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OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Laura Arnรกiz Vicario Informรกtica 1ยบ BACH


Introducción:

Se denomina obsolescencia programada u obsolescencia planificada a la determinación, planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio.

Consecuencias: El potencial de la obsolescencia programada es considerable y cuantificable para beneficiar al fabricante, dado que en algún momento fallará el producto y obligará al consumidor a que adquiera otro , ya sea del mismo productor (mediante adquisición de una parte para reemplazar y arreglar el viejo producto o por compra de un modelo más nuevo), o de un competidor, factor decisivo también previsto en el proceso de obsolescencia programada. Para la industria, esta actitud estimula positivamente la demanda al alentar a los consumidores a comprar de modo artificialmente acelerado nuevos productos si desean seguir utilizándolos. La obsolescencia programada se utiliza en gran diversidad de productos. Existe riesgo de reacción adversa de los consumidores al descubrir que el fabricante invirtió en diseño para que su producto se volviese obsoleto más rápidamente a fin de que los clientes recurran a la competencia y basen su elección en durabilidad y buena calidad del producto.

Obsolescencia programada y producción: La etapa inicial de la obsolescencia programada se desarrolló entre 1920 y 1930, cuando la producción en masa empieza a forjar un nuevo modelo de mercado en el cual el análisis detallado de cada sector deviene en factor fundamental para lograr buen éxito.


La elección de fabricar productos que se vuelvan obsoletos de manera premeditada puede influir enormemente en la decisión de cierta empresa acerca de su arquitectura interna de

producción. Así la compañía ha de ponderar si utilizar componentes tecnológicos más baratos satisface o no la proyección de vida útil que estén interesados en dotar a sus productos. Estas decisiones forman parte de una disciplina conocida como ingeniería del valor.

Detección: El empleo de la obsolescencia programada no siempre es tan fácil de determinar, y se complica aún más al entrever otros factores relacionados como pueden ser la constante competencia tecnológica o la sobrecarga de funciones que si bien pueden expandir las posibilidades de uso del producto en cuestión también pueden hacerlo fracasar rotundamente. Por ejemplo, en el campo de la informática un software no desarrollado todo lo cuidadosamente que se debe puede provocar la obsolescencia del hardware sobre el que se ejecuta.


Obsolescencia por modas y de medicamentos: Existe obsolescencia de otro tipo: la que vuelve obsoleto a un bien de consumo porque ha dejado de estar de moda. Por ejemplo los colores, las formas y los materiales de la ropa, que denotan la temporada de su adquisición. Esta modalidad de obsolescencia se puede aplicar a cualquier bien. La mayoría de medicamentos contiene componentes químicos cuya vida útil es limitada, sin embargo, algunos laboratorios reducen la fecha de caducidad de los fármacos que producen con el fin de obtener mayores ganancias en el rentable negocio de la salud, ocasionando que los pacientes desechen los medicamentos supuestamente vencidos para adquirir otros nuevos.

Procedimiento y problema medioambiental: El procedimiento suele ser el siguiente: Uno de los aparatos electrónicos de uso habitual falla y cuando el dueño lo lleva a reparar, en el servicio técnico le dicen que le sale más rentable comprarse uno nuevo que arreglarlo. Usualmente, el precio de la mano de obra, las piezas estropeadas y el montaje suele costar un poco menos que adquirir uno nuevo, por ello normalmente el usuario suele desechar el producto averiado y comprarse uno nuevo. El problema se basa en la gran cantidad de residuos que se originan actualmente al realizarse este fenómeno una y otra vez, cada día, en todo el mundo. En el mundo hay más de 7.000.000.000 de habitantes , y el número sigue creciendo, ya que hay un aumento poblacional de 210.000 personas por día. A diario, cada persona produce 1kg de basura, por lo que se generan alrededor del mundo 7.000.000.000kg de desechos en tan sólo un día. De éstos un amplio número de residuos no son biodegradables y el tiempo que transcurre hasta que se pueda hablar de una descomposición al menos parcial puede ser muy prolongado, además de que muchas veces los residuos son altamente contaminantes; lo que infiere tanto en la integridad del medio ambiente, como en la salud de sus habitantes. Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) contienen materiales que pueden ser recuperados, evitando la explotación de nuevos recursos naturales, y otras que pueden ser contaminantes, de manera que, si no son tratadas adecuadamente, pueden resultar dañinas para el medio ambiente. Los elementos electrónicos en cuestión, contienen materiales tan contaminantes como el plástico, polipropileno, baterías de plomo, etc. El plástico es el material mas lento la hora de transformarse; de 100 a 1.000 años. Al aire libre pierde su tonicidad, se fragmenta y se dispersa. Enterrado, duran más. La mayoría está hecho de tereftalato de polietileno (PETE), un material duro de roer: los microorganismos no tienen mecanismos para atacarlos. El polipropileno tarda 1.000 años en descomponerse, contamina menos que el poliestireno pero también tarda. Aun así, el plástico queda reducido a moléculas sintéticas; invisibles pero siempre presentes.


Una de las partes más preocupantes son las baterías de plomo, un invento que remonta a 1889, que representa un grave peligro para el ser humano y para el medio ambiente debido a su elevado contenido en plomo. Respirar el polvo o las emanaciones de vapor del plomo puede provocar graves perturbaciones para la salud, incluida la muerte, además de perjudicar el medio ambiente, advierte el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente). Según los cálculos del PNUMA, de los 2,5 millones de toneladas de plomo que se producen anualmente en todo el mundo, tres cuartas partes sirven para la fabricación de baterías que se utilizan en los automóviles, los teléfonos y computadoras portátiles o en las industrias.

Controversias de la obsolescencia programada La obsolescencia programada consiste en hacer descartable lo que por su esencia no lo es. Se trata de una estafa de ciertos sectores deshonestos de la industria (específicamente de la tecnología digital) que hacen deliberadamente perecibles a los productos que podrían ser durables, con el objetivo de que el usuario los descarte y compre otros nuevos que también durarán un tiempo limitado y así se pase la vida, comprando, usando y descartando. Los productos digitales son los objetos en los que la obsolescencia programada se evidencia con mayor magnitud. Casi todos los componentes digitales de computadoras, en lugar de ser duraderos y reparables, son descartables. Sin embargo, la raíz del problema sigue estando en la industria misma: los reparadores encuentran dificultades como unidades selladas imposibles de desarmar y rearmar, unidades fabricadas siguiendo un proceso automatizado que, al reproducirlo manualmente con fines de reparación, generan un costo de mano de obra mayor que el costo del producto nuevo, o bien, directamente, imposibilidad de conseguir repuestos, ya sea porque nunca han salido a la venta como tales o porque dejaron de fabricarse según el calendario de obsolescencia programada que siguió la unidad.


ArtĂ­culo sobre la obsolescencia:


Productos que podrían tener una “vida interminable”

Bombilla: cuando Edison puso a la venta su primera bombilla en el año 1881, la duración de este artículo ascendía a las 1.500 horas. Tres décadas después, se publicaba un anuncio en la prensa española donde se destacaban las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2.500 horas. Sin embargo, en 1924, un cártel que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1.000 horas.

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Ilustración 1: Esta bombilla , fue fabricada hace unos 107 años y todavía no se ha apagado

Medias de nailon: cuando los laboratorios DuPont comenzaron a comercializar este tipo de medias, a finales de los años 20, eran prácticamente irrompibles. Su éxito entre las mujeres fue total, pero descendió la venta de este tipo de productos porque no necesitaban comprar otras nuevas. Pocos años después, se comenzaron a comercializar unas medias más frágiles y que se rompían con extremada facilidad, lo que multiplicó el número de ventas.


Impresoras: la gran mayoría de estos productos contienen un chip que registra el número de impresiones. Cuando estas llegan al límite marcado por el fabricante, automáticamente dejan de funcionar. Existe la posibilidad de repararlas, pero sale más barato comprar una nueva. La única alternativa está en los programas de software libre,como Vitaly Kiselev, que resetea el chip limitador para que la impresora siga imprimiendo.

IPods y productos tecnológicos en general: cuando Apple sacó al mercado los primeros iPods, la batería les duraba entre 9 y 12 meses. Pasado ese tiempo la única opción posible era comprarse uno nuevo. El asunto llegó a los tribunales de la mano de una demanda colectiva de los usuarios. La presión judicial hizo que la empresa se comprometiese a prolongar la vida útil de este producto a un mínimo de dos años.


La multinacional también creó entonces un departamento de recambios para aquellos modelos que no ofrecían posibilidad de cambio de batería. La mayoría de fabricantes de productos tecnológicos aún no ofrecen la posibilidad de comprar o recambiar la batería de los móviles u ordenadores.

Automóviles: en los años 50 y 60, la vida útil de un coche era el doble que en la actualidad, cuya duración media no supera las tres décadas. La diferencia no está en los motores, sino en las piezas accesorias y hasta en la carrocería. Hoy en día, un simple sensor de posición de cigüeñal averiado puede inutilizar el vehículo. Asimismo, las cajas de cambios están programadas para funcionar unos 250.000 kilómetros, a pesar de que hay algunas que duran eternamente pero solo se comercializan para uso industrial, no particular.


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