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La suerte del viajero


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RÍO NEGRO

VIERNES 21 DE MARZO DE 2014

La suerte del viajero

La desolada Ruta Nacional 52 para llegar a las Salinas Grandes.

JIMENA SÁNCHEZ lavidadeviaje@gmail.com

Ni bien llegamos a Salta capital nos empezamos a sentir algo aturdidos y mareados por el ruido de las bocinas, el aire enviciado con el humo de los autos y colectivos y el griterío de las personas de ciudad yendo de acá para allá. En un instante nuestros cinco sentidos se activan por obligación al caos citadino. Para empeorar aún más las cosas, justo coincidimos con la Fiesta del Milagro (la celebración religiosa más importante de la provincia que convoca en el mes de septiembre a miles de católicos de todo el país que le agradecen y entregan su fe a la Virgen y al Señor del Milagro) y sus aglomeraciones en la plaza céntrica. Sí, estamos en otra sintonía: venimos hace meses escuchando el son de la naturaleza y el trajín de la urbe no nos simpatiza ni un poco. Por suerte nos esperaban en una hostería a 10 km de la capital en el barrio Vaqueros donde sólo nos quedaríamos dos días porque tenían que hacer unos

arreglos en las habitaciones. No sabíamos a dónde ir hasta que nos acordamos de que unos días antes de llegar a Salta, una persona nos escribió a través de Facebook ofreciéndonos alojamiento en su casa. Nos volvemos a comunicar con él y por suerte, la invitación sigue en pie. Horas después llegamos al barrio Grand Bourg donde conocemos a Enrique y Cristina, una pareja con una gran historia de vida y de amor (resumiendo: ella se enamoró de él la primera vez que escuchó su voz por teléfono, a los días lo conoció personalmente pero porque un amigo le quiso presentar otra chica, siguieron escribiéndose cartas por muchísimo tiempo, él era gendarme y de Misiones se escapaba a Bariloche para verla, un día se reencontraron, se declararon su amor, de un día para el otro se casaron y hoy siguen tan enamorados como el primer día. Colorín colorado, este minicuento romántico se ha terminado). Con ellos compartimos tres días de comidas caseras, historias de vida y muy linda compañía. Después de la despedida, avanzamos

TE RECOMENDAMOS • Probar los tamales y las humitas. • Subir al mirador del cerro de los Siete Colores y hacer el camino de Los Colorados en Purmamarca. • Llegar a San Salvador de Jujuy por el Camino de Cornisa y no por autopista (es más largo, pero mucho más pintoresco). • En Tilcara descansar en Waira Hostel y Camping, a 3 cuadras de la plaza (los ciclistas y motoqueros tienen descuento) www.hostelwaira.com.ar • En Humahuaca parar en Cabañas La Lucrecia www.lalucrecia-humahuaca.com

Somos Andrés y Jimena, una pareja que decidió recorrer la Argentina de sur a norte en bicicleta. Podés seguir nuestras aventuras en lavidadeviaje.com. / lavidadeviaje

¡Logramos llegar a las Salinas Grandes!

La buena suerte pedalea con nosotros en una bici imaginaria.

unos pocos kilómetros hasta que vemos un puesto callejero al costado de la ruta con una promo bastante tentadora: una docena de empanadas a $20. Vemos que son las 12 del mediodía, así que frenamos, nos bajamos de las bicis y pedimos nuestro almuerzo exprés. Un señor de unos 70 años nos pregunta de dónde venimos y hacia dónde vamos y, asombrado por la travesía que emprendimos, nos invita la mitad de las empanadas “para colaborar con su proyecto de vida”. Sorpresas como estas forman parte de la vida del viajero. ¡ÚLTIMA PROVINCIA! De Salta nos vamos a San Salvador de Jujuy por el Camino de Cornisa, un sector de la Ruta 9 que atraviesa las Yungas (es decir la selva de la montaña). Este tramo es tan angosto y tan lleno de curvas y contra curvas que más que una ruta parece una ciclovía, un camino alternativo para hacer solo en bicicleta. Nos resulta raro pensar que por esta calzada estrecha transitan autos viniendo de dos direcciones distintas. ¿Cómo hacen? Porque si uno quiere pasar, el otro no tiene tanto margen para dejarlo avanzar. En fin, problemas de autos. El shock de llegar a la capital jujeña no es tan duro. Por lo menos los autos y los colectivos paran en las esquinas y te dejan pasar, no


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RÍO NEGRO

VIERNES 21 DE MARZO DE 2014

A veces el universo conspira a favor de los aventureros: te cruza con las personas justas en el momento y lugar indicados. Fijate los que nos pasó en el norte del país... Fotos: Andrés Calla

Bienvenida a Jujuy por el Camino de Cornisa.

LTA Y A S JU U YJ

Algo característico de Purmamarca: su plaza llena de colores y vendedores locales.

le empiezo a contar de nuestro viaje y mientras los cuatro bajamos del mirador, él nos pregunta: “Chicos, ¿qué van a hacer a la tarde?”. Cuando nos dicen que van a las Salinas Grandes se nos iluminan los ojos. Antes de llegar a Purmamarca teníamos muchas ganas de conocer las Salinas que están a unos 63 kilómetros del pueblo, pero hacerlo en bicicleta iba a ser difícil por la altura así que ir en auto era nuestra única opción. La suer te está de nuestro lado y hacia allá vamos con Mariana y Diego.

Postal de Jujuy: cielos bien celestes, cactus bien verdes.

Panorámica de Purmamarca y el bellísimo cerro de los Siete Colores.

hay tanta gente en la calle y por suerte Guadalupe nos espera con las puertas abiertas. Ella también nos ofreció alojamiento a través de Facebook cuando supo que estábamos llegando a la última provincia de esta aventura. Después de 2 días en San Sal-

vador salimos para Purmamarca, un pueblito muy pintoresco a 65 kilómetros de la capital. La mañana que decidimos salir es fría, el cielo amenaza con llover en cualquier momento y para colmo las subidas no terminan nunca. Llegamos a eso de

las 6 de la tarde muy cansados y nos vamos directo al Hotel Killari, donde por suerte quisieron recibirnos y ser parte de nuestra vida de viaje. Al día siguiente cuando nos asomamos por la ventana, vemos que para nuestra sorpresa está cayendo agua

nieve. Por suerte el día quedó como una anécdota y 24 horas después, el sol arde en la quebrada. Ese mismo día vamos hacia el cerro de los Siete Colores. Andrés (que disfruta como un niño trepar y moverse entre las rocas) sigue subiendo hasta la cima del mirador, pero yo prefiero quedarme en la mitad de la subida para mirar en silencio todos esos colores. En pleno estado zen, una pareja muy simpática empieza a subir al mirador y me siento bastante identificada con la mujer que tiene tanto miedo como yo de caer rodando por la montaña. El hombre que la acompaña sigue subiendo un poco más y me quedo conversando con ella. Los dos son de Pilar (provincia de Buenos Aires) y están de festejo por su aniversario de casados. Después de charlar un buen rato,

POR LA QUEBRADA De Purmamarca partimos para Tilcara, Huacalera y Humahuaca. Los kilómetros entre un lugar y otro son muy pocos así que por día pedaleamos como mucho 25 kilómetros, algo raro si pensamos en las largas distancias de Santa Cruz donde llegamos a hacer 400 kilómetros en cuatro días. La buena suerte pedalea con nosotros en una bici imaginaria y nos cruza con las historias de “El Vazco”, Alejandro, Fava y Brian, nos regala un asado y dos noches en un hotel boutique en plena Quebrada de Humahuaca y gracias a ella conocemos a muchísima gente que nos abraza y felicita por estar tan cerca de La Quiaca. En pocos kilómetros pasamos de la ciudad al pueblo, del caos al silencio, de los edificios a la montaña. El camino puede cambiar pero la esencia de las personas y su hospitalidad es algo que permanece intacto, sin importar si se trata de una gran capital o de un pueblo con calles de tierra. Para nosotros la suerte del viajero es la que te hace cruzar con esas almas en el momento y lugar indicado.


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