Page 1

CUNDINAMARCA: UN BICENTENARIO DE HISTORIAS

“La sencillez en todas las cosas aclara y facilita la ejecución” Antonio Nariño

COMUNICACIÓN SOCIAL Y PERIODISMO SEGUNDO SEMESTRE 2013


2

ÍNDICE PRÓLOGO UNA BODA “MOLTO BELLA” - Gustavo Leon UN LIBRO DE SUEÑOS INCONCLUSOS - Nathaly Rodríguez BUSCANDO EL INFIERNO ENCONTRÉ EL CIELO - Luisa Baracaldo LA VOZ QUE HABLA DE SOPÓ - Jennifer Gonzàles ¿QUÉ SE ESCONDE TRAS UN ZAPATO? - Andrés Martínez TOQUENCIPÁ, REFLEJO COLOMBIANO - Camila Bohórquez SEMBRADORES DE ESPERANZA EN UNA TIERRA ABALEADA - Natalia Monroy UNA AVENTURA DE PLACER AL PALADAR! - Alejandro Vanegas SUCESOS: PLAZA LOS COMUNEROS - Fernanda Bernal EL HOMBRE TRAS EL MONUMENTO DE LLAVES - Paola Velandia RECORRIENDO EL PASADO - Ingrid Forigua CRÓNICA DE UN CORAZÓN TRISTE Y UN EMBALSE NOSTÁLGICO - Laura Ospina LA COMIDA BASE DE UNIÓN - Tania Chamorro UN VIAJE SIN FIN - Laura Badillo UNA FANTASÍA POR LA PEÑA DE JUAICA - Katherine Martínez NOSTALGIA DE UN PASADO VIVIDO ENTRE ORACIONES - Yuly Gómez UN PARAJE DE BELLEZA ALGO TRASCENDENTAL - Andrea Rodrìguez YAGÉ, SUEÑOS REVELADOS - Edisson Granja LA CASA DE UN MUNDO ETÉREO - Jhonny Villamil .UNAS ONCESITAS “ALA” - Mariana Hernández EL FINAL MENOS ESPERADO - Nicolás Nieto MEMORIAS Y RECUPERACIONES HISTÓRICAS - Julian Duarte CATEDRAL DE SAL DESDE OTRO PUNTO DE VISTA - Sebastiàn Rozo LA CÁRCEL QUE RESGUARDA LA HISTORIA DE GRANDES PERSONAJES - Martha Venegas EL AROMA DEL TRABAJO - Ingrid Pachòn UNAS DELICIAS OLVIDADAS - Daniel Vanegas AGRADECIMIENTOS


3

PRÓLOGO Crónicas para Cundinamarca El momento de liderar un nuevo proyecto había llegado. Asumir el reto no solo era mi opción, sino mi responsabilidad, debía poner en marcha la construcción de textos y la formación profesional de 28 valientes estudiantes. La experiencia podía ser enriquecedora, pero no era fácil. Entonces, tal como lo pregonan grandes periodistas, no solo había que alistar buenas ideas, también debía armarme de paciencia y enamorarme una vez más de mi oficio. Durante casi dos meses, adelanté un proceso de sensibilización. Nadie hace con agrado algo que no le gusta. La labor se encaminaba a despertar también la pasión en ellos. Habríamos de intentar conocer el más sublime de los momentos, renacer a través del relato, volver a vivir después de tanto tiempo el acontecimiento más importante que incalculables veces nombramos pero del cual nadie averigua con actitud de arqueólogo. Los datos estaban ahí mismo, en la casa, empolvados en la sensación que solo una madre puede describir, pero que con el paso del tiempo solo se agradece algún domingo de mayo. El éxito comenzaba a vislumbrarse, del error se debía aprender. A pesar de las dificultades y de las barreras sintácticas y semánticas, la primera fase estaba completa. Luego de conocer a su propia familia, de redescubrir que cada uno cumple una función en este mundo, aunque a veces sea poco comprendida, el objetivo era otro: reconstruir la memoria histórica de Cundinamarca. Tarea nada fácil si se considera que el periodismo últimamente se limita a legitimar lugares comunes (las mismas personalidades, objetos, sucesos), después de eso todo aparenta ser inútil, inservible. Era tiempo de darle cabida a nuevas historias, todo servía si se tiene en cuenta que cada práctica tiene un efecto social y cultural. Con la misión dada, los jóvenes iniciaron su labor investigativa. Como menciona el periodista argentino Martín Caparrós “la crónica (muy en particular) es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive”, ante esto la dificultad aumentaba, los escritos conmemorarían 200 años de independencia del departamento, recurrir a documentos e historiadores era inevitable. Aún así no era despreciable reconocer que la mayoría de información provenía de una gran fuente: la tradición oral. Con los insumos listos, cada uno se dedicó a escribir su crónica. Los impases se fueron notando. Una mezcla de decepción y frustración les tomó presos, era momento de demostrar su templanza. El primer texto nunca es el definitivo, asunto difícil de aceptar y más de sobrellevar. La blancura del papel había sido agredida por un esfero que la borraba sin piedad, las tildes empezaron a caer como meteoritos a toda velocidad chocando contra las vocales. Respiraron hondo, corrigieron y continuaron su experiencia. Después de tanto revisar, odiar y amar las historias, la narración permitía encantar a sus propios escritores, como cuando el primer amor se descubre después de haber identificado miles de defectos en él, aquí el problema no era de gordura, acné ni estatura, el asunto nos llevaba a definir si las palabras, armas letales de la pasión, eran las adecuadas. Tras tantos intentos para ofrecer un buen trabajo, con los ojos enrojecidos de permanecer largas horas frente al computador, pero el corazón enorme por la satisfacción transmitida por quienes sienten que la crónica vale la pena, me permito presentar una larga lista de escritos sobre la historia de Cundinamarca, esta compilación reúne bajo el mismo formato y textura fascinantes relatos sobre Zipaquirá, Chía, Ubaté, Cogua, Cajicá, Tabio, Sopó, Bogotà, La Calera, Nemocón, Tocancipá y Gachetá. Quizás algunos le roben lágrimas, otros le despierten el apetito, algunos le produzcan admiración o suspiros, pero de seguro le ayudarán a redescubrir el pasado, a amar el territorio y a vivir con intensidad el presente.

Heidy Yilibeth Bello Medina


4

“UNA BODA MOLTO BELLA” Por: Gustavo Adolfo Ruiz León Los meseros alistaban los últimos preparativos; Mario, el organizador del evento andaba de un lado a otro; la señora Isabel encargada del sonido paseaba hablando con quien fuera. Por la vieja estructura no se oía más que música de Richard Clayderman, ambientando la espera para la aparición de los invitados y los novios al lugar que dejaba de ser un simple monumento de hace más de 80 años, para convertirse en un salón de bodas. La estación del tren de Zipaquirá, no está totalmente remodelada; de arquitectura modesta, un poco deteriorada por el paso de los años, hoy esta reforzada con enormes columnas de acero, que se entrelazan en zigzag para sostener su cimiento, que recibió épocas pasadas a los abuelos Zipaquireños que de momento arribaron a este bloque, para comprar boletos del tren, cuando éste prestaba el servicio y que hoy en día, este sábado 11 de mayo del 2013, ochenta y seis años después de su inauguración, brindaba sus instalaciones para este bello instante. En su interior la estación tiene una baldosa antigua de color mescla de verde y rojo, que no ayuda en mucho a su imagen, rescata su esencia, el estucado de sus techos, que forman surcos con figuras y acabados alrededor de una lámpara, que pudo haber salido de un cofre de reliquias; esto junto con sus balcones en manzana, sus escaleras en madera rechinante, sus rejillas que abren y cierran con mecanismos de la época, comunicando el exterior con el interior, muestran la tecnología que nos precedió, transportándonos a la época del barroco y contextualizándonos en las modalidades pasadas. Muchos garabateros hacen ver de su fachada exterior, no más que paredes con rayones que resaltan su mal estado y el deterioro de la estructura, sin embargo observándola completa desde afuera, se detallan los planos y la peculiaridad de las construcciones de la época que se reflejan también en el teatro bicentenario y en el Mac dual, claro está que su balcón dista muy colonial y bello. Aunque son muchos los percances que ha sufrido la estación desde el inicio del proyecto de recuperación histórica del municipio, que se inició en la administración de Bustamante, pasando después por la gestión de otros tres alcaldes. Su fachada tanto al interior y al exterior no es el agrado del total de la ciudadanía. Sin embargo,

unos aprecian este legado histórico más que otros y sin importar su estado, deciden celebrar su reunión de bodas en este y conscientes de su deterioro, logran, con una sutil pero hermosa decoración, deslumbrar a sus invitados. El reloj apuntaba las 12:45pm, los prometidos llegaron al lugar donde fueron recibidos con euforia por los invitados, que habían llegado con anticipación al lugar y que los aplaudían mientras los enamorados, marchaban por en medio de una lluvia de arroz y pétalos, pisando otros tantos que les servían de alfombra y hacían camino blanco, haciendo juego perfectamente con el vestido de la recién casada, la decoración, los manteles y el monumento. Hacia un pequeño espacio que había sido acondicionado para la pista de baile, se aproximaban los esposos al compás de la marcha nupcial de Feliz Mendelssohn, pieza que se volvió costumbre porque sonó en la boda de la reina Sofía de Inglaterra, hace mucho tiempo y de ahí que por su buen gusto musical, se convirtió en la entonación que acompaña la entrada triunfal de millones de bodas al año, en casi cualquier parte del mundo. Los novios se veían muy contentos, la gente se iba encima de otra por acercarse a verlos, siguió luego el Valls, los novios bailaron, Mario invitaba a los familiares a compartir la pieza musical del Danubio azul con la pareja. Luego que acabo el Valls, vinieron las fotografías, los encantadores, pasaban mesa por mesa tomándose fotos con los invitados, mientras tanto, la señora Isabel me comentaba que Fabián, el novio, era cantante de ópera y que la hija mayor de la pareja, la grande, de 5 añitos por mucho, no era de él y que era de la mujer no más; pero, que la menor, si era del núcleo que hoy confirmaba su compromiso. Vino la hora de almorzar, los meseros repartían los alimentos y prontamente que acabaron las tomas. Se sentó la hermosa pareja en su mesa, frente al resto de los invitados, un personaje de altura promedio con gafas y cabello un poco largo recogido con cola y traje de pingüino, frente a un piano que toco, interpretando una espectacular opera a los novios, quienes lo miraban encantados, claro está, que la alegría de Fabián rebosaba mas que la de su, ahora, esposa Tenor Lirico, que a veces se notaba seria casi que por momentos distaba de molesta. Yo empecé a sentirme como en un concierto de música clásica y eso que no he estado en ninguno, de pronto por


5

eso mi mayor asombro, e impacto, además parecía no ser el único, todos se veían igual de asombrados, hasta el cura que había sido invitado a la recepción, se sentía como él que caso a Sinatra, en el padrino, por el excelente ambiente italiano que se formaba en medio del invierno fuerte de la ciudad salinera. Luego cuando se silenció la armoniosa voz, por un momento, se pensó que no habrían más sorpresas, pero entonces tomo el piano Fabián, y toco unas cuantas obras musicales de la edad clásica del siglo XVII, supongo, no tengo tan excelente oído y gusto musical, para saber de qué autores y que épocas pertenecían esas tonalidades. Pero algo era seguro, no habría pachanga, ni carnavalito, ni comparsa, ni salsa, ni merengue, ni rock en español, ni borrachos bailando rock and roll, de seguro no habría baile, ni farra electrónica o, parranda valle nata, típicos de estas festividades en Colombia. El lugar se había a climatizado y casi que se percibía el aire italiano entrando por la estación, que es muy propensa al viento por su amplia ventilación; ya que se convirtió en una escenografía pintoresca y que con sus finos y remodelados acabados barrocos hacían juego perfectamente con la ópera, que se alzaba con fuerza en el sitio. Él seguía tocando el piano y cantando opera cuando su hija menor, se acercó hacia él y en un gesto inocente y sin pensarlo oprimió una de las teclas y empezó a jugar con ello, su padre, siguió como si nada y los feos sonidos improvisados de la niña, resultaban a ratos, ir acorde con la pieza musical que tocaba su padre, que parecía más que un profesional acoplándose a las notas de su hija. Su esposa Tenor, que anduvo con rostro serio de pronto, mientras su esposo tocaba reflejaba como estar disgustada, por la música, tal vez, pensé yo, en el momento, y creí, de pronto, estaría harta de escuchar tanto de ese género, y que por ello estaría molesta de que su boda también se celebrara de esta manera. Peque, al pensar, tal desfachatez, pues cuando ya todo estaba a punto de concluir y que todos los invitados se iban a ir como pensando que no habrían más asombros. Se paró junto a su esposo y dejo salir su melodiosa voz, que muy bien le hacia honor al nombre de esta bella dama. Yo, por entonces, quede aún más estupefacto y entendí, que de pronto lo que parecía ser mal humor por esta música,

no era sino cara de nervios, pues todos los invitados se atumultuaron esta vez en aumento y despidieron a la pareja parados en sus dos piernas, aclamando y admirando este bello encuentro y a esta pareja, que está hecha una para la otra. Concluyeron con un enorme agradecimiento, su feliz encuentro y uniendo sus voces para dejar de ser un par y ahora ser un dueto convirtiendo su matrimonio en un concierto de ópera. Al final se despiden y agradecen rápidamente piden una vez más la bendición del cura Sinatra, el esposo apenas y puede disfrutar un poco el ponqué y compartir unas palabras con nosotros, dice estar feliz y de afán porque el vuelo para Cartagena donde irán de luna de miel sale a las 6:00pm, se ríe un rato con nosotros, porque comió un ponqué que nunca supo si era el suyo, de su esposa o, de algún invitado. Y así concluye una boda muy diferente a lo acostumbrado por acá, su boda parece un viaje por el tiempo y espacio, ya que se casaron en invierno, al llegar a la estación, florecieron ese hermoso amor frente a todos creando el entorno primaveral que los acompaño hasta el final de la tarde; exactamente a las 3:15pm donde tomaron su carro rumbo al verano que los espera en la hermosa ciudad heroica de Cartagena; entorno igualmente histórico que se presta para concluir su boda con ese toque bien italiano que los caracterizo.


6

UN LIBRO DE SUEÑOS Por: Nathaly Rodriguez De 114.141 mil habitantes que posee estadísticamente la ciudad de Zipaquirá, conocí a Fabio Enrique Ortegón; un hombre de mirada serena y de una insistente sonrisa retratada en su rostro de piel trigueña matizada por el sol. Fabio Enrique es un hombre reconocido en la ciudad. Hace lo que más le gusta y es por esto que a pesar de todas las dificultades, lo hace con amor. Tal vez sin ser muy consciente del papel tan importante que desempeña en nuestra sociedad, que más allá de cultivar bolsillos con dinero, busca promover cerebros con inteligencia. y es que si nos ponemos a pensar ¿Quién no le ha comprado un libro a este hombre? Oriundo de Zipaquirá – Cundinamarca en donde se albergó durante 2 años antes de trasladarse a “La fábrica de los atardeceres” ubicada en Chipre – Manizales. De allí posee el recuerdo de sus mejores años, los de su niñez de jugar y sonreír como la expresión más significativa de la sencillez del ser. A sus 10 años de edad regresó a la capital. Durante aquel año devastador vio a su familia disolverse… Como sus sueños de pilotear una nave; su padre se hizo cargo hasta que terminó sus estudios de bachillerato, después de ello Fabio se fue a buscar suerte. Comenzó a sustentarse vendiendo maletas y kits escolares en los colegios de su propia ciudad, inicialmente se quedaba en una esquina de los colegios. Su poder de convencimiento era tal que no solo vendía sino que le alcanzaba para persuadir a incautas jovencitas que al final de su jornada coqueteaban al comerciante con picardía. Este trabajo temporal le brindó pequeños placeres; se hospedó en suntuosos hoteles, vistió ropa fina de buen gusto, se dio la oportunidad de recorrer el país de ciudad en ciudad, de colegio en colegio, deleitó con amenos platos a su paladar, se enamoró cientos de veces, cada mujer representó un matiz diferente en su vida; recuerda momentos memorables con tal afecto que se vislumbra una marea de sentimientos tan solo en su mirar. En medio de su vida libre de las preocupaciones que trae el verdadero significado de nuestra existencia (razón para ser) decide empujar sus viejas aspiraciones y junto a un

amigo se inscribe a un curso de admón. en el Centro de Estudios de Ciencias Aeronáuticas de Colombia (CEA) de la aeronáutica civil, de allí obtuvo su título y aplico como despachador de aviones, no era lo que quería pero fue lo más cercano que estuvo de su sueño en la versión más legitima. Cuando se cansa de ver como despegaban sueños ajenos, decide retornar a su antiguo sistema de ventas, vuelve a caminar a la deriva, sin rumbo fijo. Después de muchos años en un recorrido breve lo recibe su natal Zipaquirá. Cada mañana viajaba desde Bogotá, por aprox. 3.000 pesos diarios, la venta de maletas no era exageradamente rentable pero era suficiente para que se motivara a visitar su municipio. Sus primeros días los pasó en el parque principal, aquel parque de la fuente de agua, rodeado de árboles y amplias zonas verdes, solían verse niños jugando por ahí. “Ese era un parque bonito, no tan frío como el desierto que hay ahorita”. Su estrategia era usar una de sus maletas para cargar los libros, mientras se paraba en una esquina a leer, al principio nadie se daba cuenta pero poco a poco su estrategia fue tomando forma, las personas ya lo reconocían y los policías no podían perjudicarlo, él vendía sus libros fuera de sospecha. Con el tiempo decide situarse hacia la avenida 15 bajando por el actual Saguamachica, allí en una bolsa de plástico negra extendió sus libros, en aquel momento el actual parque de la esperanza no existía, por el lugar de extendía un vasto potrero, sobre el cual también se ubicaba la plaza de toros que tuvo la ciudad. El tránsito de personas era remoto, sus ventas bajaron y entonces decidió una vez más buscar un nuevo rumbo… Carrera 11 con 4ta, frente al conjunto residencial Camino Real, su permanencia fue corta. Uno de los residentes siempre le echaba la policía, sin más remedio decide seguir buscando; y entonces encuentra un colega ¡otro vendedor de libros! Este se situaba en frente de la cámara de comercio. Un domingo por cosas del destino su colega no fue, y Fabio decidió tomarse el sitio tan solo por ese día; así pasó lunes, martes, miércoles, y su compañero no regresó a dicho lugar, la policía solía patrullar muy a menudo y algunos hacían que levantara sus cosas y se fuera así que por facilidades se ubicó pasando la calle, estratégicamente en la carrera 10ma con cuarta. A partir de ese momento este sería su segundo hogar


7 mientras vendía libros en su clandestinidad, decide ingresar a la Universidad Autónoma de Bogotá; apasionado por la lectura y las ciencias judiciales se inscribió a derecho, impulsándose por sus propios medios comenzó a estudiar en horario nocturno, se dedico de lleno a su trabajo y a sus estudios, el tiempo del cual disponía le permitía devorar libros enteros en cuestión de días. Para sus parciales se adentraba a la Biblioteca Luis Ángel Arango y de allí salía solo hasta que el velo de la noche le indicara que se acercaba su hora de clase. En aquel momento de su vida en el que la soledad era su mejor compañera conoció una mujer con quien solía disfrutar en sus ratos libres, con quien tuvo a Fabio Andrés, su pequeño retoño, del que habla con profundo amor. Diariamente se ubica en la misma calle, en frente de la cámara de comercio una pequeña parte de la ciudad que ha sido testigo de la visita de extranjeros que vienen y se van, se derrumban edificios, se construyen unos nuevos, llegan cientos de personas cada día por cuestiones diferentes, la ciudad entera permanece en constante movimiento mientras tanto Fabio Enrique sigue allí cuidando sus libros, esperando por aquellos que necesitan obras literarias, apasionantes relatos o jóvenes promesas del derecho que llegan a comprarle el código civil. Amigos que se hacen en el diario vivir, experiencias compartidas, si algo le ha enseñado la vida a Fabio, es que a pesar de todas las cosas duras por las que ha pasado, su vida ha sido un venturoso destino, no tan movido por los aires y los tribunales pero si movido por el aire inspirador y motivador que posee cada persona. No hay riqueza tal como poder compartir las experiencias de otro ser humano, el arte de experimentar desde los corazones. “Los pilotos son arrebatados” me dice con una mirada de complicidad “cuando están en tierra hacen y deshacen mil veces por las cosas que no pueden hacer cuando están piloteando, la vida en los aires no es fácil, porque sabes que en cualquier momento un mínimo error puede costarte la vida” Un piloto no se aferra a nada. Suelen ser libres como el aire y es aquí en donde los puntos se tocan, Fabio Enrique nunca llegó a ser piloto, pero si es un promotor de vuelos a ras de suelo. Porque es nuestro acceso directo a libros que como los aviones nos van llevando por las nubes a los sitios que alguna vez soñamos visitar.

BUSCANDO EL INFIERNO, ENCONTRÉ EL CIELO Por: Luisa Baracaldo Rodríguez “Si no se tomara la vida como una misión, dejaría de ser vida para convertirse en infierno” Leon Tolstoi. Las calles suelen recoger más que polvo, suciedad y aromas, en ellas se imprimen los pasos de cientos de habitantes y turistas que a diario transitan por éstas.+ Cada nombre en sí mismo tiene una historia que contar, sobre personajes u objetos que dejaron huella en la ciudad. Algunos de sus nombres yacen en el olvido, con sueños jamás cumplidos por unos y alcanzados por otros, quienes abandonaron su comodidad y se enfrentaron a los miedos que día tras día torturaban sus débiles mentes controlando sus cuerpos mortales. Historias marcadas por el anhelo de un futuro mejor, recuerdos de los tiempos de antaño, donde el infierno se apodera de las vivencias de la juventud y la eternidad de los sueños. En el día, la Calle del Infierno en Zipaquirá está iluminada por el esplendor del sol, las risas de los niños y las pláticas amenas de los ancianos. La señora Isabel, propietaria de una pequeña cafetería pelea con su memoria, con una mirada perdida hacia el cielo, trata de recordar lo que le habían explicado sobre el nombre de esta calle. Entusiasmada cayó en la cuenta, había sido porque hace muchos años, durante la época de la colonia, en Zipaquirá vivían españoles, criollos e indígenas y en la parte alta del barrio había un cementerio donde eran enterrados tanto esclavos como españoles. Un olor a café aromatiza cada una de las palabras de esta amable mujer. Pero la incertidumbre permanece en mí, pues una calle empinada, con angostos andenes y casas antiguas no satisface mi deseo por saber dónde está el infierno en aquel sitio. En búsqueda de un real significado, Ignacio Torres, un habitante de esta calle hace treinta y seis años, abre las puertas de su casa para explicarlo, pero solo menciona: “No todo es malo, más bien siga y mire lo que está ahí abajo”. Sorprendida en gran manera, un poco asustada y con mis mejillas sonrojadas, accedí a entrar. Había con un salón grande, una especie de capilla con un altar, una gruta,


8

una imagen de la Virgen María. Con un apretón de manos Mercedes, esposa de Ignacio me da la bienvenida a la comunidad católica “Familias de Nazaret”, fundada hace veinte años en la cuidad de Zipaquirá. Dieciséis años atrás, Patricia, hija de Mercedes e Ignacio pelea con Dios, niega su existenciay lo deja de lado para vivir una vida de fiestas, trago, de soberbia y orgullo. Pero es en febrero del año 1993 que comienza a tener sueños los miércoles y los viernes, donde se ve en compañía de la Virgen María, quien llora y le pide que la ayude a trabajar por la restauración de las familias y por los jóvenes. Patricia culpa de todo esto al alcohol que tanto consume y a las oraciones que su madre hace. El miércoles de la Semana Santa de aquel año, mientras Ignacio y Mercedes están de viaje, la Virgen María se le manifiesta en la sala de la casa a Patricia, en forma humana, “De carne y hueso” así como ella lo manifiesta, elevada de la tierra, pues no la tocaba “Por el pecado que había en ella”, según lo menciona Patricia. “La Milagrosa” le pide que no comente nada de lo ocurrido, a lo que esta jovencita obedeció sin reproche alguno. A las 4:30 de la tarde regresan a casa los padres de Patricia, sorprendidos e inquietos por un delicioso aroma a flores y por la paz que se respiraba en la casa, ellos preguntan a su hija si algo había sucedo, a lo que ella con total con total serenidad y seguridad responde que todo estaba en completo orden. Pasados cuatro días, Ignacio sueña el fantástico episodio vivido por su hija Patricia, lo cuenta a su familia e indica que el llamado de la virgen es para cada miembro de la familia Torres. Mercedes feliz pero al mismo tiempo con muchos interrogantes en su cabeza, acepta el llamado, no sin antes preguntarle a la Virgen María porque había puesto sus ojos en Patricia y en su familia, recibiendo por respuesta que desde que su hija se encontraba en su vientre ya la había escogido.

Esta mujer se apropia de las palabras, las guarda en su corazón y las pone en marcha abriendo un grupo de oración, donde la adoración inunda el ambiente de paz que se conecta con la exaltación que más de treinta personas rinden a un Dios verdadero y más real que las estrellas del cielo. “Sumercé entro a mi vida como ladrón y me robo el corazón, yo me enamore de Jesús, de Dios y del Espíritu Santo por medio de la madrecita” con ojos nublados y un suspiro del alma, Patricia lo menciona con gratitud. Más cosas fantásticas sucedían en el oratorio, pues debajo de la gruta en la que la Virgen María residía se encontró la presencia de agua, es por esto que la familia Torres la manda para ser estudiada en la Universidad Nacional dando como resultado “El agua es manantial” , lo cual significaba que nace de manera natural de la tierra o entre piedras o rocas. Esto concordaba con las palabras dichas por la Virgen María “El agua que brote de la tierra será utilizada como instrumento de sanidad para cuerpos enfermos”. La madre de la pequeña de nueve años, en su tremenda angustia toma un poco de agua y la aplica en el pie a su hija, mientras se encontraban en una vigila de Pentecostés, siendo la pequeña sanada del cáncer que la aquejaba hacia mas de dos años, afirma Patricia con gran felicidad que se desborda por su cuerpo mientras un estremecedor escalofrió hace retumbar cada uno de sus músculos. Muchos otros, son los testimonios de sanidad tanto espiritual como física, de conversiones de alcohólicos y drogadictos, que Patricia no logra recordar por su enorme cantidad. Y aunque la misión no termina, las fuerzas de Patricia en ocasiones mueren por decepciones, el aborto de sueños engendrados y el desanimo de su naturaleza humana. Las mismas calles serán las que observen el pasar de los años, la juventud delineada de arrugas que da el color de la experiencia, el sonido de la muerte y el sentido del infierno que no es más que nuestra propia percepción frente a la vida.


9

LA VOZ QUE HABLA DE SOPÓ Por: Jennifer González Esa que nunca logramos entender y muchos menos vivir a profundidad, donde dejamos pasar la suavidad del viento por nuestros dedos, no saboreamos con paladar de buen gusto las mieles del amor y nunca entendimos la magnitud del firmamento que siempre cubrió nuestro con su abrigo nuestras vidas. Sin embargo, la música del coro de miles de ángeles, que alaban a Dios unánimes se escuchara en aquella calle que perturbo la tranquilidad de sus habitantes, estremeció el cuerpo de pequeño, que en ocasiones caían desmayados al oír la Calle del Infierno.

Hablando del pasado, presente y de lo que tal vez se encuentre, el florecimiento de hallazgos arqueológicos y sucesos inmemorables inunda al territorio soposeño, la visión de lo que se encuentra y encontró en la cultura muisca de Sopó queda en manos del maestro historiador Oscar Mesa Upegui, hombre de avanzada edad con aspecto rígido, escaso cabello canoso y ojos claros, quien poco quiere obtener protagonismo y que cariñosamente se ofrece a ser quien me guíe en una búsqueda histórica, además de proporcionarme voluntariamente sus archivos de los grandes momentos por los que ha pasado Sopó, “tierra verde y colonial”, que a todas éstas no solo “saca la cara” por su industria lechera, pues también, el peculio cultural y fortuito para muchos, debe ser una insignia relevante. Retomando, durante gran parte del día compartí e investigué con Oscar; su estilo sencillo y con toque precolombino destacado en su mochila que para muchos puede ser tan solo un tejido desapercibido sin nada que ofrecer y considerado como un objeto más de nuestra cotidianidad, y para unos pocos, su mochila puede actuar como un cofre con tesoros invaluables que respaldan incógnitos para enriquecer y revelar historias aún sin conocer, su apariencia gentil pero que hasta en un principio podría parecer rústica hizo más formidable la conversación, que entre tantas, a medida de centrarse en sus memorias, hacía preguntas “corchadoras” y con esto, pone pie en el remonte histórico que de tal manera lo puede absorber con gran facilidad. La tradición oral de grandes historiadores ha referenciado la indiscutible legitimidad que cabe referenciar a Sopó como una bellísima población que trae consigo elementos y hechos de gran valor; es aquí, cuando el rompecabezas histórico toma su forma por medio de su voz fervorosa. Oscar toma la palabra e inicia un breve relato de lo que fue el primer hallazgo arqueológico en Sopó, y que hasta el día de hoy pocos lo tienen por enterado. “La hacienda Altamira, ubicada a cercanías del Santuario del Señor de la Piedra, más exactamente en la primera con 42, es la portada de los descubrimientos arqueológicos en el simpático municipio, pues remontándonos a 1936 chocamos cuando Gustav Bolinder haya un cementerio con 42 tumbas a poca profundidad, caracterizadas por ser de forma rectangular y cubiertas por lajas, particularmente, llamó la atención encontrar a todos los miembros de una familia en la misma tumba,- Oscar interrumpe su relato para mostrar sus archivos donde


10

claramente se observan algunas vasijas y gráficos por Bolinder, además de una fotografía estremecedora que muestra un cráneo deforme. Oscar retoma y referencia una afirmación de aquella época que pudo surgir varios encuentros de debate.En aquel instante, con un hecho tan poco usual y difícil de creer, mucha gente se sobrecogió al saber que aquellas tumbas revelaban que cuando moría el jefe o padre, sus parientes eran sacrificados para morir con él. Piedras, joyas, vasijas de barro, una cerámica con esmeraldas y una figura de oro en su interior que fue interpretada como la diosa “Bachué”, fueron acompañantes de los cadáveres. Los estudios revelaron que su antigüedad se remonta hacia ocho siglos; el hecho llevó a afirmar por el historiador Enrique Ortega Ricaurte que aquel entierro era de raza caníbal y tal vez una de las más vigorosas y avanzadas. Ante aquella referencia se realizaron estudios -Correal- que concluyeron que aquellas tumbas pertenecían a la cultura muisca.” Siendo el primero de relevantes e irrefutables hallazgos indígenas, Oscar se dirige donde el señor Jorge, un hombre aparentemente de la misma edad, quien atiende un comcel de una de las esquinas del parque principal de Sopó, al llegar a este establecimiento, Oscar habla de uno de él como uno de los buenos recopiladores de la tradición soposeña, mientras que el señor Jorge atiende y entre cliente y cliente se acerca para mostrarle a Oscar sus folders cuidadosamente hechos, se puede notar una extensa recopilación de archivos, fotografías, noticias, que tratan de cada suceso que ha sobresalido en el municipio; un viaje histórico sin precedentes rodea y amortigua la conversación. Oscar algo asombrado al ver estos libros que se pueden asimilar con los gruesos álbumes familiares, responde con una grata sonrisa, y solo puede decir… – Que hermosura don Jorge, yo no podría tener el genio y tiempo para hacer este magnífico florilegio- a lo que don Jorge puede responder con entusiasmo y le muestra partes relevantes de su amplia colección. Después de encontrar que el hallazgo de Altamira no es el único, Oscar con gran entusiasmo en el tema saca de su mochila lo que puede considerarse como su hasta ahora reserva eraria: un prodigioso informe impreso de casi 200 páginas donde se encuentra otro entierro en un predio llamado El muelle, ubicado en la vereda Meusa a cercanías de Sopó. En este sitio se

identificaron 15 tumbas y aunque se tenía conocimiento de que allí perecían entierros de carácter arqueológico en 1979, sus excavaciones se realizaron en 1982. E seguida, Oscar sin ningún problema, toma su USB y permite ver muchos de sus artículos en los que dos de ellos pueden dejar con la boca abierta, literalmente. La amigable sonrisa y sobrecogedora ansiedad de Oscar por hacer saber sobre los ignorados pero relevantes hechos en Sopó, pudo despertar interés de algunas personas a nuestro alrededor, quienes precavidos de no aparentar hablilla disimularon al centrar sus miradas en los folders acumulados de este señor. La ruana de lana virgen Para resumir y acentuar aquel hecho, el titular del artículo lo decía todo: En SOPÓ fue tejida la ruana de lana virgen que abrigó a Picasso. –Interviniendo ante mis pupilas dilatadas ante tal asombro, añade unas pocas palabras para aclarar aquel suceso-Jennifer, a quién se le ocurriría que una buena campesina (Tulia Barragán, artesana) a la salida de Alpina, sería quien le vendería a un español (Jaime Gilli) muy amigo de Picasso una hermosa ruana blanca, hecha de lana virgen que lo acompañaría en la hora de su muerte. No puede dejarse pasar la simpática exclamación de Picasso que se anota en aquel artículo: “Ésta será la única virgen que yo llevaré encima” Y haciendo memoria, Oscar ultima con un portentoso y poco conocido hecho en el que Sopó fue noticia nacional, es el del “cobarde atentado al señor presidente Rafael Reyes y a su hija”, como lo referencia Oscar con cierta discreción al decírmelo y voz cautelosa; esto ocurrió el 10 de febrero del 1906 y el atentado fue planeado por el señor Pedro León Acosta, un hombre adinerado y muy ilustre en el municipio de Sopó, este hombre conspiró contra el presidente por la idea de que el poder sería entregado a los liberales. -Termina diciendo con cierta apacigüedad e inspiración de asombroEn breve, aquel atentado fue perpetrado cuando el presidente realizó uno de sus habituales paseos en compañía de su hija, y ultimando aquel paseo, tres


11

¿QUÉ SE ESCONDE TRAS UN ZAPATO? Por: Andrés Martínez: jinetes arremetieron a balazos contra la carroza, afortunadamente ninguno de los 8 tiros que la perforaron tuvieron contacto alguno con los ocupantes. En seguida, se dio aviso por telégrafo a las cercanías de Bogotá, lo que da con el paradero de los criminales que luego fueron fusilados; Pedro León Acosta logra escabullirse de las autoridades, sin embargo, se siente acorralado y tiene que pasar por circunstancias que las describe como la época más triste, consecuentemente, tuvo que dormir en una cueva (ubicada en lo que hoy en día es la finca Las Tominejas de la Familia Ospina) que le sirvió de refugio, no obstante, al verse en riesgo de ser capturado y con una recompensa de $100.000 en su contra, el 15 de mayo decide disfrazarse de mujer y huir como polizón en un barco de la United Fruit Company con rumbo a Panamá y de allí consiguió llegar a Costa Rica para esconderse hasta la culminación del gobierno del General Reyes. Al concluir una charla y desglose de tanta información “de haber y por hacer”, y de perpetrar en el sentido auditivo de cada vocablo de conocimiento de aquel hombre, notoriamente, sus ojos y su voz revelaba incertidumbres que acechan una investigación histórica. Como puede suponerse, Sopó no está anclado en un bello y simpático pueblo y mucho menos en su industria láctea tan reconocida que hasta el momento todos dicen conocer, pues todo no es como parece ser –claro está, sin desmeritar a mi pueblo natal-. ¿Acaso la prodigiosa similitud entre hechos de tan alta relevancia histórica y un sencillo municipio como muchos dirían debe quedarse en el anonimato?

La tarde Zipaquireña se adorna con el folclor de sus habitantes, en el que para muchos es un gran punto de reunión, su parque principal, en medio de fotógrafos con animales de madera, vendedores de helado, obleas y demás productos de consumo inmediato, hay un grupo en especial de trabajadores que para muchos, están solamente todo el día sentados y que no hacen gran cosa, pero este gremio algo olvidado con su uniforme rojo característico esta listo para prestar su eficaz servicio a quien lo necesita. Con el tiempo este grupo de trabajadores a recibido diferentes nombres, como emboladores, el nombre más común, empañetadores, porque según me explican la pulida final que se le daba a los zapatos se le hacia con un paño, y el que personalmente mas me gusto lustradores, debido a que haci los llamaban hace unos 20 años y le da cierto toque de distinción a estos trabajadores. En medio de tantos ‘’jóvenes’’ lustradores, hay uno que al parecer lleva bastante tiempo en esta labor, es el don Carlos y a simple vista se nota que a vivido la historia de los emboladores Zipaquireños en carne propia, su cabello blanco y líneas de expresión en ojos y boca, eran esas señales que buscaba, parecía de unos 55 años de edad, de mas o menos 1.65 de altura y con toda la experiencia y sabiduría que caracteriza a los hombre de la tercera edad. Gentilmente accede a contarme su historia, y habla de cómo con el paso del tiempo el trabajo se esta haciendo mas escaso, debido a que aunque han logrado de algún modo llegar a un acuerdo con las grandes entidades del gobierno que les han permitido seguir trabajando en este hermoso parque, la gente le interesa cada vez menos como lo dice don Carlos ‘’Versé Bien’’, comenzamos a hablar de cómo don Carlos se incorporo a este gremio, y me cuenta que originalmente su familia no es de aquí, el y su padre si pero quien erradico a la familia Martínez Moreno en Zipaquira fue su abuelo Bernardo Martínez, quien nació en Villavicencio y al cumplir la mayoría de edad decidió buscar el gran sueño de esa época, que es ir a la gran ciudad a encontrar una mejor vida, a medida que se sigue desarrollando el relato noto que la voz de don Carlos se llena de orgullo, pero también que su


12

TOQUENCIPÁ REFLEJO COLOMBIANO Por: Maria Camila Bohórquez.

garganta esta algo seca, así que lo invita a tomar algo. Llegamos a una cafetería cercana que extrañamente acompañaba de cierto modo el momento que estamos viviendo, su decoración llena de alegría a don Carlos, es evidente por el brillo de sus ojos cafés, ya que en la paredes de este establecimiento, hay una gran cantidad de fotos de la Zipaquirá antigua, y cómo la gran fuente, acompañada de una inmensa vegetación hacían del parque principal un lugar del cual no te gustaría irte jamás. A medida que el tiempo pasaba, don Carlos me habla mucho más de su familia, en especial del gran antecesor de la familia Martínez Moreno, don Bernardo, continuo su relato contándome que en el momento en que don Bernardo llego a Bogotá comenzó a tocar diferentes puertas para conseguir empleo, paso por empleos como, asistente de bodega, conductor de carros de mercado, y diferentes trabajos de este tipo. Con el paso del tiempo don Bernardo se cansó del constante ajetreo al que estaba sometido por que no pudo erradicarse en ninguno de sus trabajos, por ello se resignó pero no podía darse el lujo de llegar como dicen por ahí ‘’como perro regañado’’ a donde sus padres, así que pensó si no fue en esta ciudad tal vez sea en la siguiente. Por ello llego a Zipaquirá, en fin la situación realmente no mejoró mucho por lo que afloraron las características colombianas que todos tenemos, don Bernardo noto que el trabajo más rentable en ese momento era el de lustrador, así que tomo una cuantas tablas un cojín viejo y sus primeras latas de betún, para comenzar con la generación de los lustradores Martínez Moreno, generación que Don Carlos aun mantiene viva y como él lo dice ya tiene listo a su sustituto. Finalmente con el final de su historia llego una frase de don Carlos que me marco mucho y fue ‘’si mi abuelo estuviera vivo, estaría muy triste porque el trabajo, que le dio de comer a él y a su familia a sido relegado a un simple oficio sin importancia’’, No queda más por hablar, terminamos nuestro tinto y nos despedimos, me deseo la mejor de las suertes y que la historia me fuera de utilidad, es increíble ver como un importante gremio como estos a sido tan relegado y se ha convertid,o casi como un grupo de trabajadores independientes tristemente este se ha convertido en el gremio de los olvidados

Tocancipá, municipio fundado el 21 de septiembre de 1593 por el licenciado español Miguel de Ibarra, nombre que fue otorgado a la villa olímpica del municipio. He querido hacer esta crónica en Memoria a la Tocancipá de antes, de calles solitarias, tranquilas cuando los pocos o muchos habitantes que habían se conocían entre ellos compartiendo sus tristezas y alegrías, esos campos verdes de cultivos de cebada, trigo y maíz adornados por hombres y mujeres laboriosos, pero que hoy esas tierras están cubiertas por las industrias. Poblada por gente de antaño, de tez morena y estatura media, de raza pura, y muy trabajadores, en donde ahora se convive con gente de distintas regiones de nuestra tierra: desde la costa, los santanderes y Boyacá hasta Nariño, en pocas palabras Tocancipá es el reflejo de Colombia. Imposible no mencionar las casonas con sus tiendas y estantería en madera, el parque verde y hermoso cercado por una malla de colores que hacía más agradable el centro de Tocancipá, casas pequeñas con barandas en madera donde funcionaba la alcaldía, la Personería y el Concejo conformado por la administración municipal y el recuerdo del cabildo indígena que siempre se identificó por la unidad, el respeto y la defensa de los principios de sus antepasados que perteneció a los muiscas, en donde los podríamos considerar como los primeros abuelos que poblaron este pueblo tan pequeño. Podríamos imaginar de una manera agradable como sus viviendas eran de planta circular, con techo cónico y pajizo, a veces sostenido por un gran poste central y en donde fabricaban implementos necesarios para la supervivencia en donde Cogua hacia las vasijas de barro en un principio, y la cerámica era fabricada en Tocancipa. El resguardo indio se fundó en la estación de verganzo, vereda en la que se destacan dos grandes hechos: el mestizaje creciente y los conflictos sociales al interior del resguardo, y por otro lado la importancia de la iglesia parroquial y de sus curas en la vida cotidiana del pueblo. La vocación alfarera del pueblo de Toquencipá, que significa “Pampanillas de nuestro padre” (como anteriormente era conocido) se remonta a la época muisca. La producción de ollas era una fuente de ingresos para la subsistencia de los


13

indios, pues eran los proveedores de ollas para el proceso de elaboración de la sal en Zipaquirá, por esto Toquencipá estará ligada a su relación comercial con Zipaquirá.

La composición de la población de 1998 asciende a 13.774 habitantes compuestos por un 49% de hombres y 51% de mujeres, ocupando un total de 2.882 viviendas.

Hasta finales del siglo XVIII perduró el trueque, donde los indios de Toquencipá llevaban sus ollas y algo de leña a cambio de sal como pago, en donde por cada 6 ollas recibían a cambio el contenido de una con sal.

Actualmente se promueve el desarrollo, la democracia y la cultura en el Municipio, el dinamismo industrial, la inversión en obras de infraestructura para la educación, el deporte y la cultura y, finalmente, con el liderazgo de Tocancipá al perfilarse como capital musical de Cundinamarca.

Por tradición los habitantes de Tocancipá se han caracterizado por su religiosidad y devoción a la Virgen del Milagro, en 1593 existían dos capillas doctrineras: una en Tocancipá y otra en el pueblo de Unta. En la Casa Cural de Tocancipá se conserva un retrato de Fray Sebastián, indígena, dominico y doctrinero del curato de Toquencipá. En el transcurso del siglo XIX emerge la parroquia; conformándose el pueblo de indios y de mestizos, el pueblo tocancipeño, en donde sus habitantes terminarían por aceptar la congregación alrededor del templo. Y allí, en el marco de la vieja plaza colonial se establecerá el cabildo y los principales negocios. Los toquencipes, indígenas muiscas, antes de la llegada de los españoles eran dueños de miles de abundantes tierras fértiles y sin fronteras, que tiempo después se les comprimiría en un espacio llamado resguardo estableciéndoles estrechos límites, apareciendo las cercas, el trabajo forzado y las enfermedades, hasta reducir su población a unos pocos centenares, en donde para el año 1943 la población existente de indígenas era así: de 0 a 60 años de edad existían 234 mujeres y 291 hombres. Durante este periodo los indígenas fueron sometidos a un trato infrahumano por parte de los conquistadores, obligándoseles a trabajar gratuitamente robándoles sus bienes y matando e incluso violando a sus hijos, se les trataba como esclavos, se les destruyen sus santuarios religiosos y se les castigaba con mucha crueldad y violencia. Uno de los hechos importantes en el municipio data en el año 1951 el 30 de marzo pues se expide la primera cédula de ciudadanía al señor Constantino de Jesús Isaza Uribe, de 45 años de edad, 1,64 mts más de estatura y de cabellos entrecanos.

Se cuenta con diversos destinos turísticos: deportivos, recreativos, históricos y religiosos, como lo son el autódromo internacional, el parque Jaime Duque, el templo de Nuestra Señora del Milagro, la casa cural, la casa de la cultura, la estación del ferrocarril y el parque principal. En donde se perdió todo aquello que en un principio fue mencionado, por la evolución y mejoramiento continuo del municipio, perdiéndose cosas maravillosas de nuestros ancestros.


14

SEMBRANDO ESPERANZA EN UNA TIERRA MALDITA Por: Natalia Monroy Por costumbre, al oscurecer toma su escopeta y la ubica junto a él, lo invade el temor. Los latidos de su corazón, aún sano, se hacen cada vez más continuos y fuertes. Ésta es una noche de insomnio; de sus poros emana sudor frío, sus sentidos se agudizan; escucha risas, voces; percibe el olor del cigarrillo entrando bajo su puerta. Se arma de valor, es él contra quien sea; reza, pide por su vida, la de su esposa y su pequeña hija. La escena se repetirá por varias noches más. Durante 1993, Carlos Alberto Gómez arribó por primera vez a un pequeño municipio ubicado en el territorio cundinamarqués. El joven docente, emprendería un nuevo proyecto en el lugar en compañía de su esposa Victoria Sanabria, quien desempeñaba la misma actividad. Las nuevas experiencias se sumarían a los dos años de matrimonio y a su más grande labor educativa, el cuidado de su hija Mariana de dos años. Después de una intensa lucha, el 23 de octubre de 1994 recibe su nombramiento por el departamento de Cundinamarca; firma la debida documentación y empieza a trabajar en la vereda La Esperanza, la alegría era total. Al recordarlo en su rostro se dibuja una gran sonrisa recordando el lugar: bonito, colorido, rodeado de árboles frutales que emanaban sus aromas perfumando esta tierra, vegetación, por doquier, quebradas, agua, fincas bellísimas; vida. El encanto era evidente, se sintió atrapado por este paraíso terrenal. Se les nombró a él y a Victoria matrimonio pedagógico, fueron seis meses en sus palabras “idílicos”, de tranquilidad. No tenían conocimiento de situaciones de orden público, guerrilla o paramilitarismo, pero poco a poco este conflicto que aqueja a nuestro país y del cual muchos se consideran exentos se fue revelando encargándose de disipar la armonía de la familia. Una tarde les muestra la otra cara de la moneda un asesinato el primero de muchos que vendrían, la noticia es anunciada por sus alumnos luego conocerían el responsable. Después del primer suceso se desencadenan una serie de eventos de igual manera pavorosos, una pareja toca la puerta y saludan. Seguidamente expresan “somos del frente 42 de las FARC” asimismo les pedían asistir a una reunión junto con los padres de familia, como

respuesta Carlos aclara que el motivo de su presencia es netamente laboral por supuesto manteniendo una buena relación con la comunidad, sin embargo reiteraran con una frase “el que no se presente deberá atenerse a las consecuencias”. Cuando se vive en el interior del país es casi nula la cercanía con este tipo de violencia y verse involucrado de repente con tal conflicto produce sobre salto en el par de maestros. Por aquellas exigencias del grupo revolucionario se debía organizar a la gente con el fin de arreglar los caminos, las cunetas, inexplicablemente ellos en aquel momento por medio de la administración municipal mandaba el recebo para la carretera, estuvieran de acuerdo o no, todos tenían que salir a colaborar. Todo se fue agravando aumentaba el número de muertos, a las familias que tenían jóvenes de entre 12, 14 o 16 años les pedían entregar un hijo; si no lo hacían, eran objeto de persecución, de amenazas; la gente tenía que irse del sector para conservar sus vidas, quienes prestaban el servicio militar no tenían derecho a regresar, eran sometidos a tortura, Carlos recuerda puntualmente la fiesta de un muchacho que volvía del ejército efectivamente no duró más de un mes porque lo mataron. Bajo ningún motivo los educadores podían salir a elecciones y menos servir de jurados de votación, eran amedrantados directamente con símbolos de muerte en la escuela, que también era su hogar. Ya contaba con algunos teléfonos celulares se comunicaron con el municipio manifestando que no podían ejecutar ninguna de estas acciones, ya que nadie les garantizaba la vida. A inicios del año 1996 regresando luego de unas vacaciones en la sabana, nuevamente se vio amenazado de muerte y como muchas familias víctimas, tuvo que huir entre los cafetales en la madrugada siguiente a la espera del primer camión que los recogiera, estando en marcha todo era diferente: “siente uno como si le estuvieran arrancando el alma, porque uno coge arraigo por la tierra, por su gente, por el trabajo”, tres días más tarde en casa de su mamá recibe una llamada “Si no vienen, vamos” Carlos quiso ir solo, sin embargo su esposa no lo permitió, “Si te van a matar que nos maten a ambos” dejaron Mariana al cuidado de sus abuelos.


15

En el pueblo les esperaba un carro los dejaron en un sector de la vereda, fueron ubicados en una casucha, después en otra, caminaron por horas, las más largas de sus vidas quizá esperando al Comandante. La muerte les pisaba los talones, les susurraba al oído erizando por completo sus cuerpos. Llego el Comandante uniformado, con sus cananas, pistola, fusil, granadas “Daba miedo” “aunque íbamos dispuestos a todo” con voz entrecortada preguntaron ¿por qué?, ¿Qué había sido lo malo que habían hecho para estar en tales condiciones? La respuesta; un mal entendido, por guerrillero borracho pero “ya habían tomado el correctivo necesario” podían estar tranquilos, sacaron botellas de aguardiente charlaron largo tiempo los dejaron en la escuela de nuevo con otra botella de trago. Durante tres meces estuvieron a su custodia. Por su labor recibieron unos incentivos por parte de la Alcaldía tras la solicitud de la población. Durante su permanencia esta pareja hombro a hombro fueron adquiriendo recursos para la institución, no existía ninguna clase de material didáctico. En cada viaje que hacían se reunían cajas llenas de libros donados por sus amigos, compañeros y familiares con el único fin de dotar la “escuelita”, expresa Carlos con cariño, “fue casi una teletón”. Con ayuda de la administración municipal, la institución educativa fue pintada, en sus paredes se plasmaron los símbolos patrios, se mejoró el restaurante escolar, se adquirió un televisor y un VHS. Ahora las materias serían más activas y los niños motivados a aprender, el compromiso que sentían con estas personas era más profundo, en ellos sembraban valores, cambiaban pensamientos; antes cuando les preguntaban sobre su futuro, los pequeños respondían que su mayor aspiración era ser guerrillero, ahora tenían un nuevo horizonte. El nombre del lugar comenzaba a relacionarse cotn los sentimientos de sus pobladores, había esperanza. Aun con tantas cosas bellas siempre prevaleció el miedo, cuando salieron de allí Carlos se dirigió, a la jefatura de núcleo, a la estación de Policía, a la oficina de amenazados en la Procuraduría General de la Nación donde tomaron sus datos pero afirma nunca haber recibido ningún tipo de apoyo ni para él ni para su familia “nosotros los maestros somos completamente descuidados por el Estado, a éste no le preocupa la

situación de los docentes”. Un 23 de diciembre víspera de navidad que siempre recordara, Carlos salió hacia Bogotá a traer el regalo para su hija y su esposa, comprar cosas para la escuela, algo de comer y hasta pólvora. De regreso en el camino se encontró a su amigo, su compadre Ángel, no se detuvo mucho tiempo para saludarlo y continuó, cuando llegó a casa, entró, se recostó y no pasaron cinco minutos, cuando golpearon duro la puerta; solo se escuchó un grito estremecedor: “¡Mataron a mi papi, mataron a mi papi!”. A su amigo lo asesinaron por no querer entregar a uno de sus hijos, sin embargo en sus filas terminaron uno o dos de ellos. Fue difícil el momento, prácticamente los hijos de 5 y 6 años fueron arrancados del cuerpo sin vida de su padre. Después de tantos años sigue siendo doloroso contarlo, debe tener esa imagen viva en su cabeza, mientras lo hacía, sus ojos se cristalizaron, un nudo en la garganta lo dejo en silencio, yo trataba desatar el que se había hecho en la mía para continuar con la conversación, un suspiro hondo le devolvió el habla. Ni siquiera era permitido asistir a su entierro pero pese a las circunstancias no faltaron. Era tanta la ira que en voz alta maldecía sin importar quién estuviese presente. La muerte no cesó y fue en el año 1998 cuando el municipio fue invadido por paramilitarismo, en un lugar que lleva por nombre La Palma murieron abaleadas 17 personas aproximadamente, en seguida empezaron las desapariciones, un joven muy allegado a toda la comunidad, Carlos no sabría decir si este personaje pertenecía a la guerrilla o los paramilitares en todo caso lo abordaron en Bogotá y lo torturaron, otro fue encontrado una mañana en el patio de la escuela, le propinaron 42 puñaladas. Ahora las amenazas llegaban a un punto que no era posible saber de qué lado venían, decían que estaban enlistados por los paramilitares por ser auxiliadores de la guerrilla y viceversa. Dos guerrilleros golpearon y degollaron un anciano para robarle $30.000, su Comandante convocó una reunión de los habitantes donde decidirían la forma de ser castigados, era la pena de muerte, Carlos apoyaba


16

¡UNA AVENTURA DE PLACER AL PALADAR! Por: Fabio Alejandro Vanegas Limas la idea de hacer que prestaran un servicio social. Doce votos hacían la diferencia, la mayoría aprobaba la segunda idea, sin embargo el Comandante no los tuvo en cuenta, pidió a los familiares volver al siguiente día por sus cuerpos “era la guerrilla matando la guerrilla”. “¡Dice uno: tanta cosa tan bella destruida por un conflicto maldito” muchos de sus amigos fallecidos en fosas comunes, huérfanos ahora hombres y mujeres son gente endurecida, con dolor y resentimiento que experiencias tan duras “fueron lágrimas de sangre” también momentos gratos como el día de su despedida sonaron las trompetas “tú eres mi hermano del alma realmente al amigo…” Mientras el Ejército Nacional ejecutaba el rescate de Julio Cesar Sánchez, Carlos ya había sido trasladado pero su esposa seguía allí, se encontraba en estado de embarazo condición que hacía todo más complicado cuando se comunicaba con ella sonaban las ráfagas, las bombas, entretanto el lloraba sintiéndose impotente ante la situación, no podía ir por ella, no podía estrecharla, le dolían los kilómetros separándolos, el tiempo parecía prolongarse. Tras haber agotado todas las posibilidades existentes para conseguir un traslado sin ser escuchados, Victoria renuncia en el año 2000, la familia estaba completa y a la espera de un nuevo integrante que sería luz después de tanta oscuridad. “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo” Nelson Mandela *Los nombres de los protagonistas se modificaron para proteger su integridad.

Conocer las maravillas de Zipaquirá nos remite a una interesante aventura para deleitar al paladar. Me dirigía por este bello municipio con el fin de recorrerlo, de repente mi olfato me cautiva, me conduce a un sitio llamado “Delicias del Valle”. Allí su propietario don Efraín trabaja desde hace 15 años produciendo buñuelos, pan de yucas, arepas y avena. En cierto momento me llamó la atención, ver la cantidad de gente y sus caras de agrado, así que decidí probar estas delicias de maíz vuelto harina que se fríe hasta lograr el punto exacto y color adecuado. El brinda una satisfacción al cliente por lo cual llegué a la conclusión, pregunte sobre sus sentimientos y motivaciones en su inicio con este proceso tan exquisito, a lo que esta persona responde esta inquietud con una sonrisa de oreja a oreja. Todo comenzó hace 15 años, cuando su mamá le mostró el proceso de preparación de los buñuelos, después de prestar mucha atención, de dañar masas porque quedaban muy duras o blandas, no fue necesario esperar la época decembrina, don Efraín habría de prepararlos durante todo el año. Después de mucha paciencia y práctica fue adquiriendo una mejor técnica, el sabor también iría cambiando y encontrando cada vez a más personas. Era el momento de pensar en constituir este proyecto. empezó montando un puesto muy simple y barato que consiguió en una compraventa, luego hacer estas bolitas de maíz para una panadería, donde el trato de su jefe no era muy bueno por lo cual se retiro, hasta ahora que maneja su propio negocio y con el cual esta muy contento”. Relativamente con lo sucedido en su travesía contó de una niña muy linda que hace siete años, lo empezó a motivar mucho más, puesto que es su más grande alegría, “su hija”, hablando un poco acerca de ella, doy vuelta a mis ojos y veo un reloj muy viejo que marcaba las 12:36, cuando llega una señora con una niña, “cabello rubio, ojos azules, labios muy rojos y delgados, de una estatura promedio, a la cual el sonrió, y me dijo “ella es mi hija, joven”, me sorprendí era hermosa. Ella dice con una voz muy dulce y angelical, “hola


17

SUCESOS: PLAZA LOS COMUNEROS Por: María Fernanda Bernal. mono”, lo cual causó risa a don Efraín, y luego dice que el papá decía que ella era la razón de su arte y que por tanto la quiere sacar adelante, termina esta frase con un suspiro que le da una tranquilidad y un agrado, pero por el cual siento una ternura y a la vez un vacío que me hace pensar en lo que me decían mis padres, cuando era muy pequeño acerca de que buscarían todo para verme feliz. Don Efraín, dice que si me gustaría aprender a hacer buñuelos, a lo que respondo, sí, intenté con un poco de masa pero me quedó muy dura, pensé y dije que un día con más tiempo iría. Me interne a buscar los inicios de estas suculentas bolitas de maíz y me encontré con que los buñuelos son herencia de los árabes, quienes los comían sin rellenar y recubiertos de miel, de allí se extendieron a todo el país hasta llegar a nuestra Colombia. Pero antes de retirarme decidí probar otra vez la sazón de un personaje deslumbrante que logro envolverme y del cual estoy agradecido terminando con una pasada de lengua para recoger las migajas que me quedan así como lo hace la gente que llega acá, y que se despide de él con un fuerte apretón de manos, mostrando un gran agradecimiento. Me voy feliz de encontrar personas tan trabajadoras como lo es don Efraín que hace parte del grupo de personas que preservan las tradiciones, para agregar un rico sabor a la región.

El centro de la ciudad reúne en un solo punto a las autoridades administrativas y eclesiásticas, civiles y jurídicas, pero también en ella se encuentran grandes historias, nos ubicamos por lo central, partimos desde allí y nos replegamos. Zipaquirá tiene también su principal actividad en el centro, muchos transitan sin siquiera fijarse en su estructura y menos en su gente. Conocer es permanecer y para hablar con propiedad del lugar se requiere haber crecido y sobrevivido en este, tal como lo ha hecho Ana Lucía Riaño, vendedora del chance y lotería desde el año 1963 en la plaza de los comuneros es una señora de cabello negro, piel morena, fornida normalmente viste un pantalón de color azul con un saco negro de algodón perchado; ha presenciado las diferentes transformaciones que ha venido teniendo la plaza. Ella cuenta que es un sector muy llamativo por sus casas coloniales con balcones, la pila de agua y las zonas verdes acompañadas de sus palmeras. De la plaza recuerda algunas de las ceremonias celebradas en la catedral Diocesana; donde novios que se iban a “casar” salían por la puerta grande sin la bendición de Dios, cada uno por su lado; las misas de los difuntos acompañadas de mariachis y botellas de aguardiente, la caída de varios ataúdes por las escaleras debido a su peso y al dolor de quienes cargaban a su familiar. Los domingos en la misa de 6:00 am veía pasar a los abuelitos con vestido de paño, ruana y sombrero, cogidos de la mano de su esposa que vestía un conjunto con falda acompañado de una manteleta o pañoleta en seda o encaje con la que cubrían su cabeza en señal de respeto a la ceremonia religiosa. Al terminar la eucaristía de la mañana la gente por tradición se dirigía a la cafetería Yara de don Pedro Rodríguez, un lugar muy visitado por el personal que trabajaba en la alcaldía, vecinos y habitantes, vendían desayunos, almuerzos, medias nueves, etc. Los días domingos se veía entrar a las personas a tomar un tinto bien cargado con una copa de trago de licor. Entre semana la gente se reunía a firmar contratos de compra ventas y otros negocios. Los de la tercera edad dialogaban sobre la política y economía que vivía el país, acompañados de unos tragos de whisky y unas cervezas. Para las familias que venían de veredas aleñadas era su punto


18

clave a la hora del almuerzo, los platos de don Pedro eran exquisitos, como para chuparse los dedos. Desde el año 2010 don Pedro falleció y a cargo de la cafetería quedaron sus hijos según rumores el sitio estaba en problemas por la herencia y desde entonces comenzó a decaer hasta que fue cerrada en el mes de abril, solo quedo pintada, limpia y abandonada. Ana Lucía comenta que la plaza también sirvió como escenario para las elecciones políticas hasta el año 1985, Entonces se cerraban las vías de acceso, ubicaban mesas de votación y a los votantes le introducían el dedo índice de la mano derecha en tinta roja sin importar al partido político al que pertenecieran. Desde el año 1986, muchos turistas eran atraídos por las golosinas que se vendían, (caramelos, obleas, alfandoques, chicheros, garullas, almojábanas, colombinas de colores y melcochas). Era parte del festín de postres que complacían sus antojos. También había lugar para un recuerdo de la visita, un fotógrafo que retrataba a niños que solían pasear con sus padres, los montaba en sus caballos de madera, los arreglaba con lindos sombreros, amarros y rejos. La plaza de los comuneros está rodeada de casas antiguas construidas en época de la colonia alrededor de la imponente catedral Diocesana, convirtiéndola en eje central del desarrollo económico, turístico, agrario, cultural, social y político de Zipaquirá; Ana Lucía afirma que en estas casas funcionaron por décadas negocios como la droguería Colmenares que paso de padres a hijos y que en la actualidad ya no existe. En seguida de la droguería de don Guido, quedaba la primera agencia de transportes, conocida hoy en día como Flota Zipa; donde entraban y salía los buses que cubrían la ruta ZipaquiráBogotá e intermedias. Durante los siguientes treinta años el parque ha tenido el acompañamiento del almacén el Huguito donde se ofrece gran variedad de productos, desde juguetería, ropa infantil hasta porcelanas. El quiosco ubicado en una esquina del parque frente al Banco Bogotá que quedaba en la Cra 8 nº 4 – 16 desde hace más de cincuenta años, era un puesto de revistas y libros. Hay otros lugares que han sido conocidos por eventos importantes como la prestigiosa Joyería Sensación que en el año 2003 paralizó

a la plaza debido al asalto de parte de cuatro hombres encapuchados que ingresaron armados al lugar para guardar la mercancía en grandes maletas. Ana Lucía revela cada lujo de detalles, cuando de repente sale uno de los asaltantes con un maletín, coge un taxi y desaparece por completo, el agente de tránsito Deison Córdoba quien llegó hasta la joyería fue amenazado y obligado a dejar el arma en el suelo. En el momento que él se levantó se escuchó un disparo. Había caído un hombre ya conocido por los transportadores del pueblo y se decía que no era una buena persona, había tenido varios disgustos y problemas con ellos por la forma de ser, era petulante, arrogante, se sentía grande por su cargo, comentaban. De inmediato el asaltante ingresa nuevamente al almacén, cierra las puertas y toma como rehenes a la dueña y dos vendedoras más que se encontraban en el lugar. Al sentirse bajo tanta presión las tres señoras, las fuerzas armadas, el alcalde, obispo y hasta la población comienzan a pensar cómo solucionar esto de manera que nadie más fuera a sufrir ningún daño. La SIJIN y la policía habían recibido un comunicado donde avisaban que el agente había fallecido en el hospital San Juan de Dios. La información aún alteró más lo sucedido. El alcalde Everth Bustamante fue la primera persona que intercedió para la solución de este hecho, comenzó a negociar la liberación de las mujeres con uno de los asaltantes, pero no encontró respuesta alguna. Las horas transcurrían lento no se escuchaba nada, Ana Lucía recuerda como el miedo, angustia, temor, incertidumbre se apoderaban de la plaza. Diez horas después de la toma, hubo un nuevo contacto con los asaltantes esta vez fueron el alcalde, la policía, psicólogos, el obispo y un padre de uno de los delincuentes, todo era fallido este suceso comienza a rodar por Colombia el presidente Álvaro Uribe autoriza mandar refuerzos a Zipaquirá para ayudar a capturar a los delincuentes. El cansancio e impaciencia comienzan a tomar a los implicados, cuando otro intento por parte del obispo y el padre de un asaltante funciona. Negociaron que ellos dejaban en libertad a las mujeres si el alcalde Bustamante


19

EL HOMBRE TRAS EL MONUMENTO DE LLAVES Por: Paola Andrea Velandia Zipaquirá ubicaba un carro frente del almacén para poder emprender la huida. Él obedece. El carro es ubicado. Se escucha otro disparo dentro del lugar, todo queda sin sentido, se pensó lo peor, solo se ve abrir las puertas y salir a los tres delincuentes con los brazos en alto. Para las 6:30 de tarde la policía y SIJIN habían capturan a los asaltantes y llevados al comando principal en La Floresta. Felizmente las mujeres salieron ilesas, pero su miedo y angustia no desaparecía, solo lloraban; fueron atendidas por médicos y familiares. La perdida no fue tan grande solo se pudieron llevar una cantidad mínima de joyas y dinero. Fueron largas horas en el hecho hubo una víctima y fue una situación que marcó la Plaza de los Comuneros de Zipaquirá por el cubrimiento de los medios de comunicación que divulgaron la noticia: “La joyería sensación la más prestigiosa de Zipaquirá fue asaltada por hombres de la región de Popayán”. En el año 2002, la plaza fue transformada por el alcalde Everth Bustamante, Ana Lucía y algunos habitantes del municipio organizaron manifestaciones en oposición a lo que iba a suceder, donde fueron reemplazados árboles, zonas verdes y la pila de agua por un montón de ladrillos que no inspiran ningún sentimiento ni admiración para turistas. Desde entonces la plaza perdió su encanto, ya no volvió a ser la misma de antes; los residentes y visitantes han dejado de lado este parque, la economía disminuyó para el comercio, Ana Lucia se le han reducido altamente las ventas su chance y lotería ya no transitan como en sus primeros años de estar allí, para los años 2003-2013 el parque es transitado por la comunidad pero ya no cuenta con el significado que algún día tuvo; sus últimas modificaciones fueron el traslado de la alcaldía de la carrera 7 con 4 a la calle 5 nº 7 – 70.

Aparicio Zipaquirá Villarraga, noble poblador del municipio de Cajicá, Cundinamarca, ha apreciado a muchos amigos en sus 77 años de vida; sin embargo de pocos se refiere con tanto afecto como lo hace por el doctor Enrique Cavelier Gaviria, sembrador de rosas y cultísimo señor, que no solo fue importante para él si no que constituyó un gran aporte en la mejora de la calidad de vida de los cajiqueños. Cavelier Gaviria nació en Bogotá, en el año 1936, hijo de Beatriz Gaviria y Jorge Enrique Cavelier Jiménez, formó un hogar con la pintora Margarita Lozano Ortiz, con quien tuvo dos hijos: Juan Pablo y Carlos Enrique. Su labor política por Cajicá inició en 1966 como concejal, luego en 1975 fue nombrado alcalde, en 1988 ratificó su aceptación popular al recibir la gran mayoría de votación de los cajiqueños. Fue reelecto en 1992. Su incondicional apoyo al municipio no solo lo ha hecho merecedor de una buena reputación, también recibió la Orden Antonio Nariño, por parte de la Gobernación de Cundinamarca. A Cavelier Gaviria lo caracterizaba la sensibilidad social con la que guió todas sus acciones durante los 20 años que sirvió al municipio de Cajicá, haciendo que ocupara el segundo puesto entre los mejores municipios. Entre sus logros se reconoce la cobertura del sistema de acueducto, alcantarillado y educación básica. Se dedicó a la población, su preocupación lo llevó regalar leche a los niños de las escuelas y construyó las primeras casas de la cultura, que ahora son institutos de formación para la población joven y adulta. Todo inició con su padre, Jorge Enrique Cavelier Jiménez “El Profe”, como era conocido en la región. El progenitor fue el primer urólogo que tuvo Colombia, fundador del hospital de la Samaritana, la Clínica Marly y la Cruz Roja Colombiana; además trajo la insulina por primera vez al país. Aparicio cuenta que también quiso regalarle a Cajicá un hospital pero el concejo municipal de ese momento no lo aceptó; la entidad prestadora de servicios de salud fue en cambio regalada a Tabio. Tiempo después abrirían para los cajiqueños un puesto de salud en su memoria. El doctor Cavelier Gaviria se graduó como agrónomo del “Delaware Valley Collage”. Después de sus estudios habría de esperarse grandes logros, pero su emprendimiento lo llevaría a otra instancia, junto a su padre fundaría en el


20

RECORRIENDO EL PASADO Por: Ingrid Forigua año de 1959 la reconocida fábrica de lácteos La Alquería, la primera empresa privada productora de leche líquida en Colombia. “Una botella de leche, una botella de salud”, fue el lema que lo motivó a manejar su negocio durante aproximadamente 40 años, el legado permanecería vigente a través de la gestión de sus descendientes. Aparicio habla de la compañía con complacencia y agradecimiento, aún trabaja allí. Después de más de tres décadas, recuerda cuando los hijos del doctor eran pequeños, pero fueron creciendo al igual que La Alquería, que tiene en este momento presencia en todo el país y en el exterior. Han sido muchos los beneficiarios del negocio, cada uno lleva gratis a su casa leche para compartir con su familia, es una política de responsabilidad social. Cuando Zipaquirá Villarraga conoció al doctor, éste se dedicaba al campo, le gustaba sembrar rosas, trabajaba como alcalde y su empresa era una de sus prioridades. Sobre las flores hace referencia con dolor a una fecha inolvidable, el 7 de diciembre de 2006, día en que murió Enrique Cavelier Gaviria, es una gran pena para él, pero agradece haber podido conocerlo de cerca. Para el primer aniversario de su muerte la población cajiqueña le rindió un homenaje, una estatua de bronce ubicada en el parque central. Para Aparicio y el municipio es importante este reconocimiento que por iniciativa de la Alcaldía contó con el significativo aporte de los habitantes, quienes por hogar ofrecieron una llave para la elaboración de la escultura. A los grandes personajes se les entrega una llave de la ciudad por sus aportes, Cavelier Gaviria no solo fue merecedor de una sino de cientos que representaron el amor y respeto de una comunidad que aún lo recuerda.

La música y las letras se encuentran impregnadas en diversas galerías del país, sin embargo no hay comparación con las casas que han permitido el nacimiento de grandes prodigios como el caso del ahora Museo Quevedo Zornoza de Zipaquirá, cuna de intelectuales y compositores de la zona ubicada en la carrera octava con calle tercera. Esta edificación dividida en dos patios, 12 alcobas y un solar, inspirador para artistas como el célebre maestro Guillermo Quevedo Zornoza quien compuso más de 300 obras igualmente nació el poeta Roberto Mc Douall. La casa también ha guardado durante los últimos siglos piezas usadas por héroes de la independencia, como Bolívar, Santander y Nariño. Fue construida a mediados del siglo XVIII una casa que a lo largo del tiempo se convertiría en un museo, diseñada con teja de barro cocido y cielos rasos en cañizo, tuvo algunas modificaciones como las ventanas que fueron cambiadas, el sellamiento de la puerta del local que se encontraba ubicado en la esquina de la casa y hoy en día se ha restaurado. En sus paredes permanecen colgadas como decoración las cabezas de venados que habitaban la zona y que los Quevedo salían a cazar para alimentarse, vender su piel y dispersarse. A dichos trofeos los resguarda aún perturbante la escopeta que les fusiló. Las generaciones de la familia Quevedo se distinguieron desde los días de la guerra de la independencia. Fueron músicos e intelectuales dedicados a promover el arte y la cultura, le brindaron a Zipaquirá el conocimiento de objetos provenientes de otros lugares, para testificar varias épocas y circunstancias externas. Hay un cuarto dedicado solo a los instrumentos musicales, en aquel lugar se encuentra el piano que perteneció al General Francisco de Paula Santander. Blanquita hija de los Quevedo, además de la música, se dedicó a la pintura y la cocina, fue la última persona encargada de la casa; antes de morir pidió que ésta no se vendiera ni fuera tumbada sino que sirviera para enseñar a las siguientes generaciones cómo era la cultura, costumbres, tradición desde sus antecedentes comerciales y de uso. Se centra en la necesidad de exaltación nacionalista; también hay que


21

hablar del estilo que permite evidenciar a estos objetos, allí se resalta la existencia y presencia de héroes e incluso fantasmas que rodean los pasillos. Desde este lugar se pretende preservar el paso de otros personajes por Zipaquirá, como homenaje se encuentra la máquina de escribir que uso el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez. Al entrar a la sala de costura se puede descubrir máquinas de coser desde la primera que salió hasta llegar a la semi-industrial que fue la última que utilizó la tercera generación. Lo que más llama la atención es la orfebrería, artesanías, esculturas, cuadros pintados, claramente el gusto por el arte, algunas ollas hechas en barro, una especie de fuente o pozo, tenían salas especiales para practicar sus actividades lúdicas, además una biblioteca completa de libros antiguos en diferentes idiomas, un ajedrez que representa indios y españoles. Sin dar la hora exacta de la salida del museo miro el reloj tarjetero, indicaba el tiempo de partida de los trabajadores esto se lograba con un papel y después bajaban la palanca, esta familia era muy pudiente por lo cual adquirían los primeros productos que se lanzaban al mercado. Además en una pared cerca de la cocina se ve una colección de planchas antiguas desde la primera que salió hasta la última, al ingresar al oratorio puedo ver lo religiosos que eran, todos los cuadros llaman la atención por estar bien ubicados y resaltan lo importante que era este lugar para ellos. Cuando entro al comedor está lleno de algunos cuadros que fueron pintados por Blanquita, estos se llaman bodegones y se encuentran alrededor. Igualmente al visitar sus cuartos los encontramos como siempre han estado intactos, sin modificaciones, permanecen los lujos que continuamente habían adquirido y la importancia que tiene cada uno de ellos ya que los mandaban traer de diferentes lugares, al regresar en uno de ellos se ve el tocador que resalta la vanidad de la mujer, la moda que se utilizaba en ese momento, hay objetos de gran importancia como sombreros, porcelanas, a su alrededor adornos, etc. Su hermano Nicolás Quevedo fue el creador de la famosa “Misa negra”, se basaba en la parte religiosa, trajo la música a Colombia, escribía lo que se bailaba en esa

época, en todas las reuniones sociales. Julio Quevedo representante de la segunda generación tuvo una vida muy escondida, nació con una deformación en los pies fue uno de los mejores músicos en ese tiempo. En la tercera generación la representa el maestro Guillermo Quevedo escribió el himno de nuestro municipio y el del colegio Liceo Integrado de Zipaquirá. En esta generación encontramos a Conchita que fue la gestora de este museo, fue profesora de música de cientos de personas se encargaba de dar a conocer la cultura. Al final del camino es encantador ver como el museo Quevedo Zornoza está bien cuidado tal como lo habían dejado antes, El ambiente es agradable es una sensación de querer saber más sobre este lugar nos recuerda cómo se vivía en el pasado, todos los hechos y sucesos que marcaron a esta reconocida familia, que plasmaron y dejaron un legado.


22

CRÓNICA DE UN CORAZÓN TRISTE Y UN EMBALSE NOSTÁLGICO Por: Laura María Ospina García El Guavio, una de las 15 provincias de Cundinamarca, la más extensa, pero la menos conocida; epicentro de graves problemáticas socioambientales y paradójicamente dueña de grandes riquezas: del embalse del Guavio y de José Joaquín. Conocer la región exige tener todos los sentidos despiertos. Iniciar el camino hacia el destino del embalse es impredecible, la carretera que conduce a este lugar está en pésimo estado. Dos carriles podrían asegurar la normal llegada una vez se toma la vía en el municipio de Guasca, sin embargo en un punto, como una larga serpiente constrictora que asfixia la montaña, el camino se ha de seguir sin más opción que ser tragado o caer al abismo. La naturaleza en esta zona es majestuosa, la densa neblina previene a los viajeros de llevar un paso tranquilo, una velocidad moderada y los ojos bien abiertos. En varios de sus tramos, la barriga del reptil se hace pequeña, un nuevo peligro ha de aparecer no solo para la población sino para los viajeros, la actividad minera representada en las volquetas gigantes que se adueñan de la pista, intimidan y ponen en alerta a los conductores, el trayecto es no apto para cobardes, lo más arriesgado se vivencia cuando el animal vial toma cuerpo de lombriz, solo un vehículo circula, los otros esperarán a que éste sea digerido, pase a otra etapa y engorde al animal. Después de cinco horas de viaje y a pesar de la neblina empezamos a ver el embalse, la carretera no solo lo rodea, permite mirarlo, perderlo en alguna curva y redescubrirlo desde otro ángulo en una imagen más bella que la anterior, hasta fundirse en él, en sus aguas que se abren paso entre las montañas; se ve cómo las lanchas cruzan de lado a lado dejando una huella que turba su tranquilidad. Pequeños puertos se observan a los lados del embalse, son las estaciones de los campesinos que esperan allí el medio de transporte que lo unen a Gachalá, Ubalá y Gama. El ruido del motor de la lancha en la que se atraviesa el embalse, acompaña a una suave brisa, mientras se observa el paisaje imponente de la zona. La utilización de parte de su agua por la empresa de energía EMGESA hace que su nivel esté por debajo de lo habitual, lo que desnuda la tierra usualmente vestida. Estas pequeñas

montañas que se ven marcadas por la deshidratación, llenas de grietas, de arrugas, son apreciadas por los navegantes sin despertar gran admiración, los habitantes de la región y los visitantes prefieren ver el embalse lleno. En esta época despierta tristeza, solo comparable con la piel de un anciano que refleja el paso del tiempo y la permanente soledad. En Gachetá se respira un aire limpio, cálido y húmedo. El parque principal es tan predecible como en todos los pueblos: el edificio de gobierno se alza como parte del paisaje, en segundo plano. La protagonista es la Iglesia de San Miguel Arcángel, imponente, mirando a sus feligreses, a sus pobladores en espera de la misa, recordándoles que siempre estará en el centro de todo, exigiendo obediencia, respeto, admiración y apareciendo en las fotos de los turistas. El héroe local, Manuel Salvador Díaz, gachetuno, prócer de la independencia y compañero de Policarpa Salavarrieta en el patíbulo tiene una placa con su nombre al lado de la de Antonio Nariño en el centro del parque, muy cerca de donde otro valiente, pero anónimo, libra día a día grandes batallas en contra de su precaria situación. Cincuenta y tantos años; piel arrugada maltratada por el tiempo, con un color tostado, resultado de horas de trabajo bajo el sol inclemente; su ojos grandes demuestran el cansancio. Debajo de sus brazos habitan un par de muletas y a sus pies un cajón lleno de implementos para lustrar zapatos; desde una de las esquinas del parque, donde me contaría toda su historia, José Joaquín con acento campesino, hace una invitación que parece amable y convincente, visitar dos casas más arriba, un restaurante donde venden según él las empanadas más deliciosas, las preferidas de los pobladores para desayunar. El guía forastero En los ojos de José Joaquín se puede ver un brillo de exaltación cuando habla de Gachetá. Empieza sin titubeos a resaltar todas las cualidades del pueblo, exalta su clima, según él, éste por ser húmedo y tener la temperatura perfecta favorece la producción de cualquier cosa que se quiera cosechar: papa, plátano, café, frutas, etc. Toda una vida en el campo, viviendo de la tierra, lo ha hecho conocedor de sus innumerables olores, colores, contexturas, formas y sabores. Como el más experto


23

con exactitud, él distingue un mangostino que allí, por el clima, es verde y con un gusto especial, muy diferente al ya conocido que se da en la región del Tolima. Asegura que en este municipio se dan los bananos más dulces, el café más exquisito, incluso por encima del que se produce en el triángulo del café, habla con propiedad sobre el queso curado que se da en las veredas cercanas, describe con facilidad su sabor salado, consistencia suave, larga duración sin refrigerar y olor peculiar que lo hace único. Gracias a José Joaquín conocí a doña Patricia, una lugareña morena, de ojos grandes, sonrisa cordial, quien con su tono de voz bajo, convence al turista de ser una de las mejores fabricantes del alfandoque blanqueado, dulce hecho de panela que mediante un proceso artesanal y mucha paciencia se convierte en un aro blanco con sabor a anís que es envuelto en hojas para llegar, finalmente, a las manos del consumidor por dos mil pesos. El guía forastero, nació en Coyaima (Tolima), donde todavía vive gran parte de su familia. De joven se trasladó a la ciudad de Bogotá donde fue, según él, el fundador de la Defensa Civil del Norte hasta que la falta de un sueldo lo obligó a retirarse. Como ningún profeta en su tierra, aunque vive en Junín, municipio aledaño, desde hace diez años viaja todos los días hasta Gachetá para ofrecer sus servicios como lustrador. Su labor no solo es embellecer el cazado de los gachetunos, con su carisma maravilla al turista desde la primera impresión, contagiándolo de su amor por la capital del Guavio. El sentido de pertenencia de este coyaimuno podría compararse con el sentimiento de un extranjero que se enamora de Colombia y decide residir en ella. En la esquina del parque entre charla y charla, José Joaquín poco a poco fue dejando la postura de promotor turístico para sincerarse más con la crítica situación que vive esta región. Este hombre de estatura media y de gran sonrisa, da consejo a quien lo solicite, desde sus clientes hasta niñas del municipio, algunas de ellas, comenta, lo han buscado con la angustia de saberse inquietas sobre cómo comentarle a sus padres que la tan anhelada transición de niñas a mujeres ha dejado como consecuencia una maternidad prematura. El desempleo, la falta de oportunidades y el escaso comercio en Junín, hacen de la plaza de Gachetá un

lugar más inspirador para José Joaquín, quien día a día se esfuerza para sobrevivir con el que considera es su propio negocio, su boleto directo a una vida sin jefes ni horarios. Solo necesita de su cajón para lustrar, una silla y una esquina del municipio que lo cobija, a veces con un buen clima, para recrear sus sueños de empresario. Ha trabajado en construcción de casas y edificios; pinta fachadas, las convierte en reflejos de los zapatos que lustra todos los días, las repara, las pule y las hace brillar; conoce sobre medicina tradicional, con solo mirar da un diagnóstico y la planta que se debe utilizar para atender cualquier mal; le basta con saber un signo zodiacal para describir a la persona con exactitud y dar un consejo acertado; atiende partos, aunque ya no dejan ejercer este oficio, cuenta cómo ayudó a ver la luz primera a varios gachetunos; todo es posible para este hombre. Semanas antes cuando se encontraba pintando uno de los restaurantes del centro, se sumó una mala jugada del destino, una escalera en mal estado y un paso equivocado, cayó y se lesionó la pierna izquierda; de ahí que ahora estuviera en muletas para mejorar su movilidad. Hablando sobre su accidente confesó con voz fuerte, pero con partículas de decepción, que quien lo había contratado no le había reconocido el trabajo realizado hasta el momento de la caída ni mucho menos se había preocupado por su estado de salud, aún así lo recomienda como el lugar perfecto para comer deliciosas arepas y disfrutar de un buen desayuno. Al hablar de su familia sus ojos, postura y hasta el tono de su discurso cambia. Notablemente le aflige hablar de sus dos hijas y un hijo, ninguno de ellos vive con él ni lo visita. Su soledad se atenúa. Aguanta las lágrimas. Ellos tienen una vida hecha en la capital, reconoce con dolor que allí la rutina no permite darse un momento para llamarlo a averiguar cómo está. Los extraña. Miró y sonrió, me dijo que me parecía mucho a su hija menor, recordó que ella a veces sí se acordaba de él, confesó que lo había llamado hace varios meses, y haciendo honores a su extrovertida personalidad, le había hecho ese día muy feliz. Calló por unos segundos más, de nuevo volvió la tristeza -ojalá me visitaran más seguido-.


24

catador de vinos que domina las variaciones de la uva con exactitud, él distingue un mangostino que allí, por el clima, es verde y con un gusto especial, muy diferente al ya conocido que se da en la región del Tolima. Asegura que en este municipio se dan los bananos más dulces, el café más exquisito, incluso por encima del que se produce en el triángulo del café, habla con propiedad sobre el queso curado que se da en las veredas cercanas, describe con facilidad su sabor salado, consistencia suave, larga duración sin refrigerar y olor peculiar que lo hace único. Gracias a José Joaquín conocí a doña Patricia, una lugareña morena, de ojos grandes, sonrisa cordial, quien con su tono de voz bajo, convence al turista de ser una de las mejores fabricantes del alfandoque blanqueado, dulce hecho de panela que mediante un proceso artesanal y mucha paciencia se convierte en un aro blanco con sabor a anís que es envuelto en hojas para llegar, finalmente, a las manos del consumidor por dos mil pesos. El guía forastero, nació en Coyaima (Tolima), donde todavía vive gran parte de su familia. De joven se trasladó a la ciudad de Bogotá donde fue, según él, el fundador de la Defensa Civil del Norte hasta que la falta de un sueldo lo obligó a retirarse. Como ningún profeta en su tierra, aunque vive en Junín, municipio aledaño, desde hace diez años viaja todos los días hasta Gachetá para ofrecer sus servicios como lustrador. Su labor no solo es embellecer el cazado de los gachetunos, con su carisma maravilla al turista desde la primera impresión, contagiándolo de su amor por la capital del Guavio. El sentido de pertenencia de este coyaimuno podría compararse con el sentimiento de un extranjero que se enamora de Colombia y decide residir en ella. En la esquina del parque entre charla y charla, José Joaquín poco a poco fue dejando la postura de promotor turístico para sincerarse más con la crítica situación que vive esta región. Este hombre de estatura media y de gran sonrisa, da consejo a quien lo solicite, desde sus clientes hasta niñas del municipio, algunas de ellas, comenta, lo han buscado con la angustia de saberse inquietas sobre cómo comentarle a sus padres que la tan anhelada transición de niñas a mujeres ha dejado como consecuencia una maternidad prematura. El desempleo, la falta de oportunidades y el escaso

comercio en Junín, hacen de la plaza de Gachetá un lugar más inspirador para José Joaquín, quien día a día se esfuerza para sobrevivir con el que considera es su propio negocio, su boleto directo a una vida sin jefes ni horarios. Solo necesita de su cajón para lustrar, una silla y una esquina del municipio que lo cobija, a veces con un buen clima, para recrear sus sueños de empresario. Ha trabajado en construcción de casas y edificios; pinta fachadas, las convierte en reflejos de los zapatos que lustra todos los días, las repara, las pule y las hace brillar; conoce sobre medicina tradicional, con solo mirar da un diagnóstico y la planta que se debe utilizar para atender cualquier mal; le basta con saber un signo zodiacal para describir a la persona con exactitud y dar un consejo acertado; atiende partos, aunque ya no dejan ejercer este oficio, cuenta cómo ayudó a ver la luz primera a varios gachetunos; todo es posible para este hombre. Semanas antes cuando se encontraba pintando uno de los restaurantes del centro, se sumó una mala jugada del destino, una escalera en mal estado y un paso equivocado, cayó y se lesionó la pierna izquierda; de ahí que ahora estuviera en muletas para mejorar su movilidad. Hablando sobre su accidente confesó con voz fuerte, pero con partículas de decepción, que quien lo había contratado no le había reconocido el trabajo realizado hasta el momento de la caída ni mucho menos se había preocupado por su estado de salud, aún así lo recomienda como el lugar perfecto para comer deliciosas arepas y disfrutar de un buen desayuno. Al hablar de su familia sus ojos, postura y hasta el tono de su discurso cambia. Notablemente le aflige hablar de sus dos hijas y un hijo, ninguno de ellos vive con él ni lo visita. Su soledad se atenúa. Aguanta las lágrimas. Ellos tienen una vida hecha en la capital, reconoce con dolor que allí la rutina no permite darse un momento para llamarlo a averiguar cómo está. Los extraña. Miró y sonrió, me dijo que me parecía mucho a su hija menor, recordó que ella a veces sí se acordaba de él, confesó que lo había llamado hace varios meses, y haciendo honores a su extrovertida personalidad, le había hecho ese día muy feliz. Calló por unos segundos más, de nuevo volvió la tristeza -ojalá me visitaran más seguido-.


25

LA COMIDA BASE DE UNIÓN Por: Tania Chamorro El vacío en el corazón de José Joaquín y la ausencia de agua en el embalse, descubre la consecuencia de prescindir de lo que nos hace falta. La tierra y la piel se tornan áridas y opacas; esqueletos de árboles aparecen en las riveras y marcas de vejez en el rostro del padre. Cuando las aguas retornan, se esconden las grietas; el paisaje cambia, sonríe, recobra vida, belleza y fuerza. Cuando los hijos visitan al padre ocurre lo mismo.

Si de platos típicos se trata Colombia posee una gran oferta gastronómica para deleitar a todos los gustos. Se ha hablado del ajiaco, del sancocho, del buñuelo, pero existe otra comida que se conoce en el centro del país y constituye una actividad económica importante para muchos de sus pobladores: la fritanga. Carmen Suarez una campesina de 50 años, robusta de pelo canoso y corto, se dedica a vender este delicioso plato hace más de 10 años, en el municipio de Cogua “y seguirá haciéndolo hasta que deje de existir”. Este negocio comenzó como tradición familiar primero fue de su abuela Diamantina pasó a manos de su madre y ella no podía ser la excepción Su negocio es humilde, pero al ingresar se comienza a percibir un delicioso olor, de mezcla de comidas. Ella como buena trabajadora y responsable de tres hijos y dos nietos es muy madrugadora se levanta a las cuatro de la mañana y empieza a cocinar su exquisita fritanga, un plato considerado por nuestros ancestros como milagroso por ser afrodisiaco, lo preparaban a las parejas para que su matrimonio funcionara. Cogua un municipio de Cundinamarca, es muy conocido por los negocios de este tipo de platos, es por esto que llegan muchos turistas y personas del común, es una fuente de ingreso muy importante para muchas familias que se dedican a cocinar. El espacio donde se encuentran los puestos de fritanga están envueltos en un contexto urbano, lo cual se enlaza con gente, bullicio, en pocas palabras se unta de pueblo. Los vendedores poseen técnicas para atraer al cliente como la comunicación visual y olfativa, y lo que más despierta el interés en el transeúnte es la montonera de comida en especial el chicharrón y la longaniza que servida sobre recipientes plásticos forrados con papel periódico, atrae de manera exuberante por su color rojo. La ubicación y presentación de los productos juegan un papel indispensable dentro de su consumo, ya que se presentan como elementos que nunca pasan desapercibidos y que sin lugar a dudas, conducen al rechazo o a la aceptación por parte del comprador. Carmen Suarez vendía su fritanga en una plaza de


26

UN VIAJE SIN FIN mercado y está segura de que por esto la fritanga se ve llena de prejuicios y por esto la gente de la “alta sociedad” no la come. Pero no saben de lo que se pierden afirma ella con gran seguridad. No pensó que por su labor conocería a tanta gente, “he conocido alcaldes, abogados importante hasta gringos, es que definitivamente la comida es base de unión”. Con una mirada llena de sentimientos y su vos temblorosa me dice “me alegra dedicarme a cocinar pues con este negocio puedo mantener a mi familia dignamente, me dedico a hacer el bien con lo que se y lo que me gusta, además tengo la posibilidad de conocer muchas personas” con esta frase culmina su charla.

Por: Laura carolina Badillo Amaya Hacer un viaje a través de la historia de Tocancipá es remitirse a sus calles, su suelo, su gente, sus tradiciones, su cultura. Sin embargo para emprender el recorrido hay que llegar a la estación, en este caso la del tren, lugar emblemático donde no habían llegado las grandes industrias ni la tecnología. Era una zona rural, con amplios bosques ricos en fauna y flora; con campesinos en cada una de sus pocas calles, tomando el sol frente a sus casas, departiendo los unos con los otros y bebiendo de la ancestral chicha, así se recuerda la Tocancipá de antaño, el perfecto escenario de sueños y “paraíso” para quienes eran felices alejados del ruido y la contaminación de la ciudad. Quienes vivieron en este tiempo durante su infancia, reconocen que en aquel lugar donde el gigante negro rugía para transportar a los lugareños. Allí sucedieron reencuentros, tragedias y amargas despedidas. También fue un espacio de amores y de odios; de ruinas y esperanza, así como lo cuenta José María Bernal Cuellar, de 89 años, habitante del municipio desde 1927, cuando se podía respirar libremente, el término “fechoría” rara vez aplicaba, era una comunidad de paz.“Hoy toda esta remembranza de los años 50 es solo un recuerdo en la memoria colectiva de los Tocancipeños”, menciona. Entonces habían pocos habitantes, la mayor parte eran familias campesinas que residían encasonas. El pequeño municipio evidenciaba la riqueza de la cultura indígena y el interés de una comunidad coexistiendo sin grandes lujos, trabajando su tierra, vendiendo sus productos. José María exclama que su sueño y el de otros habitantes es volver a aquellos tiempos.La melancolía se notaba en el tono de su voz y sus gestos al expresar ciertas palabras, en ocasiones su respiración sonaba entrecortada. La familia de José llegóa Tocancipá, cuando él era apenas un niño de tres años. Su padre era labrador al igual que sus hermanos; su madre, quien velaba por preparar los alimentos y llevar las bebidas a los campos. José asegura que en 1953 fueron adecuadas las vías del tren y consecutivamente construida su estación, la gente se emocionó de tal manera, que hubo fiestas por doquier. Narra cómo al oír el nombre de Tocancipá en la radio del


27

pueblo todo era algarabía y orgullo, junto con enormes ganas de presumir ante los municipios cercanos que ahora tendrían un contacto directo con la Sabana Norte lo cual veían lejano años atrás. Gracias a la construcción de esta estación, las familias comenzaron a pasear.Se veían grandes cantidades de gente los domingos, era generalmente el “día familiar”. Todos se agrupaban justo donde paraba el tren. Iban muy bien vestidos:, las mujeres con sus cabellos recogidos, los hombres con manteca en la cabeza para aplacar los suyos. –“Me es difícil comparar la emoción de la espera del tren con otros momentos de mi vida, no se imagina usted señorita lo que era ver estacionado el tren de las alegrías del pueblo frente a mi ojos, y los ojos de cientos de personas más, era un viaje cargado de historia en el cual las veces de guía las hacia el padre de familia, contándole a los suyos que había pasado en determinados lugares o que significaban muchos otros”. Se le entrecorta la voz a José, se asoma una lágrima en su ojo derecho, posteriormente toma una taza de tinto y hace lo posible por recomponerse y seguir con su relato. Recuerda que al llegar a las paradas siempre se veía mucha gente, ya los reconocía, tenían la misma rutina dominical, generalmente la familia de José siempre se bajaban en la parada de Cajicá, para ir al parque, o visitar la plaza y que sus padres hicieran compras mientras sus hermanos y el jugaban en una fuente ubicada en el parque. La estación del tren representaba para él y su familia una novedad. Estando arriba se apreciaba cada cosa. Sorprendía lo relativamente rápido que se podía viajar de un lugar a otro, podían contemplar por las ventanas el hermoso paisaje, que en ese entonces estaba conformado por bosques y ríos, grandes rebaños de ovejas y vacas, un cielo puro y agua cristalina. La fachada de las quintas y las hamacas fuera de estas, el saludo de la gente en mecedora que aguardaba el paso del tren frente a su casa, el cual era correspondido por los pasajeros, quienes movían sus manos en señal de adiós. En esa época se veía algo que ya no se ve ahora, la solidaridad. No habían rencillas, aun sin conocerse la gente se saludaba en las calles; mediante gestos, sonrisas cálidas que indicaban nobleza. José suspira con fuerza y se oye una sola expresión: “¡Épocas aquellas!”

Con el paso de los años el tren fue perdiendo importancia, debido a que Tocancipá, Gachancipá y los municipios aledaños comenzaron implementaron otros medios de transporte. Lo inevitable ocurrió, el tren dejó de unir a las familias, éste ya no era el epicentro de cultura en el municipio; los habitantes notaron que los buses iban a mayor velocidad y que pasaban constantemente. Muchos factores ayudaron a que el sistema de trenes se fuera a la ruina. En 1991 cerraron la estacióninsignia de las familias, de los primeros besos de los colegiales, de promesas de amor, de rupturas sentimentales, de atardeceres hermosos, de cantos a medio día y bailes al ocaso. Habían clausurado el lugar de tantas sonrisas y lágrimas, aquellas que no se vieron al momento su cierre, nadie se preocupó por darle el último adiós al tren de la Sabana en Tocancipá. El aumento de población incrementó la inseguridad y el vandalismo, a menos de seis meses de ser clausurada la estaciónya no contaba con iluminación, habían sido robadas las lámparas, las sillas, las cabinas e incluso los cables que conectaban todo.Los vándalos pintaron las paredes, rompieron los vidrios y comenzaron a alojarse ahí para drogarse. En un año ya no quedaba rastro de lo que José conoció en su mejor época, como la estación del tren. En 2003, 12 años después decidieron restaurarla y convertirla en una biblioteca pública en honor a “Roberto González Otero”. Funciona desde el año 2007. Ahora es lugar de muchos otros sueños, en su mayoría de niños que pasan tardes enteras, adentrándose en el maravilloso mundo de los cuentos, dándole vida a lo que en un pasado fue la ilusión de muchos otros que como ellos anhelaban pasar su tiempo en aquel lugar para poder transportarse a otras tierras, ahora vuelven a hacerlo pero el viaje parte de la lectura.


28

UNA FANTASÍA POR LA PEÑA DE JUAICA Por: Katherine Martínez Páez El señor Luis Castro está perturbado por sus “amigos”. Ellos, asegura son capaces de asediarlo con tan solo una mirada. Nos remitimos al pasado, es agosto de 1996: llega Lucho, como le dicen de cariño su esposa Isabel y Carlos, a su único hijo. Sus lágrimas de alegría expresan la placidez del instante, abraza a su familia y con sus labios temblorosos, expresa: “Nuestro sueño de vivir en el campo, observando la naturaleza, despertando con el silbido de las aves, ¡se ha cumplido!” La dicha se apodera de ellos y con la felicidad que les carcome, hasta el dedo más pequeño del pie organizan su nuevo albergue. Isabel planta sábila por toda la casa para la buena suerte, hasta aquí todo aparenta estar bien. Un gran desafío está por comenzar, aún no están preparados para lo que viene. Son las 10 de la noche del 25 de agosto, una fecha inolvidable para la Familia Castro Sepúlveda. Hace mucho frío y no es común que con varias prendas de vestir sientan semejante escalofrío. De repente cae un vaso de agua, el que Carlos acostumbra a tomar antes de irse a dormir. Hay disturbio y confusión porque el televisor intenta chispear. Una risa burlona y sarcástica, empieza a zumbar en sus oídos. No hay explicación alguna para lo que pasa, Carlos está temblando, sus padres no saben si de frío o de miedo. Asustado, Luis le pide a Dios protección y paciencia, mientras tanto, Isabel lanza una ojeada con pánico hacia la puerta. Observa un “niño” como ellos lo llaman, mide aproximadamente 25 centímetros de alto. Lentamente se acerca a ellos mirándolos fijamente y estremeciéndolos. Rápidamente desaparece. En seguida el televisor empieza a funcionar de nuevo. Aunque nerviosos siguen como si nada hubiera pasado. Al otro día se reúnen en la mesa para desayunar, mientras comen todos se miran pero nadie habla, el silencio se ha adueñado de ellos, confundidos y sin saber qué camino coger acuden al sacerdote del pueblo; Luis piensa que esta manifestación es demoniaca. El Padre Miguel Trujillo, desconcertado les asegura que es un mal lo que acontece en esta montaña.

Sin palabras regresan a casa con temores pero también con ganas de seguir. De inmediato hacen rezos y riegan agua bendita por todo el lugar. Los días pasan normalmente sin ninguna actividad inverosímil. Luis toca su cara con brusquedad, el acordarse de esto aún le causa complejidad, no sabe qué decir, se emociona. Isabel me ofrece un café y mientras lo tomo, me cuenta cuáles eran las características de aquel individuo que nunca olvidarán. “Zapaticos negros y alargados, sombrero y vestido verde, su piel se veía arrugada y con manchitas cafés. ¡Cómo no recordar con detalles semejante cosa!”. Entre tanto meses después en una mañana nublada, Isabel toma sus botas y sale a ordeñar las vacas como de costumbre. Se dispone a fraccionar la leche para salir a venderla. Al llegar de su largo recorrido, cansada, toma un vaso de jugo y fuma un cigarrillo, observa que algo extraño cruza por su lado, un ave con cantos peculiares, le causa conmoción, pero no le da importancia. Al llegar la noche deciden hacer una pequeña fogata acompañados de una de las familias vecinas. Ya son más de las 9 pm, la noche está serena hasta que inesperadamente los cantos del ave, vuelven a sonar y a sonar cada vez con mayor frecuencia. Del cielo caen paulatinamente un montón de aves de colores, su plumaje cae al suelo, intentan tocarlo pero éste desaparece, los animales también. Pablo uno de los vecinos, se ríe irónicamente y testifica que lo que aparece detrás de estos volátiles son miles de hadas, que hace más de 400 años habitan en esta Peña. Nadie ha podido recopilar pruebas de este fenómeno. Comentarios ajenos revelan que causa gran temor y sensación de incredulidad caminar sobre esta montaña. Hay fantasía e historia por doquier, no solo son hadas y duendes, otros afirman que científicamente se ha comprobado la visita frecuente de seres extraterrestres, haciendo de la Peña Juaica un misterio que no termina para los habitantes y sobrevivientes de estos enigmas. Realidades que aún quedan por resolver cuando la neblina se dispersa, pero cuando esta se va, solo el recuerdo queda.


29

RECUERDOS QUE SE DESVANECEN CON LOS AÑOS Por: Yuly Paola Gómez En 1800 en la vereda de Casablanca del Municipio de Nemocón, se asentaba una adinerada familia de ascendencia española, los Nieto. Conocidos por su linaje y su posición económica, permitieron que en una de sus propiedades, la enorme casona Villa hermosa, Habitaran los Franciscanos. En este lugar habrían de construir un templo como reverencia y gratitud a Dios. Doña Helena de Nieto, señora de casa recordada aún por los antiguos pobladores, debido a las historias que contaban sus padres. Fue una mujer con gran poder en la época, quien lucía finos trajes y sutiles peinados. Católica de cuna, creyente de Dios y la virgen, fue la encargada de ordenar la construcción de la capilla, nombrada por ellos como Cristo Rey. Rosario Alarcón de 76 años, habitante de toda una vida de esta tierra fértil y creyente, relata lo que sus antecesores han dejado como historias para la familia, habla a las nuevas generaciones sobre el arduo trabajo al iniciar la pequeña capilla. Elaborada en los materiales más rústicos pero fuertes de la época fue compactándose con el sudor de sus obreros hasta quedar terminada. El final de tanto esfuerzo se vio recompensado el primero de marzo de 1840 cuando este recinto sagrado estaba levantado en su totalidad. Los últimos retoques fueron la pintura, ubicación de la campana y de todos los santos en cada altarcillo realizados con elegantes y delicados detalles que daban armonía a cada rincón. Aun con el olor de la fresca pintura se dio inicio a la primera celebración de la misa, al momento de dar el primer paso en el interior se sentía satisfacción y felicidad en el corazón, por fin tenían un lugar donde purificar su alma. El padre franciscano dando la espalda a la gente en el altar mayor comienza a recitar un idioma extraño para todos, aquel idioma era el latín. Confusas miradas se notaron en el lugar, pero continuaron gozosos hasta terminar de orar. Contaban sus padres a Rosario cuando se dirigían a este espacio sagrado dedicado a Dios. Celebración tras celebración, fueron pasando los años, llegando personas de más provincias, echando de menos aquellos que por su vejez ya no podían asistir y a quienes descansaban en la paz del cielo. Los ángeles son testigos de la cantidad de almas que han pasado por el angosto y rústico pasillo del lugar.

Después de la muerte de los propietarios, aquellos que dieron trabajo a muchos habitantes y colaboraron para que construyeran sus casas. La capilla fue el lugar de reposo de los restos, primero de don Justino quien en su lecho de muerte, manifestó su deseo de permanecer para siempre en el lugar. Siendo de esta forma sepultado bajo el altar mayor, en seguida doña Helena bajo la imagen de San Antonio después los demás miembros de la familia en el mausoleo de uno de los jardines de la capilla. Generación tras generación la tradición continuó, celebrando las misas y en semana santa realizando el viacrucis en una de las lomas aledañas al área. El cuerpo respiraba aire puro y el alma estaba en armonía. Cuenta Rosario que subiendo, se podían apreciar diferentes animales como lagartijas o pequeños roedores típicos del campo, además saborear en el bosque, un fruto conocido por ella como aguadijas que calmaba la sed de los feligreses. Lastimosamente en lo habitual de la semana de reflexión, unos pequeños picaros de seis y siete años hijos de una de las vecinas de la hacienda, fastidian un enjambre de abejas africanas que se encontraba en un viejo pino. Estos pequeños comenzaron a arrojar piedras hasta que alborotaron a los insectos, cuyo veneno es más fuerte que el de las abejas silvestres. Mientras rezaban en una de las estaciones, se escucharon zumbidos cada vez más cerca, cuando de repente sobre ellos se ve la nube negra cubriendo gran parte de la colina. La gente desbordada en temor bajaba casi a botes por la loma, corría para todas direcciones tratando de quitar de sus prendas aquellos enfurecidos insectos. Rosario fue una de las afectadas mientras oraba, muchos resultaron perjudicados por los aguijones de dichos animales, pero sin consecuencias graves. Como efecto a este evento, cancelaron las visitas al viacrucis en el cerro. Situación que Rosario cuenta con Nostalgia. La capilla Cristo Rey siempre está vigilada por sus fundadores, aquellos que de noche vigilan sus puertas le han comentado a Rosario, que en aquella gran casona y en la capilla se escuchan pasos lentos rondando sigilosamente cada espacio. En momentos de soledad se siente la presencia acompañado y cuidando los pasos de quien visita el lugar. Esta bella mujer arraigada a sus costumbres y fervorosa creyente opina que ellos siempre


30

UN PARAJE DE BELLEZA ALGO TRASCENDENTAL

Por: Andrea Rodríguez estuvieron tan enamorados del lugar que les fue difícil desprenderse de él. Actualmente su hija y su nieto, acuden sin falta los domingos a misa, pero sienten tristeza y temor de perder tan valioso tesoro, sus últimos dueños no sienten amor y pertenecía por el lugar como sus padres y abuelos. Ya no se celebran algunas de las misas que normalmente se realizaban en épocas decembrinas. Ahora no reciben un año nuevo como lo tenían de costumbre con su santa eucaristía. El anhelo profundo de conservar la capilla en su vereda y su corazón hace que Rosario sienta dolor, ya no puede ir al lugar como lo hacía de costumbre, el camino es agreste como lo fueron algunos momentos de su vida, sus notables quebrantos de salud ahora le impiden realizar el recorrido para estar más cerca de Dios. Extraña su capilla, sus santos, el misterio de la casona. Sentada en el jardín de su casa mirando al cielo pide a Dios la bendición a su familia y agradece por tan bellos momentos compartidos en tan encantador lugar.

Cuando era niña mis padres me contaban historias sobre el pueblo trascendente de los muiscas, Guatavita. Esté esconde un sinfín de grandes historias, en el cual solo se observa un pequeño escombro entre las aguas. Momentos trágicos se empiezan a vivir cuando la empresa de energía de Bogotá da a conocer un proyecto el cual era, la construcción de un embalse aprobado por el gobierno; esté vio que era viable construir allí está productora de energía, y por esto, no se daban cuenta tal vez estaban terminando con sueños y metas de los habitantes de este lugar. El pueblo triste y atormentado por no saber que hacer, entonces con el fin de ponerle frente a esta problemática reúne a sus habitantes y entre todos recuerdan todo lo que se vive allí, concluyendo que la única esperanza era hacer de este sitio de leyendas y mitos, algo ejemplar y de orgullo para ellos. El momento más triste fue cuando hable con Don Jeremías Mora (habitante- testigo), al cual le pregunte sobre el tema, donde pude observar en sus mirada y en sus gotas de sudor, las cuales corrían por su frente, el sufrimiento que había vivido, además añadió que “las personas habían sufrido mucho, ya que las habían sacado a la fuerza de sus casas y estos sin tener un rumbo fijo se marcharon junto las puertas y ventanas que tenía en sus casas, porque estos no se querían salir de su bello pueblo”. Es increíble y a la ves aterrorizante, sentir o experimentar el sufrimiento de toda una comunidad de los años sesenta, que lo único de lo que Vivian, era de sus cosechas y de las pequeñas, y muy variadas tradiciones. Es en este momento cuando surge un cambio radical, cuando estos llegan a un acuerdo con el gobierno, al cual le prometieron construir un nuevo pueblo, con mejores expectativas, vivirían del turismo y todo para empezar esta nueva vida. No es nada fácil, el hecho de decir que aproximadamente 5 años se pudieron organizar satisfactoriamente, y en este tiempo pudieron sacar provecho del turismo; ya que la sociedad demostró esa valentía y gran valor que tenían, al permanecer con la tradición de tener, las casas de un solo color, las paredes blancas, y todas estás con tejas rojas.


31

YAGÉ, SUEÑOS REVELADOS Por: Edisson Granja En las horas de la tarde recorriendo las calles de esté lugar, valla casualidad encontrarme con una viejecita cerca a un lote donde se podía observar un letrero que indicaba bienvenido a Guatavita, ella se encontraba realizando algo, me acerque, disculpe señora ¿como es su nombre? Juana Castro; le pregunte como se llama la actividad que realiza, indica “hilar lana, utilizo un palo, que en la parte inferior lleva un trozo de papa, esto precisamente es para que no se enrede la lana, el palo gire perfectamente y sea estirada”

“Yagé, yagé, yagé, yagé, pinta yagé, sana yagé” son unas de la palabras que se identifican en el ritual de la toma de este liquido, el cual se practica cada quince días en la ciudad de Zipaquirá, uno de los encuentros más hermosos a los que he podido asistir, este encuentro propio de los grupos étnicos del pie de monte amazónico como los cofanes, sionas, ingas, coreguajes y kamsás y en otros países como Ecuador, Perú y Bolivia, es más conocido como ayahuasca una planta alucinógena sagrada para estas tribus indígenas.

Continua hablando donde menciona la inundación de “Guatavita la vieja”, nombre que así le dio ella en el momento, su mayor felicidad es seguir con las tradiciones y costumbres que tenía desde antes, pero lo mejor es la tranquilidad que se puede sentir, toda esa magia tan maravillosa que tenía el pueblo o sociedad aun se conservaba, pude darme cuenta que su nombre también tiene historia, su antiguo nombre “Guata Fita que para los muiscas significaba casa puesta en lo alto, que los españoles decidieron cambiarlo por Guatavita fin de la labranza” Mi pueblo con mucha historia y tradición.

Al enterarme que podía vivir esta experiencia de estar presente en un ritual tan importante para la sanación o para los fines que lo toman personas que es la revelación de sueños mediante el trance en el que se entra al ingerir esta bebida, al presenciar en una noche de sábado en la que la mayoría de jóvenes disfrutan en una discoteca con amigos y licor yo estaba ahí observando cómo la gente llega a este encuentro de espiritualidad con ansiedad algunos por ser su primera vez y otros a la espera de qué se podrá pintar en sus sueños, como se le conoce a los sueños revelados “pintas del yagé”. En un cuarto donde el piso es en tierra y con una gran hoguera en el centro del salón se hace presente la señora la cual es la encargada de ofrecer esta bebida y de cuidar de los participantes en sus sueños, vestida con una túnica indígena la cual llega a sus pies, varios collares con plumas y colmillos que al sacudirlos se produce el sonido extraño de cantos indígenas, un bastón hecho con la raíz de la planta del yagé y una planta con la cual sacude malas energías que se presencian en el ritual, ella prepara a los que va a participar dándoles consejos y comentándoles de lo que se puede llegar a sentir durante el trance. Es inevitable percibir el temor de algunos, quienes padecen de enfermedades o casos de maleficios que no los pueden dejar en paz, aquellos que lo toman para llegar a una paz interior. En la espera de la preparación logro identificar a una señora que no puede disimular su ansiedad y con lágrimas en sus ojos mirando al cielo solo le pide a Dios que la proteja y le ayude a sanar a su pequeño hijo, según ella víctima de brujería y tiene fe que con la toma del yagé lo puede sanar y saber en una pinta quien los está trabajando. Al iniciar la toma los participantes hacen una fila y ella la


32

LA CASA DE UN MUNDO ETÉREO Por: Jhonny Alexis Villamil encargada del ritual en un objeto de madera con forma de cacho les ofrece el líquido. Los gestos de las personas me da a entender que no tiene un buen sabor, algunos no aguantan y corren al baño a trasbocar. Ella les indica que deben tratar de dormir pero el calor que produce la fogata es casi insoportable; ya cuando pueden entrar en trance varios comienzan hablar y a reaccionar distinto, según ella es porque los chamanes les están diciendo e indicando algo a esas personas, quizás verdades que no esperaban saber o algo del futuro que les puede pasar a ellos. Teresa, que está tomando por la salud de su hijo reacciona de forma agresiva hacia otra persona. El yagé le ha revelado quién les hace daño, trata de coger algo para enfrentarlo luego de un tiempo se calma y con un carbón de la fogata intenta dibujar el rostro de su hijo en la pared. La persona que supervisa el acto me comenta entonces sobre quienes malintencionadamente ofrecen el yagé sin importar las consecuencias. Debe tomarse con respeto y tener las precauciones necesarias. En el trance se viven muchas emociones de felicidad o en ocasiones de tristeza cuando salen verdades a flote que nadie esperaba. Fue un trance muy fuerte pero a la vez hermoso ver como los indígenas y grandes chamanes interceden atreves de aquel otro mundo, el mundo de los sueños para ayudar y sanar a personas que sin perder la fe en Dios acuden a estos rituales indígenas sagrados en muchas partes del mundo. El ritual consta de tres tomas para ver resultados y poder cerrar una llave no se puede terminar en pares, durante el trance lo aconsejable es no cruzar manos ni pies y descansar el cuerpo, es uno de los rituales más lindos que he presenciado. Para suerte mía fue una noche calmada en su mayoría todos pudieron dormir y dominar el efecto del ritual al despertar muchos sorprendidos de cosas que pudieron ver. Y algunos que tomaban solo por salud a la expectativa de cómo irán a seguir.

Al llegar a la Hacienda Santa Isabel de Potosí, una casa de aproximadamente 250 años, lo primero que se percibe es su fachada de imponente arquitectura propia de las construcciones de aquella época, cuando reinaban los magnates ganaderos de la región del Guavio y las fincas adornaban el paisaje de la sabana caleruna. Es un lugar de descanso, con dos enormes prados que se encuentran rodeados de eucaliptos de gran tamaño, que producen la sensación de estar alejado de la ciudad, y del bullicio de los automóviles, el escenario permite admirar los sonidos propios de la naturaleza. Los sentidos se acoplan para experimentar un elevado nivel de relajación. El complejo residencial tiene unos gruesos muros pintados en color blanco y columnas de madera barnizada en azul español, con una fuente de agua en cuyo interior se halla una garza fabricada en cobre que se encarga de llevar el líquido constantemente desde la base del tanque hasta la cima del mismo. En su interior refleja una similitud con respecto a los colores de la pintura del exterior; predomina el blanco en las paredes y el azul en las columnas; el piso, muy acorde a su estilo, está fabricado en tablas de madera que combinan muy bien con los muebles antiguos encargados de adornar la sala, el comedor y las habitaciones. Hasta aquí todo normal. Sobre construcciones antiguas, es común escuchar que están poseídas por alguna entidad del más allá, bien sea por que la habiten fantasmas o tenga entre sus linderos algún entierro que muchos en el argot popular llamarían La Guaca, Potosí no es la excepción. Antes de llegar a ésta casa, es habitual conocer muchas historias paranormales que acompañan al municipio de La Calera. Lo confirma Rosita, la señora que ha vivido allí durante más de 40 años, en las noches es común sentir pasos muy fuertes, escuchar golpeteos en la madera del piso, así como gritos, que suelen venir de los prados. Adicionalmente describe como José, su esposo, ha


33

UNAS ONCESITAS “ALA“ Por: Claudia Mariana Hernández Luna logrado ver lo que al parecer es una mujer con un vestido blanco caminando en las noches entre el parqueadero y el jardín. Algo que a cualquiera le pone los pelos de punta. En ese preciso instante, y sin requerir más preámbulo, la actividad paranormal que reina desde hace varios años comienza a hacerse evidente. Mientras saludo a José, las sillas del comedor que están justo detrás de mí, se mueven causando un chirrido aterrador. Es la prueba de que efectivamente no es un mito. Los momentos que se pasan en la casa mientras transcurre la noche son realmente intimidantes. La oscuridad tenebrosa, acompañada del sonido que produce el viento al rozar los árboles, y el agua del riachuelo al golpear la roca, son los ingredientes perfectos para un buen buffet de actividad fantasmal. Del lugar puede apreciarse su natural encanto diurno, su colorida vegetación y el calor humano de su gente. De la noche la incertidumbre y el miedo, la aventura de percibir lo desconocido. Son sentimientos encontrados que ahondan profundamente sobre la pregunta que ronda las mentes de quienes visitan la casa, ¿volver o no? Santa Isabel de Potosí es el punto de referencia para justificar la existencia de vida después de la muerte. Un claro ejemplo de cómo un tranquilo y hermoso lugar puede estar lleno de muchas e intrigantes historias, en las que rara vez los seres humanos tienen adjudicado papel protagónico. Conocer esta casa es adentrarse en un terreno desconocido, que no se ve, poco se siente, pero siempre está ahí, lleno de mitos y fantasías que cobran vida sin explicación alguna causando intriga en unos y terror en otros. Se trata de la casa de un mundo etéreo.

En pleno centro de la ciudad de Bogotá donde muchos se enamoran de las letras, el arte la arquitectura. Daniel Luna y Raquel Figueroa iniciaron su propio idilio ubicado en la carrera séptima el salón de Té y pastelería, La Florida, no solo es un escenario, sino también de tan inmenso amor. En un día lluvioso de abril, Daniel y Raquel acordaron tener como punto de encuentro el salón de onces. El caballero había invitado a su dama para cortejarla, tras una respuesta esperada que produjo un enorme brillo en los enamorados, el arcoíris aparecería por la nueva historia la cual iniciaba y el salón tomaba un nuevo significado para la pareja que tubo ocho hijos y completaría su hogar con dieciséis nietos más. Este salón de té se ha convertido en lugar obligatorio de visita, todos los diciembres para la familia Luna, para estas fechas realizan un tour para disfrutar del alumbrado navideño de la ciudad. En este plan es “impajaritable” (expresión muy usada por algunas personas en la capital para referirse a algo inevitable) la visita a la pastelería La Florida. El amor de los abuelos es un ejemplo para todo hoy recuerdo con gran afecto, una salida familiar cuyo destino final era La Florida, fue una fecha especial, la noche del 7 de diciembre cuando tengo aproximadamente ocho años, me veo con toda mi familia acostada en la Plaza de Bolívar frente al Capitolio Nacional, había una gran multitud de personas todas acostadas en el suelo la actividad era disfrutar de juegos pirotécnicos, nunca más ha visto tanto color, como ese día, las luces se abrían con gran intensidad en el esplendor de la noche, tantas explosiones a la vez que mis ojos miraban a uno y otro lado, como queriendo abarcar la totalidad del espectáculo, sin poder lograrlo, pues aquí y allá surgían chispas que se iban abriendo más y más hasta perderse en la inmensidad del firmamento, por todos lados se oían voces emocionadas, por la grandeza de este o aquel juego de luces de colores, ese estallido los que mi abuelo sintió en la pastelería, unos que se vieron en el primer beso de antaño. No quería que la función de la noche se acabara, poco a poco dejaron de sonar estruendos, todos los allí presentes compartieron el mismo sentir, se negaban a aceptar que había concluido el show. Después de unos momentos de silencio la explosión fue de aplausos a la que todos los


34

EL FINAL MENOS ESPERADO Por: Nicolás Nieto

presentes se unieron, así fue como todos puestos de pies hicieron el recorrido habitual por la carrera séptima hasta llegar al salón La Florida allí cenaron, pero la costumbre de no pedir otra cosa sino lo típico, hizo tomar la decisión, pedir el tradicional chocolate santafereño, recuerdo el aroma, lo espumoso, la temperatura ideal, el estirar del queso con la cuchara; esa sensación agradable del primer sorbo bajando, acompañado a la vez del sabor exquisito de reunión familiar, risas aquí y allá, hasta ser interrumpidos por el llanto del primo menor. Del lugar se dice mucho, yo lo recuerdo; pero es más fascinante Cuando los relatos se acompañan de uno que orto bolero entonado por mi abuelita, uno de ellos es “Allá atrás de la montaña donde temprano se oculta el sol, quedó mi ranchito triste y abandonado ya mi labor, ahí me pasé los años, allá encontré mi primer amor”, La Florida no solo es dulce por la pastelería, ni por el chocolate, sino por el sentimiento de reconocer que la familia es lo más importante. Al terminar el delicioso chocolate todos se disponen para el regreso a casa, diferentes despedidas y pequeñas cosas que se dicen para organizar otra salida. Estando en casa, listos para dormir recuerda lo maravilloso de la noche (juegos pirotécnicos), los recuerdos quedan pasando por la cabeza de tal forma, se convierte en un lindo y hermoso sueño.

Doña Isabel Bustos ex concejal de la ciudad de Zipaquirá, era una señora amable que gozaba de buena salud y acababa de cumplir sus bodas de plata. Aunque tenía dinero no lo demostraba, fue dotada de humildad, era dedicada y colaboradora. Vivía en el centro de Zipaquirá cerca a la cárcel. El día 5 de mayo de 2013 golpearon a su puerta dos jóvenes. Ella atendió sin saber que minutos después le darían fin a su vida, los intrusos la habían insultado, entraron a la fuerza y destrozaron todo en busca de dinero y valiosas pertenencias. Su esposo quien estaba bastante enfermo trató de defenderla pero igualmente fue agredido, al no encontrar nada tomaron represalias contra ella amenazándola de muerte, estaba aterrada no musitaba, temblaba, mientras su esposo permanecía tirado en el suelo, pues lo habían golpeado tan fuerte que lo dejaron sin fuerzas. Mientras esto sucedía, todo en la calle era normal. Stella su vecina se asomo por la ventana pero no vio nada. Al percatarse de extraños ruidos y en el momento menos esperado observo dos muchachos salir huyendo de la vivienda de doña Isabel. Apresuradamente salió a ver qué pasaba. Fue entonces cuando Isabel pisaba la calle en busca de ayuda. Los pasos eran lentos pero el final fue rápido. Isabel se desplomo, en los brazos de Stella, se escucharon gritos, estos alertaron al resto de la familia, que al ver esto llamaron a la policía, mas tarde llego una ambulancia, retiraron a doña Isabel Bustos, pero ya era demasiado tarde, murió antes de llegar al hospital. Rondaba una incertidumbre al no conocer la suerte de aquella mujer, todos estaban temerosos en aquella cuadra del centro de Zipaquirá. Llegaron los hijos de la señora Isabel preocupados, desesperados, entraron a casa de su madre a ver qué había pasado y encontraron a su padre muy malherido, con su cara lastimada y con cortadas exageradas. Le preguntaron sobre lo sucedido. El contó toda la historia y dijo que no lo habían matado por que se estuvo quieto y esto sirvió para que los delincuentes pensaran que estaba muerto. Al llegar la policía, se llevaron a cabo una serie de investigaciones pero no obtuvieron nada concreto. Días después dieron con el paradero de uno de los asesinos, lo apresaron y llevaron a la cárcel donde lo interrogaron.


35

MEORIAS Y RECUPERACIONES POR: JULIAN DAVID DUARTE RODRIGUEZ Desmintió haber sido el autor del crimen de la señora Isabel. Sin embargo, al verse perdido en sus mentiras y con escasas posibilidades de salir bien librado confesó. Delató a su compañero y a la persona que los había contratado para realizar aquel acto de bajeza. Nadie sospechaba quien pudo haber ordenado el crimen. El autor intelectual no estaba mui lejos. En las entrañas de una familia hay confianza y amor, en esta un ser que mando matar a su abuela, el joven menor de edad aparentaba ser respetuoso, educado y para nada malintencionado, hacia poco se había enterado de que su abuela recibió una suma de dinero elevada por unas busetas que ella poseía. Información que despertó la ambición del muchacho. No se podía confirmar la versión dada por el autor material del asesinato. Se realizaron investigaciones y todas apuntaban lo mismo, había sido sangre de su Seis días después apresaron al otro joven, fue interrogado y reafirmo el testimonio de su compañero. Ambos acusaban al nieto, les había ordenado que fueran al hogar de los Bustos, buscaran el dinero, destrozaran todo y si no hallaban nada los torturaran hasta que mencionaran dónde se encontraban las posesiones. El paradero del menor se desconocía, pero bajo la presión, sentimiento de culpa y el acorralamiento su presencia había de esperarse pronto. Se entregó a las autoridades. Testificó con extrema claridad y acepto su culpabilidad, fue juzgado y ahora tras las rejas de la cárcel tiene que pagar por la traición a su familia, por el valor de la ambición que solo dejo dolor.

Hay momentos en la vida que miramos cosas que no nos importan pero cuando estamos allí nos damos cuenta que son experiencias fantásticas que vivimos en un espectacular museo. Los museos arqueológicos llevan una gran historia en sus instalaciones, de generación en generación han transcurrido personas que visitan la capital de sal y llegan en especial al museo ubicado en carrera sexta con quinta, por su apariencia de estructura sólida y cimientos fuertes da a imaginarse que es un lugar muy bien construido. Son las 11:30 de la mañana del día 25 de abril de 2013 en Zipaquirá Cundinamarca, en el museo arqueológico, se observa una imagen bastante luminosa con horribles puntas de madera que salen de su espalda, algo anuncia y da a entender que esa figura lleva harto tiempo allí, en sus patas lleva una pequeña telaraña, pero algo llama la atención, es una figura de los muiscas. El sitio está bien organizado por empleados que se comprometen a diario a compartir parte de su aprendizaje como historiadores, y a explicar todo tipo de figuras, artes, pinturas, herramientas, y memorias históricas para aprender; qué importante es recuperar la historia de nuestros antepasados. Diariamente se ven personas de todos lados en especial de la ciudad de Bogotá, turistas que viajan desde lejos para ver este maravilloso lugar como el caso de la señora Adriana Gómez que con su acento de mujer paisa viene con su familia a visitar tal maravilla. Se ubican gran cantidad de personas observando una escultura tallada en forma de animal con dos cabezas de lado a lado, algo espeluznante pero increíble. La expresión de la gente que la rodea es: ¡Qué increíbles dioses de los muiscas! Por el otro extremo se ubica un cuarto frío en donde se observan pinturas de culturas trabajando en el monumento histórico de la sal. Se admiran pinturas por personas que se ubican al frente a imaginarse como hacían para extraer la sal y que tiempo tardaban en hacerlo.


36

LA CATEDRAL DE SAL DESDE OTRO PUNTO DE VISTA Por: Sebastián Rozo Salir de la rutina en ocasiones no es voluntario. Mi trabajo me obligaba a permanecer en aquel puesto sin saber lo que podía aprender aquel día. Yo, me encontraba en mi puesto de trabajo, él también hacía lo suyo. Se acercó y me miró; la interesante charla habría de fluir después. Mauricio Quintero Álvarez, recogía la basura, se dedicaba al mantenimiento de la primera maravilla de Colombia. Los años dan experiencia, yo lo comprobé cuando empezó a mencionarme que millones de años atrás Zipaquirá se encontraba cubierta por un mar y con el pasar de los años éste se comenzó a evaporar por los cambios climáticos que sufrió la tierra formando naturalmente los pozos de sal. Los indígenas que poblaron Zipaquirá comenzaron la explotación de la sal en recipientes de barro, la cocinaban para preparar el pan de sal alimento que les proporcionaba energía; según ellos, curaba heridas espirituales. Al pasar los años la mina le perteneció al Banco de la República, que decidió dejarla en manos del Instituto Conversión Salina para ser explotada. Cuando las empresas se privatizaron pasó a manos de los mineros en el año 1994, cuyo principal comercializadores la empresa Brinsa. La idea de catedral de sal fue de los mineros, cada día ellos al desempeñar sus labores le hacían una pequeña oración a la virgen del Guasá, considerada la patrona de los mineros. Poco a poco fueron construyendo una iglesia y algunos altares para darle forma de capilla. Traían a sus amigos y familiares para que rezaran algunas plegarias por los trabajadores. Con el tiempo se decidió realizar misas, causando que curiosos se acercaran pidiendo ser incluidos en ellas, esto hizo que los mineros inauguraran la primera catedral de sal como lugar turístico y católico de la ciudad de Zipaquirá, la cual tuvo que ser cerrada por cuestiones de seguridad, ya que se encontraba muy cerca de la capa natural de la tierra causandofiltraciones de agua y colapso de las mayorías de las columnas. Después de cerrar la mina se comenzó a trabajar en otro punto de la montaña con ayuda de los ingenieros .Se logró abrir la nueva catedral de sal mucho más segura, organizada y atractiva para el turismo sin perder el sentido católico. Yo estaba maravillado, mi punto de trabajo tiene varias historias que no pensé llegar a conocer, luego hablamos sobre los accidentes y de los mitos dentro de la mina, con una risa de oreja a oreja en los 33 años que llevo trabajando en catedral nunca he visto ningún fantasma ni nada fuera

de lo normal, aunque sí han llegado turistas y algunos compañeros de trabajo diciendo que escuchan cosas, que ven sombras, que en sus fotografías salen rostros, pero la verdad a mí me parece que eso es más la psicosis de ingresar tantos metros bajo tierra, la oscuridad y el encierro. Reconoce que sí ha presenciado los accidentes por explosiones de gas sulfúrico. Las explotaciones ya se hacen con un nuevo sistema desde el año 2008 llamado disolución que consiste que la roca de sal es perforada y por medio de un tubo, se le bombea agua dulce haciendo que la roca seda formado un poco de sal vigua que al cercarse se puede extraer de una manera más fácil y menos peligrosa, produce 200 galones por minuto. Yo con respeto y admiración le di las gracias por haber compartido conmigo sus historias a lo que Mauricio Quintero respondió: “todo esto lo se gracias a que mi familia ha venido trabajando en generación en generación comenzó mi abuelo, luego mi padre, yo y también lo hará mi hijo que se encuentra trabajando aquí”.


37

LA CÁRCEL QIUE RESGUARDABA LA HISTORIA DE GRANDES PERSONAJES Por: Martha Venegas La sede carcelaria de la ciudad de Zipaquirá, ubicada cerca del instituto de cultura y el colegio Gabriela Mistral, bajo la dirección de Alejandra Ávila Amórtegui, posee aproximadamente 400 años de construcción. Aún conserva sus tejas de barro, muros en adobe, piedra y ladrillo cocido, con planchas en concreto y madera. Era este un aposento muy rústico y arcaico, pasivo, silencioso, que en su momento acogió un gran potencial de mentes inventivas. En sus inicios se presentaba como el hogar del ilustre poeta José María Belisario Peña, quién nació el 6 de agosto de 1834. En este lugar desde muy pequeño demostró su interés y habilidad por la poesía; su morada le inspiró para sus primeros escritos. Durante su recorrido matutino por el sitio, lentamente imaginaba y creaba historias, las cuales utilizaba como base para redactar sus poemas, tomaba como musa cada rincón, la casa estaba impregnada de versos liricos sensibles, llenos de dulzura, agradables para sus lectores. Empotrada en la casa hay una placa puesta por la Academia de Historia de Cundinamarca como homenaje al poeta. Allí residió durante sus primeros 16 años, antes de marcharse a Bogotá para continuar sus estudios. Tiempo después la familia abandonó la casa. Ésta permaneció deshabitada por varios años pero sus estructuras al igual que el legado del artista permanecieron intactas. Habría de habitar su estructura igualmente el señor Santiago Pérez Manosalva, quién se destacó por ocupar el solio presidencial de los Estados Unidos de Colombia entre 1874 y 1876, fundar una institución educativa en Zipaquirá y ser un gran literato. También vivió, un tiempo, en esta majestuosa construcción, la familia Algarra, a quien por cierto pertenece don Salvador Algarra. Un ex alcalde de la ciudad de Zipaquirá, recordado por su bondad y contribución al crecimiento de la cuidad. Debido a estos aspectos se da la importancia a esta casona, para el patrimonio histórico de Cundinamarca y que sea un baluarte para las futuras generaciones zipaquireñas. Desde hace 70 años cumple con funciones carcelarias.

Irónicamente casona que en un principio fue un lugar de expresiones libres y apasionadas, que albergó a tan inspiradores personajes, colmados de ideas ilimitadas que plasmaban en sus escritos y acciones, llegó a convertirse en un establecimiento donde habitan figuras humanas, algunas tan culpables que ni en sus sueños se atreven a


38

DELICIAS OLVIDADAS Por: Oscar Daniel Vanegas Acosta 7 DE MAYO DEL 2013, en aquella tarde donde el sol era imponente, caminaba por el centro de Chía; municipio del departamento de Cundinamarca, conocido como la ciudad de la luna.

día, doña Magola me decía los ingredientes pero no me quiso explicar la preparación; es ahí cuando me dijo “un mago nunca revela sus secretos” le insistí a doña Magola pero ella nunca me quiso decir.

En el transcurso vi una tienda muy acabada, era una casa antigua; dentro de ella una señora ya mayor con cabello corto, canoso, una cara que inspiraba ternura y una linda sonrisa dirigida a su clientela. Me dirigí hacia ella, miré en el interior del local con gran asombro, todo estaba impecable.

Mientras comía esa delicia platicamos un gran rato me explico quien le enseño a preparar estas delicias, fue su abuela es por eso que no me quería decir como las preparaba, ya que su abuela siempre le decía que esa receta era solo familiar, era un secreto entre ellas, por eso es el nombre de aquella tiendita vieja, pero muy visitada por sus delicias las mantecadas de la abuela.

Muebles y sillas antiguas, en medio de ellos doña Magola, Ella era la encargada de realizar lo que embellecía su tienda. La saludé y con una gran sonrisa me recibió, me ofreció sus productos los cuales eran realizados por ella y su familia; estos estaban en una vitrina de madera con un vidrio impecable; en una bandeja adornada con hojas de plátano estaban las almojábanas, pan de yuca, pan de bono y algunos otros manjares, Todo se veía exquisito, pero cuando estaba decidiendo que comprar sentí un olor delicioso que provenía desde la cocina, era una esencia a banano mezclado con leña; eran las exquisitas mantecadas. Con cuchillo en mano doña Magola divide las porciones con gran práctica en partes iguales, me da un poco, “pruébela y me da su opinión”. Era una textura suave y una capa dura pero deliciosa por encima, sabor a banano y mantequilla del cual emanaba su esencia. -Nunca antes había probado una mantecada tan deliciosa-, doña Magola vio mis gestos, “muy rica verdad” yo con mi boca llena y terminando de degustar esta mantecada recién salida le digo: “nunca antes había comido algo más delicioso”; doña Magola al escucharme y con algo de sarcasmo me dice; “claro que sí, la comida de su mamá es más deliciosa, no hay como la sazón de una madre”. Y si tiene mucha razón pero a pesar de esas palabras le dije doña, son muy buenas estas mantecadas, doña Magola me agradeció y mientras terminaba mi deliciosa mantecada le empecé a preguntar cuál era la receta para que las mantecadas quedaran así de ricas como la de este

Al acabar esta delicia me dio bastante sed, no sé si fue lo soleada que estaba la tarde o tal vez por “pasar saliva” como comúnmente se dice al percibir el olor de esta mantecada, le pido una gaseosa a doña Magola. Ella con risa me contesta no joven la mantecada nunca se la tome con gaseosa pruebe esto, se dirige a un recipiente negro redondo hecho en barro y con un cucharón grande me sirve en un vaso, un liquido blanco espeso parecía leche. Yo ignorantemente le digo doña, la leche no me gusta. Doña Magola con mucha risa contesta no joven no es leche pruebe, con algo de pena recibo el vaso y degusto este liquido raro, lo probé con un poco de miedo, pero al sentir la primera gota en mi lengua me cambio la cara, estaba frío y era bien espeso como lo vi cuando lo servían, era dulce tenía astillas de canela y un poco de panela, sí era masato. Pero no cualquier masato era más rico que todos los que había probado, no sé si por la receta de la abuela pero algo tenía este masato que con solo poner una gota en la lengua, te refrescaba, te agradaba tomarlo, es algo que solo sientes al probarlo. Sin mirar a ella y pensando en voz alto digo que delicia Doña Magola se ríe, y me dice gracias joven si todos mis clientes y los que me visitan dicen eso. Yo al

terminarme el vaso le cancelo lo que me había comido pero doña Magola no me los recibe, me dice guárdelos y solo recomiéndeme con sus amigos sus


39

EL AROMA DEL TRABAJO Por: Ingrid Andrea Pachón Robayo conocidos para que este negocio prospere. Apenado le digo no doña, yo le pago recíbamelos y tenga por seguro que volveré y con más gente para que así puedan darse cuenta de lo que se han perdido por no entrar ni determinar esta tienda, por su estética y no darse cuenta el empeño y el amor que usted le pone a estos productos tan deliciosos que prepara con tanto esmero para nuestra satisfacción muchas gracias doña Magola. Ella me sonríe me da la bendición y me agradece por lo dicho. Es así como conocí y me di de cuenta de las reliquias que tenemos y que debemos aprovechar más para que no se pierdan. Y que si vamos a hacer algo lo hagamos con una buena actitud y amor como lo hace doña Magola con sus deliciosos productos

Leonilde Ángel es una mujer de apariencia muy agradable. El blanco de sus cabellos se puede comparar con la neblina de la madrugada ubatense, frío que la mantiene joven y bella después de ochenta años, ella piensa que por su edad, el hecho de levantarse y poder caminar es una bendición de Dios, a pesar de sus “achaques” siempre lucha para sentirse bien y hacer feliz a su familia. Durante muchos años ella trabajó en la plaza de mercado del municipio de Ubaté, en donde vivió muchas experiencias, algunas agradables como también otras muy tristes y amargas. Después de pasar cinco décadas aproximadamente en la plaza de mercado, Leonilde se sienta a compartir y reflexionar sobre sus vivencias, en el mismo lugar que estuvo por muchos años, y en el que su corazón aún está. La plaza inició en el parque los libertadores, donde actualmente está la basílica. Leonilde empieza a expresarse con sus pequeñas y delicadas manos diciendo que todos los comerciantes extendían sus productos sobre un plástico en el piso; organizaban las frutas y las verduras de tal manera que a la gente le agradaran y les causaran una gran sensación. Mirando con cara de preocupación y admiración, menciona que antiguamente en el municipio existía menos contaminación ambiental, puesto que la gente prefería llevar sus propios canastos, cestillos de fique o bolsas elaboradas por ellos mismos. Su cabeza llena de mapas y notas, la mía de imaginación por tan agradable relato, me deja emocionada y decido seguir navegando junto a ella por el camino del pasado y la verdad. Para Leonilde la labor de vender frutas y verduras no era nada fácil, pero ella convertía las dificultades en fortalezas que le permitan seguir adelante y luchar día a día por su familia. Mientras la sigo observando, ella continúa relatando. La plaza estuvo dividida en dos parques que, en ese entonces, dependiendo el día acogía la llegada de los campesinos, pero esto generaba gran desorden y competencia. En la zona donde se encontraba la iglesia, se ofrecían frutas, verduras, lana y batan (ropa y calzado). La otra parte del comercio se encontraba en el parque Juan José Neira, más conocido como el de la policía, en éste se encontraba la papa y el maíz.


40

Eran muy pocas las personas que tenían acceso a las casetas, a un puesto fijo. La alcaldía decidió así ofrecerles un nuevo sitio para que siguieran ejerciendo su labor de alimentar al pueblo ubatense. El Parque Juan José Neira sería ahora el puesto de la plaza y el lugar donde doña Leonilde pasaría sus siguientes años de vida. Esta vendedora, de carácter dulce como la miel que refleja el color de sus ojos, no recuerda en qué año exactamente ocurrió este hecho, lo que si recuerda es la infraestructura colonial del municipio, las casas fabricadas en adobe y los tejados de barro que bordeaban la plaza. Ella toma un bastón con sus manos llenas de marcas a causa de su vejez, se pone de pie pues había durado mucho tiempo sentada, lo que incomodaba a su delicada y frágil cadera. “¿Por qué callar?, si a pesar de todo, la historia sigue y aún hay mucho que contar” son las palabras de aquella viejita resistiendo con mucho valor un dolor impresionante. Con sus ojos rojos, un poco aguados, preparados para soltar un gran llanto; ella sigue hablando valientemente. “La gente decía estar muy dedicada a la agricultura, pero esto no era tan satisfactorio para todos pues a nosotros los comerciantes minoristas nos perjudicaba un resto y nos impedía la venta por menor de nuestros frescos y delicados productos, que al recibir los resplandecientes rayos de sol, se deterioraban por lo tanto generaba bastantes pérdidas económicas, que también se generaban por no poder trabajar todos los días, pues la administración municipal solo permitía que trabajarán los viernes que rea el día del mercado más grande, pero también los domingos y los martes. Si vemos la parte buena de este trabajo encontramos que años después los ingresos económicos cada vez eran superiores y satisfactorios para nosotros los comerciantes”. Caminando muy despacio por los corredores de su pequeña y humilde residencia, sonríe muy fervorosamente, junto con una mirada llena de resplandeciente brillo añade con mucha felicidad, “era satisfactorio saber que a pesar de todas nuestras necesidades y apuros en esta plaza, teníamos la gratitud y privilegio de llegar a la casa, encontrarnos con nuestros hijos, sentados junto a la mesa esperando el regreso de sus padres para poder cenar”. Sigue muy alegre y agradecida por muchas labores que durante el año 2003 el alcalde Laureano Gómez

Montelegre había realizado en el municipio, pero más por la gran dicha de haber gozado del traslado a una nueva plaza de mercado, la cual, esta vez, sí era cubierta y cómoda para trabajar los días que cada comerciante deseara sin ningún inconveniente. Para diciembre de este mismo año los comerciantes ya disponían de esta plaza y la deciden llamar “Centro Comercial Plaza de Mercado” por su variedad de productos comerciales encontrados en este lugar. Leonilde retoma su conversación diciendo que debido a su grave desgaste de cadera no pudo seguir haciendo parte del gremio de ASOCOFUVER (Asociación de Comerciantes, Frutas y Verduras) una gran bodega llena de olores exquisitos, de frutas y verduras frescas, totalmente expuestas para los compradores. “Aun que me retire no me rendía, decidía ir los viernes a colaborar en el puesto de mi hija, pero ya no era igual pues las enfermedades atrofiaban e invadían mi viejo y acabado cuerpo, por lo cual desde agosto del 2012 no he podido volver a mi tan adorado e inolvidable trabajo. Desearía poder volver hacer la misma mujer emprendedora, luchadora, con ganas de seguir adelante, pero mis grandes enfermedades siempre me impiden hacer cualquier cosa, así que en este momento dependo de mis hijos, es algo que me atormenta día a día y me hace sentir una carga para todos ellos, pero sé que no lo es, como todo hijo refleja el amor hacia su madre, mostrando en forma de agradecimiento por todo lo prestado hacia ellos en el pasado. Desearía continuar mi vida como la había llevado antes pero esta terrible enfermedad cada día atrofia mi ser”. Hoy la plaza ha dejado de ser un simple lugar para hacer mercado, para convertirse en uno de los sitios turísticos más visitados del municipio de Ubaté. Este gran centro comercial cuenta con cuatro bodegas, cada una con un nombre representativo, estas son: ACOPAGRA (papa, maíz), ASCOFRUVER (fruta, verduras), ADEGAN (fritanga, golosinas, bebidas, carnes) y por ultimo ASOROCA (ropa, calzado). De esta forma se ve evidenciado el gran crecimiento de esta gran obra que paso a paso fue tomando mayor importancia y utilidad a los habitantes de este municipio, doña Leonilde envejeció con el recuerdo de la plaza, su cadera se desgastó, su piel se arrugó y ya no tiene la misma vitalidad de años atrás, pero la plaza continúa avanzando ante sus ojos, tomando fuerza y manteniendo sus recuerdos intactos.


41

AGRADECIMIENTOS A quién con su nobleza, hermosa sonrisa, mirada comprensiva y una inagotable paciencia, guió nuestros pasos en la construcción de este apasionante proyecto. Profesora Heidy Bello, gracias por no dejarnos vencer. Confió en nosotros y nos demostró que mejorar sí era posible. Compartió su receta y aquí está la degustación de nuestro esfuerzo. Esperamos se sienta orgullosa de este libro, el cual recopila no solo historias de personajes sino el amor por el rostro humano que se esconde detrás de la crónica, el mismo que usted nos inculcó en cada una de sus clases. Con admiración y aprecio: Sus estudiantes

CRÉDITOS Diseño

Oscar Daniel Vanegas Gustavo Ruíz León Laura María Ospina García

Edición de Fotografía Maria Fernanda Bernal

Docente

Heidy Yilibeth Bello Medina

Programa

Comunicación Social y Periodismo

CUNDINAMARCA: UN BICENTENARIO DE HISTORIAS  

Este libro es una compilación de crónicas, construidas por un grupo de estudiantes de segundo semestre de Comunicación Social - Periodismo d...

Advertisement