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Las medias y la cobija mágicas.

Todo está en silencio en el conjunto residencial Los mejores vecinos, es una noche oscura y tormentosa donde todos los habitantes se encuentran en sus apartamentos dispuestos a descansar, no se mueve ni una hoja; aunque no se imaginan la noche que les espera por cuenta del pequeño Mateo nuevamente. Papatù llego a su apartamento como de costumbre después de un día de arduo trabajo, se dispuso a preparar la comida para su pequeño y para él, para después de eso lograr conciliar el sueño y así descansar.

Todos descansan a excepción del vigilante, quien no puede dormir de noche pues su trabajo consiste en preservar la seguridad de los habitantes de este conjunto mientras descansan. Pero… al cabo de unas horas éste se da cuenta en su ronda de media noche que aún hay una luz encendida en la casa de Don Papatù. Desde hace cuatro noches, no apagan la lámpara. -¡Hey vigilante! – dice la señora Ramírez quien acaba de llegar al conjunto. – Ve y echa un vistazo para saber que ocurre en el 205, esta situación ya está muy extraña. - ¡Caramba!, murmura sorprendido el vigilante, mirando desde la ventana el interior del apartamento del señor Papatú.


-¡No hay que preguntarse por qué nadie puede dormir en esa casa! ¡El pequeño Mateo es peor que un terremoto! -¡Basta por favor! – Ruega papá Papatú tapándose los oídos. -¡Vete a dormir inmediatamente! Ordena nuevamente, cubriéndose la cabeza con la almohada. Nada puede hacerse, el pequeño Mateo no tiene sueño, lo único que hace es saltar de silla en silla. Sin embargo papá ha hecho todo lo posible para calmar al pequeño y así lograr descansar.

Al día siguiente Papatú agotado después de pasar una noche tan larga y sin poder conciliar ni siquiera un minuto de sueño decide llevar a su pequeño a la clínica donde el doctor Tocino lo examina sin encontrar nada anormal. Este pequeño esta sanísimo, -diagnostico.- ¡Debe darle un té de hierbas para que logre descansar durante toda la noche!


Pero ningún té de hierbas ayudó en el caso y el experto doctor Tocino alzo sus brazos con desespero y dijo fuertemente: - ¡No soy mago después de todo! Papatú ciertamente no podría hacer mucho así que decidió aprender a vivir con esta dificultad que presentaba el pequeño Mateo pues además no conocía ningún mago con poderes que le pudiera ayudar con este problema. Hasta que un día… ¡TIN! ¡TUN!, ¡TIN! ¡TUN! Sonó el timbre del apartamento de Papatú, el pequeño Mateo asomado a la puerta, ve una hermosa hada vestida de rosa, ella se presenta: -

¡Yo soy el hada Valeria y creo que tengo lo que necesitan! -dijo sacando de su cartera dos ovillos de lana de colores y entregándoselos a papá. - ¿puedes tejer un par de medias y una hermosa cobija?

Papá es muy bueno tejiendo y se puso a trabajar inmediatamente. ¡Es magia! Mientras él teje muchas pequeñas estrellas titilan alrededor de los ovillos de lana. Pero ¿adónde se ha ido el hada? ¡De improvisto desapareció!


Shhhhh Está tan callado esta noche el conjunto… es hora de apagar las luces también en el hogar de Papátu y Mateo. Mateo se ha dormido en un abrir y cerrar de ojos. Sus pequeños pies están calienticos con sus nuevas medias y su linda cobija lo abriga muy calorosamente, rodeadas de un halo de estrellas. ¡La magia funcionó! Buenas noches – susurra papá Buenas noches - sueña Mateo.


Las Medias y La cobija Magica