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UNKIDO Junio 2010

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Fotografía de José Mataloni

La Tierra en constante cambio La Mente en constante cambio ¿Os habéis fijado alguna vez en la similitud de nuestros pensamientos con respecto a los movimientos de la Tierra? ¿Encontráis alguna analogía entre ellos? Dentro de unos días comenzará el verano, otra vez. Nuestras calles se decorarán con el bellísimo sol de Junio, irradiando vida a cada segundo. El tiempo, tiene ese extraño p o d e r s o b r e n u e s t ro s estados de ánimo, que nos incita a la alegría con la ausencia de nubes, y de fríos, y nos mantiene más aislados con las i n c l e m e n c i a s

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meteorológicas, menos comunicativos. De este modo, podemos comprobar los caracteres de las personas según sus países de procedencia, y también según el clima predominante en sus lugares de origen. El clima, es otro de los factores que van marcando nuestro carácter. La Tierra es nuestro hogar, es nuestra casa, y lo demostramos cada día, conformando su paisaje con nuestra presencia, como extraños decoradores de nuestra vivienda. Ella influye en nosotros, y nosotros

también influimos en ella. No podemos saber cómo sería hoy la Tierra sin la presencia del hombre; ni siquiera qué tipos de animales la poblarían, qué plantas, o qué m e t e o r o l o g í a . Constantemente interrelacionamos; casa y hombre, hombre y casa, dos eternos compañeros que caminan dados de la mano mientras dure nuestra existencia.


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El Nacimiento de las Preguntas por Laura Fernández Campillo

“Todos y cada uno de nosotros tenemos nuestra propia filosofía”, dice William James, entendiendo que cada uno tiene su particular forma de plantearse su existencia, de responderse a las preguntas que todo ser humano se hace sobre sí mismo, sobre el sentido de su vida, sobre el camino de sus días. Todos nos sentimos atraídos por diversos temas, y ponemos nuestro interés y esfuerzo en comprenderlos mejor. Sin embargo, la existencia es una pregunta común a todos los hombres. ¿Qué nos diferencia más que el cristal con el que cada uno la mira? Unos prefieren dejar las respuestas a otros, y no tener que ejercitarse más que en aprender de aquellos que h i c i e ro n e l e s f u e r z o d e t r a t a r d e comprenderse. Otros insisten en no conformarse con la experiencia y el pensamiento de sus antecesores. Y una gran parte, entre la que me encuentro, tratamos de realizar un cóctel entre lo que aprendemos, valorando las enseñanzas de aquellos a los que estimamos, y poniendo nuestra percepción personal, tratando de buscar respuestas propias con la ayuda también de los que inicialmente las contestaron, o al menos intentaron contestarlas. Si nos quedamos en el pensamiento, solemos encontrar una gran barrera que nos impide comprender la práctica de la vida diaria con las teorías de las que bebemos. Nos fascinan las filosofías de otros, complejas o sencillas, definidas o inconcretas, tan elevadas y refinadas que resultan poéticas. Sin embargo, ¿para qué sirve la filosofía sino es para mejorar la vida del individuo? Algo así se debió de plantear William James cuando explicó el Pragmatismo, cuestión que me fascina porque puedo observarla desde el prisma que me ofrecen mis propios cristales. De nada sirve aprender “de memoria” si no existe una aplicación práctica de todo lo anterior. Todos los días leemos frases

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célebres, memorables, que tratan de dar luz a la oscuridad en la que vivimos, y nos sentimos tocados por una especie de daga que nos aporta un conocimiento del que esperamos beber como si fuera la fuente milagrosa y curativa que convierta nuestro sufrimiento en un mero espejismo del pasado. No encuentro mayor gratificación que la que descubro en la propia experiencia, la que me eleva de mí a algo mucho más grande de lo que soy, por la simple consciencia de ser parte contigo de una experiencia vital vibrante y dinámica, que nos invita constantemente a evolucionar, no sólo como especie “darwiniana”, sino como individuos inteligentes. Creo que el nacimiento de las preguntas es un momento absolutamente crucial en la vida del ser humano, y siento que es tiempo de preguntas, más que de respuestas, es tiempo de plantearnos las cuestiones que ahora tomamos como ineludibles, como ciertas, y que aceptamos como si fueran férreas nor mas inexpugnables. ¿Qué sucedería si viviésemos de otro modo? ¿Qué sería de nosotros si comenzásemos a vivir como realmente deseamos? ¿Por qué nuestros actos no se corresponden con nuestros deseos más íntimos? ¿Por qué existe tanta discrepancia entre mente y emoción? ¿Por qué nos conformamos con actuar como se espera de nosotros?


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Intuiciones, Correspondencias y una Llave Maestra (Fragmento del Libro “Alquimia Vital”) Por José Mataloni Por diferentes avatares, -de los cuales estoy agradecido-, desde niño he podido apreciar algunas cosas que considero extraordinarias y fascinantes, aunque no por ello, dejan de ser sencillas. Principalmente, me maravillaba ver cómo, en ciertas ocasiones, el mundo externo parecía ser un claro reflejo de mi mundo interior. Digo esto último en varios sentidos, y a continuación justamente voy a hacer un primer análisis de estas variantes, para empezar a esbozar así, cómo ciertas vivencias pudieron generar las bases de las distintas cuestiones que trata este libro.

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Un primer grupo de situaciones r e fl e j a s l o c o n s t i t u y e n concretamente las intuiciones: La sensación de adelantarse a ciertos hechos, o darse cuenta de algunas circunstancias del pasado, sentir determinadas realidades o personas a distancia, o bien tener la sensación de obtener algo parecido a distintos tipos de presentimientos, es algo que, en cierto modo, tomamos como un suceso extraordinario, o sentimos que aquellos que son capaces de alcanzar esa percepción están fuera de lo común. Sin embargo, creo que, simplemente, este sentido interno está presente en todos, sobre todo de niños. Creo que luego hay que saber recrear esta posibilidad, o ejercitarla como si fuera un músculo, para que así la facultad crezca y permanezca activa. Una respuesta a cómo se dispone ésta probabilidad, es la atención consciente. La intuición se acrecienta con una escucha sencilla y profunda en uno mismo, hacia lo que se está viviendo en el presente o bien, a través de una evocación. Atender, con plena conciencia, al instante presente y a todas las circunstancias que en él nos rodean, trae como consecuencia una percepción a la que no estamos habituados. Entendemos nuestro mundo como aquel que percibimos con los cinco sentidos conocidos, y eliminamos todo tipo de posibilidad de que existan sentidos adicionales a los que

poder atender o percibir. Ésta misma atención la veremos también como el elemento común denominador entre las siguientes variantes. Otro grupo de sensaciones son las correspondencias: Éstas producen una fuerte impresión de estar en un mundo de espejos, o bien dentro de un movimiento o una realidad convergente; como si formáramos parte de un mecanismo de relojería, en este caso con una forma y una razón invisible. Alejandro Jodorowsky, -excelente artista y tarólogo contemporáneo-, habla poéticamente al respecto, desde un título de un libro que le pertenece, donde expresa: “La Danza de la Realidad”. Puedo identificar con claridad esta sintética e inteligente visión metafórica de Jodorowsky como aquella impresión. Curiosamente, como anticipé, creo también que en la medida que se puede prestar atención a esa sensación, uno se siente una pieza más importante de aquella totalidad en movimiento; o bien, lo que sucede es que puede percibírsela con mayor claridad. De todas formas, y aunque sean de la misma naturaleza interior, este tipo de eventos requieren de una apertura mental más grande que la de poder aceptar las intuiciones; apertura que no es otra cosa que la misma atención en movimiento. Pueden plantearse dos alternativas entonces; esperar a que la situación emerja eventualmente para allí observarla, o bien puede buscarse la posibilidad de ver esa realidad más asiduamente, de alguna manera introspectiva. Lo interesante es que, de todas formas, la percepción se vuelve más fluida por añadidura al trabajo interior en sí mismo; trabajo como el que por ejemplo, propongo en este libro. A este tipo de hechos, los podríamos incluir dentro de lo que algunos autores esotéricos describen claramente como sincronía. La sincronía de la que hablan, para decirlo de una manera simple, es efectivamente una simultaneidad de hechos dentro de una lógica consecuente y que hay que saber descubrir con ojos profundos. Por el otro lado, esto también me revela que la percepción de la sincronía es un valioso síntoma de que hay una buena sintonía con uno mismo; porque de alguna manera, uno puede percibirla cuando está conectado en la frecuencia interior correcta.

De todas formas, la sincronía es una realidad inconmensurable y una certidumbre delicada para la visión mística o interior verdadera; es algo que tiene que recibir mucho riego de la atención, para poder crecer así al sol, de una verdad para uno mismo. Podemos, sobre todo al principio, ver apenas algún que otro brote, no el bosque en su plenitud, esto último sería igual a la cosmovisión de algún iluminado. No obstante, poco a poco, también puede desarrollarse el árbol perceptivo de la realidad sincrónica; circunstancia por otro lado, que al parecer resulta siempre tan genuina y singularmente propia, como también universal. Hay un tercer grupo de impresiones donde se tiene el sentimiento de poder generar una realidad externa refleja, a partir del momento de sentir, imaginar o pensar en algún tema determinado. Es decir, estoy señalando una alter nativa creativa; la Alquimia Interior. Aquí también, la atención consciente puede descubrir, crear o simplemente permitir la misma eventualidad. Lógicamente, de la misma naturaleza también, ésta es una posibilidad mayor y que a su vez implica a las dos anteriores. Quiero subrayar aquel común denominador entre estas tres variantes; la atención o alerta de la que hablo, es una simple solicitud u observación especial, tanto de lo externo como de que sucede internamente, al mismo tiempo. Esa expectación se convirtió para mí en una llave maestra, para abrir las puertas del espacio cósmico que hay dentro de uno mismo. Cósmico digo, como sinónimo de algo que va más allá de las posibilidades de los sentidos físicos o de los bienes adquiridos. Para concluir por el momento con este punto, digo que si aquellas percepciones fueran una máquina creadora de átomos con los que construir una realidad, la atención consciente sería concretamente la acción de ponerla en marcha. Dejo así, una de las más importantes claves para el desarrollo de la dinámica que propongo en el libro y creo yo, que también para todo trabajo introspectivo o espiritual.


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La Tierra Vs La Mente Humana por Laura Fernández Campillo

La Tierra está inquieta, y no quiero con esto alentar los tan utilizados argumentos apocalípticos para validar el pensamiento que quiero aquí explicar, sino que, muy al contrario, encuentro un vestigio de camino altamente positivo en toda esta circunstancia. Allá donde se produce un desequilibrio, también nace una oportunidad, y creo que eso es precisamente lo que nos está sucediendo en este momento. Parece existir una relación poco observada entre nuestra mente y las circunstancias externas y cotidianas de la vida diaria. Sabemos que las teorías de la llamada “New Age” acuden con frecuencia a la física cuántica para avalar sus argumentos sobre la unidad del cosmos y la relación entre lo que pensamos y lo que vivimos. Yo no quiero utilizar aquí a la física, ni a la “New Age”, ni a las religiones ancestrales que vienen anticipando estos datos, sino que me limito a ser un mero observador/a de la situación. Contemplo las actitudes humanas y los comportamientos más comunes en los tiempos que nos ocupan. ¿Qué tienen los hombres y mujeres de hoy en la cabeza? Po d e m o s o b s e r v a r u n a s e r i e d e “preferencias” que se mueven en nuestras cabezas, modificando en cada uno de nosotros el lugar en la escala de importancia, en base a la elección que uno desee, sin embargo, éstas pueden ser muy distantes en función de la sociedad en la que nos movemos. El motivo primordial de todo ser humano es la subsistencia, es decir, queremos vivir, y queremos vivir lo mejor posible. Por tanto, este motivo realiza una división inicial que se basa en aquellos que su motivo es la mera subsistencia y aquellos que, una vez cubiertas sus necesidades básicas, tratan de conseguir una vida feliz. Todavía hay muchos millones de personas en el mundo para los que la búsqueda de la felicidad no es un motivo primordial. Mientras tengan para comer, habrán

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saciado ya una prioridad básica. Así que, observamos cómo un porcentaje que vamos a tomar como referencia de un 75% de la población mundial, lucha por subsistir, de modo que ésa es su principal preocupación. Por otro lado, damos un 25% de porcentaje a la población que tiene sus necesidades cubiertas. Este grupo de personas ¿de qué se preocupa?, ¿qué espera de la vida?. Bien, es fácil observar a este sector de la humanidad desde nuestra privilegiada situación de primer mundo. Creo que uno de los principales motivos de preocupación del hombre y la mujer de hoy es la búsqueda de la estabilidad, porque relacionamos directamente a ésta con la felicidad. Creemos que un trabajo estable, un matrimonio estable, una familia estable… etc, será capaz de mantener nuestras expectativas de felicidad. En resumen, no nos gustan los cambios. Y para conseguir esto ¿qué sacrificamos? Pues hoy en día el sacrificio es claro, las parejas trabajan para mantener una estabilidad económica y social, y para mantener una serie de “útiles” que hemos comenzado a ver como “necesarios” y que hace tan solo unos años nos resultaban “lujos”. Y podemos preguntarnos: “si, trabajamos mucho, pero más trabajaban los campesinos de la Edad Media, o los obreros de la Revolución Industrial” y efectivamente, hemos alcanzado cierto nivel de comodidad laboral en ese aspecto, con mejoras de todo tipo, sin embargo, la diferencia no se encuentra en el número de horas laborales, sino más bien en los motivos. Mientras que antes se trabajaba para el sustento, como se viene haciendo en el porcentaje más elevado de la población, nosotros, los “afortunados”, trabajamos para el sustento del “lujo”, para no quedarnos atrás en la carrera por la competencia y la comparación. Estamos sumidos en la rueda del deseo, del ansia por tener más, y no nos damos cuenta de


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en el porcentaje más elevado de la población, nosotros, los “afortunados”, trabajamos para el sustento del “lujo”, para no quedarnos atrás en la carrera por la competencia y la comparación. Estamos sumidos en la rueda del deseo, del ansia por tener más, y no nos damos cuenta de ello. El que trabaja mucho para subsistir, no tiene tiempo para la avaricia. De modo que alimentamos una especie de “dependencia” de la acumulación y el consumismo, y estamos tan enganchados a nuestros aparatos electrónicos, como el yonqui a su jeringa. No podemos vivir sin televisión, sin móvil, sin portátil, sin lavadora, lavavajillas… y un largo etcétera de utensilios que nos hacen la vida más fácil. Estoy, por supuesto, totalmente a favor del progreso tecnológico, y soy la p r i m e r a b e n e fi c i a d a d e l nacimiento del lavavajillas, al cual, de vez en cuando, pongo una vela en señal de santificación por hacerme la vida más feliz, sin embargo, más allá del beneficio que producen estos artículos, como siempre, el problema no está en la herramienta, sino en el uso de la misma. La preocupación desmesurada por el mantenimiento de una vida tecnológica y en la línea de aquellos que viven “mejor” que uno mismo, conlleva un sufrimiento constante por no poder alcanzar el punto en el que consideramos que seríamos “felices”. Es decir, entrar en esta rueda implica aceptar las reglas de este juego: “siempre queremos más”. Por tanto, la visión se centra siempre en el futuro, olvidándonos así de un presente

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maravilloso al que agradecerle todo lo que ya tenemos, y disfrutar de todo aquello que conseguimos, dejando ver la parte de felicidad que tiempo atrás pensamos que nos proporcionarían los logros que ya hemos alcanzado y que, sin e m b a r g o, a h o r a , u n a ve z obtenidos, ya nos parecen insuficientes. ¿Qué quieren las personas una vez que han conseguido una pareja, unos hijos, un trabajo estable y un cierto estatus económico? ¿Se sentirán entonces felices, o seguirán buscando “otra cosa”? ¿Por qué queremos más? ¿Por qué nunca terminamos de sentir esa ansiada felicidad? Como vemos, existe un conflicto entre la imagen de lo que las personas creemos que es la felicidad, y lo que sentimos en el día a día. Hay un claro desfase entre ambas, y eso es lo que proporciona el desaliento. Nos imaginamos siempre una vida “más ideal” que la que ya tenemos, y no conseguirla nos produce sufrimiento. Esa brecha separa, divide la visión mental de la realidad. De modo que nuestras cabezas viven esa división que se torna en dificultad constante; problemas, problemas…. problemas. Como nuestras cabezas sufren, nuestros actos diarios, que son un reflejo de lo que sucede en nuestras cabezas, tienen también ese aliño de sufrimiento que constantemente discurre dentro de nosotros. La vida se convierte en una continua preocupación. Y

aparece aquí una nueva división. Lo que tengo en mi mente no sólo no encaja con lo que tengo dentro, sino que tampoco encaja con lo que tengo fuera. El mundo que me rodea no es como yo desearía, y por tanto, los actos de cada día no son como yo desearía que fueran. Nuevamente la división nos lleva al desequilibrio. Vamos a pensar en un poquito más grande. Los políticos, que son el reflejo de las sociedades, están en constante división, a la gresca, con las uñas fuera, dispuestos a discutir y por supuesto, trabajando por conseguir el poder, como fin primordial de sus esfuerzos, antepuestos estos al bien de la sociedad, que es, en realidad, para lo que deberían trabajar. Vemos entonces una nueva división: La esencia del político es trabajar por las personas, sin embargo, trabajan por lo mismo que todos, por conseguir más poder económico, más posición social…etc. Aunque en otra escala, es el mismo sentimiento que nunca termina y nunca sacia. Hemos partido de la división de la sociedad en ricos y pobres, en subsistores y buscadores de estabilidad. Hemos continuado con la división producida entre la mente y la esencia del individuo, y seguimos con la división entre la persona y su mundo exterior. También hay división en el escenario político, entre las naciones…etc, y así podemos continuar hasta una infinidad de divisiones presentes que conforman nuestra realidad. La fricción, la pelea en la dualidad,


UNKIDO JUNIO 2010 la lucha por la diferencia, constituye el desaliento de las personas. Del mismo modo, la tierra ruge por su fricción interna, sufre el empeño del hombre por “evolucionar” tecnológicamente sin tenerla en cuenta. Nos olvidamos del lugar en el que vivimos, nos olvidamos constantemente de que la tierra es nuestra casa, y en nuestra casa nunca se nos ocurriría soltar gases tóxicos, o tipo alguno de contaminación. Sin embargo, nuevamente la división entre el hombre y su entorno nos lleva a observar la tierra desde la lejanía, como si fuera un ente que nos sujeta en el espacio, inmóvil e inerte. Se me presentan así claras pistas con los movimientos de la Tierra sobre su semejanza con los movimientos de nuestras mentes. Y no quiero aquí aludir al mensaje fácil sobre “todo es lo mismo”, “todo es una unidad” que escucho sin parar, y lo escucho sin ser sentido. Creo que es más importante sentir a la tierra como parte de nosotros, y viceversa, antes que comprender con el discernimiento este hecho impuesto. El terremoto es una fricción de placas tectónicas, es división, es enfrentamiento. ¿Acaso

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no sucede lo mismo en nuestras vidas? Nuestros ánimos están calientes, abiertos a disputas, y calentamos también el planeta con nuestros movimientos. En fin, que cada día, como mero/a observador/a compruebo más semejanzas entre el comportamiento de ambos, y es obvio que la tierra se comunica con nosotros a través de su movimiento y sus reacciones. Como comencé este artículo, creo que, en estos momentos de obvio desequilibrio, podemos tomar un mensaje positivo: “tenemos una oportunidad”, surge ante nosotros una excelente ocasión para aprender del planeta que nos cobija, para aprender de aquellos que tenemos a nuestro alrededor, para aprender a convivir como un conjunto y no como una división. Pienso también que, del mismo modo, relajar el calentamiento de nuestras mentes, el terremoto de nuestros pensamientos, el volcán de nuestros impulsos más primarios, puede ser el primer paso necesario para calmar el ánimo general y devolverle por fin a la Tierra aquello que nos lleva regalando tantos años, que es la oportunidad de vivir.


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El Mudra Om En el número de Mayo de Unkido Revista, dejamos abierta la práctica de esta posición, tratando de experimentar qué sensaciones se producen con el ejercicio propuesto. Pues bien, en este número vamos a desvelar el significado de este Mudra. Se trata de uno de los mudras más conocidos, muy sencillo en su realización. Primero de todo, es importante sentarse con la espalda recta. El Om mudra se forma uniendo el dedo índice y el pulgar de la misma mano, con ambas manos, como ya sabemos. El pulgar representa la puerta de entrada a la voluntad divina (representada por el chakra de la coronilla), y el dedo índice es el ego (representado por el chakra del ombligo). Mientras se realiza, puede hacerse una afirmación o decir en voz alta Om (pronunciado Aum)

“El mudra Om es la unión de la divinidad con el ego, busca la confluencia, la desaparición de la sensación del conflicto entre ambos”

Esta unión de la divinidad con el e g o, bu s c a l a c o n fl u e n c i a , l a desaparición de la sensación de conflicto entre ambos. Nos inspira a la comunicación con aquello que fluye dentro de nosotros.

Bibliografía: “El Poder curativo de los Mudras” de Rajendar Menen

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“La Realidad no está en el entorno, ni tampoco en la apariencia, sino que va emergiendo paulatinamente conforme la vamos conquistando, de modo que ella viene a ser lo último que sale a nuestro encuentro”. R.Steiner

Rudolf Steiner El descubrimiento del Ser Humano Rudolf Steiner, doctor en Filosofía y Letras, nació en 1867 en Kraljevec (Austria) y murió en 1925 en Dornach (Suiza). Cursó estudios de Ciencias Naturales, Matemáticas y Filosofía en viena. Los resultados de la investigación espiritual de Steiner se reflejan en la renovación de muchos sectores de nuestra vida como, por ejemplo: La Pedagogía (Escuelas Waldorf), la medicina y pedagogía curativa, el arte (arquitectura, pintura, euritmia y arte de la palabra), así como en la agricultura (método biodinámico) y el orden social (triformación del organismo social) El legado de toda su obra general se conoce como Antroposofía, la cual se puede dividir en el

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legado intelectual, el artístico y el disciplinar. El objetivo de la misma es elaborar una comprensión global del hombre y el mundo, recordándonos así las antiguas intenciones clásicas que perseguían este mismo objetivo. Hemos querido en este número hacer esta pequeña reseña de uno de los más grandes pensadores del pasado siglo, resaltando la importancia de un legado enormemente valioso al que os aconsejamos que os acerquéis.

Información tomada de: http://www.fundsteiner.com/index.html “Fundamentos de la Educación Waldorf ” R.Steiner. Ed.Antroposófica


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Contacto: Unkido Reiki http://unkidoreiki.ning.com http://www.facebook.com/pages/Unkido-Reiki/ 289088920242 Laura FernĂĄndez lmfdezc@hotmail.com JosĂŠ Mataloni maestrojose@hotmail.com


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