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“Le voy a decir una cosa a usted, nosotros pues lo que necesitamos es un cambio. A ver que traen estos de nuevo, haber cuantos nos vamos y cuantos nos quedamos�

DEL CAMPO A LA mesa


Residencia artística

DEL CAMPO A LA MESA

Laura Alexandra Sánchez Velásquez


Texto portada Relato recolectado por Vania Caro

Proyecto

Del campo a la mesa Residencia artística A cargo de Laura Sánchez Asesorado por Sebastián Rivera

Artista invitada Vania Antonia Caro Melo

Fotografía Laura Sánchez Manuela Jaramillo Vania Caro


PIENSO EN UN LUGAR

Pienso en un lugar… un lugar que no conozco pero que me reconoce, que me huele, que me siente, que me ocupa más de lo que yo puedo ocuparlo a él. Este lugar si tuviera que definirlo en un sentido estricto, mas no en un sentido real lo llamaría país, un país; ese lugar que no conozco pero que me reconoce y me ocupa, tiene un color gris y huele intensamente a humedad, si deseara comerlo, masticarlo, saborearlo sólo puedo pensar en cilantro; cuando lo recorro en mi imaginación todo me suena a freno de buseta y si pudiera tocarlo seguramente caminaría sobre mis manos y no sobre mis pies, seria al revés, sentiría que en mis manos todo es asfalto. Este lugar que no conozco pero que me habita sólo es posible en mi cabeza sí el agente principal que actúa como interfaz entre el tiempo y el espacio fuese la existencia. La existencia tiene un color fucsia y de él emana un fuerte hedor a polución, sabores a café, humo, café, humo, café, humo, café, humo, café y queda el ruido en esta hibridación gustativa, solo ruido…levanto mi mano para atrapar el ruido, para intentar descomponerlo, clasificarlo, romper lo polifónico y quedarme sólo con la melodía, pero pero pero cuando creo poder tocarlo, descubro que en este lugar que no conozco pero que me recorre, el ruido tiene una textura liquida y se va de mis manos.


En este lugar lugar lugar jugar de in put país y de out put existencia, se crean el bien y el mal, el bien ocre y el mal amarillo, el bien que huele a sudor y el mal que huele a humo, el bien que sabe a resaca y el mal que sabe a jengibre, el bien que suena como un HOLA!! Y el mal que suena sólo a gente. Pero entre las posibles dicotomías entre el bien y el mal surge una relación porno lingüística cuya consecuencia una vez parida tiene el nombre de hacer. Cuando haces algo en ese lugar que no conozco pero que sabe mi nombre, los días tienen un color rojo. Vas al campo, a la calle, al bar y huele a químico el hacer, la acción y posible reacción conserva el sabor a humo y, de nuevo el ruido, el ruido silencioso del ruido del hacer. Entonces, cuando haces y cuanto haces que hace que aparezca un rojo que se llama químico, se apellida humo y tiene forma de ruido, en este lugar que no conozco pero que me vigila diariamente, te das cuenta que todo es posible, te das cuenta que la posibilidad aparenta ser rosada, cuando te acercas a ella sientes ese agridulce aroma a pintura pero seca, que sabe a vino seco y que estalla intensamente, sonoramente como los gritos de un motor. En este lugar que no conozco pero que me intuye encuentro un día….una semana...un mes… y, a veces un año que a pesar de ser posibles, son acechados por la amenaza. Cuando la amenaza corrompe lo posible, impide el hacer, se camufla


entre el bien y el mal, se funde con la existencia y crece en un país; los días, las semanas, los meses o los años, se tiñen de blanco, tienen un olor a metal, saco la lengua de la cueva en forma de boca y todo me sabe a noche, una o varias noches en las que sólo puedo escuchar quejas. Sin embargo, existe un antídoto a la amenaza en el lugar que no conozco… en el lugar del nunca jamás, de las mil y una noches. Este antídoto subcutáneo, intravenoso, intramuscular, hipodérmico, se hace llamar libertad, cuando lo tienes en tu cuerpo lo ves todo plateado, huele a motor de avión, sabe a cigarrillo y suena a playa… shhhhh shhhhhh shhhhh shhhhh a playa… Cuando esta libertad te atora, te llena y suelta la última gota que derrama el vaso en el lugar que aún no conozco pero que me describe como soy, libera a la promesa, una promesa azul, con olor a playa snif snif snif… a playa... Sabe a boca y suena a carretera, paradero de carretera... carretera, ruta, camino, viaje… y, entonces siento el ser, un ser verde que huele a muro, sabe a noche y suena a intento... intentar, tanto intento, tanto ser, desatan a la persistencia; se persiste y es naranja, se persiste y huele a aceite, se persiste y sabe a tierra ajena, se persiste y suena a mentira. Bueno…. País, existencia, bien, mal, hacer, posible, amenazado, libertad, promesa, ser y persistencia; en el lugar que aún no conozco y del cual soy una burbuja, que hace implosión con


otras burbujas, que camina entre espumas que a su vez forman islas, islas que se convierten en esferas dentro de una gran esfera; en ese lugar que no conozco pero que imagino, todo, absolutamente todo es móvil, todo lo móvil vuelve a el color gris, todo lo móvil huele a bus, todo lo móvil sabe a avión todo lo móvil suena a todo.

Sebastián Rivera Ruiz


¿Y yo qué puedo hacer si hoy me levanté con ganas de vivir la vida suavemente, de leer los avisos de las tiendas y almacenes, de respirar la atmosfera enardecida de las calles que me sé de memoria? Retazos de Ciudad, Rigoberto Gil Montoya.


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FIGURAS

Figuras 1, 2, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 60 por Laura Sรกnchez

Figuras 51, 52, 53, 54, 55, 56 por Manuela Jaramillo

Figuras 3 , 2 5 , 2 6 , 2 7 , 3 8 , 5 7 , 5 8 , 5 9 p o r V a n i a Caro


Este libro hace parte del registro fotogrĂĄfico de la residencia artĂ­stica Del campo a la mesa, la cual tuvo lugar dentro del marco del Festival Internacional de Arte ContemporĂĄneo de Manizales

Manizales, Colombia, 2016



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