Issuu on Google+

En el mes de junio, en las postrimerías del ciclo escolar, todo me sabe a… despedida, cierre, conclusión En mi clase había niños y niñas altos, bajos, con gafas, sin ellas, rubios, rubias, morenos, morenas, movidos, más tranquilos,... Hubo días que salí de clase encantada por lo bien que trabajaron y otros recordándolos por alguna de sus travesuritas. Pero, para mí, todos tienen algo en común: "SON LOS MEJORES ALUMNOS DEL COLEGIO" Un maestro se enriquece gracias a los alumnos que tiene y yo les puedo asegurar que con ustedes me sentí MILLONARIA. ¡Sigan así y no pierdan esas ganas de hacer cosas y sorprender a los demás constantemente! GRACIAS POR SER COMO SON Ahora…. He dicho adiós a mis alumnos y alumnas, compañeros de aventuras y desventuras cotidianas, y, mientras elaboro la memoria del grupo de 4° y hago constar por escrito datos, estadísticas, opiniones, percepciones sobre tantas personas y tantos asuntos, o archivo papeles depositándolos en anaqueles , o cumplimento de documentos oficiales de última hora, también soy consciente de que me estoy despojando de vivencias, de pautas de actuación y de pensamiento que, ahora son recuerdos vivos pero pronto quedarán olvidados. Reconozco que me embarga una sensación agradable, no sé si es correcto o no decirlo, pero… me siento como el viajero que llega a su destino y se desembaraza de su equipaje. Atrás quedan mis logros y mis fracasos, los propósitos cumplidos y los que nunca vieron la luz. Atrás quedan los buenos y malos momentos, las discrepancias y los acuerdos, los afectos y los desafectos. Ahora todo se amalgama, se desdibuja, ya no duele; en definitiva, todo pasa. Me vienen a la mente las palabras de Machado: “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…” Es cierto, ahora lo inmediato es pasar. También las aulas, que han sido durante un año testigos de tanta energía, ahora enmudecen y reclaman por un tiempo un dulce descanso. ¿Quién dijo que los finales son tristes? Esta función se acaba pero no es la última. Se cierra el telón pero en Agosto vuelve a abrirse. En el ínterin, las vacaciones acuden en nuestra ayuda. Gracias a ellas nos distanciamos, nos alejamos de nuestras rutinas y – como vulgarmente se dice- nos sacudimos la melena para sentirnos nuevos, liberados, si no de todas porque es imposible, sí de muchas obligaciones y lastres de cualquier tipo. ¡Benditas vacaciones que nos brindan la oportunidad de reencontrarnos con nuestro yo, de abstraernos en nuestros pensamientos más íntimos para, desde esa posición, reformular ideas y proyectos de futuro! Se me ocurre el símil informático del formateo, es decir, en vacaciones nos formateamos para poder emprender el nuevo curso en las mejores condiciones posibles.


En el mes de junio