se cierra y en la oscuridad trato de identificar mis partes. Pero no puedo. Un cúmulo de brazos y piernas escindidos de sus torsos conforman la carga. Igual color y talla. ¡Y yo que creí ser diferente! Por una hendija del camión veo la gente agolparse en las vidrieras, buscando estereotipos, sin pensar cuanto se pierde para conseguirlos.

Susana Enrique

susaenrique@hotmail.com

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El nuevo mundo detrás del muro Naco protestó, no le gustaba la idea... Jacuet continuó detallando el plan sin escucharlo pero su amigo volvió a interrumpirlo –¡No puede haber plan! no puede haberlo, tú lo sabes... es imposible... Naco guardó silencio, quedó pensativo, sus ojos puestos en tierra y arena, y en grises piedras dormidas de eternidad. Y en su nuevo mundo de hacia abajo en marrones y polvo imaginarios volvió su dolorosa sentencia, “es imposible”... “imposible”... Y supo que tenía razón, no podía haber planes, no existen planes para lo imposible, planes imposibles para lo imposible... Unos ojos de tierra y arena se clavaron en los de Jacuet –Debemos ir, simplemente ir. –Dices, “imposible” “imposible”, ¿y todavía quieres ir sabiendo que no podremos con él? Al menos ofrecía una alternativa... –¡Jacuet! Tú lo sabes, sabes como yo de lo irrealizable de la empresa... Es que no es eso lo que debemos discutir. Yo no hablo de regresar... Callaron. El fulgor postrero de la tarde hasta entonces asentada se confundió entre verdeantes nubes de verdes colores, en violetas, rojos y amarillos difuminados hacia el negro oscuro de la futura noche oscura... En el desierto la lejana línea del horizonte inalcanzable se iba haciendo cada vez más vaga e imprecisa y una inefable soledad de silencios se hizo dueña de aquel mundo vacío. Sólo piedras tibias y vientos tibios, y dorados arbustos resecos de tiempo, y surcos en la tierra de arena y polvo... el susurro callado de inexistentes presencias y remotos espíritus de antiguas noches... –Ir hacia lo imposible por una vez en la vida, sentir lo imposible, palpar el misterio que nos atormenta... Simplemente ir... Jacuet no dijo nada. –Tengo miedo ¿tú crees que no? pero creo que este miedo que nos embarga es sublime, grandioso... un miedo sobrenatural y perfecto. Salir de la oscuridad, Jacuet, salir por una vez y para siempre... –No lo sé, mierda, no lo sé... –Imagínate, ya no más estas sillas fuera de la tienda durante el día, ni dentro durante la noche; ni esperar el agua por la mañana; ni cocinar para luego comer y comer y quedarnos sentados en la nada hablando siempre de lo mismo en los mismos días durante meses idénticos en años por siempre iguales, aguardando, siempre aguardando en un mundo de sombras y oscuridad. Aún somos jóvenes Jacuet, vaya si aún lo somos, y míranos aquí, sentados, siempre sentados como viejos... No puedo soportarlo, no cuando existe la manera de escapar, de desafiar el presente, de eludir el destino... ¿Entiendes de lo que hablo? –De un camino sin regreso... –No volveremos a nuestra anterior vida, ya no... Seremos peregrinos, viandantes de nuevos caminos, caminos que imagino claros y luminosos, de colores verdes y violetas, naranjas y azulados, de colores, si, de muchos colores, de todos ellos... Tú me hablas de eludir el imposible con un plan que no puede existir jamás, yo te hablo de afrontarlo y vivirlo para vivir, para no seguir muriendo ni un solo día más. –Creo que te has vuelto loco –lo increpó Jacuet. 11

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–Y tal vez así sea ¡pobre de mí! ¡Tantos años cuerdo! –Loco, loco... –Bendita sea la locura en este universo de dos y dos son cuatro ¡Bendita sea! Entonces se hizo un breve silencio. Y enseguida… –Hablas de lo definitivo con la soltura de un niño de escuela... yo no lo sé... –dijo Jacuet lamentándose. –No te obligo a venir, sólo intento convencerte. Es que no puedes quedarte, Jacuet, no puedes... Y entre sollozos –No sé, debo pensarlo... no lo sé. Los minutos pasaron. La noche era cerrada, asfixiada por densos nubarrones de tormenta, y un fuerte viento comenzaba a levantarse en el desierto. El fuego terminó por extinguirse y con ello la discusión de los dos amigos. –¡Lo haré, lo haré! –gritó de pronto Jacuet. Entonces todo quedó sellado en un fuerte apretón de manos. Aguardaron apenas unos momentos más y salieron. El viento era cada vez más intenso. Una, dos, tres gotas... y de pronto el cielo entero deshecho en agua se les vino encima en un clamor oscuro y milenario. Sus caras, sus manos, los zapatos eran de lluvia tibia, y la tierra que pisaban de lluvia también. –Mejor, así está mejor –susurró Naco. Y eran dos sombras de lluvia tibia y noche, espectros entre blancas cortinas de viento mojado... –Son ciento cincuenta pasos derecho desde la tienda siguiendo el alambre, nunca hemos ido más allá... Cuánta oscuridad los rodeaba, cuánta negrura los poseía, cuánto miedo... en pasos lentos y contenidos, con ojos de cerrazón e incertidumbre. Ciento cincuenta y uno, ciento cincuenta y dos, ciento cincuenta y tres... cuatro, cinco... Y el latido en sus corazones se hacía más atropellado. Ciento setenta y nueve, ciento ochenta... Un cosquilleo insoportable recorría sus piernas tambaleantes. ¡Doscientos! Naco murmuró algo y se detuvo. Unas manos puestas hacia adelante palparon ladrillo áspero y cemento. Y ambos lo sabían. El límite. La frontera de un mundo. El comienzo de otro. Se hicieron de silencio, rígidos monumentos en profunda cavilación. Lágrimas, sollozos masticados entre dientes, temor envuelto en plegarias empapadas de soledad… Primero uno, luego el otro, ambos dejaron los bastones a un lado. Sin mirarse se miraron, sin decirlo lo dijeron. ¡Vamos! Y de un salto dejaron atrás el muro. Pequeños hombres de agua de lluvia ante la bestia, pequeñas sombras frente a aquella despótica inmensidad imposible... Comenzaron a caminar... y enseguida los dos ciegos eran distancia en aquel desierto, en aquella noche, en aquel nuevo mundo.

Diego Orcoyen

(Buenos Aires)

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Elegido Marplatense Escritores marplatenses VÍCTOR MARCELO CLEMENTI

Especial para La Avispa.

Variante sobre la misma obsesión

Combustión del espíritu

Voy mentira eludo mi Jekyll maldita dádiva deseo carne tibia

Sólo cuando el Tiempo detiene a meditar es posible una conspiración.

maldito equilibrio matar resucitar nacer una oscura premonición

Dispongo tanta diversidad se me hace sacramento. Entrometido en fauna sagrada mi piel coquetea formas que esfuman.

¿en qué hembra dejaré mis llaves, mis navíos?

Desilusionar es romper la realidad ilusoria.

vos y soy noche. Sept 07 Victor Marcelo Clementi, nacido en Capital federal el 24 de Junio de 1957. Radicado en la ciudad de Mar del Plata desde diciembre de 1970. Ha publicado las siguientes obras:

Octubre 07 1999: Tributo a lo inasible (poemario) 2002: Ecuaciones violentas (poemario) 2004: Acerca de la Pregunta y el Acaso (Tríptico) 2004: Especies (Poesía sucia II)

1980: Grises (poemario) 1983: Poemas (poemario) 1985: Sens (poemario) 1986: Fugas (poemas ilustrados) 1988: Dioses sin leyenda (poemario) 1990: Las memorias de Gambeta (novela) 1992: Demasiadas palabras (poemas y cuentos) 1993: Ausencia peligrosa (poemario) 1995: Simetría (poemas, reflexiones y cuentos)

Además participó como redactor en la revista El Mirador entre 1992 y 1993. El grupo teatral La Granada puso en escena la obra Gambeta en 1991 en el Teatro Auditórium. En 1994 organizó el espectáculo poético-musical Coctail de Sensaciones, que también participó del Encuentro de Teatro de ese mismo año. Entre 1998 y 1999 fue director de La Cocuzza, publicación que actualmente aparece en la 13

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Vigencia en la clandestinidad

Sobredosis de melanco

Sobredosis de acertijos todos mis héroes en crisis mística orfandad alegoriza

Un conjuro gélido taja mi yugular cae animal racimo

sexo redundante en el ajuar del vino y yo con mis delitos breves

poesía robada a las calles a relojes pizarrón a pelotazos y un cascote partiendo la tardecita en tres orgasmos

averías del noimporta un algo para equivocar conclusión de un ego voraz

época de contraseñas prohibidas y títeres con muecas espectrales una hamaca sin satélite un robot ahorcado y aquel reloj inexacto que arrastra hacia la esquina

extremaunción al delirio geometría del misterio balanceo infinito energía nómade aproximación al detalle

¿de dónde me sale la tarde? chifla ese costado del bulbito –esta vez no fue un bondi patotero sino un vidrio que distrajo al entonces–

¿en qué nos convertimos? 0ctubre 07

le salimos empate a la vida y no es poco es sólo un poco en este puñado un algo misterioso e irreverente desviste y hago una ocasión con dos pretextos barricadas en la lluvia y un suspiro a punto piel cuando me quedo en sus ojos.

revista La Avispa. A principio del año 2001 organizó el espectáculo poético-musical Sobredosis de Melanco. Durante el año 2008 organizó dos ciclos: Poesía Transurbana y Bar y Barrio, con la participación de músicos. Fue director del diario de poesía Sufrido Neanderthal en el año 2003. Sus textos fueron publicados en distintos medios de la ciudad y del país. Colaboró en Lilith, revista literaria de extensión nacional, y es difundido en diversas páginas virtuales.

Marzo 2007

Desplegables: TRIP 1: Acerca de la pregunta y el Acaso. TRIP 2: Absurdos y otros manjares. TRIP 3: Introaspect. TRIP 4: Psicodelia Preventiva. Revista La Avispa Nº41

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Endogamia Cult Lo paradójico es que la Civilización nos hizo carnívoros, nos alimentó con sus propias entrañas. Ahora los reclamos son, únicamente, la insistencia de una culpa patológica, brotes de una minoría más o menos escrupulosa, igual a un ganglio, anticuerpo que antecede una casi segura extinción. Toda mitología significativa tiene algún antecedente en la sangre y la carne. Esta suerte de antropofagia cultural (el Cronos devorando a sus hijos) no puede sino desembocar en una malformación, ya expresa en mitos fundacionales cuya finalidad es preservar una supuesta pureza divina. Creencia, además, adoptada por la realeza europea post oscurantista y la literatura shakesperiana. El cristianismo ritualiza el pan (la hostia) y el vino con el cuerpo y la sangre de Aquél. En diversas culturas agrarias el sacrificio humano –luego reemplazado por el animal– ofrece la vida a cambio de una buena cosecha. Toda fantasía terrorífica que añade la literatura funda su letra en la sangre y la carne: Drácula, Hombre Lobo, Frankenstein, Zoombies, Aliens y Depredadores. Indudablemente preocupa más la muerte de la carne que involucrarnos en las callosidades del espíritu; la preferimos, el flagelo sexual nos sensibiliza a punto éxtasis. La angustia existencial es un fenómeno invasivo, aunque no tan publicitado; no posee el rango de virus en las facciones del alma, no tiene efecto Bolsa, no cotiza en Liniers; y eso es preocupante, la mirada angular, ultraespecífica y aislacionista. Entonces, recapitulemos la Ética, esa subcultura de la intimidad que aparece y nos duele en todos los legajos dormidos bajo la piel. Entonces, haré un túnel en un sueño fugaré por el hueco de la cerradura hacia tierra de Atlantes y Lemúreos para avistar dragones y Quijotes luchando en la memoria de un círculo. Abril 2008

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Arte y decadencia

                                                                the true is near

La Verdad está cerca, esta vez, el final de los Tiempos viene precedido por un crecimiento desproporcionado en la fauna artística; a punto tal que ya convulsionó el ecosistema social. Tanto o más daño que el agujero de ozono. Ya son los síntomas del New Armagedón. Encuentro una relación directa entre la decadencia sistemática que padecemos en tanto especie y la atrofia cultural que nosotros mismos generamos; estadío previo, quizás, a la trompeta y las plagas de ángeles furiosos. Según especialistas en la materia, dicho castigo divino tiene inicio preciso y detectable, día y hora, como la creación del mundo. Coincide exactamente con la asunción del caudillo riojano a una categoría impensada. De allí en más proliferaron los artistas, subespecie invasora que, en sólo una década y media logró expandir y contaminar el equilibrio criollo. Al parecer, la dialéctica del hommo aniyacuensis abrió la Caja de Pandora, y escaparon las Musas y las Artes igual a seres infecciosos. Ni el Ébola, ni el Hanta, ni misiles biológicos le atan los cordones a tanto depredador endémico. Hoy en día, cambalache es menos subversivo que el bautismo, asusta tanto como la primera versión del Exorcista. Hace algunos años escribían Borges, Sábato, Cortázar, Arlt, Bioy, Tejada, Girondo y otros más. Serían veinte, cincuenta siendo generosos. Hoy hay 50 literatos por barrio, 86 músicos, 111 murguientos, 176 FM, 36.000 actores... Un paisaje superabundante, pero corrosivo. Cualquier gilardo hace un cursillo de guapo por Internet y ya cree que tiene más estaño que Bolivia. Hay más blogs que talonarios de IVA, más sitios virtuales que lectores posibles... BASTA... STOP... PAREMOS LA CULTURA... las reformas en la educación, los discursos progre, las pancartas... todo es inútil, estamos condenados; cada vez hay más pibes chorros, abundan Pacos y nenas embarazadas, ¿para qué tanta planificación? Las redes universitarias atrapan menos cerebros sanos que el Dr Frankenstein... PAREMOS y PODEMOS... PIEDAD... hagamos un piquete, que la cosecha de artistas ya superó a la de soja, y encima nadie les cobra retenciones... EXIJO ABSTINENCIA O UN PLAGUICIDA EFECTIVO.   Firma: La Pacha, La Tierra, Gaia, como quieras. Revista La Avispa Nº41

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Producción Marplatense XII

Sábato

El punto es que ya no me importa que te vayas Alargándome Le miento a la tristeza La soledad respira en su rojo nombre No hay nada dentro Es solo una mano que duerme Me cuesta hablar de memoria Hasta el pañuelo huye del tiempo apagado Tanto se despierta el dolor No vengas a llover con nuestra sangre

Luis Escobar

De “El Desierto de los Caballos Grises” luislupreste@yahoo.com.ar ***

Nadie duerme a mi lado. estoy más solo que un solo pero mi mundo de soledad es sólo mio, y yo soy su cómplice todas las noches salimos a matarnos juntos.

IMÁGENES Me miro en el espejo y un latigazo de sombras se me escurre por el vértice de la mirada. Un manchón se hamaca en el contorno de la lágrima, me rasguña su beso en la mejilla, se acerca al estanque de mi boca y lo trago. El gesto capicúa de tender la palma me desnuda en una caricia de vidrios rotos. Un guante blanco donde escondo la herida.

Julio Peralta ***

Malabaristas de semáforos. Hijitos del analfabetismo. Futuro rastrero de casettes. Una mañana más, y baladas que se truequean por muertes, corazones que llueven desolados. Dios haciendo piquetes…

Emmanuel Villarreal

Patricia Nora Horvath

patricianhorvath@hotmail.com 17

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A Juan Gelman con vergüenza Esa palabra hecha por un hombre que levanta polvaredas entre el humo que cuasi incordia sulfura ánimos mueve en la silla frunce esa palabra que evoca pensamientos y pesares dicha en tiempos en que nadie decía nada que sea trascendente no sea que nos confundan con el peligro el subversivo el terrorista cuando se hablaba solo del calor o de la lluvia con cuidado de fútbol y de lo complicado del tránsito en relego de palabrear sortilegios bellecer momentos evadir futilidades y falacias corajear cobardías memoriar el olvido juvenecer vejeces piantarle a la muerte establecer la alegría esa palabra hoy te celebra

Fernando Bonatto

http://poesiayramosgenerales.blogspot.com

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Gelman

Neruda


El hombre de botas que creyó Cuando luego de las botellas decidieron ir a la casa de ella, él supo que iba a ser especial. La lluvia que aún se derramaba con violencia sobre el asfalto y los cuerpos explicó la humedad en la piel de los dos, luego de disimular algunos aromas a sexo que escapaban de sus bocas. Lo mojado casi catarata del negro pelo de ella y sus ojos escurriendo rímel y agua imprimieron una imagen que se perpetuó en el rincón mas tierno y profundo de él, jamás olvidó el momento. Cuando los labios caminito de frío de ella, los de Natalia; sintieron lo jugoso de los de él, los de Julián; ambos corazones explotaron como septiembre. El de ella se desparramó por todo el cuerpo, eso la embelleció infinitamente y para siempre, o al menos así lo creyó él en ese tiempo. El corazón del muchacho se arrojó por su boca, abandonándolo, en el trayecto lo golpeó en una rodilla y con la derecha de las piernas, con la bota, sin saberlo lo acomodó debajo de la cama, justo al lado de unas pelusas que descansaban en esas sombras. Conciente él, de su estado de enamoramiento, no ignoró que estaba siendo victima otra vez de su propio maleficio, ese que lo acompañó siempre y tantas veces supo arrebatarle el aire y algo de su integridad. Una noche en que la joven demoró su regreso a la casa, Julián, el del corazón por la boca, mientras la esperaba, se sintió enormemente atraído, interesado en el cuadro que colgaba en la pared de espaldas al sur de los polos. Cuanto más cerca del retrato, más hondo sintió los ojos de la mujer del cuadro clavándose en los propios. Supo que nunca antes había visto unas piernas como esas; un lunar habitando justo ahí en la cuna del ser, unos pechos como los conejitos de aquella vez cuando era niño; unos pies de clavel y vecinita en carnaval y una cabellera oscura que le remitió rápidamente a ella, a la del corazón por el cuerpo, pues justo en ese momento sonó el timbre; con rapidez separó la vista del cuadro y la fijó en el fuego que se manifestaba en un rincón de la casa. Después de la cena hubo sexo; gimieron las llamas, se fulminaron los cables de las lámparas, apareció el sudor en los espejos, las prendas se acomodaron con furia por los rincones, el aire de los cuerpos y el roce hicieron caer los libros de la mesa y que el diccionario se abriera donde aparece el término “llanto”, cuarenta y ocho lugares antes que “lluvia” y veinticinco mil antes que “traición”. Sin saber de estas distancias se desearon buenas noches, ella lo abrazó, y él, imaginando una tijera que le permitiera cortar la relación que unía “llanto-lluvia-traición”, intentó dormir con la vista y los sentidos que le quedaban puestos en la mujer del cuadro; que ahora, de ojotas cargaba una maleta, un corazón y una pelusa. En sus ojos, una mancha de rímel se despedía lento por la piel confirmando otro fin.

Facundo Leoz

Onetti

facundoleoz@hotmail.com

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Humor MILAGRO AL PASO Alguien dijo con razón, que de las profundas crisis surgen las grandes ideas y Hermelinda no era mujer de achicarse. A los sesenta años había sufrido los peores vaivenes financieros del país, que no fueron pocos y de todos había salido con su natural ingenio, claro que joven y “diquera” las soluciones fueron más fáciles. Ahora jubilada y con bastantes achaques, sobrevivir se le hace cada vez más complicado. La inflación se acelera sin que políticos, economistas ni consejeros encuentren la forma de frenarla y ésta, como todas las miserias aprieta mucho más a los pobres. El pudiente acapara, vacía las góndolas, compra por “bulto cerrado”, consigue precio y provoca el temido desabastecimiento. La Hermelinda, como la llaman, se conforma con un hueso de chiquisuela. Caldo para ella y hueso para el Barbucho, un perrito flaco de pelo duro, que se le acopló una tarde de lluvia. Echa en la cacerola un puerro, una rama de apio y un poco de perejil y habla en voz alta para no darse cuenta de lo sola que está. ¿Qué culpa tiene el perro? ¿Me quieren decir qué culpa? Alguien tendría que escuchar. Ahí se le prende la lamparita. Levanta el hule floreado, abre el cajón de la mesa y busca las velas al costado de los cubiertos. Mete la mano adentro del florero, en el viejo aparador de su madre y saca las estampitas de Ceferino Namuncurá, La Difunta Correa y por último, besa la cinta colorada de “El gauchito Gil”. En el fuego del caldo enciende una vela que deja una marca de tizne en la olla. La pega sobre el mármol del mueble y repite encendiendo cada una con la anterior, cuando están las tres mira y vuelve a meter la mano para sacar una foto recortada de una revista: Bueno Gilda algunos dicen que sos muy milagrera así que por las dudas… Diciendo esto agarra un último pedazo de vela y se la dedica. Espuma el caldo sobre un papel de diario y lo pone en el suelo, el Barbucho no se hace esperar. Se dá vuelta, se santigua y empieza con el pedido: “Cualquier cosa”, sin pretensiones, cualquiera que me dé algo para la olla y tampoco tanto, aunque sea una idea que ayude a mi cabeza a pensar la solución. Lo que puedan, hasta aquello que otros hayan rechazado por molesto, a mí me vendrá bien. Hermelinda reza todas las noches en la cama y todas las mañanas mientras toma un amargo. Ahora recuerda que anoche soñó que El gauchito Gil respondería a su llamado. Pensativa se pone a barrer y siente en el bajo vientre una molestia premonitora que ya había olvidado. No Hermelinda, si serás pavota, se dice en voz alta, como siempre. Eso no es, si ya estás por cumplir los sesenta y uno, pero “eso” es, y desde entonces, sin conocer el propósito pero creyendo en el milagro, cada veintiocho días como un reloj Hermelinda vuelve a tener la menstruación. Desde que al marido lo mataron en una revuelta en la Plaza de Mayo, jamás pensó en otro hombre pero como cree en los milagros y es católica ferviente y fetichista por añadidura, se mira de perfil en el espejo. Su vientre está tan chato y vacío como siempre pero Hermelinda sigue rezando y prendiendo las velas, aunque no tenga para comer. A los cinco o seis meses nota sus pechos florecientes, plenos, y presa de curiosidad toma un pezón con la punta de los dedos y la humedad pegajosa de la leche le corre por la mano. Los ojos se le iluminan y comienza los preparativos. Le pide un papel blanco al almacenero y una lapicera prestada para escribir Revista La Avispa Nº41

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un prolijo anuncio. Con el hule de la mesa forra un banco largo que había hecho el finadito y finalmente lava y plancha con harina, a falta de almidón, un guardapolvo blanco que le regaló una enfermera jubilada. A la mañana siguiente, lleva todo a la puerta del mercado comunitario, lugar de paso de mucha gente tan necesitada como ella. Cuelga en la pared el cartel, se pone el delantal impecable, porque si hay algo que Hermelinda es, es limpia, y se sienta invocando a sus santitos queridos. La gente lee y sigue pero ella no se desanima. Por ahí tímidamente un viejo de piel pegada al hueso se para. A ése le siguen otros y luego madres con niños y algunos no tan niños. La cuestión es que en las horas pico, o sea a la mañana temprano y a media tarde, siempre hay una pequeña y ruidosa fila y alguien que explica a los que recién llegan las bondades del cartel: “El calcio es indispensable a cualquier edad, complete su dieta con inteligencia. De una veinte y de las dos treinta y cinco”.

Fontanarrosa

Elba Tesoriero

SEXO SOLIDARIO Me he propuesto escribir una buena escena de sexo, y lo voy a usar a usted, mi querido lector como testigo privilegiado. A usted que me está leyendo en este preciso momento, ahora, ya. Si, a usted, no se sorprenda, le pido que se venga conmigo, lo invito a acompañarme para ver si puedo, es un tema algo difícil y voy a necesitar de su compañía. Vamos, anímese, déme una mano, sea parte, ponga lo que tiene que poner, involúcrese de una vez por todas, sea cómplice de la historia, no me haga pensar que tiene miedo de participar. Va a tener la gracia de ser parte de una escritura inclusiva, acorde con los tiempos que corren. Vamos a ir a visitar a una pareja que vive en la casa de al lado. Tengo entendido todos los días que hacen el amor a la misma hora. ¡Epa!, no piense mal, no es que estoy todo el tiempo con la oreja en la pared, si lo sé es porque los grititos de la dama no me dejan dormir la siesta, y mire que tengo el sueño pesado. Las paredes de ahora son tan delgadas que uno sin querer se entera de todo, cómo será que escucho el ruidito de los mensajes del celular de mi vecino. Ya casi es la hora en que él llega, ella ya se ha bañado y lo estará esperando. Véngase conmigo, no sea cobarde, por esta vez nos podemos dar el lujo de mirar, total ¿quien se va a enterar? Sígame, la ventana está abierta, pase, es por aquí, párese al costado de la lámpara de pie, ahí, disimule y no haga un ruido, para que la gente entre en sintonía no hay que molestarla ¿Está bien ahí? Bueno, mire, mientras usted no se pierde detalle yo busco mi libreta para anotar. Me voy a poner de este lado para poder mirar mejor. ¿La ve a ella? Está ahí, recostada en el sillón, adormilada. Hay poca luz pero igual se ve bien. Siga con lo suyo, yo anoto los detalles: el sillón es de tres cuerpos, buen tamaño para esos temas, de color crudo, con tres almohadones de colores fuertes que hacen juego con el ambiente. Está semidormida, respira suavemente y el pecho apenas se le mueve. Se le nota una pequeña sonrisa, como esperando algo agradable. Tiene puesta una remera simple de algodón blanco que le llega hasta los muslos y deja ver un hermoso lunar justo 21

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donde la tela se arruga, como cediendo espacio. ¿Ve bien desde ahí?, ¿no? Venga, póngase al lado mío, no haga ruido por favor, si no, perdemos el clima. Que porqué le susurro, para que no me escuchen, por favor. Oiga, él está abriendo la puerta. Por la delicadeza con que lo hace debe ser un tipo cuidadoso. Mire cómo pone el saco sobre el respaldo de la silla, no cualquiera, un dandy el muchacho. Los zapatos se los saca con la mano, nada de usar el otro pie para hacer fuerza, la camisa la tira al piso, ¿estará sucia?, pone los pantalones sobre otra silla para no arrugar el saco, seguro que la mamá lo educó bien al chico. Tiene buen lomo el muchacho, debe hacer fierros; bíceps marcados, hombros fuertes, espalda trabajada, no tiene un rollito, pero hay algo que me desconcierta: no tiene un pelo en el cuerpo. ¿Le parece que se depile? Ahora muchos lo hacen. ¿Yo?, yo no, soy de la vieja guardia. Usa bóxer blancos de primera marca bien ajustados, le quedan bien. No me haga esa sonrisita picarona, tengo que describir lo que veo, es rigor profesional nada más. ¿Está cansado?, siéntese en el puff, yo prefiero seguir parado. Pero mejor no hablemos más y dejémoslos a ellos que hagan lo que quieran. Dejemos que se hablen, que se hagan, que se usen, mejor su idioma que el nuestro. ––Hola mi amor, ¿cómo estás?, despertate, no seas mala. ––Mnnn, ¿qué pasa? ––Nada, solo que recién llego y quiero un beso. ––Bueno, ¿cuántos querés? ––Todos, mi amor, todos. El tipo la tiene muy clara, se sienta en el borde, y luego de un beso tierno la toma de los brazos y la ayuda a incorporarse. Sin dejar de besarla ni un instante, levanta la remera. Despacio, con el dorso de la mano le acaricia el vientre, el pubis está ahí no más, no me diga que no se lo ve. El aroma del cuerpo recién bañado ocupa toda la sala, hay olorcito a jabón, creo que de lavanda. Vamos, respírelo conmigo, inúndese un poco. Con un pase de magia, la remera vuela hasta la alfombra y la deja al desnudo, la penumbra cómplice le dibuja el contorno sobre la tela. La dama es una excelente muestra de lo que la naturaleza consigue cuando se esmera. Mire qué pechos, justo del tamaño de una mano, ni sobra ni falta. Esa piel erizada exige caricias, el pezón es un desatino para la prudencia. Quédese tranquilo, solo estoy tratando de transmitir una emoción, ¿cómo va a pensar que le quiero meter la mano?, por favor, me ofende soy un profesional. Él sabe lo que hace, es un maestro, un ídolo.

Dolina

––Acariciame la espalda, así, así… ––¿Querés unos masajes? ––No, mi amor, solo tocame, que me vuelve loca. Más abajo, ahí, si, justo ahí. ––¿Aquí? ––Si, justo ahí. ––Acostate, bombón… ––¿Así? ––Si, así, boca abajo está mejor (le da un beso húmedo en la espalda), me gusta la marca de la bombachita de la malla (besos húmedos en la cintura), me gusta olerte la piel (se desliza rozándole la espalda de arriba hacia abajo con la nariz), me gusta morderte la cola (le clava los dientes en un cachete, luego un beso líquido), me gusta chuparte toda… Revista La Avispa Nº41

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––Asiiiiií, ahiiiiií, no pares, seguí que me gusta. ––Mnnnngrfffd… ¿sigo? ––Siiiií, más abajo, más fuerte, mordeme, si, así, más… ––Levantá la cola, abrítela. Bien, así me gusta, bien caliente mi nenita… ––¿Está bien así?, ¿te gusta mi culito paradito? ––Simmnnngfff…, ya sabés que pone de la nuca… ––No, mi amor, a vos no te pregunto. ––¿? ––A vos te digo, si, a vos, el que tiene la libreta, el que se la pasa escribiendo ¿te gusta mi culito paradito? ––¿Perdón? ¿Me está hablando a mí? ––No te hagás el boludo, si a vos, hace rato que estás ahí dale con la libreta y la birome, ¿te gusta como paro el culito para que me lo chupe? ––Y, si, seguro, es una belleza de situación… ––¿Querés que lo pare más? ¿querés que me abra los cachetes? ––No sé, si a usted le parece…, yo estoy de acuerdo en todo, haga lo que le guste, soy solo un espectador privilegiado. ––No te hagás el tímido, no me tratés de usted, vení, acercate, dame algo para hacer, hace rato que veo y me ratoneás con esa libretita. ––Pero, ¿y él? ––No te hagás problema, ya está acostumbrado, me dá todos los gustos, sabe que yo los valgo, ¿no te parece? ––No lo discuto, tiene toda la razón… ––¡Seguí, seguí!, no parés, mordémela fuerteeeee… ––Disculpame que te moleste, pero, este, yo no vine solo, traje compañía ¿viste?, está ahí, en el puff. ––¡Ahhh!, ¡sííí!, ¿y? ––¿Qué le digo? ––Decile que se vaya, que se borre, con uno más, todo bien, pero tres ya son multitud ¡ahhh! ––Este, mire, mi querido lector… ––¡Querés apurarte pelotudo! ––Si, ya voy. Entiéndame mi querido lector, es la vida mi amigo, hay cosas en las que hay que saber retirarse, y espero que este sea su caso. Por favor le pido que no me escupa el asado, que ya está a punto. Otra cosa, déjeme decirle que le agradezco su colaboración y que espero que nos volvamos a encontrar en circunstancias que sean más compartibles, ¿usted me entiende? He escrito muchas situaciones, pero nunca me pasó que un personaje me acose, y la verdad, la cosa viene bien, hasta la próxima, lo voy a tener siempre en mis plegarias. ––¡Ahhhh! Apurate… ––Se me trabó el cierre, esperá, no puedo. ––Sos un repelotudo, como todos los escritores, pajero de mierda… ––¿Cóoomo?

Gustavo Javier Araujo

gustavojaraujo40@yahoo.com.ar 23

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Notas y ensayos HANNAH TINTI: GÓTICA Y FEROZ Por PAOLA BOCCHIO* (Pcia de Santa Fe) Animales sueltos, primer libro de esta joven escritora nacida en Salem, Massachussets, contiene once cuentos cuyo hilo conductor es la relación perversa que se establece entre hombres y animales. Los relatos conforman una especie de recorrido zoológico por los instintos subterráneos de sus protagonistas, y ponen al descubierto la naturaleza animal de los hombres y, en algunos casos, la naturaleza humana de algunos animales. En el relato que sirve de título al libro, el narrador, un cuidador de elefantes que se entrega a peligrosos juegos con el animal a su cargo, describe su rutina de trabajo y a sus colegas; cada uno de ellos tiene cicatrices en el cuerpo, porque “…todos los que trabajan con animales llevan una marca en alguna parte”. En “El último salto de Slim” un niño se entretiene maltratando y, mutilando a su conejo: primero lo introduce en el lavarropas, y luego, en reiteradas ocasiones, lo arroja desde la ventana hasta provocarle la muerte. Pero lo más sorprendente de este episodio, es que es narrado con la naturalidad de los sucesos cotidianos, pues es la madre del pequeño quien recompone al animal de las heridas que le provoca su dueño. Cuando el animal, o mejor dicho, lo que queda de él, nuevamente es arrojado desde la ventana, la mujer, que se encontraba tendiendo las sábanas, piensa: “…lo vi venir hacia mí, y supe que aquél sería su último salto, me pregunto si Slim sabría lo que estaba pasando, si agitaba en el aire su muñoncito es previsión del bofetón, o Revista La Avispa Nº41

si aquello era demasiado para que su pequeño cerebro lo recordara.” La narradora sabe qué le sucederá al animal, y sólo asiste a dicho acontecimientos mostrando una fascinación absoluta ante el horror que verán sus ojos. Lo mismo ocurre en el relato titulado “Cómo revitalizar la serpiente de tu vida”. Aquí la protagonista conserva la boa constrictor colombiana que hereda del hombre que fue su amante. Desde el momento en que es abandonada, establece con el animal una relación peligrosa y excitante: los movimientos de la serpiente sustituyen a los del amante ausente. Comienza por dejar abierta, en algunas ocasiones, la puerta de la jaula que la contiene, y finalmente le permite recorrer en libertad su departamento y su cuerpo: “…Repta silenciosamente y se sube a su hombro. Contiene el aliento cuando pasa junto a su rostro –las escamas están muy cerca– y la parte inferior de su cuerpo, plano y blanco, le roza la clavícula. La sensación de su peso allí es como una bendición…”. En el cuento “Avatares de la sangre” también asistimos a otra muestra de horror y mutilación. Un adolescente con problemas de conducta mata y conserva a su gato envuelto en una bolsa de plástico dentro del placard de su dormitorio. Situación que es anunciada mediante la mención del olor nauseabundo que comienza a invadir la casa y que se intensifica en las proximidades de la habitación del muchacho, y que funciona como indicio de 24


su perturbación psíquica y como anticipo del daño físico que, más adelante, le provocará a su hermana. Daño físico que luego será trasladado a la gata de la vecina, a la que le cortará los bigotes impidiéndole, de esta manera, hacer uso de su sentido de la orientación.

del zoológico viven esta decisión inmersos en un estado de confusión plena: el guarda se deja caer al suelo y solloza sobre la hierba, el encargado propone darles un buen manguerazo para hacerlas desistir de su postura, el zoólogo sugiere llamar a un psiquiatra porque “…podrían estar enfermas o deprimidas”.

En los sucesos mencionados, la mutilación es presentada como un hecho natural y ordinario desprovisto de todo indicio trágico, como una más de las reacciones de los hombres frente a los avatares de la vida.

Éstos son algunos de los originales episodios narrados con precisión por la autora, con un tono particular, ácido y perturbador, que remite al registro gótico. Los relatos entrecruzan los instintos de animales y de hombres, así como sus obsesiones, sus conductas y sus temores. Son historias crueles, que esconden la posibilidad de lo siniestro cotidiano, y a las que asistimos fascinados y seducidos por el espectáculo que ofrecen. Es ésta una atracción sensual, que nos atrapa y nos hunde en los abismos de la perversión. Contrariamente a lo que cabría de esperar, los finales no acercan un velo de redención, sino que acentúan la sensación de extrañeza ante lo narrado y la negrura profunda que los ha teñido desde el comienzo confirmando que la vida es tensión constante entre la capacidad de razonar y el instinto animal.

En “Condiciones razonables” se plantea la humanización de las conductas animales, pues las jirafas de un zoológico presentan al guarda una lista de reivindicaciones para mejorar su situación en dicho lugar, reivindicaciones tales como: un recinto más grande, mayor intimidad, mejor calidad de vida. Pero ante la respuesta negativa de las autoridades, deciden simular un suicidio colectivo con la intención de boicotear el uso que de ellas hacía el zoológico y para ello, durante semanas enteras, permanecen tendidas en el suelo con las patas en alto. “…los ojos en blanco, el cuello en ángulo incómodo…” y con las lenguas colgando de las comisuras de los labios. Las jirafas terminan padeciendo las consecuencias de su aparente suicidio: algunas de ellas experimentas visiones místicas, otras comienzas a irritarse. Y también los empleados

* Licenciado en Letras con Orientación en Literaturas Anglogermánicas en la Fac. de Humanidades y Artes, Univ. Nac. de Rosario.

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LITERATURA DE GÉNERO:

¿EXISTE UNA IDENTIDAD FEMENINA?

Por MARCELA PREDIERI (Mar del Plata) - delapalabra@hotmail.com

Esta nota, que no quiero llamar ensayo, no intenta demostrar nada, y no intenta hacerlo porque un lugar ganado no se discute. Tal es el caso del espacio que la mujer Argentina ha sabido labrarse dentro de la literatura. No porque escriba mejor ni peor que los hombres, no porque pueda adivinarse su género leyendo una página de sus obras sino porque podemos decir, sin duda, que las escritoras argentinas de las últimas cuatro décadas tienen una identidad definida, una voz particularísima que es sin duda mérito propio. Si habláramos sin embargo sólo de literatura femenina o de la identidad femenina dentro de la literatura podríamos decir que se distinguen en el tiempo tres grandes fases: La primera fase sería la de imitación de las formas establecidas por la tradición dominante; una interiorización de sus normas artísticas y los roles sociales, y una tímida pero ya incipiente crítica contra esas visiones. En segundo lugar, hay una fase de protesta abierta y explícita contra esas normas y valores, y una reivindicación de los derechos y los valores de la minoría oprimida. Finalmente, la fase de autodescubrimiento, de búsqueda de la propia identidad. Para ello las escritoras exploraron la interioridad de las vidas de las mujeres, y la geografía de la mente femenina. La premisa que defendían a través de sus obras era que la mujer sólo puede estar en posesión de su propia vida si es también poseedora de su mente. Hoy podemos decir con orgullo que nos encontramos en esta etapa, con una mujer dueña absoluta de su mente, de su cuerpo, de su ser y por consiguiente de una identidad femenina en lo a que a literatura se refiere. Vayamos por partes: si bien es cierto que el Revista La Avispa Nº41

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auge del movimiento feminista acarreó una seria toma de conciencia e infinitos logros respecto al rol de la mujer en la sociedad, no podemos suponer por ello que todas las mujeres del planeta participan de esa conciencia. El hecho de que una mujer trabaje en una oficina, estudie una carrera universitaria y sea madre y esposa, no la transforma de inmediato en mujer liberada, mujer concientizada o mujer independiente. Ahora bien, con respecto a las mujeres de letras y espero que esto no abra polémicas: no comparto la creencia de que exista eso que llaman “literatura de género”. Yo creo, al igual que una colega guatemalteca, que intentar categorizar nuestro trabajo a partir de nuestro sexo “es creer todavía en que las nenas deben vestirse de rosa” y no veo por qué hay que aceptarlo. Estoy plenamente convencida de que se trata de otra cosa. Ejercer el oficio de la escritura es por sí mismo y sin lugar a dudas, un acto subversivo, mejor diría: una doble subversión. Primero, porque nos obliga tanto a hombres como mujeres, a “pensar”, a conformar una opinión propia, una visión de nuestro entorno y así entender y hasta cuestionar nuestra realidad. Esto es de hecho, una actividad peligrosa para cualquier institución. Pero cuando alguien escribe, no solamente “piensa”, sino que puede “decir” lo que no se debe ante los demás, y eso es violentar el orden cultural. La persona que escribe pues, es doblemente peligrosa porque “piensa” y “dice”, y la mujer se suponía que no debía hacer ninguna de las dos cosas sino ocupar un lugar discreto y no cuestionar nada. Todo esto corresponde a otro contexto, quizás al pasado quizás a otro marco geográfico ya que si nos remitimos a mujeres latinoamericanas, por ejemplo, nos encontraremos con


diferencias marcadas: aquellas que participaron en el “Primer Congreso de Escritoras de Centroamérica” que se realizó en Nicaragua, disintieron de las declaraciones de la española Rosa Regás ganadora de los premios Nadal y Planeta quien aseguró que “no creía que existiese la literatura femenina”, pero reconoció que las mujeres “tienen mayor dificultad para triunfar en la literatura, un mundo que –a su juicio– está aún manejado por hombres”. Por el contrario, la escritora costarricense Carmen Naranjo, dijo que al menos en Costa Rica “la literatura era un matriarcado enorme; por su parte María Guadalupe Elizalde y Gallegos, dijo que “en México, no tenían ningún problema de ese tipo. En tanto, Vida Luz Meneses, de Nicaragua dijo que la mujer había dejado de escribir prosa para niños y poesía religiosa desde hacía más de 20 años en su país, pero que “sí había literatura femenina”, y su principal característica era el erotismo. Hablar de “literatura femenina chilena” resulta arriesgado resumen por su parte algunos escritores puesto que toma ciertos temas tales como el aborto, la lactancia, el parto y la menstruación. Eso me parece más que limitativo. Lo mismo con declaraciones como las de Manlio Argueta, Escritor Salvadoreño que dice que La mujer cabrá en la poesía corno volcán apacible, mientras en la novela será torrente o tormenta. Polémico ¿no? Pero volvamos a la Argentina: ¿a qué nos hemos dedicado las mujeres escritoras argentinas? Muchas mujeres concentran su temática en la intencionalidad de describir y explorar las intimidades del ser femenino, de reivindicar sus luchas y particularidades, de denunciar los desequilibrios y limitaciones sociales y culturales a los que están sometidas. Pero es su opción personal y no necesariamente la práctica de todas las escritoras. Por ejemplo: hacer literatura entre los años 70 y 80 en Argentina, no era cuestionar el orden cultural, sino y sobre hacer denuncias en el orden político y social,

hablar de temas que nada tenían que ver con la temática supuestamente femenina. Me refiero a la opresión, las dictaduras militares... y decir lo que pasaba o peor aún, emitir una opinión contraria al injusto orden de cosas, significaba la muerte, el exilio o la desaparición. Muchas de las escritoras que vivimos ese período nos vimos obligadas a tomar posición ante los acontecimientos y esto significó no solamente reflexiones sobre temas políticos, económicos y sociales. Significó también profundas y serias meditaciones sobre la vida y la muerte, los valores y la dignidad de la persona humana... Hablamos de la cárcel y de la tortura, hablamos de la guerra, hablamos del exilio y de la sobre vivencia de los que se quedaron; pero hablamos también del miedo, del espíritu, de la familia, de la soledad, Esto no requiere géneros. Sin embargo fue una mirada diferente, tanto en el tratamiento del lenguaje como del punto de vista lo que apareció con más fuerza en la literatura femenina argentina en la época de la dictadura militar. Mujeres que eligieron poner en riesgo su vida, exponerse a la muerte no sólo para hacer literatura sino para denunciar que la muerte que nos estaba invadiendo; tomaron a la escritura como un medio o una herramienta para salvar vidas. En esa época, poner al descubierto las experiencias que el terrorismo de estado había grabado en los cuerpos desaparecidos o sobrevivientes, implicaba un desafío también desde lo literario: cómo narrar lo indecible respetando la inteligencia del lector. … y acá no estamos tan lejos de Octavio Paz. El relato metáfora por excelencia de la dictadura militar, nos explicaba hace algún tiempo Francisco Romero, de Chaco, autor de Culturicidio, en una charla que vino a dar a Mar del Plata, es el cuento de Luisa Valenzuela: La Llave, narración clave, en la que podemos sentir a “La patria como cuerpo de mujer”. Un cuerpo que es culpable por acción 27

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u omisión, por dejarse penetrar y corromper… Valenzuela, y en general todas las mujeres de la literatura de las últimas décadas, apelan a la intertextualidad, recordaba Romero, para testimoniar la opresión. Por eso se puede hacer un paralelismo entre: Antígona y las madres de plazas de mayo, entre Scheherezade y la palabra que lucha contra la muerte o una caja de fósforos y los centros de detención como en el caso de Carmen Carballo. Pero mucho más aun: La literatura según Gelman es Scheherezade; ella tiene el coraje de poner el cuerpo porque conoce el arte del relato y el poder de las palabras –nos aclaraba Romero –. Ella narra (como la literatura) para no morir y para que no mueran otras. La literatura femenina, como Scheherezade pone el cuerpo en sus los relatos. George Bataille, sostiene que el principio radical de lo erótico está dado por la puesta en escena de la violencia del coito, ejercida por el varón. Y el cuerpo femenino es el lugar donde esa violencia se lleva a cabo. “Escribir con el cuerpo y desde el cuerpo, deja marcas… para ello hay que Reinventar el lenguaje. Pero, y coincido por eso voy a citar en lugar de tratar de decir lo que otro explicó de manera más que brillante: Dice.”Elsa Drucaroff, en Pasos nuevos en espacios diferentes): “La “mirada femenina” no depende del sexo biológico de quien escribe o lee, es más bien algo a construir, un punto de llegada, un producto histórico, algo que crece en una práctica social, algo a lo que pueden acceder mujeres o varones. Entendemos por “mirada femenina” ese punto de vista en el cual la lucha de géneros no se niega o minimiza, sino que queda evidenciada. La mirada femenina es casi siempre vacilante, es más bien un atisbo, un ojo bizco que observa, en una sociedad donde las mujeres “todavía no” son mujeres libres”. Esta conquista de la libertad concebida como identidad o voz propia sólo es posible si se sabe o se aprende a mirar, leer, escribir y hablar desde otro lugar. Revista La Avispa Nº41

La pregunta sería entonces cuál es el discurso femenino: o mejor dicho cuál es la estética fundada en la mirada femenina (que ya no es privativa de las mujeres): elipsis, ironía, humor, erotismo y desacralización de los discursos, pero sobre todo valentía. Pero volvamos hacia atrás: Escribimos, hombres y mujeres, porque crecimos y escribir es producir textos de calidad; eso requiere de una mentalidad amplia y libre, sin etiquetas ni prejuicios, aceptando el reto y la aventura de encontrar temas, planteamientos y propuestas de diversa índole, y no los estrictamente femeninos. Claro que ser mujer trae consigo experiencias de vida que solamente pueden padecerse desde un cuerpo femenino. Y que eso se refleja, de una manera u otra, en los escritos. Pero aun así quiero pensar que si alguien lee una obra escrita por una mujer es porque la avala una propuesta interesante, y no solamente porque está de moda leer literatura femenina. Podemos y estarán de acuerdo conmigo que lejos quedó la discriminación de principios de siglo cuando La mujer que escribía era condenada al ridículo, sufriendo la burla incluso de aquellos que se supone debían apoyarla: tal el caso de los intelectuales (quienes muchas veces marcaron a la literatura femenina como “cursi y abominable) o de las familias quienes sostenían “todo esfuerzo es en vano ya que lo que escriben no es leído por nadie”. En esa época el hecho de escribir no reforzaba la idea de mujer sino que hacía que las mujeres perdieran su feminidad. Así, puede inferirse de estas palabras de Gálvez: las mujeres que deseen mantener su feminidad deben alejarse de la literatura. El diario de Delfina Bunge o la autobiografía de Victoria Ocampo son ricos en anécdotas que demuestran la dificultad que encontraban estas mujeres no sólo para expresarse por escrito y ser reconocidas sino también para acceder a determinados libros necesarios para 28


su formación. En aquellos tiempos se toleraba que las jóvenes leyesen para pasar el tiempo, siempre que fuesen libros que poco tuviesen que ver con la literatura. Una joven distinguida no podía leer o dejar entender que leía. De la misma manera para poder frecuentar ciertos círculos intelectuales, leer determinados textos o escribir algo que no fuera una poesía en francés, las mujeres de “la condición” de las Ocampo o las Bunge se exponían a críticas y rechazos sociales Hoy de las mujeres dedicadas a las letras, la mayoría son profesionales de distintas áreas, pero fundamentalmente de humanidades (psicólogas, profesoras de letras o filosofía), lo que revela un profundo interés por la naturaleza humana. Las obras que han trascendido son ácidas, punzantes, con discursos polisémicos, pero siempre críticas de las acciones humanas y hacen gala de dos de las características femeninas por excelencia: la suspicacia y la pluralidad en los puntos de vista. En cuanto a la poesía, las mujeres ponen en sus trabajos su propia carne y su propio espíritu. Y desde que la poesía de la mujer se ha emancipado y diferenciado espiritualmente de la del hombre, las poetisas tienen una alta categoría. Su acento acusa su vitalidad, su fuerza biológica La poesía, un poco envejecida en el hombre, renace rejuvenecida en la mujer. En cuanto a la formación, en lo mío, que son los talleres literarios el número de mujeres es mucho mayor, pero no se nota ni en la calidad una verdadera diferencia. Lo que importa es el propio prestigio, el propio talento, la propia inteligencia. Creo que la tendencia al machismo va decreciendo. En el campo de la literatura, no creo que haya habido una verdadera discriminación. Yo nunca la experimenté. Creo que no hay un común denominador que separa a la literatura femenina de la literatura porque justamente lo que caracteriza a la literatura es la singularidad de cada texto. Hombre o mujer, su literatura está hecha de

todo un cruce de experiencias, y de reflexiones y de condicionamientos. Es decir, no me despojo de mi sexo para escribir. Tampoco me despojo de mi historia personal, de mi locura personal, de las cosas que he estudiado, del tiempo que me ha tocado vivir, o del país en que vivo. Hay muchos elementos que crean un conjunto... Creo que todo hombre tiene características que se consideran femeninas, como una mujer tiene características que se consideran masculinas. Uno puede decir que Proust es un escritor con características femeninas porque le importan los detalles, ese chisme, las pequeñas cosas que van ocurriendo. A lo mejor, una escritora como Flannery O’Connor, podría considerarse escritora masculina porque tiene esa dureza para contar situaciones. El género masculino o femenino no es necesariamente el factor determinante de un tipo de escritura. Sin embargo soy consciente de que no todas las mujeres han podido aún hoy romper las barreras culturales y sociales, vencer el pudor y la timidez que nos impide hablar de nuestras preocupaciones y deseos pero desde el punto de vista humano, para poder, no solo construir una literatura de calidad, libre de la auto-complacencia, del facilismo, del oportunismo y de la auto-lamentación. De lo único que se tiene que preocupar un escritor es por el estilo y no por los temas elegidos. Uno irá buscando su propio lenguaje, sus propias palabras, e irá consiguiendo mejor la estructura que busca, independientemente de si es hombre o mujer. Recordemos que cuando comenzamos a escribir, lo hicimos la mayoría de nosotras, como un gesto de rebeldía, como un desafío y que el momento para llevarlo a cabo es hoy, desde nuestra feminidad y desde nuestra madurez para conformar una identidad propia como mujeres dentro de la literatura Argentina y del mundo. 29

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¿INSPIRACIÓN DIVINA U OFICIO DE ESCRITOR? Por PABLO DE LA FUENTE (Mar del Plata) pablo-delafuente@hotmail.com Un día se encuentra en la última página del diario o en un volante una atractiva concatenación de vocablos: “Taller Literario” y uno que anda con ganas de escribir una novela o algún poema y que lo intenta incluso, tiende a pensar que no le es apropiado un curso así, señalando que toda expresión artística deviene de una actividad personal y por ende tan subjetiva que no deberían existir parámetros de corrección (ni parámetros algunos en materia artística) y más cuando se observa con detenimiento el programa y las técnicas, que parecen más proclives a la contaminación teórica que a la realización de un acto de libertad y creación. Y ante la pregunta existencial de si se nace o se hace, se comienza a recordar qué difícil se vuelve a veces plantear un texto medianamente presentable aunque sea a algunos de nuestros más cercanos amigos. Encima siempre llegan a la mente esas imágenes inspiradas de alguna historia que debe ser contada y mientras unas concluyen en el papel y otras no, todo resulta un mosaico desordenado y debe uno resignarse a la idea de que lamentablemente no es Julio Cortazar y esta vez le será imposible jactarse de haber quebrado el orden cronológico de la trama, entonces sucede el tacho de basura inexorablemente y se tiene que admitir la derrota. Se debe admitir porque no se posee la técnica suficiente para hilar una historia, ni el conocimiento profundo de herramientas literarias ni mucho menos el de las estructuras narrativas que sustentan un cuento, un relato o una novela, ni tampoco se sabe qué es “eso” que las hace comprensibles y amenas, qué es lo que genera en el lector esas ganas de seguir leyendo, de querer saber qué le va a pasar a tal Revista La Avispa Nº41

Saint-Exupery

o cual personaje, o cómo enfrentará el conflicto que le imponen los hechos narrados. Uno que empieza a escribir y a leer, tiende a pensar que no existe oposición entre creatividad y realismo, sino que dicha oposición es de carácter romántico y bohemio y no resulta creatividad propiamente dicha, sino más bien una búsqueda de iluminación divina para sentarse a garabatear lo primero que se cruza por la cabeza y creerse por ello escritor. Pero empieza a darse cuenta que escribir, aunque se nutre de ciertas habilidades no comunes o especiales, es un proceso que requiere observación, atención, análisis, ejercitación, tiempo, lectura, relectura, corrección, recorrección, más tiempo y el conocimiento de métodos de trabajo intelectual que son muy necesarios, para que combinadas con la imaginación y la creatividad y la técnica adquirida con el transcurso de los años, permitan la creación literaria. En fin, uno necesita un cuerpo teórico-práctico y un bagaje innato de habilidades que le auxilien en ese trayecto idílico de volverse un escritor o por lo menos convertirse en uno de esos muchachos que escriben.  

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Entrevista a escritores MDP MARIANO ORCOYEN Mariano llega puntual. Descansa sobre la silla y entrecruza, lento, sus largas piernas para preparar el tabaco y encender la pipa. Luego la inconfundible carpeta roja en la mesita del bar. Se toma el mentón con la mano amplia, examina las señoritas presentes y fuma profundamente. ¿Qué es ser poeta? Ante todo un paria. Un chiste; es como decir soy submarinista. Por otro lado sé que el papel de quien escribe es vital y revolucionario, con un verso podés tocar y dar vuelta una conciencia. ¡A la mierda! Con un par de palabras podés lograr cosas en el alma de otras personas o quizás, despertarle ciertos lugares que tenían dormidos. Es revolución y subversión, pero de alguna forma es una subversión paradojal, porque la sociedad te desplaza y a la vez lo que se está diciendo o comunicando puede cambiar algo afuera o cambiarte algo dentro tuyo. Un poeta, en fin, es un buscador de belleza, alguien que no ha perdido su capacidad de asombro. ¿Por qué el poeta debe ser o es un paria? Porque es la misma sociedad quien lo “exorciza”. Hay cosas que no quieren ser escuchadas, puedo hablar de la belleza de los árboles y de los pájaros, de una persona mayor, pero, la belleza no deja de ser el culo de una mina. Mariano hace una pausa para prolongar el ritual del tabaco y volver a encender su pipa, ritual que se repetirá durante toda la noche. ¿Te considerás un poeta? Como todo y como nada… son imágenes idealizadas. Decir soy poeta es un hecho utópico y román-

tico. No es lo mismo que decir escritor; ser poeta sigue siendo una búsqueda. ¿Cómo describirías tu poesía? Como una búsqueda que roza lo filosófico, una búsqueda de sentido, una excusa para vivir y luego desde ese punto de vista o esa reflexión, trato de tocar todos los temas que me inspiran. ¿Qué te inspira? Todo. Todo porque todo tiene una dimensión poética. Con la poesía ves el trasfondo del mundo, la tercera dimensión, la trastienda. Creo que hay personas que ven en dos dimensiones, aunque existen otras que entran en contacto con una tercera. ¿Qué les dirías a esas personas del mundo bidimensional que vos planteás? Cachetazo y agua fría. ¿Es una maldición o una bendición? Es saber que todo es pasajero, pero a la vez tener la urgencia de decirlo. Son las dos cosas; porque vale la pena ser un paria que se redime contra la mentira que es el mundo, el mundo como una máscara para gran parte de la sociedad donde nos podemos esconder ya sea en la moda, en la familia, en el trabajo, en la política o en la religión. Sin embargo existe otro trasfondo que no se quiere ver, y eso, esa mirada, es un poco la función de la poesía. Es bendición y maldición también, porque es un arte muy difícil de entender y todavía más de realizar; implica planteos y planteos acerca de la muerte, de la vida y del amor. La poesía molesta. Pensar esto: a muchas personas les pueden hacer escuchar Bach o Beethoven o ver una pintura de Van Gogh y dicen “fascinante”, sin embargo en la poesía 31

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existe como una barrera, porque, vuelvo a repetir, es difícil de entender. Eso hace que tenga menos difusión que otras ramas artísticas y a la vez por la temática que aborda genera cierta repugnancia. La poesía es difícil. Entonces: ¿Cómo sentís el acontecer poético: evoluciona o está muriendo? Siempre debe haber sido así, creo que siempre existió poca gente escribiendo para todos y terminó siendo escuchado por pocos. La poesía siempre termina siendo un reclamo universal que es para muchos, que es para todos, no obstante no es escuchada ni leída, al menos masivamente. ¿Por qué? Por la facilidad, todo tiende a lo fácil: el control remoto, el auto más rápido, la comida más rápida. La poesía es complicada, trata de temas espinosos, es más fácil mirar una película o la televisión. La sociedad tiende a lo fácil ¿Qué labor debería llevar a cabo el poeta, para mostrar esa tercera dimensión a un público más amplio? Salir a la calle. Salir a repartir poemas en los bares, en las calles, casi una especie de concientización política o espiritual. ¿Necesariamente la poesía implica una concientización? No. Pero sí debe o debería despertar un dolor, una belleza, un recuerdo de la niñez, me imagino alguien en Buenos Aires que vaya de la oficina a su casa y de la casa a la oficina, sin poder tener contacto con su familia, con sus hijos, tanto como él quisiera, y que un día lea una poema, un verso y piense: la vida esta en otro lado. El estruendo innecesario de dos motos, veloces, por la diagonal, rompe el pequeño mundo que habíamos creado en ese rincón de la ciudad y es una pausa, pero también otra cerveza. Decido cambiar de tema. ¿Qué idea tenés formada respecto del ambiente literario en Mar del Plata? Revista La Avispa Nº41

Veo un auge, una efervescencia, cada vez más gente que se acerca, pero no sé, sinceramente si es verdad que crece o solo es un reducto tan chico que cualquier movimiento no pasa desapercibido. Y también veo lo académico y siento que no tiene libertad, están acotados por técnicas, movimientos e historias, y aunque yo también respeto y aplico cierta técnica, existen artistas que publican movidos por modas o pensando qué es lo que se vende o qué es lo que se quiere escuchar. Parece que existiese en el ámbito académico cierta poesía obsoleta, quizás justo aquella poesía que trasmite la belleza que tanto necesitamos. Ahora un perro callejero interrumpe misteriosamente la charla y apoya mansamente el hocico sobre la pierna de Mariano. Y nos quedamos hablando por un rato de esa belleza que tienen los perros abandonados y recordamos a Sábato en “Antes del Fin”, ese personaje “tridimensional” que piensa que todo es catastrófico, él y el mundo; y sin embargo parece que siempre existe alguien que nos necesita o alguien que aguarda, acaso por que no lo sabe, la mirada, la voz del poeta y su tercer ojo, que nos desnuda el mundo: a veces violento, a veces absurdo, pero bello, necesitadamente bello. ¿Cómo te iniciaste con la escritura? Leyendo, más que nada leyendo. Recuerdo en el primer año del colegio secundario con un profesor de letras empezamos a analizar cuentos de Ray Bradbury y todos esos análisis, que para mí eran un mundo nuevo, comenzaron a gustarme mucho. Después vino la universidad y ahí sí estalló todo, fue como otro panorama. Trabajaba en la fotocopiadora de la facultad y seleccionaba de las carpetas de letras o de filosofía los textos que me parecían interesantes y me hacia copias, y dije esto es “fascinante” y continué mis lecturas, búsquedas y mi pasión por escribir. 32


Entonces ¿Por qué creés que escribís? Creo que para entender o justificar el mundo o mi modo de vida. Por último: ¿Qué significa para vos la poesía? Una belleza eterna, un instante de belleza eterno. Luego es papel, pero primero momentos sublimes y eternos y después, solo después es papel o el amor de plantar un pequeño malvón en un cantero solitario.

En los campos germinan muchos miedos, ciudades químicas y obscenas donde se trafica semen, nitroglicerina. Niños atrapados entre rejas de fibra óptica no escapan a los museos para oler estrellas. La cena que mañana fortalecerá gusanos se cocina en los gimnasios. Entre criptas, machos y hembras, lenguas, sudor, perfumes oscuros en zapatos de oficina, vidrieras trampa, masturbación del subte. Circuncisión de los afligidos, prisioneros en mandíbulas sexuales. ¡Cadalso asfáltico y promiscuo! ¡Revolución cibernecrófila!

Poemas de Mariano Orcoyen

Asco

Ciénaga que nace rascacielos, ojos polvorientos rompen el sol, maniquíes frenéticos de barro. Sentí en los dedos dolor a telgopor, quise bajar persianas por si acaso el mundo, pero tenían miedo de ojos insolentes o senos neón, y no cayeron. Quedé recostado con un viento nocturno quemándome los pulmones. Comprendí que también yo era alucinación de estrellas, muñeco acosado por oleajes. Ya no quimericé redenciones de caminante ni desenfrenos lunares sobre cabezas de pájaros. Se dibujó mi mascara en el pozo, no amé más la vigilia de los proscritos.

Orgia del atardecer radiactivo. Un fauno laborea burbujas de barro en las alcantarillas y las escupe hacia el verano. Demolimos el firmamento, ahorcamos ríos para glorificar engranajes, desgarramos el espíritu y lo arrojamos a los perros del cuerpo. Octubre 2007, Mar del Plata

Otoñar

“Solitario, en el desierto, bajo las estrellas de siempre”

Lejos del trigal Mis manos fabrican reptiles y noches. A la deriva con esta lluvia secándome los ojos, voy sembrando ladrillos de luz negra, contratando payasos sin boca. Cómo reír con tanto mar a cuestas, cómo broncearme de estrellas si un arco iris de lata me seduce. Espantapájaros que otoña mascarajes, pronto saldrán a buscarme al bosque con jaurías rompenubes.

A veces recuerdo el arte de extraviarme en un bosque. de socavar estíos bajo el pecado vespertino. Tanto muro de trigo me fue en vano. Arrodillado de espaldas al océano construí un dios vidrioso y rengo, crespusculé con la multitud de babosas, íbamos sonrientes, desenfrenadas, oxidando gaviotas, monarquizando vientres. 33

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Cazador de lunas

Todos están tendidos bajo la fiebre del oro degustando porciones de siesta, y la luna en silla de ruedas con sus piernitas quebradas hasta el espanto desarmándose de sur a norte, y yo corriendo entre fracasos de nylon junto restos de cuarto creciente

“Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar.” Fernando Pessoa

Intento salvarme con nombres y perfumes que tal vez nunca abracen estos ojos de pájaro muerto, Sin título tengo el corazón enfermo de océanos sin Un silencio de bambú y arroyo agua. duerme en la lluvia, No ser argentino ni extranjero, no muy lejos de Kuala Lumpur, no tener dios ni apellido, no muy lejos del diablo de aluminio. sólo pertenecer a la desnudez de los Un silencio de aldea y noche nace bosques. no muy lejos de la autopista este Siempre te acaricio muerte, donde los ojos dejan de sonreír. cuando nadie roza tu piel yo te violo, Un silencio de pies desnudos y peces grita te unto con la baba de todas mis pesadillas, al final del camino que nadie toma, cuando nadie ve tus manos no muy lejos de Kuala Lumpur, yo las veo afilar sombras donde los proxenetas de utopías venden mentiras en envases de veinte pulgadas. en un galpón sin nombre. Salgo a cazar lunas con la red de mis párpados, El silencio de lluvia y arroz ama, hace veintiocho tristezas pero la ciudad lo escupe. que vuelvo con la sangre vacía. Marzo 2008, Mar del Plata

Sin título Horario de la soga, instante del salto, elogio de la rama. Ya no serán los árboles sólo árboles para quienes me amaron

Revista La Avispa Nº41

Por Pablo de la Fuente (Mar del Plata) pablo-delafuente@hotmail.com

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Teatro CLAUDIA MARCELA MOSSO - Actriz, docente y directora de teatro “La utilización del humor es un puente que une a las personas” Hablar de una actriz recibida en la Escuela Municipal de Arte Dramático en el año 1987 quizá no sea trascendente, pero agregar que desde el año 83 hasta la fecha ha incursionado sin cansancio en talleres de actuación, entrenamiento actoral, murga callejera, acrobacia, improvisación, teatro antropológico, teatro experimental, zancos, clown, montaje, Contact Improvisation, aunando a ello clases de canto, su sueño oculto, no solo es referirse al constante crecimiento de una buena actriz, es describir a una mujer joven que ha dedicado su vida laboral a la profesión de vivir del teatro en sus diversas estructuras; actuando, enseñando y dirigiendo. Son tantos los maestros que han sembrado en ella, que sería imposible nombrarlos a todos; Moyano, Redondo, Lambertini, Grupo Stalker Silt Theater (Australia) Eduardo Calvo entre otros. En 1983 hizo su primera experiencia como actriz con la pieza “La puerta” de E. Larosa Dir. M. Moyano y “Humo” primer cortometraje en 1985. Su pasión, el canto la alcanzó con el “Espectáculo Música Alternativa” con Trio Corradini, Grupo Magma y León Gieco 1988. El año 1990 fue de grandes reconocimientos al recibir el Premio Estrella de Mar Mejor Espectáculo Infantil y Premio Gaviota de Oro

por “Historia tendenciosa de la clase media argentina” y el Premio Estrella de Mar Mejor Espectáculo. Marplatense 1990 - Premio Gaviota de Oro 1990 por “Y que tengan felices juegos”. Luego recibe Primer Premio Bienal Arte Joven Rosario 1992 y es Nominada al Premio Estrella de Mar 1993 por “Hasta las manos” creado por “Las Divinas con Medias”. Participó en el elenco de “Boogie, el aceitoso” Ganador del “Plan de Apoyo a Elencos Independientes” por la Comedia de la Pcia. de Bs. 35

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As. Participó de “Entomología forense”, en 2003/2004. Espectáculo subsidiado por el Instituto Nacional del Teatro. Mención Especial a la Investigación Teatral Encuentro Regional de Teatro Mar del Plata 2003. Participa en el 2006 en “Animal luminoso” 1er cortometraje marplatense grabado en alta definición, por Julio Lascano, Filme Declarado de Interés Municipal. Seleccionado y premiado en festivales nacionales e internacionales como el “Internacional de Cine Pobre”, Cuba 2006 entre otros. Claudia Mosso ha transitado más de cincuenta espectáculos en donde su adaptabilidad al género la llevan del drama a la comedia con la facilidad de quién ha nacido para dar sobre un escenario su esencia más íntima, y si bien en lo dramático se destaca, en lo humorístico se distingue porque se desborda su alegría natural haciendo divertir. Ella dice “La utilización del humor es un puente que une a las personas” y al escuchar las risas de la platea es indudable que no está equivocada. Esta temporada logró el Premio Estrella de Mar a la mejor Actuación Femenina Marplatense 2008, un reconocimiento merecido a esta talentosa actriz con la obra “DISPARATE” con dramaturgia y dirección de Guillermo Yanícola, distinción que gana luego de cinco años en cartel y más de 200 funciones y premios como Mejor Actriz en el Encuentro Regional de Teatro Villa Gesell 2004 Comedia de la Prov. de Bs As. - Nominación Estrella de Mar a la Actuación Femenina Marplatense 2004 - Ganadora Encuentro Provincial de Teatro Trenque Lauquen 2004 - Espectáculo seleccionado para representar a la Prov. de Bs. As en la Fiesta Nacional del Teatro, Río Negro 2005. “Los premios estimulan y es como sentir el proceso del propio crecimiento”, dice. En “DISPARATE” interpreta a la mujer de un matrimonio que lleva 25 años de casados, (junto a Guillermo Yanícola) es una pareja Revista La Avispa Nº41

como muchas pero vista desde la óptica del absurdo. Discuten, se pelean, se reconcilian, recuerdan, se ríen, hablan todo el tiempo y no dicen nada, pero están ahí, y seguirán quien sabe hasta cuando… Por supuesto un tema tratado con finísimo sentido del humor en donde Mosso despliega toda su firmeza histriónica y logra un personaje hilarante en un espectáculo imperdible. ¿Cómo llega usted al teatro? Por curiosidad, después de un frustrado paso por la Facultad de Ciencias Exactas. ¿Recuerda el primer guión que leyó? No, pero recuerdo mi fascinación al descubrir a Shakespeare ¿Qué obra suya o de otro director le gustaría reponer? “Entomología forense”, dirigida por Adrian Canale ¿Tiene algún tipo de ritual ante de subir a un escenario? No, pero me gusta el rato previo del camarín, me divierte y es una forma de conectar con mis compañeros y con la obra. Existe la comunión Teatro-Política ¿Piensa que al público le interesa esa propuesta? Creo que hay público para todo y por supuesto esa comunión interesa ya que el teatro en más de una oportunidad ha cumplido una función importantísima en ese sentido. ¿Cómo inserta en lo cotidiano su labor teatral? En la docencia básicamente y siendo una trabajadora del teatro intento difundir en todos los espacios donde me muevo la actividad teatral local. ¿Cuál es su límite ante una escena o un texto? No lo sé, ante un nuevo desafío siempre me entrego y confío en el trabajo. ¿Actuar o dirigir? Actuar. 36


PING - PONG ¿Una obra? Hamlet, La tempestad, alguna de Shakespeare. ¿Un autor? Shakespeare. ¿Un docente? Aprendí mucho con Enrique Baigol. ¿Un escritor/ra marplatense? Guillermo Yanícola. ¿Un actor o actriz marplatense? Juan Carlos Cabello. ¿Un libro? Las mil y una noches. ¿Un amigo? Muchos. ¿Un color? Rojo. ¿Una fecha? 24 de abril de 2000. ¿Un sueño? Cantar en público.

¿Qué es lo que prima al abordar una obra, el goce o el dolor? El goce. ¿Se piensa en la obra o en el espectador o viceversa? ¿Por qué? Pienso en la obra, en dar lo mejor para que salga un buen producto, si a la gente le gusta mucho mejor. Lo que me toque hacer lo tengo que disfrutar principalmente yo. ¿Qué tipo de teatro le provoca admiración? El teatro basado en la actuación, donde los actores son los que “dicen”, la actuación en crudo y en primer plano. ¿Se siente acompañado o el medio teatral es solitario y competitivo? Me siento acompañada por supuesto, somos muchos en esta búsqueda. ¿Cree usted que la labor de la mujer es diferente de la del hombre en esta profesión? No, trabajamos ambos con la misma intensidad y entrega. ¿Se sienten cuidados desde la subsecretaria de cultura? Me gustaría que hubiera más apoyo, lo merecemos.

Alejandro Gómez (Mar del Plata)

Cervantes

halegomez2003@yahoo.com.ar

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Rescates DÍA DEL ESCRITOR - 13 DE JUNIO

Leopoldo Lugones nació en Villa de María del Río Seco, en la provincia de Córdoba, un 13 de junio de 1874. Es figura central del panorama literario de principios del XX. Controvertido, asombra por su amplia actividad política (notablemente cambiante y reflejo de su propia inestabilidad personal, que lo llevó al suicidio en 1938) e intelectual: Inspector General de Educación, Director de la Biblioteca Nacional de Maestros, fundador de la Sociedad Argentina de Escritores, el Instituto Nacional del Profesorado Secundario. Su obra es notablemente prolífica, tanto en el aspecto narrativo-poético, ensayístico y periodístico. Se dice que escribió los cuentos fantásticos más perfectos de la literatura castellana: por la prosa excepcional que los narra, por los argumentos asombrosos que abordan y por los hallazgos narrativos que ensayó para dar verosimilitud a esas fantasías. Ya en 1927, el elemento fantástico se introduce a poco de iniciarse la narración y se hace protagonista de la misma, construyéndose ésta a su alrededor. Las posibilidades que descubrió son las mismas que después retomaron escritores contemporáneos: la supresión de una parte decisiva de la narración que enriquece la duda y alcanza la angustia. Trabaja el lenguaje con algo de barroquismo, pero en medio de las pautas creadas por el Modernismo. Ideas de inspiración oriental, mitos clásicos y hechos pseudocientíficos revelan influencias de Wells y de Poe. El misterio continúa siendo objeto atrayente, no sólo para producir turbación al lector, sino para transmitir sensaciones de vértigo, de desconcierto, de temible inseguridad... Entre sus obras: “Las Fuerzas Extrañas” (1906), “Las montañas de oro” (1897), “Crepúsculos del jardín”, “Lunario sentimental” (1909), “Odas Revista La Avispa Nº41

seculares”, “Las limaduras de Hephaestos” y “Prometeo” (1910) “El payador” (1916), “El libro de los paisajes”, “Romancero” y “Estudios helénicos” (1924), “Cuentos fatales” (1926), “Poemas solariegos”, y “Romances del Río Seco”, entre otros. En recuerdo de su nacimiento se celebra el Día del Escritor en nuestro país.

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Un fenómeno inexplicable Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola en que se dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones indispensables para escapar a las horribles posadas de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre, exigía fundamentales refacciones. Mi última peregrinación debía efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie sabía indicarme un albergue en la población hacia donde iba a dirigirme. Sin embargo, las circunstancias apremiaban, cuando el juez de paz que me profesaba cierta simpatía, vino en mi auxilio. –Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo y solo. Posee una casa, lo mejor de la colonia, y varios terrenos de no escaso valor. Algunos servicios que mi cargo me puso en situación de prestarle, serán buen pretexto para la recomendación que usted desea, y que si es eficaz le proporcionará excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele tener su luna en ciertas ocasiones, siendo, además, extraordinariamente reservado. Nadie ha podido penetrar en su casa más allá del dormitorio donde instala a sus huéspedes, muy escasos por otra parte. Todo esto quiere decir que va usted en condiciones nada ventajosas, pero es cuanto puedo suministrarle. El éxito es puramente casual. Con todo, si usted quiere una carta de recomendación. Acepté y emprendí acto continuo mi viaje, llegando al punto de destino horas después. Nada tenía de atrayente el lugar. La estación con su techo de tejas coloradas; su andén crujiente de carbonilla; su semáforo a la derecha, su pozo a la izquierda. En la doble vía del frente, media docena de vagones que aguardaban la cosecha. Más allá el galpón, bloqueado por bolsas de trigo. A raíz del terraplén, la pampa con su color amarillento como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque diseminadas a lo lejos, cada una con su parva al costado; sobre el horizonte el festón de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica enormidad entonando el color rural del paisaje. Aquello era vulgarmente simétrico como todas las fundaciones recientes. Notábanse rayas de mensura en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos colonos llegaban a la estafeta en busca de cartas. Pregunté a uno por la casa consabida, obteniendo inmediatamente las señas. Noté en el modo de referirse a mi huésped, que se lo tenía por hombre considerable. No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras más allá, hacia el oeste, al extremo de un camino polvoroso que con la tarde tomaba coloraciones lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa, de cierta gallardía exótica entre las viviendas circundantes; su jardín al frente; el patio interior rodeado por una pared tras la cual sobresalían ramas de duraznero. El conjunto era agradable y fresco; pero todo parecía deshabitado. En el silencio de la tarde, allá sobre la campiña desierta, aquella casita, no obstante su aspecto de chalet industrioso, tenía una especie de triste dulzura, algo de sepulcro nuevo en el emplazamiento de un antiguo cementerio. Cuando llegué a la verja, noté que en el jardín había rosas, rosas de otoño, cuyo perfume aliviaba como una caridad la fatigosa exhalación de las trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con la mano, crecía libremente la hierba; y una pala cubierta de óxido yacía contra la pared, con su cabo enteramente liado por una guía de enredadera. Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y no sin cierta impresión vaga de temor fui a golpear la puerta interna. Pasaron minutos. El viento se puso a silbar en una rendija, agravando la 39

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soledad. A un segundo llamado, sentí pasos; y poco después la puerta se abría, con un ruido de madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome. Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarlo a mis anchas. Cabeza elevada y calva; rostro afeitado de clergyman; labios generosos, nariz austera. Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias superciliares, equilibraban con una recta expresión de tendencias impulsivas, el desdén imperioso de su mentón. Definido por sus inclinaciones profesionales, aquel hombre podía ser lo mismo un militar que un misionero. Hubiera deseado mirar sus manos para completar mi impresión, mas sólo podía verlas por el dorso. Enterado de la carta, me invitó a pasar, y todo el resto de mi permanencia, hasta la hora de comer, quedó ocupado por mis arreglos personales. En la mesa fue donde empecé a notar algo extraño. Mientras comíamos, advertí que no obstante su perfecta cortesía, algo preocupaba a mi interlocutor. Su mirada invariablemente dirigida hacia un ángulo de la habitación, manifestaba cierta angustia; pero como su sombra daba precisamente en ese punto, mis miradas furtivas nada pudieron descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello sino una distracción habitual. La conversación seguía en tono bastante animado, sin embargo. Tratábase del cólera que por entonces azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por haber encontrado en mí uno del gremio. A este propósito, cierta frase del diálogo hizo variar su tendencia. La acción de las dosis reducidas acababa de sugerirme un argumento que me apresuré a exponer. –La influencia que sobre el péndulo de Rutter –dije concluyendo una frase– ejerce la proximidad de cualquier substancia, no depende de la cantidad. Un glóbulo homeopático determina oscilaciones iguales a las que produciría una dosis quinientas o mil veces mayor. Advertí al momento, que acababa de interesar con mi observación. El dueño de casa me miraba ahora. –Sin embargo, respondió, Reichenbach ha contestado negativamente esa prueba. Supongo que ha leído usted a Reichenbach. –Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he ensayado, y mi aparato, confirmando a Rutter, me ha demostrado que el error procedía del sabio alemán, no del inglés. La causa de semejante error es sencillísima, tanto que me sorprende cómo no dio con ella el ilustre descubridor de la parafina y de la creosota. Aquí, sonrisa de mi huésped: prueba terminante de que nos entendíamos. –¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, o el perfeccionado por el doctor Leger? –El segundo –respondí. –Es mejor. ¿Y cuál sería, según sus investigaciones, la causa del error de Reichenbach? –Esta: los sensitivos con que operaba, influían sobre el aparato, sugestionándose por la cantidad del cuerpo estudiado. Si la oscilación provocada por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba una amplitud de cuatro líneas, las ideas corrientes sobre la relación entre causa y efecto, exigían que la oscilación aumentara en proporción con la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los sensitivos del barón, eran individuos nada versados por lo común en especulaciones científicas; y quienes practican experiencias así, saben cuán poderosamente influyen sobre tales personas las ideas tenidas por verdaderas, sobre todo si son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El péndulo no obedece a la cantidad, sino a la naturaleza del cuerpo estudiado solamente; pero cuando el sensitivo cree que la cantidad mayor influye, aumenta el efecto, Revista La Avispa Nº41

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pues toda creencia es una volición. Un péndulo, ante el cual el sujeto opera sin conocer las variaciones de cantidad, confirma a Rutter. Desaparecida la alucinación... –Oh, ya tenemos aquí la alucinación – dijo mi interlocutor con manifiesto desagrado. –No soy de los que explican todo por la alucinación, a lo menos confundiéndola con la subjetividad, como frecuentemente ocurre. La alucinación es para mí una fuerza, más que un estado de ánimo, y así considerada, se explica por medio de ella buena porción de fenómenos. Creo que es la doctrina justa. –Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí a Home, el médium, en Londres, allá por 1872. Seguí luego con vivo interés las experiencias de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista; pero la evidencia se me impuso con motivo de los fenómenos del 74. La alucinación no basta para explicarlo todo. Créame usted, las apariciones son autónomas... –Permítame una pequeña digresión –interrumpí, encontrando en aquellos recuerdos una oportunidad para comprobar mis deducciones sobre el personaje– quiero hacerle una pregunta, que no exige desde luego contestación, si es indiscreta. ¿Ha sido usted militar?... –Poco tiempo; llegué a subteniente del ejército de la India. –Por cierto, la India sería para usted un campo de curiosos estudios. –No; la guerra cerraba el camino del Tíbet a donde hubiese querido llegar. Fui hasta Cawnpore, nada más. Por motivos de salud, regresé muy luego a Inglaterra; de Inglaterra pasé a Chile en 1879; y por último a este país en 1888. –¿Enfermó usted en la India? –Sí –respondió con tristeza el antiguo militar, clavando nuevamente sus ojos en el rincón del aposento. –¿El cólera?... –insistí. Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró por sobre mí, vagamente. Su pulgar comenzó a moverse entre los ralos cabellos de la nuca. Comprendí que iba a hacerme una confidencia de la cual eran prólogo aquellos ademanes, y esperé. Afuera chirriaba un grillo en la oscuridad. –Fue algo peor todavía –comenzó mi huésped–. Fue el misterio. Pronto hará cuarenta años y nadie lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué decirlo? No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo menos. No soy un triste, soy un desesperado. Mi mujer falleció hace ocho años, ignorando el mal que me devoraba, y afortunadamente no he tenido hijos. Encuentro en usted por primera vez un hombre capaz de comprenderme. Me incliné agradecido. –¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, sin capilla y sin academia! Y no obstante, está usted todavía en los umbrales. Los fluidos ódicos de Reichenbach no son más que el prólogo. El caso que va usted a conocer, le revelará hasta dónde puede llegarse. El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas a su castellano un tanto gramatical. Los incisos adquirían una tendencia imperiosa, una plenitud rítmica extraña en aquel acento extranjero. –En febrero de 1858 –continuó– fue cuando perdí toda mi alegría. Habrá usted oído hablar de los yoghis, los singulares mendigos cuya vida se comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los viajeros han popularizado sus hazañas, que sería inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué consiste la base de sus poderes? –Creo que en la facultad de producir cuando quieren el autosonambulismo, volviéndose de tal modo insensibles, videntes... –Es exacto. Pues bien, yo vi operar a los yoghis en condiciones que imposibilitaban toda super41

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chería. Llegué hasta fotografiar las escenas, y la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto. La alucinación resultaba, así, imposible, pues los ingredientes químicos no se alucinan... Entonces quise desarrollar idénticos poderes. He sido siempre audaz, y luego no estaba entonces en situación de apreciar las consecuencias. Puse, pues, manos a la obra. –¿Por cuál método? Sin responderme, continuó: –Los resultados fueron sorprendentes. En poco tiempo llegué a dormir. Al cabo de dos años producía la traslación consciente. Pero aquellas prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud. Me sentía espantosamente desamparado, y con la seguridad de una cosa adversa mezclada a mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame la curiosidad. Estaba en la pendiente y ya no podía detenerme. Por una continua tensión de voluntad, conseguía salvar las apariencias ante el mundo. Mas, poco a poco, el poder despertado en mí se volvía más rebelde... Una distracción prolongada, ocasionaba el desdoblamiento. Sentía mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía a ser algo así como una afirmación del no yo, diré expresando concretamente aquel estado. Como las impresiones se avivaban, produciéndome angustiosa lucidez, resolví una noche ver mi doble. Ver qué era lo que salía de mí, siendo yo mismo, durante el sueño extático. –¿Y pudo conseguirlo? –Fue una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento se produjo con la facilidad acostumbrada. Cuando recobré la conciencia, ante mí, en un rincón del aposento, había una forma. Y esa forma era un mono, un horrible animal que me miraba fijamente. Desde entonces no se aparta de mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. A donde quiera él va, voy conmigo, con él. Está siempre ahí. Me mira constantemente, pero no se le acerca jamás, no se mueve jamás, no me muevo jamás... Subrayo los pronombres trocados en la última frase, tal como la oí. Una sincera aflicción me embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una sugestión atroz. –Cálmese usted –le dije, aparentando confianza–. La reintegración no es imposible. –¡Oh, sí! –respondió con amargura–. Esto es ya viejo. Figúrese usted, he perdido el concepto de la unidad. Sé que dos y dos son cuatro, por recuerdo; pero ya no lo siento. El más sencillo problema de aritmética carece de sentido para mí, pues me falta la convicción de la cantidad. Y todavía sufro cosas más raras. Cuando me tomo una mano con la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta, como si perteneciera a otra persona que no soy yo. A veces veo las cosas dobles, porque cada ojo procede sin relación con el otro... Era, a no dudarlo, un caso curioso de locura, que no excluía el más perfecto raciocinio. –Pero en fin, ¿ese mono?... –pregunté para agotar el asunto. –Es negro como mi propia sombra, y melancólico al lado de un hombre. La descripción es exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su estatura es mediana, su cara como todas las caras de mono. Pero siento, no obstante, que se parece a mí. Hablo con entero dominio de mí mismo. ¡Ese animal se parece a mí! Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin embargo, la idea de una cara simiesca formaba tan violento contraste con su rostro de aventajado ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta, que la incredulidad se imponía por esta circunstancia, más aún que por lo absurdo de la alucinación. Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie como adoptando una resolución definitiva: Revista La Avispa Nº41

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–Voy a caminar por este cuarto, para que usted lo vea. Observe mi sombra, se lo ruego. Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa hasta un extremo del comedor y comenzó a pasearse. Entonces, la más grande de las sorpresas me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se movía! Proyectada sobre el rincón, de la cintura arriba, y con la parte inferior sobre el piso de madera clara, parecía una membrana, alargándose y acortándose según la mayor o menor proximidad de su dueño. No podía yo notar desplazamiento alguno bajo las incidencias de luz en que a cada momento se encontraba el hombre. Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura, resolví desimpresionarme y ver si hacía algo parecido con mi huésped, por medio de un experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener su silueta pasando un lápiz sobre el perfil de la sombra. Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro migas de pan mojado hasta conseguir la más perfecta adherencia posible a la pared, y de manera que la sombra del rostro quedase en el centro mismo de la hoja. Quería, como se ve, probar por la identidad del perfil entre la cara y su sombra (esto saltaba a la vista, pero el alucinado sostenía lo contrario) el origen de dicha sombra, con intención de explicar luego su inmovilidad asegurándome una base exacta. Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron un poco al posarse en la mancha sombría, que por lo demás diseñaba perfectamente el perfil de mi interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el pulso no me falló en el trazado. Hice la línea sin levantar la mano, con un lápiz Hardtmuth azul, y no despegué la hoja concluido que hube, hasta no hallarme convencido por una escrupulosa observación, de que mi trazo coincidía perfectamente con el perfil de la sombra, y éste con el de la cara del alucinado. Mi huésped seguía la experiencia con inmenso interés. Cuando me aproximé a la mesa, vi temblar sus manos de emoción contenida. El corazón me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace. –No mire usted –dije. –¡Miraré! –me respondió con un acento tan imperioso, que a pesar mío puse el papel ante la luz. Ambos palidecimos de una manera horrible. Allí ante nuestros ojos, la raya de lápiz trazaba una frente deprimida, una nariz chata, un hocico bestial. ¡El mono! ¡La cosa maldita! Y conste que yo no sé dibujar.

Leopoldo Lugones 43

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“Un buen escritor no es cuentista ni novelista, es una persona resignada que escribe lo que puede (…) Los géneros literarios son una ilusión. Imaginamos historias, y lo único que podemos hacer es acatar su forma, que siempre es anterior a las palabras, aceptar sus leyes y tratar de no equivocarnos demasiado” Abelardo Castillo, “Las maquinarias de la noche”. “El libro es el único lugar en que dos extraños pueden encontrarse en términos íntimos.” Paul Auster (n. 1947)

Hemingway

“Los fantasmas de un escritor son aquellos personajes o detalles o situaciones que persiguen al autor, como perros de presa, a lo largo de todos sus libros. Son imágenes que para el novelista tienen un profundo contenido simbólico, un significado que normalmente no entiende, porque los fantasmas son arteros y se ocultan con tan buena maña entre los pliegues del subconsciente que el escritor a menudo ni siquiera es capaz de saber que los tiene; y así, puede suceder, por ejemplo, que un autor suele meter en sus libros personajes cojos, pero que no se haya dado cuenta de que lo hace.” Rosa Montero, “La loca de la casa”.

Consejos para escribir de E. Hemingway “Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés [vale leer “español”] vigoroso. Sé positivo, no negativo. La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve. Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como espléndido, grande, magnífico, suntuoso. Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas. Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir. Los escritores deberían trabajar solos. Deberían verse sólo una vez terminadas sus obras, y aun entonces, no con demasiada frecuencia. Si no, se vuelven como los escritores de Nueva York. Como lombrices de tierra dentro de una botella, tratando de nutrirse a partir del contacto entre ellos y de la botella. A veces la botella tiene forma artística, a veces económica, a veces económico-religiosa. Pero una vez que están en la botella, se quedan allí. Se sienten solos afuera de la botella. No quieren sentirse solos. Les da miedo estar solos en sus creencias... A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos. Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.”


Plástica LA PINTURA NO ES JUEGO La pintura teñida con el color de las pasiones agrandó la visión de seres que teniendo un destino no deseado supieron sublimar sus miserias en la magia del color y la forma. Según Calderaro si se juega por jugar y se pinta por pintar significa que en ambas actividades hay características similares y agrega: …no debemos olvidar que en los juegos perseguimos fines ficticios mientras que en aquellas actividades (política, aventura, comercio, actividades de bolsa, etc.) los fines perseguidos revisten caracteres serios, a veces dramáticos y trágicos. En la creación artística también se persiguen fines ficticios, pero eso sí, revestidos de un tremendo carácter de seriedad, lo que le da el aspecto de trabajo y no de juego… Los dos extremos de la cadena son pues: el juego ingenuo del niño y el trabajo del presidiario. La actividad del arte hay que colocarla en consecuencia entre el juego superior y el trabajo superior, pero sin que sea trabajo, ni juego. O mejor dicho, el arte es juego y trabajo a la vez. Juego laborioso y trabajo lúdico. Tiene las características del juego y la forma del trabajo. La trayectoria del pintor requiere de muchos pasos para llegar al verdadero estilo que muchas veces no es el que soñó, pero si el que pudo conquistar con su esfuerzo. Recurro a juicios hechos en base a distintos pintores, que muestran sus desencantos y conquistas. LEGER: (Fernand–l88l-1955, francés). Opuesto a Picasso en su concepción del humor, mientras aquel es una inmensa improvisación Leger iba a la construcción. Fue de gran influencia en el arte decorativo contemporáneo. Instigador de la vuelta a la decoración de las calles mediante carteles. BRAQUE: (Georges–1882-1963, francés). El

fauvismo nació del encuentro entre Vlaminck y Derain, el cubismo del choque de dos personalidades: Braque y Picasso. Renegó de su período fauve, se abrió de tal aventura, luego se

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liberó del impresionismo. No sacrificó la forma al color. El desnudo que pinta a finales de 1907 señala el adiós definitivo al fauvismo. Sintió la necesidad de someter la naturaleza a formas geométricas; posteriormente al adquirir mayor maestría se deja llevar a una armonía flexible como lo demuestra en su madurez, en las naturalezas muertas. DERAIN: (André–l880-1954, francés). Se Grupo delapalabra


debatió entre la sumisión a la realidad y las propuestas audaces de los cubistas y de los abstractos. Quiso imponer orden al desorden de su época, su fracaso se considera más glorioso que muchos éxitos. Se encerró en la misantropía. Su obra muestra las corrientes de la época. Voluntad de composición y ambición. Tal vez el desencanto de no haber alcanzado la gran meta a que aspiró revela el infortunio de su vida. Sus intentos llenos de pasión muestran su ardiente sensibilidad, nobleza que conmueve en su obra. TOULOUSE LAUTREC: (Henri de–18641901, francés). Gauguin como Van Gogh tienen común la tristeza. No a Henri de Toulouse-Lautrec de quien se dijo contrarió esa imagen. Trató de captar la vida que se le presentaba en el galopar de caballos, ante la gracia de esas mujeres que lo rechazaban, pero sus ojos de pintor lo privilegiaron y lo hicieron apoderarse de lo que la vida le negó por su desgracia física. Dibujante por excelencia, se suma al mundo que lo rodea. Sus maestros son DEGAS (Edgar de Gas–1834-1917, francés) y FORAIN (Jean Louis-1852-1931, francés). En su obra el contorno hace su aparición, desaparece el modelado y dispone el color en tintas planas. Su dibujo llega a la síntesis. En sus estampas logra eficacia y monumentalidad. Se dedica al contraluz, destaca la forma sobre el fondo Revista La Avispa Nº41

oscuro y privilegia el blanco y el negro. Lautrec descubre el arte de: Suzanne VALADON (18671938, francesa) próximo al suyo. Influenciada por Gauguin. Fue modista, acróbata y modelo. Su tema, la realidad, no poetiza, no profundiza ni embellece. “No será nunca lo bastante feo”, compartió este juicio con su hijo UTRILLO, con respecto a una de sus obras. Sus temas fueron: desnudos, flores, paisajes de suburbios y retratos. Ella no pudo transfigurar la realidad como Gauguin. Su vocación, realista. Su oficio, muy personal y por instinto llegó a un sensualismo que no quiso perder. ROUSSEAU: (Thèodore–1812-1867, francés). Lo destaca su afición a la realidad y a la belleza en base al ejercicio de la pintura, contrapuestos, se hallan en mayor grado de ingenuidad en la obra de Rousseau, el Aduanero. Desnivel entre ambición y habilidad. Su obra denota poesía y desemboca a pesar de la torpeza en un arte verdadero, en el que subyace la ingenuidad. Conoció su problema de perspectiva y espacio. Su gran imaginación adornó lo convencional y plasmó una fantasía seductora. Su trazo, decidido, en su paleta dominan los amarillos, rosados, castaños, verdes violáceos y negros profundos. Su exquisita manera de empastar: rica y suave. Busca la belleza, hallándose en su obra no el savoirfaire que añoró sino la poesía amparada por su instinto. Toulouse Lautrec, Suzanne Valadon y Rousseau, tres pintores de instinto, enlazaron sus ideales, lo que no poseyeron en la realidad de sus vidas, la pintura se los otorgó: el movimiento, la belleza de los cuerpos, paisajes espléndidos. 46


UTRILLO: (Maurice–1812-1955, francés). Su vida presenta analogía con la vida de Van Gogh. Théo hermano de Vincent era vendedor de cuadros; Suzanne Valadon, madre de Maurice era pintora. Aunque pusieron pinceles en sus manos nunca creyeron que sus

la admiración por lo que descubre. Las armonías son maravillosas. No hay disonancia, no hay error en el manejo de los blancos y grises, siendo su estilo de suma delicadeza y más teniendo en cuenta el medio en que sus obras fueron creadas, muchas veces en calabozos o comisarías. Utilizó diversas técnicas y variados estilos, posiblemente por sus distintos estados de ánimo. Sus paisajes no son trágicos ni enfermizos; algunos serenos y alegres. Otros expresan desolación. Montmartre, sus calles, los suburbios y las iglesias rurales le ayudaban a expresarse. Las figuras humanas casi

obras pudieran tener algún valor, sino para ayudarlos a vivir. Su mente era la de un niño de 14 años, imposible para relacionarse con el mundo adulto. La pintura era su liberación. Al querer comprender la creación artística, Utrillo nos conmueve. Su entorno lo consideraba un borracho insoportable. Él preguntaba “¿Cree usted que algún día se hablará de mi como se habla de Sisley?”. Su arte instintivo mueve a

ausentes, a veces como transeúntes; podrían no figurar y la composición no se alteraría. Muchas veces pintaba en base a postales que le proporcionaba su madre, de iglesias que nunca vio. Viajó a Bretaña y Córcega y allí 47

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lo rodeaba. Manejaba excelentemente el color. Rechazó la vanguardia y la academia; un maestro que no se puede clasificar.” Germain Bazin observa “La pintura de Van Dongen es una pintura de invernadero, donde se halla en estado de saturación, incandescente; es un color que tiene el brillo de las plantas exóticas… Acaso nos sorprenda que de tal reunión de colores crudos pueda salir otra cosa que una cacofonía, pero la razón de que esta no se produzca es la misma que hace que una sucesión de disonancias en la música de Ravel o de Stravinsky se resuelva en acordes consonantes.”

pintó paisajes luminosos y alegres. En 1935 su madre lo casó con una amiga. De ahí su vida no tuvo historia. A falta de vino, pintura. VAN DONGEN: (Kees–1877- , holandés). Su carácter mundano hacía que tratara a los grandes personajes. Si se posaba para él a partir del año 1920, políticos, mujeres de vida galante, artistas de la escena o la pantalla, se corría el riesgo de verse al desnudo, pues sus retratos tenían las características de un gran observador de la realidad. Si la joven era bonita, orgullosa de su estampa, la pintaba desnuda; otras que recibían regalos y joyas de los hombres, las adornaba con profusión de ellas. “A Anatole France, lo hizo aparecer como un humanista reblandecido, la condesa de Noailles, una poetisa que intentaba con el esplendor de su lirismo aumentar su pequeña talla; Boni de Castellane un guapo insípido y Rappaport, un comunista de salón. Así dominó el mundo que Revista La Avispa Nº41

Recuerdo las expresiones de MATISSE (La Grande Reveue 25-12-1908), cuando dice …Sueño con un arte de equilibrio, de pureza, de tranquilidad, sin tema que inquiete o que preocupe, que sea para todo aquel que hace trabajar a su cerebro, tanto para el hombre de negocios como para el artista de las letras, por ejemplo, un lenitivo, un calmante cerebral, algo análogo a un buen sillón en el que descanse de su fatiga física. Apreciando las facetas de los distintos artistas, puede uno maravillarse de cómo pudieron subvertir sus dolores, falencias y fracasos en obras sublimes, sin apelar a la violencia. Bibliografía: La Dimensión estética del hombre. J. D. Calderaro. Historia General de la Pintura. Los grandes maestros de la pintura moderna. George Clarensol. El Posimpresionismo. Michel-Claude Jolard Observación: Fovismo o Fauvismo, de fauve, fiera.

Ernesta Campos (Mar del Plata) 48


Reseñas AMANSALVA Emilce Strucchi Edición Deldragón emilcestrucchi@gmail.com

los seres tan grises como luminosos de la bohemia. Ser un instante no me pesa –dice la poeta– aunque los instantes pesen y nos hagan sucumbir, ebrios de rosas, ante nuestra propia alma adormecida. ¿Acaso estamos muriendo? Sin embargo hay brillo en el llanto de una autora que se para frente al mundo con la frente contra el trigo, en ella y desde el pasado, con todo su madurez; en el ahora. Una rebelión de amor que la arroja desde el otoño al alma, una vertiente que baña las rocas para que sus manos se vuelvan tiza, piel y silencio, como un espantapájaros al límite del sol. Por eso Lilián transita poemas sencillos con la furia de un pubis perturbado A solas con el fuego. El mundo puede sucumbir ante la belleza desnuda de un lenguaje ciego y preciso como la realidad de una celda incapaz de amordazar plegarias. ¿Por qué digo esto? Es que la poesía de Lilián París no soporta su peso. Y bienaventurados los capaces de sucumbir ante ella. Lilián dice adiós a los naufragios y a las mentiras entre dientes: La distancia es una vena larga que ondula la sangre. La muerte está viva. Es necesario oír el levísimo chasquido del crecimiento, quitar la sombra a los remansos, volverse árbol y ponerse, por fin, de pie. El teatro de la muerte babea, y también ella. Por eso los invito a compartir sus huesos, sus alas de pájaro, su camino.

Amansalva es sin lugar a dudas a mansalva. Emilce Strucchi es delatora y, a sabiendas, contra todo lo que de su cuerpo reconoce, ella mira y llora lo que ve; ella dice tajo, hilo… dice, sutura, cuando obstinada su carne vacilante es toda belleza que soporta. Sus rajaduras son una extensión que la arranca de los ojos para luego ser una lengua muerta colgando por el paisaje. Y sangra, y no se encuentra; presume ante la orilla que es suya la respiración con más de cien rostros desconocidos. Entonces se enfrenta a picahielo bajo el cuerpo, hacia ese amor que no fue amor cediendo al vacío, al filo de la servidumbre. Y herida se atraganta. Habrá que cuidarse. Nunca se sabe cuándo una mujer está herida de muerte. Por eso escribe, vulnerada sobre pañuelos sucios para presentir que existe. Luis Escobar luislupreste@yahoo.com.ar SEDALUNA Lilian París A veces no es difícil comentar una obra, máxime si ésta lo dice todo, si las palabras no tienen por qué ser vueltas a hacer sino que recobran a través de la lectura su faz primordial. Tal es el caso de esta re–edición de los libros de Lilián Paris de Márquina. Por eso me tomo el atrevimiento de jugar con el intertexto y re–elaborar, re–poemar su producción desde una sensibilidad no crítica sino desde el alma misma de mi ser… porque desde el alma es desde donde se disfruta y se debe disfrutar la poética de Lilián. Lenguas de fuego que, desde la noche del alma noche, nos acosan; blasfemias necesarias para quebrar el hielo de los espantapájaros de esta sociedad que ha decretado la muerte de la hierba, del corazón, de

Podríamos decir que los libros de Lilián París de Márquina son libros contra la muerte pero también muerte misma, ebria de otoños y deidades. En ellos la ausencia duele pero ¿quién puede sostener la soledad? Tal vez por eso diga, a modo de resguardo: Tú, que transitas mi poema sencillo, recórreme a solas con el fuego. El mundo puede concluir ahora, ante la belleza desnuda del lenguaje. Y no dejará de preguntarnos en cada una de sus líneas: ¿Quiénes somos? Sé que sin paz, sin voz ni nombre su ser está muriendo. Y revive en el poema. Marcela Predieri delapalabra@hotmail.com

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ÉNFASIS Ernesta Campos

un jardín que tiembla sin llave con la tristeza. Si hablamos de camuflaje tal vez este prólogo debería intentar un recorrido que capte lo que esconden sus versos pero no caeré en la tentación de hacer exégesis. Solo invito a leer entre líneas ya que la naturaleza, que puede ostentarse como tema central del libro, protege, no sólo a la autora sino también al lector, contra encuentro con la soledad. Y la soledad es peligrosa; desnuda, oblicuamente roza, acaricia, hace trepidar el corazón del arte. Si hay en este poemario una palabra que se transforma en obsesión y por lo tanto en símbolo que resignifica toda la obra, esa palabra es “pupilas”; pero estas pupilas son pupilas sin noches, pupilas de insomnio, pupilas que se quejan, mudas, ante las agresiones del agua salvaje, tal como reza en el poema que encabeza el libro. Y por qué agresión, por qué salvaje. Es que Daniela Riccioni –cito de “Velamen y Silencio”– flota a contrahilo, aunque sea ella misma quien se define en “Sollozo de Adoquines” como puerto que ata hilos de ansiedad. Sí, Riccioni está encadenada pero encadenada a la belleza y la belleza duele. A veces con solo nombrarla. Tal vez por eso diga: Apenas soy una línea que escasamente nace, escasamente muere, quizás por eso mismo hable de desenfreno y no se permita en medio de tanta flor abrir en pétalos su sangre. Ojalá haga caso a la sed urgente de su tiempo y deje de contar la arena para tenderse en ella, ojalá deje de temblar ante su propia sombra que la llama hacia balcón del estío. Creo que Riccioni ya no puede, ya no podrá después de este libro diluirse en la entrega dócil del silencio sino enfrentar su condición de poeta para que al espejar su encierro logre hacerlo luminoso porque –como ella misma dice– todo el libro respira, brota. Estoy convencida de que ya no habrá lugar después de “Collares De Luces Negras” para desmayarse en los bordes. Cada punto final puede ser un engaño –escribe Riccioni al cerrar el libro–; le contesto que también puede ser el inicio de un sueño al que puede abrazar para dejarse abrasar. Me pregunto por qué tendrá su sueño que desvanecerse descalzo si la vida la invita a rendirse a sus tacones, pintarse de lluvia y mostrarse de una buena vez como mujer, como poeta. Marcela Predieri

La poesía de Ernesta Campos es imagen; en ella desborda lo visual, todos matices se despliegan y los paisajes del alma trasmutan en color. Ernesta es conocida como artista plástica y eso se hace evidente tanto en las ilustraciones que acompañan al poemario como en sus textos. Sus palabras, que “huyen de la visita de las sombras”, esta vez no “apagan el grito”; y es ella misma quien ha optado por dejar de ser promesa o “pasajera de la intención” para que la carne se haga verbo. Todo primer libro exige valentía, renuncia y entrega. Esta obra lo pedía a gritos. Sé que Ernesta intentó “despedazar su sed de ser”, pero es inevitable cuando uno “esgrime su estirpe”; tal vez por eso se haya permitido por fin rendirse al llamado de la palabra y mostrarse también como poeta. En Énfasis es notoria la presencia de un encuadre: una ventana, una puerta, un ángulo desde donde mira o se sumerge hacia el afuera –infiero que es imperioso dada su condición de artista plástica–; ella habla de un “ventanal cómplice” pero debo decir o decirle que esta vez el ventanal la ha traicionado: es hacia adentro el paisaje que ofrece; se desnuda, “baila en las azoteas” mientras “las aves con soberbia pasan en cortejo”. Sé que intentó callar, que pretendió hacerse sorda al llamado del deseo, que como Ulises ató su cuerpo –no a un mástil sino a un árbol–; lo que no pudo intuir es que amarrada a él se estaba injertando, que ambos acabarían siendo uno para dar fruto y ofrecernos este libro. Ella misma lo escribió: “el silencio se quiebra en palabras”. Lo celebro. Marcela Predieri

COLLARES DE PERLAS NEGRAS Daniela Riccioni Como un collar enhebrado por una niña, como el llanto de un pez sin boca posible, Daniela Riccioni deja en este libro latidos de horizonte; descubre su sangre camuflada entre las hojas de Revista La Avispa Nº41

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Cine Viejo y nuevo cine argento El nido y los huevos Como se sabe, a estas costas llega poco y nada de todo y se avecina una nueva crisis de asistencia a salas. El cine patrio parece polaco o afgano: nadie se entera, ni interesa, a veces con justificación, y si se edita en DVD, no se alquila. Hallado de cazuela en un video de barrio, apareció El resultado del amor, de Eliseo Subiela, notoriamente envejecido pese a datar del 2007. Daniel Burman, en cambio (El nido vacío, 2008) se sorprende bastante más. Se llevaron el nido, y nos dejaron los huevos.

accionario, la aparición del alma de Leonardo Sbaraglia, que fuera desaparecido durante el Proceso, descuelgue a imitación Solanas en medio de la bajada novena revelación. Pero a Subiela se le veía venir el balancín del vuelco hacia el derechismo melodramático luego de plantear sus argumentos desde la izquierda. Su modelo pasó a ser entonces el pequebú de terraza que bailaba el rockabilly en Despabílate amor (1996), jovial y pendeviejo, contra el ex militante desilusionado por el exilio: en Pequeños milagros (1997) empezó a preferir la protagonista femenina, le adosa alas a la espalda a una cajera de supermercado y la enfunda de hada bienhechora (Julieta Ortega), hablándole a un Paco Rabal que después de eso hizo bien en morirse. Y, directamente, enloqueció en Las aventuras de Dios (2002): un Jesucristo que toma café con leche y un tipo que se devoraba a la madre y acto seguido la vomitaba... Cuestión, que El resultado del amor es el resultado de una coherencia insistente, la de copiarse a si mismo hasta la autoparodia. Manotea ahora a una starlet en ciernes, Sofía Gala Castiglione –como en Pequeños a la Ortega– que, convengamos, feúcha y flaca, no sería estrella si no la amadrinara su mamá Moria Casán, y le adosa las dotes angélicas que le fascinan. Villera, devenida puta por necesidad, enferma de SIDA, transforma al

No filmes sin decir adónde vas. País generoso el nuestro, sin duda. Que Subiela encuentre todavía palenque, al menos en la lavandería de los Rodríguez Saa llamada SLC (San Luis Cine) demuestra que los muertovivos son difíciles de matar. No podía ser de otro modo, filmó una película de terror. Recordemos las pesadillas de don Eliseo, mejor, las que nos hace pasar. Ya se lo calaba como una sandía cuando veinte años atrás nos enrostró Hombre mirando al sudeste, donde dopaba con una coctelera de Loco-Santo-Genio, discurso social bienpensante o políticamente correcto, algún pegamento surrealista y mensajismo new age aún moderado. Mejoró el handicap en Últimas imágenes del naufragio (1990), resentida por, de nuevo, la moraleja mirando a cámara, un vicio del que no se desprendería. En todo caso, El lado oscuro del amor (1992) pintó la más lograda al eludir el dedo índice del aprendizaje hacia el espectador y redondear la comedia. Pero empezó a derrapar fulero enseguida, con No te mueras sin decirme dónde vas (1995), al electrodoméstico de autoayuda: culebrón metafísico que cree en el amor después de la reencarnación, una empresa que vende los sueños de la gente y la voz de Mariana Arias en el cuerpo de un bebé. Mariposas sobreimpresas y un hombre volador, un robot que tiene la sonrisa de Gardel, y, con calzador, para no quedar como re51

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toda similitud. Con El abrazo partido (2004), tan premiada en Cannes, y Derecho de familia (2006), El nido vacío (2008) conformaría su trilogía de la paternidad. El primero consistía en la búsqueda del padre ausente; el segundo film, los intríngulis del papá joven también hijo y heredero del oficio; El nido supone al progenitor pegando la vuelta, maduro y abuelo, y su paulatina retirada cuando los polluelos decidieron cobrar alas y se queda en una soledad acompañada. Leonardo, dramaturgo además en una crisis creativa –concedámosle algo inverosímil, mucha prosperidad para un escritor teatral aquí–, su mujer retomó los estudios truncos treinta años atrás al nacer la cria y luce remozada por la iniciativa, padece las minihisterias de salud de la edad y la fobia social, lo asaltan los celos, el deseo de otra piel juvenil y la nostalgia por las ex criaturas que se alejaron del redil. Pero Burman sorprende al quebrar la linealidad del relato, mezcla los antes y después e invita al espectador a participar del armado. Habrá que decidir si Leonardo se acostó o no con la chica dentista, si viajó a Israel y conoció a su yerno, si es aficionado al aeromodelismo y si el neurólogo (Arturo Goetz, actor fetiche del director) realmente existe fuera de su mente –consejero o portavoz del autor, o llana sublimación de sus hesitaciones. La película significa un paso adelante en relación a su filmografía, siempre habilidosa en el manejo del ritmo y el diálogo y hoy dispuesta a alterar la previsibilidad de una historia común. Maquinaria del deseo proyectada, se vuelve la pantalla de una conciencia y no sólo de los acontecimientos; tiempo, azar y destino, entrevé a la joven odontóloga (Eugenia Capizzano) en una cena ajena y luego se la topa en el consultorio (apellida Eñe a la médica titular, más personaje anónimo que ser real) o el doctor aquél que sermonea como un psicoanalista aparece de golpe sobre una reposera en las vacaciones del Mar Muerto. Burman la deja picando en el área y nosotros

Bien cuanto la rodea, consuela chicos enfermos vestida de payasa, y se enamora de un niño rico-con-consciencia social –Guillermo Pfening, visto en Nacido y criado (Trapero, 2006), el inmaduro de buen corazón que casará a la princesa pobre. Pocas innovaciones, excepto una narración de docudrama en off, que va fechando la historia desde 1996 al presente, y salva la voz de Jean Pierre Noher, lo mejor del film. Mucho topoi subielano: un hermano preso; otro en el manicomio, réplica del Rantés de Hombre igual de lúcido en su delirio; una amiga trola –¿Romina Ricci no se cansará de ser elegida para perra?– la redención a través del amor y una Virgen que llora sangre, visitas de la Muerte al hospital que, gracias a Dios, no lleva la caripela de Nacha Guevara y un gran actor como padre comprensivo, Jorge D´Elía, al que agarraron distraído y lo contrataron. El autoplagio, no sabemos, delata a un director que además de pobre de ideas, está cerca del agotamiento, o sea, nada peor que copiar lo horrible. El personaje de Pfening blande el saxo, igual que el médico Lorenzo Quinteros en Hombre. Algunos detalles salen tan forzados que suenan a reacción a pesar de pretender lo contrario, como la chica emocionándose al escuchar a Billie Holliday en inglés. Flota una pregunta final: ¿nadie del equipo de producción le dijo a Subiela, hermano, pará de rodar este despropósito? Harto del ninguneo de la crítica, nos informan que don Eliseo montó su propia Escuela de Cine. También es de terror imaginar que, encima, enseña. La familia Burman. Muy distinto, el caso Daniel Burman figura entre los prometedores, aunque se da por cumplido: 35 años y una estética personal lo perfilan ya un artista, y ojalá no se nos manque. Como Subiela, Burman explora rostros televisivos, Oscar Martínez y Cecilia Roth, famosa dupla de Nueve Lunas, pero allí termina Revista La Avispa Nº41

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patearemos o no. Incluso se toma la libertad de plantar un cuadro musical en un shopping, inesperado, con bailarinas de impermeable y coreografía de music-hall, una pincelada de surrealismo que indica hasta dónde quiso cambiar el mazo.

angustias. Un cine intemporal, sencillo y sin ambiciones y sin embargo perfecto, bijou artesanal que jamás quiere hacerse pasar por diamante. Frente a las pretenciosos silencios existenciales, los relatos sin sucesos y la conducción de actores átona del nuevo cine argentino, propone una poética de palabras y caracteres, y viene acertando con el gusto del público, el cual no va a los cines a solventar seudovanguardias infladas y autistas, sino a entretenerse, identificarse y disfrutar, por qué no, una emoción módica y salir satisfecho. El barrio de la familia judía en Esperando al Mesías (2000), la galería-parábola del país de El abrazo, la casa en Derecho y el depto para El nido son el espacio que conocemos, cada vez tratado con mayor juego sin abandonar terreno firme.

Burman es quizás el único cineasta de familias, pero no las disfuncionales que cuenta Albertina Carri (Géminis: 2005, el episodio del ciclo de canal 7 200 Años: Urgente, 2007) o las satíricas onda Campanelli del ajuste (Familia rodante, Trapero: 2005), sino la pequeño burguesa y sus proyectitos, frustraciones y

Gabriel Cabrejas

(Mar del Plata) gabcab2003@yahoo.com.ar

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Revista La Avispa 41  

Revista de junio del 2008

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